02 jun 2013

Peligro inminente

Nuevamente se ha puesto en el tapete la situación que afecta a Cristóbal C.M., más conocido como el Cisarro, no podemos desconocer que el problema que afecta a éste y a muchos otros jóvenes, se debe a una pésima política de recuperación social, de exclusión sistemática y dramática, de abandono y de incapacidad desde muchos segmentos, para abordar metodologías que tengan como finalidad caminos de justicia y de esperanza, en particular para estas familias vulnerables.

No en vano, y con un sentido de realismo que molesta a muchos es que la Fundación Paternitas ha lanzado una campaña, denominada “Chilenos perdidos”, por los distintos medios de comunicación, audiovisuales, escritos y digitales, de manera de interpelar y dar a conocer de forma adecuada esta coyuntura social.

Esta consiste en mostrar testimonios de seis jóvenes, que antes que victimarios fueron víctimas de una secuencia de horrores, que los llevan a actuar de un modo, tantas veces irracional y manipulados por la tiranía de sus propias pasiones. Han sido sumergidos en su propio mundo de perdición, negándoseles de mil maneras el rescate, quedando a la deriva, envueltos en sus propios miedos, desenfrenos y oscuridades.

La campaña antes mencionada produjo poca empatía en no pocas personas, expresando su aversión, en algunos casos, de manera agresiva y con conceptos que nos han parecido cuestionables.

La libre expresión es valiosa, pero cuando esta propone aberraciones como por ejemplo: “mejor abortar que fabricar futuros delincuentes”, demuestra que algunas personas se encuentran más “perdidas”, que quienes motivaron nuestra campaña. Es más, aquello es intolerancia, ausencia de diálogo, visión y pensamiento cavernícola, peligro inminente.

Nuestra experiencia, por 20 años, afirma categóricamente que un planteamiento sólido de recuperación, que incluya al entorno familiar y social, de quien fue víctima por abandono e indiferencia, jamás cierra los ojos ante la esperanza y el mundo soleado que se le presenta.

Queremos mostrar con “Chilenosperdidos” que los actos delincuenciales en la inmensa mayoría de los que los cometen, tienen una historia y “una razón de ser”, que al auscultar a fondo y al encontrar la herida sangrante, desde el conflicto, podemos invitar a mirar con optimismo, con confianza, con fe y fortaleza el nuevo día que comienza y encontrarnos como sociedad.

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01 jun 2013

Chevesich a la Suprema

Hace unos meses atrás participé en la conferencia “Mujer y Estado de Derecho: la visión desde las Américas”, auspiciada conjuntamente por la Liga de Mujeres Votantes de Estados Unidos, Diálogo Interamericano y la Asociación Internacional de Juezas.

Hoy, que se ha empezado a discutir acerca de la nominación de la Ministra Chevesich para la Corte Suprema, me parece pertinente agregar al debate el enfoque que tomé en mi exposición.

En Chile –y esta es la realidad de prácticamente todos los sistemas judiciales de la región- la Corte Suprema está integrada en su abrumadora mayoría por varones. A la fecha sólo 3 mujeres figuran en su composición de 21 miembros.

En este punto es preciso señalar para la mejor comprensión de lo que más adelante afirmaré, que la organización de la judicatura contenida en el ordenamiento jurídico chileno se ha mantenido prácticamente inalterada desde su dictación y describe un diseño que la teoría denomina napoleónico, piramidal, jerárquico o tecno-burocrático de organización de la magistratura, heredado de los modelos continentales pre-modernos.

Esto significa que los jueces ubicados en las posiciones superiores de la estructura concentran en plenitud las facultades de gobierno judicial a la vez que las funciones jurisdiccionales, por lo cual toman decisiones sobre la carrera de los jueces al mismo tiempo que revisan sus resoluciones y sentencias vía recursos jurisdiccionales.

Es de interés ocuparse algo más en detalle del sistema de nombramientos de los jueces y en especial el rol preponderante que posee en el mismo la propia Corte Suprema.

El sistema de nombramientos por promoción se encuentra principalmente en manos de la Corte Suprema, ya que este órgano confecciona las ternas y quinas para cargos vacantes de Ministros de Cortes de Apelaciones y de Corte Suprema respectivamente. Estas ternas y quinas van posteriormente al Ejecutivo para la nominación de uno de los postulantes incluidos en la terna o quina. Y en el caso de Ministros de Corte Suprema todavía resta la intervención del Senado para su ratificación.

La Corte Suprema posee gran discrecionalidad para decidir a quién incluye y a quien no en las ternas o quinas, salvo mínimas limitaciones estatutarias.

Si a esta discrecionalidad se suma las facultades que la propia Corte Suprema posee en el ámbito disciplinario –todo procedimiento pasa obligatoriamente por sus manos, desde las faltas menores hasta las más graves, respecto de las cuales posee facultad de remoción sin forma de juicio- no es exagerado señalar que la Corte Suprema puede decidir con precisión a quien promover y, muy especialmente, a quien no promover, a través del entramado de facultades que posee respecto de cada juez en la estructura, bajo el sencillo expediente de incluir o no incluir en ternas o quinas a quien (no) le parezca.

Como sabemos, existen dos mecanismos principales de acceso a los altos tribunales –excluida la elección popular- el de la libre concurrencia,en que el acceso se hace a través de una selección objetiva, y el que Valcárcel denomina de cooptación, es decir, cuando la promoción depende de la designación. Aunque la discriminación resulta más manifiesta en el segundo de los casos, también la primera muestra el fenómeno que se ha denominado “discriminación indirecta”, que se mide sobre todo por los resultados diferenciales.

Así las cosas, sobre la base de los resultados del sistema de selección constatados en la composición de una Corte Suprema con 3 mujeres de 21 miembros,es posible suponer que existe discriminación en perjuicio de la mujer en el sistema judicial. Estos números indican una desigualdad de hecho entre los sexos, más allá de la igualdad formal establecida en el ordenamiento jurídico.

Alguien podría objetar lo anterior señalando que este análisis no tiene en consideración que en el Poder Judicial chileno más del 50% de sus miembros son mujeres. A mi juicio este dato hace aún más evidente mi punto, pues quiere decir que no es por falta de mujeres con los requisitos para promoción que estas no llegan a la cúspide. En el Escalafón Primario del Poder Judicial figuran al día de hoy 155 ministros de Cortes de Apelaciones de los cuales 55 son mujeres y 98 varones, por lo que evidentemente el mayor número de mujeres se encuentra en la base de la pirámide.

Estas cifras nos llevan a detectar la existencia del techo de cristal o glass ceiling en el Poder Judicial chileno.Por techo de cristal se designa todo el conjunto de prácticas y maniobras que dan como resultado que las mujeres sean desestimadas por los sistemas de selección, sean estos de cooptación o de libre concurrencia.

Este fenómeno concurre a pesar de la igualdad formal que se ha conseguido pues esta aparece insuficiente respecto a grupos que padecen una desigualdad real sustantiva, entendiendo por tal, en términos de Osborne(1), las diferencias importantes que existen entre dos grupos que compiten por un mismo bien, diferencias relativas al acceso a los recursos, el poder de los amigos, el tiempo disponible, los modelos de socialización, entre otros.

Por razones de espacio detengámonos brevemente solo en uno de estos factores: el poder de los amigos, en el sentido amplio de lo que Celia Amorós llama “grupo juramentado” quien advierte que los varones actúan como grupo de iguales o afines frente al conjunto de las mujeres, que en este caso seríamos “las otras”, las “diferentes”, saliendo a relucir en este factor dos vertientes.

La primera de ella es la selección entre iguales o afines, relacionada con la forma en que la percepción del mérito fluctúa con el estatus de la persona a ser evaluada, es decir, con su encuadre en algún grupo, pues como sostiene Gallego “toda elite suele admitir en su seno fundamentalmente a individuos de sus mismas características, siquiera sea por inercia, siendo frecuente que quienes se encuentren en condiciones de definir la constitución de una élite cualquiera sean varones que ya pertenecen a ella”.

La segunda vertiente es la relativa a las redes informales que provienen especialmente de un mundo anterior segregado. Nada más natural que recurrir a viejos colegas y amigos para nombramientos de cargos; resulta anacrónico, pero eficaz para sus partícipes estas relaciones entre iguales que proporcionan acceso al poder, relaciones de las que las mujeres suelen estar ausentes (Valcárcel)

Y es así como los varones del Pleno de la Corte Suprema votan, en general por otros varones que entren en su encuadre de grupo, es decir, los masones por los masones(2), los católicos por los católicos, los conservadores por los que reconocen afines y los que se estiman progresistas por otros varones ídem. Entremedio, cada cierto tiempo, cae un voto para una mujer.

Para tratar de ser justa debo decir que pocas mujeres se postulan a la Corte Suprema. Se produce en las juezas una suerte de auto-restricción, actitud que cabe dentro de la definición de techo de cristal ya aludida, con la particularidad de que es auto-impuesto.

En esta actitud juega un rol importante la interiorización por las propias mujeres de los estereotipos que configuran el techo de cristal y que se pueden formular del modo siguiente: las mujeres temen ocupar posiciones de poder, a las mujeres no les interesa ocupar puestos de responsabilidad, etc. Nos dice Burin (3)que los estereotipos convierten a las mujeres en no elegibles para puestos que requieren autoridad y ejercicio del poder.

Agrego que antes que eso, muchas no se estiman siquiera “candidateables”, por lo que quedan en el camino sin presentarse a la competir.

Vale la pena tener presente cuan significativas son las proporciones entre grupos con diferentes estatus en las organizaciones de todo tipo. Ello ayuda a comprender qué significa estar en minoría tanto en lo que respecta a la dinámica entre las personas que componen los grupos, como en cuanto a las posibilidades de ejecución de ciertas políticas o de tomar determinadas iniciativas.

El incremento en la cantidad relativa de mujeres implica “un cambio cualitativo en las relaciones de poder que permite por primera vez a la minoría utilizar los recursos de la organización para mejorar su propia situación y la del grupo a que pertenece”(Valcárcel).

A esta realidad apunta la importancia de la reflexión que comparto con los lectores: en lo relativo a los derechos de las mujeres la cantidad es calidad, por cuanto a través de ella se alcanza la masa crítica, pues pasar a ser una minoría menos minoritaria (al situarse al menos en un 30/35 por 100) permite comenzar a influir en la cultura del grupo y lograr el establecimiento de alianzas entre los partícipes del grupo menos numeroso.

¿Cómo conseguiremos mejorar la participación de las mujeres en las altas Cortes?¿Por el mero transcurso del tiempo como sostienen algunos o acelerando ese proceso con herramientas de corrección?

Los detractores de esto último enarbolan la bandera de los méritos como único criterio aceptable, oponiéndose a cuotas o acciones positivas en general. Pero es que los varones llevan siglos “actuando” conforme a sus propias cuotas según encuadre, las que son nítidamente reconocibles al punto de provocar preocupación en algunos funcionarios públicos.

Y sobre la supuesta preeminencia de los méritos, vale la pena traer a colación a Laila Daavoey, Ministra de la Infancia y Familia de Noruega, quien tras proponer que en los consejos de administración participara obligatoriamente una cuota mínima de mujeres señaló: “no habrá igualdad…hasta que no haya mujeres incompetentes en el consejo de administración”.

Por lo pronto a las juezas chilenas les está resultando difícil superar el techo de cristal. A la luz de la confección de la quina anterior a la que está en proceso, efectuada en diciembre pasado, los augurios no eran nada promisorios, especialmente porque el cargo vacante que se estaba llenando lo ocupaba una mujer, aspecto que hizo a algunos esperar que se mantuviera en dicho cargo a una Ministra, como una sencilla fórmula respetuosa del avance de la mujer a tan difícil posición, una suerte de respeto por una cuota tácita.

Sin embargo, tras la votación para esa quina en el quinto lugar resultaron empatados con 6 votos tres postulantes, uno de ellos la Ministra Gloria Chevesich. Los empatados fueron a sorteo, del que ella resultó excluida, quedando entonces la quina conformada por 5 varones, a pesar de que la Ministra Chevesich había obtenido la calificación más alta entre los 150 ministros del país.

En la quina siguiente y que se encuentra en proceso, la Ministra Chevesich fue considerada, a mi juicio, con total justicia. El Presidente de la República la ha propuesto al Senado y estamos a la espera de su pronta ratificación.

(1) Osborne, Raquel. Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones. en Alicia Puleo, coord., Igualdad y género. Reflexiones desde la ética y la filosofía política, Valladolid; Publicaciones de la Universidad de Valladolid, pag.105.

(2) http://www.emol.com/noticias/nacional/2008/06/19/309340/Senadora de la UDI, Evelyn Matthei, acusó una “sobrerepresentación” de los masones en la Corte Suprema.

(3)Mabel Burín es Doctora en Psicología Clínica, especialista en Estudios de Genero y Salud Mental. Directora del Area de Genero y Subjetividad de la Universidad Hebrea Argentina Bar Ilan. wwhttp://www.stecyl.es/Mujer/el_techo_de_cristal.

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01 jun 2013

El cristiano en política

Este domingo es Corpus Christi (“Cuerpo de Cristo”) la fiesta de la Iglesia católica destinada a celebrar la Eucaristía, el gran hito cristiano en el cual compartimos la fe en Dios y damos gracias como comunidad.

Sesenta días después del domingo de Resurrección nos reunimos en honor del cuerpo y la sangre de Cristo.

Esta celebración, en que los católicos salimos a la calle, es probablemente una buena ocasión para resumir algunas razones de por qué los cristianos y creyentes tenemos la obligación de participar de lo público.

Cristo fue un marginal. Era el hijo de un carpintero pobre. Nació, como diríamos ahora, “en situación de calle”, más precisamente en un establo. Si Cristo naciera en el Chile de hoy, probablemente sería el hijo de un obrero, iría a un colegio municipal y terminaría en una marcha, perseguido por la fuerza pública y acusado de organizar desmanes e insultar a la autoridad.

Un cristiano en política debe ver a Cristo en todos los jóvenes que se manifiestan y escuchar sus demandas por justicia social con la mayor atención y respeto. El respeto es también ser capaz de disentir y matizar las demandas. Una actitud de sumisión a la consigna en el fondo es poco respetuosa de las demandas e ideas que se expresan.

Entonces, los cristianos deberíamos sentirnos motivados a participar y a votar por una educación pública fortalecida, porque no haya enriquecimiento con recursos públicos para educación, porque se acaben las discriminaciones, porque se ofrezca educación técnico profesional de calidad.

Pro Familia.

Los cristianos somos pro familia. Nos gusta ver a las familias felices, queriéndose, desarrollándose. Y hemos aprendido a conocer muchos tipos de familia y a no espantarnos con las nuevas formas en que las personas desarrollan su amor.

El ser pro familia nos obliga en todo caso a mirar la integralidad de la vida en comunidad, no sólo la moral sexual sobre la que para algunos es tan fácil pontificar y poner sus opiniones como fundamentos religiosos.

Como le escuchamos alguna vez a un cura consultado sobre las relaciones sexuales prematrimoniales, creemos que algo realmente grave es no pagar las cotizaciones de las empleadas de casa particular. O que como dijo Felipe Berríos, el problema de Chile es el clasismo, una sociedad donde un cura es cuestionado por bendecir los anillos de un separado pero no por bendecir la sucursal de un banco.

Ser pro familia es querer terminar con las Isapres, porque son poco solidarias y discriminan a las mujeres que pueden tener hijos y a los ancianos.

Ser pro familia es no querer que los dueños de AFP sigan haciéndose ricos pagando jubilaciones de hambre.

Ser pro familia es respetar la diversidad sin renunciar a las propias convicciones, y para eso buscamos que los creyentes en un Dios no dejen de manifestarse en lo público.

Pro familia es ser contrario a cualquier tipo de aborto, no ocultarlo ni tener temor a decirlo con fuerza.

Pro familia es no creer que el problema de embarazo adolescente se soluciona con bonos.

Tolerantes.

En el día en que celebramos la Eucaristía, el encuentro de todos a agradecer, no podemos dejar pasar el reciente llamado del Papa Francisco, que nos recordó que “el cristiano debe construir puentes y no muros”, llamando a los cristianos a estar abierto a todos, listo para escuchar a todos, sin exclusiones.

Dejar las discriminaciones, buscar el encuentro ecuménico, respetar los orígenes étnicos, raciales, sociales y doctrinarios es labor del cristiano en política. Aportar tolerancia y apertura a escuchar y respetar, ése es el sentido que cada uno puede imprimirle a su voto.

Cuando colgamos un cartel que dice “Creo en Dios, ¿y qué?”, lo que intentamos decir son estas cosas. Buscamos una sociedad al servicio de las personas, centrada en la solidaridad, que no sea gobernada por el dinero ni por la dictadura de las utilidades.

Buscamos una revolución para terminar con lo anti ético de las Isapres y las AFP, donde los que tienen más, tributen más y donde no tengamos temor a proteger al débil, al desvalido, al marginal.

Una sociedad donde podamos expresar sin complejos los valores y creencias, principios al servicio de los seres humanos y no del acreedor o el abusador de turno.

Por eso creemos importante recordar el valor del cristiano en política y la participación activa de todos y cada uno de los que creemos que Dios está entre nosotros, especialmente junto a los más agredidos. Ese es nuestro lugar.

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01 jun 2013

Frente a las agresiones, más democracia

Hace rato que el ambiente político está lo que llamaríamos“subido de tono”. Insultos a miembros de los poderes del estado, rayados ofensivos que “aparecen” en los muros, o la manipulación de temas país con fines electorales, son prácticas que venimos constatando y que han ido en aumento en la medida que se acerca el 30 de junio.

Parece que algunos no saben escuchar el mensaje ciudadano, pues actitudes de soberbia y las faltas de respeto, no se condicen con un país que aspira, más allá de algunas cifras engañosas, a ser verdaderamente más inclusivo y menos desigual.

El mundo que se lee en las redes sociales –útiles y que muchos usamos activamente-, no son representativas de lo que sucede en el mundo real.Por suerte. Porque el nivel de agresiones cruzadas a ratos es simplemente preocupante.

No nos perdamos, quienes recorremos y habitamos la realidad en vivo y en directo en los diversos territorios, somos día a día testigos de una ciudadanía activa y empoderada, que valora el debate transparente de ideas, y que está dispuesta a participar en serio, en un marco de amistad cívica y respeto. Son personas con nombre y apellido, que han tenido la generosidad de compartir sus historias, y que se indignan con este clima polarizado que saca el foco de atención de donde tiene que estar: pensar y generar acciones concretas que nos permitan colectivamente construir un Chile más justo.

Mientras algunos se dan el lujo de ocupar sus 5 minutos de fama para decir barbaridades, son literalmente miles de ciudadanos y ciudadanas que se han tomado el tiempo y “la molestia” de hacer de esta campaña de primarias una oportunidad de encuentro y aprendizaje conjunto. Los relatos son diversos, y el compromiso con Michelle Bachelet absolutamente transversal. La ciudadanía no se pierde, la conoce por sus acciones, por su honestidad, por esa entereza y empatía simultánea, por esa fortaleza que no pierde nunca la alegría y el buen humor.

Como dijo Michelle Bachelet en nuestro Encuentro Programático de Arica, las agresiones de quienes no creen en la democracia en nada detendrán su trabajo por un mejor país. A eso volvió. A eso cada vez se suman más y más, con fuerza, convicción y, déjenme decirles, con alegría.

Nuestro compromiso inquebrantable es con la gran cantidad de personas que confía y apoya a nuestra candidata, y que se lo expresa permanentemente de diversas formas: de manera espontánea cada vez que recorre las calles, en las palabras de los actos ciudadanos que ocurren sistemáticamente en las diversas ciudades del país.

Cartas, gestos de cariño, mensajes de apoyo. Relatos de experiencias vitales, y la confianza absoluta en que su liderazgo fuerte y que escucha, pondrá los acentos donde corresponde.

Ayer, un conductor de taxi a propósito de los comentarios de los tantos pasajeros que traslada nos dijo: “el pueblo está enojado”, porque cuando la agreden a ella nos agreden a muchos y las agresiones no son lo que la gran mayoría de chilenas y chilenos queremos.

Condenar públicamente conductas antidemocráticas está muy bien, pero es el piso.Muchos sectores que uno esperaría aporten a fortalecer la amistad cívica que nos permite disentir e intercambiar ideas con claridad y respeto, han optado por callarse o derechamente fomentar un ambiente polarizado y agresivo, muy lejano a lo que la gran mayoría de ciudadanas y ciudadanos queremos. A ellos les decimos en serio, ¿por qué mejor no hacerlo bien?

Nosotros seguiremos contribuyendo a diario a una campaña limpia, participativa en cada una de nuestras actividades.

Y no cuenten con nosotros para farrearnos la democracia, que aquí más allá de cálculos electorales, se trata de fortalecer y reformar un espacio político que nos permita avanzar en un desarrollo inclusivo para todos los chilenos y chilenas.

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01 jun 2013

Morosidad previsional, garrote y barrote

La ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, ha realizado duras declaraciones en el sentido de promover medidas drásticas (“garrote”, en sus palabras) contra la sub cotización en que incurren algunos empleadores, imponiendo a sus trabajadores por una remuneración inferior a la real. Lo señalado por la secretaria de Estado es, ciertamente, un problema importante, que afecta a los trabajadores, disminuyendo su opción de acumular ahorro previsional para su pensión, pero es sólo parte del asunto.

Más grave aún es cuando los empleadores utilizan en provecho propio la totalidad de las cotizaciones de los trabajadores.

Según cifras de la Superintendencia de Pensiones la morosidad del sistema previsional alcanzaría, a marzo de 2012, a unos US$ 1.800 millones.Por ello es imprescindible no sólo apuntar decididamente contra la sub cotización, sino también reforzar los procedimientos y sanciones contra los empleadores que declaran las cotizaciones de sus trabajadores y no las integran en las AFP.

Apropiarse indebidamente de las cotizaciones de los trabajadores no sólo es una infracción previsional, sino también un delito, por lo que se requiere agilizar los mecanismos de cobro y reforzar las sanciones, incluso penales, a los empleadores que incumplen su obligación de retener y enterar estos recursos en las administradoras de fondos de pensiones.

No podemos caer en el contrasentido de agravar sanciones a la sub cotización, o sea cuando se cotiza por menos y mantener la posibilidad de declarar y no pagar, o sea no cotizar nada.

Como es muy difícil que el propio trabajador ejerza acciones contra su empleador mientras dura su contrato, por la necesidad de conservar el empleo, es imprescindible obligar a las administradoras a ser más eficaces en el cobro en representación del trabajador y fortalecer las sanciones. Debe instarse a que procedan con agilidad, pues está comprobado que la posibilidad de recuperar los recursos es mucho mayor cuando se actúa apenas se produce el incumplimiento.

Tanto en la pasada reforma previsional como en forma independiente se han presentado indicaciones y mociones tendientes a imponer plazos y responsabilizar a las AFP por el cobro oportuno y reforzar, también, las sanciones a los empleadores.

Esperamos que sean consideradas en eventuales modificaciones legales.

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31 may 2013

El debate sobre el consumo de drogas y su legalización

Casi como el efecto de una tormenta perfecta, el debate público sobre la despenalización del consumo de algunas drogas ha sido alimentado por varios hechos recientes. Y aunque el tema de la política pública frente a las drogas siempre es complejo, es también ineludible.

La Organización de Estados Americanos (OEA) difundió un estudio -encargado tras la declaración de hace algunos años de los ex presidentes Zedillo, Gaviria y Cardoso-, que recomienda a los países modificar las actuales políticas de persecución de los consumidores de drogas y moverse progresivamente hacia la aplicación de políticas de reducción de daño y despenalización del consumo.

Según el estudio, si los Estados modifican su legislación -que en su mayoría penaliza el consumo- romperán un círculo vicioso de violencia, corrupción,cárceles abarrotadas y pondrán a la salud pública en primer plano.

También recientemente se alegó ante la Corte Suprema el caso de un médico chileno que tenía varias plantas de marihuana para su uso terapéutico y consumo personal. Lo mismo ocurrió con el caso de la detención, formalización y prisión preventiva que afecta al hermano de un conocido animador de televisión.

Para analizar estos casos y comprender la recomendación de la OEA, es pertinente revisar la decisión adoptada por la Corte Suprema argentina en el caso “Arriola, Sebastián y otros”, en agosto de 2009. La Corte del vecino país analizó el alcance que cabía otorgarle a las “acciones privadas” y al bien jurídico “salud pública”, para luego considerar ilegítima la incriminación de la tenencia de droga para consumo personal.

Dijo el tribunal que una conducta que se da en circunstancias específicas y que no causa daños a un tercero no puede ser castigada penalmente, pues en estos casos -en que no está en peligro la salud pública- debe predominar la “autonomía personal”, esto es la capacidad de la persona de conducir su vida, valerse de medios e instrumentos para ese fin, seleccionados y utilizados con autonomía -lo que es prenda de madurez y condición de libertad- e incluso resistir o rechazar en forma legítima la injerencia indebida y las agresiones que le impiden ejercer esta libertad.

La OEA y la Corte Suprema argentina reflexionan sobre el problema de la circulación ilegal de drogas, en cuanto a que los Estados ya no pueden seguir permitiendo que consumidores de drogas copen masivamente el sistema penal y policial en perjuicio de una política pública criminal eficiente, desviando recursos valiosos que podrían reorientarse hacia la defensa concreta de la salud pública y al combate de la criminalidad surgida del narcotráfico.

Para quienes operamos en el sistema penal, es común ver que personas que consumen -muchos de ellos con problemas de adicción-son detenidas y acusadas de portar cannabis sativa. En muchos casos las cantidades son menores y plausiblemente destinadas al consumo personal.

Se cultiva para evitar adquirirla de dealers incorporados al ciclo del tráfico.Y la paradoja está en que aunque se afirme que el consumo privado no está penalizado en Chile, no existe forma de concretarlo si no está precedido por algún hecho delictivo.

Independiente de la afectación a la salud que puede producir la marihuana, la pregunta es si debe seguir siendo parte de una política criminal o una de salud.

Sería positivo reflexionar -aprovechando esta tormenta perfecta, en cómo podría nuestra política criminal distinguir correctamente entre quienes consumen en un ámbito privado y lo que debe permitirse para que este consumo se produzca, para sólo perseguir aquellas conductas que impliquen tráfico y real riesgo para la salud y la paz pública.

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31 may 2013

¿Cuál es la importancia ambiental de las acciones individuales?

La educación ambiental se basa en la premisa de que las acciones individuales sí importan. Por lo mismo las alienta especialmente en los niños y jóvenes.Sin embargo no hay una respuesta única a esta interrogante. Su importancia dependerá de las variables ambientales que se están considerando.

Dependerá también del alcance de las decisiones individuales y éstas a su vez dependen del nivel de impacto de quienes realizan dichas acciones. La acción individual de Douglas Tompkins, por ejemplo, tiene mayor alcance e impacto que las del promedio de la población. Si en cambio hablamos de gente común, no de gerentes a cargo de decisiones estratégicas o tomadores de decisiones políticas, el análisis es menos claro.

En general las acciones individuales tienen poco impacto en las variables ambientales. Reducir, por ejemplo, el consumo de agua domiciliario en un par de metros cúbicos al año, es marginal en el entendido que el 80% del agua que se consume a nivel país se debe a la agricultura.

El 10% del 4% (consumo domiciliario) es aún más marginal (en el supuesto que pudiéramos concertar una reducción conjunta de un 10%).Además, el ahorro de agua tiene, en la mayoría de los casos, connotaciones económicas más que ambientales. Siempre en aquellos sistemas en que el costo del consumo se traspasa íntegramente al usuario, hay un incentivo económico al ahorro, a diferencia del consumo compartido o subsidiado.

¿Una adecuada política ambiental sería entonces eliminar los subsidios al consumo de recursos naturales? Probablemente lo más significativo en términos de uso eficiente del agua sería modernizar las tecnologías de riego agrícola. Lo que no constituye una acción individual.

El reciclaje es otra acción ciudadana asociada a decisiones individuales. ¿Cuál es su impacto?Marginal. Muy marginal. Simbólico. Lo simbólico no es malo. De hecho es muchas veces necesario. Las batallas ambientales se dan efectivamente en el ámbito de lo simbólico.

Pero mientras unos pocos reciclan, todos aumentamos nuestro consumo exponencialmente.La tasa de reemplazo de nuestros bienes se ha acortado, generando una frenética demanda por bienes y servicios ajena a una necesidad de reemplazo por avería u obsolescencia. Esto no es un privilegio de los grupos de altos ingresos, sino que se ha masificado en las últimas décadas.El recambio de teléfonos celulares es un claro ejemplo.

El caso del papel es otra muestra de la contradicción de las acciones individuales. A pesar de que el reciclaje de papel es emblemático y se apela a salvar árboles mediante la reducción de su uso, el efecto colateral es el incremento del uso de aparatos tecnológicos (ebooks, tablets, entre otros), el que opaca cualquier intento altruista de salvar dichos árboles.

De hecho es mucho más amigable con el medio ambiente volver al papel y reducir el consumo de productos electrónicos de difícil disposición final, reciclaje y que contienen metales pesados que contaminan y persisten en el ambiente. El papel es un producto cuya materia prima es renovable (plantaciones) y además reciclable. Desalentar el uso del papel, no parece una acción ambiental inteligente, si viene acompañada de un incremento en el uso de bienes sustitutos.

El reciclaje, ya sea de papel o de otros productos, seguirá siendo una acción individual marginal mientras el costo de disposición de residuos en Chile siga siendo bajo. No habiendo incentivos económicos para reducir nuestros residuos domiciliarios, la motivación ambiental de carácter altruista seguirá siendo insignificante (pero simbólica). Lo mismo con los paneles solares u otras acciones individuales de personas más “conscientes”. Nuevamente lo más significativo para impulsar el reciclaje sería una política pública que encarezca la disposición de residuos domiciliarios e industriales.

Por otra parte, para ampliar el análisis habría que preguntarse si son igualmente marginales los impactos negativos de las acciones individuales. En este caso la respuesta también es variada.

Por una parte, la sumatoria de acciones individuales siempre generará impactos ambientales negativos de mayor alcance. Como ejemplo de texto está el uso del automóvil. En contraste, el positivo uso individual no concertado de la bicicleta aporta un beneficio ambiental marginal.

El uso de leña en el centro sur de Chile también es un buen ejemplo de cómo la sumatoria de conductas individuales termina afectando ambientalmente a nivel macro. Conductas individuales que en la mayoría de los casos tienen una lógica económica.

En el caso de la leña, el bajo costo y la ausencia de combustibles alternativos de similar costo y menor impacto. O en el caso de los autos, el crecimiento económico, la facilidad para contraer créditos y la reducción del costo de los automóviles, supera cualquier consideración altruista de carácter ambiental (en la población promedio). La reducción de uso del automóvil entonces pasa por encarecer su uso; lo que es ambientalmente deseable, pero políticamente difícil de implementar en ausencia de sustitutos atractivos (transporte público de calidad).

Cuáles, entonces, son las acciones individuales no concertadas que generan impactos ambientales positivos, no marginales. Probablemente ninguna. La acción individual no impactará a no ser que logre escalar, concertarse o bien generar una estructura de acción mayor.

Los desafíos ambientales no se dan en el marco de las acciones individuales, por mucho que se intente evangelizarnos de lo contrario. Los desafíos se dan en las acciones concertadas, las representaciones institucionales, tanto públicas como privadas. Los anhelos ambientales son anhelos comunes y debe dárseles un tratamiento público acorde a esta realidad.

La concertación de voluntades ambientales a través de la organización civil podría ser la respuesta. Articular las acciones individuales dispersas, darles forma, contenido y peso en un debate nacional o global. Sin este escalamiento que permita incidir en la planificación nacional de la sociedad, las acciones ambientales individuales son sólo simbólicas.

Para terminar y rebatiendo todo el análisis anterior, también se podría señalar que las acciones individuales sí importan, destacando como ejemplo los significativos logros en materia ambiental que se han logrado a partir de acciones individuales de personas visionarias. Este enfoque es absolutamente válido.

Tenemos el caso de Gifford Pinchot en Estados Unidos, o de Federico Albert o Godofreo Stutzin en Chile, solo por nombrar algunos. Valiosos esfuerzos que terminaron generando estructuras permanentes, como fue el caso del Servicio Forestal de Estados Unidos (Pinchot), la institucionalidad forestal en Chile (Albert) o una de las más importantes organizaciones ambientalistas a nivel nacional como es Codeff (Stutzin).

Pese a que este enfoque es correcto, no es el tipo de acción ciudadana ambiental de carácter individual del que estamos hablando.

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31 may 2013

La ley del garrote

Recuerdo perfectamente cuando en mayo de 1981 entró en operación el sistema de pensiones. El entonces ministro del Trabajo, José Piñera, persuadió a los miembros de la Junta Militar de dar luz verde a un inédito sistema previsional privado, que rompería con el antiguo modelo de reparto y que daría un vuelco en 180º a lo que conocíamos.

Fue así que a través de una intensa campaña publicitaria en donde participaron reconocidos rostros televisivos y donde se le explicó con detenimiento al personaje de “Humbertito”, (interpretado por el actor Cristian García Huidobro) los “enormes” beneficios que obtendrían todos los chilenos al cambiarse a ese nuevo y revolucionario sistema. Ingenuos (tal como Humbertito) miles de personas corrieron a cambiar sus fondos.

Volviendo al presente, Chile ha tenido fuertes cambio demográficos, antes había muchos activos que financiaban a los pasivos, hoy la realidad es diferente debido a la baja tasa de natalidad y el aumento en la esperanza de vida.

La pirámide cambió, dando un golpe mortal a la jubilación, por lo mismo y de manera urgente el sistema de AFP tiene que reformularse de acuerdo a este nuevo escenario. Por ejemplo en 1960 por cada jubilado había nueve activos, pero en el Censo del 2012 por cada jubilado hay sólo cinco activos y proyectándonos hacia el 2050, por cada jubilado habrá solo dos activos.

Hace unas semanas el consejero del Banco Central Joaquín Vial Ruiz Tagle declaró que un 70% de los trabajadores recibiría menos de $150 mil pesos al momento de jubilar. Un escenario aterrador.

Las propuestas presentadas para solucionar esta situación son jubilar más tarde y aumentar la cotización (costo que asumirían las empresas).

No olvidemos que el 80% de las empresas son Pymes, al buscar soluciones esperemos incluyan a todos los actores y se llame a Conapyme a participar de la discusión, roguemos que no sea a puertas cerradas como fue hace 30 años.

Hablando de pequeñas, medianas empresas y pensiones, la ministra del Trabajo anunció una serie de cambios para perfeccionar la fiscalización a la elusión y evasión previsional, llamándola la Ley del “Garrote” que elevaría las penas. Cuidado con sus palabras, pues donde hay más gente trabajando a honorarios es en el mismo Estado.

Irónico, pues nuestros propios gobernantes deberían dar el ejemplo administrando adecuadamente sus propias instituciones, antes de exigir y castigar al resto.

Trabajemos en conjunto y hagamos este sistema más humano, luchemos por lograr pensiones dignas para miles y miles de chilenos que hoy en día se endeudan en este procedimiento privado para poder sobrevivir en condiciones precarias.

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31 may 2013

Cuestionar las instituciones

La política -tal como fue concebida por los griegos- es el cuestionamiento explícito de la institucionalidad establecida. Comienza por sostener que las instituciones no tienen nada de “natural” o “sagrado” y termina por afirmar que son el resultado del poder explícito de una época histórica, en un lugar determinado.

Las ciudades griegas sufrieron también de regímenes oligárquicos y tiránicos, pero lo que ha perdurado como lección de humanidad es la fuerza de su movimiento democrático, en especial el de Atenas de los siglos VI y V AC. Ellos inventaron que el pensar es una actividad que los ciudadanos pueden hacer en un espacio público. Allí se cuestionó la verdad instituida -sobre todo sus propios mitos- donde la filosofía democrática jugó un rol destacado.

Todo esto se debió, según Castoriadis, a la audacia de la revolución encabezada por Clístenes, que tuvo el valor y la compañía suficiente para reorganizar el poder tradicional “en vistas a una participación igualitaria y equilibrada de todos en el poder político”.Luego vino la exigencia de la filosofía: “si queremos ser libres nadie puede decirnos lo que debemos pensar”.

Pasaron más de veinte siglos para que los ciudadanos franceses volvieran a tomar la palabra a través de una Revolución, y pusieran en el espacio público los derechos del hombre, junto con guillotinar la cabeza de su Rey. A partir de ese momento, el movimiento democrático moderno se esparció primero por Europa y luego por el mundo.

Sufrió aplastantes derrotas, empezando por Napoleón que edificó una Francia imperial y desató una contra reacción conservadora encabezada por los principales Estados monárquicos europeos, congregados en la Viena de 1815.

Pero el movimiento democrático persistió y vivió fugaces momentos de gloria a través del siglo XIX, una época que los historiadores la caracterizan por el auge de los nacionalismos, a la par con el imperialismo colonial. Aunque también fue un siglo en que la democracia de los “propietarios” fue interpelada por la “cuestión social” que dio paso a las organizaciones obreras y empezó a recorrer Europa el fantasma del comunismo.

En Occidente, solo después de la II Guerra Mundial, la democracia comenzó a tomar un nuevo impulso en los distintos países que se integraron en las Naciones Unidas.En Chile se otorgó derecho a voto a las mujeres en 1949. Los negros norteamericanos tuvieron que dar una lucha social en los 60 para la consecución de derechos igualitarios a los blancos.

Mientras tanto, Latinoamérica perdió sus gobernantes democráticos en manos de dictaduras militares.

Solo a comienzos de los 90, con la caída del muro berlinés, se comenzó a vivir un renacimiento democrático en la región y el mundo, sin precedentes, que en nuestro país coincide con el comienzo de la Transición. Aunque en el mundo lo más importante fuera la implosión de la Unión Soviética, que tuvo consecuencias relevantes para Europa y Asia.

Emergieron nuevos países sin tradición democrática, no sin luchas internas, pero en cuya agenda era decisivo un camino hacia la democracia.

También los países islámicos han protagonizado revueltas de diferente magnitud para acabar con los regímenes despóticos que han gobernado por siglos a esos pueblos. La cruenta guerra civil siria es un recordatorio de las dificultades para cambiar las instituciones en esos países.

Hoy día no hay lugar en el mundo donde no haya política. Y cuando hay política existe la democracia, la libertad de opinión y el derecho al desacuerdo sin esperar sanciones por las mismas. En un sentido moral, la política sigue siendo el cuestionamiento de las instituciones. Como lo expresa muy bien el debate europeo actual respecto de sus instituciones comunitarias.

En Chile, el cuestionamiento de las instituciones alcanza la propia Constitución, considerada legal, pero no legítima por vastos sectores. El sistema electoral que favorece a una minoría rica y poderosa y el Congreso que mantiene “quórums” dominantes, que hacen de la minoría un veto permanente a los cambios.

Entre los auténticos demócratas no puede haber dudas con el incremento de la participación ciudadana. Las elecciones primarias son claves si la estrategia opositora ha de comenzar por reafirmar la supremacía de la política democrática por sobre la economía. Y especialmente de autoridades legítimas, como una expresión del mayoritario interés público. Esto es precisamente lo que nuestras actuales instituciones no pueden garantizar y por eso son cuestionadas. Tal como lo griegos hacían con las suyas.

Lo que se necesita es un camino realista para edificar una democracia sólida, que discuta con franqueza una mayor redistribución de la riqueza producida por el país, entendido como una obra colectiva.

En el Chile del futuro es la variedad o el tipo de capitalismo lo que está en juego y el grado en que los gobiernos deberían ayudar a las sociedades a adaptarse al cambio, es lo crucial.

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30 may 2013

Mujer metralleta, “yo la peor de todas”

Una noticia conmovió a los seguidores del cine chileno: la película “Tráiganme la cabeza de la Mujer Metralleta”, de Ernesto Díaz, que recientemente fue exhibida en el prestigioso Festival de Cine de Cannes fue incluida en un recuento de The Guardian sobre lo “peor” del certamen, en un sarcástico recuento donde abundan las comedias y cintas de acción.

La película protagonizada por Fernanda Urrejola comparte lugares con una comedia policial, un tornado de tiburones y una sobre un Viejo Pascuero alérgico, entre otras producciones.

Sin duda es una muy buena noticia, si seguimos a Neruda cuando le preguntaban cuándo habrá buen cine chileno: “Cuando exista mal cine chileno”, respondía inefable.

Lo que no saben los críticos presentes en Cannes es que la película fue estrenada antes de que la vieran ellos, en un ya tradicional Festival de cine, en la ciudad de Lebu, al sur Chile, el mismísimo día de la mujer: el 8 de marzo de 2013. El público que repletaba el gimnasio del Liceo Técnico Profesional Dagoberto Iglesias de esa ciudad, que no posee salas de cine, disfrutó de la cinta y se rió de buena gana con la fantasía de un personaje que pertenece a la cultura popular.

En efecto, Ernesto Díaz juega en el título de la película con el mito creado por la prensa, de una supuesta “terrorista” que usaba “todas las formas de lucha” para combatir la dictadura de Pinochet. Luego, ese calificativo fue siendo aplicado por la cultura popular a cuanta mujer delincuente aparecía en las páginas policiales y también a no pocas damas de “radiador pequeño” que explotan con facilidad ante situaciones enojosas.

Adicionalmente, la película es protagonizada por una excelente actriz, bastante reconocida en las también populares teleseries.

De modo que, más allá de la calificación británica, el film contribuye a llamar la atención de un público que no va habitualmente al cine y menos a ver cine chileno y eso es una buena noticia. Sobretodo cuando el país cinematográfico estaba bastante satisfecho con los merecidos recientes logros de películas nacionales como “NO” y “Gloria”.

Pero el cine no vive y se desarrolla sólo de premios, sino de públicos. Y los públicos deben habituarse a ver cine chileno. Por ello es relevante la iniciativa parlamentaria de reglar, por ley, cuotas de pantalla para las creaciones nacionales.

Ya se demostró que las audiencias teatrales se pueden desarrollar mostrando mucho teatro, bueno, regular y malo, aunque para ello no fueron necesarias cuotas de exhibición sino estímulos concursables como el Fondart e infraestructuras edificadas con dineros públicos, como el Centro Cultural Estación Mapocho, el GAM, Matucana 100 o el Municipal de Las Condes, que no persiguen fines de lucro. Es verdad que aún faltan estímulos públicos para compañías independientes, lo que es de toda lógica dado que existen audiencias expectantes.

Sin embargo, el cine está en otra etapa previa. Apuntando más a la creación y con resultados sobresalientes tanto en cortos, largometrajes y documentales, con crecientes aportes públicos de Fondo del Audiovisual, la CORFO y el CNTV, los que no serán suficientes si no se sustenta dicha creación en audiencias estables.

El problema es que, a diferencia del teatro, mostrar cine pasa por programadores y exhibidores transnacionales que persiguen sólo un beneficio lucrativo que llega con más facilidad proyectando películas fabricadas en Estados Unidos por empresas vinculadas a las mismas cadenas exhibidoras.

Complementariamente, disponemos -sólo en dos o tres ciudades- de muy pocas salas de cine arte, con severas limitaciones de difusión de sus programas.

¿Habrán pensado los grandes distribuidores de cine internacional que, cuando lleguen con sus multisalas a la provincia de Arauco, por ejemplo, ya tendrán un público habituado al cine?

Sólo que mayoritariamente cine chileno, gracias al Festival Internacional de Cine de Lebu que lleva ya trece ediciones desde que comenzara mostrando a los lebulenses películas en la histórica caverna de aquellos forajidos apellidados Benavides, que hicieron mucho daño a las fuerzas patriotas que luchaban por nuestra independencia.

Festivales como FICIL, organizado recientemente por vez primera en Santiago, contribuyen también a fomentar la independencia del cine nacional, no sólo presentando competencias de documentales, cortometrajes incluso regionales, sino además proyectando películas en entornos tan idílicos como el lago Lanalhue o la Estación Mapocho, y convocando a una mesa de discusión y debate sobre las necesarias cuotas de pantalla.

De modo que quienes califican a la “Mujer Metralleta…” como la peor película para el ilustrado público de Cannes, nos hacen un gran favor: permiten reflexionar que el cine es respecto de la vida misma, una vida que, en Chile, se ha nutrido de mujeres de gatillo fácil, de apariciones truchas como la virgen de Villa Alemana, de oficinescos paseos narrados por el Rumpy y también de gestas notables como la campaña del NO o mujeres señeras como la Gloria de Pali García.

En esas pantallas, deberemos avanzar en la búsqueda del desarrollo del cine nacional, recurriendo a leyes de fomento, aportes públicos, contribuciones empresariales y audacias varias, como, por ejemplo, acoger a la peligrosa Fernanda Urrejola, fuertemente armada, en la popular feria Comic Con.

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