Palabras que no producen indiferencia

Esta semana comenzó a circular en librerías mi último mi último libro: “Malas palabras con historia”. Aquí les cuento cómo se gestó.

Las malas palabras no son sólo las groserías, sino que todas aquellas que nos producen un inmenso desagrado cuando las escuchamos. Algunas de ellas nos incomodan, otras nos causan repugnancia, también están las que desencadenan en nosotros una ola de indignación, no faltan las que nos hacen sonrojarnos y, sobre todo, las que hieren nuestra sensibilidad y nos humillan. Las malas palabras no dejan indiferente a ninguna persona. Puede que algunos tengan una mayor tolerancia hacia ellas y que no reaccionen frente al sonido que las identifica, pero cuando se escuchan o se pronuncian, todos sabemos a qué están aludiendo.

Las palabrotas hacen referencia a lo que no se debería ventilar en público, a lo que debería mantenerse en el ámbito de la intimidad, mientras que las malas palabras, en general, son las que engendran irritación, rechazo y reprobación. Por ejemplo, los vocablos relacionados con las prácticas sociales indebidas caben en esta categoría,

Las palabras, en sí, son inocentes, porque sus propósitos esenciales son la explicación y la comunicación. La carga positiva o negativa la adquieren de acuerdo al contexto en que se utilizan. Si no existieran voces como culo, caca, pene y pedo, entre otras de esta naturaleza, no tendríamos cómo explicar estas partes de la anatomía y algunos de los fenómenos que se relacionan con esas zonas del cuerpo humano y animal. Lo que ocurre con el vocabulario, es que las palabras tienen el poder de la evocación y cuando se piensa en ellas, se pronuncian o se escuchan, es inevitable no reproducir en la mente lo que sugieren, incluso pueden liberar en la memoria recuerdos olfativos y poca gente disfruta pensando en el olor a mierda… aunque, por supuesto, existen las excepciones.

También existen las palabras que tienen mal sonido, que son duras, ásperas, disonantes y que carecen de armonía. Cuando se articulan, dejan la misma sensación que la desafinación, en música. El oído las rechaza, porque quiebran la musicalidad del lenguaje. Estas locuciones, además de su capacidad rememorativa, irrumpen desagradablemente en el ambiente cuando se vocalizan porque, en vez de sonar, retumban, rechinan, crepitan y desentonan.

En la selección que ofrece este libro hay malas palabras de todo tipo: aparecen las que ofenden, las que desagradan, las provocativas, las que perturban los sentidos, las que causan indignación, las que avergüenzan y encienden las mejillas, las que desatan la lujuria y las que hieren la sensibilidad. Pero estos sustantivos, verbos, adjetivos e interjecciones existen, están al alcance de nosotros, están registrados en los diccionarios, conviven al lado de los otros términos que utilizamos a diario y nos ayudan a entender la realidad. Estas locuciones adquieren su carga perturbadora conforme al entorno en que se insertan. A veces las evitamos, porque el ámbito social en que nos desenvolvemos las reprueba. En esos casos, se acude a los eufemismos, que son formas más delicadas y comedidas para decir lo mismo. Por ejemplo, un gastroenterólogo nunca le pregunta a un paciente si caga bien después de comida, lo hace consultándole si obra sin problemas.

Las malas palabras no son propias de la sociedad moderna. Han existido siempre. Los antropólogos han conseguido determinar que numerosos pueblos primitivos no permitían que se pronunciaran algunas voces. En esta categoría cabían, cuenta el psicoanalista argentino Ariel C. Arango en su ensayo Las malas palabras, los denominados vocablos tabú, voz polinésica que etimológicamente significa sagrado o consagrado, en primera acepción, y peligroso, prohibido e impuro, en segunda. Muchos términos vedados no eran groserías ni nada parecido, agrega Arango; eran sólo expresiones que la costumbre no autorizaba a que se vocalizaran en público: nombres de dioses, de la suegra, de reyes y sacerdotes o de difuntos, por citar algunos ejemplos. Las violaciones al tabú incluso podían calificarse de sacrilegios; si así ocurría, las transgresiones acarreaban derivaciones funestas. Los castigos por infringir estas prohibiciones podían ir desde la pena de prisión en mazmorras, en el antiguo reino de Siam, hasta la condena a muerte, entre los guajiros de Colombia.

Aun cuando siempre se ha tenido conciencia de que las palabras son sólo el nombre de las cosas y las acciones, también se ha admitido que algunas de estas cosas y acciones pueden existir o llevarse a cabo, pero que no deberían decirse públicamente, porque la costumbre no lo permite. En este ámbito, en las sociedades modernas, se ubican las groserías, las blasfemias, las imprecaciones, los insultos, las obscenidades y las indecencias.

En consecuencia, la mala palabra, es la que quebranta agresivamente las reglas de la coexistencia social. Es el vocablo que inesperadamente se sale del libreto unánimemente aceptado y nos recuerda de manera imprevista aquello que no debería verse ni escucharse. Sabemos que estos términos no se consideran buenos porque, en algunos casos, ofenden el pudor y, en otros, recuerdan las malas prácticas sociales. Son obscenas -de acuerdo a los estudiosos del lenguaje y el comportamiento social- porque nombran sin restricciones lo que jamás debería mencionarse en público o son inmorales, porque aluden a contravenciones de las buenas costumbres y vulneración de la legislación. Estas voces poseen, además, un poder imaginativo: provocan en la mente la representación clara del órgano aludido, de una escena sexual o de una mala acción.

Este libro se hizo con la colaboración de muchísima gente. Un gran porcentaje de las voces que aparecen en las páginas siguientes fueron sugeridas a través de personas que leen mi blog de Radio Cooperativa, de mis amigos de Facebook y mis followers de Twitter. Esta es la primera vez que me sirvo de las nuevas herramientas de comunicación, propias del siglo 21. Igualmente encontré inspiración en una serie de programas que realizamos con Cecilia Rovaretti y Rodolfo Baier en Una nueva mañana en Cooperativa y en proposiciones de clientes habituales de Feria Chilena del Libro que son grandes lectores y de estudiantes universitarios a los que les hago clases.

Nos sorprendió que numerosas personas incorporaran en sus listas de malas palabras locuciones como acosar, burocracia, chaquetear, cesantía, cogotear, coimero, colusión, delincuencia, mediocridad y sobresueldos entre otras. Esto significa que las voces que aparecen en “Malas palabras con historia” no son sólo las que tradicionalmente se califican como palabrotas, sino que también fue necesario incluir aquellas que nos provocan enorme fastidio cuando las escuchamos.

“Malas palabras con historia” fue publicado por Radio Cooperativa, Feria Chilena del Libro y Ediciones Cerro Huelén.

50 Comentarios para “Palabras que no producen indiferencia”

  1. Hernán Eduardo Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 14:16

    ¡Felicitaciones! Excelente portada.

  2. Renato Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 15:01

    Hola Héctor, espero que las palabras que le envié por twitter aparezcan en su libro. Lo buscaré el fin de semana. Qué le vaya bien.

  3. Aldo Páez Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 17:41

    Brindo por el libro. Espero que para el lanzamiento se acuerden de los auditores y nos inviten. Yo envié algunas sugerencias así que espero que se hayan considerado. Aprovecho solicitar que se reediten “Vicios en el lenguaje del chileno” y “Anecdotario de las comidas y celebraciones” que no están en ninguna parte.

  4. David Enríquez Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 12:18

    Espero encontrar la palabra corrupción en su libro. Saludos. D.E.

  5. Edith Vergara Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 18:03

    Ya que usted ha publicado un libro con la historia de las malas palabras me podría explicar qué significa exactamente el vocablo carajo. No me han sabido explicar su correcta definición. Gracias anticipadas.

  6. Javier Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 19:33

    Qué mal hablados somos los chilenos. Somos tan mal hablados que hasta un libro que cuenta la historia de las chuchadas que empleamos hubo que hacer. ¿A qué se debe este increíble empobrecimiento de nuestra comunicación? ¿Por qué no somos capaces de decir una frase de corrido sin intercalar el gueón? Hasta las mujeres son garabateras y son peores que nosotros. Incluso he escuchado curitas desahogándose con el lenguaje y poniendo colorado hasta el mismísimo demonio. ¡Guen dar! como decía mi abuelo, que jamás dijo una mala palabras delante de señoras y señoritas, pese a que mi viejo querido era muy chucheta.

  7. Inés A. Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 22:09

    Siempre he tenido una duda con la palabra huevón. ¿Es un chilenismo? ¿Nació en nuestro país? ¿Qué significa exactamente? Hace algún tiempo lo escuché hablar de un libro que analiza esta palabra. ¿Cómo se llama? Si me puede dar el nombre a través de este blog se lo voy a agradecer.

  8. Garabatero Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 9:35

    Soy garabatero y no lo puedo evitar. Ando con el weón pa’arriba y pa’bajo y no me lo puedo sacar. Lo que pasa es que en mi familia todos se weonean y así nos acostumbramos. Mi papá siempre nos trató de weones y mi mamá lo trataba a el de weón. Pero todo en buena. ¿Y qué se puede hacer cuando se cumplieron 31 años? Una vez no me di cuenta y traté de weón a un profe en la universidad. Me fulminó con la mirada. ¿Cómo se extirpan estos hábitos? En todo caso voy a comprar su libro, porque tengo mucha curiosidad por saber el origen de todas las “xuxadas” que utilizó. Mi padre siempre se acuerda de usted y cuenta que gozó como weón cuando usted con Cecilia Rovaretti y Rodolfo Bayer hicieron un ciclo radial de malas palabras con historia. Dicen que fue genial. ¿Es verdad que usted no puede decir weón y dice huevón? Saludos.

  9. Sergio Letelier Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 11:58

    Qué agradable sorpresa saber de la existencia de este libro. ¿Lo van a presentar en provincias como los anteriores? La última vez estuve conversando con usted en La Serena. Sería bueno que pudiera volver. Espero que llegue a las librerías de esta ciudad.

  10. Pedro V. Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 12:28

    He buscado su libro en Talca y Curicó y no lo he encontrado. ¿Va a llegar a las Séptima Región? Lo malo es que las librerías nuestras no tienen toda la oferta capitalina.

  11. Rigoberto Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 18:59

    En nuestro país la distribución de libros es pésima. En Punta Arenas nunca han estado sus libros, pese a la demanda que existe. Tenemos que comprarlos cuando viajamos a Santiago. espero que se pueda adquirir a través de Internet.

  12. Natalia Vega Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 18:47

    ¡Cómo es posible que no haya librerías en algunas ciudades de Chile! ¡No lo puedo creer! Sus libros sólo se encuentran en las grandes ciudades. Algo hay que hacer. Y luego.

  13. Feria Chilena del Libro Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 19:43

    El libro del periodista Héctor Velis-Meza se encuentra en todos los locales de la cadena Feria Chilena del Libro. También se puede conseguir a través de http://www.feriachilenadellibro.cl.

  14. Clara Robles Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 0:36

    ¿Ha pensado en publicar su libros digitalmente?

  15. Matias Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 11:07

    Héctor, estoy leyendo tu libro. Un aporte: “aceitar con plata” es correcto que se hace para que el funcionario haga vista gorda, pero proviene del hecho de que si no se “aceita”, el tema en cuestión no avanza, porque no se mueve la máquina burocrática y todo se tranca. Al “aceitar” la persona, cual engranaje, comineza a funcionar. El problema es cuando se hace muy tarde, ya que son más los “engranajes”, “rotores”, “reductores”, etc. a los cuales hay que darle su respectiva dosis de “aceite”.
    Saludos.

  16. Cerro Manquehue Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 20:50

    La información sobre los libros de Héctor Velis-Meza se envía a todas las librerías de Chile, pero pese a las altas ventas que registran sus títulos, no todas las librerías piden sus títulos y nosotros, como distribuidores, no podemos obligar a los libreros a comprar sus libros. Sí podemos asegurar que las cadenas más importantes, como Feria Chilena del Libro y Antártica, los tienen e, igualmente, los ofrecen las más importantes librerías del país. El problema es que en Chile no hay más de cien librerías y en muchas ciudades no hay establecimientos dedicados a la venta de libros.

  17. Heriberto López. Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 20:56

    Genial su conversación con Cecilia Rovaretti este mediodía. Cada vez que los escucho me acuerdo de lo bien que lo pasaba escuchándolos cuando trabajaban juntos. Compraré su libro. Le agrego mi apellido, para que sepa que doy la cara. Saludos cordiales.

  18. Marco Letelier Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 21:09

    Lo sigo por Twitter y así llegué a este blog. Aunque por ahí lo he escuchado decir que su propósito no es enseñar, uno aprende leyéndolo.

  19. Adrián Sánchez Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 22:16

    Mi apellido es Sánchez y desde chico escuché decir, cuando alguien dejaba la embarrada, que “había hecho la de Sánchez”. ¿Sabe usted qué significa “hacer la de Sánchez”? No sabe usted cuánto le agradecería mi familia su respuesta.

  20. Leandro Álvarez Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 15:15

    Héctor ¿por qué no invitan a Cecilia Rovaretti a Entre Copas para se junten de nuevo, por lo menos una vez más? Me gusta escucharlos juntos.

  21. Axel Cerda garcía Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 17:52

    Nuevamente nos sorprende y nos agrada con un libro entretenido, útil y diferente para disfrutarlo día a día.

  22. Litré Maldonado Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 19:20

    Después de escuchar el programa del viernes de Cecilia Rovaretti me quedé con ganas de que se repitiera la experiencia de hacer un ciclo de malas palabras con historia. ¿A quién no le gustaría saber de dónde viene la palabra chucha? ¡A todos!

  23. Carlos Pabst Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 20:02

    ¿Es verdad que la palabra huevon realmente significa flojo? Varias personas me lo han comentado. Yo creo que están errados, porque para mí el huevón es el imbecil. ¿Quién está equivocado? Gracias.

  24. Antonino del Canto Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 15:22

    En las próximas semanas se llevará a efecto una feria del libro en Los Andes y sería bueno que usted la visitara, para que así tengamos la oportunidad de escucharlo en vivo y en directo. Dejo lanzada la idea, porque me imagino que usted va a estar en la Feria Internacional del Libro de Santiago.

  25. Ronie Mayol Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 16:40

    Hace tiempo que ando detras de la historia de la palabra pelandusca. Ya no se utiliza mucho, pero en mi familia, la usaban mis abuelos con desprecio para referirse a mujeres que ellos calificaban de “livianas de cascos”. A lo mejor usted me puede ayudar.

  26. Héctor Velis-Meza Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 16:44

    Respuesta a Edith:

    CARAJO

    El vocablo carajo es calificado por el diccionario como una palabra malsonante, y como sinónimo vulgar de miembro viril. Como expresión coloquial, puede denotar enfado o rechazo, en frases como “al carajo con estos documentos; que los redacten de nuevo”. Como interjección se utiliza para manifestar disgusto, rechazo, sorpresa o asombro. Igualmente se usa para reemplazar el nombre de un sujeto, con el fin de desvalorizarlo: “Ese carajo no merece que lo volvamos a invitar”. Como locución adjetiva coloquial se utiliza con el significado de muy grande: “Hace un frío del carajo” y como locución adverbial equivale a nada: “No entendí ni un carajo lo que explicó el profesor”.

    El Diccionario de la Lengua Española también registra la frase “mandar a alguien al carajo” y la define como una locución coloquial que significa rechazar algo con insolencia y desdén. El eufemismo de carajo es caramba, palabra que el diccionario define del modo siguiente: interjección que denota extrañeza o enfado.

    La voz carajo probablemente pueda haber surgido de una locución griega que, en esa lengua, significa “estaquita puntiaguda”.

  27. Elías Cid Leiva Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 19:13

    Don Héctor, mojón es o no es una mala palabra. Para mí el mojón es el lulo criollo, pero varias personas me han dicho que significa otra cosa, pero nadie me ha sabido dar una explicación contundente. Nadie ha amojonado en la respuesta. A ver si usted amojona y me convence. Gracias.

  28. Jaime G. Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 20:07

    Una curiosidad. El otro día no alcancé a escuchar la respuesta en la radio, porque justo en ese momento me hablaron, pero por qué incluyó la palabra “herramienta” en su libro.

  29. Eduardo Rojas Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 11:08

    Felizmente hay una manera de conseguir libros en regiones. Con las ferias de libros. Lo malo es que hay lugares donde las ferias no llegan ni por si acaso. Tanto que se cacarea con los hábitos de lectura, de libros para todo y de bibliotecas en todo Chile, pero en la práctica nada de lo prometido se concreta. La última lo vi en la feria del libro de Puerto Montt que organizaba la universidad de Los Lagos. Usted andaba con Cristóbal Guarello y Chomsky. Por si no lo sabe, la feria ya no existe, aunque milagrosamente se instaló en el mall la Feria Chilena del Libro. Veré si es cierto que tienen sus libros. Ahí le cuento. Saludos.

  30. Rita Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 14:03

    Espero que su libro llegue a Los Ángeles. Cuando necesito un libro aprovecho de comprarlo cuando voy a Santiago o lo compro por Internet.

  31. Erika del Río Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 16:21

    De su libro, concuerdo con usted, que uno de los hallazgos fue la palabra mamandurria. La voy a incorporar a mi vocabulario.

  32. Lilian Pérez Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 16:52

    Don Héctor, de dónde viene la palabra coletero. Gracias.

  33. Josefina Larenas Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 22:02

    En otros países he visto que venden libros en las farmacias. Ya que en nuestro país hay tan pocas librerías, no sería una mala idea que las farmacias incorporaran en sus estantes, por lo menos, las novedades editoriales.

  34. Juan Canales Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 20:33

    Creo que deberían hacer de nuevo un espacio de Malas Palabras con Historia en la radio. Cuando lo transmitieron me divertí mucho, pero también aprendí. Yo creo que hay que perderle el miedo a las malas palabras, porque éstas están en los diccionarios.

  35. Rosario Cepeda Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 22:10

    En los próximos días se va a iniciar una nueva feria del libro en la Estación Mapocho. ¿Va a participar usted? ¿En qué stand? ¿Va a firmar libros? Nos gustaría que nos firmara ejemplares de sus libros. Vamos a esperar su respuesta.

  36. Efráin Rodríguez Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 22:48

    Estamos buscando un libro suyo que se llama “Anecdotario secreto de las comidas, bebidas y celebraciones”. No le hemos encontrado en ningún lado. ¿Cómo es posible conseguir un ejemplar? ¿En qué lugar se encuentra?

  37. Mario P. Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 23:54

    Leí en un artículo que usted también publicaba libros con otro nombre. ¿Cuál es su pseudónimo para buscar esos título?

  38. Verónica Vargas Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 11:06

    Anoche vi Cadena Nacional donde lo entrevistaban y entendí qué significa hablar con el cuerpo y no con la boca. Usted lo dijo en su análisis del foro en TV de los candidatos. Usted habla con el cuerpo. Me gustó mucho su conversación con Franzani.

  39. Leo Robles Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 11:44

    Don Héctor, qué significa exactamente la palabra conchudo. ¿Es un insulto grave?

  40. Alberto Vergara Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 12:16

    Muy buena su participación en “Cadena Nacional”. No sólo divertida y entretenida, sino que sobre todo instructiva. Espero que su libro ya haya llegado a Valparaíso.

  41. Nacho Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 12:31

    Le salen genial los garabatos cuando los pronuncia en televisión. Anoche lo vi en Cadena Nacional con Franzani y (disculpe el lebguaje) me “cagué” de la risa. Espero que alguien me regale su libro.

  42. Berta A. Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 13:18

    Usted es un hombre compuesto, pero cuando se desordena lo hace en forma. Anoche no se privó de decir ningún garabato en Cadena Nacional. Buena la entrevista y divertido usted. No le conocíamos esa faceta. ¡Bien chucheta el profe!

  43. Raúl Valle Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 14:15

    ¿Cuán grave es decirle a alguien conchudo?

  44. Iris Marambio Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 14:40

    Recién leía en las noticias que en Perú trataron de conchuda a la presidente Bachelet. ¿De qué calibre es este insulto? ¿Lo incluyó en sus “Malas palabras con historia”? ¿Es afrentoso trata de conchudo a alguien? Gracias.

  45. Héctor Velis-Meza Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 17:03

    Respuestas a consultas:

    HIZO LA DE SÁNCHEZ

    Tras un desaguisado o una equivocación de grandes proporciones que, para colmo, ha acarreado consecuencias molestas y desagradables, en el pasado, era frecuente que alguien calificara esa situación con la expresión siguiente: Fulano de tal hizo la de Sánchez. La frase de marras aludía, según el libro Folclor chileno de Oreste Plath a Toribio Sánchez, un actor cómico de la época del cine mudo, cuyas torpezas y desatinos provocaban gran hilaridad. El desventurado Sánchez se tropezaba continuamente, caía al suelo con asiduidad y todo lo que hacía le salía mal. Sus jocosas adversidades, rápidamente se convirtieron en un referente de percances y contratiempos y, casi espontáneamente, se acuñó la expresión hizo la de Sánchez, para indicar que alguien había ocasionado un desastre.

    COLETERO

    En el pasado, el coletero era el que vendía coletos, vale decir ropa rudimentaria de cuero. Pero, en Chile, se califica con desprecio de coletero al sujeto que adula reiteradamente a otro con mejor posición en el trabajo, para obtener algunos beneficios. Se le llama de este modo, de manera desdeñosa porque, como explica el investigador urbano Ángel Arias Quezada, siempre anda a la cola de algún superior.

    HERRAMIENTA

    La herramienta es el pene en lenguaje vulgar. A ciertos varones les agrada pronunciar esta palabra con regodeo, como promesa de un miembro contundente y eficaz. Algunas mujeres se llegan a sobresaltar cuando escuchan esta palabra, como la protagonista de El amor en los tiempos del cólera que cuando escuchó el potente chorro de orina de su esposo en la noche de bodas, temió por los estropicios que luego vendrían.

    Una herramienta es un instrumento, generalmente de hierro, que se emplea en trabajos manuales. De esta definición debe haber nacido el símil con el pene, al que de manera figurada se le equipara a un instrumento, para la realización de labores manuales y placenteras. De hecho, para entender esta analogía, el léxico reconoce que también se le llama herramienta a los dientes de una persona.

    Herramienta encuentra su génesis en la locución latina ferramentum que significa instrumento de hierro. Muchos hombres están convencidos de que su miembro es parecido a este material.

    HUEVÓN

    El huevón, según el Diccionario de la Lengua Española, es el perezoso, el indolente, el tardo, el lento. Luego agrega que también se puede calificar con este adjetivo despectivo y vulgar a los imbéciles, aturdidos y cretinos. El léxico añade que en Honduras y Nicaragua se califica con este vocablo a los valientes y animosos.

    La palabra huevón pareciera ser el aumentativo de la voz huevo, una de cuyas acepciones es testículo. Por lo tanto, el huevón podría ser alguien con los testículos muy grandes. En este caso, se dan dos posibilidades: para los españoles se trata de un hombre muy viril, enérgico y decidido y para los americanos es todo lo contrario; es un varón al que le pesan las gonadas y, por lo mismo, como le cuesta moverse se convierte en un flojo.

    Cosme Portocarrero en su libro La palabra huevón desmenuza las curiosidades de esta palabra y la define tal como se entiende en Chile. Como sustantivo tiene tres acepciones: 1) Fulano, tipo, sujeto. 2) Amigo, compadre. 3) Tonto. Luego agrega que como adjetivo también tiene acepciones a saber: 1) Torpe, estúpido. 2) Cándido, incauto, confiado, desprevenido. 3) Idealista, altruista, bonachón.

    Según Portocarrero, huevón surge de la voz castellana hueva como sinónimo de testículo. De hecho, en Chile a las gónadas masculinas se las llaman vulgarmente las huevas. A partir de esta locución se generaron los siguientes vocablos: huevada, huevera, huevón, huevera, hueveo, huevonaje, huevonear, huevinca, huevoncito, huevoncete y ahuevonado.

    En consecuencia, para saber en qué sentido se utilizó la palabra huevón hay que analizar el contexto en que se pronunció.

    MOJÓN

    Ésta es otra palabra con mala suerte y que se evita pronunciar, pese a que su primera acepción es aséptica y pudorosa. Un mojón, desde siempre, ha sido una indicación permanente que se instala en caminos y poblados para que sirva de orientación a los viajantes. Igualmente se emplea con el fin de determinar deslindes y límites en las fronteras.

    El sustantivo mojón nace del vocablo latino mutulo, que significa montón. En el pasado, los mojones de los caminos se erigían con piedras, que se acumulaban unas sobre las otras. Pero como un mojón es un cúmulo macizo, en varios países se le empezó a dar este nombre a una porción compacta de excremento humano que se expele de una sola vez. De esta manera, este vocablo -propio de las señalizaciones camineras- terminó convertido en sinónimo de caca.

    PELANDUSCA

    Pelandusca es una forma absolutamente despreciativa que se emplea para referirse a una prostituta. Este vocablo surgió del participio del verbo pelar, que es pelado. La forma femenina, pelada, se emplea para referirse ofensivamente a las mujeres que se ven en la necesidad de comercializar su cuerpo. El Diccionario de la Lengua Española ofrece nueve acepciones para la palabra pelada y la número nueve dice textualmente: prostituta. Es muy probable que, en el pasado, a las rameras se les haya dado el apelativo de peladas, porque las castigaba rapándolas.

  46. Tito Valdés Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 19:49

    Me divertí mucho con su participación en Cadena Nacional. Como también habló de Twitter, lo busqué y me llevé una grata sorpresa. Ya se acerca a los dos mil seguidores. Me alegro.

  47. Reyna Valles Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 16:09

    Qué manera de pasarlo bien escuchando Cadena Nacional en Vía X. Una verdadera perfomance la suya. ¿Cuándo va a ser el lanzamiento de “Malas palabras con historia”? Espero que sea abierto, para poder asistir.

  48. Silvio Herrera Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 16:58

    Usted es un hombre de suerte, porque cuando apareció su nuevo libro de “Malas palabras con historia”, Maradona se mandó el numerito con los periodistas y los empapeló a garabatos y los peruanos de despacharon un insulto a nuestra presidenta que se los encargo. Habrá que leer su libro, porque con esta campaña internacional de difusión no queda otra. Ah. Lo vi en Cadena Nacional. Vaya, vaya, en realidad usted tiene su lado B y es más histrónico de lo que pensaba. En todo caso, las puteadas le salen académicas.

  49. Vicente Gabriel Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 12:19

    Estimado Héctor:

    Felicitarlo, primeramente. Personas como usted engrandecen y ennoblecen nuestra profesión -soy colega periodista-. Sus textos, su sapiencia, es algo que he admirado desde siempre.

    Luego, plantearle una duda que me aqueja hace muchos años y estoy seguro usted sabrá disipar: la costumbre de que el varón camine hacia el lado de fuera de la calle cuando camina con una dama… ¿de dónde viene? ¿cuál es la verdadera historia?

    Un abrazo y reitero mis respetos y felicitaciones

  50. El blog de Héctor Velis-Meza » Blog Archive » La Feria del Libro me obligó a pensar por qué escribí “Malas palabras con historia” Dice:
    5 de Octubre de 2009 a las 10:11

    [...] Palabras que no producen indiferencia [...]

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