Archive for Enero, 2009

¿Qué es un quintil?

Martes, Enero 27th, 2009

En varias oportunidades me han consultado qué es un quintil, palabra que aparece asiduamente en las páginas de economía y negocios de los medios de comunicación.

En el primitivo calendario romano, se le llamaba quintil al quinto mes del año. Pero, en la actualidad, se le llama quintil al veinte por ciento de una población determinada; en consecuencia, existen cinco quintiles. Por ejemplo, el quintil de ingreso se calcula ordenando la población de una región o país, desde el individuo más pobre al más adinerado para, luego, dividir en cinco partes iguales. De este modo, se obtienen cinco quintiles ordenados por sus ingresos, donde el primer quintil representa la porción con menos ingresos y el quinto y último quintil, corresponde a la más adinerada.

La palabra antena es más antigua que las antenas

Jueves, Enero 22nd, 2009

Se les llama antenas a unos dispositivos de formas muy diversas que en los emisores o receptores de ondas electromagnéticas, sirven para emitirlas o recibirlas. Pese a que las antenas son creaciones relativamente nuevas en la historia de la humanidad, el vocablo antena es muy antiguo.

La voz antena deriva de una locución latina que antiguamente se usaba para denominar la vara a la que se aseguraba la vela en los navíos. Hasta hoy, el Diccionario de la Lengua Española mantiene la definición original que dice así: “Vara a la que se asegura la vela”. También se les llama antenas a los apéndices articulados  y sensoriales de algunos insectos y crustáceos.

Los bancos, la bolsa de comercio y la bancarrota

Lunes, Enero 19th, 2009

Por su ubicación privilegiada, Italia fue considerada en la Antigüedad, Edad Media y Renacimiento como un territorio clave para quienes viajaban entre el Viejo Mundo y Oriente. Fue así como Génova, Florencia y Venecia, en los siglos 12 y 13 llegaron a considerarse como los centros comerciales y de intercambio más significativos de Europa. A esas ciudades era usual que arribaran viajeros en tránsito, peregrinos, aventureros, mercaderes, traficantes y especuladores de todo el Mediterráneo, lo que originaba un movimiento considerable de monedas de diferentes países.

La incesante actividad comercial y financiera en esos lugares dio lugar a que aparecieran los primeros prestamistas, los que pronto se convirtieron en agentes de cambio de dinero, descubriendo a través de esta actividad que era posible combinar ambos afanes con utilidades más que sustanciosas. Estos primitivos cambistas desarrollaban su trabajo en las plazas públicas, calles y avenidas y ordenaban las distintas clases de monedas con que operaban sobre la cubierta de bancos de madera. Fueron precisamente esos bancos los que terminaron dando origen a la denominación banco, para aludir a las actuales instituciones financieras que administran el crédito.

Una bolsa puede ser una especie de saco para guardar cosas o una institución en la cual se reúnen los corredores de acciones para llevar adelante sus transacciones.

La locución bolsa encuentra su origen en la voz griega bursa que significa cuero. Pero ¿por qué al lugar donde se transan las acciones también se le llama la Bolsa?

La crónica histórica recuerda que en la ciudad belga de Brujas, hacia 1450, los comerciantes, prestamistas, banqueros y cambistas se reunían para tratar sus asuntos comerciales y financieros en una posada u hotel de la acreditada familia van der Bursen. La construcción se particularizaba porque su portal aparecía ornamentado con una suerte de escudo o insignia que representaba nítidamente tres bolsas en relieve.

En aquel entonces, quienes acudían a la estancia de los van der Bursen, lo  justificaban señalando que lo hacían para hacer negocios en la casa de las tres bolsas, la que con el tiempo derivó en la forma como se conoce hoy: la Bolsa de Comercio.

Finalmente, en el siglo 12, cuando un cambista o prestamista de dinero se veía en la obligación ineludible de abandonar su actividad -principalmente por mala administración o malos negocios- la costumbre lo obligaba a tomar un hacha y con ella quebrar el banco sobre el cual clasificaba y mantenía las monedas con que operaba. De este modo simbólico -exigido por las disposiciones de la época- daba por terminado su giro financiero y comercial. Así nació la palabra bancarrota para indicar la quiebra o insolvencia de un banco o una empresa.

¿Cuándo empezaron a usarse los anteojos oscuros?

Viernes, Enero 16th, 2009

Los anteojos ahumados fueron inventados en China, antes del siglo 15 y, en sus orígenes, no tuvieron por finalidad la de proteger los ojos de la luz solar.

Las gafas oscuras fueron creadas por los chinos para que las utilizaran los jueces que administraban justicia. Según las estrictas costumbres de aquel entonces, mientras duraban los juicios, los magistrados debían mantener en absoluta reserva su opinión sobre las materias que se estaban ventilando y sobre el o los acusados. Como es bien sabido, una manera de adivinar lo que pudiera estar pensando una persona es a través de la expresión de sus ojos. Con los anteojos opacos, los administradores de justicia podían ocultar sus simpatías o desagrados.

La moda de los anteojos ahumados en Occidente, nació en Estados Unidos, hacia la década de 1930. La Fuerza Aérea de aquel país encargó anteojos protectores para sus pilotos y el laboratorio que se ganó la propuesta los bautizó con el nombre de Ray Ban, abreviatura de raybaner, que se puede traducir como proscriptor o eliminador de rayos.

¿Por qué se cree que el martes 13 acarrea mala suerte?

Martes, Enero 13th, 2009

La triscaidecafobia es el horror o el temor irracional al número 13 y son millones las personas en el mundo que la padecen.

El 13 arrastra mala fama desde tiempos remotos. Algunos investigadores del tema de las supersticiones aventuran que su desprestigio habría nacido en la Última Cena -episodio que relata el Nuevo Testamento de la Sagrada Biblia- porque trece fueron los comensales y uno de ellos traicionó la confianza de Jesús, el anfitrión.

Pero, al parecer, la mala reputación de este número se habría originado en la antigua Babilonia, período del pasado en que los sacerdotes escogían a trece personas con el propósito de celebrar determinados ritos religiosos y una de ellas era sacrificada como culminación de la ceremonia.

A través de los siglos, el desprestigio del número de marras ha conducido a que muchas actividades no se realicen en esa fecha. A su vez, en Oriente, en el pasado, cuando era necesario contar, esa cifra no se pronunciaba y se prefería la fórmula siguiente: 10 - 11 - 12 - mucha suerte - 14 - 15 y así sucesivamente.

En esta materia, Europa no se quedó atrás. En el París de fines del siglo 19 alcanzó gran notoriedad una empresa de servicios que ofrecía damas y caballeros muy discretos a quienes organizaban una recepción y descubrían horrorizados, en el último momento, que los invitados sumaban 13. Esa entidad aportaba el número 14, previo pago de unos honorarios moderados. En Inglaterra, también se le ha temido al 13 y, por esa razón, se cuenta, que una compañía naviera -propietaria de doce buques- cuando amplió sus operaciones, ordenó la construcción de otros dos barcos simultáneamente, los que fueron botados al mar el mismo día. De ese  modo, la compañía jamás tuvo 13 naves en su flota mercante.

Pero cuando el número 13 se junta con un día martes o un viernes, para los supersticiosos las cosas empeoran. Existen variadas razones para pensar que el viernes es un mal día. Algunos historiadores han especulado que Adán y Eva comieron la fruta del  árbol del bien y del mal en viernes. También se dice que Caín mató a Abel en viernes. Otros afirman que el Diluvio Universal comenzó un viernes. También existió otra tradición: en algunos países de Europa, los viernes se dedicaban a los ajusticiamientos; se le conoció como el día del ahorcado. En Estados Unidos, hasta hace poco, las ejecuciones se llevaban a cabo los viernes, razón por la cual se convirtió en el peor día de la semana. Finalmente, la palabra viernes nace del nombre de la diosa noruega del amor, Freya. A esta diosa, los cristianos la asimilaron como bruja y dejaron el viernes como la jornada en que toda clase de hechiceras lo dedicaban a sus tropelías y maleficios.

En el caso del martes, la explicación nace del hecho de que este día, en la Antigüedad, estuvo consagrado a Marte, dios de la Guerra. Por tal razón, en aquel tiempo, ninguna persona escogía esa oportunidad para iniciar alguna actividad de trascendencia en su vida; para que no estuviera influenciada por esta divinidad tan agresiva, violenta y provocadora. El refrán en martes no te cases ni te embarques encontraría precisamente su origen más remoto en la Roma de la Antigüedad. Como Marte -hijo de Júpiter y Juno y padre de Rómulo, según los romanos- era el dios de la guerra, los agoreros de la época advertían que iniciar cualquier actividad en el día consagrado a él, podría acarrear toda clase de infortunios y desastres. Por lo tanto, casarse o emprender un viaje en día martes era contraproducente y no aconsejable.

Esta superstición se ha mantenido a través de los siglos y son numerosas las personas que escogen cualquier otra fecha para comenzar una vida nueva, como podría ser el matrimonio, un negocio de importancia, cambio de actividad o una aventura turística largamente anhelada.

¿Cuál es la diferencia entre noticiario y noticiero?

Lunes, Enero 12th, 2009

Las palabras noticiario y noticiero no siempre significan exactamente lo mismo. Se le llama noticiario a un programa de radio, cine o televisión en que se ofrecen noticias de actualidad. También se le da el nombre de noticiario a la sección de un periódico en el que se entregan noticias diversas, generalmente breves.

A su vez, el Diccionario de la Lengua Española dice que noticiero es un adjetivo que significa “que da noticias”, por lo tanto se debe usar junto a un sustantivo. Por ejemplo, periódico noticiero. Igualmente, se le llama noticiero a una persona que da noticias por oficio; en este caso, viene a ser sinónimo de reportero. Finalmente, el Diccionario agrega que en algunos países centroamericanos se le dice noticiero al noticiario.

Los hipócritas y los cínicos no son lo mismo

Jueves, Enero 8th, 2009

Se califica de hipócrita a la persona que finge tener sentimientos, creencias o virtudes, que -en realidad- son diferentes a los que verdaderamente experimenta o siente. El vocablo hipócrita encuentra su raíz en la voz griega hypokrites, palabra que, en la Antigüedad, identificaba a quien desempeñaba un papel teatral en una obra dramática o comedia. Como el actor representa o finge un rol asignado, la locución hipócrita, con el correr de los siglos, abandonó el mundo de los espectáculos y quedó para referirse a los que fingen sentimientos contrarios a los que realmente experimentan.

El cínico, en cambio, es el que muestra desvergüenza en el mentir. Históricamente, el cínico era el miembro de un grupo de filósofos griegos, que aducía que la virtud era el único bien. Fue una escuela de pensamiento fundada por Antístenes de Atenas y Diógenes fue su máximo representante. El vocablo cínico nace de la voz griega kynikós, que se traduce literalmente como “perro”. Es muy posible que esta locución haya nacido de un error de interpretación, cuando se tradujo erradamente el lugar donde Antístenes daba sus clases, el Kynosarges; se interpretó como sitio para perros, en circunstancia que era el lugar donde se enseñaba la doctrina de Antístenes: el cinismo. Con los años, la palabra cínico limitó su definición a desvergüenza en el mentir y atrevimiento, impudicia y descaro, en las actitudes.

Los orígenes de la envidia

Martes, Enero 6th, 2009

La envidia es la tristeza, descontento o pesar por el bien ajeno. Es desear intensamente algo que no se posee; es querer lo que otros tienen y sentirse mal con uno mismo por no tenerlo. Por tal razón, antiguamente era usual repetir la frase “¡ay del hombre que cause envidia y no logre, al mismo tiempo, causar temor!”. Por su parte, Erasmo de Rótterdam, el célebre filósofo holandés del siglo 16, que era más escéptico, solía decir con pesimismo que lamentablemente “la envidia, la mayoría de las veces, es inseparable de la felicidad”. Con mucha razón, otro escéptico, el español Emilio Castelar, escritor y político del siglo del siglo 19 llegó a decir que “…los tres grandes destructores de los mejores propósitos de la vida son la envidia, el tiempo y la muerte”.

El sustantivo envidia nace del vocablo latino invidere, el cual, en su sentido implícito, significa “ver algo y desearlo para sí”. El vocablo envidia no tienen sinónimos muy precisos, pero habitualmente se le relaciona con los celos, la codicia y el rencor.

Según los textos históricos, el primer envidioso en la historia de la humanidad fue Luzbel, más conocido como Satanás, que se rebeló en contra de su Señor, lo desafió y fue expulsado del Cielo.

El segundo envidioso de la historia y el primero terrenal fue Caín, quien asesinó a su hermano Abel por envidia. El Génesis de la Biblia cuenta que Caín y Abel, los hijos de Adán y Eva presentaron diversas ofrendas a Dios, quien aceptó con agrado la de Abel y rechazó la de Caín. Este último, desilusionado y con la mente envenenada por el de rencor y la rabia, asesinó a su hermano con una quijada de animal. Para muchos autores, la historia de Caín y Abel representa una parábola de los antiguos antagonismos tribales.

El color verde se viene asociando con la envidia desde los tiempos de la Antigüedad. Los griegos estaban convencidos que los sentimientos que carcomen negativamente a las personas, como la envidia y los celos, aumentaban la producción de bilis en el organismo, lo que traía como consecuencia que la piel se tornara verdosa. Esta curiosa asociación, a través del tiempo, se fue incorporando al teatro y la literatura y en el siglo séptimo antes de Cristo, la poetisa Safo describió con el verde a un amante resentido y lleno de rencor. Más adelante en el tiempo, el poeta Ovidio (”Arte de Amar”), el escritor Godofredo Chaucer (”Cuentos de Canterbury”) y el dramaturgo William Shakespeare siguieron comparando la envidia con el verde. Recordemos cuando Yago le dice a Otelo: “Cuídate, mi señor de los celos; son el monstruo de ojos verdes que se mofa de la carne de lo que se alimenta”.

Para quienes profesan la religión católica, la envidia es un pecado contra el Décimo Mandamiento: “No desearás la mujer de tu prójimo; no desearás la casa de tu vecino, ni su sirviente o sirvienta, ni su buey ni su asno, ni nada que pertenezca a tu vecino”. También la envidia es uno de los siete pecados capitales junto con la lujuria, la avaricia, la pereza, gula, ira y orgullo.

Las bases de la envidia son muchas: el dinero, los salarios, los bienes, el rendimiento, las características físicas, los éxitos, las suerte, la ropa… casi cualquier cosa puede ser factible de envidia. Se produce porque la envidia es un sentimiento oculto, furtivo, inesperado, a veces inevitable. Se manifiesta en los momentos menos pensados y a veces cuesta identificarla. Lo más grave de todo es que la envidia tiene poder autodestructivo.

Envidiar es sentirse amenazado por el éxito de otra persona, amargarse más encima, y no alegrarse porque a otra gente le va bien. Envidiar es contemplar crispado el cuerpo bien mantenido de alguien cercano y enfurecerse porque el de uno, no está tan bien cuidado y luce con sobrepeso. Envidiar es mirar furtivamente los bienes del vecino y entristecerse porque no son propios o porque son mejores. Envidiar es enrabiarse porque a un condiscípulo le fue bien en una prueba, se sacó buena nota y a uno le fue mal. En estos casos, la envidia es tan incontenible que no opera el espíritu autocrítico, sino que un malestar que apenas se puede disimular.

Los diversos estudiosos del comportamiento social ha concluido que la envidia ha existido siempre y que toda la gente, en algún momento, la experimentan. Señalan, además, que todas las personas son potencialmente envidiosas. Para finalizar, también se ha descubierto que la envidia es uno de los sentimientos básicos más perturbadores de la existencia y que los seres humanos se preocupan cuidadosamente de disimularlo. A nadie le gusta que se le note la envidia.