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¿Deben eliminarse los chilenismos y las malas palabras del diccionario?

Miércoles, Febrero 10th, 2010

Este fin de semana estaré en la XXV Feria del Libro de La Serena hablando sobre este tema.

Los idiomas crecen a fuerza de
de impurificarse imprudentemente.

Pedro Laín Entralgo

En los últimos días me han llamado numerosos periodistas para consultarme por los chilenismos. La mayoría de ellos -al parecer interpretando el sentir de mucha gente- me han sorprendido con un planteamiento inesperado: ¿es legítimo y lógico que los diccionarios incluyan en sus páginas las malas palabras y los chilenismos? Luego de presentarme esta inquietud, me han explicado que quienes piensan que las groserías y giros propios de un país no deberían figurar en los léxicos, lo hacen convencidos de que lo único que se consigue es empobrecer el lenguaje y no enriquecerlo. Con franqueza, nunca se me había ocurrido ver este tema desde este curioso punto de vista.

Partamos por lo primero. Un chilenismo es un vocablo, un giro idiomático o un modo de hablar propio de los chilenos. La edición del año 2001 del Diccionario de la Lengua Española registra aproximadamente unas 1.800 voces que se usan habitualmente en nuestro país. Por ejemplo, entre las palabras incorporadas al léxico aparecen, entre otras, condoro, lorear, lesear, churrín, copetear, piñufla y canilla. También figura el adverbio de tiempo altiro que es un vocablo característico del habla nacional y que sirve para que en el extranjero se identifique de inmediato a los chilenos.

El que numerosos términos del lenguaje coloquial aparezcan en el léxico no significa que se puedan utilizar libremente en cualquier conversación. Existen niveles de comunicación que, por lo general, se respetan. Por ejemplo, en el nivel formal no es apropiado emplear el verbo lorear, en vez de observar o el sustantivo gallada por grupo de personas. El diccionario, al incorporar nuevas locuciones, en muchas de ellas advierte algunas de sus singularidades. Es el caso del verbo sapear, que significa vigilar disimuladamente, pero que el léxico clasifica como una voz coloquial; es decir, que se debe usar en un ambiente de confianza.

Lo importante es que la Real Academia de la Lengua, en nuestro caso, está acogiendo las sugerencias de la Academia Chilena de la Lengua y ha incorporado a las páginas de su diccionario numerosas palabras que son de uso común en el país y que merecían una definición apropiada y docta.

Con respecto a las malas palabras si éstas no aparecieran en los diccionarios, sustantivos como culo, caca, pene y pedo, entre otros de esta naturaleza, no tendríamos cómo explicar sus significados y algunos de los fenómenos que se relacionan con esas zonas del cuerpo humano y animal. En consecuencia, los diccionarios sólo cumple una labor informativa necesaria, básica y esencial y somos nosotros los que le damos la connotación al lenguaje.

Los diccionarios definen los vocablos existentes y, en algunos casos, nos orientan sobre sus usos, pero eliminar las malas palabras y los chilenismos me parece un despropósito.

En los próximos días -viernes 12  y sábado 13 de febrero- estaré en la XXV Feria del Libro de La Serena precisamente hablando de chilenismos y malas palabras.

El ocio no es pérdida de tiempo

Martes, Febrero 2nd, 2010

“La última consecuencia de la civilización es su
aptitud para ocupar inteligentemente los ratos de
ocio”.

Bertrand Russell
“La conquista de la felicidad”

Siempre me preguntan por qué me gusta tanto la palabra ocio. Esta es mi respuesta.

El ocio es la cesación del trabajo, el tiempo libre de una persona. Desde un punto de vista etimológico, es el tiempo disponible para hacer algo por gusto, no por obligación. Se opone al trabajo (vocablo que surgió de una voz latina que significa tortura), pero no en el sentido de descanso. Mientras el descanso es reposo, sosiego y quietud, el ocio es la oportunidad para trabajar en aquello que a uno le apasiona. Por tal razón, unas vacaciones muy prolongadas, sin hacer nada, podrían terminan por aburrir, porque la mente permanentemente necesita de los estímulos intelectuales. No en vano, del tiempo libre nacieron de manera natural, en el pasado, algunas de las manifestaciones artísticas y culturales más importantes y que aún perduran.

El antónimo de ocio es la palabra negocio, cuyo sentido implícito es la negación del ocio. El Diccionario de la Lengua Española define este sustantivo del modo siguiente, en primera acepción: Ocupación, quehacer o trabajo. En consecuencia, el ocio puede perfectamente significar cambiar de actividad, por una mucho más placentera.

El ocio es licencia, es libertad, es autonomía para realizar aquello que nos parece grato y estimulante y que no está sujeto ni a normas ni reglamentos. En ningún caso significa mantener la mente vacía, porque la inactividad también aflige y hastía. Pues bien, si el trabajo nos permite cubrir honestamente las necesidades del diario vivir, el ocio se ocupa en cultivar los placeres que enriquecen el espíritu.

El ocio no siempre ha sido una prerrogativa de las clases adineradas. En el pasado se le considerada parte del trabajo. Fue así, como en los inviernos helados y europeos, cuando la cosecha había terminado y los granos y los animales estaban a buen recaudo, la oscuridad, el frío y las lluvias mantenían a la gente obligadamente ocupadas en algo en el interior de sus hogares. De esas ocupaciones estacionales empezaron a surgir la pintura, la poesía, el teatro, la literatura, la música y algunas manifestaciones científicas.

El ocio no es lo opuesto al trabajo, es algo mejor, como lo sugirieron, entre otros, Sócrates, Aristóteles, San Bernardo, Mark Twain y Bertrand Russell; es definitivamente la oportunidad de crear con propósitos más nobles. Rémy de Gourmont, un ensayista francés del siglo 19 llegó a decir que el ocio era la más bella conquista del hombre y  Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo 17 ya había escrito que los ocios del descanso eran los padres de la filosofía.

En este período de vacaciones, tratemos de combinar el reposo absoluto, que lo necesitamos, por ejemplo, con la lectura. Abrir un libro, como dijo Descartes, es como conversar con los hombres y mujeres más interesantes de todos los tiempos. “Los ratos de ocio siempre serán el tiempo más apto para hacer algo provechoso”. Esta frase de Nathaniel Howe (1764-1837) resume el espíritu que anima al ocio.

Isidoro y Andrea

Lunes, Enero 18th, 2010

* No sé qué decir cuando un padre pierde a su hija.

La muerte ha visitado varias veces a mi familia y pese a conocerla muy de cerca no puedo acostumbrarme a la idea que a veces elija gente joven para llevarla a su seno. Cuando tenía 28 años, en un accidente, perdí a mi esposa Verónica de 25. Fue la primera vez que se llevó a alguien tan joven de mi lado. Años después murió inesperadamente la mejor alumna que he tenido en mi vida académica: Carolina Cárdenas. A partir de esas experiencias he tenido que aprender a vivir con la idea que la muerte actúa al azar. Lo lógico sería que escogiera a quienes tenemos más edad, pero lamentablemente no es así y por esa razón, me cuesta entenderla, pese a que creo sentirme preparado para enfrentarla.

Hace unos días, un amigo, Isidoro Loi me pidió que le presentara su último libro, “El cuerpo y sus miembros”. Acepté gustoso porque soy adicto a su trabajo. Lo encuentro ingenioso, simpáticamente imprevisible, culto, muy divertido, irónico y creativamente elíptico. Sus silencios siempre son tan elocuentes como sus palabras.

Isidoro tiene un talento único para mostrarnos el mundo con una mirada inesperada, pero invariablemente original. También es generoso con sus conocimientos. Los comparte y ofrece con prodigalidad. Cinco minutos con él equivalen a una de esas clases que los especialistas llaman de conocimientos relevantes, porque lo que dice difícilmente se olvida. Cuando uno lo encuentra en la calle saluda con afabilidad y después hace una pregunta insólita. Por supuesto que nunca se conoce la respuesta. Él espera unos segundos y luego con una sonrisa que le ilumina el rostro responde una genialidad que no se vuelve a olvidar. Algunas de esas preguntas y respuestas están en uno de mis libros, porque lo que hace Isidoro es desencadenar sanamente la curiosidad y yo siempre he sido tierra de cultivo para sembrar curiosidades.

En el mundo del libro no conozco a nadie que haya dicho una mala palabra de Isidoro Loi. En la Feria Chilena del Libro, los vendedores siempre esperan su visita, para reírse y sobre todo para aprender algo nuevo; desde que trasladó su oficina a Vitacura lo echan de menos, porque les falta esa palabra amable y ocurrente que mejora el día.

El martes 12 de enero pasado será un día que siempre tendré presente. En esa oportunidad, con la actriz Esperanza Silva, presentamos el nuevo libro de Isidoro Loi. Desde el inicio hasta el final nos reímos, hicimos el esfuerzo por decir cosas inteligentes y graciosas, nos regocijamos de nuestra carencias y celebramos las generosidades de la naturaleza (obvio que de Esperanza). Fue una tarde donde todo salió perfecto. El público sintió que no había perdido el tiempo, la editorial vendió numerosos ejemplares y el autor se prodigó firmándolos.

Hoy no puedo comprender que mientras lo pasábamos tan bien, a miles de kilómetros de distancia se desencadenaba una tragedia que iba a horrorizar al mundo y que iba a tocar tan de cerca a todos los presentes, en especial a algunos de ellos. A la misma hora, el terremoto de Haití segaba la vida de Andrea Loi Valenzuela, la hija de Isidoro. Desde el miércoles 13 el dolor invadió mi espíritu y no hay momento en que no recuerde a Isidoro, el padre cariñoso que sufre en silencio. Mi impotencia es que no sé qué hacer, no sé qué se dice en estas circunstancias, no sé cómo se mitiga el dolor de un padre que pierde a un hijo.

San Bernardo, abad de Claraval, en el siglo 12, en uno de sus sermones dijo que “…a los ancianos la muerte los espera en la puerta de sus casas, pero a los jóvenes los espera en acecho”.

¿Qué puedo agregar? Que el dolor de mi amigo Isidoro Loi me entristece, me atribula, intranquiliza mi alma y me deja mudo, igual que la pena inconmensurable de los papás de Agustín Schele y Ernesto Mayer.

Orígenes y tradiciones de Año Nuevo

Lunes, Diciembre 28th, 2009
  • Desde cuándo se celebra el Año Nuevo

Las festividades de fin de año tienen su origen en antiguas fiestas paganas europeas dedicadas al solsticio de invierno. La influencia de la Iglesia Católica, cuando fusionó estas celebraciones con el nacimiento de Jesús, despojaron a las fiestas de Año Nuevo de toda razón de ser por largo tiempo. Eso explica que hasta fines del siglo 19, no hubiera celebraciones de Año Nuevo. Fueron restaurantes europeos, como el Maxim’s de París, los que devolvieron el jolgorio y la alegría a esta fecha. La celebración del Año Nuevo, como se vive hoy, empezó en los primeros años del siglo 20.

La primera celebración del Año Nuevo, en Chile, habría ocurrido en 1671, cuando los jesuitas levantaron una campana en lo alto de la antigua Iglesia de la Compañía, y la hicieron sonar en la medianoche del 31 de diciembre de ese año para anunciar el ciclo naciente.

  • Año Nuevo el 1º de enero

Hasta el siglo 16, la mayor parte de Europa se rigió por el calendario juliano y celebró el Año Nuevo el 25 de marzo, Día de la Anunciación porque, en esa oportunidad, la Virgen María recibió la revelación de su maternidad divina. A partir de 1582, con la adopción del calendario gregoriano, el Año Nuevo pasó a ser el 1º de enero. Antes de la implantación de este calendario, en algunos reinos de Europa y Asia Menor, ya se había adoptado la Fiesta de la Natividad, que estipulaba que el año se iniciaba el 25 de diciembre.

Simbolismo en festividades de Año Nuevo

Las fiestas de Año Nuevo están inspiradas en las que realizaban los pueblos primitivos, que pretendían reconstruir el orden a partir del caos. Por ejemplo, en las celebraciones se usaban máscaras para representar a los espíritus de los muertos. Se golpeaban tambores y tocaban cornetas, para ahuyentar a los demonios. Se permitían algunos excesos alcohólicos y sexuales, para simbolizar el desorden que pronto terminaría. En definitiva, las tradiciones de fin de año reflejaban las esperanzas del hombre primitivo… las esperanzas de que en el nuevo año todo va a ser mejor y diferente.

  • Amarillo

Según la tradición, el amarillo es el color del Año Nuevo. Desde muy antiguo, el amarillo se ha considerado una tonalidad vigorizante, porque el sol tiene ese color; por lo tanto, el amarillo representa la eternidad. En otras culturas, el amarillo, por ser el color del otoño, representa la madurez. Finalmente, el amarillo es, también, la tonalidad del oro, el más noble de los metales. En consecuencia, el color que hay que buscar, en la ropa interior que se usará en la noche de Año Nuevo, es el amarillo dorado, que representa el bien y la luz y es el símbolo de la sabiduría. El amarillo pálido representa la traición  y el engaño.

  • Calzón amarillo

Es usual que al aproximarse el Año Nuevo se agoten, en las tiendas de ropa interior, los calzones y los calzoncillos amarillos. La tradición señala que el amarillo es un color que brinda energía -porque el sol es de ese color-; es, igualmente, la  tonalidad de la pasión y la fecundidad. Estas son algunas de las razones por las cuales la tradición aconseja, que durante la Noche de Año Nuevo, se lleve ropa interior amarilla. Conviene no olvidar que los calzones tienen que ser… ¡amarillo dorado! Por ningún motivo amarillo pálido, porque esa tonalidad simboliza la traición.

  • Uva

Es tradición comer a las doce de la noche del 31 de diciembre, doce granos de uva al compás de las campanadas del reloj; eso significa suerte, prosperidad y salud para los doce meses del año que se inicia, porque en diversas culturas la uva es alegoría de vida. Esta es una tradición del Viejo Mundo, hemisferio que celebra la Navidad en invierno, época en que el organismo necesita más energía (para soportar el frío), la que se consigue a través de los alimentos. Otra explicación asegura que este ritual fue inventado por vitivinicultores españoles, para vender los excedentes de uva del año.

  • Lentejas de Año Nuevo

La tradición recomienda ingerir lentejas a las cero horas del 31 de diciembre, para atraer buena suerte y bienestar para el nuevo año que se inicia. La costumbre sugiere comerlas con cucharones de madera. La ingesta de lentejas, por sus calorías, vitaminas y sales minerales, permite enfrentar el invierno con mejores defensas. Como se puede apreciar, ésta es una tradición del Viejo Mundo, porque en Europa, el Año Nuevo se recibe en invierno y, como es obvio, se necesitan muchas calorías para soportar las bajas temperaturas.

  • Fuegos artificiales

Los fuegos artificiales fueron inventados por los chinos en el siglo II antes de Cristo. Esos primitivos fuegos artificiales consistían en trozos de bambú que se tiraban al fuego. Cuando el aire interior de esas cañas se calentaba, los hacía explotar. Esos fuegos artificiales sólo se usaban en festejos. Luego, los chinos los perfeccionaron y, cuando inventaron la pólvora, los empezaron a utilizar en rituales religiosos. En la actualidad, los fuegos artificiales, pese a su relativa peligrosidad, siguen siendo los grandes protagonistas de los festejos de Año Nuevo.

  • Champaña

El champaña es vino blanco espumoso y se le considera el vino de la conciliación y la felicidad. La tradición estipula beberlo a las 12 de la noche del 31 de diciembre… después de los abrazos. No sólo se bebe; lo habitual es que la gente también se arroje mutuamente un poco de espuma en el rostro, para desearse suerte y felicidad. No está claro como nació la costumbre de beber champaña para el Año Nuevo, pero diversos investigadores aventuran que posiblemente se haya debido a su alto costo y que, dada esta singularidad, sólo se hubiera reservado para las grandes ocasiones, como el Año Nuevo. En Chile, como consecuencia de tratados internacionales, no se podrá usar, a partir del año 2012, el sustantivo masculino champaña, porque es denominación de origen. A este vino habrá que llamarlo espumoso o espumante.

  • Cañonazo de la medianoche

En el pasado, en Santiago, era tradicional anunciar la medianoche de Año Nuevo con un sonoro cañonazo que se disparaban desde el cerro Santa Lucía. En la celebración de 1916, el cañón reventó y dio muerte a su artillero Juan Bautista Larenas. El funcionario municipal, entusiasmado, había puesto carga doble a la pieza de artillería.

  • Carrera de San Silvestre

A la noche de Año Nuevo también se le llama la Noche de San Silvestre. ¿Pero, quién fue San Silvestre, en cuyo honor se corre una carrera en la noche de Año Nuevo en Brasil? San Silvestre nació, vivió y murió en Roma, en el siglo cuarto. Ascendió al trono de San Pedro y se convirtió en Papa en el año 314. Durante su pontificado, el cristianismo se convirtió, con el emperador Constantino I a la cabeza, en la religión oficial del imperio. De ahí su importancia. San Silvestre murió el 31 de diciembre del año 335. La tradicional carrera de San Silvestre ha sido ganada por los chilenos Raúl Inostroza, en 1949, y Edmundo Warnke, en 1976.

Orígenes de palabras y tradiciones relacionadas con la Navidad

Martes, Diciembre 22nd, 2009
  • Navidad

El 25 de diciembre el mundo cristiano celebra el aniversario del nacimiento de Jesús. La palabra Navidad, que identifica este día, se forma a partir de una voz latina que significa nacimiento. El Papa Julio I, en el siglo 4, designó al 25 de diciembre como fecha de celebración del nacimiento de Jesús, en lugar del 6 de enero, como se acostumbraba hasta ese entonces. Su propósito fue relegar al olvido las antiguas festividades paganas en honor al fuego con las que se confundía la Navidad. El llamado día del sol invencible sería, entonces, el antecedente del origen de la natividad cristiana.

  • ¿Pascua o Navidad?

La Pascua es la fiesta judía que recuerda la salida de los hebreos de Egipto, en tiempos de Moisés y, también, la celebración cristiana que conmemora la resurrección de Cristo, el domingo siguiente al Viernes Santo. La palabra Pascua habitualmente se usa como sinónimo de Navidad, que quiere decir “…natividad o nacimiento de Jesús”. El vocablo hebreo Pascua alude a “…la acción de pasar por encima, salvar” y hace referencia al episodio en que Dios quitó la vida a los primogénitos egipcios. Los israelitas que vivían en Egipto no fueron incluidos en el castigo; en otras palabras, la muerte “…los pasó por alto”. En la actualidad, el Diccionario de la RAE acepta la voz Pascua como sinónimo de Navidad; también acepta que Pascua es el tiempo que transcurre desde la Natividad de Jesús hasta el Día de Reyes, inclusive (6 de enero).

  • Belén

La localidad de Belén se encuentra en Cisjordania al sur de Jerusalén. Se le considera la patria de David y el lugar de nacimiento de Jesús, en un pesebre; hasta ese lugar llegaron los Reyes Magos a adorarlo. Belén es un sustantivo masculino y una forma figurada de referirse a la representación del nacimiento de Jesús. San Francisco de Asís, en el siglo 13, instauró la tradición de armar un pesebre simbólico para los días de Navidad. El vocablo Belén, en lengua árabe, significa la casa del pan.

  • Regalos de Navidad

Regalar significa dar algo a alguien como una muestra de afecto, simpatía o agradecimiento. En tiempos pretéritos era usual que los reyes fueran permanentemente festejados, halagados y ofrendados. Se les entregaban grandes obsequios: animales exóticos, ejércitos de esclavos, comarcas, etc. Se les agasajaba como reyes. Esta costumbre fue la que dio nacimiento a las voces regalis, regal y regaler, con el significado de… agasajos a un rey. De ahí derivó a la voz regalar con el significado que le damos hoy: obsequiar. La costumbre de regalar para Navidad no tendría ninguna relación con la tradición cristiana. El año 744 a.d. C., Rómulo, mítico fundador de Roma, habría regalado a un amigo unas ramas de un árbol del bosque de la diosa Strenia. Este obsequio lo habría hecho un 25 de diciembre, como un indicio de buen augurio, para el año venidero, y así quedó establecida la costumbre de regalar en esta fecha, a la sombra de una deidad pagana. Los romanos obsequiaban a sus amigos ramas de árboles, frutos secos y espigas, para desear buenas cosechas. Siglos más tarde, los cristianos hicieron suya esta idea y la iniciativa se extendió por todo el mundo.

  • Regalos al niño Jesús

Cuando nació Jesús, tres Reyes Magos lo visitaron. Le llevaron de regalo oro, incienso y mirra. Oro, porque simboliza la pureza y la nobleza. Incienso, porque representa la purificación de la conciencia. Se dice que cuando se aspira incienso, se amplía la capacidad de pensar y de crear con originalidad y benevolencia. Por este motivo, el incienso se emplea en la mayoría de las ceremonias religiosas. Finalmente la mirra -que es una resina- tiene propiedades medicinales. De ahí que se sugiera, que los regalos de Navidad sean útiles para el espíritu, la mente y el cuerpo.

  • ¿Desde cuándo los regalos se entregan envueltos?

En tiempos pasados, los regalos que se intercambiaban eran muy sencillos: la mayoría eran hechos a manos y por quienes los obsequiaban. A comienzos del siglo 20, los regalos hechos en casa y por uno mismo cedieron su  lugar a los que se compraban en tiendas. En ese momento, se perdió el sentido de la personalización. La virtud del regalo hasta ese entonces era, precisamente, que lo hubiera hecho uno; por lo tanto, para devolverle categoría y personalización al regalo, se ideó entregarlos envueltos, en papeles vistosos. Así recuperó su valor simbólico y se le añadió el toque personal.

  • El verdadero Santa Claus

El rechoncho personaje que conocemos como Santa Claus jamás vivió en el Polo Norte, sino en el Mediterráneo. Su nombre viene del holandés Sinter Klaas, por San Nicolás quien, al parecer, fue un obispo de Myra, Turquía, en el siglo 4. San Nicolás era protector de los niños y de las muchachas casaderas. La tradición cuenta que, a manera de dote, regaló tres bolsas llenas de oro a las hijas de un ciudadano pobre para que pudieran casarse. La leyenda, más tarde, adaptó esas bolsas de oro a bolsas con regalos, para los niños que se portan bien durante el año.

  • Santa Claus

La tradición de San Nicolás, la figura que inspiró al Viejo Pascuero, se inició en Asia Menor y llegó hasta los Países Bajos, en el siglo 13. En el siglo 16, los niños cantores de las 23 iglesias dedicadas a San Nicolás, en Holanda, llevaron a sus hogares la tradición de Navidad y de San Nicolás, a quien dieron el nombre de Sinter Klaas. En el mundo angloparlante, fue el escritor Washington Irving quien, en su libro Historia de Nueva York, creó la bondadosa figura de Saint Claus, que es la pronunciación inglesa de Sinter Klaas. De Saint Claus, en inglés, derivó al castellano como Santa Claus.

  • Papá Noel

Hacia el siglo 15, las leyendas inglesas hablaban de un anciano bondadoso y de barba blanca, que hacía regalos para la celebración del nacimiento de Jesús, el 25 de diciembre. Se le llamaba Father Christmas; vale decir, Padre Navidad, en castellano. Cuando la figura del Father Christmas cruzó el Canal de la Mancha y se instituyó en Francia, se le tradujo a este idioma como Père Nöel; en otras palabras Padre Navidad, pero en francés. Nöel, en la lengua de Marcel Proust, significa precisamente Navidad. Esta tradición -luego- pasó a España, donde finalmente se le tradujo como Papá Nöel.

  • Villancico

En el pasado, los villancicos eran danzas en coro, ejecutadas al son de flautas. Hacia el siglo 13, la voz villancico recién se empezó a asociar con música de Navidad. La leyenda dice que los primeros villancicos navideños los compuso San Francisco. Las canciones navideñas tuvieron mucha aceptación en Europa hasta la Reforma, cuando se vieron enfrentadas a la austeridad puritana. Durante la prohibición de la música en los templos -porque se consideraba una frivolidad cantar- se perdieron la mayoría de los villancicos antiguos. Los que hoy se cantan en las Iglesias provienen del siglo 18.

  • Noche de paz, Noche de amor

La canción NOCHE DE PAZ fue compuesta el 24 de diciembre de 1818 por el sacerdote Joseph Mohr y el músico Francisco Javier Gruber. En esa fecha, el párroco de Hallein -pueblo de los Alpes austriacos- fue llamado a bendecir a un recién nacido, que había nacido en una humilde choza. El cuadro de pobreza, pero también de alegría y felicidad, inspiró al sacerdote quien, de regreso a la Iglesia, dio vida a la letra de esa famosísima canción. Gruber le colocó la música al día siguiente. NOCHE DE PAZ es el villancico de Navidad por excelencia y un verdadero himno cristiano.

  • Caramelo de Navidad

En Navidad son tradicionales unos caramelos en forma de bastoncitos, que se emplean para adornar el árbol de Navidad y para rellenar las calcetas. Estos bastones se caracterizan porque llevan franjas blancas y rojas; los colores de la Navidad. Estos bastoncitos fueron inventados hace aproximadamente trescientos años por un ingenioso fabricante de confites de Indiana, en Estados Unidos. Su forma de bastón simbolizaría el báculo de los Reyes Magos y de los obispos e, igualmente, la letra jota, con la que se inicia el nombre de Jesús.

  • Misa del gallo

El nombre de Misa del Gallo corresponde a una expresión popular y no la contempla el ceremonial católico. Fue la gente la que empezó a llamar a la misa de conmemoración del Nacimiento de Jesús, Misa del Gallo, pues recuerdan las tradiciones católicas que el primer testigo del reino animal, que presenció el nacimiento del Niño Dios, fue un gallo, el que con su cantó comunicó la buena nueva a los cuatro vientos. Los primeros en escuchar la noticia fueron un asno y un buey, que se acercaron al pesebre a brindarle calor al recién nacido. Las misas de Navidad son tres: la primera es la del Gallo, llamada  también del Sol o de la Aurora; la segunda misa es la de los Pastores y la tercera es la de la Gente. Desde un punto de vista simbólico, el Gallo representa un signo solar en la mayoría de las culturas y está íntimamente asociado a la fecundidad y al renacimiento.

  • Cola de mono

En Chile no exista acuerdo para determinar el origen del nombre de Cola de Mono. El Diccionario de Chilenismos de Manuel Antonio Román asegura que este nombre se debería a la tonalidad parda obscura del brebaje, supuestamente parecida a la cola de los monos. En cambio, otros investigadores desechan esa hipótesis y afirman que se debería a las botellas de Anís del Mono, porque los primeros ponche en leche se habrían vendido en esos envases.  Hay una tercera versión improbable que dice que este licor habría nacido de la expresión el colt de Montt, en alusión al revólver del Presidente Pedro Montt. Finalmente, se esgrime una cuarta versión, que trata de establecer que el origen de este nombre tan curioso estaría en un ponche en leche estadounidense llamado Cool Moon, que a Chile habría llegado como Cola de Mono.

Qué significa conchudo

Sábado, Octubre 17th, 2009

Definición que aparece en “Malas palabras con historia”.

Nuestra Presidenta recibió el calificativo malsonante de “conchuda” en la portada del diario peruano “La Razón”. Para entender los alcances de este epíteto ofensivo se transcribe a continuación lo que escribí sobre este vocablo en mi último libro que tiene como título “Malas palabras con historia”. Si la incluí en este volumen, es porque tengo una mala opinión de este adjetivo.

El conchudo es el sinvergüenza, el caradura o care’ raja, como se califica vulgarmente en Chile a las personas con estas singularidades. Es, asimismo, el descarado que no cumple con la palabra empeñada, el que abusa de su superioridad, el que traiciona la confianza que se deposita en él y que, para colmo, miente sin remordimientos.

El léxico oficial dice que conchudo es un adjetivo que se utiliza para referirse a un animal cubierto de conchas. Según esta definición, los mariscos son conchudos y, de hecho, la voz concha surgió de la locución griega kónkhé que significa mejillón, que es un molusco marino. El diccionario añade que también se le puede calificar de conchudo al sinvergüenza, al indolente que no se conmueve o siente aflicción y al grosero.

El término conchudo, en Chile, con la acepción de persona indeseable, posiblemente haya surgido de la expresión malsonante concha de su madre.

Debate presidencial: Los seres humanos hablamos con el cuerpo

Jueves, Septiembre 24th, 2009

En el debate presidencial, a los asesores en mass media se les olvidó advertirles a los candidatos que los seres humanos hablamos con el cuerpo y que en la comunicación humana, la voz es sólo uno de los componentes. En 1971, Albert Mehrabian  en su libro Silent Messages (Wadsworth, Belmont, California, 1971) publicó un estudio revelador; dijo que el impacto total de un mensaje se puede dividir del modo siguiente:

Verbal (sólo palabras) 7 %

Vocal (sonido con matices) 38 %

Gestualidad 55 %

Los participantes del foro presidencial usaron la voz con deficiencia, salvo Jorge Arrate, y sus cuerpos mostraron personas tensas, poco naturales y tan concentradas en sí mismas y en lo que tenían que decir, que se olvidaron del público y los telespectadores. No establecieron una comunicación cálida y amable con la gente y no fueron “empáticos”. Se vieron nerviosos y se sirvieron del podio para protegerse y establecer distancia con los contendores y con la audiencia que repletó el estudio de TVN y que hizo todo lo posible por animar a sus candidatos, pese a los esfuerzos que hizo el conductor para controlarlos.

Quienes se sintieron más seguros y aplomados fueron los dos que no tenían mucho que perder. Se mostraron relajados, fluidos, naturales, cómodos y hasta con una pizca de gracias, por momentos. Ellos fueron Jorge Arrate, en su rol de postulante, y Alejandro Guillier como moderador. Bien los dos. ¿Y por qué bien? Porque nunca se sintieron rindiendo examen ante la opinión pública, porque manejan un vocabulario superior a la media del chileno, porque indudablemente son lectores cultos que se sienten familiarizados con la palabra, porque armonizan la gestualidad con la voz (ambos elementos no se contradicen) y porque transmiten naturalidad.

Los otros tres participantes se percibieron inseguros en el manejo del lenguaje, cometieron varios “furcios”, se advirtió que se conducían con un vocabulario precario y que les faltaba léxico para completar una idea, que emitían los sonidos como si los estuvieran expectorando y no articulando, que no se servían debidamente de la elocuencia para acentuar las ideas motrices y que sus exposiciones eran monocordes, sin matices y desasosegadas.

Es posible que las personas que siguieron el debate no recuerden todo lo que dijeron los candidatos, porque en la mayoría de las ideas que se desarrollaron se advirtió más prisa por exponerlas que por resaltarlas. En estas circunstancias es donde se echa de menos el dedo de Ricardo Lagos, la frase calculaaaaadamente arraaaastrada, la mirada confiada y penetrante hacia la cámara, la salida ingeniosa y el gesto que enfatiza una idea y la hace inolvidable.

A favor de los candidatos hay que decir que el formato es complejo, porque obliga a la síntesis, que sólo consiguen los oradores consumados, los intelectuales acostumbrados a argumentar, persuadir y a dictar clases y los lectores entusiastas.

Sólo Eduardo Frei se adjudicó un excelente punto a su favor cuando le recordó a Piñera el problema que tuvo con una supuesta información privilegiada que utilizó en uno de sus negocios. Fue, además, titular en los diarios. El candidato de la Alianza, pese a su réplica, no fue contundente ni convincente. La aseveración de Frei quedó flotando en el ambiente y ensombreció a sus partidarios. El resto es olvidable.

Precisiones ortográficas

Lunes, Septiembre 21st, 2009
  • Caries

Una caries es una destrucción localizada de tejidos duros; por ejemplo, en los dientes y muelas. Las caries dentarias corresponden a erosión del esmalte de los dientes como consecuencia de la acción de bacterias. El sustantivo caries se escribe con “ese” final, aunque se emplee en singular.

  • Propóleos

Sustancia cérea con que las abejas bañan las colmenas o vasos antes de empezar a obrar. Se escribe con “ese” final, aunque se emplee en singular.

  • Ciempiés

Ciempiés siempre se debe escribir con eme, porque va antes de pe(p).

  • Comidilla

Comidilla es un  sustantivo femenino coloquial que significa tema predilecto en algunas murmuraciones, habladurías y cotilleos o en conversaciones en las que se hace escarnio de personas. Esta palabra se utiliza siempre en femenino.

  • Cubalibre

Bebida alcohólica que mezcla ron y refresco de cola. Es voz masculina y se escribe en una sola palabra con minúscula inicial, salvo que encabece una oración. Su plural es cubalibres.

  • Digresión

La digresión es el efecto de romper el hilo en el discurso y de hablar en él de cosas que no tienen vinculación o conexión con aquello de que se está tratando. No se debe confundir con disgregar que es separar lo que estaba unido ni tampoco con disgregación que la acción y efecto de disgregar. La forma “disgresión” no existe.

  • Dominico, domínico, dominica, domínica

Cuando se hace referencia a los religiosos de la Orden de Santo Domingo, se escribe dominico (ca) sin acento en la “i”: La avenida Los Dominicos queda en la comuna de Las Condes. En aquellas circunstancias, en que se quiere expresar la idea de propietario o dueño, esta palabra se transcribe domínico: Guillermo es el domínico de esta propiedad. Finalmente, como sinónimo eclesiástico del vocablo domingo, se puede escribir domínica o dominica: La domínica que hemos preparado para hoy versará sobre la solidaridad.

¿Cuáles son las palabras más groseras y desagradables de la lengua castellana?

Lunes, Junio 8th, 2009

Estoy terminando de escribir un libro que se llamará “Malas palabras con historia”. Será el lado B de “Palabras con historia”, que publiqué por primera vez en 1993.

En este texto, no sólo se incluirán groserías, sino que también aquellos vocablos que producen incomodidad, irritación, disgusto, temor o angustia. Llevo varios meses haciendo la selección de estas voces, pero siempre alguien me sorprende con una buena sugerencia.

¿Cuáles son las palabras más groseras, desagradables y feas de la lengua castellana? Si alguno de ustedes tiene alguna sugerencia, les ruego, por favor, hacérmela saber por esta vía.

Las malas palabras, por lo que he investigado, no son propias de la sociedad moderna. Los antropólogos han conseguido determinar que numerosos pueblos primitivos tenían prohibido pronunciar determinadas palabras. Eran los llamados términos tabú, voz polinésica que significa sagrado o consagrado, en primera acepción, y peligroso, prohibido e impuro, en segunda acepción.

Muchas voces prohibidas no eran groserías ni nada por el estilo, sino que simples expresiones que la costumbre no permitía articular: nombres de dioses, nombre de la suegra, nombres de difuntos, por citar algunos ejemplos. Las violaciones a la prohibición constituían un acto de impiedad que podía originar consecuencias desagradables y severas. Las sanciones podían ir desde la pena de calabozo, en Siam, hasta la condena a muerte, entre los guajiros de Colombia.

Aun cuando siempre se ha sabido que las palabras son sólo el nombre de las cosas, también siempre se ha admitido que algunas cosas pueden existir o llevarse a cabo pero que, como afirman numerosos estudiosos, no se pueden nombrar. La costumbre no lo permite. En este ámbito, caen las malas palabras, las groserías y los garabatos en la sociedad moderna.

Por lo tanto, la palabrota es lo que viola las reglas de la concordia social. Es la expresión o interjección que se sale de un libreto unánimemente aceptado y que nos recuerda aquello que no debe verse ni escucharse. Sabemos que las malas palabras son malas porque son obscenas. Y son obscenas -de acuerdo a los estudiosos del comportamiento social- porque nombran sin hipocresía y sin eufemismos lo que no debe mencionarse nunca en público. Estas palabras poseen, para colmo, un poder imaginativo: representan en la mente el órgano o escena sexual aludida, en la forma más clara y fiel.

GARABATOS o GROSERÍAS

El diccionario prefiere el vocablo palabrota, que define como dicho ofensivo, indecente o grosero. Un garabato, de acuerdo al diccionario, es un palo con un gancho en la punta que se emplea para coger fruta que está muy alta, en el árbol. También es escritura mal trazada. Sólo la acepción número once establece que el garabato es una palabrota.

Por su parte, grosería es una descortesía, es una falta grande y grave de atención y respeto. Viene del latín “grossus”, que es grueso, espeso. En la actualidad, la sociedad estima que la mayoría de las malas palabras, por lo general, hacen mención a ciertas partes de la anatomía humana, a sus secreciones y residuos o a conductas que suscitan deseos sexuales. Por ejemplo, los niños tienen su primera aproximación, a este lenguaje, con la palabra caca, el residuo humano más normal del hombre. “Caca, no se come”, “Caca, no se toca”, “Caca, es feo”, les repiten insistentemente los padres a sus hijos más pequeños cuando los quieren alejar de algo. Éstos, a temprana edad, empiezan a comprenden que el sustantivo caca no se debe pronunciar en público y, a ninguno, se le ocurriría decir en la mesa, ya más grandes, “permiso, voy al baño a hacer caca”. ¡Se hace, pero no se pronuncia! Antiguamente existían eufemismos para decir esto mismo. Las señoras muy pudorosas y recatadas decían: “Permiso, voy a poner un telegrama”. Y partían presurosas a defecar. En cambio, la gente más desenfadada anunciaba: “Voy a Pichilemu” y si la diligencia era más avisaban que iban “…a Chicago”.

Quedo a la espera de algunas palabrotas.

Aunque parezca extraño, pero congreso también significa relación sexual

Jueves, Marzo 19th, 2009

Curiosamente, a la relación sexual también se le da el nombre de congreso, como consecuencia de una costumbre que se podría calificar de humillante y bochornosa; existió en Europa, antes del siglo 17. Consistía en mantener una relación sexual ante numerosos testigos calificados: médicos, comadronas, jueces y escribanos, entre otros. A esta prueba afrentosa tenían que someterse aquellos varones que eran acusados de impotencia y que se negaban a anular su matrimonio, pese a la existencia de este impedimento legal para continuar con él. En esos casos, el caballero de marras, ante el imperativo ineludible de la ley, tenía que concurrir al Tribunal y sostener un coito en público. Si no podía hacerlo, su matrimonio se anulaba de inmediato. Hacia 1605, los médicos demostraron que esta prueba era absolutamente ineficaz e inútil, porque muchos hombres sanos, ante una presión de esa naturaleza y con un auditorio semejante, obviamente se cohibían y no conseguían una erección. Esta fue la razón por la cual el vocablo congreso se convirtió en sinónimo de cópula carnal. El Diccionario de la Lengua Española, en su última edición de 1992, mantiene esta acepción, aunque establece que ya está en desuso.