16 abr 2012

Voces del padre

Cuando tenía 15 años había una serie que se llamaba Maverick. Eran dos hermanos, uno mayor y uno menor que compartían las andanzas por el Oeste y el amor por las mujeres y el póker. El menor de ellos, tenía una frase o muletilla para sacarse el pillo:”papá solía decir…” y lanzaba una frase algo así como la que recuerdo en una ocasión en que le invitaron a un matrimonio:

“Papá solía decir: hijo, no vayas nunca a las bodas, porque una de ellas puede ser la tuya”.

Me acordé de Maverick este fin de semana, en que han resonado, junto con truenos y relámpagos, en la noche del viernes, las múltiples voces del padre, de mi padre.

No eran aquellos decires que me acompañaron los últimos treinta años, los de su senectud y ocaso definitivo que eran de ternura, de mucha risa; de anecdotarios amables.

Volvieron voces más antiguas, las formadoras, las normativas. Las voces rigurosas del padre.

De ese ser tan olvidado en los días de hoy y sobre cuya ausencia se ha escrito mucho por sociólogos y sicólogos. Para nuestra generación, que vivió su infancia en los 50 y los primeros 60, este personaje, el padre, fue fundamental.

Al menos el mío lo fue.

-“Tú tienes, casa, ropa limpia, abrigo, alimentación y buen colegio; tienes la obligación de estudiar, para ser alguien, para ser más que tu padre”

-“Si no obtienes un título profesional no vas a ser nadie en la vida. El estudio es la herramienta para sobrevivir en esta sociedad donde el pez grande se come al más chico.”

-“Mi único legado cuando parta de este mundo será la educación, ese es mi compromiso contigo.”

De pronto mi memoria recoge, perdida, una escena. Fue cuando hube de pisar por primera vez en mi vida un juzgado. Un vecino malas pulgas denunció a los mocosos que habíamos trepado las rejas de su casa para robar fruta y fuimos a dar al Juzgado de Menores. Ante la indagatoria del juez a mi pequeña y asustada persona, para que denunciara a los demás responsables, él irrumpió:

-“Mi hijo, señor Juez, no va a contestar esa pregunta. El no es ni será nunca un soplón .No sería entonces mi hijo.”

Yo tenía exactamente 8 años.

-“A las damas siempre hay que respetarlas. Un caballero jamás involucra a una dama en algo incorrecto”

-“El manual de Carreño es, en el fondo un manual de convivencia y la buena convivencia es el primer deber de alguien que vive en sociedad.”

Estando yo en primer año de leyes y viendo que dedicaba gran parte del tiempo a la guitarra, al canturreo y las fiestas me dijo:

-“Mira, no te veo estudiando y si no estudias no vas a tener éxito. Te advierto que no te pagaré una repetición de año.” Yo a mi papá la creía.

Almorzando con él, habiendo yo alcanzado la adultez, recordábamos esos tiempos y abiertamente me decía que para él , ser padre era una responsabilidad vivida más allá del dinero para mantener el hogar, pagar las cuentas, incluido el colegio que insumía, creo yo, gran parte del presupuesto de un profesional de clase medio de entonces.

-“Sé que los castigué, ý a veces los traté con dureza. Ya en la esquina de la casa, cuando iba a tomar el micro hacia el trabajo, me sentía contrito. Pero creo firmemente en que los niños necesitan la autoridad del padre. Sabía que era su madre quien les regalaría la ternura. Los niños necesitan la autoridad del padre y la ternura de la madre”.

Mientras truenos y relámpagos animan el cielo santiaguino, y la lluvia repiquetea, tamborileando su cueca en el pavimento, como música de fondo están esas voces. Las de mi padre.

Ese hombre que no jugó a ser el más popular, metiéndose la mano al bolsillo a la primera, para nada. Pero amén de sus consejos y sus normas, no olvidaré tampoco los abrazos viriles, para el cumpleaños, que en esas circunstancias valían el triple, ni la navidad del 57 en que le prestó todo el crédito al Viejo Pascuero en mi gratitud por esa bicicleta soñada.

No era fácil ser padre por entonces. Tampoco, el niño que fui -pienso-, sintió por entonces que era fácil ser hijo de tal padre. Nada es fácil en la vida, me digo, recordando aquellos tiempos. Pasarían muchos años –cuando fui padre a mi vez- antes de reconocer el verdadero valor de esa preocupación sincera por mi futuro.

Se dejaba caer sistemáticamente a mis exámenes orales, cuando anochecía, después de la pega. Para extenderme su mano, al saber de mis labios que había pasado de curso. “Te has ganado las vacaciones” me decía complacido. Quizás felicitándose porque esa noticia le hacía saber que él también tendría derecho a esos quince días de veraneo en El Quisco.

Ese hombre no sólo jugó y se atrevió a poner límites, preparándome el camino a mi futuro, también me legó el amor imperecedero por los libros, por la cultura; por el trabajo bien hecho, por el honor, por el coraje, por la democracia, por la igualdad. Hasta herede de él su misma profesión.

Voces del padre que se fue, que se acaba de ir, cuyo espíritu nunca aflojó aun después de haber transpuesto los 90 años. Solo fue su cuerpo el que en el sueño quizás le cantó en susurro hace unos días: “Alberto… ya basta. Basta…es hora que descansemos”.

Y yo, junto a mis hermanos aunque lloramos su partida, le decimos, con voces distintas –distintas, como las de la lluvia, la del trueno, la de esos relámpagos que se dejaron oír la noche del día en que lo despedimos-: “Padre, es hora que descanses en paz…Y…gracias, gracias por todo”.

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16 abr 2012

La puntería de Al-Qaeda

Están juzgando a Khalid Sheikh Mohammed “autor intelectual” en el inhumano ataque a World Trade Center (WTC) el 11 de Septiembre 2001 con más de tres mil víctimas inocentes. Mirando esas imágenes en diferido, ¿fue una suerte que ese día los supuestos autores atacaran esos edificios en vez de la Estatua de la Libertad?

Para muchos la estatua de la Libertad es un símbolo, un ícono válido de sueños de progreso y armonía universal.

Imagínese cómo habría sido el odio irreprimible de los estadounidenses y de la civilización occidental si le hubieran apuntado y profanado esa delicada figura Lady Liberty, un símbolo sagrado de la democracia. Me parece inimaginable el paroxismo de una venganza planetaria quizás más cruel que derribar a Hussein, su estatua y perseguir por diez años a Bin-Laden.

¿Por qué le dieron al WTC? Creo que sin considerar su imponente estampa en el Sur de Manhattan fue para los criminales un símbolo de Mammon, el avaro bíblico, el de los Plutócratas y de la Globalización. Esa simbología no había estado presente en las mentes de los habitantes de los Estados Unidos ni de los turistas. Fue elegido con artera puntería simbólica y hasta religiosa.

Cuando se trata de representar o encarnar lo invisible o intangible, nada se la gana a un símbolo. Todos tenemos símbolos; cada símbolo es abstracto que representa otra cosa: la balanza como un atributo de la Justicia, la cruz es símbolo de salvación, la corona un símbolo de la monarquía.

La asociación entre símbolo y lo que representa no se fundamenta en tradición ni en una convención.

Mucho más interés tienen las expresiones humanas y gestos con un significado de los cuales se puede deducir la información: el puño en alto en señal de victoria, la bandera blanca en señal de rendición, la cara del profesor al comenzar su clase y su voz entrecortada, señal de nerviosismo.

Respeto símbolos en nuestro mundo: la Bandera, la Estrella de David, el Crucifijo, la Media Luna y el Mandil que son símbolos vigentes. Lo importante es la fidelidad a ellos. Más poderosas y ubicuas son las animitas junto a los caminos no concesionados en todas partes.

Los arquitectos hacen edificios; algunos como la GAM se convirtieron en símbolos.

Temo que la Torre Cencosud por costosa que sea nunca será un símbolo nuestro.¿O me equivoco?

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16 abr 2012

Países hermanos

Por encima de la habitual rivalidad futbolística y de lo cerca que estuvo, en 1978, un conflicto bélico que hubiese tenido desoladoras consecuencias, hay una realidad más fuerte y determinante entre Chile y Argentina: jamás dejará de existir esa frontera de altas cumbres y pampas interminables que nos unen para siempre. Es por ello y no por un hecho casual que las relaciones entre Chile y Argentina arrancan desde la fundación de nuestros Estados nacionales.

Si ello se olvida, basta rememorar la gesta libertadora del Ejército patriota que bajo el mando de San Martin y O’Higgins cruzó la cordillera de Los Andes y conquistó definitivamente nuestra independencia nacional en la batalla de Maipú, un día 5 de Abril de 1818.

Podrán ocurrir distanciamientos y hechos inconvenientes; sin embargo, ninguno de ellos debiese tapar lo fundamental, somos vecinos que requieren establecer una alianza estratégica, una cooperación multidimensional que se haga cargo de esa perspectiva.

En síntesis, la base de la política exterior de Chile no puede ser sino que una sólida y potente unidad con Argentina. En tal sentido, el apoyo chileno a la reivindicación argentina sobra las islas Malvinas alcanza una importancia decisiva. Ambas naciones pueden avanzar paulatinamente hacia una visión común del proceso de globalización en que están inmersas.

Por ello, valorando la nueva realidad generada bajo gobiernos democráticos y la también nueva relación creada entre las instituciones castrenses de ambos países, es urgente llevar al terreno práctico la voluntad política. De modo especial, esto se refiere a generar efectivamente el libre tránsito de ciudadanos y ciudadanas en ambas direcciones. En todas las regiones  es una imperiosa necesidad.

Resulta penoso que en el ámbito administrativo se mantenga un arcaico sistema de control policial y aduanero en las fronteras, ineficaz y abusivo con las personas. La situación que se produce en el paso Los Libertadores es inaceptable; miles de familias durante horas y horas deben esperar que se les permita atravesar, en una situación que llega a ser vejatoria.

Cuando ambas naciones podrían hacer del libre tránsito un potente instrumento de integración, la burocracia le dobla la mano a la voluntad política.

De vecinos conflictivos nos vamos transformando en protagonistas de un entendimiento esencial para la paz y la estabilidad regional, del cual surgirán frutos insospechados para las dos naciones.

Por esos motivos fuimos al Congreso Nacional del país hermano y hemos invitado al Presidente del Senado a Chile, para afianzar en beneficio ciudadano y de cada país una voluntad política promisoria, gestada al alero de procesos democráticos diversos pero convergentes en el respeto a la dignidad de las personas, los derechos humanos y al esfuerzo para construir una economía inclusiva y solidaria.

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15 abr 2012

Ineptos, soberbios y Hinzpeter

Mi abuela estaba de viaje, casi nadie conocía su destino. Últimamente les ha dado por viajar  a las mujeres de la familia.

La encontré en la salita. Ante mi consternación, estaba cantando. Hacía tiempo que no escuchaba sus canciones.

“Recuerdo que tenía un corazón

alérgico a los pólenes

la muerte no existía

éramos asquerosamente jóvenes

Veranos sin deberes

y el vaho del otoño en las ventanas

siempre hubo dos mujeres

la casta de mi pueblo y la Susana”.

Abuela, ¿qué estás cantando?, no me parece una letra conocida.

Debes aprenderla. Es una nueva de Serrat y Sabina. Los fui a ver a Buenos Aires.Están mejores que nunca.

Pero abuela, no deberías hacer esos viajes. A tu edad debes cuidarte un poco más.Además, van a venir a Chile.

Ya lo sé, me dijo, pero verlos en Buenos Aires es otra cosa. La gente los adora y eso se siente en el ambiente. Es un espectáculo maravilloso.

Decidí pasar a la ofensiva, y antes que me preguntara algo, le dije: abuela, ¿has leído el articulo del “The Economist” que dice que nuestro presidente es un político inepto y soberbio?

Siguió cantando.

“La orquesta del Titanic no dejó de tocar

el fox de los ahogados sin consuelo”.

Abuela ¿lo leíste o no?

“Y ¡sálvese quien pueda!

gritaba el capitán

los niños y las damas van primero

los magnates detrás, que no pare la orquesta, caballero”.

Hizo una pausa, me miró y, casi gritando, me dijo:

¡¡Es Soberbio!!

Abuela, ¿tú realmente lo piensas?

Por supuesto.  ¡Verlos a los dos cantando tan bien es Soberbio!

Abuela, no me estás prestando atención. Te pregunto por el artículo que dice que nuestro presidente es políticamente inepto y soberbio.

Dudó unos segundos y me dijo: me carga que gente de otro país critique a nuestro presidente. Menos aún estos ingleses del The Economist.

Pero abuela, yo te he escuchado decir que nuestro presidente es algo “pagado de sí mismo”, y me parece que ese dicho es sinónimo de soberbio.

Pero yo soy chilena y el presidente Piñera es mi presidente. Yo lo puedo criticar cuanto quiera. Ah, por cierto el resto del mundo puede hacer sus análisis, pero concluir que es un inepto y soberbio me parece inaceptable.

Está bien abuela. Dime, ¿piensas que es inepto?

Momento, me dijo, el juicio del The Economist no dice que sea “inepto” a secas. Lo que dicen es que es  “políticamente inepto”. Casi sin respirar, continuó diciendo: dicen que en una de las facetas de sus capacidades es inepto.

Pero abuela, no es en cualquiera de sus habilidades. Dicen que políticamente es inepto, y mucho me parece que ésa, la política, es la más importante de un Presidente de la República. ¿O crees que es más importante la faceta de empresario y emprendedor?

Entiéndeme querido nieto. Lo que no me gusta es que a nuestro presidente lo traten de inepto y soberbio los señores de esta publicación inglesa.Piñera puede ser soberbio e inepto políticamente y ésta puede ser la conclusión del análisis de lo que ocurre y ha ocurrido en nuestro país. Estos hechos pueden ser presentados y analizados por cualquier publicación internacional; sin embargo, la conclusión que nuestro presidente es un inepto y soberbio, es una afrenta a todos los chilenos.

Abuela, ¿no estarás exagerando?  Yo te he escuchado decir varias veces que nuestro presidente es políticamente “muy inepto”.

Se sonrió y sin inmutarse me dijo. Yo soy chilena y puedo opinar de mi presidente.Puedo analizar los mismos antecedentes del The Economist y concluir que es inepto y soberbio, más no estoy dispuesta a tolerar que ellos lo declaren así.¿Qué crees que ocurriría si uno de nuestros diarios opinara de su Primer Ministro o de su Reina en similares términos?

Y, sin esperar respuesta, siguió cantando:

“Lo peor del cielo

es que está tan lejos de aquí

lo peor del suelo

es que no acostumbra a mentir”

Abuela, ¿me puedes prestar atención?

Levantó la vista y me miró. Abuela, otra pregunta: el ministro Hinzpeter ¿puede suplir la debilidad política del presidente?

Casi se atora por un ataque de risa.

Abuela. ¿Qué te ocurre?

Nada, nada, pensé que me preguntarías si el ministro era también soberbio.

Luego de un silencio me dijo: ¿te acuerdas de una receta que escribí el 6 de agosto del año pasado? Se llamaba “Receta para llegar al 20%”, trataba de cómo el presidente podía alcanzar el 20% de popularidad y aceptación entre los chilenos.

Sí abuela algo recuerdo.

Bueno me dijo, en esa receta le doy al presidente una serie de consejos de lo que debía hacer para llegar al 20% de popularidad. Mi receta terminaba diciendo que el ingrediente más importante era mantener como ministro del Interior a Rodrigo Hinzpeter.

Bueno abuela, el presidente te ha hecho caso y ya casi está llegando al 20% de aprobación

Así es, me dijo. Ahora la Concertación está tratando de evitar que nuestro presidente llegue a tan ignominiosa cifra. Fíjate que ha presentado una acusación constitucional contra el ministro del Interior. En una de éstas lo logran sacar y evitan a don Sebastián llegar a ese 20%  de popularidad.

Luego, continuó cantando:

“Aunque sé que hay doctores divertidos

pa’ vacilar prefiero a los bandidos

desarraigados de la dolce vita

hartos de deshojar la margarita”.

Abuela, tengo que partir. Cuídate mucho y no salgas de viaje sin avisarme. He escuchado que estabas preguntando por viajes a Vietnam, Camboya, Thailandia y Grecia. Creo que es mucho para tu edad.

Ni se dignó a contestarme. Siguió cantando sin inmutarse.

“Se enamoró de mis baladas suburbiales

igual que se enamoran

las miopes abogadas defensoras

de abyectos criminales”.

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15 abr 2012

Crónicas de Aysén IV

Las carpas de plástico transparente.

Corría el año 1978. El país se había convulsionado violentamente con el Golpe de Estado de cuatro años atrás. No solamente en lo político, sino centralmente en lo social, en la vida corriente de las personas. Miles habían quedado sin trabajo. Masas de cesantes deambulaban por el territorio. Nadie sabía muy bien lo que estaba ocurriendo en las entonces llamadas “Provincias”.

El temor, los exilios, la ausencia de información creíble, impedía tener siquiera un panorama. Arriba de unas citronetas partimos en una larga gira por el sur de Chile.

Visitábamos gente conocida, dirigentes que estaban escondidos, e íbamos comprendiendo muy de a poco lo que ocurría. Al llegar a Puerto Montt nos contaron que gran cantidad de gente estaba acampando en las playas. Partimos para allá con Melé Cruz y una máquina fotográfica. La impresión fue grande.

Eran kilómetros y kilómetros de playa llenos de carpas de plástico. Una hilera de carpas se perdía en el horizonte. Estaban construidas con colihues finos y doblados como un “iglú” y encima le habían tirado un plástico blanco transparente, el más barato en las ferreterías locales. Caminamos horas por esa población. El corazón se encogía.

Niños chicos con los mocos colgando, mujeres metidas en la humedad del barro, los hombres con las botas de goma. Como se sabe, en esas playas del sur la marea es muy amplia. En el momento que se recoge deja cuadras y cuadras con el fondo del mar descubierto. Allí estaba el llamado “pelillo”, un alga pegajosa y de color marrón, que recogía toda esa verdadera marea humana.

La marea bajaba y se adentraban junto a ella, con unas suertes de balsas construidas también de esos plásticos. Las llenaban de esas algas y con la subida de la marea llegaban de regreso a la playa. Ahí en unos palos y cordeles las secaban y apilaban.

Llegaban los camiones compradores. Más allá en la cadena estaban los japoneses que adquirían toda esa maldición marina para hacer sus “suchis”. Hablamos con la gente y provenían de todas partes; de muy lejos, del sur de Chile cesante, de los miedos y persecuciones. Una noche mientras dormían se desplomó por las aguas caídas un cerro y sepultó a varias familias de pelilleros.

Claro que la lluvia, eterna en el sur, era desastrosa ya que mojaba a las algas que estaban secándose y se perdía toda la cosecha. Con unos amigos hicimos un Fondo de Pequeños Proyectos y allí en Chinquihue y otras caletas y playas del sur, ayudamos en esos años a instalar unos secadores y algún techo que impidiera la pudrición de esas algas, única alternativa de sobrevivir de esas miles de personas. Fueron largos años de campamentos de miles de personas en carpas de plástico transparente.

En el Golfo de Reloncaví esas algas que brotaban naturalmente del suelo marino comenzaron a escasear. Eran miles los que las recogían. Así comenzó la marcha hacia el sur.

Primero fue en busca de la “luga”, como se le dice también a ese “pelillo”; más adelante fueron los mariscos, y finalmente la “merluza austral”.

De isla en isla esas masas de recolectores, mariscadores, buzos aprendices, pescadores improvisados, se fueron desplazando hacia el sur. Las Guaitecas se llenaron de gente, más allá se fueron formando pequeños pueblos, frente a Aysén apareció Puerto Aguirre.

Llegamos a Puerto Aguirre acompañados de gente del Obispado de Aysén que ya en ese tiempo andaba preocupado de lo que ocurría y era la única voz que se escuchaba a través de la radio.

Canales y canales, fiordos y bosques de lengas que llegan hasta el agua del mar. El espectáculo era impresionante. Miles de iglúes brillaban con la luz del sol, carpas plásticas improvisadas dónde vivían familias completas.

Gente de Valdivia, de Osorno, incluso de más al norte se habían aventurado en los canales en busca del pelillo, después del loco, la “fiebre del loco” y finalmente de la pesca de la merluza austral comprada por los españoles, como la “merluza española” y servida en la mesa del turismo europeo como “merluza a la vasca”.

Las enfermedades eran incontables. Allí en esas playas no había nada. No había por cierto agua potable, alcantarillado, posta de salud, escuela, etc.

Guillermo Brinck y otros antropólogos de la Academia han reconstruido la historia de Puerto Gala, en Isla Toto, en un hermoso libro hecho con la comunidad. Casi nadie conoce ese lugar perdido. Un caserío en medio de las islas dónde también llegaron los pelilleros, los mariscadores improvisados, los pescadores de la merluza, en fin, los que fueron atraídos por los ciclos de los recursos marinos y expulsados de sus lugares de origen por el hambre.

En esos años Coyhaique, Aysén, y los pequeños pueblos, dormían temprano bajo el toque de queda. Se cuenta que un militar se paseaba todas las mañanas por Puerto Aysén y subía a la torreta de los bomberos desde dónde vigilaba personalmente al pueblo.

Veía a la señora Juanita que iba de compras, supervigilaba al cartero, tomaba notas acerca de los movimientos de cada uno de los habitantes. Durante años ahí, sí que no se movió una mosca sin que se lo consignara en las bitácoras militares. ¿Qué consecuencias tuvo ello? ¿Qué relación con los hechos de hoy?

Esta masiva migración hacia el sur ocurrió a partir de los años ochenta y no se detuvo hasta muy entrado los noventa. Cientos de familias llegaron a Puerto Aysén desde las islas, desde las playas de carpas transparentes. Buscaban una casa más digna, más calientita, con leña, la famosa actual demanda de la leña, dónde calentar los cuerpos.

En algunos de estos puertos improvisados se comenzaron también a construir casas, algunos subsidios, en alguna parte un muelle, en otra una escuelita y la posta.

En Gala es hasta hoy famoso el Padre Ronchi, personaje que fue reproducido en la película “La fiebre del loco”, interpretado por Hugo Medina. Él unió a esa comunidad, la asentó, construyeron casas, en fin, hoy ya es un pueblo constituido.

Fue la segunda gran oleada, recién al final del siglo veinte, de gente que colonizó Aysén, ahora por el mar. Claro está, que ocurrió lo mismo que un siglo antes. El Estado desde Santiago comenzó a rematar las islas para la naciente industria del salmón. Dar concesiones de mar. Los poderosos se interesaron. Llegaron a verlas y ¡otra vez!, estaban llenas de gente. “Ocupantes Ilegales” les volvieron a decir.

La industria salmonera primeramente se instaló en Chiloé; allí los canales tranquilos y de oleajes suaves, permiten instalar las balsas dónde se crían esos peces. Los compradores japoneses los van a transformar, ahora, en “sushimi”. La industria salmonera fue posible también, por la existencia de una enorme masa flotante de mano de obra.

De nuevo gente proveniente de los más diversos lugares del país, fueron instalándose en Dalcahue, Quellón, y las islas de más al sur. Muchos de estos pueblos se han duplicado en pocos años. El crecimiento de la industria salmonera la fue llevando hacia Aysén. Sobretodo con las enfermedades que se produjeron en Chiloé. Aguas igualmente tranquilas y más limpias. Había, además, abundante mano de obra.

Gustavo Blanco de Valdivia ha estudiado en detalle esta migración, la vida en las balsas, los fríos, esas noches en medio del mar, los trabajos de los pescadores transformados en salmoneros, sus idas y venidas a Aysén, a los puertos, en fin la vida que se ha ido construyendo. Vida dura. La existencia de esa masa de gente en esos antiguos puertos de carpas de plástico, ha permitido el florecimiento de la industria.

Los bajos salarios aparecen altos frente a la necesidad existente. La gente conoce el lugar, sabe de mareas, se traslada en botes, son gente recia que puede aguantar la soledad, el trabajo pesado, los avatares de esas vidas. Muchos de los que hoy han protestado provienen de estos procesos humanos que contamos en estas crónicas.

Aysén, el final de los hielos, la antigua Trapananda, se formó recientemente. Es el más nuevo mundo del Nuevo Mundo. Oleadas de personas esforzadas, muchas veces huyendo de la adversidad, dieron forma a esos lugares.

Parralinos, maulinos, mapuches, huilliches, chilotes y gente venida de todas partes forman el mapa humano de Aysén. Son las caras de los 22 del proceso por Ley de Seguridad del Estado. Allí en sus rostros fotografiados se ve la diversidad que hemos querido contar en estas crónicas.

Es por ello que es fácil decir y es verdadero, que en Aysén hay pedazos de todo el país, que nos representa, que es una amalgama de todas nuestras culturas. Les costó tanto llegar, sin duda sufrieron muchos sinsabores, que el espacio del país que construyeron tienen todo el derecho a cuidarlo, protegerlo, quererlo y hacer que sea respetado.

Es el fin por ahora de estas crónicas.

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15 abr 2012

Escuela de humanidad

Como todos los años la Fundación Paternitas celebró el triduo pascual, es decir, viernes, sábado y domingo Santo, en centros juveniles de privación libertad. Sin embargo, como nunca antes se notó un gran deseo por parte de la juventud y también de algunos profesores de trato directo de ser atendidos espiritualmente y en particular por el sacramento de la confesión.

Quedamos gratamente sorprendidos, por la disposición de adentrarse en el núcleo más íntimo y sagrado de cada uno, para ir en busca del pecado, manifestarlo y pedirle a Dios perdón por ellos.

Fueron momentos de intensa profundidad, de gran honestidad y de auténtico arrepentimiento. Se pudo palpar en toda su plenitud el paso del Espíritu Santo por sus vidas, el toque de su gracia, la fuerza del perdón.

De mayor relevancia, nos parece atender a estos jóvenes en privación de libertad, en aquellas dimensiones que les permitan proyectarse y mirar el futuro con esperanza y libertad, pero en particular con la confianza que hay un camino novedoso, atractivo y generoso que pueden alcanzar.

Llama la atención la cualidad de transparencia y la buena voluntad que estos jóvenes tienen para descender hasta lo más íntimo de sí mismos y plantear sin justificaciones hechos y circunstancias que reconocen con nitidez, muchas veces aterradoras y desconcertantes.

Para un confesor sacramental es la vía más expedita, para buscar la sanación del alma y el compromiso cierto de que lo mencionado, es sinónimo de reconocimiento del mal causado y “determinada determinación” que los actos señalados no se volverán a repetir.

Se puede decir, sin equívocos, que un periplo como el que se menciona conlleva a una de las vías, y quizás la única, más eficiente para confrontar el mal, aceptando que violaron todos los límites, reglas y normas que obligan a un ser humano, a un ciudadano, o cristiano.

No cabe duda que un trabajo personalizado, con profesionales del arte de escuchar, comprender, aconsejar y animar se logra mucho más que con las estructuras actuales que caracterizan a la mayoría de los centros juveniles, con personal impositivo, violento, agresivo y castigador.

Con todo se destaca la excelencia y la dedicación sacrificada que algunos de esos profesionales manifiestan.

El diálogo respetuoso, capaz de silencio en los momentos necesarios, la palabra oportuna y eficaz cuando así lo amerita, la mirada diáfana y amigable, el tono de voz sereno y sincero, siempre pueden más que aquello que podemos imaginar.

Es probable que los altos índices de victimización ciudadana que se evidencian experimenten un real retroceso cuando se cree, de una vez por todas, lo que podríamos llamar la escuela de humanidad; en donde cada sujeto, hombre o mujer, joven o adulto, que haya cometido un delito pueda sentirse persona tratada con respeto, acompañada en su proceso de cambio, proyectada al futuro, amada y valorada.

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14 abr 2012

El show ¿debe continuar?

En una columna anterior comenté la que a mi juicio era una señal política democrática poderosa, emanada de los partidos políticos agrupados en la Concertación: las elecciones primarias, convocadas, organizadas y realizadas para elegir candidatos a las próximas elecciones municipales.

Casi coetáneamente a esa señal, otra institucionalidad clave del régimen político democrático, el Congreso Nacional, entrega una señal poderosa también pero deplorable, que solamente contribuye al desprestigio, desafección y rechazo de la política y los políticos: el intenso -puede calificarse de brutal- conflicto en torno a las asignaciones a los senadores y los diputados.

Sin entrar en detalles ni a discutir ni elucubrar en torno a quien tiene la verdad y la razón en la materia, el resultado en definitiva es el mismo: desprestigio del Congreso, de la política y de los políticos.

Ello será así porque amplios, mayoritarios segmentos de la población y sectores interesados en ello, tendrán y ofrecerán una lectura e interpretación altamente negativa de todo el asunto, del Congreso y de los políticos en particular.

Por cierto, los epítetos intercambiados, las duras críticas de unos contra otros, provenientes de políticos de todo el espectro ideológico político partidario, no se borrarán cuando en definitiva las partes den por superada la controversia, lo que suele ocurrir después de algún tiempo.

Cuando escribo esta columna todavía ninguno de los involucrados “entierra el hacha de guerra” por así expresarlo, pero estoy cierto que ello ocurrirá.

Los políticos más ponderados y sensatos entrarán en razón y llegarán a la conclusión que los más dañados por todo el conflicto serán ellos mismos y, lo que es aún peor, el Congreso Nacional.

Desde mi perspectiva el daño es ciertamente grave porque se afecta una institucionalidad clave de la política democrática – el Congreso Nacional- cuyos niveles de aceptación y aprecio, como todos sabemos, no son precisamente altos, para expresarlo de manera benevolente.

De otro lado, se puede sospechar, fundadamente, que al menos en algunos casos subyace a la controversia que pudiera existir una intención política específica, aquella que he graficado como “quítate tú para ponerme yo”.

En efecto, a nadie escapa que en varias regiones del país existe una lucha política ardua, tremenda, entre quienes aspiran a seguir siendo senadores y otros que intentan transitar desde la Cámara de Diputados a la Cámara Alta.

Como sea, fueren cuales fueren las diversas intencionalidades que originan el conflicto, el fondo y la forma en que éste explotó y se desarrolla no se puede sino hacer una lectura negativa de lo que ha ocurrido y lo que está ocurriendo en la materia que comento.

Sumando y retando, multiplicando y dividiendo, en definitiva los perdedores serán todos los diputados y senadores y el Congreso Nacional, como institución política democrática.

Considero que por el bien de la política, de los políticos, del Congreso Nacional y del régimen político democrático el “show” debe detenerse.

Así mismo, que los señores diputados y senadores, en conjunto, debieran tratar de hacer una contención de daños, transparentando toda la información y entregando a la ciudadanía una declaración conjunta en que expliquen, de común acuerdo, la materia que ha sido objeto de este dañino y negativo conflicto.

Lo planteo con todo respeto, como un ciudadano más, que, como muchos otros, tiene en alta estima la política, los políticos, el Congreso Nacional y el régimen político democrático, por imperfecto que sea.

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14 abr 2012

¿A quiénes les hablan los políticos?

Quizás una manera eficaz de juzgar los méritos y limitaciones de los dirigentes políticos sea tratar de identificar a los destinatarios preferentes de sus mensajes cada vez que formulan una declaración, son entrevistados, firman una columna de opinión o usan twitter. El otro ejercicio útil es distinguir cuáles son las materias a las que conceden prioridad cuando tienen tribuna.

Es muy notorio que algunos dirigentes les hablan casi exclusivamente a quienes piensan más o menos como ellos. Es decir, tienen en mente a “su” gente, lo que revela que su mayor preocupación es reforzar el nexo de confianza que permite que ellos sigan siendo dirigentes.

Primero, la familia, podría decirse, y por familia no debe entenderse necesariamente el partido, ya que cada día es más frecuente que algunos dirigentes se dirijan al grupo específico del partido que es la base de su poder. Así, no es extraño que su prioridad sea descalificar al grupo del mismo partido que es visto como competidor por el poder.

Eso es precisamente lo que hemos visto en los últimos días en un par de partidos de la Concertación, pero que también ocurre en los partidos de la coalición gobernante, y a veces con gran virulencia.

Lo que no perciben los dirigentes es que las reyertas partidarias ponen de manifiesto la erosión de los partidos como instituciones confiables. Es obvio que para los ciudadanos comunes y corrientes, que ya tienen una mala opinión de los partidos, estos episodios no hacen sino reafirmar la razón que tienen para recelar de ellos.

Lo anterior está vinculado a los asuntos a los cuales dedican su tiempo y energía.

Puede ocurrir que para un determinado parlamentario lo primordial sea destacarse como un opositor duro para mantener su fuente de poder, así como para otro sea mostrarse como díscolo para captar simpatías aquí y allá, o cercano a una figura nacional bien evaluada en las encuestas, etc.

Lo menos frecuente es que un político le hable al país, esto es, a los chilenos que no integran ningún partido, no viven pendientes de la actividad de los partidos y desean que sus familias vivan mejor.

Precisamente por ello, sería muy saludable que los parlamentarios y los dirigentes partidarios tuvieran siempre presente a Chile, que razonaran considerando aquello que puede beneficiar al conjunto de la población.

El sentido de pertenencia a una colectividad política no tiene nada de reprochable.Es natural que las personas le tengan “cariño a la camiseta”. El problema es cuando ello se expresa en estrechez de miras y espíritu sectario. O cuando el interés personal lo condiciona todo. A veces se nota demasiado la mezquindad que está detrás de ciertas declaraciones.

Necesitamos una mejor política en Chile. Esto se relaciona con el mejoramiento de las instituciones por supuesto, pero sobre todo con la estatura y visión de las personas dedicadas a la política, actividad que por estar referida al interés colectivo exige una firme voluntad de proteger ese interés.

No estamos diciendo que los políticos no tengan ambiciones –sería un contrasentido-, sino propiciar formas de hacer política que moderen las aspiraciones personales y favorezcan los proyectos de progreso del país.

¿Servicio público? Es una manera de definir la función política. Pues bien, hay que demostrar que los asuntos públicos, y no los privados, constituyen la preocupación fundamental de quienes se dedican a la actividad política y que, por lo tanto, ellos merecen la confianza de los ciudadanos. Esto supone estudiar las mejores alternativas para enfrentar los problemas del país. En otras palabras, políticas propositivas, no meramente de denuncia.

¿Qué vamos a hacer en el terreno de la salud pública en los años que vienen?Cada vez que vemos los reportajes de la TV sobre lo que ocurre en la Posta Central, con frecuencia colapsada por la enorme demanda de atención, uno se pregunta por qué una ciudad que ya tiene más de 6 millones de habitantes debe resignarse a tener solo un centro de esas características, cuando a lo mejor necesita contar con unos 5, destinando los recursos suficientes para ello.

La misma exigencia se plantea en todas las grandes ciudades. El mejoramiento de la atención primaria de salud es, sin duda, una de las grandes tareas nacionales, cualquiera que sea el signo de los próximos gobiernos.

Al país se le plantean desafíos que solo podremos enfrentar exitosamente con políticas de Estado bien concebidas. No se trata de imaginar el reino de la unanimidad, que solo es posible en dictadura (aparentemente, pues los que piensan distinto están amordazados).

Sabemos que lo propio de la democracia es la diversidad de puntos de vista y el debate; ahora bien, respecto de las cuestiones en que se juega la calidad de vida y los derechos esenciales, hay que apostar fuerte por políticas que trasciendan los cambios de gobierno y los alineamientos partidistas, y ello requiere grandes acuerdos nacionales.

Para esto, insistimos, la política chilena debe renovarse, oxigenarse e inspirar respeto.

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13 abr 2012

Aborto y estado de necesidad

El rechazo del Senado a la incorporación en nuestro ordenamiento penal de algunas excepciones a la punibilidad general del aborto –reconocidas en forma prácticamente universal–, plantea la cuestión de si con ello queda absolutamente excluida toda posibilidad de exención de pena para el aborto consentido, o si, por el contrario, la legislación penal actualmente vigente permite suplir en parte la falta de disposiciones específicas al respecto.

Para dilucidar esta cuestión, revisemos primero en qué casos y con qué fundamento se ha flexibilizado la prohibición general del aborto, establecida para proteger la vida del nasciturus o vida humana en gestación, además de otros bienes jurídicos.

Los criterios mayoritariamente acogidos en el Derecho Comparado para permitir la práctica de un aborto, son fundamentalmente dos: el del plazo y el de las indicaciones.

El primero goza de una creciente aceptación, especialmente en el ámbito europeo.

Conforme a el, el aborto es impune si se realiza durante las doce primeras semanas del embarazo, sin expresión de causa o invocando una situación de necesidad que no se requiere acreditar, a condición de que lo practique un médico en un establecimiento hospitalario y que la mujer se haya hecho asesorar por personal especializado.

En algunos países el criterio del plazo se combina con razones médicas cuando existe peligro para la vida o la salud física o psíquica de la madre, lo que se conoce como indicación médica.

Otra razón ampliamente aceptada para la impunidad del aborto es la existencia de graves malformaciones del feto, que impidan su normal desarrollo posterior o hagan inviable la vida extrauterina (la denominada indicación eugenésica, fetal o embriopática).

En menor medida se admite también la interrupción de un embarazo que ha sido consecuencia de un atentado sexual contra la mujer (indicación ética o criminológica).

La indicación con menor grado de aprobación es la que atiende a razones económicas (indicación social), por lo menos como razón única para la impunidad del aborto.

Lo que tienen en común estas excepciones a la prohibición general del aborto, es que en todas ellas se plantea un conflicto entre la expectativa de vida que representa el embrión o feto, e importantes bienes jurídicos de la mujer embarazada, pero difieren en cuanto a su fundamento y naturaleza.

En lo que atañe al criterio del plazo, éste obedece al reconocimiento de la libertad reproductiva de la mujer, entendida como un aspecto del derecho constitucional al libre desarrollo de la personalidad, pero también como expresión de la igualdad entre hombre y mujer, ya que el ejercicio de la sexualidad no debiera tener consecuencias tan distintas para uno y otra.

Cabe destacar que en 1973 la Corte Suprema de Estados Unidos reconoció incluso un “derecho a abortar”, derivado del derecho a la privacidad. La naturaleza jurídico-penal de esta excepción sería la de falta de tipo, de modo que sólo el aborto realizado después de la duodécima semana de gestación es constitutivo de delito, y siempre que no exista alguna indicación legal para su impunidad.

La solución del plazo revive la teoría de Santo Tomás conforme a la cual debía distinguirse si la acción abortiva afectaba a un embrión animado –dotado de alma– o inanimado, cambio que acaecería a los 40 u 80 a 90 días desde la concepción, según se trate de varón o hembra; antes de ese lapso, el embrión se entendía formar parte del cuerpo de la mujer, por lo que su ablación no constituía aborto.

Dado que el sexo del embrión no podía conocerse con antelación, el plazo finalmente se unificó en 90 días. Esta tesis perduró durante toda la Edad Media e influyó sobre la legislación penal de la época, que consideraba impune el aborto provocado durante el primer trimestre del embarazo.

La Iglesia no modificó este criterio hasta la segunda mitad del siglo XIX, en que por primera vez se establece el dogma del embrión animado desde la concepción.

En el caso de las indicaciones el fundamento de la exención de pena es el principio del interés preponderante o la inexigibilidad de otra conducta, que respectivamente informan el estado de necesidad en sus dos variantes: como causa de justificación o como causa de exculpación.

De ahí que el aborto impune en virtud de una indicación legalmente consagrada no es sino un caso particular de estado de necesidad de una u otra especie.

El elemento común a ambas clases de estado de necesidad es la situación de peligro inminente para un bien jurídico, cuya salvación sólo puede lograrse al precio de la destrucción de otro bien jurídico.

Esto es muy claro en el caso de la indicación médica, que permite causar la muerte del feto para salvar la vida o la salud física o psíquica de la madre, de un grave daño que la amenaza, bienes que encarnan el interés que se estima superior respecto al interés en la subsistencia del feto, razón por la cual tal conducta está justificada, en el sentido de conforme a Derecho.

En el caso de la indicación por graves malformaciones o inviabilidad del feto, el fundamento de la impunidad del aborto es la idea de que no puede exigirse a una mujer llevar a término un embarazo y dar a luz a un niño que, aunque sobreviva al parto, nunca podrá valerse por sí mismo ni realizar las funciones vitales más elementales, lo que supone también una fuerte limitación para la vida futura de la madre y de la familia en general.

De ahí que la doctrina se inclina mayoritariamente por la justificación, aunque hay quienes sólo admiten la exculpación, en cuyo caso la conducta no sería conforme a Derecho, sino sólo disculpada, pero igualmente impune.

También la indicación para interrumpir un embarazo atribuible a una violación se funda en la idea de la inexigibilidad, pues no parece razonable obligar a una mujer a perpetuar el atentado a su dignidad y a su libertad al tener que albergar en su cuerpo durante nueve meses, parir y criar al hijo de su victimario.

Pues bien, si, salvo la solución del plazo, los casos de aborto por indicación médica, fetal o ética son reconducibles a un estado de necesidad justificante o exculpante, cobra especial importancia el hecho de que el código penal chileno, en virtud del nuevo artículo 10, N° 11, introducido por la Ley 20.480, de 18 de diciembre de 2010, contempla actualmente el estado de necesidad en términos tan amplios que admiten su interpretación como fórmula mixta, comprensiva del estado de necesidad justificante y exculpante, derogando así tácitamente el viejo estado de necesidad del art. 10, N° 7, de escasa utilidad debido a su carácter excesivamente restrictivo.

De ello se sigue que, con la sola excepción del denominado aborto terapéutico, prohibido desde el año 1989 por el artículo 119 del Código Sanitario, los restantes casos de aborto en que pueda invocarse una situación de necesidad subsumible en la citada disposición (caso de las indicaciones embriopática y criminológica), podrían resultar impunes por aplicación de dicha norma, a condición de que se cumplan los demás requisitos que la misma norma establece.

Esta conclusión debe entenderse como una solución transitoria mientras el legislador no se decida a adoptar normas acordes con la realidad actual y con las tendencias mundiales en la materia.

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13 abr 2012

Reforma tributaria para la mayoría

Hablando de reforma tributaria, pensaré en una que sube los impuestos y que, además de recaudar, propone mayor equidad en el país. Está claro que existen diferentes argumentos o posiciones para apoyarla y, lógicamente, muchos más para contrariarla.

Es cierto que, en general, los argumentos expuestos tienen fundamentos teóricos válidos económicamente, además de una noción positiva de lo que buscamos como sociedad al recaudar impuestos. Lo que no es para nada claro, es por qué cada postura se plantea como la única cierta, como si fuera blanco o negro, mientras que en la economía nada es así.

Los resultados de una reforma tributaria dependerán de las condiciones previas de la economía, de las circunstancias, los horizontes, la profundidad de esta, entre otros.

No es lo mismo una reforma en Chile que en Finlandia, ni una en un país en crecimiento que otra en uno en crisis. Tampoco es lo mismo querer hacer los cambios en un año o en ocho, y así podríamos seguir eternamente. Lo realmente importante es iniciar lo que probablemente sea uno de los cambios estructurales más importantes para Chile en los últimos años.

¿Cuál es el principal argumento en contra de un aumento de impuestos? Que los retornos de los proyectos de inversión serían menores, los empresarios tendrían menos incentivos, y el país podría rebajar sus tasas de crecimiento.

Pero por otro lado, se entiende que los recursos recaudados los gasta el Estado, por lo que la posible baja en crecimiento por menor inversión se podría contrarrestar, en parte, por el aumento del gasto público; y si, además, entrega bienes públicos (definido como aquellos bienes ‘colectivos’ y cuyo uso y disfrute puede ser por cualquier ciudadano sin distinción) que la sociedad valora, el bienestar podría, incluso, ser mayor que si esos recursos se gastaran en bienes privados.

Se entiende también que no sirve de nada repartir una torta que no crece. Y por eso, la preocupación por mayor emprendimiento, el incentivo a la inversión y la productividad, son fundamentales, y se debe gastar parte de los recursos en ello.

Lo que no se entiende es que no podamos “caminar y mascar chicle al mismo tiempo”.

Es decir, que no nos podamos preocupar de crecer, y al mismo tiempo, de recaudar una mayor cantidad de recursos para satisfacer las necesidades que el país demanda cuando ve que existen las posibilidades.

Y esto se vuelve más difícil de comprender cuando vemos la historia reciente del país, y el momento en que se pretende hacer esta reforma. Recordemos que durante los 90s, en dos oportunidades, se subieron los impuestos y el país creció como nunca en esos tiempos, recuperando la brecha de productividad de 20 años previos, donde en términos reales se decreció.

Actualmente, el gobierno que tiene en el tapete una reforma tributaria, es el mismo gobierno que ha promovido efusivamente reformas microeconómicas con el fin de mejorar la competitividad del país. Y propone la reforma, precisamente, en un periodo en que crecemos al 6%, con una agenda de Impulso Competitivo que aún se está ejecutando.

Con esto quiero decir que se puede. Se puede crecer; se puede fomentar la productividad; se puede generar mayor nivel de riqueza y, al mismo tiempo, se puede tener un Estado con mayores recursos, que permita entregar los bienes que como país, dentro del club de los ricos del mundo, necesitamos.

Además, las mayores demandas sociales que requieren de aumento de recursos son: educación (capital humano), salud (bienestar) y obras de infraestructura pública (capital físico), y no podemos obviar que las mejoras en estas áreas van directamente dirigidas a optimizar la productividad del país y a generar mayor crecimiento.

¿Por qué ahora? Es ahora cuando el país tiene un ingreso superior a los 15.000 dólares; es ahora cuando el cobre se encuentra relativamente estable en 3,8 dólares la libra; es ahora cuando demandas justas por mucho tiempo son factibles.

Tampoco nadie (o nadie relativamente serio) pide que sea instantáneo, que se lleguen a niveles de recaudación draconianas, sino que, por lo menos, nos acerquemos a la carga fiscal del 26% que tiene el promedio de la OECD, y que dejemos el 17% actual que existe desde que el país tenía un producto que era menos de la mitad del que hay ahora.

Quizás (y lamentablemente) haya que entender que quienes se oponen con mayor fuerza a una reforma tributaria, en las circunstancias actuales y en el tono en que está planteada, no lo hacen por tan loables motivos como los que enuncian, sino que, tan sólo, por la defensa de sus propios intereses.

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