06 jun 2013

De errores y horrores

Analizados con seriedad los hechos, es decir el origen y el contenido de la ley nº 19.234 y sus dos modificaciones, las facultades que se otorgó al poder ejecutivo, el papel del ministerio del Interior, del INP y la Contraloría, la intervención de quienes fueron requeridos para certificar determinadas circunstancias para responder a los requisitos exigidos y el momento elegido por el actual gobierno para detonar el caso de los supuestos “falsos exonerados”, no hay otra conclusión responsable, honesta y seria que no sea la de que estamos ante una grotesca y perversa provocación montada por el gobierno.

No es nuevo. Hace años intentaron lo mismo hablando de “falsos desaparecidos” porque se detectó un caso de un personaje que vivía en Argentina y no tenía esa calidad.

Es impresentable que ministros, subsecretarios, parlamentarios oficialistas con el concurso de los medios de comunicación que todos suponemos participan de una verdadera conjura en la que, con torcidos propósitos políticos, el resultado real es que vuelven a golpear los legítimos derechos humanos de muchos miles de chilenas y chilenos.

Vamos por partes. La ley 19.234 de 5 de agosto de1993 fue dictada como consecuencia de la larga lucha de los cientos de miles de despedidos de sus trabajos por la dictadura por el solo delito de pensar que la democracia era mejor que la dictadura. A esas fechas la presión se sentía fuerte en tribunales en donde los trabajadores reclamaban por los despidos ilegales, hasta el punto que la Corte Suprema emitió un pronunciamiento relativo al problema de la prescripción de las acciones judiciales reivindicativas.

Estimó el alto tribunal que el plazo de prescripción no podía comenzar mientras permanecieran las condiciones de falta de garantía para el ejercicio de los derechos impuestas por la dictadura militar. Esto hizo posible una gran cantidad de demandas y si se acreditaba que los despidos eran injustificados se debió haber pagado indemnizaciones, no sólo el Estado sino también los empresarios privados.Para atender los reclamos de las víctimas y para tratar de resolver la acumulación de demandas judiciales, se aprobó esta ley que luego fue objeto de un par de modificaciones aclaratorias.

En cuanto al procedimiento, la calificación de exonerado político se hacía en el ministerio del Interior y Seguridad Pública, Oficina del Programa de Reconocimiento al Exonerado Político, donde se presentaba la solicitud declarando la relación laboral y la motivación política de la exoneración.

Si el exonerado lo fue entre el 11 de septiembre y el 31 de diciembre de 1973 bastaba el relato y la documentación laboral, es decir hoja de sueldo, carta de despido, hoja de cotizaciones de INP, carta de la empresa sobre años trabajados, si es que esa empresa seguía existiendo, etc.

Si la exoneración era desde el 1 de enero de 1974 al 10 de marzo de 1990, se debía agregar además una declaración notarial de tres testigos que acreditaran el relato. Luego, la documentación se enviaba al entonces llamado Instituto de Normalización Previsional, INP ( actual IPS ) en donde se comprobaba las cotizaciones del solicitante y se definía el tipo y monto del beneficio que se otorgaría.

Finalmente, el expediente pasaba a la Contraloría General de la República para su toma de razón. Es decir la aprobación de legalidad de todo lo actuado.

Este recorrido interminable y fatigoso da cuenta de la rigurosidad del proceso y, en el caso que hubiera un solo caso falso, no hay otro responsable que no sea el organismo encargado de velar por la legalidad de lo actuado, es decir la Contraloría.

El informe del 28 de mayo del ente contralor habla de más de tres mil casos de anomalías y pide sumarios. No sólo causa estupor que este organismo desconozca atribuciones que la ley otorgó al ejecutivo, sino que además no tome en cuenta sus propios errores y fallas.

Una primera revisión que hemos efectuado caso a caso detecta ya situaciones como que en el INP, pese a que el solicitante acreditó todos los requisitos y acompañó su cédula de identidad, se le copió erróneamente el número identificatorio y la Contraloría concluye por eso que hay una falsedad, una adulteración, adjudicándola a la víctima, sin constatar que fue un simple error de la institución revisora y en consecuencias que en el expediente respectivo consta que acompañó su carnet y hay fotocopia del mismo.

Por otra parte a estas alturas es necesario aclarar que estas pensiones de exonerados, cuyo promedio no supera los ciento cuarenta mil pesos líquidos mensuales, no constituyen una donación puesto que el pago se hace con cargo a los ahorros de las propias víctimas de la dictadura, es decir son sus dineros, no del Estado. Por cierto, esto lo callan los articuladores del escándalo, incluidos diversos medios de prensa.

Debe señalarse además que se excluyó injustamente a quienes sólo por sus ideas fueron lanzados a la calle en el caso de empresas que no calificaban a efectos de la ley y, es más, incluso en aquellas privadas intervenidas, que por tanto calificaban, pero que después del 73 volvieron a sus antiguos propietarios, donde también se produjeron graves injusticias.

Hay casos grotescos denunciados por el Comando de Exonerados como el hecho de que Contraloría rechazó solicitudes de exonerados que pertenecieron a empresas intervenidas como Fanaloza Penco que la dictadura “vendió” por unos pocos pesos a un grupo de delincuentes de uniforme encabezados por Sergio Arellano Stark, el de “la caravana de la muerte”, que se farrearon los recursos y la empresa quebró. ¿Qué culpan tenían los trabajadores? Pero sus solicitudes fueron rechazadas.

En el “Austral “ de Punta Arenas, Ernesto Águila Mancilla cuenta que siendo prisionero en el regimiento Pudeto fue obligado a presentar una “renuncia voluntaria” a la empresa estatal ENAP. Era precisamente el método usado por la dictadura para no pagar indemnizaciones. Como dice Águila, es perfectamente posible que algunos que se vieron forzados a “renunciar voluntariamente” hayan postulado como exonerados y hasta estén recibiendo una pensión.

Si bien en estricto rigor eso sería completamente justo, desde el punto de vista formal, aparece incorrecto pues si hubo renuncia – aunque haya sido a punta de bayoneta – no hay exoneración porque no hay despido. Ese era el fraude de la dictadura.

Otro ejemplo. Edmur José Fonseca Pereira, investigador de Flacso y Desal desde 1966 y luego profesor de la Universidad de Chile hasta 1974 en la facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, despedido y perseguido por sus ideas, es hoy un exonerado político con todas las de la ley. Pero Contraloría lo objeta por no coincidir sus datos. Hemos revisado sus antecedentes y descubrimos que fue el INP el que cometió un grave error al adjudicarle un número de RUT diferente del real. Pero él figura entre los denunciados.

Se ha denunciado además que se paga pensiones de exonerados a personas que fallecieron, lo que es igualmente falso porque no se le paga a los muertos sino a sus viudas, como es su derecho en el caso que el exonerado cumplía con todos los requisitos pero falleció mientras hacía los trámites.

Por otro lado, como debía tratarse de personas despedidas por razones políticas, es absolutamente normal la exigencia de acreditar que se militaba en una organización partidaria del gobierno constitucional del Presidente Allende lo que explica las declaraciones juradas y las certificaciones de diversos dirigentes políticos. ¿De qué otro modo se podía acreditar?

La mayoría inmensa de los despidos se basaron en informes de los aparatos de inteligencia de las Fuerzas Armadas o de la DINA y más tarde la CNI, pero no podían las víctimas pedirles a sus propios verdugos que certificaran su situación.

En cifras redondas se estima que desde el golpe militar de 1973 fueron lanzados a la cesantía no menos de 500 mil trabajadores, incluyendo tanto el sector público como el privado, la mayoría de los cuales fallecieron antes que se dictara la citada ley 19.234 recién en 1993. Es decir que murieron sin que ellos ni sus familias recibieran nada. Esa es la dura realidad concreta.

Ahora bien, dictada la ley se presentaron aproximadamente 250 mil solicitudes, es decir la mitad de los que hubieran tenido derecho. Y de estas solicitudes sólo habían calificado hasta el año 2010 unas 157 mil personas. Esos son los datos verdaderos.

A los errores descritos debe agregarse que 473 exonerados reciben además la pensión Valech de la ley 19.992 que es incompatible con la de exonerados.

En nuestra opinión se trata de una incompatibilidad arbitraria puesto que los orígenes, causas y motivaciones fácticas y jurídicas de los respectivos beneficios son diversas.

Uno pretende reparar mínimamente los despidos injustificados, otro las torturas y prisiones ilegales, situaciones absolutamente diferentes.Pero así es la ley y podrían ser casos objetados. Pero de allí a hablar de 3 mil situaciones irregulares hay una distancia que sólo cubre el engaño y la mentira. Nada justifica las bravatas del subsecretario Ubilla, ni la insolencia de la ministra del Trabajo, hija de un miembro de la Junta golpista, que reitera su conocida soltura de lenguaje.

Además digamos que de esas supuestas pensiones irregulares la mayoría fueron otorgadas por el actual gobierno, en casos previamente aprobados por Contraloría.

Pero bien, hasta ahora he hablado de errores, reales o supuestos. Hablemos ahora de los horrores perpetrados por los mismos que ponen el grito en el cielo por estos supuestos actos ilícitos que no son tales.

Porque la dictadura de la derecha dejó un saldo horroroso de centenares de miles de víctimas, entre detenidos desaparecidos, asesinados, torturados, violadas y violados, confinados en campos de concentración, desterrados.

A ellos agregó un saldo de miles y miles de chilenas y chilenos que fueron brutalmente despedidos de sus trabajos y lanzados a la miseria y el desamparo junto a sus familias, sin siquiera derecho a enfermarse, sin sistema de salud, por el solo delito de pensar diferente.

El número de mujeres desaparecidas o asesinadas en prisión por la dictadura bordea las 200, de las que aproximadamente un 10% eran mujeres embarazadas de cuyos hijos nacidos en prisión nunca más se supo.

Por eso estimo que un mínimo de dignidad exige reaccionar con fuerza ante esta nueva embestida político – electoral de la derecha cuyo gobierno carece de autoridad para hablar de corrupción, herederos como son de la dictadura más corrupta de la historia de América.

Y a propósito, ¿porqué nada dicen de las pensiones de exonerados que reciben golpistas como Onofre Jarpa, Hermógenes Pérez de Arce y otros avalados en su momento por personeros destacados de la derecha?

Todavía más. En nuestro país, como ha demostrado un reciente estudio de la Universidad de Chile, el 1% más rico de la población se apropia del 30,5% de los ingresos, en tanto que el 0,1%se apropia del 17,6% de los ingresos y el 0,01% de la población se apropia de algo más del 10%. El saldo, lo que queda, se debe repartir entre el 99% restante de los habitantes.Eso sí es corrupción. Eso sí que es un fraude. Pero de eso no habla La Moneda.

El asunto de fondo no es el caso de los supuestos falsos exonerados, sino la enorme deuda pendiente del Estado de Chile que hasta hoy no repara debidamente a quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado, como le obligan diversos tratados internacionales que hasta hoy los gobiernos pos dictadura no han respetado.

Y encima se pretende una ley para amnistiar a los asesinos ya condenados por violaciones a los derechos humanos. Y además la Corte Suprema designa una ministra con dedicación exclusiva para investigar estos casos de “falsos exonerados” en circunstancias que le niega dedicación exclusiva a los ministros que investigan violaciones a los derechos humanos.

Se está abusando demasiado de la paciencia de los chilenos.

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06 jun 2013

El fin de una etapa en la centroderecha y los desafíos de Allamand

A partir del próximo período legislativo que comenzará sus funciones el 11 de marzo del 2014, la centroderecha no contará con la presencia en el Congreso de Andrés Allamand (RN), Pablo Longueira (UDI), Andrés Chadwick (UDI), Evelyn Matthei (UDI), Carlos Larraín (RN), y Jovino Novoa (UDI). A pesar de que existen diferencias entre las razones o motivos de cada uno de ellos, simbolizan el término de una etapa para el sector.

El principal objetivo que se viene en este nuevo ciclo para la coalición en los próximos años es aspirar a convertir a la centroderecha en una mayoría social, y no solamente en una mayoría electoral que circunstancialmente puede llegar a ganar elecciones.Un trabajo que no es para nada fácil, pero tiene que ver con proyectar nuevos liderazgos, instalar nuevos temas, y crear un relato para las siguientes décadas basado en la libertad y en mejorar la vida de las personas de nuestro país.

Desde el punto de vista electoral, se puede observar una tendencia clara en las cifras y resultados desde 1989 a la fecha para la centroderecha.En los primeros años de la década de los noventa las diferencias a favor de la Concertación eran evidentes.

El primer indicio de una nueva correlación de fuerzas entre las dos más grandes coaliciones políticas se produjo en la elección presidencial de 1999, en la cual Joaquín Lavín estuvo muy cerca de lograr el triunfo ante el candidato socialista Ricardo Lagos, quien finalmente obtendría la presidencia venciendo en segunda vuelta.

Durante el período 1989-2012 se han realizado 29 elecciones de distinto tipo (municipales, de concejales, de alcaldes, de diputados, de senadores, presidenciales con 1ª vuelta y presidenciales con 2ª vuelta). Considerando el porcentaje de votos logrados, la centroderecha sólo ha logrado ganar en 5 de estas contiendas, mientras que la Concertación (acompañada del Partido Comunista en varias de estas últimas) se ha impuesto en las otras 24.

Los 5 triunfos de la centroderecha, que ha tenido diversos nombres en sus pactos electorales pero que básicamente es la alianza entre Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata Independiente (UDI), han sido en la primera vuelta presidencial de 2005, en la elección de alcaldes en 2008, en la de senadores en 2009, en la primera vuelta presidencial de 2009, y en la segunda vuelta presidencial de 2009 que significó el regreso de la centroderecha a La Moneda bajo el liderazgo de Sebastián Pïñera.

Desde el 2005 en adelante la centroderecha se ha mostrado mucho más competitiva que en la década anterior, lo que explica en buena medida el triunfo de Sebastián Piñera en 2009.De todas formas, el promedio que obtiene el sector en el período 1989-2012 considerando esas 29 elecciones es del 40,2% de los votos.

Pero no basta con ganar elecciones y llegar a La Moneda. Las primarias presidenciales de este 30 de junio significan el primer paso de estos nuevos desafíos, en donde se debe convocar a una centroderecha amplia, democrática, moderna, y abierta a los independientes, como bien ha señalado el candidato Andrés Allamand. Y que además sepa interpretar de buena manera los cambios que la sociedad chilena ha tenido en los últimos 30 años.

Las primarias no sólo definirán el nombre del representante del sector para las presidenciales de noviembre próximo, sino que en buena medida mostraran el camino del tipo de centroderecha que se quiere construir: una que aspira a tener los escaños suficientes en el Congreso para impedir las profundas reformas que anuncian Bachelet, la Concertación y el Partido Comunista, o una que anhela convertirse en una mayoría social para hacer los cambios que Chile necesita y que por consecuencia logrará buenos resultados en las elecciones.

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06 jun 2013

Moral y política

Recomiendo desconfiar de los políticos que utilizan un lenguaje moralista. El que se erige en juez, busca ponerse por encima de lo que condena, como si él estuviera a salvo del mal y desde la altura hasta la que ha trepado fraudulentamente, tuviera la potestad de separar a los buenos, de los malos.

Es lo que acostumbra a hacer la senadora Matthei, que siempre que puede, se ubica en la postura condenatoria y con un rostro severo, con palabras duras y ofensivas, decreta la inmoralidad de sus adversarios.

Se diría que le encanta actuar en este rol, porque cada cierto tiempo se viste de Savonarola y aparece de nuevo ante las cámaras con su mirada inquisitiva condenando al infierno a sus oponentes. La maniobra pudiera parecer muy eficaz, pero en realidad detrás de ella hay una tremenda ingenuidad que solo le hace daño al sistema político democrático.

En primer lugar, una postura como ésta presupone que las personas se definen políticamente por consideraciones morales, lo que es falso, y que en la medida en que se demuestre que tal grupo o tal persona es un delincuente que ha cometido actos inexcusables, los votantes van a negarle de inmediato sus favores y van a adoptar la posición del que hace la denuncia.

Pero esto choca con presuposiciones que están mucho más asentadas que ésta en la cabeza de los ciudadanos, como, por ejemplo, la de que los políticos no son precisamente un ejemplo de ecuanimidad y menos cuando se trata de juzgar a sus adversarios.

Como esta última idea para el sentido común tiene muchas más posibilidades de ser verdadera, la primera se neutraliza y termina por no tener el efecto esperado por quién se ha erigido en juez. De ahí que la operación solo sirva para exasperar a los más ingenuos entre sus propios partidarios, que se aseguran de este modo que están del buen lado, y que por obra de la senadora nuestra grisácea situación política se ha transformado en una cruzada valórica destinada a salvar al país de la parte oscura de la fuerza.

Por eso, rara vez este tipo de denuncias tiene alguna consecuencia en los votantes.Para que eso ocurriera, la denuncia tendría que ser hecha desde una postura muy equilibrada, muy serena, con gran acopio de datos objetivos, y en los que se agregue la demostración clara que no se trata de una venganza política, ni de una operación en vistas de obtener resultados en la contienda electoral.

Es decir, no puede ser hecha desde el moralismo condenatorio, sino desde la racionalidad, desde el espíritu de justicia, desde la independencia con respecto a intereses partidarios que pudieran afectar el juicio de quien la hace, desde una posición probadamente ecuánime, que no es precisamente la que abunda en nuestro ambiente político actual.

Y es que el moralismo necesariamente conlleva el maniqueísmo. El que condena moralmente divide a los hombres entre buenos y malos, y se ubica a sí mismo entre los primeros, condición indispensable para validar su propio juicio.

Así, un conflicto de intereses e ideas, que es lo propio de la política, se transforma en una batalla moral, en la que obviamente ya no se le pueden reconocer derechos a los adversarios, que se muestran por fin como lo que son, esto es, como una horda de delincuentes dispuestos a destruirlo todo y a imponer el demoníaco reino de la oscuridad, de la deshonestidad, del egoísmo, de la lujuria, etc. etc.

Este tipo de actitud, lo que esconde en realidad es la increencia y la desconfianza en la democracia, uno de cuyos postulados fundamentales es precisamente el reconocimiento de la razón del adversario y, por lo tanto, de su buena fe.

Si hay posiciones contrapuestas en la política, ello se debe a interpretaciones diferentes de la realidad y también a intereses diferentes u opuestos. La democracia exige el reconocimiento general de que los que se enfrentan en el debate político representan posturas legítimas, y, por tanto, ideas que se generalizarán en el caso de que las imponga una mayoría.

Deslegitimando al opositor, lo que hago es negarle validez a sus ideas antes de que éstas sean consideradas por la ciudadanía. Por lo tanto, en el fondo del moralismo se esconde un pensamiento dictatorial, una desconfianza ante los debates ciudadanos. Al pretender transformar al adversario en el representante del mal y del vicio, le abro las puertas a la guerra, no a la paz, al conflicto, no a la concordia.

De ahí que nuestros políticos debieran prohibirse este tipo de actitudes moralistas que lo único que hacen es crispar el ambiente y enredar la discusión. La historia demuestra que nunca las cosas son blancas o negras.

Nos movemos siempre en aguas turbias y todos sabemos que el mal y el bien son de las cosas mejor repartidas en el mundo: siempre ha estado repartido equitativamente entre la izquierda y la derecha. “Dime tu ideal, y yo te diré los crímenes cometidos en su nombre”.

Por eso, es cierto que la senadora Matthei no es la única en tener este tipo de actitudes y que el moralismo también suele aparecer a veces en el campo adversario. Pero es ella la que se ha caracterizado por este tipo de actitudes. Está bien hacer denuncias cuando ello procede, pero hay que hacerlo dentro de un espíritu creíble, democrático, no desde la violencia sectaria.

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05 jun 2013

Proyecto de amnistía a violadores de DDHH, vergüenza mundial

Hoy Chile hace noticia en el mundo entero al informarse que la Cámara de Diputados acogió a tramitación un proyecto de ley que busca, sin pudor alguno, una amnistía encubierta para condenados y procesados por delitos de lesa humanidad ocurridos durante la dictadura militar en Chile. Ley de Punto final señalan algunos. Una vergüenza, aberrante e inaceptable.

Parece que a los nostálgicos del terror no les basta con sus proyectos destinados a criminalizar el movimiento social y aumentar las sanciones por insultos a Carabineros, reprimiendo a los ciudadanos que libremente expresan su descontento.

Ahora, entre gallos y medianoche, ingresan un proyecto que busca remitir (perdonar), de pleno derecho, la pena que cumplen condenados por delitos de lesa humanidad, con penas de hasta quince años, ocurridos entre el 11 de septiembre y el 10 de marzo de 1990. Es decir, obtienen la libertad inmediata.

Y lo que es aún más grave, el proyecto de ley otorga el beneficio de la libertad provisional, de pleno derecho, para los procesados por estos mismos delitos mientras dure el proceso judicial, así de simple, ni siquiera a petición de partes. Esto es insólito. Esta garantía ni siquiera existe para aquellas personas que cometieron delitos contra la propiedad y ahora se propone para personas que están procesadas por graves delitos de lesa humanidad.

Es una pésima noticia para Chile y para nuestra imagen en el mundo entero, donde se informa de este hecho con estupor. Desde la democracia cristiana impulsamos que se declare inadmisible, que no pueda tramitarse, porque hay claros incumplimientos a Tratados Internacionales que ha suscrito Chile en cuanto a no permitir este tipo de amnistías. Esperamos que prime este criterio jurídico y, también, la razón y la prudencia, pues un proyecto de esta naturaleza supera toda lógica.

Afortunadamente, la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados que integro, acogió nuestra petición y declaró (con los votos en contra de los diputados de la UDI y RN) que el cuestionado proyecto es inconstitucional, lo que deberá ahora informarse a la Sala de la Cámara para su pronunciamiento.

Abrir las puertas de las cárceles para quienes cometieron este tipo de crímenes, que enlutaron a nuestra país durante tantos años parece no sólo impensable, sino que constituye una ofensa y una bofetada para los miles de familiares de las víctimas y para un colectivo que sólo ha pedido Justicia tras los horrendos crímenes cometidos durante la dictadura militar en Chile.

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05 jun 2013

No todos se mojan, siempre son los mismos

La semana pasada los canales de TV, especialmente noticiarios y matinales, dedicaron minutos y minutos a mostrar los efectos de las intensas precipitaciones caídas en varias regiones del país. Calles inundadas, viviendas anegadas, personas damnificadas y aumento en las consultas médicas producto de las inclemencias de la naturaleza.

Pero, para ser precisos, cuando llueve en Chile, contrariamente a lo que refrán dice, “no todos se mojan “. Esto, porque la desigualdad en nuestro país se revela con mayor crudeza en invierno, afectando especialmente a los más vulnerables, a los de siempre, a las regiones y a quienes viven sin las condiciones dignas que Chile debiera otorgar a todos sus habitantes. Y sucede una y otra vez, una y otra vez, en una cadena de hechos que pareciese no tener fin.

A esta desigualdad de estación, se van sumando otras variables permanentes, como la inequidad a la hora de acceder a derechos fundamentales, la educación y la salud.

Fue lo que presenciamos la semana pasada, en la localidad de Quellón, al sur del país, en un Chiloé que levantó su voz para protestar por una salud digna. Porque el mensaje de este nuevo Chile es bastante claro: si no hay respuestas, los ciudadanos se adueñan de las calles, por una demanda justa, legítima y necesaria.

Si ya hemos visto a tantos en la Araucanía, Punta Arenas, Aysén, Freirina y Huasco, entre otras comunas.

Pocas semanas atrás se publicó un estudio de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile que da cuenta de la real distribución de los ingresos en el país.

Los indicadores habituales de desigualdad que colocan generalmente a Chile en los peores lugares pueden ser aún más lapidarios si se consideran todos los elementos que influyen realmente en la distribución de los ingresos.

En Chile, un pequeño porcentaje de chilenos se lleva gran parte de “la torta”, refiriéndonos a cinco clanes nacionales que aparecen entre los más acaudalados del mundo. El 1% más rico se apodera de un 30,5% de los ingresos; el 0,1% del 17,6% y el 0,01% de algo más de la décima parte.

En definitiva, y comparándonos con países de la OCDE, Chile es el país donde cada uno de los tres grupos de altísimos ingresos (1%, 0,1% y 0,01%) absorbe las proporciones más altas del ingreso total.

Aún el segundo país más concentrado, EE.UU, tiene índices de participación muy inferiores a Chile. Esto es particularmente válido para el caso del 0,01% más rico, que en Chile son apenas 1.200 individuos que se apropian de más del 10% del ingreso total, más del doble de la participación del 0,01% más rico en EE.UU.

Sumemos lo dicho por un informe de la OIT, que señaló que se ha agravado la grieta en el sistema económico chileno: crece el empleo pero aumenta la desigualdad.

En suma, estas inequidades repartidas en las regiones del país son, sin duda, una razón importante para exacerbar la indignación de los ciudadanos, a quienes se le insiste en que viven en un país desarrollado, pero donde sienten a diario las carencias y desigualdades.

¿Cuáles serán las respuestas que se les darán?

¿Cuál la justificación para que tan pocos se lleven tanto?

¿Cuáles para que alguien que está desde las ocho de la mañana hasta las primeras horas de la noche trabajando gane tan poco?

Esas son preguntas fundamentales que este nuevo Chile ya no quiere preguntarse más, sino que demanda una solución concreta, justa, urgente.Estamos hablando de dignidad humana, justicia, y equidad. Y no de otra cosa.

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05 jun 2013

Un cura con mameluco, bototos y las ideas muy claras

Dediqué uno de mis primeros comentarios en este comentado espacio de opinión a la experiencia misionera que el padre jesuita Felipe Berríos había iniciado en África y en el yo destacaba su vida religiosa auténtica, ejemplar y comprometida con los más desposeídos y abandonados.

Hice un contraste entre su admirable actitud pastoral y la de otros sacerdotes católicos que no se comprometen, sino con su propio bienestar, seguridad y comodidad.

Junto con destacar a este sacerdote con los bototos bien puestos, pisando barro e inmundicia, critiqué a esos tantos otros de blancas túnicas y manos tersas, lamentablemente, la gran mayoría de nuestra Iglesia.

A lo largo de mi texto repetí intencionadamente la frase “ojalá que no nos defraude”, refiriéndome al padre Berríos, por supuesto. Un lector creyó advertir en esa reiterada frase mía una doble intención en mi texto, lo que no era ni es efectivo. El padre Berríos no nos ha defraudado.

Otras personas me confidenciaron que el alejamiento de Chile del padre Berríos obedecía a razones muy poco elogiables. Ante la duda, preferí no hacer comentarios y darle tiempo al tiempo.

Y, gracias a Dios y al tiempo, hoy puedo reafirmar mi admiración por el jesuita Berríos, porque, hasta el momento, nada ha enlodado su cristiana reputación y, en cambio, él ha continuado dando claras demostraciones de su comprometido espíritu de servicio pastoral entre las comunidades africanas que atiende y se ha mostrado como un auténtico seguidor del Evangelio original, del que habla de ser una Iglesia misionera cercana a los que sufren, a diferencia de la gran mayoría de los curas y monjas que nos rodean.

Así lo pude ver en la tan vapuleada entrevista que recientemente fue exhibida por las pantallas de Televisión Nacional y que todavía puede ser vista por Internet.

He leído en la prensa varios ataques de altos dignatarios de la Iglesia chilena que reaccionaron indignados contra las grandes verdades que expresó el jesuita en dicha entrevista.

Todas falsas acusaciones, por cierto, en contra de quien se atreve a decir las cosas por su nombre.Por ejemplo, que la Iglesia ha perdido su norte y se ha alejado del verdadero mensaje cristiano; que se ha refugiado en el poder y en la opulencia, olvidando a los pobres y a los que sufren, una Iglesia clasista que discrimina en lugar de congregar, dueña de colegios religiosos que impiden el ingreso de hijos de padres separados o divorciados, una Iglesia arribista que busca codearse con los poderosos, una Iglesia que no es samaritana, sino levita, que es capaz de pasar junto al caído sin darle ayuda ni amparo.

En la entrevista, el padre Berríos plantea una pregunta a su entrevistador y al público: “¿Quién puede decir el nombre de cinco o más obispos en el Chile actual? ¡Nadie o muy pocos! ¿Y eso por qué?”, se pregunta el sacerdote para luego responderse: “Porque los actuales obispos dejaron de ser líderes para los católicos.”

Están refugiados tras sus lujosos ornamentos, lejanos del pueblo. No es esa la actitud que Jesús adoptó y que predicó, porque Jesús no buscó rodearse de los poderosos, sino de los más necesitados, de los enfermos y de los hambrientos, que es lo que está haciendo el padre Berríos en tierras lejanas, porque si lo hiciere en nuestro país, seguramente sería atacado por la jerarquía, igual como le pasó al jesuita Alberto Hurtado en su tiempo.

Porque conocí al cardenal Raúl Silva Henríquez, puedo afirmar que él habría estado de acuerdo con las declaraciones del padre Berríos y no lo habría combatido, sino respaldado. En cambio, otros hoy critican al jesuita porque habla de la Iglesia en tercera persona, desde la vereda del frente. ¡Obvio! ¿Cómo va a hablar en primera persona, desde dentro de la Iglesia, si él no se siente partícipe de esa Iglesia lejana, ausente, insensible, ciega y discriminadora?

Debemos agradecer al padre Felipe Berríos que desde tan lejos y de tarde en tarde nos haga reflexionar sobre cómo está por dentro la Iglesia Católica, tanto la chilena como la universal.

El Papa Francisco decidió no usar la esclavina bordada en oro ni los zapatos de charol rojo propios de su investidura, y el padre Berríos optó por usar un mameluco de pana azul y bototos, porque ambos creen en una Iglesia que le pone el hombro a la vida, que “la fe es un verbo y no un sustantivo”, como canta Arjona, quien también fue criticado por la jerarquía eclesiástica que vio en esas palabras un ataque en su contra.

Definitivamente, las palabras del padre Berríos me parecen mucho más sinceras y acertadas que las que muchos curas pronuncian en sus ceremoniosas prédicas dominicales. El rostro del jesuita refleja paz y amor, no así el de otros curas, que parecieran ocultar sus verdaderos sentimientos tras unas palabras gastadas y carentes de vida.

Paz, amor y sinceridad, con una pizca de profunda pena, se advierte en el rostro del padre Berríos durante toda la entrevista por televisión.Recomiendo buscar en Internet la entrevista al padre Berríos a todo aquel que desee reflexionar en serio sobre la situación actual de la Iglesia Católica. Es justo y necesario.

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05 jun 2013

Los riesgos de las primarias

El mayor argumento de los opositores a las primarias, es que ellas podían exacerbar las posiciones de los candidatos en campaña y por lo tanto hacer muy difícil o imposible, la posterior incorporación de los perdedores en torno al ganador. Palabras sacan palabras.

La Concertación que realiza este ejercicio desde hace muchos años a nivel presidencial, no sufrió estos efectos, por cuanto primaba “el ánimus societatis”, el deseo de hacer las cosas juntos y de acuerdo, lo que le permitió gobernar veinte años y ser la coalición más exitosa en la política chilena.

Perdido el poder el 2010, incluso quizás ya un poco antes, se presentan los primeros signos por parte de algunos, de no querer seguir participando en un pacto como ése y ello se acelera durante el actual gobierno.

Abandonado el deseo de mantenerse unidos, se abre un amplio espectro de posibilidades para cada uno de los actores del antiguo pacto.Algunos no concientes de ello insisten con majadería en provocar y ampliar diferencias.

Hoy la belicosidad se expresa en tratar de sancionar desde ya que quien gane se lleva el programa y los perdedores calladitos lo que les den. No era ésa la práctica (sana) con que se logró ganar en las urnas.

No resiste por lo demás el menor análisis. Imponer el programa implica que las candidaturas perdedoras sólo expresarían intereses personales y no es así, todas ellas representan visiones profundas y distintas de la sociedad y que están o estuvieron dispuestas a acordar una propuesta común.

Implica una supuesta “nueva mayoría” en que no es la famosa y tan manoseada diversidad la que se expresa (riqueza enorme de los períodos anteriores) sino que una unilateral y por lo tanto parcial versión de una propuesta de izquierda; de la misma forma que el programa no podría ser el de quienes no ganaron tampoco puede ser a fardo cerrado el de quién ganó.

Obvio. Difícil gobernabilidad se pronostica para quien no lo entienda así.

Una vez más son los candidatos, en este caso la candidata quien debe poner orden en sus huestes y empezar a construir los lazos de esta verdadera nueva mayoría.En este caso quien calla otorga.

Las primarias no son más que un débil bálsamo para tratar de dar más democracia a una constitución que naufraga y a un sistema binominal que representa una perversidad política.

El dictador ansiaba una sociedad dividida y excluyente, con una política reducida y lejana, no seremos los que fuimos sus opositores quienes le demos en el gusto. A cuidar el buen entendimiento.

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05 jun 2013

Los sueños de Pablo, nuestras pesadillas

“Es un Chile de oportunidades, es un país maravilloso”, nos dice Pablo mientras inicia una marcha, pues él no sabe bailar, sólo desfilar. En esta vida unos cumplen sueños y otros metas, Pablo tuvo sueños/metas, que son nuestras pesadillas, todas infundidas por una ouija.

Tener sueños es una empresa romántica, y si éstos anhelan el bien común son los mejores. Tener sólo metas sin sueños, es propio de una vida limitada.

En el Chile ido para siempre, quienes anhelaban metas por sobre sueños convivían, o lo intentaban, con los soñadores. Eran pragmáticos que ahogaban quimeras, sin embargo, hasta ellos no se prohibían ciertos sueños del mundo ideal donde imperaba el derecho de pernada.

Así, cada bando, que no eran sólo dos, exponían a través de sus diarios, radios, revistas, canciones y cátedras ensoñaciones para ese Chile perfecto. Unos ideaban una sociedad socialista, otros una justicia social católica, algunos un Estado laico de archivadores y los Quincheros la primae noctis ad eternum.

En ese Chile con más sueños, nació cierta vez un niño llamado Pablo que sólo tenía 14 años cuando militares y civiles de derecha llegaron para enviar los ideales hacia la pesadilla del crimen, la desaparición y la tortura.

Y lo hicieron con eficiencia de programa espacial, no sólo por los miles de muertos, pues a cuatro décadas los chilenos tienen hoy en sus almas metas y no sueños. Impera consolidada desde 1990 una cultura individualista, consumista, disciplinada, escéptica, clasista y de un aspiracionismo alimentado matemáticamente desde la farándula.

Si hoy a un chileno usted le pregunta qué haría si se gana la lotería, éste no responderá como en los 60 que anhela irse en globo por el mundo, responderá lacónico: “¡Pagaría todas mis deudas!”. Ése es el país maravilloso fruto de los sueños de Pablo, Jaime, Adolfo, Benito, Augusto y Toribio.

A modo de ejemplo, en el Instituto Nacional de la dictadura nos enseñaron chauvinistamente que era de perdedores tener sueños y de ganadores poseer metas.

¿Quiénes cumplieron entonces sus sueños?, ciertamente no quienes, deseaban un país construido en democracia, no fue la Nueva Canción Chilena, fue la Nueva Ola que actuaba en el Festival de la Una.

Los países que lograron superar la cuestión social sí existen y no son esos demonizados infiernos caribeños lujuriosos, que tanto gusta citar la derecha chilena, cuando no puede justificar los crímenes de su dictadura, pues nunca les tocó un PC o PS chileno torturador que organizó policía secreta cuando llegaron a La Moneda.

Pablo creció en dictadura teniendo sueños/metas construidas en dictadura, ensoñaciones al son del “paso de ganso”, para conseguir los fines que insufló en su alma Jaime.

Si Hitler tuvo su arquitecto en Albert Speer, Pinochet, lo obtuvo en Jaime. Las edificaciones delirantes de Speer fueron destruidas tras el horror del holocausto y jamás tendrían cabida en una Alemania democrática, las de Guzmán están incólumes hace 33 años y el ADN del Chile pos 1990 vive calmo en los barrios que ésta edificó en el sector oriente.

Pablo logró sueños y metas, trabajó muy duro esos 17 años para lograr este país maravilloso que tanto acomodó a renovados y rentables, donde el 80% de los trabajadores gana menos de 450 mil pesos, con un miserable 15% de sindicalización, una educación y salud pública abandonada, con millones de endeudados.

¿Algún miembro de la elite tiene a sus hijos en colegios del sector poniente?, si su respuesta es “muy pocos, tal vez o ninguno”, es porque todos vivimos en el sueño de Pablo.

De un 78% de alumnos inscritos en colegios públicos en 1981, se pasó a un 57,8% en 1990 y a un 36% en la actualidad (datos Fundación SOL).Otra quimera lograda por Pablo y que la LGE aprobada con los bracitos en alto el 2009 no buscó nunca revertir, prohibiendo el lucro en la educación básica y media.

Hoy ya no se cree en utopías, sí en “relatos” y metas, sólo así se explica aceptar hoy a regañadientes cambiar la arquitectura fraudulenta, pero cómoda, de la constitución del 80.

Díganle a Pablo que duerma tranquilo y siga soñando como un adolescente, pues se garantiza un nulo desmantelamiento del sendero onírico abocetado por Jaime en lo que se viene. Debería entender Pablo, que sólo se desea avanzar al tipo de constitución que España logró luego de Franco y también potenció la existencia de dos bloques.

Pablo relájate, todo se diluirá en el Senado binominal, seguiremos como felices cautivos de este incestuoso y distorsionado sueño húmedo de 40 años, donde el genocida se fue impune y quienes trabajaron para él hoy son honorables.

Calma Pablo, recorre el país sin miedo real, nada amenaza el legado de Jaime, no hay sueños desde Reagan & Thatcher, sólo metas, deudas y no hay espacio para un poeta ridículo que venga y diga: “Sueño que un pequeño país / con las alas bajo la piel / rompe su coraza de olvido / Vuelve a nacer” (Murga Agarrate Catalina, “Los Sueños”)

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05 jun 2013

El cascabel al gato

En amplios sectores de la sociedad chilena se ha ido sedimentando un diagnóstico en torno a la realidad nacional. Si tuviéramos que resumir esas “verdades del tamaño de una catedral”, habría que remitirse a unas pocas palabras: “cambiar la constitución”.

Ello resume muchos de las transformaciones que se reclaman en educación, leyes laborales y tributarias, en fin, en todo lo relativo a Isapres, AFP y voto en el extranjero para no mencionar leyes medioambientales y respeto a las minorías étnicas y sexuales. Es cierto, también están aquellos que celebran el modelo actual como un camino de éxitos en el país.

Ahora bien, una cosa es hacer un diagnóstico medianamente compartido y otra muy distinta es “ponerle el cascabel al gato”.Una cosa es advertir las miserias del presente y otra es proponer una estrategia política capaz de llevar adelante los cambios que Chile requiere sin que esto saque de sus casillas a los “dueños del país” , a los uniformados o alguna potencia extranjera.

Los chilenos ya sabemos de sobra lo que sucede cuando tales antagonistas políticos se sienten amenazados y deciden patear el tablero de la democracia.

Hace cuarenta años, un sector de compatriotas decidió poner término a una democracia que ya no servía a sus privilegios, eliminando físicamente a sus opositores y sumiendo al país en una cruenta dictadura.

Chile vive todavía a la sombra de tan traumática experiencia, todavía son las leyes escritas por mano militar las que prescriben nuestra vida ciudadana. En un sentido figurado, todavía no se apagan las llamas de La Moneda ni el estruendo de las bombas.

La idea de que Chile es una límpida democracia donde las transformaciones profundas se pueden sancionar en las urnas por la voluntad ciudadana de manera transparente es, para decirlo con delicadeza, de una candidez e ingenuidad sin límites. El lado B de la política chilena se parece más a una alcantarilla que a otra cosa. Una mirada tal solo podría arrastrarnos al más profundo escepticismo, acaso al pesimismo.

Sin embargo, no podemos olvidar lo que nos enseña nuestra propia historia: a pesar de la hediondez de las laberínticas cloacas, una ciudadanía movilizada es capaz de hacer oír su voz y avanzar hacia el horizonte que se ha trazado.

Las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias constituyen, apenas, un hito más en el largo y proceloso camino hacia una democracia más plena en nuestro país.

Una democracia en que los ciudadanos decidan qué se hace y qué no se hace con sus impuestos, qué se hace y qué no se hace con sus recursos naturales, qué se hace y qué no se hace con sus ahorros previsionales.

En pocas palabras, una ciudadanía soberana capaz de decidir qué se hace y qué no se hace con su propio país.

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04 jun 2013

Matthei enfática

Cuando escucho las sentenciosas palabras de Evelyn Matthei respecto al programa de exonerados : “fue hecho para defraudar, fue diseñado para defraudar y cuando un funcionario señalaba que ese no era el procedimiento correcto lo amenazaban, lo echaban”, me nace hacer inmediatamente la asociación de idea con el sistema imperante en la contratación de nosotros los actores en televisión. Sus palabras se pueden aplicar textualmente a lo que nos pasa hoy.

Se trata del sistema que nos obliga a constituir empresas para ser contratados, obviando todos los derechos laborales de los artistas.

Y continúa Matthei: “y cuando un funcionario( en nuestro caso un actor) señalaba que no era un procedimiento correcto, lo amenazaban, lo echaban”.

Tal cual, José Soza demandó laboralmente a TVN y ganó con fallo de la Suprema, primero lo amenazaron y hoy no lo llaman de ningún canal. A mí me ha pasado lo mismo, he denunciado que el procedimiento correcto es que se nos contrate laboralmente y como consecuencia de eso no he participado nunca más en una producción de ningún área dramática de ningún canal de TV.

¿No será que la ministra del Trabajo se traspapeló y se estaba refiriendo al incumplimiento del código laboral por parte de los canales de TV con los actores?Eso sería lo más oportuno, un tema que cae sobre su ministerio directamente y sobre el cual no ha tomado ninguna medida.

¿Tiene la Ministra Matthei la suficiente independencia ideológica y calidad moral como para meterse con programas de reparación de daños producidos por la dictadura militar?

Yo creo que frescolines y aprovechadores hay en todas partes; acreditaciones universitarias, licencias médicas, Cencosud, y también en el caso exonerados ¿por qué no?

Pero de ahí a afirmar que fue un sistema creado para defraudar… es poco creíble. Bueno Don Ramiro Mendoza tiene la palabra.

En el caso de los contratos laborales encubiertos de nosotros con los canales de TV, Doña Evelyn Matthei tiene la palabra.Ojalá sea igual de enfática, pero ¡sin sacarle la madre a nadie!

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