28 feb 2012

El retorno de las ciudadanías

Si algo resulta evidente, y por ende unánime, en los análisis del convulsionado “Chile actual”, es que han emergido los malestares políticos y económicos contenidos por años.

Malestares políticos relacionados con un sistema binominal que dio forma a una democracia restringida y procedimental que no representa el espectro ideológico y programático de un país, como todos, diverso.

Malestares económicos que tienen en la desigualdad el baremo sobre el cual se erigió no sólo una estrategia de crecimiento sino también un modelo de desarrollo. En ambos casos, además, la emergencia de estos malestares ha contradicho la imagen-país que predominaba sobre Chile en el mundo y que, por lo mismo, ha despertado interés en su desarrollo.

La constatación de estos malestares vinculados a las demandas por inclusión social que se extienden por buena parte del territorio, sin embargo, apenas marcan el inicio de las preguntas.

Por ejemplo: ¿Cómo se combinan esos malestares con la dinámica sociocultural de la transición? ¿Cuánto reflejan ellos las identidades ocultadas por un discurso dominante? ¿Qué derechos se defienden, se amplían y se reclaman?

Por lo pronto, se puede afirmar que los movimientos sociales y las demás formas de protesta canalizan no sólo demandas concretas sino también expresan algo más: otras prácticas, otras lógicas, otras culturas presentes en la sociedad chilena. “Novedades” para muchos pero que, bien vistas, en realidad sólo permanecían invisibles hasta su emergencia en el espacio público y mediático.

Se puede afirmar, asimismo, que la acción colectiva ha emergido con fuerza en diferentes regiones del mundo tras las más diversas consignas que van -sólo por nombrar los casos más emblemáticos- desde las luchas por democratización política (países árabes), hasta la oposición contra el gobierno corporativo (Ocuppy Wall Street), pasando por los Indignados españoles y su hartazgo de orden sistémico.

Es decir, a nivel mundial se evidencia una ola de protestas a partir de lo que Joseph Stiglitz ha denominado “los malestares de la globalización” y que llevó, sintomáticamente, a que la revista Time consagrara al “manifestante” como personaje del año. Y por cierto, como antídoto para el provincianismo, se debería pensar el caso chileno como parte también de este ciclo.

A propósito de lo mediático, una tercera afirmación que se puede hacer es que tanto en el caso chileno como mundial se ha evidenciado que la disputa en las calles se ha trasladado, sin abandonarlas, hacia las redes globales de comunicación, constituyendo Internet un importante aliado de los movimientos sociales y las diversas formas de protesta.

Al margen del debate maniqueo de si las redes son fundamentales o accesorias, de si son pura libertad o vigilancia, lo relevante es conocer cómo los movimientos sociales se las apropian, no obstante las reconocidas “brechas digitales”, y hacen del activismo digital un recurso para sus causas.

Es decir, cómo los movimientos construyen sus identidades y relatos, sus propias noticias, y en esa medida disputan la representación de los acontecimientos a los medios de comunicación masivos.

El retorno de las ciudadanías, así en plural, es nuestra hipótesis. Si admitimos, siguiendo a la mexicana Rossana Reguillo, que la ciudadanía es una categoría que tanto define a los sujetos frente al Estado como los protege de éste, es factible suponer que en el Chile actual los alcances y significados de esa relación intentan ser definidos por la sociedad.

A diferencia de las últimas décadas en las cuales la ciudadanía estuvo más bien diseñada “desde arriba”, hoy los límites de ese diseño fueron rebasados y se propone una “ciudadanía desde abajo” que tiene en los movimientos sociales y las diversas formas de protesta a lo largo del país a sus principales impulsores.

Esta concepción de ciudadanías plurales se relaciona, de un lado, con las fuentes de los malestares ya enunciados, pero adopta también posiciones afirmativas, como se puede apreciar en las propuestas, las soluciones, las alternativas de los movimientos sociales.

Para la brasileña Evelina Dagnino, las ciudadanías plurales se basan, además, en el derecho a tener derechos, un principio que representa un proyecto por relaciones sociales más igualitarias y que es un proceso innovativo, creador de nuevos derechos.

Y es, precisamente, sobre el desarrollo de esta hipótesis a partir del convulsionado “Chile actual” de lo que quisiéramos seguir hablando en las próximas columnas.

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28 feb 2012

La estrategia pinochetista de los bacheletistas

Recuerdo que hasta hace poco más de un lustro, cada vez que se cuestionaba públicamente la figura de Augusto Pinochet a propósito de las violaciones de DDHH acaecidas durante el periodo en que fue jefe de Estado, un considerable grupo conformado por políticos, periodistas, algunos sacerdotes y simpatizantes, se sincronizaba de modo automático para defender la figura del “General Libertador” de las cadenas del marxismo, como solían llamarlo.

La estrategia de defensa se puede resumir en una acción recurrente y común: lanzarse a modo de jauría contra todos aquellos que se atrevieran a “difamar la gloriosa estampa de Pinochet”.

Más allá de este reduccionismo, la desvergonzada defensa poseía un par de rasgos comunes a la mayoría de las defensas y/o ataques que se realizan hacia una figura política de peso por parte de sus cercanos y partidarios o de sus detractores y rivales.

Esta estrategia se puede resumir en cuatro rasgos, identificados de forma magistral por el escritor mexicano Alfonso Reyes –el mayor genio poético, filosófico e intelectual nacido en Hispanoamérica- a propósito de una situación similar ocurrida en el México pos Revolución.

Los cuatros rasgos son: Pasión, Inercia, Evidencia y Desmoralización.

Respecto a la Pasión, señala el maestro hispanoamericano que si bien es un sentimiento noble, válido y necesario para estimular cualquier acción, se presenta de forma negativa cuando impide observar y analizar los hechos producto de los principios e ideales.

En el caso de los pinochetistas, la pasión y los principios impidió, e impide hasta el día de hoy, reconocer un hecho evidente: las violaciones a los derechos humanos, la muerte de miles de chilenos de mano de instituciones del estado solo por pensar distinto.

La Inercia, por otra parte, se traduce en la incapacidad voluntaria del intelecto (producto de la pasión) para objetivar los hechos, la evidencia, más allá de los ideales. Esto conlleva a que aquellos que defienden a la figura política de turno nieguen los hechos, como nos acostumbraron a hacerlo los pinochetistas (muchos de ellos aún con un alto grado de “inercia” hasta nuestros días).

La Evidencia es clara: los hechos concretos. La Desmoralización, por último, “se reduce a considerar el funesto efecto que tiene para la educación cívica [de un país] el escatimar el reconocimiento” de los hechos concretos que tanto daño le hicieron y le siguen haciendo a una sociedad.

Esta estrategia es un lugar común en la política, por lo que cualquier lector puede asociarla con el o los nombres que se le vengan a la cabeza. En mi caso, mi memoria política vivida, no la leída o la que me han contado, es joven, y a los primeros que asocio con dicha estrategia es a los pinochetistas.

En las últimas semanas, sin embargo, la conmemoración de un nuevo aniversario del terremoto del 27 de febrero volvió a colocar en la palestra una serie de situaciones políticas asociadas al 27-F: desde la lenta reconstrucción del país, hasta las negligencias de los organismos encargados de dar la alerta temprana de tsunami, lo cual hubiera evitado cientos de muertes.

En este punto, cada vez que los políticos de la coalición de gobierno se ven acorralados por los cuestionamientos sobre la reconstrucción, el contra-ataque se ha centrado en la figura de la ex-presidenta Michelle Bachelet y su responsabilidad aquella madrugada del 27-F en la Onemi.

Y he aquí que nuevamente somos testigos de la estrategia de defensa que antes solían usar los pinochetistas, esta vez ejecutada por los bacheletistas en defensa de Michelle Bachelet.

El mismo escuadrón que ayer se enfrentaba a la terquedad y vehemencia verbal de los defensores de Pinochet hoy asume la estrategia retórica terca y vehemente contra aquellos que se atreven a encarar la responsabilidad de Bachelet y su silencio.

Esta defensa no deja de ser desagradable, especialmente cuando leemos y escuchamos a gente como Andrade, Escalona, Tohá o Vidal, asumiendo un rol de escuderos de Bachelet.

Desagradable, desgastante, después de oír todos los días los mismos discursos pero en distintas personas, y estéril, porque no fecunda nada positivo para la latamente “desmoralizada” educación cívica de nuestro país.

Sería bueno para la sociedad que cuando hablamos del 27-F la discusión se centrara en otros aspectos, siempre con altura de mira, pero sé que esto es pedir demasiado a la clase política dominante.

Tal vez la ex-presidenta Bachelet podría ayudar sacando la voz de una buena vez, lo cual fomentaría dos cosas positivas.

Primero: desmarcarse de los bacheletistas que a nivel retórico y de accionar político están bastante lejos de la actitud integral y digna que ella siempre mostró, incluso yendo en contra de lo que su coalición le sugería. Y, segundo: dar una lección cívica a este país, asumiendo su cuota de responsabilidad política en esa fatídica madrugada en que cientos de personas fallecieron confiadas en la información entregada por ella a los medios.

Después de todo, era ella la máxima autoridad del país esa noche, y es ella la responsable política, como “Jefa de Estado”, tanto de los aciertos como de las negligencias sucedidas durante su mandato.

Sabida es ya la escasa responsabilidad técnica que le compete, pues fueron los organismos técnicos los que fallaron. Pero sabido es también que como jefa de Estado esa noche, lo positivo para el país sería que ella reconociera públicamente su mínima cuota de culpa, pues en ella fue que millones de chilenos confiaron la conducción de un gobierno que demostró ser incompetente para afrontar un cataclismo de la envergadura del que sacudió a Chile.

Como reza el dicho, siempre ha habido gente más papista que el Papa. Los personeros de la concertación son más bacheletistas que Bachelet. Está en la ex-presidenta Bachelet darles una lección a sus defensores, a sus detractores y, sobre todo, al país y su idiosincrasia, aquella que nos tiene acostumbrado a guardar silencio y evadir nuestras cuotas de responsabilidad.

Reconocer un error, una responsabilidad, siempre nos engrandece. Callar sin dar la cara, en cambio, muchas veces equivale a otorgar. Si la ex–presidenta, aun sin tener grandes responsabilidades, persiste en callar, no solo otorga, sino que también está aprobando a los bacheletistas que reproducen la estrategia de defensa política que hasta hace algunos años pertenecía a los pinochetistas.

Que los bacheletistas se parezcan en esto a los pinochetistas no significa que ella tenga que parecerse a Pinochet y a tantos otros que siendo ministros durante la dictadura, hasta el día de hoy se niegan a reconocer su responsabilidad política en los hechos.

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27 feb 2012

Mejor Onemi

Abuela, ¡qué bueno verte! ¿Cómo has estado? ¿Cómo pasaste tus vacaciones? ¿Has descansado?

Me sonrió y, luego de mirarme fijamente, me dijo en voz baja: demasiadas preguntas para iniciar la mañana. Estoy muy bien, algo trasnochada. Tú sabes que siempre me ha gustado el Festival de Viña; cuando era joven no me perdía ninguno. Llegaba temprano a la función de la tarde.

Pensé que estaba demasiado anciana: ¿“la función de la tarde” en el Festival de Viña?

En eso estaba, cuando ella se apresuró en aclararme: en los años sesenta, el Festival tenía funciones en la tarde y en la noche. En las tardes asistían los más jóvenes y en las noches los mayores.

Mi abuela me estaba hablando de lo que pasaba hace 50 años, en los inicios del Festival.

La quedé mirando con admiración. Su memoria es portentosa (bueno, suponiendo que fuese como ella me estaba relatando y no se estuviese confundiendo de evento).

Mi abuela tomó de su taza de té y me preguntó: ¿ubicas a ese conjunto los Bunkers y a ese joven Manuel García?

Sí abuela, son muy buenos.

Sí, me dijo. Esos Bunkers, ¡qué bien hablan español! Uno podría pensar que son chilenos.

Abuela: ¡Son Chilenos!

¿Verdad? No los había escuchado antes. Son macanudos. Y ese García lo encontré muy poético. ¿Puedes conseguirme sus discos?

Por supuesto abuela, te los conseguiré.

Me apresté a iniciar la retirada. La conversación me había resultado fácil. Nada de preguntas por Aysén, nada sobre el tema del rescate griego. Menos sobre qué está pasando con la reconstrucción, sobre las formalizaciones de autoridades por el tsunami. Ni siquiera sobre qué pienso que sucederá este año con los estudiantes.

Me levanté y me acerqué para darle mi beso de despedida, cuando ocurrió lo que temía.

Mira, me dijo indicando una noticia: el ministro Chadwick dice que “tenemos una Onemi mejor preparada que hace dos años atrás”. ¿Tú qué opinas?

Bueno abuela. Yo creo que la actuación de la Onemi en el terremoto y tsunami ha sido bastante criticada. Es posible que el ministro tenga razón. Han pasado dos años y seguro se han incorporado mejoras técnicas y de procedimiento a la antigua Onemi.

Me miró y dijo: ¡Que lamentable!!

Abuela, ¿por qué dices que lamentable?

Bueno dijo: es lamentable que el único método para verificar si la Onemi actual es mejor que la que teníamos, sea tener otro terremoto y otro tsunami. Resultaría demasiado oneroso comprobar si el ministro tiene razón.

No quise agregar nada a la conversación. Me dispuse a partir. Ya estaba algo atrasado.

Un minuto, me dijo: el ministro Chadwick dice que tenemos una Onemi mejor que la que había antes. ¿Y tendremos un ministerio de Vivienda mejor para hacer más casas y más rápido?, y ¿qué me dices de un ministerio de Educación mejor para resolver los temas de educación?, ¿y uno de Salud mejor para enfrentar las enfermedades, el hanta y esas cosas?

Pensé unos segundos qué contestar. En eso estaba cuando escuché: ¿cuándo se referirá el ministro Chadwick a la calidad del organismo del Estado encargado de ver lo que pasa en Aysén y Coyhaique? ¿Será también mejor que el que había antes?

Menos mal que ella no esperaba respuesta.

Al partir, me entregó un papel escrito con su caligráfica letra de “mujer antigua”.

Toma me dijo. Tengo unos encarguitos adicionales. Son unos discos de algunos cantantes chilenos jóvenes. Escuchar a este García me abrió la curiosidad.

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27 feb 2012

Democracia y conflicto social

La democracia no solo es un sistema institucional, es una visión valórica y ética de las relaciones sociales y de poder y, en tanto tal, es esencialmente conflictual, es inseparable del conflicto, es el retorno continuo de las contradicciones y del carácter paradojal de la política moderna.

El conflicto que estructura la democracia contiene, inevitablemente, el valor de la convivencia, ya que ella, de por si, consiste en la posibilidad de un orden infundado y, por ende, de un orden que se hace cargo de la pluralidad de las razones, de la posibilidad que una venza y otra pierda, sin por ello estar fuera de la ciudad. La democracia se entrega, a sí misma, la decisión de dejar fuera del conflicto los puntos no negociables, aquellos que pertenecen a la sobrevivencia de las razones plurales.

El conflicto, evoca el tema de la elección entre alternativas posibles, entre opciones diversas y abre la “cuestión democrática” en su punto más alto.

El conflicto expresa la necesidad fundamental de dar valor a las cosas que no son definitivas, reproduce, en la coyuntura histórica, la estructura contradictoria de nuestras necesidades de individualidad, de generalidad y de comunicación.

El tema de la conflictualidad democrática es esencial, sobre todo, cuando asistimos a un redimensionamiento de los espacios de la gran política, producido por la mercantilización absoluta que invade todos los ámbitos de la vida e impone una lógica dominante.

La “sociedad reducida” es una sociedad empobrecida cultural y éticamente.La ofensiva neoliberal consiste, naturalmente, en intentar  neutralizar los conflictos orientando el empuje emotivo de la población hacia formas regresivas de identificación: el poder fuerte, la sociedad ausente, los enemigos de turno: drogados, pobres, incapaces, emigrantes, etc.

Contraria a esta tendencia, típica del neoliberalismo, es la perspectiva de Dahrendorf, que parte de la base que una sociedad que no desee precipitar en el descompromiso creciente hacia las reglas y las responsabilidades colectivas debe asegurar que todos tengan “una apuesta en el juego de la sociedad”, es decir, que los pobres, los marginados, los desocupados tengan algo que colocar en campo, a cambio de la aceptación de los vínculos sociales.

Dahrendorf se plantea, nada menos, que disolver el matrimonio que liga capitalismo y liberalismo.

Postula una distancia abismante entre el empuje liberal ligado a las definiciones de oportunidades nuevas para todos y la política neoconservadores de reducción de las exigencias sociales y de “proteccionismo”, verdaderamente, para los grupos más fuertes.

Él construye una alternativa liberal – radical apoyada en las nuevas chances de vida, exalta la movilidad de los conflictos parciales frente a la omnipresencia que tuvo el conflicto de clases, y enfatiza el rol de las agregaciones provisorias en torno a problemas específicos de la población.

En una línea más ligada a la sociabilidad, Robert Dahl, señala que es necesaria una auténtica refundación de la teoría política que reestructure las relaciones entre los medios técnicos de los procedimientos y los fines culturales de la democracia.

Dahl se propone superar la vieja oposición entre el liberalismo abstencionista y el socialismo que nacen cuando aún no se ampliaba la parte más relevante del itinerario de la ciudadanía.

El liberalismo cultiva el culto de la propiedad y lo coloca en el centro de toda la estructura de la política. Locke, lo resume: “la sociedad política fue fundada sólo para conservar, a cada privado, la propiedad de bienes, y para ningún otro fin”.

El socialismo, en cambio, coloca en cuestión la comunidad política que tiene, justamente, como fundamento la real e indoblegable desigualdad de posesión y de derechos.

Dahl afirma que sólo la democracia es capaz de debilitar y colocar límites a la estructura de la constitución de la propiedad privada como valor superlativo. Los derechos políticos comprenden todos los cuerpos de la propiedad y ésta deja de ser un “derecho ético fundamental”.

El valor del análisis de Dahl reside en que focaliza el paso de un régimen que presentaba al Estado como depositario de la “ratio”, a una estructura política “poliárquica” que supone la multiplicidad de los intereses y la realidad y permanencia del conflicto.

Es aquí donde se crea una simbiosis entre “pluralismo y pluralidad de los intereses”, que provoca la marginalización de las dimensiones individuales de la política y la emergencia de partidos y grupos de presión que organizan la solidaridad entre intereses homogéneos.

Aquí se coloca el tema de las partidocracia o, lo que es lo mismo, el arrebato a la sociedad civil de espacios que le son propios y frente a lo cual la sociedad que emerge de la revolución digital de las comunicaciones manifiesta un creciente rechazo.

Los partidos políticos, que originalmente nacieron como instrumentos para accionar –como diría Dahl- “los criterios de igualdad del voto y de la participación efectiva”, han ocupado, en cambio, el espacio principal en torno al cual ha rotado todo el sistema político. Es, justamente, esta forma de la política la que hoy entra en crisis.

Dahl sostiene, que aún en la importancia extrema del sufragio universal: “El voto representa sólo un tipo de recurso político,desde el momento que los recursos sociales son distributivos de manera desigual y dado que muchos de ellos, pueden convertirse en recursos políticos, los recursos políticos, diversos del voto, son distribuidos de un modo desigual”.
En parte, el discurso de Dahl subvalora la centralidad que ha adquirido la voluntad del sujeto-ciudadano. Sin embargo, su propuesta valiosa es la de intensificar las políticas capaces de asegurar una más completa realización de los ideales democráticos.

De esta forma, la democracia, sea para el liberalismo democrático avanzado que para el socialismo renovado, es todavía un diseño incumplido en toda su plenitud y el paquete de valores que ella engloba no ha agotado ciertamente, sus grandes potencialidades.

Conflictualidad e incumplibilidad como condición para que la democracia no tenga ninguna zona intransitable, ninguna “reserva” protegida, a las cuales esté prohibido el acceso de sus reglas y la hegemonía de sus valores éticos y políticos.

La conflictualidad es inherente a la democracia, especialmente a aquella que se organiza desde la propia sociedad civil, y hay que superar el temor conservador a todo “lo que se mueva”, el deseo irrefrenable de los neoliberales del modelo de sociedades paralizadas políticamente por el temor o el consumismo, el peligro de que se transformen en enemigos, en “terrorista” a todo aquel que disienta de manera radical o adopte formas de vida distintas a las de las consagradas.

La democracia debe ser capaz de escuchar el conflicto y de dar salidas que acentúen los espacios de libertades, derechos e igualdades. Este es parte del desafío que el progresismo debe asumir frente a la nueva estación de ciudadanía que vive Chile y el mundo.

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27 feb 2012

Los perros de la calle

No sé cuándo comenzaron a abandonar los barrios de la periferia para llegar al centro de Santiago. Hace ya tiempo que se pasean con desenfado, solos o en grupo, por las calles más concurridas. Y la mayoría de las veces recalan justo frente al Palacio de la Moneda.

Allí, su actividad principal consiste en olfatear a la gente que pasa, especialmente a los turistas, que los miran con sorpresa y sin ocultar su preocupación ante los gruñidos sorpresivos y amenazadores con que enfatizan su presencia.

La mayoría de estos canes parece ocultar parásitos de la más diversa especie, tienen trazas de no haber comido muy bien y de no haberse bañado desde hace mucho. Frente a las estatuas de los Presidentes de Chile se desperezan tranquilos y confiados. Parecen tan sagrados e intocables como las vacas en la India.

No se sabe de ningún carabinero que ponga cara de pocos amigos frente a estos canes. Las reservarán sin duda para estudiantes y manifestantes de toda índole.

Estos perros gustan de participar en todas las acciones ciudadanas que se realizan en el centro. Sin distinción de color político. No hay quién no los haya visto en la televisión o los diarios, acompañando a un “Guanaco” o “Zorrillo”, en actitud de dirigir la embestida. Eso al parecer los divierte.

Porque pasan muchas horas simplemente dándose vueltas o echados frente al Palacio de Gobierno o bien cerca del acceso a la Intendencia. Allí se rascan muy a gusto, a la espera de que pase algún perro amigo o un transeúnte que pueda interesarles.

Cuando surgen demasiados reclamos en su contra, debido a sus rebatiñas por alimento frente a un restorán o bien agresiones flagrantes a personas desprevenidas, los obligan a abandonar sus pagos.

Así, las calles recobran cierta tranquilidad. Pero, rápidamente y con gran parafernalia, se organizan entonces verdaderas campañas a favor de que sigan vagando a su antojo, libres y malhumorados. Las encabezan a veces antiguas figuras de la farándula, que recobran vigores pasados para protestar por los derechos caninos frente a las cámaras. Incluso aunque su causa no está reñida con la de los ciudadanos de a pie.

Lo cierto es que la insólita presencia de estos canes, admiradores eternos de los tobillos de hombres y mujeres, se ha ido transformando en todo un clásico de nuestra capital.

Sólo falta que se consigne su presencia en las guías de turismo, como si fueran un aspecto tan “típico” de Chile como la chicha en cacho, los casi olvidados copihues rojos y nuestro baile nacional.

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27 feb 2012

España: los récords de una democracia insuficiente

Las brutales “jornadas” valencianas de represión policial contra las protestas estudiantiles acaecidas recientemente, en los hechos vienen a ratificar una inquietante diagnosis que venían señalando importantes organismos internacionales como Human Rights: la preocupante situación de España en materia de DD.HH.

Una cuestión que alude, precisamente, a la brutal represión y fuerza policial desmedida empleada especialmente en las últimas manifestaciones sociales (“los indignados”), al margen de la situación de los inmigrantes, y los mal llamados “centros de internamiento de extranjeros” (CIE), que son verdaderas cárceles solapadas, y del sistema carcelario propiamente tal; aspectos que también aparecen mencionados en el “informe mundial 2012” del citado organismo internacional, que dicho solo de paso, también, como es obvio, dedica su capítulo a Chile.

En uno de sus pasajes este informe señala: “En mayo, empezaron las protestas generalizadas contra las medidas de austeridad, con la ocupación de plazas en varias ciudades. Hubo informes creíbles que denunciaban el uso excesivo de la fuerza por la policía en las operaciones de dispersión en Madrid y en otras partes, entre mayo y agosto. Las acusaciones del uso excesivo de la fuerza también enturbiaron una protesta contra la visita del Papa a Madrid a mediados de agosto.”

Es evidente que esta problemática forma parte de una de las taras de la (insuficiente) democracia española en cuyas leyes e instituciones no se ve facilitada, en nada, la expresión de los deseos y anhelos de la ciudadanía.

Naturalmente, fueron (mal) pactadas durante una (in) modélica transición que jugó, claramente, a favor de la derecha y, cuando mucho, de los sectores reformistas del “tardofranquismo”. Para nada en favor de la inmensa mayoría del pueblo español, que hoy clama por una nueva transición.

Es que prácticamente no se contemplan mecanismos de consulta y menos de participación ciudadana en la toma de decisión en temas y asuntos relevantes de interés común (referéndum, plebiscito, etcétera), como existen en toda democracia moderna y madura, ni siquiera a nivel local. No sin razón podemos señalar que en muchos pueblos de la España “profunda” ni siquiera llegó la transición.

Un claro ejemplo de aquello fue la reforma “exprés” de la Constitución española (2011) aprobada entre cuatro paredes y en tiempo record mediante un simple acuerdo del duopolio que representan las dos principales formaciones políticos españolas (psoe-pp), destinada a encorsetar el gasto público, por expresa recomendación de “la troika” (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea), completamente de espaldas a la ciudadanía y, por si fuera poco, al consejo de ministros y al parlamento.

De tal modo, que ante el menor asomo de disidencia y protesta, como en este caso, resulta, aunque completamente inexplicable, perfectamente lógico que se emplee todo el rigor y el poderío de los mecanismos de coacción de que disponen los aparatos del estado.

Sin el ánimo de caricaturizar, en este país la inequidad (y la pobreza del gasto social) de las políticas públicas (para no hablar de cuestiones fiscales y tributarias) es prácticamente proporcional al fuerte gasto que se realiza en materia de defensa y en fuerzas represivas.

¡El presupuesto del ministerio de Defensa es superior al presupuesto de la ONU! Algo que puede ser, también, perfectamente “atendible” tratándose de que España es uno de los principales productores y vendedores de armas del mundo.

Todo esto forma parte de una histórica herencia de los casi cuarenta años de un nefasto régimen autoritario, una tara, todo un lastre, que dejó sin dudas una de las dictaduras más represivas y sanguinarias del mundo. España, no por nada, tiene el “impresentable record de ser el país con más desaparecidos y fosas comunes del mundo después de la Camboya de Pol Pot”.

Es por todo ello que hoy por hoy exhibe al mundo otro nefasto récord, al margen de las escandalosas e insuperables “marcas” relativas al más brutal desastre económico que padece desde los tiempos de la guerra civil: ser una de las democracias más “intolerantes”, “excluyentes” y “represivas” de la zona UE.

Post scriptum: como diría el díscolo e irreverente Bryce Echenique, “¡cualquier parecido con la realidad (chilena) no es mera casualidad!”

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27 feb 2012

Constitución: esperando la reconstrucción

Con los Presidentes (s) de los partidos de la Concertación tuvimos oportunidad de visitar la comuna de Constitución (región del Maule), entre los días miércoles 22 y jueves 23 de febrero, cumpliendo el compromiso de tomar contacto con las organizaciones sociales y evaluar el estado de avance de la reconstrucción en dicha comuna, una de las más afectadas por el terremoto del 27 de febrero del 2010.

Nos reunimos el miércoles con todos los dirigentes sociales de la oposición, en un largo encuentro, en donde pudimos conocer y compartir los sentimientos que embargan a la comunidad. Y nos dimos cuenta que existe una crisis de expectativas, pues gran parte de los compromisos contraídos por el Gobierno con esa localidad están francamente incumplidos.

Al día siguiente, temprano, en el municipio de Constitución se realizó un gran ampliado con dirigentes de toda la comunidad (pescadores artesanales, gremios locales, dirigentes poblacionales y de campamentos) y el cuadro de opiniones fue mucho más preocupante.

Constitución es una comuna en donde sus habitantes se sienten profundamente postergados. La infraestructura de acceso a la ciudad está descuidada. El cuidado de sus calles y pasajes más importantes parecieran del siglo pasado. Todavía se observa amplias zonas de escombros y casas que fueron destruidas. Lo poco de avance pertenece al esfuerzo de un Municipio modesto en recursos.

Los dirigentes criticaron con dureza al Gobierno. Con razón, los asesores del Presidente sacaron de la agenda de sus giras la visita a esta ciudad, en parte porque no hay nada relevante que “inaugurar”, y en parte, porque la población habría reaccionado negativamente a la visita. De hecho, visitamos el campamento de Las Pozas, en donde más de 200 familias esperan todavía alguna forma de solución.

Un dato notable es que en la Región del Maule se han nombrado ¡siete! Secretarios ministeriales de Vivienda en dos años y, paradojalmente, el cargo sigue vacante.

Esto es claramente impresentable, especialmente en el área de vivienda, en donde están presentes los mayores indicadores de necesidades en la región. Con razón, no hay autoridades competentes, capaces de brindar respuestas concretas a las urgentes demandas de los habitantes de esta región y en Constitución.

Esta es la otra cara de la reconstrucción. Hay zonas en el país en donde, probablemente, se han logrado algunos avances. Pero en Constitución y luego de nuestra visita, es evidente el notable retraso. El problema es que está en juego la dignidad de muchas familias que esperan una respuesta eficiente de las autoridades. Y esta respuesta tarda demasiado.

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27 feb 2012

La soberbia

Hace dos años, chilenos y chilenas, vivimos una madrugada terrible, todos y todas con el alma en un hilo, no deseábamos otra cosa que no fuera que terminara ese terremoto espantoso que estremecía nuestro país. Por breves minutos las mentes se alejaron de lo rutinario para aferrarse a aquello que si se pierde no hay retorno: la vida. Pero, el embate colosal de fuerzas incontrarrestables por los humanos significó muchas víctimas, enormes pérdidas y profundo dolor.

Nadie podía en ese momento pensar que dos años después, el entonces mandatario electo apuntaría a la Presidenta en ejercicio con  una afirmación de un alcance tan peligroso y cuestionable como decir que su “error (sin indicar cuál) costó muchas vidas”.

Al menos en lo personal nunca pensé que los afanes de la política contingente nos iban a llevar a ese terreno, mejor dicho, a esas desafortunadas afirmaciones, por parte de quien tiene ni más ni menos que velar por la buena marcha del país, como su obligación esencial.

Pero, en política lamentablemente suelen ocurrir tales hechos, que nubla la visión a quienes no se les debe nublar. Cuando vuelve la normalidad también retornan los cálculos menores, los afanes de cada día, las grandes inspiraciones y también la cosa chica, ciega, mezquina.

Los estadistas verdaderos son aquellos que por muy fuertes que sean las dificultades por las que atraviesan no pierden la lucidez y no caen a la baja política, a la “sucia practica” de lo desechable.

¿Qué ocurrió a la autoridad que asumió hace dos años? Actuó con soberbia. Con altanería y pretensión de superioridad. Así fue, porque producido el cambio de gobierno, los que se iban de ese sitial de conducción del país, advirtieron el enorme esfuerzo que significaría la reconstrucción de Chile.

Otros, entre los que me cuento, lo hicimos desde el Parlamento. No fuimos escuchados. Pedimos un Plan de Reconstrucción y se nos trató de ignorantes. Propusimos crear una Agencia Nacional de Reconstrucción y ni siquiera se nos respondió. Para decirlo directamente, los que llegaban a La Moneda se habían “comprado” su propio discurso, se creían un gobierno de excelencia, que partía desde cero.

Despreciaron la experiencia acumulada, pensaron que desde el ámbito privado lo iban a resolver todo y, por eso, la reconstrucción tiene el atraso que hoy se registra y que en el tema principal, la vivienda, se haya fracasado y ahora se pretenda hacer de los damnificados sin solución una nueva categoría de allegados.

Ahora, dos años después, ante la ausencia de resultados, se descarga la artillería sobre los opositores con la acusación de obstruccionismo y se caricaturiza desde el propio gobernante su posición como “torpe” y “estúpida”, cuando el mismo Presidente se ve obligado a decir lo que no quiso escuchar en su momento: que se trata de “un largo camino” porque la reconstrucción no ocurre “en forma instantánea”.

Debieron pasar dos para que se descubriera lo evidente, que la tarea es dura y no se hace sólo con palabras, ni con papeles, como aquellos que se entregan a las familias como subsidios pensando que con eso conseguirán una casa de manera milagrosa.

Pero, ante las dificultades la autoridad no aprende y acentúa su soberbia. Ahí está el intento de enlodar a quienes correctamente les entregaron el mandato presidencial. De manera que no resulta coherente cuando se dice que “resta un largo camino” con la descalificación, artificial y artera.

Más aun, cuando luego se pide el apoyo de esos a quienes se ataca. En este caso, si los opositores solicitasen saber qué, concretamente, se les pide, la autoridad no tiene carta de navegación para orientarse.

Los hechos así lo señalan: no tiene respuestas para la movilización ciudadana de Aysén; no sabe qué hacer con la solicitud de una Reforma Tributaria, pues la UDI quiere achicar la caja fiscal y no fortalecerla; no sabe la autoridad si reduce o no el impuesto específico a los combustibles; no sabe si puede o no puede entrar al debate del cambio del sistema electoral binominal, ya que el veto de la UDI se lo impide; no está en condiciones de abrir una nueva etapa, veraz y a fondo con los actores sociales en las demandas sobre Educación.

En suma, es la propia autoridad la que se obstruye y se enreda en sus propios conflictos y debilidades.

No es solución entonces, atacar a sus interlocutores y pretender “cobrar” sus angustias a la ex Presidenta Bachelet. Mientras el gobierno no se clarifique a sí mismo, seguirá en la ofuscación, de espaldas al país y perdiendo dramáticamente el tiempo político escaso, que aún le resta y del cual no se puede desentender.

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26 feb 2012

¡Irrumpa Jackson! ¿Por qué no ahora?

Así como en 2011 no había que caer en posiciones ultras – (y ustedes, Giorgio Jackson, no cayeron) – en 2012 no hay que caer en posiciones de derecha.

Una posición de derecha sería la de “capar” el movimiento de masas, confundiéndolo en el análisis con las movilizaciones estudiantiles más agudas y disociadoras del año pasado.

Con esas que cansaron y pueden cansar de tanto repetirse y que al final pueden llegar a distanciar a sectores intermedios y perjudicar a algunos estudiantes.

Esas movilizaciones pueden repensarse, reformularse.

Pero las marchas de cientos de miles, algunas veces de medio millón, no eran marchas sólo de estudiantes –que es bueno se expresen de otras maneras en 2012- sino que eran marchas de todo el pueblo, de los estudiantes universitarios y secundarios, de la Cut, de la Anef, de los ecologistas, de las llamadas minorías, de los mapuches de las grandes ciudades, de los apoderados, de los profesores, de artistas e intelectuales, de los deudores, de cesantes, de jubilados, de gente en fin que quiere de verdad, cambios de verdad.

No vaya usted a creerle, Giorgio, a los que han inventado que eran movilizaciones de “la clase media”. A no ser que se entienda por “movilizaciones de la clase media” las del NO de 1988. O las de Punta Arenas, porque tenían que ver con el gas. O las de Aysén porque tienen que ver con pescadores y pequeños empresarios sureños y con los precios de los combustibles.

Hay que buscar la forma en que la gente vuelva a encontrarse en las calles de Santiago, de Valparaíso, de Concepción, vuelva a impactar con su masividad y su creatividad. Y esas pueden ser marchas y concentraciones masivas en parques y grandes avenidas.

Otra posición de derecha del movimiento sería dejarles la cancha abierta a “la alianza”, a “la concertación” y al “pro” en las elecciones municipales que habrá a fin de año, que tienen importancia y en las que podrán votar muchos millones más de electores. Casi cinco millones más podrán hacerlo.

Las viejas alianzas, una más que otras, han demostrado incapacidad y falta de voluntad para cambiar las injustas condiciones en que vive hoy la mayoría de los chilenos.

Todas además son hoy minoritarias pero, en cancha abierta y conocida, pueden encajonar a la ciudadanía y “guiarla”, arrinconarla, senderearla, por caminos y estructuras anquilosadas pero existentes. Por ejemplo, alianza UDI-RN, alianza DC-PS, alianza PPD-PR, alianza PRO-Humanistas, para concejales o algún alcalde. Tienen recursos para hacerlo.

Las elecciones municipales no afectan directamente el poder legislativo o el ejecutivo, pero, junto con importar a las comunas, donde la gente vive, fortalecen o debilitan las condiciones de quienes postularán en 2013 e impactan en la conciencia política de todo el país. Y pueden afectar, sin duda, la calidad de vida de la gente.

Conviva y postule, en cualquier comuna, en cualquier lugar, pero hágalo, y ya veremos cómo será la reacción del pueblo.

Usted puede hacerlo apoyado en un nuevo partido o movimiento, y puede hacerlo como independiente.

Hay que arriesgarse y hay que mojarse para pasar el río.

En casi todas las comunas se “vivieron” las movilizaciones de 2011. En ellas se apoyó mayoritariamente las manifestaciones de Uds. el año pasado.

Usted tiene todo el derecho a analizar más la cosa pero no tiene el derecho a defraudar.

¡Nomínese candidato y transforme el liderazgo sectorial en candidatura nacional!¡No espere un acuerdo total de cúpulas para irrumpir!¡Eso es propio de anodinos!En los sesenta eso no lo hizo Miguel Enríquez ni lo hizo Rodrigo Ambrosio.

En los treinta no lo hizo Allende ni Frei Montalva. Todos ellos fueron rupturistas.

¿Por qué no postula en Santiago, donde se nos está obligando a elegir entre el actual alcalde de derecha y dos ex ministras?

¿Por qué no en Valparaíso, donde deberíamos elegir entre un UDI y una anquilosada oposición y donde la concertación nos ofrece “la novedad” de Pinto?

¿Por qué no en Viña donde las fuerzas tradicionales de oposición no son capaces de levantar un opositor a la alcaldesa UDI y le temen a las repercusiones del festival de la canción?

Para estas elecciones NO hay sistema binominal que valga. El que saca más votos será Alcalde, y punto. Y los candidatos a concejales serán elegidos con un sistema proporcional. La cancha no está pareja pero nunca lo estará.

No caigamos en el “terror inmovilista” al binominal. Tendremos muchas cuestiones en contra, pero menos que en una elección parlamentaria, que –así como están las cosas- obligará a un acuerdo con la concertación, empujado por el PC.

En 2011 se fracturó el peso de la noche. Se puso en cuestión la hegemonía. Resurgió la esperanza. No dejemos que nos apaguen la llama.

Y siempre habrá, Giorgio, graves problemas que superar para cambiar a Chile.

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25 feb 2012

Acusémoslo a su empleador

En la intersección de dos angostas calles, vía local Carmen y pasaje Sara de Campo, comuna de Santiago, se está construyendo una elevadísima torre que tendrá más de 800 pequeños departamentos sin que la Dirección de Obras Municipales le exigiera al titular del proyecto el correspondiente Estudio de Impacto Sobre el Sistema de Transporte Urbano (EISTU), necesario para que el inversionista ejecutara a sus expensas las obras de mitigación vial.

A pesar de que la Ley General de Urbanismo y Construcciones (LGUC) establece que los Planes Reguladores Comunales (PRC), entre otras disposiciones, deben considerar las densidades habitacionales, en el caso de la comuna de Santiago con el propósito de incentivar los lucrativos negocios de la industria inmobiliaria, en su PRC no se observa la norma referida a la densidad, con lo cual se da pábulo al laissez faire más brutal.

Con esta ausencia reglamentaria ese municipio ha entregado una clara señal al mercado en orden a que “venga con su capital para acá porque aquí usted hace lo que quiera” y así se han materializado negocios inverosímiles por sus altos grados de irrespeto por el bien común. El debilucho ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) ha sido comparsa en estas experiencias non sanctas.

También debemos recordar que durante mucho tiempo, hasta que la Contraloría General de la República dijo basta, en el territorio de esa comuna se construyeron infinidad de torres habitacionales con la artimaña, conocida por todos los intervinientes, de que sus departamentos eran “viviendas sociales” para que así las constructoras regalonas obtuvieran una serie de beneficios económicos.

En razón a que la ejecución de las faenas de la torre que aludimos en el primer párrafo generaba una considerable contaminación acústica porque los capataces no adoptaban las prevenciones de rigor, la comunidad del edificio colindante localizado en el número 77 de la calle Carmen, formalizaron oportunamente la denuncia al alcalde Zalaquett y al presidente de la Cámara de la Construcción.

Es más, dicho político recibió en su despacho a los dirigentes de la comunidad ya que el ruido era francamente ensordecedor: algunos vecinos se vieron en la necesidad de mudarse a otros sectores. La organización gremial empresarial, como es habitual con las malas prácticas de sus socios, calló para siempre avalando con su silencio el proceder de la constructora involucrada.

Quien lideraba la protesta ciudadana ante el abuso descrito era un joven recién casado que arrendaba un departamento en el edificio cuyos residentes debían soportar los infernales ruidos de la constructora.

Este personaje, quien además es dirigente sindical en su lugar de trabajo, asumió con plena convicción la defensa de su comunidad y en tal sentido dijo, una y otra vez, con prodigiosa naturalidad, que la actitud abusiva de la constructora tenía que ser sancionada por las autoridades competentes.

Utilizando los medios electrónicos disponibles fustigó con suma energía al alcalde Zalaquett y a la imprudente constructora, como también a la Seremi de Salud, organismo del Estado que voluntariamente se resistía a fiscalizar las obras.

En un súbito arranque de probidad la Dirección de Obras de la Municipalidad de Santiago paralizó las bulliciosas faenas constructivas, pero rápidamente se arrepintió y le dio curso a la reanudación de los trabajos.

Como el protagonista de la demanda vecinal ya se estaba transformando en un actor muy molesto para quienes estaban lucrando con la construcción, los insensibles empresarios, con el apoyo de Zalaquett, no encontraron nada mejor que acusarlo por escrito a su empleador con el ánimo de castigarlo en donde más le podría doler: su fuente laboral.

La empresa constructora no aceptaba por ningún motivo la osadía de un simple ciudadano de a pie que se esforzaba en proteger la salud de sus vecinos y la suya propia.

No conocemos el desenlace de esa surrealista acusación, pero estamos seguros que será archivada por falta de méritos y por ser muy oportunista.

En todo caso, si en nuestro país existieran más ciudadanos con el temple del acusado, persona que en días pasados fue padre por primera vez, estamos ciertos que la corrupción inmobiliaria que nos corroe se irá gradualmente en retirada lo que, a todas luces, sería necesario para que exista cierta armonía y respeto en el desarrollo de la ciudad.

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