02 mar 2012

Sin voto no somos ciudadanos

Con independencia del origen del texto constitucional chileno, heredado de una dictadura, y del carácter pactista de la Constitución Española, nacida en la etapa tutelada de la transición política, lo cierto es que ambos textos constitucionales vinculan el derecho al voto con la condición de ciudadano y, a partir de tan natural relación, surgen una serie de problemas que debemos plantearnos a la hora de reclamar el derecho a votar que tenemos aquellos que seguimos considerándonos ciudadanos chilenos por mucho que residamos en el extranjero.

Juan Carlos Velasco, del Instituto de Filosofía de CSIC establece que el concepto de ciudadanía “implica en principio una relación de pertenencia con una determinada politeia (o comunidad política), una relación asegurada en términos jurídicos, pero también denota una forma de participación activa en los asuntos públicos. Por un lado, supone una condición de status y, por otro, define una práctica política”

Es a través de esta consideración – como ciudadano – por la cual se mide el grado o nivel de pertenencia a una comunidad política determinada, en este caso una nación o país y, también, el nivel de participación activa en sus asuntos políticos pero, al mismo tiempo, y a sensu contrario quien no tiene participación política en los asuntos de un país no puede considerarse ciudadano.

El mismo Velasco indica que “la construcción social del ciudadano y del extranjero son respectivamente la cara y la cruz de un mismo proceso”, entendiéndose que los primeros son los que cuentan con los derechos civiles y políticos dentro de una determinada comunidad – personas plenas – y los extranjeros serían a los que sólo se le reconocen los derechos civiles, una suerte de persona semiplena, sin perjuicio de tener en consideración que el concepto de ciudadano ha ido evolucionando a lo largo de la historia de forma muy dinámica.

Partiendo de estas premisas habría que analizar la situación en la cual nos encontramos los chilenos que vivimos en el exterior a la hora de valorar si somos o no ciudadanos y si se nos trata como tal.

La pinochetista Constitución de 1980 establece que la calidad de ciudadano otorga el derecho de sufragio – también la obligación de votar- y, además, las causas por las cuales se puede suspender el derecho/deber de sufragio y la propia calidad de ciudadano. En ninguna de esas normas se establece que el derecho/deber de votar ni la condición de chileno se pueda perder por residir en el extranjero.

Por su parte, en el caso español el propio texto constitucional de 1978 establece que los ciudadanos, con referencia expresa a los de nacionalidad española, serán titulares de los derechos de sufragio activo y pasivo así como los ciudadanos nacionales de aquellos países con los que España tenga acuerdos de reciprocidad a la hora de ejercitar los derechos electorales pero limitándolo a las elecciones municipales.

De lo anterior se desprende, necesariamente, que quienes estamos privados de nuestro derecho al voto en Chile, por residir en el extranjero, o en España por no habernos nacionalizado, lo que realmente hemos perdido es la condición de ciudadanos y, por tanto, debemos encontrarnos en una categoría especial que nos ubica en el limbo entre el menor de edad y el apátrida.

Dicho en otros términos, somos tratados como extranjeros en nuestro propio país y, también, allí donde hemos decidido radicarnos, por las razones particulares que sean.

Se nos deja fuera de la toma de decisiones políticas que afectan directamente bien a nuestra comunidad de residencia bien a nuestra comunidad de origen siendo, sin duda, lo más grave esto último porque equivale a una discriminación por razón de residencia, contraria a cualquier convenio internacional sobre derechos civiles y políticos.

No existe un sustento constitucional, en Chile, para excluirnos de participar en lo que es nuestra comunidad política de origen y dicha limitación se sustenta en normas de inferior rango que el constitucional; esto abre la vía para preguntarnos si la limitación de dicho derecho representa o no una inconstitucionalidad pactada por los actores políticos que no han sabido o no han querido asumir que, en el marco constitucional en el que se desarrolla la convivencia en Chile, tenemos todo el derecho a votar solo que el mismo no está regulado de forma adecuada.

Podemos entender, que no compartir, que en el pasado interesaba excluir del derecho al voto a quienes habían tenido que exiliarse; era una premisa de la supervivencia de la dictadura pero, ahora, esto ya resulta más cuestionable y, sobre todo, cuando en la clase política hay muchos que, en su momento, también vivieron en el extranjero.

Si se pretende construir un país moderno, si queremos ser un tigre más del desarrollo entonces lo que es inadmisible es que sigamos manteniendo estructuras cuasi feudales en las cuales unos son ciudadanos y otros sólo súbditos.

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02 mar 2012

Aysén: la gente olvidada

Aunque las movilizaciones sean de reciente aparición –un fenómeno social impulsado por los jóvenes y que puede asombrar a los viejos– lo que muestra el conflicto social de Aysén es la pugna que subyace con el modelo económico: los intereses de las empresas están por sobre las necesidades de las personas.

A raíz de la reacción descalificatoria del Gobierno, el país ha constatado que éste prefiere optar por las empresas ante que por las necesidades de las personas.

Es decir,  lo que subyace en este conflicto, es la pugna ideológica de las autoridades por defender el statu quo para cautelar los negocios y prerrogativas de las empresas, frente a una región organizada que exige sus derechos.

Los senadores Horvarth y Walker denunciaron que el Gobierno ha ninguneado a los dirigentes sociales, “los deja esperando, no los saluda, se niega a dialogar” dicen, creyendo que se trata solo de un mal manejo gubernamental de la crisis, pero, amparado en el orden social, lo que el gobierno defiende es una posición ideológica.

El Gobierno no quiere ceder.

Es evidente que busca –como lo hizo con los estudiantes– desgastar, agotar y radicalizar el conflicto, es su forma de notificar que optó por las empresas, por el modelo y no por las necesidades de los ayseninos.

No es necesario ser experto en estadísticas para registrar a simple vista la escandalosa concentración económica y, por ende, su vergonzosa mala distribución, a pesar que los Gobiernos se complazcan con “sus” estadísticas.

Es la gente olvidada, frente a la acción de los grandes conglomerados.

La misma gente que en el Norte grita: “Agua sí, oro no” ante el envenenamiento del agua de sus valles. La que reclama en Lota contra la pesca de arrastre. O, en Castro contra la construcción de un hiper mall.

Conmueve ver a los ayseninos movilizados para cambiar su suerte.  Ellos se han ganado el corazón de los chilenos, en su lucha han demostrado, capacidad, claridad, inteligencia, honestidad.

Ellos, no han desconocido al Gobierno ni a sus autoridades, sin embargo, como respuesta han recibido solo portazos.

Ahora los parlamentarios anuncian que tratarán el tema en La Moneda con el Presidente Piñera.Ojalá, que eso ayude y no agrave el conflicto.

Porque desde hace mucho tiempo, es preocupante ver a los representantes populares lejos de la gente, más preocupados de sostener el modelo que corregir sus horrores.

No se esperaba esa actitud cuando se luchó por la recuperación de la democracia, más aún, si nuestros representantes saben que la mejor inversión para la estabilidad democrática es la justicia social.

La sociedad debe controlar sus empresas, es ilegítimo que éstas, con la excusa generar empleo, depreden los recursos gratuitamente, paguen remuneraciones indignas amparadas en leyes injustas y en la desregulación laboral, persigan sindicatos e impidan la negociación colectiva.

Es inaceptable que existan sueldos por debajo de la línea de pobreza, porque al final eso termina convulsionando a la sociedad y poniendo en peligro a los valores democráticos.

Estas injusticias generan pérdida de confianza en la democracia y en las instituciones democráticas, debilitándolas.Pero, esto tiene solución.

Aunque siempre sea difícil deshacer lo hecho, hay que intentarlo, hay que replantearse un modelo de desarrollo económico, político y social participativo, a escala humana, orientado al bien común.

Cuando el Santo Alberto Hurtado, llamaba a superar los problemas sociales, instaba al “cambio de las estructuras sociales: atacar, no tanto los efectos, cuanto las causas del mal” decía, y agregaba, “para hacer plenamente justicia a los demás, hay que ponerse en su sitio, comprender sus razones y sus necesidades”.

Fuerza a los ayseninos. No más regiones ricas, con personas aisladas y empobrecidas.

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02 mar 2012

Colección de vergüenzas

Se nos fue el 2011, sigue avanzando este nuevo siglo, dejando a su paso un sabor ambiguo y una estela de dolor e incertidumbre: vivimos en medio de una colección de vergüenzas que no hemos querido o no hemos sido capaces de modificar realmente.

El escenario mundial de hoy, se despliega en medio de una estela de desplazados, asesinados, reprimidos, niños que mueren de hambre, invasiones externas a países y derrocamiento de autoridades, la amenaza permanente de una nueva conflagración, el engaño mediático y una naturaleza mortificada que se encabrita impredecible.

Como estamos en el mundo de los datos y los meros hechos, mencionemos algunos botones de muestra de esas vergüenzas: el “exitoso” capitalismo de mercado desregulado que nos rige a nivel mundial se da en medio de una población de desnutridos crónicos que alcanza los 1020 millones (FAO, 2009).

Al mismo tiempo, tenemos más de 800 millones que no tienen acceso a agua potable (OMS/UNICEF 2008). Hay, se calcula, unos 2.500 millones de habitantes sin acceso a sistemas de drenajes y cloacas (OMS/UNICEF 2008).

Aún tenemos a nivel mundial – en la supuesta era de la intercomunicación tecnológica- unos 774 millones de adultos que son analfabetos (Unesco).

Pero volvamos más cerca de nosotros y a un nivel más micro si se quiere: en diciembre pasado pasó desapercibida para los medios “serios” una noticia impactante proveniente de los Estados Unidos: una madre indigente disparó contra sus hijos y luego se suicidó en una oficina estatal de Texas, luego que le negaran durante meses la asistencia social solicitada en cupones de alimentos.

Según el Departamento de Salud y Servicios Humanos a la Sra. Grimmer se le negaron los cupones de alimentos desde julio (011), porque no entregó la información suficiente (sic).

Entre nosotros las vergüenzas con las que convivimos a diario son numerosas y aparece cada día algo nuevo. Fíjese usted, sin debate ni discusión nos enteramos ahora que un adefesio de mal gusto se está levantando en Castro, contrariando la singularidad arquitectural de ese lugar.

También se sabe que algunas grandes empresas pretenden expandirse por todo el país, lo cual liquidará predeciblemente la singularidad del hábitat de esos lugares y sus propios comercios.

¿Porqué nuestra elite económico-política -tan lúcida en todo esto-, no propone un plebiscito para consultarnos si queremos convertir al país en un gran supermercado (Jumbo o Líder claro está) acompañado de las correspondientes comisarías y farmacias como modelo de país en progreso y ya? Pero habría mucho más.

La represión indiscriminada al reclamo de los movimientos sociales, incluso con muertes, que quedan impunes (recordemos el caso del joven estudiante baleado en Macul). La represión a las comunidades mapuches. Al mismo tiempo, el engaño y colusión de muchos bancos y empresas.

A fines de diciembre del año pasado –noticia también poco difundida -, se fue de Chile un inversor israelí que pretendía fundar acá un nuevo polo tecnológico. ¿Por qué? Se percató rápidamente que a las 4.500 familias que controlan el país y sus amigos “no les importa nada ni nadie (los jóvenes, los pobres…), fuera de su dinero”.

Es decir, mientras sigamos teniendo un país oligarquizado, no habrá “modo”, como dicen los mexicanos. Ahora, frente a este panorama no estamos condenados a la resignación o al cinismo, más o menos ilustrado. Por eso la indignación es una actitud tan importante: va en sentido contrario de la mera costumbre y la resignación.

Son las opciones humanas las que distinguen entre lo humano y lo inhumano. Frente al “no hay alternativas” típico, siempre se puede decir: cabe optar por un sí o un no. A comienzos del nuevo siglo está en juego nada menos que el seguir siendo humanos, y la misma habitabilidad del planeta.

Sin embargo, frente a esos hechos relatados más arriba y a esta situación, no deja de sorprender la indiferencia y la insensibilidad con que la actual cultura dominante sigue funcionando en su bussines as usual.

Como bien lo expresa Riechmann, los nuestros “no son tiempos normales, sino tiempos excepcionales y lo que necesitamos no es autocomplacencia ni apología de la normalidad, sino conciencia de lo insoportable. A una práctica cultural que no olvide esto llamadla si queréis, compromiso. Compromiso con la suerte de la humanidad y con el destino de la biósfera”.

Esto es lo que necesitamos, y en esa dirección apuntan, creo, las diversas expresiones ciudadanas, tanto las del año pasado como las de este año.

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01 mar 2012

Hablemos de descentralización

Las manifestaciones de las últimas semanas en Aysén han vuelto a poner en el debate público el siempre postergado tema de la descentralización, tal como ocurrió el año pasado cuando se levantó Magallanes, o en otros momentos cuando ha habido protestas en Isla de Pascua o algún otro territorio extremo del país.

Se dice que este será el año de las regiones, que luego de Aysén viene Calama y tantas otras. Ojalá así sea y que las opiniones que leemos estos días en la prensa y las redes sociales no terminen con el fin de un movimiento particular.

Aunque la falta de voluntad política para avanzar en materia de descentralización ha sido una constante de nuestra historia republicana, centralista y portaliana, hay algunas señales auspiciosas en este nuevo movimiento, que por primera vez han puesto expresamente sobre la mesa la constatación de la desigualdad territorial, reivindicando la necesidad de tomar sus propias decisiones.

Lástima que así no lo entienda el gobierno, que no sólo vuelve a mostrarnos su escasa voluntad para dialogar con los movimientos sociales, sino que además intenta desactivar el conflicto por la vía de soluciones específicas a problemas puntuales.

Mientras Aysén y el país hablan de descentralización, el gobierno habla de subsidios y paquetes de medidas de corto plazo, no de reformas estructurales.

Insistamos entonces, en hablar de descentralización. Pero hagámoslo en serio, sin seguir esquivando el debate sobre la reforma fundamental para asegurar la gobernabilidad de un territorio tan diverso y desigual como el chileno: la elección democrática de las autoridades regionales.

Necesitamos incrementar los recursos de decisión regional, es cierto; necesitamos también traspasar más atribuciones a los gobiernos regionales, sin duda.

Así lo han entendido los últimos gobiernos con la promulgación a comienzos de 2010 de una reforma constitucional para el traspaso de competencias a los gobiernos regionales, y el envío al congreso en dos oportunidades sucesivas –una durante el anterior gobierno y una en el actual- de un proyecto de ley que modifica la Ley Orgánica Constitucional sobre Gobierno y Administración Regional en dicha dirección. Pero nos negamos a discutir e incorporar en dichos proyectos lo fundamental.

La descentralización es siempre una cuestión de poder, por lo que es, en consecuencia, una cuestión política. El modelo de institucionalidad pública regional actualmente vigente en el país radica en una misma figura –el Intendente Regional- las funciones de gobierno interior del Estado relativas a defensa y seguridad, orden público, control migratorio, prevención y atención de emergencias naturales y sociales; con las de gobierno regional relativas al desarrollo económico, social y cultural de la región.

En un Estado Unitario como el chileno el primer conjunto de funciones no parece ser delegable a una autoridad electa, pues se trata de funciones delegadas del Presidente de la República, respecto de las cuales el intendente actúa como representante del Presidente en el territorio regional.

Pero distinto es el caso de las funciones de gobierno regional, que en todo Estado descentralizado son ejercidas por una autoridad democráticamente electa. La solución a este dilema radica en separar ambos roles en dos figuras distintas: un intendente designado, representante del Presidente de la República y un presidente del Gobierno Regional electo, representante de la ciudadanía.

Las estructuras de gobierno descentralizadas sólo operan adecuadamente cuando tienen lugar procesos endógenos de desarrollo, liderados y conducidos por los actores regionales, en función de sus prioridades y proyectos de desarrollo y en respuesta a su propia identidad y proyección.

El proceso de elección de autoridades regionales debiera potenciar energías locales por formular propuestas endógenas y diferenciadas unas de otras; fortalecer las dinámicas regionales para la selección de los candidatos y con ello, presionar a los partidos políticos por tener mayor representación regional; contribuir al surgimiento de nuevos liderazgos locales; e incrementar el compromiso de los ciudadanos para con sus autoridades y las políticas públicas que ellos implementan.

Y dicho sea de paso, aumentaría también la legitimidad de dichas autoridades, con lo que por fin serían reconocidas como interlocutores válidos a la hora de negociar sobre proyectos de desarrollo territorial.

Autoridades regionales y ciudadanos podrían sentarse a un mismo lado de la mesa a negociar con el gobierno central por más recursos y atribuciones.

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01 mar 2012

Los terremotos y la endémica improvisación

Es escasa la literatura sobre sismos en Chile. En el libro “Los terremotos chilenos” de Patricio Manns, el desastre es homologado con el que asola a una colonia de hormigas.

Una columna de miles de laboriosas obreras puede ser llevada por un torrente, retorcida por la asechanza del fuego o los pisotones celestiales carentes, de sentido. Las hormigas laicas, abrazan el absurdo y las religiosas se aferran a una cruz.

Las hormigas, se caracterizan por dedicarse a una danza ciega en pos de la acumulación, tienen de su lado las jerarquías sociales, los roles bien delimitados, decretos, normas y procedimientos.

Tan seguras se encuentran de su cosmovisión que se desentienden de toda prevención ante los embates de fuerzas superiores a ellas.

¿Y si de pronto se vierte un vaso de agua sobre éstas?, pregunta Manns.

Vivimos una nueva crisis en el hormiguero el 27 de febrero de 2010 y la mala memoria fue la madre de la improvisación.

La noche del 14 de octubre de 1998, a las 22.05 hrs., un sismo de grado 6 a 7 en la escala Richter afectó a la Cuarta Región, causando siete muertes y el corte de la ruta cinco Norte en el sector de El Teniente.

El 30 de julio de 1995, un sismo de 7.5 Richter sacudió Antofagasta, conformando lo que se conoce como “terremoto hipócrita”, ése que con una réplica podría terminar con la vida de los moradores.

En la madrugada del 27 de febrero, nuestra red arrojó una intensidad de 8.3 grados Richter, cuando la referencia internacional apuntaba 8.8. Nuestra cobertura instrumental se sostiene en una red repartida en la Provincia de Arica, en Antofagasta y la denominada red Central, con 16 puntos de monitoreo.

Sin embargo, hacia el sur, escenario del mayor cataclismo en la historia universal moderna, en mayo de 1960, sólo recibe pesquisa hasta Concepción.

El Departamento de Sismología, luego de su fundación tras el sismo de 1906 en Valparaíso, fue traspasado a la Universidad de Chile, sin que se aclarare hasta hoy la dependencia económica de la institución.

En 1960, si los habitantes de Ancud hubiesen estado al tanto de que luego de un sismo de intensidad 9 Richter en la costa lo más probable es que sobrevenga un maremoto, habrían salvado sus vidas.

Arica es una ciudad que no presenta trascendentes legados arquitectónicos de viejas culturas. La razón es muy sencilla, esa ciudad es desmantelada y arrasada por un terremoto y un maremoto cada cien años.

En Arica han sido tomadas medidas de resguardo y evacuación, pero ¿servirán teniendo en consideración los menudos presupuestos regionales y la reciente confusión entre la Armada y la ONEMI tras el mega terremoto que acabamos de sufrir?

Según el doctor Maturana responsable de ONEMI por más de una década y en entrevista que le oí por radio tras ese 27 de febrero, las principales falencias fueron:

• Faltó la opinión propia de la ONEMI y no la generó cuando más se necesitaba. Grave falta de credibilidad del organismo, ahora.

• Hubo una innecesaria pendencia entre ONEMI y Armada. La NOAA de EEUU decretó, un minuto después del terremoto en Chile 8.8 Richter en la costa afuera del Maule con una alerta de maremoto.

• Para dar un alerta y no acertar hay que tener coraje político. Hay que atreverse con los datos que hay. Las autoridades políticas no recibieron información, oportuna, vigorosa y temprana.

• La tesis de la caída del sistema comunicacional no es real. Ni carabineros, ni la Armada, o bomberos sufrieron la pérdida de sus equipos de HF y la ONEMI tampoco. Ésta posee equipos electrógenos. HF sigue siendo la tecnología que usan las FFAA y los organismos de seguridad por sobre los teléfonos satelitales. Existían radios al aire y ciertos servicios celulares.

• ONEMI depende del ministerio del Interior, pero debería gozar de mayor autonomía incluso a un nivel del Banco Central. Es hoy sólo un organismo asesor de las autoridades.

Patricio Manns en ese libro previo al golpe de Estado ya manifiesta que un país, orgulloso de sus vinos o conocedor de mares, bares o poesías, tiene la obligación de ser un profundo conocedor además de los terremotos, de ésto que es tan nuestro y que causa tanta curiosidad en el mundo.

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01 mar 2012

Accidentes de tránsito, ¿un problema de normativa?

Cada vez que un accidente de tránsito con múltiple víctimas ocupa los titulares de la prensa nos acordamos de que estos incidentes son cotidianos. Entonces aparecen las voces que hablan de cambiar la normativa, de endurecer las sanciones y aumentar la fiscalización.

Sin embargo, cualquier análisis de lo que ocurre en materia de seguridad vial en Chile debe partir de la base de que estas tragedias pueden disminuir en número, pero siempre ocurrirán.

De hecho, según los datos de Carabineros y CONASET (Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito), la tasa de mortalidad por cada 10 mil vehículos en el país bajó de 11,9 en 1993 a 4,7 en 2010.

En otras palabras, hoy con mayor cantidad de vehículos circulando, proporcionalmente tenemos menor número de fallecidos. Con estas cifras debiésemos preguntarnos si la solución es cambiar toda la normativa radicalmente, o perfeccionarla y concentrarnos en el rol del Estado y de los ciudadanos para evitar que un accidente termine con la muerte de personas.

Cualquier normativa por sí misma no asegura un cambio o un mejoramiento del sistema, sino que éste se da en la medida en que esa norma se instale en la comunidad.

Para lograr esto, el Estado debe cumplir con su rol, no sólo fiscalizador que es esencial, sino que además inculcar en los ciudadanos el sentido y el propósito de los reglamentos.

Las autoridades antes de poner en jaque la regulación debiesen preguntarse por qué las campañas de prevención no están siendo efectivas.

Para aterrizar este concepto, pensemos en el caso del cinturón de seguridad, cuyo uso está normado por ley, y su incumplimiento es considerado una falta grave. Basta mirar los datos del Estudio de Caracterización de conductores, pasajeros, peatones y ciclistas de las ciudades de Curicó, Los Ángeles, Temuco y Puerto Montt 2011, para darnos cuenta de que algo se está haciendo mal.

La encuesta señala que sólo un 3,5% de los pasajeros de vehículos livianos, camionetas, taxis y taxis-colectivos utiliza esta medida de protección. Inevitablemente esto nos habla de que los resultados no son culpa de la norma, sino que las estrategias utilizadas no son las adecuadas y requieren de una reformulación.

Lo anterior cobra mayor importancia a la luz de las cifras del INE (Instituto Nacional de Estadísticas) que revelan que entre 2000 y 2010 el crecimiento del parque automotriz fue de casi un 60%. Es decir, las campañas y esfuerzos para educar a la población deben ser permanentes porque el uso de vehículos es cada vez más masivo.

Así como el Estado no debe buscar la solución del problema sólo en el cambio de la norma, los ciudadanos debemos ser responsables y hacernos cargos de nuestro autocuidado.

Tenemos la obligación de tomar las medidas para proteger nuestra vida y la de nuestra comunidad, exista o no un reglamento, sanciones o fiscalización.

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01 mar 2012

Un nuevo adefesio ilegal, ahora en Castro

En las noticias nocturnas del canal de televisión TVN del miércoles 29 de febrero vimos un interesante reportaje que se hacía sobre la construcción de un invasivo y moderno mall en la ciudad de Castro, provincia de Chiloé. En esta antigua ciudad destacan los palafitos, el mercado, y la iglesia Apóstol Santiago, declarada Monumento Nacional.

El juguetito de marras, que no tiene nada que ver con dicha ciudad, se llama “Paseo Chiloé” y sus inversionistas intentan inaugurarlo en noviembre de 2012.

El conductor del programa entrevistó al alcalde de esa tradicional ciudad y a una directora nacional del Colegio de Arquitectos de Chile y de sus respuestas quedó de manifiesto que estamos ante un nuevo hecho ilegal a consumarse si las autoridades competentes mantienen sus prácticas de no exigir a los más importantes actores del mercado inmobiliario el cumplimiento del marco regulatorio : estamos hablando de la Ley y Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones y del Plan Regulador Comunal respectivo.

El alcalde, con cierta incomodidad, reconoció en cámara que la altura de la mole y los metros cuadrados construidos excedían las autorizadas en el permiso de edificación y aseguró que, por ello, su municipio ya había cursado unas multas al Juzgado de Policía Local.

También manifestó que la construcción se está ejecutando sin que el Seremi de Transportes de esa región haya autorizado el Estudio de Impacto Sobre el Sistema de Transporte Urbano (EISTU), a pesar de que este requisito es necesario para que se otorguen los permisos de edificación de aquellos proyectos que consultan ciertas cantidades de estacionamientos.

En la edición de El Mostrador del jueves 1º de marzo se publicó un artículo sobre lo mismo, en donde se entregan mayores y contundentes informaciones, una de las cuales es la declaración pública de dos destacados arquitectos de la zona, quienes fundadamente critican esta edificación que rompe la escala y estilo de la ciudad que es la tercera más antigua de Chile. Se fundó en 1567.

Por las innumerables violaciones a la ley provocadas por el titular del proyecto, la avasallada Dirección de Obras Municipales intentó paralizar las faenas, pero la arrogante empresa constructora, desobedeciendo abiertamente esa instrucción, continúa campante haciendo lo suyo creyéndose dueña del mundo y por ello cunde la indignación en las redes sociales en donde se observan muchas fotografías de esta barbaridad arquitectónica.

Entre otras cosas, el sobrepasado alcalde Nelson Águila, argumenta “tememos que esto aumentará el colapso vial” con lo cual queda en evidencia que allá en el sur también tienen su propio Costanera Center.

Los arquitectos Edwin Rojas y Eugenio Ortúzar, los mismos que emitieron la declaración pública remataron sus dichos así : “No tiene nada que ver con la ciudad.Es un edificio internacional, un clásico mall que no tiene nada que ver el patrimonio, la arquitectura, la madera y con lo que ha sido el gran soporte urbanístico cultural. Es como un platillo volador, un misil que le cayó a la ciudad.Este no es un mall es un mal para la ciudad”.

Obviamente compartimos esta certera apreciación de profesionales que se desenvuelven en el ámbito de la arquitectura sustentable y del urbanismo, disciplina esta última que nunca le ha interesado a los políticos de nuestro país.

Desde esta tribuna le hacemos un llamado a las más altas autoridades sectoriales para que se aplique inmediatamente el artículo 148º de la Ley correspondiente que le otorga atribuciones a los alcaldes, previa petición del Director de Obras, para que decreten la demolición de toda construcción que no cumpla con las disposiciones legales.

En el evento de que el alcalde Nelson Águila sienta temor de firmar ese decreto, por las posibles consecuencias de su correcto proceder, invitamos al Seremi de Vivienda y Urbanismo que, conforme al artículo 157º de esa misma ley, ordene la paralización de las obras ilegales, con el auxilio de la fuerza pública, tal como le gusta al ministro del Interior para mantener el orden público. Y enseguida proceda a demoler todas las construcciones que contravienen el permiso de edificación y por lo tanto las normas del Plan Regulador Comunal.

Estaremos atentos al desarrollo de los hechos y veremos si las instituciones del Estado se atreven a ejercer sus atribuciones legales. Si éstas siguen mirando para el lado y muy temerosas optan por la repulsiva política del laissez faire, querrá decir que nuestro querido país ya llegó a un punto de no retorno.

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01 mar 2012

Con mucho cariño y respeto

Ha terminado el Festival de Viña 2012, y mi abuela recién comienza a recuperarse de tanto trasnochar. Afortunadamente los mayores requieren menos horas de sueño y, por lo general, no necesitan levantarse demasiado temprano.

Así las cosas, en estos días, ella sale de su cama a las 6.30 para desayunar (media hora más tarde que lo que acostumbra). Hoy la sorprendí riéndose sola mientras escribía una carta dirigida a la alcaldesa de la ciudad Jardín (doña Virginia Reginato Bozzo).

Mi abuela Carmela tiene un especial cariño por la alcaldesa Reginato. Entre otras cosas, porque comparten el día del cumpleaños (16 de Julio). Claro está que de diferente año.

“Tú sabes que antiguamente se usaba colocar como segundo o tercer nombre el del santo del día de tu nacimiento: por eso ella se llama Virginia María del Carmen, y yo Carmela”.

Abuela, ¿es cierto que la alcaldesa fue reina de la primavera?-

No sólo de la primavera. La Virginia fue varias veces reina. Me recuerdo que fue reina de la Bomba Italia, de un carnaval que organizaba la Cruz Roja y también de la Feria Internacional que organizaban los industriales. La conozco desde que era una niña, me dijo sonriendo.

Bueno. ¿Me puedes mostrar lo que le estás escribiendo y que te causa tanta alegría?

Te lo leo me dijo, y empezó con su voz clara.

Querida Cotty:

Espero estés muy bien.

Con mucho cariño y respeto, tal como dijo ese cantante García en tu Festival al leer la corta y poética carta dirigida al presidente Piñera, quisiera comentarte dos o tres temas que no puedo dejar pasar sin opinar.

He leído tus declaraciones en torno a que el canal de televisión encargado de la organización del Festival debería incluir una cláusula en los contratos de trabajo de los artistas, que establezca claramente que no pueden emitir opiniones políticas en sus presentaciones.

Me imagino que te refieres a todos los artistas involucrados, tanto los que compiten, los que son parte del show o aquéllos que cuentan chistes.

Tu idea me parece interesante y quisiera complementarla con algunos puntos que la pueden enriquecer y hacerla más efectiva aún.

En primer lugar, creo que se debe incorporar, además de la prohibición de leer cartas o hacer discursos, el interpretar canciones cuyas letras se refieran a problemáticas que puedan interpretarse como políticas o revolucionarias.

No sea cosa que uno de estos artistas le ponga música a un discurso o “carta al Presidente” y la cante (burlando así el espíritu del contrato de trabajo). De ser posible, en el caso de la competencia, hacer énfasis en las canciones de amor (con finales felices).

En segundo lugar debes indicar, a quien corresponda, que en el caso de los humoristas se debe ser más estricto aún. Resulta muy fácil hacer reír con chistes intencionadamente políticos (te sugiero que agregues un capítulo especial sobre imitaciones, no sea cosa que te contraten a ese imitador que se disfraza de hermano de Presidente y te haga pasar un mal rato).

Además, y sólo con el propósito de prevenir, debes sugerir que se incorporen también estas cláusulas en los contratos de los animadores, la orquesta festival, los jurados y las chiquillas que entregan los premios.

Por último, creo que tu idea debes enviarla a Palacio, ya que, en mi opinión, sería muy bien considerada por el señor presidente Sebastián Piñera. Mucho me temo que en lo que resta de su mandato, será cada vez más común que artistas, funcionarios y hasta ciudadanos comunes se sientan con el derecho de mandarle recados, escribirle cartas, o usar cualquier oportunidad, escenario o audiencia, para quejarse o manifestar alguna molestia con él o con su gobierno (últimamente todas las opiniones políticas tienden a ser quejas).

En este sentido, creo que puede ser razonable que le propongas que incluya en los contratos de trabajo de quienes tienen algún vínculo con el Estado y que, en consecuencia, están bajo su tuición, cláusulas similares; es decir, que les impidan hacer declaraciones o emitir opiniones en espacios públicos que puedan ser consideradas “políticas” (de hecho, si de mí dependiera, agregaría que no pueden -durante los próximos dos años- ni protestar ni hacer huelgas).

No sé si se considerará un exceso, pero propone también hacerles contratos a los estudiantes de colegios públicos y particulares subvencionados (son como el 92% del total), a los universitarios que reciben becas o crédito, a los que estudian en institutos o universidades que reciben aporte del Estado. Todos con contratos que les impidan hacer declaraciones políticas.

Debes, eso sí, hacer ver que con esto se corre un riesgo importante: las opiniones políticas a favor del Presidente y su gobierno también estarán prohibidas (de no ser así, se arriesga a una acusación al Tribunal Constitucional).

Querida Cotty. Por último, quiero decirte que me gustaron mucho los artistas que vinieron al Festival y que agradezco la gentil invitación que me hiciste llegar y que no pude aceptar dada mi avanzada edad. Claro que para el próximo año tal vez me atreva a sentarme de nuevo entre el público.

Con el afecto de siempre, Carmela.

Abuela. Pienso que tu amiga alcaldesa se puede molestar con esta carta. No lo creo, dijo. Además yo siempre voto por ella. Tú sabes que estoy inscrita en Viña del Mar.

Normalmente no sé si mi abuela habla en serio o está bromeando. Es admirable su sentido del humor a la edad que tiene.

Chao abuela, que tengas buen día. Cuídate.

Un minuto me dijo. Tengo una duda: ¿todos los trabajadores tienen que tener un contrato de trabajo?

Abuela creo que así debe ser. Me parece que todos los trabajadores deben tener contrato.

¿Y quién firma el contrato de trabajo?

Bueno, creo que lo firma el trabajador y el empleador o su representante.

Se quedó pensativa unos segundos y luego me dijo: qué curioso debe ser el contrato de trabajo del presidente Piñera: el empleador del Presidente somos todos los chilenos.

Claro que no podemos firmar todos los ciudadanos y debemos ser representados por quien hemos elegido para aquello. Es decir, querido nieto que el contrato de trabajo del Presidente debe estar firmado por él como “trabajador” y por él como “representante” del empleador que somos todos los ciudadanos. ¡Porque estarás consciente que el Presidente trabaja para nosotros!

Abuela, no lo había pensado así.

Bueno me dijo. En este caso, además de que parece que hay un “conflicto de interés”, me asalta la duda de si será conveniente incorporar cláusulas que le impidan hacer cierto tipo de declaraciones.

Abuela, me tengo que ir. Se ha hecho muy tarde.

Bueno. Cuídate mucho.

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01 mar 2012

Segundo tiempo: mal comienzo

En 20 días hemos avanzado más que otros en 20 años, la frase del Presidente Piñera se ha transformado en una verdadera sentencia que lo persigue y lo acosa en su anodino gobierno. Claramente se volvió a empezar mal en lo que ellos han definido en innumerables oportunidades como “el segundo tiempo”.

En este caso hoy tenemos al gobierno con varios conflictos en ciernes que están transformando al país en una verdadera caldera social de no ser por un pronto y diligente manejo de las autoridades, capacidades que hasta el momento siguen en entredicho.

A esta altura, se suman a la impericia que han demostrado muchas autoridades nacionales y regionales la negligencia y contumacia con la que actúan algunos a la hora de relacionarse con los actores sociales.

Lo que hemos visto en Aysén es una clara demostración de aquello. Las dudas en el manejo del conflicto – nuevamente mal dirigidas por el ministro de Interior – hace que los ciudadanos y ciudadanas no depongan sus movilizaciones y por el contrario sientan la desconfianza hacia el gobierno y perciban un cierto descontrol en el Ejecutivo.

A eso se sumó el ataque que sufrió la comunidad de Aysén, por parte del ministro de Economía, al calificar como un espectáculo las movilizaciones que se desarrollan o señalar que estas acciones eran coordinadas desde Santiago, (El centralismo se lo come al ministro de Economía).

Los ciudadanos de Aysén enviaron un petitorio regionalista, en temas y áreas muy concretos. Aquí deberemos ver si el gobierno está dispuesto a cambiar la relación que existe con las regiones, con los cambios constitucionales que se requieren y es capaz de crear un protocolo que apoye a los ciudadanos que viven en las zonas extremas.

De lo contrario el resto de las regiones seguirá el camino que ya inició Magallanes hace un año y hoy lo continúa Aysén.

En materia de reconstrucción la situación no es distinta, las cifras que se entregaron pretendían tapar lo que se prometió y no se hizo.

Sin embargo, aquí hay una sola opinión: la reconstrucción ha sido más lenta de lo que se anunció, esto incluso ha sido reconocido por los propios parlamentarios de gobierno.

Las razones pueden ser muchas, pero no se ha visto que el Gobierno de Piñera haya realizado una buena gestión en esta materia, hace tiempo planteamos que se podía constituir una Agencia de Reconstrucción o generar una institucionalidad sólo para este tema, pero nada se hizo. Por el contrario se delegó la función en ministros que ya están suficientemente sobrepasados por el trabajo diario que debían realizar.

Eso provocó que la gira presidencial no pase por los lugares más destruidos y tal cual lo dicen los alcaldes, en muchas comunas la reconstrucción no ha llegado.

Podríamos pasarnos semanas discutiendo sobre las cifras presentadas por el gobierno, pero lo único real es que miles de chilenos y sus familias volverán a pasar un tercer invierno en campamentos o “aldeas” como eufemísticamente las ha llamado el Ejecutivo.

Como si eso significara algo en medio del montaje comunicacional sobre las responsabilidades que pretendió instalar el gobierno. Para aquellos que viven en “Aldeas” el único responsable es el Gobierno que no ha podido llegar con una solución dos años después de la tragedia.

Por último, tenemos un conflicto que crece de manera silenciosa y el gobierno está consciente que así es. La nueva Ley de Pesca.

Este cuerpo legal, que ya ingresó, es rechazado por la gran mayoría de las organizaciones de pescadores artesanales por que los afecta negativamente una vez más. Es mejor que se retire el proyecto presentado por el ministerio de Economía y se discuta nuevamente y se redacte con señales claras hacia los artesanales y no que favorezcan a los grandes industriales de la pesca, que durante años han obtenido ganancias a costa del empobrecimiento de los trabajadores de las caletas de pescadores.

Este no será un año fácil para el gobierno y mucho más difícil se hacen los entendimientos cuando uno ve que la orden desde La Moneda es distraer la atención de la gente mediante los ataques personales como todos han observado en estos días; esperemos que puedan recapacitar y anteponer el bien de la ciudadanía.

Esperemos que la estrategia electoral que comienza a levantar La Moneda no consista en provocar enfrentamientos con la oposición para esconder lo que no pudo cumplir con lo que había prometido.

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01 mar 2012

Reconstrucción y responsabilidades

Represento ante el Congreso Nacional a la Región de O’Higgins, la cual fue duramente golpeada por el terremoto del 27/2. Como Senador he sido presidente de la Comisión de Vivienda y por ende conozco las cifras oficiales. De las más de 16.000 viviendas declaradas inhabitables en la región, a la fecha no son mucho más de 2.000 viviendas nuevas que se han entregadas durante los últimos dos años. Y no todas ellas han sido para damnificados por el terremoto.

El que quede mucho por hacer no significa que no se haya trabajado y mucho. Pero cuando se politiza un desastre, y se generan expectativas desmedidas y peor aun cuando se es incapaz de ser autocritico, se causan dolorosas frustraciones.

Chile ha conocido desde siempre los terremotos y sabe que son impredecibles y que su furia es capaz de destruir tanto lo viejo como lo nuevo. El 27 de Febrero del 2010 no fue distinto.

Considerando la magnitud del terremoto es posible afirmar que Chile resistió bastante bien este cataclismo, debido en parte al avance en sus estándares antisísmicos, así como, por la calidad de los profesionales que se desempeñan en el área de la construcción.

Pero a pesar de los importantes logros de los últimos 20 años, en el ámbito económico y social, siguen existiendo carencias ostensibles como quedó demostrado en el deficiente funcionamiento de los sistemas de alertas frente a una emergencia.

Los organismos llamados a prevenir, informar y coordinar, como el SHOA y su coordinación con la ONEMI, simplemente no funcionaron como se esperaba. La última palabra la dirá la justicia, pero esa fatídica noche la información entregada a la autoridad administrativa fue errónea.

Pero una cosa son aclarar las responsabilidades institucionales y técnicas y otra muy distinta es tratar en forma majadera de asignar responsabilidades políticas frente a un desastre natural. Personeros de Gobierno, como el ministro Allamand y Golborne, incluso el Presidente, han pretendido enlodar la figura de la ex Presidenta Bachelet, insinuando que tiene que dar cuenta de lo sucedido. Tal pretensión constituye un aprovechamiento político mezquino de esta tragedia.

La ex Presidenta Bachelet, la noche del 27 F y días posteriores, asumió su responsabilidad y actuó en base a la información que los organismos respectivos le entregaron, y desplegó las iniciativas posibles, definiendo los criterios, movilizando las instituciones adecuadas y convocando a la unidad nacional para hacer frente a la tragedia.

Por ello, reitero que no corresponde politizar ni responsabilizar políticamente a nadie del terremoto.

Hoy al cumplirse el segundo aniversario del terremoto y tsunami lo natural es evaluar el proceso de reconstrucción y no desgastarse en endosar responsabilidades políticas inexistentes, como una forma de eludir las críticas que desde las víctimas surgen al proceso reconstructivo. Proceso de reconstrucción que es enteramente responsabilidad en cuanto a su planificación y conducción del actual gobierno.

Cuando el Gobierno de Piñera solicitó al Congreso Nacional los recursos para enfrentar la tarea de la reconstrucción, la oposición estuvo dispuesta a aprobar lo que se solicitaba, incluso más. Nunca hubo una actitud obstruccionista, frente a una tarea que entendíamos como una responsabilidad del Estado y no solo del gobierno de turno.

Hubo desencuentros en la forma de cómo organizar la reconstrucción, siendo la oposición partidaria de la creación de una Agencia Autónoma para la Reconstrucción, frente a la que fue finalmente la opción del Gobierno de externalizar determinadas funciones y establecer convenios con las grandes empresas del retail, distribuidoras de materiales de construcción, y constructoras privadas para ejecutar las tareas que demanda la reconstrucción.

Una vez comenzado el proceso de reconstrucción, el Gobierno nuevamente erró el camino dando a entender equívocamente que el camino de la recuperación sería muy rápido.

Montó una campaña comunicacional en ese sentido, afirmando que los damnificados no pasarían más de un invierno en medias aguas, campamentos (ahora llamados aldeas). Esa ha sido una actitud imprudente que finalmente ha llevado al debate actual sobre las cifras de la reconstrucción.

En el ámbito de vivienda, el gobierno ofreció soluciones habitacionales para todos los damnificados que cumplieran dos requisitos básicos, contar con el certificado de ser damnificado y ser propietario, arrendatario o allegado de una vivienda que el municipio respectivo haya declarado inhabitable.

Pero en la práctica no fue tan simple, no todos los damnificados eran beneficiarios, sino que habían otras condiciones distintas a las expresadas en los anuncios iniciales, fichas de protección especiales para los allegados o que el grupo familiar fuera de más de siete personas, entre otras.

Respecto a los subsidios, también han existido situaciones poco transparentes. El gobierno y en particular el ministro de Vivienda saben que no es lo mismo un subsidio asignado, que una casa entregada, y que tampoco es igual un subsidio de reparación que un subsidio para compra de materiales para arreglar un techo, o un subsidio para financiar la construcción completa de una vivienda nueva.

En último término, lo que la gente quiere es tener la llave de su casa para comenzar a recuperar su hogar, tan simple como eso.

Pero nuevamente constatamos que comunicacionalmente el gobierno manipula la información, en este caso específico, no se explican esas diferencias y se habla genéricamente de entrega de subsidios.

En este segundo aniversario del terremoto, el Gobierno ha impulsado una ofensiva publicitaria que justifique de alguna manera su metodología de reconstrucción, y que reafirme que los logros son exitosos. Sin embargo, hay evaluaciones diferentes.

Según el Observatorio de la Reconstrucción de la Universidad de Chile las cifras son muy distintas a las del gobierno, las cuales indican que el proceso de reconstrucción lleva un avance del 47 % en la reconstrucción de las viviendas.

El Observatorio señala que la medición de la reconstrucción debe hacerse según la cantidad de viviendas entregadas, por lo que el avance sería solo del 10%, ya que mediante subsidios, los damnificados han podido comprar 12.248 casas (10.463 nuevas y 1.785 usadas), de un total de 110.000 viviendas que resultaron destruidas.

Como vemos las situaciones artificiosas usadas por el Gobierno son las que desde el principio generaron expectativas abusivas respecto a los ritmos de la reconstrucción y hoy nos enfrentan en una disputa de datos y resultados.

Por eso estimamos de las más alta importancia la iniciativa de la Asociación Chilena de Organismo no Gubernamentales ACCION en cuanto a convocar a una Consulta Nacional sobre la Reconstrucción, dado que frente a la disparidad de opiniones y cifras que entrega el gobierno y la oposición, hace mucha falta consultar la tercera opinión, que es la opinión de la ciudadanía y de los afectados por el terremoto.

Reitero lo expresado hace algunos días, lo que Chile espera es que sumemos todos los esfuerzos, todas las voluntades y todos los recursos, para levantar al país, reparar lo dañado, reconstruir lo perdido en un tiempo prudente, para sí aliviar y auxiliar a las familias que perdieron bienes y seres queridos, actuando con generosidad, solo así contribuiremos a sanar el alma de Chile de las heridas que este cataclismo nos dejó.

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