El arte del piropo
Lunes, Enero 25th, 2010(Con permiso de mi amigo David Enríquez)
En algunos edificios en construcción, a sus trabajadores les han prohibido piropear a las transeúntes. Los ejecutivos que se han visto obligados a tomar esta drástica determinación, la justifican argumentando que las mujeres, en vez de sentirse halagadas con los piropos que les caen desde las alturas, se sienten ultrajadas.
¿Qué pasó con el piropo en Chile?
El piropo es la galantería espontánea, oportuna, ingeniosa y, sobre todo, comedida con que se halaga a otra persona… y digo persona, porque en la actualidad, dada la igualdad de sexos, los hombres también han comenzado a ser piropeados por el sexo femenino. Pero, lo usual es que sea la mujer la destinataria de una lisonja, sin que necesariamente tenga que sobresalir por sus atributos naturales. El auténtico caballero no discrimina en este aspecto: toda mujer lo merece.
El piropo, también llamado requiebro, para que cumpla plenamente su propósito, debe ser inteligente, cortés, fino y, en la medida de lo posible, divertido. Esta última característica, si existe cultura lírica, se puede cambiar por una sentida inspiración poética, sin caer, por supuesto, en la cursilería. No resulta extraño entonces que el piropo, en innumerables oportunidades, reconozca iluminación en la poesía y la música popular.
De acuerdo a la tradición popular, quienes más sobresalían por hacer gala de talento y picardía en la invención de piropos eran los antiguos maestros de la construcción, los que atrincherados en andamios y grúas no daban tregua a las beldades que circulaban distraídamente por la calle. Su fama fue enorme y bien merecida y los escasos estudiosos de este tema opinan que, en el pasado, difícilmente eran superados en el arte de agradar verbalmente y con gracia a una mujer. Les seguían en el arte de alabarlas los vendedores de la Vega y de las ferias de frutas y verduras.
Pero la gracia, la originalidad, el estilo y el señorío han ido desapareciendo y, en la actualidad, las mujeres raramente se sienten aduladas cuando reciben un piropo en la calles. Más bien se sienten ultrajadas, vejadas y maltratadas por frases desprovistas de agudeza, chispa y delicadeza.
Para que un piropo surja efecto y se reciba con amabilidad y una sonrisa furtiva y seductora de agradecimiento, éste debe ser esencialmente gentil, ocurrente, ingenioso y sutil. Las groserías y ordinarieces son propias de un machismo anacrónico y de espíritus burdos y chabacanos, porque reflejan estrechez intelectual y ausencia de urbanidad.
El requiebro ingenioso e imaginativo siempre es bienvenido y celebrado por quien lo recibe y para que cumpla su cometido y le arregle el día a la destinataria, debe decirse con propiedad y aplomo, sin importar cuanta gente se halle en los alrededores. La voz debe sonar íntegra, entera, segura y sin asomo de debilidad. Es obvio que ningún caballero piropea a una mujer que camina acompañada de una pareja masculina.
Soy enemigo de las restricciones, las censuras y las limitaciones y no me gusta que a los maestros de la construcción les hayan prohibido piropear. Prefiero invitarlos a pensar que la mujer que camina con despreocupación por la calle podría ser su pareja, su madre, su hermana o una amiga y a ninguno de nosotros nos agrada que les falten el respeto a quienes queremos, porque la ofensa también nos alcanza. Jamás olvidemos que el piropo es halago y no un agravio.
Los invito a buscar o crear piropos ingeniosos y comedidos, para demostrar que la caballerosidad todavía existe. ¡Los esperaré!



La muerte ha visitado varias veces a mi familia y pese a conocerla muy de cerca no puedo acostumbrarme a la idea que a veces elija gente joven para llevarla a su seno. Cuando tenía 28 años, en un accidente, perdí a mi esposa Verónica de 25. Fue la primera vez que se llevó a alguien tan joven de mi lado. Años después murió inesperadamente la mejor alumna que he tenido en mi vida académica: Carolina Cárdenas. A partir de esas experiencias he tenido que aprender a vivir con la idea que la muerte actúa al azar. Lo lógico sería que escogiera a quienes tenemos más edad, pero lamentablemente no es así y por esa razón, me cuesta entenderla, pese a que creo sentirme preparado para enfrentarla.