17 may 2013

La intolerancia del oficialismo

El nuevo impasse de la ministra Evelyn Matthei, más allá del chilenismo como lo explicaría la vocera de Gobierno, es la demostración de una forma particular de llevar adelante la forma de hacer política de la Alianza, la que sin equivocarme tildaría de déspota.

No es casual que nuevamente, la titular de Trabajo reaccione de esta manera cuando no se aprueba una iniciativa por parte del Congreso, haciendo uso de las herramientas legislativas que tenemos todos los parlamentarios.

Los medios de comunicación, tras la salida de madre de la ministra, han recogido los distintos encontrones que las autoridades del Gobierno han tenido con la oposición, lo que deja en evidencia la particular manera de hacer política por parte del oficialismo: o estás con nosotros o te atacamos con todo.

Cada vez que el Gobierno no logra avanzar con una iniciativa en el Congreso o sufren un revés político, de inmediato aparecen las críticas e incluso amenazas de “guerra” o del tipo “cuando se pida ayuda nunca más” y que se suman a las ya clásicas acusaciones de “oposición obstruccionista”, que “no quiere legislar”, pero que extrañamente choca con anuncios como los hechos por el ministro Cristian Larroulet que dijo esta semana que este Gobierno, probablemente, alcance un 80% de cumplimiento legislativo.

¿Es posible alcanzar dicho porcentaje con una oposición “que no piensa en el país”?

Ad portas de la última Cuenta Pública del Presidente Piñera a la nación, es de esperar que las criticas destempladas y amenazas de guerra, dejen espacio al respeto de las distintas opiniones y visiones políticas, algo que este Gobierno no ha practicado.

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17 may 2013

Cercar el abuso, una urgencia país

Definitivamente la palabra “abuso” hoy tiene similar peso a la de “lucro”, generando la misma indignación en la opinión pública. Nadie quiere saber de ambos conceptos y con justa razón. Chilenas y chilenos están cansados e indignados por los efectos que generan ambas acciones y su mandato es claro: no hay espacio para colores grises o medidas tibias que, en definitiva, son sólo un maquillaje para intentar apaciguar las aguas.

Los consumidores se han tomado la agenda, y enhorabuena, porque además de adquirir bienes y servicios a diario son ciudadanos que reclaman por un sistema más justo, transparente y simétrico.

Los casos de La Polar, Cencosud, el perdonazo a Johnson y Bancoestado, más la enorme frustración de los usuarios de las Isapres y la banca en general son el reflejo de un modelo que requiere cambios profundos.

En el otro lado de la vereda, los empresarios se atrincheran, se resguardan y se permiten declaraciones arrogantes y ofensivas –como el triste caso de Sven Von Apple, afectando a todo el gremio y sin ninguna voz disidente que ponga cota en un clima de crispación permanente.

Recogiendo estas demandas, y conscientes del mandato de lo que quiere la mayoría de chile, en la bancada de diputados de la DC hemos impulsado numerosas iniciativas que apuntan a correr el cerco y delimitar el poder de los grandes grupos económicos frente a un consumidor secuestrado por un sistema abusivo.

Sin embargo, no hemos contado con el apoyo del Ejecutivo para las urgencias respectivas y tampoco hemos tenido los votos desde la alianza para aprobar indicaciones que apunten a regular y transparentar los mercados. Seguiremos insistiendo, sin lugar a dudas.

Este 21 de mayo el Presidente de la República nada tendrá que decir al respecto, no hay avances y el cumplimiento es exiguo; de hecho, por estos mismos temas, relativos a abusos a consumidores, cayó el ex ministro y abanderado presidencial del oficialismo, Laurence Golborne, a quien su pasado en la implementación de los cobros unilaterales le pasó la cuenta.

Pero esta necesidad de regular los mercados no puede frenarse por las presiones o lobbys empresariales, ni por la pasividad de un Gobierno que no reacciona y que hace la parodia de hacer historia sin mayor fundamento.

Por ello, la próxima semana ingresaremos un nuevo proyecto, que se suma a nuestra batería de iniciativas en defensa del consumidor.Se trata del Sello Sernac, el que pediremos sea obligatorio para todos las instituciones financieras y no voluntario como ocurre hoy. Cabe recordar que hasta la fecha y producto de esta característica, ningún banco e institución financiera ha adscrito sus normas.

El sello Sernac consiste en la certificación o aprobación que otorga el Servicio Nacional de Consumidor a los contratos de adhesión que ofrecen dichas entidades comerciales. Esta certificación demuestra que los contratos se ajustan a la ley del consumidor, que las instituciones que los ofrecen cuentan con un servicio de atención al cliente que atiende consultas y reclamos de los consumidores y que estos últimos, pueden recurrir a un mediador o árbitro financiero que resuelva las controversias, quejas o reclamaciones que se produzcan.

Nuestro proyecto representa un nuevo cerco para frenar el abuso. Y si bien es probable que el actual Gobierno no quiera patrocinarlo o darle urgencia, desde la Cámara haremos todo lo posible para aunar voluntades y tramitarlo a la brevedad.

Necesitamos los votos, pero sabemos que, para empezar, contamos con el apoyo de los protagonistas y principales involucrados: los millones de chilenos y chilenas, quienes ven, como urgente , cercar y exterminar tanta historia de abuso e impunidad.

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17 may 2013

Ley de fármacos, cuando el remedio es peor que la enfermedad

Hace ya un año, en mi columna “El paso en falso de Chile: Acceso a los medicamentos” llamé la atención sobre como el sistema de propiedad industrial e intelectual se transformó en un complejo entramado legal para preservar el negocio de unos pocos, especialmente en un ámbito tan sensible como es la salud pública.

Sin embargo no sólo por medio del sistema de propiedad industrial e intelectual se crean artificiales barreras regulatorias que reducen la competencia y por ende estimulan el aumento de precio de los medicamentos.

Durante este último año el ministerio de Salud ha anunciado con bombos y platillos la implementación de una política de acreditación de Bioequivalencia de medicamentos, e impulsado en forma contumaz un proyecto de Ley de Fármacos que se le “vende” a la ciudadanía como si fuera literal y paradójicamente, el remedio para todos los males.

Ello, en circunstancias que se trata de un caso paradigmático en el cual una bien intencionada política pública, por su irreflexiva y precipitada implementación puede irrogar un tremendo perjuicio a los mismos ciudadanos que dice querer resguardar.

En efecto, se ha sostenido erradamente que la Ley de Fármacos y el cumplimiento de las exigencias nacionales en materia de Bioequivalencia, traerán consigo la disminución de precios de los medicamentos, toda vez que facilitara la intercambiabilidad entre un medicamento y otro, pudiendo el paciente optar por un producto genérico cualquiera.

A primera vista la propuesta parece atractiva y razonable, y mediáticamente resulta políticamente beneficiosa para el gobierno. ¿Quién podría oponerse a la promesa de rebaja de precios de medicamentos que se formula?

El problema es que contrariamente a lo que se dice o intuye, la Ley de Fármacos está lejos de traer consigo los beneficios para el bolsillo del consumidor que demagógicamente se promete. Al contrario, cualquier análisis serio permite advertir que se trata de una política pública profundamente regresiva de la cual solo cabe esperar un aumento de precios de medicamentos por la disminución de oferta de los mismos.

Muchos medicamentos no serán bioequivalentes pues los laboratorios privilegiarán invertir las elevadas sumas que se requieren en la bioequivalencia sólo de aquellos productos que ofrezcan un mejor retorno comercial, y los restantes remedios que por años han sido prescritos y dispensados por médicos en Chile con seguridad y eficacia, lisa y llanamente desaparecerán.

Así, el consumidor deberá optar por adquirir únicamente el medicamento de marca internacional y elevado costo o algunos de los pocos genéricos de marca nacional que opten por la bioequivalencia.

Lo más probable es que de los pocos medicamentos sobrevivientes, las farmacias a su vez incentivarán la intercambiabilidad por aquel que corresponda a la marca de la propia cadena o bien por aquel elaborado por un laboratorio integrado verticalmente con la misma farmacia, de manera de maximizar sus utilidades.

No hay que ser economista para entender que a igual demanda de medicamentos y menor oferta y alternativas, los precios subirán.

Según un estudio de los economistas Jorge Quiroz y Felipe Larraín (sí, nuestro actual ministro de Hacienda) elaborado en el año 2003, la implementación de una política pública como la que pretende el ministerio de Salud debiera implicar un alza promedio de aproximadamente 30%.

¿Realmente queremos que ello ocurra en Chile?

Nuestra política nacional de medicamentos ha probado a lo largo de los años ser extraordinariamente exitosa, con un sistema balanceado que permite la coexistencia tanto de fármacos innovadores, como de versiones genéricas de marcas nacionales, genéricos sin marca, compitiendo agresivamente.

Más aún, de acuerdo a estudios internacionales, Chile es el segundo país de Latinoamérica -solo superado por Colombia- donde se recetan más genéricos precisamente gracias al impulso competitivo que representan los distintos fármacos de laboratorios nacionales.

¿Tiene entonces sentido una regresiva Ley de Fármacos como la impulsada por el Ministerio de Salud? La respuesta dependerá exclusivamente de si nos importa o no el impacto que ella tendrá en el precio de los medicamentos.

Si NO nos importa que exista menos competencia y mayor precio, bienvenida Ley de Fármacos.

Si nos importa el impacto en el acceso a los medicamentos, digamos las cosas por su nombre y no confundamos a la opinión pública: en el caso de la Ley de Fármacos el remedio será peor que la presunta enfermedad.

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17 may 2013

Sobre la política de la buena y el Chile real

Mientras las portadas de los diarios consignan variadas pugnas de la política contingente, en el “Chile real” pasan muchas, pero muchas más cosas.

Con ello no quiero decir que no sean reales o relevantes las noticias que nos hablan de desencuentros partidarios, pero la verdad no es justo que aparezca como si fuese lo único que está pasando en el contexto de las primarias presidenciales.

Porque, ¿quiere que le cuente una cosa?, a propósito del trabajo que llevamos adelante en nuestro comando, vemos a diario cómo en el contexto de la campaña que estamos llevando adelante la ciudadanía se suma y expresa sus visiones, preferencias y anhelos.

Ciudadanas y ciudadanos no estamos dejando instancia sin utilizar para encontrarnos, debatir y participar. Tanto las actividades en los barrios y como las que sistemáticamente se están realizando en pueblos pequeños de sectores rurales, se llenan de colores, cariño y un respaldo arrollador hacia nuestra candidata.

Desde el día uno, quienes trabajamos en el comando de Michelle Bachelet recibimos el mandato de llevar adelante nuestras tareas específicas de una manera particular.Porque, en sus palabras, “no importa solo lo que vamos a hacer, sino cómo lo vamos a hacer”, de manera constructiva, participativa y responsable. Y ello tiene un trasfondo que va mucho más allá de elegir a una candidata que sabemos que tiene amplísima ventaja.

Tiene que ver con su convicción, que es la de muchos, de la necesidad de ser coherentes, de aportar desde la campaña misma a fortalecer nuestro sistema democrático, generando más instancias de participación de la ciudadanía en todos los temas de interés público.

Para nuestro equipo de Programas, ella tuvo una instrucción clara, el Programa de Gobierno se hace con participación de todos los actores involucrados: mundo político, mundo experto, y mundo ciudadano, no entre cuatro paredes. Y déjeme que le cuente que así ha sido y está siendo.

Desde abril venimos desarrollando los “Encuentros Programáticos Regionales”, en los que ciudadanas y ciudadanos nos reunimos a trabajar, a mirar de manera colectiva los desafíos pendientes, a ejercer la participación como el derecho que es y con la responsabilidad que ello implica.

Así, de manera conjunta construimos un espacio en el cual generar propuestas y soluciones pertinentes, que reconozcan la diversidad de realidades, que componen nuestro país.

Entre tanta portada que constata peleas de la coyuntura, estar en las diversas regiones del país trabajando en temas sustantivos y con estándares de participación que refieren al ejercicio de un derecho, me llena de orgullo y también de esperanza.

Ya son cinco encuentros los que hemos realizado: Magallanes, Valparaíso, O’Higgins, Los Ríos y Coquimbo. Varios son todavía los que quedan por delante. En cada uno de ellos, más de 200 personas se reúnen a trabajar, a fortalecer la capacidad de dialogar, de disentir, de priorizar y sobre todo, de participar de verdad en la construcción de un Chile más inclusivo y menos desigual.

A los encuentros llega gente diversa, personas mayores, jóvenes y mujeres. Trabajadores y trabajadoras, del mundo rural y urbano. Algunos militantes, otros no. Dirigentes vecinales y representantes de gremios. Mujeres con sus hijos e hijas, pero la buena noticia, también hombres que se hacen cargo y llegan con sus niños y niñas, que observan todo con atención. Estudiantes y profesionales, funcionarios públicos y más.

En síntesis, personas de diferentes realidades unidas en su calidad de ciudadanos.Dispuestas a compartir experiencias e ideas por un país más justo. Más allá de que evidentemente vamos haciendo ajustes para que la instancia sea cada vez más rica en contenidos y debate, los Encuentros Programáticos tienen un enorme valor en sí mismos, pues en ellos estamos haciendo “política de la buena”, la que no sé muy bien por qué nadie se atreve a llamar política, y que refiere al espacio común y a las tareas colectivas.

No nos perdamos, de eso se trata la nueva mayoría, no tanto de partidos más o partidos menos, si no de la ciudadanía que, siendo cada vez más consciente de sus derechos, observa con distancia las peleas cupulares, y valida con fuerza y compromiso liderazgos como el de Michelle Bachelet, que muestra coherencia, seriedad y un compromiso real con las personas que integran nuestro país.

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17 may 2013

Examen médico nacional

Al parecer pasamos por un período donde muchas estructuras “no funcionan” bien. La frase: “dejemos que las instituciones funcionen”, no se ajusta con los tiempos. Así no más es, diversos aparatos del Estado han comenzado a perder su crédito; es el caso de la CASEN, el INE, los Bancos, el parlamento, las ISAPRES, La Acreditación de la Enseñanza Superior y ahora el Examen Médico Nacional.

Partamos por señalar que este test fue parte de una importante conquista negociada por el ministerio de Salud, la ASOFAMECH y el Colegio Médico hace varios años y comenzó su implementación el año 2009.

Su principal propósito fue el resguardo de la calidad de los profesionales que deben atender a nuestra población, que la proliferación de universidades privadas y la llegada de profesionales de otras naciones, amenazaba.

Pero como es habitual, del diseño a la implementación “hay mucho trecho” y lo que pretendía transformarse en una herramienta transparente y orientadora de la calidad, comenzó a ser objeto de competencia entre las Facultades, se comenzaron a preparar cursos para adiestrar en las respuestas a las preguntas, se cuestionó la validez de representar efectivamente una evaluación de las verdaderas competencias requeridas y el año pasado se agregó la peor de las sospechas: alumnos de una Facultad hicieron circular por redes sociales, un número significativo de preguntas que efectivamente aparecieron en este Examen.

Ante eso, ASOFAMECH tomó la decisión de invalidar esta prueba y dejar a la generación de egresados del año pasado y quienes decidieron realizarla, sin este indicador.

Finalmente la Contraloría General de la República ha cuestionado la exigencia de este examen como requisito para ingresar al Sistema Nacional de Servicios de Salud y por su parte el ministro de Salud ha señalado la idea de eliminarlo.

La mirada de los antecedentes muestra que estamos frente a otro hecho que pone de manifiesto el retroceso en procesos de institucionalización y regulación de la calidad de los actores que son responsables de entregar servicios a la población. En este caso, un proceso que no llevaba cinco años y que ha sido puesto en profundo cuestionamiento, por la forma en cómo se fue implementando y decisiones que fueron minando sus fortalezas.

Respecto de la implementación, en muchos aspectos se cumplió con el riguroso proceso de someter a los egresados a un examen que los ponía a todos en igualdad de condiciones frente a un conjunto de interrogantes comunes, arduamente trabajadas, rigurosamente seleccionadas y con resguardos a la seguridad del proceso.

Sin embargo uno de los hechos más complejos fue declarar no hábil el examen el año pasado, ya que condiciona inmediatamente lo que ocurre más adelante. ¿Qué seguridad existe que no ocurrirá lo mismo?

¿Será legal exigir a los egresados del año pasado que den un nuevo examen este año?

¿Es justo compararlos con egresados del último año que vienen con un mayor apresto, al haber estado estudiando ahora? ¿Y si se quedan sin el examen? ¿ porque ellos no y otros si?

Pero lo más dañino ha sido adelantar que se propondrá una legislación que termine con este examen para los chilenos, aparentemente por lo que declara la ASOFAMECH, que se encontraba trabajando en mejorar el instrumento sin haber una conversación previa.

Entonces el conflicto es distinto, ¿por qué se sometió a los anteriores a esta situación? ¿Cómo queda un grupo respecto de otros? En fin, las dudas comienzan a complicar más el escenario y anticipar un debate no fácil.

Por otro lado, si el examen pretendía asegurar idoneidad y conocimientos de los nuevos profesionales, ¿el propósito de la calidad fue desechado? ¿O tenemos consenso que el instrumento no sirve al propósito? ¿Son tres años de aplicación suficientes para hacer esa evaluación? ¿Dónde está y quién ha hecho esa evaluación? Más dudas se instalan en el escenario.

La salud como bien social, debe cautelarse de diferentes formas, entre otras, resguardando la calidad de quienes trabajan en su cuidado, acreditando sus carreras y las Universidades que las imparten, certificando competencias en la Superintendencia de Salud y evaluando a quienes ingresan ya sea al campo laboral o a la formación de pos grado.

La ASOFAMECH estudiaba cambios al Sistema para perfeccionarlo, que parece ser lo correcto. Estos cambios proponían:

1.- Traspasar la administración del examen a un organismo autónomo.

2.- Excluir a las escuelas de medicina de la elaboración y revisión de las preguntas.

3.- Revisar la forma de publicación de resultados.

4.- Revisar la forma de entrega del resultado individual (con o sin puntaje).

En síntesis el examen en su momento se transformó en un avance, presentó problemas en su implementación, que no afectan a su sentido regulatorio; por lo mismo lo que corresponde es buscar dar solución a esos problemas y no eliminarlo. Pareciera que el sino de dañar instituciones está instalado por hacer mal las cosas. Que no sea este otro caso más.

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16 may 2013

Pleno empleo no es igual a buen trabajo

Para la Iglesia Católica, la preocupación por la dignidad del trabajador y su aprecio por el derecho-deber al trabajo, es insoslayable. El aprecio por el trabajo, su justa remuneración y el desarrollo de relaciones laborales dignas, son parte central del pensamiento social de la Iglesia.

En esta concepción sobre el trabajo humano, que la OIT ha expresado bajo el concepto de “trabajo decente”, la Iglesia Católica coincide con otras tradiciones religiosas. El concepto de trabajo decente incluye cuatro puntos centrales: empleo, derechos laborales, protección social y diálogo social. En Chile, esta mirada se ha visto enriquecida por el concepto de Buen Trabajo, promovido de manera especial por la Fundación Trabajo para un Hermano.

Se ha señalado y con razón, que estamos en una situación que es cercana a lo que técnicamente se conoce como pleno empleo. Sin embargo, hay muchos trabajadores con contrato que viven bajo la línea de la pobreza.

Por otra parte, cuando recorremos los lugares de trabajo y cuando conversamos con dirigentes sindicales, una de las primeras preocupaciones tiene que ver con la calidad del trato al interior de la empresa.

La primera condición para que un empleo sea un buen trabajo, es respetar la dignidad del trabajador. Esto incluye salario justo, adecuado ambiente de trabajo, un trato respetuoso entre jefes y subordinados, la realización de un trabajo bien hecho, el desarrollar las potencialidades de los trabajadores, el compartir los logros, son algunos elementos que ayudarían a hacer grato el espacio del trabajo. Participación en la gestión y las utilidades de la empresa, decía Juan Pablo II.

Por demás, el tiempo que cada persona dedica al trabajo es incluso mayor al tiempo que dedica a la familia, o a reponerse del cansancio de la jornada. Hacerla más agradable, estimular el reconocimiento del trabajo bien hecho, son elementos que facilitan construir, como pedía Juan XXIII, una empresa que sea en realidad una comunidad de personas.

Las cifras de empleo han mejorado en nuestro país en los últimos años llegándose a niveles de desempleo de 6,7%, lo que ha llevado a plantear la existencia técnica de una situación de “Pleno Empleo”. Esta realidad, donde más de 7 millones de personas tienen un trabajo, hace cuestionarse ¿qué tipo de empleo tienen?, ¿la cantidad implica calidad del empleo?

Desde la Organización Internacional del Trabajo se presenta el concepto de Trabajo Decente, el que implica el respeto de los derechos laborales, ingresos adecuados, protección social y la presencia del diálogo social y la negociación colectiva, entre otros. Cabe preguntarse si las buenas cifras de empleo, reflejan a su vez empleos que cumplan con el Trabajo Decente.

Más allá del concepto de Trabajo Decente, queda también la duda de si el empleo que persiste en nuestro país refleja la perspectiva del Buen Trabajo, entendido como un trabajo que cuida la dignidad de la persona, genera una cultura del respeto y la solidaridad, otorga un ingreso justo, busca el desarrollo de las potencialidades de los trabajadores, es gratificante, permite la realización personal, comparte los logros y colabora con el desarrollo, entre otros.

Cada trabajador tiene una experiencia distinta sobre su trabajo, la cual puede ser iluminada por la Buena Noticia de Jesús. Una parte de la calidad del trabajo es encontrarle sentido a lo que uno realiza, a desarrollarse a través de su labor, a sentirse reconocido en la dignidad del trabajador.

Por esto, quiero invitar a los fieles a dialogar y reflexionar sobre la temática del trabajo humano, su sentido cristiano y su importancia para la familia, la comunidad y el país.

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16 may 2013

Gloria

Luego de visionar la última película de Sebastián Lelio, “Gloria” no pude evitar recordar un filme de los albores ochenteros dirigido por John Cassavetes, que por cosas del mágico azar lleva el mismo título.

En ese filme la actriz Gena Rowlands interpreta a una mujer perteneciente al mundo de la mafia neoyorkina, la que repentinamente y motivada por un instinto atávico debe proteger a punta de balazos como una leona enrabiada, a un niño que debe ser asesinado, a como dé lugar, por parte de sus colegas mafiosos. Se conecta y renace en un impulso maternal dormido y negado hasta ese momento en ella, y convierte a ese niño desvalido en su motor de sobrevivencia en medio de su vida sometida y miserable.

En la Gloria chilena de 2013, vemos a una mujer que bordea los 60 años, Paulina García, brillante y valiente en su interpretación, que siente el deber de proteger, a como dé lugar, a esa niña palpitante, juguetona, deseosa y bailarina que asoma libre en su corazón y que no la quiere abandonar. Debe protegerla de las amenazas de su entorno que la tienen cercada.

La gélida soledad de su habitación luego de 10 años de divorcio, las erráticas vidas emocionales de sus hijos, un glaucoma que amenaza con invalidarla, un vecino esquizoide cuyos terroríficos gritos nocturnos la hacen cubrirse con las sabanas como un pequeña asustada, las familiares sobremesas etílicas plenas de comentarios vacíos, estériles e inútiles acerca de las demandas sociales indignadas de las cuales ella no es parte ni participa, sus energías están puestas en evitar que esas amenazas la empujen a asumir que las puertas del otoño de su vida debe cerrarlas para abrir las del invierno.

Pero la autocompasión y el patetismo no están en ella, tiene muy claras las cosas que le gustan seguir haciendo en la vida para mantener viva a esa niña impregnada en su carne. Le gusta salir a bailar y a emborracharse en fiestas para la tercera edad.

Encontrará conversación, baile, sexo casual y gozoso pero también amor problemático, encontrará a un tipo Rodolfo, (interpretado por Sergio Hernández) personaje que provocará una colisión frontal entre el aguante al fracaso y la desilusión de la mujer que realmente es Gloria y la niña que necesita del romanticismo y de la lúdica necesaria para alimentarse y así seguir agazapada habitando dentro de ella.

Sebastián Lelio sabe cómo entender a Gloria y como llevarnos de la mano en su íntimo viaje de 90 minutos. Es capaz de enfocarla e iluminarla desde ángulos que sorprenden, sabe cuando develar la dulzura de su rostro como también su dureza, sabe cuando protegerla, como vestirla y cuando desnudarla, cuando mostrarla tierna y dócil y cuando como un animal. Nos sumerge en su intimidad con un montaje sin concesiones, brillante resulta como por elipsis, pasa de la añeja estridencia fiestera a la violenta y drástica soledad de su habitación.

Notables son los símbolos inquietantes y lúdicos que utiliza el director. Un gato sin pelo raro y feo, el que ajeno y furtivo penetra una y otra vez en el departamento de Gloria. El rifle de paintball, solución teatral para que Gloria extermine en un acto de cannabica psicomagia al amante falso, llorón y mentiroso.

Todos en este filme anhelan y buscan un trocito de felicidad razonable.

A pesar de las mentiras, las verdades solapadas, las resacas violentas, los amaneceres en calidad de basura a la orilla del mar, aturdida de sexo exprés y anónimo, Gloria comprenderá que la existencia no la puede jubilar ni menos caducar, que su cuerpo su cabeza y sus deseos desplegarán al final su más hermoso plumaje para permanecer abiertos, y así seguir bailando hasta que se acabe la fiesta.

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16 may 2013

Papelón

Primarias legales es lo que pedían los ciudadanos, para definir soberanamente quienes serian sus futuros candidatos o candidatas a la Presidencia de la República, por cierto también al Parlamento. Así fue ejemplarmente en muchas comunas en las últimas elecciones municipales, con buenos resultados.

Incluso legislaron, aprobando una ley que regula este proceso, haciéndolo transparente y vinculante, financiado por el estado, donde no solo participarían los militantes inscritos, si no que, la gran mayoría de los independientes del país.

Fue una poderosa señal, aplaudida por todos los sectores, incluso los jóvenes, ellos los más escépticos, que de esta forma sentían que su inclusión sería tomada en cuenta. Varios de ellos se preparaban a competir al interior de los conglomerados en igualdad de condiciones, para lograr los cambios imprescindibles desde dentro del sistema político heredado.

Los chilenos y chilenas no quieren aceptar decisiones cupulares, tomadas entre cuatro paredes, alejadas de la voz del pueblo; por el contrario exigen tener un rol significativo, donde nada se les regale, pero si se respeten las reglas democráticas que el Poder Legislativo, soberana y libremente se dio, para estos efectos.

Sorpresa mayúscula fue la autoritaria determinación de los presidentes de la Concertación, quienes velando supuestamente por sus cuotas de poder, se reparten el territorio electoral como si fuera un botín de guerra, creando un conflicto de proporciones , ridiculizando incluso a los candidatos designados por el amiguismo , o el mal entendido pago de favores concedidos.

Esto no hace otra cosa que, alterar aún mucho más los ánimos caldeados de las partes, desprestigiando la política , sin importarle un ápice el triste PAPELÓN , hecho a vista y paciencia de quienes mañana tendrán que votar por estas futuras autoridades, casi ya electas , por el perverso sistema binominal.

Lo peor no está solamente en no abrirse a la sana competencia interna para las parlamentaria en el bloque opositor; la inconsecuencia llegó a su grado máximo al exigirle a la candidata Michelle Bachelet, someterse a este legal sistema de selección ante contendores simbólicos , por su escasa opción de ganarle.

Ella acepta las reglas que impone la Ley, propiciando para todas las instancias el mismo proceder, a fin de que la voluntad soberana del ciudadano elector sea quien escoja cuáles serán sus candidatos, futuros representantes, de sus distritos o circunscripciones.

Y como si fuera poco los H. Senadores, Rossi y Chahuan, presentan un proyecto de ley, con solicitud de “suma urgencia “ al Ejecutivo , para prorrogar el plazo de inscripción vencido de las primarias , para enmendar el craso error cometido. Algo similar cuando la DC, inscribió mal a sus candidatos, situación que le pena hasta el día de hoy.

En la vereda de al frente mayormente no tienen este problema, simplemente porque la cultura del dedaso, se mantiene incólume, ponen y sacan candidatos, Golborne es el caso más patético. Trasladan a sus postulantes parlamentarios de una región a otra, importándoles un pepino la opinión de su gente.

El NO, más positivo de la historia cívica de país, esa epopeya inolvidable, se volverá a repetir, con una mística insospechada, en cada voto, para crear conciencia en un Chile justo, digno, e igualitario.

Son los jóvenes que con mucha razón aborrecen las malas prácticas ejercidas, son los jóvenes los indignados locales, que exigen cambios ahora, son los jóvenes que marchan en las calles por demandas justas , son ellos los que nos han dado una lección , no asumida, menos aprendida por los actuales líderes políticos del país .

Es de esperar que mañana no sea demasiado tarde, para llorar sobre la leche derramada.

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16 may 2013

Donantes y donatarios

De acuerdo a publicaciones en ciertos medios de prensa la universidad que recibió la mayor cantidad de dinero por concepto de donaciones particulares fue la muy privada universidad de los Andes, persona jurídica efectivamente sin fines de lucro en su calidad de corporación de derecho privado, institución que a través de sus profesores de excelencia, entrega enseñanza de calidad a sus selectos alumnos.

Esta casa de estudios superiores en la práctica le pertenece a la católica Prelatura del Opus Dei y sus pudientes 95 donantes le entregaron el año pasado a sus administradores la suma de, en números redondos, $ 10.500.000.000. El resto de las otras universidades del país, incluyendo la UCH y la Pontificia UC, por lo tanto el conjunto de 52 de ellas que son públicas como privadas, también en números redondos, recibieron la suma de $ 13.500.000.000 por parte de 1.322 donantes.

Por pudor y para que en esta columna no se aprecien las cuantiosas diferencias entre ambos tipos de donantes, sugerimos a los lectores utilizar una calculadora para dividir estas cantidades en ambos casos con el propósito de que se constaten las diferencias abismantes que hay entre los pocos (95) actores filántropos de la cota 1.000, versus los otros (1.322) comunes aportantes.

Esta universidad está localizada en el sector San Carlos de Apoquindo, en la zona más alta de la comuna de Las Condes, y para que se construyera una estupenda clínica y su Escuela de Medicina fue necesario que el Concejo Municipal de Las Condes, en el año 2008, modificara su Plan Regulador Comunal (PRC) para el nuevo terreno de 8 hectáreas en donde se emplazan esos equipamientos : son 4 edificios.

Sus devotos controladores invirtieron 36 millones de dólares en esas edificaciones configurándose así un campus universitario del más alto nivel.

Como observamos, aparte de las donaciones que le entregan ciertos escogidos privados a la universidad de Los Andes, también la Municipalidad de Las Condes, cuyas autoridades siempre han sido afines a posiciones políticas e ideológicas de derecha, le entregó graciosamente una forma de donación al Opus Dei al cambiar en el PRC los usos de suelo, mejorando sustancialmente las normas de edificación, para ese exclusivo terreno.

Ahora bien, a raíz del episodio de la diputada Isasi, quien habría recibido aportes económicos por parte de una empresa pesquera interesada en que se aprobara la Ley de Pesca en los términos decididos por el gobierno, saltó al debate público la inconveniencia de que se mantenga en la Ley electoral la norma de reserva para las donaciones que reciben los candidatos, ya sea para los cargos de concejales, alcaldes, diputados, senadores y presidente de la República, que compiten cada 4 años en las elecciones populares.

Su ex asesor parlamentario la acusó de haber recibido de esa empresa un pago por un “estudio” determinado y ella argumenta que se trataría de una donación anónima, por un monto determinado recibido en un período electoral, tal como lo manda la ley, y que desconoce su cifra exacta, asunto que se está viendo en el Ministerio Público.

Recordemos que los dadivosos que financian a sus políticos preferidos descuentan de su pago de impuestos una parte de esos obsequios, de tal forma que en la práctica es el Estado quien proporciona una fracción de esos dineros. Este privilegio tributario también se aplica con las donaciones a las universidades.

Independientemente del resultado de esta investigación judicial y con el propósito de evitar futuras malas prácticas con los dineros que las empresas y particulares poderosos les entregan a los candidatos de sus preferencias, es urgente modificar la ley respectiva para transparentar estos financiamientos que sí los consideramos necesarios.

Digámoslo con claridad, siempre los donatarios van a saber quiénes son los donantes y cuando, después de ser elegidos, ejercen sus cargos de poder político sus financistas irremediablemente les van a exigir las adecuadas “contraprestaciones”.

Recordemos que los senadores Navarro, Gómez y Muñoz intentaron derogar los aportes reservados, pero sus colegas consideraron que ello era contrario a los intereses de esos honorables hombres públicos que tanto se sacrifican buscando siempre el bien de todos.

Hay que erradicar el secreto para combatir la corrupción y en tal sentido esperamos que a la brevedad, por expreso pedido de todos los candidatos presidenciales, se modifique la ley para que en las elecciones de noviembre próximo votemos con conocimiento de quienes financian a quien, ya que de esta manera tendremos certeza de que en Chile, dilecto miembro de la conspicua OCDE, opera la democracia de verdad.

Independientemente de lo anterior, sería muy oportuno que en la cuenta a la nación del próximo 21 de mayo, el presidente Piñera anunciara el envío de un proyecto de ley para terminar de frentón con las donaciones anónimas en las elecciones populares, dejando establecido que en ningún caso objetamos las legítimas donaciones que se le hacen, ya sea a las universidades, como a todas las instituciones que no persiguen el lucro.

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15 may 2013

Crítica al sentido épico de la política chilena

A las puertas de elecciones presidenciales y parlamentarias parece resplandecer en plenitud esa cierta cultura política épica chilena.

Al utilizar el vocablo “épico” me refiero a que los candidatos y candidatas, sean titulares o postulantes a serlo, dirigentes de partidos, ciudadanos organizados, líderes sociales y estudiantiles, nos plantean algún relato heroico acerca de lo que sería Chile si ellos organizaran desde el poder a la sociedad chilena.

Al respecto tengo el convencimiento que la política no necesariamente debe ser épica, que Chile no es el centro del mundo y que, por más que lo pretendamos o intentemos, no vamos a inventar un “modelo” que ilumine al resto de los países.

Considero que lo nuestro es avanzar con libertad, justicia y paz social a una sociedad cuyos integrantes tengan el mayor bienestar posible, sea menos desigual y provea de las condiciones suficientes para que todos y cada uno puedan buscar la felicidad.

Las décadas de gobierno de la Concertación y los años de gobierno de la Alianza han demostrado que es posible avanzar en esa dirección, dentro de las reglas de un régimen político esencialmente -aunque no perfectamente- democrático.

Por cierto, estamos lejos de haber alcanzado una sociedad como la sugerida antes. Pero hemos avanzado.

En mi opinión, en los últimos años, uno de los errores políticos más graves de la Concertación ha sido desconocer del todo o híper criticar hasta el límite de la cuasi auto-destrucción, lo que realizaron durante sus gobiernos.

Seguir por ese camino –como algunos hasta ahora parecen en buena medida empeñados- le otorga a la Alianza una ventaja que puede resultar decisiva en las elecciones de este año 2013.

Además, ciertos eventos recientes, como, entre otros, el relativo a las fallidas primarias parlamentarias, pueden sumarse a esa ventaja.

De otro lado, pienso que los viejos –como este columnista- y los no tan viejos, no debiéramos cometer el error de aceptar a-críticamente el relato desmesuradamente épico que plantean algunos dirigentes sociales y estudiantiles, universitarios y secundarios.

Sin duda que muchas de sus demandas son justas pero el sentido épico que le confieren a sus grandes y difusos diseños de solución puede conducir por derroteros en que al final del camino no existe sino la frustración asociada a “quedarse ahí, justo en el umbral”, retroceder y fracasar, como les ha ocurrido a otros países de nuestra América Latina.

Los viejos podemos y debemos tener una visión cultural política más parsimoniosa, menos épica y, desde ella, ser intensamente críticos y contestatarios de lo que plantean los jóvenes.

Nuestro relato, que pienso es congruente con el de la mayoría de los chilenos, debiera ser el de la dura vida diaria, de nuestras familias, del transporte, el trabajo, la remuneración, la educación, la salud, la seguridad.

Es en esas áreas en que los políticos y los partidos políticos deben plantarse delante de los ciudadanos y explicarnos en dónde estamos, hacia qué mejor situación podemos avanzar y los medios para así hacerlo, dentro de tiempos definidos.

Considero que la mayor parte de la ciudadanía chilena actual no está receptiva a un relato épico, sea éste contado desde la derecha, el centro o la izquierda.

La extendida e intensa desconfianza hacia los políticos, los partidos y la política en general indica claramente que los ciudadanos no creerán en una épica que no considere y atienda la realidad de la vida diaria.

Necesitamos menos épica, más realidad; menos planes grandiosos y modelos para iluminar al mundo y más aterrizaje en el lugar específico en que estamos hoy.

Entonces, desde allí, avanzar a un Chile mejor para la más amplia mayoría de chilenos posible.

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