Gracias Alfonso Calderón
Muchas gracias Alfonso…
- Por haber convertido las horas de clases en horas de provechoso placer.
- Por mejorar la sintaxis de nuestros textos.
- Por reforzar, en los que fuimos tus alumnos, el amor a los libros.
- Por la disciplina de trabajo que nos inculcaste.
- Por aconsejarnos mirar hacia arriba, hacia los lados y hacia abajo y no sólo hacia adelante.
- Por enriquecer nuestra imaginación.
- Por ayudarnos a valorizar a Joaquín Edwards Bello.
- Por enseñarnos a usar el diccionario.
- Por habernos corregido sin ofender nuestras epidermis.
- Por las permanentes lecciones de humildad y modestia que siempre nos diste.
- Por iniciarnos en el pensamiento creativo.
- Por exigirnos ser autocríticos.
- Por alejarnos del aburrimiento.
- Porque nos hiciste descubrir lo fascinante que es el cine de los años de 1940 y 1950.
- Porque los que seguimos tus pasos como académicos, tratamos de no aburrir a nuestros alumnos, claro que no como nos encantabas tú con tu sabiduría.
- Porque gracias a ti, el periodismo se convirtió en nuestras vidas en algo fascinante y no rutinario.
- Porque desde que te conocimos descubrimos que Santiago era muy diferente a lo que nosotros creíamos.
- Por ser tan amable y considerado.
- Porque gracias a ti estamos pendiente de no repetir palabras en un texto y estamos atentos a las concordancias verbales, de número y género.
- Por adiestrarnos en el arte de la conversación.
- Porque debido a ti sabemos que la progresión dramática en un texto es fundamental.
- Porque nos hacías clases y no nos dábamos cuentas de que estabas enseñando; por esta razón ningún de nosotros se perdía tus clases.
- Porque todo lo que nos enseñaste siempre nos ha sido de muchísima utilidad. Siempre que me paro frente a un curso, me acuerdo de ti y trato de hacer lo que tú hacías con nosotros: estimular nuestras aptitudes, muy modestas al lado de las tuyas.
- Por alejarnos de los pleonasmos y los lugares comunes.
- Porque nunca se me ha olvidado que aconsejabas tener varios libros en el velador y escoger cada noche el que mejor se avenía a nuestro estado de ánimo. Como el velador se me hizo chico, mandé confeccionar un mueble con ruedas para tener los libros debajo de la cama.
- Porque nos hiciste entender que el que habla y escribe mal es como si estuviera desafinando en música.
- Por habernos dado la inmensa alegría de leer en los diarios que te habían concedido el Premio Nacional de Literatura. ¡Cuán orgulloso me sentí ese día por haber sido tu alumno y cuánta pena tenemos hoy día, porque ya no vas a estar con nosotros!


