El 25 de diciembre el mundo cristiano celebra el aniversario del nacimiento de Jesús. La palabra Navidad, que identifica este día, se forma a partir de una voz latina que significa nacimiento. El Papa Julio I, en el siglo 4, designó al 25 de diciembre como fecha de celebración del nacimiento de Jesús, en lugar del 6 de enero, como se acostumbraba hasta ese entonces. Su propósito fue relegar al olvido las antiguas festividades paganas en honor al fuego con las que se confundía la Navidad. El llamado día del sol invencible sería, entonces, el antecedente del origen de la natividad cristiana.
La Pascua es la fiesta judía que recuerda la salida de los hebreos de Egipto, en tiempos de Moisés y, también, la celebración cristiana que conmemora la resurrección de Cristo, el domingo siguiente al Viernes Santo. La palabra Pascua habitualmente se usa como sinónimo de Navidad, que quiere decir “…natividad o nacimiento de Jesús”. El vocablo hebreo Pascua alude a “…la acción de pasar por encima, salvar” y hace referencia al episodio en que Dios quitó la vida a los primogénitos egipcios. Los israelitas que vivían en Egipto no fueron incluidos en el castigo; en otras palabras, la muerte “…los pasó por alto”. En la actualidad, el Diccionario de la RAE acepta la voz Pascua como sinónimo de Navidad; también acepta que Pascua es el tiempo que transcurre desde la Natividad de Jesús hasta el Día de Reyes, inclusive (6 de enero).
La localidad de Belén se encuentra en Cisjordania al sur de Jerusalén. Se le considera la patria de David y el lugar de nacimiento de Jesús, en un pesebre; hasta ese lugar llegaron los Reyes Magos a adorarlo. Belén es un sustantivo masculino y una forma figurada de referirse a la representación del nacimiento de Jesús. San Francisco de Asís, en el siglo 13, instauró la tradición de armar un pesebre simbólico para los días de Navidad. El vocablo Belén, en lengua árabe, significa la casa del pan.
Regalar significa dar algo a alguien como una muestra de afecto, simpatía o agradecimiento. En tiempos pretéritos era usual que los reyes fueran permanentemente festejados, halagados y ofrendados. Se les entregaban grandes obsequios: animales exóticos, ejércitos de esclavos, comarcas, etc. Se les agasajaba como reyes. Esta costumbre fue la que dio nacimiento a las voces regalis, regal y regaler, con el significado de… agasajos a un rey. De ahí derivó a la voz regalar con el significado que le damos hoy: obsequiar. La costumbre de regalar para Navidad no tendría ninguna relación con la tradición cristiana. El año 744 a.d. C., Rómulo, mítico fundador de Roma, habría regalado a un amigo unas ramas de un árbol del bosque de la diosa Strenia. Este obsequio lo habría hecho un 25 de diciembre, como un indicio de buen augurio, para el año venidero, y así quedó establecida la costumbre de regalar en esta fecha, a la sombra de una deidad pagana. Los romanos obsequiaban a sus amigos ramas de árboles, frutos secos y espigas, para desear buenas cosechas. Siglos más tarde, los cristianos hicieron suya esta idea y la iniciativa se extendió por todo el mundo.
Cuando nació Jesús, tres Reyes Magos lo visitaron. Le llevaron de regalo oro, incienso y mirra. Oro, porque simboliza la pureza y la nobleza. Incienso, porque representa la purificación de la conciencia. Se dice que cuando se aspira incienso, se amplía la capacidad de pensar y de crear con originalidad y benevolencia. Por este motivo, el incienso se emplea en la mayoría de las ceremonias religiosas. Finalmente la mirra -que es una resina- tiene propiedades medicinales. De ahí que se sugiera, que los regalos de Navidad sean útiles para el espíritu, la mente y el cuerpo.
- ¿Desde cuándo los regalos se entregan envueltos?
En tiempos pasados, los regalos que se intercambiaban eran muy sencillos: la mayoría eran hechos a manos y por quienes los obsequiaban. A comienzos del siglo 20, los regalos hechos en casa y por uno mismo cedieron su lugar a los que se compraban en tiendas. En ese momento, se perdió el sentido de la personalización. La virtud del regalo hasta ese entonces era, precisamente, que lo hubiera hecho uno; por lo tanto, para devolverle categoría y personalización al regalo, se ideó entregarlos envueltos, en papeles vistosos. Así recuperó su valor simbólico y se le añadió el toque personal.
El rechoncho personaje que conocemos como Santa Claus jamás vivió en el Polo Norte, sino en el Mediterráneo. Su nombre viene del holandés Sinter Klaas, por San Nicolás quien, al parecer, fue un obispo de Myra, Turquía, en el siglo 4. San Nicolás era protector de los niños y de las muchachas casaderas. La tradición cuenta que, a manera de dote, regaló tres bolsas llenas de oro a las hijas de un ciudadano pobre para que pudieran casarse. La leyenda, más tarde, adaptó esas bolsas de oro a bolsas con regalos, para los niños que se portan bien durante el año.
La tradición de San Nicolás, la figura que inspiró al Viejo Pascuero, se inició en Asia Menor y llegó hasta los Países Bajos, en el siglo 13. En el siglo 16, los niños cantores de las 23 iglesias dedicadas a San Nicolás, en Holanda, llevaron a sus hogares la tradición de Navidad y de San Nicolás, a quien dieron el nombre de Sinter Klaas. En el mundo angloparlante, fue el escritor Washington Irving quien, en su libro Historia de Nueva York, creó la bondadosa figura de Saint Claus, que es la pronunciación inglesa de Sinter Klaas. De Saint Claus, en inglés, derivó al castellano como Santa Claus.
Hacia el siglo 15, las leyendas inglesas hablaban de un anciano bondadoso y de barba blanca, que hacía regalos para la celebración del nacimiento de Jesús, el 25 de diciembre. Se le llamaba Father Christmas; vale decir, Padre Navidad, en castellano. Cuando la figura del Father Christmas cruzó el Canal de la Mancha y se instituyó en Francia, se le tradujo a este idioma como Père Nöel; en otras palabras Padre Navidad, pero en francés. Nöel, en la lengua de Marcel Proust, significa precisamente Navidad. Esta tradición -luego- pasó a España, donde finalmente se le tradujo como Papá Nöel.
En el pasado, los villancicos eran danzas en coro, ejecutadas al son de flautas. Hacia el siglo 13, la voz villancico recién se empezó a asociar con música de Navidad. La leyenda dice que los primeros villancicos navideños los compuso San Francisco. Las canciones navideñas tuvieron mucha aceptación en Europa hasta la Reforma, cuando se vieron enfrentadas a la austeridad puritana. Durante la prohibición de la música en los templos -porque se consideraba una frivolidad cantar- se perdieron la mayoría de los villancicos antiguos. Los que hoy se cantan en las Iglesias provienen del siglo 18.
- Noche de paz, Noche de amor
La canción NOCHE DE PAZ fue compuesta el 24 de diciembre de 1818 por el sacerdote Joseph Mohr y el músico Francisco Javier Gruber. En esa fecha, el párroco de Hallein -pueblo de los Alpes austriacos- fue llamado a bendecir a un recién nacido, que había nacido en una humilde choza. El cuadro de pobreza, pero también de alegría y felicidad, inspiró al sacerdote quien, de regreso a la Iglesia, dio vida a la letra de esa famosísima canción. Gruber le colocó la música al día siguiente. NOCHE DE PAZ es el villancico de Navidad por excelencia y un verdadero himno cristiano.
En Navidad son tradicionales unos caramelos en forma de bastoncitos, que se emplean para adornar el árbol de Navidad y para rellenar las calcetas. Estos bastones se caracterizan porque llevan franjas blancas y rojas; los colores de la Navidad. Estos bastoncitos fueron inventados hace aproximadamente trescientos años por un ingenioso fabricante de confites de Indiana, en Estados Unidos. Su forma de bastón simbolizaría el báculo de los Reyes Magos y de los obispos e, igualmente, la letra jota, con la que se inicia el nombre de Jesús.
El nombre de Misa del Gallo corresponde a una expresión popular y no la contempla el ceremonial católico. Fue la gente la que empezó a llamar a la misa de conmemoración del Nacimiento de Jesús, Misa del Gallo, pues recuerdan las tradiciones católicas que el primer testigo del reino animal, que presenció el nacimiento del Niño Dios, fue un gallo, el que con su cantó comunicó la buena nueva a los cuatro vientos. Los primeros en escuchar la noticia fueron un asno y un buey, que se acercaron al pesebre a brindarle calor al recién nacido. Las misas de Navidad son tres: la primera es la del Gallo, llamada también del Sol o de la Aurora; la segunda misa es la de los Pastores y la tercera es la de la Gente. Desde un punto de vista simbólico, el Gallo representa un signo solar en la mayoría de las culturas y está íntimamente asociado a la fecundidad y al renacimiento.
En Chile no exista acuerdo para determinar el origen del nombre de Cola de Mono. El Diccionario de Chilenismos de Manuel Antonio Román asegura que este nombre se debería a la tonalidad parda obscura del brebaje, supuestamente parecida a la cola de los monos. En cambio, otros investigadores desechan esa hipótesis y afirman que se debería a las botellas de Anís del Mono, porque los primeros ponche en leche se habrían vendido en esos envases. Hay una tercera versión improbable que dice que este licor habría nacido de la expresión el colt de Montt, en alusión al revólver del Presidente Pedro Montt. Finalmente, se esgrime una cuarta versión, que trata de establecer que el origen de este nombre tan curioso estaría en un ponche en leche estadounidense llamado Cool Moon, que a Chile habría llegado como Cola de Mono.