23 jun 2012

La destitución de Lugo

La destitución de Lugo ha sido rápida y sorpresiva. Tal vez demasiado rápida, y por lo mismo ha originado una ola de solidaridad sin precedentes en Latinoamérica.

Algunos Presidentes no reconocerán al nuevo gobernante, otros quieren expulsar a Paraguay de los organismos regionales. Los Cancilleres presentes en Asunción por UNASUR han asistido a unos hechos consumados, sin que su presencia tuviera alguna influencia en el desarrollo de los mismos.

La Constitución de ese país admite la destitución del Presidente, de acuerdo a un procedimiento reglado que incluye a los diputados como acusadores y a los senadores como jueces. El propio Lugo ha aceptado la situación después de haber declarado que estaba sufriendo un golpe exprés.

Todo se desencadenó por una ocupación de tierras por parte de los campesinos agrupados en la Liga Nacional de Carperos. Pero algo salió mal. Tanto que ha tenido como resultado once campesinos y seis policías muertos. Las tierras están en disputa en los Tribunales para saber si son del Estado o de un particular. Los campesinos acusaban al terrateniente de obtener los terrenos de la última dictadura militar en forma ilegal y corrupta.

El presidente Lugo tomó cartas en el asunto y destituyó al ministro del Interior. En su lugar puso a un funcionario allegado al Partido Colorado, el partido de derecha mayoritario en el Congreso y su enemigo histórico. Esto habría provocado la ruptura con el Partido Liberal Auténtico, los aliados políticos con los que compartía el gobierno. Es que el presidente ya no escuchaba a nadie, han destacado los liberales al pasarse a la oposición.

Y Lugo se quedó solo.

Lugo, un ex –obispo católico vinculado a la izquierda de su país, había hecho noticia en la prensa no tanto por sus avances progresistas en un país profundamente conservador, sino por los hijos que se le atribuían durante el ejercicio de su obispado. Su propio gobierno era un complejo cuadro de personeros representantes de casi todos los sectores del país.

Los medios han destacado que en agricultura las políticas eran neoliberales mientras que los asuntos ambientales eran manejados por una izquierda radical.

A Lugo le fue imposible poner en práctica uno de los objetivos claves de su programa como era la redistribución de la tierra. La oligarquía paraguaya es demasiado poderosa. No solo controla el Congreso, sino también los grandes medios de comunicación y la propia Judicatura. Su propio estilo no encajaba con la formación de un ejecutivo fuerte, coherente y ordenado.

Hasta ahora no se comprende porque la derecha paraguaya pudo resistir con tanto ahínco a un Presidente que en el fondo no perjudicó grandemente sus intereses. Una prueba de ello son los impuestos. Los hacendados de ese país, convertidos en exportadores de soja pagan apenas el 3% de impuestos. Algo que los diferencia de manera relevante de sus similares argentinos que pagan más del 30%.

Sin embargo pudo hacer avances importantes en el sistema de salud, subsidios a la extrema pobreza y ayudas claves para el sistema educacional. Sobre todo en la alimentación de niños pobres.

Lugo no pudo hacer grandes cambios pero cambió la cultura política del país, afirman sus partidarios. Veremos si el próximo año esta afirmación cobra sentido en la realidad, cuando el país acuda a las urnas para elegir al nuevo presidente. Quizá no podamos afirmar a ciencia cierta que sea un golpe blando, como lo fue con Zelaya en Honduras.

Todo ha transcurrido en forma procedimental y legal. Así y todo, quedan dudas con la legitimidad de una formalidad tan veloz. Y una estela de bochornosa falta de lealtad de los liberales.

Una lección es clara: los presidentes no pueden gobernar sino apoyados en poderosas coaliciones políticas, que otorguen respaldo a sus acciones en los congresos respectivos.

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22 jun 2012

Pregunta sobre un manifiesto

Un grupo de personas que se identifican con la Concertación ha entregado un manifiesto, lo que se agradece en tanto permite promover el debate de ideas sobre el futuro del país que tanto hace falta en la esfera política.

Se trata de un grupo constituido por algunos dirigentes políticos y ex autoridades, algunos devenidos en jefes de empresas de lobby que defienden profesionalmente intereses particulares buscando influir sobre las autoridades elegidas por el pueblo, y otros devenidos en empresarios o directivos de empresas, incluyendo algunos del dominio de la educación privada subvencionada. Pero hagamos un ejercicio de abstracción de la proveniencia de los firmantes –difícil, es cierto- y revisemos la idea central que inspira los temas y propuestas tratados.

En efecto, resalta la curiosa afirmación inicial del manifiesto de que “la identidad concertacionista dejó de ser diferenciadora, porque la hicimos identidad de todo el país: democrática, transformadora, garantía de gobernabilidad y sobre todo, comprometida con los problemas, dolores, sueños y protección de nuestro pueblo”.

Impresionante noticia: ya las ideas autoritarias y neoliberales de la derecha no existen, ni los intereses empresariales que sustentan, ni que hayan bloqueado el sistema político durante más de dos décadas, impedido reformas tributarias y políticas sociales amplias, la recuperación de la educación pública, el acceso igualitario a la salud, el control nacional de los recursos naturales.

O la derecha neoliberal desapareció (pero ahí sigue su “obra”, la de Guzmán y los Chicago Boys: la educación de mercado, la seguridad social y la salud privatizadas, la debilidad sindical y de la negociación colectiva, un sistema tributario limitado e injusto, la entrega de los recursos naturales y su depredación y el corolario de todo esto, la desigualdad generalizada), o los firmantes se acercaron a su ideas.

¿No será, en efecto que los suscriptores del manifiesto dejaron de diferenciarse en lo sustancial de la derecha?

¿Y que esa es la causa fundamental de la derrota y progresiva descomposición de la Concertación?

Hipótesis digna de análisis, sobre todo si se considera que la diferenciación entre las ideas e intereses de derecha y el programa de la Concertación de 1989 era evidente. Pero los autores del manifiesto están ahora en otra cosa.

Luego de describir con justeza la magnitud de las desigualdades, limitan sus ambiciones a “avanzar en la igualdad de oportunidades“. Esta es una idea típicamente liberal de derecha, traducida vulgarmente como aquella de “emparejar la cancha”: la igualdad de oportunidades es una de las inspiraciones de actuación minimalista contra la desigualdad.

Pero existe otra distinta, y que es propia, con diversos matices, del socialcristianismo, de la socialdemocracia y del socialismo: la necesidad de consagrar la igualdad de resultados en determinadas áreas de la vida social.

Hay ciertas cosas que deben ser iguales para todos y traducirse en “derechos del hombre y del ciudadano”, más allá del rayado de la cancha y del rendimiento que en ella puedan lograr los más eficientes y los más ineficientes.

La gran promesa republicana, retomada por la izquierda democrática y el progresismo en las sociedades modernas es que deben existir derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales por sobre el mercado, y no solo correcciones menores del mercado.

Directamente contradictoria con este enfoque progresista es la afirmación de que “cuando se alcanzan ingresos per cápita de US$ 15.000, el crecimiento pierde fuerza como factor de cohesión social”.

Esta idea no es otra que la del derrame neoliberal que pretende que se debe esperar que haya determinados niveles de riqueza para abordar acciones directas en favor de la cohesión social.

Nada de eso estuvo en la formulación de la Concertación en 1989, que por el contrario se planteó modificar el statu quo socioeconómico con el PIB de entonces,recordemos aquello de que ya que el “mercado es cruel” debíamos “crecer con equidad” como ya lo habían hecho los países hoy avanzados mucho antes y con mucho menos que 15 mil dólares de PIB por habitante.

La revolución francesa no hubiera existido con semejante criterio, ni tampoco los Estados de bienestar modernos. Las palabras “redistribución del ingreso”, “seguridad social”, “negociación colectiva”, “universidad pública” o “desarrollo sustentable” simplemente no existen en el manifiesto.

Al contrario de sus autores, hay quienes seguimos adhiriendo al principio republicano de que los seres humanos somos iguales en dignidad, derechos y oportunidades, en ese orden.

Y no por tener “alma de detractores” que “siempre encontrarán ‘insuficiente` la obra de constructores de realidades nuevas” sino por adherir a algo que acompaña a la modernidad desde el siglo de las luces: el espíritu crítico que alimenta el alma humanista contra todo oscurantismo, todo dogma y todo interés creado que sustenta privilegios ilegítimos.

Y que, a ese título, será crítico de la conservación pusilánime de realidades antiguas y encontrará siempre insuficiente lo que esté por debajo de las convicciones republicanas y democráticas y, necesariamente hoy, de la defensa del planeta para las nuevas generaciones.

También, por supuesto, en contra de la autocomplacencia de aquellos que nunca han hecho avanzar a sociedad alguna porque carecen de la ambición de cambiarla o porque están imbuidos de un afán de reconocimiento que los lleva a adaptarse y pactar sistemáticamente con el orden existente.

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22 jun 2012

De lo público y lo privado

Entre los temas más álgidos que se resolverán en el Congreso en relación con la TV digital, está el uso gratuito por las señales de cable de las transmisiones de la TV de señal abierta.

Ya hemos conocido declaraciones del señor ministro de Transportes y Telecomunicaciones que dan algunas luces sobre cual sería la voluntad del gobierno en esta materia.

A propósito de esto mismo es oportuno recordar que TV Nacional mantiene un juicio con VTR. El juicio referido, estableció como cuestión de fondo que la transmisión simultánea no era ni ha sido gratuita. Así lo resolvieron el juez de primera instancia y la Corte de Apelaciones. Pende la resolución de la Corte Suprema.

La sentencia de primera instancia en su considerando vigésimo tercero, confirmado por la Corte de Apelaciones, expresó en lo que interesa:

“Que según el propio decir de la parte demandada la señal que ellos utilizan es la misma que emiten los canales de señal abierta sin alterarla, por lo que se concluye que los contenidos que transmiten son los mismos. Lo anterior significa que los canales de cable están disponiendo de contenidos cuyo derecho de propiedad ostentan otros, sin haber mediado contrato alguno que los autorizara para utilizar los contenidos de la programación de TVN y UCTV, pues si bien puede existir discusión respecto a la forma por la cual llega la señal abierta a través de los canales de cable, no es discutible el hecho de que los contenidos programáticos en los cuales ha existido una intervención, y que por lo tanto tienen un valor susceptible de cuantificación económica, son de propiedad de la parte demandante, por lo que sólo ésta tiene la facultad de disposición sobre aquellos”.

El fallo alude a UCVT, porque originalmente fue demandante y luego llegó a un acuerdo con VTR.

La sentencia de primera instancia al emitir pronunciamiento sobre las materias económicas relacionadas con los intercambios recíprocos que existen entre la televisión de pago y la televisión de libre recepción no habló de gratuidad, sino que únicamente estableció que los beneficios económicos entre tales canales serían recíprocos, equivalentes y se compensarían. Así se desprende inequívocamente de la lectura del Considerando 33.

Lo que se ha establecido, hasta ahora, es que la gratuidad se refiere sólo a los televidentes.

Todo lo anterior está en plena armonía con nuestro sistema jurídico en que gratuidad no se presume en las actividades económicas privadas realizadas al amparo del derecho de propiedad y que es legítimo obtener utilidades o ventajas por los negocios que se desarrollan.

Para que exista gratuidad es menester una norma especial de orden legal que así lo consagre y para que una persona natural o jurídica pueda ser privada de los beneficios económicos que fluyen de sus empresas o actividades es necesaria la dictación de una ley que expropie dichos beneficios.

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22 jun 2012

El cascabel al gato (a propósito de lucro y educación)

Me abisma y me alarma el mal uso del lenguaje con el que se informa y se comenta respecto del tema de las universidades, la educación y el lucro, pues ello no contribuye más que a confusiones. Me inquieta la falta de rigor para plantear los temas y me asusta el ideologismo con el que se debate, sustentando los argumentos en descalificaciones respecto de los contendientes.

La falta de realismo o de proyecto por parte de quienes discuten, se deja ver en las expresiones públicas de uno y otro bando.

Me encantan las ideologías, los sueños y las utopías, pero cuando legislamos o gobernamos debemos hacerlo pensando en las mayorías y no sólo en nuestros deseos.

Por cierto que lo ideal parece ser una sociedad en la que las personas sólo se muevan por el amor y el deseo de que todos seamos felices. Siendo así, el único lucro (“ganancia o provecho que se saca de algo”, al decir del diccionario) sería la felicidad y la satisfacción plena de todas las necesidades por y para todos los integrantes de la sociedad.

Pero, los seres humanos vivimos en esta realidad social y debemos ajustar nuestra mirada en una articulación entre el objetivo querido, la forma de conseguirlo y las posibilidades reales de avanzar en esa dirección.

Cuando se dictó la ley orgánica de educación (fue llamada de “enseñanza”, revelando la ideología autoritaria de entonces), se replicó una norma del decreto ley de Pinochet por el cual se reformó el sistema universitario, facilitando la creación de nuevas entidades de educación superior y particularmente universidades, en el sentido de que las nuevas instituciones podían ser personas jurídicas de cualquiera naturaleza, salvo las universidades, pues éstas debían ser personas jurídicas SIN FINES DE LUCRO.

Es decir, se prohibió – sin establecer sanción alguna para la infracción – que quienes formaran una universidad no debían buscar beneficios para sí mismos, salvo por cierto la satisfacción emocional, afectiva o espiritual de haber formado una institución de educación superior.

Lo que está prohibido es el lucro de los que ponen el dinero. La universidad siempre tiene afán de lucro, pues la entidad universitaria debe tener excedentes para generar nuevas inversiones, mejorar la infraestructura, incrementar los cuerpos docentes.

Surgen preguntas. La primera es para saber por qué se hizo esta diferenciación entre las universidades y las demás instituciones de educación superior.

La segunda es para tratar de comprender por qué razón un ciudadano, un inversionista, un grupo económico, un personaje con dinero y bienes, va a destinar sus recursos personales a formar una universidad. Si acaso no hay posibilidades de recuperar la inversión ni de obtener utilidades, las razones deben estar situadas sólo en el ámbito ideológico o moral, dejando el campo libre para que exclusivamente los que tienen intereses religiosos, políticos o de satisfacción de intereses no confesados destinen su dinero a ello.

Yo entiendo que un ciudadano pueda donar dinero a tareas de beneficencia, pero no en los montos que exige una universidad, sin contar con los esfuerzos personales que reviste el hecho de fundar una institución de educación superior. “Quiero pasar a la historia, dejar mi nombre como benefactor”, dirá alguien. Pero ello deja entregado sólo a una circunstancia muy particular la iniciativa en el campo de la inversión educacional.

Lo otro es dejarlo todo en manos del Estado.

Separemos entonces. Ya sabemos que cuando una norma no tiene asidero, es muy difícil que ella sea algo más que letra muerta. Pero, por cierto, eso se debe controlar. Es necesario, entonces, que mientras exista una norma, por absurda que sea, se la trate de respetar.

Lo otro, es que nos sinceremos y lleguemos a la convicción de que es muy difícil que los particulares pongan sus recursos en la educación superior si acaso no es posible recuperar su inversión y obtener rentabilidad.

Estoy convencido de que sería un gran aporte de recursos a la educación lo que se podría obtener si se permitiera la inversión con lucro, como en otros campos del quehacer nacional, por lo menos mientras exista esta sociedad con este modelo y no hayamos alcanzado los estándares de la sociedad soñada. Con controles (más que en las sociedades deportivas, por cierto), con beneficios tributarios si los excedentes se reinvierten (y sólo si es así), con evaluaciones académicas por entidades estatales, con trasparencia en todos los niveles.

El lucro no hace desmerecer el funcionamiento de una entidad superior. Puede ser incluso lo contrario: si alguien quiere tener grandes rendimientos económicos debe hacer una buena empresa y ello, en el campo del conocimiento y de la educación, tiene parámetros claros.

Mientras no haya incentivos ni controles, seguiremos viendo los espectáculos lamentables de universidades insolventes, con mala infraestructura, docentes mal pagados, poco esfuerzo de innovación. En una sociedad como la que tenemos hoy, hay que entusiasmar a los particulares para que inviertan en educación, como única forma de allegar recursos y esfuerzos y estimular la calidad institucional.

Porque está demostrado que el hecho de que las universidades sean del Estado no garantizan nada en materia de calidad institucional. Ya tenemos suficientes ejemplos de eso.

Hay que discutir el tema con sinceridad, con propuestas claras y concretas, con realismo, sin perder de vista que lo queremos es que la educación superior, incluida la universitaria, sea de calidad y las instituciones constituyan un aporte al país.

Teniendo esa meta clara, ciertos ideologismos y consignas pueden quedar de lado.

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22 jun 2012

Cuatro puntos malos

Hace un mes planteé en la Sala del Senado la necesidad de conciliar dos elementos que son esenciales en un proceso democrático: la capacidad de ser oposición clara y tajante en aquellos puntos que nos parecen diferentes al pensamiento de la alianza de Gobierno y el requerimiento republicano de lograr un lenguaje adecuado en la relación con el Ejecutivo, entender que la democracia es antes que nada un enfrentamiento de ideas y no personales y que el país, en su actual estructura política, nos exige un especial cuidado para mantener el régimen político democrático por encima de todas las cosas.

La Concertación encargó al Presidente del Senado abrir espacios sobre esta materia y el Gobierno dio por terminada toda posibilidad de acuerdo asumiendo que se había planteado bajo condiciones que Piñera no aceptaba.

Por eso he querido titular esta columna “Cuatro puntos malos para Chile”, usando una frase del rodeo chileno.

El primer punto malo, es que el Gobierno en forma unilateral y sin previo aviso dio por terminada esta posibilidad de entendimiento para que desde ahí, pudiéramos luego lograr acuerdos específicos y despachar los proyectos que nos parecen indispensables y elevarlos a la categoría de ley.

El desahucio de estos acuerdos sólo hace daño a Chile y si mañana se encrespa la situación nacional que quede claro que no fuimos nosotros los que tiramos el mantel, aunque si llega a pasar eso, da lo mismo quien haya roto el diálogo.

El segundo punto negativo, es el anuncio del Gobierno de enviar un proyecto de reajuste salarial de $191.00 o $193.000 mensuales. Creo que todos tenemos conciencia que, el promedio de las familias chilenas que se acogen a este régimen salarial no pueden tener una vida adecuada con ese ingreso mensual.

Hace ya cerca de dos años el obispo Alejandro Goic planteó la necesidad del Salario Ético que lo situaba en torno a los $250.000 mensuales. Volver a $191.000 es retrotraer el ingreso mensual de los trabajadores asalariados a un nivel inaceptable.

No votaré $191.000. No estoy dispuesto a continuar con la vieja discusión y el aserto conformista de “más vale poco que nada” y creo que por una vez deberíamos hacer un diálogo más profundo acerca de lo que deba ser el valor ético del salario mínimo, que hemos tenido en otros años. Los trabajadores han manifestado claramente que tampoco aceptarán esta suerte de chantaje bajo la admonición del viejo lenguaje chileno.

Un tercer punto que me duele en el fondo de mi alma, es la constatación de las nuevas cifras aparecidas en los informes macro y micro económicos en orden a que, la diferencia de ingresos sigue aumentando y el Gobierno sigue entendiendo que su tarea es contentar al dinero sin considerar en primera línea el ingreso de los trabajadores.

La brecha entre los propios asalariados significa que el más alto ingreso en ese ámbito es tres veces su comparación con los salarios más bajos.

Es decir, a mediodía del miércoles el salario más alto en Chile ha ganado lo que los salarios mínimos ganan en la semana completa. Pero como lo he indicado hasta la saciedad la verdadera brecha en Chile llega a ser de uno a 2.000 veces, es decir, un año de ingreso para el más rico se compara con el chileno más pobre cuando éste ha trabajado 2.000 a 2.500 años.

León Bloy, el viejo y gran escritor de comienzos del siglo XX había dicho en sus escritos que a veces cuesta definir lo que es un burgués y al final nos dejó una frase para el bronce: “¿A qué viene un cristiano al mundo?”“A terminar con la burguesía plutocrática”.

El último punto malo de la semana ha sido la decisión del ministerio de Minería de iniciar una licitación del litio en el mismo instante en que empezaba el debate para su eventual resguardo para ChileEn forma poco transparente, sin recoger la voluntad de muchos que considerábamos que igual se puede hacer el desarrollo de su industria por la vía constitucional y legal, junto a un debate en el Congreso nacional.

Cuatro puntos malos y una esperanza: El retorno del progresismo al Gobierno.

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22 jun 2012

Con la frente en alto

Terminó la ilusión, pero dejó una marca en el fútbol chileno, que con buen trabajo y jugadores bien elegidos se puede tener éxito ante los mejores. Alcanzó la semifinal de la Copa Libertadores y pudo llegar a la final si no se interpone el excelente Boca Juniors, con quien empató a cero, entregándose enteros por la victoria.

La “U” quedó eliminada de la Copa Libertadores en el Estadio Nacional, pero se fue con el aplauso ensordecedor, tal como ingresó a la cancha, de 45 mil espectadores, que agradecieron la entrega del plantel, luchando hasta el último minuto por la victoria y aplaudiendo su brillante actuación de más de un año en el campo internacional, con sonados éxitos en Argentina, Uruguay Brasil y Ecuador, que le permitió ganar la Copa Sudamericana, y desde luego en el plano nacional, con dos títulos.

Pero de tanto valor como los títulos, lo más trascendente, fue que demostró, como lo había anticipado Bielsa, que los futbolistas chilenos con un trabajo exigente y jugadores bien elegidos, pueden superar el mayor físico y estatura de grandes en el fútbol mundial.

Para muchos fue una verdadera revolución, con un juego básicamente defensivo, marcando a presión en todos los sectores de la cancha y recuperando el balón, saliendo en velocidad, jugando de primera. Y con espíritu de equipo.

En Chile fue casi invencible y en Sudamérica pocos pudieron ganarle. A la etapa final de la Copa llegó con un equipo agotado, con muchos lesionados a causa del gran número de encuentros.

68 jugó desde la Copa América hasta anoche, 12 en ese torneo y 11 en éste, más 43 del clausura 2011 y apertura 2012, casi 3 partidos a la semana.

En el camino el equipo se desgranó. Se fueron importantes: Marcos González, Eduardo Vargas y Gustavo Canales. Lesionados no jugaron Lorenzetti y Acevedo. Con magulladuras y tirones lo hicieron Aránguiz, Osvaldo González y José Rojas.

Además del trabajo físico, el equipo se impregnó de una mística de querer ganarlo todo, entregándolo todo. Un lema para todo el fútbol y el deporte chileno. Y que sus seleccionados están traspasando a la roja.

Nadie creía que la “U” podría remontar la derrota del 2-0 en Argentina pero se llenó el Estadio, porque el equipo había demostrado ser capaz de milagros.

Pero anoche al frente estaba Boca, cargado de historia y con el timbre del galardonado fútbol argentino. Y con un equipo, sin muchos astros, pero con sentido colectivo.

Una defensa casi impasable, con un promedio de l.84 mts. de altura y doble ancho, con dos líneas de cuatro y un arquero excelente, Orión, que anoche estuvo brillante. Además experimentados.

Desde que se inició el encuentro, jugaron a demorar el partido, con muchas caídas, lentas levantadas, tardando todo el tiempo en los saques de costado y con su director de orquesta, Juan Román Riquelme, jugando con habilidad a los atacantes, donde Mouche y Silva corrieron como nunca, hasta salir extenuados , pero causando zozobras reiteradas al excelente Johnny Herrera.

Afortunadamente la “U” tuvo a Marino, jugando uno de sus mejores partidos en Chile y a Marcelo Díaz, más Aránguiz y Mena soportando el peso del equipo. A excepción de un cabezazo de Junior Fernandes ante un centro de Díaz, que con la punta de los dedos salvó Orión, los azules crearon poco problema, aun cuando obligaron a no menos de 6 tiros de esquina.

En el segundo tiempo, los azules atacaron como en sus mejores jornadas. Sacando con rapidez desde el fondo, y de primera. Pareció que salía el gol del triunfo y podía llegar el de la igualdad.

Boca fue superado, pero no dejó su libreto y entregándose a las atajadas de Orión y los pases de Riquelme, tuvo el gol también. Un partido para el recuerdo, con dos conjuntos poderosos.

Que dejaron su marca. A la “U” no le importó entregar todas sus energías en este partido, olvidándose del próximo en el torneo local ante Colo Colo, e hizo bien. Había que ratificar su buena campaña internacional.

Y lo logró con creces, aún quedando eliminado. Pese a la pronta partida de Díaz y otros, ya aprendió la fórmula para ser protagonista en el primer plano nacional e internacional.

Y es ocasión de agradecerle, al margen de lo que ocurra ante los albos.

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21 jun 2012

Delincuencia: convocar y no retar

El Presidente de la República ha hecho un nuevo llamado a los fiscales en torno al funcionamiento del sistema penal y la responsabilidad que a estos actores les cabría en los resultados de los esfuerzos nacionales contra la delincuencia.

Quiero pensar que esta interpelación, que se reitera ahora en el Ministerio Público y que otrora también tocara al Poder Judicial, no está relacionada a la sensibilidad con que el Gobierno estaría procesando datos y números de las encuestas, de manera de optar por un camino de réditos políticos marginales que privilegien la inmediatez y el efectismo.

Esta actitud no podría estar más lejana a lo que debiera ser el enfoque de quienes tienen a su cargo el diseño y ejecución de políticas públicas en materia penal. Aquellas que tocan una fibra ciudadana en donde la instalación de percepciones y dirección de discursos exige especial responsabilidad, algo de pedagogía ciudadana y una visión de Estado que permita entender que los resultados de largo plazo no siempre tienen un correlato con las expectativas colectivas inmediatas.

¿Por qué no se opta por convocar en lugar de emplazar a las instituciones responsables?

¿Cómo se vería si -ante el enfrentamiento de una crisis financiera nacional- el Presidente de la República hiciera un público llamado al Banco Central para hacer mejor su trabajo?

¿Qué diría el Ejecutivo si el Fiscal Nacional o el Presidente de la Corte Suprema emplazaran al ministerio de Interior y Seguridad Pública por no contener la actividad delictual, no planificar correctamente el recurso policial y descuidar sus deberes de vigilancia y prevención?

¿Qué ocurre con la autonomía constitucional de las instituciones, pieza clave para que en democracia el Estado madure, distanciándose de trágicas experiencias internacionales en donde la captura y el populismo han sido el camino más fácil para mantener en flotación los apoyos públicos?

¿Cuál entonces debiera ser la forma de enfrentar el tema de la delincuencia, sin abandonar el legítimo derecho (y deber) de que la Primera Magistratura apele a su liderazgo en un asunto de tamaña complejidad?

En primer lugar invirtiendo en prevención. Se han hecho esfuerzos importantes en proveer una nueva institucionalidad que mejore las respuestas del Estado en este ámbito como ha sido la creación de una subsecretaría de Prevención del Delito, pero en la cual la ausencia de credenciales técnicas de una importante parte de sus mandos medios ha quedado en evidencia.

En segundo lugar alinear incentivos colectivos entre todos los agentes responsables de esta larga cadena que compone el sistema de Justicia penal. La coordinación interinstitucional, la producción de información compartida y generada a partir de indicadores comunes y la capacidad de hacer un llamado colectivo a responsabilidades solidarias.

Hemos recibido en las últimas semanas dos buenas noticias: el ministro de Justicia ha anunciado la creación de un registros de prófugos y la implementación del sistema de monitoreo para personas que están en condiciones de cumplir sus penas en el medio libre.

A ello se suma la creación de unidades de análisis criminal contemplado en el proyecto de fortalecimiento del Ministerio Público, que debiera concentrar toda nuestra atención y preocupación.

Es muy probable que esta columna, de ser sometida a una votación online, no tenga la adhesión que sí lo harían las llamadas de atención del Presidente, como quizás también lo tendría un referéndum sobre la reposición de la pena de muerte o que defina el confinamiento de nuestras futuras cárceles.

Es ese resultado, y esa dicotomía consecuente, la que precisamente debe alentarnos a trabajar los temas de Justicia con responsabilidad y quietud.

De seguro que el tiempo ya ha permitido que chilenos y chilenas comprendan que “trabar la puerta giratoria” dejó de ser una expectativa para sincerarse en lo que siempre fue: una consigna propia de tiempos de campaña.

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21 jun 2012

El chancho está mal pelao’

El aporte al empleo nacional que realizan las micro, pequeñas y medianas empresas, cerca de un 80%, convierte a este sector en el interlocutor principal de la discusión que se ha generado sobre el salario mínimo.

Resulta fuera de lógica política y económica que esto solo sea tratado a nivel de Gobierno, CUT y la gran empresa aglutinada en la CPC.

El sueldo mínimo es el piso en la estructura salarial de los trabajadores del sector privado que no tienen la organización para negociar colectivamente, y busca que los de menores ingresos puedan mejorar sus salarios, al menos en la misma proporción que los trabajadores de más altos ingreso, que no tiene relación alguna si lo medimos en términos absolutos.En ese sentido, el salario mínimo no es una variable de ajuste económico.

La situación en nuestro mundo es heterogénea. Las pequeñas empresas usan el salario mínimo como sueldo de entrada de trabajadores sin calificación laboral alguna que nos es culpa de ellos sino del pésimo sistema educacional que en su mayoría los prepara para la nada.

En el mundo de la microempresa, la mayor parte está compuesta por trabajadores independientes o por cuenta propia o bien son empresas de carácter familiar, destinadas básicamente al auto sustento.

Más que hablar del monto del salario mínimo, como ocurre todos los junios, es fundamental analizar el origen de los sueldos insuficientes para las familias chilenas, que sin lugar a dudas tiene que ver con la concentración de la economía en unos pocos grupos económicos, financieros, y la pésima distribución de la riqueza, en un país que se define cerca del desarrollo con más de 16 mil dólares per cápita.

Claramente, como dicen en el campo, “el chancho está mal pelado”; es esencial levantar una discusión real entre los sectores privados y el Estado sobre cómo resolvemos la desigualdad y evitar, de esta manera, los abusos.

Es importante que el Estado deba dar una señal clara y levantar una mesa de trabajo con todos los actores y definir como país un proceso de mejoramiento de los salarios de los trabajadores y las condiciones de entorno, evitando que todos los junios de cada año se tenga que presenciar un tira y afloja, que más divide que une.

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21 jun 2012

¿El anticomunismo nos visita de nuevo?

Cuando ya creíamos que buena parte de los adherentes a distintas banderías políticas del país habían dejado de etiquetar de manera impropia los actos, propuestas o reclamos de los ciudadanos organizados, sean o no estudiantes, resulta que vuelve a emerger el espantajo del “comunismo”.

De modo similar se ha utilizado el tema del terrorismo.Como si éste último fuera solo un fenómeno de los últimos años, y solo pudiera adjudicarse a posiciones fundamentalistas o dogmatizantes, provenientes siempre, como no, de fuerzas antisistema, y no también de la propia acción del Estado.

Ambas formas de motejar y descalificar el accionar reivindicativo a favor de otro modelo de sociedad y otra forma de concebir y realizar la política, vuelven a escena tras la incapacidad o desinterés de las elites en comprometer una comprensión más profunda y abierta de lo que se esta demandando.

Muchos pudieron creer que este tipo de estigmas- en particular, el de “comunista”-, podrían venir en particular de los nostálgicos del pinochetismo. Pero no. Hemos visto a otros personeros de gobierno, así como también del espacio intelectual, haciendo uso de la noción de “comunista” para descalificar sin argumentos las legítimas reivindicaciones o liderazgos que explosionan aquí y allá en el territorio nacional.

No deja de resultar paradójico e incluso risible – si no fuera porque este tipo de descalificaciones pueden llevar a nuevas formas de persecución-, que se haga en momentos que, la verdad sea dicha, el comunismo funciona mas bien como horizonte utópico, y no es una realidad histórica en ningún lugar. Incluso más. Habría que decir que nunca fue una realidad histórica propiamente tal.

Lo que ha existido, con sus fracasos y logros, ha sido una cierta forma de socialismo histórico (que algunos han adjetivado como “real”). Tenemos, sí, una crisis del socialismo histórico. Así como también hay una crisis hoy del capitalismo real, aquel que no puede hacerle honor a sus premisas libertarias y mercadistas, porque a final de cuentas, se resuelve en el imperio del capital financiero y sus mandantes a nivel global.

Hay que distinguir entre lo que el capitalismo dice querer (libertad, desarrollo), y lo que efectivamente hace (desigualdad, no-democracia, desagregación).

Hemos tenido – a su vez-, una cierta forma histórica de encarnar el ideario socialista.Situada y concreta, con sus propias limitaciones. Porque, entre otras cosas, en ese momento (por ejemplo, el año 1917) no se tenían antecedentes de realización socialista, y porque se construía no sólo contra fuerzas que desde el comienzo tenían como único interés destruir toda posibilidad de éxito de una alternativa a lo existente, sino también, contra las propias limitantes y desajustes de los mismos países donde las revoluciones triunfaron.

El anticomunismo se convierte en una verdadera ideología que impide ver lo que esta sucediendo y lo que se está reclamando. ¿Por qué? Porque se usa para desviar la mirada: los problemas que tenemos como sociedad no serían resultado de las fallas, las limitantes, las injusticias que genera este sistema económico, político y social, sino que nada mas obedecerían al accionar de un partido, o a la expresión de unos cuantos desubicados que no creen en la religión del crecimiento económico, de hacer más ricos a los ya ricos, para que haya “chorreo”.

Se trata con estos sambenitos de exonerar de responsabilidad al orden económico vigente que nos rige (en el que se cree como una religión, por cierto), que arroja gente a las calles y que genera desesperanza y desesperación.

Si usted reclama por la injusticia, la falta de democracia, la venta indebida de los activos del país a manos extranjeras, la burla de los bancos y los grandes supermercados, por una reducción en serio de las desigualdades, por el cambio de la constitución autoritaria, entonces, ahora resultará –como en tiempos pasados-, que usted lo hace por que es “comunista”.

Lo importante es sembrar el miedo basado en la ignorancia social y la manipulación.

Algo que ya se hizo en el pasado histórico, como no, creando “enemigos” internos a la medida.

Hoy por hoy la razón de Estado es, como dice Galeano, la razón de los mercados financieros que dirigen el mundo y que no producen nada más que especulación.

Este Estado se desprende de casi todo, salvo –lamentablemente-, de su prenda íntima indispensable, la represión.

Para justificarla, a falta de mayor imaginación, muchos vuelven a restaurar el Imperio del Mal, a pesar de que nos habían notificado que se vino abajo hace ya bastantes años.

Al parecer, este sistema no puede sobrevivir sin estar inventando un nuevo Diablo cada vez que lo necesita para seguir adelante con su talante depredador.

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21 jun 2012

Sueldo mínimo y “precariado” en Chile

El calendario político-social de nuestro país ha asignado, desde hace años, el mes de junio a la discusión en torno al “salario mínimo” y su reajuste anual, que debe ser aprobado por el Parlamento.

Vivimos en una “sociedad salarial”, es decir, estructurada sobre la base del trabajo asalariado, a pesar de todas las transformaciones que ha experimentado, en que los contratos y los acuerdos de trabajo han adoptado modalidades muy diversas y las relaciones laborales tienen un elevado grado de incertidumbre.

Es visible el deterioro de las condiciones laborales en los nuevos empleos, y la inestabilidad es hoy día un rasgo central del trabajo.

Robert Castel acuñó el concepto de “precariado” –versus asalariado- para referirse a la condición que viven actualmente trabajadoras y trabajadores asalariados, a la pérdida de las funciones integradoras del trabajo, a la desregulación y fragilización de la condición salarial, frente a la fortaleza del capital y su capacidad para extraer ganancias exponenciales en el contexto de la economía globalizada y transnacionalizada.

Uno de los compromisos de campaña del Presidente Piñera fue la creación de un millón de nuevos empleos durante su gobierno. De allí la importancia asignada a los datos que arroja trimestralmente la Nueva Encuesta Nacional de Empleo (NENE).

La ironía es que su medición corresponde a todos los y las que obtuvieron remuneración por al menos un día trabajado durante la semana anterior a la encuesta, es decir, ignora las condiciones de trabajo y la precariedad de los empleos creados, muy lejanas al “trabajo decente” establecido como estándar a alcanzar por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Aunque se señala la existencia de contratos, no se especifica su calidad, tampoco se informa el porcentaje de sindicalizados/as en esos nuevos empleos, ni de negociaciones colectivas que los vayan a proteger.

El país enfrenta una enorme paradoja: se crean empleos, pero en condiciones de gran precariedad –una elevada proporción son por cuenta propia, y el salario mínimo, cuando es el único ingreso familiar, deja bajo la línea de pobreza a miles de hogares, en gran proporción, encabezados por mujeres.

En 2005, el Obispo Goic pidió un “salario ético” de $ 250.000 que el Presidente Piñera tradujo en su campaña como “ingreso ético familiar”. Sus políticas para materializarlo olvidaron totalmente el sentido de justicia social que tenía la idea del salario ético, es decir, ser una remuneración justa por el trabajo realizado, que permita vivir con dignidad, y asistimos, entonces, a la proliferación de bonos para las familias más pobres, algunos condicionados (estudios de los hijos, controles de salud al día, etc.), y casi todos, una nueva carga sobre los hombros de las mujeres, como si fueran las únicas responsables del bienestar familiar en esos sectores.

Este año la discusión se da con un país sensibilizado y alerta frente al aumento de las desigualdades, al deterioro de la capacidad adquisitiva de los ingresos y a las enormes utilidades que muestran los bancos y las grandes empresas, incluidas las que administran los fondos de pensiones de chilenos y chilenas.

El gobierno no ha conversado con la dirigencia sindical y por el contrario, intenta instalar la amenaza de la crisis económica mundial sobre los empleos, de modo de contener la presión por un mejor salario mínimo.

Todo indica que el deseable “sueldo ético” o “sueldo digno”, no será alcanzado bajo esta administración, con el argumento de que ganar $ 191.000 es mejor que estar cesante.Tampoco que sea posible en el corto o mediano plazo.

Mientras, se seguirá apostando por la precarización laboral (flexibilidad, reza el eufemismo), el aporte gratuito del trabajo y el tiempo de las mujeres en las tareas reproductivas y de cuidado, la lluvia de bonos sociales, sin importar el incremento de las desigualdades, el deterioro de la convivencia nacional, la acumulación del resentimiento y la percepción de abandono y exclusión de sectores mayoritarios, un verdadero “precariado” en expansión.

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