14 dic 2011

¿Club de la Comedia o el bastión del prejuicio?

En una sociedad que está en las antípodas de la evolución, como la nuestra, no resulta extraño que todo aquello que ha sido formulado para provocar una risilla fácil pueda ser calificado de “humor”.

Desde todos los flancos se alzan programas televisivos supuestamente humorísticos, pero, en verdad, nada tienen que ver con aquel concepto tan alto y elevado, que incluso, desde la Antigüedad, ha servido para generar avance y educación. No hay correspondencia entre “nuestro humor” y el Humor.

Lamentablemente, la técnica cómica de los programas televisivos, si es que puede ser llamada así, está montada en el prejuicio.

No se trata de construcciones ingeniosas, que demuestren un certero sentido de la inteligencia y de la ironía por parte de sus autores, sino que, simplemente, se trata de provocar un estrépito simplón, que nada aporta en la construcción de una sociedad intelectualmente activa.

En este orden de ideas, me pareció grave la emisión de “presidente travesti” en el Club de la Comedia, ya que la carga prejuiciosa y estigmatizadora era evidente.

Dentro de la diversidad sexual, las problemáticas que presenta la identidad de género son las más profundas. La comunidad trans, entendida en un sentido amplio, debe enfrentar a diario severas discriminaciones sociales, laborales y sanitarias.

No es extraño que los coros de las redes sociales alaben y exulten a este “presidente travesti”, pues no han sufrido la estigmatización que se produce cuando la percepción del género propio no coincide con la genitalidad.

Mientras subsista la mofa estigmatizadora, se seguirán perpetuando las ideas culturales que impiden romper con el status quo que mantiene a esta sociedad dividida entre ciudadanos con plenos derechos y otros, que a pesar de ser sujetos de las mismas obligaciones, no pueden alcanzar el ejercicio de todas las libertades públicas.

Hace unas semanas, todos rasgaban vestiduras por los dichos del autodenominado “Mente Enferma”.

Sin embargo, nadie ha condenado al Club de la Comedia por su contenido altamente homo y transfóbico. Esto sirve de muestra para pensar que a esta sociedad le falta mucho para estar a la altura del concepto de “civilidad”.

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14 dic 2011

Talca: ruina y olvido

Los mejores recuerdos de la ciudad en la que nací y crecí corresponden a la primavera.

Tras el frío que se colaba por los vericuetos de las casas que habité y de los colegios a los que asistí como alumno no siempre aventajado llegaba el momento de disfrutar del calor tenue y de sueños imposibles.

Los árboles teñían de verde lo que hasta hace unos día era gris plomizo y la Alameda, la Diagonal ,la plaza de Armas y las otras plazas -Las Heras, Abate Molina y Oriente- recuperaban el latido de vecinos dispuestos al paseo, a la conversación , al pololeo al atardecer y al ocio.

Los más pequeños agotaban el tiempo en un corre corre sin parar y los más mayorcitos animábamos improvisadas pichangas con pelotas no reglamentarias. Casi siempre el juego acababa en carreras precipitadas con la llegada de carabineros alertados por algún vecino molesto por las palabras de grueso calibre que, según el denunciante, se le escapaba a algún imitador de las genialidades de Eladio Rojas, Leonel Sánchez o Juanito Soto, ídolos de entonces.

En primavera, Talca revivía, se vestía de color y se impregnaba de los olores de plantas que crecían a destajo en los patios de aquellas casas que se construyeron en tiempos mejores.

Cuando los nuevos ricos, por obra y gracia del trigo y la madera que del Maule se transportaba a las salitreras del norte o a California , le hacían el quite a los burgueses de Santiago y preferían seguir los dictados de Europa .Principalmente de París. Fue el comienzo de una leyenda que a algunos talquinos todavía les pesa como una losa. Pero esa es otra historia.

Llegar hoy al lugar que marcó una etapa importante de mi vida, y en primavera, ha sido un golpe bajo para mi memoria. El terremoto del 27 de febrero de 2010 ha hecho añicos mis imágenes. Me encuentro con una ciudad a la que no acaban de ponerla de pie y donde todavía no se vislumbran los cimientos que auguren mejoras en la calidad de vida de sus habitantes.

Se arribe a Talca por carretera, bus o el tren la bienvenida siempre será desoladora.Mire por donde se mire. Por carretera, si se viene del norte, la sede de la Universidad de Talca deslumbra por sus edificios y cuidados jardines. Pero a pocos metros, el panorama cambia radicalmente.

Las ruinas de lo que un día fue Villa Manuel Larraín, en honor al obispo que se adelantó a los políticos a la hora de repartir las tierras a quienes la trabajaban, acongojan. Lo que queda de ese más de centenar de departamentos son despojos.

Una vecina me cuenta que fue más por el saqueo producido tras el terremoto , cuando los inquilinos del lugar huyeron despavoridos para no regresar nunca más, que por los daños causados a las estructuras de los edificios.

Lilier Fuentes, una propietaria que hasta ahora se ha negado a abandonar su casa, asegura que arquitectos solventes consultados por ella de manera particular le aseguraron que la Manuel Larraín podía ser habitable previos arreglos. No ha sido la opinión de otros profesionales que apostaron desde un comienzo por derribar la villa para, en su lugar, levantar otra. Y esa postura ha ganado.

Lilier deberá abandonar su casa, con sus enseres, sus libros más preciados y sus perros guardianes hasta quien sabe cuándo. Porque los burócratas prometen… “Vamos a construir…” pero nunca se acierta o se cumple el plazo prometido.

El barrio norte, donde se encuentra la Manuel Larraín, da una perfecta visión de lo que hoy es Talca… Mediaguas semi ocultas por paredes hechas de prisa y corriendo, viviendas que se levantan con el esfuerzo de personas que viven de su trabajo, a las que nunca nadie ha regalado nada, y a los que los subsidios tan publicitados ,si les alcanza para algo digno, es para 30 metros cuadrados, con suerte.

En calle dos norte, cerca de la plaza de Armas, el edificio que ocupaba SERVIU sigue mostrando su esqueleto a la espera de una solución que no llega. Al igual que villa Manuel Larraín, hay opiniones encontradas respecto a su futuro. Derribar o reconstruir. Esa es la cuestión.

Mientras, en diversos barrios, las familias hacinadas en viviendas precarias enarbolan banderas chilenas para recordar a los más afortunados que ellos ya han pasado dos inviernos esperando una vivienda a la que no pueden acceder por medios propios.

Es verdad que se construye, por iniciativa de empresarios o profesionales con más poder adquisitivo. Los que cuentan con solvencia bancaria reconocida. Hay buenos ejemplos de edificios que se han levantado respetando la tradición austera de los talquinos.

No obstante, hay algunos, llegados de otras latitudes o con nulo conocimiento del pasado de la ciudad que han levantado auténticos galpones de quita y pon para vocear su mercadería cochambrosa.

Son los que, seguramente alentados por unas desafortunadas declaraciones del alcalde Juan Castro, creyeron que Talca era terreno abonado para el “todo vale” La máxima autoridad local, “un hombre hecho asimismo”, afirmó a poco de producirse el terremoto que cada propietario podía a hacer lo que quisiera en sus terrenos. Sus palabras provocaron en su momento duras críticas de sectores que esperan una reconstrucción que se ajuste a nuevos tiempos y donde prevalezca la racionalidad sobre la especulación pura y dura.

Los desbarajustes saltan a la vista. La estación de ferrocarriles sigue en precario estado.

Una caseta para la venta de pasajes es la única novedad a casi dos años del terremoto. A pocos metros, tras pasar un descampado que es un basural y estacionamiento improvisado, donde existía un mercado tradicional se han levantado auténticas “mejoras” para salir del paso y que es muy probable que se eternicen hasta siempre.

Los establecimientos educacionales que se vieron seriamente afectados por el terremoto siguen sin vislumbrar mejoras. Los contenedores convertidos en aulas quitan el aliento a los que estudiamos en el Liceo Abate Molina, uno de los de mayor prestigio de provincias.

El mercado central acumula desgracias. Si antes del terremoto existía un plan de reconstrucción, hoy solo está habilitada una parte de él. Los escombros y el peligro de derrumbes saltan a la vista.

Talca es una demostración donde lo público, que debe ser prioritario, no lo es. Al menos para los que hoy gobiernan.

No me he referido aquí la suciedad, a la falta de papeleras, a los socavones que te pueden llevar a un hospital o los perros abandonados a su suerte,mal de Chile.Esos son asuntos pre terremoto.

Pese a todo el pesimismo que puedan leer en esta columna, Talca me gusta por lo que fue. Y por lo bien que se come.

De lo que le depara el futuro está en manos de los que mandan.

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14 dic 2011

Y Dios está con la U

He seguido la estela de la U de Chile (club deportivo) con mente probabilística y, además de la innegable contundencia profesional lograda, sucede una serie de eventos improbables que evidencian una aureola mística acompañante.

El Supremo (como dicen mis amigos y colegas hindúes), que ama a todas sus creaturas, acompaña con predilección (amor exquisito con distinción) al plantel Azul.

Me convencí cuando, perdiendo 2 a 1 con Colo-Colo y no esperando por ninguna circunstancia el empate, fuera de todo tiempo, sin saber si eran 4, 9 o 12 minutos los extras a jugar, con el tiempo ya pasado, sucede en el último (o pos-último) minuto una infracción rara, intrascendente lejos del arco del Colo.

Se envía el tiro al área, salen, a falta de uno, dos colocolinos a interceptar el balón que llegaban a el sin problemas, lo intercepta el primero, pero en vez de rechazar la pelota, ésta describe una parábola zigzagueante hacia el arco del Colo, el arquero se lanza hacia ese lado, pero no intercepta el balón que rebota en el segundo palo (vertical) y en vez de ser reflejado hacia fuera del arco, como era de esperar, por la dirección de donde venía, se introduce, al parecer por el efecto giratorio, en el arco albo.

Me dije que se iban a demorar en reconocer el gol, y así fue, por parte del cuerpo técnico y de los hinchas, porque no podían creerlo, y lo celebraron como lo que era, un regalo del cielo caído por una alba cabeza.

Con la Liga algo similar. Conté tres situaciones de gol de delanteros Ligueños, que nunca fallan, pero desviaron los remates increíblemente (barcos que no llegaron a puerto). Hubo un cabezazo Ligueño que era gol irremediablemente pero se interpuso la azul cabeza del Pepe. Formidable el Rayo de Renca, azote de los arcos, que como relámpago deja el haber azul. El cuerpo técnico tenía una canonización previa, San Paoli que ya había sufrido el martirio en Casablanca y en la suya derramando lágrimas de sangre.

Es extraña la cantidad de buenos jugadores lesionados en los equipos contra los que juega la U. No es extraña la diferencia en estado físico, porque la U ha hecho un trabajo profesional excelente en su preparación y esto lleva a una salud más sólida. En la altura rinden como si jugaran a nivel del mar.

Ver jugar a la U es oír una sinfonía. La armonía del Chelo plasmada en su “Samto” discípulo con afinadas variantes personales.

En los discursos, desde las alturas dirigenciales (que también han realizado su oficio en el más pulcro profesionalismo) hasta el más parco jugador, destilan las virtudes de la humildad (atenerse a la verdad de lo que se es, de lo que se ha ganado y de lo que se debe enfrentar), el profesionalismo diligente y sobrio, la obediencia a las estrategias planificadas, la disciplina, nada de bautizos faranduleros o excesos relajantes, la fraternidad y solidaridad en el juego, la honestidad, modestia, prudencia y pericia técnica, el respeto al colega, el amor por su vocación.

El Supremo está hablando en voz alta a Chile con la Chile que contrasta lastimosamente con el resto del país.

Las Antárticas estafas; las avícolas, boticarias o múltiples e ignoradas colusiones; las mercantiles, avaras y usureras medicina y educación; el regalo o venta a precio de huevo de las empresas del Estado; las expropiaciones de los imponentes de AFP e Isapres; la destrucción del Estado por los Gobiernos; la supresión de la Ética Profesional por Constitución y leyes en todos los oficios y profesiones; el regalo de notas en establecimientos educacionales.

El contraste es extremo. La armoniosa composición artística-atlética de la U hace resaltar la descomposición moral en la que se sume Chile, que asemeja a un adefesio emergido de una cópula entre el Palacio del Terror y la Corte de los Milagros ¿Cree Ud. que exagero?

Observe desapasionadamente el espectáculo dantesco de la venta de entradas, el vandalismo antes, durante y después de toda convocatoria pública, sin importar el motivo de ella; la acción de los encapuchados, los callejeros y los de cuello y corbata refugiados en sus oficinas, incluidos empresarios que trafican seres humanos y que nadie detiene, el aumento de la delincuencia tanto cuantitativamente como en su violencia, lo que sucede en las cárceles con un incendio y 81 muertos…

El Supremo nos está diciendo que un Chile virtuoso es posible, nada tiene de utopía, aunque los densos nubarrones mercantiles neoliberales empañan ese cielo Azul y amenazan con desmantelar la orquesta.

Entonces más me convenzo que la única utopía es el neoliberalismo, porque la insaciable ansia de dinero, poder y propiedad de unos pocos no podrá ser nunca satisfecha.

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14 dic 2011

La izquierda: certidumbres e interrogantes (II)

Izquierda de ayer, izquierda de hoy

Para referirse a la variabilidad histórica de los procesos sociales y su proyección, Mariátegui uso la expresión “ni calco ni copia”. La izquierda de mañana no será una copia de aquella de ayer.

De este modo , en Chile, la experiencia de la unidad socialista-comunista —en la que mi generación se formó – fue un gran logro político que se tradujo en el “allendismo”, sin embargo lo que es Chile hoy día es bastante diferente a lo que era hace medio siglo, más allá que algunos desafíos centrales sean plenamente vigentes.

La desterritorialización del capitalismo y la libertad de movimiento de los capitales han arrastrado al vértigo global a los grupos económicos chilenos surgidos de un proceso agudo de concentración. Casi cuatro décadas de políticas orientadas por la filosofía económica inspirada en el libre mercado desregulado han generado cambios mayúsculos, instalando nuevos patrones culturales y modificando el perfil de clases de la sociedad chilena.

Entre otros cambios que sería largo enumerar, la izquierda debe computar la emergencia de amplios grupos y segmentos que no se sienten representados en el actual sistema político, ni siquiera por las posiciones que sustenta la propia izquierda.

Tampoco puede dejarse de lado la rapidez con que se construyen y ensanchan las brechas generacionales.

El área de los desarrollos cibernéticos es, quizá, donde más evidentes se hacen estas brechas, y el fenómeno lleva aparejada la necesidad de una valoración particular del significado de la revolución digital permanente y su impacto en las comunicaciones, la estructuración de organizaciones sociales y políticas y aquello que en la izquierda acostumbrábamos denominar como “formas de lucha”.

En este cuadro, para examinar un ejemplo de especial significación, domiciliar al Partido Socialista en la izquierda como aliado de las fuerzas que hoy la componen (desde mi perspectiva, un valioso objetivo), aún si se lograra, no daría cuenta del amplio arco que configuran hoy las fuerzas sociales, culturales y políticas que quieren un cambio profundo del modo de convivencia social hacia patrones de vida más igualitarios y más libres.

Hay importantes sectores ciudadanos cuyos sentidos comunes son claramente de izquierda y que aprobarían un buen test para establecerlo, pero no se sienten atraídos por nuestros partidos como los conocemos, tal como han sido concebidos.

Muchos de ellos se identifican más con causas específicas o con puntos de vista que podrían mejor calificarse como pertenencias “sociales”, y no aspiran a ser socialistas o comunistas o cristianos de izquierda, por valiosas que sean esas identidades (como lo son para mí, por ejemplo).

Esto no significa la obsolescencia de la forma partido como la hemos construido hasta ahora que, por lo demás, ha demostrado su capacidad de sobrevivencia y convocatoria frente a calamidades políticas de magnitud mayor.

Sólo quiero decir que aquellos que no se sienten atraídos por esta oferta de participación y lucha son un número creciente de jóvenes, en especial, que se van haciendo menos jóvenes mientras emergen otros jóvenes que heredan una desconfianza hacia la política y sus orgánicas que se va haciendo cultura. En esa sumatoria que es el torbellino generacional actual, distintas opciones de participar en política deben convivir.

Por eso la configuración de una izquierda como actor protagónico requiere de una fuerza política innovadora, capaz de producir un cierto nivel básico de organización y de soportar una expresiva diversidad de puntos de vista en su propio interior, y además de coaligarse con otras expresiones de izquierda que no deseen agruparse en ella.

De ahí que la entidad que hemos hasta ahora denominado, vagamente, “la nueva fuerza de izquierda” pretenda convocar tanto a organizaciones como a dirigencias y militancias sociales y a simples ciudadanos que tengan en común el anhelo de construir una fuerza anti-neoliberal que nazca con la vocación por hermanarse con las otras fuerzas de izquierda.

Se trata, entonces, de un nuevo vector político que no se satisface con su propio desarrollo, porque aspira no sólo a ser por sí mismo sino también a realizarse como parte de un gran conglomerado de su misma orientación esencial.

Si la constitución de esta nueva fuerza llega a ser exitosa (cuestión que no está garantizada) abrirá a la izquierda un espacio de desarrollo que hoy día no tiene. Se trata de la tarea prioritaria a la que he hecho mención.

Sin cumplir esa tarea todo acuerdo o pacto político o electoral podrá ser considerado como una concesión, toda participación en frentes o coaliciones podrá ser motejada como una anexión de la izquierda al mal menor del sistema de “alternancia binominal”.

Es claro que hay ciertos cambios cuyo impulso inicial tendrá que provenir de acuerdos mayoritarios, donde la izquierda deberá coordinarse con el centro o con los llamados “progresistas” o con sectores liberales, o que, en ciertas ocasiones, será preciso efectuar acuerdos electorales.

La derecha es por antonomasia el enemigo político de la izquierda, bastante más que las derechas sustitutas o complementarias con su séquito de cómplices o de imitadores.

Enfrentarla y cerrarle camino es (desde mi punto de vista) un deber ético, si bien esta visión no puede elevarse a la categoría de principio y serán las circunstancias concretas las que permitan determinar la forma y momento de hacerlo.

Sin embargo, una cuestión distinta es cómo y desde dónde se construye mayoría.Hoy la izquierda es un actor secundario en Chile.

Entonces el nudo de la cuestión es si los acuerdos programáticos o electorales se construyen desde el margen o si se apuesta prioritariamente a generar una fuerza que pueda abordarlos desde unas posición más central porque se ha hecho más fuerte al diversificar sus sensibilidades, concebirse como un conjunto y lograr convenir a lo menos una plataforma programática básica común.

En los últimos decenios la izquierda chilena sufrió cuatro derrotas que la sacudieron y fragmentaron.

La primera fue el golpe de 1973 y su despiadada secuela, la política de exterminio, literalmente exterminio, de aquello que había sido la izquierda en Chile, comunistas, socialistas, miristas, cristianos revolucionarios.

En paralelo se generó una yuxtaposición entre un proceso mundial hacia la consolidación del mercado como institución matriz y rectora de la sociedad y el régimen político chileno profundamente autoritario, que permitió el maridaje entre el liberalismo económico extremo y la “doctrina de la seguridad nacional”.

La segunda fue el revés que sufrió el Frente Patriótico Manuel Rodríguez y su estrategia insurreccional, cuando en 1986 se frustró el atentado contra Pinochet y en 1987 se descubrió el armamento ingresado por Carrizal Bajo.

La caída del muro de Berlín y el fin de los regímenes de partido-estado de Europa del Este, a partir de 1989, constituyó una tercera derrota que si bien golpeó con más fuerza al movimiento comunista, sacudió también a las variantes socialistas y socialdemócratas de todo el mundo.

Cuarta, la derrota de los socialistas chilenos que tras veinte años en el gobierno, la mitad de ellos con presidentes de la República de su propia matriz, no sólo no pudieron reequilibrar a la Concertación hacia la izquierda sino que, al revés, la Concertación los sometió a un esquema de prudencia, conciliación y conformismo.

La izquierda, bifurcada entre la inclusión y la exclusión política, perdió la fuerza histórica que había acumulado en las primeras siete décadas del siglo XX. Este fenómeno, también universal, ha tenido en Chile características extremas, considerando que el movimiento popular chileno fue uno de los más activos y potentes de América Latina.

Un paso decisivo en el proceso de recuperación sería construir una fuerza de izquierda moderna, futurista, orgullosa de su pasado honroso y con la mirada puesta adelante, capaz de promover un acercamiento de todas las opciones de izquierda y de aliarse con aquellos con los que existan coincidencias de proyecto y de formas para impulsarlo.

¿Qué tipo de nueva fuerza?

Una fuerza efectivamente nueva debe romper los moldes habituales del asociacionismo político. Una novedad, en Chile, ha de ser la capacidad de congregar grupos políticos organizados ya existentes con agrupamientos o dirigencias de agrupamientos sociales (sindicales, de género, estudiantiles, poblacionales, ecosocialistas, por la diversidad sexual, barriales y otras) y, también, con simples ciudadanos que participen a título personal.

Esa idea central necesita de una estructura orgánica que es preciso inventar, que continuamente vaya generando los ajustes necesarios para evitar o al menos remediar parcialmente las tendencias propias de las organizaciones a generar castas o conducciones elitistas o personalistas o burocracias que armen un poder que sustituya la decisión participativa de los integrantes de la organización.

Se trata de una orgánica que incluya a todas las sensibilidades sin que ninguna pueda llegar a controlar por si misma esa estructura.

En otros términos, para ensayar una definición provisoria, pienso en un movimiento asociativo mancomunal (asociación de personas, fuerzas o caudales para un fin, reza el diccionario) y solidario (contrae obligaciones y promesas en común), una suerte de movimiento “de código abierto”, por así llamarlo, que respete razonables diferencias, adopte un criterio general favorable a la inclusión de quienes se sientan identificados con sus planteos principales, genere entendimientos internos y externos y proponga y ejecute acciones que generen convergencia.

Un requisito indispensable para un cuerpo de este tipo es que la identidad de las partes no se vea amenazada por el conjunto pero, al mismo tiempo, no se sobreponga el interés particular a los del colectivo.

No es una novedad, pero la reafirmación de las políticas de “acción positiva”, como las cuotas mínimas, más allá de sus limitaciones, sigue siendo indispensable, particularmente en materia de género y de presencia generacional.

Este último aspecto se funda en la percepción que si es posible un encantamiento o reencantamiento, una “nueva” fuerza debe construir una posta generacional donde los capitales políticos acumulados por los sujetos de más larga trayectoria no signifiquen una sombra respecto de los que emergen.

No se trata de una visión “etaria” de la política, sino de la necesaria mirada colectiva a un horizonte que no es individual sino común. En esta materia, es también indispensable abrir las puertas a todos los jóvenes que tengan más de 15 o 16 años y a todos los ciudadanos potenciales estén o no inscritos en los registros electorales.

Esta fuerza mancomunal y solidaria tendrá que intensificar la presencia y vinculación con las organizaciones de base territoriales o sociales, aprovechar todos los espacios comunicacionales por pequeños que sean, crear movimiento social y nuevas organizaciones. Los adherentes debieran comprometerse a participar a lo menos en una organización social como requisito de pertenencia.

Más horizontalidad, menos verticalismo, deben ser características de una nueva fuerza de izquierda. Eso significa, claramente, la necesidad de descentralizar y reconocer autonomías. Este es, sin duda, el caso de las regiones.

Mientras el estado permanente de asamblea deriva muchas veces a un ejercicio discursivo interminable y mucha acción espontánea que, aunque tenga fuerza, no genera efectos perdurables, la opción “centralista democrática” de la izquierda más clásica no satisface como modelo para una “nueva fuerza”.

Es preciso ir construyendo, en aproximaciones sucesivas, mediante el método de prueba y error, un equilibrio entre el máximo grado posible de participación y el nivel necesario de dirección política. No hay una receta, pero creo que los límites de tiempo al ejercicio de cargos de dirección, la rotación de esos cargos, la revocabilidad de los mandatos y la obligación de rendir cuenta, son elementos indispensables.

Sobre la participación electoral no tengo duda alguna. Una nueva fuerza de izquierda no debe abandonar ningún territorio, entre ellos las elecciones. Son un momento, en la pobre democracia chilena, en que se alcanza un mayor grado de politización y es posible exponer ideas y mensajes con mayor extensión y alcance. En general, la izquierda debe siempre levantar su bandera, no dejar espacios vacíos, no renunciar a oportunidades legítimas de proponer sus puntos de vista.

Esta certidumbre no significa que una “nueva fuerza” deba registrarse legalmente como partido político en la actual ley de partidos.

Para mí, esta es aún una interrogante frente a la cual puedo elaborar argumentos a favor y en contra. Es un hecho que el actual sistema, concebido en el marco de los objetivos de la Constitución pinochetista de 1980, ha dado a los partidos un poder viciado por la existencia del sistema electoral binominal.

Sólo los partidos pueden presentar candidatos presidenciales, parlamentarios y municipales, sin necesidad del engorroso y costoso deber de recolectar firmas notariadas (los partidos lo hacen sólo una vez, para llegar a existir legalmente).

En el lenguaje del binominalismo, los partidos son los dueños de los ansiados “cupos” en las listas parlamentarias. Para dejar de pertenecer a un partido los afiliados deben formalmente renunciar, no obstante pueden estar afiliados de por vida por el sólo hecho de haber firmado una vez su afiliación.

Los afiliados no pueden presentarse fuera de su partido, a menos que se desafilien dentro de plazos legales (en estos momentos en proceso de modificación para dar aún más poder a los partidos) y se presenten como independientes (previa la recolección de firmas).

En el hecho, no existe la “división de los partidos” ya que toda disidencia, si pretende existir orgánicamente, debe existir de hecho —sin los atributos legales— o inscribir un nuevo partido.

El partido posee un patrimonio que queda al cuidado de la mayoría que lo gobierne y a sus decisiones de inversión, en el caso de patrimonios cuantiosos que generan rentabilidad.

Modificaciones legales posteriores a la legislación original establecieron el financiamiento público de parte del gasto electoral que realizan las candidaturas (en el hecho los partidos que los inscriben), mecanismo que busca dar sustento material, una cierta equidad en materia de campañas y transparencia a la actividad política (nobles propósitos) pero que está lejos de cumplir sus objetivos.

En la última elección presidencial por cada peso que gastó la izquierda, la candidatura MEO gastó 9, la de Frei 15 y la de Piñera 32 (de acuerdo a las declaraciones oficiales). Con todo, el aporte público es, en la práctica, el único sostén de las candidaturas de izquierda y, en ese sentido, debe ser valorado.

Las leyes electorales, junto con el sistema binominal, deben ser radicalmente sustituidas por una legislación más democrática y de más respeto al ciudadano. Siendo así, ¿corresponde a una fuerza que aspira a innovar en la política recurrir a este mecanismo obsoleto y que genera partidos que giran en torno a los “cupos” y al dinero?

Por otra parte, los argumentos para una respuesta favorable son varios. Pero el punto, a mi juicio, debe ser otro: ¿podrá una nueva fuerza política inscribirse como partido legal sin derivar en una organización pura o principalmente electoralista? ¿Podrá comprometerse efectivamente a llevar adelante una política de desarrollo en la base, en el mundo social, y al mismo tiempo enfrentar tareas electorales? Eso es lo que hay que dirimir.

En todo caso, en la búsqueda de una respuesta no debemos partir de una falsa contraposición entre la ocupación del espacio electoral y del espacio cultural y social.

Es claro que para ser una fuerza política con peso electoral no se precisa ser partido legal y que, a la inversa, como ocurre en muchos casos, se puede ser partido legal y casi no tener significado social.

Un referente político, social y cultural nuevo podrá llevar candidatos aun no estando inscrito como partido y su significado (para el país y también para sus eventuales aliados) corresponderá a su desarrollo, a su presencia ciudadana, a sus liderazgos y a su capacidad de convocatoria.

Uno de los temas recurrentes en la construcción de un nuevo referente de izquierda es si habrá o no pactos o acuerdos con fuerzas que no lo sean.

Mi posición es clara y ha sido más arriba reiterada: debemos tener una política de alianzas.

Para decirlo de otro modo, no comparto el punto de vista que veta la posibilidad que la izquierda alcance en determinados momentos y circunstancias acuerdos con otras fuerzas.

Una materia distinta es cómo y cuándo se hacen esos acuerdos, para qué y por qué.

Este es un debate propio de una organización constituida y no puede ser dilucidada como cuestión de principios. En la discusión hay un criterio que me parece fundamental: si queremos proyectar una izquierda con ambición protagónica no deberemos dejar espacios electorales vacíos.

Siempre, a menos que muy fundadamente haya razones que lo justifiquen, la izquierda debe tener sus propias candidaturas.

Nota del autor. Este texto es parte de la recopilación de escritos políticos breves La (Re)vuelta de la Izquierda, Editorial Ocho Libros, Santiago, publicada en mayo de 2011. La editorial me ha autorizado para  circularlo en formato digital indicando su procedencia. Si bien fue escrito hace siete meses, sus principales contenidos pudieran seguir siendo de interés.

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14 dic 2011

Privilegiados

Me encuentro participando en una Conferencia sobre Acuicultura en Omán. Sorprendente país. Hay expertos de todo el mundo, y por cierto también “expertos” FAO en estas materias.

La organización del evento excelente, y la hospitalidad de la gente omaní, fantástica.

Muchas veces lo más sabroso de estos encuentros internacionales se da en las reuniones bilaterales o de pequeños grupos.

Y esta oportunidad no ha sido la excepción. Me tocó estar presente en una mesa con distinguidos expositores, de distintas partes del planeta. En esa misma mesa, estaban los representantes de la FAO, (Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas) entre otros.

No faltó material de plática. Y uno de los temas de esa conversación fueron los viajes por “el mundo”, con algunos comentarios de uno de los representantes del organismo multilateral. En vuelos de hasta 8 horas 59 minutos, viajan en clase económica. De ahí, sobre las nueve horas en clase ejecutiva.

Entonces surgió la durísima crítica de un profesor de Trinidad y Tobago, experto en la materia que nos ocupaba, quien se manifestó indignado, “¿cómo era posible, que funcionarios burócratas de un ente internacional, que se preocupa de los pobres y hambrientos de este mundo, tengan estos privilegios?” “La verdad es que eso es una VERGÜENZA”, fueron sus muy duras palabras. Ante eso, los “expertos FAO”, no tuvieron argumentos, ni mucho que agregar.

Solo relato este episodio, como algo anecdótico. Sin embargo, da para meditar.

Uno se pregunta, si en realidad estos burócratas internacionales, pagados por todos los países miembros, (por lo tanto por los que pagamos impuestos), ¿se merecen este tipo de privilegios? ¿Además de sus ingresos bastante elevados?

Da para pensar. Hay crisis en el mundo, hay países con “hambre”, y los organismos que deben dar el ejemplo, que lo den. Creo yo.

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14 dic 2011

La deuda de Chile

El 8 de diciembre se cumplió un año de la trágica muerte de las 81 personas víctimas del incendio ocurrido en la cárcel de San Miguel. Durante el año hubo diversas conmemoraciones, la última en la Catedral Metropolitana en donde el señor Arzobispo de Santiago, junto a familiares y cercanos de las víctimas, celebró la Santa Eucaristía por el eterno descanso de los fallecidos.

Es bueno recordar y en particular con la oración, ya que ella nos abre hacia las dimensiones de la eternidad, senda obligada de todos quienes peregrinamos en la historia.

Sin embargo a un año del fatídico incendio me habría gustado que las madres, esposas, hijas, abuelas y en general las mujeres vinculadas a los que perdieron la vida, se hubieran reunido con el señor presidente de la República y sin filtros ni sesgos contarle como se sobrevive al interior de un recinto penal.

Estoy cierto que al Presidente, por su extremada sensibilidad y contrario al abuso y atropello de la dignidad y de los derechos humanos, le habría sido muy útil esa reunión.

Por otra parte, echo de menos, que a un año de ocurrida la tragedia todavía no se firme un convenio, que por medio de un catálogo, se definan los delitos que nunca más deberían tener penas privativas de libertad o dicho de otra manera, reclusión corporal.

He insistido con oportunidad y sin ella, en todos los ambientes que se me invita para hablar del tema penitenciario en la necesidad de aumentar las alternativas a la privación de libertad, ya que es 2/3 más barato para el Estado y el porcentaje de éxito en materia de reinserción social supera el 80%.

Lo irónico es que todavía se mantenga un sistema obsoleto con 71% de reincidencia delictual, a un costo por interno semejante a lo que paga un estudiante de medicina por su carrera.

Por otro lado, la deuda que Chile tiene con los privados de libertad es impagable y habría sido de toda justicia demoler la cárcel de San Miguel para construir sobre sus cimientos un gran centro cultural, de formación humana y de capacitación para todos aquellos infractores de ley que sin pasar por las cárceles puedan pagar su deuda a la sociedad con penas adecuadas al siglo en que vivimos.

Las metodologías exitosas usadas para la recuperación de quienes han cometido delitos hablan por sí solas y es la sociedad que excluyó la que debe incorporar, enseñar y acoger a quienes desde las primeras edades fueron marginados.

Magna tarea la que nos desafía. Vemos morir a nuestros conciudadanos y luego de unos días un velo de olvido lo empaña todo y nunca más nadie se acuerda. Varias han sido las tragedias ocurridas en los últimos años en nuestras cárceles y cada vez que sucede otra se levantan voces con promesas que se disipan en el tiempo.

¿Tendremos que ser testigos de otro hecho de horror en el que varios miles de privados(as) de libertad mueran de una sola vez, para que la cultura de la indiferencia, de la negligencia o de la exasperante burocracia dé paso al despertar de la justicia y brinde nuevas oportunidades?

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13 dic 2011

Sociedad civil y desarrollo

Tras la Teletón se generó un debate acerca de la pertinencia de que existan fundaciones de beneficencia que se hagan cargo de diversas problemáticas sociales.

La gran convocatoria solidaria del pasado fin de semana no es casualidad, es fruto del trabajo conjunto de la sociedad civil organizada, empresas privadas y Estado; un triángulo virtuoso que sin duda ha aportado a mejorar la calidad de vida de los más excluidos de nuestro país. El llamado “tercer sector” juega una papel importante en Chile: representa un 1,5% el PIB e involucra a más de 300 mil trabajadores y voluntarios.

¿Este rol de la sociedad civil debería disminuir en la medida que aumenta el desarrollo del país? Creemos que no. Las organizaciones sin fines de lucro tienen la autonomía y la agilidad para ingresar a aquellas áreas que para el mercado y el Estado son invisibles.

Además, son un aporte en términos de innovación y promoción de políticas públicas de largo plazo para los segmentos vulnerables.

Cada sector debe potenciar sus habilidades y particularidades, en pos de mejorar el bienestar de todas las personas. El Estado cumple un rol fundamental como garante de derechos, además de ser el principal responsable del diseño, implementación y evaluación de políticas sociales.

También es crucial el papel de la empresa privada en la generación de empleos con mayor dignidad e incorporación de nuevas fuerza de trabajo, como las mujeres y los jóvenes. Por su parte, las organizaciones sociales deben ser un puente para que la ciudadanía comparta la responsabilidad de restaurar, por justicia, aquellos derechos vulnerados de los grupos más pobres o con capacidades diferentes.

Las profundas desigualdades de nuestro país, que limitan el desarrollo, son producto de la poca interacción entre las diferentes esferas que intervienen en el ámbito público.

No es menor que Chile sea el país con mayor desigualdad de ingresos de la OCDE, donde el 10% más rico de la población gana 27 veces más que el 10% más pobre. Esto se reafirma con los datos entregados por el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, donde Chile baja del puesto 44 al 55 si se ajusta al factor de desigualdad, principalmente por las inequidades en ingresos, educación y salud.

En este contexto, el rol la sociedad civil organizada, las organizaciones sociales y las fundaciones debe seguir fortaleciéndose y convocando a las personas naturales para hacerlas parte de la construcción de una sociedad justa y más igualitaria.

De hecho, según la OCDE, Chile se ubica en el lugar número 19 de 40 países en término de conductas pro sociales. Las ONGs pueden y deben seguir aportando -junto al mercado y al Estado-, soluciones eficientes para mejorar el bienestar de los ciudadanos de manera equitativa.

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13 dic 2011

La Reforma Tributaria debe ser parte de un Nuevo Pacto Social

El debate sobre una nueva política fiscal será prolongado. No se resolverá en meses. Ni basta con una iniciativa gubernamental que acceda a mantener el incremento de impuestos a la renta de las empresas, establecido luego del terremoto. De allí la necesidad de reflexionar sobre su verdadero alcance.

La Reforma Tributaria es parte de un nuevo Pacto Social y de una Nueva Estrategia de Desarrollo.Trasciende lo fiscal y lo financiero. Se trata de una discusión sobre el tipo de país que queremos.

Una reforma tributaria contribuye a la convivencia, pues no hay desarrollo sin estabilidad social y política; y no habrá estabilidad sin una mayor igualdad entre los chilenos.

También contribuye al crecimiento del empleo y al desarrollo sustentable. No habrá crecimiento sin mayor innovación y emprendimiento.

El propio desarrollo de los negocios requiere confianza, igualdad y unidad interna. Los empresarios más visionarios, que poseen comprensión más amplia del mundo y de la sociedad, también lo entienden y señalan su disposición a elevar tributos como condición para la equidad y, consecuentemente, la gobernabilidad.

La meta que hemos de lograr es más equidad e inclusión social y, al mismo tiempo, más innovación para la especialización y diversificación de una estructura productiva que revierte a formas primarias, bajo el aplastante dominio del cobre. Las brechas sociales deben reducirse.

Chile debe proveer una mayor oferta de bienes públicos a todos sus ciudadanos; bienes de calidad para todos (educación, salud, ciudades amables, naturaleza limpia, cultura extendida, seguridad). Simultáneamente la capacidad productiva debe reestructurarse.

Debemos estimular el “crecimiento verde”, el desarrollo tecnológico y la educación para incrementar la capacidad humana.

Algunos países desarrollados, en particular los nórdicos, han conseguido equidad con productividad a la vez, en un círculo que se auto refuerza.

La reforma tributaria debe entenderse entonces como un componente indispensable de un nuevo ciclo de reformas de la sociedad chilena, que privilegia la equidad y la innovación.

La reforma, entonces, no puede verse como un incremento de la “carga” tributaria como señalan personeros de derecha, sino una “contribución” adicional de las grandes empresas y de las personas más pudientes para elevar el bienestar futuro de los chilenos.

La tarea de la Oposición

El gobierno de Piñera no manifiesta una disposición real. En su seno reina la discrepancia. Los sectores más ideologizados de derecha y un cuerpo de empresarios conservadores son reacios. Esta indefinición acrecienta las presiones y arriesga la gobernabilidad.

La reticencia a responder a tiempo a las necesidades del desarrollo con equidad polarizará más al país.

Independientemente de la acción del gobierno, el desafío de la oposición es preparar lo nuevo. Y refutar la actitud que emerge en estos debates: cuando las cosas van bien no se necesitan más recursos, pues los provee el crecimiento, y cuando van mal no hay que tocar los impuestos pues se dañaría la inversión y el empleo.

La oposición deber encarar desde ya su responsabilidad, de cara a la elección del 2013, y comprometer un programa de cambio tributario serio, que consiga avanzar en equidad con innovación.

Para el futuro de Chile una reforma tributaria ayudará a la cohesión social y al mejoramiento de la productividad. Es el camino de los países exitosos.

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13 dic 2011

La poco estratégica visión regional del Ministro Allamand

Con sorpresa he leído las declaraciones del Ministro de Defensa en La Tercera este fin de semana. Allamand, un político de prestigio, con un importante futuro y pasado político y a quien considero una figura prominente en la política nacional se confunde de roles y opina sobre temas internos de los países vecinos con una ligereza sorprendente.

De partida ningún ministro de Defensa de los países vecinos ha salido a comentar de los disturbios estudiantiles, de los cambios realizados por el presidente Piñera, su baja aprobación popular, entre otros múltiples temas de actualidad nacional.

Resulta por ende preocupante que el ministro de Defensa en Chile entre en terrenos que podrían ser apropiados para un consultor externo, un especialista o directamente un editorialista de medios.

Si bien los temas de relaciones internacionales están cada vez más vinculados con la Defensa, esto es principalmente por pasos positivos para la consolidación de mecanismos de confianza mutual, participación en misiones de paz e incluso colaboración para temas de desastres naturales u otras necesidades.

La Defensa debe alejarse de la contingencia y mucho más de la apertura de desconfianzas, heridas y grietas que acompañaran las relaciones entre países por múltiples años.

Preocupa aún más la afirmación del Ministro a párrafo seguido de su análisis político regional “tenemos que estar plenamente preparados con nuestra fuerza militar”.

La percepción generalizada de los vecinos (gobiernos y ciudadanos) es que Chile tiene una capacidad bélica sobredimensionada, que nada justifica los gastos en Defensa y que las inequidades geoestratégicas son evidentes.

¿Servirá que el Ministro reitere la condición de ser el mejor armado del barrio? Al contrario, estas declaraciones ponen bencina a un contexto complejo en los países vecinos donde se leen casi como bullying regional.

El ministro Allamand justamente reconociendo que el escenario regional está complicado, que los cambios en los países vecinos no son los mejores y que es representante de un gobierno con bajo apoyo ciudadano y alto reclamo y conflictividad social, debería ser el primero en proponer caminos de conversación, solución y desarrollo ideas de comunidad.

Limitarse en las declaraciones contingentes es un buen primer paso.

Una estrategia importante seria por ejemplo que el tema de la Haya lo resuelvan en el plano de las Cancillerías, que sean los ministros de Relaciones Internacionales los que se pronuncien, con su esperada delicadeza y sutileza diplomática a una solución que dejará disconformes en todos lados.

Entrarle por el lado de la Defensa podría ser el inicio de un debate poco productivo, distanciador y costoso para sociedades como las nuestras, la peruana y la chilena, que día a día estamos más preocupados por la inclusión social, por las inequidades de nuestros aún débiles desarrollos y la mejoría de la calidad de la educación y la salud.

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13 dic 2011

Partitocracia y democracia

Patricio Hales, mi hermano, diputado por Recoleta e Independencia, ha sido protagonista de una noticia a la que los medios le han dado “alguna” difusión. Sin duda, la prensa que ha dado cabida a la noticia es la que está acostumbrada a destacar los problemas al interior de la Concertación, pero el hecho más allá de las intenciones de los difusores, es muy relevante.

Se está buscando un candidato a Alcalde en la comuna de Recoleta y para eso el Partido Socialista hace primarias. Como probablemente la harán otros partidos para luego llevar sus precandidatos a la definición final.

Patricio, interesado en que sean elegidos los mejores vecinos, manifiesta su apoyo o respaldo a determinado precandidato, lo que despierta las iras del presidente del PS y de algunos de sus dirigentes. La reacción parece desproporcionada, pues lanza todo tipo de epítetos y amenazas.

¿Razón del enojo? Que siendo un asunto interno del PS, un diputado PPD no puede pronunciarse.

Argumento curioso y reacción destemplada, pensando en que normalmente los dirigentes políticos manifiestan interés y opinión de lo que pasa con los demás partidos, no sólo los aliados, sino también los adversarios.

En este caso, además, se trata de un pronunciamiento del diputado del distrito, lo que justifica su manifestación de opinión, ya que está moralmente obligado a interesarse por quienes son los candidatos a cargos de representación, para que puedan ganarse alcaldías que llevan años en manos de la derecha, pese a que en las elecciones parlamentarias de Recoleta el diputado concertacionista gana con más del 50% de los votos.

¿Por qué les molestó a los socialistas la intervención de Patricio Hales?

Claudia Serrano, panelista de Cooperativa, haciéndose eco de Andrade lo acusa de poco fraternal y vociferante, sin detenerse a pensar en la relevancia que puede tener que efectivamente los diputados y senadores se interesen en lo que pasa en sus comunas.

No entienden estos dirigentes socialistas que justamente el hecho de que un militante de un partido distinto se interese porque el PS elija a su mejor candidato, es un acto de fraternidad y de respeto profundo.

Pero Patricio Hales se mete en algo más profundo: dice que la reacción se debe a la defensa de las máquinas partidarias, donde, tal como sucede en casi todos los partidos, los grupos que mandan en el interior quieren seguir reproduciéndose, cerrando las puertas a candidatos o líderes que surgen en forma más espontánea y que pueden representar mejor los intereses populares.

Los que dirigen los partidos quieren seguir en el poder y para ello manipulan las elecciones internas, intervienen descaradamente, pues quieren que los dirigentes comunales y los candidatos a cargos de elección popular sean incondicionales suyos. Eso es así, probada y reiteradamente así. En todos los partidos, lo que es evidente.

Pensamos en la DC: dos familias ocupan más de un tercio de los parlamentarios. Se repiten en un mismo matrimonio ministros y subsecretarios. En otros partidos están presentes senadores y ministros, diputados con apellidos repetidos reiteradamente, alcaldes y parlamentarios de la misma zona.

Porque la política se ha empequeñecido, se ha reducido a grupos manipuladores, cupulares, aislados. Es el resultado de un diseño institucional perverso que se nutre de lo peor de las personas: sus ambiciones desatadas, la ansiedad de poder y todo ello lleva a la corrupción.

Esto no es propio de la política, sino de la forma de hacer política que se ha entronizado en Chile desde hace poco más de 20 años. Tratar de que los mejores, los líderes que están fuera del mecanismo de poder, los sectores populares, los rebeldes, ocupen los lugares de las máquinas, es más bien un acto fraternal, de saneamiento, de respeto profundo por la democracia y el pueblo chileno.

La controversia es entre el poder de las máquinas o aparatos partidarios y la apertura de espacios democráticos reales.

Y no se molesten en el PPD, pero apoyo a mi hermano, aunque yo sea demócrata cristiano, pero no sólo porque es mi hermano, sino sobre todo porque estoy de acuerdo con él.

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