13 dic 2011

¡Le faltaban pollos a nuestra cazuela!

Hace unos días salió a la luz pública una denuncia en contra de tres grandes empresas avícolas en torno a una eventual regulación del mercado de los pollos. Esta se suma a las denuncias ya comprobadas sobre los abusos de la multitienda La Polar, el superávit excesivo de las Isapres durante el primer semestre y a las investigaciones que ya llevan más de dos años acerca de la colusión en las farmacias.

Claro está que la teoría de la autorregulación del mercado es absolutamente falsa y que la avaricia y el deseo de poseer y ganar más y más no tienen techo para los ambiciosos de poder y dinero.

Hasta los seguidores más abiertos del dios lucro se han dado cuenta de que debe haber más y mayor regulación por parte del Estado y de los consumidores, si lo que se quiere salvaguardar es la libre competencia que no veje los marcos legales, ni los derechos básicos de las personas.

Ante estas noticias – y, como siempre, pareciendo llegar tarde– aparece la clase política, escandalizada ante semejantes atropellos, y buscando “con cara de velocidad”, medidas sobre cómo hacer frente a este tipo de estructuras que posibilitan y perpetúan la usura y la injusticia por parte de los ricos y poderosos en contra de quienes no están en su posición.

El presidente de la República anunció hace un par de días la creación de una comisión de expertos que lo asesorarán a él y al ministro de Economía para tomar decisiones en vista de modernizar los marcos legales para evitar posibles colusiones y abusos de las empresas.

A la comisión se le da un plazo de 6 meses para entregar una propuesta al ejecutivo con el propósito de que la libre competencia sea respetada.

Ante esto, uno podría decir: ¡qué bueno, el presidente vela por los intereses de la mayoría de los chilenos para impedir los abusos de las grandes empresas!

Pero, por favor, ¡dejen de jodernos!

Esto de las comisiones como la gran garantía de los esfuerzos para generar cambios ante las situaciones de injusticia y abusos que aquejan a nuestra sociedad, más que darme una señal de tranquilidad, hace que me surjan innumerables dudas respecto del paradigma de solución que esconde el recurso hipertrofiado de la comisión. Me provoca una honda – y ya conocida – indignación.

Una y otra vez, la clase política y dirigente de este país llega tarde a todos los problemas.

Lo que ayer fueron las farmacias, el transporte, las multitiendas, etc. hoy son las empresas ligadas a la producción avícola (¡y le faltaban pollos a nuestra cazuela!).

Día a día siguen palpitando vigentes el tema educacional, el de la salud y la vivienda, y el ejecutivo sigue creyendo que solucionará los problemas llamando y financiando a un grupo de selectos ingenieros expertos para entregarles propuestas para “hacerle frente” – al menos, momentáneamente- a ese problema en particular.

Esto, evidencia que el “comisionismo” es muletilla que surge de una ponderación pobre y superficial de los problemas que enfrentamos como sociedad, y manifiesta la inexistente voluntad política para reformas estructurales legales que construyan la sociedad que todos parecemos desear, pero que “curiosamente” se nos escurre entre los dedos como una mera utopía día a día.

Nuestras clases dirigentes se han convertido en meros “expertos” ataja penales que no van a ninguna solución de fondo, estructural, el verdadero “chilean way”. Es la costumbre de actuar en crisis, para y por la crisis, pero no para sanear las raíces de hitos sólo sintomáticos en una sociedad que vive a diario los males de la injusticia y los abusos más descarados.

Cada vez más, se convierte en un hábito la creación de comisiones inoperantes financiadas por fondos del Estado para elaborar propuestas que el gobierno de turno y los parlamentarios no están dispuestos a escuchar ni a ejecutar en serio.

¿Comisión de qué? ¿Para qué? , es lo que me preguntaba un poblador de la zona sur de Santiago al informarle sobre las declaraciones del Presidente respecto a la colusión de las empresas avícolas.

Y ¿dónde están nuestros parlamentarios que no son capaces de darse cuenta de estos problemas, de anticiparse a los posibles conflictos o estallidos sociales? Y después se lamentan de que haya violencia en la calle o que la calidad de vida – a pesar del crecimiento económico- no haya aumentado ni un céntimo.

¿Dónde está nuestra clase política para que se atreva radicalmente a proponer su opinión respecto de tantos abusos y eleve propuestas concretas sobre todos los temas que a la ciudadanía le importan?

No es un favor que ellos hacen al pueblo, es su deber ser capaces de visualizar las injusticias y anticiparse a los estallidos para luego – junto a la ciudadanía de a pie u organizada- elaborar planes concretos y reales en vista de mejorar real y honestamente la vida de las personas a las cuales ellos y ellas representan.

Nada de andar llamando a comisiones de expertos de ínfimos círculos que vengan de afuera a “hacerles la pega” o a “vender humo” sino que ellos son quienes deben hacerse cargo y, con valentía, representar a quienes confiaron en ellos y no los intereses de unos pocos que buscan engordar su avaricia y deseo de poder.

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12 dic 2011

¡Un sistema político que hace agua!

Los resultados de las elecciones en la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile durante esta semana han generado múltiples opiniones y teorías. A mi juicio dejan en evidencia, una vez más, la urgencia de modificar nuestro sistema político, que en buen chileno está haciendo agua hace rato.

La FECH luego de su refundación en el año 1995 ha estado encabezada consecutivamente por dirigente provenientes de las Juventudes Comunistas o de los “Estudiantes de Izquierda” denominación más amplia que incluía muchas veces a los primeros. Un elemento aglutinador de aquellos grupos desde siempre ha sido la defensa de la educación pública, la crítica al modelo económico y social y el funcionamiento del sistema político.

El Partido Comunista durante 20 años de gobiernos de la Concertación estuvo fuera del sistema de representación parlamentaria, máxima expresión, de nuestra democracia “representativa”.

Por lo tanto, sustentó su existencia como partido en su capacidad de coerción o coacción al sistema político, presionando con la movilización –de acuerdo los conceptos del politólogo Giovanni Sartori- principalmente en el mundo social desde la dirigencia universitaria y el movimiento de derechos humanos.

En las elecciones parlamentarias del año 2009 el Partido Comunista por primera vez cambió de estrategia y logró un pacto electoral con la Concertación que permitió su ingreso al Parlamento con tres representantes. Fue sin que se hubiese producido ningún cambio en el sistema político e institucional que tanto criticaron, sólo se cambió la estrategia electoral y de alianzas.

Ese triunfo desde el punto de vista de representación en el sistema político es lo que hoy le está trayendo costos al PC, costos que la Concertación lleva pagando desde el año 1997 cuando comenzó su baja electoral y decayó su capacidad de mostrar representantes, voceros o figuras el mundo juvenil.

Pero el tema aquí no es la estrategia electoral o de alianza que haya tenido el PC.

Lo fundamental es la crítica evidente al sistema político y a todos los que forman parte de el que implican los resultados de la FECH. Hoy el grupo que con su triunfo canaliza el descontento es el que habla desde la crítica al sistema de partidos, al sistema político, a la institucionalidad que tiene nuestro país.

Una institucionalidad que no fue capaz de escuchar el clamor del movimiento social por la educación que vivimos este año 2011 y frente a esta situación mis pronósticos no son favorables.

Si no somos capaces como país de hacer los cambios al sistema político que Chile requiere, la legitimidad de “patear el tablero” y correr las reglas del juego con estrategias fuera de el aumentará con las nefastas consecuencias que nuestra historia nos ha mostrado. En tal escenario quienes triunfan son los poderosos, conservadores y autoritarios.

Por ello es que resulta urgente avanzar en los cambios que nuestra democracia requiere: contar con una carta magna legítima en su origen, democrática en su formulación y participativa en su constitución.

Es momento de propiciar una asamblea constituyente que genere una nueva Constitución para Chile, que incluya la iniciativa popular de ley; la posibilidad de convocatoria ciudadana a plebiscitos nacionales; la creación del Defensor del Pueblo u Ombudsman; un sistema electoral proporcional; la inclusión de cuotas de género o de una democracia paritaria.

Además del desarrollo de primarias públicas, abiertas y vinculantes financiadas por el Estado; el límite en la reelección de representantes; la postergada inscripción automática en los registros electorales; el voto de chilenos en el extranjero; la elección directa de consejeros regionales e intendentes.

Es también menester modificar los elevados quórum constitucionales en el proceso legislativo; mejorar y transparentar el financiamiento de los partidos políticos y las campañas electorales, y cambiar el sistema de reemplazo de nuestros parlamentarios.

Otro Chile es posible con una nueva institucionalidad para modificar el actual modelo de desarrollo que resulta tan injusto y desigual para tantos.

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12 dic 2011

Sociedad versus Transnacionales

En el marco de una gira europea como Coordinador Internacional de Patagonia Sin Represas, participé durante la primera semana de noviembre, en Bruselas, en dos eventos organizados por Enlazando Alternativas, red de organizaciones de Europa, América Latina y el Caribe que monitorean y cuestionan los impactos sociales y ambientales negativos que han acarreado los Tratados de Libre Comercio (TLC), y el accionar abusivo de las Corporaciones Trasnacionales (TNC).

La Unión Europea está apoyando el agresivo accionar de las TNCs europeas en países en vías de desarrollo. América Latina y el Caribe –la región donde más ha crecido la inversión directa de las TNCs- es hoy un eje comercial clave para sus faraónicos negocios, para lo cual se ha generado una verdadera ‘arquitectura de la impunidad’ a través de los TLCs, los Tratados Bilaterales de Inversión (TBIs) y otros mecanismos.

Esta arquitectura internacional es complementaria a los entramados legales entreguistas, y políticas económicas ultra-neoliberales instaladas, en algunos casos desde hace décadas, en nuestros países. Chile, desafortunadamente, en esto es pionero y emblemático.

Canadá aparece como un país que resiste este embate, donde la ciudadanía está luchando muy fuerte por mantener el control público de sus servicios y políticas en sectores claves.

En cambio, la sociedad civil y organizaciones en Europa están teniendo enormes dificultades para ponerle atajo al accionar tan depredador como lucrativo de las empresas europeas, tanto en sus propios países como en el exterior.

Enlazando Alternativas se ha propuesto visibilizar a las víctimas como actores fundamentales para enfrentar a las TNCs, creando el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) para que los afectados puedan denunciar los abusos de las TNC.

Hasta ahora las sentencias del TPP no son vinculantes pero el proceso ha generado valiosa información, activación social y gestiones políticas, y ha puesto en evidencia a nivel internacional, pero incluso nacional, graves conflictos socio-ambientales acallados por la complicidad gubernamental/corporativa y los medios de comunicación locales.

El objetivo del TPP es activar, desde las comunidades y ONGs, movimientos sociales cada vez más amplios para la defensa del territorio y de los derechos humanos. El 2010, Ecosistemas, a nombre de la Campaña Patagonia Sin Represas, junto con Greenpeace-España, presentó el caso HidroAysén ante el TPP en Madrid.

Después de estudiar los antecedentes presentados, el Tribunal condenó el monopolio privado en los sectores agua y energía en Chile, y su efecto negativo en la gobernabilidad y democracia del país, y pidió la suspensión del proyecto HidroAysén ante la manifiesta irregularidad de su evaluación.

Así, el TPP ha sido un importante avance como herramienta de denuncia, y para tejer redes, pero se necesitan herramientas aún más efectivas para seguir avanzando.

Los integrantes de Enlazando Alternativas se preguntan cómo se compatibiliza el resistir y enfrentar el embate de las TNCs con la construcción simultánea de alternativas, y por qué no han sabido convocar con más amplitud, incluso a sectores afines que son necesarios para que haya incidencia política, tales como sindicatos, trabajadores, e indígenas.

Se comenta que las cumbres de los pueblos son momentos para la construcción de coordinaciones y movimientos, procesos importantes que hay que seguir empujando.

Se plantea la necesidad de mayor articulación en los países donde se realizan y que más allá de la construcción y de-construcción ideológica se necesita “amplificar y alimentar la voz del pueblo”.

Se indica que hasta ahora los movimientos sociales han reaccionado más ante el accionar abusivo de una ETN específica que ante las causas estructurales que lo permiten y fomentan… y, por lo tanto, la necesidad de alimentar la visión sistémica.

Hay acuerdo que la situación global es gravísima. ¿Cómo se evoluciona hacia una sensibilidad ‘regional’, continental o global, entendiendo que la agresión tiene raíces comunes, que lo que toca a un país suele tocarlos a todos? Hoy es imperativo pensar y actuar local y globalmente, en forma sinérgica, consciente, y extremadamente vigorosa.

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12 dic 2011

HidroAysén no es el único camino

Mientras en Chile se insiste majaderamente en que las fuentes renovables no convencionales no son suficientes para generar la magnitud de energía que nuestro desarrollo requerirá en las próximas décadas y que su precio es muy elevado, surgen claras e indesmentibles pruebas de que se trata de una opción viable.

Sudáfrica acaba de dar una muestra a los escépticos de que es posible avanzar por un camino más sustentable. En los últimos días puso en marcha un gigantesco plan tendiente a ampliar y diversificar su matriz energética hasta ahora similar a la nuestra y basada en los hidrocarburos. El programa apunta a obtener hasta 17.800 MW de energías renovables para el 2030, reduciendo así su dependencia del petróleo, carbón y del gas natural.

La primera etapa de este impulso, implicó la adjudicación, hace unos días, de 28 nuevas plantas de energía termo solar, fotovoltaica y eólica, que involucrarían unos 1500 MW de energía verde.

En los próximos tres años se licitarán, en paquetes sucesivos, nuevos proyectos (que incluyen hidroelectricidad en pequeña escala) hasta llegar a 3.745 megavatios, que superan largamente las perspectivas del complejo hidroeléctrico Hidroaysén, que inundaría 5.910 hectáreas en la XI Región y que aportará 2.750 megavatios al Sistema Interconectado Central (SIC).

Lo realizado por Sudáfrica es un claro ejemplo de que hay alternativas y que con las fuentes y recursos naturales que Chile posee es posible dotar al país de energía a costos razonables, pero con un menor impacto ambiental.

Si bien existen evidentes diferencias entre las economías de ambas naciones, ello nos muestra que es posible y necesario iniciar un salto hacia las energías verdes que el mundo exige y que será vital en el futuro para que nuestros productos mantengan sus mercados de exportación.

HidroAysén no es el único camino posible, menos aún cuando impactará gravemente el ecosistema de la Patagonia, además de afectar a una vasta extensión del territorio con un tendido de transmisión que será una enorme cicatriz en el hermoso paisaje austral, pero necesitamos actuar con más audacia.

Hay que analizar seriamente el proyecto sudafricano y lanzar nuestro propio plan nacional sobre la materia, orientado por el Estado y sus requerimientos y no por las directrices del mercado y de los propios operadores.

Las energías renovables no convencionales son una opción disponible y viable, pero se requiere decisión para impulsarlas, evitando las inercias y presiones de grupos económicos, que apuestan a seguir con las energías tradicionales.

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12 dic 2011

El neomachismo en “tiempos de cólera”

Dudé si titular esta columna “Aún tenemos patria (matria) ciudadanas”, pero decidí no hacerlo para motivar a una reflexión sobre las agitadas aguas que vivimos las mujeres en estos periodos de transformación social -que avizoramos y experimentamos- y de los cuales aún no hay interpretaciones que, al menos en mi caso, satisfagan la comprensión de la multiplicidad de elementos que en ellos eclosionan.

Nadie podría dudar que asistimos en Chile, como en otras partes del mundo, a lo que he llamado un “crujido”, a una suerte de agrietamiento en las estructuras, o en el “sistema” como se denomina eufemísticamente al modelo social de mercado que predomina y moldea el devenir mundial.

Desde una perspectiva de género no deja de ser relevante el comprobar que el neomachismo, en tanto postura y actitud que considera políticamente correcta la igualdad entre hombres y mujeres, pero que en la práctica no permite que ello suceda, se aprecia de manera nítida cuando vemos la realidad estadística y la cultural.

Las cifras de las desigualdades en el acceso al empleo, las brechas de sueldos, la escasa representación política de las mujeres, las diferencias al interior de éstas a la hora de escudriñar dónde están situadas las más pobres, las que pertenecen al mundo indígena, las migrantes, las adultas mayores, entre otras.

El panorama de los números es desolador, pero es aún más el que se relaciona con los mecanismos profundos que hacen que las transformaciones y luchas en pro de la igualdad entre hombres y mujeres no advenga con facilidad.

La historia demuestra que una vez conquistados ciertos derechos, las mujeres debemos seguir bregando por la aparición de nuevas inequidades, y ello tiene una causa no muy difícil de encontrar: se trata del hecho que los cambios en las estructuras simbólicas y psíquicas que constituyen la cultura, no mutan tan rápido como sí lo hacen las económicas y políticas.

Hemos insistido en demostrar que es, precisamente, en ese poderoso nivel en el cual se van construyendo los estereotipos, los modelos, las formas de socialización, las valoraciones y desvalorizaciones que impregnan la vida personal y social.

Las definiciones, significados y sentidos valóricos que construyen las relaciones de género son un núcleo potente desde el cual las sociedades van erigiendo los lugares, posiciones y condiciones de hombres y mujeres, y al mismo tiempo las vinculan con sistemas mayores de prestigio y poder.

Cuando un alcalde se refiere a la dirigente estudiantil Camila Vallejo como una “endemoniada”, cuando el propio presidente se permite hacer chistes sexistas y un columnista dominical de El Mercurio advierte sobre el peligro de P.M (el partido de las mujeres), alertando a los hombres, podemos darnos cuenta que estamos ya no frente a una escondida (“encapuchada”)fórmula del neomachismo, sino ante el rostro descubierto de una reacción conservadora –semi atávica- que devela los mecanismos culturales a los que nos referimos antes.

Ya lo dijo Freud, el inconsciente no tiene sentido del humor, y cuando las bromas se movilizan desde el ámbito de lo íntimo al político, las estructuras simbólicas emergen con toda su fuerza.

En el caso del “humor” presidencial al comparar políticos y mujeres, a lo que apunta es a la idea decimonónica y machista que una mujer que dice “sí” es una “puta”, no una “dama”, con todas las connotaciones que esa diferencia implica, y con toda la negatividad que supone la asertividad en una mujer.

Escuché en una mesa de almuerzo a dos connotados cientistas sociales repetir el chiste y reír a mandíbula batiente e imagino que lo mismo habrá ocurrido en otros segmentos profesionales.

No es que el humor no sea sano, sino que hay ciertos tipos cuya función es perpetuar estereotipos y discriminaciones.

Sigamos con Freud, lo que nos provoca risa es algo que nos angustia, que no podemos controlar sino exorcizando sus contenidos a través de la carcajada hilarante que nos permite su liberación. ¿Qué angustia es esta, masculinamente transversal?

La respuesta se puede convertir en otro chiste: la creciente presencia de las mujeres en el ámbito del conocimiento, de lo público, de la política, del arte y sus logros respecto a los derechos femeninos provocan una amenaza al orden de género, a los espacios tradicionales, y a las formas establecidas de vincularse hombres y mujeres.

De allí justamente es desde donde nace el neomachismo: de esa constatación que la humanidad avanza sin vacilaciones hacia el respeto a los derechos humanos y dentro de ellos a los de las mujeres.

Esa realidad no puede ser desmentida porque es producto de una historia colectiva de luchas y no del capricho individual, ni de la búsqueda de ganancias personales; no se puede estar contra ello a pesar que los antiguos resortes, sobre todo cuando no hay una elaboración intelectual sobre estas luchas, pugnan por negarla, reprimirla, ironizarla, invisibilizarla.

Sin duda que una joven como Vallejo puede ser construida en el imaginario como una endemoniada, en la medida que su carisma logra movilizar a muchas personas y por cierto, evoca –aunque de otro modo- el de Bachelet, convirtiéndose en la escena del espectáculo (que reina en nuestra cultura) en blanco de sentimientos, emociones diversas en la medida en que su ser mujer (su cuerpo) es lo que “aparece” como el primer reflejo.

Escuchamos con frecuencia este año en pasillos y reuniones decir a los hombres, jóvenes y viejos, sobre la dirigenta: “aunque sea comunista, es “rica”; “me rindo ante sus ojos”.

La belleza de la joven mujer “conmueve” y es lo que prima en el escenario de los medios, despertando simpatías, a veces adoración y en otros casos aversión: la belleza, ya sabemos puede llegar a ser monstruosa por lo insoportable.

El alcalde de marras moduló lo que muchos tenían en el inconsciente, el “embrujo” de la belleza se relaciona con el demonio. No debe extrañarnos que el mito de La Quintrala posea tanto arraigo en Chile: desde tiempos antiguos, libros, novelas, telenovelas y series se van sucediendo para mostrar una mujer con poder, linda y relacionada con el “mal” que oprime a quienes se rinden ante sus malas artes y hermosura.

Por cierto nadie destaca la inteligencia, los conocimientos y la asertividad de la Quintrala (ni de la joven Vallejo, que es vista como una ventrílocua del PC, alguien sin identidad propia y se discuta si su liderazgo proviene de algo más que de su belleza), no son esos atributos de importancia para las mujeres valoradas o tomadas en consideración solo en tanto prisioneras de un cuerpo canónicamente bello y único lugar desde donde se piensa emana su influencia.

Este “dispositivo” mental chileno ha queda este tiempo al desnudo, casi caricaturesca y perversamente desnudo; pero más allá de eso lo que nos mueve a reflexión es el hecho de cómo es posible encarar los profundos y ciegos mecanismos del sexismo tanto desde la perspectiva de las mujeres como de los hombres.

En el primer caso, echamos de menos en los liderazgos femeninos actuales una real conciencia de género, en el sentido de conocer la historia de la discriminación en sus más penetrantes consecuencias y en el riesgo que el cuerpo-mujer sea secuestrado por los modelos convencionales y aceptados por el mercado (que tiene su correlato en la política) que todo lo aprovecha y deshecha.

Sin esa conciencia y sin un horizonte claro en relación a la lucha por cambiar las desigualdades básicas entre hombres y mujeres, es muy fácil caer en la trampa de la “eficacia simbólica” del sistema. No basta por ello con ser mujer para tener esa conciencia de género.

Por otro lado, es necesario que los hombres conozcan las luchas que las mujeres hemos dado por construirnos en dignidad e igualdad, que se produzca una aceptación real de que tenemos que inventar una vida social equilibrada, inclusiva de las diferencias y que las brechas que existen no son inventos del “feminismo”, sino crudas realidades que, junto a otras, tendemos a “naturalizar”.

Llama también la atención que en la mayoría de las reivindicaciones que hemos escuchado este año, no se escucha la necesidad de una educación no sexista; sin duda que la lucha de los movimientos indígenas lograron –peleando, por cierto- que, al menos la palabra interculturalidad se pronunciara.

El trabajo del modelo ha sido muy bueno en cuanto a retroceder en materias que son amenazas a lo que podemos llamar un “liberalismo a la chilena”, que le interesa ser liberal en lo económico, pero no en lo cultural. Una de esas amenazas la constituyen los avances en términos de género.

Cuando pensé en el título “aún tenemos patria (matria) ciudadanas” fue cuando escuché que la ministra del Sernam acusó recibo del sexismo del presidente.Consuela saber que, al menos, en una autoridad femenina hubo una respuesta sensata y moderna ante los burdos comentarios del mandatario.

Sin duda las ciudadanías femeninas están tensionadas y vulneradas, así como otras, y que vivimos un momento de vuelta atrás de ciertos logros, pero ello no significa que no exista la instalación de una conciencia de que “el machismo mata”.

En tiempos de “cólera” salen los sentimientos guardados y reprimidos de todos(as), de quienes reproducen el conservadurismo y de quienes intentan transformar los viejos estilos.

Cada vez con mayor nitidez se observa que los liderazgos femeninos son complejos y provocan diversos miedos en todos los espectros de las tendencias políticas.

El neomachismo es una actitud y un modo de pensar ambiguo, es un juego de apariencias y doble estándar, pero hoy está “calato” como el rey, y reclama a la cofradía masculina para protegerse, como dice el columnista mercurial, del “partido de las mujeres” (el desacato de la ministra por cierto hace temer al establishment, pues hizo una crítica a su “jefe” que todos(as) sabemos justa).

Pero, ojo, el neomachismo no es sólo privativo de los hombres. Hemos dicho, sin cansarnos, que es preciso un cambio profundo que compete a ambos géneros y el primer paso es comprender que la cultura (una parte fundamental de ella es el lenguaje, con el que se cuentan chistes, se escribe y se habla) es clave a la hora de analizar el porqué de las desigualdades, es allí donde se tejen las imágenes sexistas, la violencia simbólica y las desvalorizaciones.

La expresión de esto se encuentra en los números –que tanto gustan a todos los sectores- que ponen de manifiesto nada más que lo que la cultura dibuja y graba a fuego: las posiciones y condiciones desiguales de hombres y mujeres en la vida social.

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12 dic 2011

Educación en serio: Plebiscito queremos

La educación es un proceso neuro-psico-socio-cultural que el ser humano construye inducido por elementos del medio en que vive y que se refiere a su adaptación en forma armónica respetuosa, útil, alegre y plena a la vida. La educación siempre sucede.

Don Vicente Cau-Cau fue criado por cabras en la Cordillera de Nahuelbuta y andaba en cuatro patas.Tenía una educación caprina. Una niña criada en un gallinero tenía educación gallinácea.

Para abreviar contrastemos. Cuando se pide educación de calidad, igualitaria para todos ¿se está pidiendo que deba existir la posibilidad de educación caprina o gallinácea para todo Chile? Sin precisar, no pueden elaborarse programas en la majamama indefinida y confusa que hay en educación. Solo se favorecerá a los que tienen el poder y que no quieren cambio.

Toda educación implica la inducción de autonomía intelectual, moral o, estética y espiritual. La autonomía intelectual comprende las herramientas para formarse una visión fundamentada y crítica de mundo, para distinguir opiniones (doxa o dogma), opiniones con fundamentos y demostraciones universales (episteme). Se adquiere esta autonomía con la capacidad de demostración, el método científico y la reflexión crítica.

La autonomía moral implica la formación de una valoración fundamentada y crítica de mundo; ser capaz de discernir las creencias y jerarquías valóricas (ideologías) propias y ajenas desde donde toda decisión es tomada; implica también poder analizar los contextos éticos del ejercicio laboral y de las empresas donde se realiza; es la única forma de instalar diálogos constructivos.

La autonomía estética implica la sensibilidad de la belleza y los cánones estéticos críticos para discernir las perspectivas distintas en la convivencia.

La autonomía espiritual integra estas autonomías y desarrolla el respeto a las personas y sus perspectivas, haciendo posible la convivencia armónica.

En Chile estamos lejos de esa educación. Los que nos educamos entre los 50 y los 80 pudimos adquirir gran parte de nuestra autonomía con los inductores de esos tiempos. Esa era la perspectiva de las Escuelas Normales (laicas o católicas) y de la Universidad de Chile.

Las clases de Instrucción Cívica tenían mucho de esto. En matemática y geometría aprendíamos a demostrar las tesis (no demostraciones de memoria como ahora), en la universidad hacíamos unidades de investigación para aprender el método científico; incluso llegábamos a publicar en buenas revistas.

Se aprendían los códigos de ética profesionales y técnicos, se pertenecía a Colegios Profesionales, mucho de ética y estética se enseñaba por el currículo oculto o implícito.

Para la ideología neoliberal la educación es un bien de consumo (mercancía) transable en el mercado para formar técnicos y profesionales que sustenten a las empresas.

En Chile entonces la educación es una fábrica de trabajadores con (técnica-profesional) y sin (desde parvularia a media) título para optimizar el lucro de las empresas de la oligarquía. En realidad esto no es educación sino enseñanza, instrucción o capacitación artesanal, técnica o profesional.

Entre ambas no hay término medio. La educación en la autonomía también forma trabajadores, profesionales y técnicos que son distintos a los formados en las usinas mercantiles neoliberales (mal llamadas universidades).

Ambos tendrán conocimientos, habilidades, destrezas competencias para ejercer sus oficios, pero los educados en autonomía tendrán además la visión crítica intelectual, ética y estética del desempeño de sus oficios y de las condiciones de su trabajo.

El médico universitario (autónomo) tendrá dominio de actitud y método científico para disputarle al propagandista médico las evidencias que presenta sobre el medicamento; tendrá los criterios éticos para examinar el ejercicio de su profesión y de la empresa para la que trabaja.

El médico técnico-profesional puede tener esta autonomía por iniciativa propia. En realidad, insistamos, los títulos profesionales no son lo específico universitario sino los grados académicos que dan autonomía mental.

Para el neoliberalismo la formación integral y autónoma es innecesaria, peligrosa y sin rédito monetario, por la que no debe invertirse.

Por motivos políticos y de poder, el Gobierno Militar, la Derecha Económica y Política atacaron la posibilidad de esta educación, en Chile; se la consideró un peligro para el régimen capitalista neoliberal, sobre todo en su crítica ética.

Se suprimió la educación normalista, la enseñanza de las demostraciones geométricas, la instrucción cívica en los liceos, se disminuyó o eliminó la filosofía, por ley se transformó a las Universidades en meros institutos profesionales o técnicos, se quitó el presupuesto de investigación científica, filosófica o creación artística de las universidades del Estado, a las que se obligó a financiarse desde el privado (destrucción de su autonomía).

Como si fuera poco, eliminó por Constitución y por ley toda ética de oficio o profesión suprimiendo la tuición ética de los Colegios profesionales.

Chile debe pronunciarse por la Educación y Ética que quiere, en un Plebiscito, ya que el Gobierno Militar impuso fascistamente la instrucción amaestradora sin ética, la Concertación la profundizó y la Alianza anuncia cosas peores.

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12 dic 2011

La paradoja del gobierno societario estatal

La base teórica y práctica sobre la que se construye el estudio de los gobiernos societarios de empresas privadas, asume que el actuar tanto de directores, como accionistas, está guiado por el “perverso” lucro; sin embargo, sus intereses no están alineados y estas fuerzas dicotómicas originan el “problema de la agencia”.

Es decir, ambos propenden a proteger sus intereses pues son agentes económicos racionales y por ello, no dilapidan sus recursos, no disponen irracionalmente de sus derechos y pugnan por incrementar su capacidad económica y el valor de su patrimonio.

Esto se aplica tanto a accionistas como a directores, gerentes, ejecutivos principales, controladores, minoritarios, inversionistas institucionales, etc.

A todos ellos, la ley les presume ser “buenos padres de familia” y, como tales se les exige cierto grado de responsabilidad en la administración de la empresa la que, según lo establecido por la ley chilena de sociedades anónimas, implica al menos, evitar la dilapidación del patrimonio, conducirse razonablemente en pos de obtener la mayor rentabilidad posible del negocio y optimizar la valorización económica de la empresa.

Prueba de ello es que la ley de sociedades anónimas establece expresamente que estos son entes “con fines de lucro”.

De lo anterior se concluye -en términos estrictos y legalmente hablando- que en la empresa privada no hay espacio para la beneficencia social; todo debe dirigirse a maximizar la rentabilidad de la inversión hecha por los dueños: los accionistas.

Sin embargo, si damos por verdadero que la función de subsidiariedad orientada al bien común justifica y legitima la intervención del Estado en la economía mediante la creación y mantención de empresas que compiten con los privados, entonces algo realmente desquiciado está ocurriendo en la base de estas organizaciones: por una parte, el Estado organiza una empresa para conducirse competitivamente en la economía real, produciendo, proveyendo y comercializando bienes y servicios; pero por otro lado, su interés no es lucrativo, sino puramente subsidiario.

La misma palabra lo dice; rol subsidiario, rol de subsidio. O sea, es el Estado el que interviene en la economía para otorgar un subsidio a los privados, o dicho de otro modo, el accionista o dueño invierte sus recursos, no para ganar una rentabilidad, sino para asignarlos entre los privados por medio de subsidios indirectos (o subsidiariamente).

Por esto es que es tan ilógico pretender que las empresas del Estado sean sometidas a un escrutinio de rentabilidad propio al de una empresa privada; a lo más, puede hablarse utilizando conceptos elegantes y eufemísticos tales como “rentabilidad social”, “responsabilidad social” o, incluso, “felicidad nacional bruta” –en el Reino de Bután.

Cuando los políticos y gobernantes se solazan del impulso con que administran las empresas de propiedad del Estado, con eficiencia y propendiendo a rentabilizar su valor, están confundiendo los conceptos, torciendo gravemente los órdenes jurídicos con significativos efectos, como veremos.

No se puede simplemente, y con cierta alegre soberbia de empresario entrometido en política, decir que a las empresas del Estado se le deben aplicar de golpe y porrazo, las normas de las sociedades anónimas. Las reglas de estas últimas están basadas en un paradigma completamente distinto al de aquellas. Éstas deben ganar plata, las otras deben perderla para conseguir sus objetivos. ¡Esta es la paradoja!

Lo mismo corre para los administradores de estas empresas públicas. No es justo para ellos que se les mida por los patrones de una empresa privada. En su caso, el estándar de exigencia no debiera ser el de obtener determinada rentabilidad para engrosar el erario fiscal, sino perder lo menos posible en la ejecución de su objeto subsidiario.

Como esto no sucede, el Estado está compitiendo directamente con el privado en un área que le está vedada, sobre bases totalmente injustas, a saber:

(a) El Estado mantiene un monopolio regulatorio de modo que puede diseñar las reglas del juego para que le beneficien siempre.

(b) El Estado tiene espaldas financieras basadas en la propiedad universal de los recursos estratégicos y el financiamiento tributario obtiene de los mismos con quien compite.

(c) El aparato público es un inmenso mercado de consumo cautivo para las propias empresas del Estado.

(d) El Estado no paga impuestos, se mete la mano en un bolsillo para pasarse las monedas al del otro lado.

El efecto de la paradoja tiene consecuencias prácticas, relevantes y duras: ¿podría demandarse a los directores de ENAP por el daño patrimonial producido por asegurar precios estables para el petróleo diesel o para entrar en negocios deficitarios con el pretexto de asegurar la “matriz energética”? Si aplicamos las normas de las sociedades anónimas, la respuesta es obvia.

O también, por ejemplo, ¿podríamos demandar a los directores de CODELCO por su cuestionable conducción en el ejercicio de la opción de compra de acciones de AngloAmerican Sur? Al contrario, la respuesta inmediata e instintiva de la clase gobernante fue la de presionar diplomática y políticamente a la empresa privada extranjera, articulando una campaña mediática sin esperar que las instituciones del Estado de derecho actúen.

¿Por qué el Gobierno mete las narices si, supuestamente, CODELCO tiene un gobierno societario independiente? La “verdad de la milanesa” quedó rápidamente desnudada: el gobierno societario de las empresas del Estado estratégicas -como les gusta llamar a los políticos- “vale hongo”.

Los roles confusos llevan a políticas confusas. Por lo tanto, es cada vez más urgente sostener una discusión abierta, transparente e ilustrada sobre el rol de las empresas del Estado, y en base a este debate, rediseñar su gobierno societario para definir correctamente sus paradigmas de administración.

Por favor, evitemos que esto lo resuelva la clase política entre cuatro paredes o facilitando el voto a última hora por un par de prebendas regionales.

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12 dic 2011

Vocación de poder

En medio de la avalancha de declaraciones, entrevistas, análisis pre y pos elecciones estudiantiles universitarias, un dirigente expresa una frase genial: tengo/tenemos vocación de poder.

No la cito entre comillas porque la frase pasó bastante inadvertida y prácticamente desapareció de los medios.Pero me pareció una declaración sin ambigüedades, que es para anotar y comentar tanto por su contenido como por su directo reconocimiento del carácter de políticos de los dirigentes estudiantiles, especialmente los universitarios.

Pienso que es una frase que permitiría iniciar una exposición o una conferencia en materia del poder político.

Desde luego, constituye una definición del político: son aquellos que tienen vocación de poder. Sean de derecha, de centro, de izquierda o que aspiren a conservar, reformar o revolucionar la sociedad o cualquiera sea la ideología que sustenten, todos tienen “vocación de poder”.

Nada negativo hay necesariamente en ello. Dependerá de cómo pretenden obtener y para qué quieren el poder político a que aspiran.

De otro lado, la aludida vocación no es a cualquier poder, por cierto. Así, en este caso no refiere exclusivamente al poder del presidente de una Federación de Estudiantes Universitarios.

Se trata del poder político en una sociedad. Esto es, aquel que permite a quienes lo sustenten tomar decisiones que serán obligatorias para todos sus miembros, puesto que tendrán como apoyo para su cumplimiento, incluso compulsivo, la fuerza legítima que sea preciso aplicar.

Ese poder nos pertenece a todos y cada uno de nosotros los ciudadanos, ello si se trata de un régimen político democrático, conviene advertir.

A eso aspiran y tienen vocación, al parecer, los estudiantes universitarios, según la declaración que comento.

Nada hay que objetar al respecto. Cada uno de nosotros y todos nosotros podemos tener esa aspiración y vocación.

Solamente algunos, eso sí, intentarán hacer realidad esa aspiración y vocación, en un terreno que sabemos es duro, difícil, en ocasiones brutal, especialmente cuando se traspasan o no se respetan la reglas básicas civilizadas de los regímenes políticos democráticos, como tantas veces nos ha ocurrido en América Latina y también en Chile.

Por eso mismo conviene reflexionar que la vocación de poder debiera ir acompañada de la vocación por el derecho –cuestión aún más pertinente si se tiene en cuenta que uno de los que tienen la aludida vocación de poder es precisamente un estudiante universitario egresado de derecho.

Por cierto, los requisitos, alcances y límites del derecho no son para que el político o aspirante a poderoso no sea exitoso en su intento.

Un político tiene que tratar de ser exitoso. Proponer algo distinto es ilusorio o un sin sentido.

Pero el político, en mi perspectiva, debe encontrar en el derecho el sentido más noble de su vocación y aspiración al poder.

Puesto que solamente dentro del derecho es posible la paz social, la libertad, la justicia, la igualdad de oportunidades y de condiciones humanas iniciales básicas, la dignidad y derechos fundamentales de la persona humana, entre otros valores que orientan –o debieran orientar- la aspiración y vocación al poder.

Eso por una parte.

Por la otra, los jóvenes dirigentes estudiantiles universitarios con vocación al poder muy pronto tendrán que reconocer que existen otros no tan jóvenes pero con la misma y legítima aspiración y vocación al poder.

En tal sentido, los jóvenes y los no tan jóvenes o incluso viejos políticos deben enfrentarse, comparar opiniones, discutir, enfrentar civilizadamente sus diferencias y convencernos a nosotros, los ciudadanos, acerca de quien tienen la razón en sus planteamientos. Opino que en ello los viejos políticos tienen no solamente un derecho sino una importante y gran obligación que cumplir.

Un crítico expresó que después de las elecciones estudiantiles universitarias los analistas examinarán con lupa las declaraciones de los ganadores. Y lo expresó de modo peyorativo. No comparto esa apreciación.

Si los jóvenes tienen vocación por el poder, deben someter al escrutinio público, de nosotros, el pueblo, sus aspiraciones a obtenerlo.

Ahora ya es tiempo que articulen, agreguen, organicen y expresen sus proposiciones y nos convenzan que sus aspiraciones y vocación de poder merecen el apoyo de nosotros, los únicos legítimos dueños de ese poder al que aspiran.

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12 dic 2011

Los grandes a las finales

Se esperaba que los cuatro equipos grandes pasaran a la fase final del torneo de Clausura, por haber ganado en el encuentro de ida. Y así ocurrió.

El sábado, Colo Colo, que había goleado en La Serena por 6-2, lo hizo nuevamente en su estadio por 3-1.

Universidad Católica, triunfador en San Carlos por 1-0 ante Audax Italiano, lo derrotó por segunda vez en la Florida por 1-0. Y el domingo, Cobreloa que logró un estrecho 1-0 en la Calera, se impuso en Calama por 4-3, en tanto que la “U”, ganador en Santa Laura frente a Unión Española por 1-0, venció en el Estadio Nacional por 3-0.

Se determinó que una semifinal la disputarán Colo Colo y Cobreloa, partidos que se jugarán el sábado 17 y martes 20 en Santiago y Calama, respectivamente. La otra pareja, U. Católica y U. de Chile, se enfrentarán el 18 y 22, primero en San Carlos, a las 12 hrs y el segundo en el Estadio Nacional a las 20 hrs. Los vencedores de las dos parejas, disputarán el título el 26 y 29.

Los triunfos de Colo Colo, UC y Cobreloa no fueron fáciles. Los albos igualaban en el primer tiempo a un gol y desequilibraron en el segundo con goles Gutiérrez y Carlos Muñoz, éste en el minuto final.

A su vez, la UC sólo pudo anotar un gol a los 5 minutos del primer tiempo, obra de su mejor atacante, Francisco Pizarro y luchó el resto del partido para defender la ventaja, ante un rival que la dominó.

Lo de Cobreloa fue angustioso. Perdía 1-3 ante la visita Unión Calera hasta los 74 minutos, pese a contar con un jugador más desde los 53, cuando fue expulsado Cristián Muñoz.

Tuvo éxito Nelson Acosta al hacer ingresar a Javier Elizondo, quien anotó a los 74 y 90, para lograr la victoria a los 93, mediante Diego Barrios.

En cambio, la “U” venció con cierta facilidad, pese a jugar con un elenco con sólo dos titulares (Herrera y Acevedo). Su sistema funcionó con los suplentes.

Defensivamente, escasas veces fue superada y en el ataque, Gabriel Vargas anotó en dos ocasiones, aprovechando pases de Gallegos a los 31 y 41, para poner la cifra final Rivarola, a los 75 minutos, tras habilitación de Lorenzetti.

En todo caso, los azules desequilibraron al ser expulsado a los 28 minutos el defensa rojo González. Estos resultados pronostican ventaja para la “U” y Colo Colo en los partidos semifinales, salvo notoria superación en el rendimiento de sus rivales o la ocurrencia de circunstancias especiales (lesiones y/o suspensiones) de los favoritos.

Ahora, mirando el compromiso de la “U” el miércoles por la final de la Liga Sudamericana, cabe señalar que Acevedo y el arquero Herrera tuvieron excelente actuación, seguidos por los jóvenes defensas Lichnovsky y Magalhaes, quienes mostraron condiciones para suplir en cualquier instante a un titular, al igual que el atacante Francisco Castro.

Los extranjeros Marino y Lorenzetti, se vieron en buen nivel físico, no así Rivarola, quien cuenta con el respaldo de la hinchada, pero sólo está en condiciones de responder durante pocos minutos, suficientes en el medio local, pero insuficientes en el campo internacional.

Rebolledo es otro que puede responder en un reemplazo, papel para el que siguen siendo verdes, Gallegos y Abarca, lo mismo que Martínez.

El experimentado Gabriel Vargas es también una alternativa probada en ataque,  lo que hace despertar confianza en un buen resultado del invicto conjunto universitario con una hinchada que en número superior a los 10 mil fue a “recrearse” al Nacional.

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11 dic 2011

Del malestar ciudadano a la decisión ciudadana

En el Gobierno están contentos. Estiman que les ha ido bien en las encuestas y, sobre todo, que la tendencia es al alza; de este modo, ellos tienen casi la certeza, que entrarán a un año electoral en mejores condiciones que las actuales para competir. En pocas palabras, están convencidos que han pasado los tiempos de las vacas flacas.

Tal vez la derecha exagera un poco al recuperar su conocida actitud arrogante ante cambios mínimos en los sondeos de opinión, pero en lo que no andan descaminados los líderes oficialistas es en percibir que el cuadro político está cambiando; sí están equivocados en pensar que los cambios sólo se relacionan con lo que a ellos los afecta.

Lo que estamos experimentando son cambios muy generales, valdría la pena que dedicáramos unos minutos a reflexionar sobre ello.

Lo primero que podemos constatar es el agotamiento del envión inicial de manifestaciones y protestas. El 2011 fue un año de amplia movilización ciudadana contra los detentores del poder, del tipo que sea, en los distintos ámbitos. La nota común ha sido la desconfianza en los poderosos y el reconocimiento del ciudadano común como un actor presente, opinante e influyente.

Algunos se apresuraron en anunciar con trompetas la llegada de nuevos tiempos y el fin del modelo vigente por la crisis de representatividad que se evidenciaba, y, en realidad pudo ser.

No dispongo de más pruebas que mi convicción, pero tengo el convencimiento que, bien conducidos y con un programa claro de acciones, existió un período corto en el que se pudo cambiar las reglas del juego político. La convocatoria a un plebiscito ciudadano sí era posible, no habría sido vinculante pero hubiera sido contundente.

Pero lo que se necesitaba para que este algo tan sin precedentes se concretara era la presencia de un liderazgo extraordinario y ese, sin duda, estuvo ausente. Esta ha sido la otra cara de la medalla. Este fue un movimiento encabezado por voceros no por conductores, dotados de demandas, no de programas, capaz de manifestaciones más que de concreciones.

Casi no era posible que fuera de otro modo, casi. Los que desconfían de quienes han acumulado poder en el pasado, también desconfían de los que pueden acumular en el presente. Por eso las posibilidades de un cambio político perdurable se ahogan en las turbulentas olas de las asambleas sin fin.

Lo segundo, y esto es igualmente importante, se ha agotado la manifestación de una demanda, no la demanda misma. Hasta la demanda por algo nuevo puede hacerse vieja, hasta las demostraciones espontáneas de creatividad pueden hacerse rutinarias, y eso es lo que ocurrió.

De modo que a la bipolar derecha hay que decirle lo siguiente:

- Es cierto que ha pasado el peor momento, pero sólo porque el peor momento ha sido extraordinariamente bajo. Pasar de ser el presidente peor evaluado de América Latina al penúltimo lugar no es motivo de satisfacción profunda.

- El Gobierno se puede recuperar, sin embargo, lo más probable es que llegue a una medianía sin gusto a nada. Al Gobierno no le ha ido mal producto de un contexto adverso, sino de una administración inepta, es decir que la fuente de sus males tiende a reproducir las dificultades una y otra vez.

- El objetivo real es prepararse para un buen desembarco de La Moneda como el escenario más realista. Este ha sido un intento fallido de entregar un buen gobierno al país, y los errores se pagan.

- Por eso, se puede reconocer que el comportamiento real de la Alianza en el poder (desde el discurso duro hasta el despido de funcionarios identificados con la oposición) es la reconquista del voto duro de la derecha, que en Chile no es poco. Es lo que permite mantener la presencia parlamentaria que sigue siendo “la especialidad de la casa”.

El cambio de comportamiento colectivo ya se ha verificado en Chile. Sus manifestaciones pueden cambiar, pero no hay vuelta atrás. Lo que parece permear la conciencia de muchos es que las manifestaciones, las protestas y las marchas no bastan.

Simplemente la política no se puede soslayar. Las prioridades y demandas ciudadanas han de expresarse en los programas políticos, en las leyes, en las políticas públicas, en los medios de comunicación, etc.; y por cierto, debe manifestarse en el voto ciudadano.

Por eso, lo que está pasando es que está disminuyendo el número de indecisos y de espectadores. Lo que está aumentando es el número de quienes toman opción, se definen ante las alternativas existentes y están dispuestos a conseguir cambios perceptibles en la situación actual.

Todo esto no son buenas noticias para la derecha. Lo que se viene en un primer momento es una concurrencia mayor a las urnas de lo que estamos acostumbrados. La aprobación de la inscripción automática tendrá un impacto rotundo.

Los parlamentarios falangistas, que han mostrado su preocupación por el efecto que tendrá en definitiva el voto voluntario, tienen toda la razón. Pero no la tendrán en un primer momento. Todavía la inercia es muy importante y, sobre todo, está claro que una mayoría quiere manifestar su opinión activamente. Por eso van a concurrir a las urnas.

La participación ciudadana ratificará que la derecha es una minoría. Una minoría importante pero no otra cosa. Eso hará que se enfrente la elección presidencial y parlamentaria con nuevos ojos.

Por eso, bien podemos estar pasando del malestar ciudadano a la decisión ciudadana, amplia y mayoritaria, expresada en las urnas.

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