Archive for Octubre, 2008

Cómo nació la tradición de Halloween

Viernes, Octubre 31st, 2008

Halloween es una tradición celta conocida en castellano como Noche de Brujas. El término mismo surge de las voces inglesas All Hallows Eve que se puede traducir como Víspera de todos los santos.

Cada 31 de octubre, último día del año de acuerdo al antiguo calendario celta, la tradición indicaba que los espíritus de las frutas, vegetales, animales y de los muertos bajaban a la Tierra para atribular a los hombres. Entre las almas en pena que se hacían presente destacaba la calabaza sobre las demás, la que se consideraba una esencia positiva. De ahí, entonces, la tradición de calarlas, dándoles una expresión humana sonriente e iluminadas por dentro.

De igual modo, para el pueblo celta, el 1º de noviembre indicaba el inicio del periodo invernal. En aquel entonces, cuando se manifestaban los primeros fríos, existía la costumbre arraigada de que cada familia armara una fogata. Fue así como, entre los clanes, nacieron las competencias para determinar quiénes realizaban la fogata de mayor envergadura en las cimas de los cerros, costumbre que se ha mantenido por siglos en algunos lugares de Europa. La idea era liberarse de los malos espíritus a través del fuego. Los que participaban de esta verdadera fiesta utilizaban disfraces de fantasmas y brujas para, según sus creencias, tratar de pasar inadvertidos entre los verdaderos fantasmas y brujas.

Asimismo, los celtas durante la noche del 31 de octubre rendían honores al dios Sol y al dios Samhain, el Señor de la Muerte. Samhain era quien juzgaba el alma de los muertos. Si estos, en vida, habían sido buenas personas recibían la autorización divina para reencarnarse en cuerpos humanos; en cambio, si habían llevado una existencia licenciosa y pecadora, sus almas eran prontamente relegadas a cuerpos de animales. En honor al dios Samhain también se ofrecían sacrificios. A veces los consagrados eran animales, pero también era usual que se inmolaran seres humanos. Cuando se optaba por este camino, se preferían criminales, los cuales, contra su voluntad, eran encerrados en jaulas de mimbre o paja, a las cuales se les habían dado formas caprichosas de animales; luego se quemaban con los infortunados vivos en su interior. Los lamentos de los desventurados estremecían la comarca.

Años más tarde, los niños de Gales iniciaron la costumbre de recorrer sus barrios, de casa en casa, solicitando paja, ramas, carbón y todo aquello que pudiera servir para hacer un buen fuego, cuyo propósito, se suponía, era quemar las brujas. Lo hacían pronunciando la siguiente frase: Dénos turba para quemar las brujas. La voz turba tiene varias acepciones. La primera establece lo siguiente: combustible fósil formado de residuos vegetales acumulados en sitios pantanosos, de color pardo oscuro. También es estiércol combinado con carbón mineral. La otra acepción de turba dice así: muchedumbre confusa y desordenada.

Cómo surgieron las voces protestante, canuto y evangélico

Jueves, Octubre 30th, 2008
  • Protestante

El protestante es el que sigue el luteranismo, en cualquiera de sus ramas. Los primeros protestantes fueron príncipes luteranos quienes, en el siglo 16, protestaron contra la anulación de un decreto que permitía a cada príncipe cristiano, administrar los asuntos religiosos de su territorio, sin tener que someterse a la autoridad papal. Al firmar esa protesta, los luteranos manifestaron su disconformidad en contra de los católicos y reafirmaron su fe cristiana, escindida del Vaticano. Desde aquel entonces, se les llama protestantes, porque protestaron en contra de lo que ellos estimaron una arbitrariedad.

  • Canuto

En Chile, a quienes profesan la fe protestante, se les llama canutos, en recuerdo de Juan Bautista Canut de Bon, conocido pastor evangélico quien, desde España, se vino a radicar a Chile en 1871, cuando contaba 25 años. Se inició en la religión católica, pero luego se hizo presbiteriano y más tarde metodista. Predicador sobresaliente, fue decisivo en el crecimiento del movimiento protestante en Chile y por él, en nuestro país, a quienes profesan la fe evangélica se les denomina canutos. Murió en noviembre de 1896, a los 50 años.

  • Evangélico

La palabra evangélico, de manera amplia, se aplica a las iglesias que surgieron de la reforma protestante, movimiento religioso del siglo 16, por el que una gran parte de Europa se sustrajo a la obediencia del Papa. Pero más específicamente, se les denomina evangélicos a los miembros de una iglesia cristiana cuya doctrina es una fusión de los cultos luteranos y calvinistas. El vocablo evangélico surge de la locución evangelio, palabra griega que, en esa lengua, significa, buena nueva, buenas noticias.

Vocales y votos

Martes, Octubre 28th, 2008

¿Por qué se les llaman vocales a las personas que componen una mesa de votación?

La palabra vocal se define como lo que se expresa materialmente con la voz, a diferencia de lo mental, que se piensa, pero no se expresa. De igual modo, se les llaman vocales a las letras pronunciadas con una sola espiración de aire, que hace vibrar la laringe, a diferencia de las consonantes, que necesitan una vocal para articularse. La palabra vocal, en resumen, apunta a todo lo referido a la voz. Entonces: ¿por qué se les denominan vocales a las personas que componen una mesa de votación? Simplemente porque tienen derecho a voz en ese conjunto de ciudadanos. Por tal razón, se le denomina vocal a toda persona que tiene voz en un consejo, una congregación o junta.

¿Cuál es el origen de la palabra voto?

La palabra voto tiene diez acepciones. La primera dice que el sustantivo voto es la expresión pública o secreta de una preferencia ante una opción; es la voluntad que se expresa en los comicios. De igual modo, se le llama voto a la papeleta donde se expresa la preferencia de una persona. Originalmente el voto era una promesa que se hacía solemnemente a Dios, a la Virgen o a un santo. Era, asimismo, un ruego ardiente, un compromiso profundo. De algún modo, en la actualidad, pero en sentido figurado, la persona que vota, busca exigir al candidato de su preferencia… que cumpla las promesas que hizo ante de las elecciones.

Bancos, bolsa de comercio y… bancarrota, tres explicaciones

Jueves, Octubre 23rd, 2008

Bolsa de Comercio de Santiago

¿Por qué las instituciones financieras que ofrecen crédito se denominan bancos?

Por su ubicación privilegiada, Italia fue considerada en la Antigüedad, Edad Media y Renacimiento como un territorio clave para quienes viajaban entre el Viejo Mundo y Oriente. Fue así como Génova, Florencia y Venecia, en los siglos 12 y 13 llegaron a considerarse como los centros comerciales y de intercambio más significativos de Europa. A esas ciudades era usual que arribaran viajeros en tránsito, peregrinos, aventureros, mercaderes, traficantes y especuladores de todo el Mediterráneo, lo que originaba un movimiento considerable de monedas de diferentes países.

La incesante actividad comercial y financiera en esos lugares dio lugar a que aparecieran los primeros prestamistas, los que pronto se convirtieron en agentes de cambio de dinero, descubriendo a través de esta actividad que era posible combinar ambos afanes con utilidades más que sustanciosas. Estos primitivos cambistas desarrollaban su trabajo en las plazas públicas, calles y avenidas y ordenaban las distintas clases de monedas con que operaban sobre la cubierta de bancos de madera. Fueron precisamente esos bancos los que terminaron dando origen a la denominación banco, para aludir a las actuales instituciones financieras que administran el crédito.

¿Por qué la institución donde se transan las acciones se denomina bolsa de comercio?

Una bolsa puede ser una especie de saco para guardar cosas o una institución en la cual se reúnen los corredores de acciones para llevar adelante sus transacciones.

La locución bolsa encuentra su origen en la voz griega bursa que significa cuero. Pero ¿por qué al lugar donde se transan las acciones también se le llama la Bolsa?

La crónica histórica recuerda que en la ciudad belga de Brujas, hacia 1450, los comerciantes, prestamistas, banqueros y cambistas se reunían para tratar sus asuntos comerciales y financieros en una posada u hotel de la acreditada familia van der Bursen. La construcción se particularizaba porque su portal aparecía ornamentado con una suerte de escudo o insignia que representaba nítidamente tres bolsas en relieve.

En aquel entonces, quienes acudían a la estancia de los van der Bursen, lo  justificaban señalando que lo hacían para hacer negocios en la casa de las tres bolsas, la que con el tiempo derivó en la forma como se conoce hoy: la Bolsa de Comercio.

¿Por qué cuando una empresa entra en insolvencia se dice que fue a la bancarrota?

En el siglo 12, cuando un cambista o prestamista de dinero se veía en la obligación ineludible de abandonar su actividad -principalmente por mala administración o malos negocios- la costumbre lo obligaba a tomar un hacha y con ella quebrar el banco sobre el cual clasificaba y mantenía las monedas con que operaba. De este modo simbólico -exigido por las disposiciones de la época- daba por terminado su giro financiero y comercial. Así nació la palabra bancarrota para indicar la quiebra o insolvencia de un banco o una empresa.

¿Por qué corrijo a mis alumnos?

Lunes, Octubre 20th, 2008

Una vez a la semana doy tres clases seguidas en una universidad. Empiezo a las 08:15 y termino a las 12:30 horas. Hace algunos días, solicité a mis alumnos que redactaran un artículo de una carilla sobre la mediocridad.

Cuando revisé los textos, me llamó la atención que la mayoría de ellos, salvo dos extranjeros, escribieran que el peor defecto de los chilenos era precisamente la mediocridad y lo traducían en desinterés por el conocimiento, falta de rigurosidad en el estudio, excesiva pérdida de tiempo en el trabajo, ausencia de lectura, indiferencia por el uso apropiado del lenguaje, apatía por el acontecer noticioso, impuntualidad, incumplimiento, frivolidad y una ilimitada capacidad para nivelar hacia abajo por citar algunos ejemplos que ellos dieron.

Me alegré que recocieran la mediocridad, porque cuando se reconoce un defecto, se tiene la posibilidad de desterrarlo. Cuento esta historia, porque un gentil lector de mi blog me hizo notar que yo no practicaba la humildad y que junto con el profesor Mario Banderas vivíamos corrigiendo los errores de vocabulario de la gente. No es así.

En primer lugar, no me siento apóstol del lenguaje ni me interesa corregir a la gente. Corrijo a mis alumnos universitarios y, a veces, cuando me lo preguntan, cuento algunas de mis experiencias.

¿Por qué corrijo a mis alumnos?

Porque tengo la esperanza de que no sólo trabajen en Chile. Siempre espero que puedan hacerlo en cualquier parte del mundo y para que el mundo los pueda entender, tienen que hablar bien. No es posible que un profesional universitario se desenvuelva con un vocabulario de unas mil palabras y siga creyendo que un vituperio es una comida informal, que latente es sinónimo de palpitante, que confunda el apóstrofo con el apóstrofe, que diga que la Presidenta Bachelet detenta el poder, que no sepa cuándo usar los adverbios atrás y detrás, que crea que el 666 es un carrier, que siga diciendo televisor en colores y que crea que el verbo rebalsar significar exceder un límite.

Cuando someto a mis alumnos universitarios (insisto en que son universitarios) al famoso test de las 30 palabras, no les pregunto por vocablos rebuscados, sino que consulto por voces de uso diario. Y cuando me contestan mal, me preocupo, porque pienso en lo que les podría pasar si no se dan a entender bien en algún lugar lejano a nuestro país, que es tan indulgente, benigno, compasivo y misericordioso con la mediocridad.

Si aspirar a elevar el nivel de los conocimientos y tratar de hablar bien, para que nos entiendan cuando viajamos a España, Cuba, México, Perú o Estados Unidos (que tiene una gran colectividad latina) es una siutiquería, como un lector calificó mi afán “perfeccionista”, prefiero ser siútico, aunque me encantaría saber si quién me calificó de esta manera conoce el verdadero significado de este adjetivo.

Con respecto a los alumnos que escribieron sobre la mediocridad con tanta elocuencia, a la semana siguiente ninguno llegó a la hora.

Incomodidades de la modernidad

Jueves, Octubre 16th, 2008
  • De todo lo que me ocurrió cuando tuve la idea de cambiar mi e-mail y mi número de teléfono móvil.

La modernidad nos permite mejorar nuestra calidad de vida, aumentar la eficiencia, aprovechar mejor el tiempo, disfrutar de aparatos e instrumentos que facilitan nuestros quehaceres diarios y posibilita que nos comuniquemos con rapidez, eficacia y relativa seguridad. En consecuencia no soy un viudo del pasado ni creo en aquella frase que asegura que todo tiempo pasado fue mejor.

Pese a que me siento bastante satisfecho con los adelantos y los utilizo, hay veces que no puedo evitar que un escalofrío repentino me incomode, cuando algunos aspectos del progreso, en vez de simplificar y agilizar la comunicación, la entorpecen de la más manera más inesperada. Hace algunos meses decidí cambiar mi dirección de correo electrónico, porque la que tenía no satisfacía mis necesidades personales y profesionales. En consecuencia, envié mi nuevo correo a mis amistades y a las instituciones con que me relaciono, como isapre, autopistas, tiendas, universidades, suscripción del diario y servicios, por citar algunos ejemplos.

Para mi sorpresa, la gente más cercana me respondió a la dirección que estaba dando de baja y, pese a que se daban por enteradas del cambio y agradecían la comunicación, me siguieron escribiendo al antiguo e-mail. Con las empresas e instituciones, la situación es más intrincada, porque sus empleados simplemente no responden, no se dan por aludidos, no leen la correspondencia electrónica que les llega y, por supuesto, no modifican y actualizan la base de datos.

Luego di de baja mi teléfono de Movistar, porque en los lugares donde vivo (en Santiago y en El Monte) la cobertura es muy deficiente; me trasladé a ENTEL. Volví a comunicarme con mis relaciones; esta vez, para informarles que había cambiado de número de teléfono móvil. Sólo lo registraron la secretaria de producción de Radio Cooperativa, la secretaria de Prensa de Canal 13, la secretaria de la Feria Chilena del Libro, mis editores, mi hermana y dos amigos. Desde hace meses, mi teléfono suena en contadas ocasiones. No sé si es bueno o es malo. A lo mejor, he perdido oportunidades de trabajo.

Hace meses que estoy desconectado de información fundamental que necesito, porque tuve la mala idea (yo creía que era buena) de cambiar mi dirección electrónica y mi teléfono. No se me habría ocurrido, ni delirando con fiebre, que algo tan elemental me iba a acarrear consecuencias tan insospechadas.

¿Es muy difícil cambiar una dirección electrónica o un número de teléfono? ¿Tan automatizados estamos?

¿Por qué el 12 de octubre se conoce como el día de la raza?

Domingo, Octubre 12th, 2008

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón descubrió un nuevo continente, aun cuando él creyó, equivocadamente, que había arribado al continente indio.

A contar de ese acontecimiento -que situó a Colón entre los hombres más destacados del último milenio- la perspectiva que existía del mundo varió totalmente, partiendo por la comprobación fehaciente y definitiva de que la Tierra era redonda.

El nuevo continente -que posteriormente se bautizó con el nombre de América- fue conquistado principalmente por españoles, ingleses y portugueses quienes, en una primera instancia, no valoraron ni comprendieron las culturas que encontraron en el Nuevo Mundo.

Civilizaciones tan avanzadas como las de Alto Perú, México y Centro América fueron aniquiladas y sus tesoros saqueados. Sin embargo, con el correr de los años, los invasores y los aborígenes sometidos empezaron a mezclarse y terminaron concibiendo una tercera raza: la de los mestizos. En ese contexto histórico y socio-cultural, el Día de la Raza encontró su razón de ser y, por ese motivo, al 12 de octubre se le bautizó con ese nombre.

Ignorancia disfrazada de sabiduría

Miércoles, Octubre 8th, 2008

Hace algunos años, entré a una tienda de ropas con la intención de comprar. Mientras la recorría, escuché en la radio del local que un locutor hablaba sobre la menopausia. Una señora que estaba en la caja, levantó la voz y dijo, para que todos la escucháramos, lo siguiente: “Qué tipo más ignorante, como todos los de la radio y la tele. Se dice ‘menopausa’, no menopausia”. El jefe del local le replicó: “Señora, yo siempre creí que se decía menopausia”. Ella lo fulminó con la mirada y agregó: “Nunca es tarde, para aprender, empiece a decir ‘menopausa’, para que no siga pasando por ignorante”.

Mientras se desarrollaba esta conversación, los otros clientes empezaron a mirarme y alguien se atrevió a insinuar que consultaran mi opinión. El jefe de la tienda se entusiasmó y me preguntó cómo se decía. Yo le dije que la forma correcta era menopausia y todos respiraron aliviados, menos la señora que se dio vuelta y me preguntó: “¿Quién es usted que se las da de sabihondo?”. Yo me limité a contestar con dos palabras: “Soy periodista”. La dama de marras sonrió y volvió a la carga: “¡Qué les dije! ¡Periodista! Todos los periodistas son ignorantes”. Como no estaba de ánimo para polemizar seguí mirando la ropa, pero los clientes querían continuar la discusión y convencer a la señora de que estaba equivocada. No hubo caso, nos siguió calificando de incultos, iletrados y desinformados y se fue lanzando maldiciones.

En mi biblioteca tengo varios libros dedicados a registrar las inexactitudes, errores, desaciertos, falsas creencias y mentiras que registran algunos hechos históricos. Por ejemplo, cuando se estrenó la película “Troya”, casi todas las reseñas que aparecieron en la prensa aseguraron que estaba basada en “La Ilíada” de Homero. Cuando yo me atreví a decir que en ninguna página de ese libro se hablaba del caballo de Troya, me dijeron de todo, pero es verdad. Este episodio aparece en “La Odisea” del mismo autor y en “La Eneida” de Virgilio. Pocas personas me creyeron, pero alguien me explicó el fenómeno. No hay nada más difícil que enmendar un error. Si por toda la vida uno ha repetido errores, creyendo que eran correctos, cómo desinstaló ese error de mi mente.

Todos los años, cuando empiezo mis clases en la universidad, a los alumnos les entregó una lista de 30 palabras de uso cotidiano y les pido que me las definan. Casi un 98 por ciento contesta equivocadamente. Cuando yo les doy las respuestas correctas, ellos me miran y me dicen: “Profesor, si nosotros comenzamos a hablar bien y a pronunciar como corresponde, la gente va a creer que somos nosotros los que lo estamos haciendo mal”. Con los conocimientos ocurre algo similar. En general, existe resistencia a reconocer que se habla mal y que los conocimientos son confusos o equivocados. Yo invito cordialmente a darse un tiempo para revisar nuestros conocimientos y a no reaccionar impulsivamente cuando creemos que somos dueños de la verdad.