Debate presidencial: Los seres humanos hablamos con el cuerpo
Jueves, Septiembre 24th, 2009En el debate presidencial, a los asesores en mass media se les olvidó advertirles a los candidatos que los seres humanos hablamos con el cuerpo y que en la comunicación humana, la voz es sólo uno de los componentes. En 1971, Albert Mehrabian en su libro Silent Messages (Wadsworth, Belmont, California, 1971) publicó un estudio revelador; dijo que el impacto total de un mensaje se puede dividir del modo siguiente:
Verbal (sólo palabras) 7 %
Vocal (sonido con matices) 38 %
Gestualidad 55 %
Los participantes del foro presidencial usaron la voz con deficiencia, salvo Jorge Arrate, y sus cuerpos mostraron personas tensas, poco naturales y tan concentradas en sí mismas y en lo que tenían que decir, que se olvidaron del público y los telespectadores. No establecieron una comunicación cálida y amable con la gente y no fueron “empáticos”. Se vieron nerviosos y se sirvieron del podio para protegerse y establecer distancia con los contendores y con la audiencia que repletó el estudio de TVN y que hizo todo lo posible por animar a sus candidatos, pese a los esfuerzos que hizo el conductor para controlarlos.
Quienes se sintieron más seguros y aplomados fueron los dos que no tenían mucho que perder. Se mostraron relajados, fluidos, naturales, cómodos y hasta con una pizca de gracias, por momentos. Ellos fueron Jorge Arrate, en su rol de postulante, y Alejandro Guillier como moderador. Bien los dos. ¿Y por qué bien? Porque nunca se sintieron rindiendo examen ante la opinión pública, porque manejan un vocabulario superior a la media del chileno, porque indudablemente son lectores cultos que se sienten familiarizados con la palabra, porque armonizan la gestualidad con la voz (ambos elementos no se contradicen) y porque transmiten naturalidad.
Los otros tres participantes se percibieron inseguros en el manejo del lenguaje, cometieron varios “furcios”, se advirtió que se conducían con un vocabulario precario y que les faltaba léxico para completar una idea, que emitían los sonidos como si los estuvieran expectorando y no articulando, que no se servían debidamente de la elocuencia para acentuar las ideas motrices y que sus exposiciones eran monocordes, sin matices y desasosegadas.
Es posible que las personas que siguieron el debate no recuerden todo lo que dijeron los candidatos, porque en la mayoría de las ideas que se desarrollaron se advirtió más prisa por exponerlas que por resaltarlas. En estas circunstancias es donde se echa de menos el dedo de Ricardo Lagos, la frase calculaaaaadamente arraaaastrada, la mirada confiada y penetrante hacia la cámara, la salida ingeniosa y el gesto que enfatiza una idea y la hace inolvidable.
A favor de los candidatos hay que decir que el formato es complejo, porque obliga a la síntesis, que sólo consiguen los oradores consumados, los intelectuales acostumbrados a argumentar, persuadir y a dictar clases y los lectores entusiastas.
Sólo Eduardo Frei se adjudicó un excelente punto a su favor cuando le recordó a Piñera el problema que tuvo con una supuesta información privilegiada que utilizó en uno de sus negocios. Fue, además, titular en los diarios. El candidato de la Alianza, pese a su réplica, no fue contundente ni convincente. La aseveración de Frei quedó flotando en el ambiente y ensombreció a sus partidarios. El resto es olvidable.


