Idem
Martes, Febrero 16th, 2010
En algunos círculos existe preocupación sobre el espacio que tendrá la oposición en la prensa cotidiana. Es decir, subrayan que sólo habrá diarios que históricamente han demostrado tener una excelente sintonía con las ideas, grupos y partidos que sostienen al nuevo gobierno. ¿En esta preocupación hay algo realmente nuevo? Claro, la actual prensa de oposición será pronto semi-oficialista. ¿Y? Durante décadas hemos vivido leyendo esos mismos diarios que pertenecen a los dos grandes grupos que ostentan una posición dominante, tanto en tiraje como en avisaje. En el pasado, tampoco hubo gran inquietud por el hecho que uno de esos grupos tuviera el control de la mayoría de la prensa regional. También sabemos que las experiencias por romper el muro terminaron mal porque no recibieron el apoyo necesario. Muchas veces escuché a potenciales lectores de esos diarios explicar que no se abonaban o no los compraban porque eran teñidos políticamente o poco atractivos. Como argumento es extraño. La compra de un diario no debería estar determinada por el hecho que nuestras ideas coincidan con su línea editorial, sino por la curiosidad y un gesto concreto a favor del pluralismo. Entre los que se quejan por la posición hegemónica de la prensa conservadora, conozco a varios que teniendo los recursos económicos, nunca hicieron el menor amago de comprar los diarios que representaban una alternativa. Por otra parte, hace algunos años, el director de una nueva revista política me contó que cuando sugirió a los parlamentarios que se suscribieran, muchos rechazaron la invitación, incluidos muchos concertacionistas que en sus conversaciones se quejaban del trato que le dispensaba la prensa opositora. Está claro que el avisaje es el pilar financiero de toda publicación pero esas actitudes individuales que se multiplican son algo más que una anécdota porque hablan de una ausencia de compromiso. Dicho de otra manera muchas gárgaras sobre la libertad de expresión pero pocas nueces.
Tampoco en estos años, por x motivos se logró fundar un diario de información y opinión liberal, que se mantuviera a distancia de todos los poderes. Hubo intentos que abortaron por falta de voluntad política y empresarial.
En un mundo dominado por la imagen, la prensa escrita necesita que le abran una pequeña ventana en la pantalla chica para tener mayor visibilidad. En ese aspecto nuestra televisión abierta ha sido bastante mezquina. Muchas publicaciones - poco importa su opción política o religiosa- contienen artículos y reportajes que contribuirían a ampliar el espectro temático. Rara vez en los informativos y otros programas hemos visto citar a intervalos regulares revistas como “Capital”,” Qué Pasa”, “Ercilla“, “El Periodista”, “The Clinic”, “Mensaje” u otras. Hay un conservadurismo en el sentido de girar siempre en torno a los diarios de difusión nacional. Parece que el pluralismo se concibe como un reloj que mide la cantidad de minutos que se otorga a las tiendas políticas y comentaristas de distintas tendencias políticas, ignorando que existe una gran diversidad de temas y personajes. En ese sentido, la radio sigue demostrando un mayor grado de apertura.
Por eso, seguramente la situación no será mejor pero tampoco habría que afirmar que será sensiblemente peor.


