23 ago 2012

El último negus, una muerte invisible para Chile

Los rumores sobre el “crítico estado” de su salud llegaron a su fin la madrugada del martes. Ya no fue posible desmentir un hecho demasiado evidente y así fue que el gobierno de Etiopía anunció el fallecimiento de Meles Zenawi, primer ministro y una especie de neo negus.

Con 57 años, entró en la lista de los millones de etíopes que mueren antes de llegar a la famosa tercera edad, demostrando que la calidad de vida de quienes nacen y viven en Etiopía sigue siendo muy feble y aleatoria.

A Meles Zenawi se le recordará por dos de sus principales caras, es decir, la del autoritario, por no decir dictatorial semblante, y la del desarrollo de la infraestructura y la economía del país.

En 1974, siendo aún un joven estudiante de Medicina, apoyó el golpe de estado realizado por Mengistu Haile Mariam, pero con el tiempo se convirtió en un ícono de la oposición y la guerrilla que luchó contra uno de los terribles dictadores que azotaron África y el mundo en plena Guerra Fría.

En algo muy simbólico, Zenawi promovió la unión entre el Movimiento Democrático del Pueblo Etíope (MDPE) y el Frente Popular de la Liberación del Tigré (FPLT), lo cual fue clave en la cohesión del movimiento guerrillero en Etiopía.

Mientras el MDPE era el representante de la población ahmara – segundo grupo etnolingüístico mayoritario en el país-, el FPLT representaba la zona del Tigré o Tigray, una región separatista y perteneciente a una variable etno-lingüística minoritaria.

Esto permitió que en 1991 se pusiera fin, lucha armada mediante, a la dictadura de Mengistu Haile Mariam –cuya represión dejó entre 40.000 y 200.000 muertos, según estimaciones- y que Zenawi quedase al mando del país como presidente transitorio.

Con el tiempo, su dominio sería legitimado y legalizado. En 1995 sería nombrado primer ministro de la República Democrática Federal de Etiopía, con lo cual se iniciaría el camino pos transición y, en paralelo, su eterno gobierno, que, en total, sumaría 21 años.

Hoy, el legado de Meles Zenawi deja dos mochilas. Una, en la cual aparecen la estrecha relación con Estados Unidos, el trabajo común con el Fondo Monetario Internacional, los progresos en infraestructura y el desarrollo y crecimiento de la economía nacional.

En la otra, pueden apreciarse su dictadura, la supresión de la libertad de prensa –fue considerado uno de los “depredadores” de medios- y un agridulce equilibrio interno y regional en el Cuerno de África.

Meles Zenawi no significó una ruptura con el tradicional sistema de gobierno del histórico Imperio o Reino de Etiopía, pues, en la práctica, mantuvo casi el mismo formato sobre el cual basaban su poder los llamados “negus”, es decir, emperador o “rey de reyes”.

Por eso, con el fallecimiento de Zenawi, Etiopía enfrentará el desafío de construir una democracia que vaya más allá de la teoría y que en la práctica pueda llevarse a cabo en forma pacífica y organizada.

Y es aquí donde aparecen las dudas, pues, como ha sucedido con otros dictadores (ejemplo: Saddam Hussein en Iraq y Muammar Al Gaddafi en Libia), el equilibrio étnico descansaba sobre un brazo de fierro. Entonces, es momento de preguntarse si los nuevos liderazgos serán capaces de lidiar con las distintas etnias, religiones y regiones del país.

Hablar de la “nueva Yugoslavia” parece ser un juicio apresurado y poco criterioso, pero es un escenario que tampoco debe descartarse del todo. Eritrea ya se independizó, vía referéndum, en 1993, dejando a Etiopía sin salida al mar.

Entonces, habrá que ver con especial atención lo que pueda ocurrir con Oromo, Tigré u Ogadén, históricos bastiones del separatismo etíope. Al mismo tiempo, será interesante analizar el rol que puedan tener los amharas, que han sido los tradicionales dueños del poder.

Pero la inestabilidad también podría llegar desde los países vecinos. Etiopía fue un fiel aliado de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo y, de hecho, las fuerzas etíopes ingresaron en dos oportunidades a territorio somalí, para así luchar contra Al Shabaab.

Gracias a la intervención de uno de los mejores (si es que no es el mejor) ejércitos africanos, los islamistas radicales de Al Shabaab –que además están ligados a Al Qaeda y, según se dice, también a Boko Haram de Nigeria y, eventualmente, Ansar Dine de Malí- perdieron el control de Mogadishu, la capital de Somalía.

Y no sólo eso, pues Etiopía formaba parte del tejido que agrupaba a los gobiernos de Kenya, Djibouti y al reciente Sudán del Sur en su oposición al tridente Sudán – Eritrea – milicias islamistas somalíes.

Etiopía es un gigante africano y, como tal, tiene un especial rol en su región, que es el inestable y dañado Cuerno de África. Por eso, lo que ocurra en la nueva Etiopía, no sólo deberá ser analizada desde el prisma del equilibrio y el orden interno, sino que también pensando en cómo trabajar para darle paz y estabilidad a la zona adyacente.

Un fracaso en estas tareas significará que los más de 100 millones de habitantes del Cuerno de África seguirán azotados por sequías, hambrunas, guerras civiles, guerras regionales, enfermedades y muchas otras lamentables realidades.

Lamentablemente, esto pasó, pasa y pasará desapercibido en Chile.

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23 ago 2012

La “U” se olvidó de la revolución

Universidad de Chile no aprovechó su condición de local. Igualó a 0 en un excelente partido, con Santos, por la Recopa Sudamericana. Los brasileños quedan con la primera opción para definir en la revancha el 26 de setiembre en su cancha.

Lo único que querían los hinchas de la U era que anoche fuera el día más helado de agosto y aprovechar esa ventaja física y climática ante el campeón de la Copa Libertadores del 2011, en disputa de la Recopa Sudamericana. Y casi ocurrió.

Desgraciadamente para sus pretensiones, además del frío, llovió intensamente, lo que agregó un factor de incertidumbre con la cancha pesada y el balón rápido y resbaladizo otorgando vértigo al encuentro. Los brasileños superaron el problema del frío, jugando con mangas largas y guantes. Varios de la U también debieron usarlos.

El principal problema con Santos era el cuidado de Neymar y Ganso, seleccionados de su país y principales figuras, como también los aportes de Marcos y André. Por ello, Sampaoli cambió su esquema de tres hombres en defensa, con Acevedo, Rojas y el joven y rápido Sebastián Martínez, agregando a Mena.

La U en la Copa Sudamericana que ganó, sorprendió a todos con un juego, para muchos, “revolucionario” con línea de tres en defensa, cuatro en el mediocampo y tres atacantes netos.

Estos últimos tenían la especial misión de marcar a presión a los zagueros rivales, ayudados por los mediocampistas y recuperado el balón pasaban al ataque, donde se incorporaban los volantes Mena y Rodríguez, Aranguiz y Marcelo Díaz colaboraban también en ofensiva y ayudaban a los tres defensores. La U era un equipo sin problemas en defensa y de constante ataque .Era una tarea esforzada y se necesitaba, como la tuvo, de una pretemporada de primer nivel.

Pero el plantel cambió este año. Las principales figuras fueron vendidas al extranjero, como los casos del goleador Eduardo Vargas, su reemplazante, Junior Fernandes, Canales, Marcos González y Marcelo Díaz y el último, Ángelo Henríquez, a quien Sampaoli optó por no utilizarlo en el encuentro, molesto con su traspaso. Los que llegaron fueron de un menor nivel y han jugado sin pretemporada, no pudiendo realizar esa doble función defensiva- ofensiva.

La U ya no está marcando a presión y los zagueros rivales avanzan sin mucho inconveniente, como sucedió anoche en largos pasajes, por más que se esfuercen Marino, Lorenzetti y Gutiérrez y tengan el apoyo de Aranguiz, Rodríguez y Mena.

Estos últimos colaboran, pero no les sobra fuerza y energía para ayudar a los zagueros y se echa de menos a Marcelo Díaz en la labor de conductor. Acevedo, Martínez y Rojas sufrieron para detener a Neymar, Ganso y André, en especial los primeros 20 minutos del partido.

Ganso y Neymar quedaron solos un par de veces frente a Herrera y desperdiciaron favorables ocasiones para convertir, lo que culminó a los 18 minutos con Neymar, al elevar un lanzamiento penal cobrado por falta de Sebastián Martínez.

A partir de esa acción la U pasó a dominar y lo hizo todo el resto del encuentro, salvo los primeros minutos de la segunda fracción. Pero los ataques azules llegaban muy débiles y sin superioridad numérica. Gutiérrez, Marino y Lorenzetti pocas veces encararon o superaron en velocidad a sus defensas.

Tampoco tuvo quienes dispararan de distancia o habilitaran en profundidad. Aranguiz y Mena optaron por colaborar en defensa a fin de evitar alguna habilidad de Neymar.

La U con mucho esfuerzo y pundonor pudo mantener la igualdad a 0, más las ocasiones de gol fueron escasas. Santos demostró ser un gran equipo y con habilidades de más de la mitad de sus jugadores, obligando a los universitarios y a Herrera a estar muy atentos para evitar una sorpresa.

La “revolución azul” que le dio tres campeonatos locales y la Copa Sudamericana no pudo funcionar y tendrán grandes dificultades en septiembre cuando jueguen en el estadio de Santos.

Los brasileños superaron el frío y la lluvia y con el respaldo de su multitudinaria hinchada en su casa tienen la primera opción para quedarse con la Recopa.

La U de Chile está acostumbrada a hacer gracias y si los nuevos integrantes trabajan intensamente los próximos días pueden hacer el juego que los ha llenado de éxito en los dos últimos años.

Finalmente la U no pudo contar con una hinchada mayor-en todo caso tuvo más de 30 mil adictos- que la impulsara a un esfuerzo extra. Lo que hizo fue suficiente para enfrentar de igual a igual a un gran equipo en un excelente partido y terminar igualados.

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22 ago 2012

Movimientos…“¿sociales?”

Sin duda, uno de los grandes aciertos culturales de quienes integran las agrupaciones que han instalado planteamientos políticos ha sido el acuñar el término “movimientos sociales”. La denominación es atractiva para periodistas y para quienes, escudándose en la (aparente) falta de legitimidad de las instituciones políticas, se han arrogado de manera absoluta de la representatividad de las ideas “de la ciudadanía”.

Curiosamente ha habido pocas personas disponibles a hacer un juicio crítico de esta denominación. Aparecen “actores sociales” convocando a “movimientos sociales” sin que nadie haya reparado en cuántos son, quienes los eligen, cómo hacerse parte ellos y, lo que es más grave, cómo discrepar de ellos –si es que lo permiten-.

¿Quién y cuándo definió qué movimientos sociales representan a la ciudadanía?

¿Por qué, si son tan transversales, no hay participación del mundo del deporte, de los artesanos, de los pequeños y micro empresarios, de las ferias libres, de los movimientos pastorales, del mundo del voluntariado, de los scouts, o de los bomberos?

La respuesta es sencilla: el mundo social es la denominación actual con que la izquierda ha instrumentalizado cuerpos intermedios para servir a sus fines.

Y es que la CUT, el Colegio de Profesores, muchos gremios de funcionarios públicos y la CONFECH –por lo demás todos cuerpos cooptados por la izquierda extraparlamentaria- se han denominado como “movimientos sociales” para irrumpir en un escenario que ellos han creado difusamente con dos objetivos: avanzar en las reivindicaciones de la izquierda, por un lado y por otro, arrogarse una representación “ciudadana” que, si se analiza críticamente, tiene el mismo lenguaje, los mismos colores y las mismas ideas que Chile, a lo largo de su historia, ha desechado como alternativa.

Es tan evidente esta situación que, cuando se ha intentado convocar –por primera vez en 2006 y por segunda el año pasado- a “plebiscitos nacionales ciudadanos” (poniendo mesas en las calles) en materia de educación han fracasado.

Mientras tanto, el resto de la sociedad intermedia sigue su curso. Porque mientras ella no tome como bandera de lucha el fin del binominal, la asamblea constituyente, la gratuidad de la educación superior, o la nacionalización del cobre, pareciera no merecer el calificativo de “actores sociales”…como si estuviera fuera de la sociedad o en contra de ella.

Chile no debe ceder tan fácilmente ante el espíritu de consigna.

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22 ago 2012

¿Paz o guerra en la Araucanía?

El gobierno ha instalado dos “mesas de trabajo” en relación a la situación de La Araucanía.La primera, relacionada con la “seguridad”; es decir, con el tratamiento policial a las demandas del pueblo mapuche; y, la segunda, para observar los “temas sociales asociados al conflicto”.

En ese orden. Claro, primero la seguridad y el despliegue policial; después, las consideraciones sociales. Esa es, por cierto, la orientación de quienes gobiernan. Primero asegurar condiciones para que, como señalan, “se puedan desarrollar con normalidad las actividades productivas” y luego, claro, lueeeeego, las condiciones sociales que generan los actos que ocurren en esa zona del país.

Ha llegado el momento, o tal vez llegó hace mucho, en que el país deba considerar que “el conflicto mapuche” excede, con mucho, la consideración de algunas cuestiones sociales involucradas y, por cierto, va mucho mas allá del orden policial que quiere imponer este gobierno, como si las condiciones de vida ancestrales se arreglaran a balazos. Habría que recordarles que eso ya lo intentó hace 160 años Cornelio Saavedra y, como muchas veces en la historia “los muertos que vos matasteis gozan de buena salud”.

Hoy se pretende nuevamente “pacificar la Araucanía”, como si fuera posible destinar cientos de carabineros, pagados por todos los chilenos, para proteger la riqueza de unos pocos, que han depredado la flora y fauna del territorio, transformando lo que alguna vez fue un lugar digno de habitar, en un conjunto de plantaciones forestales, que sólo benefician la codicia de sus dueños, ocupantes de dudosas credenciales de dominio, muchas veces conseguidas precisamente por la violencia que hoy reclaman y que por décadas han usado en contra de quienes se han opuesto, con argumentos históricos y éticos, a un despojo, no solo de sus propiedades, sino también de las condiciones mínimas de dignidad, que un pueblo nación había construido por siglos, antes de ser invadidos.

Puestas así las cosas, sólo quedan dos opciones y ellas son antagónicas. O se impone la “mesa social” o se impone la policial. Quienes gobiernan apuesta a la segunda, así protegen la propiedad privada, a los herederos de la primera pacificación, a los dominantes.

Otros queremos apostar por la integración de todos. Pero ello tiene una condición: que el Estado de Chile reconozca la existencia, antes que llegara el invasor, de un pueblo nación que habitó estas tierras, a quienes con el paso del tiempo le fueron usurpadas, en un proceso de vasallaje pocas veces conocido en la historia de la humanidad.

Los mapuches tienen derecho a que les sea respetada su historia, su cultura y que el Estado se haga cargo de la restitución de sus condiciones de vida antes de ser perseguidos por los vencedores en una guerra desigual que ellos ni empezaron ni nunca quisieron pelear.

Si esto no se produce, el conflicto no tiene solución. Ni ahora, ni en mucho tiempo más.No es posible seguir observando a la policía chilena disparar incluso contra niños, para defender la propiedad de algunos; ni casas, a veces modestas, quemadas como fruto de la irreflexión de algunos radicalizados.

El gobierno tiene la palabra. O camina de la mano de Hinzpeter o camina de la mano de la paz.

Los que nacimos en La Araucanía sabemos que es mejor el segundo camino. El gobierno también lo sabe. Pero como siempre, se necesita más coraje para hacer la paz, que para hacer la guerra.

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22 ago 2012

Los comunistas comiendo guaguas

Como hace décadas, la derecha vuelve a intentar culpar a los comunistas de cuanta movilización y protesta se produce en el país, que tienen su origen en las deficiencias, injusticias y falta de respuestas concretas de parte de la autoridad.

Dirigentes de la UDI y personeros del gobierno de Sebastián Piñera, con prácticas anticomunistas, anticuadas y desproporcionadas que no se ajustan a la realidad, explícitamente o por la vía de la insinuación, declararon que el Partido Comunista promueve la toma de liceos, la agitación de los trabajadores, la violencia y hasta se dijo que podíamos estar volviendo a prácticas terroristas.

Se podía pensar que esas prácticas violentas de la derecha, utilizadas a lo largo de la historia y sobre todo para atacar al Presidente Salvador Allende y promover el Golpe de Estado (lo que sí constituye una práctica terrorista), habían terminado. Pero siguen.Incluso fueron grotescas las palabras de la ministra Evelyn Matthei y el diputado Alberto Cardemil cuando hubo denuncias respecto a violaciones de derechos humanos.

La agenda del gobierno y su gabinete se sustenta en instalar la idea de que los estudiantes promueven la violencia y de ahí criminaliza las tomas de liceos y por defecto a toda la movilización por la educación. En eso hay un paso muy corto para profundizar más represión y vejámenes a los jóvenes.

Se produce una alianza férrea entre autoridades del gobierno y alcaldes de derecha para llevar la fuerza pública a actuar de manera desmedida. Y quieren sacar adelante la Ley Hinzpeter, que sería la institucionalización de la represión más brutal y absurda.

Mientras tanto, el gobierno sigue sin dar respuesta a los profundos y urgentes problemas del sistema educativo, enviando, por ejemplo, una reforma tributaria que privilegia a la educación privada y a los sectores de más altos ingresos y que es profundamente insuficiente para solucionar los problemas de la educación.

El Partido Comunista respalda las demandas del movimiento estudiantil. Apoya una profunda transformación en el sistema educacional, está por poner fin al lucro y por una educación pública gratuita y de calidad. Considera que las organizaciones estudiantiles tienen derecho a movilizarse, protestar, expresarse y emplazar a las autoridades, cuando no son escuchadas ni tomadas en cuenta por las autoridades.

No hay nada más que eso. El PC no necesita dar instrucciones a los estudiantes, algo que, por lo demás, ellos no aceptarían.

Son calumniosas y parte de una campaña mediática del gobierno, de la derecha y de algunos alcaldes acusar al PC de promover la violencia. Eso es para desviar la atención del problema central. Es volver a la época en que se decía que los comunistas se comían las guaguas.

En vez de estar en esos caminos, el gobierno y la derecha deberían hacer esfuerzos por encontrar respuestas, soluciones y diálogo. En ello el Partido Comunista está disponible, sobre todo en el campo del Parlamento para aprobar proyectos y reformas que posibiliten transformar el sistema educacional chileno.

No hay que dejar de decir que en la medida que aumente y se agudice la movilización social, la protesta popular y el reclamo ciudadano, la derecha, el gobierno de Sebastián Piñera y los medios de prensa conservadores, van a querer insistir en que el PC alienta la violencia y la ilegalidad.

La opinión pública debe estar alertada respecto a esa situación que promueve el anticomunismo y tiende a desprestigiar a las organizaciones  opositoras.

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22 ago 2012

No todo lo que brilla es oro

Durante las últimas semanas hemos visto a través de la prensa muchos debates públicos en torno a mediciones, encuestas, datos, etc., que nos hablan -según el gobierno- de que se han hecho bien las cosas.

Al momento de enfrentar los resultados de una encuesta, se podría pensar en cómo ese indicador pudo haber sido otro. Problemas en la medición, aproximaciones metodológicas diferentes, incluso errores humanos pueden llevar a extraer interpretaciones de un determinado valor numérico que no son tal.

Seguramente lo descrito anteriormente es lo que les pasó a muchos con la encuesta CASEN o con el fin de las listas de espera AUGE.

Sin una guía que oriente el cómo se obtuvieron esos datos (como por ejemplo el aumento de la felicidad de la población, o la disminución en pobreza, en el caso de la CASEN) las conclusiones extraídas desde esos resultados pueden ser altamente cuestionables. Sin embargo, creo este no es el punto donde hay que profundizar el análisis.

El gobierno actual – que ejerce el rol de protección y promoción de la sociedad- señala con ruidos estridentes cómo los indicadores y porcentajes los avalan en su gestión.

Disminuye la pobreza, aumenta la felicidad, el crecimiento económico se dispara, las listas de espera AUGE desaparecen de la realidad hospitalaria, los subsidios y bonos se entregan a la población como si realmente el mundo terminara en diciembre del presente. Si incluso la escasa aprobación que tiene nuestro Presidente sigue siendo menos importante que el escaso apoyo que las encuestas muestran de la oposición.

Nos encontramos en un momento de la sociedad donde toda decisión se justifica desde la lógica de los indicadores y porcentajes.

Si el SIMCE sube 2 o 3 puntos nos encontramos frente a un sistema educativo que mejora su calidad, sin cuestionarnos mayormente cómo se desarrollan las clases en el aula; si el porcentaje de consumo de los chilenos aumenta, nos vanagloriamos de nuestra buena economía, sin pensar en las condiciones de crédito muchas veces abusivas de las cuáles muchos son víctimas. Es decir, los números, lo cuantitativo, permiten sentirnos un país que va en una autopista hacia el desarrollo.

No obstante a lo anterior esto sólo muestra lo irresponsable que se puede llegar a ser.

En este minuto el gobierno muestra caras sonrientes con los últimos números: según los datos otorgados por la encuesta CASEN la pobreza disminuye en 0,7 puntos porcentuales (Gobierno Informa, 2012) en relación a la medición anterior, sin entrar en el debate sobre la fidelidad de estos indicadores lo que nos debiera tranquilizar es que el ser pobre parece que poco a poco será un tema del pasado de nuestra realidad país.

Otra muestra de todo aquello es la asignación de subsidios habitacionales a familias del primer quintil de ingreso. Hemos venido observando -al menos mediáticamente- un notable aumento en la entrega de estos subsidios indicando que el déficit habitacional chileno disminuye a pasos agigantados. Pero con eso no es posible quedar contentos, pues se mantiene el voucher a cobrar, es decir, un subsidio asignado no es más que una “promesa” del Estado a cumplir ya que aún no existe ninguna vivienda donde vivir y el subsidio podría llegar a expirar.

La responsabilidad en medir las problemáticas de la sociedad deviene finalmente en una irresponsabilidad, en este caso del Estado, para hacerles frente.

Sólo en estos dos ejes temáticos (pobreza y déficit habitacional) es posible notar lo anterior.

La pobreza debe seguir siendo un tema de contingencia nacional. El hecho de que disminuya la pobreza y aumenten las transferencias (bonos) no nos indica que la crudeza que enfrentan un sinfín de familias en nuestro país haya disminuido; son personas excluidas del desarrollo, pero dentro del porcentaje de los aventajados.

Si se quiere ser responsable, que no se caiga en el anuncio fácil y excesivamente mediático.

Basta de ser irresponsables, hay que ser responsables en cómo se diagnostican las problemáticas o progresos de nuestro país. Pero sobre todo, ser responsables en asumir que los números son sólo eso, un indicador que muchas veces hace perder las proporciones y que puede llevar a una pasividad preocupante.

No es la intención de este escrito plantear un escenario sombrío, nuestro país efectivamente se desarrolla, pero no debemos perder la capacidad crítica respecto de nuestro entorno, no debemos escondernos en los porcentajes.

La pobreza y la exclusión social deben seguir siendo la primera prioridad aunque sea sólo del 1%; la educación siempre debe ser reflexionada en pro de una mejora aunque la prueba PISA alcance sus mayores índices; la vivienda debe ser un problema de corte nacional incluso cuando todos los subsidios entregados se materializan en una vivienda digna, pues así – y sólo así- podríamos llegar a considerar que somos mucho más felices que años atrás.

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22 ago 2012

Procedimiento Constituyente

Acordar un diagnóstico de lo que ocurre en el país, es sencillamente un imperativo ineludible para el mundo político, teniendo en consideración que eso no significa necesariamente compartir el método de solución al conflicto.

En este sentido, no son pocos los sociólogos, historiadores, académicos, periodistas, intelectuales y también dirigentes políticos, que coinciden en que el país vive un momento constituyente, aquellos que históricamente nuestra dirigencia política no ha podido controlar y que han derivado en violentos estadillos sociales y en ocasiones en golpes militares contra el Estado.

Si se examina la historia, nos daremos cuenta que todas las Constituciones que ha tenido el país, han sido fruto de violentos procesos sociales y de quiebres institucionales que han generado fisuras profundas, muchas de las cuales simplemente nunca sanarán.

En consecuencia, los pasos que siguen para los partidos políticos, requieren de generosidad y extrema prolijidad y sensibilidad social, no obstante eso pueda significar renuncias para cada uno de éstos.

En tal dirección, son dos los métodos o fórmulas conocidas que se han propuesto para generar una nueva Constitución para Chile. La Asamblea Constituyente y un Congreso Constituyente, a través de la instauración de una Comisión Bicameral Constituyente.

La primera, pasando de una consigna revolucionaria a instalarse ascendentemente en el vocabulario de altos dirigentes políticos y, la segunda, como una fórmula que no prosperará jamás, mientras los niveles de credibilidad del Parlamento se mantengan tan bajos como ahora.

Con todo, lo cierto es que tras ambas propuestas, existe un diagnóstico común: Chile necesita una Nueva Constitución. Por lo tanto, lo que se requiere resolver ahora es el nivel de participación que se quiere para el proceso y el procedimiento específico que se adoptará.

De esta manera, con el proceso constituyente en marcha y el estado actual de la política, pensar en un método que reserve exclusivamente al Congreso la tarea de desarrollar un nuevo texto constitucional, resulta simplemente temerario y miope.

Sin embargo, resulta perfectamente posible, armonizar el rol insustituible que le corresponde al Congreso en este proceso, con la amplia participación social que se requiere para dotar a la nueva Constitución de una legitimidad pública a toda prueba, con nuevos estándares de justicia social y que garantice estabilidad y paz social por nuevas décadas.

En tal sentido, un intento fallido desde la institucionalidad política para generar un nuevo texto constitucional, que no involucre con fuerza a la ciudadanía, implicará la marginación automática de los partidos de cualquier solución institucional al momento y la resolución definitiva se impondrá por la vía de los hechos. Sea a través de un texto 100% ciudadano, sin participación política alguna, sea a través de la insurrección o desobediencia civil al actual texto y al Estado de Derecho en su conjunto.

Así, resulta indispensable comenzar ahora, antes de las próximas elecciones presidenciales, a discutir el procedimiento para una Nueva Constitución y las condiciones que permitan participar al Congreso y a la ciudadanía de manera coordinada y responsable, antes de que la disociación entre la política y el progreso termine por socavar la democracia que tanto costó recuperar.

Una fórmula para lo anterior, puede consistir, en que sea el Congreso Bicameral, el que, mediante una reforma a la Constitución Política, incorpore la Asamblea Constituyente como mecanismo para reformarla. Dicha reforma debiese considerar: requisitos y titulares para convocarla, mecanismo para la elección nacional de la asamblea constituyente y procedimiento de ratificación ciudadana.

Asimismo, lo razonable, es que con una amplia participación de dirigentes sociales, organizaciones no gubernamentales, partidos políticos, trabajadores, estudiantes, profesores, empresarios, académicos, etc., sea la Comisión Bicameral la que elabore una propuesta de texto constitucional, que sea fruto de un acuerdo marco con dichos actores sociales.

A continuación, dicho texto debiese someterse a discusión de la Asamblea Nacional Constituyente, debidamente constituida por representantes electos democráticamente bajo la forma y procedimiento señalado en la reforma constitucional previamente aprobada.

Luego, se deberían identificar los puntos en controversia que surgieron luego del trabajo de las distintas comisiones de la Asamblea Nacional Constituyente, para a continuación, abrir un periodo de indicaciones y observaciones al texto, presentadas por apoderados lo suficientemente representativos de las organizaciones que componen la Asamblea.

Presentadas tales indicaciones u observaciones, éstas debiesen someterse a la aprobación o rechazo por mayoría simple de la respectiva Comisión de la Asamblea, para luego, una vez sistematizado el texto definitivo, entregarse al Congreso y al Presidente de la República para someterlo a ratificación de un plebiscito nacional, que apruebe o rechace la Nueva Constitución.

Para algunos lo anterior sonará ingenuo y para otros peligroso. Sin embargo, es tiempo de comenzar a discutir el procedimiento que utilizará el país para generar una Nueva Constitución.

Ciertamente podrán existir mejores propuestas que la anterior, no obstante, lo realmente peligroso para el país y su estabilidad institucional, es no comenzar a discutir este punto y por soberbia o miopía, se pueda caer en el profundo error de pensar, siquiera por un segundo, que la ciudadanía aceptará un mecanismo que no la considere en plenitud en la elaboración, discusión y aprobación de una Nueva Constitución para Chile.

El país está lo suficientemente maduro como para dar curso a ese proceso en paz, sin miedos y en unidad.

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22 ago 2012

¿Mejorar o hundir la educación pública?

La escuela pública desempeñó un rol esencial en el proceso de integración nacional en los siglos XIX y XX. Nuestros grandes educadores, José Abelardo Núñez, Valentín Letelier, Manuel de Salas, Miguel Luis Amunategui, Darío Salas y otros, defendieron la necesidad de una escuela laica, inclusiva y democrática, en la que tuvieran cabida todos los niños y jóvenes, independientemente de su origen socioeconómico.

Es cierto que la escuela no tiene el poder de reformar la sociedad, pero pocos discuten que puede ser un valioso instrumento para compensar las diferencias de origen y favorecer la cohesión social. La educación, además, puede alentar la autonomía de los individuos y el sentido de solidaridad, lo cual se vincula con la concreción del ideal democrático.

Por desgracia, la educación pública sigue perdiendo gravitación. Hoy representa aproximadamente el 35% de la matrícula total. Se requiere revertir tal situación.Necesitamos una educación pública de alta calidad, que contribuya al avance de Chile al desarrollo y que ayude a construir una sociedad más justa.

Algunos creen que la educación pública será mejor si se elimina la competencia de los colegios subvencionados. Es una visión mecanicista. La educación pública ganará prestigio si demuestra que entrega una mejor enseñanza, si ofrece garantías de continuidad y calidad de los estudios. Si ello ocurre, las familias no dudarán en matricular allí a sus hijos.

En Chile ha habido y seguirá existiendo enseñanza pública y enseñanza privada. Lo que corresponde es que el Estado fije reglas claras en ambos casos y procure que la provisión mixta no agudice la segmentación social.

Por ello, el actual gobierno y los siguientes tienen que comprometerse a fortalecer la educación pública, sin perjuicio de seguir apoyando a los sostenedores particulares que colaboran con el Estado. En ambos casos, se requiere una fiscalización rigurosa. Al respecto, es justo valorar que el ministerio de Educación cursó el año pasado más de 500 multas por infracciones a la subvención preferencial, cometidas tanto por colegios subvencionados como municipales.

Para que la educación pública logre estándares superiores, deben confluir varios factores: mayores recursos (subvenciones, infraestructura, equipamiento, remuneraciones); mejor gestión financiera y administrativa de los colegios; liderazgo pedagógico de los directores; elevación del desempeño docente; colaboración entre maestros y estudiantes; etc.

Pero los colegios públicos también necesitan estabilidad, factor que es muy apreciado por los padres y apoderados. Es obvio que un establecimiento no logrará buenos resultados si vive en estado de convulsión permanente. No es posible elevar la calidad si las clases están suspendidas.

La experiencia de 2011 fue muy costosa para numerosos colegios municipales que permanecieron paralizados por varios meses, en el marco de un conflicto en el que los estudiantes secundarios marcharon a la zaga de los universitarios, sin claridad de objetivos. Debido a ello, a fines del año pasado muchas familias buscaron otros horizontes.

Si los liceos municipales siguen siendo un terreno de disputas ciegas, de tomas y retomas, será muy difícil llevar adelante un proceso de real mejoramiento del proceso educativo.

Las consignas maximalistas no contribuyen a que los adolescentes adquieran conciencia de sus propias responsabilidades.

Alguien podría decir: ¿Por qué negarles a los jóvenes el derecho a soñar? No se trata de eso. Está bien que sueñen, pero será mejor si lo hacen con los pies en la tierra.

¿Tienen derecho a reclamar y protestar? Por supuesto, y para su suerte nacieron en democracia, lo que les permite hacerlo sin grandes riesgos. Pero también deben cumplir con sus obligaciones, tal como los demás cumplimos con las que nos corresponden.

Los halagos no les sirven a los estudiantes. Lo que sí puede ayudarles es que los adultos les aporten información y elementos de juicio. Necesitan aprender a razonar con cabeza propia y a valorar el diálogo, para lo cual deben disponerse a exponer sus argumentos y a escuchar los que aporten los demás. Se convertirán en adultos dentro de algunos años, y tendrán que ser autosuficientes en todo sentido.

Ni la anarquía ni la violencia sirven para mejorar la educación pública. El efecto directo de las ocupaciones de estas semanas (que muestran un movimiento estudiantil disperso y confundido) es que nuevas familias están llegando a la conclusión de que no vale la pena que sus hijos sigan matriculados en los liceos municipales.

El Instituto Nacional ha sido por mucho tiempo el liceo estrella de la educación pública.Los alumnos que allí estudian –seleccionados entre aquellos con mejor rendimiento en los colegios de la capital-, son privilegiados en más de un sentido. Pero el Instituto puede deslizarse hacia la decadencia por efecto de las tendencias autodestructivas que parecen imperar en las asambleas.

Creer que la intransigencia es la llave que abre todas las puertas sólo conduce al extravío.

No sirve que los dirigentes estudiantiles traten de traidores a los parlamentarios que no votan como ellos quieren. Tampoco sirve que llamen a “funar” las elecciones municipales.

Es mucho lo que debe mejorarse en la educación pública. Algunas mejoras dependen de los cambios institucionales que están en curso (Agencia de Calidad, Superintendencia de Educación), otras del apoyo pedagógico del ministerio, pero lo central será el trabajo bien hecho en los propios colegios.

Ya dependan de los municipios, ya de otra estructura que se cree, no vendrán desde fuera las innovaciones del proceso educativo, que es lo que realmente importa. Los avances sustanciales tienen que producirse en la sala de clases y, por ello, el desempeño de los profesores es definitorio.No son el ministro ni los alcaldes los que irán a enseñar mejor las matemáticas, la biología o el dominio del idioma.

No basta con lanzar proclamas a favor de la educación pública si en los hechos se fomenta su deterioro. Lo que se requiere es trabajar duro para elevar la calidad de la labor docente.

Ello exige de los maestros una firme voluntad de superación y perfeccionamiento, con el fin de que entreguen una enseñanza de mejor nivel a sus alumnos. En ellos hay que pensar en primer lugar. Qué valioso sería que el Colegio de Profesores entendiera esto.

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22 ago 2012

Para Joaquín

Hace pocos días falleció, aquí, en Israel, mi querido amigo el Embajador de nuestro país Joaquín Montes Larraín.

En realidad, nuestra amistad no era particularmente estrecha pero desde que nos conocimos, hace más de 20 años, nos teníamos cariño y respeto. Joaquín fue uno de los muchos diplomáticos de carrera que me acogió sin reservas cuando llegué a trabajar al Ministerio de Relaciones Exteriores en marzo de 1990, justo tras el retorno a la democracia en Chile.

Recuerdo casi con gratitud su figura acogedora, su sonrisa, su mirada siempre algo triste pero, al mismo tiempo, dulce. Algo de maternal tenían esos ojos…

Joaquín me reemplazó como Embajador de Chile en Israel, en esta carrera de relevos que es el ejercicio de la diplomacia profesional.

No tuvo demasiado tiempo para desarrollar su trabajo y continuar los esfuerzos por acercar estos dos países, tan distantes y tan distintos entre sí.Pero sí fue tiempo suficiente para desplegar sus encantos.

No hay nadie que lo haya conocido aquí que no llore su muerte. Lo quiso inmediatamente todo el personal de la Embajada en Tel Aviv; lo quisieron también los colegas del Grupo de Embajadores Latinoamericanos (GRULAC) y del Cuerpo Diplomático en general.

Su sencillez y transparencia tocó también el alma de muchísimos israelíes (de la Cancillería local y de otras muchas áreas del quehacer local) que tuvieron la suerte de conocerlo. Debo confesar que no como amiga; no como ex Embajadora, sino como chilena residente aquí sentía orgullo cuando percibía ese afecto que Juaco se ganaba tan fácilmente.

Joaquín quería vivir y dio una ardua pelea, en Chile y en Israel, para lograrlo. En el curso de esa lucha, incansable, devota como nadie, lo acompañó desde el primer momento de su enfermedad, su querida Silvia. ¡Qué grande el amor que se tenían!“¡No nos podíamos separar!”, me confesó ella al relatarme las últimas horas de su compañero… Y a mí se me apretó el corazón más todavía, porque lo sentí todo tan injusto

Joaquín (como otros que han partido, Emilio Ruiz Tagle, María Eliana Castillo o Jaime Moreno Laval, por mencionar sólo los más recientes) era demasiado joven para morir.¡Era demasiado bueno!

Entonces, desde mi más profundo agnosticismo, me repito que quizá esa frase que se atribuye a la mitología griega tenga algo de verdad…Y que tal vez sí, es cierto, que “los amados de los dioses mueren jóvenes”.

Hoy, al atardecer, en la Iglesia de San Pedro, en el milenario puerto de Jaffa, poco después de la magnificencia con que el sol se pone en el horizonte del Mediterráneo, le diremos adiós a Joaquín.

Desde estas líneas, amigo, un abrazo. Descansa.

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22 ago 2012

Prejuicio y responsabilidad social

Hace solo un par de semanas, el país se vio remecido con la terrible noticia de una mujer de 20 años que lanzó a su hija de siete meses de gestación, recién nacida, al techo de una vivienda.

Tras el impacto no puedo evitar preguntarme ¿Qué puede estar pensando una madre que comete un acto de violencia extremo como ese?

Hechos como este ponen en el tapete los prejuicios que aún existen respecto de ceder un hijo en adopción.

Vivimos insertos en una sociedad que se toma la atribución de juzgar y calificar a las personas sin conocer su realidad ni mucho menos intentar ser empáticos con los sentimientos del otro.

Una sociedad machista que obliga a las mujeres a cumplir con un rol impuesto hace siglos, sin importar si están insertas en escenarios inapropiados y adversos para ellas y sus familias y es mas sin preguntarnos si el hijo que tuvo es producto de un deseo profundo de ser madre o fue un hecho casual en su vida.

Cuando una mujer decide entregar a un hijo en adopción, está optando por la vida y pensando en que ese niño o niña tenga mejores oportunidades de las que ella podría darle.

En países desarrollados esta opción es tan válida como la de decidir criar a un hijo, aún cuando las condiciones no sean las más favorables. En tales casos, las madres que entregan a sus hijos en adopción tienen incluso la posibilidad de ser parte del proceso y de conocer detalles de la familia que adoptará a su hijo o hija.

Lamentablemente en Chile estamos a años luz de esa realidad y enfrentados a casos de cesión en adopción, el juicio social es implacable tendiendo a calificar a esas mujeres de malas madres e irresponsables.

¿No es acaso todo lo contrario? A fin de cuentas se trata de mujeres que deciden no abortar, respetando esa vida que se gesta y además evitan que esos hijos o hijas tengan un futuro limitado por carencias afectivas, económicas y sociales, ofreciéndoles en cambio el acceso a una mejor vida junto a una familia que los quiera y los proteja.

Intentemos ser empáticos. Entregar un hijo en adopción es un acto de valentía, un acto de amor por parte de mujeres que no merecen ser enjuiciadas ni cargar con el estigma que este hecho significa para ellas en nuestra sociedad.

En 26 años de experiencia, la Fundación Chilena de la Adopción ha tratado el tema de manera integral, considerando a la mujer que cede un hijo como una persona que vive un momento crucial y difícil de su vida.

En su mayoría mujeres solas, que no cuentan con la ayuda del progenitor ni redes de apoyo. Por lo general, en este acto de entrega hay un gran dolor por la separación, sin embargo existe la conciencia por parte de estas madres de que el niño por nacer o ya nacido, merece una oportunidad de vida donde sus necesidades estén satisfechas, sobre todo las emocionales y vinculares, que ellas, luego de un profundo análisis, no se sienten en condiciones de entregar a ese hijo/a.

Resulta por lo tanto urgente poner esta discusión sobre la mesa y ofrecer a las mujeres en conflicto con su embarazo la posibilidad de tomar esta opción sin exponerse a la sanción social, sino legitimándola como un acto de amor y responsabilidad.

De esta manera eliminaríamos la figura actual que obliga a decidir entre la vida y la muerte del niño y pone en riesgo la vida de la madre y reduciríamos las posibilidades de que volvamos a enfrentarnos a noticias tan terribles como ésta.

Propongo abrir el debate, y empezar a ver la adopción no sólo como una alternativa de formar familia para quienes están biológicamente incapacitados para tener hijos, sino además como una opción para todas aquellas mujeres que, por las más diversas razones no pueden hacerse cargo del hijo o hija que esperan.

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