Archive for Julio, 2009

1969: El año en que la humanidad perdió la capacidad del asombro

Martes, Julio 21st, 2009

El pasado es el único lugar donde podemos refugiarnos cuando huimos de los hastíos cotidianos, de nuestras miserias y de nosotros mismos.

Anatole France

“La  vida  en  flor”

Posiblemente 1969 sea el año en que el mundo perdió la capacidad del asombro. El 21 de julio de 1969, el astronauta Neil Armstrong, ante un auditorio compuesto por millones de personas que miraban con expectación una pantalla de televisión, descendió lentamente de la nave Apolo 11 y posó sus pies en la superficie lunar. Es probable que, desde ese instante, nadie haya vuelto a sentir con tanta intensidad la emoción de una nueva experiencia, ni haya experimentado sorpresa o admiración ante cualquier otro avance de la humanidad. La llegada del hombre a la Luna, en consecuencia, venía a significar que los seres humanos perdieran definitivamente la inocencia.

La gesta de Armstrong fue la culminación gloriosa de un período de la historia que se caracterizó por transformaciones sustanciales que se dieron en el modo de enfrentar la vida; por el desarrollo acelerado experimentado en los campos de la ciencia y la tecnología; por las tragedias que conmocionaron al mundo; por la violencia contestaria que sufrieron las grandes urbes; por el auge creativo, desenfadado y provocador de las diferentes manifestaciones del arte; por las agudas tensiones políticas que enfrentaron las grandes potencias y porque los enclaves más conservadoras de occidente nunca más iban a volver a ser asediados con tanta vehemencia. La década del ‘60 marcó de modo indeleble al hombre moderno.

Quienes vivieron los años ‘60, en la plenitud de la juventud y adultez, conocieron los más cruentos momentos de la Guerra de Vietnam; se acongojaron por la muerte de Marilyn Monroe y Ernest Hemingway; se entusiasmaron con los primeros triunfos de Cassius Clay -más tarde Muhammad Alí-, se atribularon con la crisis de los misiles en Cuba; siguieron con atención el fin de la aventura idealista del Che Guevara en Bolivia; se preocuparon por los desordenes estudiantiles de mayo de 1968 en Francia; observaron con una mezcla de curiosidad y entusiasmo la reunión musical de Woodstock y el apogeo del movimiento hippie y se espantaron con el horroroso crimen de Sharon Tate, en Los Angeles, a manos de una secta satánica.

Altos y bajos caracterizaron los azarosos años ‘60. En su primera mitad, el mundo consternado presenció el asesinato de John Kennedy, presidente de los Estados Unidos, al que más tarde siguieron los crímenes de su hermano Robert y el del líder negro, Premio Nobel de la Paz, Martin Luther King. Pero también esta década prodigiosa llegó a su fin con el cumplimiento del sueño de Julio Verne: la llegada del hombre a la luna.

Mientras en el mundo entero The Beatles provocaban una revolución artística de envergadura, cuyas secuelas y consecuencias perduran hasta hoy, en Chile, terminaba su gobierno Jorge Alessandri Rodríguez y asumía Eduardo Frei Montalva, liderando la Revolución en Libertad y la Reforma Agraria. En el deporte, nuestro país obtenía el tercer lugar en el Mundial de Fútbol de 1962 y, en el plano de la cultura, se lloraba el suicidio de Violeta Parra. En la música popular, por un lado, se vivían los tiempos de la llamada Nueva Ola y las voces de Buddy Richard, Fresia Soto, Pat Henry, José Alfredo Fuentes y Los Ramblers, entre otros, hacían bailar, cantar y soñar a toda una generación y, por el otro, comenzaba a extenderse el fenómeno conocido como la Nueva Canción Chilena, con Víctor Jara, los Quilapayún, Inti Illimani e Isabel y Angel Parra, entre otros, como algunos de sus  exponentes más destacados.

El tiempo se ha encargado de mitificar la década de los ‘60, de cubrirla de una aureola de irrepetible e inolvidable desenfreno y de estamparle un sello de tiempos de creatividad sin límites. Pero quienes vivieron intensamente esa época y hoy bordean los 55 años, también tienen que recordar que ese período significó llevar al espíritu más de algún desasosiego, algo de inseguridad, incertidumbre, ansiedad y una angustia explosiva que terminó transformando los pesares del alma en esa fortaleza inesperada y necesaria que permitió soportar la decadencia que se avecinaba. Las nuevas generaciones, quizás nunca intuirán que la verdadera revolución en el alma del hombre contemporáneo ocurrió entre 1960 y 1969. En este último año ocurrieron hechos notables, como algunos de los siguientes, que llevaron al hombre a que no se diera cuenta que estaba perdiendo una singularidad muy propia de su manera de ser: la del asombro y la admiración frente a lo novedoso.

Año de 1969

  • Se celebra el festival de Woodstock.
  • El hombre llega a la Luna.
  • Se crea programa “Plaza Sésamo”.
  • Comienzan a funcionar cajeros automáticos en Estados Unidos.
  • Una redada en un bar gay de Greenwich Village da inicio a lo que se conoció como la lucha por los derechos homosexuales.
  • Asesinato ritual de Sharon Tate.
  • Se publica “Boquitas pintadas” de Manuel Puig.
  • Se publica libro “Papillón” de Henri Charriere.
  • Se publica “El Padrino” de Mario Puzo.
  • La empresa Boeing pone en circulación el Jumbo.
  • Se estrenan los filmes “Midnight cowboy” de John Schlesinger, “La pandilla salvaje” de John Peckinpah, “Butch Cassidy and the Sundance Kid” de George Roy-Hill y “Z” de Costa-Gavras.
  • Guerra del fútbol entre Salvador y Honduras
  • Muammar al-Khadaffi da un golpe de Estado en Libia.
  • Se inician las obras del Metro de Santiago.
  • Comienza sus transmisiones Televisión Nacional.
  • Se produce el acuartelamiento del Regimiento Tacna
  • Se constituye la Unidad Popular, conglomerado político integrado por los Partidos Socialista, Comunista, Radical, Socialdemócrata y Acción Popular Independiente.
  • En Chile, se estrenan “New Love” de Alvaro Covácevic; “Los testigos” de Charles Elsesser y “Caliche sangriento” de Helvio Soto.
  • Nicanor Parra publica “Obra Gruesa”.
  • Fallecen Dwight Eisenhower, Romulo Gallegos, Judy Garland, Ho Chi Minh, Boris Karloff, Jack Kerouac, Rocky Marciano, Josef von Sternberg, Margarita Xirgu, Theodor Adorno y Vito Genovese.
  • Es muy probable que tanto las décadas del ‘20 como la del ‘60 continúen siendo las más atractivas y controvertidas del siglo veinte.

Los años sesenta conformaron un período lleno de tensiones, se produjeron cambios sustanciales en el modo de ver la vida y el comportamiento, también se sucedieron grandes tragedias que conmocionaron al mundo, la violencia estuvo muy presente, el desarrollo tecnológico fue muy acelerado y transformaciones que se dieron marcaron al hombre de una manera indeleble.

En los años sesenta comenzó una época de distanciamiento generacional, la rebeldía de los jóvenes se manifestó abiertamente, la cultura se vio sacudida hasta sus cimientos, nuevas formas de expresión conquistaron el gusto masivo, una pequeña nación -Cuba- desafió en sus narices a la nación más poderosa del mundo, Africa se desangró en guerras intestinales, Vietnam se convirtió en un problema sin solución, la intolerancia racial siguió tiñendo de sangre a Estados Unidos y Sudáfrica, el hombre inició su aventura por el espacio y aparecieron y desaparecieron grandes líderes.

Por aquellos años, la juventud descubrió el twist, un nuevo y sincopado ritmo, que se bailó por poco tiempo, pero con singular entusiasmo. No ocurrió lo mismo con la música de The Beatles, un conjunto que saltó a la fama hacia 1963; ellos fueron más lejos, pues provocaron una revolución artística de tal envergadura que sus secuelas y consecuencias perduran hasta hoy.

La década de 1960 vio su fin con el cumplimiento del sueño de Julio Verne: la llegada del hombre a la Luna. Y con la llegada del hombre a la Luna, los seres humanos no volvieron a sorprenderse nunca más con sus propias y extraordinarias realizaciones, pues nada en el futuro les volvió a llamar tanto la atención como alcanzar el satélite de la Tierra; el hombre había perdido para siempre la capacidad del asombro, que lo había caracterizado hasta ese entonces. Todo sería distinto en el futuro y los años que se aproximaban se anunciaban grises, opacos y tristes para el espíritu.

“Malas palabras con historia”: Un libro con historia

Viernes, Julio 17th, 2009

Terminé de escribir “Malas palabras con historia” con la inestimable ayuda de los oyentes de Radio Cooperativa, de los lectores de mi blog, de mis amigos de Facebook y Twitter y de mis alumnos. Esta es la primera vez que preparo un libro sirviéndome de estas nuevas herramientas de comunicación y estoy muy satisfecho de la experiencia, porque he comprobado que si estos instrumentos se ocupan con el propósito de enriquecer un trabajo, los resultados son altamente positivos.

También estoy sorprendido porque este libro saldrá aproximadamente en un mes más, pero debido a este blog ya ha sido objeto de comentarios anticipados; incluso “Publimetro” anunció su aparición en portada. Transcribo a continuación una parte del prólogo con que iniciará el libro.

Las malas palabras no son sólo las groserías, sino que todas aquellas que nos producen un inmenso desagrado cuando las escuchamos. Algunas de ellas nos incomodan, otras nos causan repugnancia, también están las que desencadenan en nosotros una ola de indignación, no faltan las que nos hacen sonrojarnos y, sobre todo, las que hieren nuestra sensibilidad y nos humillan. Las malas palabras no dejan indiferente a ninguna persona. Puede que algunos tengan una mayor tolerancia hacia ellas y que no reaccionen frente al sonido que las identifica, pero cuando se escuchan o se pronuncian, todos sabemos a qué están aludiendo.

Las palabrotas hacen referencia a lo que no se debería ventilar en público, a lo que debería mantenerse en el ámbito de la intimidad, mientras que las malas palabras, en general, son las que engendran irritación, rechazo y reprobación. Por ejemplo, los vocablos relacionados con las prácticas sociales indebidas caben en esta categoría.

Las palabras, en sí, son inocentes, porque sus propósitos esenciales son la explicación y la comunicación. La carga positiva o negativa la adquieren de acuerdo al contexto en que se utilizan. Si no existieran voces como culo, caca, pene y pedo, entre otras de esta naturaleza, no tendríamos cómo explicar estas partes de la anatomía y algunos de los fenómenos que se relacionan con esas zonas del cuerpo humano y animal. Lo que ocurre con el vocabulario, es que las palabras tienen el poder de la evocación y cuando se piensa en ellas, se pronuncian o se escuchan, es inevitable no reproducir en la mente lo que sugieren, incluso pueden liberar en la memoria recuerdos olfativos y poca gente disfruta pensando en el olor a mierda… aunque, por supuesto, existen las excepciones.

También existen las palabras que tienen mal sonido, que son duras, ásperas, disonantes y que carecen de armonía. Cuando se articulan, dejan la misma sensación que la desafinación. El oído las rechaza, porque quiebran la musicalidad del lenguaje. Estas locuciones, además de su capacidad rememorativa, irrumpen desagradablemente en el ambiente cuando se vocalizan porque, en vez de sonar, retumban, rechinan, crepitan y desentonan.

En la selección que ofrece este libro hay malas palabras de todo tipo: aparecen las que ofenden, las que desagradan, las provocativas, las que perturban los sentidos, las que causan indignación, las que avergüenzan y encienden las mejillas, las que desatan la lujuria y las que lastiman la sensibilidad. Pero estos sustantivos, verbos, adjetivos e interjecciones existen, están al alcance de nosotros, están registrados en los diccionarios, conviven al lado de los otros términos que utilizamos a diario y nos ayudan a entender la realidad. Estas locuciones adquieren su carga perturbadora conforme al entorno en que se insertan. A veces las evitamos, porque el ámbito social en que nos desenvolvemos las reprueba. En esos casos, se acude a los eufemismos, que son formas más delicadas y comedidas para decir lo mismo. Por ejemplo, un gastroenterólogo nunca le pregunta a un paciente si caga bien después de comida, lo hace consultándole si obra sin problemas.