14 ene 2012

Equidad territorial, tarea pendiente

En los últimos 30 años nuestras ciudades han crecido bajo un patrón guiado casi exclusivamente por el mercado.

El uso del suelo, como rezaba la Política Nacional de Desarrollo Urbano de 1979, ha sido definido exclusivamente por la rentabilidad de la tierra y los territorios se han segmentado de manera radical, generado barrios para ricos, barrios para la clase media y barrios para pobres.

Consecuentemente, cada barrio ha sido diseñado y construido con estándares de espacios públicos que están íntimamente ligados a los distintos niveles socioeconómicos, generando barrios con amplias calles y avenidas arboladas; con sus veredas iluminadas y en perfecto estado; rodeados de áreas verdes y plazas activas para el esparcimiento y la recreación de todos sus habitantes.

En el otro extremo están los barrios con pequeñas calles en donde ni siquiera se pueden estacionar los vehículos porque si lo hacen impiden la circulación; con un deterioro creciente y sin mantención alguna; sin veredas ni iluminación; rodeadas de sitios residuales, algunas veces disfrazados de áreas verdes y otras, consolidadas como tierrales que en verano generan polvo y en invierno se convierten en barro, esperando eternamente la consolidación de áreas verdes que cuando se materializan, muchas veces no gozan siquiera de los atributos mínimos para ser consideradas como tales.

Para completar el cuadro, cada barrio se ha terminado de consolidar atrayendo la oferta de bienes, productos y servicios que el poder adquisitivo de quienes viven en ellos puede pagar, obteniendo como resultado barrios en donde hay de todo y al alcance de la mano, mientras en el otro extremo, en donde viven los pobres, no hay casi nada y para acceder a aquello que los habitantes requieren deben concurrir a pequeños almacenes de barrio, normalmente más caros, o ir en busca de ello mediante largos y tediosos desplazamientos.

Lo anterior se ha visto agravado por el repliegue planificado del Estado en lo que a proveer los servicios básicos asociados a derechos universales se refiere, como son la salud, la educación, el transporte, el esparcimiento y la cultura, lo que ha significado un incremento sostenido de los viajes que los habitantes de las comunas periféricas deben realizar diariamente para satisfacer sus necesidades básicas y aquello que siendo un derecho universal, en nuestro país se considera un bien de mercado.

Esto ha llevado a que más del 30% de los viajes diarios, se realicen para ir en búsqueda de servicios públicos como salud y educación, servicios que en cualquier ciudad justa debieran estar al alcance de una caminata de no más de 10 a 15 minutos.

En este contexto ha surgido una ciudad dicotómica en donde coexisten sin toparse, el derroche y la escasez; el ocio y la supe explotación; la salud y la enfermedad; las plazas activas, llenas de juegos y vida, por un lado y las áreas cafés y las calles consolidadas como el lugar de esparcimiento de los más pobres, por el otro; el acceso rápido y expedito a todo lo necesario, por un lado y el aislamiento y el abandono, por el otro.

Todo lo anterior ha consolidado la percepción sobre la existencia de una de sociedad profundamente desigual, que se ve fielmente reflejada en una ciudad fragmentada donde unos pocos tienen todo lo necesario y mucho más y la gran mayoría vive en la incertidumbre, con una mala calidad de vida y rodeados de problemas sociales como el desempleo, el alcoholismo, la drogadicción, el micro tráfico, la violencia intrafamiliar y la desesperanza aprendida, que es el inicio de un ciclo en donde la cuna termina definiendo el curso de la vida y muchas veces también, el tipo y la oportunidad de la sepultura.

Ahora bien, si el Estado, a través de las políticas públicas, no es capaz de hacer frente y superar los problemas antes mencionados avanzando de manera decidida hacia la equidad territorial, continuaremos alimentando el desprestigio y la falta de credibilidad de nuestras instituciones y se corre el riesgo de que la violencia se potencie como forma de resolver determinados conflictos y carencias, corriendo el riesgo de orientar el desarrollo de nuestras ciudades por el camino de un sumidero comportamental(1).

Resulta evidente entonces que de no cambiar radicalmente la forma de entender y de abordar la falta de equidad, seguiremos obteniendo resultados idénticos a los obtenidos en estos últimos 30 años y resulta increíble, por lo menos en los días que corren, que el remedio pueda venir desde donde vino la enfermedad.

(1)Sumidero comportamental :En su libro “La Dimensión Oculta”, Edward T. Hall nos entrega luces acerca de las consecuencias potenciales de incrementar significativamente la densidad habitacional de las manadas de ciertos animales, logrando establecer que la falta de espacio vital conlleva un deterioro creciente y progresivo en la interacción entre los distintos componentes de cada grupo social en las especies, llegando a determinar trastornos de importancia en la construcción y en la mantención del hábitat; en el comportamiento sexual, en los niveles de violencia desusada; en las pautas de reproducción, en la distribución de roles y en la organización social.

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  • Claudio Chávez

    Micronúcleos urbanos donde la accesibilidad (caminando) a los servicios básicos y menos básicos sea posible.  Áreas verdes consolidadas desde un principio y P Ú B L I C A S y A B I E R T A S.  Por último interconexión urbana G R A T U Í T A para todos: ricos y pobres.
     
    La movilización es un derecho y debiera el Estado asumir su administración; prefiero pagar más impuestos si eso me va significar derechos inalienables inmediatos (sin trabas burocráticas ni engaños mercantiles) como acceso a la salud, la educación, la movilización y la cultura.

    Por lo demás, un servicio gratis, eficiente, de calidad (limpio y bien mantenido), amigable con el medio ambiente (con energía solar que no necesite cables eléctricos o reparta democráticamente smog) y ordenado en tiempos, paraderos y conducción vial, imprimirían un nuevo aliento al uso masivo de la locomoción colectiva en desmedro del uso individual de vehículos particulares, descongestionando las calles de tacos, bocinas, sonidos de motor y ruedas al rodar en el pavimento, mal humor, estress y humo.

    En consecuencia, los bienes de mercado para el mercado (y bien regulado, no “al lote”) y los bienes ciudadanos para los ciudadanos, inalienables y gratuitos, donde T O D O S   E Q U I T A T I V A M E N T E “pongamos” para su existencia y funcionamiento y administrado únicamente por el estado, sin concesiones a privados de ninguna clase, porque ya vimos que no resultan ni no van a resultar nunca por una cuestión antropológica del ser humano.

    Por último, una autocrítica a nosotros los ciudadanos y a sus autoridades:  C I U D E M O S   D E S D E   Y A   L O   P Ú B L I C O : no lo rayemos ni destruyamos, ni lo usemos de pretexto en una protesta e inviertan en real calidad en lo público.

  • Claudio Chávez

    Micronúcleos urbanos donde la accesibilidad (caminando) a los servicios básicos y menos básicos sea posible.  Áreas verdes consolidadas desde un principio y P Ú B L I C A S y A B I E R T A S.  Por último interconexión urbana G R A T U Í T A para todos: ricos y pobres.
     
    La movilización es un derecho y debiera el Estado asumir su administración; prefiero pagar más impuestos si eso me va significar derechos inalienables inmediatos (sin trabas burocráticas ni engaños mercantiles) como acceso a la salud, la educación, la movilización y la cultura.

    Por lo demás, un servicio gratis, eficiente, de calidad (limpio y bien mantenido), amigable con el medio ambiente (con energía solar que no necesite cables eléctricos o reparta democráticamente smog) y ordenado en tiempos, paraderos y conducción vial, imprimirían un nuevo aliento al uso masivo de la locomoción colectiva en desmedro del uso individual de vehículos particulares, descongestionando las calles de tacos, bocinas, sonidos de motor y ruedas al rodar en el pavimento, mal humor, estress y humo.

    En consecuencia, los bienes de mercado para el mercado (y bien regulado, no “al lote”) y los bienes ciudadanos para los ciudadanos, inalienables y gratuitos, donde T O D O S   E Q U I T A T I V A M E N T E “pongamos” para su existencia y funcionamiento y administrado únicamente por el estado, sin concesiones a privados de ninguna clase, porque ya vimos que no resultan ni no van a resultar nunca por una cuestión antropológica del ser humano.

    Por último, una autocrítica a nosotros los ciudadanos y a sus autoridades:  C I U D E M O S   D E S D E   Y A   L O   P Ú B L I C O : no lo rayemos ni destruyamos, ni lo usemos de pretexto en una protesta e inviertan en real calidad en lo público.

  • Sandra Araneda Pando

    Estimado Daniel: nadie en su sano juicio podría estar en contra de tu artículo.

  • Sandra Araneda Pando

    Estimado Daniel: nadie en su sano juicio podría estar en contra de tu artículo.

  • http://www.facebook.com/people/Raul-Daniel-Moraga-Lagarrigue/1198880271 Raul Daniel Moraga Lagarrigue

    Pareciera que esta política urbana tiene como objetivo esconder la dimensión de la desigualdad ademas de demostrar que nuestra tan mentada democracia no es tal ya que existe miedo de vivir unos con otros, de nuestros hijos se codeen etc, es un muy mal augurio para el futuro

  • http://www.facebook.com/people/Raul-Daniel-Moraga-Lagarrigue/1198880271 Raul Daniel Moraga Lagarrigue

    Pareciera que esta política urbana tiene como objetivo esconder la dimensión de la desigualdad ademas de demostrar que nuestra tan mentada democracia no es tal ya que existe miedo de vivir unos con otros, de nuestros hijos se codeen etc, es un muy mal augurio para el futuro

  • http://pulse.yahoo.com/_YBS5UFZDI7ZXO6VJIP7CQMOPF4 Javier

    No podemos no hacernos parte de lo espuesto por Daniel Jadue, de un tema  trascedente como lo es la equidad territorial. Está claro que falta voluntad polìtica para avanzar al respecto. Por otro lado, sigue siendo una tarea pendiente y de absoluta urgencia. Se transforma en un imperativo ético para los ciudadanso/as. Parece que no nos queda otro camino que comprometernos de verdad a cambiar las correlaciónes de fuerzas para producir los cambios que son urgentes. Se trata entonces de correlacionar nuestras adhesiones polìcas con los cambios necesarios para el país.

  • http://pulse.yahoo.com/_YBS5UFZDI7ZXO6VJIP7CQMOPF4 Javier

    No podemos no hacernos parte de lo espuesto por Daniel Jadue, de un tema  trascedente como lo es la equidad territorial. Está claro que falta voluntad polìtica para avanzar al respecto. Por otro lado, sigue siendo una tarea pendiente y de absoluta urgencia. Se transforma en un imperativo ético para los ciudadanso/as. Parece que no nos queda otro camino que comprometernos de verdad a cambiar las correlaciónes de fuerzas para producir los cambios que son urgentes. Se trata entonces de correlacionar nuestras adhesiones polìcas con los cambios necesarios para el país.

  • http://www.facebook.com/people/Paula-Andrea-Leyton-Hernandez/1246218561 Paula Andrea Leyton Hernandez

    Paula
    En acuerdo con lo que plantea Daniel, la segregación social  incidiría en la generación de un comportamiento delictivo y/o violento, lo que demuestra, en tanto síntoma de la sociedad, el fracaso de las políticas de desarrollo urbano,afectando la sustentabilidad tanto en este ámbito, como en el social, no nos sorprendamos entonces como han aumentado los índices de delitos y victimización en nuestro país y las dificultades existentes tanto a nivel del gobierno central, como de los gobiernos locales para enfrentar de manera integral la seguridad ciudadana o pública como les quieran llamar.

  • http://www.facebook.com/people/Paula-Andrea-Leyton-Hernandez/1246218561 Paula Andrea Leyton Hernandez

    Paula
    En acuerdo con lo que plantea Daniel, la segregación social  incidiría en la generación de un comportamiento delictivo y/o violento, lo que demuestra, en tanto síntoma de la sociedad, el fracaso de las políticas de desarrollo urbano,afectando la sustentabilidad tanto en este ámbito, como en el social, no nos sorprendamos entonces como han aumentado los índices de delitos y victimización en nuestro país y las dificultades existentes tanto a nivel del gobierno central, como de los gobiernos locales para enfrentar de manera integral la seguridad ciudadana o pública como les quieran llamar.