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	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Camilo Marks</title>
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		<title>El coraje de vivir</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2015 19:21:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes de perder la memoria, de Ana María Jiménez y Teresa Izquierdo no es un libro cualquiera y no constituye uno más de los centenares de textos testimoniales escritos con motivo de las horrendas experiencias sufridas por los presos políticos &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20150622152109/el-coraje-de-vivir/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Antes de perder la memoria</em>, de Ana María Jiménez y Teresa Izquierdo no es un libro cualquiera y no constituye uno más de los centenares de textos testimoniales escritos con motivo de las horrendas experiencias sufridas por los presos políticos durante la dictadura militar.</p>
<p>Antes que nada, es una narración y, como tal, debe juzgársela en términos literarios y tras una primera, una segunda lectura –la relectura, ya lo sabemos, es la prueba definitiva del valor de una obra- pasa sobradamente la prueba y podemos decir que se sostiene como una pieza de la literatura de la imaginación, aunque por desgracia los hechos ahí evocados son reales, son por momentos tan espantosos que se hace difícil tener una actitud equilibrada ante la biografía de estas dos mujeres que se atrevieron a rememorar cosas que todos, o casi todos preferimos olvidar.</p>
<p>El título dice mucho, porque la memoria es la más maravillosa de las aptitudes humanas y sin ella, no seríamos lo que somos, no nos podríamos comunicar, no tendríamos arte, no habría ciencia, careceríamos de las habilidades mínimas como para llamarnos seres humanos. Por algo, para los griegos la facultad de retener nuestro pasado era el don supremo que poseemos, lo que nos permite respirar y por algo Mnemosyne, diosa de la memoria, se entregó a Apolo y de la unión entre ambos nacieron las musas, inspiradoras de la cultura.</p>
<p>Amnesia, amnistía, amniótico, se hallan entre las tantas palabras derivadas de la potencia del alma por medio de la cual hombres y mujeres preservan y rememoran lo vivido. <strong>Muy conscientes de que en los días que corren es indispensable luchar contra la desmemoria, Ana María y Teresa han elaborado un bello y emocionante trabajo, no menos bello y emocionante por las terribles cosas que cuentan, sino, muy al contrario, realzado en su belleza precisamente por la verdad de lo que relatan.</strong> Y han escogido un método muy eficaz para llevar a buen puerto el proyecto que se propusieron: escribirse cartas. De modo que <em>Antes de perder la memoria</em> conforma un conjunto de misivas, que a lo largo de varios años, ambas se han estado enviando. Sin duda, este volumen es una de las mejores muestras de la actual literatura epistolar chilena.</p>
<p>Ana María y Teresa fueron fundadoras del MIR, participaron activamente en el ascenso del movimiento popular que hizo posible el triunfo de Salvador Allende y después del golpe de Estado, formaron parte activa de la resistencia contra el gobierno militar. <strong>La primera estudiaba piano en el Conservatorio, para lo cual estaba muy dotada, pero abandonó la carrera musical para dedicarse a la política revolucionaria a tiempo completo. </strong></p>
<p>La segunda <strong>proviene de una antigua familia de agricultores y empresarios,</strong> estudió en el liceo Manuel de Salas y, en lugar de obtener una profesión, digamos, convencional, <strong>prefirió transformarse en pobladora y vivir junto a los más pobres entre los pobres de este país.</strong> Las dos sufrieron pérdidas tan horrorosas que cuesta creer que estén vivas y vaya que vivas están.</p>
<p><strong>Hugo Daniel Ríos Videla</strong>, compañero de Teresa, <strong>figura en la fatídica lista de 119 detenidos desaparecidos conocida como Operación Colombo.</strong> Manuel, el hijo de esta unión, falleció años después como consecuencia de un accidente; Teresa ha podido sobrevivir a lo peor que puede pasarle a alguien gracias al apoyo de su hija Mariana y su compañero Paul. Fue detenida y luego expulsada a Francia.</p>
<p><strong>Por su parte, Ana María enfrentó el rigor de la DINA y las sesiones de tortura que abruman a la mente humana que se practicaban en la Villa Grimaldi. Las dos se conocieron e hicieron amigas íntimas hace 40, 50 años,y la amistad ha superado gloriosamente el paso del tiempo, las desgracias, las separaciones, los malentendidos, las diferencias al interior del MIR y una serie interminable de factores que habrían quebrantado cualquier relación, si bien la de ellas ha superado todos los escollos imaginables. </strong></p>
<p>Así, aparte de ser un atestado en torno a la vida de Teresa y Ana María durante las últimas décadas, <em>Antes de perder la memoria</em> es la crónica vital, contradictoria, espiritual, repleta de un anecdotario infinito, de la amistad entre estas dos mujeres tan distintas y, paradójicamente, tan parecidas.</p>
<p>Con todo, no debe creerse que este valiosísimo y único ejemplar consiste en un epistolario lleno de lamentos, imprecaciones, denuncias o expresiones de agravio e indignación frente a tal o cual injusticia, contra tales o cuales inequidades, con motivo de tantas adversidades por las que tuvieron que pasar.</p>
<p><strong>Ana María y Teresa son demasiado inteligentes para caer en el panfleto, demasiado astutas como para descender a la descripción obscena y detallada de lo mucho que padecieron.</strong> Con lucidez, humor, a ratos en forma elegante, a ratos de modo elíptico, nos entregan nada más ni nada menos que un recordatorio esencial del ayer reciente, muy, muy reciente, más de lo que pudiera pensarse: en estas páginas vívidas y extrañamente modestas, encontramos lo que fuimos, lo que somos y lo que seguiremos siendo si es que este país y sus sucesivos gobiernos continúan pasando por alto una época que marcó a fuego al siglo XX chileno.</p>
<p>De esta forma, <em>Antes de perder la memoria </em>pierde su carácter eminentemente subjetivo para convertirse en un documento que, como poquísimas revelaciones de su tipo, nos interpela, nos sacude, nos conmueve en cada una de sus partes. <strong>Y esto sucede, entre otras razones, porque Teresa y Ana María se niegan a la complacencia, no se atribuyen roles protagónicos, tienen la franqueza de reconocer sus errores y, más aún, poseen, desde el principio, la clarividencia para interpretar la naturaleza totalitaria de ciertas formas de actuar, señalando, sin perder la brújula, cuáles fueron las falencias de un movimiento por el cual se sacrificaron tantas personas jóvenes y valerosas, tantas almas puras que solamente querían cambiar la anquilosada estructura de clases chilena</strong>.</p>
<p>El atroz y violento destino que tanto las castigó jamás pudo doblegarlas: Teresa es miembro del directorio de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi y participa en forma activa en el movimiento de los derechos humanos. Ana María no le va en zaga y en la actualidad dirige el Coro de Ex Prisioneros Políticos que se formó en la cárcel y se reconstituyó en 2013. <strong>O sea, en lugar de retirarse a sus cuarteles de invierno, siguen bregando, ya maduras, en favor de la causa que les hizo perder la existencia a tantas personas, perdonándolas a ellas gracias a la buena suerte o al dios de los disconformes. </strong></p>
<p>A propósito de esto último, <em>Antes de perder la memoria </em><strong>no sería lo que es sin el desfile de, a lo menos, un centenar de personajes inolvidables, aun cuando hayan sido relegados al baúl de los objetos perdidos por las versiones públicas, aunque el Chile del presente trate, una y otra vez, de eliminarlos de los archivos oficiales, porque molestan, son una lata en medio de la supuesta prosperidad, la aparente solvencia política y económica de una nación que hace agua por todos lados. </strong></p>
<p>Para publicar este volumen se necesita el coraje de vivir de dos mujeres que refutan lo que nos dicen a diario y se atreven a indagar en lo que a muy pocos les interesa saber.</p>
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		<title>No son la sal de la tierra</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Nov 2014 19:50:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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		<description><![CDATA[La literatura, como ningún otro arte, nos da ejemplos de lo que es, lo que ha sido la personalidad humana, sus cualidades y defectos a través de los siglos. Por citar un par de ejemplos, en las obras del clasicismo &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20141103165033/no-son-la-sal-de-la-tierra/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La literatura, como ningún otro arte, nos da ejemplos de lo que es, lo que ha sido la personalidad humana, sus cualidades y defectos a través de los siglos. Por citar un par de ejemplos, en las obras del clasicismo grecorromano vemos que no existía la obsesión por la fama de hoy o en las del siglo XVIII –<em>La nueva Eloísa</em>, de Rousseau, <em>Las relaciones peligrosas</em>, de Laclos- aquellos que pertenecían a la aristocracia morían por amor, se mataban por más influencia, pero nunca se jactaban del exceso de trabajo.</p>
<p><strong>Desde la segunda mitad de la centuria pasada hasta el presente, han surgido innumerables y nuevas tipologías humanas, pero ninguna supera a esos hombres y mujeres que hoy exhiben con orgullo infinito el agotamiento, la fatiga, el desgaste que les produce atarearse las 24 horas del día. Si un alto mando se atreve a decir: lo paso fantástico sin hacer nada, me encanta la flojera, me he dedicado a contar moscas, lo despachamos ipso facto al manicomio o huimos de él como del ébola.</strong></p>
<p>Así es, los hiperquinéticos adultos, también llamados trabajólicos, están a la orden del día, son admirados por todos cuantos los conocen y poco falta para que sus seguidores deseen poner sus nombres a ciudades o pueblos antes de tiempo. ¿Qué es lo que caracteriza a estos individuos por sobre el resto de la especie?</p>
<p>En primer lugar, su eficacia a toda prueba, la facilidad para ordenar y hacer cumplir lo que disponen, en fin, vigilar, estar encima de uno en todo momento, no dejar tranquilo a nadie ni a sol ni a sombra, poner a prueba a los elegidos para volverlos felices, hacerlos sentir importantes.</p>
<p>En segundo lugar, se trata invariablemente de dirigentes, súper ejecutivos, altos puestos, rectores, directores de corporaciones, líderes de partidos políticos, ministros y suma y sigue. En otras palabras, estamos ante ciudadanos y ciudadanas que ejercen poder. ¡Y vaya cómo lo ejercen, pobre del que se descuide!</p>
<p>En tercer lugar, todos y todas, por lo general, detentan posgrados, maestrías, doctorados y una serie de calificaciones que deslumbran a los empleados que están bajo ellos, sumiéndolos en el embobamiento. <strong>Si algún subordinado se atreve a decir que muchos de ellos son psicópatas de tomo y lomo, workaholics se denomina en inglés a este severo desorden mental, es posible que además de perder el empleo, termine en la consulta psiquiátrica.</strong></p>
<p>La verdad es que todos, cual más, cual menos, celebramos a estos energúmenos, pues tendemos a pensar que, sin ellos, ni el país ni nada funcionarían. Sin embargo, <strong>por lo que se sabe, ni Julio César, ni Isabel la Católica, ni Catalina la Grande, ni Napoleón, ni Churchill o, más cerca de nosotros, ni O’Higgins, Portales o Balmaceda, jamás fueron trabajólicos y las cosas andaban bastante bien bajo sus mandatos.</strong></p>
<p>Ahora es imposible siquiera concebir un Presidente de la República, una Primera Ministra, un gerente de una firma transnacional que no sea hiperquinético. Si uno de ellos o ellas expresara que adora la pereza, perdería enseguida el cargo.</p>
<p>¿Y el resto de las personas, digamos, comunes y corrientes? No hay, es del todo inadmisible que haya secretarias, obreros, ascensoristas, aseadores, nanas, empleados, carpinteros, albañiles, choferes del transporte público, taxistas, mozos, conserjes, jardineros, peones, artesanos, proletarios que se califiquen a sí mismos como trabajólicos.</p>
<p>Es decir, el 90% o más de la población humana jamás cabría en esta augusta categoría. Y por una simple razón: solo los poderosos pueden atribuirse a sí mismos la eficacia, el valor incalculable que supone estar reventado de pega.</p>
<p><strong>Claro que eso, al menos en nuestro país, supone que, en un mismo edificio, que es ocupado por determinada empresa, el jefe máximo puede ganar $ 300 millones y quien le acarrea los papeles recibir la módica suma de $ 200 mil. Esto no es exageración y ha sido, una y otra vez, comprobado, documentado y es tan archiconocido, que ya es un lugar común.</strong> Pero despreciar el lugar común puede resultar peligroso, por el mero hecho de que ignoramos la realidad manifiesta y es otra forma más de disfrazar lo que somos, ocultarnos de nosotros mismos.</p>
<p>La prensa escrita, la radio, la televisión se han sumado con fervor al aplauso irrestricto de estos protagonistas detestables del diario vivir que son los hiperquinéticos trabajólicos, cuyo estatus crece de modo exponencial.</p>
<p>¿Algún entrevistado o entrevistada célebre asevera por casualidad que no está abrumado a causa del yugo que lo ata, el oprimente contrato que lo obliga? Por supuesto, nadie lo hace, ya que, de nuevo, es preciso afirmar que sus existencias consisten en una serie de tormentos que, de más está decirlo, se traducen en beneficios de decenas y decenas de millones de pesos.</p>
<p>Digámoslo de otra forma: si un hijo o un nieto nos sale hiperquinético, nos preocupamos seriamente y lo hacemos pasar por unos 50 exámenes médicos, psicológicos, psicométricos, psicomotrices y de toda índole. Pero si ese mismo hijo o nieto llega a encabezar una firma multinacional, nos ufanamos hasta decir basta. Y no solo por sus espectaculares remuneraciones, sino, muy en especial, por la reputación que conlleva ser trabajólico.</p>
<p>Desgraciadamente, no nos damos cuenta de que ese prójimo carece de toda interioridad, jamás leerá por placer, el cine le importa menos que cero, el arte solo le servirá para lucirse (si es que distingue entre Rembrandt y Van Gogh, algo discutible), la cultura no es su prioridad, será siempre absoluta y totalmente incapaz de interesarse en los otros, sufrirá horrores si no se cumplen tales y cuales metas, en suma, es un ente que subyuga, sojuzga, tiraniza, esclaviza y hace infelices a todos los que tiene cerca.</p>
<p>Si quedan dudas con respecto a la inhumanidad de estos burócratas, bueno, echemos un vistazo a un supermercado, a las cajeras y los muchachos y muchachas que meten las mercaderías en bolsas, a los que manejan los carros, al resto del personal. Y no nos estamos refiriendo a otro tipo de establecimientos, donde, además de tener buena presencia, es imprescindible quedarse hasta altas horas de la noche si el patrón está con sobrecarga de tareas pendientes.</p>
<p><strong>Definitivamente, los trabajólicos no son la sal de la tierra. Para nuestra condenación, parece que se han instalado con el fin de quedarse en el gobierno, en todas las organizaciones, en las fábricas, en los colegios, en las universidades, en la administración pública y el sector privado, en el campo, en la ciudad, en el mar, en todos los países y pueblos del mundo.</strong></p>
<p>Ni qué decir tiene, el origen de esta alarmante forma de neurosis proviene de donde proviene casi todo en el presente: los Estados Unidos de América. Con una diferencia fundamental, eso sí: allí ya saben que es una patología, una enfermedad que requiere una rigurosa terapia.</p>
<p>Aquí, en cambio, los trabajólicos florecen como el aromo en invierno y los claveles en verano.¿Por cuánto tiempo más? Por cierto, no podremos vivir lo que nos queda de nuestro paso por la tierra en manos de estos posesos. Tarde o temprano van a desaparecer y quizá serán reemplazados por robots. Si así fuese, es preferible eso a soportar los humores de un hiperquinético profesional.</p>
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		<title>El lenguaje de la salud</title>
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		<pubDate>Wed, 21 May 2014 11:59:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Las diferencias entre la atención que brinda la salud pública y la salud privada son tan abismales, si bien se ha hablado tanto de ellas –en la prensa escrita, en la radio, en la televisión- que, a estas alturas, repetirlas viene a ser una cuestión retórica. Y las frases trilladas acerca de los desastres en tal o cual hospital terminan equivaliendo al aforismo <em>chiste repetido, chiste podrido.<br />
</em><br />
<strong>Francamente, el tema no tiene nada de gracioso, pero como sin humor no podemos vivir, hay un aspecto en el que pocos se han fijado, quizá porque en la medicina chilena prime la tragedia sobre la comedia.<br />
</strong><br />
Si mañana acudo a la clínica Las Condes, a la Alemana, a la Tabancura o a un centro de primer nivel, por ejemplo, el Instituto Oftalmológico Puerta del Sol, lo primero que salta a la vista es el lenguaje que usan sus funcionarios, desde los subalternos hasta los médicos, por lo general catedráticos. </p>
<p>Al llegar, para obtener el respectivo bono, a uno le piden que ponga el <em>dedito</em> en la registradora de huellas dactilares; acto seguido, hay que sacarse la <em>ropita</em> o los <em>zapatitos</em> –sin fijarse en la inconsecuencia mayúscula de que el beneficiario calce número 44-; después es preciso levantar las <em>manitos</em>, los <em>bracitos</em>, los <em>piececitos</em>, estirar el <em>cogotito </em>–esto último no es exageración-; en fin, es tal el cúmulo de <em>itos</em> e <em>itas</em> que estos encantadores profesionales emplean, que por tal vía fácilmente podemos llegar a una enciclopedia de los diminutivos.</p>
<p><strong>En Chile siempre los hemos usado y es una de las características de nuestro dialecto que más perplejidad producen en las personas que también tienen al español como lengua materna. De hecho, a los argentinos todavía les choca y es frecuente que, irritados ante tanto chiquitito, despacito, suavecito, nos suelten, ¡Ay, ustedes, los shilenitos, con su cantito! En el sur del país, esta tendencia llega al extremo de despedirse exclamando ¡chaíto!<br />
</strong><br />
Como sea, achicar las cosas y en especial las enfermedades, puede ser hasta una virtud, siempre que no se llegue a extremos tales como déjeme mirarle la <em>guatita</em> a ver si tiene un <em>tumorcito</em>. Como fuere, es preferible que nos traten en forma cariñosa a que nos ladren. </p>
<p>De alguna manera, también queremos que nos mimen como a hijos, a padres, a hermanos, a amantes, en el idioma familiar y secreto en el que nos entendemos con ellos. Inermes, con nuestro cuerpo presentado frente a un facultativo como si fuera suyo y no nuestro, dependemos hasta tal punto de él, que si nos desilusiona con un terrible:<em> ¡ya, pues, quítese la camisa!</em> o un perentorio: <em>¡bájese los pantalones!</em>, es muy probable que, tras ser auscultados por un internista, vayamos a parar directamente donde un psiquíatra.</p>
<p>Todo esto vale, por supuesto, para los institutos terapéuticos particulares que además son terriblemente competitivos: a como de lugar, deben dejar contentos a sus pacientes.</p>
<p><strong>En los hospitales estatales el panorama es muy distinto, tan, pero tan distinto, que se diría que pertenecen a países diferentes. En rigor de verdad, es así y hay varios Chiles en lo que respecta a la salubridad. </strong></p>
<p>El primero y más masivo  es el servicio oficial: si voy a atenderme a la Posta Central, en lugar de tener  los recursos para hacerlo en la clínica Las Lilas, es seguro que comenzaré a vivir una pesadilla de dolor, privación, terror, angustia y descuidos de tal magnitud que, si no quedo traumatizado para siempre, tampoco saldré mínimamente contento del infierno que hoy son los establecimientos sanitarios fiscales chilenos. </p>
<p>De partida, nadie me va a solicitar que me tienda en la <em>camillita</em>, que estire las <em>piernitas</em> o que me quede <em>tranquilito</em>. Ni por nada del mundo, ya que todo son berridos y, además, si soy pobre y se nota, puede haber hasta empujones y diversos maltratos. </p>
<p><strong>Por desgracia, la hipótesis evidente, vale decir, auxilio inmediato, es muy venturosa, ya  que antes de llegar a la etapa de examen y diagnóstico, tengo que esperar horas de horas, a veces días completos, meses, hasta años para lograr que alguien competente me observe y me exprese, de manera comprensible, qué es lo que me pasa. </strong></p>
<p>Para entonces, da lo mismo la forma en que eso se diga y debemos dar las gracias cuando nos insultan, nos vejan y nos reducen a seres inanimados, aguardando algún tipo de alivio. </p>
<p>Porque bien podemos estar a punto de morir por causa de una septicemia, una peritonitis, cálculos renales, fracturas expuestas o un accidente vascular severo.Entonces, da lo mismo que nos saquen la madre, que califiquen a nuestra progenitora como miembro de la profesión más antigua del mundo, que nosotros mismos seamos una suerte de parias o que, si el galeno estuviera ese día de buen ánimo, se digne darnos unas palmaditas de consuelo. </p>
<p><strong>Tal vez en este caso, nos indique afablemente: <em>¡váyase calmadito a la casita y tiéndase en su camita! </em> Por cierto, antes hay que pagar y aquí si que no hay alternativa: Fonasa, Isapre o bien dinero en efectivo, si es que no se pertenece al selecto club que tiene cuenta corriente bancaria (si así fuese, se puede dejar un cheque en garantía y aun cuando esta inmoral práctica se prohibió, hoy sigue tan extendida como ayer).</strong> </p>
<p>Las salas de parto de instituciones como el Hospital Sótero del Río, el Barros Luco, el San Borja, el Paula Jaraquemada, por nombrar unas pocas, eran, hace un par de generaciones, espectáculos dantescos. Los términos con los que las enfermeras, las matronas, los obstetras se dirigían a las afectadas son irreproducibles. </p>
<p>Para hacerse una idea, lo menos que les gritaban era que si les gustó haber tenido relaciones sexuales, ahora no tenían derecho a quejarse, si lo pasaron bien, bueno, ya les llegó el turno de pagarlo, si, empleando un eufemismo, se entregaron a un enamorado, pues les tocaba saber lo que eso significaba.  Los calificativos con los que llamaban a las parturientas eran imposibles de verter en esta columna. </p>
<p><strong>Cuando finalizaba el proceso, las flamantes mamás muchas veces compartían un catre con otras puérperas, quienes, a duras penas, amamantaban a los bebés que trajeron al mundo. </strong></p>
<p>Gracias a los avances científicos, en la actualidad el posparto dura poco y las mujeres, ricas o proletarias, pueden regresar a sus hogares al día siguiente del nacimiento de sus hijos. No obstante, si surgen complicaciones, tienen que quedarse más de la cuenta en la pieza particular o en la sala común, dependiendo de la clase social a la que pertenezcan. Y si son menesterosas, nadie les va a requerir que estén <em>calmaditas</em>, que se traguen la <em>comidita</em>, que se tomen sus <em>remedito</em>s o que se duerman <em>lueguito</em>. </p>
<p><strong>Por suerte, las cosas han mejorado, no en la salud, aunque sí en el trato a los pacientes. Pero no nos equivoquemos: la Clínica Santa María está y estará siempre a años luz del Hospital San José.<br />
</strong><br />
No hay que despreciar nunca el lugar común, en especial aquel que se relaciona con el lenguaje, el mejor instrumento de comunicación que se nos ha dado. </p>
<p>Con todo, también exhibe el perverso y arraigado sistema de clases que prevalece en Chile. Y, en lo referente al lenguaje de la salud, los diminutivos cariñosos solo sirven a quienes tienen medios, mientras los aumentativos groseros se arrojan encima de ya sabemos quienes.</p>
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		<title>Los nombres de las calles</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Mar 2014 11:29:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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		<description><![CDATA[Abraham Lincoln, Albany, Washington Irving, Príncipe de Gales, Reina Victoria, Walter Scott, Avenida Presidente Kennedy, Jorge Washington, Robin Hood, Óscar Wilde, Sherlock Holmes, Robinson Crusoe, Francis Drake, Little Rock, Charleston, Baltimore, Chicago, Kentucky, Wisconsin, Manchester, Liverpool, Bristol,…¿son parajes o individuos &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20140303082924/los-nombres-de-las-calles/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Abraham Lincoln, Albany, Washington Irving, Príncipe de Gales, Reina Victoria, Walter Scott, Avenida Presidente Kennedy, Jorge Washington, Robin Hood, Óscar Wilde, Sherlock Holmes, Robinson Crusoe, Francis Drake, Little Rock, Charleston, Baltimore, Chicago, Kentucky, Wisconsin, Manchester, Liverpool, Bristol,…¿son parajes o individuos que tengan mucho que ver con nosotros?</p>
<p>Por lo general, nada.No obstante, en una guía de Santiago tan ajada como la que para 1993-1994 publicó la antigua Compañía de Teléfonos de Chile –hoy Telefónica-, esos y muchos otros apellidos y sitios figuran, una y otra vez, en comunas tan improbables como Las Condes, Maipú, San Joaquín, La Granja, La Pintana, Lo Espejo, La Cisterna, La Florida, Lo Prado, Puente Alto, Pedro Aguirre Cerda, Pudahuel&#8230;</p>
<p>La función que cumplen tales designaciones es honrar a naciones, ciudades, científicos, humanistas, escritores y de un cuanto hay que haya dejado una contribución al conjunto del mundo. Sin embargo, por citar un ejemplo evidentísimo en lo que respecta a Chile, poco o nada puede afectarnos un personaje que, desde luego, es el detective ficticio más famoso de todos los tiempos –Sherlock Holmes- aunque su autor, Arthur Conan Doyle, ni siquiera debió saber en qué lugar del mapa estábamos.</p>
<p>Los nombres de las calles no son un asunto tan menor como podría parecer a primera vista. Por el contrario, revelan una disposición anímica e intelectual, una voluntad de perpetuación, un deseo explícito de homenaje que resalta y queda en evidencia cada vez que caminamos por ellas.</p>
<p><strong>El alcalde de Maipú que tuvo la brillante ocurrencia de bautizar como <em>Manchester</em> a una arteria de ese populoso sector, obviamente quiso cincelar, para que nunca se olvide, a la metrópolis donde nació el capitalismo.</strong></p>
<p>Y en el presente estamos tan acostumbrados a entrar o salir de la estación <em>Príncipe de Gales</em>, que jamás se nos pasa por la cabeza la idea de preguntarnos qué diablos tenemos que ver con el heredero de la corona en la monarquía inglesa.</p>
<p>Que ese señor pueda ser un genio o un débil mental vale poco frente al hecho de que una preponderante avenida del oriente de la capital lleve semejante título nobiliario.</p>
<p><strong>O el de su antecesora, la Reina Victoria, una soberana que hoy es recordada como modelo de la total hipocresía, de la feroz rapacidad y de la absoluta prepotencia del que fue, por siglos, el imperio más poderoso y cruel del orbe.</strong></p>
<p>En el resto de Chile hay cientos, miles de otras vías denominadas según una mentalidad tan anglófila que, si no fuera tan flagrantemente ridícula, resultaría ciento por ciento patética, ciento por ciento grotesca.</p>
<p>En el derecho civil y en concreto, en una de sus derivaciones más representativas, como es el derecho internacional, existe un principio básico que ha regido por miles de años: el de la reciprocidad.</p>
<p>Para los romanos se expresaba en la fórmula <em>Do ut facias</em>, doy para que hagas, a saber, una mínima correspondencia entre lo que entrego y lo que recibo.</p>
<p>Pues bien, ni en Inglaterra, ni en Estados Unidos, ni en Canadá, ni en Nueva Zelandia, ni en Australia, se conoce una plaza, un pasaje, un callejón o lo que sea relacionados con Chile. Y si es que existen, lo que es altamente hipotético, deben ser lugarejos tan clandestinos que ninguno de sus ciudadanos tiene idea dónde están.</p>
<p><strong>No hay, como sí lo vemos en bulevares, parques o edificios de Roma, París o hasta Moscú, nombres de personalidades como Neruda, Huidobro, Gabriela Mistral, Andrés Bello, Violeta Parra, Claudio Arrau o Salvador Allende.</strong></p>
<p>En realidad, no tiene por qué haberlos en espacios públicos de los estados angloparlantes, ya que para ellos importan, mejor dicho importamos, menos que cero.</p>
<p>¿Por qué, entonces, en el elegante barrio Jardín del Este, en Vitacura, tenemos una suntuosa y arbolada arteria que reza Washington Irving? Se trata de un narrador completamente secundario; si por lo menos fueran Melville, Hemingway, Scott Fitzgerald o Faulkner, pase.</p>
<p><strong>Irving dificultosamente es recordado por un texto tan añejo que ya casi nadie lee. Se trata de <em>Cuentos de la Alhambra</em>, una colección de relatos que, con grandes esfuerzos, puede hallarse en San Diego o comprarse por internet.</strong></p>
<p>Somos completamente insignificantes para las culturas en lengua angloamericana, aún cuando Chile hoy resulte para ellos más fácil de localizar en el atlas de lo que era hace una generación.Si en ese período, alguien, digamos, en Londres o Nueva York, le preguntaba a uno de dónde venía, para salir rápido del paso la respuesta era, Sudamérica.</p>
<p><strong>Acto seguido, el feliz interlocutor replicaba que sí había estado por aquí, pues había pasado sus últimas vacaciones en…¡Miami! Así, nuestro idioma, nuestra idiosincrasia, nuestra forma de vida les son tan ajenos, tan remotos, tan imprecisables como los de un extraterrestre.</strong></p>
<p>A pesar de ello, el servilismo espiritual que les profesamos es patente y los nombres de las calles apenas reflejan un aspecto mínimo de este acerbo complejo de inferioridad.</p>
<p>Es posible que cierta fracción de los vecinos de la superpoblada Maipú –por algún motivo incognoscible, los ediles de ese municipio se llevan la palma en cuanto a anglomanía- algo hayan oído hablar de Óscar Wilde, incluso hasta podrían haber leído <em>El príncipe feliz</em>. Sea.</p>
<p>No obstante, <strong>¿sabrán, acaso remotamente, que el puerto de Bristol, palabra que adorna uno de sus paseos, estuvo mucho tiempo entre los principales centros del comercio de esclavos?</strong></p>
<p>¿Y que desde hace centurias alberga a la industria del jerez, un vino seco que sirve de aperitivo y bajativo y que los imperturbables británicos le han estado robando a España desde épocas inmemoriales? Imposible determinarlo.</p>
<p>Pero algo podemos adivinar, por varias razones, entre ellas el nulo avance educacional de la periferia santiaguina. En el fondo, es casi seguro que la mayoría de los residentes de las calles Óscar Wilde o Bristol ni siquiera sospechen quién fue Wilde o dónde se encuentra esa urbe del sur de Gran Bretaña.</p>
<p>Y nosotros, desde la escuela primaria, sí que tenemos que saber dónde se ubican Londres, Edimburgo, Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Sydney, Ottawa, Auckland… y por si eso no fuera suficiente, somos fans de sus políticos, sus literatos, sus deportistas, sus cantantes, sus artistas.</p>
<p>Esto no sería reprochable si ellos, de su lado, al menos tuviesen conocimiento de que el pasodoble, el tango, el chachachá, el bolero, la salsa o la cumbia se originan en entornos geográficos diferentes entre sí.</p>
<p><strong>Y que Borges, Vargas Llosa o García Márquez pertenecen, cada uno, a nacionalidades distintas.Bueno, al menos la novelista Isabel Allende no corre ese peligro, si bien todavía hay muchos que siguen creyendo que era hija del Presidente constitucional sangrientamente depuesto en 1973.</strong></p>
<p>A fin de cuentas, en términos intelectuales seguimos siendo igualmente o inclusive más subdesarrollados que antes y nos miramos a nosotros mismos tan en menos cómo lo hacíamos hace varias décadas.</p>
<p>En este aspecto, o sea, en el reforzamiento de nuestra identidad, la tan cacareada globalización no ha sido ningún aporte iluminador.<strong>Y puede ser probable que en unos años más Apoquindo pase a ser la autopista Barack Obama</strong>.</p>
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		<title>Primera Dama absoluta</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Nov 2013 12:34:27 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>La relación de las mujeres con el poder no es algo nuevo, aunque por miles de años hayan estado marginadas de el. Ya en la Roma de los Césares, Livia, cónyuge de Octavio, quien rigió el primer imperio mundial, tuvo tanta o mayor influencia que el emperador en la esfera oficial; como la todopoderosa matriarca tuvo parte en multitud de crímenes, obtuvo del Senado el nombramiento de diosa en vida.</p>
<p>Sus sucesoras Agripina y Mesalina no llegaron tan lejos; sin embargo, el ascendiente que tuvieron sobre Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón fue de tal magnitud que se llegó a pensar que ellas ejercían el mando.</p>
<p>Por dos milenios nadie tuvo el peregrino título de Primera Dama, designación bastante reciente y que es traducción del inglés <em>First Lady,</em> término acuñado en Estados Unidos para referirse a la consorte del Presidente de la República. En general suelen ser adultas insípidas que desempeñan un rol blandengue.</p>
<p>Hay, desde luego, excepciones: Eleanor Roosevelt participó en la formación de las Naciones Unidas; Hillary Clinton ha corrido con colores propios desde niña.</p>
<p><strong>Se trata, invariablemente, de autoridades cuyo origen no reside en el voto ni en</strong><br />
<strong> la soberanía popular. En Chile, pese a que la gente se casa cada vez menos, las Primeras Damas parecen un requisito<em> sine qua non</em> para establecer el gobierno de turno.</strong></p>
<p>Sea por el estatus que el matrimonio sigue teniendo entre nosotros, sea porque en estos tiempos caóticos el imaginario común necesita tal clase de figuras, es probable que estas matronas nos proporcionen un cuadro similar a la estabilidad hogareña, bien escasísimo en el presente.</p>
<p>Las esposas de Manuel Montt, Aníbal Pinto o Arturo Alessandri son nombres olvidados.<strong>En cambio, todos recordamos a las señoras de Gabriel González Videla, Salvador Allende, los Frei, Ricardo Lagos, es decir, gobernantes de los pasados 60 años.</strong></p>
<p>El caso de Lucía Hiriart es radicalmente distinto y por muchísimas razones, que quedan al descubierto en el magnífico volumen <em>Doña Lucía</em>, de Alejandra Matus.</p>
<p>Indudablemente, a Matus le gusta meterse en las patas de los caballos –lo demostró con<em> El libro negro de la justicia Chilena-</em>; no obstante, aquí llega mucho más lejos en su absorbente y amenísima biografía de quien llegó a ser la mujer más poderosa del país durante la dictadura militar.</p>
<p>La documentación relacionada con los Pinochet es extensísima y cada año se editan textos inéditos; la información es inmensa y las revelaciones surgen con veloz frecuencia.</p>
<p>Matus ha leído todo lo que hay que leer y gracias a sus dotes como periodista y escritora, no se ha quedado tranquila con lo evidente, sino que ha indagado donde jamás antes se había hecho, con resultados sorprendentes: una trama perturbadora, sin maniqueísmo, que explora el territorio más escabroso en la carrera del dictador.</p>
<p>La hermosa joven que en 1943 desposó a un oscuro teniente llamado Augusto Pinochet, con seguridad jamás soñó el sitial que iba a ocupar en la nación ni menos el dominio ilimitado que detentaría.</p>
<p>Ni tampoco habría podido imaginar el papel tan chocante que representó mientras hizo lo que quiso durante el extenso período en que fue Primera Dama. De partida, proviene de un medio progresista:<strong> Osvaldo, su padre, masón, librepensador, destacadísimo militante del Partido Radical, fue senador y ministro.</strong></p>
<p>Los Hiriart son de origen franco-vasco y dos tatarabuelos de Lucía desempeñaron importantes funciones en la Revolución Francesa.En otras palabras, las credenciales democráticas del clan son impresionantes y era impensable prever que, dos siglos después, el apellido Hiriart se vería asociado con un temible despotismo.</p>
<p><strong>Con todo, Matus desentierra sucesos todavía más embarazosos: varios parientes de la cabeza femenina de la tribu –tíos, primos, sobrinos- sufrieron persecución mientras su marido gobernó Chile y ese hecho nunca la afectó.</strong></p>
<p>Estas y otras abismales contradicciones han dejado impávida a Lucía. Así, llegó a conducir decenas de organizaciones, con decenas de miles de miembros dotados de recursos ilimitados, de manera que, al final del período castrense, constituían un ejército paralelo e inexpugnable; la Primera Dama controlaba todo a su antojo y cualquiera que se viese privado del favor palaciego era eliminado o sufría un destino peor.</p>
<p>La fuerza del veto de Lucía en este vasto conglomerado social era omnímoda y llegó a abarcar aspectos tan significativos como las carreras de los oficiales, los ascensos, retiros, nombramientos y otro cúmulo de prerrogativas que únicamente pueden entenderse en virtud de una potestad sin cortapisas.</p>
<p>La obra de Matus deja muchas preguntas sin responder, lo que es ineludible si estamos ante hechos tan frescos, muchos de los cuales prosiguen en la semipenumbra. Aún así, hay dos momentos cruciales en la historia del prolongado enlace entre Lucía y Augusto en los que el vínculo se vio seriamente deteriorado.</p>
<p><strong>El primero ocurrió mientras Pinochet se enamoraba de una artista ecuatoriana.Y el segundo, mucho más significativo desde el punto de vista ético, aconteció cuando el futuro Capitán General hizo renunciar a Manuel Contreras, fundador de la DINA.Lucía, furiosa hasta lo indecible, abandonó la casa y solo regresó persuadida por sus hijos y allegados.Contreras fue el favorito entre sus favoritos y esto puede darnos una idea acerca de las inclinaciones que profesó.</strong></p>
<p>En 1984 dijo a la prensa: <em>“Si yo fuera la jefa de este gobierno, sería mucho más dura que mi marido y tendría en estado de sitio a Chile entero”</em>. Es en pasajes de esta índole cuando el lazo que unió a los Pinochet evoca a <em>Macbeth</em>, claro que sin la demoníaca grandeza shakesperiana.</p>
<p>En ciertos tramos de <em>Doña Lucía,</em> Matus cita a fuentes que expresan que quienes la rodeaban y quizá ella misma, abrigaban intenciones de un destino político para la caudilla. En cuanto a lo que la propia Lucía pensara al respecto, es hipotético sacar conclusiones.</p>
<p>También resulta difícil presumir sus reflexiones íntimas a partir de sus discursos, sus entrevistas o tantos ex abruptos que toleraron los cercanos. Y aun cuando Matus sugiera que se veía a sí misma como otra Eva Perón, es improbable que así fuese: Evita fue un personaje tan carismático que, por más que la capacidad de autoengaño del ser humano sea infinita, es en extremo conjetural creer que Lucía concibiera semejante fantasía.</p>
<p>La familia que fundó no fue motivo de felicidad.Los hijos del matrimonio Pinochet Hiriart han dado demasiado que hablar, casi siempre anécdotas negativas o de tipo delictual.</p>
<p>La fortuna de Lucía, a pesar de los procesos judiciales originados en la dudosa forma de adquirirla, continúa siendo enorme y hoy ella goza de múltiples ingresos, algunos legales, sumamente discutibles, y unos cuantos escandalosos, derivados de arriendos de propiedades embargadas por los tribunales.</p>
<p><strong>Pero está muy sola y a los 91 años ninguno de sus anteriores amigos desea la compañía de una protagonista que, hace muy poco, era alguien indispensable para obtener un puesto, un servicio, un cargo en el estado.</strong></p>
<p>¿Quién es, en el fondo, Lucía Hiriart, la Primera Dama Absoluta de Chile? Matus deja el enigma en suspenso, si bien su notable trabajo ilumina los sombríos rincones del gobierno más largo de nuestra historia y de una personalidad esencial para entenderlo.</p>
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		<title>Médicos sin fronteras</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Sep 2013 16:34:02 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Entre el 3 y 7 de septiembre pasado se celebró el IX Congreso de Médicos Escritores “Misiones 2013”, en uno de los escenarios naturales más bellos e impresionantes de esa provincia argentina, situado en el Alto Paraná, cerca de la chacra en la que por muchas décadas vivió el eximio narrador rioplatense Horacio Quiroga.A Quiroga le fascinaba la selva y algunos de sus mejores relatos transcurren en esa zona que, además, contiene los vestigios de las misiones jesuíticas de San Ignacio Miní.</p>
<p>El tema de estas gloriosas ruinas fue otra de las obsesiones artísticas del prosista oriundo de Montevideo, debidamente homenajeado durante la reunión por estudiosos de su obra.</p>
<p><strong>El primer y único experimento socialista exitoso del mundo fue la fusión civilizadora entre los guaraníes y estos sacerdotes católicos: los predicadores de la nueva fe llegaron desarmados y fueron bien recibidos por los indígenas, quienes, junto a ellos, fundaron ciudades que se autoabastecían y cuyos magníficos vestigios son hoy el testimonio de un pasado que debiera ser más conocido entre nosotros.</strong></p>
<p>La película <em>La misión</em> de 1986, describe una fracción de lo que fue este fenómeno y logra reconstituir un episodio de esa experiencia de la colonización española. Con todo, nada es equiparable al espectáculo de los monumentales restos de estas comunidades, que llegaron a albergar poblaciones de 10 a 12 mil habitantes y que fueron destruidas a comienzos del siglo XIX por las guerras entre Paraguay, Brasil y Argentina.</p>
<p>Indudablemente, Juan Ricardo Kelm y Mónica Cantarela, organizadores del evento, tuvieron en cuenta estas razones para alojar ahí a los doctores chilenos, argentinos, uruguayos, colombianos, guatemaltecos y de otras nacionalidades latinoamericanas que, en un número cercano a las 50 personas, asistieron al encuentro.</p>
<p><strong>La primera pregunta que surge ante un suceso así es tan obvia que casi resulta una perogrullada, ¿por qué hay organizaciones de médicos escritores y no hay abogados, arquitectos, constructores, ingenieros, profesores u otra clase de especialistas dedicados en forma sistemática a la literatura?</strong></p>
<p>Claro, Kafka estudió derecho, si bien nunca ejerció, Carpentier siguió arquitectura, aun cuando no se conocen sus edificios, Coetzee es ingeniero computacional y poco se sabe de sus logros digitales; por cierto, la inmensa mayoría de los grandes autores, <strong>desde Homero a Cervantes, Virgilio a Shakespeare, Goethe a Borges, jamás estudiaron nada y se dedicaron principalmente a concebir ficciones.</strong></p>
<p>Como sea, hay agrupaciones literarias de cirujanos y no existen organizaciones similares en disciplinas distintas. La más antigua en América Latina es la Asociación de Médicos Escritores de Guatemala, fundada en 1969. En Chile, hace tiempo funciona el grupo <em>Sueños</em>, bajo la tuición de Luis Weinstein. Y otro tanto ocurre en las demás naciones hermanas.</p>
<p>La respuesta a la interrogante de por qué los matasanos se organizan para escribir y leerse entre ellos podría caer en el lugar común: <strong>la relación terapeuta-paciente no tiene comparación con ninguna otra, ya que son ellos los que nos dan la vida y nos preparan para la muerte y, sobre todo, nos conocen mejor que nadie; es imposible mentirles, pues si no les confiamos lo que pasa en nuestros cuerpos y almas, estamos perdidos.</strong>No hay seres a quienes amemos más u odiemos más que al galeno que nos trata. Es cierto que existen otros profesionales de los que dependemos; sin embargo, de nadie dependemos tanto como de nuestros queridos y detestados doctores.</p>
<p>A lo largo de 5 días, se leyeron textos, fundamentalmente cuentos y poemas, de nivel a veces notable, impresos previamente en un volumen producido en forma gratuita por la Municipalidad de Oberá, la ciudad más cercana al paraje del coloquio.</p>
<p><strong>Es preciso agregar otro rasgo excepcional de Misiones: en un país de inmigrantes, esa zona se lleva la palma y hay rusos, ucranianos, polacos, alemanes, árabes, japoneses, en suma, todo lo que uno quiera ver en materia de diversidad humana, desde rubios pajizos a morenos, de achinados a indígenas orgullosos de su historia.</strong></p>
<p>Aún así, posiblemente hubo un aspecto más destacable que los anteriores, resumido de modo admirable por la facultativa chilota Katia Velázquez: aquí no se ven exhibicionismos, rivalidades ni perniciosas manifestaciones de egolatría. La medicina, ya lo sabemos, es una de las actividades más competitivas entre pares; en estas oportunidades, eso se olvida o parece olvidarse, ya que todos se aplauden, se admiran, se muestran simpatía.</p>
<p>¿Podría haber algo azucarado en semejante cariño? Quizá un cínico diría que sí; en cambio, un observador imparcial deberá conceder que, en rigor, cada uno de los asistentes exhibió únicamente cordialidad y genuino afecto hacia sus vecinos.</p>
<p>Hubo, por cierto, circunstancias memorables: el paseo por las aguas en catamarán, escuchando poesía o crónicas, la recepción en Oberá con bailes y trajes típicos de diversas etnias, el homenaje a Juan Villalobos, de Rancagua, heredero del grupo <em>Los Inútiles</em>, creado por Óscar Castro y otro sin fin de acontecimientos que dejarían agotado a cualquiera, menos a estos fanáticos de las letras.</p>
<p><strong>Tal vez uno de los momentos más emocionantes se vivió cuando la psiquiatra Catherine Fieldhouse leyó su historia sobre la muerte de Víctor Jara, según los ojos de un niño.Tanto ella como Laura Caballero y Enrique Escobar participan en el taller Libros de Mentira, por lo que eran conocidos de quien esto escribe.Así y todo, habría que mencionar a muchos más, por su mérito y dedicación, aunque lamentablemente este espacio no lo permite.</strong></p>
<p>Las edades son otra materia destacable: los había muy jóvenes, digamos de alrededor de 30 primaveras, hasta muy adultos, digamos estupendos octogenarios y octogenarias.</p>
<p>Y puesto que estamos hablando de edades, Nicolás Díaz, ex senador democratacristiano, instigador de la ley antitabaco (por lo que los fumadores lo aborrecemos), de flamantes 84 años, protagonizó un incidente de suspenso que haría palidecer al mismo Hitchkock.</p>
<p>Díaz parecería creer que se puede viajar donde sea sin carnet ni pasaporte, porque partió anticipadamente a Brasil sin ningún documento; cuando la comitiva nacional ya regresaba, se descubrió que el honorable no se había registrado en ningún hotel ni había dejado huellas de su paso en sitio alguno; entonces se inició su búsqueda frenética en comisarías, oficinas públicas, hospitales&#8230;<strong>Uno de sus hijos contestó por teléfono que el pasaporte de su padre estaba en su poder. Y la cédula de identidad la tenía Catherine Fieldhouse. Cuando ya la consternación era generalizada, el doctor Díaz apareció afeitado, alegre, fresco como lechuga. Lo último que se supo de él fue que lo habían detenido en Foz de Iguazú, desde donde lo deportaron a Argentina, cuyos funcionarios de inmigración lo readmitieron por pura buena voluntad.</strong></p>
<p>Así, este apátrida transitorio probó, gracias a su terrorífica aventura –se entiende que terrorífica exclusivamente para sus amigos y familiares- que la integración latinoamericana podría ser una realidad.</p>
<p>Y todos estos médicos sin fronteras comprobaron, con sus hechos y sus escritos, que el sueño de Bolívar y San Martín puede ser verdadero.</p>
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		<title>El grado cero de la escritura</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Jun 2013 22:39:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unas cuatro semanas, pasadas las 22.30 hrs., entró al segundo piso del restaurante La Hacienda, situado en Vicuña Mackenna esquina Carabineros de Chile, una familia compuesta por una madre y un padre, ambos más o menos jóvenes, acompañados por &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20130627183944/el-grado-cero-de-la-escritura/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unas cuatro semanas, pasadas las 22.30 hrs., entró al segundo piso del restaurante La Hacienda, situado en Vicuña Mackenna esquina Carabineros de Chile, una familia compuesta por una madre y un padre, ambos más o menos jóvenes, acompañados por su hijo, un niño que no llegaba a los 3 años. Lo sentaron en la silla que portaban consigo y para que se entretuviera y no molestara, le pasaron un juguete.</p>
<p>El hecho parece irrelevante, aunque a simple vista reviste gravedad. Es cierto que ahora no se puede fumar en espacios cerrados y, por lo tanto, las personas, sobre todo los menores, pueden respirar sin temor a la congestión que el humo del tabaco produce en las vías respiratorias y los demás daños que tan nocivo hábito causa a la salud.</p>
<p><strong>Pese a lo anterior, no es menos cierto que un sitio de tales características, sobre todo en invierno, es profundamente perjudicial para un ser humano que está recién empezando a vivir, ya que se le expone a un hervidero de virus y bacterias, a contaminaciones, al ruido, a cosas incluso peores; cualquier médico pondría el grito en el cielo ante esta situación.</strong></p>
<p>Es evidente que en ese local no había ningún doctor preocupado por el prójimo y si lo había, prefirió hacerse el desentendido.</p>
<p>Aún así, lo que más nos llamó la atención a los vecinos de la mesa en que estaba el infante junto a su familia, fue el juguete que empezó a manipular, con indisimulada alegría, apenas lo instalaron en el asiento que sus progenitores llevaban para mantenerlo seguro.</p>
<p>Se trataba de un pequeño computador, seguramente un artefacto reciente destinado a enseñar sus primeros pasos a quienes están comenzando a caminar.</p>
<p><strong>Desde luego, el pequeño no estaba aprendiendo a leer: ni Mozart, ni Leonardo, ni Pascal conocieron el alfabeto antes de los 5 años. Por lo demás, durante el lapso en que el lector –si lo hubiere- lee estas líneas, miles, centenares de miles o millones de nuevos aparatos inundarán las casas, las calles, los espacios públicos y privados, los medios de transporte y hasta el campo y la alta mar, que se ven a diario repletos de laptops, celulares, ipads, iphones, itunes, ebooks y suma y sigue.</strong></p>
<p>Nunca como en la época contemporánea había existido una oferta semejante para pasar el rato…o para alienarse.</p>
<p>Tanto el que esto escribe como sus amigos tuvimos varias veces la tentación de acercarnos al bebé, para ver qué es lo que estaba haciendo. Los buenos modales, la educación o lo que fuese, nos impidieron realizarlo y <strong>solamente miramos, fascinados y horrorizados, cómo las manitos se movían, de manera frenética, sobre un tablero o un dispositivo que tal vez generaba líneas, rayitas, monitos o algo que indudablemente hechizaba a la criatura, porque, hay que decirlo, se portó muy bien, estuvo tranquilo, no lloró y nunca se quejó.</strong></p>
<p>Las especulaciones que surgieron una vez que la pareja y su guagua abandonaron el lugar fueron variadas y contradictorias. No obstante, hubo algo en lo que todos estuvimos de acuerdo: ya nadie sabe ni puede predecir, con un mínimo de certidumbre, adónde va a llegar la tecnología digital.</p>
<p>Desde luego, internet sentó definitivamente sus reales en el mundo y resulta imposible pensar qué es lo que pasaría si un día entero, una semana o un mes nos privaran de ella. Es un elemento tan consustancial en nuestras vidas que ni siquiera nos atrevemos a imaginar la posibilidad de su ausencia, a pesar de que funciona desde hace muy poco tiempo.</p>
<p>De todos modos, hay que aclarar una cuestión fundamental, en la que todos convinimos: los inventos siempre causan una euforia generalizada, que muy pronto se convierte en desilusión generalizada o en motivo para profundas e inconducentes cavilaciones.</p>
<p><strong>La imprenta hizo creer a mucha gente que desaparecería el analfabetismo; el telégrafo y la radio habrían anunciado el fin de las guerras; la televisión motivó un optimismo sin precedentes en quienes tuvieron acceso a ella por primera vez. En fin, se dijo que con los electrodomésticos terminaría, de una vez por todas, la esclavitud de las dueñas de casa.</strong></p>
<p>Por cierto, nada de esto ha ocurrido, si bien hoy en día a ninguna persona en su sano juicio se le pasaría por la cabeza la idea de suprimir esos y otros adelantos.</p>
<p>Internet, como sea, es un fenómeno radicalmente distinto, insistir en ello es caer en la majadería. Basta con ver a cualquier persona, en cualquier parte del planeta, conectada a un teléfono móvil, una tableta, un nano reproductor, para darse cuenta hasta qué punto estamos cambiando o hemos cambiado de forma irreversible.</p>
<p>Así y todo, las personas que hablan solas en la calle, que bailan al compás de una música inaudible para el resto, que digitan mensajes sin parar, son adultos, se supone que están conscientes de lo que hacen, se diría que son ciudadanos responsables. Por consiguiente, criticarlos si molestan, impiden el paso, hacen difícil la circulación, es propio de viejos gruñones, que invariablemente irritarán a la generación que les precede.</p>
<p><strong>Pero entregar un computador a un nene que ni siquiera sabe hablar es, se le mire por donde se le mire, algo radicalmente diferente. Es muy probable que desarrolle capacidades cognitivas nunca vistas, que muestre un intelecto precoz, que aprenda cosas que jamás soñamos o que tal fenómeno sea precursor de genios que darán vuelta todo patas para arriba.</strong></p>
<p>Por desgracia, un universo atiborrado de genios resultaría, por decir lo menos, insoportable y, en el mejor de los casos, totalmente insostenible.</p>
<p>También podría suceder que ese niñito esté anticipando, sin saberlo, algo que, a estas alturas, todos visualizamos: el fin de la escritura.</p>
<p>Mal que mal, el abecedario es en términos históricos, bastante reciente: apenas 10 mil años. Ni qué decir tiene, se trata de una creación humana que, si la medimos según la geología, ocupa un puesto minúsculo en el devenir del homo sapiens.</p>
<p>Mucho antes de que aprendiéramos a escribir hubo glaciaciones, dinosaurios, meteoritos y toda clase de animales y plantas que se extinguieron sin dejar huellas. Y nuestros antepasados remotos dibujaron extraordinarias figuras en las cuevas de Altamira y Lascaux.</p>
<p><strong>El problema, entonces, no es adivinar qué es lo que viene si desaparece la escritura, sino qué es lo que ocurriría en el tiempo intermedio. De más está decirlo, la lectura, como la conocemos, puede desaparecer y la lectoescritura podría sufrir una mutación de tales dimensiones que todavía son inimaginables. Nada de esto sería grave si las manos continúan garrapateando en un papel en vez de hacerlo en un teclado.</strong></p>
<p>Sea como fuere, nuestras extremidades superiores han estado acondicionadas, a lo largo de toda la historia conocida, para recibir mensajes cerebrales que nos hacen tomar un lápiz u otros instrumentos con los cuales usamos los dedos para escribir.</p>
<p>Hasta los ciegos lo vienen haciendo desde que se ideó el sistema braille.</p>
<p>Lamentablemente, en el futuro cercano esa habilidad, que ha sido esencial para nuestra evolución, puede extinguirse por falta de uso. Y así vamos derecho a lo que, en un contexto muy distinto, <strong>Barthes llamó el grado cero de la escritura: sólo permanecerán las imágenes, y la cultura como la conocemos, será, cuando mucho, un bonito recuerdo.</strong></p>
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		<title>Como mínimo, tres veces por semana</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Apr 2013 21:50:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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		<description><![CDATA[En fechas recientes, dos artículos, aparentemente sin relación entre sí, aunque en el fondo parecidos, han figurado en las páginas de acceso de los principales servicios de correos electrónicos y se han diseminado por la internet y por los medios &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20130429175053/como-minimo-tres-veces-por-semana/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En fechas recientes, dos artículos, aparentemente sin relación entre sí, aunque en el fondo parecidos, han figurado en las páginas de acceso de los principales servicios de correos electrónicos y se han diseminado por la internet y por los medios escritos de todo el mundo, incluidos varios en nuestro país.</p>
<p>El primero de ellos ventila las profundas aspiraciones de la modelo polaca Joanna Kruppa y ha sido leído por miles de admiradores de su carrera.</p>
<p>El segundo se origina en la prestigiosa revista de viajes <em>Traveler’s Digest</em> y consiste en la enumeración de las ciudades que tienen la mayor proporción de mujeres bellas del orbe.</p>
<p>Ambos confirman, una vez más, que la estupidez reinante en la prensa de la entretención parece irreversible, que los beneficios generalizados de la comunicación virtual son en gran parte, real basura y que lo que se diga, haga o escriba para mitigar la alienación de la actual tecnología es casi inútil; <strong>hasta la farándula local está compuesta por genios en comparación con las joyas que inundan estos espacios informativos y luego se traspasan, con absoluto servilismo, al periodismo escrito.</strong></p>
<p>No obstante, si perdemos las facultades críticas, mejor nos recluimos en un monasterio o bien dejamos de leer –o ver- y como esto es impracticable, vale la pena detenerse en ambas piezas.</p>
<p>El reportaje sobre Kruppa expresa lo siguiente: ella, que ha estado en la portada de publicaciones tipo <em>Playboy</em> o <em>Maxim</em> y participa en un famoso programa de televisión, lleva 6 años como pareja del empresario de Miami Romaní Zago y decidió casarse con él. Y para contraer matrimonio, ha celebrado un acuerdo prenupcial, en el que exige a su futuro marido tener, a lo menos, relaciones sexuales 3 veces por semana.</p>
<p>Al preguntársele al novio sobre esta transacción, ha respondido que Joanna es una máquina del sexo, que los dos trabajan mucho y que como la profesional de las pasarelas se ha quejado –en público- de que en el pasado no habían tenido muchos encuentros íntimos, él, a pesar del estrés, hará lo posible por complacerla.</p>
<p>Considerar siquiera la eficacia, práctica o jurídica, de la cláusula impuesta por Kruppa es tan imbécil como sus propios términos.<strong> De modo que es preferible indagar en el eje de su propuesta, que, hay que decirlo, constituye una de las bases del paroxismo mercantilista que hoy prevalece: la cuantificación.</strong></p>
<p>Dicho en buen chileno, tres polvos a la semana como mínimo significan 12 al mes, unos 50 semestrales y una cifra superior a los 100 al año. El dilema de llevar semejantes cuentas resulta arduo, tal vez más que el cumplimiento de la obligación y se presta para refinadas especulaciones.</p>
<p>¿Si Zago pasa por una fase apasionada, calculará Kruppa con exactitud sus demandas?;¿o si anda lánguido, le perdonará su desempeño si después se porta mejor?; ¿por qué él, y no ella, debe ser impetuoso?</p>
<p><strong>Las preguntas pueden multiplicarse al infinito y nos llevan a un territorio donde el cretinismo es tan delirante que, querámoslo o no, terminamos haciéndole el juego a esta insaciable dama.</strong></p>
<p>Además, a nadie le consta que sea para tanto, porque el supuesto rendimiento sexual, mejor dicho, la supuesta capacidad para copular seguido, es imposible de comprobar.</p>
<p>Pero, de nuevo, al discutir así, seguimos siendo cómplices de Kruppa. ¿Acaso aquello que Foucault llamó un elemento determinante de la civilización es susceptible de mediciones cronométricas?</p>
<p>Desde luego que no y por más que ahora todo se tase, se calibre, se gradúe, ya sabemos que tales índices solo sirven para satisfacer al mercado o para despertar la curiosidad de individuos muy aburridos.</p>
<p>Con todo, hay algo más importante que la chacota que puedan inspirar los dichos de Kruppa. Mal que mal, no pasan de ser expresiones infantiles si tenemos en cuenta el arte y la literatura erótica de todos los tiempos.</p>
<p><strong>El problema es que ahora lo privado, lo más privado de nuestro ser, se ha vuelto un espectáculo masivo y un espectáculo denigrante, no porque sea malo ni escandaloso hablar sobre lo que se hace en la cama, sino debido a que eso ya cae definitivamente dentro del lucro y lo rentable, aportando suculentos beneficios a quienes cuentan sus cuentos carnales.</strong></p>
<p>Y ellos pasan a ser un componente adicional en la escalada por el estatus numérico: tengo cuatro autos deportivos, numerosas casas, me visto con Armani, acudo a lugares exclusivos, fornico a diario. Si a las feministas les da una pataleta, tienen toda la razón, aun cuando los varones quedamos peor parados, a juzgar por la sumisión de Zago ante Kruppa.</p>
<p>En cuanto a las ciudades con las mujeres más atractivas del planeta, otra obsesión por los rankings –los coitos requeridos por Kruppa son parte de esto-, ya hemos opinado, en este mismo espacio, acerca de temas similares, de manera que esta vez nos referiremos concisamente a dos urbes que encabezan el listado de <em>Traveler’s Digest.</em></p>
<p>Estas son Montreal y Seúl. Que la metrópolis del río San Lorenzo tenga un sitial tan destacado es inevitable, pues cualquier emplazamiento urbano de Canadá es hoy, a juicio del marketing turístico, superlativo.</p>
<p>Sin embargo, el magazine no esgrime ningún motivo para afirmar la lindura de las habitantes femeninas de Montreal y solo exhibe la foto de una chica que está lejos de ser una beldad. Da, eso sí, un argumento irrefutable: <em>“hablan el idioma más sexy del mundo, el francés”.</em></p>
<p><strong>No hay que ser ningún experto en lingüística para saber que la variante gala canadiense es un dialecto, diferente al que se usa en Francia. Aún así, ¿qué tiene esa lengua que la haga, digamos, más seductora que el italiano, el ruso, el árabe, el swahili, el urdu, etc.? Y entregar como razón de belleza física determinado lenguaje es, ni más ni menos, un disparate sin paliativos.</strong></p>
<p>La capital coreana llama la atención pues <em>“tiene una de las mejores vidas nocturnas de Asia y una reputación de bellezas impresionantes. Corea es algo así como un creador de tendencias culturales en el Oriente y está siempre a la vanguardia en la última moda de la región”</em>. Es imposible debatir la veracidad de semejantes proposiciones, pues, por lo menos en Sudamérica, muy pocos son los que pueden permitirse un viaje a tan remotas zonas del globo.</p>
<p>Es cierto que el cine asiático del último tiempo ha mostrado a actrices que cortan el aliento, si bien eso es lo que se espera, ya que nunca, o muy pocas veces, se exhiben en pantalla rostros feos.</p>
<p>Lo que a ciencia cierta se sabe de Corea es que es uno de los países con mayor cantidad de cirugías estéticas del planeta, que borra los rasgos orientales de las caras de las mujeres, para que se vean más “occidentales”.</p>
<p><strong>En nuestro país, tenemos una prueba de ello al tomar el metro y ver la propaganda de los productos Daewoo: familias completas de pelo rubio, ojos redondos y aspecto europeo, por más que se trate, evidentemente, de nativos de la península de Surcorea.</strong></p>
<p>En verdad, todo esto da lo mismo, ya que ninguna persona con dinero –y sensatez- elegiría como destino para viajar el hecho de que tal o cual país tenga a la gente más preciosa del universo.</p>
<p>Y ni qué decir tiene, nadie que no sea un megalómano exhibicionista plantearía un contrato sobre mecánica amatoria antes de casarse.</p>
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		<title>El porvenir de una ilusión</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jan 2013 23:05:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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		<description><![CDATA[Enrique Murillo, uno de los más importantes editores y traductores españoles -ha trabajado para Anagrama, Plaza &#38; Janés y Alfaguara, creó el suplemento “Babelia”, de “El País” &#8211; acaba de publicar un artículo para EL TIEMPO, de Bogotá. Bajo el &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20130123200501/el-porvenir-de-una-ilusion/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Enrique Murillo, uno de los más importantes editores y traductores españoles -ha trabajado para Anagrama, Plaza &amp; Janés y Alfaguara, creó el suplemento “Babelia”, de “El País” &#8211; acaba de publicar un artículo para EL TIEMPO, de Bogotá.</p>
<p>Bajo el encabezamiento <em>“De ediciones que pasaban del millón de ejemplares se ha llegado a los 1200”,</em> analiza la gravísima crisis por la que pasa el libro en su nación y la liga directamente con el lamentable momento económico que ahí se vive.</p>
<p>En síntesis, Murillo expresa que el primer problema de la edición ha sido la burbuja, similar a lo que ha sucedido con la construcción.</p>
<p>El segundo, derivado del anterior,<strong> ha consistido en la transformación del libro en un producto de consumo de las masas, lo que no solo ocurre con los superventas y los textos de autoayuda, sino también con los clásicos y los grandes ensayos.</strong></p>
<p>Y el tercero es lo que Vargas Llosa llama la <em>“civilización del espectáculo</em>”, a saber, <em>“la cultura, en el sentido que tradicionalmente ha tenido este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer”.</em> En otras palabras, los libros han dejado de ser el instrumento esencial para pensar críticamente el mundo y se han convertido en una herramienta óptima para conseguir de la gente una ciega aceptación de la vida tal como está establecida.</p>
<p>En cuanto a la burbuja editorial y sus consecuencias, Murillo es clarísimo: si en los años 90, los títulos que se vendían en lengua española alcanzaban la inusitada cifra de 300 mil a 500 mil ejemplares, poco después ese guarismo se duplicó, triplicó y hasta cuadruplicó.</p>
<p>Así, las novelas de Stieg Larsson, Dan Brown, Ruiz Zafón y los textos tales como <em>“Quién sabe dónde está mi queso</em>” u <em>“Orgasmo seguro”</em> superaban, con creces, varios millones de tomos impresos.</p>
<p>Muy pronto quedó en evidencia que el mundo literario se convirtió en una industria de consumo. <strong>Los libros se compraban de forma masiva en los malls y los supermercados, al lado de las pechugas de pollo o los detergentes.Durante esos años, se desencadenó una batalla feroz por parte de las empresas transnacionales, que liquidaron a las casas editoras independientes.</strong></p>
<p>En adelante, solo valían las listas de libros más vendidos de la semana. Los autores se convirtieron en “marcas” y el baile multimillonario llegó a Latinoamérica, donde los grupos españoles aniquilaron a nuestras editoriales.</p>
<p>Además, se disparó la transformación del escritor en “entertainer”, un sujeto cuya aparición en los medios era indispensable para que los intelectuales opinaran sobre cualquier cosa con tal de aumentar las ganancias, aunque fuera solo a base de puro exhibicionismo.</p>
<p>Ahora las condiciones han cambiado de manera dramática en España. Con 5 millones de cesantes, la gente no está para lujos como abordar la literatura. La caída en las ventas va en picada y, hoy por hoy, una tirada de 1200 ejemplares cubre sobradamente la manufactura de un vasto porcentaje de los libros impresos, incluso los bestsellers.</p>
<p>En cuanto al<em> ebook,</em> es inexistente, pues apenas alcanza el 1% de la facturación total. Frente a este desolador panorama, <strong>Murillo reflexiona sobre la función social que habían tenido los editores: publicar obras que en lugar de dejar al mundo tal como estaba, lo miraban de otra manera, lo transformaban, recordando a quienes leían que había nuevas visiones críticas de encarar la sociedad.</strong></p>
<p>Si esto ocurre en la Madre Patria, que tiene 50 millones de habitantes, o sea, un mercado enorme, y sigue siendo, pese a los aprietos que sufre, uno de los países más poderosos en Europa, ¿cómo andamos por casa? Por lo menos allá tienen conciencia de su situación y la voz de Murillo es una entre muchas otras que, a diario, se alzan para discutir y también para proponer soluciones frente a la avalancha que se les ha venido encima.</p>
<p>Desde luego, hacer paralelos siempre es complejo y puede dar como resultado confusiones; aún así, muchas cosas tenemos en común con ellos, salvo, claro está, la capacidad de fiscalizar, que aquí se ha esfumado por completo y allá parece haberse desbocado.</p>
<p>De partida, entre nosotros nadie podría escribir algo semejante al texto de Murillo, entregado en forma muy resumida, por la simple razón de que el tema que trata no nos interesa absolutamente nada.</p>
<p><strong>¿A alguna persona le quita el sueño pensar que en Chile prácticamente se ha dejado de leer?</strong></p>
<p>¿Tiene relevancia el hecho de que, a pesar de los positivos índices macroeconómicos que exhibimos, la lectura ha pasado a ser un pasatiempo de coleccionistas?</p>
<p>¿Qué más da que se lea o no se lea?</p>
<p><strong>Da exactamente lo mismo, porque eso es lo que subyace en el ámbito nacional y es lo que se dice, se escribe o se manifiesta de múltiples formas, tanto en el discurso público, como en la esfera privada.</strong></p>
<p>La literatura chilena se precipita de modo vertiginoso al nivel de un escondrijo y salvo para unos pocos prosistas, que se creen el cuento porque les va mínimamente bien –aunque son escasísimas las circunstancias en que esto acontece-, el futuro que se divisa es, por decirlo con suavidad, muy inestable. En cuanto a la producción literaria del resto del mundo, es mejor ni hablar, ya que hace tiempo que dejamos de sentir atracción por ella.</p>
<p>Nadie recuerda las terroríficas encuestas realizadas por el INE a comienzos de los 90,<strong> cuando se reveló que en una abrumadora mayoría de los hogares chilenos no se había visto ni un libro en los pasados 20 años.</strong> Ese y otros organismos han continuado estudiando el fenómeno, con balances contradictorios y, por lo general, menos alarmantes.</p>
<p>Y siempre se pregunta a las mismas personas; todas, sin excepción, son representantes del gobierno anterior o del actual. Naturalmente, responden con entusiasmo, simpatía, verbosidad, explayándose en las maravillas de nuestras bibliotecas, en el éxito de las respectivas políticas estatales, en la creciente difusión del material escrito y en otras charadas por el estilo.</p>
<p>¿Es remotamente posible que una persona que sirve a intereses determinados pueda contestar con seriedad cuando esos intereses se ven afectados? <strong>¿Es siquiera probable que un funcionario que trabaja o trabajó para instituciones oficiales reconozca aspectos negativos en cuanto a la labor realizada? Jamás de los jamases, por lo menos aquí, donde todo es, si no soberbio, muy promisorio.</strong></p>
<p>Sin embargo, en España, un país muchísimo más culto que Chile, y, por cierto, mucho más desarrollado que nosotros, hay bastantes hombres y mujeres que, lisa y llanamente, dicen la verdad: estamos viviendo una catástrofe y al paso que vamos, las librerías se demolerán. O sea, tienen plena conciencia del peligro que enfrentan. La crónica de Murillo es apenas un ejemplo de elemental lucidez y cada día aparecen reportajes semejantes.</p>
<p>Tal vez ellos han aprendido lo que nosotros definitivamente parecemos haber olvidado. <strong>En esta larga y angosta faja de tierra siguen reinando el jolgorio, el optimismo bobalicón, la mala fe del ignorante.</strong></p>
<p>Por lo tanto, si en un tiempo más el libro y la lectura se desvanecen, no tendremos derecho a quejarnos. Y si nuestros padres o abuelos pensaron que podríamos llegar a ser un país culto, eso ha pasado a ser el porvenir de una ilusión.</p>
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		<title>Guadalajara en un llano</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jan 2013 17:51:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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		<description><![CDATA[Estamos tan habituados a aceptar lo reciente como si hubiera existido siempre, que ni siquiera se nos pasa por la cabeza la idea de que durante siglos la gente vivió con absoluta prescindencia de eventos que hoy se estiman indispensables. &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20130103145127/guadalajara-en-un-llano/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estamos tan habituados a aceptar lo reciente como si hubiera existido siempre, que ni siquiera se nos pasa por la cabeza la idea de que durante siglos la gente vivió con absoluta prescindencia de eventos que hoy se estiman indispensables. Las ferias del libro y los premios literarios son en términos históricos, muy nuevos y jamás se ha demostrado que fomenten la lectura o la creación de obras de valor. Pero tampoco se ha comprobado lo contrario y ya que existen, hay que tomarlos en cuenta.</p>
<p>Indudablemente, la participación de Chile como invitado de honor en la Feria de Guadalajara fue un éxito: el stand era magnífico, nuestros escritores se lucieron, los asistentes quedaron felices y suma y sigue. La mayoría de los comentarios han sido positivos, salvo unas pocas voces críticas, acalladas por la marea de ovaciones. El entusiasmo es preferible a la apatía, de modo que parece sano sumarse a este clima de panegíricos. <strong>En cuanto a las proyecciones futuras del multitudinario encuentro… es mejor dejar las cosas hasta aquí.</strong></p>
<p>Los galardones locales al mejor narrador, la mejor novela, los mejores cuentos, los mejores poemas, la trayectoria y otro sinfín de cuestiones son harina de otro costal.<strong>El Premio Nacional de Literatura está tan desprestigiado que pasa inadvertido, lo que a veces es odioso: el año pasado lo obtuvo Óscar Hahn, uno de los poetas genuinamente eminentes de la nación.</strong> El Municipal se sumió en la clandestinidad. Y hay otra infinidad de recompensas de las que apenas se enteran los familiares del laureado, porque nadie sabe de ellas.</p>
<p>Evidentemente, la mayor cantidad de recursos para promover el libro y la lectura proviene del Estado y, en concreto, del Fondo del Libro, dependiente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), que tiene rango ministerial desde 2003. Sin perjuicio de que las cifras que muestra el CNCA con respecto a la inversión cultural son persuasivas, el alcance de su labor resulta sumamente hipotético.</p>
<p>Todos los años el Fondo del Libro abre licitaciones con el objeto de producir documentos impresos o virtuales -tratados, revistas, manuales, historietas, páginas web, etc.- y se designan comisiones de especialistas para adquirir textos destinados a las bibliotecas estatales.</p>
<p>Esto se traduce en la manufactura de miles de volúmenes -firmados por chilenos, pues la ley descarta a los extranjeros-, cuya suerte es desconocida, pese a ser financiados por las arcas fiscales. <strong>Y si es difícil que estos ejemplares secretos circulen entre un mínimo de personas, no se divisa cómo ello pueda manifestarse en un incremento de lectores.</strong></p>
<p>Desde 1993, cada año el Fondo del Libro otorga premios a los autores nacionales en las categorías de novela, cuento, poesía y ensayo, tanto para obras inéditas como publicadas. Es la distinción literaria de más alto valor económico que se concede en Chile y asciende a unos 10 millones de pesos. En ningún otro país sudamericano el Estado desembolsa cantidades semejantes para sus escritores.</p>
<p>A este beneficio se añaden las becas de creación literaria, el Premio Escrituras de la Memoria, el Roberto Bolaño, el Pablo Neruda, el Manuel Rojas, etc., por lo que la cantidad de dinero destinada a estos títulos debe alcanzar cientos de millones de pesos anuales.</p>
<p>Hasta la fecha, y limitándonos solo a los premios del Fondo del Libro que se instauraron en 1993, el Estado de Chile ha remunerado a unos doscientos literatos.<strong>Invariablemente, la acogida que este dispendio tiene en los medios de comunicación ha sido nula; si es que un periódico menciona a algún triunfador, lo hace en secciones sin visibilidad.</strong></p>
<p>La pregunta que surge enseguida es: ¿cuál autor o autora ha iniciado una carrera literaria promisoria gracias a este certamen?</p>
<p>La respuesta, tras ver las listas de ganadores es: nadie o casi nadie (ciertos escritores de prestigio han logrado la condecoración). La mayoría de los laureados consiste en nombres de insuficiente repercusión en el ámbito de las letras. Se han dado, en forma frecuente, situaciones estrafalarias: ha habido textos inéditos premiados que después no han sido aprobados por ninguna editorial.</p>
<p>Y hay otros hechos desconcertantes: <strong>muchas personas han obtenido el beneficio varias veces, a pesar de lo cual las tiradas de sus obras son minúsculas. En otras palabras, los premios del Fondo del Libro son irrelevantes, si bien todos estamos financiando un gasto millonario cuya trascendencia es ínfima para nuestra literatura.</strong></p>
<p>Todo esto puede sonar un tanto arcano, quizá un tema para expertos. No lo es en absoluto, pues están en juego instituciones oficiales. Las editoriales transnacionales y las empresas privadas también entregan condecoraciones discutibles, aunque no están sometidas al mismo escrutinio que las reparticiones estatales.</p>
<p>¿Qué leen los chilenos? La costumbre de anunciar en los diarios las listas de libros más vendidos es relativamente actual y se presta para discordias: siempre se repiten los mismos autores, nunca se indica la cantidad de ejemplares que se transan, estaría sujeta a maniobras, hay poca transparencia en el método, etc.</p>
<p><strong>Sin embargo, con todos los reparos que puedan formularse a dichos listados, algo indican sobre las tendencias de la escasísima gente que adquiere libros. Y esas tendencias son la Autoayuda, el Feng Shui, el Reiki, la Aromaterapia, las recetas, los bestsellers ocasionales y cosas peores, mucho peores.</strong></p>
<p>¿Tenemos derecho a quejarnos de que la población lectora del país sea, en verdad, insignificante o inexistente?</p>
<p>Ninguno si es que las autoridades, durante las pasadas décadas, han mostrado tanta incompetencia sobre este tema. No obstante, es injusto apuntar el dedo únicamente en contra de ellas.</p>
<p>La crisis del libro y la lectura es un fenómeno mundial, que se ha visto acrecentada a niveles inimaginables por la tecnología digital, que permite estar todo el día conectado sin que sus usuarios perciban que, por lo general, no están en contacto con ningún ser humano, sino aislados, enajenados, embrutecidos por los miles de aparatos que se inventan a cada rato.</p>
<p>De modo que no debe culparse solo a los Estados ni a los gobiernos por esta incontrolable situación; aún así, es procedente pedirles que tomen cartas en el asunto.</p>
<p>Además, en lo que concierne a los hábitos ciudadanos –leer es uno de ellos- y a la educación, es legítimo plantear reparos a las políticas públicas, aun cuando consistan en señalar las irracionalidades, el descuido burocrático o las soluciones absurdas, como el maletín literario.</p>
<p>Alone definió a la lectura como el vicio impune: nada lo supera y solo nos enriquecemos gracias a el.</p>
<p><strong>Para Somerset Maugham era una droga más adictiva que el alcohol, ya que si el borracho desprovisto de vino es capaz de tomar acetona, el lector sin libros recurrirá a los avisos de un diario antiguo y hasta a la guía telefónica.</strong>Claro que esto fue escrito hace unos 50 años, antes de que, al menos en Chile, la práctica de leer estuviera en vías de extinción.</p>
<p>Mientras tanto, Guadalajara sigue en un llano, México en una laguna y en Santiago el libro, la lectura, las librerías y todo lo relacionado con ellos tal vez tienen los días contados.</p>
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		<item>
		<title>Emblemático, histórico, simbólico</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Oct 2012 17:28:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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		<description><![CDATA[Seguir por televisión las elecciones en Chile, de cualquier clase que sean, se ha convertido en una experiencia tan grotesca, tan provinciana y tan cerril, que puede llegar a tener consecuencias fatales. Y si mientras uno observa ese espectáculo no &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20121030142829/emblematico-historico-simbolico/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Seguir por televisión las elecciones en Chile, de cualquier clase que sean, se ha convertido en una experiencia tan grotesca, tan provinciana y tan cerril, que puede llegar a tener consecuencias fatales. Y si mientras uno observa ese espectáculo no ingiere una dosis de 500 milígramos de ravotril u otro ansiolítico y además carece de sentido del humor o se encuentra sin compañía, fácilmente puede terminar en la cárcel, el manicomio, una clínica, con una depresión endógena incurable.</p>
<p>Los cientos de reporteros que cubren el evento en todo el país hablan a una velocidad que supera la del sonido, <strong>meten los micrófonos y las cámaras hasta en las partes pudendas de los candidatos, chillan y vociferan conclusiones que enseguida desmienten, comentan hechos evidentes, como si todos los espectadores fuesen tontos (se cayó el audio, la comunicación está fallando, hay problemas de imagen, etc.) y machacan hasta el cansancio las mismas palabras que vienen repiqueteando hace décadas, en verdad, hace varias generaciones.</strong></p>
<p>Sin duda, los tres vocablos “cultos” más usados en la última contienda municipal fueron emblemático, histórico y simbólico.</p>
<p>Se dijo que la abanderada de la Concertación ganó en la emblemática comuna de Santiago, lo que no significa absolutamente nada, ya que emblema quiere decir expresión, alegoría, lema, escudo, divisa, jeroglífico, etc. ¿Tal vez descifró el enigma de los signos vecinales, desentrañó el secreto de nuestros ancestros, interpretó papiros?</p>
<p><strong>En un combate simbólico, el alcalde de Providencia fue destronado (sic).Hecha la salvedad de que aquí los gobiernos monárquicos han estado fuera de contexto durante dos siglos, ¿quizá esa competencia tuvo ribetes figurados, metafísicos, mitológicos, que son algunas de las muchas acepciones derivadas de la palabra símbolo?</strong></p>
<p>La voz “histórico” merece una reflexión más detallada, ya que a lo largo del pasado 28 de octubre participamos en momentos históricos, hubo cambios históricos, asistimos a derrotas históricas…</p>
<p><strong>La invención de la imprenta, la Independencia de Estados Unidos y las colonias sudamericanas, la Revolución Rusa, la Segunda Guerra Mundial, la llegada del hombre a la luna, la crisis del Medio Oriente quedan chicas, palidecen, se evaporan en comparación con la histórica, heroica y ejemplar gesta ciudadana que nos acaban de regalar los departamentos de información audiovisuales.</strong></p>
<p>A la radio es preferible ignorarla, pues calca, de modo prácticamente idéntico, el modelo impuesto por la pantalla chica. Sin embargo, de la prensa escrita podría esperarse algo decente, ya que se supone que ahí las noticias son elaboradas y hay artículos que publican expertos en sus respectivas materias. Por lo tanto, tenemos el derecho a exigir mejor calidad periodística, buena prosa, una redacción idónea, en suma, cultura. Y ocurre exactamente lo contrario.</p>
<p>Examinando sin detención, a vuelo de pájaro, un periódico “serio”, y solo sus páginas editoriales, más las columnas de opinión, el resultado es alarmante por la increíble cantidad de lugares comunes y, a la vez, por el nivel de rebuscamiento que exhibe.</p>
<p>La doble repetición, incluso la triple repetición, síntoma de debilidad léxica y mental, campea a rienda suelta: un especialista escribe, sin pestañear: “serían pocos, pocos esperaban, pocos sabían”, para, acto seguido, poner: <em>“las cosas están bien…, si bien se esperaba, porque bien…”</em> y otro le sigue los pasos en la extática afirmación: <em>“los que no votaron no pueden optar por no participar”</em>. Hay <em>“militantes y partisanos”</em> (o sea, guerrilleros), junto a “los chilenos más partisanos”. Y una organización<strong><em> “vivió su mejor performance”</em> (es decir, una estupenda representación teatral).</strong></p>
<p>Es preciso reconocer, de cualquier forma, la inventiva de algunos estudiosos, quienes, en forma sesuda, sutil, quizá premonitoria, cambian el género de ciertos términos:<em> “el ignominio, el evidente alza”</em> (del PGB).</p>
<p>Asimismo, logran una cualidad lírica encomiable: (el fastidio) <em>“alcanzó una masa crítica…cuando contingencias históricas entran en sincronía y ponen en ebullición toxinas&#8221;</em> (¿venenos, infecciones, bacilos?)…, para rematar con la perla negra <em>“un tibio, refractado anuncio”.</em></p>
<p>Otros son de frentón intelectuales y vaya que lo son, pues el peso cerebral que muestran es colosal, de refinada profundidad: sobre <em>“un libro que le parecía infumable&#8221;,</em> un crítico gringo sentenció… que <em>“el repertorio</em> &#8220;(a saber, lista, catálogo, compilación) para reaccionar… <em>&#8220;reflejaba otra variable más de la ecuación, esa variable no se aplicaba si hay margen para bancárselo”.</em> Esta elegancia algebraica, se sustituye, en otro comentario, por enjundiosas meditaciones: <em>“la derecha soft, alternativas que aún no despegan de la estatura de la broma…”</em></p>
<p>Los ejemplos de tales efusiones verbales son tantos, pese a que se hallan en secciones exclusivas de los rotativos, ocupando un reducido espacio de ellas, que si seguimos citándolos, el goce estético puede nublarnos el entendimiento.</p>
<p>Pero hay todavía más motivos de alborozo, gracias a que nuestros politólogos, cronistas y opinólogos, han descubierto tesoros filosóficos que únicamente existen en nuestro país y que estallan a los cuatro vientos en los sufragios populares: el laguismo, el bacheletismo, el piñerismo, el escalonismo, el lavinismo, el freísmo…</p>
<p>En otras palabras, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, Sebastián Piñera, Camilo Escalona… han escrito libros fundamentales y fundado doctrinas, corrientes de pensamiento, escuelas y sistemas epistemológicos que pueden compararse con el cartesianismo, el kantismo, el hegelianismo, el marxismo, el humanismo cristiano, el existencialismo y es posible que los superen a todos.</p>
<p><strong>Por fortuna, ni Lagos, ni Bachelet, ni Piñera, ni Escalona, padecen delirio de grandeza u otras formas de megalomanía, por lo que cae de su propio peso que están exentos de responsabilidad frente a este aluvión de atributos geniales.</strong> Desde luego, para ser dirigente político hay que tener una fuerte dosis de egocentrismo, aunque nunca tanta como para creerse maestro de una ideología trascendental.</p>
<p>Lo anterior dista de ser una crítica exhaustiva al lenguaje y a la exquisita terminología de los medios de comunicación nacionales. Basta con escucharlos, o leerlos, para darse cuenta de que han caído en un cretinismo idiomático que parece irreversible, completamente insuperable.</p>
<p>Si se refirieran a la farándula, a las teleseries, a los realities, santo y bueno. Nadie en su sano juicio podría pedir un mínimo de rigor, una básica sensatez que provenga de esos engendros, sea en los formatos que sean.</p>
<p>No obstante, si se trata de analizar la realidad cívica y, en concreto, un proceso democrático, un manejo competente de la lengua o, por lo menos, un grado de sobriedad, de discreción, de conocimiento del vocabulario elemental, son el mínimo minimorum que cabe reclamar.</p>
<p><strong>En lugar de eso, hay clichés, un océano de frases hechas, un diluvio de pura tontería o claramente un pomposo recargamiento, que pretende pasar por sofisticación.</strong></p>
<p>Y en lugar de aprender algo, tenemos victorias emblemáticas, catástrofes históricas, acontecimientos simbólicos.</p>
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		<title>Castigar la pobreza</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Oct 2012 19:31:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Marks]]></category>

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		<description><![CDATA[La cantidad de gente que en Chile se encuentra privada de libertad es tan desproporcionada, tan alarmante, que las autoridades, actuales o de gobiernos recientes, jamás comentan o analizan tal fenómeno. Al revés, el combate contra la delincuencia, bandera de &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20121008163141/castigar-la-pobreza/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La cantidad de gente que en Chile se encuentra privada de libertad es tan desproporcionada, tan alarmante, que las autoridades, actuales o de gobiernos recientes, jamás comentan o analizan tal fenómeno. Al revés, el combate contra la delincuencia, bandera de lucha de tirios y troyanos, prima por sobre toda consideración jurídica, ética o humanitaria.</p>
<p>Que tengamos entre 80 y 100 mil personas bajo rejas, en un país sin crecimiento demográfico –en 1973 éramos 9 millones, ahora alcanzamos los 16- es algo tan pavoroso que, tal vez por eso mismo, la enormidad, la monstruosidad de ese hecho, debe pasar lo más desapercibida posible.</p>
<p><strong>Con razón, la escritora Diamela Eltit expresó hace poco que los presos eran muy útiles, porque, debido a que son tantos, disminuyen los índices de cesantía. En efecto, las almas en cautiverio constituyen un número tan abismante que las estadísticas, los censos, las encuestas, han optado por ignorarlas.</strong></p>
<p>Esto no es ningún chiste. En nuestro país, 80 a 100 mil personas conforman una ciudad más bien grande, tipo Valdivia o Iquique. Y la vasta mayoría de quienes cumplen penas o esperan sentencia, se encuentra encerrada por delitos menores, como hurtos o microtráfico de drogas y no actos ilícitos graves, como homicidios, violaciones, incendios, etc.</p>
<p>Por supuesto, el 99,9% de ellos y ellas provienen de sectores desposeídos, desprotegidos, hasta indigentes. Es decir, carecen de un saber mínimo, de habilidades, de formación, de oficio alguno como para encontrar un trabajo decente e insertarse en la sociedad.</p>
<p>Ni qué decir tiene, tampoco van a “regenerarse” tras salir a la calle, regresar a sus hogares y, muchas veces, tener que volver a delinquir para no morirse de hambre.</p>
<p>Porque, ya lo sabemos, en el país hay una inmensa población que ni siquiera tiene acceso a bienes básicos, servicios elementales, instrucción digna, de modo que deben robar para sobrevivir.</p>
<p>A esta gigantesca cantidad de gente –que conforma una proporción mayor que la de los detenidos en Perú, Bolivia o Argentina- hay que agregar los que gozan de beneficios alternativos, como remisión condicional, libertad vigilada, reclusión nocturna, salida dominical, salida diaria u otros regalitos por el estilo, que jueces y funcionarios gubernamentales otorgan con absoluta arbitrariedad, en forma totalmente irracional, mediante cuentagotas, sin expresar causas y sin que el nuevo procedimiento penal haya ayudado en nada al destino de estos miles de desdichados.</p>
<p><strong>Todo lo contrario, la famosa reforma del siglo ha aumentado exponencialmente el número de individuos que están a la sombra. Los magistrados, salvo contadas excepciones, están aterrados de que se les califique de “garantistas”. Y toda la prensa, aliada con el régimen de turno, acicatea la creencia de que la puerta para librarse del presidio, la famosa puerta giratoria, es muy ancha, aun cuando sea para usarla por un tiempo minúsculo.</strong></p>
<p>Por algo, cada nuevo Presidente de la República y cada ministro del Interior que debuta en el cargo, proclama, de modo crecientemente histérico, que se acabó la fiesta para los delincuentes. ¡Vaya qué fiesta! Eso mismo deben haber pensado quienes, a fines de 2010, murieron carbonizados en San Miguel por vender discos compactos sin pagar royalties.</p>
<p>Pues bien, si sumamos los que no pueden salir a aquellos sujetos a restricciones –este último guarismo es un misterio-, los chilenos carentes de libertad deben totalizar, sin exageración, más de 300 a 400 mil personas, a saber, una urbe como Valparaíso. Y si agregamos a los sujetos con antecedentes…quizá sea mejor detenerse en este punto.</p>
<p>Que en Chile se castiga la pobreza y que el sistema punitivo del Estado persigue fundamentalmente este objetivo, dejó de ser una novedad hace mucho tiempo.</p>
<p>Es cierto que algo similar ocurre en Estados Unidos, Europa y el resto de Sudamérica, si bien jamás de la manera en que se practica en nuestra patria.</p>
<p><strong>Aquí, simplemente es impensable que alguien de La Dehesa, Lo Barnechea o Santa María de Manquehue vaya a prisión, salvo excepciones tan fuera de lo común, que por lo mismo son noticia de primera plana y figuran en programas estelares –como el caso de Pilar Pérez- juzgada y condenada por el público antes de recibir un veredicto definitivo.</strong></p>
<p>Sin embargo, los pobres, los pobres de solemnidad, empleando la odiosa nomenclatura de los códigos Civil y Penal, ingresan en masa a las penitenciarías y eso es lo más natural del mundo, es inevitable, ellos tienen la culpa.</p>
<p>¿La culpa de qué? De ser rotos, flaites, desagradables, pelientos, tener mala pinta, ser cochinos, ser hediondos, verse mal, usar vestimentas inapropiadas, en suma, y una vez más, ser pobres. Por si fuera poco, son flojos, no le han trabajado un cinco a nadie, les gusta ser como son, en fin, han obtenido su merecido. Y los sucesivos gobiernos, de todo signo, los reprimen por eso y, de más está decirlo, ni por casualidad van a invertir una fracción del erario en mejorar la vida entre barrotes.</p>
<p><strong>¿Qué clase de vida? Una existencia atroz, deleznable, espantosa. Una subcultura sin letras, sin ciencias, sin arte, sin nada de lo que nos hace mejores. Un mundo donde no cabe ningún aspecto que no sea la subsistencia, ni una sola cosa que se acerque, ni remotamente, a lo que nos hace distintos de los animales y que, a la inversa, nos torna en peores que las bestias feroces.</strong></p>
<p>Un pobretón, sobre todo si ha estado en la cana, deja de leer, deja de estudiar, se embrutece. Así como a ningún habitante de La Pincoya se le verá jamás en el Teatro Municipal, a ningún ex procesado se le preguntará si le gusta<em> La Traviata</em>, porque con toda seguridad replicará si eso se come con mayonesa o salsa de tomate.</p>
<p><strong>Los presos, por más que sea una obviedad decirlo, son ciudadanos, tienen los mismos derechos humanos que todos y poseen garantías legales y constitucionales que pueden ejercer, dentro de los límites de su condición.</strong></p>
<p>Esto, que es una perogrullada que se enseña en cualquier colegio del orbe, y que también rige en Chile, se pasa olímpicamente por alto y decirlo es casi como defender conductas criminales per se.</p>
<p>Lo anterior, los derechos de los procesados, resulta, claro, letra muerta. En cuanto al acceso a la cultura: ¿van a conciertos, escuchan música, tienen libros, practican deportes, estudian? Otra broma de mal gusto, porque cada vez son más los chilenos que parten a Argentina, a Australia, a Uruguay, donde seguir una carrera sale gratis y las universidades son muy superiores a las locales.</p>
<p><strong>Nuestra literatura del presente, en especial la narrativa, muestra cero interés en el tema: los personajes son de clase alta o media acomodada, los problemas surgen en viajes a Nueva York o París, las angustias existenciales se presentan en Estocolmo, el sexo, preocupación omnímoda, se practica en Cancún, Madrid o Estambul. De la poesía, ni hablar. En el cine, el asunto es irrelevante.</strong></p>
<p>En síntesis, decididamente se trata de algo intrascendente, estéril, latoso, así que olvidémoslo. Las decenas de miles de chilenos arrinconados en celdas minúsculas por ser feos, sucios y malos, se lo buscaron y por eso están donde están.</p>
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