30 oct 2012

Emblemático, histórico, simbólico

Seguir por televisión las elecciones en Chile, de cualquier clase que sean, se ha convertido en una experiencia tan grotesca, tan provinciana y tan cerril, que puede llegar a tener consecuencias fatales. Y si mientras uno observa ese espectáculo no ingiere una dosis de 500 milígramos de ravotril u otro ansiolítico y además carece de sentido del humor o se encuentra sin compañía, fácilmente puede terminar en la cárcel, el manicomio, una clínica, con una depresión endógena incurable.

Los cientos de reporteros que cubren el evento en todo el país hablan a una velocidad que supera la del sonido, meten los micrófonos y las cámaras hasta en las partes pudendas de los candidatos, chillan y vociferan conclusiones que enseguida desmienten, comentan hechos evidentes, como si todos los espectadores fuesen tontos (se cayó el audio, la comunicación está fallando, hay problemas de imagen, etc.) y machacan hasta el cansancio las mismas palabras que vienen repiqueteando hace décadas, en verdad, hace varias generaciones.

Sin duda, los tres vocablos “cultos” más usados en la última contienda municipal fueron emblemático, histórico y simbólico.

Se dijo que la abanderada de la Concertación ganó en la emblemática comuna de Santiago, lo que no significa absolutamente nada, ya que emblema quiere decir expresión, alegoría, lema, escudo, divisa, jeroglífico, etc. ¿Tal vez descifró el enigma de los signos vecinales, desentrañó el secreto de nuestros ancestros, interpretó papiros?

En un combate simbólico, el alcalde de Providencia fue destronado (sic).Hecha la salvedad de que aquí los gobiernos monárquicos han estado fuera de contexto durante dos siglos, ¿quizá esa competencia tuvo ribetes figurados, metafísicos, mitológicos, que son algunas de las muchas acepciones derivadas de la palabra símbolo?

La voz “histórico” merece una reflexión más detallada, ya que a lo largo del pasado 28 de octubre participamos en momentos históricos, hubo cambios históricos, asistimos a derrotas históricas…

La invención de la imprenta, la Independencia de Estados Unidos y las colonias sudamericanas, la Revolución Rusa, la Segunda Guerra Mundial, la llegada del hombre a la luna, la crisis del Medio Oriente quedan chicas, palidecen, se evaporan en comparación con la histórica, heroica y ejemplar gesta ciudadana que nos acaban de regalar los departamentos de información audiovisuales.

A la radio es preferible ignorarla, pues calca, de modo prácticamente idéntico, el modelo impuesto por la pantalla chica. Sin embargo, de la prensa escrita podría esperarse algo decente, ya que se supone que ahí las noticias son elaboradas y hay artículos que publican expertos en sus respectivas materias. Por lo tanto, tenemos el derecho a exigir mejor calidad periodística, buena prosa, una redacción idónea, en suma, cultura. Y ocurre exactamente lo contrario.

Examinando sin detención, a vuelo de pájaro, un periódico “serio”, y solo sus páginas editoriales, más las columnas de opinión, el resultado es alarmante por la increíble cantidad de lugares comunes y, a la vez, por el nivel de rebuscamiento que exhibe.

La doble repetición, incluso la triple repetición, síntoma de debilidad léxica y mental, campea a rienda suelta: un especialista escribe, sin pestañear: “serían pocos, pocos esperaban, pocos sabían”, para, acto seguido, poner: “las cosas están bien…, si bien se esperaba, porque bien…” y otro le sigue los pasos en la extática afirmación: “los que no votaron no pueden optar por no participar”. Hay “militantes y partisanos” (o sea, guerrilleros), junto a “los chilenos más partisanos”. Y una organización “vivió su mejor performance” (es decir, una estupenda representación teatral).

Es preciso reconocer, de cualquier forma, la inventiva de algunos estudiosos, quienes, en forma sesuda, sutil, quizá premonitoria, cambian el género de ciertos términos: “el ignominio, el evidente alza” (del PGB).

Asimismo, logran una cualidad lírica encomiable: (el fastidio) “alcanzó una masa crítica…cuando contingencias históricas entran en sincronía y ponen en ebullición toxinas” (¿venenos, infecciones, bacilos?)…, para rematar con la perla negra “un tibio, refractado anuncio”.

Otros son de frentón intelectuales y vaya que lo son, pues el peso cerebral que muestran es colosal, de refinada profundidad: sobre “un libro que le parecía infumable”, un crítico gringo sentenció… que “el repertorio “(a saber, lista, catálogo, compilación) para reaccionar… “reflejaba otra variable más de la ecuación, esa variable no se aplicaba si hay margen para bancárselo”. Esta elegancia algebraica, se sustituye, en otro comentario, por enjundiosas meditaciones: “la derecha soft, alternativas que aún no despegan de la estatura de la broma…”

Los ejemplos de tales efusiones verbales son tantos, pese a que se hallan en secciones exclusivas de los rotativos, ocupando un reducido espacio de ellas, que si seguimos citándolos, el goce estético puede nublarnos el entendimiento.

Pero hay todavía más motivos de alborozo, gracias a que nuestros politólogos, cronistas y opinólogos, han descubierto tesoros filosóficos que únicamente existen en nuestro país y que estallan a los cuatro vientos en los sufragios populares: el laguismo, el bacheletismo, el piñerismo, el escalonismo, el lavinismo, el freísmo…

En otras palabras, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, Sebastián Piñera, Camilo Escalona… han escrito libros fundamentales y fundado doctrinas, corrientes de pensamiento, escuelas y sistemas epistemológicos que pueden compararse con el cartesianismo, el kantismo, el hegelianismo, el marxismo, el humanismo cristiano, el existencialismo y es posible que los superen a todos.

Por fortuna, ni Lagos, ni Bachelet, ni Piñera, ni Escalona, padecen delirio de grandeza u otras formas de megalomanía, por lo que cae de su propio peso que están exentos de responsabilidad frente a este aluvión de atributos geniales. Desde luego, para ser dirigente político hay que tener una fuerte dosis de egocentrismo, aunque nunca tanta como para creerse maestro de una ideología trascendental.

Lo anterior dista de ser una crítica exhaustiva al lenguaje y a la exquisita terminología de los medios de comunicación nacionales. Basta con escucharlos, o leerlos, para darse cuenta de que han caído en un cretinismo idiomático que parece irreversible, completamente insuperable.

Si se refirieran a la farándula, a las teleseries, a los realities, santo y bueno. Nadie en su sano juicio podría pedir un mínimo de rigor, una básica sensatez que provenga de esos engendros, sea en los formatos que sean.

No obstante, si se trata de analizar la realidad cívica y, en concreto, un proceso democrático, un manejo competente de la lengua o, por lo menos, un grado de sobriedad, de discreción, de conocimiento del vocabulario elemental, son el mínimo minimorum que cabe reclamar.

En lugar de eso, hay clichés, un océano de frases hechas, un diluvio de pura tontería o claramente un pomposo recargamiento, que pretende pasar por sofisticación.

Y en lugar de aprender algo, tenemos victorias emblemáticas, catástrofes históricas, acontecimientos simbólicos.

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30 oct 2012

Al tiempo que celebro la caída de Sabat, no olvido

Cuando éramos de la Media en los 80′, salíamos a la calle en Ñuñoa, la Unión de Estudiantes Secundarios de la Zona Oriente, que pertenecíamos a la Coordinadora de Estudiantes de Enseñanza Media (COEM), antecesora del Comité Pro-Feses, para recuperar la Federación de Estudiantes Secundarios FESES, que había sido prohibida por la dictadura. Soy parte de esa generación de “actores secundarios” de Ñuñoa.Nuestros liceos fueron intervenidos con directores que eran carabineros o militares.

Aún recuerdo cómo me sacaban de las patillas de clase de religión por hacer preguntas incómodas en el Colegio Benjamín Claro Velasco, alias “el gallinero” entre Lo Plaza y Ramón Cruz, y cómo nos hacían marchar los lunes al ritmo de bandas militares.

Nuestros barrios iban perdiendo sus colores, la “modernización del capitalismo popular” (la de los vouchers, subsidios y chorreo, con concentración monopólica en unos pocos) venía de la mano de una estética facha monocromática. Todo rasgo de cultura popular se fue perdiendo, en la que antes era una comuna alegre y lúdica.

Así, por ejemplo, las Fondas de Av. Grecia, entre Juan Moya y Lo Plaza, con sus cuecas, cumbias y jolgorio, fue reemplazada por las del Estadio Nacional, todas muy controladitas, ordenadas, con estética de los Huasos Quincheros, y sin rastro de la memoria social ñuñoína.

En la esquina donde íbamos a la fonda quedó grabada para la historia el linaje de aquel Director de Tránsito que pasó a Alcalde designado por su “Excelencia el Presidente de la República, Capitán General don Augusto Pinochet Ugarte”: Pedro Sabat. Desde mi infancia estuvo ahí como un espectro oscuro, omnipresente en su estética y represión.

De la misma mano desapareció el gimnasio municipal Manuel Plaza -hasta hoy convertido en peladero, murió el Parque Juan XXIII donde crecimos en sus juegos y anfiteatro griego hoy abandonado, desapareció la piscina Mundt, frente a Salvador con Grecia, con su trampolín olímpico de 10 metros, se vació el Teatro California -reconvertido a “Teatro Municipal”-. La manu militari en mi comuna, en nuestra comuna.

Sabat, como todo el proyecto neoliberaloide criollo, soñaba, en último término, con hacernos desaparecer a los habitantes de Ñuñoa, poniéndonos traba de acceso a los liceos, expulsando a la gente de sus lugares, queriendo reconvertirnos en una comuna a lo Vitacura o Las Condes, aspiracional , consumista, carente de identidad, memoria y proyecto.

Por eso el abandono a las villas sociales, de copropiedad colectiva, como Villa Olímpica, Villa Frei, Villa Salvador Cruz Gana, la población Empart (los edificios rojos de Salvador con Grecia), Villa Alemana, Villa Yugoeslavia. Todas villas que conservan la memoria social de su origen: fueron construídas con un horizonte de barrio comprometido, organizado, en lo posible autogestionado por sus habitantes.

Esa era fascistoide es la que hoy se rompe en Ñuñoa, gracias a que mucha gente se movilizó durante años, mermando ese poder totalitario, que en alianza con el negocio inmobiliario, automotriz y de la basura, supo mantenerse incubado aún 20 años pasada la caída de la dictadura en el plebiscito.

Lo que se ganó en Ñuñoa no es mérito de una campaña electoral -también, pero no en exclusivo-, sino de la acumulación de resistencias de varias generaciones que dieron la pelea en este territorio llamado Ñuñoa, y que la seguiremos dando.

Espero que cuando se haga la película de cómo cayó Sabat, no emule la del “NO”, que hace pasar la historia social como si todo dependieran de buenas campañas electorales.

Tienen su mérito, pero hagamos justicia y otorguemos su verdadera dimensión como catalizador de una Ñuñoa que ya venía creciendo en los territorios, con los estudiantes movilizados en los 80, el 2006 y el 2011, en las jornadas por los peñi mapuche a quienes aplicaron la Ley Antiterrorista, en las peleas por el patrimonio, en los carnavales populares, en las luchas por una reconstrucción justa, en la resistencia cultural y uso libertario de los espacios públicos, en el movimiento sindical de los profes ante una Corporación de Educación militarizada, así como con los microempresarios exigiendo fomento productivo que nunca ha llegado, en los cicleteros con sus cardúmenes de colores exigiendo barrios amables, en los animalistas denunciando la tortura en los rodeos de la “Fiesta Chilena” de Sabat y Agustín Edwards, en las feministas peleando para que en los consultorios de Ñuñoa se entregara la Píldora del Día Después, en los activistas de la Memoria de las Violaciones a los Derechos Humanos desde la casa de José Domingo Cañas, en los ambientalistas marchando por una nueva matriz energética y preocupados por el crecimiento inmobiliario en Ñuñoa, en los “coleros” de las ferias exigiendo regularizar su situación, en los centros culturales que han sobrevivido sin subvención por no ser de la línea sabatista, y así un mar social que movió el piso, hasta lograr La Caída de Pedro Sabat.

Muchos fuimos parte de ello. Es una conquista social, que hoy tiene un rostro que lo encarna, pero que ha sido, es y seguirá siendo colectivo.

Al tiempo que celebro La Caída, no olvido.

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30 oct 2012

Enseñando a discriminar

Durante el mes de octubre fuimos testigos de un interesante debate producido a raíz de un seminario organizado por ISFEM y llevado a cabo en la Pontificia de la Universidad Católica de Chile, que invitaba a reflexionar sobre aspectos tales como la posibilidad de que personas homosexuales asistieran a terapias de reconversión para “sanar” su orientación sexual.

Este acontecimiento provocó que diversos medios de comunicación invitaran a debatir a importantes actores en sus noticieros y programas de conversación sobre la pertinencia, naturaleza e incluso legitimidad de este tipo de acciones “académicas”.

Los organizadores de este encuentro defendieron fuertemente el derecho que tienen a expresar su punto de vista sobre este tipo de cuestiones, y quienes asistieron a repudiar este acto se basaron en un criterio similar que exhibía su derecho a denunciar acciones que impulsaban el odio y la discriminación.

Lo cierto es que esta situación dejo entrever la falta de madurez social para comprender claramente cuál es el principio que debió predominar: si el de la libertad de expresión o el de no discriminación, ambos principios consagrados en instrumentos internacionales adoptados por el Estado Chileno pero vagamente comprendidos e incorporados en su quehacer social, político y educativo.

La pregunta que parece fácilmente desprendible es ¿qué hubiese sucedido si el seminario organizado en las dependencias de una universidad que recibe un importante financiamiento estatal hubiese versado sobre la promoción de la pedofilia o la prohibición de las personas con discapacidad de acceder al sistema educativo o la prohibición del voto de las mujeres?, ¿hubiese tenido sentido invocar el derecho a la libertad de expresión y reunión?, ¿ hubiese una institución de reconocido prestigio nacional y regional, facilitado sus instalaciones para su realización?

¿No será que lo que está en juego no es el derecho a la libertad de expresión sino más bien la falta de consenso social sobre la homosexualidad, su naturaleza y su alcance?, ¿no será que declaraciones de organismos internacionales como los de la OPS sobre la despatologización de la homosexualidad, no son suficiente argumento para que este tipo de acciones deje de existir en instituciones académicas?, ¿no será que aún como sociedad no nos parece tan repudiable que se promuevan instancias que inciten el odio contra las personas homosexuales?

El hecho certero en toda esta discusión debiese estar centrado en si este tipo de instancias deben ser promovidas e incluso amparadas por una institución que tiene como objeto educar a las personas y moldear a los futuros profesionales del país.

Si comprendemos que la discriminación está en la base de todas las violencias, comprenderemos también que cuando se legitiman e institucionalizan acciones como éstas, se corre el riesgo de educar sobre la base de la intolerancia.

El derecho a la educación no sólo se hace vigente cuando se otorgan, sin distingo de ninguna naturaleza, las facilidades de ingreso a todos los estudiantes, sino que, adicionalmente, se otorga cuando se promueven contenidos educativos que alientan la construcción de una cultura democrática.

Una política educativa debe fundarse en la transmisión de valores positivos capaces de remplazar los prejuicios que constituyen la discriminación. En tales valores son fundamentalmente la equidad y la tolerancia ante las diferencias, ya que una educación que promueve la equidad y la tolerancia incluye como eje clave de su educación los derechos humanos y la democrática de un país, y por ello todo lo demás no tiene ni tendrá cabida en una institución que tiene como misión educar.

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30 oct 2012

INE-cesaria cesárea

El asunto Casen-Cepal y cifra sobre pobreza, que muestra la pobreza valórica y estadística en Chile, ha concluido con el anuncio de la creación de un Instituto Nacional de Estadística (INE) de Chile, autónomo, transversal (palabra muy ocupada pero de oscuro significado), transparente y por ende independiente de los partidos políticos, poderes del Estado y fácticos, además de independiente de las grandes empresas y del mercado. No se atreven a decir el Instituto de Estadísticas del Estado de Chile.

Por fin queda claro en la práctica que Chile no tiene Estado, sino que su vida y desarrollo lo determinan los Poderes del Estado (Ejecutivo o Gobierno, Legislativo o Parlamento y Judicial o Cortes) muy disminuidos frente a los verdaderos Poderes Económicos oligárquicos principalmente comprometidos ideológicamente con la derecha económica.

El pueblo de Chile no tiene órganos autónomos, plurales y democráticos que generen las políticas de educación, salud, ciencia, cultura, desarrollo sustentable, energía y prácticamente ninguna materia útil para la población en general, en una forma universalmente participativa.

Desgraciadamente no somos Islandia, que ha cortado con esos poderes, dejado de pagar a los bancos y empresas en deuda con la plata de todos los islandeses y entregado estas instituciones a sus acreedores. Todo lo determinan los grandes capitales nacionales o transnacionales o, en escasa magnitud, algo afín dejado al poder politicoide.

Un organismo autónomo del Estado que realice las estadísticas socio-antropológicas, distribución de la pobreza, igualdad y desigualdad en la distribución del poder, la propiedad, el ingreso, los impuestos, etc.

La estadística en salud, condiciones de atención, tiempos de espera, morbilidad, mortalidad, cobertura según estrato-socioeconómico o etnia, equidad y desigualdad en Municipalidades, etc.

La estadística en educación, probabilidades de éxito en toda la educación según estrato socio-económico, etnia, municipalidad, rendimientos educacionales, etc.

La estadística laboral, del ingreso, contribuciones, salarios, capitales, etc. Pero también la estimación de parámetros de la población chilena como son los de salud, curvas de crecimiento y desarrollo, parámetros sanguíneos, hormonales, de fluidos corporales, etc.

Transparencia en lo que somos, no somos y tenemos o no tenemos los chilenos.

Es también concordante la petición de todas las Sociedades Científicas de Chile, ante el traslado de Conicyt desde el ministerio de Educación (la sartén) al ministerio de Economía (las brasas), de generar un organismo autónomo del Estado que desarrolle una política estatal de ciencia en Chile.

El Parlamento trata de aprobar una ley sobre carrera docente. Pero la carrera docente como la carrera académica (para la cual no hay ni siquiera un proyecto de ley, aunque es la única instancia de acreditación seria de la educación superior) son cuerpos legales cuyas bases deben darlas en su totalidad los profesores o los académicos.

Pastelero a tus pasteles. Solo los pares pueden generar un reglamento de carrera para los pares, y esto sólo ocurrirá cuando haya un organismo estatal autónomo de educación.

Sin haber INE estatal ha trascendido que la indicación de parto por cesárea en Chile está cerca del 70% cuando las recomendaciones internacionales son cercanas al 15%. ¿Porqué tan alto porcentaje?

La respuesta sobre el interés lucrativo se contradice con que está costando casi lo mismo (para el médico que atiende) el parto vaginal y la cesárea. No se dice que esto ha sucedido porque se ha encarecido el parto vaginal y no abaratado la cesárea.

El parto normal vaginal no necesita de médico y la matrona o matrón están capacitados para hacerlo bien, y de tiempo en tiempo un carabinero lo hace. También se argumenta que las madres piden, por diferentes razones (estéticas incluidas) la cesárea.

Pero, aún con la ley de derechos y deberes del paciente, ¿es ético que la madre decida un procedimiento en salud que tiene riesgos que ella en general no puede evaluar plenamente?

Un organismo autónomo del Estado de Chile ya tendría normativas al respecto en una política de desarrollo de la salud en Chile, generada independientemente de los partidos políticos, de los poderes del Estado, del mercado y de los poderes fácticos de las empresas de salud o relacionadas con ellas.

¿Cuánto ganan las Isapres, empresas de salud, profesionales y cuánto pierden los imponentes, pacientes, usuarios o clientes? Vale la pena saberlo por todos transparentemente, pero hay que tener herramientas democráticas y legales para intervenir en el caso de que haya atención técnica, científica y éticamente deficitaria.

No es tan sólo y simplemente un problema de satisfacción del consumidor, es un problema ético profundo, del que los consumidores en general no saben y no pueden estar conscientes.

Sin embargo el Proyecto de Ley de recuperación de la tuición ética profesional presentado hace unos tres años en el Parlamento duerme un sueño profundo o decora el Oriente Eterno.

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30 oct 2012

¿Indignados, apáticos o pragmáticos?

La impresionante abstención en la elección municipal confirmó sólo una cuestión: los políticos y los partidos hoy no gozan del apoyo de la ciudadanía. No logran cumplir un rol básico de la política: convocar.

Ahora bien, ¿qué hay de fondo en esta desafección?¿Son “estos” políticos los que no convocan, o “la” política, en general? ¿O quizás lo que hubo fue puro pragmatismo? Estas son las tres grandes explicaciones que he escuchado y las tres son plausibles y no excluyentes.¿Cuál prima?

1. “Lo que quiero no está siendo representado”.Eloísa habría interpretado a muchos indignados. Votar es legitimar una clase política que no se hace cargo de las demandas del pueblo. “El modelo ya se acabó”, como dice Mayol, y ya no sirve votar por el “mal menor”. El “voto práctico” ya no cuenta: “Yo no presto el voto”.

Se necesita una alternativa al duopolio vigente que responda al cambio de paradigma.Lo que hay es una feroz crisis de representación. La democracia no está en crisis, es “esta” democracia la que está en crisis. No hay apatía por la política, hay descontento con “esta” política. Son “estos” partidos los que están en crisis.

Es “esta” democracia la que está coludida con el dinero y a los grandes intereses.Ellos financian sus campañas. ¿Verdad? Sí, todo esto verdad, suena bien. Realmente la crisis existe y la desconfianza es alta. Pero ¿cómo explicar entonces la abstención en el votante de derecha? O será, cómo dijo Müller, que tampoco “las ideas del sector han sido representadas”. Suena raro, pero puede ser. O más bien, lo que yo quiero por más que sea dicho por uno u otro candidato, no creo que sea encarnado por ellos. No se trata sólo de ideas, sino de personas. ¡La oferta es mala!… ¿Qué venga la nueva horneada?

2. “No me interesa la política”. No es que mis ideas políticas no estén representadas. Es que simplemente no me interesa la política. Yo vivo con los míos, y que no me molesten. De hecho, “los muy frescos me obligan a ser vocal”, como dijo uno por ahí.

“El niahísmo”, del Chino Ríos, sigue vigente no sólo en esa generación que hoy está entre los 30 y los 40 años de clase media y alta, también tiene presencia en una más justificada apatía y desesperanza que es la de los jóvenes de más alta vulnerabilidad y en las familias más excluidas.Esto es lo que explicaría la abstención transversal. Los políticos no los cautivan, pero en el fondo es la democracia misma la que no los cautiva.

Algunos más matizados dirán “votar en esta elección no importa”. Los candidatos son parecidos, o igualmente malos, o la elección de concejales no es importante.Pero otro dirá “votar no importa”, las cosas no van a cambiar para bien por el lado de la política.Derecha o izquierda, dan lo mismo. Yo igual trabajo (o no trabajo) el lunes. Aquí no se juega nada. ¿Sería una buena o una mala noticia que primara esto? Pésima, sea por desesperanza aprendida, sea por simple individualismo burgués.

3. “Mi voto no importa”. Me interesa quien gane, y si tuviese que votar, votaría por este o este otro. De hecho celebré en la noche que no ganara este y que ganara este otro.Pero la verdad es que ahora como no era obligatorio votar, preferí hacer otra cosa.

No hay nada importante que se esté jugando tampoco. Y, aunque las elecciones importan, mi voto particular, dentro de 70.000 votos, no va a cambiar nada. Ninguna elección se decidió por un voto. El domingo era un día bonito para salir a pasear.Tenía pensado votar, pero se me hizo tarde. Para la otra voy. La de presidente si que es más importante. Por último, me aprovecho que no sea obligatorio.

Algunos que no votaron por que “su voto no importaba”, tenían otras cosas que hacer pero el domingo igual vieron las noticias. Antes, los que ya estaban inscritos, tenían que partir no más, si no, estaba el riesgo que te fueran a buscar. Hoy da lo mismo.No pasa nada.Y, por una rayita más, por una rayita menos, ¿qué importa?Bien, gran triunfo del voto voluntario. Ahora bien, quizás sí quería votar, pero ¿gastar más de $1.000 en transporte para eso?Mi voto importa, pero nunca tanto.No tengo las lucas.

¿Qué primó? ¿La indignación? ¿La apatía? ¿El pragmatismo? ¿Quizás otra cosa?

La respuesta a esta pregunta es urgente antes que nos pongamos a teorizar sobre cualquier cambio político. Bienvenidos los estudios y las encuestas (mientras no sean de El Mercurio y La Tercera). Necesitamos saberlo para actuar. Lo que sí está claro, es que, sea lo que sea, no es bueno que esto vuelva a ocurrir.

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30 oct 2012

El exceso de “garantismo” de los jueces

Sobre el bullado caso de los 10 policías de la PDI investigados por “detenciones ilegales, allanamientos ilegales, apremios (torturas) y tráfico”, ha señalado el ministro del Interior: “Es gravísimo y delicado que puedan haberse efectuado procedimientos policiales infringiendo la Ley o pasando a llevar garantías individuales”.

Sabemos que los acuerdos internacionales tales como la Declaración Universal de Derechos del Hombre de Naciones Unidas; el Pacto de San Jose de Costa Rica y otros tratados similares, son el fruto de siglos de luchas dolorosas de pueblos y de personas que pagaron muy caro por cada letra de una garantía reconocida.

Evitar por ende que el Estado, sus agentes o grupos de poder puedan amenazar la vida, libertad o la dignidad de los más desprotegidos y débiles de la sociedad nos ha llevado al establecimiento de reglas o normas fundamentales bajo la premisa de que el Estado busca el “bien común” y la protección integral de los ciudadanos, pero también es cierto que nunca se podrá descartar que sus órganos se comporten de modo arbitrario o corrupto.

Es por ello que las garantías pretenden evitar el atropello y la infracción a los derechos humanos de cada ciudadano. Luego para entender esta idea la de un país sin garantías imagine lo siguiente:

Que usted pueda ser detenido sin necesidad de una causa o motivo.

Que su teléfono, su correspondencia o su vida privada pueda ser violada o intervenida por la voluntad arbitraria de un agente.

Que usted ante una acusación deba estar obligado a declarar o confesar ante cualquier agente del Estado o que deba firmar una confesión o declaración sin poder leerla.

Que no tenga derecho a saber de que se le acusa ni por quien.

Que las policías puedan allanar su casa sin orden judicial.

Que deba permanecer detenido en un cuartel por días sin tener acceso a un juez.

Que se use en su contra prueba falsa, impertinente, parcial, ilegal o adulterada.

Que no tenga derecho a un abogado a menos que pueda pagarlo o que teniéndolo, éste no pueda comunicarse con usted.

Que no pueda pedir diligencias de investigación para acreditar su inocencia.

Que declare en juicio y en su contra un fiscal que debía investigar su caso con objetividad.

Sea juzgado en su ausencia o sin ser oído.

Luego los enemigos del garantismo quisieran que estas reglas o algunas de ellas dejaran de estar vigentes y para desacreditar los derechos humanos subyacentes emplean el sofisma de que: “las garantías favorecen a los delincuentes y dejan a las víctimas en desmedro”, proponiendo que un juez garantista es un protector de la delincuencia. Esta aseveración conlleva una doble falacia.

a) El garantismo es una expresión de los derechos humanos que protege a los ciudadanos en general y en especial a las personas inocentes.

b) La protección de los derechos de las víctimas no pasa por violar las garantías de un debido proceso, pues se puede mejorar la atención y protección de las personas perjudicadas o temerosas de los efectos de un delito, sin atropellar los derechos de otros.

Un juez por lo tanto debe ser “garantista” y al actuar de tal modo se convierte en un activo promotor de una norma constitucional chilena básica, que señala que es deber de los órganos del Estado respetar y promover los derechos garantizados por la Constitución y por los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes.

Ser acusado de excesivamente garantista, es lo mismo que se diga que alguien aplica en exceso tales instrumentos humanitarios, y si bien es cierto, pueden haber discrepancias puntuales de interpretación de algunas normas, ellas son siempre zanjadas por las Cortes Superiores de Justicia, las que por cierto, han venido permanentemente confirmando y delineando las garantías ciudadanas y no debilitándolas.

En definitiva quien deba ser observado con sospecha es por el contrario aquel que aboga por el “eficientismo en la persecución penal”, si con ello pretende derogar el estatuto básico de protección de los ciudadanos frente al sistema judicial penal.

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29 oct 2012

Una nueva oportunidad

Ante un mal comportamiento, la madre indignada le dice al niño: “¡Estás castigado, a tu cuarto!”. Sin embargo, pasado un rato lo llama y le levanta el castigo. Es obvio, sigue siendo su hijo y todo lo que quiere es que aprenda la lección y se porte bien.

Eso es lo que le ha sucedido a la Concertación en estas Municipales. La Ciudadanía que le aplicó un duro castigo en las elecciones presidenciales le ha levantado la sanción y, por ende, le da una nueva oportunidad.

Y es que el bloque del arcoiris es hijo de la ciudadanía.Esa que un 5 de octubre de 1988 con un lápiz y un papel permitió el retorno de la democracia.

Hoy, con los resultados conseguidos queda demostrado empíricamente que la irrupción de la Derecha en el gobierno se debió a un voto de castigo y no al convencimiento de la gente por una opción distinta a la de la centro-izquierda democrática.

Pueden venir ahora muchos análisis electorales, pero lo concreto es que a lo largo del país hay muchos alcaldes electos de la oposición que deben demostrar que se tomó nota de los errores y que es posible enmendarlos para ser nuevamente una opción de gobierno en 2013.

Lo preocupante, eso sí, es que casi el 60% de la ciudadanía no participó en las elecciones con su voto. Es una señal de que hay que trabajar en recuperar la confianza en la política y los políticos y eso sólo puede hacerse con trabajo, transparencia y vocación de servir a los demás y no servirse del poder.

Volver a ser castigados por la ciudadanía sería el peor error no únicamente para las colectividades sino para la propia democracia.

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29 oct 2012

¿Refritos en su propio aceite?

El fenómeno ocurrido en las elecciones del domingo sin duda dará origen a innumerables explicaciones, como siempre cada una de ellas hará su aporte al entendimiento del resultado. Agreguemos una para intentar comprender la alta abstención y el cambio de color de numerosas alcaldías.

Durante años la política ha sido vituperada y los que la ejercen desprestigiados y mal calificados, hemos escuchado frases del tipo: “da lo mismo por quien se vote, igual tengo que trabajar mañana”, como si algún candidato hubiera prometido alguna vez remuneración gratuita para todos y fin del trabajo.Sólo la obligatoriedad del voto movilizaba al electorado.

Ausentes a partir de la dictadura las clases de educación cívica, reducidos los espacios de debate e intercambio de ideas por inútiles y poco rentables, reducidos los espacios de proselitismo, la política se ha ido arrinconando y haciéndose posible sólo para aquellos que poseen dinero para pagar publicidad. La política ya no son ideas sino que sólo marketing.

Este degradante sistema subsistió gracias a un no despreciable castigo: quien no votaba se hacía acreedor a una multa equivalente a la mitad más o menos de un mes promedio de pensión. Las personas ejercían su derecho ciudadano para evitar pagar la multa y no para elegir como su representante a quien estuviera más cerca de sus principios y valores.

Ante la desesperación de un cuadro empatado que no tenía renovación y no ejercía el menor interés para el ingreso de los jóvenes, se optó por el mal menor, eliminar el castigo haciendo automática la inscripción y voluntario el voto.

Unos (la derecha) se sentían protegidos por los estudios que indicaban que en esas condiciones los votantes eran normalmente los sectores más acomodados e instruidos de la población. O sea, todo debía seguir igual.

Los otros (oposición no derecha) lo entendían como el último intento para dar aire a un registro electoral envejecido y conservador.

Así llegamos al 28 de Octubre, y ¡oh sorpresa! ¡Bienvenida Sorpresa! No pasó ni lo uno ni lo otro, sino que todo lo contrario. Todo cambió, las encuestas al tacho de la basura.

¡Que pasó! Surgió una poderosa explicación del porqué sí se votaba cuando era obligatorio: con un modelo cultural que ha exacerbado el valor del dinero, que ha mercantilizado incluso las elecciones (quien hace hoy trabajo voluntario), que le ha puesto precio al voto: si no votas debes pagar, la verdadera razón del voto de una parte de los acomodados ha desaparecido.

Cocidos en su propia salsa, esclavos de su propio discurso los que se miden por cuanto tienes reciben la buena noticia de que pueden dejar de votar sin pérdida monetaria. Y así proceden.

En el siglo pasado por allá por 1970, a un señor llamado Jorge Alessandri le pasó lo mismo, perdió por treinta y seis mil votos y se decía que medio millón de personas no había votado.

Bastó que una parte de los jóvenes desoyera los llamados a las funas y a no votar para que el vuelco fuera gigantesco. Una inesperada revalorización de la democracia ¡con mi voto puedo cambiar las cosas!

Ya empezamos a escuchar la preocupación por los ahora altos niveles de abstención y curiosamente, se insiste en medidas económicas como transporte gratuito y no la educación y formación, a lo mejor porque el foco es distinto, a unos le interesan los mayores a los otros los jóvenes.No escuchamos de la derecha esa queja en el sistema anterior.

El desafío es enorme, los elegidos tienen que cumplir sus promesas, hacer una buena gestión municipal que incentive a los que participaron en el proceso a ejercer su derecho en los próximos ejercicios democráticos. En todo caso, este electorado ya sabe que si no está conforme, su voto puede cambiar las cosas.

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29 oct 2012

A propósito de balcones

Se le aguó la fiesta al ministro-candidato, arrastrando en su caída al ahora derrotado alcalde de Santiago. La ambición lo llevó a la euforia y la euforia al ridículo. No cabe duda que muchas personas fueron a votar con el propósito de sancionar el menosprecio de la voluntad ciudadana expresado en este inusitado propósito de absurdos festejos antes que las urnas se abrieran y dieran su palabra definitiva.

Al oficialismo lo derrotó su soberbia y el círculo vicioso de sus cálculos autocomplacientes, de encuestas parciales y de un intervencionismo que la ciudadanía rechazó.

Así mismo, el veredicto de quienes votaron quiso dejar atrás, definitivamente, repudiables expresiones de la crueldad pinochetista, como en Providencia, donde el impúdico homenajeante de los violadores de los derechos humanos fue derrotado, por su conducta autoritaria, prepotente y su estrecho maridaje con contumaces criminales y torturadores, como el jefe operativo de la DINA y otros similares, que recibían las loas y elogios bajo patrocinio alcaldicio.

Un puñado de alcaldes semivitalicios deberá dar un paso al costado, entre ellos, el comprador de votos de Independencia, caso patético de odiosidad hacia las mujeres y del populismo más ramplón y vergonzoso de la derecha chilena.

No cabe duda que la gente merecía más.

En este contexto, el ministro-candidato quiso exhibir su audacia y mascar la fruta prohibida, festejar burlando el decoro republicano. Por ello, ha perdido el paraíso. Se arriesgó y sufrió una severa derrota política. ¿Hasta cuándo el Presidente de la República lo soportará en el gabinete? No se sabe.

Como las ínfulas del presidenciable son ilimitadas, pretende quedarse aún un semestre más. Pareciera ser que su criterio es simple: es más fácil hacer campaña desde los cargos de gobierno. En todo caso, ahora busca balcón desde el cual exhibirse.

El país fue informado que habrá un cambio de gabinete en cosa de días. Esta es una prueba de fuego para el actual gobernante. Si ratifica un gabinete de intervencionismo electoral, será muy desafortunado para el país y se precipitará un período de lamentable confrontación política.

En cambio, si hay una rectificación notoria y efectiva hacia un gabinete que entregue garantía real de poner término al uso del aparato de Estado con fines clientelísticos y amicales, en ese caso, de haber seguridades de prescindencia como corresponde al buen criterio republicano, el Presidente de la República podrá entregar correctamente su mandato (como a él se le entregó, por lo demás) a quien el país soberanamente elija como su sucesor en noviembre del próximo año.

Es decir, la búsqueda de balcones como trampolín electoral puede ser un error final de una administración que acaba de ser derrotada por la ciudadanía.

En consecuencia, el desafío de la oposición y el oficialismo es la observancia del interés nacional y no nuevas aventuras triunfalistas.

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29 oct 2012

Reflexiones y propuestas para un municipio sustentable

En virtud de que recientemente han concluido las elecciones municipales en nuestro país, donde se repetirán algunas autoridades y en otros casos se renovarán éstas, estimo que para las autoridades electas sería necesario considerar dentro de sus actividades de trabajo desarrollar políticas públicas a nivel municipal en materia energética, ya que creo que sería interesante que nuestros municipios adopten modelos de sustentabilidad en su gestión, para colocarse en cierta medida a la vanguardia de otras instituciones que luchan por un medio ambiente más limpio y energéticamente eficiente.

Estimo que a través de medidas simples y que involucren costos abordables se pueden realizar algunas medidas como las siguientes:

Auditoría Energética en Edificios Municipales: efectuar un estudio de las instalaciones en cuanto a su calidad y su eficiencia (referente a la energía consumida, tecnología empleada en sistemas de iluminación y climatización), para identificar los posibles focos de ahorro energético.

Alumbrado Público: evaluar el estado actual de las luminarias y promover una serie de mejoras que ayuden a reducir el consumo energético con iluminación que emplee tecnología de alto poder de eficiencia energética certificado, en algunos sectores para fomentar directamente el ahorro.

Eficiencia Energética en Semáforos y Señales de Tránsito: en los semáforos de la ciudad reemplazar la tecnología de iluminación utilizada por tecnología LED que implica una inversión recuperable en el tiempo y eficaz.

Mesa de Dialogo Energética Municipal: realizar un foro ciudadano en donde participen los vecinos, además la empresa privada, establecimientos educacionales como colegios y universidades en el que se ayude a educar a la comunidad en el uso y ahorro de la energía con un lenguaje simple y didáctico para crear conciencia de los importante que es vivir en un ambiente limpio y energéticamente sustentable, fomentando encarecidamente el cuidado y correcta utilización de nuestros recursos naturales disponibles.

Es por ello que planteo estas sencillas propuestas con el propósito de generar un debate real y llevar a la discusión en donde se obtenga un óptimo resultado en pos del beneficio comunitario.

Sin embargo estimo que para cualquier estudio o desarrollo de nuevas propuestas no solo a nivel municipal, sino que también a nivel regional y nacional se incluya a los ciudadanos, ya que cualquier forma de participación ciudadana es un gran avance para un país que opta por el tan ansiado desarrollo.

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