18 dic 2012

Gracias a Beethoven

En los días en que mi padre debió irse a la clandestinidad, en 1984, yo estudiaba guitarra clásica en el Conservatorio de la Universidad de Chile.Veníamos de meses de alegría por las protestas nacionales que se expresaron con fuerza por parte de pobladores, estudiantes y trabajadores desde diciembre de 1982 (mes en que regresamos a Chile desde Hungría) y todo 1983.

Mi viejo se desvivía organizando a los profes cesantes e intentaba aportar a la unidad de las izquierdas -tan dadas a la fragmentación infinita- hasta que logró junto a Manuel Almeyda, Fabiola Letelier y Jecar Neghme crear el Movimiento Demorático Popular (MDP). Toda esa intensidad activista se vio frenada y reprimida por la orden de captura en su contra firmada, por “orden del Presidente de la República”, por el entonces ministro del Interior, Sergio Onofre Jarpa. Por doquier buscaban a mi viejo para detenerlo y expulsarlo del país.

En 1984 se inició así un periplo por distintas casas y nosotros, con mi hermana América, solo lo podíamos ver en ocasiones muy acotadas, a la rápida, pues debía estar siempre en movimiento para que no lo tomaran. En definitiva, dejamos de verlo mucho.

Sabíamos de él por cartas que nos hacía llegar, que escribía desde sus escondites.Nosotros las leíamos, disfrutábamos su letra redonda, claridad reflexiva y sentimientos auténticos de padre dolido por no poder ver sus hijos, y luego debíamos quemarlas para que no quedara huella de que tenía contacto con nosotros, pues éramos regularmente visitados por la CNI que se dejaba caer a nuestro departamento en Villa Los Presidentes en Ñuñoa.

En ese contexto, intentaba concentrarme en lo que venía cultivando desde los 8 años en forma sistemática, y que sería a lo que me dedicaría en la vida: la guitarra clásica.

Asistí a las clases de teoría y armonía, y a las de instrumento principal, acompañado por amigos de la Jota que me protegían, por temor que me pudieran tomar para extorsionar a mi padre. Era muy difícil llevar una vida normal en esas circunstancias, todo apuntaba a perder el estribo, quedar dañado, lleno de un odio mudo contra este Chile intervenido por el fascismo. Esa rabia crecía en mí como un volcán interno que me intoxicaba, pues de pequeño aprendí a amar a la Humanidad, a sus creaciones, diversidad, a tener confianza y respeto por sus obras.

La represión era más intensa y ya nos volvíamos locos, entre querer ver a mi padre y él no poder juntarse con nosotros. Perdimos su ingreso, pues debió dejar de trabajar, y la pobreza cayó sobre nuestra familia. Salí a vender helados en la micro, para tener para fotocopias de la Facultad de Artes, y así poder ensayar en casas las partituras de los libros que ya no nos prestaban en biblioteca, pues nos retrasamos en el pago mensual. Mis amigos saldrían al Quisco de vacaciones y nosotros sin ni uno. Había que arreglárselas.

El mundo se tornaba oscuro, pesado, tan distinto al año 83, lleno de esperanza y colorido en las calles repletas de gente, los cacerolazos, las manifestaciones. Ahora había Estado de Sitio. Por momentos creí que no volvería a ver mi padre, cada vez sabía menos de él.

Mi profesor de guitarra, el maestro Ernesto Quezada, que se cuidaba -como la mayoría de Chile- de expresar sus opiniones políticas por miedo a los “sapos” que estaban infiltrados en todas partes, me regaló una invitación que le habían dado a él, para asistir a un Concierto que daría Claudio Arrau, que pasaba por Chile, en la Catedral en Plaza de Armas.

No sabía quién era Arrau, tampoco conocía la pieza musical que interpretaría.Estaba recién por cumplir los 14 años. Era invierno y fui, con la pesada guitarra en la mano (los estuches en esa época era de madera), y me colé lo más adelante que pude, quedando a muy pocos metros por el costado de donde se sentaría Arrau junto al piano. Y fue una de las experiencias más bellas e intensas que he tenido en mi vida.

Arrau, de muy avanzada edad, interpretó el Concierto Nº 5, “El Emperador”, para piano y orquesta, que Beethoven dedicó a Napoleón, cuando éste aún encarnaba los ideales de la Revolución Francesa y se pensaba que podía llevarla a Alemania y el resto de Europa. Bellísimo.Fue una hora de música pura, ver esos huesitos de los dedos de adulto mayor de Arrau correr por el teclado, con una suavidad o fuerza insospechadas.

Un regalo de un amigo, mi maestro de guitarra, que sólo se comunicaba conmigo a través de la música, pues vivía aterrorizado y casi no emitía palabra. Ese contacto me iluminó y sentí vigor y confianza en la belleza nuevamente. Que lo eterno no es del orden de lo humano, que éste mal momento pasaría, que volvería a ver a mi viejo y a disfrutar juntos las pichangas interrumpidas.Que superaríamos la pobreza, y mi madre tendría posibilidad de estar tranquila sin que perdiéramos los estudios. Que mi hermana crecería feliz. Que el país se recuperaría de la pesadilla asesina.

La música de Beethoven y la interpretación de Arrau, así como la amistad silente, pero musical, de mi profesor de guitarra que me había invitado al concierto de un compositor revolucionario, me trajeron de vuelta al goce de la vida. Esa música en la Catedral desató una conversación interna en mí en la que me sentí a salvo, tocado por complicidades delicadas, de una resistencia cívica que se ponía del lado del homenaje a nuestros propios esfuerzos, a nuestras revoluciones cotidianas, a quienes se ponían en juego aquellos días.

Gracias a la música de Beethoven y a la amistad, volví a creer.

*Ludwig van Beethoven nació el 16 de diciembre de 1770.

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18 dic 2012

Crisis de la educación superior, ¿más o menos Estado?

Uno de los elementos que ha develado la crisis en la educación superior, que ya casi nadie niega, salvo el ministro del ramo, es que entender esta actividad como “un bien de consumo”, según la filosofía del Presidente Piñera, no resiste mayor análisis.

La provisión de educación pública, en todos los niveles del sistema es una obligación ineludible del estado, en cuanto representante del bien común y, a partir de la idea de que la educación es un derecho de todos los ciudadanos.

Ello, sin embargo, requiere de un estado activo y no subsidiario. Es decir, independientemente de la manera en que esa obligación se ejerza y la participación de privados es una de ellas, como en todas las cosas, la autoridad puede ser delegada, pero la responsabilidad es por esencia, indelegable.

Esa es una discusión que el ministro de Educación, el gobierno y los partidarios de la derecha gobernante quieren eludir. Por ello se niegan a legislar a favor de la intervención de los planteles de educación superior, cuando estos no han sido capaces de ejercer su rol, de acuerdo a la legislación vigente.

Es curioso, pues la intervención de empresas productivas está regulada en nuestra legislación, como una manera de no afectar “el funcionamiento de la economía”, al considerar que ello es un “bien social” que debe ser preservado.

Sin embargo, nuestra derecha criolla no está disponible para aplicar el mismo criterio en el caso de la educación y así preservar la posibilidad que miles de estudiantes y sus familias, afectados por la delictual administración de planteles universitarios queden en una situación de vulnerabilidad de la que no pueden escapar por sus propios medios.

Claro, esa es la manera en que se hace prescindible al Estado de una responsabilidad que no debiera eludir.

La certeza de que el sistema de educación superior funciona de modo regular, que respeta la legislación pertinente y que es evaluado y fiscalizado, de modo de dar confianza a sus usuarios de que pueden invertir tiempo, recursos y sobre todo sueños, está garantizado por un estado responsable, que vela por los derechos de todos.

Ello no ocurre en el Chile de hoy y, pese a lo contundente de la evidencia, el ministro de Educación pretende que puede seguir arrancando de sus responsabilidades y esconder la realidad hablando de “casos aislados” o “situaciones puntuales”, como si esa fraseología, carente de todo sentido, pudiera convencer a alguien en su sano juicio, o morigerar el drama de las familias de los jóvenes que hoy se sienten estafados por la codicia de algunos y la negligencia de otros.

Este es el marco en que, desgraciadamente, decenas de miles de jóvenes postularán a las universidades del país. En una situación de la mayor incerteza, avalada por un gobierno que, en representación del estado, actúa con la máxima irresponsabilidad.

La discusión entonces está planteada. Como en muchas otras áreas será entre quienes creen que todo lo regula el mercado y quienes pensamos que el Estado no puede ser prescindente cuando se trata de derechos básicos de la mayoría, como es el acceso a la educación y, en mi opinión, gratuita y de calidad.

Ya sabemos la respuesta del gobierno y la derecha; esto es “un asunto entre privados”, sin querer aceptar que la asincronía entre los actores (por un lado grandes consorcios que administran planteles universitarios y jóvenes que buscan su destino de manera individual) no puede seguir siendo aceptada.

La discusión acerca de la manera en que se debe reorganizar la Comisión Nacional de Acreditación, la discusión pendiente acerca de la Superintendencia de Educación Superior, que el gobierno quiere convertir en la instancia blanqueadora del negocio privado, o las nuevas normas que se deberán generar a partir de la constatación de la debilidad jurídica en que funcionó el sistema de educación superior, no podrá dejar de lado la responsabilidad del estado, que hasta aquí no se quiere asumir.

¿Más o menos Estado en la educación superior? La discusión está planteada.

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18 dic 2012

La Haya: diplomacia desacertada e inútil

Quisiera tratar este tema antes de que el Tribunal de su veredicto.Después de una batalla todos son generales, además mi juicio no depende del éxito mayor o menor que obtenga Chile. Quiero juzgar desde una perspectiva ético-política, el manejo de nuestra diplomacia dentro y fuera del país.

La reacción tropical del Presidente de Colombia a una resolución del mismo Tribunal respecto a otro litigio ha sido una vergüenza, deja muy mal la imagen de nuestra democracia continental latinoamericana. Por supuesto que no ha de afectar en lo más mínimo el litigio Perú-Chile que está sobre el tapete. Hemos declarado cada país solemnemente que acataremos el veredicto sea cual fuera, sin embargo lastimosamente no todo ha sido ni va siendo tan diáfano y pacífico.

Por de pronto se ha sabido que el Perú hizo en un tiempo una proposición de examinar y resolver el problema con un diálogo abierto bilateral.Los mismos tratados pueden siempre reajustarse y aún cambiarse de común acuerdo. Un diálogo al respecto hubiera ahorrado el litigio y grandes gastos económicos, hubiera sido también un ejemplo para los otros países latinoamericanos de cómo se podían resolver los conflictos, pero Chile se negó siempre. El Perú recurrió entonces al Tribunal Internacional de La Haya. Fue en tiempos de la Presidenta Bachelet y el ministro era Alejandro Foxley.

Este recurso fue ejemplar, era lo que debía hacerse, lo que Chile mismo hubiera hecho si hubiera estado en esa misma situación. Sin embargo nuestro canciller consideró que la actitud peruana había sido “inamistosa”.

Pienso que esta interpretación de “inamistosa” fue un grave y pernicioso error. Los cancilleres que sucedieron a Foxley mantuvieron esta misma apreciación, se mantuvo como una política de Estado. Tal vez pensando que eso podría contribuir a impresionar al Tribunal de La Haya a favor de nuestra tesis.

Mientras tanto, los presidentes del Perú, García y el actual fueron unánimes en proponer que el litigio de La Haya fuera “encapsulado” es decir que no interviniera en nuestras relaciones de amistad, de comercio y de cooperación. Y que se tuviera como algo no resuelto en principio desde el momento que se ponía en las manos de un tribunal internacional. Era lo más lógico y lo más conveniente.

Nuestro Presidente Piñera aceptó en un momento, estando en Lima, la interpretación del peruano,pero nuestra política exterior se mantuvo en general en una actitud de molestia y resentimiento. Considero equivocada la táctica publicitaria que tomó el gobierno. Consistía en difundir la molestia contra la actitud peruana y convencer a todos con argumentos unívocos (los tratados aceptados) acerca de la justicia de la posición chilena. Era una táctica poco trasparente, poco respetuosa de una racionalidad adulta.

Buscaba convencer de que la única solución podría ser la que nos favorecía, lo que después hubo que corregir cuando la autoridad se dio cuenta de que la respuesta podía ser distinta y debía ser por todos aceptada.

La mejor táctica continuaba siendo la mayor encapsulación del litigio y la menor difusión de noticias de argumentos, de preparaciones y reuniones que solamente agrandaban el problema y hacían más difícil la solución final.

Por ejemplo, fue inoportuna la invitación de los ex presidentes para una reunión y sobre todo la declaración de Eduardo Frei,desacertada, no nos ayudó en lo más mínimo. No ganamos nada sino perdemos con tantas declaraciones de que “vamos a aceptar el veredicto pero este tiene que ser favorable a Chile, pero este no puede ser un término medio, este tiene que ser según derecho, etc. etc.”

Estas declaraciones no dejan sino la pregunta o la duda de que si realmente estamos resueltos a aceptar plenamente la solución que nos venga de La Haya. Ha sido particularmente desacertada la declaración leída recientemente por nuestro Presidente de que Chile “defendía” a todo precio sus derechos territoriales y marítimos. Esta vía nos perjudica, nos humilla, nos avergüenza ante la comunidad mundial.

Tengo la sospecha de que el empeño de nuestros gobiernos sucesivos ha sido mayormente mostrar que han puesto toda la preocupación y los medios como para triunfar en esta contienda legal y que no se les podrá acusar si es que Chile sale perdiendo, de que no han hecho lo que han debido. En una palabra, han procurado de preferencia cubrir su prestigio partidista frente a la oposición más que preocuparse a fondo de los intereses de Chile.

Los intereses de Chile, el interés predominante de Chile hubiera sido aprovecharse de esta misma diferencia para con un país hermano, para demostrar a Latinoamérica cómo dos países hermanos pueden solucionar sus conflictos en toda paz y armonía sin armar una pelotera jurídica o política o nacionalista por un ligero diferendo.

Un diferendo debe resultar superable y así abrir un camino para lo que sería absolutamente racional y obvio: propiciar un desarme colectivo en todo este continente sudamericano.

Estos son los capítulos por los cuales concluyo que el manejo que ha tenido nuestra diplomacia del diferendo con el Perú ha sido en buena parte desacertado, inoportuno, torpe e “inútil”, ciertamente.

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18 dic 2012

El juez Solís y los derechos humanos

Por estos días pone término a su extensa carrera judicial el magistrado Alejandro Solís, ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago. Es uno de los mejores jueces penales, destacado por su rigurosidad profesional en la investigación y sentencias de numerosos procesos por crímenes de lesa humanidad.La calidad de sus fallos son materia de lectura y estudio por los estudiantes de más de alguna Escuela de Derecho del país.

Lamentablemente, estos méritos profesionales relevantes no parecen ser uno de los factores regularmente empleados para promover a los magistrados. Al contrario, todo muestra la primacía de criterios puramente políticos en las propuestas para integrar la Corte Suprema. Lo que desmiente la supuesta autonomía del poder judicial y, dada la intervención del gobierno y el parlamento, ha permitido el ascenso al más alto tribunal de la república de funcionarios que en los procesos sobre graves violaciones a los derechos humanos, tan importantes para nuestra sociedad, dieron muestras de indiferencia. Si es que no fueron derechamente partidarios de la impunidad y emplearon instituciones inaplicables en Derecho para estos juicios, como la amnistía o la prescripción.

Por cierto, el juez Solís jubila sin haber llegado al más alto tribunal. Pero las agrupaciones de derechos humanos y muchos miles de familiares de las víctimas a lo largo del país le recordaran como uno de aquellos jueces ejemplares en defensa de los derechos fundamentales de la persona humana.

Necesario hablar de estos temas en un tiempo como el nuestro inducido desde las alturas a la tentación del olvido, a borrar la memoria, ignorando que no hay presente estable ni futuro en paz si no se restaña las heridas del doloroso pasado.

La realidad sin embargo se encarga de revertir esa siniestra tendencia. Uno de los últimos fallos del propio juez Solís nos recuerda que no debe haber ni perdón ni olvido ante tanto horror. Que no podemos aceptar impunidad para quienes mataron, torturaron o hicieron desaparecer a miles de chilenas y chilenos por el solo hecho de creer que se puede construir un Chile diferente.

Esa sentencia de diciembre procesa a 13 ex agentes de la DINA por el homicidio de 20 personas cometidos en los primeros meses de 1975.Entre ellos está el coronel (R) Marcelo Moren Brito. Este oficial de ejército es sin duda uno de los más desquiciados verdugos, valiente y agresivo frente a prisioneros indefensos, vendados y atados. Recordemos que a los detenidos a su cargo solía arrancarle los dientes con un alicate o pasar con un vehículo motorizado por sobre sus cuerpos hasta triturarlos.

Pero sin duda uno de sus asesinatos más cobardes fue el que cometió contra su propio sobrino, Alan Roberto Bruce Catalán, militante del MIR, estudiante de ingeniería civil de la Universidad Católica de 24 años, padre de un hijo de año y medio y cuya familia había albergado al propio Moren Brito cuando estudiaba en la escuela militar.Fue un camarada de armas suyo, el coronel Maximiliano Ferrer Lima, quien testimonió hace unos años que Moren Brito “ahorcó a su propio sobrino con un alambre y para asegurarse le introdujo enseguida la cabeza en una bolsa de plástico”. Así lo señaló en su tiempo el diario La Nación.

En silencio, solapadamente, se ha ido otorgando beneficio tras beneficio a los criminales que han sido condenados; ni siquiera se informa a tribunales.

¿Porqué gozan de libertad varios que, conforme a la ley y a las sentencias judiciales debieran estar en prisión?

¿Será la fórmula secreta empleada para cumplir promesas electorales que de otro modo no serían posibles? ¿y el Estado de Derecho?

Es más, cuando se intenta trasladar desde el penal Cordillera a Punta Peuco a algunos de los delincuentes, sus abogados levantan la voz y se quejan de este “atropello a los derechos humanos”. Tal sea porque hay diferencias de calidad entre las canchas, piscinas, salas de estar, internet y otras regalías de las que de modo increíble gozan los peores criminales de la historia del país. ¿Y donde queda el principio constitucional de la igualdad ante la ley?

Reviso los últimos informes tanto del Instituto Nacional de Derechos Humanos como de observatorios de algunos centros de estudios. Valiosos sin duda. Sin embargo, no puede dejar de observarse la escasa importancia que asignan a la formidable acción de las agrupaciones nacionales de familiares de las víctimas de la dictadura, sea de detenidos desaparecidos o de ejecutados políticos. Es como si no existieran.

Pretender que lo que se ha avanzado en materia de verdad y justicia es obra del Estado, de los gobiernos democráticos habidos desde la dictadura, es falsear totalmente la verdad.

Lo objetivo, lo que cualesquiera ciudadana o ciudadano puede comprobar es que ha sido la abnegada lucha de los familiares con el apoyo de un pequeño grupo de abogados lo que ha permitido avanzar en materia de derechos humanos, enfrentando los obstáculos de una justicia no siempre dispuesta a castigar los crímenes y menos a reparar a las víctimas, un parlamento indolente y gobiernos más preocupados de evitar fricciones con los institutos armados que de instar por que se haga justicia.

Tan es así que la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, la AFEP, ha debido presentar esta semana un recurso de protección en contra del subsecretario del Interior Rodrigo Ubilla, quien tiene retenidas en su oficina sin firmarlas cerca de 100 querellas que le fueran entregadas hace ya muchos meses por los abogados del Programa de DDHH del Ministerio del Interior. Sin su firma no pueden presentarse y el concurso del Programa ha sido significativo en el desarrollo de estos procesos. No firmar esos escritos es impunidad.

Estos últimos días han ocurrido en Santiago hechos graves que revelan que el largo brazo de la dictadura no descansa.

En efecto, han sido asaltados los domicilios de 3 destacados periodistas e investigadores : Mauricio Weibel Barahona, corresponsal de la agencia alemana DPA y autor del libro “Asociación Ilícita” que puso en evidencia la relación de los servicios secretos de Pinochet con políticos plenamente vigentes como, por ejemplo, el actual diputado Alberto Cardemil. O Javier Rebolledo, autor del exitoso libro “La danza de los cuervos” que relata el horror del cuartel de la calle Simón Bolívar de la Dina y finalmente Cristóbal Peña, autor del libro “Los Fusileros” sobre el atentado del FPMR al dictador.

Suma y sigue el tema de derechos humanos: la viuda del coronel Huber ha reiterado sus exigencias contra la impunidad del crimen de su esposo que fuera asesinado para acallar el escándalo del contrabando de armas que diera jugosas ganancias al dictador y a otros uniformados.

¿Qué dice de todo esto el ministerio de Justicia? Poco o nada porque mientras escribo estas líneas están ocupados en el cambio de ministro. Fracasado en su empeño de justificar lo injustificable, es decir su relación con Eugenio Díaz en el escándalo que afecta a la Comisión Nacional de Acreditación,el hasta hace poco secretario de Estado Teodoro Ribera fue depuesto de su alto cargo desatando una crisis política. Era el mismo funcionario que, con arrogancia clasista contestó a los periodistas que los que le criticaban por ser ministro y empresario que “entonces busquen bajo los puentes o en el hogar de Cristo”.

En circunstancias como las que vivimos, hace falta y extrañaremos al juez Alejandro Solís. Afortunadamente, hay otros jueces de su capacidad y rectitud. No se impondrá ni la violencia ni la impunidad.

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17 dic 2012

La renuncia a la responsabilidad política

La renuncia del presidente de RN finalmente no prosperó, pero la imagen de liviandad política que proyecta este hecho va a tener un efecto más duradero que el destino usual de una anécdota. Lo que muestra simplemente es que una reacción emotiva prima en el ánimo del conductor de un partido, por sobre sus deberes básicos. Se trata de una falla grave a la responsabilidad política.

Lo que nunca le está permitido a una alianza de gobierno es cuestionar la autoridad del Presidente de la República.Sin embargo es esto nada menos lo que acaba de hacer, muy suelto de cuerpo, el conductor del partido en el que milita Piñera.

En efecto, quien pone el tema en debate sobre quién es el que gobierna en Chile es Carlos Larraín al decir que esta administración “poco a poco se ha ido convirtiendo en un Gobierno de partido único”. En otras palabras, lo que está diciendo es que, por sobre Piñera, está la opinión última que entrega la UDI.

Lo sorprendente no es lo opinión en sí misma. Al fin y al cabo, esta convicción es compartida por no pocas personas en la oposición. Lo inverosímil es que el responsable máximo del partido de Piñera respalde públicamente todas las versiones opositoras de que contamos con un Presidente con capacidad de decisión condicionada a un partido fuerte.

Lo que acabe de hacer y deshacer Larraín tampoco prestigia a su partido, el cual queda a la altura de un acompañante eternamente ninguneado por su socio. Además, es del todo obvio que nada de lo que haga RN puede revertir esta situación porque, de otro modo, su conductor no renunciaría sino que golpearía la mesa, exigiendo rectificaciones de fondo.

Todavía menos este episodio prestigia a Allamand. Por supuesto, el abanderado presidencial aparece resolviendo un entuerto. Pero hay que decir que demostrar mayor sentido común que Larraín no es una prueba particularmente exigente. Por si fuera poco, el mismo desubicado casi grita desde la azotea que el partido que sostiene la candidatura de Allamand es débil, sometido y ni siquiera le vale conquistar la presidencial porque, igual, la UDI se las arregla para hacer su voluntad.

Lo que nunca ha podido entender la derecha es que, si se quiere hacer una política que la prestigie, ninguno de sus dirigentes puede tratar a un partido tal como si fuera su propiedad privada, en vez de una institución pública.

Lo que hace Larraín es poner a su tienda política al nivel de sus intereses y apreciaciones personales. Nada colectivo prevalece en su conducta.No llama a su directiva. No cita a la comisión política. No realiza gestiones internas. Simplemente comunica su determinación tal como lo haría un patrón con los inquilinos, tras la disputa con otros dueños de fundo.Un espectáculo lamentable, pero ya muy reiterado.

Como ya se dijo, se ha presentado este episodio como un ejemplo del ejercicio de un liderazgo claro de Allamand en una situación de crisis, pero es una interpretación muy discutible de lo que pasó. Este innecesario episodio puede ser analizado, mas pertinentemente, como la creación de una crisis artificial, extrema en su inicio, ridícula en su duración y con un término demasiado obvio. En realidad, mostrar como un logro la resolución de un problema creado por los propios involucrados, no corresponde a la actuación colectiva que prestigie a sus protagonistas.

Larraín se va porque el gobierno está controlado por la UDI, da pie atrás porque en menos de 24 horas es convencido de que se ha inaugurado un nuevo trato en la relación de su partido con el gobierno. Nada de esto es serio. Si el gobierno está controlado por el gremialismo, esto quiere decir que Piñera está manejado por ese partido; si un presidente de partido renuncia es porque la situación no tiene remedio; si para que una situación tan dramática sea superada basta con una promesa vaga eso implica que todo lo anterior es discutible.

Lo que se ha perdido en esta oportunidad es el valor de las palabras y de las declaraciones. O no se cree en lo que se dice o lo que dice es tan poco importante que puede ser retrotraído a la menor señal. Y cuando un líder pierde credibilidad ya no puede cumplir bien con su función.

Larraín renuncia tras la salida de Teodoro Ribera del ministerio de Justicia. Un episodio que sólo podía concluir tal cual terminó. Ahora vuelve.Pero ya no será lo mismo. Quiérase o no, hasta sus más cercanos esperarán que Larraín salga con otro numerito como el que acaba de concluir. Porque no tiene equilibrio. Porque no mostró prudencia. Porque en él no primó el interés partidario. Porque sacrificó lo permanente a lo coyuntural.

Como sea, Carlos Larraín vuelve a su puesto, pero nada es igual que antes. Su figura es más pequeña; sus palabras tienen menos valor cuando las pronuncia; su partido quedó más debilitado.

En RN tendrán que cuidarse de él, en vez de esperar que él cuide del partido.Desde fuera hay solo una recomendación que se le puede hacer a este partido de derecha: vayan buscándose otro presidente.

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17 dic 2012

Las redes de la ira

Cuando se examinan las redes sociales sin prisa y sin pasión se detectan sentimientos extendidos, fuertes, que muchas veces se expresan con palabras ofensivas, poco respetuosas de la dignidad de las personas.

El fenómeno ocurre a propósito de noticias en los medios, especialmente respecto de aquellas más relevantes, como el caso reciente de Freirina o de la CNA, pero es algo que nos viene acompañando desde hace bastante tiempo.

¿De qué se trata centralmente? A mi juicio, de la ira. Ese sentimiento que proviene del mundo de las emociones, del resentimiento y de la irritabilidad.

Nos enfrentamos a un sentimiento básico, primitivo, que afecta de un modo negativo tanto a la persona que lo experimenta como a la sociedad misma en que vivimos.

La ira, en otras palabras, deteriora la calidad de la vida personal y social.

Más específicamente, la ira en política ha sido una actitud y conducta objeto de análisis desde siempre. Bastaría con citar a Aristóteles, Séneca, Gandhi, Fanon, Trotsky, Orwell, Malcolm X, Hessel, entre otros pensadores.

La variopinta orientación ideológica de los autores citados indica desde ya que respecto de la ira, y especialmente de su relación con la política, existen muchas y divergentes posiciones.

Ese sentimiento, propio de todos nosotros, si es expresado de una manera civilizada, aceptable, dentro de un régimen político democrático, puede ser justo y formar parte de una pretensión de cambio social y político.

Por “civilizada y aceptable” me refiero a aquella ira que se expresa moderada y críticamente, incluso con humor, acompañada de un intento de persuasión de los otros, del diálogo, la cooperación y la capacidad de alcanzar e implementar acuerdos.

Así expresada, considero que la ira puede ser hasta necesaria y legítima para avanzar hacia una mejor política y sociedad.

En cambio, la ira que devela furia desatada, fuera de auto-control, que es agresiva y violenta e incapaz de conducir a situaciones mejores, puede dar lugar al deterioro e incluso la destrucción de la convivencia dentro de un régimen político democrático.

Considero que la ira que se expresa en las redes y en los movimientos sociales chilenos actuales todavía se ubica en una estadio intermedio de evolución, por así expresarlo.

Desde luego, pienso que se ha ido manifestando y construyendo en Chile una especie de cultura de la ira, de la cual aquella que se expresa en las redes sociales a través de los medios de comunicación constituye solamente un atisbo del fenómeno.

Pero es preocupante que, de hecho, las actitudes y conductas que expresan ira se hayan visto progresivamente acompañadas de intemperancia y violencia, que incluso algunos –pocos todavía, felizmente- validan como medio legítimo de apoyo a la expresión de sus frustraciones, intereses y demandas.

Sugiero, en esta ocasión, que para hacer algo en orden a evitar que la cultura de la ira transite a un estadio de ira desatada, sin auto control y acompañada de violencia extendida, recurrir a un texto de uno de los autores antes citados: Lucio Anneo Séneca (“De la ira”).

Parafraseando –y en cierto modo modernizando a Séneca- se puede argumentar que es preciso ser conscientes de aquello que nos irrita personalmente; adquirir auto control de la propia ira; no relacionarse e ignorar a aquellas personas y agrupaciones que expresan solamente ira y tienden a provocarla en los demás; no enjuiciar a las otras personas; no reaccionar demasiado rápido a las conductas de los otros y considerar casi de inmediato que nos han ofendido; tratar de dejar de lado nuestros propios prejuicios; ponerse siempre en el lugar de las otras personas.

Traigo a colación las apreciaciones de Séneca en la materia porque pienso que no están fuera de época y son aplicables en el contexto de las redes de la ira en que hemos comenzado a vivir en nuestro Chile.

Ello porque aluden a actitudes y conductas políticas básicas, desde las cuales se puede construir, mantener y perfeccionar un régimen político democrático.

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17 dic 2012

A tí te hablo

Los medios de comunicación nos han informado de la tendencia creciente de suicidios juveniles, que se está registrando últimamente en nuestro país.

Algunas de las autoridades que abordaron este tema señalaron que hay que tener una especial preocupación, entre otras cosas, en relación al aumento de espacios para el deporte y recreación. Sin duda que serán estos elementos muy positivos, pero nos pareció ausente un análisis más de fondo, en donde se pudiera discernir en otra perspectiva, cuáles podrían ser las razones, quizás multifactoriales, pero sin duda las personales y las que se desarrollan silenciosa y eficazmente en las honduras del alma.

Hay especialistas que aducen que el suicidio en algunos jóvenes se debería a una carga genética, cuestión que desconcierta, en algunos ámbitos, por estimarse un asunto que no tendría solución.

No nos parece acertado señalar a buenas y primeras, que como handicap negativo, propio de este país, quedemos con una sensación de impotencia, ya que frente a lo expuesto tendríamos que asumirlo como lamentable y sin retorno.

Escuchando la noticia, recordé la cita bíblica que se encuentra en el Evangelio de San Lucas, 7, 14. Este pasaje narra el encuentro de Jesucristo con una viuda, que acababa de perder a su hijo, el Maestro se detiene a observar el féretro y le dice al muerto: “JOVEN, A TÍ TE HABLO, LEVÁNTATE”. Ante la palabra liberadora, sanante y amante, ni la muerte, con toda su hondura, peso y tragedia, puede más.

Precisamente creemos que allí se encuentra el núcleo del que adolecen nuestros jóvenes; es decir, así como Jesucristo, se detuvo ante esta persona, lo identificó, le habló conminándolo a salir del sueño mortal y a ponerse de pie es lo que debemos hacer nosotros con la juventud que se encuentra , muchas veces, desanimada, aletargada, desorientada, carente de vida y esperanza.

En esta perspectiva no nos amilana, ni desespera, ni desconcierta, el que puedan hechos como los indicados, fundarse en ámbitos de tipo social, cultural, emocional, afectivo e incluso hereditario.

Estamos ciertos que cuando hay cariño, ternura, personalización, identidad, bondad, cercanía, generosidad y tiempo para dar, la muerte será vencida siempre, por el poder de la vida que llevará a nuestros jóvenes, aún en lo más profundo de su noche a encontrarse con la luz y el sentido para lo cual existe: en ello radica la felicidad.

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16 dic 2012

Integración vs desigualdad

Los alegatos de la fase oral en el Tribunal de La Haya han concluido. El representante de Chile, Alberto van Klaveren, finalizo el tiempo correspondiente a nuestro país con una exposición maciza y potente que, probablemente, se estudiara con atención en el futuro no solo por el caso de Chile sino que por su trascendencia en el Derecho Internacional.

En algunos meses más el Tribunal ha de fallar en Derecho y se sellará una etapa en la vida de ambas naciones.

Desde ese momento la responsabilidad será de los Estados respectivos. De la controversia se habrá de evolucionar hacia una nueva mirada centrada en la Integración regional.

Desde hace tres décadas aproximadamente, América del Sur logro asentar gobiernos democráticos elegidos por votación popular y dejar atrás el oscuro periodo de las dictaduras neoliberales. Afianzar la democracia es un proceso en curso, cuya potencialidad comienza a dar sus frutos paulatinamente, pero que ahora debe hacerse cargo de un imperativo mayor: enfrentar la desigualdad en cada país y colaborar para superarla como fenómeno crónico de la región. Ello requiere formular un nuevo pensamiento geoeconómico en el cono Sur.

Este es un esfuerzo en que para Chile adquiere especial significación establecer una relación de complementariedad con Argentina, no obstante, inclusiva y abierta al Brasil y el conjunto de la región. Desde este suelo se puede mirar -si cooperamos- hacia las dos cuencas oceánicas principales: la atlántica y hacia la creciente presencia del Pacífico.

Un entendimiento constructivo en el Cono Sur abriría perspectivas insospechadas a cada uno de los países por separado, como parte de un esfuerzo conjunto de solidaridad e integración, que posibilite incluso una perspectiva de interlocución asociada con vistas al interés común frente a otros protagonistas del mundo global.

Chile debe ampliar los horizontes de su visión de regionalismo abierto para potenciar los nuevos espacios que se abren en esta segunda década del siglo XXI.Hoy en la globalización compiten los países. Eso deben entenderlo aquellas miradas mezquinas y llenas de codicia que solo pretenden maximizar ganancias, no importando los grados de injusticia que su voracidad provoca.

Por ello, enfrentar la desigualdad, debe pensarse como una acción que va mas allá del imperativo moral y social que la anima, es una tarea de alcance decisivo para la estabilidad democrática y, además, como una apremiante exigencia impuesta a las obligaciones competitivas del país.

Una nación marcada por la desigualdad no podrá ser el interlocutor que el contexto global del siglo XXI demanda a cada uno de sus actores.

Cuando, como en el caso de Freirina, hay autoridades que pregonan que por el número de empleos la comuna debe aceptar cualquier condición sanitaria, eso significa que se piensa con anteojeras, que no se está a la altura de las circunstancias que exigen dignidad en todos los hogares.

Cuando el descrédito consume el sistema de acreditación de la Educación superior privada y la autoridad solo observa como los conflictos de interés acentúan ese descrédito, tampoco se está a la altura de lo que el país hoy requiere.

Nuestros vecinos no están estáticos, legítimamente observan como crecer y ocupar espacios; en Chile parece que hay quienes se complacen con mirar como la desigualdad y el lucro tensionan al país, pero sin que hagan nada para evitar que se consagre una fractura social que a Chile le provocaría un severo retroceso. La autoridad no puede eludir su responsabilidad.

La integración regional nos golpea la puerta y nos apremia para ser capaces de enfrentar la desigualdad en Chile.

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16 dic 2012

Juntos desenchufemos Hidroaysén

El domingo 9 de diciembre ocurrió algo significativo. Más de doce mil personas se congregaron en Santiago, en el frontis del Museo de Bellas Artes, durante seis horas, bajo un sol intenso, para escuchar a diez de los canta-autores y bandas más populares del momento: Alonso Nuñez, Joe Vasconcellos, Kaskivano, Villa Cariño, Mano Ajena, Manuel García, Subhira, Los Vásquez, Juana Fe y Ana Tijoux. ¡Gratis!

Los músicos, con total entrega, literalmente regalaron su arte por amor al medio ambiente, a chilenos y chilenas involucrados en conflictos socio-ambientales a lo largo y ancho del territorio… y a la Patagonia. El público se enteró del evento a través de las redes sociales. Algunos medios como Radio Cooperativa y Biobío lo anunciaron y lo cubrieron, pero en la TV y en algunos periódicos masivos fue como si no hubiera sucedido, y así, pocos fuera de Santiago supieron que se había dado algo tan bello y generoso, demostrativo de los nuevos tiempos que corren en Chile.

La TV, en particular, simplemente no pescó. ¿Qué onda? ¿Cuál es la explicación? ¿Línea o sesgo editorial? Es lo más probable, porque el llamado al acto político-cultural era “¡Juntos desenchufemos HidroAysén!” en vista que el gobierno ha anunciado que en enero se reunirá el impopular Comité de Ministros, presidido por la ministra de Medio Ambiente, para dirimir el caso del malhadado mega-proyecto hidroeléctrico en los ríos Baker y Pascua en el corazón de la Región de Aysén.

La intención de los convocantes era terminar el año 2012 con la campaña Patagonia Sin Represas en alto, así como mandar una inequívoca señal al gobierno y empresariado respecto del estado de alerta del Consejo de Defensa de la Patagonia, y de la ciudadanía en general, respecto de los tortuosos procesos a través de los cuales estos sectores pretenden imponerle proyectos tan rentables para los privados como destructivos para el país.

Se trataba de alertar e informar respecto de conflictos socio-ambientales que atormentan nuestro territorio y sus comunidades. Y ¿cómo no?, cuando el telón de fondo fue la situación en Freirina, donde “le cuidan más el poto a los chanchos que la calidad de vida de la gente”, en las palabras de una indignada madre, y donde el mismo Comité ministerial acaba de autorizar por secretaría, y con alevosía ambiental, otra termoeléctrica a carbón, Punta Alcalde, de Endesa. Sí, la misma del Alto Biobío y de HidroAysén.

Hoy Freirina y Arauco en llamas. Hace poco Calama y Aysén. Antes, otras comunidades del Valle del Huasco impactadas por la fiebre del oro de Barrick y su mina Pascua Lama destructora de glaciares y economías locales… y Puchuncaví y Ventanas, y los niños contaminados con metales pesados de la Escuela La Greda, y suma y sigue.

Entre los “¡Patagonia Sin Represas!” vitoreados por la multitud, diversos voceros hablaron de estas situaciones, de la necesidad de cambios estructurales profundos en la sociedad chilena, de alternativas, de la responsabilidad de cada uno en visualizar, gestar, y hacerse parte proactiva de una tan indispensable como inevitable transformación.

Se escuchó reiteradamente que “la situación ya no da para más.” Al final del día, sin que los organizadores nos percatáramos, algunos furibundos, al parecer, tiraron las vallas de contención en la Av. Andrés Bello. La explosiva respuesta de Carabineros fue atacar indiscriminadamente a todos los rezagados, incluyendo los que desarmaban el escenario, con brutales chorros de agua, y gases, sin reparar en que la mayoría eran ciudadanos nomás que comentaban el acto, niños y mujeres. Instantáneamente ardió la furia.

¿En qué país vivimos? Jóvenes extranjeros que visitan nuestras oficinas nos comentan su extrañeza por la crispación síquica y el estrés que se respira en este país que ha vendido la imagen de ser un modelo de estabilidad social y éxito económico.

En la realidad cunde la ingobernabilidad y proliferan los conflictos. Lo bello, detrás de esto, es que se trata de un nuevo despertar de Chile. El problema es que al ir saliendo del estupor de las últimas décadas nos descubrimos, como Gulliver, atados.

Nuestro país se debate vigorosamente en busca de niveles más altos de libertad, inteligencia y armonía social. Porque son fundamentales, es lógico que la ecología –la ciencia del hogar-, y lo socioambiental, estén catalizando fuerzas de cambio y sirviendo para delatar las múltiples y feroces imperfecciones de un sistema anclado a un pasado muy poco virtuoso en lo sociopolítico, en equidad y sustentabilidad.

A pesar de la indiferencia de los grandes medios cooptados, los cantos y las voces de eventos como “Juntos desenchufemos HidroAysén” ayudan a remecer las conciencias, y a removerle el piso al modelito de desarrollo primario y ultra neoliberal que se tambalea cada día más precariamente en nuestro país.

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16 dic 2012

Carta abierta a Unión Española

Escribo desde la trinchera de hincha de Unión Española una vez finalizado el Campeonato de Clausura del Fútbol Profesional de Chile 2012.

Escribo con respeto por el equipo campeón Huachipato y por la gente de Talcahuano que a poco tiempo de una gran catástrofe natural celebran que les sonría el sol .

Han pasado los años y las emociones del fútbol de Unión siguen vigentes con fuerza e intensidad.Sólo cambian los compañeros de grada porque los hijos han reemplazado a los amigos; las tardes en Santa Laura a las reuniones dobles en el Nacional y la distancia que hace inalcanzables a los futbolistas por la cercanía que permite reconocer a la persona que hay detrás del crack.

Para esta Unión ha terminado un campeonato más. Con la misma sombra que tapó la imagen televisiva del gol colocolino de Edson Beiruth el 70. Con la misma soledad del regreso a casa después del triunfo del Everton de Pedro Morales el 76. Con el mismo mazazo propinado por el Cobreloa de Acosta el 2004 y la misma desilusión por no voltear a la U de Markarian el 2009.

Esta Unión ha jugado un campeonato a gran nivel. Como lo hacía en los 70 con Alonso y Santibañez; en los 90 con Suárez y Acosta y, por cierto, en el 2005 de Calera y Díaz. En esta Unión han jugado extraordinarios futbolistas. Como también lo fueron el “Pinina” Palacios y “Pancho” Las Heras; Mario Lucca y Ricardo Perdomo; Marcelo Vega y José Luis Sierra; el “Pony” Ruiz y José Luis Sánchez; el “Lalo” Azargado y Juan Carlos González; Sebastián Miranda; José Luis Jerez, Manolo Neira y “Sam” Bravo.  Y corazones tan rojos como el de “Manolo” Rodríguez, el “Cha-Cha” Avendaño o Félix Landa.

En esta Unión han convivido la emoción propia de un relato de Díaz Correa o Solabarrieta; la profundidad característica de una columna de Sotomayor o Costas; el dinamismo típico de un programa conducido por Gámez o Lara.  A esta Unión la acompañaba el afecto popular; la guiaban las estrellas del 43 y 51 y la miraban desde el balcón eterno el “Nano” Fernández; “Pancho” Urroz y el “Chico” Cremaschi.

Esta Unión y su fútbol nos han conducido a momentos míticos como aquellos a los que nos transportaba con su prosa el “nuestrísimo” Julio Martínez (JM) .

No quiero aparecer complaciente ni que me engañe mi optimismo habitual con el equipo.Tampoco deseo que me traicione el afecto y respeto por el “Coto” Sierra, quien junto al “Nino” Landa, está en la galería de los inmortales del club.

A las capacidades del técnico y los jugadores, en esta Unión se suman el probado buen juicio del propietario Jorge Segovia, del directorio liderado por José María Llorente y del gerente general Johnny Aswhell.

El futuro siempre demanda nuevos desafíos y más que buscar remedios para lo que no ha de volver debemos aprovechar las experiencias pasadas como combustible para los nuevos tiempos.

Estoy muy convencido que hay mucho margen de crecimiento y triunfos para Unión Española.

Institucional y deportivamente, en Unión Española hay objetivos muy claros, convicción en las políticas y gran compromiso de las personas participantes.

Esto es un activo de muchísimo valor que no poseen todos los clubes y que es muy difícil de lograr y mantener en un ambiente tan especial como el fútbol.

Lo anterior, me permite invitar a mirar el bosque y a no detenernos en derribar el árbol (“de acero”) que nos ha caído encima y que genera la natural rebeldía, disconformidad y decepción que acompaña a toda derrota.

Creo que el diagnóstico de lo ocurrido está claro. También creo que el remedio está a la mano.

Es evidente que el club se ha transformado en uno de los modelos de negocios más sostenibles que hay en el fútbol chileno. Es un proyecto que transmite los valores propios de la actividad deportiva y los especiales de esta conducción, como son la convicción en metas, el trabajo duro, perseverante, transparente y responsable para conseguir los objetivos.

La responsabilidad social de Unión Española encuentra una plataforma en las divisiones inferiores del club al sacar a cientos de jóvenes de los riesgos de la calle generando una cultura deportiva que los aleja de los peligros de la droga y la delincuencia. Por si eso no bastara, para algunos jóvenes constituye una fuente de empleo que les permite acceder a remuneraciones que su formación y redes personales no les otorgarían.

Finalmente, si prospera el proyecto de ciudad deportiva, la comuna sede de la misma se verá favorecida urbanística, ambiental y socialmente por la construcción de una infraestructura como la planificada y por la oportunidad de recreación que la misma significará para el sector.

Finalmente, y lo que no es menor, la imagen de España seguirá siendo querida y respetada en nuestro país porque sin duda la Unión es el mejor embajador hispano en estas tierras.

Es cierto que el título de campeón era un gran trampolín para todo ello.

Convencido que vienen días de triunfo porque siempre se premia el buen hacer y a las buenas personas, simplemente felicito a todos porque Unión Española es un ejemplo de hacer las cosas bien.

Nos vemos en Santa Laura. Ojalá tantos y con tanta pasión como la última vez.

¡Fuerza Unión!

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