30 ago 2013

El deber de saber

En las proximidades de una nueva conmemoración del cuadragésimo aniversario del golpe militar de 1973 y con la campaña para las elecciones de noviembre ya en marcha, se ha ido descubriendo que nuestras autoridades ostentan con cierto orgullo una preocupante dosis de ignorancia.

Está bien no pedirle a un niño de 4° básico que sepa resolver ecuaciones de segundo grado, ni que un pensionado conozca alguna de las figuras de la música adolescente, pero sí se espera que quienes aspiran a conducir la Nación o que han sido convocados a cargos públicos por quienes han tenido el respaldo ciudadano en las urnas sepan, más o menos, en qué país están parados.

En la primera elección tras el regreso a la democracia, en un programa de televisión le preguntaban a los candidatos al Parlamento cuestiones básicas, como el precio del kilo de pan o el pasaje de la micro y ninguno supo responder, de modo que no se volvieron a hacer planteamientos tan incómodos.

En mi experiencia como reportero, y en la misma elección, escuché a un candidato a senador describir off the record cómo en el curso de la campaña había llegado a comprender que efectivamente existía pobreza en su ciudad.

Está fuera de duda que los candidatos saben acerca de macroeconomía, que tienen una opinión acerca de las relaciones internacionales y de los denominados temas valóricos porque están prevenidos que son asuntos que saldrán en cualquier entrevista o debate, pero cuando se trata de las cosas que todos los ciudadanos damos por sabidas es posible que alguno no sepa responder y eso refleja el distanciamiento que la clase política tiene respecto del pueblo de a pie.

Una de esas cosas que todos sabemos, aunque podamos tener opiniones y valoraciones distintas, es que en Chile se violaron los derechos humanos durante la dictadura.No sirven como excusas no haber leído el Informe Rettig o no haber tenido la mayoría de edad al momento del golpe, y quien aspira a ocupar cargos públicos tiene que asumir que hay un conjunto de temas sobre los que debe estar enterado y tener opinión.

Si quedaba alguien ignorante de estas materias, en estos días la televisión se ha preocupado de proporcionarnos las imágenes de la época en la que la libertad y la democracia fueron desplazadas por la lucha política, pero lo que no ha hecho la mayoría de los medios de comunicación es promover la reflexión sobre lo sucedido y asumir su rol pedagógico para incentivar una cultura cívica que impida que se repitan los errores que cometimos como sociedad.

No sólo mantenemos una visión maniqueísta de los sucesos previos y posteriores al 1973, sino que continuamos interpretando la realidad presente en blanco y negro.

Es cosa de ver el debate entre los candidatos. Parece a veces que basta con que uno diga “sí” para que los demás respondan “no”, sin mayor reflexión ni disposición a reconocer la cuota de verdad que todos podrían tener en sus planteamientos, y cuando el que decía “sí” dice que “no” y esta vez se le responde que “sí”, el ciudadano que espera tener la información necesaria para votar en conciencia termina por no comprender nada, y eso es una debilidad de la cultura que no sólo es atribuible a los políticos sino que es responsabilidad de todos.

De la escuela que no enseña a los niños, de los padres que no educan en el seno del hogar, de las instituciones que se dedican exclusivamente a lo suyo sin asumir que tienen un permanente deber pedagógico y formativo.

Cuando se creó Televisión Nacional en Chile, se le dio como funciones informar, entretener y educar. Se suponía que sería la regla para todos los demás canales y, por extensión, del conjunto de los medios de comunicación, pero hoy lo que prima es el rating y la captación de inversión publicitaria y al final todos somos un poco como Fuenteovejuna, el pueblo de la obra de Lope de Vega que se rebela contra un gobernante injusto y termina por asesinarlo.

Al juzgarse el homicidio, el pueblo responde a la pregunta del juez acerca del responsable “Fuenteovejuna, señor”. Es decir, todos son culpables, lo que significa que nadie es culpable.

2 comentarios
30 ago 2013

40 años, el triunfo de Allende

Allende muere hace 40 años en un Palacio de La Moneda en llamas por los bombardeos lanzados por los aviones de la FACH y sitiado, acosado, por los embates de las fuerzas militares golpistas que ya controlaban el país. Sin embargo, en la historia, Allende ganó su batalla y se transformó en un símbolo mundial de la lucha por la libertad y la justicia.

Ello no tiene sólo que ver con el heroísmo y la coherencia con que enfrentó el golpe de estado,sino también con el hecho de que Allende y la experiencia chilena representaron la primera vez que en el mundo una izquierda socialista, con un programa revolucionario, llegaba al poder a través de las elecciones y dentro de un marco institucional democrático en el cual estas fuerzas estaban plenamente insertas.

El gran valor del pensamiento político de Allende, lo que le confiere originalidad, es su visión nacional y su profunda coherencia democrática.

Allende llega al socialismo a través de una lectura y de una vivencia de la historia política y social de Chile de la cual extrae el origen fundamental de su pensamiento.El es fruto de la maduración del pensamiento liberal democrático, de una cultura profundamente laica, de la filosofía masónica con raíces antiguas en la historia de Chile y de un fuerte componente humanista, social y latinoamericanista, que como también ocurrió con Ponce, Ingenieros, Mariátegui y otros grandes intelectuales del continente, acceden al marxismo por una vía diversa a la abierta por la tradición leninista derivada de la Revolución de octubre y definitivamente lejana a la de la Internacional Comunista.

De allí, que en el mundo de las ideologías donde Allende forma y ejerce su liderazgo, el marxismo que él más conoce, el que cita cuando habla de Marx, es aquel que entronca con su propia tradición cultural y libertaria: el Marx que afirmaba que nunca cambiaríamos la libertad por la igualdad, aquel que consideraba la democracia como la historia de todas las constituciones que han existido, el último Marx y el último Engels que valoraban el aún incipiente sufragio universal y lo presentaban como la mayor conquista socialista que en Europa Occidental podía merecer ese nombre.

Es decir, Allende, llega al socialismo marxista imbuido de los valores de la Revolución Francesa y es para él, como para muchos pensadores socialdemócratas y socialistas liberales europeos, parte integrante de la cultura iluminista en la cual se inserta.

Pero, a la vez, fusiona esta visión cultural con los grandes procesos independentistas de América Latina, con la tradición popular y democrática que se había construido en este país, y sin renunciar jamás a ella, busca en el marxismo la respuesta a las interrogantes que su profunda vocación de justicia social le planteaban.Fusiona así el pensamiento nacional avanzado con la parte más abierta de la elaboración de Marx.

Allende –como el Gramsci de los Cuadernos de la Cárcel que nos habla del paso de la estrategia insurreccional a la estrategia de la política, de las ideas y de la ética- comprende que las transformaciones se juegan en la esfera de la sociedad civil, que el movimiento popular debía construir hegemonía dentro del Estado y de las instituciones, que debía reforzar la democracia como condición indispensable para legitimar su opción como fuerza de gobierno, y lo hace con visión ajena a toda concepción instrumental.

Si algo diferencia a Allende de otros dirigentes de la izquierda chilena y latinoamericana, en su época dominada por un fuerte radicalismo ideológico y una gran fraseología revolucionaria , es que Allende creía firmemente en el valor de la democracia liberal y enclavaba en su desarrollo y profundización su proyecto revolucionario.

Era parte de aquella matriz cultural de la izquierda chilena que con Eugenio González el año 1947, en su famosa Fundamentación Teórica del Partido Socialista, expresaba “no nos parece posible separar el socialismo de la democracia, más aún: sólo utilizando los medios de la democracia puede el socialismo alcanzar sus fines sin que ellos se vean desnaturalizados”.

Es decir, no buscaba destruir esa democracia que diversas generaciones de chilenos habían construido como un rico patrimonio político-cultural y como una forma de convivencia civilizada, para sobre sus ruinas levantar el edificio del socialismo.

Buscaba darle a esa democracia nuevos contenidos, dotarla de coherencia social y económica, generar condiciones de mayor igualdad y participación, precisamente para que todos pudieran gozar de sus beneficios, acompañar la electividad y la representatividad de las instituciones con un auténtico poder social extendido en los diversos repartos del mundo del trabajo.

En definitiva, Allende hacía de la democracia existente no sólo un camino posible, sino el camino y, a la vez, el fin sobre el cual solventar las transformaciones sociales. En este aspecto fundamental residían sus diferencias con un sector de la izquierda de la época que, con una visión insurreccional, concebía la democracia como un momento de acumulación de fuerzas para la conquista del poder, legitimando, de paso, la posibilidad de la opción armada.

Pero también, la vía chilena al socialismo era para Allende un modelo distinto y alternativo al de los socialismos reales. El hablaba de un socialismo en libertad, en pluralismo, en democracia, con alternancia y en el respeto de los derechos de todos, justamente, en contraposición a los regímenes del socialismo real del Este europeo.

Era otro el modelo de Allende y ello cautivaba a la izquierda europea occidental que recorría, por aquellos días, caminos comunes y estimulaba a líderes y movimientos populares e incluso a sectores de las FFAA en América Latina, a impulsar la lucha por la justicia social que encabezaba Salvador Allende en Chile.

Allende , en esta concepción de la “via chilena al socialismo” tenía el apoyo de una parte importante del PS – aunque hubo una corriente que condujo el PS que nunca compartió efectivamente esta vía – y del PC que desde Recabarren en adelante construyó una estrategia de inserción del mundo popular en las instituciones, que fue un partido parlamentario y con gran presencia en los movimientos sociales, que fue gobierno ya el 38 con Pedro Aguirre Cerda y en el 46 con Gabriel Gonzalez Videla y que trabajó por las conformación de un amplio bloque de izquierda para llegar al gobierno a través de las elecciones.

El PC apoyó a Allende con plena convicción y buscó ampliar a la propia UP para darle un mayor sustento político al gobierno, porque esa era también su política estratégica.

Sin embargo, con el propio PC Allende mantuvo diferencias ideológicas que muestran el claro objetivo que él perseguía en la revolución chilena.

Aún en el año 1977 –es decir cuando ya el modelo soviético era cuestionado por el eurocomunismo- Luis Corvalán señalaba, en el Informe al Pleno del Comité Central en Moscú:“Con el compañero Allende tuvimos siempre buenas relaciones. Pero como es comprensible no teníamos las mismas concepciones. Disentíamos, por ejemplo, de su criterio que nuestra vía revolucionaria conformaría un segundo modelo de realización del socialismo que excluiría o haría innecesaria la dictadura del proletariado en un período de transición”.

Aunque esta fuera una formulación ideológica más que práctica por parte del PC, tomada de una expresión que Marx nunca desarrolló porque no elaboró una teoría del Estado, era, naturalmente, una diferencia de fondo, y la historia ha sido certera en demostrar la lucidez y la solidez de sus convicciones.

Porque Allende no compartía esa visión ineluctable de la construcción de la sociedad socialista como una verdadera partición de la historia, otra civilización ajena y radicalmente distinta de aquella en la cual el propio socialismo había nacido y forjaba sus bases culturales.

No era la única diferencia, Allende demostró hasta el último momento de su vida su  ausencia de un doble estándar en la política internacional. Ello se expresó en su neta condena a las invasiones soviéticas en Hungría, Checoslovaquia, en su solidaridad con Tito, en su firme adscripción a la Revolución Cubana, mucho antes de que ésta se sovietizara, en una actitud antiimperialista frente a la intervencionista hegemonía norteamericana de la época y en su fuerte apuesta por el movimiento de los no alineados.

Allende tenía claro que para salvar el proceso debía ampliar su base de sustentación e intentó conformar un gabinete que incluyera a la DC, buscó el diálogo que fracasó y finalmente decidió anunciar la convocatoria a un plebiscito para que los chilenos decidieran sobre el futuro.

Es decir, intentó impedir el golpe con una estrategia típica de la democracia y consumado este llamó al pueblo, desde La Moneda, a no inmolarse pues comprendía que una dictadura militar como la que instalaba sería cruenta y se perpetuaría en el tiempo.

Su muerte selló su compromiso imborrable y épica con su pueblo, sus ideales socialistas y con la república y sus instituciones que murieron junto a él con la dictadura militar.

Por eso, a 40 años del golpe militar de 1973, Allende será recordado en Chile y en el mundo como un símbolo de esperanza, como Mandela, como los grandes hombres que han escrito una historia que no es solo nacional sino mundial.

2 comentarios
30 ago 2013

¿Chimpancización?

Jose Carrasco. Periodista de medios opositores en los ochenta. No lo conocí. Como muchos quizá de Uds. lectores. Nos enteramos que fue ultimado después del fallido atentado al dictador.Pero no bastó un balazo, era necesario dispararle  13 tiros en su cabeza.

Acabamos de ver y escuchar los testimonios de don Feliciano Cerda, en la Red, hace muy poco.Un relato estremecedor. Él es un sobreviviente. Ni siquiera era militante.Fue un conejillo de pruebas de torturas en Tejas Verdes. ¿Era necesario torturarlo de esa forma tan cruel? ¿Era necesario taladrarle sus muelas por ejemplo? ¿Violarlo? ¿Era necesario?

¿Era eso un mal necesario para hacer confesar a un inocente? Y esos “magnos patriotas” torturadores pagados, “trabajando” protegidos por el poder cívico-militar de ese entonces.

Dígame lector qué le sucedió al matrimonio Prats. Sin armas. Sin enfrentamiento alguno, llegando a su casa en Buenos Aires, su auto fue hecho volar, y sus cuerpos salen despedazados.

¡Qué valiente el poder militar aquí y en Argentina! Pero no sólo ellos. Al parecer esto era insuficiente para el poder cívico-militar impuesto en Chile. También había que ponerle una bomba al auto de O. Letelier y su secretaria en el mismísmo EEUU.

No solo eso. Están aquellos chilenos y chilenas lanzados al mar, nunca más recuperados sus cuerpos. Suceso del cual sólo supimos por la profesora Marta Ugarte, que misteriosamente el mar quiso depositar en una playa del norte del país.

Amarrada con alambres a rieles de tren. Era el testimonio que faltaba para contrastar la constante negativa de las autoridades cívico-militares de esa época respecto a personas desaparecidas.

Después vino la famosa operación “retiro de televisores”. Hemos olvidado ya el triple degollamiento de Parada, Guerrero y Nattino?

¿Dígame lector, donde está la casualidad en todos estos casos? Donde los meros excesos y los enfrentamientos con un ejército? ¿Cual fue la gran causa o el pecado que ameritaba degollar impunemente a estas tres personas?

¿No le parece que el discernimiento y juicio respecto a la maldad aquí implicada no admite evaluaciones tibias o dudosas merced a posiciones político-ideológicas?

¿Se imagina lector que en el gobierno Popular hubiera desaparecido o hubiese sido degollado algún miembro de la oligarquía nacional?

¿Algún hijo de un señor influyente y con mucho poder? ¿Alguien relacionado con apellidos vinosos o vascos por ejemplo, se imagina lo que se diría?

¿Se puede empatar el terrorismo de Estado y sus horrores con los problemas de abastecimiento que se daban el tercer año de la UP?

¿Usted puede poner al mismo nivel la vida e integridad de las personas con la posibilidad de acceder a papel confort, pasta de dientes o un pollo asado?

¿Se pueden empatar las actuaciones de los victimarios con aquellos que la sufrieron (sin proceso ni nada) en un país en el que el mismo día once las FFAA tenían el control total ?

¿Se puede decir -como lo hace tranquilamente un personero de la derecha-, que “la izquierda” se está haciendo la víctima?

El modelo impuesto por la derecha política y militar implicó un enorme retroceso de la moral en el espacio público. Intentó legitimar la deshumanización de los otros distintos, su humillación, privada y pública; los demonizó aquí y allá. No eran personas, eran humanoides, y con ello estaban justificadas todas las tropelías imaginables, sólo porque habían adherido o eran sospechosos de ser favorables a un proyecto de sociedad que no era el de ellos.

Desde el Golpe del 73 en adelante se modificó el ethos del país, sus hábitos de sociabilidad y del compartir juntos. Se instaló la sospecha, la delación, el miedo, la indiferencia moral institucionalizada ante el sufrimiento ajeno. Lo que empezó a importar fue la pura vida privada: cada cual se salva como puede.

Los demás, ¿quiénes son los demás? Se acabó la idea de comunidad política compartida, incluso en medio del conflicto. Se acabó la idea de un país compartido incluso en la diferencia. Desde el Golpe en adelante se fracturó el nosotros, fractura que dura hasta hoy.

Se diluyó y denostó la maravillosa y distintiva capacidad humana de ponerse en el lugar del otro.Capacidad que, al parecer, poseeríamos en exclusiva en el reino de la naturaleza.

Y con ello vino el reinado del dinero, de las cosas, el brillo de la imagen y el producto, de la eficiencia y la eficacia. El humano mismo convertido en cosa y recurso, en puro medio.

Con el respeto que se merecen los primates superiores, es este proceso de indiferenciación moral-social el que puede rotularse como una chimpancización de Chile.

Un enorme retroceso de la cultura política pública en la que parece imperar el homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre). Y si, después de todo, aun cree el lector o la lectora, que lo que hago es mera ideología, bueno, le recomiendo encender los noticiaros nacionales de vez en cuando para que se percate del tranquilo y pacifico país en el cual vivimos usted y yo.

1 comentario
30 ago 2013

Aún no aprende, pero ganó

La “U” necesitaba ganar en Ecuador y lo logró por 3-1 sobre el modesto Independiente del Valle,sufriendo y alcanzando los goles definitivos en los últimos 20 minutos. Pasó a los octavos de final de la Copa Sudamericana y su adversario será Lanus de Argentina.

Yo no le entregaría el mando de un ejército, si fueran militares, a ningún técnico de fútbol que dirige en Chile, porque decididamente no tienen cultura táctica, que puedan traspasar a sus jugadores.

Por estas fallas, es que en las dos primeras fases de la Copa Sudamericana sufrieron tanto y a los octavos de final llegaron sólo dos de los cuatro participantes, la UC y la “U”, pese a que en plantel y experiencia en estas lides eran superiores, con excepción de Cobreloa, que superó lo previsto.

En sus encuentros se notó, que no habían visto jugar a sus rivales ni se habían conseguido videos de ellos, ni menos mostraron algo distinto de lo que hacen en el torneo local.Los mismos errores en una y otra competencia.

Aún no saben como atacar en estos casos a una defensa cerrada y como jugar de local y de visita.Si la “U” hubiese visto jugar a Independiente frente a Anzoátegui de Venezuela, transmitido por Fox Sports se habría dado cuenta que su defensa era fuerte y agresiva,hasta malintencionada, pero permeable por los costados, y sus mejores valores eran los defensas centrales Caicedo y León y en ataque el puntero Guerrero y el corpulento centro delantero Angulo. Ellos justamente fueron la base del sorpresivo empate a 1 en Santiago.

Los universitarios dominaron en casa, pero atacaron en forma enceguecida, quedando expuestos a los contragolpes de Angulo y Guerrero que bastaron para inquietar la defensa azul.

Ganar el partido era el lema en Quito, ¿qué dicen las reglas o cual era la táctica adecuada?

La condición de local obligaba a los ecuatorianos a atacar y estirar las líneas quedando más expuestos a los contraataques por las puntas.¿Qué hizo el general Marco Antonio Figueroa?Ubicó como punteros a Farfan y Civelli, en circunstancias que se necesitaba para los contragolpes jugadores jóvenes ,que resisten mejor la altura y rápidos. Eran indicados Farfán y Duma y no Civelli, pese a su buen cabezazo y altura, que menos podía utilizar en esta ocasión.

A su vez, la “U”, debía jugar con una defensa recargada y volantes de salida rápida para enviar balones a los punteros. El paraguayo Rojas se incrustó en la defensa junto a los centrales, pero los volantes Aránguiz y Lorenzetti salieron jugando la pelota sin habilitar a sus punteros.

“Nosotros haremos nuestro juego atacando, anunciaban los azules en la víspera, como ante Antofagasta.”

El primer tiempo Independiente, pese al escaso nivel de su plantel impuso las condiciones y la zaga reforzada y Marín sufrieron. A los 16 segundos Marín mostró su buen nivel atajando potente disparo de Rizoto y a los 10 minutos Angulo anotó un gol que afortunadamente fue anulado al llevar el balón con la mano. Aránguiz y Lorenzetti dominaban en el medio campo, pero no disparaban no penetraban ni podían habilitar a Isaac Díaz. Civelli apenas acompañaba y Farfán no desbordaba.

Hasta que a los 27 Farfán hizo un centro bajo al área y Díaz lo concretó en gol con una semi palomita. Angulo dos minutos después desplazó con fuerza y vehemencia a Magalhaes y doblegó a Marín. El juego fue flojo en el resto del primer tiempo.

Figueroa por lo menos advierte que Ayala defensa izquierdo era débil al regate e hizo ingresar a Duma por Farfán. Aranguiz y Lorenzetti lo apoyaron y la U” creó problemas por desbordes del puntero y disparos de Aránguiz a los 50 y 53. El gol del desequilibrio vino vía los mediocampistas.

Pases entre ellos y uno de Lorenzetti a Díaz que conecta con Aránguiz quien entraba al área, y elude a los centrales de Independiente y supera de izquierda al arquero ecuatoriano, a los 70 minutos.

A los 76 es expulsado Caicedo y a los 82 Sills, quien es reemplazado por Huerta y sale Lorenzetti, de regular actuación. La “U” arriesga y Aránguiz penetra combinando con Duma y un fuerte disparo de este, desbaratado a medias por Ascona y Civelli insiste en la boca del arco poniendo las cifras definitivas.

El rival que tendrá la “U” será ahora Lanús de Buenos Aires, un adversario más poderoso que Independiente, que perdió el año pasado con la UC.

Es de esperar que Figueroa y su cuerpo técnico hayan visto jugar a Lanús con Racing y puedan preparar un esquema para enfrentarlo de local y de visita y seguir avanzando, ahora más estimulado.

2 comentarios
29 ago 2013

La “carta de los 13” a cuarenta años del golpe militar

Próximamente se conmemorarán en nuestro país los cuarenta años del golpe militar.Una fecha triste y oscura de nuestra historia que significó el comienzo de 17 años de falta de libertad, de torturas, de desapariciones, de chilenas y chilenos exiliados o relegados, en definitiva, una fecha cargada de dolor.

Este año y debido a que se cumplen ya cuatro décadas de acontecido el golpe militar el ambiente previo ha estado cargado de emotividad. A los debates habituales, con argumentos en contra y otros que todavía buscan justificaciones, algunos programas de televisión nos han mostrado nuevamente las imágenes del horror que padecimos durante la dictadura de Pinochet.

Y también, como cada año, se endosan responsabilidades de lado y lado de lo que se hizo o se dejó de hacer para haber llevado a Chile al quiebre institucional. En el caso de mi partido, la Democracia Cristiana, en días posteriores al golpe se conocieron públicamente dos declaraciones.Una, la oficial, y otra, conocida como “carta de los 13”.

La “carta de los 13” fue una declaración suscrita por igual número de camaradas, entre quienes se cuentan mis amigos Mariano Ruíz-Esquide y Belisario Velasco, donde se recogía el sentimiento de muchos democratacristianos que se opusieron a la irrupción militar pese a haber sido opositores a la gestión del gobierno de la Unidad Popular.

De hecho, en su primer punto la carta sostiene que “condenamos categóricamente el derrocamiento del Presidente Constitucional de Chile, señor Salvador Allende, de cuyo Gobierno, por decisión de la voluntad popular y de nuestro partido, fuimos invariables opositores. Nos inclinamos respetuosos ante el sacrificio que él hizo de su vida en defensa de la Autoridad Constitucional”.

Hago mención a estos hechos debido a que en cierto momento se esbozó la intención de dejar establecido que lo señalado en la “carta de los 13” fue la declaración oficial de la DC en aquel entonces. A raíz de esa propuesta Belisario Velasco dijo en medios de prensa que “quien crea que las declaraciones se pueden cambiar, comete un error profundo. La historia es como el sol, no se tapa con un dedo ni aquella con un acuerdo”.

Coincido con lo señalado por Belisario. Si bien la DC fue opositora al gobierno de la UP nadie en el Partido apoyaba la idea de una intervención militar tan brutal como la que finalmente ocurrió, ni mucho menos los horrores que vendrían después y que también afectaron a muchos de nuestros camaradas. Pero los hechos son los que son y tratar de cambiarlos no corresponde.

En este punto, me parece necesario destacar la figura de don Patricio Aylwin, quien tuvo la enorme responsabilidad de conducir el país en su retorno a la Democracia en medio de constantes amenazas y muestras de fuerza de los militares. El fue uno de los firmantes de la carta oficial del partido en los días posteriores al golpe, declaración donde junto a otros argumentos se “lamentaba lo ocurrido”.

Años más tarde en su libro “El Reencuentro de los Demócratas” el ex Presidente señaló que, a su juicio, “la carta de los 13 era la acertada”. Lo digo con total claridad, el ex Presidente Patricio Aylwin es un referente de actuación democrática tanto para el Partido como para Chile.

Pese a todo el tiempo que ha pasado desde aquel fatídico 11 de septiembre de 1973, para muchos chilenos y chilenas la herida aún sigue abierta porque la ausencia de un ser querido desaparecido no se cierra con el solo paso del tiempo. Una reconciliación verdadera exige que antes haya verdad y justicia para todos.

En nuestra última Junta Nacional se reiteró “el compromiso de la DC con la vigencia de los Derechos Humanos, con la Libertad y la Democracia”, que son los valores que han guiado nuestra historia y que seguirán marcando nuestro aporte para construir un Chile más justo donde todos tengan las mismas oportunidades.

9 comentarios
29 ago 2013

Hitler y Emilia Silva

El vídeo hecho por estudiantes de cine alemanes que circula en las redes y que supuestamente sería una propuesta de publicidad de los automóviles Mercedez Benz es, sin lugar a dudas, perturbador.

En la pantalla se ve al automóvil irrumpiendo a gran velocidad en un pueblo austríaco, Braunau am Inn, el lugar donde nació y vivió Hitler en su infancia. El auto se detiene ante dos niñas, pero cuando está frente a un niño lo atropella sin contemplaciones dejándolo muerto en medio de la calle. El vídeo termina con la frase: “Reconoce los peligros antes que aparezcan”.

Lo que es horrible en esto es la idea de base que está detrás de la historia. Los hombres estarían destinados desde niños a ser lo que van a ser en el futuro, de modo que asesinar a un niño que posteriormente será el dictador, furioso belicista y antisemita, vendría a significar liberar a la humanidad del horror de la guerra y del holocausto.

De la misma manera que el auto es capaz de prever el futuro y liberar a la humanidad de Hitler, también podría prever sus propias deficiencias mecánicas y asegurar su correcto funcionamiento.

Pero lamentablemente esta idea, que más de un publicista imprudente ya estará encontrando genial, se acerca demasiado a lo que pretende denunciar. Pensar que los hombres vienen destinados a ser lo que son, y que en un niño ya se anuncia el monstruo en que se va a transformar es justamente la idea de base de toda discriminación.

Los seres humanos serían lo que ya son, es decir, serían definibles y previsibles desde el nacimiento. El que uno sea de un modo o de otro, el que lleve una vida tal o cual, sería un asunto genético, de modo que interrumpir la vida de alguien que según nuestro modo de considerar las cosas será nocivo para la humanidad es algo perfectamente justificado.

Y bueno, esto mismo es lo que pensaba Hitler. Por eso intentó matar a los judíos, a los gitanos, a los homosexuales, a los débiles mentales y a sus enemigos políticos. Por lo tanto, los que han inventado este vídeo son consecuentes herederos de Hitler y de su pensamiento genetista, que ve la raíz de los males humanos en algo biológico y no espiritual.

Pero los seres humanos no estamos predeterminados por ninguna circunstancia física y esa es precisamente la base de nuestra igualdad. Somos iguales porque somos libres y por eso mismo somos imprevisibles.

Nadie sería capaz de prever qué será un niño, si poeta o ladrón, si funcionario o comerciante, si barrendero o Presidente de la República. Y por eso, la muerte de un niño será siempre un hecho horrible, no sabremos jamás qué es lo que se ha perdido con su vida, quedaremos siempre ante un enigma que nadie sabrá jamás desentrañar.

La vida humana es siempre un misterio que nadie tiene derecho a manipular, pero tampoco a eliminar. El futuro de todo ser humano está siempre infinitamente abierto y es justamente eso lo que constituye su libertad.

En el caso de un niño, ese futuro es más incierto todavía y por eso cuando somos testigos de una muerte infantil quedamos mudos, sobrecogidos y apenados. Se le arrebataron todas las posibilidades, no pudo hacer sus pruebas, se le cercenó su destino.

Si el día de mañana hubiera sido un Hitler, el niño no es responsable. Lo será cuando efectivamente lo sea, cuando se haga adulto y decida por qué camino irá su vida. Por el momento, no ha decidido nada, es un niño como los demás, y es inocente de las barbaridades que podrá cometer ulteriormente. Juzgar a un niño por lo que el hombre adulto hará con su vida es perfectamente injusto.

Pero ese dramatismo también se presenta en el caso de la muerte de la pequeña Emilia Silva, que murió por la irresponsabilidad de un conductor borracho. Y aparece en toda su crudeza la indiferencia de la justicia chilena que condena al culpable a dos años de pena remitida.

¿Qué tienen en la cabeza los jueces que han juzgado este hecho de esa manera? ¿Qué piensan ellos que se perdió, con la vida de esta inocente? Algo que ni siquiera merece la cárcel de quién la mató. ¿Sabrán estos jueces qué es lo que se perdió con esta vida?

¿Tendrán ellos una respuesta a esta pregunta? ¿O pensarán peligrosamente en la misma dirección que los videístas alemanes?

5 comentarios
29 ago 2013

¿Una nueva revolución?

Un gran hoyo negro generado por la tensión entre dos grandes campos de fuerzas, se tragó los vientos de cambio y también a los Jackson, Vallejo y a todos los que creyeron en su capacidad de generar una transformación radical de un modelo que es finalmente cultural, si uno incluye lo social y lo político y lo económico.

Se tragó la calle, la contracultura y la indignación, los discursos encendidos, la movilización y el activismo cívico, las promesas de resistir hasta el fin.

Los cambios muchas veces se originan en los bordes, en el ruido, en el desorden, en las perturbaciones y anomalías de las fronteras de los sistemas en la medida que éstos pierden su capacidad de generar un relato coherente de la realidad y su propia historia, es decir, de interpretar e interpretarse a sí mismos, y de que las personas no sean ya capaces de dotar de sentido lo incomprensible, lo que parece irracional, y lo que a todas luces no contribuye al bien personal y común, a la personalización y humanización.

“Ya no existen el centro y la periferia, lo alto y lo bajo, lo correcto y lo incorrecto. El capitalismo tecno nihilista tiende a incorporarlo todo, incluyendo lo que se produce en sus propias periferias, e incluso lo que se le opone. Ya no existe la contracultura porque todo es producción cultural. Hoy día la contracultura constituye una forma de novedad que enriquece la variedad y como tal se incorpora dentro del sistema”.

Así, de alguna manera, hasta la producción de lo que no tiene sentido, es transmutado y es necesario para dotar de sentido una “manera de actuar egocéntrica y materialista” que permitiría mantener en un “insaciable afán de novedad”, el deseo de consumir, de comprar y gastar lo que siempre será efímero y desechable. Es decir, de mantener el funcionamiento de la economía del hipermercado, una “dictadura del mercado”.

El problema mayor, es que esta realidad intenta muchas veces ser transformada por ideologías que ya no tiene ideologías, es decir, por visiones que no tienen un futuro ideal, de alguna manera absoluto.

“El desplazamiento de aquella visión que concebía la naturaleza cómo orden a otra visión en la que prevalece la idea de un proceso infinito de construcción y reconstrucción, es el primer paso a partir del cual destruir todos los ladrillos con que se ha construido la modernidad”. Es la dictadura del relativismo.

Estos serían los dos campos de fuerzas necesarios para la emergencia del actual hoyo negro como un tractor insaciable: el hiper capitalismo tecno nihilista que todo lo consume,(asociado a la derecha) y el constructivismo deconstructivista donde todo es relativo y lo sólido (hasta Dios) se disuelven en el aire de forma líquida (asociado a la izquierda).

¿Finalmente atrapados entre dos dictaduras? ¿La solución?

¿Una “revolución cultural pacífica” alimentada por los actuales “cristales de cólera” globalizados y alimentados por los jóvenes y actuales medios de comunicación?

Como muchos lo mencionan, no vasta la pasión volátil para los cambios, si no es alimentada por una reflexión crítica creadora, educadora y guiada por la razón capaz de transformar viejas visiones hoy inservibles, sin abandonar la esperanza y la certeza de que existe algo, una base sólida que sostiene un fin, un absoluto por el cual luchar.

No vaya a ser cierto que finalmente las únicas revoluciones posibles-imposibles, sean las violentas armadas y, las religiosas -a veces unidas- para ¿una sociedad que ya no tiene redención, ni perdón?

Nota: las citas entre comillas son del libro “Sobre la Educación en un Mundo Líquido” de Zygmunt Bauman.

1 comentario
29 ago 2013

El desenfoque del sueldo mínimo

El reciente conflicto con los trabajadores de recolección de basura, trae a la palestra la permanente negociación del salario mínimo. Ésta define una remuneración en base a una política asistencialista, cuyo objetivo es eliminar la pobreza y asegurar la satisfacción de necesidades de todos los trabajadores y sus familias.

El problema es que la negociación se realiza en torno a una variable única: el sueldo y éste es una posición y no un interés.

Sin embargo, todo negociador experto siempre debe realizar acuerdos en base a intereses y no a posiciones.La pregunta es ¿cuál es la motivación subyacente cuando se intenta modificar el sueldo mínimo?, ¿por qué las partes quieren tal o cuál figura de remuneración? La respuesta es simple y conocida: “eliminar la pobreza”.

Cada año hay alrededor de 800 mil personas que perciben la paga más baja fijada por ley. En general se trata de trabajadores con escasa o nula calificación, altos índices de rotación, pocas herramientas para negociar sus intereses y bajo nivel de confianza con sus empleadores y con pocas herramientas para negociar sus intereses.

Además de los desafíos técnicos por no ser lo suficientemente calificados, también tienen que superar barreras culturales asociadas a una mala o inexistente educación.Poseen una mirada de corto plazo, dificultades para la comunicación y comprensión, poca disciplina y baja formalidad en sus relaciones laborales.

El problema es que nada de esto se soluciona con un sueldo mínimo determinado, por muy alto que éste sea. Por lo tanto, el foco permanente sólo en la figura de una remuneración mínima, desconectada de otros “estímulos”, no asegura la consecución del objetivo que esta política asistencialista persigue.

Por otro lado, está bastante probado que la explicación fundamental para el aumento de ingresos individuales de un empleado, es su nivel de capacitación formal.

Considerando estos dos elementos, un buen negociador debería diseñar su estrategia pensando en abordar el interés subyacente de las partes en la mesa. Esto es eliminar la pobreza.

Por lo tanto, se podría perfectamente establecer un sueldo mínimo base bajo, como el que existe hoy, y en vez de centrar la discusión en cómo subirlo año a año, se debiera focalizar la discusión en qué hacemos como sociedad, para que estas 800 mil personas se sometan a un proceso de formación y calificación técnica que les permita salir del círculo de la pobreza por sí mismos.

Un modelo posible a negociar, debiera establecer ciertos parámetros con el objetivo de ordenar y mejorar la situación actual que los afectados viven.

Éste podría organizarse de la siguiente manera; que todo trabajador sin las competencias requeridas ganase el mínimo base, pero que a su vez, se defina un currículo de calificación técnica, se fuerce a los empleados a cursar cierto número de créditos de estudios, se cree una escala de sueldo mínimo que vaya aumentando conforme al rango etario, con el objetivo que las personas suban su nivel de ingresos en la medida que acumulan capacitación.

Este eventual programa se podría limitar hasta los 27 años. A partir de esa edad, el salario base ya no se incrementa. Bajo cierta remuneración máxima de referencia, todos los trabajadores podrían estar sujetos a calificación y capacitación y esta última la asumen las empresas que emplean la mano de obra y se descuenta de la misma manera que hoy se pagan las leyes sociales.

El propósito de un sistema de esta naturaleza no es que el recolector de desechos gane más dinero en la medida que tenga más créditos. La actividad siempre será de baja remuneración, y está bien que así sea si no requiere perfeccionamiento y no agrega valor. El objetivo de este modelo es que el trabajador a los 27 años deje de ganarse la vida como alguien que recoge desechos porque ya tendría suficiente calificación para optar a un empleo de mejor calidad y de mayores ingresos.

El problema con el sueldo mínimo como está planteado hoy, es que por sí solo no resuelve el problema subyacente. Si no hay calificación y educación, un trabajador que parte como barredor de calle a la edad de 20, termina haciendo lo mismo a los 65.

Una negociación multi-variable como ésta, tendría muchas más oportunidades de acuerdos, sería bastante menos politizada, daría mayor estabilidad al escenario económico y político, y estaría centrada en el interés real de los actores que participan en ella.

Varias de estas cosas ya existen hoy y se utilizan. Por ejemplo el código SENCE, pero de manera modular, electiva, no sistemática y no conectada forzosamente con el sueldo mínimo.

Para que esto funcione, hay que tomar conciencia de que la naturaleza humana es individualista y que el interés de las empresas es la de maximizar la riqueza de sus dueños, no eliminar la pobreza. Ambas cosas no son ni buenas ni malas.Simplemente son.

Un buen negociador no se lamenta del contexto en que su negociación se desarrolla, sino que diseña la estrategia dado el contexto que enfrenta. Lo mismo deberían hacer los gobiernos a la hora de negociar el sueldo mínimo.

1 comentario
28 ago 2013

Acerca de la democracia y no (necesariamente) cerca de ella

“¿Y ahora quién nos liberará de nuestros liberadores?” (Nicanor Parra)

Alguna vez escribí que hubo una época en que la gente –alguna gente, no toda, claro–, rayaba en las paredes cosas tales como “seamos realistas, pidamos lo imposible”.

Un tiempo en que el horizonte era el límite y como éste, en una muestra de su infinita sabiduría, siempre estaba más allá del alcance de la mano, nos hacía esforzarnos porque no se nos fuera de las manos, esto es de construirla a pulso, entre todos, de manera de estar a la altura de su permanente ensanchamiento geográfico con sueños que si no lográbamos, al menos creíamos merecer.

Una época en que a nadie, o así lo parecía, le ruborizaba que lo señalaran de utópico, soñador o poeta. Un tiempo en que la gente, en muchas partes y en muchos idiomas, sonreía por la palabra futuro, prometedora proyección de otra, la aún más expectante palabra presente.

Esa época, claro, ya no está, y para no parecer nostálgico, o padecer de nostalgía como podría llamarse a esa no tan rara enfermedad que mira al pasado como todo, repetiré que no fue todo lo maravillosa o arcoírica que esper(áb)amos. No entonces y no después.

Sino, cómo podríamos explicarnos, metáfora mediante, que a vuelta de página los libros aplastaran su relieve, las calles se vaciaran de personas, los muros se borraran de colores o las voces se fueran apagando.

O que manifestarse esté camino al vandalismo, su sentido a sinónimo de pasamontaña, y éste a pasaje al infierno, o a la cárcel, que si no es lo mismo es igual, como solía cantarse al son de canciones que también hemos ido olvidando.

O que nuestro país, esa hermosa casa esquina con vista al mar que fuimos, se llenara de carteles de ‘se vende’ o ‘se arrienda’, y sus barrios fueran transformándose en condominios, sus plazas públicas en centros comerciales, y nuestra ciudadanía en capacidad de compra, léase el paso de ser sujetos de derechos políticos a serlo de derechos como comprador, tal como reza o no reza la misión del Sernac, suerte de inocua defensoría de nuestra indefensión consumista o consumida.

Ahora, con el mercado como “la mejor red social”, como alguna vez dijera Tironi –o como el real delimitador del bien y del mal, de otra forma–, o con la educación como “un bien de consumo”, como por su parte dijera la primera magistratura patria no hace tanto, los sueños parecen escribirse con el puño cerrado, no ya porque así se los defienda o exija como antes, sino porque su alcance viene marcado por lo posible, esa limitada extensión acordada entre las cuatro paredes, el piso y el techo de las casas de nuestra clase política y económica, que, curiosidades del lenguaje, cada tanto nos cita a las urnas no sabemos si para ver nacer la democracia o para ayudarla a morir.

“No se puede ir más allá de lo posible”, alguna vez apuntó Enrique Correa a propósito del ancho de la democracia, bien delgada habría que decir, y ahora que la fiesta vuelve a lanzarse, cínica y no cívicamente habría que agregar, la pregunta por su encerrado sentido casi no tiene sentido, no al menos en los definidos resultados de diciembre, terminados, terminales.

Hubo otra época, otros actores y otros anhelos. Un tiempo distinto… aunque tal vez no tanto.

¿O acaso no hubo entonces, como ahora, amables invitaciones a cruzarnos de brazos porque la Historia era de otros y, conforme a ello, otros podían guiarnos hacia su encuentro mejor de cómo nosotros mismos podíamos siquiera pensar?

“La conciencia cotidiana no puede explicarse a sí misma”, al respecto explicaba un prestigiado y todavía muy citado antropólogo norteamericano. ¿No se dijo, pues, y así se ha seguido repitiendo, que a las masas había que conducirlas, a los pobres darles techo y pan, o a las mujeres discriminarlas positivamente?

¿No hubo, por aquí o por allá, apoderados siempre dispuestos a representarnos y ser la voz de los sin voz, la punta de lanza de procesos democratizadores, el foco para su posterior desarrollo? ¿O, en clave educativa, los custodios del aprendizaje y no los acompañantes del mismo?

Pues bien, cantando una vieja canción de Serrat que dice que “una vida sin utopías es como un ensayo general para la muerte”, y aunque la ‘cordura’ mande confesarnos ‘realistas’, me anoto en la fila de los soñadores, aunque no en la de los dormidos, y me resisto a creer que la realidad es una, lo posible esto, y la democracia solo una raya vertical sobre otra horizontal que cada cuatro años se (hace como que se) nos pide.

No vaya a ser cosa que esa sea la estrategia y cada uno de nosotros, en su casa y frente a la pantalla de un nuevo aparato de TV –cada vez más plano, sea por su tecnología led o por su tontería lesa–, terminemos pensando que eso es la democracia: un ejercicio que otros juegan y uno observa, un acto de representación y no de represión, como irónicamente también dijera otro antropólogo, no tan citado como el otro, claro.

1 comentario
28 ago 2013

La derecha estresada

La depresión sufrida por Pablo Longueira se produjo en un contexto/realidad del cual hay sobradas evidencias: la derecha chilena está estresada.

En los meses recientes ese sector político/ideológico estuvo/está cruzado por tensiones y guerra de nervios que aterrizó en la necesidad de una terapia interna cuyos resultados todavía no surgen del todo claros.

Revisando los hechos de la realidad, el estrés partió con una serie de pugnas y disputadas entre personajes de la UDI y RN en temas tan gravitantes como estratégicos, donde no estuvo ausente terminología y declaraciones de alto voltaje y que tuvieron que ver con asuntos no menores: “fuego amigo” hacia el gobierno y operaciones semi/encubiertas en definiciones de candidaturas presidenciales y parlamentarias.

Se sumaron factores de realidad exógenos, como verse enfrentados a una candidata presidencial del progresismo que marca como ganadora, y que no cae en la agenda que le quiere imponer la aspirante de la derecha, como llevarla a debates adelantados y sin participación de los otros postulantes a La Moneda.

Un primer elemento paradójico, como lo señalaron algunos analistas, es que la derecha chilena vive una estado de estrés cuando debía vivir un estado de serenidad: podía terminar con el ánimo en alto su primer gobierno elegido democráticamente en el último medio siglo.

Era para concluir con una impronta enaltecida y un ideario instalado. Sin embargo, apareció el primer motivo de estrés, con una Presidencia mal evaluada por la ciudadanía, con críticas del sector en cuanto a que no se siguió una línea programática propia y el sello de “la letra chica” en una gestión que no tiene nitidez respecto a logros definidos.

Cuando parecía que las cosas podían tomar otro rumbo como efecto de la terapia planteada, se re/aparecen puntos de disputa y conflicto.

El debate en que se enfrascaron la aspirante presidencial y personeros de gobierno y de sus colectividades por el derecho o no a voto de los presos; el respaldo de un segmento a Renovación Nacional a Franco Parisi, con el tácito aval de Andrés Allamand, aunque ello afecte a Evelyn Matthei; la renuncia de un diputado UDI al partido porque en su distrito se impuso al hijo de Juan Antonio Coloma; la afirmación del ministro Rodrigo Hinzpeter, de que Allamand “no fue ni ha sido candidato de consenso en la derecha”; la calificación de “tongo” que hizo Manuel José Ossandón sobre la puesta en escena de Allamand/Matthei para mostrarlos unidos; y las diferencias dentro de la UDI y RN respecto a la reforma al binominal y en cómo encarar el aniversario 40 del Golpe de Estado, unos en la línea del perdón y otros de la reivindicación de la asonada militar.

En medio de eso, y pese a los esfuerzos comunicacionales, Evelyn Matthei no puede renunciar a su incontinencia verbal. Ante la insistencia de un reportero sobre sus propuestas en materia deportiva, ella espetó: “Las voy a dar cuando yo quiera, no cuando voh me preguntí huevón”. Y su afirmación de que encontraba divertidas las denuncias de intervencionismo electoral que se hacen contra el gobierno.

Hace un par de semanas hubo una inyección de más tensión cuando en un programa televisivo Andrés Allamand reconoció la improbabilidad de que Evelyn Matthei gane la elección presidencial y hace pocos días el nerviosismo aumentó cuando circuló una información de que ella estaría 25 puntos debajo de Michelle Bachelet.

Por lo demás, los análisis de centros de estudio plantean que Nueva Mayoría podría doblar a la derecha en a lo menos diez distritos.

Un motivo de tensión elocuente es la obsesión que tiene el comando de Matthei con la figura de Bachelet. La tienen en el centro de los dardos, en una estrategia comunicacional que ya falló.

El último episodio lo protagonizó Lily Pérez, diciendo que a ellas sólo les interesa debatir con Bachelet, despreciando explícitamente a los otros siete aspirantes presidenciales. Los medios conservadores suelen poner fotos de ambas en una especie de analogía gráfica con el intento de equipararlas. Se quiso instalar -al parecer ya no resultó- un empate de perfil, insistiendo en que ambas son mujeres (obvio), hijas de generales de la FACH, vecinas en un barrio militar y con carrera política pareja.

Y ocurren episodios contradictorios, como la serie de visitas de candidatas y candidatos de la derecha a La Moneda, cuando Sebastián Piñera no supera el 40% de aprobación ciudadana.

Habrá que ver cómo funciona y qué resultados tiene la terapia interna de la derecha.

Parece lógico pensar que una derrota en las presidenciales y una baja en las parlamentarias aumentarán el estrés y el tratamiento tendrá que profundizarse y alargarse. Quizá pensando en el 2017. Que es donde muchos del sector ponen los ojos, queriendo salir pronto de este 2013.

Deja un comentario