28 may 2012

¡No más lucro en las pensiones!

Las AFP lucran escandalosamente con la previsión y han dejado a los chilenos y muy especialmente a las chilenas, sin pensiones que merezcan el nombre de tales.

A lo largo de tres décadas, han venido expropiando las contribuciones de los trabajadores a la seguridad social, mientras el Estado debe cargar con casi todas las pensiones. Las AFP no son un sistema de previsión, sino de ahorro forzoso de los trabajadores en beneficio de los grandes grupos financieros. Hay que acabar con el lucro en la previsión y restablecer el sistema público basado en el esquema solidario, que ha venido entregando pensiones dignas a lo largo de un siglo en todos los países desarrollados.

Las AFP y compañías de seguros relacionadas, se han embolsado uno de cada tres pesos cotizados por sus afilados desde 1981 hasta ahora. El grueso de los otros dos pesos lo transfieren a sus compinches, en forma de préstamos y capital accionario; uno de ellos era La Polar.

No otorgan pensiones que merezcan el nombre de tales. Ello fue asumido parcialmente por la reforma de la Presidenta Bachelet, mediante la cual el Estado se tuvo que hacer cargo de otorgar beneficios solidarios ¡al 60 por ciento de los afiliados! En su gran mayoría, sencillamente no recibían nada de las AFP.

Sin embargo, el 40 por ciento restante, afiliados de sectores medios, tampoco reciben pensiones mínimamente adecuadas. Ello se puede comprobar con los siguientes casos reales.

Una jueza, que intenta jubilar al cumplir la edad legal para hacerlo tras cotizar toda su vida sin fallar un solo mes y por el sueldo tope, obtiene una pensión de 330.000 pesos mensuales. Eso representa menos de la décima parte de su sueldo. Dirán que fue afectada por el daño previsional ocasionado por la sub cotización a los empleados públicos durante los años 1980 y es cierto.

Sin embargo, una médica con la misma trayectoria de cotizaciones, pero que ha trabajado toda la vida en el sector privado, obtiene una pensión de 465.000 pesos mensuales, cerca de una octava tercera parte de sus ingresos en actividad. Simplemente no pueden dejar de trabajar.

Se dirá que ambas son mujeres, mientras un hombre que jubila al cumplir la respectiva edad legal obtiene una pensión un tercio mayor con el mismo fondo acumulado, lo que es verdad. Constituye una discriminación flagrante y masiva contra las mujeres, que se ha denunciado a los tribunales y ante la OIT y está prohibida en la Unión Europea.

Sin embargo todos, especialmente las mujeres pero también los hombres, que han cotizado sin “lagunas” y por el tope, obtienen pensiones muy inferiores a las que perciben sus colegas con similares historias previsionales, pero que tuvieron la suerte de permanecer en el antiguo sistema público: estos últimos, tanto hombres como mujeres, obtienen la pensión pública tope, que actualmente es de alrededor de 1.100.000 pesos mensuales.

Si tal es la situación de los cotizantes ejemplares ¿que queda para la abrumadora mayoría de los afiliados que cotizan por remuneraciones más bajas y presentan abundantes lagunas previsionales?

A partir de sus magros saldos actuales, El Mercurio del 12 de mayo del 2012 calculó que las mujeres que jubilarán en diez años más obtendrán una pensión promedio de $92.100, que equivale al 20 por ciento de sus ingresos al jubilar.

En el caso de los hombres, estiman que recibirán una pensión promedio de $223.000, que equivale al 41 de sus ingresos en actividad. El cálculo se basa en el optimista supuesto que los fondos obtengan una rentabilidad de 4 por ciento anual – en los últimos cinco años han dejado cuantiosas pérdidas – y ellos coticen regularmente hasta entonces.

No toma en cuenta tampoco, que a cada rato las pensiones se reducen aún más, so pretexto de aumentos en la expectativa de vida o rebajas en las tasa de interés internacionales.

Esas no son pensiones, puesto que representan una fracción menor de sus ingresos en actividad, especialmente en el caso de las mujeres. Los chilenos y las chilenas no cuentan con un verdadero sistema de pensiones.

Esta situación se ha agravado considerablemente debido a las multimillonarias pérdidas experimentadas por los fondos AFP durante la crisis en curso. El 2008 perdieron un tercio del fondo total y la mitad de los fondos más riesgosos. En lugar de poner los fondos a buen recaudo hasta que pase la crisis, aumentaron irresponsablemente su exposición a las inversiones más volátiles, incluyendo derivados financieros.

No les sirvió de nada, puesto que luego de una fugaz recuperación han reanudado sus pérdidas millonarias. De este modo, en los últimos cinco años no solo no han ganado nada, sino que han perdido miles de millones de dólares de sus afiliados: sólo en abril y mayo del 2012 han perdido cinco mil millones de dólares de sus afiliados; exactamente el equivalente a los ingresos anuales de todas las instituciones de educación superior.

Las pérdidas se concentran en los riesgosos fondos A y B, en donde están más de la mitad de los afiliados, cuyas cuotas han perdido un quinto y un décimo respectivamente, en términos reales, en los últimos cinco años.

Dichas pérdidas van a continuar, hasta que el rendimiento de largo plazo de los fondos de pensiones, que supuestamente sigue siendo muy elevado, entre en línea con lo que se valorizan los mercados financieros en el largo plazo, que es del orden de uno por ciento real anual. Todo lo demás es ilusión y la crisis lo terminará de desinflar.

Se está conformando un movimiento muy amplio que exige el término del lucro en las AFP y la reconstrucción del sistema público para garantizar pensiones dignas a los chilenos y chilenas. El nuevo sistema se basará nuevamente en el esquema de reparto, que no es sino un clásico mecanismo de seguros, mediante el cual las cotizaciones de los trabajadores en actividad se utilizan para pagar las pensiones de los jubilados.

Dicho esquema ha demostrado su solidez y sustentabilidad otorgando pensiones muy decentes a lo largo de más un siglo a poblaciones mucho más maduras que la chilena, que es muy joven.

Todos ellos dejan año tras año cuantiosos excedentes de caja a los respectivos Estados, al igual como ocurría en Chile hasta 1981, cuando las cotizaciones alcanzaban para pagar todas las pensiones y un tercio quedaba como excedente.

Lo mismo ha ocurrido en los cuatro países que han terminado con sus AFP en el curso del último año: Argentina, Bolivia, Hungría y Polonia, los dos últimos con gobiernos de derecha.

Así ocurrirá en Chile cuando se ponga término a este sistema: las cotizaciones volverán a utilizarse para pagar pensiones, lo que dejará un excedente fiscal equivalente al 30 por ciento del gasto público social, que se podrá volver a destinar a mejorar las pensiones y también a educación y salud. Los fondos acumulados quedarán intactos de reserva para el futuro.

La majadera propaganda del sistema financiero, que anuncia la “quiebra” de los sistemas de reparto ante el aumento de la edad de las respectivas poblaciones, se basa en cálculos que proyectan déficit en años por venir, si no se incrementa levemente la edad de jubilación y/o el monto de los descuentos.

Tampoco representa ninguna tragedia el manido “envejecimiento” de la población; muy por el contrario. De hecho, el mundo en su conjunto, casi todos los países y ciertamente también Chile, tienen poblaciones muy jóvenes.

El incremento de la edad promedio reduce el número de pasivos que debe sostener cada persona en edad activa, puesto que el número de jóvenes que ingresan a la fuerza de trabajo es muchísimo mayor que el número de adultos que se retiran de ella, cada año. Así continuará durante buena parte del siglo.

Para garantizar el equilibrio entre las cotizaciones y las pensiones en los países más maduros, basta con subir levemente la edad de jubilación o las cotizaciones, de tanto en tanto.

En Chile, sin embargo, no hay justificación alguna para hacerlo, como pretenden las AFP y el Gobierno de Piñera. La única causa de las bajas pensiones es que las AFP no destinan las cotizaciones a pagar pensiones, sino a lucrar con ellas en los mercados financieros. El rechazo a tales intentos será multitudinario y unánime en la oposición.

Asimismo, por estos motivos, los trabajadores independientes rechazarán masivamente el intento de descontar de sus ingresos una cotización para las AFP. Este descuento empezará a operar automáticamente partir del 2012. Sin embargo, hasta el 2015 existe la posibilidad que el afiliado rechace dichos cobros.

Para mejorar las pensiones hay que terminar con las AFP y no permitir que expropien una porción aún mayor de los ingresos de la fuerza de trabajo durante más años todavía.

¡Vas a tener que soltar la teta Willy!

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28 may 2012

Un país adolorido

Chile hoy es un país soterradamente angustiado. Es triste observar como se ha deteriorado la convivencia, la ética y la estética durante las últimas décadas. Basta viajar en el metro, o manejar a través de Santiago, a las horas de mayor atoche, o competir en las colas de consultorios, bancos, Isapres, para experimentarlo.

La filosofía de la mayoría es simple: “¡yo primero!”, y como sea, es decir, no importa la tercera edad, las embarazadas, ni los niños, o, en el caso del manejo, los riesgos que generan esta ansiedad y este egoísmo.La cantidad de accidentes de tránsito que suceden son otra triste prueba de que algo anda mal con la actitud cívica de chilenos y chilenas. Las ciudades, y en general el entorno nacional, se ve basureado.

¿Por qué chilenos y chilenas ensuciamos nuestro propio país y entorno, calles y veredas, playas, parques nacionales?

¿Por qué se ve tan rayado, pegoteado, y agredido… tan feo, el ambiente en tantas comunas de tantas ciudades, e incluso en los espacios más naturales del país?

¿Qué es lo que pasa? ¿Es esto ‘necesario’, inevitable? ¿Es ‘culpa’ de la gente?

Pienso que esta falta de cuidado, de cariño con lo nuestro es un efecto, no una causa.

Como un efluvio social negativo, autodestructivo, delincuencia incluida, que emerge de un país adolorido, resentido, endeudado ‘hasta la camisa’, profundamente deteriorado social y culturalmente.

Una vuelta de mano. De individuos que no nos sentimos queridos y protegidos, sino, por el contrario, agredidos por la sociedad; por la innecesaria pobreza, por la precariedad de los servicios públicos, o el abuso de los privatizados; por la contaminación; por la fealdad de condominios y barrios levantados con una falta de consideraciones éticas y estéticas escandalosa… mientras ‘al otro lado’ se levantan fastuosos condominios amurallados, rehenes de la pobreza.

Agredidos por la inequidad, la segregación… justamente, en el acceso a la educación, a la cultura, a la recreación, a la belleza, a la real calidad de vida.

Agredidos por el crónico autoritarismo y centralismo elitista, por la imposibilidad de participar en decisiones que impactan directamente nuestras vidas.

Quizás el elemento determinante de este síndrome es la sensación de no ser partícipe, de que no nos dejan ser parte de… Sentir que el país no es nuestro, que la ciudad, la calle, la vereda, las autopistas, la playa, la quebrada, los ríos, los lagos, las aguas, los bosques… Que nada nos pertenece.

Esta sensación que tenemos tantos chilenos y chilenas de que nos robaron el país y todo lo que contiene. Un país oficialmente ajeno, transnacionalizado, usurpado. Ni siquiera el Estado es nuestro. No nos cobija, no nos cuida, no responde a nuestros clamores.

Al contrario, cuando la comunidad se levanta lúcidamente porque una combinación de Estado/Corporación quiere cometer otro atropello, desgarrar aún más tejido social, contaminar aún más el ambiente, generar otro mega-negocio privado a costa de la degradación de la economía local, entonces esa comunidad se transforma en “grupo de presión”, y se envía a las fuerzas especiales a sofocar a golpes y gases su voz y sus legítimas demandas.

Cuando el Presidente Piñera en su discurso del 21 de mayo dice “… ningún obstáculo o grupo de presión, por fuerte o poderosa (sic) que sea, me desviará del objetivo de cumplir mis compromisos con los chilenos”, nos preguntamos a que grupos se refiere, y con quienes está tan comprometido.

Porque mucha minucia respecto de obras sociales que ayudan microscópicamente, pero cero referencias a las patologías estructurales que hacen que Chile siga siendo inevitablemente rehén de las corporaciones y sus negocios; una sociedad piramidal sin rostro, cultural y espiritualmente anómica… la antítesis de una comunidad horizontal en que se siente que todo de alguna manera es colectivamente propio, y se cuida y ama como tal.

¿Cómo se revierte esto? Actualmente en el mundo muchas personas están evolucionando a pesar de las sociedades en que viven.

Ojalá que estas multitudes alcancen la ‘masa crítica’ que nos permita dejar muy atrás esta primitiva disfuncionalidad que no deja que florezca plenamente el genial potencial sinérgico, generoso, bondadoso, artístico y risueño de la humanidad.

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28 may 2012

El caso perdido

En política, la esperanza siempre tiene que estar presente y es preferida a cualquier derrotismo anticipado. Eso explica que la derecha esté tan interesada en sus precandidatos presidenciales.Mientras más entusiasmo despiertan los aspirantes, más queda implícito que el liderazgo que hoy está operando no convence a nadie.

No es para menos. En realidad, la Alianza se encuentra a estas alturas exactamente en el lugar inverso en el que proyectó que se encontraría -a estas alturas de su primer gobierno- tras medio siglo de derrotas presidenciales. Los que esperaban estar quebrando marcas de buena gestión, reconocimiento ciudadano y respaldo mayoritario, se encuentran con las peores evaluaciones desde la recuperación de la democracia.Se han roto todos los records a la baja.

Por supuesto, no hay ser humano que resista hasta el infinito el esperar que “ahora sí” llegará el momento del apoyo público, porque “estamos haciendo bien las cosas” y esto “tiene que ser visto ahora”.

No, lo que ha convencido a una mayoría consistente de que este es un mal gobierno no es la poca información sino la más amplia difusión de las acciones del oficialismo.Lo que pasa es que lo que se conoce de las actuaciones de Piñera y del gobierno simplemente concitan rechazo.

Tanto es así, que la difusión de logros y de buenos resultados sectoriales no está produciendo ningún efecto en un cambio de actitud ciudadana ante la administración de Piñera. Se saben y se comunican, pero no permiten hacer un giro en la tendencia general.Es como si se hubieran independizado completamente entre sí los logros de gestión y la sanción política de los actores públicos.

La verdad es que el presidente empezó por ser decepcionante, llegó a ser exasperante y hoy le es indiferente a la mayoría. No parece un factor sino una fatalidad con fecha de vencimiento.

Por eso es que para la mayoría de nosotros el tiempo de gobierno no se mide por el lapso que lleva en el poder sino, al contrario, por el período que le falta para que salga del poder.

En este escenario es entendible lo que ocurre con la derecha. Al fin y al cabo, nadie se puede conformar como sector político con quedar como una perfecta nulidad, luego de haber aspirado al poder durante tanto tiempo, y de pensar que se harían las cosas tanto mejor que la Concertación. De allí el entusiasmo que despiertan los candidatos.

Pero se trata de una esperanza con muletas. Lo normal y esperable es que la aspiración a continuar en La Moneda se deba al reconocimiento amplio de los méritos de una forma de gobernar. La decepción no es terreno fructífero para darle continuidad a una alternativa política.

Piñera y este gobierno ya tuvieron su oportunidad. Ahora hay que reconocerlos en lo que son: un caso perdido y una esperanza frustrada. Lo que tendría que explicar un aspirante presidencial de derecha es qué es lo que ha fallado hasta ahora. Si no quiere suicidarse en el punto de partida, no podrá decir que se debe a la carencia de un proyecto, a la falta de equipos humanos capaces de dar gobernabilidad, a deficiencias de gestión o a una fuerte inadaptación a las exigencias propias del servicio público.

Lo que dirá (sin decirlo) un postulante oficialista a La Moneda es que la falla está en la conducción. Que a la cabeza del esfuerzo colectivo estaba alguien que no logró ser querido ni aceptado; sin empatía con las demandas ciudadanas más sentidas; alguien con imagen de conductor fuerte y comportamiento de irresoluto; un acaparador de problemas que están quedando sin resolver.

En otras palabras, quien quiera suceder a Piñera tendrá que desmarcarse fuertemente del mandatario para tener alguna chance. De otro modo sería como intentar nadar con un ancla amarrada alrededor del cuello. En Palacio esto es algo que todos saben y que casi ya lo dicen.

En lo que queda demostrado tal actitud, es en dos comportamientos muy reveladores. Por una parte, los candidatos presidenciales despliegan sus campañas sin mucho miramiento; por otro, y al carecer de una dirección férrea, desde diversos centros de decisión se pueden iniciar ataques contra la oposición que nadie parece medir ni controlar.

Este último aspecto es el más llamativo. Estamos ante el predominio de los tácticos sin rumbo. El ataque a Bachelet por el 27-f es una muestra elocuente de hasta dónde puede llegar una operación política, en la que nadie parece medir las consecuencias. Es como si se pudiera mantener una maniobra ofensiva sin que nadie la detuviera hasta que los estropicios que se acumulan son demasiados.

Al parecer, los mismos líderes de la derecha conocen este inusitado y desquiciado modo de proceder. Por lo mismo se han levantado voces en esta ocasión pidiendo públicamente un “alto al fuego”. Pero cuando se ha llegado a necesitar procedimientos tan extremos de autocontención significa que estamos en presencia de una nave en la que los tripulantes no tienen un capitán al que reportarse.

Que los candidatos son ministros y que estos ministros tienen agenda propia de campaña es también un hecho de la causa. Está claro que el decoro no es la especialidad de la casa.

Sin embargo la cuenta regresiva para los ministros candidatos ha comenzado.Puede que no se hayan dado cuenta y puede que (para variar) nadie se los haya dicho, pero tiempo es lo que menos les queda. Se han lanzado por un tobogán que no controlan.

Hoy es el tema de las fotos, mañana será el tema de los carteles, de las proclamaciones, de las manifestaciones espontáneas en competencia de barras. En fin, todo puede ser discutido, excepto que con fondos públicos de todos los chilenos se promuevan candidaturas de algunos chilenos.

En este panorama está claro que, tras la encuesta CEP, ya no le queda al gobierno ninguna remota posibilidad de remontar. Lo alcanzó el tiempo, lo envolvió la indiferencia.

El Presidente ha entregado su penúltimo mensaje, el tono es más pausado, pero también de honda derrota: la derrota del que ya no tiene esperanzas.

Mientras los candidatos buscan su destino, los tácticos andan sueltos y el ministro vocero intenta envolver la incertidumbre en un manto de normalidad. Es lo que ocurre con los casos perdidos.

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28 may 2012

Los ministros-candidatos deben renunciar

Pablo Longueira confirmó el domingo 27 en El Mercurio que es un político astuto. Se dio cuenta de que casi no tiene chance de ser el candidato presidencial de la derecha, y quizás ni el precandidato de la UDI, en cuyas filas Evelyn Matthei comanda a los partidarios de adherir directamente a Laurence Golborne, mejor ubicado en las encuestas.

En consecuencia, Longueira necesita crear un escenario de tensión que obligue a la UDI a asumir una postura militante frente a la competencia que se avecina. Su mensaje a los miembros de su partido es elemental: “yo soy de los vuestros, no pueden preferir a un advenedizo”.

El estilo de Longueira es la provocación. En la entrevista abundan los ejemplos: “Me alegra que Allamand quiera ser candidato presidencial (…) Yo no nací con esa vocación”. Veneno concentrado. Y frente a la eventual vuelta de Michelle Bachelet, dijo: “Será una Bachelet administrada por el girardismo” (!), con lo cual pone una trampa a quienes se sientan llamados a desmentirlo.

Como las encuestas lo desasosiegan, el ataque a la ex mandataria es alevoso: “La diferencia de cómo actuó Sebastián Piñera con el rescate de los mineros y cómo se actuó esa noche en la Onemi es que los mineros están vivos porque el Presidente priorizó la vida y no los cálculos políticos”.

Eso es demagogia , usada para convertirse en portavoz de la derecha más sectaria, atraer hacia sí el ataque de la Concertación y ganar notoriedad. Es evidente que a Longueira ya no le importa conseguir nuevas simpatías por aquí y por allá, como cuando se presentaba como el ministro defensor de los consumidores, sino que se conforma con ser el representante de la derecha dura y, de pasada, cerrarle el paso a Allamand. Donde hubo rencores, cenizas quedan.

“¡Atáquenme, por favor, que lo necesito!”, parece pedirles Longueira a los adversarios de centroizquierda. Es el viejo truco de atraer el fuego enemigo para generar una corriente de solidaridad en el propio bando.

La parte involuntariamente graciosa de sus dichos es esta: “Sé lo que andan diciendo a mis espaldas, de que estoy haciendo campaña”. ¡Pero, por favor, cómo pueden ser tan injustos con este hombre!

Longueira sabe que ha llegado al límite de lo que puede aceptar Piñera. En los hechos, se sacó el traje de ministro de Economía y se colocó el de activista de su candidatura. Y como Golborne y Allamand están en los mismos ajetreos, Longueira prefiere forzar la salida de los tres del gabinete, calculando que el que más pierde es Golborne, pues se queda sin oportunidades de sonreír ante las cámaras en sus actividades de ministro.

¿Puede permitir Piñera que la carrera presidencial se despliegue ante sus narices sin correr el riesgo de perder la autoridad que le queda? No puede.

¿Está en condiciones de arriesgar la unidad del equipo de gobierno? Tampoco.Todo el mundo ve que hay una gran diferencia entre los ministros de Hacienda y de Educación por un lado, concentrados en hacer la pega, y los de Obras Públicas, Defensa y Economía por el otro, dispuestos a usar sus ministerios como plataforma de campaña.

A un año y medio de la elección presidencial, Piñera no puede eludir una disyuntiva en la que se juega la evaluación de su gobierno: o deja que los tres presidenciables hagan como si él no existiera, o se convence de que lo esencial es presentar el mejor balance posible al término de su mandato, para lo cual requiere un equipo cohesionado y leal a su conducción.

Como a cualquier gobernante, a Piñera le importa la huella que dejará luego de su paso por La Moneda. Ello depende de que entienda que la función presidencial no puede subordinarse a la lógica electoral de los ministros-candidatos o de los partidos.

La nota final que le pongan los ciudadanos estará fuertemente condicionada por las decisiones que él adopte para proteger su gestión y materializar los compromisos que adquirió ante el Congreso Pleno el 21 de mayo.

Además de constitucionalmente dudosos, los afanes de Golborne, Allamand y Longueira se han vuelto políticamente antiestéticos. ¿Tomarán ellos la iniciativa de renunciar o seguirán estirando la cuerda hasta que a Piñera no le quede otra alternativa que pedirles que se vayan?

Longueira quiere apurar las cosas, confiado en su capacidad de descontar ventaja a sus rivales en una competencia abierta, en la que probablemente levantaría sin rubor un discurso populista. Precisamente porque está ansioso, en la entrevista dijo que la UDI debe definir su cronograma presidencial lo antes posible, y afirmó que su partido ganaría cualquier primaria, con lo que juega la antigua carta del chovinismo partidario.

En buenas cuentas, Longueira ha llegado a la conclusión de que, si quiere mejorar sus posibilidades, debe jugar rudo frente a un novato como Golborne, que no cuenta con una infantería disciplinada como la de la UDI, y por supuesto frente a Allamand, que quizás se asuste ante el riesgo de tener que emprender una nueva “travesía del desierto”.

Es necesario defender las buenas costumbres en la política chilena, es decir, los valores de la integridad republicana. Ello implica que nadie abuse de la condición de ministro para conseguir fines políticos personales.

Ha llegado la hora de que Laurence Golborne, Andrés Allamand y Pablo Longueira renuncien a sus cargos.

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28 may 2012

Patrimonio histórico y cultural

Tuve la posibilidad de ser anfitrión, el domingo 27 de mayo, de numerosos visitantes al edificio del Congreso Nacional hasta el 11 de Septiembre y que ahora es su sede en Santiago.

Conocí su interés por aquellos salones donde ocurrió parte de nuestra historia, como lo fuera la sesión del Congreso Pleno en octubre de 1970 que resolvió si Salvador Allende o Jorge Alessandri (primera y segunda mayoría relativas respectivamente) iba a ser definitivamente nombrado Presidente de la República, de acuerdo al mandato constitucional vigente, establecido en la Carta Fundamental de 1925.

Eran personas de todas las edades, condiciones y características.Pude captar su interés y preocupación por el valor cultural como institucional del Parlamento, por la importancia de las decisiones allí adoptadas y su impacto en la vida de nuestro país.

Sentí, además su inquietud y deseos de participar, de conocer, saber y dar su opinión para que Chile sea mejor. De su actitud fluía un nítido interés hacia la gravitación de la política que se expresa y realiza en las votaciones del Congreso Nacional.

Por ello no puedo sino reiterar mi interpelación al espíritu republicano de los diversos protagonistas del acontecer nacional tras el objetivo de reconstituir un debate y un actuar político a la altura de la sociedad que es el Chile de hoy.

Se trata de un país con graves desigualdades, tan anchas que es urgente encararlas para que no fracturen la paz social del país.

Sin embargo, su existencia no elimina otras realidades, como que constituimos una sociedad evolucionada, con un alto acceso a la información, ampliada enormemente por las nuevas tecnologías, que exige y requiere de quienes se asignan el rol de dirigentes políticos, es decir, personas con responsabilidad sobre la marcha del país, de una rectificación profunda, que cese la pugna virulenta y se proyecte una nueva visión en correspondencia con el desafío de hoy, que por las turbulencias del mundo global se transforma día a día en una verdadera encrucijada civilizacional, que así como estamos superará muy ampliamente las capacidades del actual sistema político.

Tengo el convencimiento que el país repudia una conducta en que la sana lucha de corrientes de opinión por legítimas opciones, se confunda con el descontrol y el uso de una retórica destemplada por afanes de corto alcance.

Una nueva mirada, que abra una etapa, de debate fundado y crítica política, pero también de acuerdos en todas aquellas áreas que sea posible y el interés nacional así lo aconseje.

La tarea de dignificar la política es difícil, pero no imposible. Vale la pena hacer el esfuerzo.

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27 may 2012

La persecución a Bachelet que encegueció al Presidente

En Comunicación Política se enseña que si se quiere destacar un mensaje nunca debe superponerse otro tema que lo opaque, desvíe o confunda a los receptores de este.

El Presidente Piñera, dejándose llevar por el afán de enjuiciar a la ex Presidenta Michelle Bachelet y de intentar erosionar el prestigio que ella tiene ante los chilenos, sorprendentemente descuidó totalmente esta enseñanza y cometió este grave error en las sucesivas entrevistas televisivas que estaban destinadas originalmente a resaltar los contenidos de su Mensaje del 21 de Mayo.

Con ello, anuló todo el efecto positivo que pudo tener el gesto de perdón y el tono menos exitista y menos arrogante que exhibió en su discurso y que seguramente había sido cuidadosamente preparado por sus asesores comunicacionales.

De paso, dejó la sensación de que el ataque a Bachelet fue planificado desde La Moneda como resultado del pánico que les produjo la Encuesta CEP en el tema presidencial donde la ex Presidenta aparece liderando, casi incontrarrestablemente, la adhesión de los ciudadanos.

El resultado ha sido que el Presidente no solo recreó un duro clima confrontacional con la oposición, cuando justamente necesitaba generar un espacio de diálogo y de tranquilidad, sino que  desperfiló los objetivos de fondo de su discurso y terminado con concentrar el debate político y la atención de la opinión pública ya no en las realizaciones de su gobierno y en sus propuestas hacia el segundo tiempo de su mandato, sino en el ataque a la ex Presidenta.

Todo, además, como lo demuestra claramente la Encuesta de La Tercera realizada con posterioridad a sus dichos y a la acción de los “cazabachelet” parlamentarios, con escaso o nulo rendimiento político dado que la ex mandataria supera ahora, con porcentajes aún mayores que en las mediciones anteriores, a todos los eventuales candidatos de la derecha.

Esto porque ante la ciudadanía este ataque feroz y coordinado contra Bachelet aparece mucho más como una maniobra electoral que como un sano esfuerzo por obtener la verdad de lo ocurrido.

El Presidente, dejándose arrastrar a la trifulca antibachelet, pone en entredicho la altura y dignidad política que un estadista debe exhibir al entregar un juicio frente a hechos tan complejos y discutibles como son la responsabilidad de un ex Presidente en la gestión de una catástrofe como el terremoto y tsunami del 27 de Febrero del 2010, una de las mayores acaecidas a nivel mundial en todos los tiempos.

En algo que aparece como parte de un insaciable ánimo de venganza política contra la ex Presidenta instalada por algunos exponentes de la derecha, el Presidente Piñera, reemplazando la investigación judicial y la propia investigación de la Cámara de Diputados, ha dictado una sentencia absolutamente discutible, que no corresponde formular a un jefe de estado, y sentado con ello un precedente peligroso para la institucionalidad.

El Presidente ha dado a entender que por sobre la legalidad, que atribuye a los órganos técnicos competentes decidir las medidas a adoptar en una catástrofe como la vivida, es la figura presidencial la que tiene en sus manos cualquier resolución final incluso sobre temas en los cuales un presidente no tiene competencia directa.

Alguien legítimamente argumentará posteriormente que a partir de esta “doctrina Piñera” y frente a cualquier hecho de magnitud que viva el país, será el propio Presidente Piñera el que, víctima de sus palabras, deberá responder,  al margen de sus facultades y  vulnerando las que la ley entrega expresamente a otros órganos del estado.

El enjuiciamiento del Presidente contra Bachelet ha estimulado a sus parlamentarios a verter juicios completamente irracionales.

Un senador de RN, que personalmente aprecio, llegó a acusar a la oposición de “camorristas sicilianos”. Es sabido que la camorra, asesina, secuestra, actúa sin piedad.

Ciertamente, el país sabe que ese comportamiento no tiene nada que ver con la historia de la Concertación y sí mucho que ver con la acción de la dictadura de Pinochet porque es conocido que entre camorra y fascismo hay muchos vasos comunicantes.

Por cierto, este no es el lenguaje ni el clima político que el país necesita y menos el que el propio gobierno requiere para intentar recuperar credibilidad política y encauzar su acción en los dos años que aún le restan.

Sin embargo, desgraciadamente, estas actuaciones han sido estimuladas por las propias declaraciones del Presidente y en ella han caído parlamentarios que con sus dichos desnudan la desesperación que los embarga y con las cuales solo contribuyen al desprestigio del gobierno y de toda la actividad política.

De paso, dejan claro que se trata de una persecución orquestada y, como lo ha advertido agudamente el alcalde Ossandón, al final, exaltan la figura de una mujer que, habiendo sido ella y su familia cruelmente perseguidas por la dictadura militar, nunca ha utilizado este tipo de calificativos, siempre ha observado la dignidad de sus adversarios y guardado un estricto respeto por la legalidad, por la grandeza republicana del cargo de Presidenta que ejerció y por la persona y la gestión del Presidente Piñera.

Creo que el Presidente debiera corregir sus dichos, llamar a los suyos a abandonar la trinchera y concentrarse en las tareas anunciadas el 21 de mayo, permitir que los tribunales continúen con la investigación en curso y adopten las resoluciones que corresponda y que la Cámara de Diputados finalice con su segunda Comisión Investigadora que para muchos en el país ha desviado su rumbo y no se ha concentrado en sacar las recomendaciones para que Chile esté mejor preparado para hacer frente a las emergencias que la naturaleza nos depare.

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26 may 2012

El caso Soria y el doble rasero de la justicia española

El eventual sometimiento a proceso de siete ex responsables de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), por parte de la Fiscalía de la Audiencia Nacional de España por su supuesta participación en el secuestro y asesinato del diplomático español Carmelo Soria, representa una histórica decisión que, paradojalmente, alegra y sorprende al mismo tiempo.

Como sabemos, Carmelo Soria, fue brutalmente torturado y asesinado en las mazmorras del pinochetismo en1976.

Con él se ensañaron de manera alevosa y cobarde. Fue salvajemente castigado y luego lanzado al canal “El Carmen” en los extrarradios de Santiago de Chile, con el burdo propósito de simular un accidente de coche. El cuerpo, además de las horribles torturas, presentaba una fractura de columna presuntamente a raíz de un artero golpe de karate perpetrado por uno de sus celadores. Todo un símbolo de la ignominia del genocidio chileno.

A pesar de la obstinación de la familia y de organizaciones de DD.HH. nunca fue posible hacer justicia en Chile y el caso finalmente cerrado en el 2010, luego de varias revisiones tras la llegada de la democracia.

Simplemente, según la justicia chilena “el delito estaba amparado en la Ley Amnistía”, decretada en 1978 por la propia dictadura militar (una “ley maldita” que nunca se ha intentado seriamente derogar). Todo un símbolo de la impunidad y negación de justicia en Chile.

A pesar de que, en su momento, la Corte Interamericana de Derechos Humanos se pronunció contraria a su aplicabilidad, señalando al gobierno de turno, que en este caso no era posible aplicar dicha ley (de impunidad) dado que Soria era funcionario de la CEPAL, un organismo internacional.

Su bella e infatigable hija, Carmen Soria, como es natural y tras conocer la noticia sobre la orden dictada por la justicia española, declaró a los medios de comunicación que “me emociona que el país en el que nació mi padre y del cual él, por la Guerra Civil, tuvo que salir, sea el que reivindique y haga justicia a sus asesinos”. Por su parte, Alfonso Insunza, su abogado, señaló que lo que no se hizo en Chile, “lo está haciendo España”.

Pero, ¿estamos hablando del mismo país? ¿Aquel que ostenta el dantesco record de tener el mayor número de fosas comunes del mundo después de la Camboya de Pol Pot? Con más 115 mil detenidos desaparecidos y 300 mil ejecutados políticos, para no hablar del esclavismo, el secuestro de niños y del exilio que supuso el holocausto español.

¿Estamos hablando de la misma justicia que defenestró al Juez Garzón por intentar juzgar todos estos crímenes?

¿De la misma justicia que haciendo mutis por el foro dejó sin contestar los recientes requerimientos de la jueza argentina Servini de Cubría en los cuales pedía información por los ex ministros vivos del franquismo?, como entonces lo estaba el “ejemplar” demócrata Fraga Iribarren.

¿Con los mismos jueces que se inhiben de impartir justicia por incompatibilidad con el juramento de lealtad que hicieran a los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional (incluido el mismísimo juez Varela) y que han motivado recientes denuncias en tribunales internacionales contra el monarca Borbón y su reinado por negación de justicia?

Por lo que cabría preguntarse, finalmente, ¿cómo se entiende este doble rasero?

Y ¿quién hará (justicia) por todas las víctimas españolas lo que no ha hecho España?

Todo parece indicar, a juzgar por quiénes están detrás, que la respuesta estará en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, también denominado Tribunal de Estrasburgo y Corte Europea de Derechos Humanos  por la consecuencia y dignidad de quienes están verdaderamente detrás de todo esto, al igual que en el “caso Soria”, la Fundación Presidente Allende, dirigida por Joan E. Garcés.

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26 may 2012

El mentado Estado de bienestar

Sus orígenes remontan al concepto del Estado social, que fue introducido por el intelectual conservador Lorenz von Stein, como una manera de evitar la revolución social, en parte debido a las revueltas campesinas del siglo XIX en Alemania.

Sus antecedentes más remotos se encuentran en la monarquía ilustrada prusiana del siglo XVIII. A partir de Federico II el Grande de Prusia –el monarca filósofo- se estableció que el Estado debía ser considerado el protector natural de las clases pobres.

El concepto ha evolucionado sobre todo en la posguerra. Es parte sustantiva de la tradición política alemana, de la cual ha sido heredera la democracia cristiana internacional.

Pero hay diferencias, y el asunto tiene al menos dos vertientes.

Desde un punto de vista conservador, los beneficios del Estado de Bienestar son dobles: por un lado, la generación de consenso social para que el sistema funcione eficientemente.Por otro, la creación de valores que fundan la existencia y estabilidad de las relación sociales.

El Estado de Bienestar según los conservadores se funda en la ayuda a los menos privilegiados. Solo si les sirve para adquirir la disciplina que les permitiría conseguir los estándares morales del llamado fin común.

Desde la perspectiva de la socialdemocracia, la principal valoración corresponde a un avance reformista -paulatino pero seguro- hacia una sociedad igualitaria.

El Estado de Bienestar asegura la profundización de la democracia a través del reconocimiento de los sindicatos, organizaciones sociales y comunitarias. También incorpora a las minorías sociales marginadas, en la toma de decisiones gubernamentales.

Y lo más crucial, es capaz de incorporar a las variadas formas de decisiones públicas, los principios de justicia social, dignidad humana y participación ciudadana.

Los debates del socialismo moderno han girado en torno a la idea de que la democracia representativa debe ser enriquecida o profundizada con otros mecanismos democráticos.

En Chile significa recuperar el mecanismo de la democracia directa, que Chile conoció históricamente como Plebiscito. La Dictadura Militar lo utilizó cuatro veces en el lapso de 12 años. Los dos primeros bajo la fórmula de una Consulta Nacional.

Los dos posteriores amparados en la actual constitución. Posteriormente, el bi-nominalismo imperante la volvió un derecho inútil y en parte por ello, es justo concentrar todas las culpas en la clase política.

¿Por qué ignorar las corrientes y prácticas vinculadas a la llamada democracia deliberativa que se trabaja en los foros internacionales? Sobre todo frente a problemas complejos que involucran a varios actores. El caso del tema medioambiental es paradigmático.

En la misma línea, la iniciativa ciudadana que obliga a sus representantes legislar sobre determinada materia, otorga sentido a una política que requiere también de ciudadanos activos para dinamizarse.

Así como los economistas sostienen que lograr regulaciones adecuadas es tan importante como liberar los mercados, un sector público eficaz es tan importante como un sector privado eficiente.

El Estado europeo actual responde a dos imperativos “la satisfacción de las necesidades básicas de los ciudadanos y la preservación de bienes públicos”. Esto es lo que ha mostrado hasta ahora la crisis europea. La complejidad de mantener estos imperativos ante un capitalismo global “salvaje”.

Pero el verdadero cambio de paradigma democrático en Chile está en el propio concepto de ciudadanía, la que debe entenderse como un valor que implica derechos, tal como lo sugiere Rawls.

No es un Estado protector de los débiles, como lo quería Federico II.

La idea es un Estado de Servicios, que los provee en cuanto asegura el cumplimiento de los derechos ciudadanos establecidos por la carta constitucional común.

Los ciudadanos que tienen derechos son fuertes y al dejar de ser débiles no requieren protección del Estado, sino múltiples oportunidades de realización entre las cuales escoger libremente. De algo así ha de tratarse el “Estado de Bienestar”.

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26 may 2012

AFP: esfuerzo de los trabajadores,botín de especuladores

En estos días se publican noticias que dan cuenta de la gravedad de la crisis que afecta a muchos países desarrollados, especialmente en Europa.

Sólo algunos fanáticos del liberalismo chileno se atreven a culpar al sistema de pensiones de reparto en Europa como el responsable de la gran crisis, ya que las personas serias saben que ha sido provocado por el capitalismo salvaje que crea instrumentos financieros para favorecer la especulación jugando a que la deuda la paguen los millones de personas comunes en el mundo como ha seguido ocurriendo, generando déficit enormes que han puesto en jaque los equilibrios financieros y provocando crisis políticas en varios países del primer mundo.

Es efectivo que allá entre las medidas adoptadas está la de postergar la edad de pensionarse y algunos recortes a las jubilaciones más altas, pero entre muchas otras medidas, ya que es la sociedad en su conjunto la que responde. En Chile, sólo pagan los costos los trabajadores.

Es verdad que no tenemos déficit fiscal generalizado por las pensiones, excepto los dos mil millones de dólares anuales que nos produce el sistema especial de las Fuerzas Armadas, que representa una parte importante del 5% del PGB que gastamos en previsión, casi 4 veces más de lo que se gastaba en 1981.

Pero así ocurre en cerca de 180 países en el mundo, dónde el sistema de reparto es la base también para los civiles de modo que no se trata de quitarles un beneficio, sino de abrirlo a otros que también se lo merecen.

Para financiarlo, tendrán que aportar más los empleadores, como sucede  en casi dos centenar de naciones . Es verdad que no hay alarma pública por las pensiones, pero debiera haberla, por lo que está ocurriendo en Chile con los Fondos de Pensiones de los trabajadores, que no sólo sufren por las caídas de las Bolsas mundiales y chilenas, sino también por los turbios e ilícitos negocios que se urden a nuestras espaldas, como en el caso de La Polar y otros.

500 mil chilenos pensionados de las AFP por retiro programado han visto bajar sus pensiones entre un 10 y un 20% este año y el próximo también bajaran.

En Panorama Previsional de este mes, publicación oficial de la Superintendencia de Pensiones se señala: “En Chile, el número de pensiones pagadas en el mes de marzo de 2012 ascendió a 931.243 con un monto promedio de $176.663″. Pero los 464.289 pensionados en la modalidad de retiro programado han disminuido de $123.951 en septiembre del 2011 a $121.906 en marzo de este año, casi al valor de la pensión mínima garantizada por el Estado y seguirán bajando con este sistema. Y las rentas vitalicias se están haciendo más caras.

¿Para eso les pagamos a las AFP un 20% de nuestro ahorro previsional? Para las mujeres el sistema de AFP es más dañino aún, como explicaremos en otra ocasión.

Entre tanto, los uniformados, que permanecen en dónde debiéramos estar todos, el sistema de reparto,  y que obtienen pensiones más de 10 veces superiores no sufren efecto alguno de la crisis. ¿Y que ocurre con nosotros, los civiles?

Veamos lo que nos dice el informe de la SP respecto al valor y rentabilidad de los Fondos de Pensiones al mes de abril de este año.

El valor de los Fondos de Pensiones alcanzó a $ 74.351.932 millones al 30 de abril de 2012, con una variación real negativa respecto a igual fecha del año anterior, de -1,2%. Casi nada, excepto que el 1, 2% de $ 74.351.932 millones son $ 743. 519 millones de pesos.

Si lo calculamos en dólares a $ 500 pesos, equivalen a unos US$ 1.500 millones de dólares, una vez y media los ingresos estimados de la Reforma Tributaria que actualmente se debate.

¿No sería bueno preocuparse en serio para resolver esta situación?

Miremos otro antecedente que muestra la urgencia de un debate sobre estos temas.

La misma Superintendencia de Pensiones ha publicado en estos días un cuadro muy decidor:

Rentabilidad Real de los Fondos de Pensiones

% DEFLACTADA POR U.F. Fondo

Pensiones  abril 2012     may 2011-abr 2012    Promedio anual sep 2002-abr 2012
Tipo A –             -1,21                       -7,96                                  7,15

Tipo B –             -0,70                       -5,21                                  6,05

Tipo C -               -0,23                       -2,68                                 5,30

Tipo D –               0,02                       -0,38                                 4,70

Tipo E-                0,49                         2,76                                  3,86

No olvidemos que estos datos no incluyen los costos. Si comparamos estos antecedentes con las utilidades que obtienen las AFP, después de pagar todos sus costos e impuestos, vemos que ellas son más de 400% superiores al promedio de rentabilidad de nuestros fondos.

¿Cómo ocurre esto, si el 90% de sus utilidades los obtienen de las comisiones que les pagamos y si nuestros Fondos pierden y pierden?

Los peligros de la inversión en el exterior los recuerda la propia Superintendencia de Pensiones en su reciente boletín, dónde informa en una nota explicativa “que la rentabilidad (negativa) de los Fondos de Pensiones Tipo A, B y C se explica principalmente por el retorno negativo que presentaron las inversiones en instrumentos de renta variable nacionales y extranjeros“.  Luego agrega: ” La rentabilidad (positiva) de los Fondos de Pensiones Tipo D y E se explica principalmente por el retorno positivo que presentaron las inversiones en instrumentos de renta fija nacional”.

Y concluye. “En el caso del Fondo Tipo D, la rentabilidad positiva de la renta fija nacional fue parcialmente contrarrestada por el retorno negativo de las inversiones en el extranjero y en renta variable nacional.”

Más claro echarle agua: Las inversiones en el exterior son un mal negocio para los trabajadores y un gran negocio para los grupos que los manejan.

¿No sería mejor invertir los cerca de 50 mil millones de dólares que hoy están en el exterior en Chile, para dar empleo, desarrollar las regiones y así evitar los estallidos como los de Aysén y otros lugares de Chile? El puente de Chacao, plantas desalinizadoras de agua de mar para el Norte dónde las napas se están secando, túneles para unir Chile con Argentina, carreteras y ferrocarriles modernos, hospitales adecuados, empresas que den empleo pueden hacerse realidad con nuestros fondos en Chile.

Hasta financieramente sería lo correcto, para que decir lo bueno que sería cuando se piensa en mejorar la calidad de vida real de los chilenos, vivan donde vivan.

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26 may 2012

Detenidos desaparecidos

En el curso de estos días regresó a la noticia un asunto de fondo de nuestra sociedad que nunca debiera estar ausente en la conciencia de cada chilena y de cada chileno. Se trata del caso de más de un millar de compatriotas secuestrados por las Fuerzas Armadas y por los aparatos secretos de la dictadura militar, que no han vuelto a aparecer ni vivos ni muertos.Los llamados detenidos desaparecidos.

Nos referimos a la situación creada por la aparición de los nombres de cerca de 800 de los detenidos desaparecidos en las listas de inscritos en los registros electorales luego de la reforma que estableció la inscripción automática. No aparece otra buena cantidad de otros detenidos desaparecidos que, por la edad que tenían a la fecha de su secuestro, no se encontraban inscritos en los registros electorales de la época.

Hasta hoy los mandos uniformados que conocen perfectamente donde están, ellos los detuvieron, mantienen un vergonzoso silencio. Un mínimo gesto de su parte bastaría para que los familiares de las víctimas pudieran comenzar el camino de la tranquilidad del alma y para que no se presentaran los problemas de hoy.

Sin desconocer los muchos avances logrados por la lucha de las organizaciones de derechos humanos, los juicios abiertos en tribunales han tardado más de 14 años desde la querella de enero de 1998. Aunque en preciso señalar que buena parte de esa demora se debe precisamente al silencio de los autores, cómplices y encubridores de esa tragedia, uniformados y civiles.

Durante estos años las reparaciones económicas han sido parciales, las indemnizaciones logradas son producto de largas demandas al Estado y no guardan relación con los parámetros internacionales.

Por lo que no es aceptable que un vocero de tribunales sostenga que éste es un problema de los familiares. Resulta ofensiva esta afirmación cuando en rigor se trata de un problema del Estado del que el gobierno, los tribunales y el parlamento forman parte.

En cuanto al problema específico planteado ahora, es el Estado el obligado a solucionar lo que sucede.

El gobierno por su falta de prolijidad en la presentación del proyecto sobre inscripción automática.

Los parlamentarios por no haber introducido la modificación elemental a ese proyecto que hubiera excluido los nombres de los secuestrados cuya nómina era conocida.

Si no lo hizo ni La Moneda, ni el Congreso es porque la existencia del drama de los detenidos desaparecidos no está en la memoria. Puesto que son personas que están legalmente vivas y aparecerían en los registros.

Los familiares y su organización, la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, son las víctimas no los culpables.A pesar de todo tipo de presiones, incluso económicas, ellos no han aceptado que se declarara muertos presuntivamente a los suyos. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” ha sido su justa exigencia. La cual se relaciona con el carácter técnico específico del delito de “ejecución permanente” como es el secuestro, entre otras violaciones .

De aceptarse una muerte- que es además un hecho incierto – cambia la naturaleza del delito desde la figura del secuestro calificado a homicidio lo que acarrea consecuencias jurídicas.

Debe precisarse de paso que esta figura específica del Derecho Penal no es como dijera más de algún ignorante “un invento del juez Guzmán” sino un concepto científico de antigua data y de carácter universal.

No es creación chilena como arguyeron los partidarios de Pinochet en su momento. Ya en primer año de Derecho Penal se enseña en las escuelas universitarias lo que son los llamados delitos de ejecución permanente que no son ficciones sino el tipo penal adecuado a situaciones extremas como ésta.

Mientras escribo estas líneas me entero de la presentación de proyectos de leyes que apuntan a resolver la situación. Más vale tarde que nunca. Pero la situación pudo evitarse si quienes ejercen cargos de autoridad hubieran tenido presente la existencia de esta terrible situación causada por los autores intelectuales y materiales del golpe de Estado de 1973.

En el fondo, lo que ocurre en nuestra opinión es consecuencia de que todavía no terminamos de arribar a una democracia plena, lo que a su vez deriva de que esta transición no nació de una derrota de la dictadura sino que fue el resultado de la negociación.

Ello explica que siga pendiente el gran problema de verdad, justicia y reparación en materia de delitos de lesa humanidad. Explica también que todavía no se pueda someter a juicio a los civiles culpables de los crímenes.

Y que no se haya establecido constitucionalmente que no pueden ejercer cargos de autoridad pública ni de representación popular los que hayan formado parte del gobierno de la dictadura. Hoy tenemos ministros y parlamentarios que lo fueron y, es más, que dictan cátedra de democracia.

Revela finalmente que no haya una reforma de fondo al sistema electoral. Todo lo cual tiene que ver con el problema planteado en los registros electorales que ha sido un nuevo y duro golpe a los sentimientos de miles de chilenas y chilenos.

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