22 sep 2012

Casen, pobreza y exclusión: ¿qué problema necesitamos resolver?

En nuestro peregrinar hacia el ansiado desarrollo, la superación de la pobreza se ha transformado en uno de los principales objetivos sociales como país, desarrollando así, importantes políticas públicas que nos han permitido revertir las inaceptables tasas de pobreza e indigencia que teníamos hasta hace más de veinte años. Pero, aún cuando sabemos que existen avances en esta materia, desde hace un tiempo algo se nos ha extraviado en el camino y la batahola en que nos hemos visto envueltos tras los resultados de la Casen 2011, no es más que una ratificación de aquello.

En el Chile de hoy, la pobreza y la exclusión social viven nuevos rostros y complejidades, que no están siendo abordados ni visibilizados por las discusiones y planificaciones públicas.

Los nuevos escenarios se han transformado en emergencias y la principal herramienta (CASEN) para monitorear nuestros esfuerzos como nación, lleva un largo tiempo que no está dando cabal cuenta de la realidad.

Más allá de toda discusión, lo relevante es que la pobreza y la exclusión social viven en el rostro de casi dos millones y medio de chilenos y chilenas. Rostros cuyas condiciones de vida se han hecho cada vez más difíciles de abordar, dónde las problemáticas ya no son sólo la falta de dinero, sino que la suma de otras vulnerabilidades o daños que sin duda hace necesario intervenciones cada vez más especializadas, integrales y complejas.

Expertos, académicos y organizaciones sociales que trabajamos día a día en esta misión y desafío, sabemos insistentemente que la vivencia de la pobreza tiene un carácter multidimensional, que no pasa sólo por la carencia de aquellos bienes materiales de una persona, sino también por las distintas vulnerabilidades que emergen en ella, tales como la denegación de derechos, la desvinculación social y las restricciones para participar plenamente en las distintas actividades de la vida social.

El desafío supremo de una familia que vive la pobreza, no es únicamente llegar a fin de mes con 180 o 200 mil pesos, sino también lograr acceder a las excluyentes oportunidades que entrega nuestra sociedad: no desbarrancarse si el jefe de hogar cae en la cesantía, no derrumbarse si uno de sus seres queridos vive una grave enfermedad… en definitiva creer que todos los esfuerzos tendrán una recompensa justa.

El Informe de Desarrollo Humano en Chile 2012 –desarrollado por el PNUD- ejemplifica estos hallazgos en el siguiente retrato: “La mejor imagen que describe a los chilenos es la del malabarista, que intenta conjugar sus aspiraciones en condiciones a menudo adversas”. Sin duda, para el caso de las personas en situación de pobreza, ese a menudo es un generalmente.

Mientras discutimos, las personas con discapacidad mental, más de 80.000 en el primer quintil, siguen en situación de extrema marginación y discriminación, con pocas – o ninguna- posibilidad de acceder a medicamentos, terapias, trabajos remunerados, o simplemente, a espacios de cuidado digno.

Se trata de personas y sus familias que no sólo se ven afectadas por la pobreza y la pobreza extrema, sino que se enfrentan cotidianamente al doble problema de ser pobres y discapacitados en Chile. Ellos son los nuevos rostros que habitan en la frontera invisible de nuestras preocupaciones como país.

Algo similar ocurre con los jóvenes desertores del sistema escolar, cuyas realidades económicas, familiares y sociales son tan frágiles que permanecer en el sistema se traduce en un desafío infranqueable.

La calle, el seudo-trabajo, los abusos, el consumo de drogas y alcohol muchas veces se transforman en el único destino posible. En nuestro país casi 30.000 niños(as) y adolescentes del primer quintil viven esta situación, ellos en rigor, son sujetos de derechos y, que probablemente, de no mediar una decisión clara a nivel país, quedarán perdidos en las esquinas de muchas poblaciones marginales de nuestras ciudades.

Esto es la tan llamada exclusión social, y porque NO podemos seguir eludiendo esta realidad, debemos entender la pobreza y el ser pobre, crear nuevas herramientas, mirar más allá y trabajar en conjunto; de lo contrario retratos como el que nos muestra el PNUD seguirán reproduciéndose o agravándose en las cifras, los estudios y en la vida cotidiana de millones de chilenos.

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22 sep 2012

La última oportunidad de Piñera

Faltan muy pocos días para que el Gobierno ingrese al Congreso Nacional la ley más importante del año, aquélla que permite no sólo conocer cuáles serán las prioridades en materia de gastos, sino la que permite, además, saber cómo se ha desarrollado la ejecución presupuestaria y cuan eficientes han sido las respectivas autoridades. Rendición de cuentas.

El Presupuesto de la Nación es sin duda el proyecto que mayor atención concita en el país y en el Parlamento, pues se reparten los recursos de todos los chilenos y la tarea no es menor, más aún con la enorme desigualdad que golpea a diario a millones de familias.

Las cifras arrojadas por la encuesta Casen sitúan a Chile como uno de los países más desiguales, tanto a nivel de la OCDE como si se compara con economías similares.

Mientras en el promedio de los países OCDE, el 10% más rico gana 9 veces lo que gana el decil más pobre de la población, en nuestro país, el 10% más rico de la población gana 27 veces el sueldo del decil de menores ingresos.

Así las cosas y considerando que este será el último Presupuesto ejecutable de la administración Piñera, esperamos que el texto considere la variable equidad y que la distribución de los recursos se efectúe con sabiduría y justicia, sin letra chica ni falsas promesas. Es su última oportunidad.

Las novedades se esperan con expectativa especialmente en regiones, donde ya estamos habituados a observar a la distancia, cómo la mayoría de los recursos se quedan en la zona central y donde muchas de las legítimas demandas de nuestras comunas se postergan.

Así ocurrió, por ejemplo, con el mal llamado Plan Araucanía, del que nunca supimos nada más que el anuncio oficial, publicidad engañosa que aún nos tiene buscando en alguna partida pasada dónde se incluían los recursos de este compromiso que se esfumó entre tantas partidas.

Sabemos, pues así lo indican las cifras, que estamos enfrentando cierta vulnerabilidad fiscal, pero también es cierto que las reformas sociales pendientes ya no resisten más. Lo anterior implica una inteligente y asertiva distribución de los recursos y, obviamente, la suficiente honestidad con los chilenos y chilenas para no gastar millonarias cifras en campañas propagandísticas oficialistas que sirvan como plataformas electorales.Estaremos atentos y ello no contará con nuestra aprobación.

Las regiones ya no pueden esperar más, y por ello, el ajuste tributario reciamente aprobado era clave. Fue la oportunidad para haber establecido un nuevo pacto fiscal, donde aquéllos que ganan más pudieran efectivamente otorgar más; pero ello no ocurrió y, al menos por esa vía, lo recaudado será absolutamente insuficiente.

Este Presupuesto, por lo tanto, debe conciliar las demandas pendientes y la necesidad de establecer cierta cuota de igualdad y justicia a la hora de distribuir los recursos, y en esta decisión, las regiones NO pueden seguir siendo el último invitado a la fiesta, ni mucho menos quedar fuera de la mesa.

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22 sep 2012

¿Creer o no creer?

El 31 de agosto falleció el Cardenal Carlo María Martini, arzobispo de Milán, a los 84 años. Un jesuita que tuvo el mérito de abrir el diálogo informal con los que no creen o creen a medias lo que según la Cristiandad deben creer. No se instale usted en uno de los dos bandos, sino como decía Martini, acepte que todos tenemos en el cerebro una particularidad dual o dos posiciones muy rotundas hacia creer y no creer.

Dudar es normal, es normal no creer e incluso es normal creer. Entre los libros que Martini escribió hay uno “Creer o No Creer” firmado con Umberto Eco que incluye las cartas que cada autor escribió en el periódico “La Corriere della Sera” conversando en diálogo sobre supuestas verdades y creencias de la Cristiandad.

No se asuste porque el libro sea de un cura. No es latero: es un diálogo con Eco, adversario de Martini, un ex-católico y profundo convencido de ser ateo sin ostentación. Además incrédulo, o sea no cree en todas las cosas. Traducido del original italiano es un libro atrayente que vale la pena leer, especialmente si usted era católico y ahora duda de casi todo.

En nuestros medios van a propagar la idea que habría sido candidato de la izquierda a Papa. Sobrio, Martini no buscó el poder dentro de la Iglesia Católica sino el diálogo con el resto de los humanos y humanas que trabajan, lo pasan bien o más o menos, no compran todo lo que el mercado (iglesias incluidas) ofrece y desean ser sinceros, tener una vida plena, entretenida y amigable.

Martini tenía la costumbre de organizar en Milán charlas, hoy llamadas interactivas y que él llamaba ‘Cátedra para los No-Creyentes’. Con un público de dos mil personas, dialogaba (o sea respondía, no predicaba) a calzón quitado sobre temas relevantes para la gente y para él. Para buscar algunos puntos compartidos en común de la Iglesia y el pueblo. No le hacía el quite a discutir acerca de las drogas, el abuso infantil que condenaba, el aborto, el hambre en el mundo, si las mujeres podían ser sacerdotes,en fin, de todo.

Todo eso que los pastores de la Cristiandad actual en Chile y en el planeta no practican sino cubren con un velo de malla blindada político-militar.

Le interesaba dialogar con legos, con la mujer y el hombre de la calle, sin condenar. Oír para entender y ponerse en los zapatos del otro, analizar qué decían los otros y responder con sus ideas sin golpes bajos ni condenas. Solía no hacer alarde de su título de Su Eminencia Cardenal: prefería que lo llamaran por su nombre: Carlo María Martini.

Al recomendar este libro no intento demostrar cómo Eco, un ateo culto e informado le da un golpe cruzado de izquierda con uppercut y tumba a Martini. Eso sería una venganza de los que fuimos católicos y hoy resentidos se lo damos a Martini y la Curia.

Él quería poner sobre la mesa los temas actuales, si hubiera podido, incluso si en Marte el ‘Curiosity’ se habría acercado al invisible Reino de los Cielos.

El interesante libro “Creer o No Creer” comienza con el difundido y propagado susto, cuando antes del 2000, nos acercábamos al fin del milenio con todas las imaginarias profecías del acabo-de-mundo y la venida del Salvador este miércoles. Otra historia inventada por la Cristiandad. La misma que podemos ver en TV anunciada actualmente en Chile y en el planeta por los evangélicos.Ná que ver con prédicas del cura Gatica ni con editoriales apocalípticas que por suerte parecen extinguirse.

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21 sep 2012

Juan Enrique Vega, chao viejito

El 14 de septiembre fuimos a despedir, después de un responso católico, a Juan Enrique Vega Patri.Murió en septiembre, como muchos grandes de esta tierra.

Es comprensible el dolor de los viejos militantes del Mapu. Juan Enrique es la segunda figura histórica que se nos va. La primera fue Rodrigo, en 1972, a los 31 años. Llamamos figuras históricas a los cinco grandes de la juventud de los sesenta (Ambrosio, Correa, Vega, Gazmuri y Ávila) y a los grandes “viejos” que nos acompañaron en los orígenes (Gumucio, Chonchol, Sota y Julio Silva Solar)

Juan Enrique había comunicado a sus amigos más cercanos que, a su muerte, no quería ninguna ceremonia religiosa. Fue inevitable no aceptar el responso clerical. En Chile es casi imposible brindar a un ateo o a un agnóstico una ceremonia fúnebre seria y laica, menos cuando no se tiene dinero suficiente.

Fue muchas cosas en su vida de 69 años Juan Enrique.

De los 50 años de adultez que alcanzó a vivir, la mitad, unos cinco lustros, los vivió fuera de Chile.

La dictadura, el trabajo en las embajadas, las asesorías de alto nivel (fue su tarea en algunos años) lo empujaron fuera.Más observó y estudió su tierra que lo que la sintió y vivió. Pero nació y murió en Santiago, sufriendo, pensando y sonriendo, como en todos sus cincuenta años de entrega. En grande. Con la máxima intensidad.

Yo lo conocí a los 17, cuando entró en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. En ese entonces era el gordo o el guatón Vega.Medio siglo, el más cargado de la historia de Chile. El que nos llevó más alto y nos lanzó más bajo.El que no conoció la mediocridad. Y el que tratamos de enfrentar con consecuencia.

Fue un humanista.

Fue un enciclopedista, un racionalista ateo, un trotskista sensato, un anarquista ordenado, un comunista libertario, un eterno disconforme, un permanente experimentador. Simplemente un marxista. Dudó siempre, como el Maestro.

Una noche en Madrid (¿hará tres años?) nos confesó a Tomás Armijo y a mí que viviría hasta que pudiera experimentar. Luego, prefería no estar. Con el paso del tiempo no sólo fue mi amigo sino el de toda mi familia.

Entró muy cabro a la JDC, a los 13 ó 14, atraído por la elocuencia de Tomic y de Frei, la honestidad de Castillo, la humilde grandiosidad de Leighton, la consecuencia de Gumucio. Ocupó muy pronto cargos de dirección y llegó a ser, con todos los honores, Presidente de la Juventud.

Era el segundo o tercero de la generación de Rodrigo Ambrosio y fue el más izquierdista en la dirección histórica que fundó el Mapu. A los 27 años fue nombrado por Allende y aprobado por el senado como embajador de Chile en Cuba. A los 27 años.

Fue siempre receloso.

De las ideologías y de los ordenadores políticos.

Ubicado en la izquierda de la dirección histórica que dio origen al Mapu fue convencido por los demás que, dada la necesidad que tendría el gobierno popular de combatir a la ultraizquierda, era mejor que él viajara a estudiar más al extranjero. Partió disciplinadamente, con una beca, aunque pronto volvió.

Fue el único embajador en Cuba en el Chile de Salvador Allende, pero hubo uno que, más tarde, inventó -con éxito en la generalizada ignorancia- que lo había sido en vez de él y que incluso había sido declarado allí “persona non grata”.

Fue embajador de Lagos en Ginebra en el 2000, y entendió, por la ideología y por los hechos, que debía condenar los atropellos de EEUU en Irak cuando le ordenaron abstenerse. No lo aceptó.

Pinochet lo condenó a vivir fuera de Chile. En 1975 bajó de peso y se operó el rostro para entrar a dirigir clandestino, llamado por “el interior”, pero cuando estaba listo, con todos sus papeles camuflados, sin papada y con ciertas facciones alteradas, le ordenaron quedarse afuera.Mantuvo las cicatrices toda la vida.

Viajó a La Habana en 1971 como el más joven embajador de la historia de Chile, y a fines de ese año acompañó a Fidel Castro en su histórica visita a nuestro país. Podemos presumir con fundamento que, en medio de la algarabía popular de la izquierda triunfante, causó envidia en algunos funcionarios de carrera de la época, incluso en el que fue nombrado sólo Encargado de Negocios en Cuba para prepararle el camino y que funge hoy ¡por fin! de embajador de Piñera en París.

En los primeros años en la Escuela de Derecho estudió siempre con mis apuntes de clases y mis resúmenes de libros pero mientras yo reprobaba o sacaba una negra él aprobaba al menos con dos coloradas. Desde entonces me llamó, a mí que tenía seis años más que él, “viejo” o “viejito”, porque era cariñoso. Yo empecé a llamarlo igual muchos años después, cuando las aventuras políticas comunes, los desayunos en su departamento de México en los 80 o en la residencia en La Habana de los 70, el cuidado recíproco con nuestros hijos, el peso de la vida, los buenos recuerdos, las añoranzas de la juventud, las del exilio, las críticas a los gobernadores, las conversaciones sobre el peso del poder, nos igualaron.

Juan Enrique fue un hombre ilustrado, que perteneció a la ilustración europea de los años 60 y a la selecta chilena de poquito después. Fue muy amigo de Lechner y de Moulian, de Gazmuri y de Correa, a pesar de sus diferencias. Y de Juan Gabriel Valdés que, creo, por muchos años lo trató como su pariente mayor. Correa era más dogmático, como marxista leninista o como neoliberal, como agnóstico o como creyente. Vega no aceptó dogmatismos de ninguna especie. En eso, y en su permanente progresismo, fue un joven de la ilustración chilena del siglo XX.

Juan Enrique fue a veces un líder y pudo haberlo sido siempre, si hubiese sido menos crítico y menos humilde.

Rebelde siempre, se levantó contra la DC reformista de fines de los 60, porque quería la revolución, y fue el redactor principal de las tesis de los militantes concertacionistas autocríticos y críticos bajo el gobierno de Frei Ruiz Tagle, esos que fueron calificados de “autoflagelantes”.Nunca dejó de serlo.

Me consta que sufrió mucho con la muerte de Allende en 1973 y con la de Frei en 1982. Me escribió desde México a La Habana a la muerte de éste, compartiendo que más allá de las diferencias políticas que nos separaban con el ex Presidente demócrata cristiano, algo muy profundo había muerto en el alma de nuestra generación. Algo que se sumaba al dolor por la partida de Allende.

Cuando veo hoy a socialistas y decé sin esos troncos, siento que Juan Enrique tenía razón.

Su muerte fue sentida en Santiago y en Lima, en Putaendo y en Madrid, en la Plaza Brasil y en La Habana, entre los intelectuales y los que lo recuerdan en el Valparaíso del “Pega con Vega”.

Nos apretamos con un abrazo por él y por nosotros con Bernardita Aguirre, con Marcia Scantelberry, con Moulian, con Gazmuri, con Ávila, con el Pepe Vargas, con Gacitúa, con Ricardo Núñez, el día antes del entierro.

Dolores Rodas escribió desde París. Martín Mujica desde Canadá. Herman Mondaca desde Arica. Carlos Arévalo desde Santiago, seguro que Rodrigo lo estaba esperando. El Chico Ramírez, que militó con él aquí y en Lima; Miguel Soto, que estuvo en La Habana; Hugo Ruedas, aquí y en Cuba; el Chico Domingo, que dejó un corazón en Cojímar.

Patricia Castillo me cuenta que antiguas y antiguos militantes del Mapu de Valparaíso se juntaron para recordarlo.

Jorge Arrate, a quien comuniqué la dura nueva, me escribió muy impactado, pidiéndome que le diera sus cariños a la familia. Eran muy amigos desde los 60 en la universidad, y yo creo que parecidos.

Su hija Camila vino desde Barcelona. Eduardo Rojas desde Buenos Aires.

Se comunicó conmigo su amigo y mi compadre Enzo Gazzolo, hoy en Putaendo, donde también se le rindió homenaje. También Alfredo Filomeno, primer Presidente en los 70 del Partido Socialista Revolucionario del Perú, desde Lima. Por cierto Rony Smarth, ex Primer Ministro de Haití, nuestro amigo común, desde Port au Prince.

Filomeno me dice “fue un joven dirigente nacional en los sesenta, un joven embajador en los setenta, un joven dirigente en el exilio de los ochenta, un joven académico y asesor de prestigio en los noventa y se nos fue con esa misma juventud”.

Estoy seguro que si hubiese tenido la oportunidad de despedirme de él en vida nos habríamos dicho simplemente “Chao Viejito, chao”.

Un par de besos para Camila y Pablo.

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21 sep 2012

Diferencias estratégicas

Una vistosa arremetida ha lanzado el comunismo chileno en mi contra, desconociendo la lucha que llevamos adelante durante décadas por reformas constitucionales que avancen hacia una nueva Constitución en Chile. Me culpan, de manera gratuita, de no facilitar una “Asamblea Constituyente”, como si las cosas fueran tan simples y el destino de los países tan fácil.

La acusación comunista llega a lo absurdo. Se olvida que las fuerzas reaccionarias de ultraderecha son aquellas que han apostado a la solución extra-constitucional de las encrucijadas históricas vividas por nuestro país.

Así fue el alzamiento contra el Presidente José Manuel Balmaceda, en 1891; lo fueron los cuartelazos contra Arturo Alessandri, en los años ’20 del siglo pasado, acusándolo de populismo; lo fue el llamado “ariostazo”, contra el Frente Popular, poco más de una década después; también lo fue el “Tacnazo” de Viaux contra el Presidente Frei Montalva, en 1969; así como la conspiración de ultraderecha que condujo al asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider, en octubre de 1970, para impedir la asunción de Salvador Allende a la Presidencia; y lo fue, por supuesto, el golpe de Estado de 1973, contra el mismo Presidente Salvador Allende.

Después, en los años ’90, también Pinochet hizo cuartelazos, como el “boinazo” y el “ejercicio de enlace”, pero ya en su etapa de decadencia definitiva.

Es decir, el quiebre institucional en Chile ha sido propiciado por las fuerzas ultraconservadoras contra el proceso de avance de las corrientes progresistas, independientemente de la diversidad de sus orígenes y propuestas.

Sostengo, en consecuencia, que desde la izquierda no se puede hacer lo mismo. Es decir, propiciar una línea de conducta que, como no tenemos la mayoría necesaria para reemplazar la actual institucionalidad con los votos necesarios en el Congreso Nacional, entonces se levanta la bandera de una “asamblea constituyente”. Una política de esa naturaleza no logrará la mayoría necesaria para sustentarse en nuestro país.

Las reformas constitucionales son necesarias y posibles. Fijar como política de izquierda que debe haber una “asamblea constituyente” para realizarlas significa que tales reformas difícilmente se alcanzarán o que, incluso, no se alcancen en ningún caso.

Es decir, quienes se auto titulan o se consideran revolucionarios son los inmovilistas y conservadores. No importan los epítetos de “irresponsable” y “antidemocrático” que me asigna el señor Teillier; el diputado comunista, en entrevista pública, ha manifestado su convicción de que llegó “la hora” para “terminar con toda aquella institucionalidad que fue establecida bajo la dictadura”.

Con ello, el líder comunista hace explícito un voluntarismo, un deseo muy arraigado, pero no una carta de navegación, es decir, una estrategia política coherente que oriente los pasos de las fuerzas progresistas en el próximo período y que permita resolver la encrucijada que bloquea el desarrollo nacional para las próximas décadas.

Esa bifurcación de los caminos se da entre quienes impulsamos reformas para resolver la desigualdad que asfixia la atmósfera y genera la crisis de desconfianza o el desencanto hacia el sistema político; y los que esperan, desde la derecha, que la disyuntiva se resuelva con un nuevo y más fuerte despliegue de la potencia del mercado.

Es decir, en el seno de la sociedad chilena hay dos grandes impulsos: reformas democrático-institucionales hacia un Estado protector; o reformas neoliberales para otra etapa de auge del libremercadismo.

Me atrevo a citar a un líder comunista que nadie podría desconocer en su condición de tal, ni en su capacidad como gobernante, Deng Xiao Ping, con su terminante conclusión: “no importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”.Mientras se dispersen las fuerzas populares en propuestas acerca de cómo es el gato, perderemos un tiempo político precioso y no se logrará que cace ratones.

En otras palabras, si en un nuevo período de gobierno, después de Piñera, no avanzamos firmemente hacia un Estado protector capaz de limitar el descontrol, los abusos y la desregulación de la economía y no impedimos que se precipite un nuevo ciclo de libremercadismo, terminaremos con una sociedad desigual, polarizada y quebrantada, que afectará los cimientos mismos de la convivencia en el país. En tal circunstancia, no podremos eludir nuestra responsabilidad política por la impotencia con que habremos actuado en el curso de estos años.

En consecuencia, el cambio institucional que propiciamos hacia un Estado protector que supere las carencias del Estado subsidiario y enfrente el desafío de la desigualdad es una tarea que no se logra con una consigna o a través de un mero acto de voluntad, que conducen, irremediablemente, a alejarnos y separarnos de millones de personas cuyas propuestas y anhelos quedan a merced de lo que la derecha diga, haga u omita.

Por algo la derecha le quiere colgar el tema de la “constituyente” al liderazgo de Bachelet. Su capacidad de manipular esta consigna resulta evidente. De allí lo importante de no facilitar la confusión entre las reformas constitucionales pendientes y esta idea de una “asamblea constituyente”. No son la misma cosa. Son caminos estratégicamente distintos.

Sin embargo, hay que anotar que este no es sólo un tema de la contingencia. Se expresan en este dilema diferencias que se manifiestan desde la campaña del “No”, en 1988.

En efecto, en esa lucha épica del pueblo chileno, los comunistas se restaron, pues dijeron hasta el cansancio que era “bailar la música del tirano”. Pensaban en una sublevación popular que no ocurrió. Con su participación, el empuje del “No” habría sido mayor, dado la organicidad que se reconoce tiene ese partido. No lo hicieron. Al final de la campaña, llamaron a sumarse cuando las cartas ya estaban echadas.No fueron capaces de advertir el multitudinario movimiento social que surgió alrededor de la política del “No” y, sobre todo, de valorar la formidable fuerza unitaria que se generó en torno a la derrota de Pinochet en el plebiscito.

Ahora, nuevamente, ante demandas multitudinarias, como una educación gratuita y de calidad, se confunden, pensando en una solución extra-institucional que no es lo mismo que las reformas constitucionales pendientes que avanzan, a largo plazo, hacia una nueva Constitución en nuestro país.

Esta idea de una “crisis institucional” de los comunistas no se corresponde con la estrategia de una “vía no armada” que llegó a compartir con Salvador Allende, de sucesivas reformas y transformaciones institucionales que significaran una “vía chilena” frente al modelo monopartidista que se vino abajo en 1989, en la entonces Unión Soviética y su área de influencia.

Los socialistas, en cambio, asumimos el camino de las reformas, que es una senda compleja, con avances y retrocesos, no escondemos nuestra política ni pretendemos disfrazarla de ser ultra-revolucionaria, cuando el objetivo que buscamos es crear una mayoría nacional que pueda sostener transformaciones de largo plazo hacia cambios democráticos profundos, que puedan levantar en nuestro país un Estado social y democrático de derechos que libere a la familia y a la sociedad chilena de la inseguridad y la incertidumbre que provocan el descontrol sin regulaciones de un libremercadismo a ultranza.

La política socialista se sustenta en la confianza en las mayorías nacionales. Podría parecer que este camino no resulta ni tan épico ni tan heroico, pero es el camino que ha seguido la nación y el pueblo de Chile para tener democracia y libertad.

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21 sep 2012

Plebiscitos comunales en Chile

Nuestra legislación establece la posibilidad de realizar plebiscitos comunales como un valioso mecanismo de participación directa de la ciudadanía en las decisiones que afectan la vida comunal. Permitiendo que el municipio pueda hacer efectivo aquello de trasladar la toma de decisiones a la ciudadanía sobre aspectos que resultan relevantes dotándolos de poder. Es un instrumento efectivo para hacer realidad aquello que escuchamos tanto de la participación ciudadana pero que vemos menos.

En Chile se han desarrollado cuatro plebiscitos comunales. Tres convocados por el Alcalde con aprobación del Concejo Municipal (Las Condes 1994, Zapallar 2003 y Peñalolén 2011) y uno convocado por iniciativa ciudadana (Vitacura 2009). Todos han sido vinculantes puesto que ha sufragado más de la mitad de los electores de las respectivas comunas. Los plebiscitos de Vitacura y Peñalolén resultan relevantes de estudiar porque en ambos perdió la posición que presentaba el municipio.

Como se puede apreciar a pesar de ser un mecanismo de participación directa de la ciudadanía en las decisiones comunales ha sido poco utilizado. El gobierno a través de un proyecto de ley que hoy se tramita en el parlamento (se encuentra en comisión mixta con el boletín 7308-06) justifica que el escaso uso se debe a las dificultades económicas para desarrollarlo tanto de los municipios como de los vecinos y vecinas para juntar las firmas notarializadas para la iniciativa ciudadana de éste.

Sin embargo, a mi juicio, junto con lo anterior creo que hay un tema de voluntad política para llevarlos a cabo. Los alcaldes y alcaldesas no están acostumbrados a compartir el poder y menos a trasladarlo a la ciudadanía.Creo que luego del último plebiscito realizado estas posiciones se han agudizado y transversalizado: puesto que si bien el plebiscito fue convocado por el alcalde de Peñalolén ya existía una iniciativa ciudadana en curso que exigía plebiscito, el alcalde omitió esa solicitud y convocó a un plebiscito perdiéndolo.

La visión anterior, se justifica también en un cambio introducido en la normativa sobre plebiscitos y que fue aprobado por el parlamento sin mucha discusión en la agenda pública y con bastante poca difusión.

Con fecha 31 de enero de 2012 se publicó la Ley 20.568 que regula la inscripción automática, modifica el servicio y moderniza el sistema de votaciones en la cual se introduce un nuevo cambio en Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades sobre el guarismo del 5%, establecido mediante la ley de Participación Ciudadana en febrero 2011, de las firmas de los inscritos en los registros electorales para que vecinas y vecinos soliciten un plebiscito por iniciativa ciudadana lo vuelve a establecer en 10% pero esta vez no del padrón sino que de los votantes en la última elección municipal.

De esta forma, se hace más difícil que los vecinos y vecinas puedan juntar los requisitos y llamar a un plebiscito comunal. Situación que supuestamente busca remediar el proyecto del ejecutivo que hoy esta en discusión parlamentaria.

Si bien, el proyecto expone las ventajas y necesidades del mecanismo plebiscitario tiene algunos aspectos contradictorios. Por una parte, facilita la recolección de firmas por iniciativa popular estableciendo ministros de fe gratuitos en relación al alto costo que significa notarializar firmas, pero mantiene el guarismo del 10% en la recolección de ellas.

Por un lado, busca facilitar el desarrollo de iniciativas pudiendo realizarse en conjunto con otros procesos electorales, pero por otro lado, limita las materias a plebiscitar por la ciudadanía sacando de ellas todas las que tiene relación con presupuesto municipal.

Este punto resulta bastante relevante y puede tener una importante restricción en su diseño ya que modificaciones a Planes Reguladores Comunales (hoy los más plebiscitado a nivel comunal) podrían considerarse como alteraciones al presupuesto municipal. Qué se construye, dónde y cómo, influye obviamente en los recursos que acuña un municipio. Si con este proyecto se pretende limitar de tal forma los llamados a plebiscito terminarán siendo un mecanismo inútil ya no por la dificultad de llevarlos a cabo sino que por lo tópicos que lleva a votación.

Este debate debería tener un correlato ciudadano que no se encuentra, más aun cuando la tramitación del proyecto se hace en pleno año de elecciones municipales.

No se ha escuchado en el debate municipal actual –escaso a pesar de la contingencia electoral- voces de alcaldes o candidatos sobre este aspecto. Emerge el concepto de participación ciudadana dentro de los discursos, pero su contenido es escaso y no toman posición sobre aspectos tan significativos como el señalado.

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21 sep 2012

Chilenos estresados

Después de vivir fuera de Chile por varios años, regresé hace unos meses a Santiago. Lo primero que me llamó la atención es el nivel de estrés con el que viven los chilenos, en especial, los capitalinos.

Para comprobar mi teoría investigué al respecto y me encontré con que el mayor factor en este aumento del estrés es el trabajo. Chile y Japón son países donde la jornada laboral sobrepasa las 40 horas semanales. Y si bien es cierto que la productividad nacional ha aumentado, también lo ha hecho la presión con la que vivimos para lograr cumplir las demandas de nuestro trabajo.

Así lo demuestra la última investigación realizada por Regus, una institución especializada en el tema del espacio laboral, que señala que entre las 16 mil personas entrevistadas el 69% está estresada por el trabajo y 59% por finanzas personales.

Aparte de estas cifras, es cosa de salir a la calle para comprobar la situación. La gente pelea y se empuja en el metro por tratar de entrar o salir de él. Se impacientan si deben esperar más de cinco minutos en el banco o en la fila del supermercado.

También existen los que se quejan por todo: salir a la calle es demasiado peligroso, la comida es muy cara, los sueldos son muy bajos y el tráfico es una pesadilla diaria. Para ellos no hay nada bueno y creen que en todas partes del mundo la gente tiene agua potable y un iPhone.

Cuando me encuentro con este tipo de personas les trato de mostrar que hay otros países donde la calidad de vida es mucha más baja que la chilena y el costo de vida es el mismo o más alto.Además, en esos lugares se vive una inseguridad mucho mayor (por ejemplo, en Caracas se registraron 3.479 muertes violentas sólo en el 2011)  y los servicios públicos son completamente ineficientes comparados con los chilenos. Es más, en esos países a nadie se le ocurriría andar por la calle mostrando el último iPhone.

Mientras más pienso en el tema, más me doy cuenta que todo depende de cómo miremos las cosas y de cuál sea nuestro punto de referencia. Mi impresión es que a muchos chilenos les gusta quejarse simplemente para desahogarse.

En otros casos, pareciera que lo políticamente correcto es estar siempre ocupados y sin tiempo para descansar o hacer algo que no sea trabajar.Lo cual no tiene ningún sentido. Mi experiencia en otros países me ha enseñado que hay que tomarse las cosas con calma y no dejarse presionar por circunstancias que no podemos controlar.

Si cambiáramos nuestra perspectiva de la vida y de nuestras prioridades, quizás podríamos ser más felices y más agradecidos de todas las comodidades que tenemos.

Por ejemplo, vivimos en una ciudad limpia, donde la mayoría de la gente respeta la ley y a las instituciones del Estado, podemos hacer numerosos trámites a través del internet y andar por la calle a altas horas de la noche sin correr peligro, entre otras cosas.

Así que, al menos una vez al día, miremos el vaso medio lleno. No todo es perfecto en Chile y nunca lo será. Disfrutemos de todas las cosas buenas que tenemos y que damos por sentadas.

Y cuando llegue el momento de desesperarnos, seamos proactivos en vez de destructivos.

Está bien quejarse de vez en cuando, pero si decides hacerlo que sea en tu casa y con tus amigos. Los desconocidos que vamos en el metro o en el Transantiago a tu lado, no tenemos la culpa.

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20 sep 2012

Las amenazas al arbolado urbano

En estos momentos se produce un importante debate ambiental en la ciudad de Chillán, en relación a la posible corta de más de doscientos árboles de una de las principales y más tradicionales avenidas de esta ciudad. Lamentablemente el centralismo en que vivimos no permite que estas noticias alcancen figuración pública a nivel nacional.

Los trabajos de reconstrucción de la Av. O’Higgins no consideraron en su diseño la protección de un importante grupo de árboles centenarios.

Esta omisión constituye una negligencia no sólo por el valor ambiental de estos árboles, sino también por su aporte paisajístico que está estrechamente asociado a esta importante avenida. La nueva carpeta de pavimento fue diseñada a una cota más baja que la original, dejando al descubierto las raíces, lo que terminó dañando los ejemplares. La solución propuesta desde el municipio es simplemente cortarlos. Una vez denunciada esta situación, nadie asume su responsabilidad y todos se culpan entre sí: Municipio, Serviu y la empresa constructora.

Sumado a lo anterior, la ministra del Medio Ambiente, María Ignacia Benítez, acaba de declarar a Chillán zona saturada por contaminación, mientras que el Municipio promueve la corta de árboles. Parece un contrasentido sobre el que las autoridades ambientales deberían pronunciarse.

Uno de los problemas más preocupantes de los núcleos urbanos en la actualidad es la contaminación atmosférica. Ante esta situación, los árboles atrapan con sus hojas partículas en suspensión actuando como verdaderos filtros de aire. Diferentes estudios confirman su importancia.

Los árboles en Santiago almacenan alrededor de 826.000 toneladas de carbono, según un estudio de la Universidad de Chile. En cuanto a su aporte a la descontaminación los árboles de Santiago remueven anualmente 3.500 toneladas de contaminación del aire, lo cual se estima que tiene un valor para la sociedad de US$44,8 millones. Similares resultados se han encontrado en estudios realizados en Concepción.

En cuanto al aporte de los árboles al ahorro de energía en construcciones, se ha estimado en Santiago que durante el verano su presencia permite ahorrar energía equivalente a 12.000 MBtus(1) y que el ahorro de energía durante el invierno debido a ellos es de 13.250 mwhs.

En términos de valoración ambiental, el arbolado presente en calles, avenidas, plazas y parques urbanos, es el primer acercamiento que la población tiene a la naturaleza. En países como Chile con más de un 85% de su población viviendo en ciudades, la sensibilización ambiental debe partir por respetar el entorno más cercano dominado por el arbolado urbano antes que buscar una sensibilización con bosques que están muy alejados en el sur de Chile.

Lamentablemente la dinámica de desarrollo urbano atenta contra una valoración adecuada de la componente vegetal en los proyectos de infraestructura. Los términos de referencia de las licitaciones públicas y privadas raramente consideran especificaciones técnicas relativas a las áreas verdes y si las hay, están sometidas al diseño previo de la ingeniería dura, lo que muchas veces lleva a instalar proyectos en áreas donde deberán cortarse una gran cantidad de árboles, siempre escasos en las ciudades.

Esta situación es exactamente lo que ha ocurrido en Chillán, pero no es una excepción.Ejemplos recientes de intervención son el Parque Araucano en la comuna de Las Condes, donde se vieron afectados árboles que debieron dar espacio a un proyecto privado de entretención infantil. O la instalación de una universidad privada en el Parque O’Higgins, desafectando una importante superficie de área verde. Antes ya había ocurrido lo propio con una empresa de juegos de entretención.

Mientras esto siga ocurriendo, la loable campaña del Gobierno de plantar un árbol por cada chileno al 2018 (17 millones de árboles) no permitirá en el futuro contar con ciudades más verdes, ya que con toda seguridad muchos de los futuros árboles que serán plantados, tendrán que ser cortados para emprendimientos públicos y privados que no considerarán la variable ambiental en su diseño y ejecución.

(1).MBTU: miles de BTU.BTU: unidad de medida de energía calórica.

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20 sep 2012

Chile país: una reflexión

Considero que, por regla general, en nuestro Chile, lo que motiva centralmente a las personas, a las empresas, a las agrupaciones de trabajadores, a los políticos y partidos, a los grupos ciudadanos, etcétera, son intereses de carácter limitado.

Limitados en cuanto están orientados desde solamente los propios intereses económicos, ideologías y demandas, sin consideración a las de otros y del país.

Claro que reconozco que eso ha sido así, es así y será así. Nada demasiado nuevo bajo el sol en esto, sea en Chile o en otros países.

La gratuidad, la generosidad, la solidaridad, la consideración por los otros, la apertura a las ideas, intereses y demandas que no sean las propias, son excepcionales en la sociedad. No tienen mucho espacio ni grandes expresiones que sean permanentes y de mayor alcance.

El problema, a mi juicio, reside en que el sólo interés propio que hoy motiva a la mayoría puede llevar a marginar o excluir segmentos sustantivos de la población y debilitar aún más a un ya débil régimen político democrático.

La marginación a que aludo no siempre ocurre – aunque entre nosotros tiende a suceder – porque si bien las economías de mercado privilegian la competencia y lo que algunos consideran la ganancia legítima y otros el detestable lucro, tienen como uno de sus objetivos centrales incorporar a más sectores de la población, no marginarlos.

No por motivos altruistas, sino porque les conviene que así sea, las economías de mercado están interesadas en que ingrese más gente en sus redes, que se incluyan más personas.

La globalización económica actual tiene precisamente como su motor principal la ampliación del mercado y la expansión del número de potenciales consumidores, no su reducción – las grandes empresas informáticas globales son un caso preclaro al respecto.

Algo de aquello ha ocurrido y está ocurriendo en Chile.

Así, es probable que los resultados finales del reciente censo nacional nos mostrarán que muchos chilenos, incluso entre los considerados como excluidos o marginados, se han incorporado al consumo de bienes más sofisticados, como refrigeradores, computadores, celulares, televisores plasma o LCD y también a servicios de educación media, técnica y superior, salud, vivienda y otros.

Por cierto, todo lo anterior no significa desconocer lo que es un hecho: la desigual distribución del ingreso y la concentración de la riqueza en una minoría de la población.

Pero, junto a la existencia persistente de un sector de la población en situación precaria, de pobreza o incluso indigencia, pueden detectarse sectores más acomodados -en el sentido de tener medios económicos suficientes- que hace una o dos décadas atrás.

Pienso que en el caso de Chile más que la marginación lo que destaca es la división que existe, se ha profundizado, y que es no sólo socio-económica sino que de carácter más profundo, socio-cultural.

Y opino que tal división proviene de las diferencias en la educación recibida y la cultura -actitudes, conductas- de las personas.

Tales diferencias se expresan de muchas maneras y dividen a los chilenos de un sector minoritario (alto y medio-alto) de otros mayoritarios (medio, medio-bajo y bajo), por orígenes, apellidos, contactos familiares, sociales, políticos, vocabulario disponible, lenguaje utilizado, estilos de vida, lugar en que se vive, conocimientos, y un extenso etcétera.

Esa división permite o más bien obliga a plantear una pregunta corta y punzante: ¿es Chile un país?

Y sugiero, desde un punto de vista politológico, que la respuesta es no.

Más allá de una cada vez más huidiza y difusa unidad esencial en la diversidad, no existe un país/nación llamado Chile, sino varios “Chiles” y la razón de ello se puede encontrar en las evidentes desigualdades económico-sociales y en las variables socio-culturales antes aludidas.

Por otra parte, considero difícil actualmente hacer de Chile un país. Porque en lo hecho, y en lo que queda por hacer al respecto, el Estado ha jugado un rol si bien no único, muy crucial, determinante.

Al respecto, percibo que lo que hoy prevalece son conflictos divisivos intensos entre los políticos, el gobierno, la(s) oposición(es), los partidos políticos, las coaliciones de partidos, las instituciones, que dificultan sino impiden enfrentar los problemas y definir una agenda con sentido de país, para hoy y el futuro.

Y ello ocurre precisamente entre quienes pueden y deben continuar la tarea inconclusa de organizar, representar, articular, agregar, definir y adoptar políticas públicas específicas, consensuadas, que hagan eficaz al Estado como principal constructor de éste, nuestro país, llamado Chile.

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20 sep 2012

Una oportunidad para el fútbol chileno

Han sido publicados algunos informes o estudios sobre el fútbol chileno. Uno de ellos, reconoce el alto valor de la marca Selección Chilena y otro una elevada deuda histórica de los clubes.

Sin entrar en los detalles de ambos documentos o sobre las legítimas observaciones que pueden ameritar, me parece que detrás de ellos hay una oportunidad para el fútbol chileno.

Se posicionó la Selección Chilena por un trabajo que anudó buena gestión directiva y técnica que generó éxitos deportivos y afecto popular a pesar que en los fríos resultados futbolísticos no se consiguiera nada jamás alcanzado a nivel de selecciones.

La aureola de valor, el intangible que subyace en el proceso “Mayne-Nicolls – Bielsa” corresponde a un estilo definido, a una forma concreta de hacer las cosas y a una meta clara. Las razones que impidieron la sostenibilidad del proceso no afectan para nada la validez de la afirmación anterior.

El aprendizaje es que aquello que generó el posicionamiento público y mayor valor económico de la marca Selección Nacional es posible replicarlo a nivel de Competencia Nacional y, por ende, de los Clubes de fútbol profesional.

Comparto con aquellos que sostienen que si el proceso anterior hubiera privilegiado estas dos últimas instituciones, con la misma fuerza que la Selección y otras derivaciones legítimas pero no prioritarias, como el fútbol femenino, la sostenibilidad del propio proceso como de sus ejecutores habría estado asegurada.

A pesar de ello, reconozco la legitimidad de la opción de priorizar la Selección Nacional por la “fiebre” resultadista del ambiente ya que sólo con la Selección se consiguen resultados con la inmediatez y visibilidad que demandan la presión y fervor de hinchas, dirigentes, periodistas, productores y autoridades.

Si estamos dispuestos a financiar con un retorno en intangibles los triunfos de la Selección y lo que ello conlleva -“celebrar en la Plaza Italia tiene un precio- ¿por qué no apostamos con la misma vara por un Campeonato Nacional y Clubes Deportivos de primer nivel?

Las Sociedades Anónimas Deportivas, en general, hasta ahora han significado un quiebre histórico con la lógica de responsabilidad pero no con la de la gestión. Las SADP han conseguido que el déficit financiero natural de la actividad deportiva recaiga en personas naturales concretas y no sea diluido en una corporación sin fines de lucro que en definitiva se torna irresponsable por falta de patrimonio.

Pero un estado operacional deficitario no es alarmante y sintomático de una actividad es estado terminal, sino que parece consustancial a la actividad deportiva. Es más, ¿por qué solo aceptar déficit operacional en la Selección y no en la de los clubes?

Lo que genera inquietud es la falta de gestión detrás de los malos números financieros, la pobreza del espectáculo y el bajo valor social de la actividad. No en vano, al revisar cifras de grandes clubes mundiales se repiten déficits pero se percibe valor en torno a un partido, al campeonato y a la actividad en general.

Las SADP han cumplido con la primera parte de la ecuación que las legitimó en su momento pero no han encontrado la fórmula de gestión necesaria para dotar de valor económico y social a la actividad y en concreto a su producto estrella: el campeonato nacional.

Y acá hay una oportunidad para el fútbol chileno. Debemos conseguir un modelo de gestión que subsane esta asignatura pendiente. El Campeonato Nacional debe constituir un hito que legitime la participación y seguimiento del mismo, como ocurre por ejemplo, con la participación de la selección nacional en las eliminatorias. El Campeonato Nacional debe recuperar el sitial que le pertenece como gran centro de entretención social.

Si toleramos el uso de nuestra actividad para posicionar la actuación pública contra males sociales que afectan a toda la comunidad, como la violencia, también hay que exigir vitrina para aquellos ámbitos donde somos ejemplo.

El fútbol profesional chileno es un formador laboral pero no se considera a la hora de analizar las alternativas de formación para el trabajo.

El fútbol profesional es una fuente de trabajo juvenil pero no se le considera como Industria a la hora de estímulos y apoyos a quienes contraten a menores de 30 años.

El fútbol profesional es la punta piramidal de un trabajo formativo que educa e integra socialmente pero no se le considera a la hora de destinar recursos en la materia.

Si los mismos actores y los mismos clubes han innovado en materias como el CDF y han permitido el desarrollo de la marca Selección Nacional no veo imposibilidad de hacerlo con el Campeonato Nacional y con la actividad misma. Nombres propios más o menos, el fútbol chileno tiene los recursos humanos y materiales necesarios para dar un salto de futuro incrementando el valor económico y social de la actividad.

Hay talento directivo, técnico y futbolístico.

Hay que “anudar” la trilogía con sentido y proyección de futuro, convencidos que es tarea y beneficio de todos.

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