06 jul 2013

El Expreso de Oriente

De todas las cosas que hicieron célebre a Estambul, la que desapareció de manera más notoria es el Orient Express. Hoy cuesta encontrar algún vestigio de su grandeza y apenas una estación terminal, con un pequeño y discreto museo de una pieza, sin identificación alguna y a los pies del Palacio y Santa Sofía recuerda que reyes, millonarios, espías y artistas se trasladaron desde París, cruzando toda Europa, en coches de lujo y encanto.

Graham Greene y Agatha Christie lo convirtieron en el decorado central de sus novelas de intriga y misterio, y la llegada al Cuerno de Oro en Estambul siempre significaba la antesala de una nueva aventura, en medio del encanto del Barrio de Pera, quizás el rincón que mantiene inalterable el sello característico de los años 30, donde la ciudad, empujada por las reformas pero manteniendo el espíritu de Oriente, se abría nuevamente a los ojos de los occidentales en todo su esplendor.

La literatura turca está llena de reproches a la Europa que, tras la caída de Bizancio y al término de las cruzadas, le dio la espalda al Imperio Otomano, habló del final de una era y no del comienzo de otra y recién vino a reencantarse con una cultura extraordinaria gracias al Expreso que unía, con boato y pompa, los dos universos. Sea cierto o no el reproche, lo concreto es que sobrevivieron Santa Sofía y el Palacio Topkapi, las mezquitas y el acueducto de Valente, pero del tren no queda ni rastro.

De la selección ya hay poco más que decir. Fueron al Gran Bazar, que es un paseo obligado de futbolistas, aunque con centenaria historia. A los jugadores les gusta comprar y el mall, como a casi todo el mundo. No están para regateos –porque el tiempo es corto- y Turquía ofrece joyas, alfombras, lámparas, seda y un amplio abanico de productos en sus varios mercados, aunque dado a elegir me quedo con el de las especias, ubicado junto al embarcadero, al lado de la Mezquita Nueva, que es más grato, más pintoresco e igual de abarrotado.

De Ghana y el partido sólo cabe la espera, entendiendo que estar entre los cuatro primeros sería un logro extraordinario e importante para la selección. Y para un Mario Salas que ayer debe haber estado confundido. En un diario lo daban como seguro para encabezar el proceso sub 17 que tiene un mundial como local en el 2015; en el otro anunciaban que Hugo Tocalli llegaba para asumir la dirección de todas las juveniles.

Un Salas que, de ganar, tendría que tomar otra decisión importante. Si queda entre los cuatro mejores, lo van a invitar a La Moneda, como a Bielsa, quien tuvo que ir sólo por pasar a la segunda fase, con los resultados por todos conocidos. ¿Irá de buena gana el hombre que admira al Ché al palacio de gobierno? Le preguntamos el otro día y sólo dijo: “no coments”, en perfecto inglés. Quién sabe qué significa eso.