12 ene 2012

Gracias Chile, por el Premio Nacional de Periodismo

Cuando estamos a punto de celebrar los 200 años de la creación de La Aurora de Chile, por Fray Camilo Henríquez, recibo con humildad este galardón que me otorga el estado en nombre de la ciudadanía.

Desde ya saludo la memoria de este insigne valdiviano, escritor, periodista y político revolucionario, que con su talento y coraje se puso al servicio de la liberación del pueblo chileno. Camilo Henríquez dejó huellas profundas que marcaron el tránsito de muchos periodistas comprometidos con la libertad de expresión y el derecho a la información.

Joaquín Edwards Bello, Juan Emilio Pacul, Lenka Franulic, Luis Hernández Parker, Mario Céspedes, Tito Castillo, Guillermo Blanco, Tito Mundt, José Carrasco Tapia, José Miguel Varas, entre tantos otros, que recogieron su legado.

El Premio Nacional de Periodismo, lo interpreto como un reconocimiento al trabajo mancomunado de decenas periodistas que han formado parte del equipo del Diario de Cooperativa.

Primero en la recuperación de la democracia… y más tarde en el apoyo decidido a construir una sociedad pluralista, donde se reconozca la diversidad como un estadio sustantivo, para la convivencia en paz entre los chilenos.

La complejidad de los problemas que enfrenta la sociedad contemporánea en la era de la tercera revolución industrial, donde Internet y las energías renovables, centran nuestro quehacer…, el rol de periodismo se hace cada vez más importante.

Cuando persisten problemas tan esenciales como la demanda social de una educación gratuita y de calidad, donde los sistemas de salud se ponen a prueba por el alto costo, para una población que ve expectante la prolongación de la vida… la función de los medios de comunicación resulta esencial.

Somos un país con una riqueza extraordinaria, pero al mismo tiempo con niveles de pobreza todavía vergonzantes y donde la distribución del ingreso, está entre los peores en América Latina. La tarea de los periodistas para representar esa realidad, se hace imprescindible en una sociedad democrática.

En un país como Chile, donde nuestro himno nacional habla del asilo contra la opresión, nuestros ojos deben estar puestos en los arrebatos de discriminación hacia nuestros hermanos latinoamericanos, que por su desesperación económica, buscan el sustento para sus familias, dentro de nuestras fronteras.

Demás está decir, que debería preocuparnos la situación de nuestros hermanos indígenas, que más allá de la asistencialidad del estado, merecen un tratamiento acorde con el respeto a los derechos humanos, en un estado de derecho, para que podamos mirar el futuro con la frente en alto.

Hoy día cuando estamos reunidos en esta solemne ceremonia en la casa de los presidentes de Chile, quiero saludar a mis colegas de circunstancia histórica en disciplinas como Humanidades y Ciencias Sociales, Artes Plásticas, Artes de la Representación y Audiovisuales, Ciencias de la Educación y Ciencias Exactas.

Con la mayoría ellos me une un factor común: estamos vinculados a la Universidad de Chile. La casa de Bello es símbolo de la Educación Pública, en la que me formé desde mis primeras letras en la enseñanza primaria, con profesores normalistas, hijos de la movilidad social que me impulsaron a abrazar la carrera de maestro.

Rindo desde aquí, un sentido homenaje a los herederos de José Abelardo Núñez y Domingo Faustino Sarmiento, que repartidos por la patria impulsaron grandes cambio en la educación de nuestro país.

Son maestros, educadores que entienden la enseñanza como un servicio a la sociedad y no como un bien de consumo que se transa como una mercancía en el mercado.

En esa cuerda estamos formando periodistas. Que entiendan que la función comunicativa, es la intermediación entre las fuentes y la sociedad, función que tenemos que ejercer con la máxima transparencia y honestidad.

La formación teórica-práctica, siempre estará acompañada por el marco deontológico de la profesión periodística.

Considero oportuno destacar que cuando una fuente de cualquier nivel, se niega a entregar información a un periodista, comete un error de gran envergadura que violenta la función pública y privada.

El que evita ser entrevistado, el que no quiere responder preguntas, no está castigando al periodista, ni menos al medio de comunicación. La situación es más grave: está cercenando el derecho a la información de los chilenos y aplasta el principio de transparencia.

La libertad de expresión es consustancial al derecho de la información. Así funciona la democracia.

Por eso me preocupa la concentración de medios, que en el caso de la radio ha tenido efectos negativos transversalmente.

Es aquí donde la autoridad debe ejercer la potestad de ley, para impedir privilegios que cuestionan nuestra soberanía.

Quiero decir además, que comparto la inquietud de diversas organizaciones sociales, por el retraso en el despacho que regula la televisión digital. Es de esperar que los poderes fácticos no impongan factores de inequidad, que vulneren los derechos ciudadanos.

Aspiro sinceramente que el Colegio de Periodistas sea escuchado por las instituciones que ostentan el poder.

Señoras y Señores

Quiero hacer propicia la ocasión para reconocer a la Universidad Técnica del Estado, que me abrió sus puertas en el Instituto Pedagógico Técnico en la década del 70, a la Universidad de Santiago de Chile, que me permitió sistematizar mis conocimientos de periodismo.

Reciban mi afecto sincero los centenares de periodistas que han formado la familia del Diario de Cooperativa. Desde Delia Vergara en los 70, hasta Oscar Pasten y Eugenio Sierralta en la dirección actual.

Un saludo especial para mis colegas del deporte Al Aire Libre y el área de entretención, cultura y espectáculos.

Todos de alto nivel y profesionalismo, que nos mantiene como líderes en noticias por más 35 años.

Gracias al directorio de la compañía chilena de comunicación por su consecuencia democrática.

Quiero destinar un párrafo especial a mis colegas de www.cooperativa.cl, que han marcado la pauta en la historia de los medios digitales y han transformado al sitio web, en un referente mediático del más alto nivel.

Agradezco además, a los profesionales de Megavisión, La Red y ahora TVSenado, que siempre me estimularon y me apoyaron para un trabajo de excelencia.

Finalmente, en lo más íntimo del ser humano, pero que influye en la proyección profesional. A mi madre, que ya no está conmigo, pero que fue fundamental como puntal de apoyo en la partida.

A Verónica, mi mujer que siempre me alentó para no desmayar frente a los capítulos duros de la dictadura.

A mis hijos, Lorena, Camilo y Valentina, críticos ácidos pero constructivos.

Y a mis nietos Javiera y Tomás, que espero puedan recoger el cariño de tantos chilenos anónimos que hoy nos saludan por el premio.

A todos mi expresión de gratitud.

A la ciudadanía, al pueblo de Chile, que a través del Estado me privilegia, con el Premio Nacional de Periodismo.

Viva los trabajadores de los medios de comunicación, viva los periodistas, viva Chile.

N de la E. Discurso oficial del columnista al recibir el Premio Nacional de Periodismo en La Moneda.

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12 ene 2012

Sueño de unos días de verano 2021 (III)

Cuando pensé, algo aliviado, que la saga de las columnas de sueños había concluido apareció otro lector y muy enojado me espetó: usted ha sido selectivo en sus sueños de verano 2021.

Y enseguida, más calmado, me dijo que a él le parecía que en mis columnas I y II sobre la materia había dejado fuera a los políticos y partidos de mis ocultas preferencias ideológico-partidarias.

Le encontré razón –cosa que suelo hacer con mis contradictores cuando tienen razón y a veces incluso cuando no la tienen- y me puse en manos de un hipnotista para tratar de recobrar desde el inconsciente -o sea, yo- aspectos del sueño de un verano 2021 que no hubiere recogido en las dos columnas anteriores.

Costó –el hipnotista cobraba honorarios que resultaron bastante onerosos- pero fue posible recobrar los sueños perdidos, por así llamarlos, de manera por lo demás asaz poética, y lamentablemente para los lectores –si es que queda alguno, digo- pude recobrar aspectos que no había recordado. Aquí van esos segmentos no relatados antes.

Desde luego Ignace me comentó que el PDC había cambiado su nombre.

Ahora se denominaba Partido Demócrata Humanista de la Izquierda Moderada y Cristiana Asociada, y Algo Entrampada, con la Izquierda Socialista e Incluso Comunista mas no con aquella de una ideología Marxista-Leninista (“PDHIMODC&A&AEISQSOC&COM+NOMARX-LEN”).

El nombre, me explicó Ignace, está en revisión, técnica, pero no por razones ideológicas sino especialmente porque resulta difícil encontrar una sigla que sea más apropiada que aquella antes mencionada.

Me confesó que a él no le gustaba esa sigla pero a muchos de sus camaradas sí, aunque la consideraban quizás algo extensa y difícil de pronunciar.

De otro lado, me señaló que el ex PDC -para no tener que reiterar aquí la nueva sigla, por razones de espacio- ha recientemente convocado a su MMMI Congreso Ideológico, que definirá aspectos sustantivos de la doctrina del partido, respecto de la cual han surgido algunas discrepancias no superadas entre sus militantes.

Particularmente serias, me dice, han sido las diferencias entre los sectores denominados chascones de pelo largo, chacones de pelo corto, guatones, guatones pero nunca tanto, guatones tirando a flacos, flacos a dieta, flacos sin necesidad de dieta, reyes, reyecitos, príncipes, neo-príncipes, princesas, duquesas, plebeyos – con y sin remedio.

Ignace siguió adelante y mencionó aún otros sectores pero entonces como que me cansé y no pude recordar más esta parte del sueño, que, con razón e inteligencia, había olvidado completamente.

Por último, Ignace dijo que habían realizado un gran esfuerzo y renovado el elenco dirigencial del partido. Mencionó algunos de los nuevos nombres: E. Frei, G. Valdés, R. Tomic, P. Aylwin, R. Fuentealba, C. Orrego, I. Walker, J. Pizarro, S. Alvear y G. Martínez.

Ante mi cara de sorpresa o incredulidad Ignace me explicó que no debía confundirme, que se trataba de los nietos, bisnietos e incluso tataranietos, de los dirigentes en los que yo quizás estaba pensando. Será pues, dije yo, para no insistir en una materia tan sensible.

Por otra parte, también recordé que había hecho un esfuerzo adicional y contactado a dos políticos que no estaban en el grupo original de entrevistados 2021: Osvald y Camilló-S, del PS.

Me expresaron que ellos también habían modificado el nombre o razón social partidaria a Partido Socialista Sociedad Anónima Sin Fines de Lucro (“PSSA, SFL”).

Me gustó el nombre, lo reconozco. Era corto, preciso, con una buena sigla, reconocía las raíces históricas del partido y cumplía con la reformada ley de partidos políticos, que permitió a los partidos transformarse en sociedades anónimas sin fines de lucro.

Los dos me dijeron al unísono –en realidad contestaron mis preguntas como un colectivo, esto es, como corresponde- que el PSSA, SFL ha evolucionado en el sentido de adherir a una sociedad socialista pero de un mercado atenuado o morigerado por la voluntad de no hacer del lucro un fin en sí mismo sino un medio para avanzar a una sociedad sin capital y por ende sin capitalistas, sin empresas ni trabajadores, sin negocios, ganancias, ni pérdidas, ni abusos, tampoco poderosos, sino intelectuales de la palabra y de la acción moderada para avanzar en la revolución de los encuestables y efectivamente encuestados, pacífica o al menos sin acciones revolucionarias, atendidas las correlaciones de fuerzas y debilidades o circunstancias adversas que puedan presentarse y detectarse en una encrucijada histórica de la historia y quizás ni siquiera aún así, y todo ello sin caer en la histeria ni el descontrol, sea individual o colectivo.

(Yo, en el sueño, y tampoco despierto debo reconocerlo, no entendía nada, pero me pareció que lo que decían tenía sentido, al menos poético, y eso ya es suficiente en un país de políticos y poetas como Chile – perdón, en una República Indignada, Movilizada y Encuestológica).

De otro lado, siguieron sin pausa, el PSSA, SFL, por su vocación internacionalista de siempre, ha convocado a un Congreso Internacional e Intergaláctico para unificar de una vez por todas a todos los partidos socialistas del mundo entero, sean de aquí, de acá o de allá o incluso del más allá, por si acaso existe aunque no creemos en esas cosas, y de este modo crear a ese nivel y en el espacio mundial terrícola e intergaláctico condiciones objetivas y subjetivas favorables al avance del socialismo antes descrito, por así decirlo, en sus lineamientos más gruesos, y de tal manera que el socialismo bien entendido, comprendido y asumido sin complejos ni tampoco quedándose en modo alguno perplejo, termine por conquistar este mundo y los otros, sea que estén o no habitados por seres inteligentes ya que esto último no importa en último término porque lo único verdaderamente inteligentes es ser socialista y ya está, dijeron, y casi pierden el aliento en el esfuerzo conjunto desplegado en tan larga y compleja perorata que transcribo tal cual sin agregar nada, ni siquiera los puntos seguidos o apartes que parecieran necesitarse en una frase tan extensa y llena de contenidos sustantivos e incluso también adjetivos.

A mí me pareció que estos segmentos recobrados de los sueños eran interesantes y he tratado de recuperarlos con fidelidad y en toda su profundidad para poder transmitirlos adecuadamente a ustedes, señores lectores, si es que queda alguno por ahí, digo y reitero.

No sé si habré logrado lo anterior, pero de lo que sí estoy absolutamente cierto es que se han aburrido y les bajó tremendo sueño.

Aquello puede ser el resultado más relevante de todo lo que explicado en ésta y anteriores columnas, especialmente si sufren, como muchos de los que escriben y/o leen estas columnas, de insomnio vitalicio (aquí se puede usar este vocablo, por otra parte tan reprochable, sin incurrir en riesgos ideológicos innecesarios, creo).

La buena noticia es que éste podría ser –yo diría que debe ser- mi último aporte en materia de los sueños que he relatado para recobrar energías y volver a escribir las columnas que escribo en serio sobre asuntos de nuestra muy seria realidad.

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12 ene 2012

Irán y Latinoamérica. Cuando el diablo mete la cola

Se viene anunciando hace mucho tiempo pero cuando algo no nos gusta, siempre resulta más fácil intentar ignorarlo. En efecto hace mucho que sabemos que Irán no solo representa un riesgo existencial para Israel, sino que es hoy en día el principal riesgo a nivel mundial. Y Latinoamérica no escapa a dicha realidad, por el contrario en nuestro continente se juega mucho más de lo que a la mayoría le gustaría admitir.

El último informe de la Agencia Internacional de Energía Atómica sobre el proyecto de armas nucleares de Irán ya no deja lugar a dudas. Irán ha emprendido el camino del desarrollo nuclear con fines bélicos.

El violento saqueo de la embajada británica en Teherán, las beligerantes declaraciones amenazando con un bloqueo del Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico privando así al mundo de acceso al petróleo de medio oriente, y ahora la nueva visita de su Presidente a Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador no hacen sino confirmar el camino de enfrentamiento elegido por el cada vez más aislado régimen  iraní.

Si bien la mayor parte de la comunidad internacional ha reconocido el riesgo que Irán representa para el orden y la seguridad mundial,  un pequeño número de naciones de Latinoamérica, reciben con brazos abiertos al presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, en su quinta visita a la región.

Hay quienes sostienen que cada vez que Ahmadinejad necesita buscar legitimidad internacional busca el apoyo de sus “amigos” en latinoamericanos.

Y esta es una de esas ocasiones. Hoy más que nunca, Ahmadinejad requiere legitimarse.

Su aislamiento internacional crece producto de la decidida acción de Estados Unidos y Europa para  incrementar las sanciones contra Irán,  por lo que Ahmadinejad acude nuevamente a nuestro continente.

El cariño que le deparan el convaleciente Chávez o el reelecto líder sandinista nicaragüense Daniel Ortega, -alguna vez galardonado con el premio Internacional a los DDHH Muamar Gaddafi – no dejan lugar a dudas que se trata de amigos confiables. Mal que mal,  hay que admitir que Chávez  es un buen amigo de sus amigos. Hasta el final de sus días Gaddafi contó con el irrestricto apoyo del líder venezolano.

En contraste, en Egipto Mubarak no pudo decir lo mismo del apoyo de EEUU y Europa que se evaporó rápidamente con los primeros aires de la primavera Árabe, hoy transformada a la luz de lo que ocurre en Siria, en un sangriento invierno.

La presencia de Irán en Latinoamérica debe sin lugar a dudas preocuparnos.

Desde hace más de dos décadas Irán ha buscado todo tipo de oportunidades en Latinoamérica. Y digo todo tipo, pues no han sido solo comerciales.

A principios de los años 90 con los ataques terroristas contra la Embajada de Israel  y el centro comunitario judío AMIA en Buenos Aires, Irán vio una oportunidad para actuar y exhibió la cara más diabólica de lo que entiende cuando dice que quiere hacer “negocios”.

En paralelo, Irán ha usado sus relaciones económicas en la región.

Irán es hoy el segundo mayor inversionista en Venezuela, al extremo de crear en conjunto con el régimen bolivariano un banco para financiar sus proyectos y evadir algunas de las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Del mismo modo ha financiado proyectos de viviendas  y se informó que está comprometido con un desarrollo industrial con propósitos militares.

En Bolivia, Irán tiene un acuerdo de cooperación por más de $1 billón de dólares para desarrollar sectores energéticos e industriales de nuestro vecino. Ha construido hospitales y financiado programas de entrenamiento para médicos.

Durante el pasado año uno de los responsables del atentado terrorista contra la AMIA en Argentina, el ministro de defensa Ahmed Vahidi realizó una visita de estado a ese país, desafiando la orden de captura internacional de INTERPOL, y  de paso anunció la disposición del régimen iraní de apoyar militarmente la reivindicación marítima boliviana.

Huelga decir que esto es de suyo preocupante para Chile.

En Ecuador, Irán ha firmado una serie de acuerdos económicos y en Nicaragua, ha prometido financiar la construcción de una represa y una estación de energía hidroeléctrica.

En todos estos proyectos los iraníes aplican la receta de los grupos islámicos extremistas para extender su influencia en el Medio Oriente: construir una reputación de responsabilidad social.

Hezbollah y Hamas han usado esta técnica reiteradamente paran ganar el apoyo público y disimular sus objetivos terroristas.

Sin embargo la situación ahora es diferente. El mundo ya conoce el verdadero rostro de Irán.

¿No será entonces hora que el resto de Latinoamérica actúe de forma responsable y se sume decididamente a la comunidad internacional para presionar al régimen iraní de manera que no solo interrumpa su desafiante programa nuclear, sino también su peligrosa y desestabilizadora agenda latinoamericana?

Irán no es un país confiable. Encarna el peor escenario apocalíptico imaginable y ha incorporado a nuestro continente en su plan de batalla.

El bienestar futuro de nuestro continente no puede asegurarse con oscuras conexiones  con los líderes fundamentalistas de Teherán. Como dice el refrán, con el diablo no se pueden hacer acuerdos, compromisos ni negocios. ¡Y el diablo ya metió la cola en Latinoamérica!

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11 ene 2012

En caso de incendio, rompa el vidrio y acuse a la Cam

En los últimos días se han producido una cadena de hechos que incluyen la sucesión de incendios forestales en el sur del país y una serie de acciones violentas contra la propiedad pública y privada. Ello ha sido particularmente grave porque perdieron la vida siete brigadistas que combatían las llamas.

La respuesta del Estado, dirigida por el gobierno del Presidente Piñera ha sido confusa e imprudente.

En lugar de identificar con precisión las responsabilidades en cada una de estas situaciones, el gobierno ha preferido empaquetar las de mayor conmoción pública bajo la etiqueta de la intencionalidad criminal, levantando acusaciones de terrorismo e insinuando que todo ello estaría causado por una hipotética rearticulación de la CAM.

El problema de los incendios forestales ha sido una constante en nuestro país.

La fragilidad de la institucionalidad forestal se combina con la falta de consistencia de las políticas de prevención y el resultado es que cada verano el país ve consumirse en las llamas el patrimonio ambiental expresado en el bosque nativo así como también la pérdida de importantes inversiones económicas presentes en las plantaciones de pino y eucaliptus.

Ello es acompañado por las malas condiciones laborales de los trabajadores forestales.

A pesar de la enorme importancia que tiene la preservación del bosque nativo y la industria forestal en nuestro país, no hemos logrado generar una institucionalidad pública que tenga las atribuciones y herramientas financieras adecuadas para proteger y desarrollar este importante sector.

Por el contrario, mantenemos a la CONAF bajo la forma de una corporación de derecho privado con escaso poder regulatorio y precarias condiciones de fiscalización.

En el ámbito específico de los incendios forestales la política se ha concentrado, literalmente, en apagar los incendios en lugar de prevenirlos.

Del 100% de los recursos que se dedican a esta materia, estudios indican que poco más del 5 %, se invierte en investigación, capacitación y prevención. El resto está todo volcado a financiar el costo de sofocar los incendios una vez que éstos ya se han producido.

La insuficiente cultura de responsabilidad ciudadana en la prevención de los incendios forestales ha causado que durante los últimos 15 años, de forma sistemática, los incendios intencionales hayan ido aumentando.

Sus causas son de lo más variadas e incluyen situaciones tales como: la piromanía, que es mucho más frecuente de lo que uno pudiera imaginar, el simple y puro vandalismo, que genera incendios para presenciar el espectáculos de los bomberos y los aviones lanza agua, los conflictos vecinales y las venganzas entre actores locales así como las causas políticas de diverso tipo.

A ello se agregan los incendios causados de manera involuntaria producto de la acción irresponsable de las personas: la fogata mal apagada, el pucho a la orilla del camino, la fabricación de carbón y las maniobras forestales sin las medidas de seguridad apropiadas.

Cuando ello se acompaña con altas temperaturas en un año de bajas lluvias, tal como sucede en estos días, los riesgos se disparan en forma descontrolada.

En años como éste es común ver la aparición de múltiples focos de incendios forestales en distintos puntos del territorio cuyo origen obedece a una mezcla de todos los factores anteriores. Establecer la causalidad precisa de cada incendio es algo que sólo puede hacerse después de una investigación apropiada.

Por todo lo anterior resulta tan discutible la actitud del gobierno que levantó desde la mismísima Moneda en boca del propio Presidente de la República la teoría de que los incendios más graves obedecían a una planificación criminal de calificación terrorista. Ello es particularmente delicado dado que perdieron la vida siete personas.

La actitud del gobierno de establecer a priori el carácter intencional y terrorista de estos incendios constituye en sí misma un obstáculo para una investigación objetiva de los hechos.

En lugar de buscar las causas que dieron origen al fuego, hoy el ejecutivo está empeñado en demostrar que su tesis es la correcta. Incluso en el evento que el gobierno tuviera razón, esta forma de prejuzgar y condicionar la labor investigativa de los órganos especializados terminará causando desconfianza y suspicacias respecto al resultado final de la investigación.

La invocación de la ley antiterrorista, en la forma y momento en que se hizo, agrava aún más la situación.

El despliegue de las autoridades emitiendo profusas declaraciones con su hipótesis sobre el origen de los incendios acompañadas de la polémica pública con el Fiscal Nacional, la autoridad de bomberos y el alcalde de la zona generan un cuadro de confusión y especulaciones que hace difícil augurar una investigación seria e independiente.

Particularmente, éste es un cuadro que favorece directamente la exacerbación de los ánimos en el marco del conflicto entre el Estado y el pueblo mapuche.

El uso político de la ley antiterrorista por parte del gobierno y su manera de señalar, de vincular de antemano a grupos ligados a la reivindicación mapuche con estos hechos reabren heridas aún no cicatrizadas en el mundo indígena y generan la impresión que el Estado de Chile, una vez más, no ha aprendido la lección.

Hechos violentos como el incendio del fundo La Marina, la destrucción de una patrulla de carabineros o de un helicóptero de la CONAF, así como equipamiento de particulares son absolutamente condenables y deben ser sancionados, pero el Estado tiene herramientas para hacerlo sin necesidad de comprometer a las autoridades políticas en versiones especulativas que se anteponen a las investigaciones correspondientes.

Bajo este augurio de la actividad terrorista y de la reactivación de la CAM se han desencadenado situaciones delicadas.

Los allanamientos a comunidades indígenas ocurridos en los días posteriores a la muerte de los brigadistas son inaceptables. Es una práctica policial que lleva tiempo en la zona y que ningún chileno debiera tener que tolerar.

¿Qué ocurría si la persecución de un narcotraficante o un delincuente cualquiera diera lugar a un allanamiento masivo de residencias en Ñuñoa o, ni hablar, en Vitacura?

¿Se atrevería la policía a entrar a las casas, sacar a los residentes por la fuerza y dar vueltas sus pertenencias sólo porque se sospecha que un delincuente se esconde en el barrio?

De otro calibre, pero también cuestionable es el publicitado allanamiento realizado en la celda de Héctor Llaitul. Más allá de los procedimientos habituales que se hacen en los recintos penales, éste, en particular, tiene un fuerte efecto en cuanto a radicar las sospechas y la atención en una hipótesis específica de investigación que levantó el propio gobierno sin el aval, ni el respaldo de la fiscalía ni de ningún órgano especializado en la materia.

Es hora de tomarse en serio el tema forestal, de tener una institucionalidad pública sólida y una verdadera cultura de la prevención y la responsabilidad.

Es hora de regular como corresponde la industria en este sector, enfrentar la precariedad laboral de sus trabajadores y poner coto a la excesiva influencia que ésta es capaz de tener sobre las autoridades políticas y el Estado.

Y, más que nada, es hora de tomarse en serio la obligación del Estado de respetar los derechos de los pueblos indígenas terminando con las prácticas, los juicios y las interpretaciones de la realidad que generan o alimentan las discriminaciones.

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11 ene 2012

Encontrando a los bárbaros

En el poema “Esperando a los bárbaros” del poeta griego-egipcio Konstantino Kavafis, la voz poética que atraviesa el texto señala en reiteradas ocasiones que el grupo de autoridades y personas públicas -desde los legisladores hasta los elocuentes oradores- del territorio que habita, se encuentran en un estado de inacción expectante, preparados para actuar solo a partir del momento en que lleguen los bárbaros, aquellas personas que desde más allá de las fronteras conocidas (¡el territorio de jurisprudencia y de civilización, por Dios!) vendrán a invadir la calma del lugar:

“-¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan.

-¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué ahí están sentados sin legislar los senadores?
Porque hoy llegarán los bárbaros.

¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen los bárbaros”.

Los bárbaros siempre han representado en el imaginario occidental (desde Grecia en adelante) un grupo de personas que se encuentran fuera de las fronteras del territorio que habita una determinada “civilización” y que en cualquier momento pueden invadir violentamente “nuestro” espacio, destruyendo todo lo que encuentren a su paso, entre ellos, la civilización propia y el “sistema”.

Esta apreciación de los bárbaros, no obstante, nace desde el imaginario de aquel que se auto-convence de ser “más civilizado” que aquellos que habitan zonas fuera de su radio fronterizo, que además de no hablar su mismo idioma (para los griegos, bárbaros eran aquellos que hablaban una lengua incomprensible para ellos, cuyo sonido característico era “bar bar bar…”), se hallan en un retraso respecto al desarrollo cultural del no bárbaro.

Esperar a los bárbaros, hasta nuestros días, parece una estrategia política, social y, por desgracia, comunicacional, común a las naciones y a las repúblicas.

La historia “oficial” de Chile, sin ir más lejos, tiene sus propios bárbaros: los mapuches.

El pueblo mapuche, tras soportar los embates de la colonia española, sufre su propia “conquista civilizadora” durante el siglo XIX, cruenta desde todos los documentos oficiales, pero necesaria según las voces victoriosas, pues solo así se consiguió la mal llamada “pacificación” de la Araucanía.

Si los mapuches son considerados “bárbaros” por la civilización chilena –si es que existe tal civilización-, o mejor dicho por las autoridades políticas y culturales, debido a su ubicación geográfica más allá de las fronteras previas a la ocupación, a su lengua propia, a su idiosincrasia particular y, sobre todo, a su terquedad in-transable a renunciar a su cultura e identidad en pos de la nacionalidad e identidad chilena, entonces está bien que sigan siendo bárbaros, es decir, distinto a nosotros.

Si los mapuches son considerados bárbaros, en cambio, porque cada vez que sucede un hecho de violencia en la región de la Araucanía se los va a acusar de sospechosos evidentes por el solo hecho de que se han negado a someterse a un sistema que no conforme con “expropiarles” sus territorios en provecho de la entidad política que llamamos nación y que, como toda comunidad dominante, se establece sobre los demás mediante la violencia, además desea despojarles su identidad, entonces lo que llamamos barbarie no es más que nuestra propia intolerancia e incomprensión hacia otros.

Cada vez que salimos en busca de los bárbaros para diferenciarnos “civilizadamente” de los retrasados, lo que hacemos es imponer nuestro narcisismo señorial e ilustrado a aquellos que no son iguales a nosotros.

De allí que cada uno de nosotros, ya sea con los mapuches (Chile), con los árabes (Europa y Norteamérica), con los pobres (medios de comunicación y clase política), entre otros ejemplos que podemos citar, ejecuta o bien se hace cómplice de un trato peyorativo y denigrante contra otros que no están en nuestra misma sintonía socioeconómica, política o cultural.

Acostumbrados a creer que todo está bien, somos incapaces de despertar de nuestro aletargamiento sin la necesidad de que aparezcan los bárbaros: siempre que un hecho impactante nos perturba, salimos a encontrar a los bárbaros, aún a riesgo de equivocarnos: así ha pasado con cientos de mapuches apresados para tranquilizar a los dueños de fundos cuando hay incendios.

También sucede así con cientos de inocentes detenidos por delitos de alto impacto comunicacional, como lo vívido por un joven drogadicto que fue víctima de la búsqueda desenfrenada de un bárbaro al cual culpar a raíz de un homicidio a cuadras de una universidad, pasando dos años preso por algo que no tenía culpa, aparte de estar drogado a la hora de su detención y vivir cerca del hecho.

Siempre que buscamos bárbaros, los encontramos. El problema es que los buscamos fuera de nuestras fronteras, cuando bastaría mirarnos al espejo para encontrar un auténtico bárbaro:

“-¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)”, finaliza el poema de Kavafis.

“¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución”

La solución, sí, pero la solución para culpar a otros de lo que nos negamos a reconocer en nosotros mismos.

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11 ene 2012

Las palabras importan

Tan pronto llegué exiliada a México, ofendí a mi jefe sin querer. A los poco días de entrar a trabajar a la universidad, el director de la carrera se me acercó para decirme, con una amplia sonrisa en su rostro, que tendría mucho gusto en cenar con nuestros respectivos cónyuges, “en su casa de usted, el viernes en la noche si le acomoda”.

Si bien muy ceremonioso, no dejó de sorprenderme este estilo de invitarse a mi casa, pero respondí de inmediato que estaba encantada. Convinimos que las nueve de la noche era una hora prudente, para tener tiempo de acostar a los niños que todavía estaban muy chicos.

Me esmeré en la preparación de la comida con sabores chilenos, en un intento por agasajar a los invitados con alguna novedad y, a pesar de lo difícil de encontrar por ese entonces, logré incluso un buen vino chileno en la mesa.

Pasadas las diez de la noche, con la comida recalentada varias veces, lo llamé para saber qué pasaba.

- Cómo qué nos pasa, me reclamó mi jefe, hace más de una hora que los espero a cenar.

- Pero jefe, exclamé, si yo los estoy esperando desde la nueve de la noche con la comida lista.

Esa noche, no llegué a conocer el pozole que por primera vez probaríamos en México, ni mis anfitriones saborearon mi intento de curanto en olla, porque recién entonces entendí que “su casa de usted”, no era la mía, sino la forma elegante que los mexicanos tienen para abrirle la casa a sus invitados.

Esa experiencia no fue la única, si bien la primera lección que recibí sobre las realidades que construyen las palabras.

Buscando departamento para vivir en ciudad de México, me enteré que la propaganda recurrente para anunciar viviendas era ofrecer habitaciones con “alta plusvalía”, como gancho seductor encabezando los avisos clasificados.

La banalización del término marxista “plusvalía” -usado en el mercado inmobiliario para las emergentes capas medias- terminó siendo mucho más eficaz para ningunear el pensamiento de Marx, que todos los esfuerzos de la dictadura por hacer desaparecer el pensamiento marxista en las llamas de la hoguera en que se consumieron tantos libros de su autoría.

Gracias a esos avisos clasificados logré arrendar un asoleado departamento que estaba en la avenida Patriotismo, casi esquina Revolución y a pocas cuadras de Obrero Mundial. Sin duda me atrajo el departamento, pero mucho más las heroicas coordenadas en donde estaba ubicado.

Lo que no preví es que, a fuerza de caminar por Patriotismo todas la mañanas y virar a la derecha en Revolución, para dejar a mis hijos en el colegio Reforma, esas palabras dejarían de evocarme su sentido original y pasaron a ser sólo referentes de la localización geográfica de mi vivienda y la escuela de mis niños.

Seguro que, al igual que conmigo, ocurría lo mismo para los millares de indígenas y mestizos que, gracias a la revolución cardenista, vivían, estudiaban y transitaban diariamente por esas calles.

Evocaciones todas que me surgen a propósito del debate sobre las palabras adecuadas para describir la historia política reciente en nuestro país, con el intento del Mineduc por cambiar el uso del término “dictadura” por el de “régimen o gobierno militar” para describir el período 1973 – 1990.

A diferencia de aquellos que sostienen que este cambio de palabras no puede esconder la realidad que intenta describir y que al margen de lo que sostengan los textos de historia la de Pinochet fue dictadura sin apelación, la experiencia parece indicar que las palabras terminan por construir -o, como en este caso, distorsionar- realidades.

No nos equivoquemos, no da igual. Las palabras importan.

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11 ene 2012

La UDI empuja a Chile a una crisis política

En la encuesta del CEP correspondiente a julio de 2011, los partidarios de cambiar el sistema binominal llegaban a 45% y los partidarios de mantenerlo a 38%. La encuesta de noviembre-diciembre modificó radicalmente el panorama: 60% de los consultados se inclinó por cambiarlo y 17% por mantenerlo.

Un efecto de este amplio sentir ciudadano fue la carta que 63 parlamentarios opositores entregaron al gobierno pidiendo que este envíe un proyecto que reemplace el sistema binominal por uno proporcional y configure un nuevo mapa de distritos y circunscripciones, lo que implica que los firmantes están dispuestos a poner en juego sus propios escaños. Bien por los diputados de la oposición.

En este contexto, los jefes de la UDI y sus ministros han reafirmado en estos días su porfiada oposición al cambio. Por ejemplo, el ministro Larroulet dijo el lunes 9 en una radioemisora: “Estamos abiertos a modificar el sistema binominal, sin modificar sus características centrales que han permitido darle gobernabilidad al país”.

Vale decir, cambiar sin cambiar. Gato por liebre.

Y Juan Antonio Coloma, presidente de la UDI, declaró el martes 10 que este gobierno ya hizo la principal reforma política, la inscripción automática y el voto voluntario, lo que en buenas cuentas significa decirles a los 4,7 millones de nuevos electores que no se ilusionen con que su voto influirá en los resultados de la elección de diputados y senadores, puesto que el binominal determina anticipadamente que debe producirse un empate.

El cálculo de Coloma y su gente es que con un tercio de los votos, la derecha se asegura la mitad del Congreso.

En el afán de defender un sistema del que fueron progenitores directos en las “comisiones legislativas” de la Junta Militar, algunas figuras de la UDI entregan argumentos risibles.

Fue el caso de Hernán Büchi, ex ministro de Pinochet, que afirmó en El Mercurio (8 de enero) que nadie pone en duda que en EE.UU. hay democracia aunque allí se aplica un sistema uninominal (elección de un solo cargo en cada lugar), y dio a entender que elegir dos es mejor que elegir uno. Falacia completa.

El uninominal implica que la mayoría obtiene el único cargo en disputa, y eso es democrático. O sea, se puede comparar con nuestra elección de alcaldes. Si aplicáramos el uninominal en la elección de diputados, en el distrito Ñuñoa/Providencia el único cargo quedaría en manos de la derecha, en tanto que en Independencia/Recoleta, en manos de la centroizquierda.

El problema del binominal, hay que decirlo mil veces, es que distorsiona la voluntad de los ciudadanos al no establecer una correspondencia entre la votación y la representación.

Una fuerza que obtiene 65% de los votos elige un parlamentario y una fuerza que obtiene 35%, elige el otro. En definitiva, una estafa.

Supongamos que la primera fuerza obtiene 35%, la segunda 30% y la tercera 25%: quiere decir que esa tercera fuerza nunca entrará al Parlamento. Por eso, el PC sólo pudo conseguir representación en la Cámara cuando hizo un pacto con la Concertación.

Los jefes de la UDI aprendieron a “hacer política” durante la dictadura y creen que, como la reforma demanda una súper mayoría (un candado constitucional que también inventaron ellos), basta con que sus parlamentarios se opongan para que las cosas sigan como están. Pero se equivocan si creen que todo esto es gratis.

Deberían prepararse para pagar un alto costo político por su actitud mezquinamente partidista de bloquear un cambio que es indispensable para que no se deslegitime el Congreso Nacional.

¿Va a aceptar RN que la UDI, una vez más, se salga con la suya? Es mucho lo que está en juego. Este es el momento en que Piñera debe mostrar real capacidad de liderazgo respecto de un asunto en el que se juega el futuro de la democracia. Si se atreve a cruzar el río, la mayoría del país lo valorará.

Constituiría una insensatez elegir diputados y senadores con el mismo sistema en noviembre del próximo año. Sería profundamente corrosivo para la institucionalidad.

¿Se han puesto los líderes de la derecha en la situación de que, por mantener el binominal, se creen las condiciones para que determinados grupos llamen a boicotear la elección parlamentaria?

Bastaría con que se extendiera la idea de que el sistema electoral está viciado para que prendiera a través del país la consigna de anular el voto o abstenerse, y esto último no costaría mucho puesto que el voto será voluntario.

No está dicha la última palabra. Hay que crear un clamor nacional a favor de la reforma electoral. Ello exige que la Concertación presente en los próximos días una alternativa clara y viable de sistema proporcional, que sea comprensible para toda la población.

Hay que movilizar a la mayoría de los chilenos para sacar adelante esta reforma que es imprescindible para perfeccionar la democracia. Deben pronunciarse todos los sectores.

Lo deseable es que surjan múltiples iniciativas en cada región a favor de un sistema electoral proporcional: actos culturales, campaña de firmas, mensajes a La Moneda, etc.

Hay que meter al país entero en esta batalla.

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11 ene 2012

Terrorismo e Industria Forestal

En Chile, como una herencia más de la dictadura (o régimen militar, como prefiera), se habla coloquialmente de terrorismo para referir a hechos que no tienen esa naturaleza.

El terrorismo verdadero refiere a acciones delictuales, organizadas sistemáticamente a través de redes internacionales, que manifiestan un desprecio tal por la vida humana que provocan terror en la población, promoviendo el odio por motivos étnicos, religiosos o políticos.(1)

No se trata de cualquier delito que provoca terror, de lo contrario un asesinato común podría ser catalogado como terrorista.

En el modelo norteamericano, se trata de un terror que tiene como objetivo desestabilizar el sistema económico, entendiendo que el lucro es la base de la sociedad. En el modelo europeo refiere a la desestabilización del sistema democrático.

El presupuesto es que el pueblo soberano se da a sí mismo un sistema político, y un grupo quiere forzar al resto, a través del terror, a adoptar otro sistema político . De ahí que siempre el terrorismo es un fenómeno político.(2)

En Chile hubo terrorismo el 11 de Septiembre de 1973, con un incendio nada menos que en el palacio de gobierno y acciones sistemáticas posteriores de aniquilamiento.

La Coordinadora Arauco Malleco a lo largo de su historia como organización ha reivindicado ataques de resistencia al capital que depreda el territorio mapuche y amenaza su subsistencia como Pueblo. No pretendo yo legitimar esas acciones, desde la comodidad de mi escritorio. Pero es necesario que un gobierno, a la hora de invocar una legislación, tenga en cuenta distinciones mínimas.

En cualquier país con terrorismo se reirían de escuchar que Chile dice tener terrorismo.

Ya los cables de Wikileaks mostraban que personeros de Estados Unidos ridiculizaban esa posibilidad, siendo que es ese el gobierno que más duramente ha orquestado la campaña internacional para que los estados endurezcan sus legislaciones al respecto.

En la práctica en Chile la ley antiterrorista se ha utilizado a manera de “sentencia previa”, a través de largas prisiones preventivas a personas que en su mayoría después han salido absueltas, como herramienta política de la mano de los gobiernos de ambas coaliciones, para no atender a los derechos mapuche y para proteger los intereses económicos del sector forestal.

Actualmente hay una treintena de mapuche, pertenecientes a diversas orgánicas, esperando juicios por ley antiterrorista en arresto domiciliario, quienes seguirían en las cárceles si no fuera por las huelga de hambre.

Los mapuche condenados por ley antiterrorista durante la Concertación, actualmente están demandando al Estado de Chile ante la Corte Interamericana por discriminación en la aplicación de la ley, y el gobierno actual reconoció la legitimidad de su reivindicación territorial entregándoles tierras hace pocas semanas.

Los dirigentes de la Coordinadora Arauco Malleco que están presos actualmente en Angol también fueron juzgados por la ley antiterrorista, y la Corte Suprema a través de una mañosa interpretación, contraria al espíritu de la reforma procesal penal, planteó que algunos de sus mecanismos eran legítimos incluso al condenarlos por ley común.(3) El caso se presentó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hace pocas semanas.

Podemos decir, con bastante consenso nacional, que contra el Pueblo Mapuche se han ejercido sistemáticamente acciones terroríficas que han desestabilizado su sistema social como pueblo. Se trata del aniquilamiento de un pueblo, en su existencia como tal, a través de la negación de su derecho al territorio ancestral.

Ya que históricamente ha sido la espiritualidad(4) ligada a la tierra lo que ha definido la existencia del pueblo mapuche, es evidente que sin un espacio territorial al que esa identidad haga referencia, todo discurso de reconocimiento se queda en pura demagogia.

La experiencia de los últimos 100 años plantea que es muy difícil transmitir a los hijos la identidad en la diáspora. Sin territorio, el Pueblo Mapuche está condenado a desaparecer.

Algo similar les ocurre a los hijos y nietos de chilenos exiliados en Europa si no está el espacio territorial de la nación chilena como posibilidad de arraigo.

Pero la negación llega a extremos como el del RN Carlos Larraín, que con el afán de relativizar la existencia del pueblo mapuche plantea que “todos somos mestizos”.

Tal modo simplista de concebir la identidad se sigue enseñando en los colegios a través de los libros de Sergio Villalobos. La pregunta clave que se debe hacer a todo gobernante a este respecto es: ¿Cree usted que el pueblo mapuche debe seguir existiendo? La respuesta políticamente correcta obvia es sí. La pregunta siguiente es ¿Cree que puede existir a largo plazo sin un espacio territorial de referencia? Todo lo demás es demagogia.

El Pueblo Mapuche tiene derecho a existir en su territorio. El modelo forestal puede traer mucha riqueza al país, pero a través de ellas se están violando derechos inalienables.

Héctor Llaitul, preso político de la Coordinadora Arauco Malleco y vocero político, en su comunicado sobre la acusación del gobierno, lamentó “la muerte de gente pobre, de jóvenes trabajadores, víctimas también del sistema económico, que laboraban en condiciones deplorables, con salarios miserables, sin las más mínimas medidas de seguridad, y que fueron enviados al choque para defender los intereses económicos de una de las familias más ricas de Chile”.

Y es que, una vez controlados los incendios y pasado el revuelo mediático, urge una reflexión sobre el modelo forestal en territorio mapuche.

Este modelo se propagó por todo el territorio mapuche al amparo de la dictadura. El mayor subsidio consistió en que pudieron comprar a bajo precio terrenos que la reforma agraria estaba en proceso de devolver a los mapuche, y otros que estaban en manos del Estado.

A través del decreto ley 701, de 1974, se subsidió la plantación de pino y eucalipto. Tal es el origen de la expansión sideral de Forestal Arauco y Forestal Mininco, que multiplicaron muchas veces el patrimonio de las familias dueñas de Copec y CMPC.

En el caso de Copec la empresa fue salvada de la quiebra de sus antiguos dueños y luego privatizada nuevamente. Investigaciones de Fernando Dahse y Hugo Fazio sobre la extrema riqueza en Chile sitúan a la industria forestal como el más claro paradigma de concentración de la riqueza en Chile. Se trata de grupos económicos con amplias redes en los grupos de poder en Chile.

Para poner un simple ejemplo de la influencia en la opinión pública, debemos considerar que cada vez que El Mercurio pregona “¡terrorismo!”, el papel que hace de soporte al texto que leemos viene del territorio en conflicto, siendo procesado por Inforsa, filial de CMPC.

Actualmente ambos consorcios están en expansión por toda Latinoamérica, llevando las plantaciones de pino y eucalipto a todo un continente que es valorado por ser un verdadero pulmón del planeta.

Todos los veranos altos contingentes de fuerzas especiales son enviados al sur a proteger las cosechas del pino y el eucalipto. Sean los incendios provocados o intencionales, si queremos solucionar el problema de fondo debemos considerar que su causa fundamental es que hemos convertido el sur de Chile en un ecosistema peligroso, altamente inflamable y seco.

¡Quién se podría imaginar que en lo que alguna vez fueron reservas de bosque nativo hoy a muchas comunidades se hace necesario llevar agua en camiones aljibe! ¿Es que el futuro del sur de Chile es convertirse en un desierto?

El Artículo 7 del Convenio 169 de la OIT plantea que los Pueblos Indígenas tienen derecho a decidir sus prioridades en su proceso de desarrollo. Esto no será posible con el modelo forestal actual, pues invade y degrada el territorio, haciéndolo insustentable.

Se trata de verdades incómodas pero que urgen a un cambio de modelo. Pedimos a Dios que la tragedia que enluta a nuestro país nos haga reflexionar a fondo sobre nuestros problemas estructurales, para una paz social basada en la justicia.

1. Hace pocos días fue aprobada esta Ley Antiterrorista en Argentina, causando gran revuelo ciudadano. Sin embargo se puede ver fácilmente que en comparación con la nuestra es muchísimo más avanzada: http://nuestraamerica-hoy.blogspot.com/2011/12/ley-antiterrorista-verguenza-argentina.html

2. En Chile Myrna Villegas ha investigado ampliamente el tema. El INDH, por su parte, ha insistido reiteradamente en que nuestra ley no cumple con estándares de respeto a los derechos humanos.

3. Artículo más detallado en Le Monde Diplomatique, Agosto de 2011. Disponible en este link: http://www.facebook.com/notes/luis-garcia-huidobro-sj/c%C3%B3mo-se-conden%C3%B3-a-los-dirigentes-de-la-cam/275044802551030

4. Palabra que está en crisis para el wingka. ¡Cuánto podríamos aprender de los mapuche en el valor de esa palabra!

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11 ene 2012

Las palabras y las cosas

La polémica por el cambio de la palabra “dictadura” al término “régimen militar” en los manuales de enseñanza básica ha sido más prolongada y en ella han participado más personas y agrupaciones que las que tomaron parte cuando se presentó el libro Prisionero por servir a la patria, de Miguel Krassnoff.

No deja de ser curioso, pues parece evidente que las atrocidades cometidas por la DINA resultan mucho más graves que sustituciones léxicas en los textos de estudio. Aquellas fueron acciones destinadas a eliminar al enemigo, estas semejan reformas algo inocuas.

Y es sorprendente que a diario se entreviste a historiadores (¿hubo alguna vez tantos historiadores e historiadoras como en el presente?), expertos, sociólogos, politólogos y a una extensa gama de personalidades, a las que hay que agregar a inefables columnistas que se desgañitan para explicarnos las diferencias entre una u otra forma de sistema político.

O que organizaciones tan disímiles como la Sociedad de Escritores de Chile y la CUT continúen emitiendo comunicados para protestar en contra de la nueva designación.

Además, los diarios extranjeros, en forma unánime, han reprobado la última gaffe del radiante gabinete de Piñera.

La verdad es que la expresión “gobierno militar” para referirse a la administración de facto que rigió en Chile desde 1973 a 1990, se usó, por primera vez, en las oficinas del Comité Pro Paz, cuyos documentos daban cuenta de los brutales atropellos que se cometían en un lenguaje serio, jurídico, comedido, en fechas tan tempranas como los últimos meses de 1973; la Vicaría de la Solidaridad, sucesora de esa institución, siguió empleando esos dos vocablos en todos sus informes, hasta su disolución en 1992.

Pero eso era absolutamente comprensible: se trataba de otorgar credibilidad a lo que se escribía, sobre todo en el exterior, donde la situación de Chile impactaba como nunca antes había impactado ningún derrocamiento por obra de la violencia armada.

La locución “dictadura” habría parecido panfletaria o propagandística, propia de organizaciones opositoras y lo que se buscaba era otorgar la máxima  objetividad al describir situaciones que superaban a la imaginación en cuanto al horror de lo que se experimentaba, sin caer en confrontaciones con los gobernantes de entonces.

Por lo demás, ninguna entidad humanitaria –Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Médicos sin Fronteras, etc.- ha usado nunca la palabra “dictadura” en sus comunicados.

Desde luego, nadie que trabajara en la Vicaría u organismos similares, ninguna víctima, familiar, amigo de los perseguidos y tal vez la vasta mayoría de los habitantes del país, incluidos muchos que apoyaron en sus inicios el pronunciamiento, pensó jamás que en Chile se vivía otra cosa que no fuera la peor dictadura de la época, una de las peores del mundo.

No eran necesarias clases de Derecho Constitucional, Instrucción Cívica o puntualizaciones semánticas para saberlo, así como tampoco debates terminológicos acerca de esto, aquello o lo de más allá.

Todos la vivimos día y noche, todos sabemos lo que fue, todos pudimos constatar cientos de veces, miles de veces, en qué consistió. Por consiguiente, a estas alturas, las disquisiciones en torno a lo que es o no es una dictadura parecen redundantes y enteramente superfluas.

¿A qué viene entonces tanto alboroto por una renovación en el modo de denominar al modelo político de Pinochet?

Aparte de que da grandes oportunidades de explayarse a los mismos de siempre, que dicen lo mismo de siempre, hay, claro, una causa más profunda: la incesante búsqueda de legitimidad de un régimen que convirtió a Chile en paria internacional, produjo repulsa en todo el mundo, hizo sinónimo al país de una tiranía sangrienta, se tradujo en la más siniestra imagen que, por casi dos décadas, haya tenido una nación sudamericana.

Con todo, quienes llevan a cabo esta empresa, en el fondo saben que es inútil.

¿Y por qué se les viene a la cabeza justo ahora hacer esa drástica alteración en los libros de estudio?

En gran medida, porque muchos de ellos, que sirvieron a los militares –no todos, por suerte- vuelven a tener acceso al poder y, por lo tanto, les asiste la facultad de cambiar las palabras por las cosas que prefieren.

Pero hay más. La derecha chilena, mejor dicho un sector de ella, jamás ha abjurado de Pinochet y aunque no debe haber sido grato para sus miembros ver el nombre del régimen que apoyaron como lo más execrable del planeta, saben bien que una modificación de nombre no mudará el juicio de la historia.

Más aún, tienen pleno conocimiento de que lo que hoy hacen, puede ser sustituido mañana. Es erróneo, por consiguiente, pensar que la derecha no se enorgullece del período 1973-1990 y que se molesta por el verdadero nombre con que se le denomina. Ha mostrado reiteradamente que estos asuntos le importan un rábano.

Lo más grave de todo reside en que, tras 22 años de democracia, haya no solo un grave retroceso en estas materias, sino una radical ignorancia sobre conceptos elementales en torno a los compromisos ciudadanos.

La responsabilidad no recae en el gobierno actual -¿es factible esperar avances de el?-, sino, en gran medida, en sus predecesores.

¿En qué quedó el ramo de Derechos Humanos que se iba a implantar en colegios, institutos castrenses, academias policiales y otros establecimientos? En nada.

¿En qué quedó la difusión del Informe Rettig y textos similares a lo largo de la nación? En nada.

¿En qué quedaron tantas promesas y buenos propósitos? En nada.

¿Y la cultura de la vida, del respeto, de la tolerancia al otro? En casi nada.

Más estéril todavía es la negligencia, la frivolidad, la palabrería, la verborrea para figurar seguido en los medios de comunicación. Porque nadie parece haberse detenido a pensar por un instante que si un ministro puede proponer lo que le de la gana, se debe a que hemos hecho posible que proponga lo que le da la gana.

Y si mañana deciden ponerle a la Alameda el nombre Augusto Pinochet, enseñar cualquier disparate, promover la discriminación, el sexismo, el chovinismo, el antisemitismo, se debe, única y exclusivamente, a que lo hemos permitido, creando el clima para que ello sea posible.

Las palabras no son siempre equivalentes a las cosas que se quieren decir y puede haber un territorio de ambigüedad en el habla.

No obstante, existe un área en la que ello es impracticable: un gordo no es flaco, un sueco no es zulú, la dictadura no es régimen militar. Y no es concebible equivocarse, salvo en el Chile actual.

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11 ene 2012

Menos antenas, más ciudad

Después de casi 6 años se aprueba una ley de antenas. Mucho, demasiado tiempo. El año 2007 ingresó un proyecto del gobierno de aquel entonces, pero recién el 2010 se terminó el primer trámite legislativo.

En el intertanto nuestra ciudad se llenó de torres de antenas. Blancas y naranjas, o blancas enteras. 20, 25, 30 metros de altura, no una sino dos o tres juntas. Incluso llegando a casos como el del sector de Tejas de Chena en San Bernardo, en pleno barrio residencial cinco antenas de 30 metros en una faja de 25 metros, en fila india, y con dos más aprobadas esperando su construcción.

Este ejemplo refleja la situación en que nos encontrábamos. Una total desregulación, completa libertad para instalar antenas del tamaño que se quiera, donde quiera, cuando quiera y como se quiera.

No importa si se afecta el valor de las propiedades vecinas, si se deteriora la armonía urbana del barrio, si se generan preguntas sobre el impacto a la salud de los vecinos. Da lo mismo, pongamos antenas.

Esta ley está lejos de lo óptimo. Pero, a pesar de las presiones de las empresas –lo que llamó la atención de algunos medios de comunicación-, y de su larguísima tramitación, el proyecto aprobado logra enfrentar algunas de las principales aspiraciones ciudadanas.

Para el futuro, se trata de menos torres, de menor tamaño, impidiendo su concentración, sacándolas de ciertas zonas consideradas sensibles y fijando estrictos estándares de radiación.

Esto a mi juicio se logra con la ley que se da a conocer. Se estructuran los incentivos para promover antenas de menor tamaño, se obliga a la colocalización (poner antenas de distintas empresas en una sola torre) sobre zonas ya saturadas de instalaciones, se obliga a la compensación cuando se insiste en antenas de altura, se indexa las emisiones a los estándares más estrictos de la OECD, y se establecen zonas de exclusión de antenas (jardines infantiles, hospitales, centros de adulto mayor), lugares donde sencillamente no se pueden instalar.

Pero creo que donde más se van a ver sus efectos son en las reglas que se generan para las antenas existentes, para el parque ya instalado.

Se establecen fuertes incentivos para eliminar los desgraciados “enjambres de antenas”, zonas de concentración de torres que deterioran todo el entorno urbano.Las reglas que obligan a colocalizar, si no se quiere mimetizar/compensar a los vecinos, creo que pueden ser útiles para disminuir considerablemente el número de enjambres.

Por otra parte, la obligación de retiro de antenas ya instaladas a menos de 40 metros de zonas sensibles, establece un mínimo resguardo a ciudadanos que requieren del cuidado de todos, niños, ancianos, enfermos. Es una regla mínima, es la única exclusión real, es la única con efecto retroactivo de verdad.

La pretensión de algunas empresas de dejar en nada esta norma llevándola al tribunal constitucional, refleja un antiguo estilo corporativo de “yo puedo poner mi antena donde quiera, (incluso dentro del jardín infantil) sino nos vemos en tribunales” debe ir abandonándose.

Una línea para el argumento “quieren menos antenas, pero quieren hablar por celular con más y mejor cobertura”: ¿Alguien puede asegurar que la forma actual de dar cobertura es la más eficiente? ¿o la mejor?, ¿no será solo la más fácil y barata?A buena hora se pone atajo a esta impunidad.

Los casos como el de San Bernardo no deben volver a repetirse. Hay que aprender la lección.

Todavía hay que verla en la práctica, pero esperemos que esta nueva ley sirva verdaderamente a su propósito. Con menos antenas, despejando el horizonte un poco de ellas, tendremos algo más de ciudad para ver y para vivir.

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