04 jun 2013

El blanco y negro del 21 de mayo

La Cuenta Anual del Presidente Piñera no fue una gesta heroica, e incluso el “enemigo” mantuvo una postura abúlica. Más bien, se trató de un recuento de las realizaciones de su Gobierno y un fiel reflejo de su compleja personalidad; de ahí el gran énfasis en los logros y la ausencia evidente de las insuficiencias.

Conviene partir con algunas precisiones del contexto en que se ha desarrollado su gobierno.

a) Se sabía desde el comienzo que no iba a realizar grandes reformas, sino profundizar algunos rasgos de la estrategia de desarrollo de los 20 años anteriores.Lo que prometió fue un avance cualitativo en la gestión pública, en la administración del Estado y, justamente ahí, se encuentra la mayor carencia.

b) Tal como lo señaló al comienzo de su discurso, se enfrentó con la catástrofe del 27F, pero ha tenido la habilidad de transformarla en una oportunidad.

c) Buena parte de las realizaciones enumeradas fueron posibles porque el Gobierno contó con una disponibilidad privilegiada de recursos financieros, gracias al elevado precio del cobre, los ingresos del “royalty” y el incremento de las entradas tributarias como consecuencia del crecimiento de la economía.

d) Se aprecia una notoria dosis de continuismo en las realizaciones -“más de lo mismo”- con las salvedades del caso, pero con escaso reconocimiento a la obra de gobiernos anteriores, especialmente al de Bachelet, lo cual no es sorprendente.(1)

e) Esta vez no reiteró los llamados a la unidad nacional, simbolizada en la búsqueda de acuerdos con la Oposición, que no duraban más de unos días, pues rápidamente volvía al tono agresivo característico de estos años.

La crisis del sistema político es cada vez más evidente y se requieren serias transformaciones, sin embargo, fue el gran tema ausente del discurso. Mostró a Chile como un país ideal, en pleno desarrollo y estabilidad, con una población satisfecha, escondiendo la profunda insatisfacción ciudadana y su rechazo tanto al Gobierno como a la Oposición, así como su desconfianza con la institucionalidad.

Otra deuda del Gobierno es la modernización del Estado, pues se suponía introducirían mejoras en la institucionalidad y gestión y, más aún, se reduciría el tamaño del sector público y se suprimirían programas poco eficientes e incluso inútiles.

Como era de esperar, Piñera puso un gran énfasis en los logros de crecimiento económico y aumento del empleo, haciendo comparaciones con el resto del mundo y con el Gobierno anterior.

La última referencia carece de una clara licitud, pues en los primeros años de esa administración el país enfrentó la crisis internacional que obligó a un ajuste interno, pero del cual se recuperó con rapidez, de tal manera que en 2010 la economía ya se encontraba en una rápida expansión que fue aprovechada por el nuevo gobierno, lo cual no atenúa los logros de haber continuado ese proceso.

Al menos, no se insistió en que Chile estaba ad portas del pleno empleo, una de las afirmaciones más peregrinas que se han difundido, cuando se observan las cifras de la calidad laboral, el subempleo y las jornadas ocasionales que caracterizan a una parte importante de la ocupación estadística del país.

Las políticas de fomento a las pequeñas empresas tuvieron una importancia menor en la exposición, a pesar de que la concentración productiva está pasando a ser una traba para el crecimiento futuro, especialmente por la lenta aparición de nuevos sectores dinámicos y la falta de definiciones en algunos cuellos de botella para seguir avanzando, como son los problemas energéticos, agua e infraestructura.

Lo mismo ocurre con el futuro del precio del cobre, tan determinante en la estrategia de desarrollo del país, especialmente por el desequilibrio productivo que ha ocasionado en el crecimiento chileno. Pero, los temas incómodos no estaban en el diseño del Mensaje.

Entre los logros debe señalarse la importancia que ha adquirido en los últimos años la defensa de los consumidores, tradicionalmente olvidados y postergados en las preocupaciones de las autoridades, a pesar del fuerte rechazo que generan en la ciudadanía los reiterados abusos que les afectan, consecuencia de la cartelización de la oferta productiva.

Respecto a la Ciencia, la Tecnología y la Innovación , después de tres años los avances han sido mínimos, a pesar que era uno de los aspectos programáticos destacados.

Las políticas sociales estuvieron en el centro de lo expuesto por Piñera, especialmente la Educación, el gran tema de los últimos años. Dedicó buena parte de su exposición a detallar los logros obtenidos, ya sea porque la presión social los impuso o porque la abundancia de los recursos financieros lo facilitaron.

En Educación Escolar se destaca el anuncio de un proyecto de reforma constitucional que haría obligatoria la enseñanza desde el Kinder, propuesta de valor principalmente simbólico, pues respalda uno de los grandes logros del Gobierno de Bachelet, que privilegió y desarrolló los estudios pre escolares como el centro de los esfuerzos por mejorar la equidad y la calidad de vida de la población.

También se anunció la creación de la Subsecretaría de Educación Superior, que sería un paso en la necesaria definición de una reforma integral de la educación terciaria.

En este mensaje no faltó el anuncio de bonos -en esta fiebre de sucesivos maná del cielo que está caracterizando las políticas públicas, el “bonismo”. Los proyectos de bono de maternidad y del tercer hijo, este último presentado tanto para favorecer la fertilidad (crecimiento de la población), como el robustecimiento de la familia (anuncio que acarreó algunas mofas por su carácter populista y su escasa efectividad).

El ingreso ético familiar es una iniciativa de interés pues, además de la ayuda entregada a las familias de extrema pobreza, se introdujo la política de las transferencias condicionadas, similar a los programas que ya se habían empezado en Brasil y México y que incluye el elemento que los recursos se otorgan por períodos decrecientes y siempre que los destinatarios cumplan ciertas condiciones en términos de escolaridad, salud y capacitación.

Hizo un llamado de atención sobre una tendencia negativa en el país: el énfasis en los derechos ciudadanos, dejando de lado su natural correlato: los deberes y responsabilidades, que son indispensables para lograr una sociedad justa.

Con posterioridad a su Mensaje, el Presidente Piñera no ha descansado, siguió anunciando más proyectos; incluso quiere emular la importante reforma de la previsión que llevó a cabo la ex Presidenta, anunciando que también planteará su propia propuesta en este campo, aunque el bailecito del “pato cojo” le impida avanzar mucho.

Su peor pesadilla, Michele Bachelet, lo seguirá atormentando. Las recientes lluvias nos han mostrado otra faceta poco conocida del mandatario: su destreza como metereólogo.

(1) En su recopilación, Oreste Plath incluyó el dicho ”déjalo que se peine, que el viento lo pondrá chascón”.

Leer versión extendida en: http://www.asuntospublicos.cl/2013/06/el-blanco-y-negro-del-21-de-mayo/

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04 jun 2013

El gobierno y la no política ambiental

La conmemoración de un nuevo Día Mundial del Medio Ambiente nos llama a reflexionar sobre la situación ambiental del país.La voz oficial, en palabras del ultimo discurso del presidente Piñera el 21 de mayo, referidos al agua, energía e institucionalidad ambiental más bien desinformaron de la realidad que enfrenta el país en estos ámbitos y que es fundamental esclarecer.

Luego de la aprobación del ministerio de Medio Ambiente, el Servicio de Evaluación Ambiental y la Superintendencia del Medio Ambiente durante el gobierno pasado, el Parlamento quedó con la tarea de terminar la tramitación de los tribunales ambientales y el gobierno Piñera con la misión de establecer los reglamentos para el Servicio de Evaluación Ambiental y diseñar la institucionalidad pendiente referida a parques nacionales y protección de biodiversidad

Pues bien, hasta el día de hoy, luego de tres años de gobierno, el reglamento para el Sistema de Evaluación Ambiental aún “duerme” en los cajones de alguna autoridad sin ver la luz ni entrar en vigencia. En consecuencia, se sigue aplicando el antiguo, más restrictivo en términos de participación ciudadana.

Con respecto al Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, el proyecto de Ley realizado por el gobierno contenía un excesivo sesgo de mercado.

No sólo se negó a incorporar la protección de la biodiversidad en términos globales (pues según la autoridad “ponía condiciones de sustentabilidad a la gestión de los recursos naturales”), además contenía mecanismos que arriesgaban la privatización de las áreas silvestres protegidas y no consideró aspectos relevantes demandados tanto por el Senado como por las organizaciones ecologistas para proteger el patrimonio ambiental.

Debido a ello, su tramitación está estancada. Y en consecuencia, las áreas protegidas en Chile continúan en un ‘limbo legal’ y la biodiversidad dispersa en decenas de regulaciones sectoriales.

Esta deuda de una ley y una institucionalidad pública que protejan la biodiversidad se arrastra desde 1992, cuando Chile suscribió el Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas, en el que los países comprometían esfuerzos para proteger el 10% de sus ecosistemas para el 2010.

Adicionalmente, se contemplaba una serie de medidas como el uso sustentable de recursos naturales, educación sobre relevancia de la biodiversidad v la generación de medidas para la conservación biológica. Sin embargo, Chile aún no está en condiciones de cumplir sus compromisos.

En el ámbito de los residuos, aunque el gobierno anunció una Ley General, en base a la política concluida en el gobierno anterior, esta iniciativa legal tampoco se concretó.

En cambio, el ministerio de Medio Ambiente propuso trabajar enfocándose a la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), iniciativa que apunta a que el productor, o importador de ciertos bienes como envases, embalajes, residuos electrónicos, neumáticos, baterías, aceites y lubricantes, asuma los costos que implica deshacerse de éstos cuando su vida útil haya expirado.

La idea tomó fuerza tras el férreo rechazo de los legisladores a incorporar los “impuestos verdes” en la última reforma tributaria. Pero dicha ley será bastante inútil si no es capaz de incorporar al Movimiento Nacional de Recicladores de Chile, que ya realizan esta tarea a nivel nacional y hoy son el grupo de trabajadores autogestionados que reciclan la mayor cantidad de desechos en el país, prestando un invaluable servicio a la sociedad.

A nueve meses del término del gobierno, dicho proyecto de Ley tampoco ha sido enviado al Congreso Nacional para su tramitación.

En el ámbito de la energía, el gobierno ha impulsado reformas en la transmisión, tales como la interconexión del SING-SIC, la carretera eléctrica pública y el fast track para acelerar las concesiones eléctricas. Pero siempre conservando el paradigma del desarrollo eléctrico impuesto en los ’80, con la Ley Eléctrica que entrega al sector privado las decisiones sobre generación, transmisión y distribución.

Simultáneamente, y a pesar de estar incluido en su programa de gobierno, la administración Piñera nunca envió al Congreso una ley para aumentar la generación eléctrica mediante energías renovables no convencionales (ERNC) en 20% de la nueva generación para el año 2020.

Al contrario, el gobierno se ha dedicado a obstaculizar la Ley 20/20 presentada por los senadores Gómez, Horvath, Rincón, Allende, Cantero y Orpis, bloqueando su tramitación en la Cámara durante más de un año, luego de que dicha ley fuera aprobada por unanimidad en el Senado, en enero de 2012.

La pronta aprobación de esta Ley por los diputados es absolutamente fundamental para reducir la huella de carbono de la matriz energética chilena, pues ayuda a cumplir el compromiso país ante la Convención de Cambio Climático y diversificar la matriz energética del país, reducir las emisiones locales, reducir los costos de generación y ganar en seguridad energética.

Tampoco el gobierno ha facilitado el perfeccionamiento y dictación del reglamento de net metering, que permitiría a los ciudadanos, a las pymes, a los agricultores, al retail y a otros sectores generar su propia energía – desde fuentes renovables – y a la vez inyectar los excedentes al sistema eléctrico.

Esta figura lograría reducir la demanda y las cuentas de luz para los consumidores generadores. Pero al parecer pesa más la opinión de las empresas distribuidoras, que siguen con la estrategia del “mientras más vendo, más gano”, y que es lo opuesto a las nuevas políticas energéticas a nivel mundial para la seguridad y la sustentabilidad socio ambiental del desarrollo eléctrico.

Está aún por verse, en los 9 meses y medio que le quedan de gestión al actual gobierno, si se decide por enmendar el rumbo o apretar fuerte el acelerador en cuanto al mejoramiento de la política ambiental y energética vigente.

Esto no parece fácil, pues la administración Piñera se ha abocado a “separar aguas”, entendiendo lo ambiental como la mera institucionalidad con que el país aborda estos temas, pero alejando a dicha cartera de los temas productivos, con excepción de una fiebre privatizadora de todo el patrimonio ambiental público a través de diversos formatos de concesiones.

Así lo ha hecho con los recursos marinos en la Ley de Pesca, y lo mismo intenta con la carretera eléctrica, con la ley del borde costero, de las áreas silvestres protegidas y de los terrenos aún bajo propiedad de Fisco y administrados por el ministerio de Bienes Nacionales, algunos de ellos a la venta desde enero.

Si hay una política ambiental clara en el actual gobierno ha sido la de concesionar a manos privadas el patrimonio ambiental de todos los chilenos: peces, borde costero, terrenos fiscales, áreas protegidas…en la misma línea de lo que ocurrió en el pasado con el Código Minero y el Código de Aguas, sin ningún retorno de renta para todos los chilenos, permitiendo que sólo unos pocos aprovechen y se beneficien de los bienes ambientales públicos.

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04 jun 2013

Seguimos avanzando en una nueva mayoría

Desde su llegada a Chile para asumir como candidata presidencial, Michelle Bachelet fue muy clara al decir que para hacer reformas estructurales y profundas al modelo de desarrollo chileno, era necesario construir una mayoría social y política. Para eso, es necesario trabajar para tener una mayoría en el parlamento que sea diversa y represente a los diversos grupos que hoy nos piden sumarse a la construcción de un país que quiere superar la desigualdad y perfeccionando su democracia.

Por lo mismo,  el apoyo que el Partido Comunista de Chile otorgó a nuestra candidata a las primarias, es sumamente importante.Conocemos el papel que ha cumplido en la historia de Chile el Partido Comunista, especialmente en su lucha por defender la dignidad de los trabajadores.Pero también sabemos lo importante que resultan hoy para el país, los nuevos liderazgos del PC, como a la vez el que otros dirigentes jóvenes han demostrado en estos años.

Para quienes consideramos los principios del progresismo y la democracia como ejes para la superación de las desigualdades en el país, pensamos que es una muy buena noticia que el PC coincida con nosotros en construir una nueva mayoría social y política.

Los esfuerzos que se han hecho para romper el binominal y de esa forma poder incorporar al parlamento a diputados de esa colectividad, no ha sido fácil y en su mayoría ha sido a costo de que otras personas puedan ceder sus legítimas intenciones de llegar al parlamento. La trayectoria del PC en la historia de Chile es innegable y era una verdadera injusticia que producto del sistema binominal no tuvieran representantes en el parlamento, quedando excluidos del sistema democrático.

Ahora más que nunca nos sentimos animados y comprometidos a embarcarnos en un proceso que supera los cuatro años de un mandato presidencial, pues nos hemos puesto como tarea generar reformas de fondo, y muchas de ellas requieren de mayor tiempo para su ejecución.

Por lo mismo es que acá, más que hablar de una candidatura, hablamos de un proyecto amplio y con un desarrollo en el tiempo que nos lleve a cambiar las bases del desarrollo como nos ha invitado Michelle Bachelet.

Nuestro país en los próximos años debe enfrentar nuevos desafíos, superar la desigualdad será uno de ellos por eso esperamos que, al igual que el Partido Comunista, otras fuerzas se incorporen a este proceso.

Conocemos muy bien los temores y prejuicios que muchos tienen con el trabajo que se realizó en los últimos 20 años. Por eso es que hoy los invitamos a construir esta nueva mayoría y para eso lo importante es que podamos contar con esas energías que hoy aportan desde las redes sociales y la calle, ya que debemos tener la fuerza que nos permita generar los cambios que hoy los ciudadanos le exigen a la clase política.

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04 jun 2013

¿La DC bisagra?

Un ex militante DC, actual jefe de campaña de Andrés Velasco, ha señalado que la Democracia Cristiana dejó de ser un “partido bisagra” para convertirse en una opción de izquierda. Más allá de que su comentario es evidentemente interesado, no me deja de provocar su contenido.

Soy militante de la democracia cristiana desde hace 30 años, y, aunque a algunos les suene raro, siempre me he sentido un hombre de izquierda, entendiendo por ello una opción permanente por la ampliación de las libertades, la justicia y la equidad, en contraposición a la derecha, fiel guardiana de los privilegios del poder económico y, por ende, del status quo.

Ingresé a la política siendo universitario, en los años de dictadura, entendiendo que no era posible restarse al esfuerzo por recobrar la democracia para Chile (como sí lo hizo Andrés Velasco, quien privilegió su carrera académica fuera de Chile, probablemente a la espera de tiempos mejores).

Al igual como seguramente le ocurrió a muchos, me integré con gran entusiasmo al PDC, a pesar de ciertas dudas, motivado por su historia, el ejemplo de sus principales líderes -como Leigthon, Tomic, Fuentealba y Castillo Velasco-, y porque la asumía como una efectiva opción socialdemócrata de inspiración humanista cristiana, total y completamente complementaria con la socialdemocracia del humanismo laico, con la cual estábamos llamados a converger, y la que, lastimosamente, había dejado de ser opción en Chile con el declive del Partido Radical, el que se inicia justamente cuando de ser una fuerza progresista pasa a asumir la idea de que su rol era ser el “péndulo” de la política chilena.

En cada charla o seminario de formación a los que asistí como joven democratacristiano, me hablaron de la “revolución en libertad”. O sea, sobre la necesidad de un cambio político y social profundo en Chile y el mundo, siempre con estricto apego a los derechos fundamentales y justamente para la plena vigencia de los mismos. Ello, por cierto exigía ponerse de acuerdo con muchos, ojalá con y entre todos, pero de ser bisagras nada.

Ciertamente no hay nada de ilegítimo en que “alguien” o un partido político se proponga jugar el rol de “equilibrista” entre fuerzas antagónicas, y quiera tomar su compensación por ello, que seguramente sería el Gobierno como condición de mal menor. El punto es que nunca ha sido ese el rol de la DC, no es lo que se nos enseñó ni lo que muestra su historia. Posiblemente es por ello que el ex dirigente se siente más cómodo con Velasco que en un partido de innegable vocación reformadora.

Finalmente, su apelación al centro político más parece la decisión del tipo que pone un kiosco en la playa y dice “esta localización es la mejor para conseguir clientela de todos lados”. Pero los partidos no son kioscos ni la política es un negocio.

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03 jun 2013

El mal de la burocratitis

Hoy estamos viviendo un movido tiempo de dimes y diretes, de propuestas, de sueños y de imposibles. Nadie podría decir que “la cosa” en términos sociales y políticos está aburrida.

Todos creen tener la solución para que el país de el esperado gran salto.

Desfilan a través de los medios de comunicación conceptos potentes pero ambiguos: desarrollo, crecimiento, justicia, igualdad, participación, etc.Todos creen darle al blanco, apuntarle a aquello que los otros no supieron cómo. Pero bien sabemos que son más fáciles las palabras que los hechos, la buena (o estratégica) intención que la praxis coherente y real.

Dentro de los temas que no se han trabajado lo suficiente – según mi parecer- es el enraizado mal de la burocratitis (o en términos positivos se entiende como modernización del Estado).

Este mal versa de la habitualidad de prácticas burocráticas, es decir, cuando la burocracia se hace hábito, está metido profundamente en el adn chilensis, cuando se hace cultura.

La palabra burocracia – según la Real Academia de la lengua española- tiene tres acepciones.

La primera como conjunto de normas y trámites necesarios para gestionar algo; la segunda como complicación y lentitud excesiva en la realización de estas gestiones y la tercera como administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas.

En el Chile del siglo XXI, la burocratitis es un mal que está profundamente injertado en nuestra cultura. Lo vemos en todas partes, es como un verdadero virus que se expande sin límites y que irrumpe en todos los ámbitos y lugares. El Estado y las instituciones (tanto públicas como privadas) son espacios privilegiados para la incubación de este mal y son los más marginados y excluidos los que más lo sufren.

La burocratitis es la máxima expresión de cómo dichas instituciones se ríen y humillan a los ciudadanos de a pie.

Algunos dirán que son los procedimientos propios de un Estado de derecho, que son acciones necesarias para que las cosas resulten mejor bajo el amparo de la ley. Dirán que tal o cual cosa no se puede realizar de inmediato porque hay un artículo que lo impide o que no está de acuerdo a la ley, que ellos no pueden hacer nada, que esto los sobrepasa y que lo verán con el jefe de turno.

Y se demoran los procesos y pasan de horas a días, de días a meses, de meses a años y todo demora… y la gente común y corriente sigue esperando. Y sus anhelos y necesidades descansan olvidados en las oficinas de funcionarios alejados de la realidad. No son más que un montón de papeles a la espera de ser firmados o timbrados.

Esta semana hemos tenido ejemplos emblemáticos de cuánto mal hace la burocratitis.

Familias de campamentos de Maipú que llevan años dándole consistencia a sus sueños de vivienda propia, de barrio digno que les ha implicado trabajo y organización, deben esperar y esperar que el estado, de una vez, asuma que es el Estado, con mayúscula. Que no es un participante más de un baile que compromete a familias y privados con afán de lucro.

Por otro lado, vimos cómo apoderados de una pequeña localidad de la comuna de Osorno llamada Pichil tuvieron que tomarse durante varios días la escuela rural donde estudian sus hijos dado que la municipalidad de Osorno les quitó el transporte escolar por razones administrativas.

El alcalde decía a un noticiario que no podía seguir financiando el transporte dado que éste pasaba recogiendo niños por la comuna vecina situación que no estaba permitida según los fondos que el MINEDUC les otorgaba.

Aunque usted no lo crea, esta es la máxima expresión del mal de la burocratitis.

Ante todo lo anterior cabe señalar que el Estado debe recordar siempre que tiene por finalidad proteger, defender y promover a las personas, en particular a los más excluidos, a los que siempre han esperado. No sólo dedicarse a arbitrar en conflictos o tensiones entre particulares.

Cuando los temas son tan sensibles y urgentes, tales como la educación, la salud y la vivienda, el Estado no puede ser uno más, debe ser protagonista, ese es su rol.

Más aún cuando por tonteras se impide que familias que viven en situación de extrema necesidad accedan a su vivienda que poseen por derecho o que niños no puedan estudiar por el poco criterio del alcalde de turno o de un funcionario más preocupado de artículos muertos que de servir a su comunidad.

Esperamos que en estos tiempos de promesas y de creatividad se recuerden los candidatos y candidatas que los mismos de siempre están esperando – como siempre- pero que la paciencia – tarde o temprano- también se agota.

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03 jun 2013

Hacia una auténtica cultura de la libertad

En aquel viejo hospital San José, ubicado en el costado del Cementerio General, hoy al servicio de iniciativas culturales, se presentó, hace unos años atrás, una de las últimas obras de Jorge Díaz, uno de los dramaturgos más señeros del teatro nacional.

Era un equipo de actores jóvenes que daban cuenta de la desesperada búsqueda de un pobre sobre quien pendía el destino de la caridad. Lisa y llanamente se había acabado la pobreza y todas aquellas instituciones que tenían su razón de existir en la existencia de estos ya no tenían destino.

La desesperada búsqueda del último pobre ocupaba gran parte del drama. En la ficción escénica evidentemente no lo había, pero los que estábamos de espectadores bien podríamos sentirnos  ese sujeto buscado; pero la obra “nada le debía a la realidad” y por tanto, su búsqueda era cada vez más desesperada.

Al inicio de la función nos contaron que la sala en que nos encontrábamos era el lugar en que los tifosos agonizaban en el siglo XIX para luego del desenlace, por una pequeña puerta lateral, ser llevados para su “descanso eterno”.

Los niveles de agresión de los actores que representaban a los miembros de las organizaciones de caridad iba en aumento, el sin sentido y la violencia era tal que parecían fieras hambreadas que, a la mínima provocación, volvían a agredirse sin tregua.

Aquella atmósfera densa y sin salida creada por la ficción teatral me lleva pensar en aquellas prácticas y discursos tan en boga en las últimas décadas en que las personas con bajos recursos y, a veces, en la total bancarrota, no pueden sino esperar de la caridad un alivio a sus males.

Otros, que hacen ostentación de lo que han sido capaces de hacer por esos menesterosos, ofreciéndoles educación u escolaridad, por la “profunda caridad que los mueve”. Hay algo que no parece sano ni moralmente razonable.

Tienen razón los estudiantes cuando reclaman que la educación es un derecho y no un bien de consumo o cuando los enfermos salen a las calles a protestar exigiendo los medicamentos que les permitan atenuar su dolor o hacer menos dramática sus dolencias.Así también con el acceso a la vivienda. Todos estos derechos hoy parecen abandonados a la caridad y, por tanto, a las pías acciones de los héroes de la misma.

Muchas veces estos mismos que predican la caridad y vociferan respecto a lo que han hecho por otros, son los mismos que, desde sus lugares de poder, generan las condiciones para que nuestros compatriotas, familias chilenas humildes, no puedan ganar con dignidad su propio sustento sin tener que estar humillados por “la caridad”.

Generar una sana cultura del amor propio, surgida en la confianza de las propias capacidades y del esfuerzo bien retribuido hará de Chile un país con alta autoestima, autónomo y orgulloso del que es capaz de alcanzar resultados de sus propias fuerzas.

Hoy, en el contexto de las elecciones presidenciales, es momento de definir el tipo de sociedad en la que queremos vivir.

Yo, al menos, no quiero un Chile conformado por un océano de mendigos esperando ante la ley las migajas de la caridad.

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03 jun 2013

Un punto de partida

Entre nosotros se ha instalado el debate sobre el cambio constitucional, en medio de las elecciones presidenciales y parlamentarias. Se postula una “nueva Constitución”; se propicia una Asamblea Constituyente, y el que menos tiene su propio listado de reformas que a su juicio deben ser promovidas según su ideario político. También en los programas de Allamand y Longueira.

Ni hablar de la discusión sobre el método para hacer los cambios.

Vivimos uno de esos momentos políticos en que las sociedades se aprontan para un cambio significativo de su sistema político, como ocurrió en 1988 luego del plebiscito y el 2005 cuando se puso término a los “enclaves autoritarios”.

Muchas de las ideas que se plantean nacen más de las convicciones doctrinarias de cada fuerza política que de un serio análisis del funcionamiento de nuestra Carta Fundamental. Entre nosotros no abundan los estudios empíricos sobre la Constitución: ni la escrita, ni la jurisprudencia constitucional que la interpreta, ni las prácticas políticas que la hacen vivir.

Prima un ejercicio intelectual que se limita a confrontar la norma constitucional con algún postulado teórico o lo sostenido por algún pensador del derecho o de la política.

Para cambiar de perspectiva habría que recurrir a la historia y a la ciencia política para adentrarnos en la diferencia entre constituciones reales y constituciones meramente nominales.

Todos sabemos que hay una distancia considerable entre la norma jurídica y la realidad, pero este enfoque no se aplica suficientemente al análisis de las constituciones.

En la cultura anglosajona hay más esfuerzos en este sentido. Un estudio reciente de David S. Law y Mila Wersteeg sobre “Constituciones simuladas” (o mentirosas) de marzo de este año (se encuentra en Internet), es particularmente ilustrativo, analiza el grado de cumplimiento de las constituciones en países de los 5 continentes.

Siguiendo ciertos criterios y parámetros lo más objetivos posibles, los autores clasifican los países que dejan de cumplir sus propias constituciones, en especial los derechos que ellas proclaman.

El peor lugar lo ocupan las “constituciones de fachada”, que esconden regímenes autoritarios que no adhieren en la práctica a los textos normativos que dicen respetar. Es el caso de países como Sudán, Eritrea o Arabia Saudita. En el polo opuesto están los países que se esfuerzan por llevar a la práctica los principios y reglas que sus constituciones contemplan.Y en ese grupo de naciones democráticas confiables está Chile.

Es decir, que entre nosotros existe un aceptable grado de respeto a la supremacía constitucional, en especial en lo referente a los derechos civiles y políticos. Esta constatación debe ser una premisa insalvable para el debate político en curso.

Nuestra Carta Fundamental – tantas veces sometida a escrutinio y reforma – puede ser objeto de muchas críticas, pero es un punto de partida para los cambios que se buscan.No partimos de cero, sino de las prácticas democráticas de las dos últimas décadas.

Las instituciones funcionan. No por mejorarlas o crear nuevas podemos desconocer este hecho.

Por eso mismo es fundamental que el debate considere la realidad y, como dice José Mujica, Presidente de Uruguay, pueda cristalizar en consensos mayoritarios que se reflejen en el Parlamento, para que este momento favorable a los cambios pueda concretarse en una democracia más deliberativa y participativa.

Mujica advierte que este proceder democrático puede ser lento, pero sus frutos son duraderos. Los atajos nacidos de la impaciencia terminan en callejones sin salida.

No olvidemos que toda Constitución consagra las normas básicas de un doble pacto: aquéllas que regulan la deliberación democrática y las que garantizan los derechos de las personas, que según Ferrajoli están sustraídas a la regla de la mayoría.

Ese pacto debe ser ampliado, profundizado y perfeccionado por el futuro Gobierno y el próximo Parlamento.

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02 jun 2013

Garín y Núñez con el pie derecho en Roland Garros juniors

Christian Garín, la gran promesa juvenil nacional y Guillermo Núñez otra interesante figura junior, hicieron un gran debut este domingo 2 de junio al comenzar la competencia sub 18 años, en el inicio de la segunda semana de los tradicionales Campeonatos Abiertos de Francia que se disputan en las canchas de Roland Garros.

Garín superó al británico Cameron Norrie, décimo quinto cabeza de serie, en dos sets 7-5 6-2 y Núñez, ubicado décimo tercer favorito, superó al estadounidense Luca Corinteli 6-0 y 7-5.

Para completar la jornada perfecta sólo faltó la victoria de Nicolás Jarry, el otro juvenil nacional, nieto de Jaime Fillol, clasificado décimo sexto favorito, que cayó con el rumano Lica George Tatomir 6-4 y 6-4

Para ir a los detalles digamos que Garín, que el pasado martes 30 de mayo cumplió recién los 17 años, está empleando gran parte de su tiempo en las competencias profesionales donde tras alcanzar hace unos 3 días las semifinales del Futuro 10 de Italia, compite ahora en la especialidad de menores.

Garín, actualmente 521 en la ATP,el próximo lunes 10 de junio aparecerá en el ranking ATP cercano al lugar 460 tras avanzar más de 50 lugares en el escalafón mundial de profesionales luego de su actuación en Italia donde entre otros triunfos venció 6-2 7-5 al número 2 de Chile Jorge Aguilar, actualmente 180 en la ATP, y cayó en las semis con el argentino Guido Andreozzi, 165 de la ATP 6-1 y 6-4.

Garín, uno de los mejores juveniles del mundo, sin embargo en el junior de Roland Garros, no aparece como cabeza de serie debido a su ausencia de las etapas juniors. Él comenzó el año 2013 como número 10 entre los sub 18, pero por su ausencia de este nivel de competencia quedó fuera de los mejores rankeados. Con su victoria de este domingo en el junior de Roland Garros, avanzará por el casillero del 15° favorito que ocupaba el británico y aparece con buena opción de alcanzar una actuación destacada.

Christian Garín buscará,aunque está recién en su primer año de juvenil, lo conseguido por Fernando González en 1998 cuando ganó el junior de Roland Garros derrotando al español Juan Carlos Ferrero o lo conseguido en campeonatos anteriores del mismo nivel como Marcelo Ríos que en 1993 ganó el junior del Abierto de Estados Unidos y en 1997 Nicolás Massú alcanzó igual logro en la final del Orange Bowl. Digamos, en beneficio de Garín, que estos tres últimos tenistas consiguieron estas victorias en su segundo año cuando cumplían ya los 18 años.

Por su parte, Guillermo Núñez, el otro vencedor del día de hoy, que aparece como décimo tercer cabeza de serie, destacó internacionalmente hace un par de semanas al avanzar a las semifinales del importante Campeonato Italiano Bonfiglio y la semana pasada al ganar el dobles del Charleroi Astrid Bowl de Bélgica, donde triunfó con el argentino Pedro Cachín.

Cumple su segundo año como juvenil ya que es nacido el 22 de junio del 95.También ha incursionado en el profesionalismo y se encuentra en el lugar 1.066 de la ATP en singles pero sin estadísticas en la especialidad de dobles a nivel profesional.

Finalmente mencionemos que Nicolás Jarry está sólo en el lugar 1.181 en singles de la Asociación de Tenistas Profesionales pero ha avanzado al lugar 672 en dobles y surge como un muy buen especialista en esta disciplina. Tendrá a partir de este lunes 3 la posibilidad del desquite tras su derrota en individuales, junto a Garín en la competencia de dobles en Roland Garros junior donde conformarán la quinta pareja favorita y debutarán contra el francés Enzo Couacaud y el austríaco Dominic Weidinger

Sin tenistas singlistas chilenos adultos este año en las canchas de Roland Garros en París, nuestra preocupación es por lo tanto respecto a la labor que cumplan estos 3 juveniles parte de la anhelada generación de recambio que reiteramos encabeza indiscutiblemente en estos momentos, Christian Garín.

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02 jun 2013

A propósito del 4 de junio

Se conmemora este 4 de junio un nuevo aniversario de la instauración de la República Socialista, que tuviera existencia en 1932, ocasión en que un grupo de civiles y uniformados, durante 12 días, lideraron el país, encabezados por el Comodoro del Aire Marmaduke Grove, junto con tan destacados intelectuales como Eugenio Matte Hurtado y Eugenio González Rojas.

Esta efímera experiencia fue fruto del impacto de la debacle económica, social e institucional que se generó en Chile por la gran depresión de 1929, la más grave crisis del capitalismo mundial que se haya conocido.

Las reformas profundas que propugnaban sus protagonistas no lograron prosperar en medio de la aguda inestabilidad de ese período de nuestra vida republicana.

Fue una corta etapa, pero de ella tomó el Partido Socialista parte de sus definiciones esenciales, sobre todo movilizar a los más humildes por sus derechos básicos y establecer su convicción fundamental que arranca y termina en el valor irrenunciable de la democracia como sistema de gobierno, que desde entonces constituye su señal de identidad primordial en su diferenciación con el Partido Comunista de Chile.

Fue así que los socialistas chilenos nacieron para corregir con más democracia los defectos, insuficiencias y debilidades de la democracia.

Luego de la República Socialista de los 12 días, en su fundación el 19 de abril de 1933, los socialistas chilenos participaron exitosamente del gobierno del Frente Popular, encabezado por Pedro Aguirre Cerda y, a lo largo de varias décadas, desde la sociedad civil, el movimiento de masas y el Parlamento, se movilizaron para afianzar y reforzar los avances sociales que ampliaban la democracia y robustecían el protagonismo popular en su presencia y participación en la institucionalidad democrática del país.

Paso a paso se echaron los cimientos del triunfo presidencial de 1970.

De este modo, el gobierno del Presidente Salvador Allende, instalado en ese año, 1970, se inspiró en el propósito de transformar profundamente la institucionalidad, de manera que su propia evolución permitiera que en ella reposaran los cambios sociales que propugnaba para Chile. Su idea estratégica era fortalecer la democracia y evitar un colapso institucional del que sólo podían resultar victoriosos aquellos que detentaran el uso de la fuerza. Esta visión histórica se plasmó en su discurso al país del 21 de mayo de 1971.

Allende no fue escuchado. El conflicto fue agudizado hasta una crisis política sin solución, en cuyo contexto se impusieron por el uso de la violencia política más extrema, fuerzas ideológicas de derecha que, de no haber fraguado esa acción golpista en esa etapa de crispación nacional, por ser infinitamente minoritarias, en ningún caso o circunstancia hubiesen llegado a gobernar. Se impusieron gracias al quiebre institucional.

La razón histórica estuvo con Allende.

El derrumbe de la democracia sólo podía facilitar el acceso al poder de los grupos más extremistas e integristas de la derecha. Por eso sostengo que la gran lección política no es jugar, ni siquiera con las palabras, acerca del empleo de la ley del más fuerte para resolver los dilemas del país en democracia. Por ejemplo, aludir al escudo nacional que dice “Por la razón o la fuerza”, argumento usado como legitimador de tales conductas.

La experiencia al respecto es muy dura: en Chile, cuando se ha jugado a la ruptura institucional, los que han ganado e impuesto su designio, han sido los grupos más extremistas de la derecha. Los más violentos, los más inescrupulosos, los que no tienen límites en su acción reaccionaria.

De modo que aunque, una vez más, reciba descalificaciones verbales, como cuando esta semana un destacado académico ha manifestado que es una “estupidez” no proponerse una Asamblea Constituyente, prefiero desde ahora señalar que no hay ningún argumento o previsión que indique que aquello sea mejor y no peor para Chile.

De hecho, si se votara en el Congreso Nacional tal iniciativa y se formara dicha Asamblea Constituyente, la derecha sería ampliamente más representada en dicha instancia que las fuerzas que hoy la propugnan o solicitan.

En este debate se han ido sumando argumentos, como lo sería el caso de España a la muerte de Franco, en la segunda mitad de los ’70, omitiendo por completo que el acuerdo de los partidos políticos españoles, que fue fundamental para la transición, conocido como Pacto de La Moncloa, se materializó por la auto-disolución de las Cortes, provenientes del período de Franco y la instalación de una monarquía constitucional que perdura hasta hoy, en la cual la autoridad del Rey como Jefe de Estado se sitúa como un núcleo esencial de la estabilidad democrática española. Así se demostró en la fracasada intentona de golpe de Estado de febrero de 1982.

Finalmente, una reflexión más de fondo. Las fuerzas o grupos que pretenden el cambio revolucionario caen en el error de pensar que un golpe audaz, una acción afortunada, puede “de golpe” realizar aquellas añoradas transformaciones, es decir, que de pronto la minoría puede pasar a ser mayoría y materializar su voluntad. Esa es una simplificación profunda del proceso político, cuya raíz no es un pensamiento democrático.

Es la creencia que una minoría mesiánica puede alcanzar por su sola acción aquello que el proceso histórico no ha permitido y que las fuerzas populares, en su largo desarrollo, no han conseguido en décadas de luchas de esfuerzos sucesivos.

Por el contrario, desde su fundación en 1933, el socialismo chileno se la ha jugado por la profundización de la democracia y ha entendido que tal orientación estratégica resulta esencial; que no puede haber revolución posible si, a la postre, los partidos o fuerzas que la inspiran, para imponer su voluntad se niegan a sí mismos en su compromiso democrático, con la instauración del esquema autoritario de partido único, como ocurriera con la históricamente terminada experiencia soviética.

El socialismo sin democracia se ahoga y se extingue, por eso toma distancia de cualquier afán de minorías iluminadas que pretendan tomarse el poder sin que ese proceso sea fruto de una transformación institucional, de reformas paulatinas y sucesivas, que posibilitan la renovación democrática de la institucionalidad del Estado.

El socialismo chileno no promueve ni fomenta la acción aventurera de minorías, por ilustradas que estas sean; el socialismo chileno está por las transformaciones realizadas y conseguidas, por mayorías nacionales legitimadas por su esfuerzo a lo largo del proceso histórico, muy lejos del afán de un “putsch” generado en el marco de una crisis institucional.

En la lucha contra la dictadura reafirmamos tales principios, cuando más perseguidos estábamos. No nos enceguecimos por la represión, proclamamos que estábamos por una sociedad democrática que es el resultado de lo que ciudadanos y ciudadanas pueden alcanzar en correspondencia a la tradición chilena, a la realidad nacional, a las circunstancias históricas concretas y al balance de fuerzas que se configuran en cada etapa que marca el devenir social.

Estoy convencido que radicalizar artificialmente el programa que se propondrá al país como alternativa de gobierno, sólo redundará en el fortalecimiento de las fuerzas más conservadoras y en el debilitamiento, altamente inconveniente, del acuerdo estratégico en el ámbito cultural, político y social entre el centro y la izquierda, que ha sido la base hasta hoy, del restablecimiento de la democracia en Chile.

Afianzar la estabilidad democrática abre paso a los cambios que las mayorías anhelan.Especular con lo contrario sólo aleja tales propósitos.

Reitero que el entendimiento de los demócratas chilenos es el pilar insustituible y esencial del proceso de cambios en Chile. La tentación del izquierdismo no hará sino potenciar la resistencia de las fuerzas opositoras a todo cambio, que ampliará su campo de alianzas mucho más allá de los que, naturalmente, debiesen poder conseguir, respaldándose en las subjetividades que se levantan, cuando se proponen opciones que transgreden las potencialidades efectivas del proceso histórico.

Veo altamente riesgoso comprometer un esfuerzo programático que afecte las bases de sustentación de un futuro gobierno, cuando se proyectan metas que luego no se alcanzan y que el centro de gravedad de las políticas públicas, que debiese estar encaminado a encarar y resolver la agudización de la desigualdad como la “tarea de las tareas”, se vea enteramente desalineado por presiones ideologizadas que no se sitúan en la más profunda y decisiva contradicción que debe resolver el Chile de hoy, en esta segunda década del siglo XXI, que es, repito, encarar y resolver la desigualdad.

Advertir de tales peligros arranca de las raíces más profundas del valor democrático del socialismo chileno.

Siguiendo el legado de quien fuera senador y rector de la Universidad de Chile, Eugenio González, que en la década de los ‘40 advirtiera: “entre la dictadura y la anarquía, tradicionales polos de la política latinoamericana, el socialismo está decididamente por el régimen de derecho dentro del estado democrático”.

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02 jun 2013

Saquémonos la camisa de fuerza vía asamblea Constituyente

¿Subir los impuestos a los más ricos, entregar educación y salud gratuita de calidad para todos, recuperar las riquezas naturales (agua, cobre), vivienda y trabajo digno, previsión solidaria, todo entendido como un servicio y no como negocio?

Requerimientos básicos para enderezar rumbos y tener un Chile más igualitario. Todo esto ha sido imposible hasta ahora.

¿Por qué? Porque la Constitución hecha a espaldas nuestras, a la medida del capitalismo salvaje del que fuimos conejillo de Indias en 1975, nos dejó una camisa de fuerza bien apretada para que no pudiéramos salirnos del modelo.

Su cerebro gris fue Jaime Guzmán, quien copió la Carta de la dictadura de Franco en España, y en una versión ampliada y mejorada la aplicó aquí, en un Chile en “estado de shock” tras el golpe militar, como dice Naomi Klein. Es decir, se trata de una Carta Fundamental imposible de imponer sin dejar miles de torturados, desaparecidos y muertos detrás.

Que hay que reemplazar la Constitución por una nueva, que refleje la voluntad de la gran mayoría de los chilenos, es una exigencia que hoy emerge de la ciudadanía y que nadie puede ya acallar.

Algunos piensan aún que se podría modificar nuevamente, pero ¿cómo cambiar una Constitución hecha para no ser cambiada en su esencia?

Porque según los mecanismo que ella misma establece, se requiere el voto favorable de tres quintas partes de los diputados y senadores en ejercicio: 72 diputados (de 120) y 23 senadores (de 38). El haber sacado el sistema binominal de la Carta en la reforma de 2005 no ayuda mucho porque sigue rigiendo y se mantiene para ciertos temas esenciales (como “bases de la institucionalidad”), en los cuales se requieren aún más altos quórums: dos tercios de ambas cámaras, 80 diputados y 25 senadores.

Según Fernando Muñoz, abogado constitucionalista doctorado en Yale, esto se complica más porque como el Senado se renueva cada cuatro años, quedarían 9 senadores de derecha hasta 2018, por lo que la oposición en las elecciones de noviembre próximo debiera obtener 80 diputados y 16 senadores para no tener que negociar los cambios fundamentales con la derecha, como ha sucedido sin éxito hasta ahora.

Tengámoslo claro: ninguna reforma hoy, con la Constitución actual y con los quórums que exige para los cambios de fondo, puede ser aprobada sin el consentimiento de la derecha pinochetista todavía en el Parlamento gracias al sistema binominal.

Entonces, lo que hay que hacer no es modificar la Constitución sino reemplazarla por una completamente nueva. Y para esto, hay que recurrir al otro mecanismo democrático: el plebiscito.

¿Qué no se puede hacer bajo las disposiciones de la actual Constitución? Por supuesto que Guzmán puso todas las dificultades para que esto no fuera posible, salvo para cuando existiera discrepancia entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Prestemos atención entonces a la salida del túnel que propone otro abogado constitucionalista, Fernando Atria, doctorado en la U. de Edimburgo, del comando de Bachelet, que el nuevo Presidente (a) llame a plebiscito mediante un decreto-ley preguntando si se quiere una Asamblea Constituyente vinculante (que comprometa), para elaborar una nueva Constitución.

En su país, el diputado Andrés Eloy Méndez, del Partido Socialista Unificado de Venezuela, que estuvo recientemente entre nosotros, contó que cuando en 1998 convocaron a plebiscito para hacer una Asamblea Constituyente que cambiara la vieja Constitución, se basaron en el primer párrafo de ésta que dice que la soberanía reside en el pueblo.

Como el pueblo es quien decide, se convocó a un referéndum preguntándole si quería una Asamblea Constituyente vinculante y quiénes deben integrarla. Y tras el triunfo, elaboraron una Constitución (1999), con participación de todo el espectro social y político venezolano. Cuando estuvo lista, otro plebiscito debió aprobarla.

Parece simple, pero claro, ellos contaban con el respaldo de las Fuerzas Armadas y del gran apoyo electoral del fallecido presidente Hugo Chávez, en elecciones reconocidas por observadores internacionales y realizados por un Poder Electoral autónomo y un irrefutable sistema electoral.

Los chilenos somos menos asertivos, más complicados y legalistas. Incondicionales a toda norma escrita, aunque sea por algún vivaracho.

Entonces, y siguiendo al constitucionalista Atria, cumplamos la voluntad soberana por ese camino, el del decreto, que está entre las atribuciones presidenciales y por tanto, es legal. Si el Parlamento no lo objeta, pues entonces, ¡allá vamos con nuestro referéndum!

Pero para eso, debemos ganar con amplia mayoría las próximas elecciones parlamentarias del 17 de noviembre, que vienen juntas con las presidenciales. Lo que más necesitamos ahora es ganar las primarias y luego, un Parlamento para Bachelet.

¡Manos a la obra!

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