El ocio no es pérdida de tiempo
“La última consecuencia de la civilización es su
aptitud para ocupar inteligentemente los ratos de
ocio”.
Bertrand Russell
“La conquista de la felicidad”
Siempre me preguntan por qué me gusta tanto la palabra ocio. Esta es mi respuesta.
El ocio es la cesación del trabajo, el tiempo libre de una persona. Desde un punto de vista etimológico, es el tiempo disponible para hacer algo por gusto, no por obligación. Se opone al trabajo (vocablo que surgió de una voz latina que significa tortura), pero no en el sentido de descanso. Mientras el descanso es reposo, sosiego y quietud, el ocio es la oportunidad para trabajar en aquello que a uno le apasiona. Por tal razón, unas vacaciones muy prolongadas, sin hacer nada, podrían terminan por aburrir, porque la mente permanentemente necesita de los estímulos intelectuales. No en vano, del tiempo libre nacieron de manera natural, en el pasado, algunas de las manifestaciones artísticas y culturales más importantes y que aún perduran.
El antónimo de ocio es la palabra negocio, cuyo sentido implícito es la negación del ocio. El Diccionario de la Lengua Española define este sustantivo del modo siguiente, en primera acepción: Ocupación, quehacer o trabajo. En consecuencia, el ocio puede perfectamente significar cambiar de actividad, por una mucho más placentera.
El ocio es licencia, es libertad, es autonomía para realizar aquello que nos parece grato y estimulante y que no está sujeto ni a normas ni reglamentos. En ningún caso significa mantener la mente vacía, porque la inactividad también aflige y hastía. Pues bien, si el trabajo nos permite cubrir honestamente las necesidades del diario vivir, el ocio se ocupa en cultivar los placeres que enriquecen el espíritu.
El ocio no siempre ha sido una prerrogativa de las clases adineradas. En el pasado se le considerada parte del trabajo. Fue así, como en los inviernos helados y europeos, cuando la cosecha había terminado y los granos y los animales estaban a buen recaudo, la oscuridad, el frío y las lluvias mantenían a la gente obligadamente ocupadas en algo en el interior de sus hogares. De esas ocupaciones estacionales empezaron a surgir la pintura, la poesía, el teatro, la literatura, la música y algunas manifestaciones científicas.
El ocio no es lo opuesto al trabajo, es algo mejor, como lo sugirieron, entre otros, Sócrates, Aristóteles, San Bernardo, Mark Twain y Bertrand Russell; es definitivamente la oportunidad de crear con propósitos más nobles. Rémy de Gourmont, un ensayista francés del siglo 19 llegó a decir que el ocio era la más bella conquista del hombre y Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo 17 ya había escrito que los ocios del descanso eran los padres de la filosofía.
En este período de vacaciones, tratemos de combinar el reposo absoluto, que lo necesitamos, por ejemplo, con la lectura. Abrir un libro, como dijo Descartes, es como conversar con los hombres y mujeres más interesantes de todos los tiempos. “Los ratos de ocio siempre serán el tiempo más apto para hacer algo provechoso”. Esta frase de Nathaniel Howe (1764-1837) resume el espíritu que anima al ocio.


