El barrio rojo

30 de marzo, 2011

La nueva vecindad chilena tiene –después de diez días de gira- un perfil definido.

En la hora del adiós, la cara de Mancilla, obviamente, no era de las mejores. Uno de los mejores hombres de área en México jamás ha podido realizar un buen partido en la Roja. Lejos del gol, lento en los contragolpes, sin encontrar una posición, lo suyo fue una nueva pérdida.

También lo de Pinilla. En su mejor momento, maduro y concentrado, parece un veterano en la selección pese a la laguna de cinco años que tiene en las imposiciones del seleccionado. Si sigue lesionándose, no va a llegar a Copa América, aunque su rival de más peso, Humberto Suazo, está entre algodones.

Pese a que resucitó, a Matías Fernández todavía le queda en el camino de ser el dueño del mediocampo del equipo. Como a veces se pierde, Alexis Sánchez baja en exceso y tiende a complicar la salida. Casi siempre lo bajan con infracción, lo que ralenta el armado, y hace perder posiciones a Mauricio Isla, uno que siempre se muestra aunque lo pescan poco.

Abordando el avión, la cara de la mayoría es, sin embargo, generosa en la sonrisa. Bravo, Ponce, los dos stoppers, Vidal y Medel que pueden convertirse en una de las grandes duplas históricas del fútbol chileno. Beausejour, luchando por quedarse con un puesto donde la competencia será dura con Mark González.

Pero la mejor de las sonrisas en Amsterdam es la de Claudio Borghi, quien por fin puede hablar de lo suyo y no de las comparaciones. Metió el concepto de doble 5 y pronto intentará imponer el doble 10. Se compró con estas dos presentaciones un poco de paz y ahora proyecta Copa América a su manera, con su estilo, en sus términos.

Maduró en su paso por Argentina y eso se nota en que flexibiliza al equipo, juega con las líneas, impone criterios y no estresa.

En la capital holandesa, cuando aún no florecen los tulipanes, se cierra otro capítulo de la Roja. Otra vez con la cara llena de risa.

El Tribunal de La Haya

29 de marzo, 2011

El partido contra los colombianos no sólo dejó una victoria, sino varias conclusiones valiosas. La primera, la diversidad táctica que utilizó el equipo para encarar los distintos momentos del partido.

Si le gustan los números, aquí están las fórmulas:

(3-4-1-2) Contreras, Ponce, Jara; Isla, Vidal, Medel, Beausejour; Fernández; Sánchez y Mancilla.

(4-2-2-2) Isla, Contreras, Ponce, Jara; Vidal, Medel; Fernández, Jorquera; Sánchez y Muñoz.

(3-3-2-2) González, Ponce, Jara; Isla, Medel, Estrada; Fernández, Jorquera; Sánchez y Muñoz.

Si le gusta el balance más conceptual, le diremos que Borghi quedó feliz con Bravo, con el bloque defensivo, con los tiros libres de Matías y con el desempeño de los dos carrileros, Beausejour e Isla. Pero aún tiene dudas con respecto al “doble 5″, a lo que él llama “el referente de área”, a la capacidad de Matías Fernández de controlar el mediocampo cuando la presión rival es mucha. Por eso ensayó algo que, dijo, hace mucho tiempo no hacía: el doble 10, con el hombre del Sporting y Cristóbal Jonquera, pensando seguramente en la recuperación de Jorge Valdivia.

Si le va más a las emociones, habrá que puntualizar que la victoria le sienta bien en la búsqueda de lograr la tranquilidad que le pudo ser muy esquiva, porque la nostalgia por Bielsa es mucha, de manera absolutamente comprensible. Pedir vértigo, presión, llegada constante a esta escuadra será saludable para la exigencia de los jugadores y la misma estrategia, pero quedó en claro contra Colombia que la mano viene con más preparación de la jugada, más pausa y una mayor flexibilidad para manejar los tiempos y el espacio si se está en ventaja.

Me atrevería a decir que los únicos que no sacaron cuentas alegres con la gira fueron los delanteros centro. Mauricio Pinilla porque otra vez el físico lo dejó al margen. Y Héctor Mancilla porque en una nueva oportunidad no debe haber llenado el gusto del técnico, que quiere más movilidad y capacidad para encarar para la función.
La Haya fue un buen tribunal para medir las capacidades de este equipo. Y la presentación nacional estuvo a la altura de las circunstancias.

La buena yerba

28 de marzo, 2011

Los coffeeshops de Holanda son una atracción turística tan importante como los molinos de viento, en desuso desde hace casi medio siglo. Son locales que proliferan en toda la ciudad donde, en resumidas cuentas, se vende y se consume marihuana. Ya sea en su variante más tradicional o en infusiones, pastelería (tortas o muffins) y otras menudencias. Se vende, también, como souvenir en pequeñas cajitas, algunas de etiqueta explícita y otras eufemísticas. Simpático.

También los molinos, que comenzaron a ser reemplazados a comienzos del siglo XX por máquinas a vapor en la lucha por detener las mareas, aunque hay varios que resisten dignamente el paso del tiempo. La tercera parte de Holanda está bajo el nivel del mar, pero fue recién después de la tragedia del 1 de febrero de 1953 -donde murieron casi dos mil personas, pueblos enteros quedaron arrasados y los principales terrenos de agricultura cubiertos por el mar- que se desarrolló el Plan Delta, una tarea titánica que comprendió varias décadas, millonaria inversión y mucha creatividad para construir la “octava maravilla del mundo”.

La barrera de Scheldt es un enorme dique de contención en medio del mar, compuesto por 62 compuertas que se activan en el plazo de una hora cuando las marejadas amenazan con desbordar las barreras terrestres. Sólo así los habitantes de las zonas inundables viven con tranquilidad, cultivando las flores más famosas de la comarca: los tulipanes, que por esta época están lejos aún de florecer, porque el invierno no escapa.

Tampoco puede huir de su destino Claudio Borghi, quien está empeñado en sacudirse de las comparaciones. Cuando estuvo en Colo Colo se cansó de ser campeón con un fútbol gustador y ofensivo, y perdió la Copa Sudamericana en casa por negarse a defender una ventaja. Pero los tiempos que corren lo obligan a mostrar sus credenciales en cada desafío, a cada rato, en cada entrevista.

Ahora se viene Colombia y, ofensivamente, su idea está clara. Si dispusiera de todos los jugadores, la formación de mediocampo hacia arriba ya está resuelta. Le falta afinar el fondo y, por supuesto, la mecánica de contención cuando la marea se viene mala. Una suerte de Plan Delta, para poder vivir tranquilo. Sin necesidad de comerse un muffin verde.

En Rotterdam, sin pasado

27 de marzo, 2011

 

Rotterdam es el mayor puerto del Viejo Mundo y una ciudad sin sello. A ratos ni parece Europa, por el contraste en sus calles: modernidad arquitectónica sin límites, con pequeñas pinceladas de tradición dispersas por sus calles.

Y es que la ciudad que hoy cobija a la selección tuvo que hacerse de nuevo tras los constantes bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, que arrasaron con todo vestigio de la cuidada estructura que su pasado esplendoroso le habían otorgado.

Rotterdam es una ciudad sin pasado, y lo poco que tiene debe convivir con un pragmatismo feroz que busca optimizar los espacios, darle vida a una urbe que se nutre de su actividad portuaria y de un país que crece obsesionado con quitarle unos metros más al mar cada año.

La Roja de Borghi llegó a Rotterdam con sentimientos encontrados. El resultado frente a Portugal fue bueno –muy bueno- pero la manera en que lo consiguió da pie para la autocrítica. Estos jugadores, ganadores todos, saben que terminar el partido ahogados contra su propio arco, reventándola y sacrificando toda opción de contragolpe no era lo que se perseguía, por más calificado que fuera el rival.

¿Por qué pasó? Hay varias razones para explicarlo.

1. Al igual que en el Mundial, faltó un referente de área. Y tal como pasó en Nelspruit, al fallar el plan A y el B, la alternativa elegida por el técnico no fue considerada. En el movimiento de piezas perdieron Vidal, el ensayo del doble 5 titular, y Beausejour.

2. El cambio de Fierro por Jean no dio los resultados esperados, Chile perdió salida, Isla se retrasó en exceso y Portugal, que es un rival de toque pulcro, presión constante y jugadores profundos, le sacó provecho a las circunstancias.

3. Y, pese a lo importante que fue recuperar el gol y de tiro libre, Matías Fernández sigue en deuda a la hora a comandar al equipo, de sacarlo del fondo. Y ahora fue peor, porque no tenía muchos para descargar ofensivamente.

Entiendo –y lo hemos dicho- que para los más ultra partidarios del bielsismo la apuesta más segura es al fracaso para ver entronizadas sus teorías. Y el resultado los deja a medias tintas: es bueno, pero fome, como gustaba decir un amigo mío. Nos acostumbramos al protagonismo, aunque contra rivales encumbrados nos costara derrotas y desequilibrios de juego.

Es como Rotterdam, una ciudad que perdió su pasado de manera traumático. Y que tardará en definir lo que quiere ser.

El regreso de Matigol

26 de marzo, 2011

Tal vez en la más grande diferencia establecida con respecto a su antecesor, la conferencia de prensa de Claudio Borghi tras el empate transitó por el terreno de la sensibilidad. Confesó que estaba nervioso –mezclado con la ansiedad, dijo- y que antes del partido la charla no fue la habitual.

Logró un empate, lo que es muy bueno considerando la envergadura del rival, y fundamentalmente corrigió los errores del primer tiempo donde el cambio de esquema y la ausencia de un “referente de área” condicionó el esquema. La responsabilidad de Medel y Carmona crece. Cuando lo necesitó, la selección defendió con rigor y disciplina, pero en mi criterio terminó muy ahogada tras la salida de Beausejour, cuando Alexis se quedó muy solitario en punta.

Si hay que destacar figuras me quedo con Mauricio Isla, que llenó la banda en el primer tiempo y en el segundo se sumó a las necesidades del cuadro. Vidal, en un puesto que no ocupaba hace tiempo, tuvo dificultades con Nani en el arranque, pero luego le tomó la mano. Los tres del fondo, superados en número en los momentos de duda del comienzo, terminaron siendo vitales. Y Matías, sin tener la gravitación que requerimos, recuperó el gol y a través de tiro libre. El técnico confesaba que para darle confianza fue el dueño absoluto, sin nadie que se le acercara.

Entre los méritos del debut, Borghi debería sumar además la capacidad para leer al rival, porque sabía de la presión de los lusos sobre la salida –y la resolvió- o el repliegue para salir en velocidad con pelota al pie.

En esta fría noche de Leiria el sabor de boca es dulce. Es un equipo que jugó condicionado, que terminó atrincherándose pero que sacó la tarea con mucha dignidad adelante.

Un buen comienzo de la nueva era.

Sócrates

25 de marzo, 2011

En Portugal nadie habla del partido, y la culpa es de Sócrates. José Sócrates, el jefe de gobierno que decidió renunciar porque la oposición le rechazó por cuarta vez el plan de austeridad para sacar al país de la crisis. Mientras la derecha local quiere un plan de rescate, el gobierno se resiste, y los lusos se convirtieron  en el centro de Europa por culpa de la peor caída económica y política de las últimas décadas.

También por Libia, que hace subir el precio de la gasolina. Y de Cristiano Ronaldo, que se marginó de la convocatoria por lesión. Igual, se anticipa que la gente de la comarca llenará por primera vez en años el Municipal de Leiria, con precios que van entre los 5 y 20 euros.

El jueves, tras la práctica vespertina, Borghi se resignaba. Se quedó largo rato sentado junto a Jaime Vera, seguramente maldiciendo el “estigma del nueve”. Los cuatro delanteros centro que convocó se le lesionaron o enfermaron. Por eso, cuando le pedimos que ratificara la formación, dio más luces que otros días. Se decidió por Ponce como líbero, Contreras y Jara como stoppers; Isla, Carmona, Medel y Vidal en el mediocampo, Matías en el enganche, con Sánchez y Beausejour en la ofensiva. Eso claro, si Mancilla no se recupera de su gripe.

Son todos mundialistas y el mediocampo ofrece una mezcla interesante de marca y despliegue. Como una cruel paradoja del destino, Borghi en su debut tiene el mismo problema que enredó a Bielsa en la Copa del Mundo: el delantero centro, vital en ambos esquemas. Mientras en Sudáfrica se buscó una fórmula sin encontrarla -se anotaron apenas tres goles en cuatro partidos- en este arranque de proceso habrá que ver si esa variante significa un juego más cauteloso del que pretendía Borghi.

La cosa en Monte Real estaba tranquila hasta que aparecieron los dirigentes. Al final de la conferencia de prensa de Sergio Jadue, casi cayéndose, le tiraron un anzuelo tentador y picó. “Este partido con Portugal fue pactado por la dirigencia anterior y significa una pérdida de 100 millones de pesos para la ANFP”, espetó. Habría muchas maneras de responder -y estoy seguro que lo harán- pero es impresentable, en la antesala de un duelo de primer nivel, confundir el costo con la inversión.

De rotos fijarse en gastos, como diría un cuico -que los hay en la actual mesa- ante ese desatino sin nombre. Deberían aprenderle a Sócrates, que en medio de una crisis devastadora y cruel, mantiene la dignidad.

Sobre vírgenes y pecados

24 de marzo, 2011

En septiembre del 73, a poco del golpe, los jugadores de la selección chilena, sometidos a fuerte custodia en Moscú, decidieron ir a dar un paseo por la Plaza Roja. Se sacaron fotos, con el  convencimiento absoluto de que jamás volverían a estar allí. Al día siguiente le empataron a la Unión Soviética y clasificaron al Mundial. Las imágenes las muestran como piezas de museo.

En 1985, los hinchas uruguayos querían destrozar -luego del partido lo hicieron- el mítico Hotel Columbia. Allí alojaba la selección de Pedro Morales que luchaba por un cupo a la Copa de México 86, en un clima muy hostil. Carlos Caszely, hastiado de la concentración, pidió permiso al técnico para ir a dar una vuelta por el Mercado del Puerto. Se lo negaron rotundamente. El “Chino” quedó malhumorado, pero hizo un gran partido, aunque se perdió dos a uno.

En 1998, la selección había clasificado a la segunda fase del Mundial y llegaba nada menos que a París, para enfrentar a los brasileños. Quedó alojada a media cuadra del Palacio de Versalles. Y no fueron. Prefirieron un tour en secreto por la Torre Eifel y otros sitios turísticos, donde fueron plasmados por los reporteros gráficos, que de casualidad estaban ahí. Tras la goleada en contra, la gente que no quería a Acosta estigmatizó el periplo diciendo que eso no se hacía, y que París no valía el paseo.

Durante la época de Bielsa, el rosarino dejó en claro su pasión por los paseos. En su debut, en Austria, salió a recorrer la ciudad en una bicicleta, pero se molestó cuando lo grabaron. Después, eran frecuentes sus salidas casi siempre tratando de mantenerlas en secreto. La más célebre fue al Muro de los Lamentos -donde otra vez fue sorprendido- y las más extraña la de Sudáfrica, donde pasó frente a la prensa en auto, lo siguieron durante un kilómetro y decidió volver a Ingwenyama.

De hecho, en Sudáfrica los seleccionados fueron solo al mall de Nelspruit. Y es que entre la raza futbolera, el shopping es lo que más gusta. El régimen de las concentraciones es estricto, permite pocas opciones de esparcimiento y en el álbum familiar de los jugadores casi nunca hay fotos turísticas, sino de estadios.

Todo esto porque ayer Claudio Borghi confesó que le encantaría conocer Fátima, que tuvo un técnico que estando en Egipto no lo dejó ver las pirámides (lo que todavía no ha perdonado) y que había algunos jugadores que no querían ir al santuario en la mañana libre… porque podrían decir que estaban paseando el día previo al partido.

Habrá, seguramente, opiniones para todos los gustos. Mañana trataré de ir a Fátima -que no estaba en mis planes porque prefería Coimbra- para ver qué se perdieron. Y si me los encuentro la próxima semana en el Barrio Rojo de Amsterdam no dejaré pasar la oportunidad de hacer un escándalo. Por incultos y profanos.

La casa mediterránea

23 de marzo, 2011

Todas las casas de Portugal son blancas. Y con techo de tejas. Lo que se da en llamar la casa mediterránea, que tanto gusta en Chile. Hoy, camino a Praia do Rei, el idílico sitio de concentración de la selección lusa, apareció el país profundo, rural, increíblemente hermoso.

En Obeirias, el pueblo más cercano, un imponente castillo construido sobre el monte dejaba sentir su presencia sobre una campiña soleada y sembrada de pequeños caseríos, todos en altura para no quitar espacios a la agricultura.

Por la tarde, todo fue más terrenal. El entrenamiento de la selección estuvo matizado de anécdotas. La más comentada fue, sin dudas, la intervención policial para impedir que los camarógrafos y reporteros captaran, parados sobre un basurero y a través de una reja, las incidencias del entrenamiento. Las dudas sobre la formación son varias y como las prácticas siguen secretas, se recurrió a la vieja práctica jamás abandonada, que garantiza información para el público y entretención para los enviados especiales.

Cuando los oficiales llegaron en su patrulla, acusaron que se habían lanzado piedras dentro del estadio. Incidente menor que culminó con cierta gracia, un par de chistes por lado y el final del punto de observación. Las dudas siguen siendo las mismas: un stopper y el carrilero por la izquierda, a la espera de la recuperación de Beausejour. Y lo seguirán siendo, gracias a la intervención policial.

La segunda fue la improvisada charla de Borghi con los reporteros, con la ventanilla de su auto abierta. La pregunta que le sorprendió fue por qué acarreaba los bolsos de la utilería, a diferencia de su antecesor. Se traslada en la camioneta de la utilería y no en el bus con los jugadores, marcando su propio estilo, sin pudores.

Por la mañana, Arturo Vidal había dicho que las comparaciones molestaban al plantel, sobre todo a los que habían trabajado con el “Bichi” en Colo Colo. Fue el único jugador que habló en toda la jornada, justo cuando la campana de la iglesia de Monte Real tocaba la una de la tarde.

La hora en que la gente del pueblo comienza a recogerse para almorzar y luego dormir una larga siesta. A las tres y media de la tarde, ni un alma se ve por las calles de casas blancas y tejas rojas. Las mismas que imitamos con tanto afán allá en Chile.

La Rotonda

23 de marzo, 2011

 

En Portugal lo que se impone es la rotonda. Las hay por cientos, a cada rato y en cualquier vía, incluidas algunas carreteras de bajo tránsito. Sirven para regular el flujo, para unir varias calles, para bajar la velocidad pero, sobre todo, para perderse. No hay GPS que sirva para una rotonda, aunque la vocecita españolizada te diga que tienes que tomar “la tercera salida”. Acabas casi siempre volviendo por donde entraste.

Casi como una alegoría de la rotonda estamos, en algunas materias, peor que como veníamos. Si antes nos quejábamos porque había dos jugadores por día para entrevistas… ahora hay sólo uno. Quisiera decirlo con claridad: uno quiere conversar con los jugadores (en una entrevista, por cierto) por dos razones. La primera es recabar información, tener noticias. Si está lesionado, que le parece el rival, si ha percibido el cambio de mano, lo bien que está jugando en su liga. Esas cosas que matizan los programas y dan para el fluido y sagaz intercambio de pareceres entre los comentaristas. Información sazonada con opinión, sabrosa mezcla esquematizada, porque la conferencia de prensa reduce los matices al no permitir la contrapregunta y, sobre todo, al despersonalizar el diálogo.

La segunda razón por la que es bienvenida la entrevista es porque permite el crecimiento. Del que pregunta, del que contesta, del que escucha o del que lee. Compartir experiencias -futbolísticas y humanas- hace más entretenido el juego, más grandes a sus cultores, más universales sus talentos. En esta selección hay jugadores que militan en la liga italiana, la española, la inglesa y la alemana. O sea, las mejores cuatro ligas de Europa. Algo habrá para contar, que por eso la gente consume y a veces compra el buen trabajo periodístico. Así fue siempre y así debería seguir siendo.

Debe ser por lo viejo que me puse de repente, pero añoro las entrevistas de antaño -las mías y las de los otros- que recorrían universos increíbles, llenos de anécdotas, personajes, fábulas y escenarios que me encantaría volver a recorrer, pero que parecen un campo vetado hoy. La posibilidad de abrir esas llaves tiene limitantes económicas y logísticas de parte de los jugadores y de los medios. Cuando estas estrellas se juntan, en la selección de más talento colectivo en la historia, el asunto se torna, paradójicamente, muy fome.

Cubrir a la selección en estos tiempos es aburrido. No se ve ni se escucha. No se aprende de las prácticas -que las esconden- ni de los dichos – que los evitan-, tornando el seguimiento en una serie de tácticas de espionaje y de malabarismo periodístico que de entretenido – para el auditor o el lector- tienen muy poco.

Ayer, por ejemplo, seguí al bus de la selección, en doble turno, un total de 70 minutos. Me dejaron ver veinte minutos de entrenamiento y hablar otros quince – en lote- con Pinilla. Estuve más de dos horas parado en la puerta del estadio de Marinha Grande hablando con otros periodistas tan lateados como yo. Y para eso, prefiero perderme en una rotonda para caer relajadamente en un pueblo cualquiera donde vendan un buen bacalao, vino de espíritu y se escuche el fado.

Pero estoy seguro que mañana, otra vez, haré guardia silenciosa en espera de una buena historia que difícilmente llegará.

Redención y cambio

22 de marzo, 2011

 

En las inmediaciones de Leiria hay una infinidad de pueblos pequeños, coloridos y acogedores. Uno de ellos, Monte Real, tiene las aguas termales como atractivo. Junto al hotel de la selección, un castillo reacondicionado, existen hostales y pensiones que acogen a los turistas en verano, pero que en esta época -recién saliendo del invierno- acogen a personas mayores que se sientan en los portales mirando pasar los autos, que no son muchos.

En la quietud del lugar, Claudio Borghi prepara su fórmula. Reunió en su primera práctica a todos los jugadores y les habló en tono acogedor para dar inicio a su gestión. No será, como algunos pensaron, una selección de puertas abiertas y acceso fácil, aunque ya los cambios son evidentes.

Hubo, por ejemplo, mucho trabajo de balón en ese primer entrenamiento, diálogo aparte con Matías Fernández, espera en el bus a que la conferencia de prensa de Pinilla finalizara, Alexis Sánchez haciendo malabares con el balón sin que nadie lo frenara.

Hubo práctica secreta igual, y normas rígidas y severas a la hora de atender a la prensa. Y en cancha la nueva fórmula se sabrá pronto, aunque se adivinan tres al fondo, dos carrileros, dos volantes centrales, un enganche y la dupla ofensiva. Ponerle nombres es una tentación abierta, ejercicio que podemos hacer todos.

Bravo; Ponce; Vidal y Jara; Isla, Carmona, Medel, Estrada (José Rojas); Matías, Alexis y Pinilla. Los invito a poner sus propios nombres, porque creo que esa estructura puede variar antes del duelo con los portugueses.

Por lo pronto, el momento más jocoso de la conferencia de Mauricio Pinilla fue cuando confesó que ya estaba viejo. “Tanto que ya ni existe la Kamasú”, le gritó desde el fondo de la sala a Milton Millas.

“Soy como el nuevo del curso, pero ahora son otros los que tiran la talla”, repite el delantero del Palermo, que reconoce haber pagado sus culpas.

Yo creo en la redención, en los tipos que vuelven desde el infierno, como Clint Eastwood en “Los imperdonables”. Y en esta selección, hecha de tipos jóvenes pero veteranos, parece haber ganas de mostrar la verdadera cara del Chile futbolero. Esa que se nos transformó en rictus con el tema de las elecciones.