Jubilar los viejos prejuicios
Tengo conciencia que los problemas del resto del mundo no despiertan gran interés. Sin embargo, algunos hechos de la actualidad internacional pueden servir para nuestra reflexión.
El presidente francés Nicolás Sarkozy decidió hacer uso de la facultad de dirigirse personalmente a los legisladores de la Asamblea Nacional, un hecho excepcional en un país donde esa función está tradicionalmente reservada al Primer Ministro. Además, para esa reunión en que los legisladores estaban convocados como Congreso Nacional, el mandatario eligió el palacio de Versalles, dando según la oposición, un ambiente de pompa monárquica a su convocatoria. Pero Sarkozy no es un nostálgico de las pelucas empolvadas y sólo buscaba darle solemnidad a su intervención sobre las reformas que desea implementar en los próximos años.
Una de las Bastillas que desea tumbar es la jubilación a los 60 años. Esa vieja conquista social que remonta al año 1982 y cuyos autores son los socialistas representa un serio problema de financiamiento para el Estado. Es un fondo basado en la solidaridad pero para que siga conservando su espíritu necesita varias modificaciones. El cálculo es simple, mientras más se retrase la edad de partir a la jubilación, habrá más contribuciones al fondo común y se disminuirá la cantidad de años en que los inactivos reciben su mensualidad. Según algunos diarios, aparte de los sindicatos, la propuesta no ha suscitado un gran rechazo.
El asunto es saber cómo se podría concretar en un mercado del trabajo donde por un lado, se desea prolongar la vida laboral y por otro, las empresas discriminan con aquellos que tienen más de 45 años. Hay más, según un estudio, sólo el 38% de los franceses que tienen entre 55 y 65 años tienen un puesto de trabajo.
¿Y cómo han hecho hasta ahora para paliar el déficit crónico de las cajas de previsión? Muy simple, cada cierto tiempo se aumenta el porcentaje de cotización, tanto del empleador como del empleado y, en otras oportunidades, se sube en algunas décimas el impuesto a la renta. Sin embargo, esta política de parchar su financiamento parece haber cumplido su ciclo.
Este problema de la jubilación es universal. Algunos, los que durante toda su vida han realizado tareas pesadas tienen el legitimo derecho a descansar antes que los otros y se entiende que no tengan mayor interés por seguir en la vida activa. Otros desean continuar para mejorar sus pensiones o simplemente porque tienen la convicción que su experiencia es un atributo importante. Pero la tercera edad es considerada como una carga en lugar de una contribución al mundo del trabajo. El caso francés es un botón de muestra de las dificultades que enfrentan las sociedades para resolver problemas complejos y donde hay que atar muchos cabos sueltos. Incluso cuando hay voluntad política y determinación para concretar una idea, las posibilidades de llevarla a cabo dependen de un acuerdo más amplio. Es decir, todos deben hacer prueba de racionalidad y eso implica- en este caso- tener otra mirada hacia los que tienen más años. A menudo, los ciudadanos tienden a endosar toda la responsabilidad a sus gobernantes y son reacios a implicarse personalmente en las soluciones.


