05 sep 2013

La educación sí es un derecho

Una reflexión, en un día de marcha por la educación en Chile.

¿Cómo catalogar la educación? ¿Es un bien económico o un derecho social? En Chile, el debate ideológico sobre estas preguntas ha deambulado entre dos marcados extremos; mientras sectores neoliberales históricamente encasillan la educación como un bien económico, grupos más progresistas la defienden de manera estoica como un derecho social.

La versión neoliberal,que promueve minimizar la intervención del Estado en materias económicas y sociales, defiende el mercado como garante de un equilibrio.Es decir, trata la educación como un bien económico sometido a la oferta, demanda, competencia y precio, como un eslabón más en la cadena productiva del mercado.

En este escenario, la educación como bien económico asume la maximización de recursos como objetivo prioritario, quedando relegada a una mera herramienta de producción.

Sin embargo, la educación no es un bien económico (ni de consumo), pues se trata de una experiencia de vida que trasciende a la componente económica de un bien.¿Por qué? Porque la educación no se gasta, no conlleva un desgravamen ni se acaba al transferirse, como si sucede con un automóvil.

Más aún, la educación no se pierde, sino que crece y se potencia, cumpliendo un rol de cohesión social, constituyéndose como un motor de transformación y desarrollo histórico para la sociedad.

Por esta razón, además del activo y necesario debate sobre el lucro y la calidad, generado a partir del movimiento estudiantil del año 2011, debe cuestionarse también la finalidad de la educación, dado que ésta debiera ser pilar fundamental en la formación de ciudadanía crítica y no una fabricación en serie de individuos con conocimientos adquiridos, realidad funcional y conveniente para el mercado, pero que deriva en un aumento las desigualdades sociales.

Desde un punto de vista progresista, la educación entendida como “bien social” se fundamenta en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ICESCR) firmado y ratificado por Chile.

Este pacto reconoce el derecho de todo individuo a la educación para alcanzar “el pleno desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad”. Así, la educación otorga herramientas para promover una participación activa y efectiva de las personas en los rumbos que debe tomar la sociedad, bajo el pleno conocimiento de sus derechos y responsabilidades.

Con este argumento, la educación se consolida como una herramienta imprescindible para consolidar otros derechos humanos.

Lo anterior implica que el Estado chileno, como protector social, debiera velar por la prestación libre, universal y obligatoria de la educación en todos sus niveles, sin discriminación, para así proteger otros derechos humanos.

Ahora bien, desde el punto de vista de los derechos universales, éstos se entienden como el conjunto de derechos individuales que en pos de un objetivo particular reciben una denominación común. Un ejemplo es el derecho universal a la libertad de pensamiento y de expresión. Así, se infiere que todo derecho universal es tanto un derecho individual como social.

En este contexto, la educación se consolida como un derecho que permite acceder a otros derechos básicos como la dignidad y fortalecer canales de acceso a mayor información.

Consolidar el acceso a la información es relevante, porque permite a las personas ejercer su derecho a elegir en libertad, actuar en conciencia respecto de sus valores, así como respetar los derechos ajenos.

Así, la educación entendida hoy en día como la transferencia formal de información estructurada, debe ser protagonista en impulsar el libre pensamiento de las personas y la formación de ciudadanos con conciencia crítica de las estructuras sociales que lo abrazan, permitiéndoles la movilidad social necesaria para acceder a mejores oportunidades.

Por las razones anteriores, la educación sí debe ser considerada como un derecho desde el primer respiro de todo ser humano, tal como lo son el derecho a la libertad y la salud. La educación ayuda a entender cómo funciona el mundo, consolida el conocimiento previo, permite aprender de los errores del pasado e incentiva el desafío de extender sus fronteras.

Un reflejo de que considerar y asegurar la educación como un derecho rinde frutos, son aquellas sociedades donde ésta es entendida como una herramienta que minimiza la segregación social.

Finlandia, uno de los líderes del informe PISA, considera la educación como un derecho de libre acceso para proteger lo que ellos mismos denominan su tesoro más preciado: las generaciones jóvenes como futuro de su sociedad, logrando tasas de deserción escolar muy bajas. Esto, a diferencia del caso de Chile, que ocupa lugares en el ranking OECD por debajo de la media.

Entonces, que la pancarta de marcha diga “La educacion sí es un derecho”.

Co autor de la columna es  el estudiante de doctorado en Purdue University, Felipe Ochoa Cornejo, ingeniero civil (M.S.c) de la Universidad de Chile.

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04 sep 2013

Sobre reconciliación y perdones

Los partidarios de José Miguel Carrera, un poco alicaídos como todos los castigados por la historia, seguimos con cuentas pendientes con los seguidores de O’Higgins, aquel agricultor metido a militar que gobernó Chile con aspiraciones monárquicas o tiránicas. Los partidarios de don Bernardo, odian a los carrerinos. Más de 200 años y aún no hay reconciliación alguna, salvo la amistad que los de uno y otro bando tenemos en términos personales.

Porque la reconciliación nacional no es posible, pues se trata de actos personales, donde se comprometen los que han estado involucrados en los acontecimientos.Las cuentas estarán para siempre pendientes y no existirá una sola historia oficial, aunque Crispi lo pida en Cooperativa, porque ello sólo es propio de tiranías manifiestas o encubiertas.

La reconciliación personal consiste en actos de afecto y comprensión, perdones y arrepentimientos, que permiten que las personas reconstruyan las relaciones y se puedan buscar acuerdos en muchas áreas, sobre la base de confianzas nacidas al calor de la amistad.

Incluso puede haber perdones entre victimarios y víctimas. De la suma de reconciliaciones personales, tal vez, sólo tal vez, sea posible tener una sociedad reconciliada.

Personas e instituciones pueden explicar lo sucedido y justificarse como antesala del perdón, pero es indispensable fijar los valores y ponerse en el lugar del otro, para entender la culpa propia y eventualmente la ajena.

Es importante que cada vez más sujetos sean capaces de expresar su dolor, sus responsabilidades y culpas, acercarse a los otros amorosamente y saber que hasta el más bondadoso y santo de los humanos se puede portar mal y que el que parece más malo puede amar a sus nietos y ser amigo de otros.

Desde esa mirada podremos reconciliarnos.

Las peticiones de perdón son importantes.Pero no genéricamente, sino diciendo expresamente: “estoy arrepentido de lo que hice y no hice”, es decir, de conductas concretas y no “de lo que pude haber hecho u omitido”, porque de ese modo no se hace cargo de nada.

Por ejemplo, Hernán Larraín, que supo desde la primera hora de las violaciones a los derechos humanos y de lo que pasó con profesores y estudiantes de la Universidad Católica, podría mencionar los casos que conoció de personas detenidas y que luego desaparecieron, frente a lo que no alzó la voz, como fue la situación de Alejandro Ávalos, profesor investigador (1)

La reconciliación debe considerar arrepentimientos y deseos de establecer nexos nuevos, compromiso de no repetir conductas y acciones concretas en favor de la paz.

Pero no se puede hablar de reconciliación cuando se siguen justificando las violaciones atroces y sistemáticas de los derechos humanos como parte de una política de Estado, en las acciones del gobierno de Allende o sus partidarios.

Probablemente lo que sucedía en 1972 y 1973 podría explicar la ruptura democrática y tal vez alguien podría aceptar que “no había otra salida” (yo creo que si la había), pero en ningún caso explica ni justifica todo lo que vino a partir del golpe.

¿Qué conducta de la UP justifica el asesinato de Víctor Jara? ¿Es el desabastecimiento lo que justifica las torturas a los detenidos en el Estadio Nacional? ¿Es la prepotencia o el sectarismo lo que justifica y explica los desaparecidos, las torturas, los asesinatos, realizados por agentes del Estado durante muchos años?

Dentro de los actores del pasado, reaparece Thieme. Y él es claro: trabajó por el derrocamiento de Allende, pero no aceptaba el tratamiento que se dio a los vencidos y se opuso tenazmente a las violaciones de los derechos humanos, hasta el extremo de pasarse a la oposición a la dictadura.

Sigue siendo nacionalista y sigue justificando sus actos de violencia contra el gobierno de la UP, pero no se da esa vuelta en el aire como las de Guzmán, Novoa, Chadwick y tantos otros, que creen que basta con decir nunca más, aunque siguen sosteniendo que a iguales condiciones, iguales medidas.

Me irrita, lo confieso. Me irrita la hipocresía, el descaro, la mentira persistente. Me perturba que personas que participaron de la dictadura cívico militar que gobernó Chile por años, sigan diciendo que lo que ellos hicieron en cuanto a los derechos humanos fue obra de militares o de mandos medios.

Para ellos – y pienso en Guzmán sobre todo –los derechos humanos son relativos y los culpables siempre serán otros. La UP puede ser culpable de desvalorizar la democracia representativa,pero no de desvalorizar a la persona humana.

Estamos en puntos lejanos y me quedo con las palabras de Piñera, cuando dice que no basta con los autores de los hechos, sino también deben estar todos aquellos que callaron debiendo haber hablado y, más aun, fueron cómplices y encubridores al beneficiarse con los crímenes cometidos.

(1) Ver http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-A/ava-dav.htm

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04 sep 2013

Prisión y sufragio, excluidos políticos

Lo carcelario, los/as catalogadas de “delincuentes” y denominados/as “presos” han sido objeto de la discusión pública. Y han sido convocados al debate de un supuesto proyecto de ley sobre el ejercicio de su derecho a sufragio.

Derecho constitucional que está garantizado para toda persona que estando privada de libertad no esté acusada por delito que merezca pena aflictiva, es decir, cuya pena supere los tres años, o por delito que la ley califique como conducta terrorista (art. 16 n.2).

El reconocimiento del derecho a voto para estos/as ciudadanos/as y los esfuerzos por su implementación habrían sido promovidos por la ministra de Justicia, Patricia Pérez, con el apoyo de Lorena Fríes, directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos.

Salvo excepciones-como la refutación del diputado Nicolás Monckeberg- las reacciones en el ámbito político-partidista no han sido muy divergentes. Y, a decir verdad, la posición política asumida por la candidata oficialista a la presidencia, no llama para nada la atención.

Los presos –dice la candidata- están presos porque cometieron delitos, tenemos que preocuparnos de ellos, tenemos que preocuparnos de rehabilitarlos, de que tengan posibilidades en el futuro, pero de ahí a llevarles urnas para que voten, realmente me parece que estamos yendo demasiado lejos, y me parece que de alguna manera esto no conecta con lo que la gente pide, que es mucha mayor seguridad y protección a las víctimas (fuente: Cooperativa).

Pero seamos sensatos. La reflexión aquí esbozada supera con creces el campo ideológico de la candidata y de su jefe de campaña que con tanto ardor salió en su defensa. Quizás podría uno aventurar que opiniones como éstas representan a un número para nada despreciable de ciudadanos/as. Aquellas operan como una especie de trastienda del “sentido común”.Pertenecen a esas convicciones “generalizadas” que, en cuanto tales, las eximimos (¿casi sin darnos cuenta?) del escrutinio público. Detengámonos en ellas.

La primera de las aseveraciones es, tal vez, aquella que más se da por sentada, quienes están privados/as de libertad, lo están en razón de los actos delictuales que han cometido. Sin embargo, dicha convicción no está por ello exenta de problemas.Desconozco el índice estadístico de la cantidad de personas que han sido condenadas a prisión siendo inocentes del cargo que se les imputa.

Tampoco dispongo de los indicadores que muestren el número de personas que, habiendo sido sometidas a prisión preventiva, al finalizar la investigación, son puestas en libertad en razón de su inocencia. En ambos casos, esta premisa no se cumple.

En estas situaciones se da el caso de que hay personas que van a prisión no porque cumplieron un determinado acto delictivo sino por otras razones como error judicial, prisión preventiva innecesaria, confusión de identidad del detenido, negligencia en la defensa jurídica del imputado, etcétera.

Pero, supongamos que el “sentido común” tiene razón. Creamos –como probablemente diría cualquier persona que concuerde con el- que las estadísticas de estos escenarios son tan mínimas que ni siquiera vale la pena traerlas a colación. Con todo, incluso así, esa argumentación incurriría en una falta política grave.

El “sentido común” yerra por omisión. Y lo hace toda vez que olvida preguntarse por qué se delinque, cuando se delinque, cuáles son las razones sociológicas más aceptables que explican el acto delictual en las 46.138 personas (fuente “La Tercera”) que, estando privadas de libertad, suponemos que han delinquido.

Este tipo de convicciones tan extendidas inhibe la pregunta por el origen del delito y, entonces, no tiene cómo indagar su razón de ser. Y como evita “ir demasiado lejos”, entonces, excluye de pasada otro interrogante determinante ¿existe, acaso, una relación empíricamente verificable entre delito y posición social?

Y es que de hacerlo, tal vez encontraríamos que la privación de libertad es una “obra casi exclusiva de una determinada clase social” (M. Foucault); que aquellos que han sido repudiados por otro personero oficialista bajo el apelativo de “delincuentes” “salen ahora casi todos, de la última fila del orden social” (Ch. Comte); que la mayoría de los/as ciudadanos/as que solemos catalogar de “presos” “provienen de las bases de nuestra sociedad supuestamente democrática.

De ser así la pregunta cae por su propio peso: ¿Cuál es el vínculo entre exclusión social y exclusión política institucionalizada modelada bajo el régimen carcelario? ¿Cuál es la función social que cumple la prisión a este respecto?

Como Uds. comprenderán, poco importa a estas alturas una aproximación jurídica a estas declaraciones.

Al “sentido común” no parece interesarle que las personas que se encuentran detenidas en prisión preventiva gocen del derecho a sufragio, mientras no exista a su respecto una sentencia definitiva ejecutoriada que las haya privado de semejante derecho o hayan sido acusadas de un delito que merece pena aflictiva (mayor a tres años) o por delito que la ley califique como conducta terrorista.

No parece importarle que a todos/as aquellos/as detenidos/as acusados/as por delitos que no merecen pena aflictiva, se les prive arbitrariamente de ejercer sus derechos políticos, en particular su derecho constitucional a sufragio (art. 16 n.2).

Mucho menos se preocupa al ver que esta privación del derecho a sufragio podría estar infringiendo la igualdad ante la ley consagrada por la misma Constitución en su art. 19 N° 2, toda vez que señala que “ni la ley ni autoridad alguna podrán establecer diferencias arbitrarias”.Pero esto, como digo, poco importa al “sentido común”.

Además, aunque no se sabe muy bien por qué han delinquido quienes están privados/as de libertad, el “sentido común” y sus partidarios dicen preocuparse por su rehabilitación. Pero, claro, no especifican qué entienden por tal.

Y es que se comete aquí otra omisión: no se define cuál sería la rehabilitación que les preocupa realizar. Por de pronto, sólo sabemos que esta tarea tiene que ver con “las posibilidades en el futuro” de estos/as ciudadanos/as. El problema es que la indefinición en esta materia invisibiliza –quiéranlo o no- la posición política que se asume frente al régimen carcelario hoy día imperante.

¿En qué medida es razonable pensar que los dispositivos de aislamiento, encierro, separación y confinamiento propios de la prisión son en los hechos, un método de “rehabilitación” de los/as ciudadanos/as confinados a ellos?

¿Cómo es que se pretende “reinsertar” a la sociedad si los mecanismos carcelarios consisten precisamente en lo contrario?

De hecho, la rehabilitación que parece preocuparles no resulta en lo más mínimo incompatible con la privación del ejercicio del derecho a sufragio de los/as 13.527 afectados/as por la iniciativa legal. Porque, de hacerlo, estaríamos “yendo demasiado lejos”. “Ir demasiado lejos” sería oponerse a la “mayor seguridad” y “protección a las víctimas que la gente pide”.

Sin embargo, qué gente es la que pide “mayor seguridad y protección a la víctimas”, no queda para nada claro. Tampoco se especifica el tipo de seguridad y protección al que se apela ni, mucho menos, cuáles y quiénes son las víctimas que pretenden defender.

Pero, ¿cómo es que se pretende “rehabilitar” a quienes padecen la privación de libertad si lo que se hace es, por el contrario, estar a favor del aislamiento, la separación y la exclusión de estos/as ciudadanos/as del proceso de formación de la voluntad política que se ejerce mediante el sufragio?

Frente al proyecto de ley señalado, el “sentido común” y sus partidarios (entre los cuales parece estar la candidata de la Alianza) asumen una postura ético-política que incurre en el mismo problema del sistema carcelario: bajo el disfraz de “rehabilitación” y “reinserción social” apoyan y legitiman mecanismos violentos (simbólicos y/o físicos) de reclusión, separación y exclusión.

Dispositivos que, por el contrario a lo que dicen perseguir, siguen produciendo más y más exclusión. Quizás las “víctimas” del delito que tanto preocupan son precisamente quienes cuya exclusión política han insistido en mantener.

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04 sep 2013

El nuevo sueldo de Chile

Hace muchísimos años, cuando Carlos Ominami era ministro de economía, se empezó a utilizar el concepto de “segunda fase exportadora”, que tenía como ideal crear una mayor coordinación de los esfuerzos que se realizan como país para transformarnos en una potencia comercial.

Más de 20 años después, en Chile aún no se han aplicado las medidas adecuadas para atraer más inversión extranjera e incorporar mayor cantidad de nuevas tecnologías y bienes de capital que permitan reforzar los productos exportables. A la fecha la segunda fase exportadora exhibe un lento desarrollo, en circunstancias de que es uno de los aspectos claves de la política chilena de comercio exterior.

Frente a esta necesidad, Asexma decidió proponer a ProChile una estrategia para tener presencia en países donde ya tenemos productos, a través de una marca sectorial. Este programa gubernamental busca posicionar a un sector productivo de servicios en un mercado internacional, bajo el alero de la marca Chile, que goza de una excelente imagen país en la región.

Entre sus atributos valorados están la seriedad, cumplimiento, profesionalismo, compromiso, fidelidad, desarrollo, innovación, calidad y mantener buen nivel de servicio.Características con las cuales hemos impregnado nuestra marca “Chile Manufactura”.

El 49% de las exportaciones de manufactura chilena está en Latinoamérica, mercado al cual se ha enfocado esta iniciativa. A través de actividades en Costa Rica, Panamá, Perú y Colombia demostraremos que somos capaces de crear productos elaborados. Los mercados están afuera y nos tienen que conocer, no podemos quedarnos calladitos.

Seguramente cuando se inició “Sony” la gente reconocía la marca porque era un producto japonés y de calidad. Ahora si le preguntan al 90% de las personas comunes y corrientes, no deben saber el lugar de origen, lo mismo pretendemos nosotros, tener una posición primero de Chile y después ir conquistando productos específicos.

Por ejemplo ¿sabía Ud. que Chile exporta cajas de cambio y ambulancias?También se fabrican calcetines, que tienen detrás todo un proceso de investigación. Hay bolsas que tienen nanopartículas de cobre con el objeto de matar las bacterias.

Como chilenos tenemos que valorizaros, somos terriblemente acomplejados. Ni siquiera nosotros sabemos lo que somos capaces de hacer, contamos con una enorme lista de productos fabricados en nuestro país.

Por eso debemos salir a atacar con la marca sectorial, para demostrar que existe tecnología, innovación, calidad y cumplimiento en nuestras tierras.

Hay especialistas que aseguran que se terminó el ciclo del cobre. Esta materia prima atrae grandes cantidades de capital, pero absorbe poca mano de obra.

Entonces tenemos a muchos trabajadores ocupados en productos o actividades que aportan poco valor agregado y al tener poco valor agregado jamás vamos a derrotar la costradura de la pobreza, ni vamos a mejorar la redistribución del ingreso, pues si sólo salgo del colegio sin profesionalizarme ganaré sólo el salario mínimo. Mientras más conocimientos incorporan cualquier artículo, se pagarán mejores remuneraciones.

El otro punto es diversificar la parrilla de productos, porque las pequeñas y medianas empresas cada vez participan menos en la torta de la facturación total del país.

Sin duda se deben crear espacios para absorber profesionales. Chile debe pegar ese salto de la segunda fase exportadora incorporado conocimiento el cual está en los productos de valor agregado.

¿Sabía Ud. que Chile es el segundo país más individualista del mundo después de EEUU?

Firmemente creo que todos los ciudadanos e instituciones debemos trabajar en conjunto para avanzar hacia el desarrollo y en definitiva alcanzar una mejor calidad de vida para todos. A través de estas iniciativas podemos sentir que no estamos solos, somos un enorme grupo de gente que busca cumplir con sus sueños y objetivos. Por esto no es necesario que nos enfrentemos individualmente al mercado internacional.

Chile Manufactura es un paraguas en el cual hay que invertir, estamos recién aprendiendo caminar con las marcas sectoriales, todavía no nos hemos podido sacar los pañales, pero vamos en camino a transformarnos en un país competitivo y una nación competitiva es una nación integrada.

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04 sep 2013

40 años, sincerando algunas cosas

Son muchos los temas que se pueden abordar echando una mirada a los sucesos ocurridos entre 1970 y 1973 que culminaron con el Golpe de Estado del 11 de septiembre. Nadie podrá negar que las miradas se enmarcan en un contexto ideológico y de allí que existan divergencias, aunque haya que insistir en que la veracidad histórica y la documentación objetiva no se puede desechar de cualquier reflexión.

Lo ocurrido ese día martes hace 40 años y todo lo que trajo para el país, no se puede abordar o querer finiquitar con actos mediáticos o declaraciones de buena crianza.

La posibilidad de reencuentro o de reconciliación se debe fundar, necesariamente y como lo establecen preceptos judiciales internacionales y de Naciones Unidas, en acciones de las instituciones del Estado (Poder Judicial, Ejecutivo y Fuerzas Armadas) y en acciones de distintos actores políticos, sociales e intelectuales. El reconocimiento de los hechos punibles por los responsables y el arrepentimiento deben preceder al perdón y el reencuentro.

En ese camino aparecen odiosas las tesis “del empate” o de que “todos fuimos responsables del Golpe”. Podemos asumir las responsabilidades de logros y errores en el periodo del gobierno de la Unidad Popular, pero la responsabilidad del Golpe de Estado no es atribuible a todos. Y mucho menos querer establecer “empates” de responsabilidades ante las ejecuciones, desapariciones, torturas, detenciones ilegales y exilio de cientos de miles de chilenas y chilenos.

Frente a las circunstancias que se vivían en 1973, el Presidente Salvador Allende, sus ministros, algunos personeros democratacristianos, fuerzas democráticas, la Iglesia, actores sociales y del mundo intelectual, y un segmento de los altos mandos de las Fuerzas Armadas y policiales, hicieron las gestiones y plantearon las opciones para una salida democrática, pacífica y constitucional a los difíciles momentos que se vivían.

De hecho, el Presidente Allende ya había tomado la decisión de convocar a un plebiscito para que la ciudadanía decidiera sobre los pasos a seguir e incluso si él debía continuar o no en la Presidencia de la República.

Pero la derecha, oficiales golpistas, sectores del empresariado, entre ellos los representantes de la prensa mercurial, y el gobierno de Estados Unidos en manos de Richard Nixon y Henry Kissinger, optaron por otro camino y no dieron espacio ni aprobación a las salidas institucionales y pacíficas y decretaron que había que derrocar al gobierno constitucional y provocar una asonada militar, lo que fue facilitado por la postura del sector más opositor de la DC.

Se impuso una alternativa anticonstitucional desarrollada por la vía violenta. Es difícil que estos actores puedan negar hechos que están documentados por el Senado estadounidense y otras instituciones nacionales y extranjeras.

Esos son los hechos globales. Por lo demás, en aquellas circunstancias, como en otras a lo largo de 100 años, jamás el Partido Comunista optó por romper la institucionalidad, pasar por encima de la Constitución o buscar una salida de ruptura.

Por esa postura, el PC fue criticado por sectores de izquierda. Cosa distinta fue el supremo esfuerzo que se hizo por terminar con la dictadura de Augusto Pinochet, que persiguió de manera genocida a partidos políticos, organizaciones sociales y a gran parte de las chilenas y los chilenos.Y se hizo apelando al derecho a rebelión contra una tiranía, aceptado por las Naciones Unidas y la comunidad internacional regida por conceptos democráticos y humanistas.

A 40 años del Golpe, irrumpe con toda su crudeza en la sociedad chilena lo que fueron las violaciones a los derechos humanos, crímenes de lesa humanidad por parte de instituciones y agentes del Estado realizando operaciones para exterminar ciudadanos opositores a ese régimen de facto.

Se conoce de un niño entregado a monjas después de que sus padres fueron asesinados por militares, la existencia de al menos nueve mujeres embarazadas que fueron asesinadas o desaparecidas sin conocerse el destino de esos niños y la fabricación y uso de armas químicas.

Frente a eso, hay que insistir que por el bien ético de la sociedad, por el cumplimiento de los deberes de las instituciones del Estado y por garantizar un futuro de estabilidad donde haya bases firmes para el “Nunca Más”, es necesario que exista toda la verdad, se aplique la justicia y haya reparación para las víctimas y sus familiares.

El país no puede ni debe renunciar al derecho de saber, el cual contiene el derecho a la verdad, ni al derecho a la justicia y el derecho a la reparación, como el remedio más eficaz a los nefastos efectos de la impunidad.

Cualquier intento de reconciliación debe sustentarse en conocer la verdad completa, en encaminar los procesos judiciales necesarios y garantizar la reparación a las víctimas y sus familiares. No con actividades mediáticas o frases comunicacionales.

Si hay algo que puede contribuir a un mejor futuro moral, institucional y de convivencia en la sociedad chilena, es que se aborde con seriedad y eficacia el tema de violaciones a los derechos humanos y se realice una investigación seria, se entregue la información por parte de los responsables civiles y militares, con total disposición a buscar el reencuentro, mediante todo el conocimiento de la verdad y de la concreción de la justicia.

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04 sep 2013

Nicanor Parra cumple 99

Lo hace este 5 de septiembre y lleva en la sangre y en sus ojos verdes una energía que muchos nos sentiríamos incapaces de absorber. En su casa de Las Cruces, una mañana radiante, luego de un temporal furioso, lo saludamos con un queso fresco, una bolsa de pasas y nueces, y un tarro de manjar. Y nos devuelve el saludo tarareando una típica canción chilena: “El que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide…. la salud y la tristeza, que no la tire, que no la tire”.

Tiene la letra anotada en un cuaderno de colegio, donde apunta todo lo que se le viene a la cabeza, que fundamentalmente son versos de los poetas que lo antecedieron y que tuvieron un significado único en nuestra historia. ¿Tendrá toneladas de esos cuadernos por todos lados?

Sí los tiene, un sitial importante lo ocupa Carlos Pezoa Véliz, el poeta de la Nada, como le dice, pues sus versos (“Nada”) los considera incluso superiores al Poema 20 de Pablo Neruda. Pezoa Véliz murió a los 28 años, víctima del terremoto de 1906.

Otro que forma parte de sus apuntes es José Domingo Gómez Rojas, “poeta rebelde de un solo poema, como muchos genios de la poesía”, advierte.

Gómez Rojas, autor de los versos del “Miserere”,parte de sus “Rebeldías Líricas”, murió a los 24, a raíz de los golpes que le propinaron en la cárcel, por participar en las Marchas del Hambre, en septiembre de 1920, periodo de Emilio Sanfuentes.

Nicanor Parra no solo está vivo. Se encarga de revisitar la historia para nosotros, a través de quienes tuvieron la sensibilidad de escribirla en verso. En versos no muy bienvenidos en sus épocas, en versos firmes, atrevidos, contestatarios. En versos jóvenes, llenos de energía. En anti versos, como sus anti poemas. Es lo que lo mueve y le hace brillar los ojos.

Recuerdos propios y ajenos que hacen historia y hacen vida. Que no se detuvieron porque a algunos no les gustaban o les molestaban. Que siguieron el camino de Cervantes.

Busca micrófonos escondidos, lápices y libretas ocultas. No quiere fama, no quiere más guerra que la propia, la trascendencia ya la tiene, se la ha ganado a pulso.

Nicanor cumple 99. Su mes tenía que ser septiembre, ningún otro.

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03 sep 2013

Ley Emilia, comentarios a una reforma legal

La reciente condena a un conductor en estado de ebriedad por la muerte de una niña ha generado un intenso debate sobre la justicia del castigo, expresada en la cuantía de la pena impuesta. La discusión adquiere mayor relevancia cuando la pena aplicada contrasta con la intensificación de las sanciones propuestas en el proyecto de ley que lleva por título informal, precisamente, el de “Ley Emilia”.

No pretendo comentar la sentencia del tribunal que resolvió sobre la culpabilidad del caso de Emilia. Esa decisión no hizo más que aplicar el derecho vigente y, por tanto, su cuestionamiento no es más que una crítica a nuestra regulación legal sobre la imprudencia como título de imputación de responsabilidad penal.

Por el contrario, es la regulación proyectada -como entienden hoy los medios de comunicación social, parlamentarios y también los padres de la víctima- el contexto en el que se está debatiendo el justo merecimiento de pena de quien mata a otro mediante un comportamiento no intencional, sino que con indiferencia del riesgo asociado a una conducción en estado de ebriedad.

Esa decisión, por cierto, no debe prescindir de exigencias propias del derecho penal, que legitiman la imposición de castigos en un estado de derecho. El Estado no mide su reacción castigadora sólo en función de los resultados causados, sino que también considera la distinta reprochabilidad del comportamiento del autor, distinguiendo entre supuestos dolosos e imprudentes.

Asimismo, un ideal regulativo es expresar la gravedad de las diversas infracciones a través de penas proporcionadas, de un modo coherente y armónico.

La propuesta original del proyecto de ley no respetaba esos principios regulativos. Equiparar la pena del homicidio intencional a un supuesto en que no existe intención de matar, sino el emprendimiento de una conducta riesgosa -como es el manejo en estado de ebriedad- incurre en desproporción manifiesta.

En ese sentido, es preferible la regulación aprobada por el Senado: conservar el umbral mínimo de tres años y un día para los casos menos reprochables y ampliar la pena al grado mínimo aplicable al homicidio simple en los casos en que el mayor reproche de la conducta del autor justifique esa equiparación.

Sin embargo, la propuesta es susceptible de mejora.La agravación según circunstancias determinadas legalmente requiere un especial análisis de las causales sugeridas.

La agravación debiera estar justificada en que la circunstancia sea expresiva de una conducta gravemente negligente y temeraria, expresiva de una indiferencia total respecto de los riesgos asociados a la conducta. En ese sentido, ni la profesión o la falta de titularidad o autenticidad del permiso de conducir parecen factores que incidan en la producción de la muerte de una manera intensamente reprochable, como para justificar una equiparación con la muerte provocada intencionalmente.

La verdad es que una exigencia de pena efectiva sobre los condenados por hechos como los descritos no requiere elevar las penas. Basta con establecer las excepciones pertinentes en la regulación de las penas sustitutivas en libertad.

En ese sentido, la inminente puesta en vigencia de la Ley N° 20.603 ya impide la aplicación de la remisión condicional de la pena en los casos en que la sanción impuesta excede 540 días.

Pero esa decisión debe ser deliberada y consciente, pues importa renunciar a todo ideal de tratamiento y reinserción social de individuos con problemas de consumo problemático de alcohol, y por tanto, contradice una finalidad irrenunciable para un Estado de Derecho en aras de una sanción más acorde con la comprensible aspiración de las víctimas y sus familiares, pero que en realidad no podrá nunca reparar el daño causado y difícilmente se verá como retribución suficiente.

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03 sep 2013

Ni tan “nueva”, ni con tanta “mayoría”

A esta altura es indiscutible que un eventual triunfo de la candidata Michelle Bachelet en las próximas elecciones presidenciales, sería producto principalmente de sus atributos personales no políticos y la cercanía que es capaz de generar con la gente, donde los partidos de la Concertación y el PC le restan bastante a su imagen.

Esta podría ser la explicación de que en la reciente encuesta del CEP, la ex Presidenta marcara un 64% de evaluación positiva, bajando 11 puntos en relación a diciembre del año pasado, y muy lejos del 85% que tenía cuando comenzó el gobierno de Sebastián Piñera.

Quizás lo único que debería agradecerle Bachelet a la Concertación es que desde el momento en que dejó La Moneda en 2010, le fueron despejando el camino de regreso.

Sin embargo, ante una elección presidencial con el record histórico de candidatos que se presentan, no basta con ganar en primera o segunda vuelta. Es fundamental que la persona que gobierne por los próximos 4 años sea capaz de enfrentar la crisis de representatividad y desconfianza que vive nuestro modelo político. En este sentido, importa mucho con quienes estará en el poder.

La Concertación es una marca desgastada y desprestigiada, que sólo el 17% de la población aprueba la forma como está desarrollando su labor, según la misma encuesta CEP, y que además es menos aprobaba que la coalición oficialista, situación que se ha mantenido desde inicios del actual Gobierno.

Así es difícil construir una mayoría que posibilite los cambios que Bachelet promete, y que enfrente las altas expectativas que parte de la ciudadanía se está haciendo.

Por ello la necesidad del cambio de nombre por Nueva Mayoría, que no es más que la plena inclusión del Partido Comunista a la histórica Concertación. No sólo de forma electoral sino que esencialmente en un pacto político, dejando atrás las omisiones que hizo la Concertación a favor del PC en las elecciones parlamentarias de 2009, o la lista en conjunto del PC con el PPD y el PRSD en las Municipales 2012.

Por todo lo anterior, los doblajes a los que aspira esta Nueva Mayoría son inciertos, partiendo porque hay voto voluntario. Además dependerán de cuánto Bachelet se involucre con su plantilla parlamentaria, con el riesgo de seguir bajando su imagen positiva en los próximos meses, donde una foto entre Michelle Bachelet y Guido Girardi es la mejor campaña posible para Evelyn Matthei.

Asimismo, de los 118 candidatos que presenta la lista Nueva Mayoría a la Cámara de Diputados, 45 de ellos son actualmente diputados, 8 fueron diputados anteriormente por al menos un período, 2 fueron senadores años atrás, hay 5 ex alcaldes, y 12 ex concejales.

De los 45 diputados, José Miguel Ortiz y Sergio Ojeda, ambos de la DC, aspiran a completar 28 años en el Congreso. Si tomamos en cuenta las elecciones para el Congreso hechas en 2009, hay 11 que fueron candidatos a diputado y perdieron, y 2 que fueron como candidatos a senador y también resultaron vencidos.

Asimismo, más de la mitad de aquellos que no son diputados actualmente se han presentado al menos a una elección de distinto tipo.

En resumen, Bachelet enfrenta una elección con amplia ventaja en las encuestas, pero tensionada desde diversos flancos.

Por una parte, la candidatura de Evelyn Matthei y los demás aspirantes a La Moneda, por otro lado, la ciudadanía expectante de que sus anuncios no sean sólo promesas, y también desde la propia Nueva Mayoría, que aspira con ella a volver al poder.

Lo único que queda claro a la luz de las encuestas, es que si resulta vencedora en noviembre o diciembre próximo, lo habrá hecho a pesar de la Concertación.

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03 sep 2013

El metal tranquilo de su voz

El 11 de septiembre de 1973 culminó exitosamente la guerra declarada por la jefatura del imperio contra el gobierno revolucionario de Salvador Allende.

Cooperaron en ese triunfo la gran burguesía chilena, las fuerzas políticas de la derecha y la centro derecha (Code) y la jefatura de las fuerzas armadas.

Como en todo proceso revolucionario, jugaron un rol negativo para la revolución la ultraizquierda y las limitaciones y errores de las direcciones revolucionarias.

La historia lo dirá en breves palabras, apagando la superficialidad y la mentira que se ventilan este 40 aniversario.

Fue derrotada estratégicamente la revolución chilena.

Hubo un triunfo claro de la contrarrevolución de la burguesía que asumió, por medio de los altos mandos de ese día, todo el poder del Estado.

El Presidente, como lo había advertido reiteradamente, no se entregó, no claudicó, no se rindió.No hizo lo de O’Higgins, lo de Perón, lo de Belaúnde, lo de Velasco, lo de Alessandri Palma, lo de Ibáñez, lo de Hönecker, lo de Sadam Hussein, lo de Kadafy y lo de tantos otros jefes de estado y presidentes derrocados.

Consciente de que lo ultimarían, no quiso calvario moral ni corona de espinas, se inmoló.

Consciente de su legado nos dejó lo que él llamo “el metal tranquilo de mi voz”.

Antes de ello, toda una madrugada y una mañana dignas de epopeyas excepcionales.Se instaló en La Moneda, palacio y cuartel de los Presidentes de Chile.

Al inicio creía que el golpe era de la segunda fila de la Marina, de la Aviación y de bajas antigüedades de carabineros, como Mendoza. Traicionaban a la patria. Del Ejército, confiaba en Pinochet.

“El general Mendoza, general rastrero que hasta ayer juraba lealtad al Presidente”.

Pasadas las horas comprobó que también el Ejército. Y que Pinochet se había resistido.“¿Cómo estará el pobre Augusto?”

La agitación del combate, de la herencia y la agonía, le impidió internalizar que Pinochet lo había traicionado. No lo nombra en sus últimas palabras. Quien se comunica con él y lo insta inútilmente a claudicar es Carvajal, el jefe coordinador del golpe. Pinochet no se atrevió.

El “triunfador” Carvajal se suicidó en años posteriores.

Pinochet ya sabía de si lo que Allende no alcanzó a saber y que hoy todos sabemos. “Me tachan de asesino, fascista y delincuente”. Así es.

Allende, en medio del combate y el asedio, delicadeza, cuidado y fraternidad con su gente.

Frena a sus hombres en medio del combate para rendir homenaje al amigo muerto, el periodista Augusto Olivares, y solicita a Joan Garcés, joven asesor, restarse el día 11 de la muerte para “contar” lo sucedido.

Con el pueblo, gratitud sincera y definitiva declaración de amor.

Pide gentilmente a las mujeres que se retiren de La Moneda, para no enfrentar la dureza de un combate condenado a la derrota terrenal. Luego, hace lo mismo con los amigos.

Finalmente se queda casi solo: algunos gaps, dos médicos, un arma y su palabra.

En Washington y en el barrio alto de Santiago celebran con champagne.

Aquí, no sólo es la camarilla militar.

La derecha de Jarpa y Sergio Diez se siente, con razón, triunfante.

La dirección de la DC, contempla lo que para ella era, a esas alturas, la mejor salida.No sólo no condena el bombardeo a La Moneda dirigido a ultimar al Presidente Constitucional sino que, con sus declaraciones, lo justifica.

Leighton y Fuentealba se remecen, pero son sólo 13.

Los cuadros dirigentes de la UP, con su paso a la clandestinidad, tratan de impedir el derrumbe definitivo. El Presidente, en sus últimas palabras, ni siquiera nombra a la Unidad Popular.

Otros, después asesinados en la tortura o enviados a Dawson, se entregan a los golpistas porque “el que nada hace nada teme” .

La minoría izquierdista de la UP, con Altamirano y Garretón al frente, no combate como el Presidente al que calificaban de “reformista” y “negociador”. Altamirano ha tenido la dignidad de retirarse a sus cuarteles de invierno.Ha sido excepcional. De Garretón mejor no hablemos.

A 40 años del suceso el pueblo de Chile, que ha reconquistado, por la vía política, algunas importantes libertades, brega por reformar el sistema capitalista reimplantado desde el 11 de septiembre de 1973. Dicen que está “empoderado”. Yo creo que no. O no lo está como hace 40 años, cuando al menos la mitad de los chilenos luchaba conscientemente por construir su socialismo real, su concreta nueva sociedad.

Las distinciones en La Moneda en ese 11 –a un lado los héroes, al otro los traidores y criminales- aún están deformadas o sepultadas, escondidas por la imposición ideológica, el dinero, el miedo y la siempre latente traición.

Muchos de los que aplaudieron el golpe y lo sucedido en la tiranía no están ni condenados ni en retroceso. Ocupan cargos de dirección en empresas monopólicas y en el gobierno. Lo sabe Piñera y algo ha dicho.

Y en escenas dantescas pero reales duermen juntos algunos ex revolucionarios y sus represores.

Las grandes alamedas recién empiezan a abrirse.

Y en el mundo, sólo un ejemplo, Salvador Allende.

En nuestra memoria, nuestros caídos.

De los demás, ninguna calle ha llevado ni llevará sus nombres.

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03 sep 2013

40 años, hacernos cargo de la historia

Patricio Melero, presidente de la UDI, declaró a propósito de los 40 años del golpe de Estado que “la superioridad moral que la izquierda se arroga dificulta un mea culpa de la centroderecha”. Agregó que hay un doble estándar irritante de parte de los sectores que “condenan las violaciones de los derechos humanos en Chile y las justifican en Cuba y en otras partes” (La Tercera, 1/09).

¿Y qué pasa con quienes condenan las violaciones de los derechos humanos en Cuba y justifican las ocurridas en Chile? Si reclamamos coherencia, lo que corresponde es condenar sin ambigüedades los crímenes de acá y de allá. Solo merece respeto una actitud que no relativice la defensa de los derechos humanos en función de las conveniencias partidistas.

Necesitamos extraer ciertas lecciones esenciales de todo lo que nos pasó con el fin de fortalecer el compromiso con los valores de la democracia.El espíritu de trinchera no nos ayuda a eso. Por desgracia, la campaña electoral tampoco.

A propósito del acto de conmemoración que prepara el gobierno en La Moneda, y aludiendo a la referencia que hizo el Presidente Piñera de quienes fueron “cómplices pasivos” de las violaciones de los derechos humanos, el diputado Osvaldo Andrade, presidente del PS, declaró el pasado lunes : “Buena parte de esos cómplices pasivos están en el propio gobierno y respaldan la candidatura de Evelyn Matthei. No nos es posible hacernos parte de esa actividad, acá hay víctimas de verdad”.

Muchos militantes socialistas fueron asesinados por la dictadura, pero por respeto a su memoria cabría esperar una actitud sobria de sus camaradas dirigentes, que no agite banderas y que, en cambio, muestre ante el país una posición irreprochablemente republicana. Al fin y al cabo, las diferencias no han impedido que los parlamentarios del PS convivan con los de la derecha.

Nada justificará nunca los crímenes de la dictadura. Pero eso no significa inhibirnos respecto de revisar rigurosamente la historia, lo que incluye no esquivar el juicio crítico sobre el gobierno de la Unidad Popular.

La izquierda que gobernó con Allende tiene una dramática responsabilidad por la dinámica que condujo al país a un atolladero. Hoy sabemos que no se puede hablar impunemente de la lucha armada, como lo hizo un sector de la izquierda en aquellos años, sin socavar las bases de la convivencia en libertad y alentar diversas formas de aventurerismo. La palabrería del “enfrentamiento inevitable” terminó favoreciendo la acción de quienes asaltaron el poder a sangre y fuego.

En 1973 era vital salvar la “democracia burguesa”, como se la calificaba entonces con desidia; sin embargo, la irracionalidad política lo impidió.De ese modo, se derrumbó el dique de civilización que representaba esa democracia despreciada por los revolucionarios.Fueron Pinochet y los extremistas de derecha los encargados de demolerla.

En el núcleo de nuestra tragedia está el hecho de que para un sector lo más importante era “hacer la revolución”, mientras que para otro lo más importante era impedirla. Esa fue la lógica que llevó a Chile al despeñadero.

¿Influyeron los intrusos en nuestra tragedia? Ello está ampliamente demostrado, en particular la intromisión del gobierno de Richard Nixon y del régimen de Fidel Castro,pero el desenlace fue ante todo el resultado de la confrontación dentro de Chile.

Pinochet no apareció de pronto entre nosotros, hubo un proceso de debilitamiento del Estado de Derecho que permitió que él se instalara en el poder y gobernara del modo que lo hizo. El reto es impedir que se reproduzcan las condiciones que lo hicieron posible.

Por todo esto, hay que valorar cada gesto de autocrítica que surja en estos días. Es el caso del senador Hernán Larraín, que ha pedido perdón por la responsabilidad de omisión respecto de lo ocurrido bajo la dictadura y ha expresado su deseo de contribuir a la reconciliación.

También hay que resaltar la franca autocrítica de Oscar Guillermo Garretón, miembro destacado del PS (El Mercurio, 1 de septiembre). Se trata del ex dirigente de la Unidad Popular (fue subsecretario de Economía del gobierno de Allende y secretario general del MAPU) que ha llegado más lejos en el examen descarnado de la experiencia de la izquierda y las causas de su fracaso.

Podemos aprender de la historia a condición de que no busquemos explicaciones acomodaticias que, finalmente, no aportan nada provechoso a las nuevas generaciones. Y el país necesita que los jóvenes adhieran sin vacilaciones a la vida en democracia, que rechacen la violencia como método político, que estén dispuestos a defender siempre las libertades.

La conmemoración será provechosa si, además de recordar a los compatriotas caídos en aquellos años oscuros, reforzamos el compromiso de proteger y perfeccionar la democracia que tanto nos costó recuperar.

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