01 mar 2012

Desigualdad… y descortesía

Escribo este título no sin una cierta comezón, claramente podría el lector pensar que se trata de pudibundeces estilo “Conciencia de valores” o algo por el estilo, pero no, como siempre, se trata de lo que podríamos denominar crítica cultural de la vida cotidiana, analizar con ojo blindado sus símbolos, historias y disfraces.

Al continuo y constante ejercicio de la desigualdad, como hemos visto, una de nuestras especialidades, es perpetrar, con cada vez mayor frecuencia, un tipo de agresividad sorprendentemente impune y casi secreta. Si usted es víctima de ello, nadie hará nada por usted, no hay SERNAC que lo defienda, ni ministro, diputado o senador que finja hacerlo, ni siquiera figura en el código civil o en la pauta de los matinales: la descortesía.

Entiendo que la palabra cortesía pueda provocar bostezos al desprejuiciado lector posmoderno, le suene a venerable club de caballeros ingleses o si puso atención en la clase de historia, a las cortes intrigantes medievales llenas de envenenadores y banquetes pantagruélicos, pero basta que el mozo de un restaurant prácticamente le arroje la carta en la cara al lector posmoderno, la vendedora de la multitienda no aparezca ni por asomo para atenderlo o lo empujen sujetos malhumorados en el vagón del metro y entonces, creo que el tema no va a serle indiferente.

En un alarde inexplicable de publicidad que raya en el autobombo más vergonzoso nos gusta llamarnos, precisamente, “los ingleses de América”, bajo el arranque chauvinista, tipo brindis de sobremesa en una hacienda de Colchagua, de que somos mejores que el resto del continente.

Nuestra mesura, decimos, nuestra flema y autocontrol nos distingue del “bananero” exceso de nuestros vecinos. Fanáticos del remedo y los lugares comunes, creemos imitar con éxito a los anglosajones y los exquisitos modales de las señoras a la hora del té.

Sin embargo, la cortesía es realmente uno de los hijos ilustres de la educación, supone el respeto por el otro, la coexistencia pacífica y racional entre individuos, ella nació, efectivamente, en los tiempos medievales como un código de conducta que impedía que dos tipos se degollaran a la menor provocación.

Cortesía es constatar que el otro es tan digno como yo de compartir un espacio común y ennoblece universalmente a quienes hacen uso de ella. Nuestra zambullida en el siglo XXI con toda la revolución tecnológica de que, otra vez, hacemos alarde, consigna el paradójico, y peligroso, retroceso de la cortesía entre nosotros. Ante nuestros ojos competitivos y apresurados, que vindican la desigualdad como hecho consumado, respetar al otro parece no tener importancia.

Puedo dar fe de este síndrome: mi hija cumplía años, mi mujer y yo la llevamos a un café cerca de nuestro domicilio, en un conocido mall.

Entramos a un lugar con nombre y decoración mediterráneas y nos aprestábamos a una tarde amigable de pasteles, chocolate y regaloneo. A diferencia de otras veces, el local estaba lleno, y, sin embargo, había una cantidad apreciable de mozos. Durante largos y tediosos minutos esperamos en vano la carta, o, al menos un “buenas tardes”, que es gratis y no duele, los mozos, enfurruñados, circulaban a nuestro alrededor, ignorándonos.

Ningún rostro amable, ningún “los atiendo de inmediato”, sólo indiferencia. Una pareja junto a nosotros se paró molesta y se fue. Esperamos, los mozos seguían absortos en algo en la lejanía. Nadie se aproximó. De pronto llegó otra pareja en el extremo del salón. Corrieron dos de los tipos a atenderlos.

Mi hija, de tan pocos años, comenzó a degustar los sinsabores del desastroso desprecio por el cliente que existe como norma en este país. Engañado por sus ínfulas, el chileno cree que el desprecio del otro es igual en todos lados.

He tenido la suerte de comer en restaurantes y cafés en el extranjero, amistades de otros países asimismo ponderan el mismo fenómeno, lo constato en los programas de gastronomía que difunde el cable de vez en cuando.

En otros lados, en otras culturas que el chileno del brindis dice admirar, la cortesía en la atención, la preocupación por satisfacer al cliente es una norma casi más importante que la calidad del plato o lo atractivo de la decoración. No es genuflexión o humillación, no, es sentido común. Un cliente bien tratado volverá gustoso en una próxima oportunidad. Eso es servicio de calidad ¿Creerán estos mozos somnolientos y derechamente groseros que se le llama solo “servicio” a los cubiertos?

Alentados, azuzados o amenazados por el vocerío neoliberal, todos quienes hemos hecho de clientes alguna vez, consumimos como ellos esperan, siendo, a cambio, insultados, o despreciados tanto por sus abusivas prácticas y políticas comerciales como por el vejatorio trato del que hacen uso los dependientes, caras hartas de largas horas de trabajo, mal calificadas -porque capacitar sale caro y capaz que estos rotos me formen un sindicato después- que ponen al frente como exhaustos peones los verdaderos profitadores que exhiben sus ganancias y los bajo sueldos de sus esclavos por igual.

¿Pero es culpa del cliente? Only in Chile, el cliente es castigado por ser fiel. Vea cómo lo caricaturizan en la clasista publicidad en actual rotación, vea los precios cuya alza le esgrimen sin explicación, vea cómo lo tratan a usted cuando entra en contacto con un vendedor. Vea cómo le reprograman la deuda cuando usted está durmiendo. Vea cómo usted, para este sistema, no importa.

En lugar de hacer causa común con el cliente estafado por colusiones y precios exorbitantes, el dependiente o el mozo desafortunadamente, descarga su frustración en quién financia la pirámide.

Sé que muchas veces los clientes maltratan deliberadamente a su vez a los vendedores. Comparto la sensación de injusticia de un sistema que valora con descaro la opresión del trabajador, pero no admito, como compensación, que se me maltrate sólo por estar del otro lado del mostrador o esperando en una mesa por un tiempo excesivo.

El resultado es más que evidente, la desigualdad general ha parido un nuevo monstruo, la descortesía, pura y dura, en todo tiempo y todo lugar, contra mujeres, adultos mayores, niños, pobres y ricos, quien sea que se cruce en el neurótico camino de quien tuvo un mal día que se atenga a las consecuencias, poco importa a quien cínicamente llamamos “el prójimo”.

Así que, enfrentarse a un vendedor de celulares que te mira como a un insecto super desarrollado, a una tipa que cuando entras a su tienda “cuico-progre” te atiende con cara de “¿crees que te alcanza el sueldo para comprar aquí, lindo?”, esos mozos que arrastran bandejas como quien lleva una bomba en un avión a la hora del happy hour, a quien ingresa al metro ya atestado y te empuja hacia adentro sin el menor asomo de culpa parece hoy por hoy una experiencia digna de los deportes extremos.

Ni hablar de pedir información, solicitar aclaraciones o exigir derechos. Nunca nadie sabe nada, el bostezo o la actitud de “¿sigue aquí?” de un vendedor de mall, (si es que aparece), es lo único que obtiene quien desee ejercer sus derechos de consumidor.

Peor aún, expresiones como “por favor”, “gracias”, “disculpe” y “permiso” parecen ser vocablos demasiado difíciles para nuestros compatriotas, más bien, corren hacia la extinción; algún extraño malaware en el cerebro hace creer al chileno de que estas palabras, fáciles y breves en español, lo humillan ante los demás.

Mientras, los mentores del modelo y sus férreos defensores políticos, de todos los colores, miran para otro lado más apacible y ventajoso y el irrespeto y la discriminación ya parecen fatalmente enquistados entre nosotros. Como en las novelas del Marqués de Sade, el consumidor valida el sistema y a cambio es castigado.

¿En qué sentido macabro entiende el todopoderoso mercado chileno la “fidelización” del cliente?

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29 feb 2012

Piñera cumple

Han pasado dos años del 27F. Intensos minutos y sus posteriores consecuencias que marcaron a los chilenos.Aún está fresco en la memoria de cada uno de nosotros lo vivido, las historias personales, de nuestros familiares, amigos y conocidos que se cruzan todas en un hecho común.

Momento de recogimiento, de recuerdos, y que deja, además, muchas lecciones y también varios análisis.

Primero, por las responsabilidades del gobierno de la época de no solamente no contar con una Onemi preparada sino que por la incapacidad de manejar la crisis posterior al terremoto.

También porque a dos años de este evento y que coincide con la mitad del periodo de gobierno del Presidente Piñera los análisis de reconstrucción muestran claramente un avance objetivo contundente.

Luego de dos años, el avance de la reconstrucción es más de dos tercios (68%), mostrando impresionantes registros en infraestructura, conectividad y en la red hospitalaria.

A estas alturas el balance es positivo, reconociendo, evidentemente, que queda mucho por delante y que la reconstrucción es prioridad nacional, tanto del gobierno como de todos los chilenos.

A dos años de un terremoto de la magnitud del que nos azotó, que afectó a 13 millones de chilenos, en que las pérdidas superan los 30 mil millones de dólares (15% del PIB anual), donde lamentablemente más de 500 compatriotas perdieron la vida y 25 aún permanecen desaparecidos, recordamos la importancia de tomar la tarea de reconstrucción con rigurosidad, premura y por sobre todo unidad.

El avance en reconstrucción es innegable a pesar de las críticas de la oposición, las que no sólo parecen ser poco rigurosas sino que a estas alturas una constante al tratar de enlodar todos los avances del gobierno.

Es, además, un descaro tremendo de la Concertación el tratar de minimizar los avances que ha logrado el gobierno del Presidente Piñera, cuando ellos fueron incapaces de hacerlo cuando tuvieron oportunidad.

Está bien criticar, está bien como rol de la oposición el fiscalizar, pero muy diferente es tratar de confundir a la gente con el egoísmo de sólo obtener dividendos políticos. Se requiere rigurosidad y que la política esté a la altura.

Finalmente, es imposible dejar pasar el hecho de que, con reconstrucción como prioridad en paralelo, el Presidente Piñera ha sabido cumplir todos los compromisos del programa de gobierno.

No es casualidad que el país esté creciendo por sobre el promedio mundial a más de un 6%, ni que a dos años de gobierno se hayan creado más de 600 mil nuevos empleos y que la tasa de desempleo vaya en descenso.

No es casualidad tampoco que se haya hecho realidad la eliminación del descuento del 7% de salud para los pensionados, ni tampoco el Bono Bodas de Oro, ni el Postnatal de 6 meses.

No es casualidad que el proyecto del Ingreso Ético Familiar esté en el Congreso y que esté ayudando en su primera etapa a más de 140 mil familias a salir de la extrema pobreza.

No es casualidad los avances en democracia que se han logrado con la inscripción automática y el voto voluntario al incorporar a más de 4 millones de personas al padrón electoral. La creación del Sernac financiero para la protección del consumidor tampoco es casualidad.

No es casualidad que este país esté avanzando hacia el desarrollo.

No es casualidad. Piñera cumple.

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29 feb 2012

Legitimidad y reformas políticas

La crisis actual de la política es triple, de representación, de participación y de legitimidad.

La clase política ha puesto en marcha un conjunto de reformas económicas y políticas que tienen como objetivo ajustar la relación permanente entre política y sociedad y de ese modo, superar la coyuntura de malestar que se ha instalado en el Chile de hoy.

Una sensación de malestar y descontento recorre al país y al mundo. Este hecho, es el resultado de un conjunto de situaciones que han generado las condiciones para la actual coyuntura.

Empleos precarios, abusos del capital, explotación indiscriminada de los recursos naturales, contaminación ambiental, financierización de la economía, ingresos desiguales, alza de los precios, sobreendeudamiento, etc. son algunas de las situaciones que han conducido hacia el actual escenario.

Los Estados y los políticos se han visto sobrepasados por estos hechos. Se han mostrado incapaces de responder a las demandas que surgen desde todos los rincones de la sociedad. Y ello, ha generado una crisis de legitimidad y de credibilidad con la política. Los signos de esta situación se encuentran en la calle –vida cotidiana-, en las encuestas y en la baja participación política.

Entre las causas de los bajos niveles de legitimidad se encuentra el hecho de que la economía, el mercado y los economistas han reemplazado a la política, al Estado y a los políticos en sus labores tradicionales de control, planificación y negociación social.

Las grandes decisiones colectivas se han trasladado desde los partidos y las instituciones hacia las empresas y sus influencias. Se ha pasado del “Estado protector” hacia el “Estado subsidiario”. Lo colectivo ha sido doblegado por el individualismo.

En ese escenario, la política es cada día menos influyente y sus liderazgos más ineficientes.

Ante tanta demanda y necesidades de protección los ciudadanos se sienten impotentes, desamparados y desilusionados, frente, a quienes son los llamados a resolver sus problemáticas y diseñar un mundo distinto. Sucede, que ellos ya no tienen el poder y los recursos que tuvieron en épocas pasadas.

¿Cómo reconocemos la baja legitimidad? La calle cuando se refiere a los políticos usa frases y adjetivos negativos; entre ellos, se escucha de manera recurrente que son “apitutados”, “ladrones”, “que se arreglan los bigotes”, “que sólo se interesan por ellos”, “que no hacen nada” y “que se llenan los bolsillos de plata”. Por su parte, la participación política va a la baja.

Finalmente, están las encuestas que muestran mes a mes como los niveles de legitimidad y credibilidad bajan y se estancan. Las posibilidades de alza no se ven a corto plazo. Este hecho, no es nuevo ni coyuntural. Al contrario, es una tendencia que se viene manifestando, por lo menos, hace una década. Y ello, en Chile y el mundo.

Las cifras de la encuesta Adimark muestran los bajos niveles de aprobación-desaprobación de la Concertación, la Alianza, el Congreso, el Gobierno y el Presidente. Y del mismo modo, los datos de identificación política y de algunos atributos presidenciales.

Los datos de las encuestas van generando mes a mes preocupación en la élite política del país. Las cifras generan preocupación por el hecho de que se trata de tendencias, ya no son resultados aislados.

El problema político es que ellas se consolidan en un escenario de intensas movilizaciones sociales que encuentran en mayo del 2011 sus primeras manifestaciones. Justo, en un momento en que la Concertación obtiene un histórico 65% de desaprobación y sólo un 23% de aprobación. Sin embargo, la actual oposición ya conocía similares cifras de aprobación. Para la derecha tampoco se trata de resultados desconocidos.

Desde esa fecha el nivel de aprobación-desaprobación de ambas coaliciones es a la baja. Lo peor estaba por venir. Los resultados de octubre del 2011 vuelven a causar alarma.

En efecto, la Concertación llega al 14% de aprobación y al 73% en la desaprobación. Se trata, de las cifras más bajas desde su historia. En enero del 2012, la aprobación llega al 20% y la desaprobación al 69%. Por su parte, la Alianza se encuentra en una fase en que sus cifras de aprobación-desaprobación son mejores que lo que conocieron en el ciclo 2006-2009.

El promedio histórico de aprobación de la Concertación y de la Alianza entre el 2006 y el 2011 –en seis años- es del 24,5% y el 27,5% respectivamente. La desaprobación llega al 56,5% y el 52,4% respectivamente. Gana la Alianza. Sin embargo, hay que destacar que el alza de la derecha ocurre desde el último trimestre del 2009.

De hecho, el promedio de aprobación en la Alianza entre el 2006 y el 2009 llega al 23% y en la desaprobación al 54%. En las Concertación esas cifras llegan al 24% y al 55% respectivamente.

Son cifras, sin duda, que dan cuenta de la crisis de legitimidad que hemos identificado. Si a ello, agregamos los niveles de aprobación-desaprobación del Congreso el escenario de baja legitimidad se va consolidando.

Así, la aprobación promedio del parlamento en el ciclo 2009-2011 llega para los Diputados al 26% y al 30% para el Senado. La desaprobación llega respectivamente al 58% y 53%. Son cifras, no muy distintas a las que muestran los dos grandes bloques políticos. En enero del 2012, la aprobación en los Diputados llega al 22% y en el Senado al 25%. A su vez, la desaprobación llega al 62% y al 60% respectivamente.

Hay otras cifras que siguen dando cuenta de la crisis de legitimidad. En esa dirección, la identificación política con ambas coaliciones llega en promedio al 26,6% entre el 2006 y el 2011. Los ciudadanos se identifican políticamente pero, cada vez creen menos en ella.

Finalmente, lo que ocurre con el Presidente y su gobierno es otro signo de la crisis.En efecto, la aprobación de Piñera en promedio -2010/2011- llega al 43,6%; considerando, una baja entre un año y otro del 52,2% al 35%. A su vez, la desaprobación sube del 32,6% al 57,1%; el promedio del ciclo llega al 45%. Por su parte, la aprobación del gobierno cae del 55% al 35% y la desaprobación sube del 32% al 58%.

Hay otros indicadores que dan cuenta de la baja legitimidad. En esa dirección, la credibilidad del Presidente no supera el 50% para el ciclo 2010-11. En efecto, para el 52,1% el Presidente es “nada o poco” creíble. Del mismo modo, para el 50% el Presidente genera “poco o nada” de confianza.

¿Cómo revertir este aspecto de la crisis actual de la política? La apuesta ya la hicieron: reformas políticas, reforma tributaria y equilibrar la relación capital-consumidores.

Sin embargo, ¿serán suficientes para re-encantar a los ciudadanos? y con ello, re-legitimar el modelo de desarrollo y asegurar la gobernabilidad de corto, mediano y largo plazo.

¿Y cómo podrán lograr sus objetivos de “re-encantamiento” si el poder va seguir al lado de la economía y del capital? ¿Y a su vez, el Estado seguirá prisionero del dogma de la subsidiariedad, de la ortodoxia liberal y de la “razón técnico-instrumental”?

Ha llegado la hora de la política y de los ciudadanos.

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29 feb 2012

Angelina…algo más que un cuerpo

Las redes sociales estallaron a poco de comenzar la ceremonia de la entrega de los Oscar.

Una pierna de mujer, la izquierda para ser preciso, fue suficiente para que se montara un circo mediático de proporciones. La protagonista y el escenario donde se captaron las imágenes contribuyeron al revuelo. Una estrella de cine deseada, su vestido negro que marcaba un cuerpo en apariencia frágil, una alfombra roja y la noche en que Hollywood congrega a lo más radiante del llamado séptimo arte.

Ni la estatua de la Libertad como tampoco el cuadro La última Cena se libraron de los montajes que se difundieron posteriormente en las redes sociales por obra y gracia de esa pierna furtiva.

A esta hora lo vivido en la gran fiesta del cine ya es historia. Y esa pierna juguetona que posó libre de complejos para las cámaras es una anécdota sin más.

Lo que probablemente no saben aún los amantes del glamour, de la farándula y de los comentarios que se hacen de los personajes de actualidad es que Angelina Jolie, la actriz que obsequió parte de su anatomía a la imaginación de sus seguidores la noche de los Oscar es mucho más que una cara bonita, un cuerpo casi perfecto y la inseparable compañera de un actor también guapo

En los cines de Europa se estrena por estas fechas la película En tierra de sangre y miel y que narra con toda su crudeza la guerra librada en la antigua Yugoslavia. Angelina Jolie es la directora y guionista de esta cinta que asombra mas allá de su acertada factura cinematográfica.Se trata de un retrato duro, cruel y certero de una guerra en la que las mujeres fueron víctimas de vejaciones por la soldadesca envilecida por el odio.

En las imágenes, en los diálogos, en los hechos mismos que se narran, todo resulta veraz.

Nada comparable a lo que nos tienen acostumbrado los estudios de Hollywood a la hora de hacer versiones de conflictos que han marcado una época.

Para empezar, la película está interpretada por actores desconocidos que hablan en bosnio y que se mueven por lugares perfectamente reconocibles de los Balcanes.

Los críticos no salen de su asombro. Conocían a la actriz y ahora directora por su participación en campañas solidarias con el Tercer Mundo pero no sus cualidades para penetrar sin titubeos en un tema como la guerra librada hasta hace unos años en Europa y en la que se mezclan política, religión y racismo.

Angelina Jolie narra hechos que las víctimas de la guerra no olvidan. Los campos de concentración, las ejecuciones masivas, los prostíbulos donde se ultrajaba a las prisioneras hasta morir y situaciones que son un destello de humanidad entre tanta miseria.

Lo que no pasan por altos los críticos es que la directora toma partido sin temor en la historia que nos cuenta. Su compromiso la convierte en una realizadora valiente que seguro le granjeará enemigos, pero a su vez la convierte en una digna representante del cine de autor.

Si hay suerte, hasta es probable que en Chile tengan oportunidad de ver esta película y, de paso, constatar que Angelina Jolie es mucho más que una pierna desnuda sobre una alfombra roja.

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29 feb 2012

Aysén: desigualdad territorial y palos de ciego

Seguimos movidos en cuanto a demandas sociales en estos días. Aysén se moviliza en el extremo sur de nuestro país exigiendo descentralización, a un país tremendamente centralista, donde parece que todo pasa en Santiago.

El estallido de Aysén nos recuerda lo que vivimos anteriormente en Magallanes, Isla de Pascua, Calama y otras ciudades, donde los habitantes de estos territorios se movilizaron exigiendo mayor compromiso del gobierno central por sus problemáticas, develando la enorme desigualdad territorial existente en Chile y la falta casi absoluta de descentralización.

La situación de Aysén nos refleja otra característica de las desigualdades que vivimos en Chile, la desigualdad territorial.

Mientras existen pocas comunas con significativos avances urbanos, de salud, vivienda, educación, etc. acercándose a un estándar del primer mundo, hay otras muchas que viven igual que hace 40 años y allí efectivamente no se visualiza aquello de los 17.000 dólares per cápita que nuestro país ha alcanzado.

Son territorios que se sienten abandonados, cuyas reivindicaciones no son nuevas, sino que se han venido repitiendo en cada una de las campañas presidenciales que se han desarrollado y que nunca han sido asumidas de manera integral.

Es una negación de los otros territorios, de los otros habitantes de nuestro país con sus demandas específicas y las desigualdades territoriales que tenemos, lo que hoy ha estallado y seguirá estallando. Se cansaron de ser inexistentes para el resto, para Santiago, para quienes toman las decisiones y deciden por los recursos.

Por su parte el gobierno ha reaccionado frente al movimiento de un modo preocupante, que ha caracterizado su actuar frente a las demandas de la ciudadanía y que refuerza la negación de los otros: en primer lugar comienza con excesiva represión buscando restablecer el “orden público”,y continúa con la deslegitimación del movimiento.

Fueron emblemáticas las palabras del ministro de Salud Mañalich quien luego de participar en las reuniones de negociación en la región señaló que el “movimiento está manipulado por Patagonia sin represas”, para luego avanzar en la criminalización del movimiento cuando afirmó que un ciudadano enfermo terminal murió al no llegar una ambulancia debido a las manifestaciones nocturnas, situación, posteriormente desmentida por sus familiares y médicos locales.

Al parecer la estrategia hoy es jugar al desgaste del movimiento al re-situar como negociadora a la intendenta regional, autoridad que no cuenta con la legitimidad como interlocutora, ya que ha sido quien ha estado conversando con los actores locales durante todo este periodo sin lograr avances.

En este conflicto específico es necesario avanzar en soluciones que existen puesto que las demandas son de vieja data y con actores validados por la comunidad.

La agenda por más participación ciudadana y descentralización debe avanzar y situarse en la agenda pública buscando cambios estructurales necesarios para nuestra cohesión social y convivencia democrática desde una perspectiva más integral y urgente.

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29 feb 2012

Londres, Aysén y Santiago

La contingencia hace necesario abordar la importancia de mejorar nuestras políticas económicas de desarrollo regional, un problema tan estructural para el país como la educación.

Desde hace mucho, pero particularmente desde que vivo hace unos meses en Londres, me he preguntado porqué un país como Inglaterra -ubicado a una latitud equivalente a la que existe entre Aysén y Punta Arenas- se cuenta entre las economías más desarrolladas del mundo mientras nuestras regiones australes son un desalentador contraste.

Ni la distancia, clima, recursos naturales, ni mucho menos, la magnitud del territorio diferencia las condiciones de nuestras regiones más aisladas con economías altamente desarrolladas como los países nórdicos, o un porcentaje no despreciable de Estados Unidos o la misma Inglaterra.

No se trata que la Patagonia deba tener a Noruega como punto de comparación, pero al menos sugiere que sus condiciones geográficas no son suficiente explicación para los bajos niveles de desarrollo que presenta en comparación con otras regiones centrales de Chile.

¿Qué explica entonces esta brecha entre regiones de un mismo país?

Diversos estudios coinciden en que la inversión pública es el gran catalizador del desarrollo regional, como lo ha sido en el caso de los países de la OECD (ver Buser, 2011), Estados Unidos (Lall y Yilmaz, 2010), o de España que experimentó un proceso de regionalización casi sin precedentes entre los años sesenta y noventa (Maudos y otros, 1998).

Así, pareciera que nuestro problema para que exista un auténtico proceso de regionalización se encuentra en los niveles de inversión pública en regiones; sin embargo, algunos criterios de rentabilidad social dejan a las regiones aisladas casi por definición fuera de las grandes inversiones públicas. ¿Las razones? Principalmente dos.

La primera, la falta de una política pública que apunte hacia una “convergencia regional, esto significa inversiones públicas que operen como factor atenuante de las desventajas naturales que tienen las regiones aisladas en relación al centro del país.

Por el contrario, hoy en día medimos la inversión pública en regiones a partir del impacto per cápita de cada peso invertido, resultando siempre más rentable construir 80 kilómetros de carretera en casi cualquiera de las grandes provincias de Chile, pero que precisamente son los que faltan a Aysén para quedar unido por tierra con el resto del país.

Así también, muchas veces se utiliza como criterio para descartar inversiones en regiones aisladas su densidad poblacional -que en el caso de Aysén es la más baja de Chile con 1 persona por Km2 versus los 450 habitantes por Km2 de la Metropolitana- pero al mismo tiempo no se mide la externalidad negativa que se genera por el hecho que cada año la densidad poblacional de Santiago crezca el equivalente a la densidad poblacional total de la Región de Aysén.

Para qué decir si evaluamos la rentabilidad social según criterios de retorno de la inversión, como el aporte de las regiones al PIB nacional, que en el caso de Aysén es de un 0,4% versus un 43% de la Metropolitana.

Este primer elemento -la falta de una política que apunte a la convergencia regional- probablemente explique por qué regiones como Aysén estén condenadas desde hace mucho a un escuálido presupuesto público.

A modo de ejemplo, en el presupuesto para este año del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), Aysén participa de un 4% del total y la Metropolitana del triple.

Por su parte, la Ley de Presupuesto no permite estimar cuánto se invertirá en cada región, aunque probablemente las diferencias son muchísimo mayores (baste revisar la cantidad de proyectos de obras públicas para Aysén).

Si realmente buscamos avanzar hacia esto que algunos economistas llaman “convergencia regional”,lo que debiéramos preguntarnos es qué debe hacer el Estado – por ejemplo- para que el tiempo desplazamiento por tierra, por kilómetro recorrido, sea equivalente entre Coyhaique y Puerto Montt al que en promedio nos demoramos por kilómetro recorrido entre Santiago y La Serena.

O bien, qué se requiere para retener y/o atraer capital humano a las regiones australes, como quizá sería la creación en Coyhaique de una Universidad de excelencia mundial en el estudio de recursos naturales y ecos sistemas complejos. Pero nada de aquello calzaría en los criterios con que actualmente medimos la inversión pública en regiones.

Por último, la segunda razón que muchas veces deja a regiones como Aysén fuera de las grandes inversiones públicas, es la ausencia de la evaluación de las llamadas “externalidades de espacio”,que harían socialmente rentables inversiones que para nuestra lógica actual simplemente no son prioritarias.

Si incorporamos las “externalidades de espacio” como criterio para medir la rentabilidad social de la inversión pública, ésta no debiera determinarse según la cantidad de habitantes o contribución al PIB de cada región, si no por el potencial que tienen de crecimiento y que se ve afectado por su aislamiento.

Esto implica generar en dichas regiones, mediante una poderosa inversión pública, condiciones de infraestructura, educación, oportunidades laborales o acceso a la cultura equivalentes a las que existen en regiones centrales, de manera que puedan materializar su potencial de crecimiento.

Una mirada pública que busque hacer converger a las regiones hacia los niveles de desarrollo del resto del país y que, a su vez, incorpore las “externalidades de espacio” como criterio para priorizar la inversión pública en regiones australes, no solo beneficiaría a los actuales habitantes de regiones como Aysén, si no que a todos los chilenos que quieran mejorar su calidad de vida decidiendo vivir en dichas regiones pero cuyo aislamiento hoy en día lo impide.

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29 feb 2012

Perdimos a un grande del libro en Chile

No quiso terminar bien este mes de febrero para el mundo del libro en Chile. No fue el sismo del 2010, pero fue un remezón muy fuerte para todos los actores del libro en el país.

Perdimos a Bartolo Ortiz, el mítico factótum de Editorial Planeta chilena por muchas décadas. Y cuando menos lo esperábamos: había comunicado su jubilación definitiva a partir de marzo, esta vez era en serio, lo soltarían. Un fulminante y cruel infarto cerebral lo dejó sin la justa recompensa del jubileo.

No es solo la aflicción por el amigo perdido lo que mueve este comentario, sobre todo es una necesidad de hacer justo reconocimiento a un trabajador infatigable que cruzó la tarea de muchos de los protagonistas de la cadena del libro en Chile.

Lo conocí hace 30 años, en Buenos Aires, cuando me incorporaba a la dirección editorial de Editorial Planeta y me presentaron al personal que allí trabajaba.

En la bodega había un operario chileno, un compatriota que tenía el sonoro nombre de Bartolo Ortiz. Desde entonces presencié el despliegue de este selfmade- man que fue asumiendo cargos de responsabilidad hasta llegar a ser gerente general en Chile. Todo amparado en una laboriosidad inteligente que culminaba siempre en eficacia.

Desde entonces nuestra amistad se fue entretejiendo por afinidades selectivas que trascendían al libro y abarcaban desde el desprecio al dictador que gobernaba nuestra cercana patria, hasta el gusto por el campo chileno y la nostalgia de su San Felipe natal.

Bartolo se había quedado con lo mejor de las virtudes del huaso chileno y las desplegaba en su trabajo diario y bien le funcionaban.

Volvió a Chile con Planeta y fue una pieza clave para el desarrollo del boom de la nueva narrativa de los 90. Las librerías chilenas habían quedado devastadas por el apagón cultural y los sistemas de posicionamiento de libros eran muy precarios. Eso no era funcional a la agresividad comercial que requería esa gran cantidad de autores chilenos que pujaban por hacerse leer.

Encontraron en Bartolo su mejor aliado que impuso los sistemas de consignaciones masivas y servicio de novedades, claves cotidianas de su escuela argentina que cambiaron la faz del apocamiento que imperaba en los puntos de venta nacionales.

El liderazgo de Editorial Planeta fue indiscutido por muchos años y la palabra de Bartolo en las decisiones editoriales fue ley ineludible. El mundo del libro, autores, editores, distribuidores y libreros le deben mucho a este director comercial modélico en el manejo de los puntos de venta.

Cuando lo visité en el 99 en “Capuchinos” donde estaba detenido por defender la libertad de prensa, junto al editor Carlos Orellana, como responsables de la publicación de “El libro negro de la justicia chilena” me recordó socarronamente nuestro tiempo vivido en Buenos Aires, donde gozábamos de amplísima libertad de prensa  publicando incómodos libros dedicados a los poderes fácticos, anhelando la democracia y la justicia para Chile, la que ahora lo tenía preso.

Con esa misma ironía me comento unos días atrás que comenzaba el destino incierto de la jubilación, pero que estaba claro que en lugar de las palomas de la plaza preferiría ir a visitar a sus amigos libreros, y que eran tantos que le faltaría tiempo para aburrirse.

No pudo ser y el destino quiso otra cosa, pero libreros y librerías no olvidarán la huella de un grande del desarrollo del libro en Chile.

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28 feb 2012

De vuelta de vacaciones

Durante los días que estuve de vacaciones, frecuentemente conversé o escuché a personas que se quejaban amarga y largamente por tener que volver al trabajo.

La queja no sólo tenía relación con el hecho de terminar con dinámicas que sólo el tiempo de vacaciones permite, como es la flexibilidad horaria, la disposición de un mayor tiempo para la lectura, gozar de un entorno natural que sólo se visita en este tiempo y la realización de actividades recreativas, entre otras, sino que apuntaba hacia una desmotivación importante vinculada con la rutina laboral.

Este reclamo que escuché de otras personas, se convirtió en una suerte de pésame o acompañamiento en el duelo espontáneo que desde una muy noble motivación muchas personas me dieron, al saber que yo estaba próximo al fin de las vacaciones, y por ende de retomar mi trabajo.

Este sentimiento negativo se expresaba abiertamente y con tanta anticipación, que tenía la capacidad de afectar para mal, el goce de otros de esos días que seguían siendo de vacaciones. Esta queja no era reprimida, lo que da cuenta tal vez de una conducta socialmente esperada y aceptada.

Comparto este hecho porque me sorprendió por una parte la profunda insatisfacción laboral de las personas que se quejaban, así como la mezquina y reducida percepción que sospecho tenían del trabajo.

Conocidas y bastante difundidas son las distintas teorías que intentan explicar y desarrollar la motivación laboral, algunas de las cuales suscribo, discuto y comparto con mis estudiantes, sin embargo, en este caso intento relevar un hecho más fundamental como es la aparente disposición que aun tenemos en nuestro país de “pasarlo mal” en el trabajo a cuenta de la obtención de un valor superior, de manera de “empezar a vivir” después de las siete de la tarde, o bien luego de jubilar.

Estos argumentos podrían ser mayormente defendibles en tiempos pasados, en los que había un desarrollo económico y social menores, sin embargo el tiempo actual me parece que nos fuerza a tener otra mirada, concepción y valoración del trabajo, por cierto más trascendente.

Una invitación es valorar y conceptualizar el trabajo como un medio para servir a los demás, sea desde donde sea que realice mi actividad: desde la empresa privada, pública o desde el mundo de las organizaciones no gubernamentales, sea desde un emprendimiento personal, siendo empleado, socio, director o gerente.

Desde el paradigma del servicio, se me plantea como una oportunidad para una realización mutua en el ser persona, y en la construcción de sociedad.

No renuncio a que llegará el día en que las instituciones de educación superior junto con promocionar sus programas académicos, inviten y ofrezcan a los jóvenes, una contundente oferta que les permita servir más y mejor a los demás, a través de su desempeño laboral.

En una de esas, al igual que gran parte de los niños y niñas que declaran sus deseos de volver a clases para reencontrarse con sus amigos y amigas, nosotros los adultos estemos satisfechos de retomar el trabajo diario porque nos hace profundamente felices.

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28 feb 2012

La bola de cristal…

Recesión debe ser una de las palabras más usadas hoy en día por los medios de comunicación, y cómo no, si países que parecían inmunes hoy son sus víctimas.

Sin embargo, en Chile observamos estos decaimientos económicos casi como si fueran de otro planeta, pero, así como la juventud no es eterna, la buena salud en la economía tampoco.

Grecia, luego Italia y ahora España, son para fortuna nuestra, países de los que no dependemos en gran medida, pero no olvidemos el conocido efecto dominó. Es más, el FMI ya aseguró que el crecimiento de China se verá afectado por las caídas de países del viejo continente, razón suficiente para no dudar de sus consecuencias y daños en nuestro lejano país.

Si a los impactos colaterales del difícil escenario europeo, sumamos las restricciones que nos imponen países vecinos como Argentina, y a esto le agregamos además, una baja del precio del dólar, al menos deberíamos estar ya en un estado de alerta. Estos tres factores ponen en riesgo nuestra salud económica, el producto nacional y el desarrollo de la empresa que sale, o que quiere salir al mundo.

Y ojo, que las crisis económicas no vienen solas, sino que están acompañadas de demandas y exigencias sociales que son instaladas en la agenda ciudadana, a través de las cada vez más usadas, redes sociales.

Pero las solicitudes no sólo residen en la red, sino que también son llevadas a la calle por medio de marchas, tomas e interrupciones de caminos. Indignados se han denominado y ya son miles en el mundo.

Chile no está ajeno a la aparición de estos movimientos. Es así como el 2011 estuvo marcado por la aparición de diversos grupos sociales que exigían calidad y gratuidad en la educación, alternativas a las construcciones de represas y termoeléctricas, etc., y este año la modalidad se mantiene.

Ya estalló la población de Aysén y sus alrededores, que reclaman por un alto costo de la vida y, los estudiantes ya anunciaron marcha para la primera quincena de marzo reivindicando sus demandas del año anterior.

Por su parte, el norte se prepara con movimientos en la ciudad de Calama, lo que demuestra que no es necesario tener una bola de cristal para anticipar un mes de marzo enrarecido y convulsionado.

Es hora de que las Autoridades identifiquen desde ya los problemas de la ciudadanía y busquen soluciones conjuntas antes de que el estallido social deje mayores pérdidas y daños en la imagen nacional.

Basta de políticas cortoplacistas que resuelven momentáneamente las demandas de las personas, nuestro país necesita urgente de medidas como la reforma tributaria, que impulsen una mayor justicia tributaria entre los pequeños y grandes empresarios, para que la población comience a sentirse parte de ese Chile que avanza en aras del desarrollo.

Aprendamos del pasado, busquemos soluciones para atacar la enfermedad desde su origen y no una vez declarada. No nos demos el lujo de llegar al punto más crítico de la enfermedad.

Los costos son más altos y perjudiciales para todos y quienes sufren los mayores perjuicios, son como siempre los más débiles. Si no estamos inmunes, demos desde ya un paso hacia la prevención.

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28 feb 2012

Las relaciones vecinales de Chile

Entre la memoria y el futuro, así podrían ser descritas las relaciones vecinales del Chile actual. Detrás del cerco se vive de mucho recuerdo. Aquí es al revés, como si quisiéramos arrancar para adelante, mientras nuestros vecinos están pegados en el pasado.

Argentina quiere las Malvinas, Bolivia quiere salida al mar y Perú quiere más mar del que actualmente tiene. Nuestro entorno son países –fundamentalmente sus gobiernos- que reivindican territorio.

A Chile se lo considera un país conservador en política internacional. Destacan que fundamenta su conducta en el estricto apego a los tratados vigentes que lo favorecen. Por ello, se suele decir que los chilenos son legalistas. Hasta la transición misma –traspaso del poder de militares a civiles- ha sido un claro ejemplo de esta inclinación de una clase política local llena de abogados.

El entorno vecinal está conformado por regímenes políticos anti conservadores, que pretenden rediseñar la realidad internacional de sus países. Los tres gobiernos son demandantes, pretendiendo ajustes de cuentas con su propia historia.

Argentina reivindica las islas Malvinas y resiente no tenerlas. Se acerca un nuevo aniversario de una guerra perdida que reafirmó esas posesiones en manos inglesas, y el gobierno ha iniciado una ofensiva diplomática con toda regla con los países del vecindario.

Un vecindario algo más grande -está en plenas funciones UNASUR- al que ha convocado a Tierra del Fuego para participar en el acto del 2 de abril, que conmemora el inicio de la guerra con Gran Bretaña.

Las provocaciones inglesas con su despliegue militar –en clave nuclear- en las Malvinas han despertado renovadas simpatías en Latinoamérica por Argentina, en su lucha contra los resabios del colonialismo inglés.

Chile ha mostrado apoyo a la causa argentina, aunque el país mantiene compromisos humanitarios con la isla. Es una ecuación a resolver en el marco de la asociación estratégica que ha unido a Chile y Argentina desde el retorno de la democracia en ambos países.

Perú no está conforme con los tratados pesqueros que legitimaron la línea paralela desde el Hito 1 al mar, como la frontera marítima entre ambos. Para acordar una frontera marítima formal ha llevado sus pretensiones al Tribunal de Haya, y el Canciller Moreno ha pronosticado que “el primer semestre del 2013 vamos a tener un fallo”.

Actualmente, los alegatos de los países son reservados, pero este año la temperatura de la opinión pública de ambos países puede elevarse porque antes de que comiencen los alegatos orales, los documentos serán dados a conocer al público.

La primacía de los negocios por sobre los litigios fronterizos –que ha caracterizado a la actual administración- tendrá su periodo de prueba y aunque tampoco está claro si será la última ofensiva que lanzará Perú contra Chile.

En este escenario, la demanda marítima de Bolivia ha devenido en tema menor. El actual gobierno ha tenido espacio para asumir la tradicional defensa del Tratado vigente. En esta administración no se discutirá de acceso soberano –sea en la forma de corredor como propuso Pinochet o de enclave como lo quiso Lagos-, ya que solo hay ánimo para mejorar las condiciones de accesibilidad.

La cancillería chilena está preparada para enfrentar una eventual demanda boliviana, la que podría ser acogida cuanto la peruana esté terminando. Con todo, el fallo del Tribunal de la Haya marcará el futuro en la relación vecinal norte. El que gane esta batalla legal tiene la palabra y Bolivia tendrá que esperar.

Este año el gobierno enfrenta un período de elecciones en el país que culminará con la elección presidencial del 2013. Los vientos que agitan el entorno vecinal de Chile obligará al gobierno a prestar especial cuidado a estas materias, para procesar adecuadamente las eventuales diferencias con la oposición, que constituye la mayoría en el Senado.

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