25 feb 2012

Mercado competititivo por naturaleza

Se habla de especulación en los precios de algunas hortalizas producto de la sequía y el ministro de Agricultura ha apuntado directamente a que los causantes son los intermediarios: ferias libres, almacenes y supermercados.

Un 40% de la feria está constituida por comerciantes de hortalizas, mercado que por cientos de años ha sido extraordinariamente competitivo en su interior, incluso se parte por un precio al empezar la mañana y se termina con otro al término del día.

Algo que nuestras caseras comprenden perfectamente. Dado el tipo de productos que se ofertan: frutas y verduras frescas, éstos deben venderse en el día porque de lo contrario es mercadería que se pierde.

Somos un mercado con variaciones y en donde las leyes de la oferta y la demanda se constatan día a día. Esto quiere decir que si un comerciante sube sus precios por sobre la media en forma excesiva, el cliente no le va a comprar y va a recurrir al feriante con menores precios.

Por tanto, es en las ferias libres donde cualquier grado de especulación es rápidamente exterminado por las leyes competitivas del mercado.

El ministerio de Agricultura, a través de ODEPA, establece semanalmente un estudio de valores comparativos y las ferias libres son siempre en promedio más baratas que cualquier otro mercado del rubro.

Entonces, cuando se habla de que todos los comerciantes de ferias libres están especulando es imposible, porque de lo contrario no seríamos el sitio desde donde se abastece un 90% de las familias de los sectores populares y un 70% de la población en general.

Es indudable que las variaciones climáticas nos afectan directamente, así como cualquier situación que le acontezca a la pequeña agricultura, porque son ellos parte esencial de nuestra cadena para abastecer al mercado interno.

La sequía nos mantiene alertas y esperamos que las medidas del gobierno sean capaces de suplir la falta de embalses y sistemas de regadíos para los productores que lo requieren y que se encuentran en las zonas más afectadas.

Lo que se desprende de lo acontecido es la evidente pobreza de información técnico agrícola que manejamos los actores que participamos del canal feria libre y que somos los responsables de alimentar a la población.

La FAO comprendió tal necesidad, sosteniendo que las ferias son el último bastión para combatir enfermedades como obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares. Basta recordar que casi un 70% de los chilenos es obeso o tiene sobrepeso, según estudios del MINSAL.

Es así que prontamente podremos entregar información pública a través del Observatorio Feria Libre, apoyado por la FAO y el MINAGRI, cuyo objetivo será recopilar, procesar, analizar y divulgar información requerida por las ferias libres y los demás agentes del canal agroalimentario y pesquero para mejorar la toma de decisiones y elevar su competitividad.

Ahora, esperemos que la llegada del año nos pille en mejor pie para enfrentar los vaivenes climáticos.

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24 feb 2012

¿Qué podemos hacer mejor?

Estamos a pocos días de que se conmemore un nuevo 27F y las miradas siguen estando lejos de la pregunta sobre cuáles son las lecciones que nos dejó el terremoto.

Son días en que las acusaciones van y vienen entre quienes eran las autoridades políticas, técnicas y militares de ese entonces. Parece que el hecho de encontrar culpables a quienes apuntar con el dedo nos dejará más tranquilos.

Sin embargo, ya es hora de que terminemos con la costumbre de buscar responsabilidades en terceros y enfoquemos nuestros esfuerzos en implementar soluciones efectivas que nos preparen para enfrentar una nueva catástrofe.

No podemos dejar que pase otro año y la discusión siga enfocándose en las culpas. Con el transcurrir del tiempo la voluntad política y ciudadana para hacer cualquier mejora se desgasta.

Por lo tanto, tenemos la oportunidad de superar ahora las carencias de nuestro sistema de emergencia. Asimismo, es momento de dejar de criticar lo que hicimos o estamos haciendo mal, es hora de preguntarnos qué podemos hacer mejor. En otras palabras, la mirada tiene que estar puesta en la mitad medio llena del vaso para completar lo que falta.

En el minuto del terremoto todos hicimos algo frente a la emergencia. La comunidad reaccionó y el mejor ejemplo de ello es que miles de personas no requirieron una alarma de tsunami para evacuar.

Es más quienes siempre han tenido un arraigo con el mar, como las familias pesqueras, innatamente saben cómo actuar. Eso nos muestra qué tan distintos podrían ser los resultandos si las comunidades estuviesen preparadas para enfrentar una catástrofe.

Así, la primera lección que nos dejó el terremoto es la importante necesidad de enseñar a los ciudadanos a cómo auto gestionarse durante las primeras 72 horas tras ocurrida una emergencia. Esto, hasta que las autoridades puedan apoyar el manejo de la catástrofe.

En términos simples, las familias, los vecinos, la comunidad debidamente organizada y entrenada, debe ser una extensión de los equipos profesionales de respuesta.

En una cultura centralizada, como la nuestra, siempre miramos y esperamos soluciones desde el gobierno central y sus autoridades nacionales.

Por lo mismo, ha pasado desapercibido el hecho de que los primeros en estar en terreno fueron los líderes locales, es decir, los alcaldes, carabineros, bomberos y profesionales de la salud.

Tanto nos hemos alejado de esta realidad que hasta hoy no existe ninguna reforma que fortalezca la capacidad de gestión de una emergencia por parte de los municipios. Por lo tanto, la segunda lección tiene que ver con empoderar a las autoridades locales.

Por ego, o tal vez por un afán de querer trascender en el tiempo, estamos siempre tratando de reinventar la rueda. Es momento de no seguir perdiendo energías.

Debemos mirar más allá de la cordillera, es decir, observar a los países líderes en materia de emergencia. Es necesario que busquemos las mejores prácticas a nivel internacional.

Una vez más naciones como Estados Unidos o Canadá llevan décadas implementando un sistema que permanentemente se hace más rico en materia de gestión de emergencias, justamente porque aprenden de los errores. Allí nada se deja en el aire, cuentan con registros de todas las lecciones aprendidas y cada uno de los procedimientos está normado y por escrito.

Para no lamentar centenares de fallecidos y el sufrimiento que genera una tragedia, debemos rescatar lo mejor que tenemos, es decir, la comunidad y los gobiernos locales. Desde ahí podremos construir un sistema enfocado en los ciudadanos y en salvar vidas.

En ello no aporta que como sociedad sigamos en la dinámica de buscar culpables. De eso se encarga la justicia. Es momento de dejar de preocuparnos, es minuto de ocuparnos en qué podemos hacer mejor.

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24 feb 2012

Empresas coherencia cero

Grandes y pujantes empresas, dueños de mega construcciones y líderes en los más destacados rubros, nos bombardean a diario con publicidad explicita sobre sus productos, el sólido compromiso con sus clientes y por sobre todo con su inmaculado compromiso social.

Si hasta tienen departamentos especializados que velan por alcanzar la prometida responsabilidad social empresarial (RSE) y hacer real este ítem social, que entre tanta carrera por sumar divisas, queda por decir lo menos, escuálido y en muchos casos se vuelve una mera cortina de humo para mejorar en algo la imagen de gigantes empresariales que si miramos con lupa y detención tienen pies de barro.

No es posible que una empresa que se dice responsable socialmente, entregue como regalo, en un evento corporativo, pelotitas, llaveritos o agendas hechas en China, Indonesia, o más allá, donde a simple vista, hasta el más ingenuo ciudadano de a pie, puede deducir en segundos que este regalito no guarda relación alguna con las cualidades necesarias para ser una empresa socialmente responsable.

Estamos, entonces, en presencia de coherencia cero en muchas empresas, ya que si se presentan con bombos y platillos como “Socialmente Responsable”, lo lógico es pensar que, en todas sus decisiones de inversión o de insumos, la empresa debe ser coherente.

No es aceptable que el departamento de adquisiciones en una empresa con RSE compre diversos regalos corporativos o ciertos insumos, sólo pensando en adecuar presupuestos y en minimizar costos varios, olvidando completamente importantes parámetros como que el producto sea amigable con el medio ambiente, de calidad, que incorpore respeto por la mano de obra involucrada en el proceso de producción y que la compra contribuya al desarrollo armónico de la unidad productiva de la cual provienen los productos que adquiere para obsequiar a sus selectos clientes.

Esto quiere decir que existe una evidente disociación entre el discurso de compromiso RSE y el actuar concreto y cotidiano.

Las empresas con RSE que frecuentemente acceden al pujante mercado de los regalos corporativos en Chile, tienen mucho que aprender, mucho que mejorar y mucho que adecuar ya que son precisamente sus clientes, aquellos que se están inclinando cada vez más por productos cargados de respeto, los mismos que juzgarán en virtud del tipo de regalo o presente que se les entregue en cada oportunidad o evento en que la empresa, con planes RSE, participe o se promocione.

Es aquí, donde el esquema de Comercio Justo y los productos elaborados bajo sus estándares, pueden jugar un rol preponderante y sacar a las empresas RSE del doble discurso en el que se encuentran inmersas.

Vale la pena pensarlo y actuar en consecuencia. Los clientes saben valorar y sobretodo, hoy más que nunca buscan y premian la coherencia en el actuar.

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24 feb 2012

Aysén merece más atención que el Festival de Viña

Desde Aysén se están denunciando cosas graves. Hay informes de prensa que hablan de decenas de personas internadas en hospitales por asfixia debido a gases lacrimógenos, heridas por impacto de las mismas o balines metálicos en el cuerpo y cara.

Hay denuncias de personas detenidas que no pudieron contactarse con sus familiares, y de que se ha lanzado agua y gases lacrimógenos al interior de viviendas en poblaciones.

Este tipo de alegaciones no pueden descartarse sin más. La frecuencia de este tipo de denuncias tras manifestaciones de diverso tipo no debe hacer que nos acostumbremos y dejemos de escandalizarnos por su ocurrencia.

El  Festival de Viña no puede distraernos de la gravedad de estas acusaciones.

Porque estas alegaciones – de comprobarse – constituyen violaciones de derechos humanos y además significan un incumplimiento por parte del Estado de Chile de las obligaciones contraídas al ratificar ciertos tratados, tales como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana de Derechos Humanos. Incluso la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha visto la situación de la violencia policial en Chile y ha expresado su preocupación.

Es imprescindible tener presente que, aun reconociendo la obligación de las autoridades de mantener el orden público, esto debe siempre hacerse dentro del marco de los derechos humanos, teniendo en cuenta que el uso de la fuerza contra manifestantes es una de las medidas más extremas que el Estado puede tomar, y que por ello debe ser el último recurso para garantizar el orden público.

De hecho, Amnistía Internacional ya lo ha mencionado en varias ocasiones, “la policía no debe utilizar la fuerza salvo que sea estrictamente necesario y aún en este caso, debe hacerse en el menor grado posible que exijan las circunstancias, reduciendo al mínimo los posibles daños y lesiones.”

¿Cómo podemos lograr esto?

Primero, previniendo. Es fundamental que las fuerzas policiales entiendan que el respeto a los derechos humanos es parte de su trabajo y la importancia de la proporcionalidad en el uso de la fuerza, y que quienes participen en la disolución de manifestaciones sea personal capacitado, que cuente con medios que le permitan resolver tensiones de forma pacífica y contar con un alto grado de formación sobre cómo evaluar una situación y reaccionar de la forma más proporcionada.

Segundo, asumiendo responsabilidades. Es imprescindible que todas y cada una de las alegaciones de uso excesivo de la fuerza policial sean investigadas de forma inmediata e imparcial, tomándose las medidas disciplinarias y penales que procedan.

Esta responsabilidad incluye una valoración del actuar policial en general, la responsabilidad de los mandos policiales y la responsabilidad individual de los carabineros participantes, que deben demostrar que la fuerza utilizada fue necesaria y proporcionada.

Sólo así Chile podrá respetar los derechos fundamentales de las personas y dar pleno cumplimiento a sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.

Con esto no será necesario interrumpir el Festival de Viña con noticias como ésta.

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24 feb 2012

Aysén da el ejemplo

La región de Aysén es especial de muchas maneras. Es Patagonia chilena, lo que ya le otorga un sello distintivo, en términos ambientales y socioculturales. Debido a su aislamiento geográfico, Aysén, en los albores del siglo XX, es literalmente la última región de nuestro país en ser ‘poblada’. Las dificultades de su colonización son leyenda.

La topografía, el clima, las distancias, la precaria conectividad, los suelos jóvenes, y finalmente la falta de apoyo sólido y con conocimiento de causa desde el centro del país, en su conjunto generaron condiciones que sólo una combinación de tesón, resiliencia mental y física, y suerte, le permitieron adaptarse y hacer patria a sus primeros habitantes.

Desafortunadamente, la política pública, a control remoto, y demostrando la ignorancia pasmosa de las autoridades y expertos de la época, sólo proyectó en ella un teórico potencial ganadero, sin duda siguiendo la impronta del implacable negocio lanífero de los ingleses en Magallanes.

Así, los magníficos, en gran medida únicos, bosques patagónicos, pasaron a ser una molestia. Según las cifras oficiales ‘se quemaron’ 1 millón de hectáreas de bosques en Magallanes y 3 millones en Aysén. Algo absolutamente inconcebible hoy.

¡Cómo ha lamentado el país los incendios en Torres del Paine! Pero, en esos momentos poco ilustrados, los incendios, azuzados por los poderosos vientos patagónicos, fueron política pública y condición para el asentamiento. Y después del fuego, el sobre pastoreo de los jóvenes suelos, con miles de ovejas, en los amplios valles glaciales.

Mucho más recientemente, en forma pionera, para un país atascado desde la llegada de los españoles en una fase ‘destructiva’ primaria, Aysén descubre que su futuro yace en su aún extraordinario entorno, sus recursos naturales y atributos ambientales.

Esto quedó plasmado en su Estrategia de Desarrollo Regional 2000-2006, producto de un proceso social colectivo y transversal, que ya manifestaba que “… Aysén aspira a ser una región descentralizada, y a obtener una alta calidad de vida sustentada en un crecimiento económico alto y equitativo, que se fundamenta en la conservación de la calidad medioambiental y en la integración del territorio”, señalando además el imperativo de fomentar el turismo, la actividad pesquera y silvoagropecuaria para el logro de un desarrollo social y ambientalmente sustentable.

Desde antes, y en forma complementaria, los ambientalistas y otros sectores que buscaban el buen florecer de la región acuñaban el visionario concepto “Aysén Reserva de Vida”, que permitió confrontar con esta propuesta diversos proyectos concebidos desde Santiago y el extranjero para hacer negocios a costa de la región, tal como el proyecto Alumysa de la empresa minera canadiense Noranda, con características ambientales delirantes, una suerte de dumping de impactos negativos sociales, económicos y ecológicos…

Hoy la propuesta se ve amenazada por proyectos descabellados como HidroAysén y Río Cuervo, dando origen a un movimiento social catalizador, de envergadura nacional: “Patagonia Sin Represas”.

Queda claro que Aysén, debido a su aislamiento, a la mezcla de abandono e incomprensión desde la capital, así como a su arraigado espíritu pionero, descubrió que quiere un desarrollo autónomo, auto-gestionado, distinto del que tiene al borde del colapso socio-ambiental a muchas otras regiones.

Amparándose en la legislación ultra-neoliberal promulgada durante la dictadura, que les da rienda suelta a corporaciones nacionales y trasnacionales para hacer y deshacer prácticamente a su antojo, una ‘élite’ le ha impuesto desde Santiago a todo el país un modelo de desarrollo primario y neocolonial, basado en la depredación y el abuso corporativo.

Conciliadoramente podríamos atribuirle las políticas públicas erróneas del pasado a la ignorancia, pero a la luz de los conocimientos y la conciencia actual esto ya no vale.

Así, muchos y muchas, desde Aysén y Magallanes, Atacama, Santiago y Valparaíso, Maule y Biobío, Ríos y Lagos decimos ¡ya basta!

Podemos discutir sobre el petitorio que ha presentado el movimiento social en Aysén, pero no cabe duda que la región Patagónica da el ejemplo de una búsqueda e inquietud totalmente legítima, con la cual se identifican millones de chilenos y chilenas a lo largo y ancho de nuestro territorio.

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23 feb 2012

Gestores de infraestructura deportiva

Recorriendo comunas del Gran Santiago y del resto del país, he podido constatar la gran cantidad de multicanchas abandonadas o sin uso en barrios con numerosa población.

El argumento más usado para explicar el abandono de dichas instalaciones es la falta de interés de los jóvenes. Sin embargo, una vez establecido el diálogo con los habitantes de la zona empiezan a debilitarse los argumentos que aparentemente justifican el abandono o desuso.

Ocurre que en muchos barrios, la mayoría de los vecinos son adultos mayores o hay matrimonios jóvenes con niños en edad pre escolar o básica y como la infraestructura sigue siendo la estándar de dos arcos de baby fútbol y dos tableros de baloncesto parece lógico que no haya usuarios. En otras, la actividad merece ser entretenida, novedosa y bien organizada para que sea atractiva para el público joven.

Entonces queda en evidencia que es la característica y calidad de la infraestructura y oferta deportiva una barrera mayor que el mero interés.

La solución es adecuar la oferta deportiva-recreativa a los intereses de las personas. Para ello, el método más eficiente es destinar un gestor que se haga responsable de un plan deportivo y recreativo que haga posible el uso efectivo de la infraestructura.

Para el buen cometido de su labor, el gestor estará obligado a conocer quienes viven en el barrio, sus necesidades y preferencias. Ello garantizará que en dicho espacio físico se realicen actividades de interés para el grupo humano residente en el barrio y con ello empezará a gestarse un movimiento social en torno la multicancha con muchas externalidades positivas.

Para facilitar el trabajo de dicho gestor de la infraestructura, las multicanchas podrían estar insertas en una corporación de derecho susceptible de recibir donaciones por ley y con ello apoyar el financiamiento de las actividades que el gestor planifique, incluidas obras de mejoramiento.

La gestión la pueden hacer personas naturales o jurídicas, debidamente capacitadas, supervisadas por el Instituto Nacional del Deporte y con garantías del uso eficiente de los recursos y de la idoneidad del contenido de la oferta deportiva que se imparte.

Nos imaginamos un profesional con conocimientos deportivos y de gestión involucrado en dar un uso continuo a la infraestructura que se le ha delegado, no solo porque es su trabajo sino porque detrás de su capacidad de dinamizar la vida social y comunitaria va a generar una oportunidad concreta de desarrollo humano.

Alcaldes, autoridades vecinales y deportivas debieran incluir entre sus objetivos prioritarios y permanentes el transformar a la multicancha en un centro de encuentro de personas cada vez más recluidas en sus domicilios por temor, carencias o soledad.

Estoy convencido que vecinos y profesionales del deporte y la recreación, aprovecharían la oportunidad de ofrecer mejor calidad de vida en un país que, por las características de nuestras viviendas sociales, millones de compatriotas sólo tienen como patio la multicancha de su barrio.

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23 feb 2012

Aysén espera urgente diálogo y soluciones efectivas

Tal como el año 2011 comenzó con masivas movilizaciones en Magallanes, este año se abre con intensas protestas en la Región de Aysén. Las motivaciones son muy similares, el abandono y la falta de políticas públicas para las regiones extremas del país.

Las organizaciones sociales, los municipios, la Iglesia, piden a las autoridades solucionar los graves problemas que vive una de las zonas más alejadas y desprotegidas de Chile. El Movimiento Social por Aysén, pretende generar un cambio en el desarrollo regional, que hasta ahora se ha enfocado esencialmente en beneficio de intereses foráneos a quienes viven en el territorio patagónico.

Es así que entre las demandas más sentidas por la población de Aysén, se encuentran temas tan específicos como, la solución al alto costo de los combustibles (petróleo, bencina, parafina, gas, leña), una salud de calidad (infraestructura, especialistas, recursos tecnológicos adecuados), equidad laboral (sueldo mínimo regionalizado, nivelación de zona, estabilidad para los funcionarios públicos), la creación de una Universidad pública regional de alta calidad y formación académica nacida de los intereses y necesidades de los ayseninos.

Completan ese repertorio, el subsidio al transporte, participación ciudadana vinculante, programa de desarrollo del pequeño y mediano agricultor, un programa de viviendas acorde con la realidad regional, administración regionalizada de los recursos, empoderamiento de la pesca artesanal y subsidio a la canasta básica.

Todas estas peticiones son perfectamente solucionables por el Ejecutivo si existiera una verdadera voluntad política para ello, sin recurrir a la represión como respuesta, pero desgraciadamente vemos cómo el tema, desde el Gobierno se centra en descalificar la movilización social, haciendo hincapié en los desordenes aislados originados en las protestas, y no en generar mecanismos efectivos para dar soluciones reales a estas demandas.

Tal como lo manifiesta el Obispo de Aysén, Monseñor Luis Infanti, “el Movimiento Social de la región de Aysén apunta en esencia contra el modelo privatizador que lo devora todo en Chile…Es un movimiento ciudadano que clama justicia contra un Estado excluyente, no contra un gobierno en particular, sino contra un modelo que ha derivado en la acumulación del descontento y la indignación durante años…urge en la aislada región patagónica contar con autoridades con capacidad resolutiva”.

Descalificar un movimiento social de la envergadura del que vive toda una Región, enjuiciándolo como “político”, más que una insensatez, es una irresponsabilidad, es comprobar una vez más, que el Gobierno no sintoniza con las demandas sociales y populares.

El movimiento social de Aysen, ha adoptado un lema muy significativo: “Aysen, Tu Problema es Mi Problema”. Recogiendo esa afirmación, manifestamos el más amplio reconocimiento a toda su gente: trabajadores, estudiantes, mujeres, jóvenes, campesinos, pescadores, porque con su capacidad de unir a los más diversos actores sociales, están construyendo ciudadanía y con ello, aportando decisivamente a valorar la participación social y la democracia.

Desde el Parlamento, nos comprometemos ha hacer todos los esfuerzos que estén a nuestro alcance para aportar a la búsqueda acuerdos y soluciones, pero teniendo en cuenta que la iniciativa fundamental en este ámbito la tiene el Ejecutivo.

Por ello, esperamos por el bien de la Región y del país, que las autoridades gubernamentales terminen con la represión como respuesta y se decidan a dialogar y a buscar en conjunto con el movimiento social, los mecanismos adecuados y un calendario seguro y transparente, que permita lograr las soluciones a tantas demandas justas de la población de Aysén.

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23 feb 2012

La gran farra de la reconstrucción

¿Ha sido la reconstrucción una oportunidad para mejorar las condiciones de vida anteriores al 27F?

Esta fue la pregunta que convocó hace ya un año a más de 120 dirigentes sociales de la zona afectada por el 27F junto a académicos y miembros de la sociedad civil en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile.

Unánimente la respuesta fue negativa, es decir, en aquella ocasión ningún actor de las comunidades afectadas visualizaba una mejor vida como producto de la reconstrucción.

Después de la emergencia vino la reconstrucción. Oficialmente la reconstrucción tiene un plan gubernamental publicado por el Minvu en agosto del 2010: “Chile Unido Reconstruye Mejor.” A dos años de la catástrofe es posible plantearse nuevamente la pregunta por la oportunidad, si bien los efectos de un evento de las magnitudes que vivió el país requiere de un plazo mayor para una evaluación acabada.

¿La reconstrucción como oportunidad? En efecto, no tendría nada de extraño. En un territorio que ha sido afectado desde tiempos ancestrales por terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas, en otros momentos de la historia los procesos de reconstrucción han significado cambiar la perspectiva de vida de la población afectada, generar nuevas oportunidades de desarrollo y mejorar la calidad de vida de la población.

El proceso pos terremoto de Chillán de 1939 se erige probablemente como el más emblemático en este sentido. Dos instituciones fundadas el mismo año 39 serán fundamentales en transformar la región y el país: CORFO y la Corporación de Reconstrucción y Auxilio.

Esta última orientada a desplegar socorro en la emergencia y formular e implementar planes de reconstrucción que, hasta su fusión en la Corvi en 1953, actúo en más de 14 eventos en diferentes provincias del país.

Se puede decir que eran otros tiempos, sí, efectivamente era otro Estado, que pese a toda su precariedad y deficiencias intentaba asumir la idea del bien común.

¿Qué es lo que quedará después de este proceso de reconstrucción? La recuperación de las viviendas destruidas, con suerte. Es altamente probable que para la población y territorios afectados no mucho más.

Tempranamente se perdió una disputa conceptual pos catástrofe. El proceso se ha focalizado excesivamente en el problema de la vivienda, si bien fundamental por su carácter apremiante para los damnificados, ha invisibilizado otras dimensiones.

En consecuencia, la cuenta pública sobre los avances de la reconstrucción se basa en el número de subsidios asignados, en ejecución y obras terminadas. Sin entrar en el debate respecto a la relación entre los reportes gubernamentales y la realidad, el tema de fondo es la escasa profundidad con la que se ha abordado el proceso completo.

La vivienda es una dimensión fundamental, pero el interés de Estado debiera apuntar también en la reconstrucción de los proyectos de vida de los ciudadanos afectados a través del fortalecimiento del “capital territorial”, que comprende las capacidades de trabajo e innovación de los actores de un territorio (tal como sugiere la OCDE).

Hay que reconocer que el territorio afectado es muy diverso, la reconstrucción desde un principio era una empresa titánica, por ello mismo reviste de una complejidad mayor a la pura estadística plana de los subsidios.

Los conflictos y necesidades de las localidades son muy diferentes entre sí, los niveles de vulnerabilidad social diversos (hablemos de catástrofes socio-naturales), el capital social y humano también se encuentran desigualmente distribuido.

Es la dimensión de desarrollo la que se ha abandonado, realmente nadie habla de cómo impulsar las localidades afectadas, como generar oportunidades de innovación más allá de eventos veraniegos para atraer turismo o la reposición (a crédito) de motores fuera de borda para pescadores.

Reconstruir los proyectos de vida de los habitantes requiere abordar temas de calidad del trabajo, balances medioambientales, pensar en la competitividad regional, entre otras.

En términos estadísticos luego de la emergencia se “recuperaron” las escuelas, centros médicos y la conectividad, es decir, los caminos están transitables y los escolares no perdieron el año. No obstante, la inversión cuantiosa en toda esta recuperación ¿es suficientemente sostenible como para pensar en un mejor futuro en las áreas afectadas?

Es posible que varios miles de allegados damnificados puedan acceder a una vivienda, pero realmente no habrá mucho más en cuanto a disminuir las desigualdades locales o de género, por ejemplo.

Entonces, ¿la dimensión territorial ha sido completamente inadvertida por el gobierno? La verdad es que no.

En el plan gubernamental se distinguen tres escalas de trabajo, a saber; la construcción y reparación de viviendas, la gestión y apoyo en aldeas, y la escala de ciudad y territorio.

Si bien las dos primeras estarán por estos días en el centro del debate (a partir fundamentalmente del ítem subsidios), es justamente en la escala de ciudad y territorio donde se debieran focalizar las apuestas de desarrollo, el espacio de mayor complejidad, el de la participación de actores diversos, el de la innovación y competitividad.

Pero ella, es claramente la dimensión más débil, tanto que sus avances y debates son desconocidos por la opinión pública y, en muchos casos, por los mismos habitantes del territorio siniestrado.

Poca gente sabe que se han formulado cien planes maestros que abarcan casi la totalidad de las localidades afectadas. Su objetivo era reformular los planos reguladores en caso que ellos existieran, potenciar la identidad local y elaborar una “imagen urbana reconocible”.

Aún son escasas las obras en construcción contempladas por estos planes. Sin embargo, es difícil potenciar las identidades locales cuando los planes fueron elaborados por consultoras que escasamente involucraron a la población.

Los ejecutores, mandatados en la mayoría de los casos por grandes empresas privadas inmobiliarias, mineras o de explotación forestal, solicitaron a la población la priorización de una serie de proyectos concebidos – desde Santiago – por renombradas oficinas de arquitectos.

Los planes maestros son el instrumento de política pública que surge del plan de reconstrucción, no obstante, hasta ahora nadie sabe si los proyectos expuestos en espectaculares presentaciones animadas saltarán alguna vez desde la pantalla del computador a la calle.

La elaboración de los planes maestros deja en evidencia el escaso interés y/o capacidad (a esta altura ambas se confunden) para potenciar los recursos del territorio, por el contrario, en ellos ha primado una perspectiva tradicional y conservadora, centralista y vertical, concebidos entre “expertos” preocupados – como muestran algunos indicios – más de su posicionamiento internacional que de desplegar la discusión sobre la política pública y su relación con el territorio y sus habitantes.

Por ello no es de extrañar que a principios de enero de este año un grupo importante de vecinos de Constitución realizaran una toma del Serviu para protestar por la “lenta reconstrucción”, justamente una ciudad que posee uno de los planes maestro más promocionado en cuanto espacio participativo y de proyección. Ciertamente, sus beneficiarios poco conocimiento y comprensión tienen de él.

Más aún, en muchos lugares se cierne la sospecha que los planes maestros tienen una clara orientación para favorecer el lucro privado con las, no del todo desatadas pero ya proyectadas, oportunidades de especulación inmobiliaria en ciudades como Talca y Dichato.

Nunca antes en la historia el país había contado con tantos recursos: financieros, materiales y humanos. Ninguno de ellos han sido hasta ahora realmente usados para impulsar oportunidades, innovación y desarrollo en los territorios afectados. La gente lo percibe, y por ello este 27 de febrero se realizarán protestas en casi todas las localidades afectadas.

La farra ha sido grande. Las regiones seguirán excluidas de la oportunidad de disminuir la brecha con Santiago (si el epicentro hubiera sido en la capital estaríamos hablando de otra reconstrucción).

Ninguna institución nueva habrá surgido, excluyendo la anunciada restructuración de la Onemi cuya función es la gestión de emergencias y no de reconstrucciones.

Más aún, el Estado chileno seguirá operando, por un lado, con una organización obsoleta en que prima la lógica de los ministerios sectoriales, cuando cada vez más la evidencia muestra que los problemas se gobiernan mejor desde la integralidad.

Por otro lado, el Estado mantendrá su creciente y ya desmedida confianza en la empresa privada para resolver problemas de política pública, abandonándose a sí mismo hasta su presunta desaparición.

La reconstrucción ha sido demasiada farra para el país completo. Siendo justo, la farra no es sólo responsabilidad del actual gobierno, la otra mitad del sistema político tampoco ha reaccionado, y en buena parte, lo que tenemos hoy es el producto de los últimos treinta años.

Así, sometido a un sistema político sin ideas y sin sueños la catástrofe ha puesto en evidencia nuevamente la urgencia de implementar reformas que aborden la desigualdad en sus múltiples dimensiones, una demanda claramente expresada por los estudiantes durante el año pasado.

La reconstrucción va lenta, quizás aún tenemos tiempo para discutir y plantear preguntas y buscar caminos que transformen en el mediano plazo esta catástrofe en una oportunidad. Esto supondrá sin duda, repensar los roles del Estado, los privados y la ciudadanía, para lo que nunca será tarde.

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23 feb 2012

Avísenle al Presidente

El rol de un gobierno es el gobernar hasta el fin de su mandato. Sin embargo la derecha y el gobierno, de manera bastante incomprensible e irracional desde el punto de vista político, deciden adelantar la carrera presidencial, crear un clima de enfrentamiento con la oposición y su principal líder, la ex Presidenta Michelle Bachelet, y dar rienda suelta a los ministros candidatos para que desde el gabinete desplieguen su disputa presidencial.

Todo ello, cuando el gobierno aún tiene dos años por delante para impulsar las múltiples promesas hechas por Sebastián Piñera al electorado e intentar cumplir, al menos en parte, con las expectativas que crea un discurso fuertemente demagógico como el que está en el ADN del modo de comunicar del Presidente.

Es cierto que este gobierno no se caracteriza especialmente por una gran dosis de talento político en su composición, ni por un relato cultural que lo sustente.

Pero alguien en la derecha debería darse cuenta y advertir al Presidente que adelantar la carrera presidencial e instalar un clima político solo mirando a ese objetivo, cierra anticipadamente el ciclo de su gobierno y éste, en la medida que corresponda cada día menos al presente y al futuro de la derecha, se verá abandonado por sus partidos que difícilmente incorporarán el retrato del Presidente, los eventuales logros y los símbolos de su gobierno en la próxima campaña municipal.

Tampoco un gobierno que decide auto clausurarse anticipadamente y que instala una lógica esquizofrénica de ataque despiadado a la oposición podrá, a la vez, pedir a ésta, una interlocución constructiva y ello llevará al gobierno, de una parte, a perder iniciativa política, ya que ella en un país empatado depende del grado de legitimidad para desplegar el diálogo con los que piensan distinto, y, de otra, a frenar su agenda legislativa en el parlamento más allá del movimiento vegetativo que allí se produce.

Por cierto, y esto es lo más grave y negativo para el país, un gobierno que decide suicidarse anticipadamente deja de ser el referente del diálogo con el movimiento ciudadano que ya ha inaugurado su primera estación con la movilización de la Región de Aysén y que probablemente tendrá este 2012 una amplia extensión social, temática, geográfica y comunicacional.

¿Qué hace que un gobierno que nació con una ambición refundativa del país y que se autoproclamó como “el mejor gobierno de la historia de Chile” decida cerrar su período con dos años de anticipación?

¿Está detrás de esto la necesidad de debilitar, por parte de la derecha más dura, al Presidente Piñera para impedir que impulse reformas más de fondo al binominal y al sistema tributario?

¿Está la convicción de que la actual conducción presidencial no interpreta los ideales de la derecha y ha cometido tal magnitud de errores y de ineficacias que no conviene a la derecha hipotecar su futuro a Piñera y a los suyos y que más bien habría que mantener este gobierno en un nivel simplemente de administración y desplegar, ya ahora, las candidaturas y propuestas presidenciales, frente al peso político, electoral y humano de la más probable candidata opositora Michelle Bachelet, aunque ella esté fuera de Chile y ausente en el debate político interno ?

Mi sensación es que en la derecha ha ido creciendo la desafección a Piñera y su gobierno motivada, más que por razones ideológicas de fondo, por la constatación de que su gobierno no da el ancho para el logro de su aspiración de  quedarse en el poder y que daña a este objetivo central e histórico de la derecha política y económica el colocar sus apuestas en un Presidente no querido por la población y que sólo logra reunir, de manera ya reiterativa, como máximo el 30% de la adhesión ciudadana.

Es decir, la derecha habría llegado a la conclusión que este gobierno es ya insalvable y que hay que desplegar desde ya una estrategia político electoral y hacer desembarcar los candidatos presidenciales y obligar ahora a Michelle Bachelet a pronunciarse sobre todo y a definirse sobre su candidatura, y, como parte indispensable de la estrategia, debilitar su imagen a través de una coordinada campaña comunicacional de desprestigio que reduzca a Bachelet en las encuestas o la haga más vulnerable en Diciembre del 2013.

En esta estrategia no hay, como resulta evidente, ni una pisca de preocupación por los problemas del país y por los chilenos, sino sólo por los intereses de la derecha que quiere a toda costa seguir gobernando el país.

Si es así, si el adelantar la campaña presidencial y el clima de enfrentamiento con la oposición a ese nivel obedece a estas razones y a esa estrategia más que a un error de diagnóstico y a un equivocado manejo político estratégico, entonces que le avisen al menos al Presidente, ya que el país se está dando cuenta por sí mismo.

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22 feb 2012

Educación técnico-profesional, ausente del debate

¿Sabía usted que en Chile hay 668.000 jóvenes que no trabajan ni estudian? Muchos de ellos no califican para estar en las estadísticas de desempleo, sin embargo son una herida abierta en nuestro sistema educacional y de integración social.

¿Sabía usted también que en España (país orientado a las carreras humanistas universitarias cómo en Chile), el desempleo juvenil es de 43% mientras que en Alemania (país con una fuerte orientación a la educación técnico-profesional ETP) es de un 3%?

Por cierto no se trata de hacer extrapolaciones automáticas, pero es un hecho que Chile parece estar yendo en la dirección opuesta a lo sugerido por la OECD. Según sus sugerencias debieran graduarse tres técnicos por cada profesional. ¿Adivinen cómo es en Chile? Dos profesionales por cada técnico.

Con estos antecedentes no deja de sorprender que este tema esté completamente ausente del debate sobre la “revolución” en educación.

Mientras la discusión pareciera centrarse en cómo garantizar una educación superior gratuita para futuros médicos, abogados, ingenieros comerciales y otras profesiones tradicionales, casi nadie habla de los cientos de miles que han tomado o debieran tomar el camino de una formación técnica más breve y vinculada al mercado del trabajo.

No me sorprende y menos escandaliza que los universitarios luchen por ampliar sus beneficios y mejorar radicalmente la educación que reciben. Lo que sí me sorprende (y a ratos me espanta) es que nadie levante la voz por los que no tienen voz.

Con el objeto de ilustrar de qué estamos hablando me parece importante dar algunas cifras.

Primero, a nivel secundario, pocos saben que el 40% de la matrícula es técnico-profesional. Y es ahí donde estudian nuestros jóvenes más pobres. El 65% proviene de los dos quintiles más pobres, alcanzando a un 83,5% si se suma el tercer quintil.

Uno esperaría que un país preocupado de mejores oportunidades a los más necesitados se tomara en serio este tipo de educación, sin embargo la realidad es muy distinta.

Los expertos y quienes somos sostenedores de este tipo de educación sabemos cuáles son sus principales falencias: retraso tecnológico (de sus docentes y equipamientos técnicos), desvinculación con el sector productivo, falta de correspondencia con el mercado de trabajo y una pobre vinculación con la educación vocacional y superior técnico-profesional.

En segundo lugar, pocos saben que hoy son 380.000 los jóvenes los que estudian en Centros de Formación Técnica (CFT) e Institutos Profesionales (IP), es decir, el 39% de toda la educación superior.

Al igual que en la secundaria, la mayoría de los que estudian estas carreras provienen de los segmentos más pobres de la sociedad. El 57% proviene de los primeros tres quintiles de ingreso, y el 87% es primera generación en la educación superior.

Tampoco debiera sorprender, aunque es un dato ausente de la discusión nacional, que el 40% de esos esforzados jóvenes lo hace de forma vespertina, como una manera de compatibilizar el estudio con el trabajo que tienen que sostener para financiar sus estudios.

Crear cursos técnicos cortos y de buena calidad, de acuerdo a las necesidades ocupacionales del país, es una manera concreta de ayudar a los miles de jóvenes que necesitan comenzar a trabajar tempranamente para poder salir adelante.

¿Y cómo los ayuda la sociedad? ¿Les da un tratamiento privilegiado? Muy por el contrario.

La mayoría de los mejores beneficios se van para los estudiantes de las universidades del CRUCH. Ej. las becas bicentenario (exclusivas para estas universidades) pueden cubrir hasta el millón ochocientos mil pesos. Las de excelencia, por su parte, en el caso de los estudiantes de carreras técnicas sólo hasta los 500.000. Por cierto estos jóvenes no tienen derecho a acceder al fondo solidario.

Alguien podría argüir el tema del lucro o la calidad, ambos muy ciertos y atingentes. Sin embargo, también aquí hay sorpresas. Cuatro de las cinco instituciones de educación superior acreditadas por 6 o 7 años son Institutos profesionales o Centros de Formación Técnica (a parte de otras 8 que son Universidades del CRUCH), y ninguna de estas accede al Aporte Fiscal Indirecto o a los Fondos de Fortalecimiento Institucional.

Más aún, las dos principales entidades (INACAP y DUOC) no tienen fines de lucro y agrupan casi el 50% de esta matrícula.

En fin, podríamos seguir. En un país donde casi 700.000 jóvenes no trabajan ni estudian, donde el 40% de la matrícula de enseñanza media es técnico-profesional, donde casi 400.000 lo hacen en entidades de educación técnica de nivel superior, y donde según la industria existe un déficit de 600.000 técnicos calificados para el desarrollo productivo nacional, parece un pecado de marca mayor que este tema esté ausente del debate.

Para quienes tenemos responsabilidad política, es un deber ser voz de estos jóvenes que no marchan ni protestan, pero que necesitan nuestra ayuda como el que más.

El futuro de ellos depende de nuestra capacidad de poner sus necesidades en el urgente y trascendente debate sobre el nuevo modelo educacional de Chile.

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