12 sep 2012

Salvador Allende, masón

La reedición del libro de Juan Gonzalo Rocha arroja luz sobre una faceta generalmente olvidada o no tomada suficientemente en cuenta, de Salvador Allende como hombre público. La primera edición sirvió para importantes biografías sobre el personaje, como la de Jesús Manuel Martínez.

Con evidente simpatía por Salvador Allende y por la Masonería, el autor escribe una obra seria, sin panegíricos, con documentos poco conocidos.

De ella se puede extraer información sobre la formación, el ideario masónico y el compromiso ético de Allende, quien se inició siendo un joven médico en la Logia Progreso en Valparaíso, para pasar luego a la logia Hiram 65 en Santiago, de la cual llega a ser Venerable Maestro. Seguía una tradición familiar que se remontaba a su padre y a su abuelo, quien fuera Gran Maestro de la Masonería.

En su trayectoria pública, sin embargo, siempre hubo una tensión entre la labor en los talleres y las tareas profanas derivadas de su compromiso político en el Partido Socialista: disputas en el PS y problemas en la Masonería, la que también se ve impactada por los cambios de la época en la década de los 60.

Si bien el autor no se detiene a analizar esos conflictos, hay muestras de ellos en el libro.La Masonería demora dos años en aceptar a Allende en sus filas; renuncia de Salvador Allende a la Logia en 1965 y rechazo unánime de la misma; protestas de dirigentes de la Masonería por la presencia de Allende en los trabajos de las Logias y, por fin, disolución de la logia Hiram 65 en 1974, muchos de cuyos miembros compartían los mismos ideales políticos que Allende.

Al preparar este comentario me asaltaban profundas interrogantes. ¿Se puede hablar del libro de J.G. Rocha sin referirse a la figura histórica de Allende?

A poco andar acepté la imposibilidad de distinguir entre la obra y el personaje. Y luego, ¿cómo hacerlo en forma pertinente cuando conocemos el desenlace de lo ocurrido?

A Salvador Allende sólo lo conocía de lejos hasta que me nombró subsecretario de Justicia en 1970. Mantuve con él una estrecha y entrañable relación durante todo su Gobierno, aun cuando al final no tenía un cargo público.

Esos años han marcado mi vida y más allá de los avatares políticos, permanece en mí una profunda admiración por Allende como ser humano.Estuve a solas con él 15 días antes del golpe militar tomando desayuno en Tomás Moro, y el 10 de septiembre por la tarde intenté hablar infructuosamente con él en La Moneda. Para mí resulta imposible ser objetivo, como es un dato de la causa, la reflexión política que maduró en esos años y se desarrolló luego en el exilio y durante la transición a la democracia.

Permítanme, ahora, algunas reflexiones que me ha suscitado la lectura del libro que comentamos.

En primer lugar, surgen prístinas las profundas convicciones democráticas de Salvador Allende, que guardan estrecha relación con su formación masónica. Su pensamiento y su actuar se ubican en el cruce entre la tradición liberal y la socialista.

Esa actitud correspondía a la práctica de la izquierda chilena, pero no tuvo una expresión teórica madura, especialmente debido al impacto de la Revolución Cubana, tal como ocurrió en toda América Latina. A diferencia, por ejemplo, de Italia donde partiendo por Croce y pasando por Turati, Mateotti y Roselli llega hasta N. Bobbio, para no hablar de la evolución del Partido Comunista.

La debilidad del pensamiento liberal entre nosotros se debe tal vez a la falta de madurez de nuestras sociedades y al contradictorio impacto de los EE.UU. y su ideario de independencia. Esta carencia ha influido en desvaríos políticos como los de Vasconcellos en México o en los juicios de Mariátegui frente a Benedetto Croce, profesor tanto de Gramsci como Gentile, ambos impulsores del comunismo y del fascismo.

En América Latina o se abandona el socialismo por el liberalismo como Vargas Llosa o viceversa; por ejemplo Mariátegui en sus escritos en la revista Amauta. Salvador Allende, en cambio, se mantuvo fiel a ambas componentes de su pensamiento, y por eso trascendió a su tiempo.

Consecuente con ese bagaje cultural, Allende diseña un proyecto político de transformación social original, que pretende combinar democracia y socialismo tanto en los métodos como en la búsqueda de un nuevo tipo de sociedad.

Su polémica larvada es con quienes quieren copiar en Chile los métodos de la Revolución Cubana y para ello recurre a interpretaciones originales del pensamiento de Marx, sin referencias a la evolución del socialismo europeo. Lo hace en plena guerra fría y conflicto chino-soviético, cuando por el mundo soplan vientos de rebeldía juvenil en los 60 y la lucha de Vietnam cautiva a los jóvenes. Era una época en que el marxismo constituía un paradigma central para las izquierdas.

Salvador Allende mantuvo una vida masónica activa, aunque en varios períodos en “sueño”; realizaba permanentes visitas a las logias en Chile y en los países latinoamericanos que visitaba, incluso siendo Presidente de la República.

Buscó en la Orden comprensión para su proyecto y respaldo en su compromiso, y luego apoyo para una salida a la crisis que vivía Chile, como lo demuestra la asistencia a la Logia Mosaico 125 el 6 de septiembre de 1973. No logró, sin embargo, que los masones masivamente respaldaran su intento de cambio ni que la Masonería jugara un papel moderador decisivo. Juan Gonzalo Rocha incluye diversos testimonios y entrevistas en que se reitera que elegido un Presidente masón, debe mantenerse una distancia entre Morandé 80 y Marcoleta 659.

Esas diferencias de criterio se hicieron patente una vez ocurrido el golpe militar. Las divisiones irreconciliables que había en la sociedad chilena de entonces se manifestaron también en la Orden, que como tal, se cuidó de sufrir una persecución semejante a la que padeció con el régimen de Franco en España.

Durante el gobierno de la Unidad Popular se pueden distinguir dos etapas bien diferentes: el gran impulso inicial hasta fines de 1971 y el desarrollo de la crisis y la búsqueda de una salida democrática. Poco habla el libro sobre Allende como político en esas diferentes coyunturas. Sí nos trae luces sobre la trágica escenificación del desenlace del Presidente muerto en la Moneda la mañana del 11 de septiembre de 1973.

El libro en dos ocasiones remite al recuerdo que Allende tenía de la valiente actitud de Pedro Aguirre Cerda frente al conato militar del Ariostazo. Sus expresiones, sin duda, sirvieron de inspiración a Allende para el discurso en el Estadio Nacional despidiendo a Fidel Castro de Chile y para ciertos pasajes de su última alocución.

Durante la UP Chile su sumergió en su propia profundidad como sociedad. Cayeron los velos de la mentira y surgió un país injusto y violento, que el Presidente no pudo conducir.

Hay que tener en cuenta que en el mundo se estaba preparando un fuerte cambio en dirección opuesta a la pensada por Allende: globalización de los mercados, revolución de las comunicaciones, unidas a la caída de la URSS, crisis del Estado de bienestar, el vuelco modernizador de China, la ola neoliberal y los regímenes de fuerza en América del Sur.

Hobsbawm ha escrito la historia del siglo XX – al que ha llamado el siglo de los extremos – y ha calificado con el adjetivo de corto, porque partiendo con la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, concluiría con el derrumbe del Muro de Berlín; para nosotros ese siglo también fue radical y terminó anticipadamente en 1973 con la muerte de Salvador Allende.

Este libro nos hace conocer una faceta importante de su pensamiento y de su acción. Su compromiso con la Masonería no fue adjetivo, ni secundario.De allí se nutre su adhesión a las libertades públicas, al pluralismo, a los principios y a los métodos democráticos. El ideal de realizar los cambios mediante el derecho haciendo que la sociedad civil y en general los ciudadanos den un nuevo brío a las instituciones democráticas mediante canales adecuados de participación, sigue siendo una exigencia vigente.

La crítica a la democracia que ha provocado la crisis internacional desde 2008 hasta ahora, especialmente en las nuevas generaciones, no es destructiva. No busca aniquilarla.

Por el contrario, se trata de devolverle su fuerza original, de remozarla para volver a conjugar efectivamente los ideales de libertad, igualdad y fraternidad.

Octavio Paz escribió: “Quisimos ser las hermanos de las víctimas y nos descubrimos cómplices de los verdugos, nuestras victorias se volvieron derrotas y nuestra gran derrota es quizá la semilla de una gran victoria que no verán nuestros ojos”.

En la búsqueda de nuevos paradigmas, bajo la presión de la acción política, quienes vivimos el drama de 1973 tuvimos una segunda oportunidad de comenzar a abrir las grandes alamedas. Y en ese caminar nos ha acompañado Allende.

Comentario al libro de Juan Gonzalo Rocha, Salvador Allende masón.

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12 sep 2012

La triste verdad de los “emblemáticos” de Providencia

La verdad es que cuesta creer que la realidad de los tan mentados Liceos Emblemáticos de Providencia, esté tan distante de lo que las mediciones de PSU y SIMCE nos señalan cada año.

Es difícil dimensionar los problemas que tienen nuestros liceos y colegios, si pensamos que nuestra comuna, es sin duda, una de las más ricas de Chile.

Durante el último mes, nuestros liceos se han mantenido en una angustiosa dinámica de tomas, desalojos, retomas y paros. Tanto así, que la convivencia al interior de ellos, es cada vez más desagradable. Las llamadas comunidades educativas están virtualmente destruidas. Las relaciones entre sus diferentes estamentos, ya no puede ser más tensa. Las confianzas están rotas y el manejo interno de estos, se hace por momentos, insostenible.

Para los que conocemos la realidad de estas comunidades educativas, sabemos muy bien que el problema no son las tomas, sino el síntoma de los problemas ocasionados por años de abusos de autoridad, nula participación, mala administración y en muchos casos, el abandono en que el sostenedor de nuestros liceos, la Corporación de Desarrollo Social de Providencia, encabezada por su presidente el alcalde Cristian Labbé, tienen sumido a estos establecimientos, tanto en su infraestructura como también en su implementación.

Es sabido, entre los apoderados, que si no fuera por el esfuerzo que sus centros de padres hacen los liceos no tendrían ni las mínimas condiciones para funcionar.

En la actualidad, el Liceo 7 de niñas tiene gravemente comprometido su funcionamiento, por falta de material didáctico. Históricamente los apoderados de este liceo hemos pagado anualmente una importante cantidad, la que es administrada por el Centro General de Padres, y con el cual se compra el papel para las guías de trabajo y pruebas, suministros para las fotocopiadoras, plumones para pizarrones, borradores y casi todo lo que los profesores necesitan para trabajar.

Lo anterior, pese a que la Ley General de Educación establece claramente en su artículo 46 letra j, que es el Sostenedor el que se debe hacer cargo de financiar el mobiliario, material didáctico, etc.

¿Es posible pensar entonces que las alumnas del liceo 7 se mantengan con la cabeza gacha mientras ven como se vulneran sus derechos?

En nuestros liceos, la posibilidad de organización y participación de alumnas y alumnos en sus asociaciones naturales, como lo son los centros de alumnos son continuamente coaccionados y limitados por los equipos directivos.

La posibilidad de llevar una sana convivencia democrática al interior de estas comunidades son vulneradas por directoras y equipos directivos, que hace rato perdieron la brújula en su misión pedagógica y en algunos casos han llegado a creer que son más bien una especie de policía política de la actual administración edilicia.

Una muestra de ello es la Directora del Liceo Alessandri, quien a comienzos de año, destituyó sin mediar argumento legal posible al Presidente del Centro de Alumnos, llamó a elecciones, constituyó el TRICEL y direccionó de la manera más grosera dichas elecciones. Resultado, los alumnos han superado en los hechos, a la directiva del centro de alumnos, y el liceo se ha mantenido en toma y paro por el último mes.

Solo en el mes de agosto de este año, los alumnos y alumnas han marchado en tres ocasiones, en absoluto orden, a entregarle sus petitorios al alcalde Labbé. En cada una de ellas, lo que han recibido a cambio, es primero, que el señor Labbé nunca los ha recibido y segundo, jamás atendió sus peticiones.

La gran verdad que viven a diario nuestro hijos e hijas en los liceos de Providencia nos habla de casinos con capacidad para 100 alumnos(as) en liceos donde hay más de 1000.Liceos que no cumplen con el espacio físico mínimos para la cantidad de matriculados, incluso con menos baños de lo que la norma indica.

La realidad nos habla de 45 computadores para un liceo que tiene más de 1300 alumnas, nos habla también de constantes problemas de suministros en el material didáctico, de nulo respeto por las orgánicas de los alumnos(as), de plagas de baratas y ratones. De colaciones de mala calidad y escasas en cantidad. Nos habla de infraestructura deficiente e insuficiente.

Pues bien, frente a esta realidad, las tomas son solo un síntoma de una enfermedad que nos viene atacando hace años. Frente a esta realidad lo único cierto es que la mayoría de nuestros alumnos(as) no están dispuestos a seguir en silencio. Muy por el contrario hoy quieren ser escuchados.

Nuestros alumnos(as), son hijos de la segregación más brutal que el sistema educacional chileno puede imponer. Más del 90% de ellos no viven en Providencia. Cada uno de ellos representa lo más granado de los estudiantes de otras comunas de nuestra capital. Cada uno de ellos es por sí mismo fruto del esfuerzo y sacrificio personal y de sus familias.

No se confunda los liceos de Providencia no son de excelencia, los liceos de Providencia son de exigencia y es por eso que las mediciones de la PSU y SIMCE son lo que todos conocemos.

Pero lejos de que la autoridad comunal los acoja, los escuche y les agradezca, se entrevera en una batalla absurda de poder y supremacía, que tiene a las comunidades educativas al borde de la crisis total.

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12 sep 2012

Comadre Raquel ¡hasta siempre!

No hace muchos días que la encontré por última vez. Y como cada vez que le preguntaba cómo estaba, me respondía “más o menos”, con algunos problemas de salud en los que no gustaba ahondar. Pero se hacía el ánimo para ir a todos los eventos donde sabía encontraría a sus amigos periodistas, su gran familia externa.

La conocí el día que rendí examen de admisión en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. Alta, delgada, de pelo oscuro y ojos verde pardo, se paseaba entre las filas de los estudiantes mechones que en 1956 rendíamos examen para alcanzar un puesto en la Educación Superior previo pago entonces de una matrícula irrisoria. En un comienzo pensé que era una profesora. Pronto supe que también era una postulante, pero como alumna de Psicología entonces, estaba colaborando con el examen de admisión en aquel tramo sicológico que entonces nos hacían.

Asistimos juntas a la primera clase en el flamante local de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile en calle Los Aromos, al fondo del ex Pedagógico de Macul.

El profesor Ramón Cortez Ponce, con su vozarrón impresionante y su melena blanca, nos abrió esa mañana el horizonte al mundo de la noticia con una afirmación que no olvidé: los primeros periodistas de la historia fueron los Doce Apóstoles, pues se encargaron de difundir al mundo la Buena Nueva. Y nosotros, aprendices de chasqui, nos conmovimos, incluso Raquel, entonces escéptica e incrédula, dos ingredientes indispensables para hacer de ella la excelente periodista que fue.

En esas aulas de calle Los Aromos, junto a colegas como Abraham Santibáñez, Tedy Córdova, Silvia Pinto, Erica Vexler o Toño Freire, seguimos aprendiendo de la palabra erudita de Leopoldo Castedo, la sabia de Raúl Aicardi, la acompasada de Abelardo Clariana, la experta de un Mauricio Amster. La enérgica y definitiva de Lenka Franulic.

Lenka siempre distinguió a Raquel con su preferencia, quizá viendo en esa joven periodista en ciernes la brillante profesional en que se convertiría.

En 1957, cuando éramos aún sus alumnas, nos invitó a participar de “Apuntes”, un programa casi feminista, pues se anunciaba como “un espacio escrito, hablado y dirigido por mujeres”.

Lenka dirigía, Licha Ballerino era la reportera estrella, y nosotras simples ayudantes, mientras las voces de tres locutoras, Mirella Latorre, Eliana Bocca y Elina Zuanic voceaban nuestro trabajo por las ondas de Radio Minería. Digo “casi feminista” porque no hablábamos de la igualdad de oportunidades, sino demostrar que podíamos hacer un tan buen programa noticioso como aquellos dirigidos por hombres.

Poco antes de terminar los estudios, Raquel y yo comenzamos a trabajar en el Departamento de Prensa y Radio de la Universidad de Chile, que por entonces, bajo la conducción del maestro Raúl Aicardi ya se preparaba para salir al aire como el Canal 9.Reporteábamos el quehacer de la Universidad y lo transformábamos en programas radiales que salían al aire a… las 8 de la mañana de los días domingo. Nada ha cambiado.

Esos primeros pasos juntas en el periodismo continuaron hasta que ambas conseguimos empleo en la vieja Empresa Zig-Zag. Desde ese umbral nuestros caminos comenzaron a separarse: yo ingresé al de los espectáculos en “Ecran” y Raquel al de la crónica policial en revista “Vea”.

Luego vendrían los tumultuosos años 70, donde cada chileno debió tomar partido.

Raqui tomó el del periodismo independiente y objetivo que defendió hasta su último suspiro, y yo, el de la trinchera. Ambas quedamos cesantes en el fatídico 73. Se nos cerraron los medios masivos y cuando creé y dirigí una revista femenina para el desaparecido supermercado Unicoop — uno de cuyos fundadores fue el Cardenal Silva Henríquez–, aceptó el “pituto” que le ofrecí sin mucho entusiasmo. Fue una anécdota en su vida profesional. No tardaría en surgir y volver a fulgurar en los medios masivos por su talento innato.

Recibió todos los premios periodísticos existentes, desde el “Lenka Franulic” de la Asociación de Mujeres Periodistas, hasta el Nacional de Periodismo. Pero lo mejor: consiguió el reconocimiento y el respeto del lector o televidente que valoró su coraje para sacar de mentira verdad a los más brillantes o a los más oscuros personajes de un dividido Chile.

Nadie sabía de qué lado estaba. Jamás revelaba por quién había votado aduciendo “el voto es secreto”. Su técnica era la del “abogado del diablo”: cuando entrevistaba a un personaje de derecha, le lanzaba preguntas como si provinieran de la izquierda y cuando era de izquierda, le disparaba como una tradicional derechista.

Recibió más de un insulto de uno o de otro lado, pero persistió hasta el final: la verdad que busca un periodista de política sólo podía alcanzarse desde la independencia. Fue su sello profesional. Sólo en noviembre último, en una entrevista en televisión, dejó entrever que su corazón estaba bien afirmado en el centro.

La vida nos llevó por distintos caminos, nos desarrollamos en distintos círculos, pero conservamos un preciado tesoro: compartí su alegría el día en que, hace más de medio siglo, nació Juan Eduardo, su único hijo. Y con Eduardo, su marido, me eligieron como madrina de bautismo. Confieso que he sido una “madrina cacho”. No he cumplido mi papel como es debido. Por eso ahora, Juan Eduardo, en los momentos en que más lo necesitas, te ofrezco todo el cariño que la “nina” te adeuda.

Así, me sumaré al calor de los brazos de sus numerosos hermanos, sobrinos, sobrinos-nietos, amigos y colegas para que Raquel pueda descansar tranquila, segura de que su tesoro que dejó en tierra estará bien abrigado.

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12 sep 2012

Habrá que rezar para llegar a Brasil

La tozudez de Borghi y la colaboración del árbitro peruano Víctor  Carrillo,  fueron decisivos en la derrota de Chile ante Colombia por 1-3. La roja retrocede en la tabla de posiciones y  requiere correcciones urgentes para confiar en la clasificación al Mundial.

“Quien nace chicharra (Insecto cantor) muere cantando”, decía un viejo proverbio y Claudio Borghi lo encarna. El DT de la selección de Chile es enemigo de defender, de preocuparse del rival y asumir estrategias de juego. La libertad total a sus jugadores es la idea matriz, la manera de jugar que le agrada y no la cambia por motivo alguno.

No aceptó que los jugadores de la “U” se quedaran en la selección y llegaran el viernes y no el jueves a Juan Pinto Durán y los excluyó. El principio de la disciplina, que no es su virtud, estaba en entredicho.Ellos eran la base de la defensa de la selección, que fue lo peor del equipo ayer.

Prefirió improvisar con Arturo Vidal el mejor mediocampista del fútbol italiano, como líbero, quien le dijo que no le gustaba el puesto y no había jugado en esa posición todo el año. Pero no…con Vidal aseguraba (creía) que Falcao no marcaría un gol. El colombiano hizo uno y pudo hacer dos más.

Quedó con 10 jugadores en el primer tiempo por expulsión de Medel quien se dio de empujones con Perea, agredido por éste. Perea se tiró al suelo, agarrando su cara, disfrazando la falta que Carrillo vio a menos de medio metro. Prefirió escudarse en el guardalíneas, que estaba tapado por los jugadores y sancionó sólo a Medel. Chile terminó ganando el primer tiempo, gracias a un certero disparo de Matías Fernandes.

Se pensaba que volvería el segundo tiempo con la defensa reforzada para defender la ventaja, sacando a uno de los “goleadores”, Sánchez o Suazo, que no habían superado una vez a algún defensa colombiano ni disparado al arco.Era una locura hacerlo para el DT.Mientras, la defensa roja hacía agua y Bravo se transformaba en figura.

Y por fin vino el cambio: a los 67 minutos sacó a Isla y lo reemplazó por el puntero Junior Fernandes quien tocó el balón recién 10 minutos después. Y Colombia empató, lo que se veía venir. A defender la igualdad se pensaba ahora y sacar por lo menos un punto.

Llegó el 2-1 y demoraba el refuerzo en defensa. Y vino el cambio. Pinto por Suazo!!!!!

Colombia convertía a Bravo en inexpugnable. La defensa hacía agua y el Niño maravilla salía a los 81 minutos reemplazado por Pinilla.45 mil hinchas en el Monumental.

Y todo el país lo vio y sufrió. Una desilusión, para lo que habrá las explicaciones de siempre: el árbitro, la mala suerte, no nos arratonamos.

Se supone que Borghi vio el partido de Colombia con Uruguay, donde los “cafeteros” marcaron a los defensas uruguayos y le hicieron cuatro. Eso mismo hizo en el Monumental y Chile se paralizó.

Los defensas nacionales se demoraban en desprender del balón y no tenían auxilio del mediocampo o atacantes. El balón pasaba constantemente a Bravo para que despejara a cualquier parte.

Colombia avanzó siempre tranquilamente hasta la zona defensiva chilena. Sus defensas nunca fueron presionados. No es tarea de Suazo ni de Sánchez en el esquema Borghi.

También Borghi se olvidó de la mala actuación frente a Ecuador en Nueva York, con un equipo apático, que no molestó a nadie, no anticipó, ni encaró. Se suponía que todo eso corregiría, más aún jugando de local, donde hay que apremiar y ahogar al visitante. Eso es demasiado para el DT nacional.

El fútbol se juega como un entrenamiento. Sin exigencias ni esquemas. Si el rival no lo usa, se puede hasta ganar. Por eso los altibajos. Cuando en los partidos anteriores, no encontró problemas ganó. Cuando los tuvo, fue goleado. En la primera rueda de las clasificatorias, terminan las experiencias y quedan dos encuentros.

Queda todavía una rueda y todos se preparan para revertir los resultados y ya lo hacen corrigiendo errores. Si los demás lo hacen y Chile no, las posibilidades se ven difíciles.

Hasta los colistas están mejorando.

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11 sep 2012

Cuestionamientos al DS. sobre licitación del litio

El litio no puede ser objeto de concesión minera. La exploración, explotación y beneficio del litio puede ejecutarse directamente por el Estado, o por sus empresas, o por medio de concesiones administrativas o contratos especiales de operación (CEO), este último fue el mecanismo que utilizó el Gobierno de Piñera.

No basta la decisión política de hacer licitaciones a través de los Contratos Especiales de Operación.El Presidente de la República,por mandato constitucional, a través de un Decreto Supremo debe fijar para cada caso los requisitos y condiciones de este medio de licitación del litio.

El instrumento respectivo de la actual licitación del litio es el Decreto Supremo N° 16 de fecha 02 de abril de 2012, que establece requisitos y condiciones del contrato especial de operación para la exploración, explotación y beneficio de yacimientos de litio que el Estado de Chile suscribirá, conforme a las bases de licitación pública nacional e internacional, por una cuota de hasta 100.000 toneladas de litio metálico.

En los momentos que estamos llegando a la etapa de la apertura, evaluación, selección y adjudicación de la licitación del litio chileno, conviene destacar algunos cuestionamientos en torno al instrumento jurídico específico que debiese resguardar los intereses de nuestros recursos naturales. Nos referimos, precisamente, al Decreto Supremo (DS) N° 16 emanado del ministerio de Minería.

En primer término, destacar que la principal responsabilidad sobre este DS recae en el Presidente de la República, es a él a quien la Constitución Política mandata directamente para fijar en cada caso los requisitos y las condiciones para licitar el litio.

La normativa chilena permite que se pueda delegar en el Ministerio respectivo la facultad de dictar dicho DS, pero en este caso llama la atención – atendiendo la importancia del tema – que el DS haya sido firmado por el subsecretario de Minería.

Es de público conocimiento la relación de parentesco entre el ministro de Minería y un alto ejecutivo del negocio del litio. El secretario de Estado, definido como colaborador directo del Presidente de la República, no está cumpliendo dicho rol en el caso del litio.Tampoco es suficiente que se inhabilite de firmar el respectivo DS para salvaguardar las normas de probidad.

En tal sentido, hay que destacar el hecho de que el Comité Especial de Licitación (CEL) esté presidido por el subsecretario de Minería y no por el Ministro. Recordemos que el CEL tiene importantes funciones, como velar por el fiel cumplimiento de los  procedimientos de licitación del litio, realizar la evaluación de los requisitos administrativos y constatar la mejor oferta de la licitación.

Teniendo claro que la responsabilidad es del Presidente de la República – y no de un funcionario subalterno a él – continuaremos desarrollando nuestras dudas y cuestionamientos respecto al DS N° 16 del ministerio de Minería, teniendo presente la obligación constitucional de Piñera de fijar los requisitos y condiciones de la licitación del litio.

Llama la atención que se permita al contratista, transcurrido a lo menos tres años de vigencia del contrato de licitación del litio, enajenar en cualquier forma los derechos y obligaciones de la licitación, sin un mayor resguardo, pudiendo entrar al negocio estratégico del litio cualquier persona natural o jurídica, aun cuando no haya participado de la licitación o haya sido rechazada en dicho proceso, y conforme a sus propios intereses económicos y políticos. Los resguardos de esta futura reprivatización son mínimos y formales, quedando a merced del interés foráneo, en cualquier momento después de los primeros tres años.

Cabe consignar que de los antecedentes recogidos, nos queda la duda si los estudios de mercado del litio habrán sido suficientes para tomar la decisión presidencial.

Una curiosidad de la licitación del litio es que pueden participar y calificar empresas con protestos aclarados y con morosidad, situación en que el Decreto Supremo respectivo debió ser más exigente.

Además, el Presidente de la República no estableció ningún requisito o condición mínima respecto a la industrialización del litio, como por ejemplo el señalado por el gobierno boliviano que está interesado en su explotación a condición de que el litio se exporte industrializado y no se venda como simple materia prima. Ninguno de estos resguardos se estableció en el DS N° 16 y tendrán que ser revisados en la implementación de políticas públicas sobre el litio en un próximo gobierno.

Tampoco el DS N° 16 propone la definición de un Instituto de Estudio del litio que tenga algún rol en la presente licitación del mineral, perdiéndose la oportunidad de desarrollar acuerdos público-privado que incorpore investigación y desarrollo en una industria emergente.

Mención aparte merece el análisis del Decreto Ley N° 2886 dictado en plena dictadura militar, que establece en su artículo 5° que, por exigirlo el interés nacional, desde la fecha de vigencia de este decreto ley, el litio queda reservado al Estado. Dándole un carácter estratégico al litio e incorporando a la Comisión Chilena de Energía Nuclear en la celebración o ejecución de cualquier acto jurídico del litio extraído, tesis sostenida por la Comisión Chilena del Cobre. Situación que no resguardó a plenitud el DS de Piñera, ni tampoco lo estableció en sus considerandos.

Lo anterior se pretendió salvaguardar a través de un acuerdo del Consejo Directivo de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, de discutible legalidad y con una fecha posterior al Decreto Supremo N° 16 (sesión ordinaria del 27 de abril de 2012), mediante una fórmula de autorización general que tendrá que ser reconsiderada en un gobierno futuro, y que los oferentes de la licitación deben tener muy presente antes de firmar el contrato especial de operación del litio.

Finalmente, conviene señalar que nuestro litio se está licitando sobre un “valor base” de tan sólo US$ 5.000.000 (cinco millones de dólares) aproximadamente, lo cual no se condice con un negocio que por el sólo concepto de recaudación fiscal espera recibir US$ 230.000.000 (doscientos treinta millones de pesos) según proyecciones del propio Estado.

En definitiva el Decreto Supremo N° 16, que debió establecer los requisitos y condiciones mínimas de la licitación del litio mediante contratos especiales de operación, no cumple su rol ni fundamento, dejando muchas preguntas, dudas y vacíos que tendrán que ser revisados en un próximo gobierno.

Los inversionistas privados deberán tener muy presente estos cuestionamientos antes de ingresar al negocio del litio.

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11 sep 2012

Contra la desigualdad

Para Norberto Bobbio, una de las líneas divisorias entre la izquierda y la derecha es aquella mirada sobre la “igualdad” que cada grupo impulsa o defiende. Tanto se ha hablado de la “izquierda” en este último tiempo que el propio concepto parece perder su substancia, de la misma manera que lo fue perdiendo el concepto de “progresismo”, que ya nadie sabe que es o a que se refiere. Los mismos riesgos suceden con la “izquierda”, pues estamos a un paso que “ser” de izquierda no signifique nada o casi nada.

La discusión bizantina sobre el “frente de izquierda” que han impulsado ahora los “reconvertidos” de la Concertación, nos pone frente a una dicotomía, quizás insoluble: vivir entre lo que somos y entre lo que podemos.

De lo que somos, más vale ser cautos, pues ya el existencialismo nos ha dado una respuesta irrefutable: somos lo que hacemos. Y si bien somos lo que hacemos, nos pretendemos catalogar por lo que no hacemos (y que no podemos hacer); es decir, creemos ser aquello que no hacemos. Vaya paradoja la que se nos presenta en la política.

Somos de izquierda pero hacemos política de derecha, se les espeta a los más “conservadores”, cuando quienes critican se dicen de izquierda, pero por razones estratégicas, tácticas u otras, terminan votando al final del día con la derecha.

Y entre el ser y el poder, se encuentran resumidos los últimos dilemas de la oposición al Gobierno.

La reforma tributaria es uno de esos dilemas. ¿Podemos hacer la reforma tributaria que queremos? La respuesta es no, porque no tenemos el poder. Y, aun cuando lo tuviéramos, requeriríamos de la derecha en la discusión parlamentaria.

Entonces ¿hacemos lo que podemos? La respuesta es sí, aunque tal posición carezca de la épica o la mística exigida por la ciudadanía. Y bueno, si la ciudadanía –como se dice hoy por hoy- exige coherencia, coraje y líneas divisorias entre lo que somos y lo que son los otros, tendremos que correr el riesgo de rechazar todas las propuestas del Gobierno porque no estamos de acuerdo con ellas. ¿Así, la ciudadanía nos daría una medalla de oro?Más bien nos preguntaría porque impedimos que hubieran no sé cuantos millones de dólares para la educación.

Además hay otra cosa añadida a este dilema. Para quienes requieren y necesitan “llamarse” de izquierda, tal condición viene a atribuir al ser humano un carácter sacro-santo. Claro está. Los de izquierda son los buenos y los de derecha son los malos. Esta posición totalitaria –para ser estrictos en el término- tiende a socavar los esfuerzos de diálogo necesario que los tiempos exigen en el ejercicio de la política.

Aun cuando la disputatio de nomine se mantiene, no solo me parece vigente la macro clasificación del universo político entre izquierda y derecha, sino que además pienso que la izquierda se define por su combate en contra de la desigualdad. Norberto Bobbio vuelve a la palestra. Nos corresponde derribar el mito de que el gran problema de América Latina y del país es la pobreza, cuando todos sabemos que se trata de la desigualdad, aun cuando la tarea es más difícil en la medida de que el Gobierno nos pretende convencer de lo contrario, auto-felicitándose por haber eliminado por secretaria a un “puñado” de “pobres”.

La desigualdad en educación, la desigualdad en salud, la desigualdad en el mercado laboral, la desigualdad en seguridad pública, y suma y sigue. Esa es nuestra tarea, y por ello es que me parece insensato pedirle al Gobierno lo contrario de lo que ha sido la trayectoria histórica de la coalición política que lo sustenta: dejar de defender a una porción de privilegiados, que han acumulado riqueza ajena por doscientos años en el país, es algo que no están dispuestos a transar.

Las cosas son más difíciles todavía cuando el debate sobre el “cómo” es también la orden del día en los partidos, fuerzas y movimientos políticos ubicados en la Oposición, que han logrado mantener una línea gruesa de acuerdos sobre el tema.

La derecha permanentemente introduce la cuña conceptual de que, y en primer lugar, todos por naturaleza somos desiguales, y que luchar por la igualdad es una batalla anti natura.

Aun más, se solaza retóricamente diciendo que la igualdad es la antípoda de la diversidad, y que en el pluralismo está la mayor riqueza de una nación como la nuestra. Y, naturalmente, como nadie está –o puede estar, al menos en los tiempos que corren- en contra del pluralismo, la derecha parece aventajada en este debate.

Sobre todo, cuando pretende convencer a la ciudadanía de que lo que necesita el país es una “sociedad de oportunidades”, y que en este objetivo radica su lucha en contra de la desigualdad.

Ante conspicua manera de torcer los argumentos, solo cabe a la Oposición dar un “giro a la realidad”, como dicen los españoles. O sea, el problema no son las oportunidades, sino las condiciones. Para que las oportunidades sean iguales, resulta indispensable igualar las condiciones. Ahí radica, desde mi punto de vista, el punto neurálgico de un futuro programa de Gobierno para el país.

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11 sep 2012

Recuerdos del 11 de septiembre de 1973

En los primeros días de septiembre de 1973, mi padre, preocupado por las inundaciones y un terremoto que había sufrido México, nos pidió que fuéramos a ese país con Tencha para expresar nuestra solidaridad. Regresamos el domingo 9 de ese mes y nos fue a buscar en un ambiente cargado de tensión.

Repaso la noche del 10 de septiembre. Fui a cenar a Tomás Moro y llevé muy orgullosa mis regalos traídos desde México. Entre ellos, dos chaquetas de verano. Mi padre interrumpió la conversación que tenía con sus asesores para probárselas en el baño.

Espontáneamente dijo: “Espero alcanzar a usarlas”. Me sorprendí al oírlo y apenas logré musitar: “¿Tan mal estamos?” El Chicho intentó tranquilizarme.

En la cena de trabajo estaban varios colaboradores, entre ellos Orlando Letelier, Carlos Briones, Augusto Olivares, Carlos Jorquera y Juan Enrique Garcés.

Todos discutieron el plebiscito que pensaba anunciar el Presidente -el mismo día 11- para salir de la grave crisis política que vivíamos. Intentamos que la cena fuera normal, pero varias veces fue interrumpida por diferentes llamadas con datos alarmantes de desplazamientos de tropas y otros rumores. Al despedirme de mi padre me llamó la atención que pidiera que me escoltara un coche, pues sabía muy bien que andaba siempre sola y sin protección.Me fui en mi propio auto, el mismo que al día siguiente ocupé para ir a La Moneda.

Esa noche me dormí agotada. Las llamadas comenzaron muy temprano el 11, pero no contesté porque estaba cansada y no quería oír más rumores. Finalmente, una llamada de Patricia Espejo, que trabajaba junto a mi hermana Tati en la secretaría privada de La Moneda, me advirtió que había golpe y que mi padre ya estaba en el palacio presidencial.

Sin pensarlo dos veces, me vestí muy rápido. Tal como había convenido con mi marido -después del intento de golpe conocido como el tanquetazo- me dirigí hacia La Moneda y él se llevó a mis dos hijos.

No fue fácil llegar hasta allá. Logré dejar el auto a un par de manzanas. Entré faltando pocos minutos para las nueve de la mañana. Como mi vehículo no tenía radio, durante el trayecto no escuché ningún bando militar. Hasta ese momento, Carabineros patrullaban las calles y al identificarme como la hija del Presidente me dejaban pasar.

Es imborrable para mí la cara de sorpresa de Tati cuando me vio entrar. Ella me pidió que me retirara a Tomás Moro, que creía lugar seguro. Me negué. Más tarde, esa residencia fue bombardeada aunque en ella sólo estaba mi madre. Al ingresar en la oficina hablé con Eduardo Paredes, quien intentó convencerme que me fuera porque “esto será hasta el final”, mientras empuñaba un arma. En ese momento yo esperaba -o deseaba- que ese día sólo hubiera otro tanquetazo, rápidamente sofocado.

En el rostro de mi padre advertí una mezcla de sorpresa e incredulidad cuando me vio, junto con lo que creo era una íntima satisfacción de sentirse cerca de sus dos hijas, aunque -debo reconocerlo- nuestra presencia le perturbaba profundamente.

Poco después, nos reunió a todos los presentes en el Salón Toesca.Recuerdo de sus palabras la decisión de quedarse en La Moneda, porque ése era su lugar, el que correspondía a un Presidente constitucional.Dijo que él no iba a dimitir y que había rechazado las ofertas de abandonar el país. Pidió, en cambio, que sus asesores dejaran el Palacio, ya que no estaban entrenados para usar armas y porque el mundo debía conocer lo que pasaba.

Había un gran contraste entre su decisión de quedarse y combatir, para dar una lección moral a los “traidores que rompían la ley” y la serenidad con que conducía y se preocupaba de todos los detalles de la defensa. Mi hermana y yo tuvimos varios diálogos muy difíciles con él, quien primero nos pidió, luego nos rogó y, después, con desesperación, nos ordenó salir ante nuestra resistencia.

Finalmente, con mucho dolor, accedimos. Él estaba convencido de que respetarían su solicitud de un vehículo militar para alejarnos de La Moneda.Al salir vimos que no sólo no había ningún vehículo, sino que el silencio y la soledad eran totales. Todas las tropas que atacaban el Palacio se habían retirado. Alcanzamos a cruzar al otro lado, cuando comenzó el bombardeo, y nos alejamos en dirección opuesta al palacio, en medio de tiros aislados.

Intentamos quedarnos en un hotel pero lo dejamos al escuchar, en la recepción, una radio que decía: “Frente a la resistencia encontrada en Tomás Moro, la Fuerza Aérea se ha visto obligada a bombardear”. Las lágrimas que no pude contener, pensando en Tencha que estaba sola, nos delataron.

Habíamos salido seis mujeres y por alguna razón nos perdimos y sólo quedamos cuatro.Caminamos hasta la calle Santa Lucía. Allí hicimos autoestop, con la suerte que se detuvo un vehículo grande. Subimos diciendo que éramos secretarias y que no teníamos nada que ver con lo que pasaba. Nos llevó hasta la plaza Italia, donde había un fortísimo control militar y por primera vez vimos gente detenida, caminando con los brazos en alto.

Mientras un militar revisaba los documentos del conductor, Tati, con un embarazo de siete meses, fingió tener contracciones, lo que nos permitió pasar sin más contratiempo. Más allá, por indicación mía, nos bajamos y, por una corazonada, me acordé de una compañera de trabajo que vivía cerca. Aunque nunca había estado en su casa, nos recibió con enorme cariño y preocupación.

Allí establecimos los contactos telefónicos. Poco a poco nos enteramos. Tencha a salvo: entre bomba y bomba logró salir y estaba en casa de Felipe Herrera. Más tarde supimos de la muerte del Chicho y también de la de Augusto Olivares. Pasamos una noche de gran tristeza, todas con el alma encogida. No hay palabras para describir ese dolor.

Los sufrimientos siguieron al día siguiente. Después de complicadas negociaciones dijeron que nos autorizarían a asistir al entierro de Salvador Allende. Pero como usaron ese pretexto para atacar la Embajada de Cuba y habían herido en una mano el embajador, resolvimos no ir. Sentimos más dolor e impotencia.

En la tarde vino un jeep militar con mi cuñado para buscar a Tati, porque se decretó la expulsión de los cubanos. Allí acordamos con ella que llamaría al embajador de México.No tardó en aparecer con un salvoconducto, temiendo que en cada uno de los muchos controles nos descubrieran; pero la serenidad y presencia de Gonzalo Martínez, Embajador de México, permitió que llegáramos a la embajada.

Salimos con mi hijo Gonzalo a buscar a Tencha, la cual estaba muy dolida con todo lo que había pasado. Ella siempre dijo durante años que no sabía si efectivamente el que estaba en ese ataúd cerrado era Salvador Allende. Nos costó mucho convencerla que se fuera a la embajada con nosotros, porque deseaba quedarse en Chile y denunciar lo que pasaba.

Abandonamos el país un sábado 15 de septiembre por la noche, en medio de un gran despliegue militar y una gran tristeza. Nunca pensamos que el exilio iba a durar casi 17 años y que, en mi caso, 15 años después, el 1 de septiembre de 1988 -año del plebiscito- entraría a Chile desde Buenos Aires, con amenaza de deportación primero, una multa a Aerolíneas Argentinas y, en pleno vuelo, la sorpresa de un decreto que estableció el fin del exilio.

Sólo en democracia, y en el Gobierno del presidente Aylwin, pudimos trasladar los restos del presidente Allende desde el cementerio de Santa Inés, en Viña del Mar, para que estuviera sepultado en Santiago, según la tradición chilena, acompañado por ese pueblo que nunca le ha olvidado.

Rescatar nuestra historia y proyectarnos con fuerza hacia el futuro es una tarea prioritaria.Salvador Allende no es un mito sino una fuerza que está viva, si así somos capaces de asumirlo de cara al siglo XXI.

Pese a las pasiones que aún hoy existen en nuestro país, nadie puede negarle a Allende la calidad de un demócrata consecuente, defensor acérrimo de los más desposeídos y coherente hasta el sacrificio personal. Sus últimas palabras, con su voz tranquila agradeciéndole a los más humildes su apoyo y señalando su confianza en Chile y su destino, representan su estatura moral, la de un Presidente que prefiere morir por sí mismo que rendirse o entregarse.

El mejor homenaje que podemos rendirle es cuidar esa democracia que esperaba se restauraría en Chile, y por cierto, hoy a 39 años, este septiembre del 2012, nos reúne con su figura que se potencia especialmente entre las nuevas generaciones, y por eso, seguimos creyendo que el legado de Salvador Allende está más vivo que nunca.

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11 sep 2012

Allende, una vida sin muerte

Simplemente Allende es la figura más noble y revolucionaria de la historia de Chile.Es también la figura política más prestigiosa de esta parte del mundo.

No son pocos los hombres y mujeres de la Tierra que buscan como él, que creen, que anhelan como él.

Democracia y socialismo. Libertad y justicia.

Allende actualiza los ideales incumplidos de la Revolución Francesa.

Los ideales incumplidos de Occidente.

Era un realista y un romántico.

Un demócrata y un revolucionario.

Un pequeño burgués y un proletario.

Un hombre elegante que amaba a la mujer del pueblo.

Un dandy que quería de verdad –en la hora de su muerte se supo, si antes hubo dudas- al hombre de la calle.

Un pije de guayabera que no quería harapos para nadie.

Un marido de su mujer y un enamorado de su amante.

Un partidario de la vía pacífica que se defendió con las armas en la mano.

Un orador que improvisó su mejor discurso antes de culminar su mejor obra: su vida.

Enamorado de la vida, del mar, de las mujeres de Algarrobo, prefirió morir antes de vivir humillado.

Como todo enamorado empedernido y todo héroe – y es el héroe más grande de nuestra historia patria- se amaba a sí mismo. Su suicidio no destrozó su rostro. Lo calculó con la frialdad del convencido que seguiría viviendo eternamente y que tenía que cuidarse para ello.

Su estilo de vestir, de caminar, de hablar, de conversar, era un poco distante. Había inconciencia o subconciencia en él que le aseguraba una vida distinta y sin muerte, un paso para quedarse para siempre, un reposar pero al lado de Bilbao, de Arcos y de Balmaceda, suicidas ilustres, locos tan humanos que terminan organizándonos la vida.

Fue un hombre de su tiempo que pudo vivir en otro tiempo, en cualquiera de los que el primate contó desde que se autodesignó la dignidad.

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10 sep 2012

Deseos de un viejo vecino de la comuna de Estación Central

Hace unas semanas tuve la oportunidad de conocer al candidato a alcalde por Estación Central, Camilo Ballesteros. Quiero aprovechar para consignar algunas aspiraciones que tengo para esa comuna. He vivido en ella 12 años y en ella me toca votar para alcalde. Son siete las aspiraciones  que tengo.

-Desearía que se pusiera “Rodrigo Rojas” en la callejuela donde entregó su vida cuando la represión militar lo sacrificó junto a Carmen Gloria Quintana.

-Creo que habría que fomentar las Juntas de Vecinos y toda organización comunal para que dieran nueva vida a la comuna ejecutando en ella mil adelantos.

-Con la organización comunal, el alcalde deberá combatir la droga como enemigo número uno. Digan a los comerciantes de droga: “Váyanse, no los queremos aquí”.

-Que transformen la comuna en área verde plantando cada año mil o varios miles de árboles, confiándolos al cuidado y riego de los vecinos.

-Que eliminen a los perros vagos o callejeros con una muerte piadosa. Es más cruel tenerlos encerrados cuando nadie los quiere, que usar con ellos la eutanasia.

-Que no haya en la comuna hombres, mujeres o niños de la calle, sin casa para pasar la noche, que tengan un techo para albergarse.

-Respecto a la educación, el alcalde sabrá cómo contribuir a que la educación fiscal no solamente instruya sino también eduque. Que la educación pública no solamente saque buenas notas en las pruebas sino que sobre todo forje muchachos y muchachas responsables, estudiosos, empeñosos, perseverantes, solidarios.

Quisiera ver esta zona de Santiago que alberga lugares sagrados, como la tumba del padre Alberto Hurtado, y que ha sido el campo de tantos hermanos míos de religión, jesuitas, que se han desempeñado en las parroquias, en la Vicaría Oeste de Santiago…

…Ver esta zona actualmente un tanto postergada y envejecida, renacer con vigor de juventud y con la sanidad que da la religión, el trabajo, la colaboración de todos. Creo que un joven alcalde sabrá contribuir a que estas aspiraciones encuentren la mejor realización.

El servicio público es una gran tarea que ha de valorizarse y me complace ver que atrae a una juventud que quiere un Chile renovado.

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10 sep 2012

¿Se pondrá en riesgo la credibilidad de Sernac financiero?

La creación del Sernac Financiero tuvo como finalidad fiscalizar y denunciar las malas prácticas que ocurren en el mundo financiero, las que suceden como consecuencia de la complejidad de este mercado y desconocimiento del público en general.

Lamentablemente, al poco tiempo de haber sido creado, se utilizó su nombre de manera inescrupulosa por los mismos fiscalizados.

Lo anterior ocurrió, cuando algunas empresas usaron el logo de Sernac Financiero para aparentar que se ajustaban a las normas de Protección al Consumidor, con esto se pretendía hacer creer al cliente bancario que los productos ofrecidos cumplen con la ley, hecho que constituye un abuso y podría ser considerado como publicidad engañosa.

Dentro de la nueva normativa, se creó lo que se denomina Sello Sernac, en virtud del cual, las empresas voluntariamente someten a revisión todos sus contratos, para que sean certificados por Sernac. Dicha certificación se adquiere, única y exclusivamente si los contratos cumplen fehacientemente con la Ley de Protección al Consumidor, y además con los requisitos que exige el Reglamento sobre Sello Sernac, que entró en vigencia en julio recién pasado.

Además que los contratos se encuentren conformes a la ley, las empresas deben contar con un Servicio de Atención al Cliente y permitir que sus consumidores puedan recurrir a un mediador o Arbitro financiero para que resuelva las controversias, quejas o reclamaciones.

Cuando el ministro de Economía, Pablo Longueira, y el Director del Sernac, Juan Antonio Peribonio, presentaron la campaña del nuevo Sernac financiero, no se imaginaron que a solo meses de funcionamiento el servicio no quedaría exento de polémicas.

Con el lema “Más información. Mejores decisiones”, el nuevo departamento del Servicio Nacional del Consumidor prometía un auxilio para quienes se sintieran vulnerados por alguna entidad financiera, los que no son pocos tomando en cuenta el caso La Polar y los más de 13 mil reclamos que recibió el Sernac durante el 2011.

Sin embargo, su imagen comenzó a ser distorsionada por empresas con fines publicitarios, lo que conllevó al inicio de un procedimiento legal por el mal uso de un servicio que nos pertenece a todos.

Es por ello que hoy las empresas que vulneraron la imagen y logo de la entidad financiera, se enfrentarán a un proceso judicial.

Finalmente, y sin perjuicio, de las acciones colectivas que pueda iniciar el Sernac, en contra de estas entidades, los consumidores también pueden iniciar acciones personales cuando sientan que sus derechos como consumidores fueron vulnerados.

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