Ser amable y cortés nunca será un sacrificio

Las reglas de urbanidad no son más que elementales normas de respetuosa convivencia, las que cualquier persona con un mínimo de sentido común puede cumplir sin problemas. Se vienen adquiriendo, de manera natural, desde que el hombre comenzó a organizarse comunitariamente y necesitó de normas mínimas de relación para facilitar la cohabitación.

El ser humano comienza a adoptar pautas de comportamiento desde temprana edad y las hace suyas observando el modo de conducirse de quienes le rodean: padres, hermanos, familiares cercanos, amigos, vecinos y compañeros de colegio. Por lo tanto, los patrones de urbanidad obedecen a las relaciones sociales, motivo por el cual, en una persona educada, se observan de una forma natural y sencilla, pues son consecuencia de una manera de vivir enriquecedora, considerada y racional.

El conglomerado de cánones que conforman la urbanidad, etiqueta y protocolo tienen como su propósito más básico facilitar las relaciones sociales y hacerlas más fluidas, armónicas y dinámicas.

Los expertos en urbanidad, buenas maneras, etiqueta y protocolo, más aquellas personas que por su rango y posición social y empresarial deben someterse a sus pautas y sugerencias, coinciden en afirmar que estas particularidades de la vida en comunidad, nunca han sido obstáculo o impedimento para la espontaneidad, sino que todo lo contrario; las consideran una contribución indispensable para el buen desempeño en una actividad pública, pues quienes conocen y dominan las normas de comportamiento saben con precisión cómo conducirse y relacionarse con el universo que los rodea. De esta manera, se evitan desaciertos, yerros y equivocaciones lamentables.

Se tiende a creer erróneamente que la etiqueta de los tiempos que corren es exigente. En tiempos pasados sí que era rigurosa y estricta y no perdonaba los errores. Las etiquetas babilonias, egipcias y romanas fueron extremadamente formales en la Antigüedad; también lo fue la china y continúa siéndolo la japonesa. Un error en los pretéritos rituales japoneses, podía significar que quien lo cometiera tuviera que pagar su equivocación con el harakiri. El historiador Herodoto cuenta que el rey Deyocés de los medos, promulgó una disposición que estipulaba que nadie podía reír o escupir en su presencia. Por su parte, Chaka, jefe supremo de los zulúes disponía la pena capital para quien carraspeaba o estornudaba en su presencia.

La etiqueta española también se caracterizó por su severidad; llegó a sus mayores extremos en el reinado de Felipe II (1527 - 1598) y elevó hasta la condición de auténticas divinidades a los soberanos. Por ejemplo, una de las reglas de comportamiento real ordenaba categóricamente que los monarcas nunca debían reírse. Por lo tanto, las sonrisas y las alegrías tuvieron que erradicarse de la Corte de Madrid. Algunos cronistas de aquel entonces escribieron que Felipe IV (1605 - 1665) sólo se rió en tres ocasiones durante su vida.

Otra curiosidad de la normativa protocolar hispana establecía que los pies eran toscos y vulgares, motivo por el cual se decretó que sus majestades carecían de ellos y nadie en la corte podía nombrarlos. En una ocasión, Ana de Austria (1543 - 1580), cuarta esposa de Felipe II y madre de Felipe III recibió de regalo unas primorosas medias de seda; a la autoridad provincial que se las obsequió con la mejor intención, se le reprendió con sequedad y se le recordó de mala manera, y amenazadoramente, que la reina no tenía pies.

Istvan Rath-Vegh, en su libro Historia de la estupidez humana relata otro episodio que deja al descubierto los excesos de la antigua etiqueta española. Nadie, que no tuviera sangre real y que estuviera expresamente autorizado para hacerlo -como por ejemplo los ayudantes de cámara- podía tocar a los reyes de España. En una oportunidad, una soberana castellana fue arrastrada varios metros por un caballo encabritado, que la derribó de la montura, mientras paseaba. Dos oficiales que la escoltaban, a duras penas pudieron sujetar la cabalgadura, luego le liberaron el pie, que había quedado trabado en el estribo y le salvaron la vida. Los nobles caballeros, una vez que depositaron delicadamente a la reina en el pasto, montaron prestamente sus corceles y se dirigieron sin demora hacia la frontera. La atravesaron y escaparon de la pena de muerte, que era la sanción que correspondía a quienes tocaban al rey o a su esposa.

Felipe III (1578 - 1621), hijo de Felipe II, casi pereció por culpa de las exigentes normas reales de su país. Un día de mucho frío, mientras trataba de temperarse al lado de la chimenea, sin que él se diera cuenta a tiempo, su ropa empezó a arder. Estuvo a punto de morir achicharrado por el fuego, porque los lacayos, que observaban aterrorizados el espectáculo, no se atrevían a tocarlo para apagar las llamas. Finalmente vencieron los temores y sofocaron el incendio. En esa oportunidad, el monarca, contra la opinión de sus asesores, perdonó a los que lo salvaron.

Comportarse con amabilidad, sensatez, llaneza y espontaneidad no debería significar sacrificios. Basta, para ello, tener conciencia de las propias limitaciones, aquellas que señalan con mucha claridad que nuestra libertad termina exactamente donde comienza la de las otras personas. Además, se debe tener presente que el trato que dispensemos a los demás, es el que vamos a recibir de vuelta. Si éste es atento y comedido, no cabe duda que a través de la retribución, se obtendrán muchas satisfacciones y agrados, pero, si por el contrario, nuestra conducta es grosera, agresiva y desconsiderada, la respuesta inevitablemente se cargará de rencores y resentimientos.

25 Comentarios para “Ser amable y cortés nunca será un sacrificio”

  1. Soledad Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 20:07

    Qué buena idea sería que los medios de comunicación iniciaran una vigorosa campaña para que los chilenos recuperáramos los buenos modales.

  2. Alberto Vergara Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 20:46

    ¿En qué momento del pasado nos pusimos groseros y maleducados? esta pregunta me la formulo todos los días y no encuentro respuesta. La rotería es la característica esencial de nuestro pueblo en la actualidad y nosotros no éramos maleducados. ¡Qué pena!

  3. Hugo Mezza Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 21:47

    Es urgente hacer algo, porque la mala educación nos tiene chatos; en el transporte público, en los supermercados, en los estacionamientos, en las universidades, en la calle, en las carreteras, en todas partes. ¿Es muy difícil ser gentiles? ¿Cuánto cuesta ceder el paso? ¿Es muy sacrificado dar el asiento en el Metro?
    ¿Hay que ser superdotados para circular por la derecha en las escaleras del Metro? ¿Es una humillación decir gracias? ¿Perdemos prestigio si cedemos el paso? ¡¡¡AAAAy Señor!!!

  4. hans medina Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 1:50

    que tiene q ver un pez con decir adios ?????

    ejemplo: chao pescao !!

    saludos, Hans, de talca.

    Chao pescao

  5. Héctor Velis-Meza Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 13:45

    Estimado Hans, he quedado ¡plop! con su pregunta. Con franqueza, no había escuchado esta singular manera de despedirse. Habrá que hacer un esfuerzo para encontrar la respuesta. Saludos.

  6. Sergio M. Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 13:48

    Es más fácil ser roto que ser gente. Como los rotos no dan explicaciones, porque son choros, es más cómodo andar por la vida echando la foca que dando el asiento a las embarazadas en el Metro. Una lástima.

  7. Rodolfo Valdés Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 21:15

    Cómo vamos a ser amables y educados con el ejemplo que nos dan a diario los parlamentarios. Es tal la prepotencia que se enojan hasta con los carabineros que les pasan partes de velocidad. ¿Y qué quieren?

  8. Pablo Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 11:44

    6to párrafo, 4ta línea: Creo que la palabra es “ordenaba” y no “ordenada”.

    Saludos,

    Pablo

  9. Marta Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 4:33

    Cuando he visitado Chile, pues vivo en Europa, me ha tocado presenciar actos de mucha descortesía. El país ha cambiado en ese aspecto, salí hace mucho tiempo y me quedé con una imagen muy diferente de lo que es la gente hoy. Soy de la generación que no decía palabrotas, entre los amigos había un gran entendimiento y la discusión nunca llegaba al extremo de usar un vocabulario soez. Los chicos no escupían a cada rato en la calle, hablabamos de sexo, de libros, de cine, de teatro, de fútbol en fin, eramos roqueros y nos gustaba la piscola, tocabamos los temas que también hoy tocan los jóvenes, pero con respeto. Por estos lares donde vivo, contaba a las mujeres locales que los hombres de mi país eran muy corteses, ofrecían la mano para bajar de las micros, te daban la pasada para cruzar una puerta, te socorrían cuando era necesario, no te dejaban pagar la cuenta del restaurante (je!), etc. La chicas amigas quedaban con los ojos muy abiertos por la sorpresa, pero varias de ellas han ido a Chile cuando vuelven, me miran con sorna y preguntan “en qué siglo viviste tú en Chile?” También los extranjeros notan que los chilenos, aunque tímidos, ya no somos amables.

  10. manuel villena Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 18:19

    se comentaba, yo entre ellos, que los llamados a elevar el nivel, de cortesia, educación, del bien hablar, son precisamente los medios de comunicación social. Por favor, echenos una manito

    atte.

  11. Washington Droguett Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 11:00

    Recuerdo que cuando niño me impartían dos clases que creo me fueron muy útiles con el tiempo, Urbanidad y Educación Cívica. Seguramente en haras del modernismo y la liberalidad, se suprimieron.

  12. Pedro V. Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 17:13

    Lo que más me preocupa es que la gente con más poder económico es la más mal educada. ¿Creerán que el dinero es una licencia para ser ordinario? ¿A qué se deberá este extraño fenómeno? Además se han puesto prepotentes. Ahí tiene a esos hijitos de su papá que en Valle Nevado agredieron a dos dependientes de un supermercado.

  13. Pablo Correa Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 17:24

    ¿No será que la buena educación terminó con la emancipación definitiva de la mujer? Como ellas siempre quisieron ser como los hombres se les dio en el gusto por caballerosidad, pero curiosamente la caballerosidad desapareció después que se les dio en el gusto. En fin, cuando algo se consigue, tambien algo se pierde.

  14. Valeria Gómez Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 18:57

    La buena educación nace de los buenos ejemplos y con esta frase lo digo todo.

  15. Octavio Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 21:27

    Estimado Héctor: lamento que en tan poco tiempo hayas perdido a dos personas que significaban tanto para ti: tu profesor Alfonso Calderón, a quien siempre ponías como ejemplo de académico excepcional y quien fue tu modelo profesional y a tu médico, el entrañable doctor Juan Grau, a quien siempre le presentabas sus libros con tanto afecto. Un abrazo. Para nosotros, la muerte de ambos también ha sido una pérdida dolorosa. Ya no quedan hombres como ellos. Son lo más parecido a el Quijote. Me encantó este artículo.

  16. Héctor Velis-Meza Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 17:25

    Gracias Octavio. Hoy cumplimos con el doloroso rito de despedir al amigo querido que tanto influyó en la vida de numerosos estudiantes universitarios y que les enriqueció su espíritu. Él fue mi profesor de Redacción y de Cultura Literaria en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. Además, era un hombre de gran refinamiento y delicadeza. Lo que soy profesionalmente, en un gran porcentaje se lo debo a sus enseñanzas.

  17. René Agurto Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 18:15

    Yo soy de la época en que en los liceos, en la primera hora, los primeros quince minutos eran para la enseñanza de normas de urbanidad. Por Dios, que me han servido en la vida. Y lo que no me enseñaban en el colegio, lo aprendía en mi casa. El problema de hoy es si los padres conocen las reglas de urbanidad. Mi vecino cuanto habla con su hijo lo trata de huevón pàra arriba y para abajo y no lo está retando. A veces, el hijo le contesta cariñosamente que no lo huevee tanto. Digan lo que digan, arriesgándome a que me tratan de viejo ñoño, yo prefiero hablar bien, sin garabatos y ser comedido.

  18. EL VIEJO CLOTARIO. Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 18:27

    QUE FACIL ERA EN NUESTROS TIEMPOS APLICAR LOS CONSEJOS QUE NOS ENTREGABA EL FAMOSO Y COMENTADO MANUAL DE CARREÑO. HOY, LA VIDA ES DISTINTA Y QUIZAS, CON EL PERMISO DE LAS DAMAS. LA COMUNICACION COMENZO A FALLAR Y NO SOLO EN CHILE SINO QUE ADEMAS EN TODAS PARTES, CUANDO LA DUEÑA DE CASA COMIENZA A TRABAJAR. LO DIGO CON MUCHO FUNDAMENTO Y USTED SOLO SE RESPONDERA. AL TRABAJAR SOLO EL DUEÑO DE CASA, TODO VA BIEN Y CUANDO SALEN LOS DOS; “LA COMUNICACION CAMBIA, TODO ES MAS RAPIDO Y MAS DESORDENADO Y SE COMPARTE MAS CON LOS COLEGAS QUE CON LA FAMILIA”…..SI UN COLEGA ESTA DE CUMPLEAÑOS, LO CELEBRAMOS BIEN, SE COMPARTE EN ALGUN LUGAR Y LA CASA, PATAS PA´RRIBA. EL TEMA ES LARGO Y POR SUPUESTO, JO DEJA DE SER SERIO.

  19. EL VIEJO CLOTARIO. Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 18:30

    DON HECTOR, O DON TITO. ESTOS SON TEMAS ENTRETENIDOS Y QUE INVITAN SANAMENTE A COMPARTIR….. ME PARECE BIEN.

    ATENTAMENTE.

  20. Héctor Velis-Meza Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 19:21

    Estimado Pablo, los errores son una maldición y se parecen al mal olor; el que lo despide no lo siente, pero sí (¡y vaya cómo!)lo perciben los que están cerca. He buscado el error que me señaló (ordenaba / ordenada) y no lo encuentro. Yo leo “ordenaba” en el texto. La otra posibilidad es que nuestro estimado editor también lo haya advertido y lo haya corregido antes. Muchas gracias y saludos cordiales.

  21. Tulio Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 17:04

    Las etiquetas reales siguien siendo muy estrictas. Todavía los plebeyos no pueden dirigir la palabra a los reyes. Esto ocurre en pleno siglo 21.

  22. maria Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 7:39

    Estoy de acuerdo con las lindas palabras de Hugo Meza y Marta, la verdad que decir gracias, buen dia, saludarse en cualquiera hora del dia no cuesta nada . Tambien vivo en Europa desde hace mucho, y pienso que por todos lados la malaeducacion reina, porque parece que para los jovenes es mas bonito ser atorrantes y maleducados.Fumar, beber hasta perder los sentidos da la impresion que pasa en primer plano.Es una tristeza muy grande pues en dos o tres generaciones ha cambiado mucho el modo de vivir.Despiertence jovenes que aun pueden volver atras para vuestro bien.

    Saludo a todos los chilenos de este lejano pais.

  23. leonor Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 9:49

    Al precer este es otro mundo….como dice la amiga, la falla parte de la casa, los padres no enseñan a los hijos a ser respetuosos y educados. Y en el Colegio sólo se encargan de la parte académica y cero buenas costumbres. Dá pena vera los jóvenes tan impertinentes y falta de respeto, especialmente en los buses, metro, calle. se expresan con groserías a viva voz…….qué bueno!! sería una gran campaña apoyanda por los medios, por la cortesía y las buenas costumbres…….saludos afectuosos a todos…

  24. Washington Droguett Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 10:17

    Don Héctor. Puede que usted me pueda aclarar mi duda. ¿Desde cuando se comenzó a contar los años “Antes y Después de Cristo” en Occidente? ¿Como se hacía con anterioridad a ello.

    Alguien consultó por la experesión “Chao Pescao”, creo que surgió sólo por que rima. Hay otras parecidas como “Tranquilein John Wayne”.
    La misma expresión Tranquilein, comenzó a usarse en los 50 cuando estaba de moda el cantante Franky Lane.

  25. Marco Dominguez Dice:
    5 de Agosto de 2009 a las 18:51

    existen vinos para diábeticos?

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