Nada es imposible
21 de Septiembre, 2009
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Probablemente la frase de Nicolás Massú no sea una novedad, incluso muchos la asociarán inconscientemente al slogan de una marca deportiva, pero les pido que se alejen del prejuicio y busquen el simbolismo de su voz agotada tanto como su rostro emocionado tras cinco horas de lucha contra el austríaco Koubek.

La enseñanza de Massú es gigante, es la de un tipo formado en la lucha y el rigor, capaz de disfrazarse de héroe en un momento difícil para un deporte que no tiene mucho recambio y donde nuestras figuras ya viven sus últimos años de gloria.
Massú volvió a ser el iluminado, en la cancha y fuera de ella, donde fue capaz de mantener emocionados a miles de compatriotas no sólo en Chile, donde los receptores de radio y televisión se multiplicaban en la madrugada del domingo, sino entre quienes incluso nos decían por mail que no entraban a clases en España por escuchar el relato de la hazaña del Vampiro.
Massú volvió mostrarnos que el deporte, el verdadero deporte está marcado por la lucha, por el esfuerzo hasta la última gota de sudor, incluso cuando las fuerzas o el talento ya no son suficientes para doblegar al rival.
Chile se queda en el grupo mundial y por un año más, estará en la élite del tenis, un lugar del que no deberíamos alejarnos mientras Nicolás tenga el corazón y Fernando González se decida a volver a vestir de rojo. Porque también el propio Massú lo dijo cerca de las dos de la mañana, “ya habrá tiempo para hablar, para solucionar todos nuestros problemas“(Sic), y claro que hay mucho que conversar y ojala para superar diferencias de cara a lo que viene entre el 5 y 7 de marzo del 2010, cuando se vuelva a jugar la Davis.
El miércoles en Ginebra sabremos que nos depara la versión del próximo año, pero lo que está claro es que no podemos darnos el lujo, de que nuestro mejor jugador se automargine por peleas internas, en un deporte como el nuestro carente de victorias y éxitos, los mejores no pueden ni deben quedarse afuera.
No quiero ser demasiado exagerado en el juicio valórico, ni tampoco entrar en análisis técnicos, que mi colega Ernesto Contreras hará con mayor certeza y precisión, sólo me quedo con Massú abrazado a la bandera mientras su madre, su padre, sus hermanos y su novia lloraban en las tribunas de la Medialuna de Rancagua, aquello será una postal inolvidable de nuestro deporte y un gran ejemplo para entender lo que significa luchar hasta que las fuerzas se nos arrancan del cuerpo y sólo la mente y el corazón nos mantienen de pie. ¡ Grande Massú! .

















