Achinados
De las polémicas que se viven en Beijing, hay varias bien artificiales.
Los chinos, por ejemplo, dicen que los estadounidenses develaron los trucos de la ceremonia de inauguración para aguarles la fiesta. Reclaman porque sus canales de televisión dan el medallero con el total acumulado, y no con los oros como es costumbre. Y detallan en los diarios las “falsedades” en que han incurrido en la cobertura de los Juegos.
Los estadounidenses contraatacan denunciando que las campeonas del mundo de gimnasia –y que desplazaron a su propio equipo- tienen menos edad de la que declaran, para así eludir la prohibición a niñas menores de 14 años de participar en la competencia. “Tienen aún los dientes de leche”, dice ante las cámaras la entrenadora de las norteamericanas.
Y, desde la imparcialidad, es evidente que la lucha periodística es dura. Mientras los yanquis luchan por consolidar a Phelps y el Dream Team como las grandes figuras, los locales hacen caso omiso de los mencionados, para privilegiar a sus ganadores, lo que parece bastante obvio. Pero en el marketing del evento, habrá que esperar para ver como contrarrestan la inmensa imagen del nadador más ganador de la historia.
La última de las polémicas es insólita. La poderosa selección española de básquetbol realizó una fotografía promocional antes de viajar a Beijing. Lo hicieron “achinándose” los ojos, lo que despertó la furia de…los periódicos de Los Angeles y Nueva York, con una premisa bastante discutible: que el aviso es racista y que Pau Gasol, la principal figura de los ibéricos, juega en los Lakers. “California alberga a una gran comunidad china que merece las disculpas del jugador”, reza un columnista, en una arenga tan afiebrada como absurda.
Los españoles reaccionan de la peor manera posible: “no quisimos hacerle daño. Fue todo con buena intención”. Así no le ganan a nadie.


