21 dic 2011

Lo que nos depara el 2012 (en Chile)

Hoy hablaré un poco de las energías que se moverán en 2012.

He descartado los presagios catastrofistas que algunos agoreros pronostican para el año que se iniciará.

La relatividad del tiempo de la que nos hablan autores como Melnick, debe hacernos reflexionar respecto de este deseo de anticipar el futuro, de saber lo que pasará en el tiempo que no hemos vivido aun, organizado todo en un calendario formal que se desenvuelve a partir de una semana desde que celebramos el solsticio de verano en el sur del mundo.

Cuando me siento convocado a hacer estas “predicciones” – que no son sino orientaciones básicas para nuestras decisiones – hago una distinción triple.

Como estamos en Chile, primero miro el mundo desde este punto tan austral y estudio un año que se inicia en septiembre, cuando se celebra el cumpleaños del país.

Segundo, acepto el inicio formal del calendario universal y observo la carta del cielo del instante de tránsito entre el 31 de diciembre y el 1 de enero.

Tercero, observo el instante del “cero de Aries”, es decir, el momento en el cual se inicia el año astrológico. Por supuesto, calculo los números de cada propuesta y saco cartas del Tarot para entender las indicaciones que me dan los dos instrumentos ya mencionados.

Todo nos lleva a un tema central: la relación entre el orden y el desorden.

En 2011 vivimos un cierto desorden, que se confrontó finalmente con el predominio de la formalidad a partir de un cierto agotamiento de las fuerzas rebeldes que se anticiparon a muchos procesos que dominarán los años venideros, pero que llegaron retrasados en un año: cuando en septiembre de 2010 Chile comenzó a despertar y a ver que muchas cosas podrían cambiar si acaso se juntaban voluntades para ello.

En 2012 veremos el impulso de un aparente desorden, que no es más que el comienzo de un proceso de redefinición del orden social y del orden personal, en esta dinámica relación entre la persona y la sociedad que ya parece inescapable.

2012 es un año intensamente humano, que exigirá prepararse para un nuevo proceso de movimiento. Debemos estar atentos a la definición de los elementos principales de un nuevo orden en el que comenzarán a alterarse los parámetros habituales.

Las propuestas dispares dependerán de la capacidad de los sujetos individuales para tomar el máximo control posible de sus actos propios.

Ya desde marzo, el año se abrirá en una tendencia orientada a equilibrar (con todos los problemas que presenta el equilibrio, incluidos los riesgos de rigidez y autoritarismo) para fortalecer las decisiones y mantener los esquemas, debidamente protegidos.

Tal vez ese equilibrio logre romperse en los procesos eleccionarios que tendremos a fines de año, cuando con un nuevo padrón electoral participen personas que no lo habían hecho antes y dejen de participar los que votaban sólo porque estaban legalmente obligados.

Estaremos en la búsqueda de respuestas para nuestra historia, en el sentido de asumir nuestros conflictos ancestrales y las tareas marcadas desde el nacimiento del país.

Sabremos, por ejemplo, que la reconciliación como acto social es una quimera, pero el encuentro de procesos de unidad esencial es una propuesta viva que, desde ciertos liderazgos básicos (por ejemplo, el Presidente de la República) puede conseguir avances significativos.

Cuando un gobernante pierde las esperanzas de plasmar su programa y sus promesas, encontrará una buena oportunidad en la unidad de objetivos.

Chile expande su pensamiento, su presencia en el mundo del arte, la cultura, la ciencia y el pensamiento.

Las alianzas se debilitan y se estremecen las relaciones bilaterales. Ahí está el principal conflicto, cuando algunos privilegian la seguridad y otros la expansión.

Por ejemplo, en el tema de la educación, las visiones son demasiado contrapuestas y esos conflictos no serán superados en el corto plazo. La situación interna seguirá viendo afectada la seguridad hogareña, con los problemas de delincuencia por ejemplo. El compromiso con la causa de los débiles aumenta, las cosas concretas adquieren mayor relevancia pública.

El año que se inicia en Marzo nos muestra ciertas dificultades en el tema económico y problemas en las relaciones internacionales.

El problema de la educación continuará con dificultades y tensiones, pero se trabajará en busca de soluciones, lo que probablemente será exitoso.

Tiempo de revelación de secretos profundos y gran agitación de tierras en lugares no habitados o poco frecuentados.

Las aguas están tranquilas (escasas), salvo las del norte debido a los conflictos limítrofes.

El resultado en La Haya, si lo hay como se espera, dará poco al demandante, pero aunque sea un metro, agitará los temperamentos nacionalistas en Chile.

Cuando en abril el mundo del norte reinicia un tiempo de entusiasmo, alegría, trabajo intenso, donde la experiencia de los líderes tendrá gran peso e importancia, en Chile nos volcaremos a discusiones sobre el pasado. El país necesita reafirmarse a sí mismo, tomar decisiones, enfrentar los conflictos en la raíz para evitar que se dilaten o agraven. Los jóvenes se activan en presencias públicas diversas.

El mundo, en el invierno, se estremece por penas y confusiones emergentes. Se recomienda prudencia, serenidad, esfuerzos por cumplir los compromisos.

Tensiones agudas, tragedias, se articulan con momentos de gran intensidad afectiva en los liderazgos, que pueden ser respuesta para lo primero. Miedo y cambios, agitaciones,¿Cataclismos? ¿Terrorismo? ¿Guerras? ¡Cuidado con las reacciones destempladas!

En el tercer cuarto del año, vendrán cambios propuestos por los que mandan en el mundo que, aunque provocan inquietud, las reacciones serán positivas y favorables a las grandes transformaciones de los años siguientes. Chile se reencuentra con la estabilidad y vienen días de encantamiento con las autoridades municipales recién elegidas y sus ideas nuevas.

Ni optimismo ni pesimismo. Tal vez conciencia creciente frente al protagonismo de cada uno de nosotros en los temas de la sociedad.

Un año en que sentiremos que todo nos interesa en forma creciente y sabremos que somos más responsables de lo que nos gustaría.

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21 dic 2011

No es el camino

Que hay una brutal desafección de la ciudadanía con todo lo que siquiera huela a política representada por las coaliciones oficiales creo que no tiene discusión posible.

La lejanía entre el mundo político y las personas es enorme y muchas de sus causas son razonables y verdaderas. Difícil sentirse representado por quienes han construido una burbuja, se mueven en un mundo aparte y no se juegan por lo que en verdad la gente siente como sus problemas.

Ya no basta con propuestas menores como más feriados, postergar pagos de patentes u otras fórmulas menores para encontrar aliviar la situación de la gente.

Farmacias, buses, tarjetas de tiendas, intereses usureros, pollos por nombrar sólo los casos ya públicos, muestran una descomposición de la convivencia y cohesión social que va mas allá de logros o defectos de nuestro modelo económico. La economía funciona en sus grandes variables, pero no funciona en el día a día de cada uno de nosotros.

Resulta insoportable para el país, el que un 10% pueda vivir como alemanes y que el otro 90 % deba vivir como si habitara en África. Y eso porque los primeros no tienen características distintas a la mayoría, simplemente por fortuna o herencia han conseguido trabajo en sectores privilegiados, su productividad no es mayor que el resto y su dedicación tampoco.

Los políticos son los grandes perjudicados, las personas los hacen parte de esa minoría llena de privilegios, ve como la transacción los lleva a aprobar siempre proyectos incompletos que no van a solucionar los problemas sino que apenas son un paliativo temporal, porque los poderosos ya se ingeniarán rápidamente como evitar el desmedro menor que se les infiere.

Sólo un ejemplo: ¿Por qué aprobar una tasa de interés para los créditos con aval del estado de UF+2% si hasta los economistas de derecha encontraban posible UF+0?

Ciertamente se bajó la escandalosa tasa del 6%, pero el 90% de los estudiantes dada la rentabilidad de sus carreras y su situación familiar requiere una tasa menor.

En dos años más estaremos viendo un nuevo proyecto para que ahora sí se haga lo que siempre se debió hacer.

Avanzando de a poquito, también nos vamos muriendo de a poquito: ¡Qué chileno proceso!

Todo esto le hace muy mal a la democracia y resulta un fértil terreno para quienes quieren imponer una visión destinada a convencernos que es mejor el enfrentamiento y la violencia.

La hora de la política exige definitivamente, que los políticos de los sectores no oficialistas recuperen su opción privilegiada por los pobres, se pongan del lado de las mayorías, exijan soluciones a los problemas reales y dejen de creer que la venta de caramelos es la esencia de su actividad.

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21 dic 2011

Inscripción automática: Bien, pero si no vota, no sirve

El día de ayer, la sala del senado aprobó el proyecto de ley de inscripción automática y voto voluntario. Esto implica que 4,5 millones de personas que no están inscritas, en su mayoría jóvenes, estarán en condiciones de votar. Si los trámites que restan para la publicación de la ley no demoran demasiado, las municipales de 2012 podrían marcar el debut en las urnas de muchos jóvenes.

El cambio que significa para nuestro sistema político es enorme. La Ley rejuvenece un padrón electoral que se había mantenido casi igual desde el retorno a la democracia.

Así, hace más probable la aceleración de otros cambios y reformas que necesita nuestro sistema político y que difícilmente pueden lograrse si las mismas autoridades electas siguen tomando decisiones en respuesta a las demandas de los mismos votantes.

Existe clara resistencia de quienes ocupan cargos de elección popular ante reformas políticas que les cambian las reglas de un juego que saben jugar, mismas reformas que requiere nuestra alicaída democracia.

Pero la inscripción automática también les mueve el tablero y, ante la duda e incertidumbre generada, bien puede resultar conveniente para ellos abrazar plataformas políticas nuevas y conquistar a los nuevos votantes, en especial a los más jóvenes, con propuestas que hacen caso a las demandas que hemos venido escuchando este año. Creo que más de algún candidato jugará esta carta.

Pero no hay que contentarse únicamente con esta ley. Es de esperar que este sea uno de muchos cambios en materia electoral y de reformas políticas que detenga un proceso de desgaste que viene desde antes de las marchas.

El voto de chilenos en el extranjero puede ser el siguiente aporte a un proceso eleccionario más inclusivo. La reforma del sistema electoral binominal para hacerlo más representativo y fomentar la competencia electoral, la reforma a los partidos políticos que incluya financiamiento y fiscalización de su función, el término a la reelección indefinida de parlamentarios, son también avances que se requiere hacer para mejorar la democracia y a la vez aumentar la erosionada legitimidad de las instituciones políticas. La ampliación del electorado puede ayudar a que ocurran a mayor velocidad.

Falta ahora que los nuevos inscritos ejerzan su derecho y voten.

Sabemos que con voto voluntario, aumentará necesariamente la abstención. Pero si los jóvenes votan masivamente en las elecciones municipales (por más que no vean un cambio aún), las propuestas de candidatos parlamentarios y presidenciales no podrán obviar sus demandas y serán más atractivas para el rejuvenecido electorado

Este se interesará en seguir participando y será mejor para nuestra democracia.¡Por  fin un círculo virtuoso en política!

Con el potencial aumento en la votación de 4,5 millones de personas el futuro de la política chilena promete más.

Los políticos tienen un incentivo para ir en busca de votos y mostrarse abiertos a las propuestas de los grupos que hasta ahora no participaban. Los mismos que piden reformas urgentes y que han salido a la calle este año y que ahora también tienen que manifestarse en las urnas.

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21 dic 2011

Un Supremo error

Si sólo fuera por la exigencia social de una justicia más categórica a la hora de condenar la delincuencia, la designación del ministro don Rubén Ballesteros como nuevo presidente de la Corte Suprema ya por ese factor aparece como un supremo error; porque no hay delincuencia peor que la del terrorismo de Estado, los crímenes de lesa humanidad, las violaciones a los derechos humanos. Esos son los delitos más graves que puedan concebirse.

Y sucede que el ministro Ballesteros, un magistrado amable, atento, nunca vaciló en sus fallos en ponerse del lado de la impunidad, del no castigo a los violadores de derechos humanos.

Es decir, sentencias para salvar a los agentes de la política terrorista desatada en nuestro país a partir del 11 de septiembre de 1973 por unas FFAA y Carabineros puestas al servicio de las transnacionales y de la derecha económica y política criollas.

Los pretextos para fallar en tal sentido han sido variados, pero ninguno legítimo.

En ocasiones estuvo por aplicar la prescripción, con lo que se vulneran tratados internacionales ratificados por nuestro país, desde luego los Convenios de Ginebra, y el propio artículo 5º de la actual Constitución chilena.

En otras se invocó ese subterfugio propio de malos tinterillos que se ha dado en llamar “la media prescripción”. En otras simplemente se apeló a la mal llamada “ley de amnistía”.

Primero porque no es ley, en ese tiempo no existía poder legislativo. Segundo porque no puede jurídica ni éticamente aceptarse la auto amnistía de los verdugos y tercero porque ese Decreto Ley firmado por doña Mónica Madariaga tenía una vigencia acotada en el tiempo.

La propia Corte Suprema declaró en varias oportunidades su antijuridicidad. Pero Ballesteros y otro par de ministros han insistido en recurrir a tales inválidos argumentos.

Si no se está de acuerdo en sancionar los crímenes de lesa humanidad, sería un contrasentido impresentable que, en cambio, estuviera por aplicar la mano dura que de modo tan insolente han exigido varios ministros de Piñera para sancionar las movilizaciones sociales.

Una presión que el actual presidente del máximo tribunal Milton Juica, rechazó con fuerza.

El 23 de octubre pasado Juica expresó enérgicamente su preocupación por esta “campaña contra los jueces que afecta su independencia”. Recordemos de paso que el ministro Juica será recordado porque siendo juez en tiempos difíciles se atrevió a procesar y condenar a la mayoría de los responsables del sanguinario degollamiento de nuestros inolvidables compañeros Parada, Guerrero y Nattino.

Y ahora, como presidente de la Corte facilitó el camino para que se abriera expedientes a cerca de mil 300 casos nunca antes investigados – entre ellos Salvador Allende y el general Bachelet – y que la Agrupación de Familiares de Ejecutado Políticos tomó en sus manos.

Tales antecedentes le han costado la agresión de los círculos gobernantes.

Uno de los furibundos fue el diputado UDI Gustavo Hasbún quien llegó a sostener que el ministro Juica “terminará en un partido político de izquierda” y afirmó que el supremo “actúa con un ánimo revanchista hacia el gobierno y los partidos de derecha”, asegurando que el magistrado les estaba “pasando la cuenta”

Esta confesión de Hasbún sólo puede interpretarse como el dolor de la derecha por la actuación de Milton Juica respecto de los procesos contra los criminales de la dictadura, y bueno, a confesión de parte ya sabemos…

Volviendo al comienzo, se ha dicho que la designación del ministro Ballesteros tuvo por objeto sacarlo de la Sala Penal del tribunal para que dejara de obstaculizar los procesos de DDHH.

Otra versión es que fue un gesto del poder judicial para adecuarse a los tiempos de la derecha. Como sea, llama la atención y preocupa.

Se trata de temas que no pueden ser ajenos al debate público porque uno de los asuntos centrales del desarrollo democrático de la sociedad es el relativo a la administración de Justicia y la independencia de los tribunales, cuestión aun en vías de resolverse en un país como el nuestro en que subsisten enclaves cavernarios, como la justicia militar aplicada a los civiles, o en que se ha dado una extrema politización en la designación de los integrantes del máximo tribunal.

La histórica falta de autonomía e independencia de los tribunales, agudizada por la dictadura militar y por los gobiernos democráticos que le sucedieron, sigue siendo una de las grandes tareas pendientes.

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21 dic 2011

¿Están dispuestas las autoridades a aprender de la ciudadanía?

El 11 de diciembre pasado, en Peñalolén, más de 70 mil personas acudieron a las urnas a votar a favor o en contra del Plan Regulador Comunal propuesto por la Municipalidad. ¡70 mil! Una cifra que marca un precedente en plebiscitos comunales y que refleja enormes ganas de participación y decisión en las políticas públicas.

Sin duda el proceso que vivió Peñalolén va a sentar un precedente en este tipo de consultas y ojalá otras comunas se animen a escuchar de manera vinculante a sus vecinos, incluso a riesgo de que rechacen su propuesta, como sucedió en este caso.

Estoy convencida que la participación ciudadana es un proceso constante donde la voz de los habitantes es la voz que deber plasmarse en resultados a favor de ellos mismos.

Es una forma nueva de hacer política, no es la de los partidos, ni la del gobierno y menos la del mercado.Es una política que nace desde los barrios, desde cada plaza y cada sede vecinal.

Es ahí, donde la institución que orgullosamente presido, Ciudad Viva, ha iniciado un trabajo largo, de dos años, llamado Agenda Ciudadana, que pone en primera línea los temas que diversas organizaciones han desarrollado y que el sábado 17 de diciembre pusimos a disposición de toda la sociedad, autoridades incluidas.

La participación ciudadana debiese ser un modelo en cualquier gestión pública. Una forma de ser del Estado, de los gobiernos regionales y sobretodo de los municipales. Un estándar que plantee una relación horizontal entre los actores donde la experiencia social sea el capital para construir mejores políticas públicas y para tomar decisiones más inclusivas y equitativas.

¿Cuánto puede aprender una municipalidad de una organización de ciclistas?

¿Cuánto puede aprender el Consejo de Monumentos Nacionales de los vecinos de Bellavista que luchan por que su barrio no sucumba ante las inmobiliarias?

¿Cuánto puede aprender el Ministerio de Energía de los propios empleados fiscales y de las agrupaciones civiles ambientales que llevan años realizando campañas de ahorro energético infinitamente mejores que lo de las corbatas?

La gran pregunta es: ¿Cuánto están dispuestas las autoridades a aprender de los ciudadanos y ciudadanas?

Porque nosotros, en cada barrio, en cada esquina, en cada casa, estamos felices de proponer ideas y aportar para que entre todos, construyamos un mejor país, nuestro país.

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21 dic 2011

La televisión ochentera

Terminaron “Los Ochenta” con éxito de rating, al compás de “El tiempo en las bastillas”, y los créditos aparecían en una pantalla de un televisor también ochentero, dejando honestamente en claro de lo que se trataba.

Alabada legítimamente por una gran mayoría y los medios, sólo televisión, sólo imágenes y emociones casi sin memoria.

Con gusto a teleserie edulcorada, en su cuarta entrega, desgranó el relato de una familia y una sociedad, desgarradas por la historia y la ficción ¿imposible? de su historia, pero digerible ojalá por todos, “en la medida de lo posible”.

Aunque incomparables en sus concepciones, también este año pudimos ver una extraordinaria serie nocturna, “Los Archivos del Cardenal”.

Con un tono seco, duro y crispado, quizás demasiado realista y política, cercana al documental y al cine en su ficción, buceó en el horror y la violencia al compás de la música de Silvio Rodríguez, en la versión de “Los Bunkers”.

Algunos amigos, partícipes y testigos dolorosos de la historia, dijeron, “no pudimos verla”, para no volver a sufrir lo insufrible.

Tal fue el efecto de realidad-confrontación sobre la memoria y el tiempo, lo que generó abundantes molestias políticas y críticas en algunos medios.

Hoy cuando las personas, y la sociedad se revuelcan inquietas y algo furiosas contra su historia, (para cambiar el tiempo y la propia historia), es la memoria la que mira en el presente, desde el pasado al futuro, re- configurando y creando su propio sentido en la cultura.

El tiempo sin memoria no tiene sentido, y la memoria (y la historia), por definición real- imaginarias, porque ya fueron,(aunque en alguna medida sólo son), siempre tienen algo de ficción.

Aunque las dos miradas televisivas a la realidad parecen ser necesarias, yo que viví los 70, los 80 y los 90, prefiero más a Silvio Rodríguez que a Ubiergo, (salvo en “Un café para Platón”).

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20 dic 2011

Lenguaje y Navidad

No resulta para nada extraño que, en muchas ocasiones y en nuestro lenguaje habitual, recurramos a las así llamadas “muletillas”. Son justamente eso, expresiones que empleamos como muletas para apoyarnos al hacer uso de la palabra.

Así, por ejemplo, la misma palabra “justamente” puede serlo, pero también tantas otras, como “¿No es cierto?”, “¿Entiende?” y las demás. Ésta última, excesivamente repetida, tiene el mérito de hacernos sentir no demasiado inteligentes.

Con todo, hay una expresión en la que, creo, vale la pena poner alguna atención, sobre todo si advertimos la peligrosa frecuencia con que está siendo utilizada, sea en medios que podríamos llamar culturales o en el ámbito de la política.

Se trata del decir “no cabe duda” o “no cabe ninguna duda”,lo que es todavía peor.Ni siquiera se usa la expresión:”A mí no me cabe duda”, la que introduce un matiz diferente. Diríamos más democrático, en cuanto abre el espacio para que al otro o a los demás pueda no caberles duda de un modo diferente.

Digo que me llama la atención la frecuencia del empleo de la fórmula indicada y advierto su peligrosidad porque, de alguna manera, el lenguaje es siempre un signo de lo que pensamos y de lo que queremos o sentimos.

Dicha fórmula cierra el espacio a cualquier diálogo posible y, por eso, resulta amenazante.

Cuando ese modo vuelve y vuelve a repetirse pareciera que estuviéramos ante grupos humanos que no tienen ningún interés en comunicarse y que, por lo mismo, van perdiendo el sentido de la comunicación humana y de la propia palabra que nos ha sido dada precisamente para la comunicación.

Además, -y como lo dice la misma palabra-, no se trata de una comunicación cualquiera sino de aquella que conduce a la comunión.

En estos días, en que nos acercamos a la Navidad, los que procuramos ser cristianos, celebramos el acontecimiento de que “El Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”.

Aquí la pregunta podría ser del siguiente tenor: ¿Para qué el Dios de nuestra fe se hizo carne en el Hijo, nacido de mujer, y vino a habitar entre nosotros?

¿Para qué se metió en una geografía determinada, en un preciso tiempo histórico, en una lengua, en una cultura?

¿Por qué al hablar de El hablamos del Verbo, de la Palabra?

Si Jesús no nació y creció como un niño y no vino a darle sentido más pleno a la palabra simplemente humana, ¿no vino acaso para alentar la comunicación en el intento o propósito de ayudarnos a construir una verdadera comunión, una real fraternidad en que todos, como hermanos, podamos reconocer juntos la paternidad universal de Dios?

Para eso, nos entregó su vida. Como dice el evangelista: “para que todos tuviésemos vida y la tuviésemos en abundancia” y para que desde esa abundancia pudiésemos compartirla y entregarla a los demás.

Ese es el gozo de la Navidad. Con alguna muletilla pareciera que nos estuviésemos alejando también de la misma finalidad de la palabra simplemente humana.

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20 dic 2011

Los ochenta y Viviana

Justo el día que culmina la serie más vista de aquellas que indican que en la TV de Chile comienza a correrse el “tupido velo” sobre las violaciones a los derechos humanos fundamentales ocurrido bajo la dictadura de Pinochet, nos anuncian que Viviana Díaz ha obtenido el Premio a los Derechos Humanos otorgado por el Instituto que el Estado de Chile ha encargado del tema.

Es como un feliz corolario del año en que Los ochenta, Los Archivos del Cardenal, y un programa de Canal 11 basado en el degollamiento de tres profesionales comunistas, pusieron a niveles del público masivo horrores que durante décadas fueron sólo angustia de iniciados.

Viviana Díaz es de mi generación y la conocí cuando ambos no alcanzábamos la treintena; sin embargo, perteneció al colectivo de las viejas, agrupación de familiares de desaparecidos que llegó a presidir.

Una veinteañera que devino en vieja porque la dictadura y su aparato represivo determinaron que su padre, el dirigente comunista Víctor Díaz, no debía seguir poblando esta tierra que lo vio nacer. Así de simple, así de brutal: una política de exterminio que un oficial descendiente de cosacos exponía entonces en Villa Grimaldi a sus torturados.

Viviana Díaz tiene sus mejillas permanentemente sonrosadas y su gesto inequívoco de que es hija del rostro que aparece en la foto que cuelga de su cuello, como una maldición inmerecida.

Viviana Díaz tiene una voluntad inquebrantable y la transmite a quienes la conocen.

Viviana Díaz es símbolo de una búsqueda que primero fue de indicios, luego de cuerpos, más tarde de justicia y hoy de reconocimiento de una sociedad que debe tener grabado a fuego el “nunca más”.

El mismo que es necesario reiterar en exposiciones, películas, libros, premios, discursos, teleseries, grabados, testimonios, que no permitan olvidar nuestro holocausto perpetrado por compatriotas enajenados por el odio que el Cardenal Silva Henríquez, ese profeta, proclamó que había que matar “antes de que el odio mate a Chile”. Y estuvimos cerca.

Salvamos por las Vivianas Díaz que salieron a la calle con su profunda tristeza y entrañable energía, con añosas fotografías como collares que pesaban en la conciencia de los represores y no en el cuello de sus dignas portadoras.

Quizás entonces, reparamos en que si queríamos cambiar a este país, debíamos mirar a sus mujeres, a sus viejas que no trepidaron en bailar solas para demostrar el inconmensurable vacío que deja la ausencia.

Vacío que comienza a llenarse cuando los villanos de verdad pasan a ser actores de TV intentando representarlos y la sociedad comienza a reconocer a héroes y heroínas de esa tragedia vivida como el más perfecto de los reality, el de la muerte posible tras cada frenazo en la noche de queda.

Heroínas como Viviana Díaz que probablemente hoy se sonroja, de modestia, por un premio más que merecido.

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20 dic 2011

Octavio Paz: de la redención a la democracia

Es casi una perogrullada sostener que las grandes movilizaciones sociales, que marcaron este 2011 en Chile, han sido (y seguirán siendo) el fiel reflejo de muchas demandas sociales, que habían sido morigeradas (aunque en ningún caso postergadas) desde nuestra reincorporación a la vida democrática en 1990.

Dos décadas después, los jóvenes han salido nuevamente a las calles para demandar igualdad en condiciones mínimas de vida, como el derecho a una educación pública, gratuita y de calidad. Así como el mejoramiento de la libertad política, en aras de hacer más participativa a nuestra limitada democracia representativa, legitimada por una Constitución heredada de la dictadura militar.

Más igualdad social y más participación en las decisiones colectivas o de gobierno son demandas que desde hace doscientos años de historia occidental, han sido canalizadas por dos grandes vertientes políticas: la democracia liberal y la redención revolucionaria. Ésta última nació como respuesta a la insuficiencia de aquella para satisfacer las reivindicaciones contra la desigualdad y la exclusión social, generadas por la hegemonía del sistema capitalista.

Éste fue el gran debate mundial en la década de los ’60, y que en las democracias occidentales europeas y angloamericanas fue resuelto a favor de la democracia liberal hace más de veinte años.

La gran decepción provocada por la sistemática represión política, practicada por la vertiente autoritaria del socialismo en Europa del Este, Asia y Centroamérica, sumado al fracaso de la planificación centralizada como estrategia económica, hicieron descartable a la redención revolucionaria como alternativa de cambio.

Sin embargo, en América Latina esta dicotomía todavía se mantiene vigente, producto de nuestra sempiterna tradición centralista y patrimonialista, cuya corrupción política ha sido la principal fuente de nuestras ignominiosas desigualdades sociales y de nuestra imposibilidad de alcanzar mayores niveles de desarrollo. Lo que nos ha impedido, como consecuencia, exorcizarnos del populismo autoritario como respuesta emancipadora y su falsa promesa de cambio revolucionario, capaz de sacrificar incluso el ejercicio de las libertades públicas y los derechos políticos con tal de perpetuarse en el poder.

Este problema ha sido analizado por muchos historiadores, politólogos y sociólogos, entre los que se destaca el connotado historiador mexicano Enrique Krauze, director de la prestigiosa revista “Letras Libres”. En su más reciente obra, “Redentores. Ideas y poder en América Latina”, retrata con maestría el ideario de doce personajes claves de la historia de nuestro continente.

La figura central de este libro es el célebre poeta y ensayista mexicano, Octavio Paz, el penúltimo escritor latinoamericano en recibir el Premio Nobel de Literatura, veinte años antes que lo recibiera el gran novelista y ensayista peruano Mario Vargas Llosa, quien también es retratado en esta magnífica colección de ensayos.

Nieto de un reformista liberal, Ireneo Paz, e hijo de un caudillo zapatista, también llamado Octavio, Paz encarnó tanto la redención revolucionaria como la democracia liberal. De ahí el protagonismo y la influencia que Krauze reconoce en su obra a este célebre escritor mexicano.

Sin haber dejado nunca de ser un hombre de izquierdas, Octavio Paz defendió siempre una idea de libertad sin cortapisas, que en un primer momento de su vida encontró en el arte surrealista, cuyo máximo exponente fue el poeta y ensayista francés André Breton. Pero al igual que la gran mayoría de los jóvenes intelectuales de los años ‘30, también sentía nostalgia por recobrar el orden perdido.

Aquel orden lo entendía como una “armonía entre las creencias, las ideas y los actos”, que habíamos heredado del nuestro pasado colonial, y que durante el siglo XIX fue desgarrado por un proyecto modernizador liberal burgués de corte autoritario, que impuso una institucionalidad individualista, perteneciente a una tradición europea ilustrada, completamente ajena a nuestras raíces culturales precolombinas y cristianas, provenientes de ese pretérito enterrado.

Una modernización ilustrada, que a la par de sus progresos aparentes, generaba exclusión y marginalidad en el mundo rural, sobre todo en los pueblos originarios, que hasta hoy forman parte del núcleo esencial de nuestras naciones hispanoamericanas.

En este sentido, Octavio Paz creyó por muchos años en la necesidad de instaurar un nuevo orden, una redención, que nos permitiera recobrar esa unidad perdida, reencontrándonos entre nosotros mismos desde nuestra propia heterogeneidad cultural, y así emanciparnos de nuestra soledad. Esperanza que depositó en el proceso de la Revolución Mexicana y en la Revolución Socialista.

En su obra de ensayo más trascendente, El laberinto de la soledad, publicada originalmente en 1950, hay una frase que sintetiza fehacientemente esta creencia: “Quien ha visto la Esperanza, no la olvida. La busca entre todos los cielos y entre todos los hombres. Y sueña que un día va a encontrarla de nuevo, no sabe dónde, acaso entre los suyos. En cada hombre late la posibilidad de ser o, más exactamente, de volver a ser, otro hombre.”

Sin embargo, las denuncias contra los crímenes de Estado acontecidos en los campos de concentración en la Unión Soviética, la publicación de la obra Archipiélago Gulag del escritor ruso Alexander Solzhenitsin, las confesiones del poeta Heberto Padilla sobre su encarcelamiento arbitrario sufrido en Cuba, entre otros episodios, provocaron en Octavio Paz su más ferviente repudio, profunda decepción y posterior alejamiento de la praxis marxista como alternativa de cambio.

No por su contenido igualitario, sino por tratarse de una brutal tiranía que usurpaba el nombre del socialismo, al que por cierto él seguía adhiriendo firmemente.

De esta forma, reforzó su apología del valor de la libertad, especialmente en el mundo de las artes y la expresión del pensamiento, haciendo suya la democracia liberal y su idea de la separación de poderes, como único medio posible para defender los cambios sociales desde el respeto a la diversidad de formas de vida, tanto individuales como colectivas, y –sobre todo- recogiendo la crítica de la sociedad como retroalimentación necesaria.

Otro episodio que marcó su hostilidad contra toda forma de tiranía, fue la matanza contra cientos de estudiantes mexicanos en la plaza de Tlatelolco en 1968, que lo motivó a renunciar públicamente a su cargo de embajador de México en la India.Asimismo, manifestó su más sentida condena a los golpes y las dictaduras militares de derechas, que se impusieron en el cono sur a partir de los años ‘70.

Pero no obstante su adhesión a la democracia liberal, Octavio Paz siguió siendo un crítico categórico del predominio del mercado. En los últimos años de su vida, ya cuando se habían desplomado los socialismos autoritarios y el comunismo en casi todo el mundo, fue enfático en señalar que “la propiedad no es ni puede ser el valor supremo. La riqueza debe estar sujeta al control de la sociedad como el poder político debe estar sujeto a la crítica de la sociedad. (…) El remedio para los males de nuestra sociedad no es únicamente el mercado. El remedio es la democracia real, extendida a todos los órdenes: el económico, el político, el social.”

Y al igual que otros intelectuales de su tiempo, como el gran filósofo italiano Norberto Bobbio, Paz abogó por una fina combinación de liberalismo y socialismo: “Debemos repensar nuestra tradición, renovarla y buscar la reconciliación de las dos grandes tradiciones políticas de la modernidad, el liberalismo y el socialismo. Me atrevo a decir que éste es “el tema de nuestro tiempo.””

Hoy, cuando nuevamente emergen demandas de cambio social en la sociedad chilena hacia una mayor igualdad y una mejor democracia, ya no desde los partidos políticos, como ocurrió hace cuatro décadas, sino desde la sociedad civil, producto de una crisis de representatividad, que cada día se torna más evidente, el pensamiento político de Octavio Paz es un referente imprescindible para sostener nuestras legítimas reivindicaciones a la burocracia con más democracia, más pluralismo, más libertad, más igualdad y más fraternidad.

Rehuyendo de los cantos de sirena de la falsa redención populista y evitando así la tentación de sustituir un centralismo por otro.

Porque de lo que se trata es de ampliar el horizonte de los derechos humanos, que nos pertenecen a todos y a cada uno de nosotros, y para ello es necesario poner límites a toda manifestación de poder, provenga del Estado o del gobierno privado.

Sólo así podremos (y debemos), como decía el célebre escritor mexicano, “mirar de frente a la gran noche del siglo XX. Y para mirarla necesitamos tanto a la entereza como a la lucidez: sólo así podremos, quizá, disiparla.”

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20 dic 2011

DDHH negociados por la Concertación

Los símbolos son importantes, el edificio del Congreso en Valparaíso exuda por cada centímetro de hormigón el legado de la dictadura. Es la torre oscura de Isengard, el anfiteatro idóneo para el mercadeo entre derecha y Concertación.

Una de esas monedas transadas ahí han sido los DDHH.

Hoy los concertacionistas en el congreso, sector privado o en organismos internacionales, rasgan vestiduras porque Rubén Ballesteros fue elegido presidente de la Corte Suprema.

El arribo al cargo de quien formó parte de consejos de guerra luego del golpe, no es un evento de hoy, es posible pues en agosto de 2005 el Presidente Lagos lo nominó para ser nombrado como Ministro de la Corte Suprema.

La conformación de esa corte fue siempre turnando la candidatura de un afecto pinochetista a cambio de otro que no lo era, o no lo fuera tanto.

Las canalladas, al igual que las luciérnagas, sólo brillan en la oscuridad. Lagos propuso a Ballesteros para sesión secreta del Senado un 10 de agosto del 2005. Necesitaba 30 votos, pero el CV del candidato nefasto hizo tambalear la operación de Viera Gallo.

El nombramiento se logró al fin, en una nueva sesión secreta el 16 de ese mes. La labor de Viera Gallo fue brillante, Ballesteros consiguió 34 votos, 4 más de los necesitados. Cuenta la leyenda que los senadores socialistas se opusieron.

Sin embargo, un día esta rutina de negociaciones tórridas no funcionó. Fue en el caso del candidato Alfredo Pfeiffer, propuesto para esa instancia por el gobierno de la presidenta Bachellet.

Hermano de Franz Pfeiffer, uno de los líderes del nazismo chileno, Alfredo, según sus propios colegas, es un revisionista del Holocausto Judío.

Pfeiffer lucía como “meritos”, además, amnistiar los procesos Calle Conferencia y Operación Cóndor. En enero del año 2006 votó por la amnistía y prescripción en el caso de secuestro y desaparición de Jacqueline Ninfa, quien hoy sigue desaparecida. En el caso Jecar Nghgme, tuvo el caso 11 años sin inculpar a nadie y trató de cerrarlo 4 veces.

Ese día en el Senado iba a ser un día de transacción normal, estaba citada la sesión especial, esta vez no secreta, detalle clave para lo que sucedería.

Como no era deliberación escondida, los honorables de la Concertación se llevaron una sorpresa, pues mientras daban sus argumentos grises para justificar el apoyo, vieron entrar a tribunas a las mujeres de la AFDD, asistentes alertadas ante el nuevo descriterio del arco iris de hollín.

Ellas acudían tristes, a sabiendas de la operación política sellada. Pero su sola presencia hizo palidecer a muchos senadores socialistas y PPD, entregados esa tarde otra vez al fatalismo del cogobierno.

Repentinamente algo inesperado hizo tambalear el negocio, pues el senador Frei, hijo de un Presidente de la República asesinado por la dictadura, votó en contra de Pfeiffer. Los concertacionistas liberados de las cadenas, pero que ya habían aprobado, sin poder mirar a los ojos a las mujeres de la AFDD, solicitaron revertir su voto para rechazar al propuesto-impuesto.

Lo imposible se volvía milagro, la oscura torre de Isengard se desmoronaba y los acólitos de Pinochet en el hemiciclo vociferaban contra la Concertación por no tener “palabra ni honor”.

Célebres fueron las frecuencias de odio de la hoy flamante ministra del Trabajo, la cual incluso meses después dijo, en un día de sesión ordinaria, que la gente de los DDHH la tenían harta, pues no dejaban salir del país a su pobre padre.

Se le olvidó agregar que ese general del aire formó parte de una junta militar responsable política de miles de muertos en Chile y a quien la justicia internacional gustaría bastante de interrogar, si se le ocurre salir de paseo por Europa como lo hizo Pinochet.

Lástima, pues ésta nos es una historia con final feliz. Al año siguiente y en la plaza dejada por Pfeiffer, la Concertación apoyó a una jueza que rechazó desaforar a Pinochet por los crímenes de la Operación Cóndor (2004) y Colombo (2005), incluso fue la redactora del fallo.

No sólo eso, cuando se analizaba en segunda instancia las condenas en contra de los autores, cómplices y encubridores del crimen de Tucapel Jiménez, la ministra propuesta por Bachellet votó por reducir las penas y la absolución de algunos.

Sin embargo, el día del rechazo a Pfeiffer, la negociación triste de la Concertación y la derecha sufrió un revés gracias a un hijo que no olvidó a su padre asesinado, pero por sobre todo a la mirada serena de las madres, hijas y esposas de la AFDD, cuya sola presencia hizo recordar a varios cómo hasta el manoseo de los mercaderes del templo debe tener un límite moral.

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