11 dic 2011

La izquierda: certidumbres e interrogantes (I parte)

Este texto es parte de la recopilación de escritos políticos breves La (Re) vuelta de la Izquierda, Editorial Ocho Libros, Santiago, publicada en mayo de 2011. La editorial me ha autorizado para circularlo en formato digital indicando su procedencia. Si bien fue escrito hace siete meses, sus principales contenidos pudieran seguir siendo de interés.(El autor)

La izquierda: prioridad política.

¿Queremos una izquierda poderosa? ¿Cómo la queremos?

Una izquierda que quiera construirse —o reconstruirse— requiere la voluntad de ser y el deseo de nombrarse. No basta declarar la ambición de existir, es preciso decirlo y actuar.

Esta exigencia es ineludible porque el conjunto de ideas, historias, sentimientos y esperanzas de futuro que la constituyen es prácticamente el único acervo de la izquierda.

Sin voluntad y amor propio, por lo tanto, simplemente no hay izquierda, la izquierda no será. Habrá partidos, movimientos, grupos, pero no izquierda.

Si examinamos los anales del movimiento socialista (en su sentido más amplio) constatamos que su existencia, desde que la izquierda fue reconocida como tal en los Estados Generales durante la Revolución Francesa, se ha caracterizado por la diversidad de puntos de vista.

Dicho de otro modo la izquierda no es un solo ente o formación, es una sumatoria posible de diferencias que pueden llegar a identificarse en un común denominador.

En el actual Chile uno podría imaginar una izquierda congregada en diversos grados de entendimiento, mayores o menores, sobre la base de cuatro o cinco grandes objetivos y de algunos criterios sobre cómo avanzar hacia ellos.

¿Será posible? Mi respuesta es que no lo sabemos, que aunar a todos aquellos que se reclaman de izquierda sería difícil, pero que constituir una izquierda protagónica, más potente que la actual hasta el punto de ser un actor social y político ineludible, es una tarea prioritaria.

Hay casi una mitad de los ciudadanos chilenos, la mayoría jóvenes, que no participan en este modelo político, y una izquierda recargada puede ofrecer una esperanza nueva.

Por otra parte, la Concertación ha perdido vigor y prestigio y hay millones de chilenos que la han apoyado durante dos decenios y que no están conformes con su cometido, entre ellos mucha gente que se siente y declara de izquierda.

Desde otra perspectiva, menos voluntariosa y más fundada en el diagnóstico de la actual realidad política, no empeñarse en conformar esa izquierda que aspira a ser actor principal, facilitaría la imposición de un régimen político de “alternancia binominal” de largo respiro que cerraría las posibilidades de desarrollo de un movimiento popular unitario o, al menos, coordinado.

Admitamos que el principal fracaso de la Concertación no es la derrota presidencial del 2010 sino su ineficacia, por diversas razones, para construir en Chile una democracia participativa fundada en principios y normas discutidos y sancionados por la ciudadanía, una democracia abierta a cambios políticos y socio-económicos en la matriz que constituye el estado.

La declinación de este objetivo fundacional y emblemático fue gradual, progresiva e incurable.

La victoria de Piñera el 2010 fue un corolario penoso, más aún porque fue un desenlace oportunamente advertido. Puso término a una etapa sustentada en el sistema electoral binominal como riel conductor, etapa que permitió a la derecha crecer, convertir su poder económico y mediático en preponderancia política, y alcanzar una mayoría entre las chilenas y chilenos que votan.

Entre 1989 y 2009 la Concertación había repudiado los pactos electorales con la izquierda no concertacionista, pactos que pudieron generar mayorías parlamentarias suficientes para modificar al menos las leyes orgánicas constitucionales, y sólo los concretó cuando el cálculo electoral y las encuestas indicaron que le eran sin duda indispensables.

En 2005, cuando la figura detestable de los senadores designados dejó de ser útil a la derecha y pudo utilizarse como pragmático instrumento para configurar una mayoría potente en el Senado, la Concertación, asombrosamente, concordó una reforma constitucional (denominada por sus promotores como una “nueva constitución”) que eliminó los senadores por designación sin modificar el sistema binominal, reafirmando así este mecanismo arbitrario y letal para la democracia.

Se ha cerrado la etapa de expansión de ese sistema. La derecha creció y superó la mitad más uno de los votantes, un gran éxito si se considera que en el Chile predictadura captaba aproximadamente un tercio de los votos.

En dictadura cimentó su poder en el manejo del temor y en la conformación de una extensa red de clientelismo impulsada principalmente por los alcaldes no electos designados por Pinochet.

Alcanzó un 44% en el plebiscito de 1988. Luego comenzó a crecer, a estabilizar sus conflictos internos y a plantear su proyecto más abiertamente, fundada en un poder mediático que sus adversarios de centro y de izquierda no fueron capaces de contrapesar, con la complicidad de los sectores concertacionistas que fueron progresivamente aceptando o acomodándose al sistema político heredado y tan sólo remozado.

Estamos ahora en otro momento, en que las fuerzas de derecha que sustentan el modelo económico y político y las direcciones concertacionistas marcadas por el conformismo y la renuncia a sus programas originarios, buscan consolidar un régimen de “alternancia binominal”.

Ya no se trata sólo de sostener un sistema electoral abusivo y deformador, que ha tenido un impacto político definitorio, sino de instaurar permanentemente un régimen político irreversible en que dos opciones cuyas diferencias están acotadas se alternan en el ejercicio del poder público: la derecha y el centro concertacionista.

Cualquiera sea la opción que triunfe en las elecciones, más allá de sus diferencias, su acción apuntará a la mantención del modelo económico, a la consolidación de una cultura mercantilista, uniformadora y acrítica, a un funcionamiento de ritmo reducido de la sociedad organizada y a la imposición de una idea de “orden público” que limita las libertades individuales y colectivas.

Una vez asegurado, un régimen de “alternancia binominal” se transforma velozmente en un “hoyo negro” que absorbe, aplaca o reprime toda minoría que se resista, la integra al sistema aún en contra de la voluntad de los disidentes o la disuelve en un agotador fraccionamiento que fortifica entre sus integrantes la percepción de la propia y fatal impotencia.

En ese esquema la izquierda está condenada a ser, en el mejor de los casos, un actor secundario.

Para impedir la configuración de este sistema, que cierra las puertas de cambios mayores y mantiene márgenes de disputa que no admiten pretensiones transformadoras, es preciso que emerja con potencia otro protagonista que levante un programa que implique orientar la sociedad en una dirección distinta, más igualitaria y libertaria.

La actual izquierda, social, cultural y política, y todos los que aspiramos a otro modo de vida y a un desarrollo equilibrado entre los seres humanos y la naturaleza, tienen la responsabilidad de generar y sustentar ese actor indispensable.

Pero, ¿si construir izquierda es prioridad, qué ocurre con el objetivo de derrotar a la derecha?

Un imprescindible horizonte

¿Cómo sería el paisaje si no hubiera horizonte? Es difícil concebirlo. Ocurre con la izquierda: sin horizonte no hay política en el sentido pleno de la palabra. Puede haber objetivos, propósitos, acciones, pero por más positivos que sean si no se orientan hacia un horizonte no existe política de izquierda.

Así como no hay una pintura sin fondo, tampoco puede haber una izquierda carente de horizonte.

Esa era la noción de la política que impulsó a muchos de mi generación a comprometerse vitalmente con ideas, militancias, partidos y episodios de lucha social.

Para expresarlo de otro modo, puede denominarse “política” a lo que se quiera, pero para la izquierda el término deberá estar referido al conjunto de acciones, intelectuales o prácticas, que se emprenden colectivamente en pos de aspiraciones compartidas, generalmente de largo plazo, que configuran un horizonte, una línea de llegada, por esquiva que sea. Esa política es, además, un modo de ejecutarla, un modo con un sentido sustantivo que va más allá de los ejecutantes.

Los actores políticos procuran aproximarse a ese confín, como el nadador que se dirige hacia la línea móvil que construye la potencia de su mirada y que, por eso mismo, nunca logra alcanzar. Norbert Lechner llamó bellamente a este proceso: “la nunca acabada construcción del orden deseado”.

Para los conservadores también existe un horizonte porque una sociedad vive en cambio permanente, y por supuesto el mundo en que está inserta.

Su horizonte es definir ciertas cuestiones básicas como naturales y perpetuas, preservar lo que definen como esencial, encaminar los procesos sociales inevitables dentro de una cierta ruta estable. El objetivo de los conservadores es sustentar las estructuras fundamentales de la organización social jerarquizada que existe actualmente.

Para la visión de izquierda, sea ella revolucionaria o reformista o simplemente rebelde, la cuestión es mucho más difícil.

La izquierda imagina el horizonte, o lo adivina o lo inventa, o lo deduce de un análisis histórico, pero es un horizonte que no tiene hasta hoy un referente indiscutido a la escala de la sociedad real.

La izquierda aspira a subvertir el orden de las cosas para sustituirlo por otro orden, deseado pero, en realidad, sólo concebido o sólo en parte conocido porque las experiencias de construcción de una sociedad diferente, socialista, han sido polémicas y necesariamente imperfectas.

Y seguirán siendo: el sendero hacia ese horizonte no es transparente, se asemeja más a un neblinoso territorio de arenas movedizas que ningún explorador ha podido recorrer sin dificultades, desvíos o extravíos. Para aquel territorio no existe una cartografía acabada.

No es posible concebir una política de izquierda sin esa perspectiva, visión de futuro o utopía, como quiera llamársele. Mientras la derecha tiene que urdir un horizonte y camuflarlo para que no se advierta que en definitiva es, en lo esencial, lo mismo que existe, la izquierda no puede despojarse de él a riesgo de perder su indispensable identidad transformadora.

Dicho esto: sin izquierda o con una izquierda débil, Chile no tiene otro  horizonte que aquel, esencialmente inmóvil, que ofrece la derecha y su engañosa alternancia.

Sin embargo, para algunos la idea del horizonte se ha convertido en algo casi ritual, una repetición obligada de conceptos que se han tornado imposibles pero que no es posible dejar de lado.

El pensamiento uniforme que ha pretendido imponer el capitalismo neoliberal no admite otros horizontes que no sean el propio. Ese hecho, de alcance universal, ha horadado la confianza de la izquierda en sus propias ideas y, sumado a la incapacidad de innovar y el apego a esquemas fracasados, las ha debilitado.

En ese marco los logros del  Foro Social y su promesa “otro mundo es posible” se han constituido en referente indispensable para toda tentativa de reconstrucción de fuerzas nacionales o internacionales claramente anticapitalistas.

En ese mismo cuadro, las experiencias de gobiernos encabezados por fuerzas no capitalistas o reformadoras en América Latina del siglo XXI, adquieren un valor extraordinario.

Tanto Lula y el Partido de los Trabajadores en Brasil, como Tabaré, Mujica y el Frente Amplio uruguayo, han hecho su aporte, como también el justicialismo de izquierda encarnado por Kirchner en Argentina.

Chávez   en Venezuela ha reinstalado la dimensión latinoamericanista de la política en nuestro continente y la idea del socialismo —“del siglo XXI”, advierte razonablemente para rechazar de este modo la creencia que el pretérito pueda servir como modelo de futuro.

Evo en Bolivia ha llevado al gobierno a los movimientos sociales y ha contribuido al rescate y vigencia de las diferencias étnicas y culturales y a valorar su plena existencia. En Ecuador el “buen vivir” es el modo propio y original de denominar esa otra sociedad posible que, en la tradición chilena, denominamos socialismo.

El horizonte de la izquierda hoy es desde ya más amplio, más extenso, en la medida en que dimensiones antes sombreadas por la contradicción entre burguesía y clase obrera, se han incorporado a su ideario.

Me refiero, entre otras, a la dimensión de género, a la asunción de la diversidad de opciones sexuales como un derecho, y a la trascendente concepción que modifica radicalmente el concepto de desarrollo incorporando la idea del equilibrio entre las necesidades humanas, la producción y la naturaleza y las opciones de crecimiento o decrecimiento selectivo.

Esa amplitud lo hace aún más variado y diferenciado y obliga a plantearse la idea de la diversidad como un rasgo positivo y necesario para una fuerza de izquierda.

Pero, si bien el horizonte es más amplio, ¿no es acaso más distante? A veces pareciera que la respuesta a esta cuestión es positiva. Los mecanismos que tienden a uniformar las formas de pensar o, para usar la ya antigua categoría, que sustentan “el fin de la historia”, inducen incluso a sectores de izquierda a mirar el horizonte como un imposible. Pero no lo es.

La historia es siempre sorprendente, como lo ha demostrado ya el siglo XXI en su breve recorrido, que acumula al ataque terrorista a las Torres Gemelas, el levantamiento de pueblos de países árabes en busca de más derechos democráticos, la crisis vigente y siempre latente de un sistema capitalista que ha fundado su supervivencia en la depredación de la naturaleza y, ahora, en la inercia del neoliberalismo triunfante que en los últimos años se bate en retirada.

No es mi intención hacer profecías optimistas, sólo decir que la lucha por otra sociedad, otro modo de convivir y de relacionarnos, nunca es una lucha en vano.

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11 dic 2011

“Di-Vagaciones” pre-navideñas

(Esta, sobre “el hombre basura”)

-6 A. M.-

Cuando los pájaros matutinos, ya cantaron.

En el silencio del baño, algo me distrajo. Era el sonido de la espuma al desaparecer en el lavatorio.

¿La (¿o lo?) ha escuchado alguna vez?

(Si hace globitos de saliva que se rompen entre los labios, suena casi igual).

Seguí sentado, tranquilo, mientras recordaba al “hombre basura”, porque el baño sigue siendo uno de los últimos buenos lugares, para recordar y pensar.

El día de ayer, en medio del calor abrasador de los 30 grados a la sombra, cruzó veloz como siempre,(también como una sombra), envuelto completamente con bolsas de basura negras y opacas, como su rostro oscuro y sucio de modernidad.

Cuando quise fotografiarlo con mi celular, ya había desaparecido en su viaje al subsuelo de los residuos y los desechos.

Era una basura viva, sudorosa, envuelta y móvil, en un viaje permanente hacia ningún lugar.

Solo. Solo. Siempre solo.

Solo como bolsa de basura, a la espera de un perro hambriento y solitario.

Quizá huye de los camiones, de los camiones de basura, y sus únicos enemigos, sean los basureros, (con los que tiene pesadillas recurrentes), y los perros comedores de basura.

O anda en busca de ellos, sus sepultureros, para ser enterrado con los honores de un hombre solo,(con una trompeta arrojada a la basura), que sólo vaga como basura, en un buen, buen basurero, (ojalá privado), y lejos, muy lejos, de la gran ciudad.

En general, todos lo han visto caminar presuroso en el sector oriente de la capital, asumiendo con dignidad su condición de hombre (basura), y al mencionárselos, sólo dicen con indiferencia –sí, si lo he visto-.

(Claro está, que no hay nadie que no conozca la basura).

La basura se deja frente a la casa en bolsas oscuras, negras como la muerte, para que se la lleven los basureros. Pero nadie espera que se levante, que se mueva, que camine, que camine como un hombre, el “hombre basura”.

(Salvo que arrojemos los hombres a la basura, cuando aún están vivos).

Como no creo que sea así, parafraseo a Parra, (con todo respeto).

Erase un hombre basura, que vive en una casa basura, en una calle basura, frente a una ciudad basura.

Debiéramos reciclar a los hombres basura. En las esquinas debiera haber grandes contenedores para arrojarlos y transformarlos en abono, para los parques y jardines que embellecen la ciudad.

Pero…

¿Ha pensado que sucedería si no existiera la basura?

Nadie podría así, basurear al otro, gritándole… ¡No eres más que una basura!…

O ya no existiría más la “tele-basura”.

O exclamar… ¡“El mundo es una basura”!…

O sea, sin la basura, el mundo sí sería una basura, de verdad.

Por suerte, sí existe la basura, (y los “hombres basura”), pienso aliviado, aunque de pronto, me asalta una duda existencial.

¿Cómo irán al baño en una emergencia, si están completamente envueltos en bolsas de basura? Obvio, no necesitan sacárselas porque son para la basura…

Pero como ya son demasiados pensamientos-basuras, y se me acalambró una pierna por estar tanto tiempo sentado, me levanto del baño, y tiro la cadena para que se vaya la basura…donde debe estar…

Mientras cierro la puerta, por suerte, se me ocurre la última idea (¿basura?)

Si lo ve, si ve al “hombre basura”,(que sí existe de verdad), regálele bolsas, bolsas de colores transparentes.

Así, la basura, los “hombres basura”, iluminarán la noche,

La noche del 24

Como luciérnagas, (de esperanza)

Y destellos de humanidad.

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10 dic 2011

El monstruo islamista

En la última parte del presente año se han desarrollado importantes e interesantes procesos electorales en el norte de África. Específicamente, se trata de las elecciones para la Asamblea Constituyente de Túnez y las legislativas en el caso de Marruecos y Egipto.

Los resultados de dichos procesos han sido potentes y los islamistas, en sus más variadas formas, han conseguido contundentes victorias en los países mencionados anteriormente, dándole un nuevo escenario al Magreb y el norte de África.

Así es que en Marruecos se impuso el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD), organización islamista moderada, que obtuvo cerca del 55% del total de asientos parlamentarios y que se llevó el 30% del total de votos, aproximadamente, convirtiéndose en la primera gran fuerza política del país.

Un poco antes, en Túnez, los islamistas de Ennahda también obtuvieron un notable triunfo, desplazando a los partidos de tendencia socialista y/o laica a un segundo plano.

Este gran resultado electoral adquiere aún mayor relevancia si se toma en cuenta que fueron las primeras elecciones democráticas y plenamente transparentes en toda la historia de Túnez.

El último hito de los islamistas llegó en Egipto, país en el cual se llevó a cabo la primera parte de las elecciones legislativas. En ellas, Libertad y Justicia (brazo o representante político de la Hermandad Musulmana) fue el gran vencedor, gracias al 36% de los votos y a casi dos tercios de los escaños parlamentarios en disputa.

Pero eso no fue todo, ya que si se suma lo obtenido por el Partido Libertad y Justicia (islamistas), Nour (salafistas) y Wasat (islamistas moderados), los partidos islamistas llegan al 65% del total de escrutinios y, además, se quedan con cerca del 80% de los asientos parlamentarios.

Junto a estos hechos irrefutables, se encuentran otros acontecimientos del Magreb que no deben ser olvidados. Es así, por ejemplo, que el verdadero nombre de Mauritania es República Islámica de Mauritania, lo cual deja en claro el importante poder del Islam.

Argelia tiene un largo historial de represión hacia los islamistas y la única vez que se realizaron elecciones democráticas obviamente triunfó el Frente Islámico de Salvación (FIS), dejando atrás al histórico Frente de Liberación Nacional (FLN). La inminente llegada al poder de los islamistas derivó en una guerra civil. Hoy, los islamistas siguen muy presentes y, de hecho, ya están planificando lo que podría ser su triunfo en las legislativas de 2012.

Por último, el Consejo Nacional de Transición libio ya aseguró que el nuevo gobierno estará basado en la sharía, es decir, la ley islámica. El asunto de Libia, sin embargo, parece más difuso, pues no se sabe bien quién llegará al poder, aunque no quedan dudas que los islamistas son los que están mejor perfilados.

Así, Europa Mediterránea tendrá el mismo barrio, pero con nuevas pinturas en sus casas.

Tras las caídas de los regímenes dictatoriales o autoritarios ha llegado, en algo lógico, la fuerza islamista.

¿Qué irá a ocurrir ahora?, ¿el monstruo de mil cabezas, 15 ojos y 23 manos irá a azotar a toda la población?

Esa es la pregunta que muchos se hacen, incluyendo a ciertos gobiernos, que miran con gran desconfianza al islamismo político.

De hecho, genera cierto relajo cuando escuchan que Ennahda dice que su referente es el Partido por la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Turquía o cuando ven que el CNT libio anuncia que tiene interés en mantener buenos nexos con Europa.

Sin embargo, la duda y el temor siguen presentes. No sólo en países europeos o en Estados Unidos, sino que también entre la masa ignorante, aquella que se desinforma a través de la construcción mediática de realidad elaborada por los medios occidentales.

Sí, seguramente habrá cambios. Por ejemplo, en algunas universidades tunecinas se está pidiendo el uso obligatorio del velo, mientras que en Egipto los islamistas más radicales han dicho que el bikini y los besos en público deberían estar prohibidos. Eso, sin dudas, es algo nocivo, pero también lo era, a la inversa, la obligación de no usar el velo (en la era de Ben Alí, en Túnez).

Los islamistas suelen ser más conservadores, pero tampoco podrán transformar con facilidad las sociedades magrebíes y árabes. Por diversos motivos, no les será posible, especialmente en países como Marruecos y Túnez.

Si la mujer del rey marroquí (Mohammed VI) no usa velo y, en paralelo, el monarca es la principal autoridad religiosa del país es poco probable que ahora sea obligatorio el uso del velo en Marruecos.

Y en Túnez, existe una gran parte de la sociedad que sigue maravillada con las bondades del laicismo europeo, modelo importado hace varias décadas a Túnez.

Y a no olvidar que los pueblos del mundo árabe y magrebí han entendido que ningún tipo de dictadura o gobierno autoritario es bueno, sea laico o islamista.

Más allá de eso, lo importante es comprender que los islamistas podrán ser conservadores, pero tampoco son el talibán, ni Al Qaeda o la teocracia iraní.

No cortarán las cabezas de sus rivales, ni empezarán a poner bombas por todo el mundo.

Al menos, no a priori. Y merecen su oportunidad, ganada en forma democrática.

Por más que a algunos les moleste eso.

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10 dic 2011

La Resiliencia…

Resiliencia se refiere a la capacidad de las personas para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas.

Si somos capaces de hacerlo es porque tenemos resiliencia adecuada, y podemos sobreponernos a contratiempos o incluso resultar fortalecidos gracias a ellos. Dios, en su inmensa sabiduría nos hizo a todos con esta capacidad.

Esa capacidad de resistencia se prueba en situaciones de fuerte y prolongado estrés, como por ejemplo debido a la pérdida inesperada de un ser querido, al maltrato o abuso psíquico o físico, al abandono afectivo, al fracaso y a las pobrezas extremas.

El segmento de los privados (as) de libertad viene de esos mundos. Cuando una de estas personas toma la decisión de rehabilitarse o reinsertase en la sociedad es porque está buscando en el fondo del alma esa capacidad de resiliencia que todos tenemos. Sin duda, que para unos será más fácil encontrarla y desarrollarla que para otros.

Cuando un ser ha caído en delito no significa que su vida está determinada, una infancia infeliz no determina la vida, más aún si esa persona cuenta en su entorno con el amor y manos amigas que lo ayuden a salir adelante.

Como sociedad también somos en parte responsables de sacar adelante a los que han delinquido, cuando cerramos las puertas y no damos una oportunidad laboral les estamos diciendo, tanto a ellos como a sus familias, que en la vida hay sólo una oportunidad y no es así; siempre podemos dar un nuevo sentido a nuestras vidas, sin olvidar el pasado, construyendo desde ahí una nueva historia personal.

Combatir el delito no significa construir más cárceles, aumentando la población penal, sino hacer describir la fuerza resiliente que hay en cada hombre y mujer de exclusión que fue conducido al delito.

Podría decirse que la resiliencia es la entereza más allá de la resistencia.

Es la capacidad de sobreponerse a un estímulo adverso. ¡Qué difícil para los privados de libertad ser resilientes en Chile, con tanta adversidad, hacinados en escasos metros cuadrados y sin esperanzas de optar a un futuro mejor para ellos y sus familias!

Tiene entonces mucho más valor aún, cuando nos encontramos con una de estas personas que ha decidido rehabilitarse y reinsertarse nuevamente dejando de ser antisocial, para pasar a ser social.

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10 dic 2011

¿Qué debo concluir del informe del CADE y la Geotermia?

Con sentimientos encontrados leí el informe que la Comisión Asesora de Desarrollo Eléctrico entregó al presidente Sebastián Piñera el pasado 16 de Noviembre.

Si bien por un lado, adecuadamente, en él se estableció como objetivo central el lograr un mercado eléctrico más competitivo y mejorar el precio de la electricidad, contemplando los cuatro elementos básicos planteados en la convocatoria: seguridad de suministro, calidad de servicio, sustentabilidad y eficiencia, por otro lado, no vi a la Geotermia instalada en el “verdadero” sitial que le corresponde en nuestro país.

En primer lugar, dentro de los convocados a formar parte de la Comisión no hubo ningún experto en Geotermia. Comprensible, hasta cierto punto, pero, en segundo lugar, dentro de la larga lista a quienes la Comisión les agradeció su contribución al informe tampoco vi a ningún experto en Geotermia. Ahora sí que no hay perdón.

Aun así, la Geotermia resultó ser la “vedette”. Analizados los distintos escenarios “conservador” y “optimista” de proyección de las Energías Renovables No Convencionales según las políticas hoy vigentes, BAU (Business As Usual, según su traducción del inglés), la Geotermia resultó ser la que más puede contribuir en potencia instalada de aquí al 2030 en nuestro país.

En un escenario “conservador” podría contribuir con 2.100 MW de potencia instalada, y en un escenario “optimista” con 3.105 MW; versus los 1.738 MW y 1.786 MW respectivamente de la generación Minihidro, y los 582 MW y 199 MW también respectivamente de la energía Eólica.

Esto es en potencia instalada, sumando ambos sistemas interconectados, SIC y SING. Ni que hablar de generación de energía, es decir en MW-Horas, si consideramos los factores de planta.

Con dicho antecedente, establecido en el anexo 3 del informe, titulado “La matriz eléctrica futura”, me sorprende profundamente que cuando se hace el “Análisis de disponibilidad de recursos renovables en Chile” en el anexo 4, se diga allí escuetamente: “Salvo referencias antiguas, no existe información de base que permita identificar el potencial de generación en base a este recurso energético”.

Sencillamente incomprensible, por decir lo menos. Es decir borramos con el codo lo que escribimos con la mano.

Más aún, cuando expertos han estimado un potencial de generación de 16.000 MW, refrendado, nacional e internacionalmente, hace pocos días.

No entiendo nada.

Ahora bien, cuando se analiza los resultados expuestos en el informe de cuánto podría aportar la geotermia frente a ciertos incentivos y/o en otros escenarios, encontramos la siguiente paradoja: se simula, por ejemplo, qué ocurriría al instituirse formalmente la meta 20/20, o al establecerse adicionalmente cuotas para las diferentes ERNC, o que ocurriría al imponerse un impuesto a las emisiones CO2 de la generación térmica, o también al considerar que no se desarrollan centrales en Aysén, o que no se desarrolla la energía nuclear, etc. etc., y los resultados muestran que el aporte estimado de la geotermia en estos distintos escenarios prácticamente no varía, salvo una pequeña disminución al establecer cuotas en favor de otras ERNC. Y eché de menos, aquí, alguna propuesta innovadora orientada a incentivar, en particular, el desarrollo de la geotermia.

Entonces, ¿qué se lee?

- Que el informe estima que la geotermia en Chile no podría dar más que lo allí calculado, en ningún escenario.

¿Y limitado por qué?

- “Salvo referencias antiguas, no existe información de base que permita identificar el potencial de generación en base a este recurso energético”.

Entiendo menos…

Conclusión: ¿No será que el problema que enfrentamos es más bien una típica timidez criolla que nos dice “demasiado bueno para ser verdad”? En cualquier caso, espero que el problema no sea “el chaqueteo” a la geotermia.

En cambio, ¿yo?, quiero Geotermia…

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09 dic 2011

Día de los Derechos Humanos

Hace 60 años, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el 10 de diciembre como el día Internacional de los Derechos Humanos.

Para los chilenos los derechos humanos se hicieron presente como problema cuando el 11 de septiembre de 1973 se inició una política de violación sistemática de dichos derechos por parte del Estado y sus agentes, dejando una larga estela de ejecutados, desaparecidos, torturados y exiliados que marcó traumáticamente nuestra historia contemporánea así como nuestra concepción de los derechos humanos.

La acción de defensa de los derechos humanos influyó fuertemente en nuestra realidad política.

Los partidos políticos que se opusieron a la dictadura fueron poco a poco afirmando una adhesión cada vez más explícita a los derechos humanos y a su doctrina democrática.

El caso más importante fue el del Partido Socialista que en los años 80 migró ideológicamente desde un marxismo revolucionario hacia una renovación democrática.

Sin embargo, los partidos que participaron de la dictadura aún miran con desconfianza e incomodidad los derechos humanos, como un dedo acusador que los apunta, un tema ciertamente incómodo.

Para la mayoría de los chilenos, sin embargo, los derechos humanos se asocian a un período pasado de nuestra historia, a hechos condenables, a excesos cometidos por los organismos de seguridad, a una historia violenta pero felizmente superada.

Esta visión de los derechos humanos como un hecho del pasado es tremendamente limitada.

Muchas poblaciones en Asia, África y América latina viven situaciones inaceptables, muchos están presos por sus ideas, muchos sufren la tortura y el crimen y si consideramos que los derechos humanos son inherentes a la persona y universales, los chilenos tenemos un deber de solidaridad que es inescapable.

Pero no sólo deberíamos asumir más activamente una defensa de los derechos humanos a nivel global – que sería lo esperable después de toda la solidaridad internacional que recibió el pueblo de Chile-, sino también tomar mayor conciencia de la actualidad de dichos derechos.

Nuestro país, por ejemplo, aún no da el paso del reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas.

Esto es más que una simple declaración para archivar, es decidirse a modificar la relación de dominación con los pueblos originarios, para pasar a una de aceptación y reconocimiento de su identidad, de su estructura política, de su lengua, de sus creencias, de sus costumbres, de sus tierras y aguas.

Otro ejemplo es la resistencia a reconocer los derechos de las minorías sexuales que en pleno siglo XXI siguen viviendo una situación de exclusión.

Pero, sobre todo, la conmemoración de este día de los derechos humanos estará marcada por los ecos del homenaje que el alcalde Labbé organizó para Miguel Krassnoff, un torturador condenado a 144 años de cárcel por su participación en más de cincuenta crímenes.

De lo que se trataba en el citado homenaje, era justificar los crímenes porque habrían sido cometidos por una causa superior, convirtiendo a Krassnoff en una suerte de víctima (de la incomprensión) o de héroe que pagaba con cárcel lo que hizo por un Chile ingrato.

En esta iniciativa se evidencian una ideología que considera que hay causas superiores a la dignidad humana, es decir que en nombre de tal o cual ideal político o religioso, se pueden anular los derechos de las personas, incluyendo su derecho a la vida.

El que tal doctrina siga presente en Chile resulta más que preocupante, sobre todo si se asume que estas ideas cuentan con un respaldo o un silencio cómplice de partidos políticos con amplia representación parlamentaria.

Lo otro, que es francamente inadmisible, es que autoridades públicas admitan que se puede hacer homenajes a condenados por delitos de lesa humanidad, igualando ese supuesto derecho al de las víctimas.

Se trata de una inexcusable apología de la violencia y del crimen que debiera ser perseguida por las autoridades públicas, como ocurre en países que han sabido sacar las lecciones de sus experiencias traumáticas.

El día de los derechos humanos, es un día para pensar en estas cosas, para reunirnos en torno a los valores que nos pueden hacer mejores seres humanos y como país.

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09 dic 2011

Reforma tributaria: derechos y deberes ciudadanos

Demandada por la oposición cuando el año pasado se presentaron los resultados de la CASEN 2009 y replanteada este año con más fuerza por la crisis educacional, la reforma tributaria ha aparecido como una dimensión ineludible de la agenda política, en tanto respuesta a las distintas caras de la desigualdad social.

Razonable es comenzar a constituir equipos técnicos para abordar el análisis de esta compleja materia fiscal, pero desde ahora el debate debe ser político.

Se trata de convenir sobre cuáles deben ser los fundamentos, criterios orientadores y prioridades de una reforma tributaria coherente con un proyecto político de inclusión social.

Recién entonces habrá lugar para que participen los equipos técnicos capaces de formular las medidas concretas que materializan dichas concepciones.

Todos los estudios, nacionales e internacionales, muestran que el sistema tributario chileno se caracteriza: en primer lugar, por una baja carga tributaria; en segundo término, por una estructura tributaria regresiva; y, en tercer lugar, por una evasión y elusión que, siendo de las más bajas de la región, todavía deben ser combatidas.

Veamos el primer aspecto, el relativo a la carga tributaria.

La evidencia disponible revela que Chile tiene una baja carga tributaria, no sólo en relación a cuánto tributan países con equivalentes ingresos per cápita, sino en cuanto al potencial de tributación que nuestro nivel de desarrollo permite. Basada en datos de nuestra economía, CEPAL estima que Chile tiene un potencial de incremento de su carga tributaria de 3 puntos del producto interno bruto.

¿Y por qué importa elevar la carga tributaria? La sociedad chilena ha avanzado en conciencia y exigencia de derechos. Y los derechos no son estáticos, sino que progresivos a medida que las sociedades se desarrollan.

A esta realidad no es posible responder sin recursos fiscales garantizados de manera permanente y cuya progresión asegure que los derechos sean efectivamente ejercidos a lo largo del tiempo.

Veamos el segundo aspecto, el referido a la estructura tributaria.

Hasta el propio presidente Piñera señaló hace un par de días que se requiere una tributación más equitativa. Ello, porque todos los análisis indican que la nuestra es una estructura tributaria regresiva.

La mayor proporción de nuestros ingresos fiscales proviene de impuestos indirectos (especialmente el IVA) y que termina por pesar más sobre los hombros de quienes menos tienen. En menor proporción los ingresos fiscales provienen de impuestos directos asociados a las rentas de las personas y empresas.

Además, la vigencia de diversas exenciones que se han legalizado por presiones corporativas de grupos de interés en diversos momentos, limitan que el Estado pueda recaudar impuestos de sectores con altos ingresos.

Es decir, tenemos una composición tributaria que termina siendo generosa con los que más tienen y muy exigente con los sectores de menores ingresos del país.

¿Y por qué importa revisar la actual estructura tributaria? Si con la recaudación tributaria el Estado es el responsable de promover mayores oportunidades y justicia social a través de políticas sociales redistributivas, resulta paradójico que transfiera subsidios, prestaciones y bienes sociales con los impuestos que pagan, mayormente, los sectores menos acomodados del país.

El impacto distributivo que tiene nuestro gasto social es un esfuerzo destacable y encomiable del Estado chileno, pero tiene un límite, pues se basa en una recaudación fiscal regresiva que sólo mitiga parcialmente la brecha de ingresos en el país.

Si se mide la distribución del ingreso en gran parte de los países europeos resulta que la brecha distributiva disminuye a la mitad después del pago de impuestos. En Chile, en cambio, tal brecha de ingresos se mantiene casi igual, medida antes y después del pago de impuestos.

Y la explicación está que en Europa, a diferencia nuestra, la mayor recaudación fiscal proviene de los impuestos a la renta de personas y empresas, siendo menor la proporción de impuestos indirectos.

Finalmente, veamos los problema de evasión y elusión tributarias.

Todo lo que puede avanzar un país con una mayor carga tributaria y con una mejor composición de ésta, se pierde si los ciudadanos dejan de pagar sus impuestos, sea directamente por evasión, o bien eludiendo el pago de sus obligaciones tributarias por distintos mecanismos.

Comparado con los restantes países de América Latina, nuestros niveles de evasión y elusión son bajos, pero siguen siendo una importante fuente de pérdida de ingresos fiscales por parte del Estado.

¿Y por qué importa mejorar los niveles de recaudación tributaria? No sólo por la razón obvia de que ello implica disponer de los recursos que el Estado requiere para cumplir su indelegable e insustituible responsabilidad social, sino porque una sociedad fundada en derechos requiere que las responsabilidades no se evadan, ni eludan.

Por cada peso que un ciudadano de altos recursos deja de pagar al fisco, habrá otro ciudadano de bajos ingresos que dejará de tener posibilidades de insertarse socialmente con las mismas posibilidades que aquel que defrauda al fisco e incumple sus compromisos.

No hay trabajador que cobre por planilla que pueda evadir sus responsabilidades tributarias como lo puede hacer, con ayuda de hábiles expertos tributaristas, su empleador.

En suma, el sistema tributario chileno recoge en sí mismo la desigualdad de derechos y deberes ciudadanos. Eso sólo basta para fundamentar su reforma, más allá del necesario debate de montos y medidas apropiadas.

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09 dic 2011

¿Dónde está Piñera?

Teletón 2011. Kramer, disfrazado de Miguel Piñera, entra en escena. En la sala, en primera fila, observa su actuación el propio Presidente de la República de Chile, Sebastián Piñera, acompañado de su mujer, Cecilia Morel.

Kramer hace una imitación perfecta del hermano del Presidente, aludiendo a sus características de personaje farandulero, aficionado a la droga, bueno para el fiesteo y dependiente económicamente de su exitoso pariente. La gente ríe.

El Piñera verdadero, arrellanado en su butaca, comienza a hacer su gesto característico de estirar el cuello como si la corbata le quedara demasiado apretada.

No hay duda: no se siente a gusto.

Probablemente, por su cabeza pasa la idea de que no fue una buena idea presenciar desde allí el espectáculo, a pesar de que algún asesor debe haberle advertido que en su rutina Kramer iba a hacer una imitación que podía ser incómoda. Pero su presencia en la Teletón puede significar unos puntos más en la próxima encuesta. Hay que apechugar.

Nerviosismo: nuevo estiramiento del cuello. “Esperemos que este asunto no se ponga demasiado pesado. Maldita sonrisa forzada a la que nunca he sido capaz de dar mayor autenticidad”.

Sigue Kramer: la cosa empieza a ponerse peluda, con alusiones cada vez más peligrosas a la intimidad de los dos personajes: se alude a la reciente separación de Miguel, quien después de recordar todo lo que le debe a su hermano le confiesa su propósito de devolverle hasta el último centavo. La incomodidad se hace ahora manifiesta.

Después de sacar una interminable boleta con el resumen de los gastos, Kramer-Miguel dice: “Con esto estudian todos gratis perrito”. Risas en el público. Nuevos estiramientos de cuello. “¿Qué crestas estoy haciendo aquí?”

Kramer-Miguel anuncia que la deuda será pagada bajo la forma de una donación a la Teletón. Pero no trajo la billetera. Se dirige al Presidente: “¿Sebastián, tu me podís prestar plata?” Más risas. Más arreglos de corbata.

De pronto, después de algunos chistes de desigual comicidad, aparece en una pantalla Kramer personificando ahora al propio Presidente y entabla un diálogo con su hermano ficticio.

El Sebastián Piñera de la pantalla afirma que el señor sentado en la primera fila no es Piñera. Piñera es él. “¡Demuéstramelo!” Y el personaje de la pantalla se pone a hacer los estiramientos de cuello que el Presidente ha estado haciendo durante toda la presentación, gestos registrados por lo demás y de los que han sido testigos los varios cientos de miles de televidentes de la Teletón. “¿Y si no es mi hermano, quién es él?” – pregunta Kramer-Miguel. “Él es Kramer” – es la respuesta. “Si le tiras el pelo vas a darte cuenta de que anda con peluca”.

Y cuando Kramer se dirige a constatar si se trata o no de un personaje falso, es detenido, y la rutina vira hacia la interpretación de una canción con la participación del propio Miguel Piñera, quién aparece junto a su doble hasta el final del número.

Después de presenciar esta escena,que es simplemente inimaginable en otro país que no sea Chile y con otro Presidente que no sea Piñera, me quedo pensativo.

¿No será verdad lo que dice Kramer de que este personaje que se nos presenta en los medios como nuestra más alta autoridad es en realidad un imitador?

¿Cómo pensar seriamente que un verdadero Presidente de la República pueda ponerse en una situación tan desmedrada como ésta que todos presenciamos en la Teletón?

¿En qué ha quedado entonces el respeto debido a su investidura? ¿Puede aceptarse que un cómico se ría de él hasta ese punto? ¿Entonces, no será que este personaje que se nos presenta como Presidente en realidad es un actor cómico?

¿Por qué cada semana se acumula una nueva “piñericosa” en Youtube, hasta el punto que ya ni siquiera llaman mayormente la atención? Pruebas de ignorancia e incultura, palabras mal dichas, situaciones dignas de una película de Los tres chiflados, exabruptos, etc.

Pasa un día y por fin llega la comprobación de lo que dice Kramer. Se trata de un imitador, no cabe duda. La prueba es el chiste pronunciado en México y que transforma a este personaje en un hazmerreir de talla continental.

El chiste comentado ampliamente en los medios latinoamericanos y hasta en algunos norteamericanos y europeos, además de sexista e irrespetuoso hacia las mujeres, es una fomedad de mal gusto, de esas que los caballeros de comienzos de siglo se contaban en los clubes y que pasaban en esa época por ingeniosas.

Se trataba de la versión número trece de la Cumbre de Gobiernos y Estados en la que estaban presentes los más altos dignatarios del continente.

¿Ustedes pueden creer sinceramente que una persona que no se ha enterado todavía de que las luchas por la igualdad de la mujer en el mundo han generado una situación muy alejada de la que permitía hacer esos chistes, puede llegar a ser Presidente de la República?

¿Y quién se puede tragar que la más alta autoridad de Chile ande contando este tipo de historias dándoselas de gracioso entre sus pares del continente?

¿O sea que una persona que llega a ese cargo no va a estar informado de los valores de igualdad y democracia que obligan a tratar a las mujeres con igual dignidad que a los hombres? ¿Me van a decir que un Presidente de Chile no sabe nada de lo que pasa en el mundo? No puede ser.

¡No me vengan con tonterías! El que hace estos chistes es Kramer. No puede ser otro.

Un Presidente de la República de Chile no puede andar diciendo públicamente estas tonterías. Lo único que me hace dudar en esto es que en general las rutinas de Kramer son bastante mejores.

¿Por qué cuando reemplaza al Presidente sus chistes se ponen tan malos? ¿Y donde está Piñera entonces? Hay que ponerse a buscarlo. Espero que se esté ocupando de mejorar la suerte de los conciudadanos que lo han elegido.

Puede ser peligroso que siga fomentando la presencia de su doble en público. El cómico se ha revelado malo y hasta decadente. ¿Aparecerá por fin el Presidente?

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09 dic 2011

Tentaciones autoritarias

El Presidente de la Corte Suprema, Milton Juica, ha debido nuevamente representar ante la opinión pública: “existe una actividad política destinada a presionar la función de los jueces frente a un fracaso de una promesa de seguridad que no se ha cumplido”, ello frente a las críticas y el menoscabo del Poder Judicial y del Ministerio Público realizadas desde el gobierno, involucrándose en ellas directa y personalmente el propio Presidente de la República y sus ministros del Interior y de Justicia.

Como es sabido, en Chile se elije cada cuatro años, por elección popular, un Jefe de Estado dotado de amplísimas atribuciones.

Estamos en un régimen fuertemente presidencialista.Es así que en su relación con el Congreso Nacional el Presidente de la República tiene amplísimas atribuciones que le entregan primacía constitucional, posee la atribución exclusiva de gasto público y de administración financiera del Estado, así como en lo referente a impuestos y tributos de cualquier naturaleza.

Además, decide las urgencias en el trámite de las leyes y recibe facultades exclusivas en materia de seguridad social y en el mando de las Fuerzas Armadas y de Seguridad Publica.

Se habla incluso de una monarquía presidencial.

Como si fuera poco el gobierno de Sebastián Piñera mantiene desde hace meses un severo cuestionamiento a la independencia de los Tribunales de Justicia. Ha enviado proyectos de ley que les debilitan y fortalecen las fuerzas policiales.

¿Que pretende Piñera?, ¿el monopolio total del poder? En democracia tal pretensión es inadmisible.

En un esfuerzo por captar las razones profundas del ataque a los jueces se puede visualizar que la tan proclamada meta de terminar la fiesta de la delincuencia se ha hecho agua. Las noticias de cada día así lo confirman.

Sin embargo, la frustración del gobernante no puede significar tentaciones autoritarias como la de acumular más poder en torno a la Jefatura del Estado, tal idea es insostenible e inaceptable.

El Presidente debe entender que la tendencia moderna es descentralizar el poder y no concentrarlo todavía más.

Mientras intenta en vano que la sociedad dependa de lo que diga o haga, el protagonismo social que caracterizó esta etapa reclama más participación ciudadana, mayor espacio al diálogo social y menos engreimiento y soberbia de las autoridades.

No es la hora de mandar, es el momento de escuchar.

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09 dic 2011

La extinción del librero

Si bien la figura del librero se ha ido extinguiendo, no sólo en Buenos Aires, sino en todo el mundo, aún existe una caterva de libreros que sirve como guía para no perderse en este mundo editorial, que año a año va incrementando su cantidad de títulos.

La desorientación podría ser total sin el crítico y el librero. Pero como el crítico ya es un dinosaurio, no por lo grande, hoy son los libreros quienes pueden orientar a los lectores-consumidores.

En Santiago el librero español de Takk es un ejemplo de estos guías, Víctor López y Sergio Parra de Metales Pesados son otros, Víctor y Rodrigo en Ulises son quienes aumentan el número, pero, ojo, no son muchos los que saben de literatura o tienen una noción personal de lo que se está publicando.

Puede que esa noción sea equivocada, que responda a un “canon”, y creo que eso está bien, porque en el fondo se trata de una librería: la exposición de un canon.

Una buena librería, en este sentido, no debe contar con todo, de hecho ninguna librería tiene “todo”; puede que algunas den esa idea, como las cadenas, pero ya sabemos tanto en Chile como en Argentina que éstas marginan, por ejemplo, a las editoriales independientes y a su vez a las editoriales independientes no les interesa trabajar con las cadenas, debido a la cantidad de ejemplares por título que exigen y a los plazos de pago.

Es en las librerías medianas y pequeñas donde la presencia de las editoriales independientes –que son las que más se esfuerzan por tener un catálogo propio– se nota más: Takk, Lea + (GAM), Crisis de Valparaíso y las mencionadas arriba.

En Buenos Aires esta situación es similar, porque es en estas librerías donde el librero subsiste. En las cadenas no es necesaria una orientación, sencillamente porque ahí está casi todo, y donde está casi todo se hace necesario saber nada.

Hace un mes me tocó ir a Cúspide, una cadena que distribuye, entre otras editoriales, a Anagrama y me tuvieron esperando para pagar por veinte largos minutos. La chica de la caja contaba el dinero que ingresaba a la registradora una y otra vez, luego conversaba con un cliente, enseñándole el escote. Al final me fui y ella ni se dio cuenta. Pude haber llamado su atención, pero era “musho”, ¿no?

Cuando voy a una cadena en Buenos Aires es cuando no me queda otra alternativa. Y por lo general voy por encargos de Chile. En otras palabras son mis amigos chilenos los responsables. Por mí no entraría en ellas.

En Hernández, por ejemplo, se enojan si les sacas el plástico a los libros para hojear de qué se trata. No todo lo que uno husmea lo conoce. Y como además ya me pasó que llevé a Chile un libro de Beatriz Sarlo con varias páginas en blanco, hoy abro el plástico y verifico que estén todas las páginas. No quiero estafas.

En las librerías medianas y pequeñas, en cambio, uno puede hojear libros eternamente, incluso avanzar en la lectura de algunos, sin tener que comprar, o incluso puedes dejar un abono e irlo pagando en cuotas.

Por eso me gustan estas librerías: De la Mancha (y los chismes de escritoras que cuenta el librero), La Libre (y sus generosas invitaciones a cervezas), La Internacional Argentina (y el diálogo siempre interesante con su dueño, el también editor de Mansalva Francisco Garamona), Caterva (y el cafecito con Roberto Papateodosio). Con todos ellos he aprendido algo. A todos ellos les he comprado libros. Y ninguno de ellos se me ha pegado a la cara para preguntarme si ando buscando algo en especial. Eso lo agradezco.

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