22 may 2012

Las mitigaciones de Golborne

Nuevamente han vuelto los tacos a nuestra querida metrópoli y el sueño de dejar en el olvido las congestiones vehiculares a las “horas punta”, gracias a las magníficas obras de infraestructura urbana realizadas, se han esfumado como tantas otras promesas de aquellos que creen en que el mercado por sí solo y no la planificación resolverán los conflictos de nuestras ciudades.

Como si fuera poco, el Ministro de Obras Públicas y pre candidato presidencial del oficialismo acaba de anunciar hace pocos días que los problemas de congestión vehicular de la capital serán abordados una vez más con el mismo criterio que ha fracasado ya tantas y tantas veces.

Resulta increíble, en todo caso, que se sigan discutiendo los problemas de nuestro país de manera tan simplona y sobreideologizada, pues se debate como facilitar el flujo vehicular y no el modelo de desarrollo urbano y de ciudad que la ideología neoliberal, que extiende el control del mercado a todos los ámbitos de la vida cotidiana, promueve.

Hoy lo que hay que asumir, de una vez por todas, es que esa ciudad ideal, dejada a la mano invisible del mejor administrador de los recursos, que es el mercado, no funciona y que el mercado es incapaz de entregar a los ciudadanos una calidad de vida como la que promete mediante la mentira del crecimiento infinito y la autorregulación.

De hecho, el problema de nuestras ciudades no son los tacos ni la congestión vehicular, sino la cantidad de viajes provocados por una ciudad entregada al mercado y sin atisbo de una equidad territorial que permitiera a los ciudadanos resolver gran parte de sus necesidades básicas dentro de sus propios barrios.

En nuestra ciudad, mientras unos discuten su calidad de vida en términos de minutos más o menos de demora en llegar de la casa al trabajo y viceversa, otros se levantan a las 5:30 AM hrs para atravesar la ciudad en búsqueda de satisfacer algunas de sus necesidades o las de los suyos.

Las encuestas origen-destino vienen demostrando hace años que más del 40% de los viajes que se realizan en el día, los motiva la búsqueda de trabajo y estudio. Si a ellos sumamos la búsqueda de otros servicios como salud, comercio, cultura y esparcimiento, hoy concentrado en grandes centros comerciales capaces de atraer hacia si a personas de todas partes de la metrópoli, llegaremos a más del 70% de los mismos.

Esto implica que si gastáramos solo una parte de los recursos que se gastarán en estas nuevas obras viales, en dotar a la periferia de nuestras ciudades y en particular a las zonas habitadas por grupos vulnerables, de buenos colegios, buenos hospitales o consultorios y nuevos polos de desarrollo, y si planificáramos zonas de industrias inofensivas más integradas con la trama urbana, a la vez que barrios más heterogéneos en donde convivieran los que trabajan con los que dan trabajo, los viajes disminuirían sensiblemente y no necesitaríamos continuar destruyendo nuestra ciudad y nuestro patrimonio para construir grandes autopistas y nudos viales que inevitablemente volverán a congestionarse y a colapsar en las horas punta, mientras el resto del día permanecerán casi vacías.[1]

Claro está que para eso debiéramos estar dispuestos a dar una discusión menos sobreideologizada, en donde se ponga al centro de la discusión, la calidad de vida de la ciudadanía y no las utilidades de los consorcios y las grandes empresas.

Para ello alguien debiera declarar oficialmente el fracaso del mercado en numerosas ámbitos, entre ellas la del desarrollo urbano, en donde se ha revelado como incapaz de asignar de manera adecuada los recursos y ha generado males casi imposibles de solucionar.

Finalmente para ellos debiéramos dotar al estado de un instrumental metodológico y técnico para intervenir el territorio en búsqueda de mejorar la calidad de vida de nuestras ciudades, con ejercicios de planificación con participación ciudadana temprana y vinculante de quienes habitan la ciudad, con políticas de viviendas social inclusivas e integradoras que no busquen el record mundial de las soluciones habitacionales más baratas y que promuevan el uso intensivo del casco urbano pericentral en vez de seguir expandiendo la ciudad de manera insustentable.

Es imprescindible entender que una casa, por buena que sea, que esté mal ubicada en la trama urbana y que genera viajes cada vez más largos y costosos para quienes las habitan, no es una buena vivienda y genera un desarrollo urbano imposible de sostener sin destruir la calidad de vida de los habitantes y el ya precario equilibrio con el medio ambiente.

[1] Esto es la ineficiencia de la eficiencia: Se invierten millones en infraestructura que se ocupa cuatro horas al día a una frecuencia que la hace rentable mientras para infraestructura para la cual existe mayor demanda y con mayor continuidad como escuelas, hospitales, plazas y universidades, no hay dinero.

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22 may 2012

Piñera y su exitoso gobierno de transición

Cuando en enero de 2010 los electores votaron por Sebastián Piñera para Presidente, lo hicieron en parte por sus méritos y en parte sufragaron disconformes con 20 años de promesas incumplidas. Los votantes, desencantados de la demagogia y la ineficiencia de los años finales de la Concertación, cuya culminación desastrosa se visualizó en las oficinas de la ONEMI el fatídico día del terremoto.

Los tiempos y la oportunidad histórica no permiten que el Gobierno de Sebastián Piñera, sea un gobierno de centroderecha tradicional, como muchos de sus partidarios hubieran esperado.

Es más bien un gobierno de transición tras 20 años de Concertación y la mentada “transición a la democracia” con el costo adicional de un terremoto a cuestas. Bien se dice que lo mejor es enemigo de lo bueno, y sin duda este Gobierno se va a consumir todo el período presidencial en la reconstrucción y en intentar aplacar las demandas insatisfechas de las administraciones anteriores.

Como bien explica Alfredo Jocelyn-Holt, este no es un gobierno de posición doctrinaria sino más bien un Gobierno de gestión, de continuidad, por lo que no tiene características ideológicas, más bien se trataría de un liderazgo pragmático. Sin embargo es una transición hacia gobiernos de idearios libertarios, sustentado en la lógica de que la centroderecha –en especial sus cuadros más jóvenes- se está renovando dejando de lado el pasado dictatorial al cual se adscribió en el pasado dicho sector.

El mismo Piñera siempre supo aquello. Ignoro si previó la baja popularidad por la que pasaría su transición, pero sí anunció que en su gobierno “Chile se apronta para iniciar una nueva transición, tan grande, tan noble, y tan difícil como la que iniciamos hacia fines de los 80 principios de los 90″, una “transición nueva, joven, del futuro, desde un país subdesarrollado, con pobreza y con desigualdades excesivas, que es ese que nos ha acompañado durante nuestros 200 años de vida independiente, hacia un país que logre con mucho orgullo y humildad ser el primer país de América Latina que pueda decir que hemos superado la pobreza, hemos superado el subdesarrollo”.

No existe proceso transitivo que sea sencillo, como tampoco lo sería un viaje largo o como no lo es cualquier adolescencia. Chile traspasó la barrera de país subdesarrollado y se instaló en estándares de exigencia propios de país OCDE. Y ese proceso de transición ha sido particularmente complejo. Por ello el exceso de demandas a este Gobierno y no a los anteriores. Por eso la baja de popularidad del Presidente y de toda la política.

En ese escenario, las únicas variables de medición son la capacidad de gestión –cuán realizador es este gobierno, legislativa y administrativamente- y su sucesión.

En el primero de los ítems, a la administración Piñera le va bien. Sólo por centrarnos en un ítem, a la mitad del gobierno el 71% de los compromisos legislativos del Gobierno está aprobado o en tramitación: el Posnatal de 6 meses, fin del descuento del 7% de la salud a los jubilados, subsidio de vivienda a la clase media, la portabilidad numérica, Sernac Financiero , Ley de Tolerancia Cero al alcohol en los conductores, la creación de más de 700 mil nuevos empleos en sólo 2 de sus 4 años de Gobierno, el Bono Bodas de Oro, el ingreso ético familiar, la Ley de Inscripción Automática y Voto Voluntario, las 110 mil nuevas becas de Educación Superior, 400 mil en 2014, el fin del CAE, la beca vocación de profesor, los liceos bicentenario, y todos los cambios que se están impulsando en Educación en todos sus niveles, preescolar, escolar y superior, por enumerar algunas. En cuanto a realización, este ha sido un gran gobierno.

Así, la mala evaluación por la opinión pública resulta explicable. El sello personalista de un Presidente que previo a serlo fue un exitoso empresario, cosa que irrita a muchos, sumado a la más grande campaña de desprestigio personal montada por la oposición que haya sufrido Presidente alguno desde que volvimos a vivir en democracia, explican por qué la evaluación del Presidente es baja. Pero ello no refleja demasiado, toda vez que lo relevante en un gobierno de transición es quien lo suceda.

Y, como parece avizorarse, el desastre que la centro izquierda política –en particular la concertación- experimentará en las Municipales, permite visualizar que el escenario más probable sería el de que uno de los ministros del Presidente Piñera asuma en marzo de 2014 como Presidente.

El sello del gobierno del Presidente Piñera está definido por aquello: ser un gran gobierno de transición cuya gran meta técnica sea el cumplimiento íntegro de su programa y de la reconstrucción pos-terremoto, y cuyo proyecto político sea entregarle la banda presidencial a alguien de su sector.

Si cumple ambas variables –y parece que así será- este gobierno será plenamente de éxito.

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22 may 2012

El 21 de mayo

Ayer, como ha sido mi costumbre desde pequeño, vi la cuenta del Presidente de la República.

Me pareció extraño que mis hijos pequeños no me acompañaran. Pensé: seguro estarán jugando, y me pareció razonable. En fin, son pequeños y ya tendrán largos años para ver las cuentas presidenciales.

Al finalizar el discurso, y cuando los periodistas terminaban las entrevistas de ministros y parlamentarios, aparecieron mis pequeñines y me informaron que querían hacerme algunas preguntas sobre el 21 de Mayo. Me imaginé que venía lo típico: algo sobre Prat, sobre Condell, tal vez Grau, la Guerra del Pacífico y temas afines.

Me esperaba una sorpresa. Papá, ¿qué opinas de la cuenta del Presidente Piñera?, ¿tú crees que estamos tan bien como él dice?, ¿por qué sólo tiene 26% de apoyo si lo hace tan bien?

Un minuto, alcancé a decir, mientras me preguntaba el origen de todo esto.

Niños, ¿dónde estaban? Bueno, contestó el mayor, estábamos con la Nonna Carmela mirando la cuenta presidencial del 21 de Mayo.

Mi abuela es denominada por ellos la Nonna. En un segundo entendí por qué estaba solo mirando la cuenta pública; mi abuela había seducido a mis pequeños hijos y, de seguro, habían tenido muchos comentarios de ella durante las más de 2 horas del discurso.

Traté de recuperarme de la impresión, analizar las preguntas y dar una respuesta coherente.

Niños, la cuenta fue bastante buena, hay algunos puntos que se pueden echar de menos, pero me pareció buena. Da cuenta de lo que ha hecho, y hace varios llamados a la unidad y a mirar en conjunto el futuro.

Papá, dime: ¿y por qué la gente no le cree al Presidente?

Niños, ¿de dónde sacaron que la gente no le cree al Presidente?

Bueno, la Nonna comentaba mientras hablaba el Presidente. Decía: ¡No le creo!, ¡Más letra chica!, ¡Qué barbaridad!, ¡Parece teleserie!

Bueno, ustedes conocen a la Nonna, ella es un poco extrema en sus comentarios.

Sí papá, pero la Nonna dijo que muchos de los anuncios tenían letra chica y por eso la gente no confiaba en el Presidente. Ella dijo que lo del puente sobre el canal de Chacao era un buen anuncio, igual que el voto de los chilenos en el extranjero y lo del ingreso adicional para las 170.000 familias más pobres. Pero que todas tenían letra chica.

El puente se hace sólo si cuesta menos de 740 millones de dólares dijo un ministro al salir del Congreso. Se puede votar en el extranjero siempre que se tenga un vínculo con el país y no se sabe cuál es. Y se exige que los niños cumplan ciertos requisitos para que sus padres puedan recibir el dinero extra (esto es lo que más la molestó, dijo que no era posible poner sobre los hombros de los pequeños el que su familia pueda comer, dijo que en muchos casos los niños no pueden mejorar sus resultados académicos por causas más complejas que su voluntad).

Queridos hijos, traté de sacarlos de la lógica de mi abuela, díganme: ¿qué les gustó a ustedes del discurso?

Papá, dijo el pequeño, a mí me gusto que pidiera perdón. La Nonna siempre dice que si uno se equivoca debe pedir perdón. También me gustó eso de ayudar a los viejitos que están en el Hogar de Cristo.

A mí, dijo el mayor, me gustó lo de hacer estadios, reparar los colegios y los hospitales, y encontré que era muy bueno eso de dar un bono para alimentos. La Nonna dijo que era un bono “Bachelet”.

Respiré aliviado. No habían sido muy terribles los comentarios de mi abuela. En eso estaba, cuando me llegó una nueva pregunta:

Papá, ¿qué es Freirina?

Bueno es una ciudad ubicada en el valle de Huasco, de Vallenar hacia la costa.

¿Y por qué hay problemas con los chanchos?, escuchamos al ministro de salud decir que estaba preocupado porque se podían morir cientos de miles de chanchos.

Bueno, en Freirina hay una enorme planta de cerdos de la empresa Agrosuper y los pobladores de ese pueblo se quejan de malos olores producto de esta empresa. Los reclamos de los pobladores datan de más de 8 meses. La empresa reconoce que por fallas en sus equipos se han producido estos problemas y que se trabaja en solucionarlo. Ahora parece que los empresarios han abandonado la planta y los cerdos se pueden morir de hambre.

Papá, es terrible estar con malos olores, me imagino lo terrible que debe ser estar muchos meses con hediondez. Papá ¿el ministro va a ir a darles de comer a los cerdos?

Era una pregunta simple, pero me imaginé que tal vez mi abuela se refería con “los cerdos” a algunos humanos y no, como es de esperar, a los chanchos criados en la planta de Freirina. Afortunadamente no era así y pude contestarles.

Bueno, yo creo que el ministro está preocupado por los habitantes de Freirina y va a ver cómo evitar un problema sanitario mayor. Respondiendo lo que ustedes me preguntan: el ministro no va a Freirina a dar de comer a los cerdos.

Papá, ¿por qué si la hediondez dura tanto tiempo las autoridades no hacen nada?, ¿la gente tiene que tomarse los caminos y tirar piedras para que los escuchen?

Niños. Hay que averiguar bien qué ha ocurrido.

La Nonna dijo que eso fue lo que pasó.

Papá, ¿tú crees que el Presidente subirá su popularidad después del discurso del 21 de Mayo?

Es posible. Miren. El que el Presidente pida perdón por los errores cometidos, que dé un bono paliativo, que anuncie aporte al Hogar de Cristo, la Fundación Las Rosas , que proponga un puente sobre el Canal de Chacao, seguro que pueden hacerlo subir un poco en la aprobación popular.

La Nonna dijo que no subirá. Que la gente no puede creer las cifras que el Presidente dio respecto a la victimización y delincuencia. También nos dijo que el que el país esté creciendo al 6% no significa nada para los chilenos más pobres. Que las soluciones en educación no son sentidas por los actores del problema.

Papá. Una última pregunta: ¿nos tocará el Bono Bachelet?

Queridos Hijos. El bono es para las familias más pobres y no nos corresponde.

Partieron a jugar. Yo salí a buscar a mi abuela para preguntarle sobre el comportamiento de mis pequeños hijos. No pude dejar de recordar por qué veo todos los discursos del 21 de Mayo y los Tedeum del 18 de Septiembre (a las 11 A.M.): debido a su influencia.

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22 may 2012

Carencia de especialistas médicos

El advenimiento de la normativa de acceso universal con garantías explícitas, “AUGE”, ha contribuido a poner en evidencia la falencia en el número de especialistas con que se dispone en el sistema de salud pública chileno.

De acuerdo a un estudio realizado por el ministerio de Salud con el Banco Mundial, publicado en el 2010, el déficit de especialistas médicos en Chile excede los 1500, siendo la situación en regiones aún más dramática, ya que el 73% de estos profesionales están entre la V y la VIII regiones. Este déficit afecta la calidad de vida de muchos chilenos y amenaza con comprometer los índices de atención en salud que han hecho de Chile un líder en America Latina.

El anuncio del Presidente Piñera sobre aumentar en 3000 las becas de especialistas, no parece una meta fácil de alcanzar.

En primer lugar, habrá que ver si estas becas son lo suficientemente atractivas para que los nuevos profesionales las asuman. Luego, hay que establecer si las actuales facultades de Medicina están en condiciones de garantizar la calidad de esta formación, ya que, en la actualidad, los cupos ofrecidos por las universidades tradicionales son escasos y los requisitos para que las nuevas facultades de Medicina se incorporen a este proceso, a pesar de su interés, en muchos casos son inalcanzables.

En la búsqueda de soluciones, el ministerio de Salud tendrá que desarrollar una política coherente y audaz, que incorpore a nuevos actores.

En este contexto, será necesario que las Facultades de Medicina del área Metropolitana y regiones se unan, aportando experiencia y desarrollando una red formadora.

Asimismo, las Isapres y clínicas privadas en regiones, deberán aliarse con los hospitales públicos para formar “equipos” de salud y complementar con cargos mixtos las rentas de los médicos.

En los nuevos proyectos de infraestructura hospitalaria, a su vez, se deberá contemplar una mejor implementación técnica, que hagan atractivo el trabajo en hospitales públicos.

Finalmente, deberán establecerse convenios del Ministerio con centros de formación en el extranjero, que complementen la capacidad formadora nacional.

Éstas, entre otras propuestas, debieran contribuir a disminuir la tremenda brecha de médicos especialistas que afecta la red pública de salud.

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22 may 2012

Mercado de la salud

El gobierno presentó la nueva Ley de Derechos y Deberes de los pacientes, que obligará a las clínicas a transparentar los precios que cobran por sus intervenciones. Sin desmerecer esta iniciativa, hay condiciones que aún no se están considerando en el llamado “mercado de salud”, pese a ser de la mayor importancia. Me refiero a la información sobre la calidad de los resultados que los pacientes reciben en cada centro médico, la que junto con los costos y servicios, debería estar plenamente disponible para los usuarios.

Toda persona debe encontrar un equilibrio entre costo material, calidad de servicio, y sobre todo, resultados médicos que estén acorde a estándares internacionales. Y es que el “cliente” es, en realidad, un PACIENTE que busca resolver una necesidad primaria como lo es un problema de salud. Por lo mismo, los servicios médicos no se pueden considerar como un “commodity” prescindible.

Un servicio o prestación médica, ya sea una intervención o procedimiento, puede tener un bajo costo aparente, pero altas tasas de morbilidad (complicaciones) y mortalidad. Hoy, más que nunca, la información transparente y veraz sobre los resultados médicos reales obtenidos por los diferentes prestadores es el índice que se debe agregar a la información de costos meramente económicos.

Es por eso que en Estados Unidos existe por ley la Agencia para la Investigación y Calidad en la Atención de Salud (AHRQ), dependiente del Departamento de Salud, encargada de recabar información sobre costos, calidad de atención, resultados clínicos, haciendo accesible la información en Internet (www.ahrq.gov).

En el estado de Nueva York la información detallada de resultados de cirugía cardíaca por cirujano y por hospitales es de acceso público desde 1992. El sistema estatal de salud en Estados Unidos, por medio de los Centros de Medicare y Medicaid, incentiva económicamente a los médicos para la entrega oportuna y veraz de información clínica a través del Sistema Médico de Reporte de Calidad (PQRS).

El reconocimiento de la importancia de la información transparente de los resultados médicos de cada hospital o clínica sería beneficioso tanto para los pacientes en forma individual, como para los prestadores y agencias pagadoras estatales y privadas.

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22 may 2012

Discurso mezquino con nuestros indígenas

El Presidente de la República, Sebastián Piñera y su Gobierno han sido mezquinos con nuestros Pueblos Indígenas.

En esta tercera cuenta anual a la Nación, no hay ninguna referencia a la magnitud y profundidad de los conflictos suscitados entre nuestros Pueblos y el Estado.

Por el contrario, el Presidente reitera –una vez más- su concepto de “integración” a lo que él denomina como “nuestro desarrollo económico y social”, precisamente el modelo que conflictúa los derechos patrimoniales y territoriales de nuestros Pueblos.

El desarrollo económico-social chileno está significando importantes tensiones para nuestros pueblos: megaproyectos, centrales hidroeléctricas, explotaciones mineras, iniciativas de infraestructura y forestales, entre otras, afectan los territorios ancestrales y generan demandas que no están siendo escuchadas por el Gobierno.

La referencia al “reconocimiento constitucional” hace tiempo que es letra muerta en el Estado, a pesar de estar vigente el Convenio 169 de la OIT.

Señala también que se ha “reformado la política de tierras”, cuando en realidad lo sustantivo es que el Estado ha destinado menos recursos durante su Gobierno para la compra y transferencia de tierras, derechos adquiridos y reconocidos por el Estado a partir del Informe de la Comisión de Verdad y Nuevo Trato del 2004.

Propone la creación de dos nuevas áreas de Desarrollo Indígena (ADI) en Arauco y Ercilla, zonas en conflicto, con la idea de participación activa de las comunidades en la toma de decisiones, las mismas cuyos derechos han limitados poderosamente a través de la militarización de los territorios de estas localidades.

El Estado cree resolver las demandas de derechos colectivos de nuestros pueblos, creando por Decreto aquello que no está consensuado con las comunidades. Y si ello no resulta, sencillamente se aplican medidas represivas.

En general, la referencia presidencial al tema indígena no sólo es insuficiente –una vez más- sino que además resulta mezquina, en circunstancias que el Gobierno y la sociedad están suficientemente informados acerca de cuáles son las demandas reales de nuestros Pueblos.

En este caso, tales demandas se soslayan. Con toda seguridad, esto marca la incomprensión definitiva que el Gobierno conservador tiene en relación con el tema indígena.

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22 may 2012

Una cuestión ética

“¿Será que los seres humanos están involucionando y no evolucionando?”, se preguntó hace algunos días, con tremenda certeza a mi juicio, una buena amiga colombiana. Le comentaba las declaraciones de las autoridades locales respecto a la migración africana que, desde hace varios años, ha arribado a Israel y lo consternada que me sentía por la virulencia y la mordacidad que transmitían.

Algunos episodios de violencia–extrema, cierto, en algunos casos- acaecidos en las últimas semanas en Tel Aviv (no los únicos, pero sí muy destacados por la prensa local), cuyos autores aparentemente han sido migrantes africanos, generaron ipso facto la airada reacción del ministro del Interior, del ultra ortodoxo partido Shas.

Ya hace un par de años, el personero había declarado sin tapujos que el principal peligro que corría Israel ante la ola migratoria era sanitario, por las enfermedades que dichas personas podían importar al país.

Ahora, el titular de Interior fue más allá y aseveró que “todos los migrantes, sin excepción, son criminales y debieran ser encarcelados y expulsados del país”; luego, cuando el mismísimo Comisionado Nacional de la Policía israelí (el equivalente al Director Nacional de Carabineros de Chile) hizo ver que facilitar permisos de trabajo a los migrantes africanos reduciría drásticamente la criminalidad, el Ministro añadió lo que, en definitiva, es la sentencia subyacente a la causa ideológica que predica.

“Todas estas estupideces”, dijo refiriéndose a lo expresado por el Comisionado, “implicarán mejores condiciones de vida para esos migrantes; por ende, se quedarán y se reproducirán y atraerán a otros cientos de miles”. “De suceder aquello“, señaló, “podemos dar por enterrado el sueño sionista”. Es decir, como añadió el Primer Ministro Benjamín Netanyahu, “el carácter judío (y democrático) del Estado de Israel”. Es lamentable constatar que esas expresiones cuentan con fuerte respaldo entre la población judía de Israel.

A mediados de la década pasada, a través de Egipto, comenzó a fluir hacia territorio israelí una corriente migratoria ininterrumpida y creciente de africanos, en su mayoría provenientes de Eritrea, Sudan y Etiopía.

Se trata de miles de hombres, mujeres y niños que logran escapar ya sea de la violencia y las guerras o de la miseria y el desamparo, y que –tras sortear tremendas dificultades- logran atravesar la península egipcia de Sinaí y penetrar a Israel.

Hacia fines de 2010, el Primer Ministro israelí optó por enfrentar el problema de los “infiltrados ilegales”, como los llamó, a través de tres flancos simultáneos que actualmente están en plena ejecución: la construcción de un muro de cinco metros de altura y 240 kilómetros de largo entre Israel y Egipto; la construcción de un centro de detención en el desierto del Neguev, con capacidad para 10 mil personas y la aplicación de elevadas multas a todo aquel que emplee inmigrantes ilegales.

Pero las medidas no han contenido el flujo y hoy se calculan en más de 60 mil los africanos que intentan sobrevivir en Israel. La mayor parte, hacinados en los barrios más pobres de Tel Aviv, caldo de cultivo de la delincuencia que ha empezado a florecer en su seno.

Siempre he pensado que los judíos tenemos una responsabilidad ética mayor que el resto de los pueblos cuando se trata de Derechos Humanos. No porque seamos especiales. Nadie lo es. El pueblo judío tiene una responsabilidad ética mayor con los Derechos Humanos sólo por su propia historia.

Una historia de más de 3.000 años de discriminación, de persecuciones y de intentos de aniquilamiento que se han sucedido ininterrumpidamente por el único hecho de ser quienes somos. Una historia que aún no termina; que sigue ahí, a veces más latente; a veces manifiesta.

Tan sólo por eso creo que los judíos debiéramos constituir los adalides en materia de Derechos Humanos. Tan sólo por eso, Israel debiera liderar en materia de respeto, de tolerancia, de aceptación del otro y de convivencia enriquecedora entre pueblos de diferentes orígenes y culturas.

Debiéramos. Pero las cosas no son como debieran ser. O como quisiéramos que fuera.

No lo son, como bien se sabe, respecto de la población árabe-palestina residente en Israel (más de 20 por ciento de la población) reconocida como ciudadanos cuando se trata de obligaciones, pero no tanto cuando se trata de sus derechos. Son ciudadanos, sí,pero de segunda clase en muchos aspectos de la vida nacional.

Mal podemos esperar, entonces, que la presencia de los migrantes africanos sea bien recibida y, mucho menos, acogida.

Sería injusto no reconocer aquí la existencia de muchos miles de judíos, en Israel y en la diáspora, que no sólo ven y reconocen estas realidades–como lo hago yo- sino que la denuncian y suman esfuerzos para solucionarla. Y es que no se trata aquí de poner en duda la legitimidad de las políticas migratorias que cada país aplica soberanamente en su territorio. Israel está en todo su derecho a hacerlo.

De lo que se trata aquí es de enfrentar el fenómeno con humanismo, precisamente porque esta porción de seres humanos que formamos parte del pueblo judío sabemos bien lo que significa la intolerancia y la discriminación.

O será que, como se preguntó mi querida amiga, en lugar de haber evolucionado; en lugar de habernos humanizado aún más como resultado de nuestra trágica historia estamos “involucionando”?

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22 may 2012

Lugar de en medio

Releo para mis alumnas aquella pieza notable de Franz Kafka, La metamorfosis. Breve obra, que ya el suave lector posmoderno y chic desprecia por superado, pero que el lector en serio reconoce incisiva, como un cuchillo que cala hondo, y cuyo dolor profundo perdura en el espíritu, como sólo las obras maestras saben hacerlo.

La alienación, la dislocación y la postergación infinita son los ingredientes del terror al que el hombre es sometido, merced a un sistema político y económico cruel y deshumanizado.

Fue escrita, con angulosos caracteres, en un cuaderno escolar hace casi cien años (pude ver este original, sublime como una reliquia, una vez, en una Oxford que no olvidaré), se le da tratamiento de “clásico”, distanciándolo (¿intencionadamente?) de nuestra coyuntura: yo lo considero un libro contingente.

El retrato de un hombre desesperado por rendir en su trabajo, pese a una dramática transformación en un insecto, lo que lo distancia fatalmente de los suyos, parece un correlato más que fiel de lo que incluso hoy vivimos, particularmente todos aquellos individuos a quienes los sociólogos y economistas les gusta motejarnos como clase media.

Ni pobres, ni ricos; ni obreros, ni capitanes de la industria, la comodidad del análisis político apelotona a profesionales, medianos y pequeños empresarios, taxistas, dueñas de casa, peatones y automovilistas, estudiantes endeudados de menos cota mil, etc.Este heterogéneo grupo, si tiene algo en común, es su impresionante vulnerabilidad.

Mayoría aplazada de los cálculos políticos, ausente de redes de apoyo y respeto social, coto de caza del capital y sus publicistas, verdaderos adoctrinadores sociales, que someten a esta presa fácil a sus enojosos perfiles, a sus burlescos estilos de vida, que apenas pueden hacer realidad a punta de agotadas tarjetas de crédito.

Tecnicismos, frutos de modelos altamente sospechosos, deslindan tramos de sueldos cada vez más en declive, que deciden el recorrido en el que debemos movernos.

Tal es nuestro nivel de vida, en tales lugares debemos comprar, tal es la tecnología que debemos tener. No cumplir estos requisitos genera neurosis, frustración, en una clase social particularmente exigida, productiva y enérgica.

Despreciada por igual por los privilegiados y los postergados que nunca los reconocerán como suyos, debe batallar por el porcentaje crediticio que se concede por default, como dicen ellos, al “amigui”, al socio estratégico; al mismo tiempo, jamás será considerado por la caridad de bonos, gratuidades y programas de indigencia que los gobiernos neoliberales llaman, compasivamente, política social.

Pero, y a la manera de Gregorio Samsa o aquel personaje de la película En busca de la felicidad, el o la trabajadora de clase media debe saber sobreponerse y encarar con un valor digno de Aquiles cada mañana de tacos, aire sucio y amenazas de perder la pega porque el jefe trae al regalón, el hijo de su amigo, para ocupar su puesto. Atorado frente al volante pagado en cuotas o dentro de asfixiantes vagones del metro, repite la monótona letanía, como una plegaria nunca respondida.

El sueldo es famélico, mutilado merced a recónditos descuentos que se multiplican como las bacterias de la enfermedad crónica que no puede tratarse porque el alza del plan de la ISAPRE simplemente no conoce límites.

Imposible cotizar nada, las esperas son eternas en salas donde nadie da ninguna respuesta de nada. Y por ello, no rinde el presupuesto familiar porque todos los supermercados son iguales de caros, porque están coludidos y ya no compiten y se compran entre ellos.

Ni soñar con dejar la pega porque tú no tienes contactos que te amparen en medio de la humillación de no poder seguir manteniendo a tu familia y, al revés, al hijo del amigo de tu jefe nunca le van a faltar, porque el modelo, donde funcionas como tornillo reemplazable y por el que votas fielmente todos los años, fue hecho para él, no para ti, pero sigues esperando, como las bolitas caprichosas del Loto que algún día deben posarse en la mano de la modelo rubia con mis números, a que la oportunidad te llegue, que no te falle, ¿cómo no te va a tocar a ti?, si somos los líderes de Latinoamérica, si estamos creciendo al seis por ciento, si estamos en la OCDE, si…

Y por eso la ira, el cansancio, la amargura restallando en la boca, la sonrisa cada vez más ausente del rostro, y por eso la sensación de extrañamiento, de soledad que nos distancia de los vecinos que odiamos porque por fin se compraron la 4×4 que no puedo costear yo, de la pareja a la que le gritamos porque no podemos gritarle al cretino que sale en la tele con cifras perfectamente irreales, que nos hace ignorar a nuestros hijos, absortos en pantallas y que ya no quieren jugar en la calle.

Quizás sólo existen ricos y pobres. Quizás la clase media sea tan sólo una ficción estadística. Pero reconocerlo duele, parece no haber vuelta atrás.

Mientras, el modelo se consagra, rehace filas tras las marchas que parecen mitigarse, esgrime crisis artificiales para que te resignes a las monedas que valen tus horas de esfuerzo y no te atrevas ni a reclamar.

Quién sabe si, un día como cualquiera, no despiertes convertido en un monstruoso insecto…

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21 may 2012

Educación y desigualdad

Porfiadamente los economistas y la Derecha Económica insisten que la única manera de resolver la desigualdad en Chile es el crecimiento, el desarrollo económico y la educación. Es congruente con sus vínculos al signo $ que olvidan el desarrollo sociocultural.

Saben, por eso plantean, que el crecimiento y desarrollo en Chile sólo pueden aumentar la desigualdad y el contenido de sus arcas. Las demostraciones históricas y científicas les resbalan, como sucede con la mayoría de los economistas.

Desde su fundación, en 1541, Chile no ha dejado de crecer, desarrollarse y aumentar su educación o instrucción. A la par no ha dejado de aumentar su desigualdad socioeconómico-cultural.

Se argumenta que un pobre en Chile actual tiene alcantarilla, agua potable, alimentación mejores que Luis XIV en 1680. Como esto lo tienen todos o casi todos el argumento se debilita ya que lo que importa es la diferencia de existencia entre los de estratos más altos y los más bajos.

Con tres variables críticas: poder, propiedad, información vital relevante (en salud, educación, acceso a energía, manejo social), vemos que la desigualdad ha crecido a extremos abismales.

En todo el mundo sucede igual. El acceso y la posesión de capitales se hace cada vez más desigual. En un siglo la acumulación capitalista en las grandes transnacionales ha aumentado a cifras inimaginables, mientras los desposeídos de todo el mundo están igual o peor.

Hemos insistido que el crecimiento por si mismo aumenta la desigualdad. Si el que gana (ingreso) $ 1.000.000 aumenta a $2.000.000 y el que gana $200.000 a $400.000 (duplicación), también la desigualdad se duplica de $800.000 a $1.600.000.

Pero si el crecimiento aumenta la desigualdad proporcionalmente, el desarrollo, que conserva las condiciones de desigualdad, la aumenta mucho más. Por desarrollo entendemos aquí la aparición de nuevas estructuras, funciones o relaciones entre personas o entre personas y bienes. Tomemos el caso de la capitalización.

Supongamos que solo puede capitalizar el que gane más de $1.000.000. En el ejemplo anterior antes del aumento del ingreso, ninguno de los dos podía capitalizar. Después del aumento solo puede capitalizar el que gana $2.000.000 con lo que se genera una diferencia cualitativa imposible de compensar.

Pero, el que gana $2.000.000 puede capitalizar menos que el que gana $3.000.000 y por lo tanto las condiciones de inversión de su capital tendrán menor probabilidad de éxito y así sucesivamente con el mayor ingreso.

Los mayores capitales desplazarán a los menores capitales o los comprarán y así se irá aumentando la desigualdad en la propiedad y manejo de capitales, acumulando cada vez más mayores capitales en menos manos. La desigualdad en la tenencia y manejo de capitales no dejará de aumentar, como bien lo predijo K Marx.

Tomemos la educación, que en Chile es en realidad instrucción para formarles los técnicos, profesionales o artesanos capacitados a la empresa, que por la acumulación capitalista es la empresa de la oligarquía chilena aliada con las transnacionales.

El técnico o profesional no por haber obtenido su título accede a la propiedad de los capitales o de las empresas que lo contratan. Solo acceden a ella los parientes o “amigos” o miembros de los grupos económicos en círculos pequeños y muy nepóticos o de relaciones secretas (por acceso a información crítica relevante).

Los demás son burritos de trabajos o proletarios con título universitario. Además esta instrucción se hace inmersa en la ideología que fortalece el sistema de desigualdades, por lo que instruir en Chile es por definición aumentar las desigualdades, de otra forma no se explican los 471 años de aumento de las desigualdades a la par que la instrucción.

Es patético que mientras la investigación en biología humana demuestra que somos fundamentalmente iguales y fraternos, ya que nuestro genoma comparte más del 995 por mil de los nucleótidos y es distinto en menos del 5 por mil, los regímenes de desigualdades continúen fortaleciéndose.

El mismo capitalismo como está planteado no puede sino que aumentar las desigualdades ya que divide a las personas en propietarios y no propietarios de los medios de producción, en explotadores y explotados, desigualdades cualitativas irremediables.

Cuando la verdadera educación (plural, no mono-ideologizada) logre que la humanidad incorpore en todos, la igualdad y fraternidad genómica, este régimen capitalista tendrá que desaparecer por ser cruel, en contradicción con esa realidad.

No es difícil imaginar sistemas capitalistas alternativos sin la propiedad y sin la desigualdad originaria.

Supongamos empresas capitalistas (o propiedades) cuya administración fuere concursable públicamente por proyectos de desarrollo de esas empresas (o explotación de esas propiedades) dentro del desarrollo global del país. La administración quedaría en los mejores (genómica y ambientalmente).

Agreguemos que el salario en ellas fuese equitativo para todos administradores y trabajadores. Sumemos que esas empresas tuviesen como objetivo no tan sólo la ganancia monetaria sino que el desarrollo integral, incluida la educación continuada, de las personas que en ella trabajan. Esto es un panorama accesible ¿Lo queremos?

¿Querremos renunciar a la desigualdad actual del poder y de la propiedad?

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21 may 2012

El ocaso de la moderación

De regreso de un período de descanso en que aproveché de explorar opiniones extranjeras -imaginarias- me encontré con la dura realidad de la política chilena.

Recordé que no hace mucho algunos autores proponían que en nuestro tiempo había ocurrido el fin de las ideologías e incluso el fin de la historia (Daniel Bell y Francis Fukuyama, respectivamente, como ustedes saben).

Sin embargo, en esta columna no pretendo en modo alguno formular el tipo de generalizaciones a las que aludo, las que, además, normalmente terminan por probar ser incorrectas.

Al concluir este ciclo de columnas, sugiero que el conjunto de hechos de la actual realidad política chilena señala que se estaría produciendo un ocaso de la moderación.

La moderación entendida como aquella capacidad para percibir, aceptar y convivir con el hecho que las otras personas existen y tienen derechos, intereses, expectativas, ideas, valores que pueden ser –y de hecho generalmente son- distintos de los propios.

Comprendida también como una actitud y conducta que incluye la disposición a aceptar que es preciso respetar, articular, agregar y armonizar los derechos, intereses, expectativas, ideas y valores propios con aquellos de los otros.

En mi opinión, sin entrar al detalle de los hechos conocidos, de sus interpretaciones y de quien pueda tener o no la razón, la política chilena avanza a paso firme a una cada vez más precaria o casi inexistente moderación – tanto en el lenguaje como en las actitudes y conductas.

Los políticos, los partidos políticos, los parlamentarios, los pre-candidatos y candidatos a posiciones de poder –y sus respectivos séquitos-, los ciudadanos en las redes sociales, se enfrentan con entusiasmo y con un cada vez menor auto-dominio de las pasiones políticas.

Los políticos, observados desde fuera por cierto, parece que hubiesen olvidado o perdido esa perspectiva política democrática básica de que el enfrentamiento polarizado y sin moderación puede debilitar el mismísimo espacio en que existen y dar lugar a otro ignoto y generalmente peor escenario político.

De otro lado, la crecientemente inmoderada crítica al denominado “modelo” y al régimen político parece simplemente ignorar la necesidad de disponer y proponer a todos y cada uno de nosotros ciudadanos un modelo y régimen político alternativo, ojala mejor.

Por su parte, los defensores del modelo parecen padecer de una incapacidad para escuchar, prevenir, atender y resolver las demandas más apremiantes que provienen de la ciudadanía, especialmente aquella indignada y movilizada, que se expresa en las calles acompañada de una inveterada y ampliamente rechazada violencia.

La ciudadanía organizada y movilizada masivamente, a su vez, parece ignorar los límites razonables a sus expresiones de indignación y a sus demandas cuya satisfacción exigen tal y cual las presentan, y de inmediato. Así mismo, sus dirigentes tienden a ignorar o desperfilar la violencia de los grupos minoritarios que acompañan y aprovechan las movilizaciones masivas para actuar con violencia.

En fin, es en este panorama general que los políticos se enfrentan sin moderación y sobre la base de propuestas de personas, no de programas y políticas públicas específicas, sino de alguna persona individual que sería la o el mejor para enfrentar lo que viene por delante.

No cabe duda que existen dirigentes políticos, organizaciones e instituciones políticas moderadas. Pero no se ven ni se escuchan o leen allí donde a efectos ciudadanos más importa, esto es, la televisión, la radio, la prensa y demás medios de comunicación masivos.

El problema de fondo –sin ignorar ni menoscabar los asuntos económicos, la pobreza, desigualdades, injusticias, abusos, etcétera- es uno de carácter político.

Se trata, en mi opinión, que los dirigentes políticos demócratas moderados de la izquierda, el centro y la derecha, alcen sus voces, manifiesten sus opiniones y voluntades y representen a la mayoría del pueblo chileno, que tiende a la moderación, la valora y ha sufrido lo que significa perderla en política.

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