01 abr 2013

¿Y quién paga la cuenta?

Al volver desde la costa me tocó apreciar una vez más que el mercado no sirve de nada si no hay en paralelo un sistema poderoso de defensa de los consumidores y una instancia de revisión del comportamiento de los grandes actores.

Al salir de Algarrobo demoré más de 50 minuto en llegar al peaje. Ese trayecto toma normalmente 10 minutos, el taco comenzaba a 3 kilómetros de Algarrobo.

Lamenté mi mala suerte, seguramente hubo un accidente. Rogué que no hubiese lesionados. Viajaba a una hora en que hasta hoy, había sido un éxito por lo rápido, la hora de almuerzo.

No obstante mi resignación se tornó en indignación al darme cuenta que la única razón del taco era que la plaza de peaje no estaba funcionando a toda su capacidad hacia Santiago y que las dos ventanillas hacia Algarrobo estaban abiertas, pero sin clientes.

Comencé a preguntarme, ¿Quién paga la cuenta de esa ineficiencia? Mayor contaminación y mayor consumo de combustible por desplazarse a bajas velocidades, llegar atrasado, perder vuelos, conductores malhumorados, etc. ¿Quién nos devuelve la calidad de vida perdida?

¿Y que pierde la concesionaria?, nada, porque estamos obligados a usar ese camino para volver, no tenemos escapatoria. ¿Qué instancia o quien estableció una relación tan desequilibrada?

¿Qué tenemos que hacer los ciudadanos para reconquistar el poder y no seguir siendo una manada de consumidores avasallados por proveedores ineficientes?

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01 abr 2013

¿En qué universidad estudió Darío Franco?

Un profesional, que gana más de 100 millones de pesos mensuales, tiene que saber enseñar a mejorar el finiquito que echa de menos en sus jugadores y que ha sido el principal déficit del equipo en el torneo local y en la Copa Libertadores. ¿Será capaz de solucionarlo antes de jugar en el decisivo encuentro por la Copa con Olimpia, el jueves en Santiago ?

Los entrenadores de fútbol o directores técnicos o “profes” como se autodenominan, tienen la fortuna en casi todo el mundo, de que no se les exige para entrenar otro antecedente que haberlo sido con anterioridad o haber jugado profesionalmente o cuando más la presentación de un certificado expedido por su país, que lo acredite como tal, salvo si procede de Argentina, donde basta para ser DT un cursillo de un par de meses y hasta uno por internet.

En Chile, existe el INAF, que otorga este título, después de varios semestres de estudios. Entre los que destacan hoy José Luis Sierra, Pedro Reyes en Unión Española, y Héctor Robles en Wanderers.

Pero poco o nada se sabe de los estudios de Labruna y Gallego, que estuvieron en Colo Colo y hoy con Darío Franco en la “U”. Este convenio con Argentina es el que ha permitido que los clubes chilenos estén casi todos dirigidos por argentinos.

Lo único que se sabe de Franco como entrenador es que lo era de Instituto de Córdoba, de estudios y títulos o cursos, nada. Lo que no impidió que Universidad de Chile lo contratara con un “sueldito reguleque” de 400 a 600 mil dólares al año a él y su cuerpo técnico ,ayudante y profesor de Educación física. El 80% de estos dólares son generalmente para el jefe o DT, vale decir 400 mil, que mensualmente se traducen 30 a 33 mil dólares y en pesos chilenos llegaría aproximadamente a unos 14 millones mensuales, sin contar los premios por partido ganados o ubicación en los torneos, un sueldo que no recibe ni el rector de la Universidad. Si azul- azul lo quiere pagar, allá ellos y los accionistas.

Pero nadie puede hacer clases, si no tiene un método de enseñanza, que permita transmitir sus conocimientos a sus alumnos y si no sabe resolver los problemas que se presentan al equipo y los jugadores.

La explicación principal que dio Franco después del pobre y angustioso empate a uno que consiguió ante Cobreloa, jugando en su cancha (Estadio Nacional) ante 15 mil de sus hincha,es que “estaba contento como jugó el equipo y que falló sólo en el finiquito, que es fácil de conseguir”.

No era difícil fallar en el finiquito y lograr goles si como centro delantero pone a Ramón Fernández, adquirido en casi dos millones de dólares para jugar de mediocampista y preparar goles a los delanteros y deja fuera a J.Duma y Nicolás Maturana, quienes apenas entraron hicieron intervenir y oponer en dificultades al arquero Palos: si saca al joven y talentoso Sebastián Martínez, que empujaba a su equipo e intentaba vencer a Palos y lo reemplaza por Videla, que apenas en dos ocasiones pasó mitad de cancha y deja en cancha a César Cortes, a quien llenan de posibilidades los mediocampistas y pocas veces acierta.

Lo dramático es lo que pueda suceder mañana por la Copa Libertadores, cuando la “U” enfrente a Olimpia de Asunción que los goleó 3-0 en Paraguay y llega como puntero del grupo, con un punto más que los azules. No cabe duda que pondrán a todo el equipo en defensa, para sacar el punto que le signifique seguir en carrera y prácticamente eliminar a los universitarios.

No hay ninguna seguridad que lo consiga, pese a lo fácil que dice Franco, cuando los universitarios no pudieron ganar a Newell’s Old Boys de Rosario, a quien habían superado en Argentina y vinieron a defenderse.

¿Cuál será la fórmula que elaborará para conseguir una mejoría en el finiquito de sus jugadores, que con dificultad, salvo un par de ocasiones no han podido marcar muchos goles en el torneo local?

En la Copa en 4 partidos sólo han logrado 4 goles. Primero tiene que hacer jugar en su posición a los mejores y luego buscar la manera que reciban con ventaja de sus defensas o que los mediocampistas se atrevan a disparar desde fuera el área. Esta es su tarea y si lo consigue habrá que felicitarlo.

De lo contrario, si no alcanza a mejorar algo tan fácil, como él mismo reconoce, no vale la pena que se sigan gastando tantos millones, en un profesor, que no sabe hacer su tarea.

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01 abr 2013

La derecha y la presidenta Bachelet

Junto con iniciarse la fase final de su administración, el gobierno encabezado por el Presidente Piñera y la derecha política, han implementado una triple estrategia con la no disimulada pretensión de que dicho sector gane las elecciones de noviembre próximo y se prolongue en el ejercicio del poder.

En primer lugar, los diferentes ministerios están incurriendo en un gasto desproporcionado en propaganda, lo que ha sido corroborado por organismos competentes. Esto, obviamente cuenta con la orquestación y refuerzo de la mayoría de los medios de comunicación que ellos controlan directa o indirectamente.

La idea es que todos los ministros, subsecretarios y cargos superiores sigan un pauteo y repitan, cual robots, el mismo discurso, detrás del cual se busca instalar la sensación de un gobierno exitoso, sustentado en la ya conocida arrogancia del actual equipo de gobierno y sus partidos adlátere, para quienes todo lo que se ha llevado a cabo por ellos es grandioso y nunca antes visto en Chile.

Paralelamente, faltando absolutamente a la más mínima rigurosidad y en la mayoría de los casos a la verdad, descalifican los gobiernos de la Concertación y particularmente el de la presidenta Bachelet.

Es aquí donde surge la segunda línea estratégica derechista, destinada a “perforar”, cuando no destruir, la imagen de Michelle Bachelet. En ello no han tenido sutilezas y el caso más paradigmático es su obsesiva, y algo neurótica búsqueda de vincular a la ex Presidenta con los dramáticos sucesos provocados por uno de los terremotos más grande de la historia. Sólo les falta acusar a la ex Mandataria por no haber sido capaz de “predecir el terremoto y comunicárselo al país oportunamente”.

Respecto a este afán de intentar distorsionar y tergiversar el gobierno de Bachelet, la ciudadanía ya ha dado su opinión en diferentes encuestas y estudios, cuyos resultados, sin excepción alguna, distan mucho de la opinión de la derecha política.

Lo mismo vale para la pretenciosa afirmación del actual gobierno de autocalificarse como exitoso y merecedor de ser apoyado en su continuidad, la que se cae a pedazos al considerar la sistemática mala evaluación de que ha sido objeto por la mayoría de los chilenos en las encuestas más prestigiosas hasta ahora conocidas.

Sin embargo, lo que hoy día está particularmente en juego, es el futuro del país y los grandes temas a debatir sobre los cuales la gente quiere pronunciarse en las próximas elecciones de noviembre.

Es precisamente en este punto donde surge la tercera línea estratégica de la derecha, consistente en querer que la ex Presidenta “pise el palito” y bajo el ampuloso y nuevamente arrogante título de sacarla al pizarrón, el debate nacional se lleve a cabo a partir de sus conceptos, cifras e “indicadores de éxito”, los cuales se enmarcan dentro de su típica racionalidad instrumental en que el libre juego del mercado, el interés privado, la jibarización del Estado, la competencia y la privatización de los principales recursos del país, son los grandes fundamentos e inspiración de su gestión.

La intención del gobierno, de sus candidatos y de los partidos de derecha, es tratar de poner en el centro del foro-país algunos resultados positivos en lo macroeconómico, particularmente el crecimiento, la baja inflación, el mayor empleo y la entrega de bonos más o bonos menos.

“Enganchar” con este marco de discusión sería un gran error, porque lo que los ciudadanos de los diferentes sectores y estratos sociales de Chile quieren saber y discutir en la próxima campaña, está en íntima relación con los valores, principios, opciones y prioridades de acción que van a sustentar y definir el futuro modelo socio- económico, o para que no se molesten o pongan nerviosos algunos con la palabra modelo, con el tipo de desarrollo y el sentido que queremos darle al crecimiento del país.

Ello significa, para ser muy concretos, que las cifras positivas de crecimiento no son sinónimo de desarrollo ni mucho menos garantizan la equitativa disponibilidad de los mayores bienes y servicios ( el decil más pobre en Chile no recibe más del 2% del ingreso nacional, mientras que el decil más rico recibe en torno al 40%); que el rol plenipotenciario del mercado es opuesto radicalmente al bien común y al deber del Estado de intervenir con regulaciones efectivas y permanentes; que la mera competencia no es lo mismo que establecer políticas públicas que den prioridad a las demandas colectivas por sobre los grupos de intereses cuyo poder económico les permite usar dicha competencia en su beneficio; que el mayor empleo termina siendo una dádiva o una distractora cifra estadística, si no va acompañado de salarios realmente éticos.

En fin, que no es lo mismo gobernar un país con una real y efectiva participación de los ciudadanos y poniendo término a un perverso sistema binominal para elegir a los representantes de la comunidad en el Parlamento y así poder llevar a cabo reformas institucionales que claman al cielo.

Y si de pizarrón se trata, a quien hay que pasarle un gran pizarrón es al pueblo de Chile, para que allí escriba y proponga cuáles son las grandes transformaciones que esperan y anhelan con ansias.

Hay que llevar este gran pizarrón a lo largo del país para, tal cual ya lo anunció la ex presidenta, ir proponiendo, escuchando y registrando el resultado de esos encuentros y diálogos con la gente, de manera de que la impronta democrática se exprese en una real y sincera capacidad de acoger y encauzar con eficacia las principales reivindicaciones de los diversos sectores nacionales, especialmente de los más necesitados.

Sin embargo, para que este proceso culmine sin prestarse para dudas, manipulaciones y tergiversaciones, aún más, para que el futuro proyecto de país conste de una legitimidad inequívoca, debe otorgársele a las elecciones de este año un sentido plebiscitario, esto es, que sean los propios chilenos quienes se pronuncien en dicho acto electoral acerca de qué es lo que más desean para su futuro y quién los representa mejor en estas expectativas.

Y esto es válido no sólo para las candidaturas presidenciales, sino también para los aspirantes al Parlamento que, con absoluta claridad, deben decirles a los electores en qué posición están frente a los grandes temas; es oportunidad propicia para que algunos de ellos “salgan del closet”.

Después de algo más de dos décadas de iniciar la reconstrucción democrática del país, con muchos más logros que frustraciones, es el momento que los chilenos elijamos si queremos para nuestro futuro y el de nuestros hijos alcanzar una real equidad esperando que “chorree” del crecimiento que beneficia a una minoría o si vamos a construir la equidad entendiéndola como un concepto integral que abarca la pobreza, la distribución del ingreso, la movilidad social, el acceso a los beneficios del progreso y la participación en las decisiones.

Si vamos a seguir resignándonos a los “controles” que hacen de las ISAPRES el SERNAC y/o la Superintendencia de ISAPRES o bien vamos hacer una revisión y modificación profunda de su funcionamiento.

Si vamos a seguir simplemente observando las grandes ganancias de las bancos y AFP o bien vamos a regular ambas instituciones.

Si vamos a seguir con un sindicalismo casi inexistente y con normas laborales absolutamente insuficientes o bien vamos a crear condiciones para robustecer la organización sindical y llevar a cabo significativas reformas laborales (negociación colectiva).

Si la gran mayoría de la población va a seguir sufriendo por un sistema de salud insuficiente y/ o inalcanzable económicamente o bien el porcentaje del PIB invertido y gastado en salud va a ser equivalente al de lo países de la OCDE.

Si la política medioambiental va a seguir siendo un mero residuo de la dinámica del mercado o bien el Estado va asumir en ella un rol activo.

Si la educación va a seguir “avanzando a través de parches” o se va a implementar una reforma legal y administrativa que modifique sus cimientos; si queremos seguir solamente administrando un sistema democrático que a esta altura muestra severas imperfecciones o bien vamos a concretar reformas significativas que profundicen y amplíen social, económica , cultural y políticamente dicha democracia.

El país tiene una gran oportunidad, ojala no nos “pasemos de listos” engañándonos a nosotros mismos.

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01 abr 2013

Sin derecho a pataleo

España no remonta el vuelo. Cada vez que el Gobierno de Mariano Rajoy , de derecha, anuncia que lo peor ya ha pasado y que la crisis tocó fondo, desde Bruselas llega un tapabocas que pone en ridículo al maquillaje de cifras que se dan en Madrid.

Nada nuevo si se compara con las anteriores autoridades. Cada vez que Rodríguez Zapatero anunciaba que se veían brotes verdes en la economía, la cifra de parados en ascenso permanente , por citar un ejemplo, le echaba un balde de agua fría a tanto optimismo.

Hoy es difícil encontrar a un incauto que comulgue con el argumento de que “los socialistas fueron unos incapaces y que por su culpa de ellos el país está como está.” El cuento tan repetido ya no cuela.

Y sobran motivos. Cuando acaba un mes o empieza otro llegan las estadísticas que nos dejan turulatos.

La brecha entre pobres y ricos es cada vez más profunda. El 26 por ciento de la población que debería tener un trabajo y lo ha perdido ha traído consigo una mayor desigualdad. Y lo peor está por venir. Los expertos advierten que de continuar la desaceleración económica , en 2014 la cifra de desempleados podría llegar al 30 por ciento.

Se estima en tres millones los menores en situación de pobreza extrema.

Se afirma que la caída de rentas ha dejado a once millones de personas bajo el umbral de la pobreza.

A la falta de efectividad de las políticas económicas- reforma laboral que ha facilitado los despidos, las bajas salariales y aumentos de horas de trabajo para los que se salvan de la criba, congelación de pensiones, recortes en la salud y en la educación, los cientos de miles hipotecados que pierden sus viviendas y que siguen endeudados por obra y gracia de los bancos- , se suman otros factores que tienen hasta más arriba de la coronilla a los españoles.

Es el caso de aquellos que creyeron a rajatabla a las entidades financieras y que sin apenas leer la letra pequeña les entregaron sus ahorros atraídos por jugosos intereses. Hoy se ven sorprendidos por un corralito -las preferentes- que ha significado una enorme perdida económica.

Como si fuera poco tanto des barajuste, el estallido de casos de corrupción que implican a casi todos los bandos políticos, a los sindicatos e incluso a la hasta no hace mucho intocable Casa Real, multiplica el desencanto .Son caldo de cultivo de protestas, de movilizaciones más o menos organizadas, que aunque no consiguen paralizar el país, demuestran en la calle que la paciencia comienza a tener un límite.

Es en este panorama no exento de irritación donde han comenzado las “funas” o los “escraches” contra políticos, la mayoría del Partido Popular, entidades bancarias, cajas de ahorro y ayuntamientos. El objetivo de los airados es que los funados o escrachados se comprometan a adoptar medidas que beneficien a los hipotecados y que se acabe con lo que considera “privilegios” de las entidades financieras .Los que han perdido gran parte de sus ahorros exigen que se les devuelva en su totalidad el dinero de las “preferentes” y no migajas.

El asunto de los desahucios a los hipotecados ha tocado la fibra no siempre sensible de la Unión Europea. Lo que no es poco.

El Gobierno se ha apresurado a tomar posesión en defensa de los suyos .El ministerio del Interior ha dado instrucción a las fuerzas de seguridad para que identifique y detenga si es preciso a quienes participen en hostigamientos a políticos, a sedes de partidos y otras instituciones.

También se protegerá a los políticos hostigados.

En este escenario, donde los más castigados por el sistema quieren hacer oir su voz y exigen a los cargos electos que hagan causa común con sus demandas, hay quienes ponen más leña al fuego.

Es el caso de la Delegada de Gobierno en Madrid que no tuvo empacho en acusar de connivencia con terroristas de ETA a la Plataforma de Afectados por las Hipotecas.

Por otra parte, el ex presidente del Gobierno español, José María Aznar, advertía en una de sus contadas y bien pagadas intervenciones públicas sobre el peligro de organizaciones que con sus protestas “ponen en peligro la democracia en España”.

Es probable que Aznar tenga muy presente lo ocurrido a su amigo Gadafi en Libia, aunque esa es harina de otro costal. España es España.

Se pueden hacer diversas lecturas del nerviosismo que muestran el poder por la proliferación de manifestaciones. Una de ellas es que la clase política española supo aislar o excluir a los movimientos ciudadanos del debate sobre el futuro del país durante la Transición Española.

Los vientos que corren podrían revertir ese error. Guste o no al poder establecido.

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01 abr 2013

Universidad del Mar

Respecto de la Universidad del Mar, ya en el año 2004, se habían dado las primeras voces de alarma pero las autoridades competentes de entonces no hicieron nada para regularizar la situación del alto crecimiento de alumnos sin los docentes necesarios.

Existen documentos oficiales publicados el domingo 31 de marzo de 2013 en el diario La Tercera, los cuales alguien sumamente interesado los sacó del ministerio de Educación para incriminar a una ex funcionaria pública que en aquel entonces se desempeñaba en un alto cargo en ese ministerio.

Por la gravedad de la situación que la opinión pública ya conoce, se cumplió el objetivo buscado por ese anónimo personaje, cuyo nombre por razones obvias nunca se conocerá.

En la actualidad esta universidad está legítimamente tomada por sus alumnos porque se sienten engañados, no solo por los dueños de la misma, quienes han lucrado hasta la saciedad, sino también por la institucionalidad que debía velar por su correcto funcionamiento.

Existe en esa casa de estudios superiores un interventor judicial por solicitud del Sernac y una síndico de quiebra nominada por un juzgado viñamarino, la que no está ejerciendo su trabajo porque el mismo tribunal suspendió por un período determinado la declaratoria de quiebra.

Está claro que la función de la abogada experta en liquidar empresas comerciales es para pagarles, con los activos disponibles, las acreencias a una serie de bancos, compañías de seguros y otros tantos que cándidamente le prestaron dinero a esa universidad sin analizar adecuadamente su solvencia.

Mucho se ha hablado del lucro en las universidades privadas pero muy pocos se han referido a la oscura gestación de las mismas.

Pues bien, desde 1981 en adelante todos aquellos que han ejercido el poder político sabían que estas universidades creadas inicialmente, ya sea como fundaciones y/o corporaciones, y a partir de 1990, exclusivamente como corporaciones de derecho privado sin fines de lucro, eran el chassis pseudo jurídico para que sus “despiertos” organizadores, con empresas relacionadas, obtuvieran las utilidades económicas producidas con la explotación de las mismas, habida cuenta las tremendas franquicias tributarias que el Estado le entrega al sector de la educación.

Recordemos que bastaba solo la presentación ante el ministerio de Educación de la escritura pública de creación de cada universidad para que ese ministerio las registrara como tales. Es decir, estaba todo bien urdido para facilitar la simulación.

Desde siempre en Chile las fundaciones y corporaciones eran autorizadas, después de infinidad de largos trámites, por el ministerio de Justicia con el informe favorable del Consejo de Defensa del Estado (CDE), lo que no sucedió con las universitarias.Hoy en día, después de la publicación en el año 2011 de la Ley Nº 20.500 sobre las Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública, ese trámite es sumamente sencillo.

Es más, las verdaderas fundaciones y corporaciones de derecho privado del Código Civil de don Andrés Bello no pueden quebrar, tal como lo ha dicho permanentemente el CDE.

Si hay irregularidades comprobadas el ministerio de Justicia establece la disolución de las fundaciones y corporaciones, pero los que inventaron este negocio, para evitarse la fiscalización de estos dos entes públicos, fijaron en 1981 ratificándose en la LOCE de marzo de 1990, días antes de la asunción del presidente Aylwin y la posterior LGE, que estas truchas fundaciones y corporaciones universitarias estaban bajo el paraguas del debilucho y cómplice ministerio de Educación, el que siempre, hasta estos días, ha tolerado el lucro ilegal que se obtiene de ellas.

Gracias a la responsable denuncia pública del ex diputado Raúl Urrutia, ex rector de la Universidad del Mar, se están conociendo en detalle estas malas prácticas, verdaderas lacras, que buscaban la ganancia fácil en un país que es un paraíso para que los más avivados del mercado soslayen las legislaciones.

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31 mar 2013

El gran mito

Resulta escandaloso el gran mito de la autoridad vigente acerca del “millón” de empleos, surgido según sus autoalabanzas de su propia, certera y sagaz conducción económica. Sin embargo, el gran mito está fundado en la utilización de la nueva encuesta de empleabilidad (NENE) que considera a una persona con empleo con la simple ejecución de una hora semanal en cualquier actividad remunerada. Tal medición constituye una falacia que debiese avergonzar a sus sostenedores y habla del deterioro que se produce en la autoridad que sólo busca popularidad.

No es excusa decir que la OCDE lo solicitó de esa forma, ya que al país se le oculta que con el nuevo estándar se cambia sustancialmente el resultado de la encuesta que se lleva a cabo, pretendiendo convencer que el mejoramiento en las cifras no es por el cambio de indicadores sino que por las virtudes de los que gobiernan. Levantar esa imagen falseada de la realidad es el gran mito de la actual administración. Es intentar configurar en los hechos una de las pesadillas de Orwell, instalar una mentira como verdad, haciendo uso para ello del poder.

Esto se hilvana con la más fuerte de las metas mediáticas de la actual conducción estatal, la que se piense que son un equipo fantástico. De allí que la autoridad económica repantingada en un mullido sillón de autocomplacencia pretende vender un producto: la imagen que en tres años logró que el país saltara, de lo que considera inercia burocrática e ineficiencia en sus antecesores, al umbral de la abundancia, el desarrollo y el primer mundo. Todo, por supuesto, gracias a su gestión sobresaliente, brillante y excelsa.

Lógico, para ellos no podría ser de otra manera, se ven como una autoridad de excelencia, gente de un nivel superior, con los recursos suficientes además, desde su particular criterio, para que sus fortunas personales despejen cualquier sospechosa insinuación relativa a conflictos de intereses, lo suyo es pura y simplemente” ganas servir”.

Desprecian también hacerse cargo de la “maliciosa” interpretación de la oposición de que en tan breve lapso de tiempo no se hacen milagros y que medran de una trayectoria anterior favorable y de precios del cobre que han permitido sostener gastos populistas para paliar la desigualdad en la distribución del ingreso. Sin esos elevados precios además, el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos seria inmanejable.

Con el sesgo de su punto de vista se convencen que hay un mezquino intento de desconocer una obra maciza, poderosa, imponente; que los chilenos y chilenas muy mayoritariamente no les acompañen en el autobombo solo puede deberse, una vez más, a que el” populacho” es malagradecido y no se conforma con nada.

Sin embargo, la autoridad económica peca de presunción y su vanagloria conlleva un irreparable desconocimiento de la vida diaria, aquella que se vive en la realidad social y económica de cada familia.

Es tal la ignorancia lo que nubla y distorsiona sus juicios, alimentando un exitismo que llega a ser extravagante, que comienza dando la espalda por completo al déficit en la cuenta corriente del país, ya cercano a los diez mil millones de dólares, debido a que bajo la responsabilidad de la actual administración se ha saltado desde el superávit al déficit, haciendo gala de una completa dejación de sus obligaciones para cuando ya no estén en sus despachos y hayan regresado a sus negocios personales. El abuso de poder implícito en tal conducta es parte del problema que tenemos como país.

El hecho concreto es que el malestar en Chile arranca de una insatisfacción generalizada hacia un sistema de reiterados abusos e inequidades que se ha enquistado hondamente en los hábitos y las relaciones de poder en la sociedad chilena.

El fundamento neoliberal en los vínculos y correlaciones entre personas y grupos sociales fomenta el “agarra aguirre”, es decir, que por poco poder que sea quien lo tiene trata de imponerse y lucrar al máximo, para, en lo posible, enriquecerse sin reservas morales o escrúpulos molestos.

Vivimos en un estado de cosas en que hay predisposición al abuso, y ello ocurre, de modo especial, en el ámbito de las relaciones laborales, en la base de la pirámide, lo que sus colegas economistas denominan la distribución primaria del ingreso, sellando un desequilibrio frente al cual, las políticas públicas con todo su valor, no lograran modificar estructuralmente. Es por ello, que una masa laboral a merced de un trato abusivo no logra levantar cabeza y es el sitio en el cual se incuban pobreza, marginalidad y resentimiento social, que golpean y horadan las bases de la propia sustentabilidad democrática.

La normativa laboral está sobrepasada por el sector empresarial, cuyos ejecutivos y técnicos aprendieron con suma diligencia y resolución los mecanismos y resquicios que le permiten ignorarla, burlarla o anularla sistemáticamente.

Se ha coagulado un sistema jerarquizado de abusos y prácticas marcadas por el afán de rentabilidades leoninas, en una verdadera pirámide de orden y mando para torcer el sentido de las normas legales que protegen a los trabajadores que, finalmente, logra que se pierda el sentido mismo del valor del trabajo para muchas decenas de miles de hogares que dependen de un empleo para vivir decentemente y que se ven obligados a hacerlo en condiciones muy difíciles.

Este es el piso económico y social que la sociedad chilena debe ser capaz de levantar para hacerse cargo de la desigualdad que irrita a amplios sectores y que no puede seguir ensanchándose. Ese esfuerzo redistributivo potenciará a un millón de emprendedores y abrirá nuevas y amplias potencialidades a la clase media.

Aun más, reinstalar el valor del trabajo es un requisito básico para la cohesión social y la salud moral de la nación chilena. No hemos sido, no somos ni podemos llegar a ser una sociedad de especuladores, explotadores o pillos de cualquier tipo de categoría. El trabajo y su valor es el pilar que sostiene la existencia cuando se es parte de una comunidad nacional.

Una de las secuelas más graves del neoliberalismo es la conversión de la actividad laboral en una pesada carga, motivo de agobio e insatisfacción. Cuando se imponen tales conductas lesivas a los trabajadores, quienes caen en ellas, los abusadores creen que es un gran negocio, pues se ganan la plata fácil, a costa de hogares ajenos, pero padecen de una ceguera irrecuperable, pues es el desprecio al valor del trabajo expresado en bajas remuneraciones, en la burla de derechos sociales y previsionales y en la represión a la asociatividad autónoma, que no es otra cosa que sindicatos debidamente respetados.Es el conjunto de aquellas nocivas conductas las que fracturan la paz social.

Por ello, debemos abandonar la burbuja del gran mito y reponer en Chile el valor esencial de contar con un trabajo decente y de familias con dignidad. Se requiere superar la autocomplacencia y bregar por el respeto al empleo, expresado en salario justo y normas laborales confiables, de protección y no avasallamiento de los que viven cotidianamente de su esfuerzo laboral.

Hay que dignificar el trabajo humano.

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31 mar 2013

Las señales de Bachelet

Si como dice Castells la política es hoy comunicación, la llegada de Bachelet fue preparada para trasmitir señales políticas que, sin embargo, tienen que ver muy profundamente con la identidad y la manera de percibir la política de la ex Presidenta.

En el aeropuerto fue recibida por mujeres, simbolizando con ello la temática de los derechos de género que Bachelet ha defendido desde ONU mujer en todo el mundo y lo que ha sido y será un eje central de su propuesta: la equidad y los derechos tienen rostro de mujer.

Simbólica es la presencia política, la recibe la nueva alcaldesa de Santiago Carolina Tohá, y el Alcalde de Pudahuel Johnny Carrasco y con ello se resalta sutilmente la presencia del PPD y del PS, los dos partidos que la apoyan para la primaria de junio, a través de figuras recientemente elegidas por la ciudadanía para encabezar comunas de gran importancia.

Habría sido un error que Bachelet hubiera marcado su llegada con la recepción de los buro políticos de los dos de los partidos que hoy la apoyan; en consecuencia que ella aspira ser y, seguramente será después de las primarias, la candidata presidencial de un amplio arco de partidos y de organizaciones sociales que constituyen la nueva mayoría social y política a la cual ella hace referencia en su discurso de aceptación.

Ella quiso, además, dar desde su llegada, una señal de unidad hacia los militantes y electores de los demás partidos de la convergencia opositora y, por cierto, a la mayoría ciudadana que a través de las encuestas la ha fungido como su candidata, sin cristalizar su candidatura como expresión sólo de los partidos de la izquierda del bloque.

Su recepción en el aeropuerto, el acto en la comuna de El Bosque, y la aceptación de la candidatura presidencial, rodeada más que de dirigentes políticos, de dirigentes vecinales, mujeres, jóvenes y ciudadanos, es un símbolo a través del cual Bachelet le dice a la gente común y corriente de este país que tiene claro que son los chilenos progresistas los que han instalado en estos años su candidatura presidencial y que por tanto ella y su futuro gobierno se debe a ese pueblo y a sus aspiraciones.

Un pueblo militante de todos los partidos de la Concertación y de la oposición, pero mucho más allá de eso un pueblo sin partidos, la mayoría de las mujeres y muchos jóvenes,que cree y deposita su confianza de una vida mejor en Michelle Bachelet en un momento de crisis de credibilidad y de representatividad de la política y cuando se entra en un nuevo ciclo que obliga a hacer las cosas radicalmente de otra manera.

Es allí, en el seno de esa gente y desde allí para todo Chile, donde Bachelet instala también su autocrítica

“Hay cosas que no hicimos bien y reformas que quedaron sin hacer”, destacando que la política fue hacer ajustes y correcciones al modelo, algunos exitosos y otros que se han demostrado insuficientes, como ha ocurrido con el tema de la igualdad, concluyendo que hay que avanzar a reformas más profundas al modelo económico.

La elección de la comuna de El Bosque permitía a Bachelet recordar indirectamente a su padre, el General asesinado por la dictadura, y destacar que vivió con su familia toda su infancia en ese barrio, marcando con ello un legítimo vínculo, desde su padre, con la función pública y con el mundo popular. Con ello, de paso, Bachelet ridiculizó para siempre la instrumentalización electoral que el candidato de la UDI, Lorence Golborne, ha hecho del haber vivido en la comuna de Maipú.

La señales políticas y programáticas de Bachelet fueron muy claras en su primer discurso.

Valoración de las primarias como enriquecimiento de la democracia y de la participación ciudadana y, por cierto, plena disposición a participar en ellas en un cuadro de diálogo con los demás candidatos de la oposición.

Nueva mayoría política y social para lograr un Chile más inclusivo. Este es claramente un mensaje a los partidos de su voluntad de ir más allá de la Concertación para construir una articulación de partidos y de sociedad que permita efectivamente abordar la profundidad de los cambios de una ciudadanía donde Bachelet reconoce se anida “un malestar bastante transversal por los abusos y las desigualdades existentes”.

Coherente con ello, Bachelet más que entregar una larga lista de aspiraciones programáticas, anunció que “no va a ofrecer un programa hecho entre cuatro paredes.Voy a promover diálogos y encuentros para que el programa de esta campaña tanga el sello de nuestra ciudadanía”.

Esto no significa despreciar lo que los partidos han preparado en estos meses, que serán, insumos y visiones necesarias para un programa común de la oposición pero que se deben cotejar con la opinión de la ciudadanía que como sabemos marca con sus movilizaciones y exigencias la Agenda política del país. Nadie le impone a Bachelet un programa, este surge del diálogo y la conversación con los chilenos.

El fondo del discurso de Bachelet es el tema de la igualdad, de una sociedad integrada que reciba los frutos del crecimiento de manera más equitativa. “La desigualdad y los abusos deben ser enfrentados con reformas” y ellas deben favorecer ya no solo a los más pobres sino también a quienes salen de la pobreza y a las capas medias que pagan los mayores efectos del modelo económico neoliberal en materia de educación, salud y servicios en general.

Seguramente hay detrás de esta visión, más estructural de Bachelet, su recorrido por el mundo y la conclusión, después de observar las políticas reformadoras en diversas latitudes, que no es posible construir igualdad sostenible en el tiempo, disminuir la brecha entre riqueza y pobreza que golpea tan fuertemente a Chile, sin tocar la esencia del modelo neoliberal que ha dominado la economía de mercado en nuestro país.

Bachelet destaca también que es otra Bachelet, que su experiencia de gobierno pero también el trabajo desplegado en la ONU en contacto con los mayores líderes políticos del mundo han significado años de aprendizaje, de satisfacciones, de profundizar convicciones, de aprender a como los temas que apasionan su agenda son tratados en otras realidades, hacen que ella misma se haya permeado de los cambios que el mundo ha experimentado en estos años. Un mutatis mutandis que Bachelet subraya a todos los chilenos y también a los partidos.

Bachelet ya es candidata. Su llegada removió los cimientos políticos del país. El Presidente, siempre locuaz, esta vez con tino, desapareció estos días comprendiendo que era imposible competir con la cobertura que los medios han dado a su presencia. Golborne y Allamand han debido reconocer en los medios que la campaña comienza ahora, cuando llegó Bachelet y esperan que sus propias candidaturas que, hasta ahora no han despegado, adquieran otra dinámica.

Los propios partidos que la apoyan fueron sorprendidos por la sencillez de su arribo.Algunos, en la oposición y en el gobierno, se habían probablemente comprado la imagen de la alfombra roja en el aeropuerto con los dirigentes entregándoles programas y comandos.

Bachelet saldrá ya el lunes a dialogar con la ciudadanía y el 13 se producirá el rito de la proclamación del PPD y del PS, gesto importante porque los partidos son irremplazables para las campañas, la gobernabilidad y la democracia y Bachelet lo sabe.

Sin embargo, esta nueva Bachelet seguirá dando sorpresas y tendrá ahora más autoridad política para imponer diseños de gobierno con una ciudadanía incluyente, opinante y participativa, que en su gobierno anterior fueron resistidos por el establishment. Por ello, porque se sintoniza con ese clamor de la ciudadanía de la era digital, es que es el tiempo de Bachelet.

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31 mar 2013

Bachelet y la desigualdad ¿sólo un tema de economía?

En un pasaje de su libro “Secretos de la Concertación” Carlos Ominami se refiere a los miedos. A los temores que a cierta elite opositora le incentivaron por dos décadas a buscar acuerdos a todo evento. “¿Cuántas veces se me enrostró, frente a la defensa de un punto de vista, que por mi intransigencia iba a pasar esto o aquello?…. Frente a esas presiones, las convicciones tambalean. La estabilidad, la gobernabilidad como bienes superiores son argumentos poderosos. No es fácil resistirse a ellos. Así se hicieron esos veinte años de transición”,reflexiona el ex ministro y ex senador.

No es primera vez que leo tal tesis. Que los líderes de la Concertación habrían cargado sobre sus hombros el recuerdo de los horrores vividos, derrumbe de la democracia mediante. Resultado sicológico, evitar el conflicto. Resultado práctico, buscar el consenso. Con leyes de quórum calificado y subsidiada por el sistema binominal, la derecha se aseguraba así desterrar cualquier indicio de cambio profundo al modelo social, político y económico instaurado bajo dictadura.

Es posible. Pero personalmente creo que también hubo muchos concertacionistas que nunca cargaron con ese lastre. Los que desde un principio se sintieron a gusto con la idea de una sociedad de mercado, que no es lo mismo que una sociedad con economía de mercado como bien aclara Ominami.

La retrospectiva sobre la “obra” de la Concertación no es nueva.

En 1997, a 10 años del triunfo del No, fue centro del debate interno del oficialismo.Los críticos hablaron de la necesidad de cambiar el rumbo y por la prensa fueron calificados caricaturescamente de “autoflagelantes”. En la vereda opuesta, con el mote de “autocomplacientes”, se instalaron los orgullosos -a todo evento- del camino recorrido.

Hoy renace la discusión a la luz de las masivas movilizaciones de 2011 en adelante.

Por un lado están quienes consideran que los ciudadanos (consumidores, más bien) están disconformes porque no han accedido a una tajada de los bienes que promete la sociedad de mercado (Golborne, Allamand, Parisi, Velasco).

Por el otro, los que creen que nuestro Chile carece de una institucionalidad que le fortalezca como sociedad justa y democrática de verdad, y donde la economía es una variable importante, pero una más (Enríquez-Ominami, Orrego, Gómez, Ruz, Claude, Miranda).

Y en el medio Bachelet, con algo de ambos mundos y donde ser de izquierda ya no significa lo de antes. Porque en pro de la estabilidad a todo evento muchos de los líderes de este sector se convirtieron en virtuales celadores del modelo pinochetista.

Defensores de esa institucionalidad de la que habló Lagos, dispuesto a poner su firma sobre la remozada, más no reemplazada, Constitución del dictador. De antología su frase: “Chile cuenta desde hoy con una Constitución que ya no nos divide… Tenemos hoy una Constitución democrática y tiene que ver con los reales problemas de la gente”.

Es a este Chile al que llega Bachelet.

Para comprender mejor sus intenciones, escuché atentamente el discurso que dio el mismo día de su arribo al país, en el centro cívico de El Bosque. Es más, lo he leído varias veces en estos días. Porque ese primer mensaje es vital para ir develando el calibre real de sus intenciones transformadoras.

Sobre la elección de la comuna dirigida desde 1991 por el socialista Sadi Melo (guiño a la izquierda tradicional ) y donde vivió en sus años de infancia (mensaje a la clase media para disputarle puntos al niño símbolo de la meritocracia aspiracional que es Golborne) ya se ha dicho suficiente.

Me interesa otra parte de su relato. El de la desigualdad.

Fue aquí donde dejó la sensación de aludir esencialmente a la de corte económico: “brechas salariales”, “abuso de empresas que estafan a sus clientes”, “letra chica que afecta consumidores endeudados”, “cambios unilaterales de planes de salud”, “regiones postergadas por el centralismo” (entendemos productivo), “diferencia de remuneraciones entre hombres y mujeres”, “impotencia de los trabajadores que no pueden negociar colectivamente” y “una clase media cada vez más afectada por altos pagos en educación, vivienda y salud” concentraron su discurso.

Solo escaparon a esta mirada principalmente material las referencias a “los derechos sexuales y reproductivos de los hombres y mujeres” y a “las condiciones de vida y los derechos de nuestros pueblos originarios”.

Ya lo han dicho varios. Si la igualdad de la que habla Bachelet se refiere en esencia a la del tipo económico, no avanzaremos mucho en los cambios que se requieren con urgencia.

Porque Chile sí quiere redistribución. Pero no sólo de la riqueza, que es la base de su mensaje –previamente elaborado- del miércoles y donde los que debieran ser reconocidos como derechos se plantean como bienes y servicios de consumo en un mercado que elige a quien se los entrega, según su poder adquisitivo.

En este particular mundo las becas, los bonos y los vouchers son bienvenidos en educación, salud, previsión social, vivienda, electricidad, agua potable y en cualquier otro bien o servicio esencial para que el ciudadano viva dignamente. Donde dineros públicos se transfieran a un concentrado (y poderoso) sector privado controlador de la educación, la salud, la previsión social… Pero de cambiar el modelo de sociedad de mercado, ni hablar.

Por ello, la verdadera redistribución que requiere Chile es la del poder.

Hoy tal es la madre de todas las batallas y donde la Concertación está al debe. Escasos avances en plebiscitos vinculantes o referéndum revocatorios, mantención del sistema binominal y mínimos pasos para pasar de esta democracia representativa (y más aún malamente representativa) a una participativa dan muestra de ello. Porque participación no es sinónimo de llenar listas de asistencia en encuentros ciudadanos, cuyos resultados luego no son considerados.

Esta tarea se logra sólo mediante una nueva Constitución. No a través de cualquier procedimiento, porque al contrario de lo que dijo Den Xiaoping no da lo mismo el color del gato, aunque cace ratones. La nuestra, de una vez por todas, debe ser una con verdaderas credenciales democráticas. Porque la democracia no es el fin a cualquier precio, es precisamente la suma de procedimientos que al objetivo dan legitimidad.

De eso también estamos hablando, cuando muchos hablamos de desigualdad.

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31 mar 2013

Sin cambiar el paraguas, nos seguiremos mojando

Aterrizada en Chile y de lleno en la carrera presidencial, en su primera actividad de campaña en la comuna de El Bosque, Michelle Bachelet diagnosticó la transversalidad del malestar ciudadano, la entrada del país a un nuevo ciclo político, económico y social, y esbozó el eje de su propuesta de gobierno: enfrentar la desigualdad.

Especial atención puso a las brechas: las educacionales, económicas, salariales y territoriales, de género y laborales, haciendo un llamado a “repensar nuestro modelo de desarrollo”.

Aunque aseguró que su programa no se realizará entre cuatro paredes y que tendrá un sello ciudadano, a partir de sus énfasis es esperable que su oferta programática incluya reformas a la educación, previsión, laboral y tributaria, las que –según se infiere de sus palabras- estarían supeditadas a “nuevos consensos” y una “nueva mayoría política y social”.

Interesante aparece su mención a los derechos sexuales y reproductivos, seguramente influenciada por su dirección de ONU Mujeres, lo que podría implicar un exigible avance en la postergada agenda de los derechos de las mujeres.

A pesar de lo anterior, la impronta económica estuvo más presente que la política, lo que enciende las alarmas sobre la real voluntad de los cambios que Chile necesita. Pareciera que lo abordable es la desigualdad económica, pero lo intocable es la desigualdad política.

En un discurso que recuerda demasiado al slogan de Lagos “crecer con igualdad” de fines de los noventa, Bachelet señaló lo que ya es más que sabido: que superar la pobreza no necesariamente supone disminuir la desigualdad.

La crítica al modelo económico basado casi exclusivamente en materias primas, tampoco representa una novedad en relación al análisis que se viene haciendo desde hace años.

Se apela a derrotar la desigualdad para alcanzar el desarrollo, no para conquistar la democratización social de este país.

El enfrentar el abuso –cuña que, paradojalmente, logró instalar el actual gobierno- y la “desigualdad” como el motivo principal del “enojo” ciudadano recoge reivindicaciones sociales y económicas sentidas por esta “nueva ciudadanía empoderada”, que Bachelet reconoce como más fuerte, fiscalizadora e informada que antes.

Pero el abuso no sólo lo cometen el retail (con sus repactaciones unilaterales), las Isapres (mercados poco transparentes con millonarias utilidades), las instituciones educacionales (cuyo fin último es el lucro y no la formación), las AFP (que entregan pensiones miserables producto de un mercado del trabajo precarizado y de sus altos costos de administración) o los bancos (que cobran intereses sobre intereses, legalizando la usura).

Después de más 20 años de la vuelta a la democracia, el abuso lo siguen cometiendo minorías que imponen a las mayorías altos quórums para cambiar leyes o un sistema electoral como el binominal donde el que tiene menos votos gana, si su adversario no es capaz de doblarlo.

El entender el malestar ciudadano como delimitado a la arena económica, recuerda peligrosamente el añejo debate sobre “los problemas reales de la gente”, postergando las reformas políticas.

Bachelet no se equivoca al afirmar que las personas están cansadas de los abusos de poder, pero no sólo de las empresas, sino de las instituciones políticas –Parlamento, partidos- cuyos integrantes sólo impulsan cambios cosméticos para que nada cambie en realidad, se mantenga el stablishment y se reproduzca la oligarquía.

Las palabras “nueva Constitución” o “reformas políticas” fueron las grandes ausentes del discurso inaugural de Bachelet. La necesidad de un “nuevo consenso para avanzar en un sentido de país, con unidad nacional y con rumbo común” expresada por la ex mandataria, está lejos de referirse a un nuevo pacto constitucional.

Cuando planteó que quedaron reformas sin hacer –en una tímida señal de reconocimiento de los temas pendientes-, se refería más bien a la desigual repartición de los beneficios del crecimiento, pero no a la desigualdad de derechos ciudadanos y de participación.

Si bien en el acto que inauguró su candidatura presidencial sólo nombró una vez la palabra “Concertación” para referirse a las primarias del 30 de junio y no hubo banderas partidarias ni dirigentes políticos presentes -al igual que en su austera y cuidada recepción en el aeropuerto, donde las protagonistas fueron las mujeres y la dirigencia social-, los partidos no necesariamente están ausentes.

Paradojalmente, los partidos políticos lograron imponer el status quo en contra de la propia política: al no incluir las reformas políticas en el diseño electoral, se reafirma el ninguneo de algunos de sus jerarcas por la demanda de cambio en las reglas del juego político.

Para ellos, basta redistribuir mejor para enfrentar la desigualdad económica, pero nada dicen de la desigualdad política y de una Constitución que la sigue amparando. ¿Es posible, entonces, reconocer un cambio de ciclo político, sin proponer un cambio de fondo en la sombrilla que abarca todo el ordenamiento jurídico de una nación? Sin cambiar el paraguas, nos seguiremos mojando con la desigualdad política, económica y social.

Es necesario reemplazar la libertad económica y derecho de propiedad como principios fundantes de la Constitución de 1980, por los derechos económicos, sociales y culturales y un nuevo sello participativo y de democratización social de la carta rectora.

Es de esperar que en el programa que según sus palabras no será hecho entre cuatro paredes, sino en diálogos y encuentros a lo largo del país, se recoja el sentir ciudadano sobre la urgencia de construir un nuevo pacto constitucional, que termine de una vez con la ilegitimidad de origen de nuestra carta magna y que, por primera vez en la historia de Chile, sea construida por los propios ciudadanos y ciudadanas.

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30 mar 2013

Chile, el más centralizado de América Latina y la OCDE

La independencia de 1818 decapitó el gobierno político imperial pero mantuvo la administración interior del Estado Colonial. Esa herencia nos sigue pesando hoy en día, transformándonos en una mala excepción a la regla: Chile es el país más centralizado de América Latina y por lejos el más centralizado de los 34 países miembros de la OCDE.

El mundo tiende a la descentralización y en cambio Chile sigue estancado en solo un 15 % del gasto público a nivel local-regional, versus el 30 % en América Latina y el 50 % en los países avanzados (Australia, Estados Unidos o Suiza).

En Chile, seguimos estancados con una Concertación y una Alianza concentradora y paternalista. Somos el alumno porfiado de toda América y en el club de la OCDE, que no quiere desconcentrar el poder e insiste con un modelo del cual todos quieren alejarse.

Incluso los países unitarios no muestran rasgos de tanto centralismo como el régimen chileno. La mayoría (76 %) de los países de la OCDE tiene sistemas unitarios como Chile y sin embargo todos ellos cuentan con elección directa de jefes de gobiernos regionales, provinciales o su equivalente a lo que en Chile sería la figura del Intendente Regional.

Es decir, mientras en Chile en la región de Arica y Parinacota asume un Intendente designado y que debe su confianza al Presidente de la República, en Colombia en el departamento de Bolívar (donde se encuentra la hermosa Cartagena) eligen democráticamente un gobernador que encabeza el ejecutivo departamental y cuenta con presupuesto propio. Así un gobernador de cualquier departamento en Colombia tiene mayor autonomía política, administrativa y presupuestaria que la figura del Intendente Regional en Chile. Lo mismo ocurre en Perú, Argentina, Brasil y en todos los países de desarrollo medio-alto del mundo.

A su vez, la designación de Intendentes no es la única anomalía del modelo concentrador chileno, amparado de izquierda a derecha. A diferencia de Chile, en toda América Latina y en los países de la OCDE la función del Jefe de Gobierno regional, es distinto al rol del representante del Presidente. Hoy en Chile el Intendente cumple funciones ejecutivas como cabeza del GORE y además es representante del Presidente de la República.

Aquello es una herencia colonial que ni las monarquías constitucionales mantienen: ninguna representación del jefe de Estado y Gobierno cuenta con poderes ejecutivos en las regiones. Chile es nuevamente la excepción, único lugar donde el delegado presidencial las hace de jefe del Gobierno Regional y maneja la caja regional.

Es por esa razón que cuando los embalses no ven la luz en el presupuesto del gobierno nacional, ningún Intendente se atreve a golpear la mesa, ya que depende de la confianza exclusiva del Presidente. Basta con mirar a nuestro vecino Perú para darnos cuenta que la reforma realizada por dicho país en el 2002 y que hizo posible la elección democrática de Intendentes (Presidentes regionales allá), les ha generado una mayor descentralización y desarrollo regional, como en Tacna.

Mientras las regiones seguimos esperando, Santiago se transforma en el territorio en América Latina que concentra proporcionalmente mayor cantidad de la población nacional en una sola ciudad.

Ese es el Chile concentrador y paternalista que nos heredó Diego Portales y que la Concertación y la Alianza pretenden mantener. Lo que antes fue una virtud para la construcción unitaria del Estado, hoy es una mochila pesada de la cual deshacerse.

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