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	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Juan Guzmán</title>
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		<title>Infundios egocéntricos</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Dec 2015 18:25:38 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[Los refranes, acrisolada antología de dichos agudos y sentenciosos de uso común, en ocasiones suelen flaquear. Más pronto se pilla a un mentiroso que a un ladrón o la mentira tiene patas cortas, rezan dos muy socorridos. No obstante, un &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20151220152538/infundios-egocentricos/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los refranes, acrisolada antología de <em>d</em><em>ichos agudos y sentenciosos de uso común, </em>en ocasiones suelen flaquear. <em>Más </em><em>pronto se pilla a un mentiroso que a un ladrón </em>o <em>la mentira tiene patas cortas</em>, rezan dos muy socorridos. No obstante, un orondo embaucador catalán  los vapulearía por más de treinta años gracias a una fraudulenta historia de duras prisiones y heroicas resistencias.</p>
<p>El sindicalista <strong>Enric Marco Batlle</strong> (1921),  se inicia como  &#8221;<em>sobreviviente de los campos</em>” aproximándose a asociaciones de víctimas del nazismo. Premunido de un amasijo de medias verdades o mentiras verdaderas y sugestiva labia persuadía más que los mismos damnificados, ofreciendo <strong>&#8220;testimonio&#8221; de su participación en la Guerra Civil, el exilio, la resistencia  francesa y los campos.</strong></p>
<p>Tal sería su prestigio que, el <strong>año 2005, conmemorando el Holocausto</strong> pronuncia un dramático discurso en el parlamento español: <em>&#8220;Cuando llegábamos a los campos de concentración en esos trenes infectos, para ganado, nos desnudaban, nos mordían sus perros, nos deslumbraban sus focos. Nosotros éramos seres normales, como ustedes. Nos gritaban en alemán links, recht -izquierda, derecha-. No entendíamos, y no entender una orden podía costar la vida&#8221;.</em></p>
<p>En ese entonces, ya había escalado hasta la presidencia de la <em>&#8220;Asociación Amical de Mauthausen y otros campos&#8221;</em>, en Barcelona. Según su adobado embuste, c<strong>onoció el destierro en Francia como muchos republicanos al término de la guerra civil.</strong> Allí ingresa a la Resistencia; detenido por la Gestapo, luego de fieros tormentos lo mandan al campo de Flossenburg, en Baviera; liberado por los aliados, en 1945, regresa clandestinamente a España para combatir la tiranía franquista.</p>
<p>En Austria, mayo del 2005, conmemorando la liberación del Campo de Mauthausen-Gusen debía hablar frente a supervivientes, el presidente Rodríguez Zapatero y el canciller austríaco. Pero la tenacidad del historiador <strong>Benito Bermejo desmorona la impostura</strong>. Raudo, Enric retorna a la Ciudad Condal por <em>sentirse indispuesto; “el</em><em> deportado número 6.448</em>” asume la falsedad de su novelería y deja la testera de la <em>Asociación Amical de Mauthausen</em>.</p>
<p>Neus Catalá, española ex prisionera del campo de Ravenabrüch, lo calificaría de abyecto, <em>“su actitud ofende a los muertos”.</em>  La indignación pública exige retirarle la <em>Creu de Sant Jordi</em>, máxima distinción civil, pero él discretamente se anticipa y el gobierno &#8220;<em>aceptó la devolución</em>&#8220;.</p>
<p><em>La veritat</em> resultaría ser que el &#8220;<em>exiliado republicano en Francia</em>&#8221; permaneció en su país durante el franquismo; <strong>nunca lo arrestaron por &#8220;<em>ayudar a la Resistencia en Francia</em>&#8220;</strong> y Alemania lo recibió en calidad de trabajador voluntario en la <em>Deutsche Werke Werft</em> de Kiel, donde, acusado de repartir propaganda comunista, la Gestapo lo detiene y flagela en sus calabozos, pero fue exculpado y devuelto a España.</p>
<p>Jamás estuvo en ningún campo de concentración<em>. </em></p>
<p><em></em>Desenmascarado, admite la trampa y se reinventa para seguir en los primeros planos. Quizá cometió un error, pero con buenas intenciones: <em>&#8220;Mentí porque </em><em>parecía que me prestaban más atención y podía difundir mejor el sufrimiento de las muchas personas que pasaron por los campos.&#8221;</em></p>
<p><em></em>Fue &#8220;<em>por una buena causa</em>&#8221; dirá sin rubor. Para ser más elocuente en la tarea contra la autocracia y más persuasivo advirtiendo contra el totalitarismo y la criminalidad nazista: &#8220;T<em>odo lo que cuento lo he vivido, pero en otro sitio; sólo cambié el lugar, para dar a conocer mejor el dolor de las víctimas&#8221;. &#8220;Nadie tiene derecho a decir que el dolor en una cárcel de la Gestapo no es igual que el dolor en un campo de concentración&#8221;.</em></p>
<p>¿Cómo pudo engañar por décadas de esa manera?</p>
<p>A su falta de escrúpulos algunos le suman genialidad y musa de cuentista o comediante. Vargas Llosa, en un artículo no exento de críticas, se derrite ante el sentido, tono y sustancia de esas urdimbres  y, pese a sentir repulsión moral y política, admira su destreza fabuladora. <em>“Ella se hubiera incorporado a la vida, pasando de mentira a verdad histórica, sin Benito Bermejo, ese aguafiestas, ese maniaco de la exactitud e insensible a las hermosas mentiras que hacen llevadera la existencia”.</em></p>
<p><em>“Señor contrabandista de irrealidades, bienvenido a la mentirosa patria de los novelistas.”</em></p>
<p>Y en estas lides, Marco no ha sido el único manipulador de <em>los colores naturales de la verdad. </em>Misha Defonseca en <em>&#8216;Misha. Una memoria del Holocausto&#8217;, </em>narra cómo sus padres, judíos belgas, antes de ser arrestados la entregaron a una sádica familia católica; con sólo cuatro años, <strong>escapa y camina miles de kilómetros hasta Ucrania, donde</strong> <strong>fue adoptada por los lobos</strong> <strong>y mató a un soldado nazi que quiso violarla.</strong></p>
<p>Pero Misha se llamaba <strong>Monique De Wael, hija de católicos  asesinados por los nazis</strong>. Unos tíos la criaron y en EEUU incoa su fábula adoptando una amañada identidad judía. Y la supuesta niña-loba, se defendía: <em>&#8220;No es la verdadera realidad, pero es mi realidad. Hay momentos en los que me cuesta diferenciar entre la realidad y mi mundo interior.&#8221;</em></p>
<p>El libro fue elogiado hasta por la <em>Fundación del Lobo</em>.</p>
<p><strong>Herman Rosenblat, un mitómano judío</strong>, testificaba que conoció a su esposa en el campo de concentración de Schlieben, y tras admitir la estafa expuesta en <em>&#8220;Un ángel en la cerca&#8221;</em>, respondía de este modo a un periodista. ¿<em>Por qué contar una mentira así</em>? <em>“No fue mentira, fue mi imaginación. Y yo lo creí, incluso ahora lo creo&#8230;”</em>. ¿<em>Cómo puede decir que no fue mentira</em>? <em>No fue verdad y usted lo sabe:  “</em>Sí, no es verdad&#8230; pero en mi imaginación lo fue.”</p>
<p>¿Qué hay detrás de estas insidias?</p>
<p>Posiblemente, egolatría patológica e insatisfacción personal compensada simbólicamente. El complejo psicológico  <em>mentira de Ulises</em> consiste en engañar a sabiendas porque así la gente escucha más. Descubierto, el farsante ensaya otra argucia o se escuda en supuestos problemas para discernir entre verdad y mentira.</p>
<p>Al parecer, en nuestra fértil y señalada provincia, no hemos sido espléndidos en esta asignatura.<strong>Del período llamado <em>la dictadura</em>, sólo afloran escasos y chapuceros falsarios de exoneraciones y torturas en pos de migajas estatales, más algún literato o arqueólogo incrementando el currículum con imaginarios carcelazos.</strong></p>
<p>Sin duda, una saludable escasez.</p>
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		<title>Tribulaciones de una Chanson</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Nov 2015 10:11:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[Un preciado mito chileno sostiene que nuestra canción nacional fue elegida la segunda más bella en un concurso planetario, sólo precedida por la Marsellesa que, como se sabe, es el himno patrio francés. Del mencionado certamen no se dan mayores &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20151123071120/tribulaciones-de-una-chanson/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un preciado mito chileno sostiene que nuestra canción nacional fue elegida la segunda más bella en un concurso planetario, sólo precedida por la <em>Marsellesa</em> que, como se sabe, es el himno patrio francés. Del mencionado certamen no se dan mayores antecedentes, aunque presumimos que se realizó en Francia.</p>
<p>Por lo tanto, un fallo localista –diría un aficionado al boxeo- nos habría relegado a este segundo y subalterno lugar. Sin embargo, cabe consignar que a pesar de la unanimidad lograda en ese quimérico certamen la melodía gala ha sufrido vicisitudes que no hablan precisamente de universal beneplácito histórico.</p>
<p>Fue escrita por el capitán Claude Joseph Rouget de l´Isle en el año 1792, comenzando la guerra contra Austria cuando ésta amenazaba a Francia por el encarcelamiento del rey Luis XVI y su mujer, María Antonieta. La <em>République</em> necesitaba soldados  porque la mayoría de los antiguos militares eran monárquicos; imprescindible era impulsar a los trabajadores a que ingresaran al ejército para defender el país.</p>
<p>El alcalde de Estrasburgo enterado de la situación bélica invitó a cenar a un grupo de oficiales, entre ellos Rouget, al cual, enterado de sus inclinaciones líricas <strong>le solicitó un cántico que animara al pueblo a enrolarse y convenciera a las milicias de que podían vencer al enemigo, salvando al Estado y sus principios revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad. </strong></p>
<p>El capitán, sin amilanarse frente a tantas expectativas, escribió <em>Canto de guerra para el ejército del Rin, </em>que el general encargado del reclutamiento de los voluntarios de Marsella presentaría como <em>Canto de guerra para los ejércitos de las fronteras</em>. Rápidamente se difundió entre los infantes y pronto la conoció la milicia entera. Se mandaría a imprimir, y sus vibrantes versos incrementaron el entusiasmo popular por ingresar a las filas.</p>
<p>La tropa lo aprendió animando las marchas con sus compases. Y cuando los batallones marselleses entraron en París lo hicieron cantando la romanza compuesta apenas tres meses atrás. Los entusiasmados parisinos la bautizan de inmediato, y <em>La Marsellesa </em>sería el símbolo de la nación en conflicto.</p>
<p>Sin duda, aquellas célebres estrofas exaltaban el ánimo patriótico, tanto que Napoleón Bonaparte diría en alguna ocasión: <em>“Esta música nos ahorrará muchos cañones”</em>. Y no obstante utilizarla profusamente durante sus campañas, el Corso no tendría inconvenientes para vetarla cuando se autoproclamó emperador. Es que esas trovas arengaban contra el absolutismo.</p>
<p><strong>Para el advenedizo coronado, </strong><strong><em>La Marsellesa</em></strong><strong> resultaba demasiado revolucionaria y fastidiosa. </strong></p>
<p>A la caída de Napoleón vuelven los reyes y sube al trono <em>El deseado</em> o Luis XVIII, hermano del monarca guillotinado; en el ínterin de sus dos reinados continuaría la proscripción de su canto.La restauración borbónica la prohíbe completamente.</p>
<p>Mas la revolución de 1830 hace caer a este soberano, y la canción ya no estará proscrita. Pero tampoco llegaría a ser emblema oficial en el gobierno del Luis Felipe de Orleans y de la II República. Si bien el rey burgués Luis Felipe otorga una pensión a su olvidado autor.</p>
<p>Napoleón III, presidente de la Segunda República y segundo emperador francés, <em>–“la historia se repite como farsa”- </em>continuará censurándola.</p>
<p>En 1870 surgirá una nueva República en Francia y los <em>citoyens</em> vuelven a tararearla, salvo los derechistas que se niegan a hacerlo y ni siquiera quieren oírla. <strong>Las desventuras de <em>La Marsellesa </em>continuarán en la II Guerra Mundial porque los nazis, en el tenebroso período de la ocupación reiteran la negativa a interpretarla</strong>.</p>
<p>Curiosamente, en los albores del siglo XXI, crece la alarma de las autoridades francesas por la gran ignorancia de ella entre la juventud. Entonces, en marzo del 2005 la ley Fillon reformaría el sistema educacional estableciendo, entre otras disposiciones,<strong> la obligatoriedad de su aprendizaje en la instrucción primaria.</strong></p>
<p>El 9 de Termidor, pone fin al Reino del Terror de Robespierre, abre todas las cárceles y liberando a Rouget de l´Isle ahorraría a la revolución el baldón de haber ofrecido a la “Navaja nacional” la cabeza del célebre compositor, condenado a muerte por <em>El</em> <em>Incorruptible</em> .</p>
<p>Pese a todos sus contratiempos, <em>La Marsellesa</em> termina gozando de prestigio universal y su presencia en el arte es evidente. La <em>Obertura 1812</em> de Chaikovski, incluye algunos de sus pasajes representando a las huestes galas. El compositor hace chocar su música con la del <em>Himno Imperial</em> de Mijail Glinka, y la  confrontación entre ambas representa la batalla de Borodino.</p>
<p>También está presente en la obertura de Robert Schumann, <em>Hermann y Dorotea.</em></p>
<p>Y en el legendario film <em>Casablanca</em> uno de sus personajes, Viktor Lazlo, la entona en el bar de Rick &#8211; Humphrey Bogart &#8211; para acallar a un grupo de oficiales alemanes que canturreaba una cantinela germana. <strong>Sugerente escena pues a la sazón, 1942, el himno estaba proscrito en la Francia de Vichy. Sin duda, un saludo hollywoodense a </strong><strong><em>la Résistance</em></strong><strong> </strong><strong>en su lucha contra la ocupación nazi.</strong></p>
<p>Ahora, a causa de los recientes ataques terroristas, <em>La Marsellesa</em> fue coreada en Wembley antes de un juego del Masters de Londres y en el Bernabéu al inicio del <em>clásico</em> español. En Inglaterra <em>Los Beatles </em>ya habían usado sus primeros compases en el comienzo de  <em>Todo lo que necesitas es amor</em>, <em>All You Need is Love</em>. Y en América del Sur, dos partidos políticos con reminiscencias socialistas han recurrido a su partitura para iluminar sus coplas oficiales.</p>
<p>Volviendo a nuestros lares, el texto de Eusebio Lillo no ha estado exento de controversia por  alusiones a ciertos <em>“valientes soldados</em>”, y, además<strong>, podría decirse que sus referencias a <em>cielos puros y azulados</em> tanto como a <em>copias felices del Edén</em> traspasan el umbral de la literatura fantástica.</strong></p>
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		<title>La evolución a bordo</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Oct 2015 19:09:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Cuando me encontraba como naturalista en el Beagle, buque de la marina real, me llamaron mucho la atención ciertos hechos que se presentan en la distribución geográfica de los seres orgánicos que viven en América del Sur y en las &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20151003160912/la-evolucion-a-bordo/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>&#8220;</strong>Cuando me encontraba como naturalista en el Beagle, buque de la marina real, me llamaron mucho la atención ciertos hechos que se presentan en la distribución geográfica de los seres orgánicos que viven en América del Sur y en las relaciones geológicas con los habitantes actuales y antiguos de aquel continente.”</em></p>
<p>Así comienza El origen de las especies, explosivo texto contrario a la tesis que estimaba a las especies naturales creaciones inmutables. Su génesis invita a recordar al admirable bergantín protagonista de tres anchurosas travesías, enfrentando en el linde de la legendaria náutica velera a la prosaica navegación a vapor. Tiempos en que el mar quizá no fuera mejor pero sí más misterioso y poético.</p>
<p>Durante la primera salida (1826-1830), en flotilla con el <em>Adventure</em>, debían surcar el litoral sureño de América. Su comandante, Pringle Stokes, llegaría al límite del aguante registrando costas vagas e imprecisas en las cercanías del golfo de Penas: <em>“El alma muere donde el aguacero y el granizo golpean con tanta violencia lugares deshabitados, sin ese recreo cuyo trato con cualquier pueblo proporciona a la tripulación en expediciones monótonas y laboriosas por soledades.”</em></p>
<p><strong>Agobiado por el “peso del mando” y un insondable desánimo, se descerrajaría un tiro en su compartimento; doce días agonizó el pobre Stokes antes de ser enterrado en el tristemente célebre Puerto del Hambre. La escuadrilla rumbearía hacia Brasil.</strong></p>
<p>En Río de Janeiro asume la capitanía del <em>Beagle</em> el teniente Robert Fitz Roy, enrolado desde niño en la armada. Sólo tenía veintitrés años y, sin desconocerle méritos propios, habría influido en el nombramiento su linaje como descendiente directo del rey Carlos II y sobrino de un poderoso duque.</p>
<p>Bajo su conducción se realizan importantes trabajos hidrográficos y  descubre el canal bautizado con el nombre del barco. Asimismo, molesto porque  algunos kawésqar robaron un bote que nunca apareció, tomaría a cuatro indígenas: York Minster, Boat Memory, Jemmy Button y  la niña Fueguia Basket, conjeturando <em>“los beneficios que ellos y sus compatriotas podrían obtener, como también nosotros, llevándolos a Inglaterra; educarlos y regresarlos a Tierra del Fuego.”</em></p>
<p><strong>Aunque esa filantropía antropológica encubría fines más prácticos, la amistosa disposición de ellos reflejaba confianza; más allá de la barrera lingüística, suponían que de algún modo él los retornaría a sus lares. No obstante, incluso consintiendo voluntariamente, eran cautivos y en rigor se trataba de un secuestro. A las familias ni siquiera se les notificó de su partida.</strong></p>
<p>El <em>Beagle</em> y la <em>Adventure,</em> antes de recalar en Inglaterra, exhibirían sus virtudes marineras anclando en Ancud, Valparaíso, El Callao, islas Galápagos, Tahíti, Nueva Zelandia, Australia, cabo de Buena Esperanza, Salvador de Bahía, Cabo Verde y las Azores.<strong> </strong></p>
<p>Para fortalecer las posibilidades del segundo viaje (1831-1836), Fitz Roy propuso que una persona educada y científica compartiera su camarote.<strong> Sir Charles Darwin</strong>, aficionado a la geología e historia natural, pese a marearse con sólo pisar una cubierta, aceptaría pero con la condición de desembarcar  a discreción y sufragar parte de los gastos del capitán.</p>
<p><strong>Esa previsora cláusula le permite peregrinar por Chile, con terremoto incluido: <em>&#8220;Nada más terrible, y sin embargo, es el espectáculo más interesante que jamás haya presenciado&#8221;</em>, afirma al contemplar Concepción en ruinas.  </strong></p>
<p>Casi un lustro duró esa expedición alrededor del mundo, y Darwin pasaría más de tres años en tierra.</p>
<p>Fitz Roy, honrando su palabra, traía de vuelta a los fueguinos, salvo Boat Memory muerto de sarampión en Plymouth. Recalaron en Wulaia (<em>bahía hermosa</em>, en yagán) y construyen tres cabañas: una para el catequista Matthews, otra para Jemmy Button y  la tercera para York Minster con Fuegia Basket. Todos permanecieron allí  mientras él decide navegar el canal Beagle.</p>
<p><strong>Al volver halla todo saqueado, y Matthews temeroso se reembarca. Fitz Roy se encontraría por última vez con Jemmy Button cuando éste, en su estado natural, se dejó ver casi desnudo en una canoa, con el pelo largo y sucio. Ya nada quedaba del <em>gentleman </em>que impresionó a la sociedad londinense y sostuviera una exitosa audiencia con los monarcas en el Palacio de Saint James.</strong></p>
<p><strong>Postrero adiós que sella el fracaso total de aquella utópica tentativa cristianizadora. </strong></p>
<p>Tercer viaje (1837-1843). Para Inglaterra era muy relevante su conexión con Australia, en cuyas márgenes del noroeste se especulaba que las bahías recibían aguas provenientes de grandes ríos; conocerlos facilitaría la colonización de ese continente tan próximo a sus posesiones de la India.</p>
<p><em>Navigare necesse est. </em><em>E</em>l  <em>Beagle</em> dirigido por John Clemens Wickman, participará en la exploración y delineamiento de ese borde costero. Tras esta última gran singladura, militará con más pena que gloria en el servicio aduanero de Essex. Décadas resiste fondeado en un río antes de ser declarado desecho naval y vendido en unas pocas libras para su desguace.</p>
<p>Fitz Roy -después de una azarosa gobernación en Nueva Zelandia-, retirado y con el respaldo de Darwin sería admitido en la Royal Society. Aún así, en su puritanismo religioso se sentía traicionado y culpable con <em>El origen de las especies</em>. Responsable de una abominación pues su ayuda y aliento sirvieron a quien hirió de muerte el pilar de sus creencias.</p>
<p>En el concurrido <em>Debate de la evolución en Oxford 1860</em> atacó el libro y levantando una Biblia imploró a la audiencia que creyeran en Dios antes que en el hombre. Humillado, el viejo navegante caería en un estado de honda melancolía. Una mañana, se levantó temprano y luego de saludar afablemente a su mujer e hija, encerrado en su vestidor, se degolló con su propia navaja.</p>
<p>Al conmemorarse dos siglos del nacimiento de Darwin un grupo de empresarios británicos planeó construir una copia del navío para recrear su periplo con el naturalista. Se trataba de seguir la misma ruta con una tripulación de jóvenes científicos, pero el proyecto fracasó por falta de fondos.</p>
<p><strong>Ahora, replicado en el Museo Nao Victoria de Punta Arenas, con su quilla labrada en coigüe y a orillas del Estrecho de Magallanes, el victoriano bajel sugiere la imagen del “viajero inmóvil”, como llamara a Neruda un ensayista uruguayo.</strong></p>
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		<title>Una toledana malquerida</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Sep 2015 13:30:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[Ponderando los dominios de esta hija de Fernando e Isabel, los Reyes Católicos auspiciadores de Colón, Juana la Loca (1479 &#8211; 1555) puede ser considerada primera soberana de la actual España. Otra cosa es que su regencia sólo fuese nominal &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20150901103038/una-toledana-malquerida/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ponderando los dominios de esta hija de Fernando e Isabel, los Reyes Católicos auspiciadores de Colón, Juana la Loca (1479 &#8211; 1555) puede ser considerada primera soberana de la actual España. Otra cosa es que su regencia sólo fuese nominal o algo así como una satisfacción alucinatoria.</p>
<p>Con dudosa opción al trono, recibe una educación de tercera hermana, más obediente que mandona: religión, urbanidad, danza y música, equitación e idiomas. <strong>La madre trataría de moldearla a su “<em>hechura devocional</em>” pero resulta escéptica, manifestando, además, notorio desinterés por los ritos apostólicos. Isabel, alarmada, ordena mantener en secreto esta caprichosa y rebelde conducta.</strong></p>
<p>Quizá advirtiera, en esa irreligiosidad, gérmenes contrarios a la salud del dogmático origen divino de las monarquías. A su debido tiempo, la revolución francesa daría jaque mate a esta extravagante doctrina.</p>
<p>Ofrecida en matrimonio a Felipe, archiduque de Austria, Juana fue moneda de cambio para reforzar  ataduras españolas con su padre, el emperador Maximiliano I de Habsburgo. A contrapelo, viaja a los Países Bajos a encontrarse con un novio desconocido. Curiosamente, ambos son atrapados por el torbellino de un amor a primera vista; tanto, que se habrían <em>conocido</em> –en el bíblico sentido- antes de la boda.</p>
<p>En Flandes, la infanta adolescente descubre un entorno individualista, comercial, festivo y opulento, explícitamente contrario a la familiar, piadosa y sobria corte hispana. El marido, incorregible tenorio, amante de la caza y los deportes, había demostrado competencia administrativa conjugando los intereses de Bélgica y Holanda con sensatas reformas.</p>
<p><strong>Por sus retratos, era evidente exageración cortesana llamar <em>el Hermoso </em>a este Felipe que pronto  comienza a perder interés en su esposa, consumida por celos patológicos. Aún así, la estoica Juana afrontaría seis partos, matizados con periodos de angustiante vacío o abstinencia conyugal. </strong></p>
<p>La inquisidora Isabel –cuya beatificación sigue atascada en oficinas vaticanas-, advertida por sacerdotes husmeadores, la deshereda por no oír misa ni confesarse. Si bien, a su muerte, Fernando la proclama reina de Castilla reservándose astutamente la autoridad. Felipe no cede y, mientras el prolífico himeneo esperaba su quinto retoño en Bruselas, acuerdan un gobierno conjunto con Fernando y la propia Juana,</p>
<p>La situación cambia con el arribo de la real pareja a España; las malas relaciones con su yerno obligan al suegro a retirarse a Aragón, y Felipe es proclamado rey de Castilla. Éste, por cierto, regirá ignorando cumplidamente a su mujer.</p>
<p><strong><em>El Hermoso</em>, luego de un sudado juego de pelota bebe abundante agua helada; días más tarde, afligido por altas fiebres moriría en <em>la flor de sus pecados</em>, apenas de veintiocho primaveras. Lo súbito del suceso, inclinaba los rumores de envenenamiento hacia el suegro.</strong></p>
<p>Juana decide enterrarlo en Granada, y durante el fallido traslado que duraría meses, acompañada por curas, damas e hidalgos, no se aparta del féretro. En el comadreo crecen rumores de demencia, y los nobles lamentan perder el tiempo en vez de ocuparse de sus tierras. Tras esa surrealista aventura trataría de gobernar,  mas el buen Fernando ordena encerrarla previniendo la formación de un partido nobiliario en torno suyo.</p>
<p>A la muerte del viejo rey, Juana suma el solio de Aragón a su ilusorio poderío. Esta vez, su hijo Carlos I se apropia de las jerarquías. Oficialmente, juntos correinaron en Castilla y Aragón.<strong> Y pese a que nunca fue declarada incapaz ni le retiraron títulos, jamás prevalecería, pues su devoto vástago mantuvo el encierro, obligándola a escuchar misa y confesarse, bajo tortura si fuese necesario.</strong></p>
<p>Una rebelión anti señorial vendría en su ayuda, pues la llamada revuelta comunera, primera sublevación burguesa moderna, le reconoce majestad. Ella responde: “<em>Sí, sí, estad aquí a mi servicio y avisadme de todo y castigad a los malos”</em>. Así como la demencia de Juana era esencial para la legitimidad de Carlos I, su cordura justificaba derrocarlo por usurpador.</p>
<p>Para los comuneros sólo era una víctima de confabulaciones políticas. Ahora “parece otra”; interesada por las cosas, cuidada de su persona y  persuasiva ante la Junta comunera que precisaba su rúbrica para validar sus actuaciones. Sin embargo, se niega a firmar nada.</p>
<p>Carlos I gana la partida y Juana volvería al cautiverio, ya muy deteriorada por la depresión y la invalidez. <strong>Hasta su amén, rigurosa en el vestido negro y acompañada por su hija Catalina, permaneció cuarenta y seis años prisionera. De sus carceleros, física y psicológicamente maltratadas.</strong></p>
<p>Por la indiferencia religiosa podría estar endemoniada, sugirieron algunos prelados.Francisco de Borja la visita y declara sin fundamento esas acusaciones. De cualquier modo, murió negándose a la confesión. Se dijo que la demencia la habría heredado de su abuela materna. No obstante, la silente “revolución de los archivos” demostraría que sufrió de intriga paterna continuada por el retoño.</p>
<p>El romanticismo se fascina con la leyenda de esta princesa medieval: pasión frustrada por el desamor, los mórbidos celos, el dolor de su viudez, su inicua reclusión. Esa bancarrota emocional y pérdida de toda esperanza atrajo a pintores, desde el <em>museopradista</em> Francisco Pradilla, un tantico de Rembrandt hay en sus pinceles, hasta la contracultural Juanita Markez.</p>
<p>Y Federico García Lorca le brinda el festejo de una elegía en verso alejandrino:</p>
<p><em>Eloisa y Julieta fueron dos margaritas,<br />
pero tú fuiste un rojo clavel ensangrentado<br />
que vino de la tierra dorada de Castilla<br />
a dormir entre nieve y ciprerales castos.</em></p>
<p>Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,<br />
la de las torres viejas y del jardín callado,<br />
la de la yedra muerta sobre los muros rojos,<br />
la de la niebla azul y el arrayán romántico.</p>
<p>Princesa enamorada y mal correspondida.</p>
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		<title>En torno a la Araucanía</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2015 14:57:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[Algunas opiniones sobre la cultura y el pueblo mapuche sugieren que entre ellos hay completa armonía, pese a que desde muy antiguo han tenido profundas disonancias. En El cautiverio feliz,  Pineda y Bascuñán, las peripecias del prisionero expresan notorias discordias &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20150727105753/en-torno-a-la-araucania/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Algunas opiniones sobre la cultura y el pueblo mapuche sugieren que entre ellos hay completa armonía, pese a que desde muy antiguo han tenido profundas disonancias. En <em>El cautiverio feliz,</em>  Pineda y Bascuñán, las peripecias del prisionero expresan notorias discordias entre caciques: unos sentían simpatía por él y otros querían eliminarlo.</p>
<p>Acaso por falta de unidad política diferían frente al conquistador.</p>
<p><strong>Lo mismo se advierte en las guerras de la Independencia y la Reconquista: participan en ambos bandos. Memorable es el partido de <em>palín</em> en que dos equipos de mocetones se jugaron la vida del Obispo Marán, en Tirúa; para fortuna del prelado triunfaron sus adeptos.</strong></p>
<p>En 1845, atraído por su forma de vida los visita Ignacio Domeyko. El sabio polaco anotaría: &#8220;<em>Un país que no tiene nada de bárbaro o salvaje: casas bien hechas y espaciosas, gente trabajadora, campos bien cultivados, ganado gordo y buenos caballos, testimonios de prosperidad y paz&#8221;. &#8220;Orden, disciplina y severidad reinan al interior de las familias, hijos sumisos a sus padres, mujeres ocupadas, cuidando los niños, en la cocina o hilando y tejiendo ropa</em>&#8220;.</p>
<p><strong>Contrariamente, <em>El Mercurio</em> dictaminaba en 1859: <em>&#8220;El Araucano de hoy es tan limitado, astuto, feroz y cobarde al mismo tiempo, ingrato y vengativo, como en tiempos de Ercilla; vive, come y bebe licor con exceso como antes; no han imitado, ni inventado nada, a excepción de la asimilación&#8230; del caballo, que ha favorecido y desarrollado sus costumbres salvajes&#8221;. “P</em><em>ampas o araucanos son horda de fieras que urge encadenar o destruir en interés de la humanidad y de la civilización.”</em></strong></p>
<p>Hoy, en público al menos, nadie suscribiría conceptos tan agresivos y difamatorios, pero <em>indio</em> no es precisamente un término amable. Por eso, este asunto exige distingos previos: en Chile hay un millón de personas de origen mapuche, la mitad habita territorios ancestrales. El resto, casi todos en la capital, reconoce sus raíces. Aún así, inventamos una nación homogénea y europeizada.</p>
<p>Sin embargo, “el indio” está presente. <strong>Una presencia reprimida por nuestra psicosis de blancura que niega el visible mestizaje. Acá hay más rubias que en Estocolmo, anotaba con ironía un viajero. Y de esa ilusoria unidad racial hay un paso a la estrambótica pretensión de ser <em>los ingleses de América</em>. Tonterías que se desmienten solas.  Ya informó Joaquín Edwards Bello, a propósito de un desfile de marinos chilenos en Londres, que los británicos creyeron ver parte de la armada japonesa. </strong></p>
<p>Admiramos a los mitológicos mapuches de Ercilla, otro cantar es la diaria realidad. No es preciso ser antropólogo para percibir que en ciudades y pueblos de la Frontera suele considerárseles “borrachos, flojos y ladrones”. Aunque muchos cruzan la cordillera buscando trabajo o, impulsados por la falta de tierras, han llegado a Santiago a cumplir tareas agotadoras y mal remuneradas.</p>
<p>La llamada <em>Pacificación de la Araucanía</em> en1861 fue despojo y colonización de la tierra y mentalidad araucana gracias a fusiles, aguardiente, razón y progreso. “Aún el país paga las consecuencias de aquella política”, sostiene el historiador Jorge Pinto, y sin duda es la raíz del conflicto con las comunidades cuya necesidad de denuncia y defensa nace al irrumpir un poder extraño, un nuevo orden dominante.</p>
<p>Tras las actuales reivindicaciones: devolución de tierras, autonomía, hay un movimiento con estrategias y métodos distintos. No es un sindicato, es un pueblo, dice Fernando Pairicán que, sin aprobar a Celestino Córdova, insiste en que la violencia es de los agricultores, policial y gubernamental. Se lucha por derechos políticos no por venganza.</p>
<p>Ahora, resulta laborioso compaginar agrupaciones tan disímiles como la CAM  y la Asociación de Empresarios Mapuches. Dicen los primeros: “Buscamos la liberación del Wallmapu destruyendo el sistema capitalista. Fuera forestales, territorio y autonomía”. Los segundos, quieren fortalecer capacidades empresariales rescatando valores de la etnia mediante un rol activo en el desarrollo de la sociedad chilena.</p>
<p><strong>La tierra cuesta mil millones de dólares, sostuvo Francisco Huenchumilla, y en tiempos de <em>realismo sin renuncia</em> debe sonar caro en el Palacio.</strong> Mas no se trata sólo de eso, afirma Pedro Cayuqueo, implica integrar variables culturales, sociales, económicas y políticas, representación parlamentaria, autodeterminación, salud y educación multicultural, etc.. y con hidroeléctricas, forestales y pesqueras en la región, difícilmente se logrará, concluye.</p>
<p>Es una buena perspectiva del problema, cuya solución sólo será posible dialogando. Y la actitud mapuche a debatir existe desde los parlamentos coloniales. El Estado quebranta ese coloquio, privándolos de predios restituidos por la reforma agraria o imponiendo plantaciones forestales sin compensación ni participación en los beneficios, internacionalmente establecidos.</p>
<p>Por eso, el gobierno, evitando la tentación autoritaria, más policía, querellas y leyes de seguridad, debe confirmar el Ministerio de Pueblos Originarios y el Consejo Nacional de Pueblos Originarios aprobados en la Consulta Previa a los Pueblos Indígenas, diseñada en buena medida por intelectuales mapuches. Y encimar a la CONADI, que vulnera sus propias normas comprando fundos para comunidades ajenas a sus prioridades, en desmedro de otras que hacen la cola pacíficamente.</p>
<p><strong>Es obvio que garantes imparciales harían más fructíferas las conversaciones. Igualmente, la explícita disposición de las partes a imaginar arreglos neutralizaría esa mezcla delirante que habita en integrantes de la CAM y en gremios de agricultores, armándose y alentando grupos como <em>Los Húsar </em> para “darles una lección a los terroristas”.</strong></p>
<p>Con todo, si “la lucha por hectáreas no nos sacará de la miseria” y sólo la autonomía es el camino para “la construcción nacional mapuche”, los alcances de esa antigua idea deberían precisarse con mayor rigor pues la región autónoma, plurinacional y multicultural con Parlamento propio y dos lenguas oficiales, sólo en el papel resulta fácil.</p>
<p>Grandes escollos aguardan a esta antigua causa surcando <em>las heladas aguas del cálculo egoísta</em> o enfrentando a <em>los intereses creados</em>. Rodeada, además, por la indiferencia de mayorías crediticias, enrieladas en códigos patronales y escasas de humanismo. Escépticas y felices, según el oráculo de las encuestas.</p>
<p>Con esa atmósfera social, podrían pasar muchas lunas y la situación mantenerse en la penumbra o igual por cien años más.</p>
<p>Confiemos en que el plazo no sea tan extendido.</p>
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		<title>Olvido y memoria</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jun 2015 15:34:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[Atisbando los laureles de la gloria, algunos han elegido el arduo y pedregoso camino de la literatura, del arte o de las ciencias. Otros, prefieren sendas más descansadas: como, por ejemplo, devastar a la manera de Eróstrato, ese joven griego &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20150620113433/olvido-y-memoria/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Atisbando los laureles de la gloria, algunos han elegido el arduo y pedregoso camino de la literatura, del arte o de las ciencias. Otros, prefieren sendas más descansadas: como, por ejemplo, devastar a la manera de Eróstrato, ese joven griego que destruyera el templo de Artemisa en Éfeso, una de las siete maravillas del mundo antiguo,</p>
<p>El desmedido e iracundo doncel, súbitamente habría vislumbrado que el espíritu superior es ardiente y seco. Modesto, dedujo que su alma era la más perfecta y sólo quería pregonarlo. Soy hijo de mi obra, y perpetuar mi nombre es el único móvil, confesó más tarde a sus captores.</p>
<p>Virtuoso y despectivo con las cortesanas, ofrecía su castidad a la diosa imaginando que ésta la aceptaba complacida. Un merodeador peligroso, se dijeron los custodios del edificio y lograron alejarlo a la periferia. Vivió entonces en una gruta, desde donde acechaba los candiles sacros.</p>
<p><strong>Llegada su hora, felino y amparado por una oscuridad sin estrellas, Eróstrato sortea a la dormida guardia sacerdotal. Ya instalado en la recámara divina e impelido por un <em>irresistible impulso</em>  –diría un penalista- puso fuego a la cortina que aislaba a la deidad. En pocos minutos el monumento sería  alucinante resplandor anaranjado.</strong></p>
<p>Se dice que esa misma noche, la del 21 de julio del año 356 A.C., nació Alejandro de Macedonia, también artífice de eternidades  aunque por medios más laboriosos.</p>
<p><strong>Ajusticiado Eróstrato, las ciudades jónicas prohibieron bajo pena de muerte nombrarlo de ninguna forma. Mas el runrún y los chismes sobrepasaron la interdicción,  y  la fama del pirómano no fenecería <em>bajo las ruedas del tiempo</em>. La psicología estudia un complejo con sus credenciales y en cualquier diccionario puede leerse, <em>Erostratismo:</em> &#8220;manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir reputación&#8221;. </strong></p>
<p>Tampoco le ha sido esquiva la literatura. Víctor Hugo, consigna en uno de su poemas: <em>“&#8230;Y el viento, que hace mucho soplaba en las Sodomas / Mezcla en el sucio hogar y bajo el vil caldero / Al humo de Eróstrato con la llama de Nerón”.  </em>Asimismo,  en <em>El gordo y el flaco </em>de Chéjov, puede leerse: “Íbamos juntos a la escuela —repitió el flaco—. ¿Te acuerdas cómo te hacían rabiar llamándote Eróstrato por haber quemado un cuaderno oficial con un cigarrillo?”</p>
<p>Marcel Schowb escribió <em>Eróstrato Incendiario</em>, incluido en <em>Vidas</em> <em>imaginarias;</em> mágicas resonancias de ese libro pueden advertirse en la <em>Historia universal de la infamia </em>de Jorge Luis Borges. Por su parte, Fernando Pessoa suscribe <em>Eróstrato y la búsqueda de la inmortalidad</em>, ensayo que apenas disimula la impaciencia del poeta portugués por alcanzar el reconocimiento de sus contemporáneos.</p>
<p><strong>Entre los filósofos, Jean Paul Sartre, fino y perspicaz explorador d</strong><strong>el alma, especialmente perfilando aquellas circunstancias extremas que nos obligan a decidir en completa soledad, </strong><strong>le dedica <em>Eróstrato,</em> uno de los cinco cuentos incluidos en </strong><strong><em>El muro</em></strong><strong>. </strong><strong> </strong></p>
<p>Tragicómica semblanza de un oficinista misántropo, angustiado por el eros femenino y soñador de violentos crímenes al azar para “asombrarlos a todos”. Una sombría existencia que en su epílogo <em>explotaría e iluminaría el mundo con una llama violenta y breve como el estallido del magnesio</em>.</p>
<p>En ciento dos cartas enviadas a otros tantos escritores franceses, les pronosticaba<em>: </em></p>
<p><em>Voy a tomar ahora mismo mi revólver, bajaré a la calle y veré si se puede lograr algo </em>contra<em> ellos. Adiós, señor; tal vez será usted a quien encuentre. Entonces no sabrá nunca con qué placer le haré saltar los sesos. Si no –y es el caso más probable- lea los diarios de mañana. En ellos verá que un individuo llamado Paul Hilbert mató, en una crisis de furor, a cinco transeúntes en el boulevard Edgard Quinet. Usted sabe mejor que nadie lo que vale la prosa de los grandes diarios. Comprenda, pues, que no estoy </em>furioso<em>; al contrario, estoy muy tranquilo y le ruego que acepte, señor, mi consideración más distinguida.</em></p>
<p>Al día siguiente, un despistado peatón recibe <em>tres balas en el vientre. Cayó con aire de idiota sobre las rodillas y su cabeza rodó sobre el hombro izquierdo</em>. Perseguido por una turba indignada, el insignificante Paul, encerrado en el baño de un Café pone el cañón del arma en su boca y se brinda la última bala …</p>
<p><em>Entonces arrojé el revólver y les abrí la puerta.</em></p>
<p><strong>Sartre, cuya lectura y estudio fue un deber intelectual, luego tarea de especialistas y hoy parece lujo de eruditos, mantiene el mérito socrático de haber extendido la presencia de la filosofía hasta el corazón de la polis, a la calle, al café, al teatro, al cine y a la prensa. A los debates políticos en que una democracia arriesga o cimenta sus posibilidades y ventura. </strong></p>
<p>Quizá la mayor incomodidad de los detractores del pensador francés, en particular los de raigambre católica, se origina en la conclusión de que el hombre es una “pasión inútil” y portador de la nada.</p>
<p>Algún tiempo atrás, en un sondeo realizado en Santiago sobre el autor de <em>El Ser y la Nada,</em>  connotados catedráticos apostólicos no malograron la ocasión para expresar su molestia.“Verdaderamente hay que carecer de escrúpulos para calificarlo una de las lumbreras intelectuales de nuestro tiempo”, sostuvo uno. “Con su doctrina desesperanzadora y desesperada sólo ha contribuido a la desventura de los hombres actuales”, agregaría otro.</p>
<p><strong>“Frente a un Descartes o Bergson, no es más que un pensador arrabalero”, remacharía un tercero. </strong></p>
<p>Probablemente no le perdonan al existencialista parisino un pecado juvenil, de sesgo erostratiano: orinar sobre la tumba del ilustre René de Chateaubriand, <em>El genio del cristianismo</em>.</p>
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		<title>Presagios en el cine</title>
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		<pubDate>Wed, 20 May 2015 11:57:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[La novela es un espejo puesto en el camino, decía Stendhal, tejiendo su proyecto de reflejar en Rojo y Negro la sociedad “moralista, grave y triste que nos legaron los jesuitas y los últimos Borbones”. Una idea literaria antigua, válida &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20150520075718/presagios-en-el-cine/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La novela es un espejo puesto en el camino, decía Stendhal, tejiendo su proyecto de reflejar en <em>Rojo y Negro</em> la sociedad <em>“moralista, grave y triste que nos legaron los jesuitas y los últimos Borbones”.</em> Una idea literaria antigua, válida para las artes en general, esas manifestaciones libres del espíritu sin obligaciones ni intereses prácticos, según algunos comentaristas.</p>
<p><strong>Para otros, éstas deben cambiar el mundo suscitando turbulencias y  rebeldía. No obstante, enriqueciendo los conceptos anteriores, la obra artística puede ser incluso premonitoria o profética. Julio Verne, Franz Kafka o Ray Bradbury son sugestivos cónsules de esta fecunda cualidad.  </strong></p>
<p>En sus décadas preliminares, la cinematografía alemana también.</p>
<p>Después de la primera guerra mundial, Hans Janowitz y Carl Mayer, imaginaron una sorprendente historia: a un pueblo llega una feria de entretenciones. Su número principal es el doctor Caligari con su asistente Cesare, una especie de zombi; Caligari, tramitando el permiso para actuar es vejado por un funcionario municipal. Al día siguiente, el abusivo empleado aparece muerto en su habitación.</p>
<p><strong>Francis y Alan –estudiantes enamorados de Jane, hija del médico local- entran en la tienda del mago y ven a Cesare salir lentamente de una caja vertical con forma de ataúd. Se anuncia que responderá preguntas sobre el futuro. Alan quiere saber cuánto vivirá. Y Cesare, visiblemente dominado por su amo, contesta: “Hasta el amanecer”.</strong></p>
<p>Muy de mañana, Francis se entera de que su amigo ha sido apuñalado.</p>
<p>Sospechando del siniestro galeno, persuade al padre de Jane para que lo ayude en la investigación. Con una orden de allanamiento, ingresan a su aposento y le exigen cortar el trance del sirviente. En ese momento, son reclamados por la policía para asistir al interrogatorio de un individuo que asesinó a una mujer pero que niega los otros dos crímenes.</p>
<p>Al anochecer, Francis espía por la ventana del vagón y cree ver a Cesare en su urna. En realidad, en ese instante éste levantaba su puñal en el dormitorio de Jane, mas conmovido por su belleza arroja el arma y huye secuestrándola. Es alcanzado por el padre, y, entretanto la horrorizada muchacha es regresada a casa, el raptor muere exhausto y solitario.</p>
<p>Paralelamente, Francis y los guardias, intentando esclarecer el misterio, abren el cajón y sólo encuentran un muñeco en su interior. Caligari escapa refugiándose en un manicomio, seguido por el juvenil investigador. Éste exige hablar con el director y, al enfrentarlo, constata atónito que ambos eran la misma persona.</p>
<p>Mientras el mefistofélico administrador duerme, Francis y tres médicos enterados del caso descubren en su oficina testimonios acusatorios. <strong>Un vetusto libro sobre un tal Caligari que recorría Italia hipnotizando a su criado Cesare; durante las correrías homicidas lo reemplazaba con un fantoche de cera. Concluyente resulta su archivo; allí anotó que, obsesionado con esas fuerzas, cuando le confiaron un sonámbulo no resistió la tentación.</strong></p>
<p>Se había transfigurado en Caligari.</p>
<p>Francis lo enfrenta con el cadáver de su autómata, y tan pronto el manipulador comprende que éste ha muerto comienza a desvariar siendo reducido con una camisa de fuerza.</p>
<p><strong>La narración era una categórica condena del autoritarismo, manifiesto en la conscripción obligatoria y en las guerras de la época. Caligari encarnaba ese fetichismo del poder por el poder que, satisfaciendo inescrupulosamente su despotismo, atropella valores y derechos humanos.</strong></p>
<p>Inocente víctima de una potestad ajena, Cesare es el hombre común que presionado por el servicio militar aprende a matar y morir, un instrumento. <strong>Y el sentido revolucionario de la crónica se aclaraba identificando a Caligari con el psiquiatra cuyo imperio demencial es abolido.</strong></p>
<p>El suceso fue llevado al cine como <em>El gabinete del doctor Caligari, </em>dirigido por Robert Wiene. Éste  efectuó cambios esenciales en el cuento original; los autores protestaron en vano.</p>
<p>Ahora, sería una quimera urdida por el perturbado Francis que se  inicia mostrándolo en el parque de un sanatorio junto a otro enfermo. Fantasmagórica, pasa Jane. Francis dice: <em>“Lo que me ocurrió con ella es aún más extraño que lo tuyo. Te contaré.”</em> Y comienza el relato que culmina desenmascarando al manipulador. Luego, camina con su compañero mezclándose en un concilio de tristes figuras alienadas.</p>
<p>El director, de porte comprensivo, atiende a todos. Francis, perdido en sus alucinaciones, lo confunde con el protagonista de sus pesadillas acusándolo de ser un demente peligroso. Grita y lucha enfurecido con los enfermeros.</p>
<p>La próxima escena es en una sala. El decano se coloca anteojos que lo transforman en el viejo demiurgo. Sacándoselos, comunica a sus ayudantes que Francis cree que él es Caligari. <em>“Ya entiendo el caso y podré curarlo”,</em> termina diciendo.</p>
<p>El público podía retirarse con este tranquilizador mensaje.</p>
<p>Los guionistas tenían motivos para indignarse: la variante introducida pervertía sus propósitos.Si ellos denunciaban la locura inherente a la autoridad, el film la glorificaba reduciendo a su oponente a la condición de orate. Lo jacobino devenía conformista.</p>
<p><strong>Con todo, la película conservó el tema central trocado en  la fantasía de un loco y fluctuando entre la tiranía y el caos desplegaría una atmósfera saturada de espanto y pavor, preludio de horizontes alarmantes: Hitler imponiendo su poder hipnótico a la voluntad de enardecidos adeptos o sobre el alma de pasmadas muchedumbres.</strong></p>
<p>¿Serían esas multitudes tan inocentes como el desvalido Cesare?</p>
<p><em>El gabinete del doctor Caligari </em>no fue la única señal del celuloide germano esbozando aquel trágico porvenir. Entre otras, <em>El estudiante de Praga;</em> <em>Homunculus; Dr. Mabuse;</em> <em>El ángel azul; M</em>,<strong><em> </em></strong><em>el vampiro de Düsseldorf</em> –Fritz Lang quiso titularla <em>Los asesinos están entre nosotros</em>-,  a su modo, ilustraron similares y menospreciadas advertencias.</p>
<p>Más temprano que tarde, se comprobaría la veracidad de esas profecías.</p>
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		<title>Un destilado endeble</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2015 14:08:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[Tiempo atrás, un escritor chileno se preguntaba si la Mistral usó alguna vez pantalones. Quizá no fuera más que un eufemismo para disfrazar desvelos del ambiente en torno a los entresijos amorosos de nuestra  Nobel. Niña errante, epistolario entre Gabriela &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20150415110850/un-destilado-endeble/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tiempo atrás, un escritor chileno se preguntaba si la Mistral usó alguna vez pantalones. Quizá no fuera más que un eufemismo para disfrazar desvelos del ambiente en torno a los entresijos amorosos de nuestra  Nobel.</p>
<p><em>Niña errante</em>, epistolario entre Gabriela Mistral y Doris Dana, contiene en su preámbulo afirmaciones que erigen a su autor, Pedro Pablo Zegers, en  máximo detractor del lesbianismo de la laureada elquina. Solo habría una tierna amistad, con ella en “posición de maestra” y Doris de discípula y la varonil rúbrica “tuyo” no revelaría más que un ascendiente paternal y protector.</p>
<p><strong>Cierta crítica se ha esforzado salvaguardando la imagen de la profesora rural cuya fallida maternidad se compensa alucinatoriamente en cantos y rondas infantiles, alejándola pudorosamente del torrente sáfico.</strong></p>
<p>A esta comezón no escapa Jorge Edwards: <em>“Pienso en las cartas de Gabriela Mistral a Doris Dana y creo que demuestran su enorme capacidad de amor, su riqueza emocional trágica, su imaginación desbordante, pero no puedo asegurar que la relación de la maestra con su discípula norteamericana, treinta y tantos años menor que ella, haya sido exactamente carnal. No creo que nadie pueda asegurarlo”.</em></p>
<p>Sepa Moya, cómo pudo Edwards ignorar esta declaración: “<em>Te lo repito: yo no soy la bestia de mera calentura física que tú has visto en mí. (…) Pero eso no fue hecho por otra cosa, fue un amor violento de alma y cuerpo. Gabriela.”</em><em></em></p>
<p><strong>Miriam Loebell</strong> en <em>El sabor de la errancia</em> soslaya esos recatos y tras un golpe de timón navega con desenfado por rumbos contrarios.</p>
<p>El tema no cambia: la Mistral y su empalme con Doris Dana, cuando ya premiada en Estocolmo vivió algún tiempo en México e Italia. La situación apenas se disfraza nombrándolas Luciana Morea y Doro o Dorothy. Loebell, apoyada en textos de <em>Niña errante</em> los reescribe recargando las tintas en la intimidad de las amigas.</p>
<p>Ahora, Luciana &#8211; Mistral galopará “<em>sin bridas y sin estribos”</em> por las praderas eróticas encandilando y cortejando a las jovenzuelas que se le pongan por delante. Infatigable sátiro o fauno más o menos consciente de tener ya poco hilo en la carretilla:</p>
<p><em>“Mijita, el amor es un estado de gracia. ¿De qué sirve pensar si durará diez años o unos minutos? ¡Vivámoslo!”</em></p>
<p>Ese derrotero muestra acaso lo más logrado de la narración. Viajes en barco, bailes, bebidas y algo de drogas expresan a esta Luciana, dama mayor y de posibles, como dicen los españoles. Y forzando límites y atardeceres de la virtud, vigilante e idónea en la complacencia de sus mancebas, asume la delantera en los avatares de la posición horizontal, ajena a los parámetros del convencional <em>eterno femenino.</em></p>
<p>Por cierto, estamos lejos del perfil usual de esta “<em>mujer nada de tonta”</em> según la llamara un académico.</p>
<p><strong>Sin duda, mucha carne y hueso tiene la Mistral de Loebell, tanta que pena su continente filosófico y político. Simplona, bordeando la cursilería en algunos incisos y absorta en las diligencias de Eros, la literatura parece no existir para ella. Ni tampoco sus amistades, tan importantes en el despliegue de su creación literaria. Roberto Matta se reduce a menos de una línea en las páginas de esta novela.</strong></p>
<p>El mismo que la visitara cuando era consulesa en Lisboa: <em>&#8220;Le vino como una especie de lástima de verme tan decangajado y entonces me invitó a almorzar, y como se hizo demasiado tarde me quedé a dormir. Y así estuve tres meses en su casa&#8221;.</em></p>
<p><strong><em>&#8220;Es verdad que me enamoré de ella y le pedí su mano. Porque era muy buenamoza. Tenía unos ojos enormes y hablaba con gran dulzura. Me dijo que podía ser mi abuela y que mejor me callara&#8221;. </em></strong></p>
<p>La vieja nortina, inmersa y recubierta por la dominante pátina hedonista,  despejada de sus afanes sociales, estéticos y políticos, pierde tonelaje transformándose en pura pasión; vulgar hembra tórrida y ardorosa.</p>
<p>Loebell, empleando la mayor parte de sus energías en el intento por desmontar la visión oficial mistraliana, desecha aspectos básicos. Sus &#8220;recados&#8221; sobre el trópico frío o las referencias bíblicas, por ejemplo: “<em>La Biblia es para mí el libro. No veo como puede alguien vivir sin ella”.</em></p>
<p>O la prosa americanista de sus inquietudes sociales:</p>
<p><strong><em>“</em></strong><strong><em>Yo deseo unas repúblicas futuras en que los motes tontos de rey del aceite o rey del azúcar, se dejen de mano para resucitar, en cambio, estos bellos nombres medievales: el Maestro del cuero, el Maestro del cáñamo o, si se quiere volver a las caballerías, el Caballero de la forja. Bueno será reemplazar algunas de tantas fiestas cívicas nuestras por festividades artesanas, la del hierro o la de los paños, la del choapino o el sarape”. </em></strong></p>
<p><em>“En mi valle el hombre tomaba sobre sí la mina; la mujer labraba. Antes de los feminismos de asamblea y de reformas legales, 50 años antes, hemos tenido allá en unos tajos de la Cordillera el trabajo de la mujer hecho costumbre. He visto de niña regar a las mujeres a la medianoche, en nuestras lunas claras, la viña y el huerto frutal; he trabajado con ellas en la llamada &#8220;pela del durazno&#8221;.</em></p>
<p>Aunque desbarranca por esa sensualidad magra de espíritu que recubre a la suprema doña de nuestras letras, el relato se deja leer. Un asequible esfuerzo por sobrepasar el simil agrio y frugal heredado de algunos cultores mistralianos.</p>
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		<title>Liberación femenina en el pentagrama</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Mar 2015 11:18:06 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[Nombrar grandes maestros de la llamada música docta o clásica no cuesta demasiado, y hasta el más desprotegido en estas artes se las arreglaría para anotarse con Bach, Mozart o Beethoven, si se lo pidieran. Por cierto, muy distinto sería &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20150317081806/liberacion-femenina-en-el-pentagrama/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nombrar grandes maestros de la llamada <em>música docta </em>o<em> clásica</em> no cuesta demasiado, y hasta el más desprotegido en estas artes se las arreglaría para anotarse con Bach, Mozart o Beethoven, si se lo pidieran. Por cierto, muy distinto sería el lance tratándose de mujeres compositoras, posiblemente debido a la creencia de que no existen.</p>
<p>El mundo de las corcheas y semicorcheas,  a pesar de su patrona Santa Cecilia, no ha sido ajeno a la ominosa normativa patriarcal, jerárquica y excluyente. Reforzada por la Iglesia a través del Papa Inocencio XI:<strong><em> “La música es dañina para la modestia del sexo femenino, porque se distrae de las funciones y ocupaciones propias…Ninguna mujer debe estudiarla ni tocar instrumentos musicales”. </em></strong></p>
<p>Y aunque el designio pontificio no fuera cosa baladí, ellas tuvieron suficiente energía para ignorarlo e incursionar en los dominios de la musa Euterpe, libando a su amparo el néctar prohibido. En la Edad Media tenemos ya la primera maestra registrada: la abadesa renana Hildegarda de Bingen, dramaturga y teóloga conocida como <em>la Sibila del Rhin</em>.</p>
<p>Sus monodias y cantos aún se escuchan.</p>
<p><strong>Durante el Renacimiento, las hijas de familias nobles tuvieron licencia musical sólo al interior de sus casas, utilizando arpas o clavecines; el violín no, pues la pose para tocarlo no era recatada.</strong> Aquellas muchachas podían pulsar los instrumentos sin aspiraciones profesionales. Con todo, esas cortapisas no fueron óbice para que prevaleciera Francesca Caccini a quien sus contemporáneos apodaron la Monteverdi de Florencia.</p>
<p>Asimismo, Raffaella y Vittoria Aleotti, en Ferrara, luego de estudiar clavicémbalo y composición fundaron el <em>Concerto grande</em>, grupo vocal e instrumental. Raffaella editó un libro de motetes titulado <em>Sacrae cantiones. Liber Primus</em> y otro de madrigales <em>Ghirlanda de madrigali</em>.</p>
<p>En Francia, la ópera <em>Céphale et Procris</em> de Elizabeth Jaquet de la Guerre tuvo un éxito apabullante, y ella misma por sus trabajos para clavicémbalo sería comparada con el mismo François Couperin.</p>
<p><strong>Admirable es también María Teresa von Paradis, pianista, cantante y música austríaca, ciega desde su infancia y para quien Mozart compuso el concierto N° 18 de su serie pianística. Suyas son <em>Ariadna y Baco</em>, la cantata <em>Monumento nacional</em>; la ópera <em>Rinaldo Algina</em>. Tríos para piano, violín y chelo, canciones y partituras de cámara como su bellísima <em>Siciliana</em>.</strong></p>
<p>En el período romántico relumbra <strong>Clara Wieck</strong>, fémina de hechuras novelescas y excepcional pianista.<strong> Clara sacrificó su talento en favor del esposo, Robert Schumann, inspirando y enriqueciendo su cometido con sugerencias y observaciones; hasta se dice que melodías atribuidas a él eran suyas. Y pese a los impedimentos: su propia carrera, ocho hijos, marido enfermo, pudo rubricar piezas para piano, canciones (<em>lieder</em>), música de cámara y coral.</strong></p>
<p>Singulares son los conceptos  dedicados, en 1889,  por <em>Neue Musik Zeitung </em>a<em> </em>Louise Adolpha Le Beau<em>:</em> &#8220;Debemos aclarar que la señorita Le Beau no sólo compone como un verdadero hombre, con musicalidad total, sino que además no se comporta como algunas autoras que intentan convencer de su originalidad moviendo sus cabellos&#8221;.</p>
<p>“La señorita Le Beau” incluso polemizó sobre el papel de la mujer en la sociedad alemana: <em>madre y servidora de la familia sin tiempo propio</em>. Destacan sus oratorios <em>Ruth</em> y <em>Hadumot</em> y la ópera <em>El califa hechicero</em>, y el concierto para piano en Re menor, op.37.</p>
<p><strong>En Chile, es difícil referirse al tema ignorando a la madrileña Isidora Zegers quien, tras los pasos del padre, llegaría a Santiago donde inicia una revolución sinfónica deslumbrando a la sociedad con su ingenio vocal y armónico.</strong></p>
<p>Perpetuada por los pinceles de Raymon Monvoisin, su actividad irradia la historia polifónica chilena en la primera mitad del siglo XIX. Presidió la Academia del Conservatorio Nacional de Música, a cuya fundación contribuyó.</p>
<p><strong>Digna de este incompleto y unilateral escrutinio es la precoz valdiviana Nina Frick (1884 &#8211; 1963). Sus aptitudes innatas asombraban: escuchando un pasaje, sin importar su complejidad, era capaz de interpretarla de inmediato.</strong></p>
<p>Alberto Friedenthal, quiso llevarla a Europa pero los padres se negaron a causa de su corta edad y los riesgos de navegar por el Cabo de Hornos. Permanecería entonces en Valdivia; de su producción sobresalen la obertura <em>La Alborada</em> y  <em>Marcha fúnebre.</em></p>
<p>Sin duda, Leni Alexander Polack (1924 -2005), nacida en Breslau y chilena por adopción, es una de nuestras creadoras más relevantes. Sus padres judíos emigraron a Chile, en 1939, después de la destrucción nazi de la sinagoga de Hamburgo, ciudad donde Leni iniciara sus estudios.</p>
<p>Si bien sus versátiles frutos son principalmente instrumentales, en Estados Unidos escribió el ballet <em>Un médico en el campo,</em> inspirado en la novela de Kafka.</p>
<p><strong>Leni, a raíz del golpe militar permanecería en París. Allí, comprometida con los derechos escarnecidos por la tiranía pinochetista, trabajó para Amnistía Internacional y el Comité de Solidaridad con Chile.  Este aspecto de su <em>ethos</em> la asemeja a Pablo Casals, insigne cellista y opositor al franquismo, reconocido por la ONU en su laboriosidad pro democracia, libertad y derechos humanos.</strong></p>
<p>Hoy, rebasadas las vetustas disposiciones vaticanas, el Instituto de Música de la Universidad Católica de Valparaíso es punto de referencia de un conjunto de jóvenes que intenta ampliar la presencia femenina en la música. Diríase un <em>boom </em>de compositoras interpretadas ya con cierta regularidad en las orquestas nacionales.</p>
<p><strong>Algo de su incipiente cosecha: Valeria Valle, <em>Michelada</em>, para seis violonchelos; Fernanda Carrasco, <em>Luciérnagas, </em>texto orquestal; Natalie Santibáñez, <em>Caleuche</em>, voces, cuerdas y piano; y Katherine Bachman, <em>Introspección, </em>cuarteto de cuerdas y piano<em>.</em></strong></p>
<p>En las procelosas aguas del solfeo, estas audaces artistas exhiben empaque suficiente como para llegar a ser “reinas de cuatro reinos sobre el mar”, dicho en términos mistralianos.</p>
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		<title>De rosas, perejiles y manzanas</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Feb 2015 13:18:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[Platón, que estimaba a las Musas -inspiradoras de la música y las artes- un “regalo divino, compañeras festivas y remedio contra la tontera y el embrutecimiento de los hombres”, llamó la “décima Musa” a Safo, que –junto al gran Alceo- &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20150216101822/de-rosas-perejiles-y-manzanas/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Platón, que estimaba a las Musas -inspiradoras de la música y las artes- un “<em>regalo divino, compañeras festivas y remedio contra la tontera y el embrutecimiento de los hombres”</em>, llamó la “<em>décima Musa”</em> a Safo, que –junto al gran Alceo- había transformado en centro de la lírica griega a la antigua Lesbos, cercana a la legendaria Troya, allá por los años 600 A.C.</p>
<p>Aristóteles, sacudiéndose un poco el machismo, apuntaría: “<em>Cada cual rinde honores a sus sabios…  y los habitantes de Mitilene honran a Safo, aunque fuese una mujer”</em>.</p>
<p><strong>Salvo por su destierro político en Sicilia (rebelión contra el tirano Pitaco), no abandonó </strong><strong>aquella</strong><strong> isla liberal y cosmopolita donde el género femenino gozaba de derechos. En Atenas únicamente las cortesanas o hetairas podían acceder a la cultura y la vida social. </strong></p>
<p>Safo, oscilando entre la realidad y la leyenda e inspirada en cantos folklóricos crearía un universo poético ajeno a la ampulosa epopeya  consagrada a héroes y dioses: salmodias de difícil lectura, más necesitadas de adivino que de traductor, al decir de acerbos comentaristas.</p>
<p>Esa incruenta revolución estética desplazaría los marciales tonos de la épica y gestas militares hacia una poesía más íntima, sensible y delicada.</p>
<p>Nada queda de aquella ceremonial retórica cuando se pregunta:</p>
<p><em>¿Dónde están mis rosas, mis pensamientos, </em></p>
<p><em>mis lindos racimos de perejil?’</em></p>
<p><em> Aquí están tus rosas, tus pensamientos,</em></p>
<p><em>tus lindos racimos de perejil.</em></p>
<p><strong>Poemas para ser entonados entre amigos, isleños y universales, apenas distintos del habla cotidiana cuyas palabras visitaban sin temor a la maestra para asistirla en el impecable tramado de sus versos.</strong></p>
<p>En Siracusa, siendo esposa del mercader Kerlilos tuvo una hija, Kleis y por su pronta viudez se convertiría en pudiente heredera.</p>
<p>Retornada del exilio, profesa como catequista en la ilustre <em>Casa de las servidoras de las Musas </em>donde las discípulas aprendían recitado, canto y elaboración de coronas y colgantes de flores, conviviendo todas en un clima favorable a la contemplación y disfrute del arte y la belleza.</p>
<p>Por sus motivos eróticos, cierta chismosa hipocresía intentaría descalificarla y sus textos también padecieron la &#8220;santa misoginia&#8221; de algunos abades al ser transcritos en conventos medievales. Mas los restos salvados del naufragio estético que significó la pérdida de sus libros reiteran su lozanía, solfeando querencias desairadas, doloridos adioses o pretéritos deleites.</p>
<p><em>Yo te amaba, Atis, una vez, hace mucho tiempo</em>,</p>
<p><em>Tuve en mis brazos a una criatura deliciosa,</em></p>
<p><em>más linda que las doradas flores, Cleis, mi adoración</em>.</p>
<p>Escritos en su personal estrofa sáfica, imitada más tarde por los latinos Horacio y Catulo, se conservan algunos <em>Epitalamios</em>, expresivos de sutiles oscilaciones del ánimo, deseos o intangible nostalgia; composiciones con zumbar de oídos, ojos empañados y pecho enmudecido.</p>
<p><em>Dulce madre mía, no puedo trabajar,<br />
</em></p>
<p><em>el huso se me cae de entre los dedos<br />
</em></p>
<p><em>Afrodita ha llenado mi corazón<br />
</em></p>
<p><em>de amor a un hermoso efebo<br />
</em></p>
<p><em>y yo sucumbo a ese amor.</em><em></em></p>
<p><strong>Bucólica, invoca así a la amada ausente. </strong></p>
<p><em>Tanto superas a las mujeres de Lidia cuanto,</em></p>
<p><em>tras la puesta de sol, la luna de rosados dedos</em></p>
<p><em>aventaja a las estrellas.</em></p>
<p><em>El rocío derrama entonces sus alivios,</em></p>
<p><em>y florecen la rosa, la blanda hierba y el trébol</em></p>
<p><em>retoñado.</em></p>
<p><em></em>Sin embargo, el señuelo pasional no sería exclusivo sustento de sus atmósferas; holganzas más serenas le brindan el tarareo del agua entre los manzanos, la misteriosa luna llena o la estrella de la tarde que guía el regreso del ganado y devuelve al seno materno al niño y al cabritillo.</p>
<p>Igualmente, podía burlarse con sedosa ironía de los revoloteos de una doña incapaz de cortar las flores del deleite antes del ocaso de la existencia, o celebrar con pulcritud los donaires de alguna muchacha.</p>
<p><em>Dulce manzana que se ruboriza</em></p>
<p><em>prendida en lo más alto de la rama</em></p>
<p><em>donde tal vez la mano la descuida,</em></p>
<p><em>o no la olvida, no, que no la alcanza</em></p>
<p><strong>Iracunda, execraría con hirviente rencor a  bellas o bellos engreídos.</strong></p>
<p><em>Morirás, y de ti no quedará memoria,<br />
</em></p>
<p><em>y jamás nadie sentirá deseo de ti<br />
</em></p>
<p><em>porque no participarás de las rosas de Pieria;<br />
</em></p>
<p><em>oscura en la morada de Hades,<br />
</em></p>
<p><em>vagarás revoloteando entre innobles muertos. </em></p>
<p>Se dice que lamentaba el paso del tiempo, evocando el mito de Titono y Aurora. Ésta pidió a los dioses la inmortalidad para su amado olvidando incluir en la solicitud la eterna juventud. <strong>Por esa fortuita omisión, el desdichado Titono sin morir se hacía cada vez más viejo, encogido y arrugado, hasta terminar convertido en grillo. Y Safo, enfrentada al frescor juvenil de  sus alumnas, se reconocía de algún modo en él.</strong><strong></strong></p>
<p>Desde la Antigüedad, pintores y escultores sintieron atracción por su figura: <em>La</em> <em>Gioconda de Pompeya</em> es un retrato suyo encontrado entre las ruinas de esa ciudad, y el renacentista Rafael Sanzio la incluyó en su Parnaso vaticano junto a Homero y Dante.</p>
<p><strong>Una dudosa crónica, acaso surgida de sus propios poemas, describe a Safo lanzándose al mar desde la roca de Léucade, despechada por Faón el apolíneo seductor de féminas y diosas. Imagen muy propicia para la sensibilidad de los románticos del siglo XIX que, como Gustave Moreau, recrean y amplían su historia pintándola con el pelo largo y apoyada en aquel funesto promontorio</strong><strong>. </strong></p>
<p>Morirse debe ser malo pues si así no fuera los dioses morirían, pensaba Safo, el “<em>m</em><em>ás tierno pan cocido en los líricos hornos griegos</em>”, según la singular metáfora entregada a la posteridad por un admirador anónimo.</p>
<p>Quizá un panadero amante de las letras.</p>
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		<title>Herencias narrativas</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jan 2015 17:05:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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		<description><![CDATA[Si el sueño del pibe literario fuera un estreno triunfal con la publicación de su primer libro, Charles Dickens lo encarnaría con Papeles póstumos del Club Pickwick,  perspicaz sátira de la sociedad victoriana que con su galería de personajes y &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20150113140549/herencias-narrativas/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="left">Si el sueño del pibe literario fuera un estreno triunfal con la publicación de su primer libro, Charles Dickens lo encarnaría con <em>Papeles póstumos del Club Pickwick,  </em>perspicaz<em> s</em>átira de la sociedad victoriana que con su galería de personajes y sus “divinas payasadas” nos lleva por avenidas y vericuetos de la naturaleza humana, y por fondas de mesas bien servidas, plenas de humor, ponche y amistad.</p>
<p align="left">Aunque Cervantes resultara decisivo en la literatura inglesa, de lo quijotesco en <em>Papeles …</em> se habla poco en Inglaterra, pese a los evidentes paralelos y concomitancias.</p>
<p><strong>Para empezar, son fábulas afines: excéntricos y sociables cincuentones recorren su país con fieles criados, viven azarosas peripecias, dignificados y ennoblecidos según avanzan sus historias.Finalmente, se retiran.</strong></p>
<p>Si la paternidad de <em>Don Quijote</em> es remitida  a Cide Hamete Benengeli, Dickens hará lo propio aludiendo a indiscutibles documentos.</p>
<p>“<em>El primer rayo de luz que hiere la penumbra y convierte en claridad ofuscante las tinieblas que parecían envolver los primeros tiempos de la vida pública del inmortal Pickwick surge de la lectura de la siguiente introducción a las Actas del Club Pickwick</em>…”</p>
<p>La vestimenta del <em>businessman</em> retirado: levita de largos faldones, pantalones ajustados y polainas, alguna correlación guarda con el estrafalario atuendo del Caballero de los Leones. Uno y otro,  elocuentes y altruistas, coléricos de sosiego fácil, solterones irreductibles, joviales y capaces de proezas juveniles.</p>
<p><strong>En la estampa, amos y servidores exhiben simetría invertida: el de la Triste Figura, alto y delgado, parco en comidas y bebidas; Mr. Pickwick, bajo y obeso, adorador de Baco y de manteles largos. Petiso y rechoncho Sancho Panza, espigado Sam Weller.</strong></p>
<p align="left">Asistentes cazurros y sin servilismo, admiran y respetan a sus amos. Y tanto el tosco campesino como el pícaro londinense sorprenden por sus capacidades: gobernando una &#8220;ínsula&#8221; o dominando una enrevesada &#8220;soirée&#8221; de domésticos provenientes de atildadas residencias. Los dos imponen ritmo, diálogo, ocurrencias y jocosidad  a la narración.</p>
<p>Si Sancho es incansable refranero:</p>
<p><em>“Hasta la muerte todo es vida”</em>; <em>“Detrás de la cruz está el diablo</em>”; <em>“No ocupa más pies de tierra el cuerpo del Papa que el del sacristán.”</em></p>
<p>Sam es prolífico en dichos comparativos:</p>
<p><em>&#8220;Lamento interrumpir tan grata reunión, como dijo el rey cuando disolvió el Parlamento&#8221;</em>, o <em>“Añadir injuria al agravio, como dijo el loro cuando vio que no sólo  lo sacaban de su país, sino que lo obligaban a hablar inglés”.</em></p>
<p><strong>Y así como Sancho contribuyó al éxito de Don Quijote; con Sam, las ventas convirtieron súbitamente a Dickens en primera figura de la ficción inglesa.</strong></p>
<p align="left">Asimismo, se advierte en ambos autores idéntica burla afectuosa hacia las encendidas deliberaciones de sus paladines, quienes después de una indecisa primera salida retornan a sus casas y, antes de la segunda, contratan sendos sirvientes.</p>
<p><em>“Una mañana, subió sobre Rocinante, y hablaba consigo: ¿quién duda que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, el sabio que los escribiere, no ponga?:  ‘Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus arpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora … cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel’.&#8221;</em></p>
<p><em>“El sol, acababa de levantarse …Mr. Pickwick surgió cual otro sol de su sueño, abrió la ventana y contempló el exterior. ‘Así, pensaba, son las estrechas visiones de aquellos filósofos que, contentándose con examinar las cosas que tienen ante sí, no ven las verdades ocultas más allá. Igualmente, podría mirar eternamente a Goswell Street ignorando los ocultos parajes circundantes’.  Después de tan profunda reflexión, Mr. Pickwick con su maletín, catalejo y cuaderno de notas llegó al paradero de coches.&#8221;</em></p>
<p><strong>Si bien eran de disposición más bien casta, se ven envueltos en aventuras de &#8220;confusión de lechos&#8221;, con novios vengativos. Y también disfrutan de munificentes hospitalidades: don Quijote en el castillo del duque, y Mr. Pickwick en Manor Farm, la finca de Mr. Wardle, en Dingley Dell.</strong></p>
<p>En los tramos postreros, Mr. Pickwick anuncia que <em>Pickwick Club </em>ya no existe, acotando: <em>“Si poco bien pude hacer, confío que sea menos el daño ocasionado”.</em>  Don Quijote, a su vez, había establecido:<em> “mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno”.</em></p>
<p>Disuelto el <em>Club,</em> su fundador se transforma en un sedentario gentleman visitado por sus amigos.El héroe cervantino, derrotado por Sansón Carrasco, se retira convertido en Alonso Quijano <em>&#8220;con su juicio ya libre y claro&#8221;</em> y en compañía de vecinos y amistades.</p>
<p>Digna jubilación para estas modernas y risueñas versiones de Ulises.</p>
<p>En relación con sus propias obras, Dickens entrega un relato humorístico tan distinto de sus demás creaciones como <em>Don Quijote</em> es diferente en la obra cervantina.</p>
<p><strong>Pese a que algunos no le perdonan su propensión a la felicidad, Dickens se sitúa bastante más allá del acaramelado <em>sentimentalismo burgués</em> que indignaba al <em>camarada</em> Lenin<em>. </em>Para Carlos Marx, su retablo de miserias muestra más verdades sociales y políticas que todos los políticos y moralistas juntos. Y George Orwell lo tenía por <em>“un escritor subversivo, radical y sinceramente rebelde.”</em></strong></p>
<p>En la coda. Una breve observación histórica: el español Felipe II, poco antes de la publicación del <em>Quijote</em>, fue cuatro años <em>rey de Inglaterra e Irlanda</em> gracias a su casamiento con la muy católica <em>María Sangrienta</em>, y, cuando enviudó, pudo continuar en ese trono si su hermana Elizabeth Tudor hubiese aceptado sus políticas propuestas matrimoniales.</p>
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		<item>
		<title>Cronista maldita de la revolución</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Dec 2014 15:20:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guzmán]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><em>“Era el mejor y el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y de la estupidez; la época de la fe y de la incredulidad; la estación de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. En el porvenir lo tendríamos todo y no tendríamos nada, todos íbamos directamente al cielo y directamente al lado opuesto.”</em></p>
<p>Así comienza <em>Historia en dos ciudades, </em>novela dickensiana ambientada en París y Londres, en análogo período al que Olympe de Gouges (1748 &#8211; 1793) sobrelleva los últimos pasajes de su azarosa existencia. Nacida en Montauban, de las bodas de un carnicero con la heredera de un negociante de telas; aunque según cierta cursilona maledicencia, habría sido <em>fruto impropio</em>  de un aristócrata y la esposa del  mencionado charcutero.</p>
<p><strong>Viuda y convencida de que el matrimonio es la &#8220;tumba de la confianza y del amor&#8221; se traslada a París buscando una mejor educación para su hijo. Allí, en los salones literarios conoce a la <em>crème intellectuelle</em> y pronto figurará en el <em>Almanaque</em>, especie de <em>Who&#8217;s who</em> parisino. Monta una compañía de teatro itinerante que recorre Francia con sus creaciones.  </strong></p>
<p>No obstante, <em>La esclavitud de los negros,</em> grito liberal sobre aquella abyecta realidad, sería rechazado por la <em>Comédie Française</em>, dependiente de la Corte de Versalles, confortable hábitat de  florecientes esclavistas. Y antes de que la Revolución le permitiera ser representada por esos mismos actores, Olympe pasó una temporada en la Bastilla. Igualmente, soslayando el encumbrado lobby colonial, mantuvo la actitud abolicionista y comenzó a diseñar ambiciosos proyectos de reforma social.</p>
<p><strong>Si bien en los inicios preconiza la monarquía constitucional –San Martín y otros próceres sudamericanos lo harían más tarde- pronto se declaró republicana. Combatió el Terror con energía suicida e impugnaba la condena a muerte de Luis XVI; consumado el magnicidio, envió a Robespierre una carta injuriosa. Sin duda, criticar al <em>Incorruptible</em> y manifestarse solidaria con los desplazados girondinos fueron agravantes en su tragedia personal.</strong></p>
<p>Atrapada por la maquinaria de dogmas autoritarios de una revolución olvidadiza con las mujeres, pronto estaría ante el inapelable Tribunal Revolucionario que, cual Reina de Corazones de Lewis Carroll, ordenaba a diestra y siniestra perentorios cortes de cabeza. Sola enfrentó a esa docta corporación y resultaría convicta por “aspirar a un Estado federado”.</p>
<p><strong>En medio del homenaje de airadas trabajadoras ascendió al patíbulo, y honraría su martirio con estas palabras:<em> “Si tenemos el derecho de subir al cadalso, debemos tener también el de subir a la Tribuna.”  </em></strong></p>
<p>Pierre Aubry, el hijo adorado, públicamente y <em>ligero como un alguacil</em> abjuraría de ella. Por cierto, no es un símbolo del amor filial; el buen Pierre sólo trataba de mantener su testa en el lugar habitual.</p>
<p><strong>En cuanto a Dickens, suele atribuirse a <em>Historia en dos ciudades </em>una visión escéptica o frívola frente a la Revolución, quizá por las reiteradas ironías en torno a la guillotina: “<em>la mejor cura para el dolor de cabeza”</em>; “<em>preventivo infalible contra las canas</em>, <em>que imparte una delicada palidez al cutis”</em>; “<em>signo de la regeneración del género humano”</em>.</strong></p>
<p>Su <em>Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana</em>, partitura clave para comprender el feminismo moderno, Olympe  de Gouges la inicia con esta demanda: <em>“Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta”</em>. <strong>En seguida, intercede  explícitamente por la supresión del matrimonio, por el divorcio, por la firma de contratos anuales entre concubinos, y un sistema de protección materno-infantil. La creación de talleres nacionales para cesantes y de hogares para mendigos.</strong></p>
<p>Sin excepciones, mujeres y hombres, nacemos libres e iguales en derechos: propiedad, seguridad y  resistencia a la opresión; la universalidad de la ley expresa la voluntad general.</p>
<p>Ciudadanas y ciudadanos deben acceder a las dignidades, puestos y empleos públicos, de acuerdo con sus capacidades, virtudes y talentos; la libertad de pensamiento y de opinión es uno de más los preciados derechos humanos.</p>
<p><strong>Olympe estableció una premisa mayor indiscutible para medir la validez de cualquier Constitución: son  nulas aquellas donde la mayoría de los habitantes del país no ha cooperado en su redacción. Propicio argumento para recordar lo que “no hicimos y pudimos y debimos y quisimos hacer” acerca de la asignatura pendiente que todavía tenemos.</strong></p>
<p>Curiosamente esta notable deslegitimadora de jerarquías patriarcales y activista del ciclo revolucionario, es una de las más ignoradas históricamente. Acaso por desafiar la falocrática negación de las capacidades femeninas para la esfera pública.</p>
<p>Basureada por sus contemporáneos sufrió además la misoginia del siglo XIX, cuando la gentil descortesía de esos “descubridores” la tilda de enferma de “paranoia reformataria”, “chalada en sus muchísimos días malos, y perdedora en los buenos” o “plagiaria de dudosa capacidad”. Esa intelectualidad, naturalmente, rebatía la mera noción de  <em>ideólogas o revolucionarias. </em></p>
<p>Las mismas huestes feministas, ariscas en el registro de esta adelantada, tardíamente reconocen su aporte a la reflexión política y a la causa de las minorías. Flora Tristán, por ejemplo, con lego egocentrismo se autoproclamaba en 1848: <em>“La primera que ha establecido el principio de los derechos femeninos”.</em></p>
<p>Por las féminas tuvo empatía sin indulgencia; en alguna medida, las juzgaba responsables y solamente unidas podrían liberarse de la “administración nocturna” de los hombres.</p>
<p>Terminada la Segunda Guerra Mundial, Olympe dejaría de ser caricatura convirtiéndose en acreditada librepensadora y humanista, estudiada en Estados Unidos, Alemania y Japón.</p>
<p><strong>Durante el bicentenario de la Revolución Francesa profusos homenajes resaltaron su persona, pensamiento y obra. El teatro y escritos suyos reviven, pero fallarían las peticiones a Jacques Chirac para trasladar sus restos al Panteón de París. </strong></p>
<p>En Francia, colegios, institutos, teatros, plazas y calles aseguran su memoria.</p>
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