Archive for Marzo, 2009

Algunas definiciones castizas de palabras de uso actual

Lunes, Marzo 30th, 2009
  • Colusión

El sustantivo colusión, en Derecho, significa pacto ilícito en daño de tercero. Sus sinónimos son componenda, chanchullo, apaño, tejemaneje, enjuague, confabulación, amaño y arreglín.

  • Colusor

En Derecho, el colusor es la persona que comete colusión. Sus sinónimos no son tan precisos, pero pueden servir las voces urdidor, timador, embaucador y fullero.

  • Colusorio

Que tiene carácter de colusión o la produce.

  • Colutorio

Esta palabra no tiene relación con las anteriores, pero lo venden los coludidos; vale la pena recordar su significado: enjuagatorio medicinal.

Aunque parezca extraño, pero congreso también significa relación sexual

Jueves, Marzo 19th, 2009

Curiosamente, a la relación sexual también se le da el nombre de congreso, como consecuencia de una costumbre que se podría calificar de humillante y bochornosa; existió en Europa, antes del siglo 17. Consistía en mantener una relación sexual ante numerosos testigos calificados: médicos, comadronas, jueces y escribanos, entre otros. A esta prueba afrentosa tenían que someterse aquellos varones que eran acusados de impotencia y que se negaban a anular su matrimonio, pese a la existencia de este impedimento legal para continuar con él. En esos casos, el caballero de marras, ante el imperativo ineludible de la ley, tenía que concurrir al Tribunal y sostener un coito en público. Si no podía hacerlo, su matrimonio se anulaba de inmediato. Hacia 1605, los médicos demostraron que esta prueba era absolutamente ineficaz e inútil, porque muchos hombres sanos, ante una presión de esa naturaleza y con un auditorio semejante, obviamente se cohibían y no conseguían una erección. Esta fue la razón por la cual el vocablo congreso se convirtió en sinónimo de cópula carnal. El Diccionario de la Lengua Española, en su última edición de 1992, mantiene esta acepción, aunque establece que ya está en desuso.

¿Por qué a los hombres que los engañan sus esposas los califican de cornudos?

Martes, Marzo 10th, 2009

El Diccionario de la Lengua Española registra tres acepciones para la palabra cornudo. La primera dice textualmente que es el (animal) “que tiene cuernos”. La segunda agrega que se llama de este modo al “marido cuya mujer le ha faltado a la fidelidad conyugal”. Finalmente. La tercera acepción añade que, en Colombia y Cuba, se denomina de esta manera al “pez martillo”.

No existen muchos estudios acerca del origen de este vocablo y los diccionarios no ofrecen muchas luces sobre esta materia. Uno de los pocos libros que investigó la génesis de este vocablo es el del autor cubano José Z. Tallet; en su volumen Evitemos gazapos y gazapitos narra con pormenores la historia de esta locución. Relata que el origen de los cornudos -como esposos engañado por su mujer- se remontaría al siglo 12. En aquel entonces, el emperador Andrónico I Comneno de Bizancio (1122-1185), que era imprudentemente enamoradizo, elegía -para sus reiteradas y apasionadas aventurillas extraconyugales- a las esposas más agraciadas de los funcionarios claves de la corte, una torpeza que ponía en peligro su propia estabilidad.

El monarca estaba consciente de que con su actitud perjudicaba las relaciones que mantenía con sus más fieles servidores y que éstas se podían deteriorar de un momento a otro. Por esta razón, se las ingenió para compensarlos y mantenerlos tranquilos. Cuando enamoraba a la mujer de uno de sus dignatarios más cercanos, con mucha discreción lo convocaba a palacio y lo sorprendía gratamente entregándole, en usufructo, un vasto coto de caza, para su uso exclusivo y el de sus amigos. Además, al marido engañado se le otorgaba el derecho de fijar en la entrada de la propiedad una llamativa cornamenta de ciervo, para advertir que no se podía recorrerla sin autorización del dueño.

Al recibirse la notificación oficial en la comarca, todos sus habitantes entendían  de inmediato que el favorecido por esta dispensa real estaba siendo engañado por su esposa y nada menos que con el emperador. Ante esta situación, se guardaba un decoroso silencio público pero, a espaldas del afectado, todos se reían y hacían mofa de su condición de cornudo. De este episodio histórico, cuenta Tallet, habría nacido esta expresión para referirse a maridos cándidos que no se dan cuenta de que sus esposas los reemplazan en los deberes conyugales.

Miguel de Cervantes en su libro La comedia entretenida hace decir a uno de los personajes que los yerros por amores son dignos de perdonar. Lope de Vega estuvo de acuerdo con él y agregó que disculpa dorada tiene cualquier yerro de amor. Los que nunca estarán de acuerdo con estas palabras tan inspiradas son los maridos traicionados, sobre todo cuando escuchan que alguien a sus espaldas pronuncia, casi en susurro, la palabra cornudo y sabe que están hablando de él.

¿Por qué aplaudimos?

Viernes, Marzo 6th, 2009

Palmotear las manos en señal de aprobación o entusiasmo satisface la impulsiva necesidad humana de manifestar una opinión positiva, cuando en un grupo numeroso de personas no se la puede expresar verbalmente y cara a cara. Los griegos y romanos de la Antigüedad ya exteriorizaban su aquiescencia a los espectáculos masivos ovacionando y aplaudiendo simultáneamente. Esta categórica demostración de entusiasmo, según los estudiosos del comportamiento humano, posiblemente pueda derivar de otro gesto de beneplácito y felicitación: el de golpear con afecto y cordialidad la espalda de una persona, con la palma de la mano abierta, para expresarle adhesión, congratulación y cariño.

En el caso de los espectáculos públicos, como los espectadores no pueden palmotear las espaldas de los actores, por razones obvias, se les hace llegar la aprobación mediante los aplausos. Por otro lado, los etólogos -profesionales que estudian el comportamiento- señalan que el aplauso es un gesto tan espontáneo, que hasta las guaguas lo practican cuando están contentas; lo mismo hacen los chimpancés. Para los romanos existían dos maneras de aplaudir: ahuecando las manos, lo que se conocía como el imbrex y haciéndolo con las manos planas, que recibía el nombre de testa.

Desde la época de los romanos existe la costumbre de contratar personas para que aplaudan en los espectáculos, porque se ha comprobado que el aplauso es contagioso. Por ejemplo, el emperador Nerón llegaba a pagar hasta cinco mil personas, para que lo aclamaran cuando aparecía en público. Más tarde, los empresarios de espectáculos teatrales y musicales recurrieron a la treta de colocar, entre el público, a personas contratadas para aplaudir; se les llamó la claque, palabra francesa que quiere decir golpear, batir, producir ruido. En algunas oportunidades, compañías rivales contrataban una claque hostil, para que exteriorizaran desaprobación a una obra.

Los aplausos producen un efecto de imitación, porque en las aglomeraciones, la masa  tiende a actuar como lo hace la mayoría; entonces, se sincroniza en las reacciones. Por ejemplo, cuando en un recital se termina de ejecutar una pieza, el aplauso nace espontáneamente y de acuerdo a un ciclo: se parte con aplausos vigorosos, rápidos y desordenados  y, luego de unos instantes de entusiasta aprobación, éstos comienzan a uniformarse y se hacen más acompasados y lentos, hasta que un sector del público, renueva el brío y aumenta la velocidad. Estos ciclos, según la categoría de los intérpretes, pueden repetirse varias veces.

Existe una especie de cultura del aplauso, con códigos propios, que se supone conocida por todos. Por tal razón, cuando en un concierto clásico un espectador no advertido, o profano en materias musicales, aplaude cuando no corresponde, la concurrencia lo hace callar de inmediato con fastidio y energía.