08 ene 2012

Las consecuencias de la ira

En relación a las sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos cometidas en nuestro país bajo la dictadura, llamada ahora “oficialmente” régimen militar, la derecha defendió enardecida el criterio que por tales crímenes atroces no correspondía responsabilizar a las Fuerzas Armadas como institución; por tanto, no se les podía juzgar ni acusar por medios jurídicos de alcance institucional y que asesinatos, secuestros, detenidos-desaparecidos y otras crueldades del periodo debían ser establecidas y sancionadas individualmente.

Este concepto se instaló en el centro de la etapa de transición del denominado “régimen militar” a la democracia.

Ahora ante un dolor que conmueve al país, como es la terrible muerte de siete brigadistas de una empresa forestal en medio de un devastador incendio que les arrebató la vida, el gobierno a través del ministro del Interior y otras autoridades se precipitan a sindicar responsables colectivos, involucrando con un juicio genérico al pueblo mapuche en su conjunto.

Es cierto que la misma autoridad retrocedió rápidamente; por ello mismo, por su precipitación y apuro sus dichos son inaceptables.

El tema mapuche no es para improvisar. De cómo se enfrente pueden surgir alternativas positivas o, si se intenta instrumentalizarlo para fines de corto plazo, las diferencias existentes caerán en la conflictividad y el descontrol.

La lucha contra la discriminación si encuentra en el gobierno una respuesta torpe y abusiva puede devenir en intolerancia y generar focos de racismo, por ello, la autoridad no puede levantar acusaciones genéricas de tan dramáticas consecuencias.

El Estado de Chile ha tenido demasiadas veces la responsabilidad en la violencia que han sufrido las comunidades mapuche. Alimentar las iras que ese comportamiento ha provocado es simplemente una conducta torpe, absurda, destinada a fracasar.

Es bueno que la autoridad haya reconocido que no se debe condenar, ni anatemizar de antemano y que corresponde a Tribunales de Justicia, independientes, alcanzar la verdad y hacer justicia en hechos tan dramáticos y dolorosos.

Es lo que debió hacerse desde un inicio.

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08 ene 2012

Reenfocar

En los últimos días han aparecido en la prensa escrita diversas opiniones en relación a interesantes proyectos que se quieren implementar con el objeto de atacar de modo frontal la temática de la delincuencia.

Se plantea, por ejemplo, entre otras cosas, talleres laborales remunerados al interior de las cárceles, de modo que el reo al salir en libertad haya adquirido habilidades “sociales y laborales” que le permitan, se dice, encontrar un trabajo.

Por otro lado, se habla de la terapia multisistemática traída de los Estados Unidos, que busca “cortar de raíz la carrera delictual de los menores”.

En relación a esta última propuesta, vale la pena señalar, que la Fundación Paternitas lleva años ejecutándola, con resultados altamente positivos en cuanto a recuperación juvenil e inserción escolar, familiar y social.

Me parecen muy interesantes dichas propuestas, sin embargo, creo que hay que reenfocar el problema de la delincuencia si es verdad que queremos alcanzar éxito en una materia tan compleja y de difícil manejo.

Cuando se plantean programas y propósitos en la lucha contra la delincuencia parece ser que lo que se enfatiza primariamente es el pragmatismo, cuestión que en lo que nos compete hace perder el objetivo y por lo tanto la dirección hacia donde debemos encaminarnos.

Es improbable, por no decir imposible, disminuir las tasas de la delincuencia de una manera real, permanente y constante en el tiempo cuando no se enfoca el problema a partir de las causas que llevan a familias completas a optar por un modo de vida al margen de la ley.

Hemos dicho en todas sus formas que la delincuencia, en muchas ocasiones, es transgeneracional, involucrando por esa cualidad a generaciones completas.

En este sentido no basta con la simple capacitación o habilidades laborales para arrancar a un sujeto de las redes delictuales en que prácticamente nació, involucrándose, desde que abrió sus ojos, en dicho ámbito cultural.

Aquello, analizado desde un aspecto sociológico habla y explica la problemática por sí misma.

Si a eso le añadimos el consumo abusivo de drogas, alcohol y otros elementos adictivos experimentados, también, desde el seno materno o en período de lactancia o posterior a ella, podemos concluir que son muchas las acciones que es necesario llevar a cabo con un sujeto, hombre o mujer, involucrado en el mundo del delito.

Los análisis neuropsiquiátricos efectuados a las personas que nos toca atender a diario son elocuentes en materias de graves conflictos espirituales, sociales y morales que se esconden en lo más hondo de cada ser.

Sin la liberación del odio y de las venganzas, sin la curación de las heridas del alma o las propuestas efectivas y concretas de humanidad, todo lo demás, si no se toma en cuenta lo anterior, puede ser simplemente esnobismo deslumbrador.

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08 ene 2012

¿Los conflictos del segundo tiempo?

Los ciclos de los procesos políticos, sociales e históricos no coinciden con la cronología común de los años ni siglos. Sin embargo, no podemos desconocer que, por lo menos para el caso de nuestro país hay ciertas fechas y meses que influyen en la dinámica del acontecer político.

En esa dirección, nos encontramos con los meses de verano (diciembre-febrero), septiembre (pre y pos 18) o los intensos meses que se prolongan entre mayo y agosto que se han caracterizado históricamente por fuertes jornadas de movilización. En efecto, durante el 2011 fueron los que mostraron la mayor intensidad en la que los estudiantes fueron la vanguardia de un proceso que ha entrado en latencia para despertar en los próximos meses y seguir movilizando a la sociedad en su conjunto.

Empezamos el 2012. En marzo el gobierno de Piñera cumple dos años y llega a la mitad de su gestión. Comienzan los descuentos para su “desalojo” o continuidad y los cálculos políticos para dos años que se vienen complejos en términos políticos, económicos y electorales.

En efecto, este año tocan las municipales que no sólo inauguran el nuevo padrón electoral (como consecuencia de la inscripción automática), sino también son el primer apronte para las presidenciales y parlamentarias del 2013. Al mismo tiempo, son un momento fundamental para la evaluación final del gobierno.

Serán, sin duda, dos años tan complejos como el primer tiempo de su gestión.

Los dos primeros estuvieron marcados por a) la reconstrucción, b) la instalación y el aprendizaje (del gobierno y oposición), c) los permanentes conflictos de intereses de sus colaboradores en general y Piñera en particular, d) la reestructuración de los partidos para la nueva fase, e) la búsqueda de un relato, f) la sostenida baja en las encuestas (desde finales del 2010) y g) el despertar y malestar ciudadano.

Hechos, que ha terminado debilitando al gobierno y poniendo en duda su continuidad.

¿Qué caracterizará éstos dos últimos años de administración Piñera? El segundo tiempo se inicia con la presión que genera sobre el gobierno en particular y el sistema político en general “la Era de las Reformas”.

Sin duda, se trata de un elemento que va cruzar la acción política y legislativa de estos años y formara parte del debate presidencial futuro. Por lo menos, eso ocurrirá con la Reforma Tributaria y con algunas reformas políticas en las que no se logre avanzar durante este 2012 o se haga “a medias” y se conformen con el “peor es nada”; por ejemplo, nueva Constitución y Binominal.

Junto a esta presión y exigencia política de alto impacto aparece un conjunto de escenarios que generarán un segundo tiempo muy complejo.

Entre ellos; a) la coyuntura electoral, b) la crisis económica mundial, c) el segundo tiempo de la movilización social-ciudadana, d) los estudiantes, e) recuperar la credibilidad y confianza de la clase política y f) re-lanzamiento agenda social.

Veamos cada coyuntura de manera breve

Escenario electoral. Se nos vienen dos años electorales llenos de incertidumbre; sobre todo, si se logra articular una tercera fuerza o la unidad opositora. Empezamos con las municipales y terminamos con las presidenciales.

Son elecciones que van a estar marcadas fuertemente por el nuevo padrón electoral, la gestión de la crisis económica internacional, el avance en las reformas políticas y económicas y las respuestas que se den al movimiento social en general y estudiantil en particular.

Crisis económica. El escenario económico y político internacional está turbulento. Sus efectos en Chile ya se sienten; en términos políticos, los sucesos de África del Norte y la expansión de los indignados han motivado y fortalecido la movilización ciudadana local.

En términos económicos, el primer efecto se verá en un menor dinamismo de la economía y sus consecuencias sobre el empleo, en una alza de los precios de la canasta básica, en una baja en la rentabilidad de los fondos de pensiones, en una baja del precio del cobre (de hecho, se estima que el crecimiento de China estará en torno al 7%) y en un alza de los commodities (energía y alimentos).

En este escenario, ¿podrá avanzar la reforma tributaria? Si bien por un lado se hace más urgente, por otro, la negociación con el capital se torna más compleja.

Movilización social-ciudadana. En el 2011 los ciudadanos y los consumidores despertaron de 20 años de silencio. Durante el nuevo año su accionar retomará el camino iniciado en enero del año anterior con la Asamblea de Magallanes. Hay una deuda social pendiente.

Los estudiantes. Sin duda, la movilización estudiantil fue el hecho político y social más relevante del 2011. Se ha anunciado en todas las direcciones, que el movimiento sigue. No obstante, es difícil que adquiera los niveles de presión del año anterior. Sin embargo, este sector seguirá tensionando la gestión Piñera. ¿Cuántos ministros más de Educación caerán?

Desprestigio y decepción política. La clase política chilena está preocupada. “La Era de las reformas” está pensada para ajustar la relación entre política y desarrollo; para que la política chilena y sus actores vuelvan a tener credibilidad y prestigio ciudadano. Las encuestas irán mostrando como la tendencia a la baja se profundiza, estanca o revierte.

Sin embargo, no podemos olvidar que se trata de un fenómeno mundial y que en Chile se instaló hace muchos años. No será fácil salir de la “espiral de la decepción política”. No obstante y aunque resulte paradójico, la democracia esta fuerte y legitimada.

Agenda Social. La ansiedad del gobierno por alejarse del mundo empresarial y acercarse a la “gente” terminó por agotar en el primer tiempo de su gestión la “agenda social”. Este es, sin duda, un elemento de alto impacto a la hora de evaluar y confiar en los gobiernos.

Entonces, en materia social ¿qué tiene para ofrecer el gobierno en este segundo tiempo?, ¿sólo el Ingreso ético?

Como se ve, empieza el segundo tiempo en el marco de escenarios de tensión y conflictos previsibles y conocidos. La administración y resolución de los mismos definirán la continuidad o no de la Alianza en el gobierno.

Lo bueno, es que ya saben a qué se enfrentan. Lo malo es que no sólo hay una oposición atenta y con vocación de poder que quiere volver a La Moneda, sino también un gobierno que ha improvisado mucho y que el capital se siente mejor en la oposición. No puedo olvidar las palabras de Longueira: “no olvidemos que ganamos con votos prestados”.

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07 ene 2012

El asado es asunto del viejo

Tengo seis hijos, cinco chicos y una chica, todos adultos, me han hecho abuelo cinco veces y, cuando consigo reunir a toda la parentela en torno a la mesa, me gusta que me llamen “viejo”.

-¿Qué vino abro, viejo?- suele preguntar el mayor, Carlos, que nació en Chile y junto a su madre recuperada del infierno de Villa Grimaldi salió a la no-patria del exilio. Tenía apenas nueve años, el recuerdo de un padre en la cárcel primero y más tarde en países de nombres extraños, un atado de cartas y una figurita protectora del capitán Hans Solo.

Yo no estaba junto a él cuando a su madre la sacaron a golpes de la casa, con una capucha negra cubriendo la cabeza, y tampoco lo llevé de la mano hasta el avión de siglas escandinavas que lo alejó para siempre de Chile. Pero nunca me cobró esa falta y, cuando hace nueve años, puso en mis brazos el pequeño cuerpo de Daniel, mi primer nieto, con su -te quiero, viejo- me dijo que todo estaba en orden entre nosotros.

-Abre el mejor vino, Carlitos- le respondo.

Mientras el resto de los hijos, nietos, nietas, nueras y yerno se afanan poniendo la mesa o preparando las ensaladas y los postres yo sonrío desde la parrilla, porque el asado es asunto del “viejo”, y me enternece saber que vienen de lejos; unos desde Suecia, otros de Alemania, la hija de Ecuador.

Me divierten sus consultas culinarias en sueco y español, en alemán y español, en inglés y español, y el humo de las grasitas cayendo sobre las brasas me huele al mejor cosmopolitismo, a la mejor manera de ser, y entonces pienso en mi viejo, en cuánto le habría gustado estar aquí.

De pronto sé que mi viejo está ahí, conmigo, porque pegado a él aprendí la alquimia del asado en el patio luminoso y lejano de una casa de Santiago que ya no existe más que en mi memoria.

Me gustaba verlo encender el fuego, los dos en el patio y con la radio encendida, escuchando la trasmisión directa desde el hipódromo Chile. Muchas veces me pregunto si he sido un buen padre, y la respuesta es que no lo sé.

Supongo que mi viejo se habrá hecho también la misma pregunta, y yo sí sé que fue un buen padre, a su manera, aunque para muchos de la familia era la peor manera.

No recuerdo de él ni un solo arranque de autoritarismo sino más bien lo contrario, porque era tímido y casi pedía permiso antes de soltar lo que tenía que decir.

A veces mi viejo esperaba a que mi madre, un monumento a la paciencia, mi hermano y yo termináramos el postre, y decía :

-En la puerta dejé esperando un muchacho, un buen chico, un poco castigado, y de eso quería hablarles.

Entonces iba hasta la puerta y regresaba en compañía de un tipo de aspecto fuerte y al que le habían desparramado la cara a golpes. Lo presentaba como “El Lobo de San Pablo”, un boxeador en desgracia de los muchos que frecuentaban el México Boxing Club de la calle San Pablo, y nosotros nos enterábamos que aquel hombre representaba todas las esperanzas posibles porque tenía pasta de campeón, y mi viejo era su flamante apoderado.

Tuvo varios pupilos, de categorías diferentes, ninguno fue jamás campeón. En eso me parezco a mi viejo; yo también perdí todos los combates.

-Pero subió al ring y eso es lo que importa- respondía mi viejo cuando mi madre le recordaba el último fracaso. Y así es, viejo, también subí al ring, y eso es lo único que importa.

-Viejo, ¿le pongo unas gotitas de limón a la palta?- pregunta mi hijo León, que nació en Hamburgo, y que de puro cariño a mí, a su viejo, vino a España a perfeccionar su español en la universidad de Oviedo.

Sé que me quiere y sé que le he fallado, porque le robé horas de infancia, horas sagradas en las que debimos estar juntos fabricando barriletes o haciendo barra al Sankt Pauli F.C. en el estadio del barrio.

¿Qué diablos hacía yo entonces como corresponsal en Angola, Mozambique, Cabo Verde, El Salvador? , si lo que más quería era estar con él, con su hermano gemelo Max, y con Sebastián, mis tres hijos hamburgueños.

Mi viejo también se iba a veces. Ahora sé que padecía depresiones, que todos los sueños rotos se le venían encima y entonces se aislaba del mundo en el espacio reducido que ocupaba la radio, con la cabeza inclinada igual que el perrito de la RCA Víctor, escuchando sus tangos que lo llevaban al infierno de una nostalgia atroz e inútil, o las emisiones en español de radio Neederland que tal vez lo hacían sentir protagonista de los viajes que nunca hizo.

-¿Qué te pasa, viejo?- le pregunté muchas veces, y su respuesta era una caricia el tiempo que decía:

-Nada, hijo, estoy triste, eso es todo, pero no me pasa nada.

-Huele rico-, dice mi hija Paulina, y me abraza pegando su cabeza a mi pecho y yo sé que su amor se torna fuerte cuando los latidos de mi corazón me acusan, porque también le fallé y en lugar de estar donde quería, el parque de juegos de Iñaquito, fue más fuerte el deseo de subir al ring en Nicaragua.

Una vez, cuando mi hija ya era adulta, le conté que en medio de los tiroteos algunos besaban una estampita con la imagen de un santo, pero yo besaba una fotografía en blanco y negro que la mostraba risueña, en mis brazos, y me juraba a mí mismo que si salía vivo de ahí recuperaríamos todo el tiempo que le robé.

La peor certidumbre es aquella que nos muestra lo irremediable.

Sé que mis hijos sintieron mi ausencia a la salida de la escuela, cuando llovía y los padres de sus compañeros los esperaban con los paraguas abiertos, con el coche calientito, con un pastel en la mano.

Yo sentí la ausencia de mi viejo cuando, tras anunciarlo tímidamente, se largaba siguiendo una vocación de comerciante condenado al fracaso.

Durante meses no llegaban cartas y entonces sabíamos que la crianza de vacas en la Patagonia se había ido el carajo, que el corral de caballos pura sangre se había incendiado, que el restaurante se lo habían robado los socios, que le habían crecido los enanos. Pero al regresar, siempre sin ningún aviso, salvo los suspiros de mi madre, contaba sus fracasos como si fueran los mejores chistes y, así, cortando rebanadas de salame exclamaba:

-Y pensar que este pingo tan sabroso estaba destinado a ganar el derby de Kenntucky.

Entonces yo lo quería con furia, olvidaba su ausencia y descubría que ningún amigo del barrio tenía un viejo tan macanudo como el mío.

-¿Y si probamos una puntita?- dice mi hija, y yo corto una tirita dorada de carne que se lleva a la boca suspirando. Se acerca también mi nieta Camila, el terror de las librerías de Quito pues no perdona que mis libros no estén en lugares destacados, y yo sé que muy pronto tendré también a mi lado a Valentina, que acaba de nacer hace dos semanas.

También mi madre, que recién falleció, se acercaba a mi viejo cuando éste declaraba que ya faltaba muy poco para llevar el asado a la mesa.

Yo lo miraba cortar y ofrecer a su mujer la tirita de carne, a esa mujer que se bancaba sus ausencias y los altibajos, más bajos que altos, de su pasión comercial, o sus fracasos de burrero dueño de caballos a los que daban las llaves para cerrar el hipódromo.

Esa mujer era su fuerza. Lo descubrí tarde y creo que ninguno de ellos lo supo a tiempo. Mi madre era tesón, firmeza y llevaba las riendas de la casa. Mi viejo era un puñado de sueños lindos que hacían menos triste la vida.

¿He sido un buen padre, o simplemente un padre sin adjetivos? No lo sé. Y mientras Max se acerca y me dice que el computador está funcionado rápido y libre de lastres, porque Max es el genio de la familia en este rubro y tras cada visita suya todo lo electrónico queda mejor que recién comprado, pienso que por él y sus hermanos aprendí lo más difícil de la lengua alemana: la capacidad de prodigar ternura y establecer complicidades de amor.

Al regresar de cada viaje a África, antes de volver a nuestra casa de Hamburgo me quedaba una noche en un hotel de Frankfurt para limpiarme, para quitarme todo el olor a muerte, a corrupción, a mentira, a desmoronamiento de los mitos que siempre se pegó a la piel de los corresponsales de guerra como un tatuaje del “territorio comanche”.

Recién entonces me atrevía a abrir la puerta de nuestra casa, besar a mi mujer, y abrazar a mis hijos. En el hotel de Frankfurt se quedaban también el español y el portugués, y la lengua alemana era un fuente de ternura recíproca que nos mantenía a salvo, porque en la década de los ochenta solían llegar a casa algunos compañeros de rostros compungidos, y sentados en la cocina soltaban el “ mataron a Roberto, lo degollaron”, y mis hijos, a salvo del horror, adivinaban sin embargo mi tristeza y me pedían que les contara una nueva aventura del pirata del Elba, o del gran jefe culo rojo, un cacique sioux que eliminaba a sus enemigos a pedos.

Antes de retirar la carne de la parrilla se acerca Jorge con su cámara fotográfica, desde pequeño quiso ser fotógrafo y lo va consiguiendo. No soy el padre biológico de Jorge, pero sus hermanos siempre le hicieron sentir que era uno más del equipo, con iguales deberes y derechos.

-Viejo, ponte más cerca para que salga también el humo- me ordena, y yo le respondo si se cree Daniel Mordzinski o Cartier Bresson, pero poso para él con mi mejor cara de parrillero.

Mi viejo volvía de sus idas reales o autistas y, al hacerlo, llegaba el momento de oír sus historias de horror ingenuo. Mi hermano y yo nos sentábamos junto a él y entonces empezaba a hilar cuentos que, no sé si los habrá leído en alguna parte, pero que eran protagonizados por un único personaje, La Mortaja, algo así como un zombi al que siempre engañaban los mortales.

Ahora es Sebastián el que me acompaña. Con su video cámara registra los movimientos de poner brasitas en el braserito y sobre él las carnes doradas y fragantes. Siempre quiso ser camarógrafo y lo consiguió. Cuando estudiaba en la escuela de cine de Munich acepté como una novedad que me mostrara las películas de Einsenstein o de Fritz Lang.

Todos mis hijos son mis favoritos, pero con Sebastián nos une algo intangible y cuya razón está en que, tras su nacimiento, tomé un año del permiso pos natal al que también teníamos derecho los hombres en Alemania. Su madre siguió trabajando y el chico vivió pegado a mi pecho en una bolsita canguro que se ponía como una mochila pero al revés.

Cada cuatro horas salíamos rumbo a la clínica donde trabajaba su madre para que mamara, hacíamos las compras, retirábamos o devolvíamos libros a la biblioteca del barrio y, al hacerlo, recordaba el olor a tabaco de mi viejo cuando me abrazaba en las frías tardes de esos inviernos y de ese Santiago ya irremediablemente perdidos.

No sé si he sido un buen padre, pero sé que he disfrutado de cada segundo junto a mis hijos, pero también sé que debí pasar mucho más tiempo junto a ellos. No sé si siempre he sido justo, pero ellos sí que lo han sido.

Mi hijo Carlos es músico, en una gira mundial con su grupo, “Psycore”, en el momento en que las adolescentes gritaban y lloraban porque Carlos “Kalle” Sepúlveda, el único no nacido en Suecia del grupo, entregaba los toques finales de su solo de guitarra, de pronto se detenía, levantaba el instrumento y gritaba: ¡Esta guitarra me la dio mi viejo! Y continuaba tocando, llenando el escenario con sus notas prolongadas y su aspecto feroz de líder del grupo de rock más heavy de Escandinavia.

Vi en MTV esa actuación de su grupo, y mientras lo hacía regresé a una tarde en Hamburgo y me vi entrando en Stenway & Sohn, la mejor casa de música, y saliendo con la Fander Stratocaster que todavía suena en sus manos, aunque hayan pasado ya más de veinte años. Y fui mucho más atrás, porque vi a mi viejo saliendo de una librería de Santiago con una estilográfica “centenario” que me entregó con un simple “ sé que te gusta escribir”.

El amor de los hijos llega de diferentes maneras; a veces tiene la forma de fotocopia de un diploma, como el de Paulina, de recién egresada de la facultad de Periodismo, o de un mameluco color naranja (modelo Guantánamo dijo Max) que destacaba entre varios mamelucos blancos en una feria del automóvil de Barcelona. En todos los mamelucos blancos se leía la palabra Siemens, pero en el naranja ponía: “Max Sepúlveda Team Cheff”, o de esos bultitos frágiles que recibo tragándome las lágrimas mientras me dicen: es tu nieto Daniel, es tu nieto Gabriel, es tu nieta Camila, es tu nieta Valentina, es tu nieta Aurora.

Por fin estamos todos sentados junto a la mesa fragante, Carlos sirve vino, Sebastián lo prueba y exclama que está buenísimo, Paulina ofrece ensaladas, Jorge corta pan, Max y León reparten las carnes intentando ser ecuánimes, los nietos y nietas exigen costillitas, las nueras y el yerno les ayudan a cortar, y Pelusa, mi mujer, mi compañera que me conoce más que yo mismo, me toma una mano y dice: son tus hijos, Lucho. Son tus hijos.

De mi viejo tengo una fotografía junto a mi madre y una cajetilla de cigarrillos Monarch que tenía en los bolsillos al morir. ¿Y el recuerdo? Sí, también, pero no me pertenece del todo porque se va diluyendo y aparece a ramalazos, de manera aleatoria, y a veces dudo y me pregunto si el viejo fue realmente así, o si son los mecanismos salvadores de la memoria que siempre recuerdan lo mejor.

¿Cómo me ven en realidad mis hijos? En una ocasión, León me preguntó cómo era su abuelo y lo único que pude responder fue: un viejo lindo. ¿Qué responderán cuando sus hijos les pregunten cómo era yo?

Carlos, con la boca llena de jugo exclama que el asado está mejor que nunca.

-Te quedó rico, viejo-apoya cualquiera, y Sebastián golpea su copa con el tenedor pidiendo un brindis.

-¡ Por el viejo! – y todos levantan sus copas.

Entonces le pido a la vida que permita por muchos años que el asado siga siendo asunto mío, que sea asunto del viejo convocar a los hijos y nietos a la mesa familiar.

No sé si soy, si he sido un buen padre. Pero sé del cariño de mis hijos y que he tratado de ser un amigo con el que siempre podrán contar, un compañero para todo lo que venga. Y con eso estoy en paz.

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07 ene 2012

Chile en el top ten del horror

“De Chile a Irak, la tortura ha sido el socio silencioso de la cruzada por la libertad de mercado global”. (Naomi Klein, La Doctrina del Shock).

No solo de vergonzosa puede ser calificada la conclusión a la que arribó el informe titulado Un monde tortionnaire (“Un mundo de torturadores”), publicado en Francia por la influyente ONG “Acción por los cristianos contra la tortura” y que sustancialmente señala que “cien de los 194 estados miembros de la ONU, practican regularmente la tortura, ya sea como un medio para obtener confesiones o información, o simplemente como una metodología para un reinado de terror.” ¡Qué duda cabe!

Y, por si fuera poco, Chile junto a Siria, Egipto, Argelia, Argentina, Brasil, Cuba, Estados Unidos, Francia, China, Vietnam, India y Rusia, “destacan” como un selecto groupê de la barbarie y el horror en este “mundo de los torturadores”.

En lo medular el acápite, del citado informe, dedicado a nuestra “fértil provincia” y a las fechorías de sus aparatos y dispositivos de represión, señala que “en este país el fenómeno de la tortura se sigue practicando contra los partidarios de los movimientos de protesta y en contra de algunos pueblos indígenas como el pueblo Mapuche (…)”.

Unas de las peores taras de la democracia chilena, un funesto resabio de su oscuro pasado dictatorial.

La verdad, es que la inclusión de Chile en este escandaloso ranking del horror no debería sorprender a nadie, como tampoco que aparezca de tanto en tanto en otros tan oprobiosos o más; porque resulta indesmentible que nuestro país en virtud de sus abultadas claudicaciones y traiciones políticas ha perpetuado espacios significativos de impunidad en materia de violación de los DD.HH.

Estamos hablando de gravísimos delitos de lesa humanidad a manos de verdugos del estado al servicio de la reproducción (genocida) del poder cometidos contra civiles indefensos.

No faltaron, además, los fariseos de siempre, poniendo la estacada final, y con todo el descaro del mundo han llegado incluso a (tra) vestir todo este horror de un “mal necesario”, la sangre del cordero degollado como moneda de cambio.

Un barato “costo social” a pagar por el bendito “milagro” económico chileno… Como nos lo recuerda más de algún lúcido analista contemporáneo, tal vez otro de esos “seres alados”…

¿Cómo explicarnos sino bajo el lúgubre hechizo de la impunidad (institucionalizada), que hoy en Chile pública y abiertamente se homenajee a uno de esos tristemente célebres verdugos, uno de los más feroces y desalmados criminales de guerra que conoció el holocausto chileno?

Un espurio y sacrílego “acontecimiento” que en cualquier país civilizado del mundo sería una abierta ilegalidad imputable. ¡Un verdadero escándalo nacional!

Y, no contento con ello, ¿que sus apócrifas “feco-memorias” hayan sido elevadas a categoría de bestseller en nuestro país, con una séptima edición en marcha?

O, ¿qué empecemos ahora con toda la desfachatez a llamar eufemísticamente “régimen militar” a la dictadura de “El Innombrable” (este mote al dictador chileno fue sin lugar a dudas un gran acierto de Tony Blair. Acaso el único) uno de los más execrables regímenes dictatoriales que ha conocido el mundo durante la Guerra Fría?

Un hecho que inequívocamente responde a lo más esquizo imaginario hegemónico de los vencedores y a un poderoso impulso mitológico que boga majaderamente por re-escribir nuestra historia reciente, en un estéril esfuerzo, de distorsión y falsificación, por mitigar sus imperdonables descalabros y desmadres.

Ya lo decía George Orwell «quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado».

Por suerte tanta barbarie e hipocresía, no ha logrado meternos en el saco de la indignidad y la desmemoria.

Ello, en gran parte, es obra de nuestros “ángeles guardianes”, que existiendo siempre, desde el comienzo mismo de la historia de la ignominia y viéndolo todo con una contumaz lucidez. Los testimonios que han legado son imposibles de soslayar.

Por ejemplo, el ex canciller en Washington Orlando Letelier, asesinado por los sicarios y mercenarios pagados por “El innombrable” en las propias fauces del imperio, dijo alto y claro que “(la tortura y) el terror en Chile era la herramienta fundamental de la transformación hacia el libre mercado.”

Se trataba de una maquinaria científica de terror que impuso la tortura y el exterminio de una cultura entera (la cultura de izquierda) y de varias generaciones brillantes de chilenos, “la contrarrevolución capitalista que terminó edificando en Chile el neoliberalismo más brutal que se haya impulsado en país alguno”, como ha destacado la citada y preclara analista canadiense.

Aunque suene a frase manía o a consigna decir por último que “los países que no enfrentan su historia común con valentía y honestidad y, por sobre todo, con verdad (compartida), están execrablemente condenados a repetir los horrores del pasado”.

Perdón, quise decir errores, como diría, también, el gran Silvio Rodríguez.

[Informe completo: http://unmondetortionnaire.com/IMG/pdf /Rapport_Torture2011_web_un_monde_tortionnaire.pdf]

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07 ene 2012

La Contraloría y el Palacio Pereira

En la esquina nor-poniente de las calles Huérfanos y San Martín de la ciudad de Santiago todavía quedan restos de lo que fue el magnífico Palacio Pereira, mansión de 2 pisos con 2.700 m2 edificados entre los años 1872 y 1875.

Quien lo proyectó fue el arquitecto francés Lucien Ambroise Henault, profesional que tuvo en Chile una destacada y fecunda labor.

En 1932 los descendientes del propietario vendieron esta majestuosa edificación al Arzobispado de Santiago, la que, adaptada funcionalmente, se utilizó hasta 1968 como un colegio de niñas, conocido como el Liceo Nº 3.

A partir de ese año y en el transcurso de los cinco años siguientes el palacio fue ocupado por jóvenes estudiantes idealistas que impulsaban la revolución y después del golpe militar de 1973, estas instalaciones fueron allanadas por el Ejército en busca de armamentos, los que no fueron encontrados.

Hasta 1981 el palacio era tierra de nadie, por lo que fue totalmente desvalijado y ese mismo año fue adquirido por la constructora Raúl del Río. Enseguida fue declarado por el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) como “Monumento Histórico” y a raíz de ello su dueño se enfrascó en eternos litigios con el Estado.

Desde 1981 a la fecha, es decir, durante 30 años, el palacio ha caído en el olvido de todos y hoy es una ruina que genera infinidad de problemas al vecindario, deteriorando el espacio urbano de esa zona de la ciudad: nos preocupa sobremanera que sus fachadas se desplomen en cualquier momento.

Para recuperar lo que queda del palacio era necesario construir un edificio en su espacio libre interior, ya que con la utilidad de ese negocio, se solventarían los costos de la restauración, pero la municipalidad de Santiago, el Colegio de Arquitectos y el ministerio de Vivienda y Urbanismo se oponían a esa fórmula utilizando resquicios legales, aunque el CMN apoyaba el rescate patrimonial.

Ante este escenario, la Contraloría en octubre de 2010, emitió el dictamen Nº 63.082 mediante el cual, entre otras cosas, manifestó que el propietario del sitio en donde se encuentra dicho palacio tiene el derecho de solicitar y obtener una aprobación de anteproyecto y en seguida conseguir un permiso de edificación, ya que las impugnaciones de la municipalidad y de los otros carecían de valor legal.

Pero para seguir aportillando el proyecto de recuperación, la dirección de obras en lugar de obedecer el dictamen de la Contraloría, en la etapa del anteproyecto le formuló nuevas observaciones al arquitecto, lo que significó que el inversionista hiciera una presentación adicional al ente fiscalizador.

Hacemos hincapié que tanto el CMN como la municipalidad de Santiago se oponen a la demolición de lo que todavía se mantiene como vestigio del palacio y la empresa comercial dueña del terreno, avaluado en $ 640.000.000 por el Servicio de Impuestos Internos, no paga contribuciones de bienes raíces, exención tributaria que se mantendrá mientras existan las huellas de la otrora mansión.

El 12 de diciembre de 2011 la Contraloría mediante dictamen Nº 77481, reitera su anterior Nº 63.082 de noviembre de 2010 y les tira las orejas a las insubordinadas municipalidad de Santiago y Seremi de Vivienda y Urbanismo, porque no acataron su resolución original.

La Contraloría, haciendo valer su ley orgánica constitucional obligó al director de obras a que continuara tramitando la solicitud de anteproyecto sin hacer exigencias no contempladas en la regulación urbanística vigente.

Pero ¡oh sorpresa! el 31 de diciembre de 2011, es decir, hace muy pocos días, el empresario Raúl del Río le vendió al ministerio de Bienes Nacionales el terreno con lo que queda del palacete.

Recibirá la suma de $ 1.500.000.000 (un poco menos de 3 millones de dólares), teniéndose en cuenta que con esta transacción caída del cielo se liberó de los problemas que tuvo con el Estado por más de 30 años.

Ahora esperamos que tan pronto se inscriba en el Conservador de Bienes Raíces de Santiago esa propiedad a nombre del fisco, dicho empresario le pague los honorarios al arquitecto que tanto bregó para que prosperara su proyecto.

Y por otro lado, esperamos que el servicio público que se trasladará para allá, dicen que será la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM), refaccione correctamente la moribunda edificación y la haga apta para acoger a sus esforzados funcionarios.

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07 ene 2012

Geotermia chilena en ojos del mundo

Hace un par de semanas, en un país foráneo, me dijeron “increíble, el Congreso de Geotermia en Chile fue mejor que el del GRC”. Que orgullo que a la primera versión de nuestro congreso nos comparen, aunque sólo figurativamente, al Geothermal Resource Council (GRC) de EE.UU. el cual es, anualmente, el referente geotérmico de América, y, en cierta medida, del mundo.

19 países se dieron tiempo para llegar a nuestro país y deleitarse con el gran potencial geotérmico, que aun duerme por circunstancias ajenas a la voluntad de quienes trabajamos desde hace mucho tiempo para tener energía limpia, renovable y sustentable.

Países como China, Japón, Filipinas, Nueva Zelanda, Islandia e Italia, estuvieron presente… sencillamente superó todas las expectativas.

Así, se comprobó que el mundo tiene puestos los ojos en Chile como una promesa geotérmica del planeta. Consecuentemente, “Chile, potencia geotérmica” es nuestro slogan.

Lamentablemente, pocas autoridades de nuestro país tuvieron la oportunidad de acompañarnos.

Ningún parlamentario pudo zafarse de la discusión presupuestaria para asistir y al ministro de Energía le apareció un compromiso oficial que le impidió asistir a la inauguración.

Afortunadamente, el subsecretario de Energía, Sergio del Valle, quien nos deleitó con una presentación comprometida con la Geotermia, en el acto de inauguración del evento, fue testigo, junto a representantes oficiales de países extranjeros, de la convocatoria que logramos.

Mientras en el salón de conferencias se compartían importantes experiencias internacionales y nacionales, en los pasillos y stands se respiraba excitación y entusiasmo.

Durante los dos días del cónclave se abordaron temas regulatorios, técnicos, financieros, académicos y comunitarios.

Nacionales y extranjeros interactuaron intensamente y se nutrieron mutuamente de experiencias y conocimientos de gran riqueza. La consigna común era “Yo Quiero Geotermia”, encarnada en la chapita del Congreso. Incluso, funcionarios de organismos estatales la portaban placenteramente.

El mensaje fue claro, muchos actores de diversos países están comprometidos en empujar a la Geotermia como fuente alternativa de energía y concuerdan que Chile es un destino privilegiado.

El inmenso potencial de recursos que ven, la necesidad de energía eléctrica que tenemos y, junto a, la estabilidad política y económica que gozamos hacen de nuestro país un lugar ideal para invertir y desarrollar este tipo de energía renovable.

Entonces, la industria ha demostrado su compromiso con el desarrollo de la Geotermia, particularmente en Chile.

Corresponde, entonces, que nuestras autoridades atesoren el impulso dado respondiendo en concordancia: perfeccionando rápidamente el marco regulatorio, acelerando los procesos administrativos para el otorgamiento de las concesiones geotérmicas e implementando ya los instrumentos de fomento correspondientes, algunos ya definidos.

Chile quiere Geotermia.

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06 ene 2012

Preocupa la constante inseguridad del trabajo forestal

Los bosques, el manejo sustentable de ellos y el trabajo, son aspectos que están estrechamente relacionados. Son decenas de miles de personas las que viven de los bienes y servicios que entregan los bosques y plantaciones.

Tragedias como la muerte de brigadistas forestales en Carahue nos conmueven e invitan a la reflexión sobre el rol que cumplen miles de personas que viven de trabajos altamente riesgosos para sus vidas.

La Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN) expresa sus condolencias y enfatiza su preocupación por las precarias condiciones de seguridad en las que se desenvuelven los trabajadores que combaten, controlan y vigilan los múltiples incendios que afectan a cientos de hectáreas de plantaciones, bosques nativos, terrenos agrícolas y viviendas rurales.

Somos un país forestal, sin embargo, se requieren esfuerzos sostenidos en el tiempo, realmente orientados a mejorar la calidad de las condiciones laborales de quienes aportan al crecimiento del sector y de quienes viven en torno a los bosques y las plantaciones.

Es de esperar que las familias afectadas puedan reponerse de la pérdida irreparable de sus seres queridos y que las empresas reaccionen ante este tipo de situaciones, tomando acciones concretas en pro de evitar casos tan dramáticos como el que atraviesa, en esta ocasión, La Araucanía.

Como país no podemos aceptar que tragedias de estas características sean recurrentes.

En invierno nos hemos acostumbrado a ver episodios de contaminación atmosférica en múltiples ciudades, con postas y hospitales llenos de niños y de adultos enfermos.

Ahora, nos estamos acostumbrando a una postal de verano reiterada, con incendios que destruyen bosques, plantaciones, villorrios y que se corona con la muerte de personas.

El mejor tributo a los brigadistas que sucumbieron en el combate de incendios forestales y a todos quienes han sido afectados por los diferentes incendios, es poner los mayores esfuerzos públicos-privados en resolver de forma sistémica este desafío país.

Degradación y destrucción nativa

La conducta negligente de las personas, en ocasiones intencional y una legislación débil ponen año a año en la boca de todos lo grave que son los incendios forestales y nos recuerdan, una vez más, que son causal histórica de la degradación del bosque nativo, a pesar de que CONAF impulsa campañas de educación para la comunidad.

Es alarmante y catastrófico lo que ocurre en las Torres del Paine y en otras zonas del país con miles de hectáreas de vegetación nativa quemada, ya que este tipo de hechos generan graves impactos al medio ambiente, como la pérdida de suelos, contaminación atmosférica y del agua por arrastre de sedimentos, desaparición de flora y fauna y el deterioro de un paisaje que quizás nunca volveremos a ver.

Los bosques nativos crecen y se desarrollan a una velocidad menor que las plantaciones exóticas, por lo que recuperar completamente una zona devastada tardará al menos varios decenios. A ello, se agrega la erosión del suelo que en invierno puede tener consecuencias altamente negativas.

En ese sentido es valorable que el Gobierno anuncie con ” máxima urgencia” una modificación a nuestra Ley de Bosques (1931) con el propósito de endurecer las sanciones para quienes provocan los incendios forestales.

Es claro que desde el Ejecutivo se reconoce que la actual institucionalidad forestal debe mejorar su dotación de recursos humanos y materiales para enfrentar de este tipo de catástrofes.

Además, no debemos olvidar que también necesitamos una nueva política forestal que garantice la recuperación del balance ecológico de regiones históricamente cubiertas con bosques nativos, especialmente en las zonas más devastadas; que conserve su legado natural, sus ecosistemas forestales, biodiversidad y recursos genéticos.

En las últimas décadas, el bosque nativo ha sido uno de los grandes perjudicados, no sólo por los incendios forestales, sino también porque el Estado ha carecido de una visión clara y una acción decidida de fomento, protección y conservación.

Por ello, es urgente modernizar la legislación e institucionalidad forestal.

Esperamos que después de disipado el humo de los incendios, haya un cambio efectivo para el siguiente período estival, y contemos con una legislación acorde a la importancia y nivel de desarrollo del país, así como un Servicio Forestal con los recursos humanos y materiales que permitan protegernos de los incendios forestales.

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06 ene 2012

El ministro Hinzpeter vino a rociar bencina a la Araucanía

Nuestra región, la Araucanía, vive hoy momentos complejos y difíciles.

Nos enluta y afecta la muerte de siete brigadistas que murieron combatiendo un incendio forestal en las cercanías de Carahue.

Siete hombres que forman parte del enorme grupo de trabajadores tercerizados que durante el verano se dedican a estas faenas, no sabemos en qué condiciones, ni si contando con los recursos y la preparación necesarios.

Así las cosas, en este ambiente de profundo dolor, donde además debemos enfrentar día a día la compleja relación indígena no asumida integralmente y cómo corresponde por el Gobierno, el ministro del Interior llega a la zona y decide invocar la ley antiterrorista, dando a entender que tiene claras las responsabilidades o por lo menos utilizando la línea argumental del terrorismo.

Es decir, viene a rociar la región con bencina, cuando aún no tenemos clara la causa del incendio; una decisión de enorme irresponsabilidad, agravando aún más el clima social de la Araucanía.

El Gobierno, incluso, desconoce con su actuación, los informes que ha entregado Bomberos de Carahue y que señalan, como posible causa del incendio, actividades relativas a la producción de carbón.

El Ministro no conoce la realidad mapuche, ni la realidad regional, y se está adelantando en forma irresponsable, generando solamente más dolor.

Además, hay que ser claros, se auto atribuye facultades jurisdiccionales exclusivas y excluyentes del poder judicial.

No cabe duda, entonces, que se trata de una estrategia comunicacional, donde la línea argumental del Gobierno es hablar de terrorismo.

Nosotros, y, en lo personal, prefiero hablar de Humanismo e insistir en que, junto con investigar, lo central y por lo cual no podemos perder la atención, son estas siete personas fallecidas, siete trabajadores tercerizados, que no sabemos en qué condiciones realizaban su trabajo.

Además, me llama profundamente la atención que el Ministro utilice este discurso, sin la existencia aún de una investigación formal y en momentos en que se encuentra a punto de aprobarse la ley que el Gobierno presentó al Congreso para aumentar penas en los casos de tomas y personas que cubran su rostro en manifestaciones, un proyecto que votaremos en contra pues afecta los derechos civiles.

El próximo martes pediré, al momento de votarse la comisión investigadora por el incendio en el Parque Nacional Torres del Paine, que se amplíe la investigación a lo ocurrido en la Araucanía y que se aborde el tema central, que es la forma y condiciones en que se están enfrentando los incendios forestales y cómo se realiza la labor de los brigadistas y voluntarios en estas faenas.

No está para nada claro si se están cumpliendo las leyes laborales, si existe la debida capacitación y si el objetivo fundamental, de proteger las vidas de estas personas, es el eje principal.

La Araucanía está de luto, es una tragedia que nos afecta a todos, pero el camino y la solución, definitivamente, no pasa por rociar bencina y pretender que con la ley antiterrorista se contribuya a la paz social que tanto anhelamos.

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06 ene 2012

Dictadura: las cosas por su nombre

El Consejo Nacional de Educación sorprendió aprobando la propuesta del ministro de Educación en orden a reemplazar la calificación de “Dictadura” por la de “Régimen militar” para describir el período que va desde el 11 de septiembre de 1973 al 11 de marzo de 1990.

El Gobierno de facto que se instaló en el poder en 1973 por medio de un golpe de Estado y lo ejerció en los primeros años a través de una Junta Militar delegándolo luego en la persona del General Pinochet, se puede caracterizar como una Dictadura ya que cumple cabalmente con todas las características propias de esos regímenes.

En efecto, el poder estaba concentrado en un individuo que ejerció el mando con arbitrariedad y con completa ausencia de control por parte de los otros poderes del Estado.

De hecho, el Congreso Nacional fue disuelto y el poder legislativo lo ejerció una Junta Militar que estaba jerárquica y políticamente subordinada al Dictador.

El poder judicial, por su parte, avaló la dictadura y se restó de sus obligaciones de garantizar la legalidad y la protección de los derechos humanos.

La Contraloría fue ocupada por funcionarios de la confianza del dictador, los partidos políticos fueron disueltos o ilegalizados y la censura a la prensa y a las expresiones culturales fue una realidad durante todo el período.

Pero, además de lo anterior, la Dictadura se caracterizó por el ejercicio de la violencia contra sus opositores y por las violaciones sistemáticas a los derechos humanos por parte de agentes organizados y financiados por el Estado con ese fin.

La instalación de campos de concentración de prisioneros políticos, la práctica generalizada de la tortura (cerca de 40 mil casos acreditados por la Comisión sobre Prisión Política y Tortura), el asesinato y práctica de la desaparición de los opositores políticos (más de tres mil casos acreditados por la Comisión de Verdad y Reconciliación), la organización de una policía secreta que cometió los crímenes señalados en Chile y en el exterior, incluyendo el asesinato de un ex Comandante en Jefe del Ejército, de un ex canciller y –todavía se investiga- un ex Presidente de la República.

Finalmente, este régimen compartió con otros de su mismo signo el carácter corrupto que normalmente los define.

El enriquecimiento del dictador a niveles que sorprendieron a sus propios partidarios, como ha quedado acreditado en investigaciones judiciales posteriores a la desaparición de Pinochet, lo demuestra.

El uso del concepto Dictadura en los textos escolares para definir esta fase de nuestra historia está plenamente justificado, especialmente por las graves violaciones a los derechos humanos que caracterizaron a todo el período.

El uso de un término más neutro como régimen militar constituye una forma de intentar reinterpretar la historia y blanquear un período con el que lamentablemente algunas autoridades todavía mantienen vínculos solidarios.

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