Chatarra
Al comentar la acalorada sesión donde el diputado Gonzalo Arenas (UDI) increpó al ministro del Interior Edmundo Pérez-Yoma, el panelista de “El primer café” Sergio Micco se quejó de la falta de ética de algunos periodistas. Estaba indignado porque la información había subrayado el altercado ignorando olímpicamente los temas de fondo. Es decir, nadie se enteró de los argumentos que, unos y otros, expusieron sobre la situación de los pueblos originarios. No es la primera vez y, seguramente no será la última, que escuchamos estas críticas más que justificadas. Pero la raíz del problema puede ser peor que la sugerida por el panelista. A menudo se considera que la desinformación o la tergiversación es el resultado de una manipulación ideológica urdida por los directores y editores de los medios de comunicación. Otros, como Micco, apuntan a una falta de ética. Pero, muchas veces se trata simplemente de una información de mala calidad, consecuencia de un trabajo mal hecho por personas que no tienen las competencias para comprender los temas. Y es probable que tampoco les interese por una falta de curiosidad, curiosidad que como lo escribía J.L. Cebrián, es una de las condiciones indispensables para el buen periodismo. ¿Cómo se llegó a esta situación? Para responder se necesitarían varias páginas porque hay varias causas. Por el momento nos limitamos a decir que en el constante ejercicio de pasar al lado de lo medular, hay más desidia que mala leche o conflictos éticos. Evidentemente este problema es mucho más visible y preocupante en tiempos de campaña electoral cuando a la hora de elegir, los ciudadanos deben contar con datos y análisis que permitan votar con fundamento. Hay espacios, por ejemplo en esta radio, que permiten escuchar a panelistas que conocen los temas y que desde sus diferentes opciones políticas contribuyen a informar. Podríamos mencionar otros pero la suma no alcanza para formar un dique que contenga a esa marea de información chatarra.


