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	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Aldo Schiappacasse</title>
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		<title>La pasión lejana</title>
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		<pubDate>Mon, 27 May 2013 12:12:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi fanatismo por la Unión Española tiene fecha y razón de principio. Y también de final. Me gustó desde que por el Campeonato Nacional de 1969 -que era previo a la liguilla- jugaron con el Audax Italiano. Mi viejo venía &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20130527081209/la-pasion-lejana/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi fanatismo por la Unión Española tiene fecha y razón de principio. Y también de final.</p>
<p>Me gustó desde que por el Campeonato Nacional de 1969 -que era previo a la liguilla- jugaron con el Audax Italiano. Mi viejo venía escuchando la radio porque era audino de corazón. Me llevaba a Santa Laura de muy niño para que viera jugar a Reinoso, pero esas galerías me parecieron siempre un lugar frío y lejano, e hincha de los verdes no me hice. Porque no, nomás. Pocos pueden explicar su hinchismo. Yo sí.</p>
<p><strong>Me hice hincha de la Unión ese verano del 69 porque jugaba Pedro Pedro Arancibia, y la magia de la repetición del nombre me pareció cautivante.</strong> Comencé a seguir al equipo por radio –tenía sólo 8 años- y al año siguiente asistía a las sesiones de televisión públicas en una parcela cercana a la de mi papá para seguir a Eladio Zárate, junto a un enjambre de huasos colocolinos.</p>
<p>Mi madre, en un acto descabellado, nos llevó a mí y a mi hermano (que era del Colo) a ver la final del año 70. Nos instalamos en la galería norte y debo haber sido el único que se levantó para gritar el gol de Pacheco. No me mataron porque era un infante y porque tendrían que haber pasado por sobre el cadáver de mi progenitora.</p>
<p><strong>Viví a plenitud la era de Luis Santibáñez, con el Nino Landa incluido el 73, Pinina, Novello, el Flaco Spedaletti, el Polo y mi ídolo, el ChaCha Avendaño, esta vez por el apodo y su espíritu de lucha. Le metí un dedo en el ojo a mi abuelo nonagenario en Quilpué gritando el gol de Ahumada a Perico Pérez por la Copa Libertadores, y lloré cuando perdimos la definición porque merecíamos ser campeones.</strong></p>
<p>Dejé de ser hincha de Unión exactamente en junio del 78, cuando empezó el receso mundialista. Había entrado –con 17 años y en primer año de periodismo- a trabajar a la revista Foto Sport y mi primera misión era cubrir un partido pendiente en Las Higueras frente a Huachipato. Era mi primer trabajo, mi primer viaje en avión, mi primer enfrentamiento con los ídolos de siempre.</p>
<p>Ese equipo de Unión venía en transición y era el último partido de Pedro García en la banca. Lo reemplazaría Luis Álamos y esa tarde tuve dos aciertos: descubrí al Zorro en las tribunas y lo entrevisté con una grabadora prehistórica que mi madre me trajo de Buenos Aires cuando supo que sería periodista. Y escuché, por una ventana lateral, las últimas palabras que dijo García en el vestuario tras ganar tres a uno (el primer gol me lo perdí por estar comiéndome un sándwich con el reportero gráfico en el entretiempo).</p>
<p><strong>Nada sirvió. Cuando volví a la redacción tenían escrito el comentario, los vestuarios que habían sacado por radio y habían puesto las notas a los jugadores. Como gran cosa agregaron un recuadro con las declaraciones del Zorro. Mis ídolos, en el viaje, me habían tratado mal, casi con burla, por mi juventud, mi gordura y mis espinillas, supongo. Quizás por las preguntas bobas. Mis colegas no confiaban en el debutante y le hicieron la pega, por si las moscas. Un fiasco total.</strong></p>
<p>Fue, pese a todo, un gran día. Decidí algo que no tenía decidido hasta entonces: sería periodista deportivo y me olvidaría del cine (que no había por ese entonces en Chile) y de la política (que era mal negocio en los años de la dictadura). Y dejó de gustarme la Unión.</p>
<p>Fui muchas veces al estadio desde entonces y jamás grité un gol de los rojos, ni por la Copa ni por el título. Los miré a la distancia como se sigue a un amor marchito. Hasta hoy, cuando me sorprendí en Boston pegado a la transmisión del Chico Díaz y Álvaro Lara (dos hinchas hispanos que no renegaron) y debo confesar que me alegró el gol de Rubio.</p>
<p><strong>Me alegró por el pasado, por Pedro Pedro, por esa final perdida con goles de Beiruth. Por aquel partido en Talcahuano y porque, pensándolo bien, mis ídolos de entonces no fueron tan pesados si lo miro a la distancia. No grité el gol, por cierto, pero me emocioné al pensar en el Coto Sierra, un muchacho al que aprecio desde que comenzó a jugar, mucho después de que yo debutara con esa entrevista al Zorro Álamos.</strong></p>
<p>Con los años nos ablandamos, nos vamos poniendo emotivos y debo reconocer que así como no me dolió el triunfo de Huachipato el torneo pasado, este título me pareció cercano, cálido, familiar. En una tarde de viento y lluvia en Nueva Inglaterra, escuchando la radio a la distancia mientras mis hijos pintaban a mi lado, preguntándose por qué en el fútbol todo tiene que ser tan gritado.</p>
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		<title>El boxeador que odiaba el deporte</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Apr 2013 12:09:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[Tamerlan Tsarnaev era boxeador porque tenía un sueño: convertirse en ciudadano estadounidense. El checheno abatido por la policía de Boston acusado de ser el responsable de la colocación de dos bombas en la meta del maratón el lunes pasado, matando &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/internacional/20130420090914/el-boxeador-que-odiaba-el-deporte/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tamerlan Tsarnaev era boxeador porque tenía un sueño: convertirse en ciudadano estadounidense. El checheno abatido por la policía de Boston acusado de ser el responsable de la colocación de dos bombas en la meta del maratón el lunes pasado, matando a tres personas e hiriendo y mutilando a varias decenas, hizo carrera con los guantes, pero no logró su principal objetivo: ser considerado en el equipo olímpico norteamericano.</p>
<p>Su historia quedó reflejada en el ensayo fotográfico de Johannes Hirn titulado <em>“Lucho por un pasaporte”</em>, donde aseguraba que <em>&#8220;si gano muchas peleas podría ser nacionalizado y competir para Estados Unidos, antes que para Rusia”.</em> Allí también dejó la frase que ha sido analizada por los servicio de seguridad que buscan una conexión razonable con los atentados: <em>“no tengo amigos en este país. No los entiendo”.</em></p>
<p>Tamerlan, que había cumplido 26 años, huyó de Chechenia con su familia a causa del conflicto armado que remeció a su nación en la década de los noventa, y se radicó durante años en Kazajastán, antes de llegar a los Estados Unidos como refugiado. Al igual que su hermano, Dzhokhar, el otro acusado por el atentado, era creyente del Islam, como lo dejó reflejado en las redes sociales.</p>
<p><strong>Su relación con el boxeo comenzó en el Team Lowell, donde trabajó duro desde el 2004 para ganarse un espacio como peso pesado. Ganó el trofeo Rocky Marciano el 2010, tras vencer en los Guantes de Oro de Nueva Inglaterra. Un año antes, un fallo polémico le privó de la victoria ante Lamar Fenner, de Chicago, quien resultó ganador pese a haber escuchado la cuenta de ocho tras recibir un golpe de Tsamaev. Los jueces, sin embargo, se inclinaron inexplicablemente por el local, de acuerdo a los reportes periodísticos.</strong></p>
<p>No bebía ni fumaba, e insistía en sus mensajes que estaba preocupado <em>“por la gente que no puede controlarse a sí misma”</em>. Dzhokhar, de apenas 19 años, fue integrante del equipo de lucha de su colegio, un deporte popular y masivo en su país, que impone disciplina, constancia y que el joven de carácter parco y retraído practicaba con timidez, según sus compañeros. No era un competidor nato.</p>
<p>Los atentados contra el deporte son pocos en la historia. Se recuerda el bombazo de Atlanta 96 –que fue obra de Eric Rudolph, un desequilibrado activista que colocó varios artefactos explosivos en el sur de Estados Unidos- y los Juegos de Munich el 72, que tienen otra connotación.</p>
<p><strong>Atacar una de las tradiciones más queridas como la Maratón de Boston, con 117 versiones y un respeto bien ganado en el mundo del atletismo es no sólo un acto despreciable, sino inexplicable.</strong></p>
<p>Ahora, cuando la cacería ha terminado, vendrá un capítulo tan o más importante: discernir los motivos, develar las causas, encontrar las explicaciones para una barbarie sin sentido que desgarró el alma de los maratonistas, una estirpe que sólo quiere llegar al final de las cosas.</p>
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		<title>Constantinopla nunca fue fácil</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Feb 2013 11:16:35 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[La capital del imperio romano de oriente siempre fue una dorada aspiración. Todos la quisieron, pero sus murallas resistieron los embates por casi mil años, hasta que los turcos otomanos supieron superarlas. Hoy conocida como Estambul, fue el objetivo soñado &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20130204081635/constantinopla-nunca-fue-facil/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La capital del imperio romano de oriente siempre fue una dorada aspiración. Todos la quisieron, pero sus murallas resistieron los embates por casi mil años, hasta que los turcos otomanos supieron superarlas.</p>
<p>Hoy conocida como Estambul, fue el objetivo soñado de esta selección de Mario Salas, que tenía como primer desafío clasificarse para el mundial que se jugará en junio. No sería fácil, pese a la estupenda ronda inicial y a las sorpresivas eliminaciones de Argentina y Brasil, pero nunca se pensó que el grito ganador llegaría luego de tanta angustia.</p>
<p>Y es que el partido contra Perú fue tan o más duro de lo que se preveía. Los del Rímac llegaban con increíble motivación: <strong>jamás han clasificado a un Mundial de la categoría, tienen un equipo poderoso y armónico, les ofrecieron cinco mil dólares por cabeza para estar en la Copa del Mundo y tuvieron la fortuna de ponerse en ventaja muy temprano merced a un error defensivo de Chile.</strong></p>
<p>Para aumentar la frustración del adversario, hubo un gol bien anulado sobre los minutos finales que los llevó a pensar, otra vez, en un despojo.</p>
<p>Cuando quedaron eliminados por los chilenos en 1999, siempre creyeron que el gol de Claudio Maldonado fue anotado en posición ilícita.Pero este equipo supo administrar con tranquilidad (finalmente) el trámite del partido, pese a las lesiones defensivas que complicaron la capacidad de reacción de Salas. Gracias a las principales figuras de este equipo, la tarea se sacó adelante con los dientes apretados. Rabello apareció en el momento justo, Cuevas mostró una vez más su incansable trajín, Melo fue clave nuevamente con una tapada providencial y la pareja de centrales brilló a la altura de su innegable proyección.</p>
<p><strong>En el balance final, la campaña de Chile ameritaba este premio y algo más.La impresionante marca de seis triunfos (incluido uno frente a Argentina), un empate y dos derrotas significó una suma de puntos pocas veces dadas en este tipo de torneos.</strong></p>
<p>Y que, en otro sistema, pudo significar pelear por el título. Pero eso es un análisis mañoso, porque a la larga las estadísticas dirán que la conquista de Estambul se logró con siete puntos.</p>
<p><strong>Y una dosis de angustia que en caliente y entre el festejo desbordado de la hinchada y la amargura del grupo de periodistas que estuvimos un mes en Mendoza por el fallecimiento de un amigo –Hugo Kyonen, camarógrafo de Canal 13- en los mismos vestuarios donde se cantaba la victoria, le da a esta gesta un sabor particular. Inolvidable, épica, dramática.</strong></p>
<p>No podía ser de otra forma. Constantinopla nunca fue una conquista fácil.</p>
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		<title>El maldito peso de la historia</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Jan 2013 15:13:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[Empezamos como el Ché Guevara y, las últimas dos fechas, las jugaremos como un contador auditor en época de balance. El problema de ilusionarse en este tipo de torneos y con las características de nuestra historia es que todo termina &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20130127121351/el-maldito-peso-de-la-historia/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Empezamos como el Ché Guevara y, las últimas dos fechas, las jugaremos como un contador auditor en época de balance. El problema de ilusionarse en este tipo de torneos y con las características de nuestra historia es que todo termina de manera más o menos tradicional: sumando y restando, haciendo malabares con la calculadora e hipotecando la ilusión de estar en un Mundial a los vaivenes de la fortuna.</p>
<p><strong>No es justo culpar a Mario Salas o a estos muchachos, pero es un hecho de la causa que cumpliremos 47 años desde la última vez que le ganamos a Uruguay en un torneo oficial sub 20</strong>.Aquella vez, en Asunción, los goles los hicieron Luis Hernán Carvallo y Arratia, lo que es un síntoma claro para graficar cuánto tiempo ha pasado. Y en un Sudamericano sin Brasil y Argentina, ir a pelear por el cuarto lugar nos coloca en la dimensión en la que estamos.</p>
<p><strong>La campaña perfecta de esta escuadra en la primera fase se estrelló de manera contundente en el hexagonal final con un concepto que está en boga y despreciamos: el pragmatismo.</strong></p>
<p>Los tres ganadores de la jornada de ayer fueron precisamente eso: pragmáticos. Colombia, por ejemplo, le marcó un gol de penal a Perú y luego, sin ascos, se dedicó a defenderlo apostando al contragolpe. Tanto corrió el pobre de Córdova –su mejor delantero- que terminó saliendo lesionado. Perú tuvo las chances (muchas) pero las dilapidó, en lo que es una marca de fábrica del fútbol del Rimac.</p>
<p>Con Paraguay y Ecuador pasó lo mismo. Los guaraníes firmaban el empate, pero un tiro libre que se le fue al arco sentenció el partido. Y nosotros luchamos por no hacerle el juego a Uruguay, pero justo cuando nos envalentonábamos para buscar el triunfo le dimos el espacio justo por el carril de Cuevas a un lateral muy medido como Varela para que nos clavara la daga que terminó en el gol de Gonzalo Bueno.</p>
<p><strong>Agazapados, los charrúas apostaron a esa única jugada en la certeza que se llevaban el triunfo. No hubo brillos ni alardes, sino disciplina y cautela. Chile jugó su partido más limpio desde que se inició el certamen, y al menos sacó una tarea adelante: no le mostraron tarjetas.</strong></p>
<p>Para hacérsela simple, Colombia, Paraguay y Uruguay van a la pelea del título, instancia que han saboreado anteriormente. Ecuador, Chile y Perú van por el único cupo que queda para Turquía. Premio de consuelo que no es poca cosa, si se rema siempre contra el peso de la historia.</p>
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		<title>¿Por qué se roban las cruces del Aconcagua?</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jan 2013 13:52:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[La Cruz del Aconcagua medía 90 por 70 centímetros y era de metal: estaba hecha con partes de aviones que participaron en la guerra de Las Malvinas. En su interior guardaba tierra de las islas y monedas conmemorativas, y estaba &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20130124105229/por-que-se-roban-las-cruces-del-aconcagua/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Cruz del Aconcagua medía 90 por 70 centímetros y era de metal: estaba hecha con partes de aviones que participaron en la guerra de Las Malvinas. En su interior guardaba tierra de las islas y monedas conmemorativas, y estaba empotrada sobre una base de cemento para que no se la robaran. Fue colocada el 2011, pero el esfuerzo fue vano, porque desapareció hace algunos meses. Al igual que la anterior, que estuvo en la cumbre más alta del continente durante casi 50 años sirviendo de referencia para los que llegaban y que fue sustraída en el año 2009.</p>
<p><strong>Los especialistas aseguran que más que robo es vandalismo, ya que bajar desde los seis mil 690 metros con tanto peso es un despropósito. Por lo tanto, se sospecha que tras sacarlas de sus pedestales –lo que demanda mucho esfuerzo- las lanzan por las laderas, no está claro si hacia lado chileno o argentino.</strong></p>
<p>Militares mendocinos pusieron el 18 de enero la tercera cruz en la cima, advirtiendo que se necesitó de toda una brigada para subirla y mucho trabajo para dejarla anclada a otro pedestal de cemento. En esa cima, donde alguna vez estuvo Hernán Buchi para aclarar una contradicción vital, otra vez hay un testimonio hacia los hombres que han perdido la vida en el intento.</p>
<p>No había en 1897 cuando la expedición liderada por un británico, Briton Edward Fitzgerald, se convirtió en la primera en dominar desde lo alto la majestuosa Cordillera de Los Andes. Los honores de la conquista fueron para un suizo, MathíasZurbriggen y la hazaña todavía es apetecida: sólo en esta temporada cuatro escaladores han muerto en los cordones montañosos cercanos a Mendoza en el afán por observar el mundo hacia abajo.</p>
<p>Lo que ven es más bien bonito por estas épocas. <strong>Los calores se han aplacado un poco, aunque las tormentas eléctricas continúan, Chile se apronta a jugar con Uruguay con la ilusión de ir al Mundial y, por qué no, de pelear el título ahora que Brasil y Argentina lo miran desde sus casas.</strong></p>
<p>Para eso hay que hacer un esfuerzo doble (como subir el Aconcagua para robarse una cruz): hacer el partido correcto para controlar la potencia física del rival y dosificar la fricción para que el estigma de las tarjetas que persigue a la selección de Salas no signifique llenarse tempranamente de amarillas.</p>
<p>En la sede del torneo –ya está dicho- <strong>nadie habla del Sudamericano, pero todos esperan con impaciencia el Boca- River del próximo martes, para el que las entradas están virtualmente agotadas. Ah, y una pelea de boxeo femenino entre Yésica y La Tigresa que domina la portada de los diarios y los programas matinales de la televisión. Nadie parece fijarse en Rabello, Castillo, Cuevas o Baeza salvo los empresarios internacionales que pueblan los hoteles y que hablan en una mezcla de español-inglés-italiano que resulta inconfundible.</strong></p>
<p>Para una ciudad que no luce por su exotismo, la raza de los mercaderes del fútbol es la segunda más rara.</p>
<p>La primera es la de los andinistas, que, por ejemplo, en mi hotel instalaron carpas en el patio para promover una expedición a la montaña. Uno de ellos prefiere dormir allí adentro para efectos publicitarios, me imagino, porque las camas son anchas y las duchas calientes. Por las mañanas se despierta de mal genio, lógico, pero cualquier día me armo de valor para preguntarle por qué carajos alguien subiría un cerro tan alto sólo para robarse la cruz que hay en la punta. Perdón, en la cumbre.</p>
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		<title>Spinetta, los pasaportes y un chico llamado Baeza</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Jan 2013 10:28:45 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[Para serles honesto, estos campeonatos sudamericanos sub 20 siempre me han parecido deprimentes. Tal como pasó en Arequipa hace dos años, cuando el local queda tempranamente eliminado, el hexagonal final se juega con mil personas en las tribunas y a &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20130122072845/spinetta-los-pasaportes-y-un-chico-llamado-baeza/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para serles honesto, estos campeonatos sudamericanos sub 20 siempre me han parecido deprimentes. Tal como pasó en Arequipa hace dos años, cuando el local queda tempranamente eliminado, el hexagonal final se juega con mil personas en las tribunas y a nadie de los locales parece interesarle un carajo la suerte final del torneo.</p>
<p><strong>Acá en Mendoza la fiesta de la vendimia está en su apogeo, se eligen reinas, se lanzan fuegos artificiales, se homenajea a Spinetta y en la peatonal la noche hierve (de calor) pero de este campeonato no habla nadie.</strong> Escribo inmediatamente después de que Colombia le ganara a los charrúas con cincuenta personas en las tribunas del Malvinas Argentinas y cuando el campeonato quedó abierto porque el invicto y gran favorito, Uruguay, cayó sin pena ni gloria ante un equipo práctico y eficiente como el cafetero, que tiene un delantero, Cuero, capaz de volver loco a cualquiera.</p>
<p>Si la prensa o los mendocinos hablan del torneo es porque un peruano adulteró edad, nacionalidad e identidad para jugar al fútbol. En todos los sudamericanos alguien hace trampas pero esta de Perú es muy rara:<strong> pusieron a Max Barrios (el muchacho al que todos conocían como Juan Carlos Espinoza Mercado, 25 años, ecuatoriano) justo en el partido contra…Ecuador.</strong> Un ex compañero lo reconoció, lo denunció y el asunto alcanzó perfiles internacionales.</p>
<p>No estamos en condiciones de lanzar la piedra. <strong>En 1979, en plena dictadura y con un general de Carabineros como presidente de la ANFP (de apellido Gordon a más desgracia) una selección chilena viajó con edades adulteradas a Paysandú. Todo el mundo lo sabía –incluidos los periodistas, por cierto- pero el asunto sólo reventó cuando los muchachos perdieron por goleada en el debut y se fueron a celebrarlo a un puticlub, lo que excedía los límites tolerables.</strong></p>
<p>Tras la denuncia periodística y le eliminación del torneo, el entrenador Pedro García y la mayor parte de los jugadores (incluidos Roberto Rojas, el Arica Hurtado y otros próceres) fueron detenidos. <strong>Al General Gordon no lo tocó nadie y los dirigentes salvaron sin rasguños.</strong></p>
<p>Asados a fuego intenso, los muchachos de Mario Salas sacaron adelante la tarea frente a Ecuador con nota sobresaliente. Dosificaron fuerzas, aprovecharon las falencias del rival y se fueron en ventaja de dos a cero al entretiempo.</p>
<p><strong>Un brazo demasiado alto de Rabello, la fama que nos persigue y un árbitro mañoso se confabularon para la expulsión del sevillista y ahí la cosa cambió. El partido lo empatábamos o lo perdíamos si no es por dos factores: Salas aprendió la lección y cuando se quedó con uno menos reforzó el mediocampo y la zaga y, pasada la zozobra, Claudio Baeza se vistió de santo para clavar un tiro libre que alivió la tarea y la dejó en goleada.</strong></p>
<p>No sólo seguimos con vida, sino que los resultados abren todas las posibilidades. En un torneo que se muere de pena y vacío y donde los pasaportes falsificados siguen siendo realidad en este continente donde todo es posible.</p>
<p>Mientras escribo, en el Parque San Martín suena <em>“El anillo del capitán Beto”</em>. Los chicos de la sub 20 alguna vez deberían escucharla. Dicen que estaba dedicada al Beto Alonso, pero el Flaco siempre dijo que no.</p>
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		<title>El jefe es la mufa</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jan 2013 10:48:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[Acostumbrados como estamos a explicar derrotas –más aún si estas llegan cuando las esperanzas estaban muy altas- no es extraño que el análisis del contundente tres a uno que nos propinó Paraguay en el Sudamericano sub 20 pase transite por &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20130121074838/el-jefe-es-la-mufa/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Acostumbrados como estamos a explicar derrotas –más aún si estas llegan cuando las esperanzas estaban muy altas- no es extraño que el análisis del contundente tres a uno que nos propinó Paraguay en el Sudamericano sub 20 pase transite por caminos extraños. Por la visita de Sampaoli a Mendoza, por ejemplo.</p>
<p>Para los cabalísticos, que el argentino llegara justo para la segunda fase es sinónimo de mufa. De esas que pueblan generosamente nuestra geografía del fracaso. <strong>Vivimos pegados a medallitas mágicas, a rituales precisos, a talismanes que nos permiten aferrarnos por un rato a la ilusión. Si nuestras cábalas funcionaran y supiéramos como ahuyentar las mufas, tendríamos muchas victorias a nuestro favor, lo que, obviamente, no pasa.</strong></p>
<p>Para los sicológicos, la presencia del jefe siempre condiciona el trabajo. Cuando el mandamás se pasea con cara de evaluación por los pasillos de la empresa, los mandos medios tiemblan, se destapan los temores.</p>
<p>¿La mirada aguda del casildense pudo condicionar a un grupo que no sabía de derrotas hasta obligarlos a jugar su peor partido en el certamen?</p>
<p><strong>A mí me parece que Sampaoli hizo lo que tenía que hacer nomás: su pega.Fue a ver in situ a un equipo que había funcionado a la perfección en los resultados, sumando todos los puntos que habían estado en disputa, por diferentes caminos y circunstancias, pero dejando en claro que rompía una tendencia histórica.</strong></p>
<p>Y si contra Paraguay vio otra cosa no fue por el nerviosismo escénico de los muchachos ni porque llevó “malas vibras” o talismanes equivocados, sino porque se sumaron dos factores.</p>
<p>Primero, se reiteró la excesiva “motivación” de esta escuadra, que en el afán de mostrar “actitud” ha llevado la fricción al límite, exagera en los reclamos y ahora cayó en todas las provocaciones del adversario. Se llenó de absurdas tarjetas amarillas sin pegar una patada, sino por caer en la trampa de un adversario advertido.</p>
<p>Y la segunda es netamente técnica. Cuando Chile sufre la expulsión de Lichnovsky, Mario Salas resolvió retrasar a Sebastián Martínez y despobló el mediocampo, que perdió el control del partido. <strong>Y, peor aún, jamás estableció marca sobre Alborno, el mejor de los atacantes paraguayos, obligando a los centrales a abrirse hacia las bandas descuidando el área. Sin la pelota y con serios problemas al fondo lo lógico era resguardarse, pero Chile insistió en un camino erróneo: habilitó a Castillo siempre de espaldas, lo que facilitó que lo anticiparan siempre.</strong></p>
<p>Insistir en la teoría de la mufa de Sampaoli, del contubernio del árbitro o de las interpretaciones sociológicas es un camino errado para enmendar el rumbo.</p>
<p>Hay veces en que la arenga y la cábala no funcionan. Y es, casi siempre, cuando la pizarra falla.</p>
<p>Escribo esta columna bien rapidito: mi jefe está por entrar a la sala de prensa del estadio y, cuando me está vigilando, se me tullen las ideas.</p>
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		<title>El equipo que más quiero</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Nov 2012 14:54:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo crecí leyendo Barrabases, lo que me hizo ser, creo, una mejor persona. Ahí aprendí que en un equipo donde no se excluye a nadie. Ni a los gordos, ni a los negros, ni a los chicos, ni a los &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20121126115459/el-equipo-que-mas-quiero/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Yo crecí leyendo Barrabases, lo que me hizo ser, creo, una mejor persona.</strong></p>
<p><strong>Ahí aprendí que en un equipo donde no se excluye a nadie. Ni a los gordos, ni a los negros, ni a los chicos, ni a los feos, ni a los pelados, ni a los ciegos.</strong> Donde convivían en armonía las personalidades ejemplares (Sam, Pirulete, Torito) con los descarriados (Guatón, Pelusa). Entendí que el fútbol tenía su épica y que los pecados se pagan, sobre todo la traición, la soberbia y el maltrato.</p>
<p>De las cosas que aprendí de niño son pocas las que se han mantenido inalterables. Vi El Padrino a los 12 y me sigue pariendo la mejor mirada sobre la familia y el honor. Leí Cien años de Soledad a los 11 y nunca un libro me maravilló tanto. Vi pelear a Cassius Clay a los 10 y me encandiló en su grandeza. Ya estaba grande para cuando la moral de Star Wars, Los Bochincheros o Harry Potter se impusieron.</p>
<p>Por eso <strong>Barrabases siempre fue el punto de encuentro con el equipo que más quería: humilde, unido, solidario</strong> y, por cierto, contradictorio. Había una fauna de personajes secundarios cautivantes –vendedores, relatores, periodistas, empresarios- y si un reproche podía hacérsele es el que siempre nos ha condenado a los amantes del fútbol: la casi total marginación de las mujeres, relegadas a papeles secundarios, ocultos, despreciados. Pero eso lo vine a notar de viejo, cuando hice esfuerzos denodados por atesorar la historia del equipo de principio a fin.</p>
<p>Casi como una burla del destino, tengo hoy, correctamente empastadas y guardadas en el mejor lugar de mi casa, la primera, tercera y cuarta épocas de la revista. Sólo falta la segunda, que fue precisamente aquella donde seguí las aventuras de Mr. Pipa y compañía. Aunque parezca extraño, mi ídolo no fue Guatón. Y mucho menos el inaguantablemente correcto Pirulete. A mí me gustaba Torito y, por supuesto, Lipiria.</p>
<p><strong>Desde el periodismo, y la duda permanente en torno a todo, he reflexionado mucho sobre si la obra está por sobre el autor.</strong> Si importa que Los Beatles crearan sus mejores canciones bajo sospecha de doping. O si las crónicas de Soriano valieran menos porque están plagadas de inexactitudes y, a veces, de mentiras. Las oscuras sospechas sobre James M. Barrie no lograron borrarme la sabiduría de Peter Pan, ni los excesos de Maradona le restan mérito al mejor gol que jamás se haya visto en un mundial.</p>
<p>Me gustan más los perdedores que los ganadores, los atormentados que los dichosos, los que dudan más que quienes se creen infalibles. Aprendo del error y me fascinan los personajes que se construyen desde la maldad hacia la redención. Pero creo también en la condena penal y el castigo social cuando hay delitos mayores, como el abuso a los indefensos, a los niños, a las mujeres. Por eso hoy, colocado en la frontera del juicio moral, trato de poner en práctica lo que Barrabases me enseñó: que los pecados se pagan, en su justa y rigurosa medida. Dicho eso, <strong>deberé ser capaz de separar, con dolor pero sin culpas, a Guido Vallejos de mi obra favorita, porque su revista me enseño que en mi equipo no caben los que abusan. Sin atenuantes ni excepciones.</strong></p>
<p><em>PD: Si a alguien le resulta imposible hacer esa separación y desea deshacerse de la segunda época de la revista, le haré una oferta que no podrá rechazar.</em></p>
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		<title>La leyenda de los orientales</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Jul 2011 23:15:01 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[Para todos los que crecimos viviendo el fútbol, lo de Uruguay es un ejemplo. Cuando Osvaldo Soriano nos contó –a los que no la habíamos vivido- la historia increíble de Obdulio Varela, el Negro Jefe del Maracanazo, la admiración por &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20110724191501/la-leyenda-de-los-orientales/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para todos los que crecimos viviendo el fútbol, lo de Uruguay es un ejemplo.</p>
<p>Cuando Osvaldo Soriano nos contó –a los que no la habíamos vivido- la historia increíble de Obdulio Varela, el Negro Jefe del Maracanazo, la admiración por la charrúa pasó a ser una obligación.</p>
<p>El capitán de aquel equipo que derrotó a los brasileños en el 50 es la versión más contemporánea de las míticas escuadras de Ámsterdam y Colombes, de la primera Jules Rimet y de tantas otras hazañas que supieron escribir con más alma que técnica.</p>
<p>La celeste siempre tuvo caudillos. Tipos gigantescos que eran capaces de enfriar cualquier caldera, de encender las brasas propias, de atemperar o enardecer los ánimos para sus propios intereses.</p>
<p>En el Monumental de River, le agregaron un eslabón más a su leyenda, con un triunfo tan impecable como justo.</p>
<p><strong>Llegaron como favoritos a la final e hicieron lo que todo equipo con pretensiones requiere: presionar desde el principio para marcar las diferencias. Nada de salir a esperar, de vamos viendo en el camino, de regalar los primeros minutos. No sólo establecieron allí las condiciones del partido, sino que pudo haber sido más amplio si el árbitro les da el penal de Ortigoza cuando le apedreaban el rancho a Villar.</strong></p>
<p>Después calmaron, golpearon, aquietaron y mataron de contragolpe, demostrando la versatilidad de su fútbol. Y, a estas alturas, perdónenme los líricos y los que piensan que sólo se juega al ataque, verticalmente, el manejo de los equilibrios pasó a ser patrimonio de los inteligentes en esta Copa.</p>
<p>Uruguay no atacó como Argentina, Brasil o Chile. Esperó, especuló cuando debía, para morder en el instante preciso. Se armó desde atrás con el mejor arquero del torneo (Musiera), el mejor central (Lugano) y dos marcadores implacables en el medio. Pérez y Arévalo Ríos casi siempre bordeaban la violencia, el golpe desmedido, la expulsión, pero cortaron el fútbol como ninguna otra dupla de volantes en el certamen.</p>
<p>Y tuvieron al inmenso Luis Suárez arriba, que se convirtió en la figura del torneo, desplazando nada menos que a la figura del Mundial, Diego Forlán.</p>
<p>Son un país pequeñito, orgulloso de su historia, de sus símbolos, de su cultura.</p>
<p>Que debió hacerse grande para no ser fagocitado por los dos gigantes que lo rodean. Que se ha hecho odiar y respetar y que debería entregarnos una lección permanente.</p>
<p>En esta Copa que terminamos viendo como espectadores debido a nuestros propios y repetidos vicios, hay un ganador legítimo e incuestionable. Que la ganó en Santa Fe esa noche intensa frente a Argentina. Y a la que le puso la rúbrica de manera brillante.</p>
<p>Uruguay no más. Un puñado de tierra y de gente que la ha levantado quince veces. Allí donde nosotros jamás hemos podido.</p>
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		<title>Hombres grandes</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jul 2011 22:58:26 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo que más me alegra de los traspasos de Alexis Sánchez y Arturo Vidal al Barcelona y la Juventus, respectivamente, es que dos de los pilares de la generación dorada del fútbol chileno llegan a instituciones de gente grande, madura. &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20110721185826/hombres-grandes/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo que más me alegra de los traspasos de Alexis Sánchez y Arturo Vidal al Barcelona y la Juventus, respectivamente, es que dos de los pilares de la generación dorada del fútbol chileno llegan a instituciones de gente grande, madura.</p>
<p><strong>El tocopillano va a compartir camarín con Iniesta y Xavi, con Messi y Guardiola, gente que se divierte con el fútbol, que lo practica con alegría, pero a los que no se les ocurriría hacerse la peladilla al final de un entrenamiento. Que tienen el diálogo por norma, que saben conceptualizar el juego, que no eluden el debate y que seguramente harán crecer a Alexis donde más le falta.</strong></p>
<p>Ni hablar de la Juventus, un equipo que suma tradición, triunfos y escándalos surtidos en el afán por ser el mejor del mundo. Llega Vidal en un momento de crecimiento tras los peores castigos sufridos por la escuadra en su historia, que la obligaron a ceder títulos malamente ganados e irse a la Segunda División. Le costó sanar las heridas, pero en sus filas permanecen históricos que suman laureles y gloria.</p>
<p>Después de la Copa América desperdiciada por esta selección, creo más que nunca que a nuestras estrellas les falta madurez. Crecer. Hacerse grandes. Como los uruguayos, por ejemplo, que tienen varios liderazgos muy marcados, pero sobre todo a gente seria.</p>
<p>Hacen asados, se ríen, comparten con sus familias y novias en el hotel, provocan escándalos mediáticos increíbles (como Forlán con Zaira Nara), pero son lo suficientemente maduros como para no perder el estilo.</p>
<p>Inmaduros son los venezolanos, que en la hora más grande de su fútbol mostraron la hilacha. Estuve en el Malvinas Argentinas, y los incidentes son culpa de Farías, los guardias de su seguridad y los jugadores que no supieron afrontar una derrota que no merecían. Los llaneros debieron ganar, estuvieron cerca de hacerlo, pero no lo hicieron.</p>
<p>Se picó Chávez en La Habana –ya no le creo que Fidel esté viendo tanto fútbol, y a las cinco y media de la mañana- y dijo que les habían robado porque les anularon  un gol (que estaba bien anulado). Contra Chile no les cobraron un penal en contra y hubo un gol que el juez no validó, y no lloramos tanto. En el punto más alto, no supieron estar a la altura.</p>
<p>Paraguay tiene la hidalguía de reconocer sus falencias.</p>
<p>Tienen suerte, juegan mal pero clasifican, y los primeros en reconocerlo son el técnico y los jugadores. “No merecemos lo que hemos logrado”, repite Martino y eso es madurez, al fin y al cabo. Será una final entre hombres grandes.</p>
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		<title>El grito de Fidel</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jul 2011 22:41:47 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[“Y ahora…Esperando el fútbol ¡Allá viene La Vinotinto! ¡Y viene invicta! ¡Inspirada! Venceremos”. Así abrió los fuegos desde La Habana Hugo Chávez, siguiendo el partido contra Chile, mientras hacía un alto en su tratamiento. A su lado, Fidel Castro, que &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20110718184147/el-grito-de-fidel/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Y ahora…Esperando el fútbol ¡Allá viene La Vinotinto! ¡Y viene invicta! ¡Inspirada! Venceremos”. Así abrió los fuegos desde La Habana Hugo Chávez, siguiendo el partido contra Chile, mientras hacía un alto en su tratamiento.</p>
<p>A su lado, Fidel Castro, que intuyo se lateó un poco –enfundado en su buzo Adidas- porque sólo vio el primer tiempo, que fue muy malo. Y porque además, bien vale precisarlo, al Comandante el fútbol le importa un carajo.</p>
<p>“Fidel vino y trajo suerte a la Vinotinto. Cantó el gol y adivinó la victoria. ¡Venceremos! Ahora se va a ver el segundo tiempo desde su casa”, mintió Hugo, porque Fidel, después de la proclama, se fue a cualquier cosa menos a ver la vana reacción de la Roja de Borghi.</p>
<p>Sé que es pronto y que el período de autoflagelación todavía está en su máximo apogeo.</p>
<p><strong>Que habrá gente que pida por un buen rato la cabeza de Claudio Bravo y que el carnaval de candidatos que nos habrían salvado de la debacle es amplio: Herrera, Eduardo Vargas, Marcos González, Mark, Villanueva y varios más.</strong></p>
<p>Podemos lamentarnos todavía sobre por qué no jugó Felipe Gutiérrez, o de que la historia se habría escrito de otra manera si tomáramos más Milo cuando pequeños, y es un juego siempre atractivo. La esencia de la magia del fútbol: la opinión libre, apasionada e irracional de nuestros deseos y sentimientos.</p>
<p>Pero el otro también existe, muchachos. Y creer que todo pasa sólo por nuestros propios errores –que los cometimos y muchos- es encerrarse en un laberinto. Lo que hizo Venezuela –al igual que Perú, Uruguay y Paraguay- no sólo es lícito, sino perfectamente válido, aunque hoy nuestro paladar sublimizado en los últimos años nos imponga despreciar los extremos cuidados defensivos al que recurrieron los cuatro clasificados.</p>
<p>Yo quiero creer que en lo de Venezuela hubo épica futbolística, aunque me duela en el alma.</p>
<p>Y que Chávez, en medio de su quimioterapia, viva su pequeña gran alegría es parte del fútbol. Correr riesgos es asumir que puedes perder de manera ruin, con la especulación como estilete.</p>
<p>Lo que importa es la convicción. ¿Queremos seguir jugando al ataque? ¿Estamos dispuestos a poner un par de troncos con altura para que no nos claven en el fondo? ¿Sacrificamos a un volante de marca para tener mejor salida por la izquierda?	Mientras nosotros masticamos la rabia del desperdicio injusto (el mismo de Argentina, Brasil y Colombia), piensen que como en la vida, la desgracia de unos es la fiesta de otros. En Venezuela se festejó, sanamente, en las calles, lo que ya es mucho para lo que sufren.</p>
<p>Imagínense a Hugo Chávez, enfermo y deprimido, gozando con su selección. Y creyendo que el Comandante, gritándole “Venceremos” desde la puerta, le estaba hablando de un pinche partido de fútbol. Eso es magia pura.</p>
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		<title>Lo regalamos</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jul 2011 11:38:27 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Schiappacasse]]></category>

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		<description><![CDATA[Regalamos el primer tiempo. Sufriendo los problemas de siempre cuando el rival nos presiona la salida. Regalamos los tiros libres en contra, donde otra vez pagamos las consecuencias de los pelotazos cruzados y la falta de estatura. Regalamos la increíble &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20110718073827/lo-regalamos/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Regalamos el primer tiempo. Sufriendo los problemas de siempre cuando el rival nos presiona la salida.</p>
<p>Regalamos los tiros libres en contra, donde otra vez pagamos las consecuencias de los pelotazos cruzados y la falta de estatura.</p>
<p>Regalamos la increíble reacción del segundo tiempo, cuando Jorge Valdivia hizo jugar a todo el equipo, porque cuando hubo que marcar diferencias en el arco otra vez sufrimos la falta de contundencia.</p>
<p><strong>Regalamos los minutos finales porque Farías metió bien los cambios. Seijas se pegó como estampilla al Mago y Rondón –solo en ofensiva- se dio maña para complicar a un fondo muy regalado. Y en los últimos instantes se intentó sólo con pelotazos que perdiéramos siempre y que terminaron por facilitar el trabajo defensivo de los llaneros.</strong></p>
<p>Regalamos la clasificación porque nos encontramos con un equipo que no cometió errores y que, como todos los que clasificaron, tuvo un arquero que los salvó cuando todo fallaba, a diferencia nuestra.</p>
<p>En suma, y con todo el respeto que me merecen los venezolanos y su selección más brillante de la historia, este partido lo perdió Chile, que repitió los mismos errores que han impedido que esta selección materialice todo los que promete.</p>
<p>Perdimos, en suma, con justicia. Con un rival que respondió a la tendencia muy marcada de este certamen: ganan los que esperan, los que se defienden, los que especulan.</p>
<p>Brasil tuvo diez oportunidades de gol, pero se desinfló en los penales y cedió ante Paraguay.</p>
<p>Colombia debió ganarle en los noventa a Perú, pero los de Markarián cobraron en el alargue.</p>
<p>Argentina tuvo a los pelotazos a Uruguay, pero los charrúas pusieron la historia y establecieron la diferencia.</p>
<p>En esta pasada, los que llevaron el peso ofensivo y tuvieron la pelota sucumbieron. Pagaron el precio. Regalaron buena parte de su opción.</p>
<p>Le pasó a Chile, que deberá replantearse sus problemas defensivos y buscar variantes para equilibrar su planteamiento, que es el adecuado y el que corresponde a las convicciones ofensivas de Borghi. Porque el camino al 2014, ya está claro, viene muy duro.</p>
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