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	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Miguel Morales</title>
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		<title>Día del libro y limitantes económicas</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Apr 2012 19:33:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[Sin ser un devoto de la obra de Nicanor Parra, es imposible no alegrarse por el reconocimiento que se realiza a la literatura chilena mediante el premio Cervantes con que se galardona al autodenominado “anti”-poeta. Pero al mismo tiempo que &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20120424153339/dia-del-libro-y-limitantes-economicas/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sin ser un devoto de la obra de Nicanor Parra, es imposible no alegrarse por el reconocimiento que se realiza a la literatura chilena mediante el premio Cervantes con que se galardona al autodenominado “anti”-poeta.</p>
<p>Pero al mismo tiempo que es difícil no alegrarse, cuesta celebrar con genuina alegría el día del libro como un acontecimiento nacional e institucionalizado.</p>
<p>La elección del 23 de abril para celebrar el día del libro se explica como un homenaje a las figuras de Miguel de Cervantes y Saavedra y William Shakespeare, ambos fallecidos el 23 de abril de 1616, así como del Inca Garcilaso de la Vega, el primer gran escritor nacido en tierras americanas, específicamente en lo que hoy corresponde al Perú.</p>
<p>En Chile, se ha vuelto recurrente de un tiempo a esta parte celebrar dicho acontecimiento de manera institucional. La Feria del Libro que se instala frente a la Catedral Metropolitana desde hace ya varios años es una muestra concreta de esto.</p>
<p>No obstante, me cuesta celebrar con alegría genuina este día en nuestro país. ¿El motivo?No un pesimismo, sino un duro constatar de la realidad editorial y lectora en nuestro país.</p>
<p>En efecto, basta darse una vuelta por las librerías (tanto de libro nuevo como usado) para advertir que Chile es uno de los países donde más caro son los valores de los libros: un texto nuevo de un autor consagrado puede llegar a costar, por lo bajo, 6 mil pesos cuando se trata de una edición popular o de bolsillo, mientras que en una edición rústica o de lujo puede llegar a valer sobre los 20 mil pesos.</p>
<p>Alguien podrá decir que en Europa o Estados Unidos (con los que tanto nos gusta compararnos), los libros valen prácticamente lo mismo que en Chile. Verdad absoluta, que sin embargo ignora la realidad socioeconómica del grueso de los chilenos: <strong>mientras en Europa un libro de 30 euros significa, aproximadamente, el 2% del sueldo mínimo, en Chile un libro de 20 mil pesos equivale a alrededor del 12% del sueldo mínimo de un chileno. </strong></p>
<p>Es decir, si usted quiere leer dos libros de autores consagrados, probablemente tendrá que gastar el 25% de un sueldo mínimo.</p>
<p>Para peor, las editoriales independientes que intentan sacar adelante ediciones económicas de una serie de libros, rara vez cuentan con el apoyo suficiente del medio para lograr masificar los textos que publican así como para mantener en el tiempo su trabajo.</p>
<p>En el día del libro, antes que auspiciar grandes celebraciones institucionalizadas, lo que debería hacer el Estado de Chile –entendiendo que este problema es una situación que se arrastra desde hace más de treinta años- es ejecutar alternativas concretas para facilitar el acceso al libro.</p>
<p>Pues si bien es cierto que en Chile no tenemos hábitos lectores –como podrá argumentar alguien contrario a esta idea-, también es cierto que para el que quiere leer, el acceso a la lectura se convierte en un lujo.</p>
<p>Una alternativa posible, que el Estado podría estudiar, es reimplantar un trabajo similar al acometido por la Editorial Quimantú entre el año 1972 y 1973. El libro era popular, y además tenía el auspicio de una serie de escritores que estaban dispuestos a renunciar a grandes sumas de dinero, siempre  que sus libros fueran editados en tiras superiores a diez mil ejemplares, las cuales se vendían a módicos precios en las calles de la ciudad.</p>
<p><strong>Otra alternativa posible sería lo hecho recientemente por Venezuela, cuyo Estado creó una imprenta nacional, gracias a la cual libros de 300 páginas, por ejemplo, pueden ser vendidos en precios inferiores a los dos mil pesos.</strong></p>
<p>En el día y la semana del libro, sería bueno colocar este debate sobre la palestra pública, antes de celebrar el libro como un acontecimiento romántico. Lo de Nicanor Parra, por ejemplo, es grandioso, pero de nada sirve que solo unos pocos, los mismos privilegiados de siempre, puedan acceder a sus libros.</p>
<p><strong>Al final, el tema de la piratería del libro se vuelve un chiste tragicómico en Chile: si bien la piratería daña a las editoriales y a los autores, a veces es el único libro que puede costear un chileno que gane un sueldo cercano al mínimo.</strong></p>
<p>No se entienda lo anterior como una defensa de la piratería. Entiéndase, en cambio, como una cruda realidad: una editorial nacional suele colocar en la contratapa de cada uno de sus textos, un aviso que dice “cuidado, la fotocopia mata el libro”. Sin embargo, para muchos –me incluyo-, la fotocopia a veces es lo único que alcanza.</p>
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		<title>Aborto terapéutico: ¿humanismo o autoritarismo?</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Mar 2012 15:37:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[Escuchando la discusión sostenida por las senadoras Ena Von Baer e Isabel Allende esta mañana en Radio Cooperativa, llama la atención que tanto la congresista UDI como la socialista esgriman argumentos de corte “humanista”, por llamarlo de un modo uniforme, &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/salud/20120314113753/aborto-terapeutico-humanismo-o-autoritarismo/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escuchando la discusión sostenida por las senadoras Ena Von Baer e Isabel Allende esta mañana en Radio Cooperativa, llama la atención que tanto la congresista UDI como la socialista esgriman argumentos de corte “humanista”, por llamarlo de un modo uniforme, para defender dos posturas diametralmente opuestas en lo que respecta a la opción de “legislar” acerca del aborto terapéutico.</p>
<p>En efecto, mientras la senadora Von Baer sostiene que votará en contra de legislar porque cree que hay que “proteger la vida de los seres humanos siempre, yo estoy en contra de la pena de muerte; en contra de que pongamos en duda la vida del ser humano incluso antes de nacer”, la senadora socialista cree que la mujer tiene derecho a que no le impidan poner en riesgo su vida o su cuerpo producto de la legislación existente.</p>
<p>Que una senadora suscriba una posición distinta a la de la otra no es un problema. Eso está bien, más allá de que compartamos o no alguna de estas posiciones.</p>
<p>El problema es que ambas sostengan ideas humanistas –además de las razones médicas- para defender posturas diferentes, lo que, a la larga, lleva a una confusión acerca de lo que se entiende por “humanismo”, a propósito del tema en cuestión.</p>
<p>Si bien es cierto que un humanista –en cuanto visión de mundo- respeta la vida humana y rechaza cualquier “fin” que justifique como “medios” colocar la vida humana en discusión y peligro, también es cierto que la más alta concepción humanista suscribe irrenunciablemente la libertad de juicio de cualquier individuo para realizar un acto basado en su voluntad y entendimiento personal, en desmedro de la obligación impuesta por la fuerza física, legal/legislativa y/o política.</p>
<p>Es evidente que lo anterior puede llevar a un vicioso círculo “argumentativo” por parte de quienes quieran defender cualquiera de las dos posturas.</p>
<p>Ejemplo claro de esto es lo que sucede en el caso de la senadora Von Baer y la senadora Allende: la primera, que se niega al aborto terapéutico en base al argumento del respeto a la vida humana, rechaza la libertad de decidir en este tema amparado en el respeto irrestricto a la vida; mientras que la segunda está por legislar y aprobar el aborto terapéutico basada en la libertad de decidir de la mujer.</p>
<p>Pareciera que nos quedamos sin solución concreta a causa de este círculo vicioso, en el cual la posición ideológica que se adopta, en vez de basarse en la realidad, atiende más a la ideología. Después de todo, la religión, llevada al ámbito político, también es una ideología, del mismo modo que el dogma político es una religión cuando se lo arrastra al ámbito moral.</p>
<p>Sin embargo, si nos seguimos moviendo en el ámbito humanista, sí existe un punto de inflexión superior. Lo explicaré brevemente.</p>
<p>Albert Einstein, el principal científico del siglo XX, sostenía que todo ser humano, a raíz de su libre entendimiento, siempre tenía responsabilidad en las acciones que acometiera, fueran estas las más deleznables o las más nobles. Da igual: el hombre siempre será responsable de lo que hace.</p>
<p>Luego, como el ser humano jamás podrá “eliminar su responsabilidad” en los hechos  por él realizados, independiente de que la presión externa que puede disminuirla (como sucede, por ejemplo, en una agresión a otro en defensa propia), lo que hay que proteger es la libertad del hombre y la mujer para decidir por sí mismo.</p>
<p>Por consiguiente, si existe algo que va en contra de toda concepción humanista, es el sometimiento de la voluntad de los otros a la mía por medio de la fuerza (física o legal).</p>
<p>Es cierto que eliminar una vida también va en contra de la visión humanista. Pero todo humanista tiene conciencia de que él es un ser humano que vive en un mundo donde muchas veces las circunstancias lo llevarán a realizar actos dolorosos y desagradables.</p>
<p>No obstante, el ser humano nunca podrá eliminar su responsabilidad, independiente de si elacto es “bueno” o “malo”, como afirma Einstein.</p>
<p>Y en esa situación límite, la moral humanista siempre optará por la libertad de un individuo para decidir qué hacer.</p>
<p>En el caso del aborto terapéutico, un humanista respeta la decisión voluntaria de una madre que desee abortar, del mismo modo que respeta la decisión voluntaria de la madre que decide no abortar: ambas lo harán siguiendo lo que su voluntad les lleva a decidir.</p>
<p>Y en este punto, es donde creo que si bien es cierto que la senadora Von Baer profesa un argumento humanista para negarse a legislar,<strong> el hecho concreto es que con su negación, lo que está haciendo es esconder detrás de una careta humanista algo que va en contra de todo humanismo, que es la posición autoritaria, aquella que impone a los demás qué hacer y qué no hacer a raíz de una concepción ideológica egoísta.</strong></p>
<p>Nadie que se llame humanista puede estar a favor de la pena de muerte. Pero nadie puede obligar a una madre a una posible muerte –u otra secuela nociva para su persona- impidiéndole decidir qué hacer con su cuerpo. Esta actitud, a la larga, es otra forma de pena de muerte.</p>
<p>Y eso, después de todo, es lo más alejado que existe de una posición humanista.</p>
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		<title>La estrategia pinochetista de los bacheletistas</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Feb 2012 10:52:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[Recuerdo que hasta hace poco más de un lustro, cada vez que se cuestionaba públicamente la figura de Augusto Pinochet a propósito de las violaciones de DDHH acaecidas durante el periodo en que fue jefe de Estado, un considerable grupo &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20120228065208/la-estrategia-pinochetista-de-los-bacheletistas/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recuerdo que hasta hace poco más de un lustro, cada vez que se cuestionaba públicamente la figura de Augusto Pinochet a propósito de las violaciones de DDHH acaecidas durante el periodo en que fue jefe de Estado, un considerable grupo conformado por políticos, periodistas, algunos sacerdotes y simpatizantes, se sincronizaba de modo automático para defender la figura del “General Libertador” de las cadenas del marxismo, como solían llamarlo.</p>
<p>La estrategia de defensa se puede resumir en una acción recurrente y común: lanzarse a modo de jauría contra todos aquellos que se atrevieran a “difamar la gloriosa estampa de Pinochet”.</p>
<p>Más allá de este reduccionismo, la desvergonzada defensa poseía un par de rasgos comunes a la mayoría de las defensas y/o ataques que se realizan hacia una figura política de peso por parte de sus cercanos y partidarios o de sus detractores y rivales.</p>
<p>Esta estrategia se puede resumir en cuatro rasgos, identificados de forma magistral por el escritor mexicano Alfonso Reyes –el mayor genio poético, filosófico e intelectual nacido en Hispanoamérica- a propósito de una situación similar ocurrida en el México pos Revolución.</p>
<p>Los cuatros rasgos son: Pasión, Inercia, Evidencia y Desmoralización.</p>
<p>Respecto a la Pasión, señala el maestro hispanoamericano que si bien es un sentimiento noble, válido y necesario para estimular cualquier acción, se presenta de forma negativa cuando impide observar y analizar los hechos producto de los principios e ideales.</p>
<p>En el caso de los pinochetistas, la pasión y los principios impidió, e impide hasta el día de hoy, reconocer un hecho evidente: las violaciones a los derechos humanos, la muerte de miles de chilenos de mano de instituciones del estado solo por pensar distinto.</p>
<p>La Inercia, por otra parte, se traduce en la incapacidad voluntaria del intelecto (producto de la pasión) para objetivar los hechos, la evidencia, más allá de los ideales. Esto conlleva a que aquellos que defienden a la figura política de turno nieguen los hechos, como nos acostumbraron a hacerlo los pinochetistas (muchos de ellos aún con un alto grado de “inercia” hasta nuestros días).</p>
<p>La Evidencia es clara: los hechos concretos. La Desmoralización, por último, “se reduce a considerar el funesto efecto que tiene para la educación cívica [de un país] el escatimar el reconocimiento” de los hechos concretos que tanto daño le hicieron y le siguen haciendo a una sociedad.</p>
<p>Esta estrategia es un lugar común en la política, por lo que cualquier lector puede asociarla con el o los nombres que se le vengan a la cabeza. En mi caso, mi memoria política vivida, no la leída o la que me han contado, es joven, y a los primeros que asocio con dicha estrategia es a los pinochetistas.</p>
<p>En las últimas semanas, sin embargo, la conmemoración de un nuevo aniversario del terremoto del 27 de febrero volvió a colocar en la palestra una serie de situaciones políticas asociadas al 27-F: desde la lenta reconstrucción del país, hasta las negligencias de los organismos encargados de dar la alerta temprana de tsunami, lo cual hubiera evitado cientos de muertes.</p>
<p>En este punto, cada vez que los políticos de la coalición de gobierno se ven acorralados por los cuestionamientos sobre la reconstrucción, el contra-ataque se ha centrado en la figura de la ex-presidenta Michelle Bachelet y su responsabilidad aquella madrugada del 27-F en la Onemi.</p>
<p>Y he aquí que nuevamente somos testigos de la estrategia de defensa que antes solían usar los pinochetistas, esta vez ejecutada por los bacheletistas en defensa de Michelle Bachelet.</p>
<p>El mismo escuadrón que ayer se enfrentaba a la terquedad y vehemencia verbal de los defensores de Pinochet hoy asume la estrategia retórica terca y vehemente contra aquellos que se atreven a encarar la responsabilidad de Bachelet y su silencio.</p>
<p>Esta defensa no deja de ser desagradable, especialmente cuando leemos y escuchamos a gente como Andrade, Escalona, Tohá o Vidal, asumiendo un rol de escuderos de Bachelet.</p>
<p>Desagradable, desgastante, después de oír todos los días los mismos discursos pero en distintas personas, y estéril, porque no fecunda nada positivo para la latamente “desmoralizada” educación cívica de nuestro país.</p>
<p>Sería bueno para la sociedad que cuando hablamos del 27-F la discusión se centrara en otros aspectos, siempre con altura de mira, pero sé que esto es pedir demasiado a la clase política dominante.</p>
<p>Tal vez la ex-presidenta Bachelet podría ayudar sacando la voz de una buena vez, lo cual fomentaría dos cosas positivas.</p>
<p>Primero: desmarcarse de los bacheletistas que a nivel retórico y de accionar político están bastante lejos de la actitud integral y digna que ella siempre mostró, incluso yendo en contra de lo que su coalición le sugería. Y, segundo: dar una lección cívica a este país, asumiendo su cuota de responsabilidad política en esa fatídica madrugada en que cientos de personas fallecieron confiadas en la información entregada por ella a los medios.</p>
<p>Después de todo, era ella la máxima autoridad del país esa noche, y es ella la responsable política, como “Jefa de Estado”, tanto de los aciertos como de las negligencias sucedidas durante su mandato.</p>
<p>Sabida es ya la escasa responsabilidad técnica que le compete, pues fueron los organismos técnicos los que fallaron. Pero sabido es también que como jefa de Estado esa noche, lo positivo para el país sería que ella reconociera públicamente su mínima cuota de culpa, pues en ella fue que millones de chilenos confiaron la conducción de un gobierno que demostró ser incompetente para afrontar un cataclismo de la envergadura del que sacudió a Chile.</p>
<p>Como reza el dicho, siempre ha habido gente más papista que el Papa. Los personeros de la concertación son más bacheletistas que Bachelet. Está en la ex-presidenta Bachelet darles una lección a sus defensores, a sus detractores y, sobre todo, al país y su idiosincrasia, aquella que nos tiene acostumbrado a guardar silencio y evadir nuestras cuotas de responsabilidad.</p>
<p>Reconocer un error, una responsabilidad, siempre nos engrandece. Callar sin dar la cara, en cambio, muchas veces equivale a otorgar. Si la ex–presidenta, aun sin tener grandes responsabilidades, persiste en callar, no solo otorga, sino que también está aprobando a los bacheletistas que reproducen la estrategia de defensa política que hasta hace algunos años pertenecía a los pinochetistas.</p>
<p>Que los bacheletistas se parezcan en esto a los pinochetistas no significa que ella tenga que parecerse a Pinochet y a tantos otros que siendo ministros durante la dictadura, hasta el día de hoy se niegan a reconocer su responsabilidad política en los hechos.</p>
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		<title>Fondos de Cultura y la extraña forma de seleccionar</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 10:56:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[Como miles de personas, estuve la medianoche del sábado cuatro para el domingo cinco de febrero pegado al computador esperando los resultados de los fondos de Cultura 2012. Como miles de personas sin un nombre, sin “currículo”, grande fue mi &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20120207065609/fondos-de-cultura-y-la-extrana-forma-de-seleccionar/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como miles de personas, estuve la medianoche del sábado cuatro para el domingo cinco de febrero pegado al computador esperando los resultados de los fondos de Cultura 2012.</p>
<p>Como miles de personas sin un nombre, sin “currículo”, grande fue mi decepción cuando observé que mi proyecto no estaba seleccionado.</p>
<p>En mi caso particular, la evaluación fue “buena”, pero no “excelente”: 74 puntos en total.</p>
<p>No obstante, lo extraño es que tanto en el ítem Coherencia como en el ítem Presupuesto la evaluación es la misma: 74 puntos. Raro, si pensamos que en el financiamiento que solicitaba -aparte de la beca- era solo dinero para un computador con el cual llevar a cabo el libro.</p>
<p>Más raro, si consideramos que en “Impacto”, los 74 puntos van acompañados de un detalle que en lo único que se diferencia del rango máximo de puntaje (76 a 100 puntos) es que se identifica “un grupo de beneficiarios amplio y bien identificado por el postulante”, mientras en “bueno” solo se identifica “un grupo de beneficiarios bien identificado por el postulante”.</p>
<p><strong>Todavía más raro si pensamos que de obtener 75 puntos promedio, un proyecto podía ser elegible. Y más raro… bueno, podría seguir enumerando las cosas raras de la evaluación, porque extrañamente los cinco ítems que evalúan tienen 74 puntos, es decir, una evaluación uniforme para ítems muy diversos.</strong></p>
<p>Lo anterior sin duda resulta enigmático para muchos postulantes que, como en mi caso, obtuvieron calificaciones idénticas en los diferentes ítems, lo que lleva a pensar una de las dos siguientes opciones: o que nuestros proyectos, extrañamente, tenían el mismo nivel en cada ítem (coherencia, currículo, presupuesto, calidad e impacto) o bien que quien los evaluó simplemente asignó  un puntaje en general y luego en el detalle de cada ítem colocó siempre el mismo puntaje, a sabiendas de que es el modo más sencillo de lograr que una serie de calificaciones den un promedio estipulado de antemano. Gran falta de respeto a los postulantes, por lo demás.</p>
<p>La adjudicación  y selección de los Fondos de Cultura y de los Fondart también deja sueltas otras extrañas y tristes interrogantes. Sin ir más lejos, doy tres:</p>
<p>1.-El ítem de evaluación que corresponde a “Currículo” es un ítem que en el caso de aquellos jóvenes que hacemos nuestras primeras armas en las letras y el arte difícilmente puede estar saturado de referencias. Gran parte de los que postulamos a becas de creación emergente esperamos con estos apoyos financieros poder tener un sustento con el cual dedicarnos, por un par de meses, exclusivamente a escribir y/o desarrollar proyectos artísticos.</p>
<p>Tal vez la señal es que debemos esperar hasta cumplir cuarenta o más años para poseer mayores referencias y así, solo así, empezar a obtener financiamiento para “emerger”.</p>
<p>2.-Revisando las redes sociales, se puede apreciar de que muchas personas que obtuvieron evaluación excelente, incluso sobre los 95 puntos, no fueron seleccionados, mientras que otros con menor puntaje sí lo fueron. Esta situación no puede ser menos que impresentable, más si atendemos al slogan de la página de los Fondos de Cultura: “más simple, más transparente”.</p>
<p>Que existan proyectos no seleccionados aún teniendo más puntaje que otros seleccionados da pie para la sospecha acerca de cuán “profesional” fue la evaluación que se llevó a cabo.</p>
<p>En el caso de las becas de creación para escritores, ya es difícil confiar en la evaluación cuando, según las bases, la primera calificación, aquella en donde se definen los puntajes que determinarán qué proyectos pasan a la evaluación de la Comisión de Asesores,  es realizada “solo por un evaluador”: ¿qué sucede, por ejemplo, si el evaluador de turno es una persona a la que los temas tratados le afectan o no le gustan simplemente por opciones personales?</p>
<p>En cualquier evaluación seria, siempre son al menos dos personas las que evalúan un proyecto.</p>
<p>Esto se debe a un hecho concreto: difícilmente algo bueno será estimado malo por dos personas serias, y algo “reguleque” será estimado bueno por dos profesionales. Para mal consuelo, al aceptar las bases, único modo de poder postular, lamentablemente se aceptaba que sólo una persona evaluaría en primera instancia.</p>
<p>3.-Varios de los proyectos que más dinero ganaron y cuyos ejecutores fueron invitados al desayuno efectuado en el GAM el sábado cuatro de febrero, son proyectos ejecutados por personas o instituciones con las cuales se vuelve difícil competir, puesto que no solo disponen de un gran “currículo” (aquello por lo que varios proyectos bien evaluados no fueron finalmente seleccionados) y un equipo profesional que permite realizar una mejor postulación, sino que también son figuras o instituciones ligadas en algún momento de su historia (pasada o presente) a algunas de las personas que deciden en los fondos.</p>
<p>Sin ir más lejos, el Teatro Mori recibió más de ciento sesenta millones de pesos en la línea “Organizaciones culturales”, lo cual ha desatado una serie de críticas y sospechas en las redes sociales y otros medios digitales por la vinculación que existe entre el actual ministro de Cultura, señor Luciano Cruz-Coke, y los dueños del teatro.</p>
<p>Ahora bien, hay que ser justos con la gente del teatro Mori: tal vez el proyecto que presentaron es una postulación excelente que justifica la enorme cantidad de recursos, pero de todos modos la nebulosa queda allí, al igual que ocurrió el año pasado con el dinero asignado a Lastarria 90.</p>
<p>No quiero decir con lo anterior que la gente del Mori y de Lastarria 90, al igual que tantos otros postulantes ligados a algunos de los evaluadores, deban ser “censurados”: como todos, ellos también tienen derecho a postular.</p>
<p>Esta crítica apunta al sistema de evaluación y selección: un proceso 100% serio y transparente no dejaría cabos sueltos para que se susciten estas sospechas. Pero como escribí antes, hay decenas de casos poco claros en su evaluación.</p>
<p><strong>Qué extraña forma de adjudicar los fondos. Y qué triste por los que nos esforzamos por hacer algo bueno, innovador, creativo y/o crítico aun sin tener los medios para dedicar un mayor tiempo del idóneo para nuestros proyectos, lo que evidentemente permitiría desarrollar obras más potentes.</strong></p>
<p>Incluso, en algunos casos, mejores que varias de las obras que año a año son seleccionadas.</p>
<p><em>Nota del autor: Hablo de “la extraña” y no de la “irregular” forma de seleccionar porque no está acusando irregularidades, puesto que de los casos que conoce de perjudicados todos estuvieron sujetos a la legalidad, es decir, “amparados en las bases”.  Sin ir más lejos, en el fondo del libro, desde 75 puntos cualquier proyecto entraba en la categoría de “elegible”, es decir, que “podría ser elegido” pero no por eso con seguridad estaba seleccionado. </em></p>
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		<item>
		<title>Encontrando a los bárbaros</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 19:15:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[En el poema “Esperando a los bárbaros” del poeta griego-egipcio Konstantino Kavafis, la voz poética que atraviesa el texto señala en reiteradas ocasiones que el grupo de autoridades y personas públicas -desde los legisladores hasta los elocuentes oradores- del territorio &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20120111151507/encontrando-a-los-barbaros/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el poema <strong><em>“Esperando a los bárbaros”</em></strong> del poeta griego-egipcio Konstantino Kavafis, la voz poética que atraviesa el texto señala en reiteradas ocasiones que el grupo de autoridades  y personas públicas -desde los legisladores hasta los elocuentes oradores- del territorio que habita, se encuentran en un estado de inacción expectante, preparados para actuar solo a partir del momento en que lleguen los bárbaros, aquellas personas que desde más allá de las fronteras conocidas (¡el territorio de jurisprudencia y de civilización, por Dios!) vendrán a invadir la calma del lugar:</p>
<p><em>“-¿Qué esperamos congregados en el foro?</em><br />
<em> Es a los bárbaros que hoy llegan.</em></p>
<p><em>-¿Por qué esta inacción en el Senado?</em><br />
<em> ¿Por qué ahí están sentados sin legislar los senadores?</em><br />
<em> Porque hoy llegarán los bárbaros.</em></p>
<p><em>¿Qué leyes van a hacer los senadores?</em><br />
<em> Ya legislarán, cuando lleguen los bárbaros”. </em></p>
<p>Los bárbaros siempre han representado en el imaginario occidental (desde Grecia en adelante) un grupo de personas que se encuentran fuera de las fronteras del territorio que habita una determinada “civilización” y que en cualquier momento pueden invadir violentamente “nuestro” espacio, destruyendo todo lo que encuentren a su paso, entre ellos, la civilización propia y el “sistema”.</p>
<p>Esta apreciación de los bárbaros, no obstante, nace desde el imaginario de aquel que se auto-convence de ser “más civilizado” que aquellos que habitan zonas fuera de su radio fronterizo, que además  de no hablar su mismo idioma (para los griegos, bárbaros eran aquellos que hablaban una lengua incomprensible para ellos, cuyo sonido característico era  “bar bar bar…”), se hallan en un retraso respecto al desarrollo cultural del no bárbaro.</p>
<p>Esperar a los bárbaros, hasta nuestros días, parece una estrategia política, social y, por desgracia, comunicacional, común a las naciones y a las repúblicas.</p>
<p>La historia “oficial” de Chile, sin ir más lejos, tiene sus propios bárbaros: los mapuches.</p>
<p>El pueblo mapuche, tras soportar los embates de la colonia española, sufre su propia “conquista civilizadora” durante el siglo XIX, cruenta desde todos los documentos oficiales, pero necesaria según las voces victoriosas, pues solo así se consiguió la mal llamada “pacificación” de la Araucanía.</p>
<p>Si los mapuches son considerados “bárbaros” por la civilización chilena –si es que existe tal civilización-, o mejor dicho por las autoridades políticas y culturales, debido a su ubicación geográfica más allá de las fronteras previas a la ocupación, a su lengua propia, a su idiosincrasia particular y, sobre todo, a su terquedad in-transable a renunciar a su cultura e identidad en pos de la nacionalidad e identidad chilena, entonces está bien que sigan siendo bárbaros, es decir, distinto a nosotros.</p>
<p>Si los mapuches son considerados bárbaros, en cambio, porque cada vez que sucede un hecho de violencia en la región de la Araucanía se los va a acusar de sospechosos evidentes por el solo hecho de que se han negado a someterse a un sistema que no conforme con “expropiarles” sus territorios en provecho de la entidad política que llamamos nación y que, como toda comunidad dominante, se establece sobre los demás mediante la violencia, además desea despojarles su identidad, entonces lo que llamamos barbarie no es más que nuestra propia intolerancia e incomprensión hacia otros.</p>
<p>Cada vez que salimos en busca de los bárbaros para diferenciarnos “civilizadamente” de los retrasados, lo que hacemos es imponer nuestro narcisismo señorial e ilustrado a aquellos que no son iguales a nosotros.</p>
<p>De allí que cada uno de nosotros, ya sea con los mapuches (Chile), con los árabes (Europa y Norteamérica), con los pobres (medios de comunicación y clase política), entre otros ejemplos que podemos citar, ejecuta o bien se hace cómplice de un trato peyorativo y denigrante contra otros que no están en nuestra misma sintonía socioeconómica, política o cultural.</p>
<p>Acostumbrados a creer que todo está bien, somos incapaces de despertar de nuestro aletargamiento sin la necesidad de que aparezcan los bárbaros: siempre que un hecho impactante nos perturba, salimos a encontrar a los bárbaros, aún a riesgo de equivocarnos: así ha pasado con cientos de mapuches apresados para tranquilizar a los dueños de fundos cuando hay incendios.</p>
<p>También sucede así con cientos de inocentes detenidos por delitos de alto impacto comunicacional, como lo vívido  por un joven drogadicto que fue víctima de la búsqueda desenfrenada de un bárbaro al cual culpar a raíz de un homicidio a cuadras de una universidad, pasando dos años preso por algo que no tenía culpa, aparte de estar drogado a la hora de su detención y vivir cerca del hecho.</p>
<p>Siempre que buscamos bárbaros, los encontramos. El problema es que los buscamos fuera de nuestras fronteras, cuando bastaría mirarnos al espejo para encontrar un auténtico bárbaro:</p>
<p><em>“-¿Por qué empieza de pronto este desconcierto</em><br />
<em> y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)”</em>, finaliza el poema de Kavafis.</p>
<p><em>“¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían</em><br />
<em> y todos vuelven a casa compungidos?</em><br />
<em> Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.</em><br />
<em> Algunos han venido de las fronteras</em><br />
<em> y contado que los bárbaros no existen.</em></p>
<p><em>¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?</em><br />
<em> Esta gente, al fin y al cabo, era una solución”</em></p>
<p>La solución, sí, pero la solución para culpar a otros de lo que nos negamos a reconocer en nosotros mismos.</p>
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		<item>
		<title>Voto voluntario: polos delirantes del debate</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 16:33:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciudadanía]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[Si bien la aprobación de la ley de inscripción automática y el voto voluntario se produjo hace apenas una semana, el debate en torno a este tema lleva semanas e incluso meses suscitándose. Diversas voces se han pronunciado respecto a &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/ciudadania/20111227123336/voto-voluntario-polos-delirantes-del-debate/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si bien la aprobación de la ley de inscripción automática y el voto voluntario se produjo hace apenas una semana, el debate en torno a este tema lleva semanas e incluso meses suscitándose.</p>
<p>Diversas voces se han pronunciado respecto a las potencialidades, modernidades, efectos, consecuencias, vencedores y derrotados, discursos y ¿renovaciones?, cambios y miedos políticos, insanidades morales, etcétera, etcétera, que “debiera” generar el nuevo escenario electoral.</p>
<p>Pero por esas casualidades de la vida o del café, de todas las voces, opiniones y argumentos que se han oído, ¿alguien le ha preguntado a una persona que NO VOTA por qué no lo hace?</p>
<p>Si revisamos un par de opiniones con nombre y apellido, encontramos que hace casi un mes apareció un artículo titulado “No más infantilismo revolucionario”, en el cual el columnista, señor Cristóbal Bellolio, nos informa que se preocupó de realizar una pregunta capital a jóvenes participantes de la política universitaria: ¿Por quién votarías si las elecciones fueran este domingo? La instancia en que efectuó la interrogante, según da cuenta el precandidato a la precandidatura por Providencia, fue un debate para las elecciones de la FECH que se realizaron a principio de diciembre.</p>
<p>En este punto, debemos destacar la importancia del contexto que describe Bellolio: no cabe duda que uno de los escenarios que propició el debate sobre este tema, mucho antes que se discutiera en el parlamento la ley, fue el movimiento estudiantil de este año, esa “primavera” -como la llaman ciertos hum(or)istas- que trae “aires de renovación” a nuestro país, a pesar de que “aires de renovación” es una frase que no dista mucho sinónimamente de los “aires de cambio” que soplaban según un candidato presidencial hace ya once años atrás. Pero retorno a lo que nos convoca.</p>
<p>Señala Bellolio que de los entonces ocho candidatos a la FECH, cinco (los de izquierda) optaban por anular, mientras que los otros tres (los de centro y los de derecha) votarían o por Vallejo o por Optimus prime o por Allamand. Para su pavor –y el de su grupo de intereses particulares proyectados en la esfera pública-, si esa fotografía fuera el resultado real de las elecciones, el nuevo presidente era Andrés Allamand.</p>
<p>A raíz de esto –aunque desviando la atención al tema del voto y la participación ciudadana en sí-, Bellolio condena la actitud de estos jóvenes con una añeja frase reaccionaria, frase que en el presente año tuvo una actualización, con matices, en el ya famoso “inútiles subversivos”: es una actitud, una postura de “infantilismo revolucionario”, de aquella “incapacidad de ganar la partida siguiendo las reglas del juego”.</p>
<p>Bellolio refuerza su argumento culpando a aquellos que no votan –a propósito de la pregunta que mueve este artículo-: “¿cuál es, en cambio, la estrategia del infantilismo revolucionario?</p>
<p>En la radio escuché un dirigente estudiantil señalando que no estaba inscrito en los registros electorales porque ‘el sistema no le representa’. Claro: si no participan, se hace muy difícil que el sistema los represente. La democracia es un proceso trabajoso de acuerdos y mínimos comunes, no de pataletas temperamentales”.</p>
<p>Si bien la argumentación de Bellolio es tradicionalmente correcta, me parece que tanto su pregunta y conclusiones como las circunstancias que propician su (justificación enmascarada como) “reflexión” son, por un lado, capciosas, y, por otro, muestras clara de dos de las peores caras del debate:</p>
<p>1) Bellolio, ejemplo de aquel que fantaseando con su “responsabilidad cívica” y su “vocación de servicio público” defiende el actual sistema político en pos de personales intereses electorales a nivel de cúpulas, tratando así de enmascarar su figura de siervo que aspira a ser el día de mañana el nuevo patrón de fundo en una comuna;</p>
<p>2) un grupo de jóvenes que expresan su postura con frases que no hacen más que prestarse para que otros puedan pintarlos como peligrosas figuras que no quieren respetar “las reglas del juego”. (Porque esto es lo que se quiere decir con la chapa de infantilismo revolucionario: eres un niñito peligroso.)</p>
<p>Ahora bien, estos jóvenes, reducidos y deslegitimados por el poder político con el mote de ultras, tienen un valor insoslayable a nivel de sinceridad política, puesto que al declarar que anularían o que no votan sinceran sus posiciones, algo de lo que carecen TODOS aquellos que pertenecen a los partidos y sus juventudes que “participan” hoy del poder político.</p>
<p>Otra voz polémica dentro del debate en torno al voto voluntario fue la de Fernando Villegas, quien tituló una columna respecto al tema como “El derecho a no ser ciudadano”, en alusión frontal a aquellos que no votaban y que, gracias a la voluntariedad del voto, no votaremos, eludiendo con el “permiso de la ley” nuestra obligación de ser ciudadanos.</p>
<p>Su argumento se resume en el siguiente fragmento: “¿Por qué, entonces, el acto más importante de todos, elegir a los gobernantes, habría de librarse de dicha premisa? ¿Qué lógica es esa según la cual un acto de tal calibre puede no ser un DEBER y convertirse en OPCION? ¿Qué clase de ciudadano es el capaz de optar por no serlo cuando más debiera serlo?”</p>
<p>La delirante argumentación de Villegas defiende una postura similar a la de ciertos senadores y diputados –justamente los que están al “medio” de los “delirios” políticos, es decir, la DC, aparente justo medio entre la derecha y la izquierda-.</p>
<p>Sin embargo, al igual que Bellolio, Villegas también se encarga de fustigar a los no votantes desde su pupitre, aquel que está ubicado dentro del living del sistema político como ala no explícita de la clase política. Ni Bellolio, ni Villegas tienen la decencia de incluir en sus argumentos la postura razonada de alguien que no vota.</p>
<p>Esta incapacidad de ambos de integrar las otras voces no solo da cuenta de un mal de toda nuestra política y de gran parte de las caras del debate públicos: también demuestra que no poseen el más mínimo interés de saber los motivos que llevan a alguien a no votar: no hablan con pueriles revolucionarios, ni con insanos no ciudadanos.</p>
<p>Pero, ¿dónde está la voz de los que no votamos? ¿Quién nos ha preguntado los motivos de nuestra OPCIÓN? ¿Alguien ha indagado en por qué hay personas que en una posición similar a la mía, sienten que NO VOTAR más que una opción es un DEBER ante la corrupción y degeneración de la delegación, la falta de renovación y de inclusión nuevos actores en política, la exclusión social y la molestia con el mundo en blanco y negro que postula nuestra discursividad política oficial? Tal vez sea necesaria esta tarea.</p>
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		<item>
		<title>Historia, música, ¿mañana qué?</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 15:17:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[Durante la semana pasada, se dio a conocer la noticia de que el Mineduc planea reducir las ya pocas horas de enseñanza de música (incluidas dentro de las tres horas semanales asignadas para el ramo de “Educación artística”) con el &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20111128111738/historia-musica-manana-que/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante la semana pasada, se dio a conocer la noticia de que el Mineduc planea reducir las ya pocas horas de enseñanza de música (incluidas dentro de las tres horas semanales asignadas para el ramo de “Educación artística”) con el objetivo de aumentar el tiempo para estudiar matemáticas y lenguaje y comunicación, los dos ramos “fundamentales” desde una visión PSU céntrica.</p>
<p><strong>La reducción de la enseñanza de música propuesta por el Mineduc para el ciclo que abarca de quinto a octavo básico parece un mal chiste, una mala broma: “¿Me está pidiendo usted, señor, que disminuya las horas del ramo que menos horas tiene en el colegio?”.</strong></p>
<p>No ahondaré en los efectos negativos para el fomento de la creatividad, uno de los “rasgos” que se encuentran en cualquier perfil de alumno de los colegios y universidades nacionales, pues considero que personas más preparadas han escrito muy buenos artículos sobre el vacío que dejaría la concreción de esta propuesta. Quiero referirme brevemente a otro punto: las propuestas de fin de año del Mineduc respecto a cambios de currículo.</p>
<p>Al igual que a fines del año 2010, otra vez nos encontramos ante una propuesta estrella: si este 2011 es la reducción de las horas de música, la del año pasado apuntó a disminuir las horas de Historia durante la enseñanza media. ¿Adivina usted con qué objetivo? Con el de aumentar las horas de matemáticas y lenguaje.</p>
<p>Si nos colocamos en el escenario de los colegios de mayor vulnerabilidad social, aquellos donde los resultados PSU son nefastos, el simple aumento de las horas de lenguaje y comunicación (área en la que me muevo) no significará, por ejemplo, que los alumnos comprendan mejor lo que leen.</p>
<p><strong>Tengo la leve impresión que las propuestas estrellas, aquellas propuestas que nos han entregados cual regalos navideños al final de estos últimos dos años, no solo dejan entrever que las artes y las ciencias sociales son menos importantes que las matemáticas y lenguaje: también quieren decir que en el actual modelo de vida del siglo XXI chilensis, tanto la creatividad como la conciencia cívica e histórica representan áreas que, en lo posible, hay que mantener estáticas y sin desarrollo.</strong></p>
<p>No me explico de otro modo la obstinación en reducir horas de ramos que desarrollan la conciencia histórica y cívica de las personas, aquella que les enseña y recuerda su rol de ciudadano, con sus responsabilidades, derechos y deberes, así como la de bajar las horas de las artes que fomentan el libre ejercicio creativo del hombre, ejercicio tan necesario incluso para aquellos que viven según los patrones del marketing.</p>
<p>Si ayer fue Historia y hoy Música, ¿cuál es el próximo ramo al que se le rebajarán horas en el colegio?</p>
<p>¿Biología, porque ya no importa estudiar el cuerpo humano en una época que nos acercamos al hombre robotizado?</p>
<p>¿Química, porque las máquinas harán todo por nosotros?</p>
<p>¿Lenguaje, porque en su parte de literatura representa otra forma de desarrollar la creatividad y de conocer el modo en que otros hombres sintieron y se enfrentaron a los problemas de su época?</p>
<p>¿Y cuál será el argumento que argüirán? Si sirve de algo saberlo, en gran parte de los países “desarrollados”, desde el colegio se enseñan y refuerzan las áreas de interés en que los jóvenes pretenden desenvolverse el día de mañana.</p>
<p>Y para sus futuras universidades será más importante que demuestren aptitudes para lo que quieren estudiar antes que reproducir los contenidos curriculares del lenguaje y la matemática medida por una nefasta prueba de selección universitaria.</p>
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		<item>
		<title>PSU = Control de Calidad</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Nov 2011 10:11:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[A menos de un mes de que más de doscientos mil alumnos rindan la prueba selección universitaria (PSU), no es mucho lo que se puede hacer ni decir respecto al test que, en su momento, fue creado para reducir la &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20111118061127/psu-control-de-calidad/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A menos de un mes de que más de doscientos mil alumnos rindan  la prueba selección universitaria (PSU), no es mucho lo que se puede hacer ni decir respecto al test que, en su momento, fue creado para reducir la brecha entre los alumnos de colegios particulares pagados, subvencionados y municipales.</p>
<p><strong>Múltiples son los estudios que dan cuenta del fracaso de la PSU como test de selección en que un mayor número de estudiantes provenientes de colegios subvencionados y municipales podrían obtener un puntaje que les permitiera ingresar a las universidades tradicionales de Chile.</strong></p>
<p>Tras ocho años desde su implementación, la PSU aún no demuestra ser una herramienta para combatir la segregación. Peor aún: cada aplicación de la prueba pareciera confirmar una vergonzosa tendencia que atenta contra todo intento de equidad en el acceso a una carrera universitaria: la PSU no es un test que mide potencial, sino que conocimiento.</p>
<p>Si bien la PSU siempre se planteó como una prueba que mediría conocimientos en lugar de aptitudes, el actual sistema educacional implica que la obtención de estos conocimientos mínimos (porque eso es lo que mide la PSU: los contenidos mínimos de los currículos ministeriales) solo será posible para aquellos alumnos que o bien tienen la posibilidad de ser parte de un colegio municipal o subvencionado de elite gracias a su potencial intelectual, o bien cuyas familias disponen de los medios para pagar un colegio subvencionado o pagado de satisfacción garantizada.</p>
<p>El fracaso de la PSU no es una novedad. Tampoco es una verdad oculta. Pero que a mediados de diciembre se vuelva a rendir la PSU resulta llamativo y repudiable: la persistencia del test desmiente una serie de discursos enunciados por los gobernantes de turno, ciertos rectores universitarios, así como llama la atención a un par de interlocutores estudiantiles que no han insistido en el tema: la PSU es el principal obstáculo para un acceso más equitativo a la universidad tradicional.</p>
<p>Planteada en su actual modalidad de filtro universitario en un sistema educacional que debe reformarse desde sus bases (los colegios) antes que en su cúspide (la universidad) si quiere que los estudiantes que no pueden pagar colegios de calidad ni preuniversitarios tengan posibilidades reales de ingreso a las principales UES, la PSU resulta similar a un control de calidad: solo los productos mejor manufacturados, aquellos que cumplan los estándares de calidad reconocidos y que provengan de las fábricas de las principales marcas, sólo aquellos estudiantes lograrán los puntajes que les permitan postular a las universidades de elite intelectual.</p>
<p><strong>Y así, un importante número de alumnos con gran potencial intelectual ven mermadas sus posibilidades a raíz de este control de calidad: no han pasado por las fábricas que logren pulir su materia prima intelectual acorde a los criterios de las universidades que deben validarlos. </strong></p>
<p>Cada vez que aparecen los resultados, estudiantes destacados en colegios municipales o subvencionados deben observar cómo su sueño (y el de sus familias) se desvanece, a pesar de que en una carrera universitaria podrían tener un rendimiento mayor al de un alumno con un puntaje PSU superior.</p>
<p>Conozco muchos casos de estudiantes que ingresaron con puntajes inferiores a universidades tradicionales y que, una vez que se han puesto a la par de sus compañeros de estudios, han obtenido mejores resultados en su carrera universitaria.</p>
<p>La PSU es una asignatura pendiente tanto para los rectores como para los dirigentes universitarios. Con el actual modelo educacional, cuyo filtro para la universidad es la PSU, ni la gratuidad, ni una superintendencia que vele por la calidad en los colegios bastarán para acabar con la segregación y la selección clasista de estudiantes universitarios.</p>
<p>La persistencia de la PSU sin aceptar nuevas propuestas para la admisión a la universidad por parte de ciertos rectores parece una contradicción inconsecuente con el deseo expresado durante este año.</p>
<p>Un ejemplo de lo anterior: hace un par de años, la Universidad Católica elaboró un modelo alternativo de admisión en el que la PSU significaría solo un porcentaje del puntaje final para acceder a la Universidad. El resto del puntaje sería completado mediante un par de entrevistas personalizadas y un pequeño ensayo de reflexión crítica por parte del estudiante.</p>
<p>La respuesta de este rector fue elocuente: si la UC implementaba dicho modelo, debía ser expulsada del CRUCH.</p>
<p>El tiempo, sin embargo, vuelve a recordarnos que es urgente experimentar con una alternativa viable. La Usach, por ejemplo, ha desarrollado un modelo complementario de admisión para algunas carreras. Su resultado ha sido significativo para estudiantes de colegios municipales y subvencionados.</p>
<p>Pero no es suficiente. Así como tampoco lo es hablar de educación más justa sin cuestionar aquel rentable negocio para colegios y preuniversitarios (algunos con el nombre de federaciones de estudiantes) que es la PSU.</p>
<p>El problema no es la selección en abstracto (todas las universidades del mundo lo hacen): el punto es que en Chile, dicha selección se ha convertido en un control de calidad de cerebros manufacturados.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Radiocríticos y teleobsecuentes</title>
		<link>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/medios/20111103175444/radiocriticos-y-teleobsecuentes/</link>
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		<pubDate>Thu, 03 Nov 2011 21:54:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuenta Jean-Paul Sartre que cuando un alumno se le acercó para pedirle un consejo respecto a una importante decisión personal, este alumno ya sabía más menos el tipo de respuesta que iba a recibir. Y que si este alumno hubiera &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/medios/20111103175444/radiocriticos-y-teleobsecuentes/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuenta Jean-Paul Sartre que cuando un alumno se le acercó para pedirle un consejo respecto a una importante decisión personal, este alumno ya sabía más menos el tipo de respuesta que iba a recibir. Y que si este alumno hubiera escogido un sacerdote, también habría sabido más menos qué consejo le sería dado.</p>
<p>El consejo estaba evidentemente predeterminado por el propio alumno que buscaba la orientación desde una persona específica en lugar de otra: “elegir al consejero es ya comprometerse” dice el francés.</p>
<p>El consejo es distinto a la información: mientras el primero implica una opinión orientadora, la segunda refiere a la comunicación de ciertas situaciones, hechos, circunstancias, acontecimientos, entre otros, medianamente objetivos.</p>
<p>La información de sucesos públicos, contingentes y atingentes a la sociedad es transmitida a través de la prensa: canales de televisión, radioemisoras y diarios (los tres grandes medios, hoy reforzados con la herramienta del internet).</p>
<p>Sin embargo, ¿hasta qué punto estos medios informativos cumplen con su labor “esencial” de informar objetivamente?</p>
<p>¿Es lo mismo informarse en Teletrece que en CHV noticias y Meganoticias?</p>
<p>¿Recibimos la misma información sintonizando UCV noticias si optamos por 24 horas?</p>
<p>La respuesta es negativa. Superlativamente negativa si realizamos el contraste entre la mayoría de los noticiarios de televisión abierta (CNN Chile, por lástima, es un canal de cable pagado) y los noticiarios que oímos en radioemisoras como Cooperativa, entre otras.</p>
<p>Ahora bien, si lo que se informa son los mismos sucesos, ¿por qué afirmo que no recibimos la misma información desde un noticiario u otro, cuando es probable que viendo UCV noticias o Teletrece obtengamos información más menos similar, de modo análogo a si escuchamos algunas emisoras?</p>
<p>Transcribo una posible respuesta: <em>“En este mundo de información que vivimos”, señala Vladimir Acosta, profesor y analista político venezolano, “no [se] puede impedir que la información circule, que la información se difunda. Entonces, la idea es construir justamente un sistema de manipulación, pasar por completo la frontera entre información y opinión, y convertir su interés en opinión que pasa a ser publicada en la prensa como si fuera información”.</em></p>
<p>Aunque las mismas palabras de Acosta podrían ser puestas en el banquillo de los sospechosos (escribe lo anterior defendiendo la existencia de “libertad de prensa” en la Venezuela de los últimos años), tiene razón al subrayar el problema de las opiniones que anteceden a la información y que  luego es entregada a los televidentes y auditores a través de los noticiarios.</p>
<p><strong>Los excesos de crónica roja, de sensacionalismo y alarmismo, de falta de objetividad en la cobertura que se realiza de noticias que pueden causar un efecto a nivel político, social, económico y moral para intereses determinados que controlan de manera directa o indirecta los medios, ha conllevado a que nuestra percepción de los hechos esté siempre determinada por el canal y emisora  en que  nos informamos.</strong></p>
<p>Deslindemos la cobertura de los telenoticieros con la de los radionoticieros: mientras de los canales 7 al 11 la información que se entrega viene antecedida de una determinada visión que intenta influir en los televidentes llevándolos en materia de opinión a una obsecuencia  -es decir, una sumisión ante los juicios de los demás, una renuncia a la posibilidad de articular una crítica propia cediendo a la reproducción de las sentencias de otros como si fueran propias-, los  periodistas de radios, en general , buscan que la información anteceda la opinión.</p>
<p>Esto último se torna crucial para la elaboración de opinión: solo una vez que el oyente está en conocimiento de la noticia, el periodista entrega una opinión clara y confesa que aporta una visión concreta respecto a los hechos, opinión que no tiene por qué ser compartida por el oyente, libre de articular su propia opinión crítica de los hechos.</p>
<p>En este sentido, UCV noticias le ha cedido la palabra a los auditores en su segmento de opinión.</p>
<p>Teletrece, por su parte, se ha limitado a informar sin caer en sensacionalismos manipulativos, más allá de su raíz “católica”. No por nada este último es el único noticiario de la franja de la tarde que sigue durando sólo una hora y que  su edición central rara vez  se inicia con crónica roja.</p>
<p>Toda opinión es válida en el marco del respeto. Sin embargo, es una falta de respeto hacer pasar por información objetiva noticias que están antecedidas y construidas a partir de la opinión de ciertos intereses que buscan que su visión y sus juicios sean los que moldeen el impacto, la gravedad y la mayor o menor importancia de una información.</p>
<p>Radiocríticos o teleobsecuentes parecen ser las opciones que los medios nos entregan.</p>
<p>Después de todo, elegir el medio a través del cual nos informamos también es comprometerse.</p>
<p>¿Con qué elegimos comprometernos?</p>
<p>¿Con la opinión crítica e informada sin imágenes ó con la obsecuencia manipulada mediante hologramas que, creemos, hablan más que mil palabras ignorando que quien está detrás del lente de la cámara y quien edita estas imágenes lo realiza desde sus concepciones morales, políticas y sociales?</p>
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		<title>¿Para qué las humanidades?</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Oct 2011 12:26:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[“¿Para qué las humanidades hoy?” es una pregunta que desde hace tiempo ronda silenciosamente a nuestra sociedad en tránsito hacia la “meta” del desarrollo. Silenciosa, puesto que pocos la han puesto en el debate público y menos aún los que &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20111022082652/para-que-las-humanidades/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“¿Para qué las humanidades hoy?” es una pregunta que desde hace tiempo ronda silenciosamente a nuestra sociedad en tránsito hacia la “meta” del desarrollo.</p>
<p>Silenciosa, puesto que pocos la han puesto en el debate público y menos aún los que han dado alguna respuesta.</p>
<p>Y, lo que es peor, casi ninguno de ellos ha venido desde o bien ha influido en el mundo político, aquel espacio en que se deciden las políticas públicas que buscan el mejoramiento de la calidad de vida, así como de la educación, pilar fundamental del estándar de desarrollo que se intenta alcanzar.</p>
<p>Estándar que, según se infiere del grueso de las políticas educacionales de las últimas dos décadas, pareciera poder prescindir de la importancia de las humanidades.</p>
<p>“¿Para qué las humanidades?”  y no “¿por qué las humanidades?”</p>
<p>Ésta, creo, debe ser la pregunta que hay que colocar sobre el tapete.</p>
<p><strong>“Para qué”, ya que en el actual modelo social, incluido el educacional, las áreas del aprendizaje han sido cosificadas mercantilmente: se las valora según la utilidad que ellas proporcionen.</strong></p>
<p>Responder de acuerdo al “por qué” sería un ejercicio más justo con las humanidades, en cuanto las valoraríamos por lo que son, no por su utilidad.</p>
<p>Sin embargo, sería una estrategia retórica errada si queremos llamar la atención de los miembros de la sociedad actual no ligada al mundo académico.</p>
<p>La pregunta  “para qué”, entonces, es pertinente en un mundo tecnológico que, de a poco y progresivamente, pretende prescindir de las humanidades.</p>
<p>En una época en que, como ninguna otra, la técnica ha permitido dominar casi por completo nuestro mundo; donde nuestra cotidianeidad se sustenta y está controlada por la computación, las humanidades, entendidas como ese grupo de disciplinas que se abocan a la subjetividad humana, se hacen cada vez más necesarias en medio de una sociedad que se rige mediante postulados científicos cuantificables y verificables.</p>
<p><strong>Las humanidades nos recuerdan con urgencia que los patrones objetivos y las conquistas del mundo material no pueden prescindir de las emociones de los hombres que protagonizan esas conquistas y ese dinamismo material y objetivo.</strong></p>
<p>Las humanidades, al reflexionar sobre los sentidos del mundo objetivo, nos hacen posible entender los “para qué” de los logros de la técnica y de las comunicaciones que a todos nos acercan.</p>
<p>Sin ellas, sin humanidades, la cercanía entre los hombres puede transformarse en el infierno “A puerta cerrada” de Sartre, como me recuerda mi amigo y maestro Roberto Hozven cuando le planteo la pregunta.</p>
<p>Humanidades para que todo ciudadano, en especial aquel que ejerce el poder, aborde los problemas sociales e individuales no solo como algo cuantificable/material sino que también cualitativo/espiritual.</p>
<p><em>“La indigencia humanística”</em>, dice Grínor Rojo,<em> “de parte de aquellos que conducen la vida pública chilena no parece constituir un obstáculo sino un plus”.</em></p>
<p>Un poco de humanidades, solo un atisbo, permitiría a aquellos guías políticos, empresariales, sociales, estudiantiles e incluso –paradójicamente- culturales, comprender que el progreso logrado mediante lo cuantificable jamás ha sido un progreso real, es decir, un progreso integral en donde el sujeto pueda satisfacer su interioridad y no solo la exterioridad que ha menospreciado las inquietudes interiores del sujeto.</p>
<p>Un multifacético economista liberal (“nada más alejado del humanista”, argüirían muchos), el mexicano Daniel Cosío Villegas, lo planteó de modo certero:</p>
<p><em>“Para mí, no son ésas [las normas y estadísticas socioeconómicos] las medidas del progreso o, al menos, del progreso en que pienso: no el simplemente material o económico, y ni siquiera el que se llama social, sino el humano en general. Y no creo que haya otro metro para medir ese tipo de progreso que el grado en el cual los hombres conviven entre sí”.</em></p>
<p>Un poco de humanidades, entonces, enfatizarían un hecho obvio, pero que de tan obvio ha sido desplazado, olvidado y descuidado (“¿si es tan obvio, pues, para qué, ah?”): a pesar de lo cerca que estamos de computarizar y robotizar las emociones, sigue siendo el ser humano el artífice, causante, depositario y receptor de toda la técnica.</p>
<p>No hay técnica sin el ser humano. Y no hay ser humano que se reconozca como tal sin la conciencia de que hay un otro como él.</p>
<p>No podemos eludir la autocrítica.</p>
<p>Es probable que gran parte de las ideas que provienen de las humanidades, por el carácter de nuestra época tecnológica, estadística y especializada, estén obsoletas y poca sea su injerencia en la conciencia de los individuos que conforman nuestra sociedad.</p>
<p>Sin embargo, es el mismo ejercicio de las humanidades el que nos recuerda que para que tengamos un presente existió un pasado.</p>
<p>Pasado del cual aprender (mediante la historia, la filosofía, la literatura, el arte y la educación, el área donde más se hacen patentes las relaciones intersubjetivas y humanas en su ejercicio diario a lo largo de escuelas, institutos y universidades), para no repetir contra nosotros mismos los errores y horrores que el presente, la primacía de lo inmediato, suele empujar al olvido.</p>
<p>No todo es estadística, ni existe estadística científica sin el hombre.</p>
<p>La urgencia es recordar que para que el hombre tenga un presente, tuvo alguna vez un pasado así como tendrá un futuro, el cual podrá afrontar con optimismo y responsable cautela solo mediante el ejercicio imprescindible de las humanidades.</p>
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		<title>La desigualdad hacendal chilena</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Oct 2011 11:18:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[La desigualdad en la hacienda de Chile: nuestro remozado sistema de castas “México es el país de la desigualdad”, escribió el año 1811 Alejandro de Humboldt después de haber conocido de primera mano el sistema social de la entonces Nueva &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/sociedad/20111017071857/la-desigualdad-hacendal-chilena/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La desigualdad en la hacienda de Chile: nuestro remozado sistema de castas<br />
“México es el país de la desigualdad”, escribió el año 1811 Alejandro de Humboldt después de haber conocido de primera mano el sistema social de la entonces Nueva España.</p>
<p><em>“Acaso en ninguna parte [del mundo] la hay más en la distribución de fortunas, civilización, cultivo de la tierra y población”.</em></p>
<p>El barón prusiano expresa este severo juicio impactado por la organización social, política y económica de un país que poseyendo tan importante cantidad de recursos naturales y humanos no era capaz de organizarse de modo que todas las capas de la sociedad pudieran verse beneficiadas de lo que el medio les ofrecía.</p>
<p>¿Cuál era la causa principal de esta desigualdad social en un país con recursos suficientes para ofrecer una mejor calidad de vida, un mayor progreso y un acceso más igualitario a los beneficios de la “civilización”? Respuesta evidente: el sistema de castas como principio de organización social.</p>
<p>Establecido por el colonialismo español y asimilado en gran parte de Hispanoamérica con las elites indianas, el sistema de castas encuentra su máxima expresión en el latifundio: hacienda encabezada por un señor que esclavizaba, primero, y “contrataba” latifundio puertas- adentro, después, a indios y campesinos con toda su familia, las cuales pasaban a formar parte de su patrimonio por el solo hecho de encontrarse en su territorio.</p>
<p><strong>En esta organización, toda persona ocupaba determinado rol en la sociedad según su linaje: “el hijo” del latifundista-oligarca sería el día de mañana el patrón; el del campesino el próximo campesino del patrón; el del siervo el futuro siervo; sus esposas e hijas las siguientes  “doncellas” (nanas, diríamos hoy) de la señora e hija del patrón y así sucesiva y cíclicamente.</strong></p>
<p>Llegada la independencia, el sistema de castas fue en teoría, abolido como principio de organización económica.</p>
<p>No así, en cambio, en la organización política y su jerarquización social: la independencia fue solo un cambio de poder, no un cambio de mentalidad ni, por ende, de sistema social.</p>
<p>Doscientos años después de las palabras de Humboldt, Chile se levanta, “orgulloso”, como el segundo país de Latinoamérica con mayor cantidad de recursos económicos per cápita.</p>
<p><strong>Chile, la superpotencia del subcontinente, el jaguar y escandinavo del sur, los ingleses de América Latina. Y, también, país de descarnada desigualdad. ¡Chile es el país de la desigualdad! podemos decir hoy, parafraseando a Humboldt.</strong></p>
<p>Desigualdad que si bien se mide en términos socioeconómicos, encuentra su raíz en el remozado sistema de castas que aún se encuentra en nuestras mentes.</p>
<p>La expresión clase, en este punto, es la categoría con que se mide y estratifica en los estados modernos e industrializados.</p>
<p>Pero una observación cuidadosa de nuestro sistema, una rigurosa atención a los discursos que nos cruzan cotidianamente, nos demuestra que en Chile sigue siendo la casta la que determina nuestros roles sociales.</p>
<p>La desigualdad chilena está atravesada por nuestra organización hacendal.</p>
<p>Las castas ,palabra que prefiero en lugar de “elites” cuando se aprecia que sin ser una elite económica o social ciertos apellidos tienen privilegios por sobre otros, se han apoderado del poder.</p>
<p><strong>Partidos políticos convertidos en haciendas (grupos cerrados con una distribución de funciones determinadas por las castas) y que han refinado las castas sociales (el habitante, nos dicen con su trato, de zonas periférica serán siempre peligrosos mientras el vecino que compra su derecho a pertenecer al latifundio de San Carlos de Apoquindo será siempre un representante de la fronda de Las Condes), entre otros.</strong></p>
<p>Nuestro sistema de castas se ha modernizado: hoy existe la posibilidad de comprar pozos de sangre blanca para “bañarse” socialmente.</p>
<p>Pozos ubicados en la hacienda que agrupa determinada(s) casta(s). Por ende, aunque la desigualdad chilena se mida en términos socioeconómicos, su causa principal continúa en el arraigo de la mentalidad castiza-oligárquica: nada se mueve fuera de la hacienda simbólica, y nadie dentro de ella se mueve sin la supervisión de un representante de las castas.</p>
<p>Un ejemplo: “Aquí no se mueve una hoja sin que yo lo sepa”, dijo Pinochet.</p>
<p>Otro: Giorgio Jackson –él, no el movimiento ciudadano del que es interlocutor-, que afirma no pertenecer a casta alguna, debe, primero, ingresar a la hacienda simbólica del nau –los hijos seudoedípicos de la Concertación en la PUC- y, una vez dentro del latifundio, se mueve bajo la supervisión de Crispi, miembro de una de las castas del partido socialista.</p>
<p>¿No le queda claro? Pregúntese cómo la bandera desplegada en el congreso por la concertación y el partido comunista aparece en París: gracias a la comunicación interna de las castas en la hacienda simbólica de la hoy oposición.</p>
<p>En este punto, elocuente y sagaz de nuestra realidad fue Andrés Bello cuando en 1844, criticando el sistema tipo colonial enmascarado con las palabras “libertad” y “progreso”, escribió: <em>“[Para el hacendado liberal,] Sería demencia esclavizar a los vencidos, si se gana más con hacerlos tributarios y alimentadores forzados de la industria del vencedor”.</em></p>
<p>Industria establecida dentro de las fronteras del latifundio que es Chile, país de la desigualdad causada por las castas industrializadas, modernas y republicanas que a lo largo de nuestra historia han boicoteado casi todos los intentos de organización socioeconómica que permita la movilidad social fuera de ellas.</p>
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		<title>Coetzee y los noticiarios</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Oct 2011 16:20:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Morales]]></category>

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		<description><![CDATA[En su conferencia pronunciada en el Appleton College, la afamada escritora Elizabeth Costello –alter ego del sudafricano J. M. Coetzee, autor de Elizabeth Costello- sorprende a todos sus auditores al hablar de la vida de los animales y no de &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/medios/20111012122043/coetzee-y-los-noticiarios/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En su conferencia pronunciada en el Appleton College, la afamada escritora Elizabeth Costello –alter ego del sudafricano J. M. Coetzee, autor de Elizabeth Costello- sorprende a todos sus auditores al hablar de la vida de los animales y no de literatura, como se esperaba de ella.</p>
<p>En su argumentación, mediante una analogía entre la matanza de animales y los campos de concentración nazi, Costello señala: <em>El horror específico de los campos [de concentración], el horror que nos convence de que lo que pasó allí fue un crimen contra la humanidad, no es que los asesinos trataran a sus víctimas como a piojos a pesar de que compartían con ellas la condición humana. Eso también es abstracto. El horror es que los asesinos se negaran a pensarse a sí mismos en el lugar de sus víctimas, igual que el resto del mundo.</em></p>
<p>Todo acto de crueldad hacia otro  se sustenta, ante todo, en la incapacidad de pensarse a uno mismo como un ser que, en la balanza de la vida, perfectamente podría estar en el lugar de ese otro mientras aquel ocupa el nuestro.</p>
<p>Los campos de exterminio nazi, los lager y los gulag soviéticos, el apartheid, el Seguro Obrero y la salitrera Santa María, la Pisagua pinochetista y los UMAP castristas –unidades conformadas principalmente por homosexuales enviados contra su voluntad a campos de “reeducación” que no eran más que nuevos campos de exterminio y vejaciones–, entre tantas otras muestras de jerarquización y deshumanización del hombre, parten de la negativa a pensarse como un uno concreto, que frente a los ojos del otro también puede llegar a ser un ente abstracto, un número, una simple raza, condición sexual o idea política en lugar de un humano [el sustantivo, el nombre, el sujeto] tras el adjetivo identitario sustantivado por la ceguera.</p>
<p><strong>A casi un año del incendio de la cárcel de San Miguel en que fallecieron 81 internos, las palabras de Costello nos recuerdan que toda tragedia ocurre ante la impunidad, pasividad y también, como en nuestro caso el 8 de diciembre del 2010, complicidad de una sociedad entera. </strong></p>
<p>Una sociedad que calla y evade su responsabilidad, que incluso justifica lo ocurrido aduciendo que eran “asesinos, traficantes, ¡vendedores piratas de propiedad intelectual registrada!”, mientras alimenta su gula de sufrimiento ajeno con el menú culinario montado por los canales de televisión que, contrario a lo ocurrido con la tragedia de Juan Fernández, prefirieron el principio de informar ante viento y marea en lugar de respetar el dolor de los demás.</p>
<p>“Demás” que, en este caso, no fueron los integrantes de Buenos Días a Todos, colegas de la televisión, miembros de fuerzas armadas o familiares de políticos, sino que madres y padres de homicidas, esposas y hermanas de asaltantes, hijos y amigos de estafadores.</p>
<p>(Muertos incómodos porque ningún sector puede obtener provecho político de ellos.)</p>
<p>Costello, escritora dentro de una novela, confía en que la literatura aún ofrece un  sitio en que el lector tiene la posibilidad de situarse en el lugar del otro: observar, entender, acompañar y compartir sus sentimientos, deseos, alegrías y sufrimientos, más allá de la espectacularización del ser humano acaecida hoy en día por parte de un sector importante de los medios masivos de comunicación.</p>
<p>Medios que se sienten con la potestad para transformar en mercancía -¿por culpa de la farándula?- a cualquier persona desde el momento que les ofrecen las pantallas de su canal.</p>
<p><strong>Estaciones televisivas que, amparadas en su “responsabilidad de informar”, son capaces de plantar sus micrófonos y sus cámaras sobre una madre desgarrada que acaba de enterarse que el rostro de su hijo se ha reducido a cenizas, sin respetar su dolor, incluso acusando “trabas” a la labor informativa tras una reacción agresiva. después de varias peticiones frustradas que la dejaran tranquila.</strong></p>
<p>¿Por qué sucede esto? ¿Por qué llega a ocurrir todo esto en un mundo racionalizado?, pregunta Costello.</p>
<p>Y su respuesta, con nuestra actitud ante la tragedia de San Miguel, parece actualizarse como tantas veces sucedió, sucede y, por desgracia, sucederá en nuestra época:</p>
<p>La gente dijo, <em>“son ellos los que pasan en esos vagones de ganado”. La gente no dijo: “¿Cómo sería si yo fuese en ese vagón de ganado?”. La gente no dijo: “Soy yo el que está en el vagón de ganado”. La gente dijo: “Deben de ser los muertos a quienes están quemando hoy, que apestan el aire y hacen que me caiga ceniza	 sobre los repollos”. La gente no dijo: “¿Cómo sería si me estuvieran quemando a mí?”. La gente no dijo: “Me quemo, estoy cayendo en forma de ceniza”.</em></p>
<p>Sin embargo, también caímos nosotros en forma de ceniza ese día, en que con el control remoto encendimos nuestro propio horno. Horno que, encandilados por sus hologramas, nos absorbió el 8 de diciembre.</p>
<p>Y solo abrieron sus ojos y su estómago.</p>
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